martes, 14 de abril de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 3º de Pascua "A"

 En un extranjero se hace presente el resucitado partiendo el pan


DOMINGO TERCERO DE PASCUA - "A" 

Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 14. 22-33

Resumen: En un característico sumario del ministerio de Jesús, su muerte y resurrección, Lucas desafía a la Iglesia a ser fiel al espíritu y a su vocación de ser testiga del resucitado.


Como es habitual en los domingos de Pascua de todos los ciclos, la primera lectura corresponde a los frecuentes “sumarios” de Hechos de los apóstoles, presentes en los habituales discursos de los apóstoles donde narran a sus destinatarios las cosas “ocurridas”, de las que ellos son “testigos”.


En el presente discurso es Pedro el que habla junto con los restantes Once y se dirige a los judíos presentes en la fiesta de Pentecostés (por tanto, no sólo los judíos oriundos de la tierra de Israel, sino también los provenientes de la diáspora), es por eso que recurre a una serie de textos de la Biblia hebrea (Joel 3,1-5; Sal 16,8-11; 132,11 [// 2 Sam 7,14]; 110,1; el primero y el último omitidos en el texto litúrgico). 


La clave de todos estos discursos –y el motivo por el que es incorporado en las lecturas del tiempo pascual- está en que “a este Jesús que (breve presentación de su vida)… ustedes lo mataron… y Dios lo resucitó” (vv.22.23.24). En este caso, esto ocurre en cumplimiento de las Escrituras citadas.


En esta ocasión, Pedro presenta a Jesús como profeta (algo frecuente en Lc-Hch) al destacar sus “signos y prodigios” (v.22, a los que añade “milagros”), pero en continuidad con David, que también es presentado como “profeta” (v.30). La cita de los Salmos 16 y 132 destaca que Dios no abandona a la muerte al descendiente de David. Así reitera lo ya dicho: “Dios lo resucitó” (v.32) reforzado por “todos nosotros somos testigos” de ello.


El texto culmina haciendo referencia al don del Espíritu Santo donado en Pentecostés que “ustedes ven y oyen”, con lo que todos los asistentes se transforman, a su vez, en testigos de lo que está ocurriendo. 


En paralelo con su Evangelio, Lucas presenta el envío del Espíritu en el comienzo del ministerio (de Jesús, de la Iglesia), el cumplimiento de las Escrituras, y el testimonio de los asistentes:



El Jesús profeta y la Iglesia, que debe ser profeta también, acompañada y guiada por el Espíritu de los profetas empiezan su ministerio.



Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     1, 17-21

Resumen: En un marco típico de la liturgia pascual del Éxodo, “Pedro” presenta a Jesús como Cordero liberador que mueve a los destinatarios a una vida diferente a la que llevaban, sabiendo que son tratados como extranjeros por el medio ambiente, pero movidos a esa vida por la fe y la esperanza. 



Luego del prólogo, o introducción de la carta (1,3-12) esta exhorta a los destinatarios a vivir la esperanza de la que ya había hablado. La celeridad con que esto debe vivirse se expresa con una imagen de la pascua (“la cintura ceñida”, cf. Ex 12,11). La característica vida libertina de los paganos en el Imperio Romano debe haber quedado atrás, la vida de “sobriedad” caracteriza la “vida pascual” del cristiano. Esta sobriedad es manifestación de esa esperanza unida a la gracia (v.13). 


La santidad a la que invita a los destinatarios tiene su origen en el “pueblo santo de Dios”. Si los destinatarios –paganos- no eran pueblo, ahora lo son y deben vivir coherentemente con esa “santidad”, es decir, separarse del modo de vida que vivían antes (v.14; cf. 2,5.9). A esto lo llama “hijos de la obediencia”, esto es la respuesta a la escucha de la palabra de Dios, supone una respuesta concretada en una vida nueva; es decir, no se trata de “acomodarse” a la vida que tenían antes, cuando eran paganos (cf. 1,14; 2,11; 4,3-4). Esto supone vivir esa santidad (1,2.15-16; 2,5.9; 3,5.15). Pero no se trata de algo ritual, o de salir (“separarse”) del mundo, sino de una vida concreta en el mundo actual. Una característica de toda la carta es precisamente la invitación a los cristianos a llevar una vida diferente en medio del mundo que los caracterice e identifique.


A partir de aquí comienza el texto litúrgico, relacionando la vida concreta y la relación con Dios al que “llaman Padre”. Lo que destaca de Dios es que “no hace acepción de personas”; es evidente que se podrían haber dicho cientos de otras cosas al hablar de Dios como “Padre”, esta característica (frecuentemente destacada para señalar que Dios trata al pobre, al despreciado de igual modo que al que otros califican de “importante”; cf. Dt 1,17; 10,17; 2 Cr 19,7; Job 34,19; Sir 35,13; Hch 10,34; Rom 2,11; Ga 2,6; Ef 6,9; Sgo 2,1…) esto está dicho en función de la “extranjería” (paroikía). El extranjero es el que habita en un país que no es el suyo (se distingue del forastero, o el que “está de paso”). Se refiere (cf. 2,11) a los cristianos que son tratados de tales. No ha de leerse en sentido “espiritual”, como si pensara en que los cristianos son “ciudadanos del cielo” y por tanto están “en el mundo” como “extranjeros”. Esa lectura es totalmente ajena al texto. Los cristianos son tenidos por menos (despreciados, como eso que Dios no hace) en la sociedad en la que viven; pero la fe y la esperanza les dan una identidad nueva, un ámbito de pertenencia. Así deben vivir los cristianos en este mundo, encontrando en ese modo de vivir su propia identidad y ser así reconocidos por los demás. Pero este modo de vida tiene una motivación cristológica (1,18-21). La sangre del cordero sin tacha (nuevamente el contexto es pascual) ha “rescatado”, “liberado” a los cristianos. La referencia a la pascua (Ex 12,1-14, el cordero sin tacha) y al pago no con oro o plata (Is 52,3, Dios es el salvador poderoso que liberará a los israelitas). El marco es claramente político: liberación de Egipto y liberación de Babilonia enmarca la obra salvadora de Cristo y el modo de vida de los cristianos en el contexto del imperio romano, donde son tenidos como “bárbaros”, despreciados como “extranjeros”. Están llamados a una vida nueva que nace de la regeneración mediante la resurrección de Cristo. Esto es un liberarse (lytroun) del modo de vida ignorante que tenían antes (2,1; 4,3). 


El texto concluye con una expresa referencia a Cristo con una cierta semejanza a un himno (varios autores han supuesto que el autor recurre aquí a un himno primitivo) destacando a Jesús desde el comienzo y hasta el final de la historia (“antes de la creación … en los últimos tiempos”, v.20) pero a su vez inmerso en nuestra historia (“Dios lo ha resucitado de entre los muertos…”). Esta sangre liberadora derramada es a su vez vida recobrada por la resurrección, y es esto lo que da “encarnadura” a nuestra fe y esperanza que están puestos “en Dios” (v.21).




Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     24, 13-35


Resumen: En el único día de la resurrección, Lucas presenta las apariciones del resucitado en el entorno de Jerusalén. Unos peregrinos que vuelven a Emaús, no reconocen al peregrino que va con ellos hasta que –reclinado a la mesa- “parte el pan” (frase claramente Eucarística) con lo que se les abren los ojos, lo conocen y entonces Jesús ya puede desaparecer. Verlo ya no es necesario si está la Eucaristía.


El relato de los peregrinos de Emaús tiene una serie de elementos importantes para entender la intención de Lucas, y otros elementos importantes para comprender bien la unidad literaria.


Para comenzar, destaquemos que en Lucas (no así en Hechos, lo cual es interesante de profundizar, pero no es este el momento) todas las escenas de apariciones del resucitado, de la primera a la última, ocurren el mismo día: el domingo de la resurrección. Evidentemente esto forma parte de la intención del autor. De hecho, el texto comienza afirmando precisamente eso: “aquel mismo día iban dos de ellos” (notar el plural masculino, del cual diremos algo al final de este comentario). 


Otro tema a tener en cuenta, y es propio de la teología de Lucas, es que todas las apariciones ocurren en torno a Jerusalén. La aldea de Emaús, por ejemplo, está mencionada en relación a la ciudad (“sesenta estadios de Jerusalén”, aproximadamente unos 10 kilómetros). 


Peregrinos que vuelven a sus lugares después de las grandes fiestas de peregrinación (como era la Pascua) eran frecuentes, por lo que no ha de resultar a los dos que se les incorpore un tercero, al que no reconocen. Ellos van “intercambiando palabras mutuamente” y el tercero pregunta de qué hablan. Uno de estos es mencionado: Cleofás, el “otro” permanece anónimo todo el relato. Es este el que toma la palabra respondiendo a la pregunta del desconocido que se incorpora, lo hacen con “mala cara”, compungidos. El contexto parece indicar que “todos” en Jerusalén hablan del “tema Jesús”, ya que era muy reconocido por el pueblo y se vivió como una injusticia su asesinato, todos los “extranjeros” (paroikeîs) lo saben. Los responsables de este crimen son “los sumos sacerdotes y principales”, y Jesús es calificado –como es propio en Lucas- de “profeta”. Lo es “poderoso” en “obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo”; algo que en Hechos se afirma también de Moisés (cf. Hch 7,22) con lo que este “profeta” Jesús, que se asemejaba a Elías en el Evangelio, también es comparado a Moisés, el profeta esperado (cf. Dt 18,18). Como tantos de los seguidores de Jesús, su muerte acabó con sus expectativas, sean estas cuales fueren (seguramente entre los que acudían a Jesús lo hacían por diferentes motivos y eran diferentes grupos; obviamente todos vieron sus expectativas frustradas cuando fue crucificado). Lo que estos esperaban era que Jesús “librara” (lytrôsêtai, cf. 1 Pe 1,18 [segunda lectura]) a Israel. Habitualmente se afirma que Dios libra a Israel (Ex 6,6; Dt 21,8; 2 Sam 7,23; 1 Cro 17,21; 1 Mac 4,11; Sal 25,22; 130,8; Sof 3,15; Is 41,14; 41,1.14; 44,23) pero lo ha obrado en la historia con la ayuda de algunos mediadores como Moisés, David (o su descendencia). Así como Moisés ha sido el instrumento de Dios para liberar a Israel de Egipto, los peregrinos esperaban que el “profeta” Jesús librara a Israel de sus opresores.


Hemos mencionado en otro momento el rol de las mujeres en los lamentos junto al sepulcro. Lamentos que intentaron –a lo largo de los tiempos- ser regulados, controlados, impedidos o simplemente burlados. Esas mujeres “nos han sobresaltado” (exéstêsan; cf. 2,47; 8,56;  Hch 2,7.12; 8,9.11.13; 9,21; 10,45; 12,16 en sentido de dejar “atónitos”, sorprendidos…) “dijeron que unos ángeles”… (en v. 4 se habló de “dos hombres”) “afirman que vivía”. “Son cosas de mujeres”, afirman. Incluso fueron “de los nuestros” (= varones) y vieron el sepulcro vacío, pero a él no… Las expectativas se han desvanecido, y ya pueden volver a su casa (“ya van tres días…”).


Ante esta intervención de Cleofás, ahora responde el peregrino desconocido –que nosotros, los lectores, sabemos que se trata de Jesús. Sus ojos estaban “retenidos” (kratéô, vacíos, tapados) y no podían “ver”- por un lado calificando a los dos peregrinos de “insensatos” (torpes, ignorantes; el término suele usarse agresivamente, cf. Gal 3,1.3; 1 Tim 6,9; Ti 3,3; aquí es sinónimo de lo que sigue: no comprenden) y “tardos de corazón” (el corazón, la sede de las decisiones y la comprensión es “lento”, bradeîs), y luego recurriendo a los profetas les muestra que “era necesario” (deì, refiere a algo que está previsto por Dios, en su voluntad, en su plan de salvación) que “el Mesías padeciera eso y así entrara en su gloria”. 


El narrador toma la palabra sintetizando que les mostró “lo que había sobre él en las Escrituras”  empezando por Moisés y siguiendo por “todos los profetas” (cf. 16,29.31). La referencia a Moisés puede entenderse en el sentido profético (como se ha dicho) más que en sentido legislativo, con lo que Jesús se ubica en el contexto de la tradición profética. La suerte de los profetas ilumina el sentido de la suerte de Jesús (Lc 6,23; 11,47.49.50; 13,34) como él mismo ya lo había anunciado (18,31). 


El diálogo entre ellos finaliza aquí. Los peregrinos llegan a casa y el compañero de camino –que no es de Emaús- debe continuar. Los peregrinos lo convencen de pasar con ellos la noche, lo cual es razonable dada la importancia de la hospitalidad en el mundo antiguo. La clave de todo el relato se encuentra en v. 30 donde el peregrino –ya a la mesa- fracciona el pan lo que provoca que “se les abran los ojos”.  Curiosamente se les abren los ojos y dejan de verlo. 


El verbo kataklínô (estar a la mesa, reclinarse) es exclusivo de Lucas en el NT (5x, cf. Ex 21,18; Núm 24,9…); en él siempre hace referencia a una comida (no a una cama, como en otros textos, como los arriba citados): 7,36; 9,14.15; 14,8; 24,30. La bendición (eulógêsen) sobre el pan se encuentra en los relatos de la multiplicación de los panes (Mt 14,19 / Mc 6,41 / Lc 9,16) y en el relato de la Eucaristía de Mateo y Marcos, pero no en Lucas, que lo desplaza a este momento (Mt 26,26 / Mc 14,22); en cambio, el verbo “partir el pan” (kláô) se encuentra también en los relatos de la multiplicación de los panes pero no en Lucas (Mt 14,19; 15,36 / Mc 8,6.19) y en los relatos de la Eucaristía (también en Lucas, Mt 26,26 / Mc 14,22 / Lc 22,19) y aquí. En Hechos el uso es también eucarístico (cf. 2,46; 20,7.11; 27,35), y sólo se encuentra dos veces en Pablo, también en contexto eucarístico (1 Cor 10,16; 11,24). Evidentemente Lucas quiere dar a la acción de Jesús un sentido eucarístico, y es este hecho el que les “abre los ojos”. “Abrirse los ojos” es lo contrario de “no comprender”, de ser “lentos de corazón”, ahora ven y comprenden (cf. Gen 3,5.7; 2 Re 6,17.20; Zac 12,4). En este sentido, es sinónimo de “creer”; antes no lo “conocen” (v.16) ahora lo “conocen” (v. 31), el contraste entre ambos momentos es evidente, y la causa de la novedad está dada por la fracción del pan; una vez que lo reconocen y creen ya no precisan “verlo”. Jesús desaparece.


El relato concluye con la interpretación que los mismos peregrinos dan del hecho: “el corazón ardía” cuando les explicaba las Escrituras: con la explicación de Jesús, como el fuego ilumina, “arde” el corazón, la sede de la inteligencia, y entonces pueden comprender lo que los ojos vacíos no lograban descubrir. 


En esa hora” olvidan que es de noche, la inseguridad, y salen a contar a los Once y a los (¿y las?) que estaban con ellos, lo ocurrido (son 10 kilómetros de vuelta, obviamente), pero al llegar se encuentran con que los Once les afirman que “el Señor se ha aparecido a Simón”, algo de lo que Lucas no habla narrativamente, aunque lo sabemos por Pablo (1 Cor 15,5). Los peregrinos, a su vez, cuentan “cómo lo reconocieron al partir el pan”. El verbo “conocer” (ginôskô) y sus derivados juega un papel importante en el relato: los peregrinos no lo “conocen”, Jesús parece no “conocer” lo que ha ocurrido en Jerusalén, ellos lo “re-conocen” al partir el pan y entonces anuncian ese “conocimiento” a los Once y sus compañeros. 


Una breve nota sobre “el otro peregrino”. Nada dice el texto sobre el compañero de Cleofás, los términos que se utilizan se encuentran en un plural masculino. Pero siendo habitualmente frecuente en gramática que el plural masculino esconde (invisibiliza) a las mujeres presentes con sólo que haya un varón en el grupo, es lícito preguntarse si el restante peregrino no se trataría de una mujer. La traducción en algunos textos dice “se decían el uno al otro” (v.32) pero en realidad el texto no se encuentra en masculino sino que dice “y se dijeron mutuamente” (allêlous). Siendo que ambos viven en la misma casa no es improbable que el peregrino innominado sea en realidad la mujer de Cleofás. De hecho, en Jn 19,25 se menciona al pie de la cruz a “María de (esposa de) Clopás”, que es el mismo nombre. No es improbable que en el grupo de seguidores de Jesús el matrimonio de Cl(e)opás y María fueran discípulos de Jesús y compartieran con él –entre otros- sus últimos momentos (ya vimos que son varios los que se encuentran juntos, no solamente los Once). De hecho, Lucas, aunque da un lugar destacado a las mujeres en su Evangelio, también evita que aparezcan en lugares de importancia (algo semejante ocurre en la lista de aquellos que se beneficiaron con una aparición del resucitado que Pablo conoce; en ella no se mencionan mujeres –a menos que estén disimuladas o invisibilizadas en los plurales masculinos, como “hermanos” o “apóstoles”, 1 Cor 15,6.7). Sin duda, cuando Lucas escribe su Evangelio el movimiento de Jesús ya comienza a estructurarse y organizarse, y en este momento las mujeres comienzan a ser relegadas a un segundo lugar, algo que continuará en la historia de la Iglesia en los siglos siguientes ahondando esta situación.



Foto tomada de https://www.pexels.com/es-es/foto/comida-manos-pan-productos-horneados-2601014/

lunes, 13 de abril de 2026

Delirium tremens

Delirium tremens

Eduardo de la Serna



El delirio es desvariar, desencaminarse, literalmente “apartarse del surco (surco, en latín es “lira”). En el lenguaje común sabemos qué o quién es una persona delirante. Y a veces, el delirio provoca miedo, temor y temblor (tremens). En el lenguaje médico suele aplicarse a los síntomas que presenta una persona alcohólica ante la abstinencia.

Los argentinos “de bien” sabemos acabadamente cómo es un delirante. ¡Nos gobierna! Y, si, además, sabemos que es el bufón del que se autopercibe rey mundial, pues la cosa se complica.

Es sabido que, desde antes de su elección, las huestes de Donald Trump (por ejemplo, Steve Bannon) miraban con muy malos ojos al cardenal Robert Prevost, luego elegido Papa, León XIV. No es este el momento de evaluar el casi año de pontificado de León (debo confesar que, personalmente, no ha logrado – hasta ahora – convencerme… pero eso a nadie debe importar, al fin y al cabo). Lo cierto es que hay, fundamentalmente dos cosas que al monarca gringo le molestaban del Papa: su postura frente a los migrantes (1) y su postura frente a la paz (2). Así fue que las relaciones entre ambos no parecen estar en buen momento. Trump ha dicho ahora que el papa es débil con el crimen y terrible en política exterior”. El crimen (1) es sinónimo de los migrantes para el delirante. Parece que, si no fuera por estos, EEUU sería el mismísimo paraíso… Claro que los presidentes que lo han precedido (y de los que ha aprendido) que han guerreado y bombardeado el mundo entero, los traficantes de armas, los que deciden hacer tiro al blanco contra escuelas o centros comerciales, los que enseñaban tortura, genocidio y terrorismo de Estado, o los Epstein de la historia parecerían contradecirlo… Y la política exterior (2), parece referir a la “evidente civilización” que llevan los EEUU al mundo invadiéndolos, bombardeándolos, secuestrando presidentes… Y, finaliza Trump, “no quiero un papa que…” haciendo referencia a Irán, Venezuela y a él mismo. Reitero, en lo personal, lo que él quiera o lo que yo quiera, no es tema en cuestión (claro que él tiene poder, lo que no es mi caso).

Pero en su delirio, ahora difunde imágenes mostrándose a sí mismo como Jesucristo. Y no entro en el terreno de si se trata o no de blasfemia… Sí de delirium tremens. Y, de paso, no está de más pensar qué les ocurre a los miles de personas que lo ven bien, o que lo celebran; ¿qué tienen en sus mentes (si es que las usan)?

Pensar que una persona así de megalómana, así de desquiciada, así de absurda lleva los destinos del país (o del que fue) más poderoso de la tierra, es peligroso. Somos nosotros los que “temblamos” ante su delirio.

Si después vemos la animación paródica-payasesca de Milei autopercibiéndose como Maradona (al cual detesta), hecha por alguien que desconoce lo mínimo del fútbol (el arquero usa una camiseta distinta de la de su equipo, como el mismo Milei ha afirmado en una de sus pocas referencias sensatas) … Todo esto me lleva a una pregunta, que va en otra dirección (no contraria, por cierto) del tema del Papa… ¿Qué ha pasado en el mundo? Afortunadamente ha desaparecido la era de la “manicomización” de las personas “locas” … pero una cosa es no encerrarlos, y otra muy diferente es encargarles los destinos de una patria. A menos, claro, que esa “locura” sea contagiosa, cosa que, los que saben, dicen que no es el caso.

Una cosa es pensar distinto, y otra cosa muy diferente es ungir, sacralizar “me” hasta el punto de que todo el diferente debe ser insultado, agredido, bombardeado, maltratado… Y, de paso, en la Biblia, por doquier (y eso que Israel se autopercibe como “el pueblo elegido”) se habla de respeto a los migrantes (1): “recuerda que tú fuiste migrante…”, y el mismo Jesús se identifica con ellos: “lo que hicieron a uno de ellos a mí me lo hicieron”. Y, por otra parte (2), la búsqueda persistente de la paz identifica a Israel (shalom) y es característico del niño nacido en el pesebre: “paz en la tierra a los preferidos de Dios”, y es saludo del resucitado a sus amigos: “¡paz a ustedes!” Entonces, ¿de qué pretende el cómico que hable un papa? Sea el que fuere, mejor o peor papa, no puede sino decirlo: abrazar a los migrantes y trabajar por la paz.

Es cierto que también en la Biblia se hace referencia a que puede ocurrir lo contrario, por eso, expresamente se dice “no maltratarás al migrante” y también que la paz de Jesús “no es como la paz que da el mundo”. Pero deja bien claro, a los “judíos de bien” y a los “cristianos de bien”, dónde deben posicionarse en la historia. Y, lo siento, Donald… lo siento, Javier… ¡no es del lado de ustedes!


Imagin difundida por Donald Trump y publicada por todos los medios del mundo... Incluso los propios.

Una reflexión sobre la inteligencia no artificial

Una reflexión sobre la inteligencia no artificial

Eduardo de la Serna



Es cierto que la palabra “inteligencia” es tan ambigua que hoy se aplica a un celular, un televisor y hasta a una almohada. Pareciera que – hoy – dice relación a la capacidad de algo de relacionarse “amablemente” con los seres humanos, y hasta se habla de “inteligencia artificial” (la cual en más de una ocasión se revela poco inteligente… aunque también a veces los poco inteligentes son quienes la usan, y la usan mal).

Pero pretendo referirme a la inteligencia humana.

Etimológicamente se refiere a aquella persona que “entiende”, y esto establece un interesante límite, porque suele darse que una persona entienda muchísimo de un aspecto y sea incapaz de comprender otros. A veces, por ello, se distinguen diferentes tipos de inteligencia, lo cual puede ser razonable. Puede haber quien sea inteligente para cuestiones abstractas y nada en cuestiones prácticas, etc. Nadie – por obvias razones – comprende “todo”. Pero en un sentido más cotidiano, podemos referirnos a personas que, en lo diario, no comprenden. Sencillamente se las puede calificar de poco inteligentes y todos entendemos (salvo ellos, claro). Habitualmente, en el lenguaje habitual, nos comprendemos si afirmamos que alguien es muy, o es poco inteligente.

Vaya esta introducción para señalar que hace más de dos años, en una conversación yo afirmaba que, según me parecía entonces, Milei es muy poco inteligente. Alguien se sorprendió de mi afirmación porque su percepción era inversa. Debo confesar que hoy, algo he precisado aquella imagen; hoy diría que no es nada inteligente, pero no es este el tema.

A veces, podemos añadir, se confunde la inteligencia con la astucia. Hay personas que son ciertamente astutas, aunque no sean inteligentes; en el ambiente público se me ocurren muchos nombres como ejemplos.

Pero, mirando la actualidad, me resulta evidente que algunos (y en la oficialidad ¡los hay!) son al menos bastante astutos para la corrupción, la estafa o el robo. Pero eso no aplica a todos… y hay muchos que ostentan una notable torpeza. Cuando una persona no entiende siquiera ciertas lógicas, su nula inteligencia salta a la luz. Podemos decir, y está a la vista, que cuando una persona estafa, roba, soborna, es corrupta a la vista y deja “todos los dedos marcados”, pues debemos afirmar que la inteligencia “ha pasado de sí”.

Una vez, hace mucho, estando en el seminario, vino a hablar con nosotros un conocido cura, capellán de cárceles, y nos dijo: “no crean que en la cárcel están los ladrones o asesinos… están los malos ladrones o asesinos…”

Señalo todo esto porque, en Argentina, ya nos acostumbramos a los impunes. Los que saben que nada de lo que digan o hagan tendrá efectos negativos sobre ellos (de hecho, sabemos que no ocurrirá nada mañana con ninguno, cuando estos se vayan eyectados…. Sabemos de más de uno y una que volvieron una y otra y otra vez porque nunca el poder judicial se hizo cargo de eso que en teoría se llama “justicia”). Pero, fuera de eso, es notable que algunos, de impunes quizás, y de inteligencia nula seguramente, compran departamentos, hacen viajes, sin el más mínimo cuidado de ponerse guantes para evitar las huellas digitales. El cerebro pareciera de Adorno…Tanta torpeza sería preocupante si no fuera porque pueden estar tranquilos sabiendo que nada pasará, y si eventualmente debieran dejar su actual cardo de importancia, el sacrificio de una embajada central los espera.


Imagen tomada de https://es.vecteezy.com/foto/2867952-marcado-a-mano-en-una-pared-de-cemento

jueves, 9 de abril de 2026

Isaías, un profeta con mayúscula

 Isaías, un profeta con mayúscula

 Eduardo de la Serna



Si miramos en nuestras biblias los libros de los profetas, veremos que el primero en la lista es Isaías, que, por otro lado, es el más largo de todos (tiene 66 capítulos); pero, además, se habla de él en algunos libros considerados históricos (2 Reyes 19-20 y 2 Crónicas 26,22; 32,20.32), se lo menciona en el Eclesiástico (48,20-22), y es el profeta más citado en el Nuevo Testamento, sea en los cuatro Evangelios y Hechos de los apóstoles, como también en la carta de san Pablo a los Romanos.

Señalemos, para ser precisos, que fue tan importante que, detrás de él quedó una escuela… grupos de personas que se remitían a él y, a veces, escribían en su nombre como una manera de decir “si hoy viviera Isaías nos diría esto”. Por eso, cuando hablamos del profeta y su predicación tenemos que distinguir lo propio de lo que dicen sus discípulos; sobre todo, porque los tiempos son distintos y, por lo tanto, serán distintas las propuestas, las críticas o las predicaciones que se hagan “en nombre de Isaías”. Además, evidentemente, hay que tener en cuenta que los profetas predicaban y otros, contemporáneamente en ocasiones, o, habitualmente más tarde, ponían lo dicho por escrito.

Si miramos lo que nos dice el relato inaugural, veremos que predicó “en tiempos de Ozías, de Jotán, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá” (Is 1,1; es bueno notar que muchas veces en el versículo inaugural de los libros de los diferentes profetas se nos dice en qué período histórico predicó cada uno). En este caso (las fechas son estimativas) se trata de: Ozías (781-744 a.C.), Jotán (744-742 a.C.), Acaz (742-727 a.C.) y Ezequías (727-698 a.C.), reyes de Judá, es decir, del Sur. Como vemos, el período de predicación de Isaías es de casi 50 años (aunque empieza a hacerlo cuando muere Ozías (ver Is 6,1). Los discípulos, por su parte, predicarán en tiempos más tardíos (por ejemplo, durante el exilio en Babilonia o al regresar, entre los años 545 y 515 a.C., aproximadamente; cosa que encontramos en el actual libro de Isaías en los capítulos 40 a 66.

Como los profetas procuran hablar de parte de Dios a los tiempos en que viven, es importante conocer qué pasaba en cada uno de ellos ya que allí éste dirá que “esto sí” o “esto no” es fiel al proyecto de Dios para su pueblo. Isaías – como dijimos – parece ser alguien importante, por eso puede tener fácil acceso al rey y al palacio (ver, por ejemplo 7,4.10; 22,15).

Durante el período del rey Jotán, Isaías critica las expresiones religiosas que son formales, pero no van acompañadas por una vida coherente con la voluntad de Dios. Muchos creen que lo que le agrada a Dios es el culto, las oraciones, los ayunos… pero el profeta les dice que “primero” deben vivir como Dios propone, y después sí, participar en el culto (ver 1,10-20; 29,13-14); vivir conforme con la voluntad de Dios es lo más importante.

Durante el período del rey Ajaz, el clima internacional es muy preocupante: el terrible ejército asirio avanza y domina todo, extermina, arrasa, destruye. Algunos proponen una alianza para enfrentarlos (e incluso quieren derrocar al rey de Judá - es decir del Sur - para poner uno amigable), e Isaías le dice a Ajaz con toda vehemencia que “no tema”, que confíe en Dios; que no vaya a buscar ayuda con los asirios ni tampoco se una a los que lo quieren enfrentar (ver 7,16-17; 8,4).

Durante el período de Ezequías, Isaías encuentra un rey que pretende ser fiel a Dios, por lo que lo apoya y acompaña (9,1-6), incluso en su resistencia contra el ejército extranjero (10,20-23; 14,24-27).

Como se ve (lo que acá señalamos son simplemente ejemplos), en cada período histórico la palabra del profeta tiene matices y acentos diferentes. Obviamente, en Isaías y en los demás profetas, de ayer y de hoy, cada uno con sus características, sus propuestas, sus críticas o acentos, y en los momentos diversos, pretenden siempre señalar lo importante: ¡la búsqueda de que se realice la voluntad de Dios en los tiempos concretos que vivimos!

 

Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Isa%C3%ADas

miércoles, 8 de abril de 2026

Jorge Novak, santo

Jorge Novak, santo

Eduardo de la Serna



La curia romana, siempre atenta a hacer todo lo contrario a lo que se espera y desea de ella, acaba de confirmar que la causa de beatificación de Jorge Novak ha quedado anulada. La razón es que no hizo – dicen – todo lo que debiera en el caso del comportamiento de un presbítero de la diócesis.

Antes de avanzar quisiera decir algo sobre eso:

  • 1.      Como hombre de Dios que era, Jorge Novak le creyó al cura que decía que no era verdad aquello de lo que lo acusaban; no podía entender que un cura mintiera (porque él no lo hacía ni lo haría).
  • 2.      Cuando los testimonios y pruebas fueron abrumadores sobre el obrar del cura, Novak dijo que se había equivocado, le había creído y dijo que debía renunciar a la conducción de la diócesis (algo a lo que los curas que estábamos con él en ese momento lo desalentamos).

En lo personal no tengo dudas de que el cese de la causa tiene que ver con el tiempo eclesial que vivimos, es decir, el fallecimiento de Francisco y un nuevo pontificado tibio y mediocre. No importa que hubiera no uno, sino muchos casos semejantes para la canonización del obispo de Cracovia Karol Wojtyla y luego papa Juan Pablo II. El solo caso de su apoyo a Marcial Maciél, el depredador y fundador de los Legionarios de Cristo es harto evidente. Es decir, es evidencia de la doble vara con la que se guía la curia romana cuando de canonizaciones se trata.

Ya fuimos testigos de que Roma “cajoneó” el proceso de beatificación – canonización de monseñor Romero. Un santo obispo molesto para la doble vara eclesial. Recién cuando afirmaron que Romero era del Opus Dei y no estaba con la Teología de la Liberación (sic, irónico sic) se desempolvó el proceso y se llegó a buen término.

El 13 de octubre de 2025 se informó de la revocación del nihil obstat (nada obsta) con la continuidad del proceso de beatificación de Jorge Novak. Hoy decenas de voces en distintos medios celebran a San Jorge Novak, canonizado por el pueblo de Dios, el mismo que es infalible “in credendo” (en lo que cree). Roma podrá decir lo que quiera (son tan buenos que nos permiten seguir llamándolo “Siervo de Dios”, ¡tanta ternura!) el pueblo también habla. Y quienes queremos escuchar lo que el Espíritu de Dios dice a las Iglesias lo reconocemos. Lo celebramos. Lo festejamos. San Jorge, ¡ruega por nosotros! (y por la Iglesia).

 

martes, 7 de abril de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 2º de Pascua "A"

 

Una comunidad que nace de la Pascua

DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 42-47

Resumen: Lucas presenta la comunidad ideal de los orígenes como caracterizada por cuatro elementos: la enseñanza, la oración, la eucaristía y poner los bienes en común, y lo repite a fin de encontrar en ellos la continuidad con el camino de Jesús.

El sumario de Hechos presenta por primera vez (cf. 4,32-35) a la comunidad originaria, la comunidad de Jerusalén. A partir del cap. 6 se empieza a referir a los seguidores de Jesús originados en la diáspora, y más adelante se abrirá el grupo a recibir a los paganos. 

En 2,41 Lucas había dicho que ante la predicación de Pedro “los que acogieron su palabra se bautizaron y aquel día se les unieron unas tres mil almas (psyjaì = vidas, personas)”. Son estos, entonces los que “acudían asiduamente”…

Lo primero que se afirma de este grupo es que acudían a:
  • La enseñanza (didajê) de los apóstoles (en 5,28; 13,12; 17,19 se refiere a una enseñanza ya fijada, por lo que puede traducirse también por “doctrina”;
  • La comunión (koinônía); única vez en Hch, muy frecuente en Pablo para aludir a la vida compartida, a la comunión de vida con Dios, o a los bienes compartidos (por ejemplo, en la Colecta);
  • La fracción del pan (klásei tou artou) en Lc 24,35 alude al reconocimiento de Jesús por parte de los peregrinos de Emaús, ciertamente se refiere a la Eucaristía;
  • Las oraciones (proseujais) ya eran algo que se había dicho del grupo germinal (1,14) y es algo frecuente en la comunidad (3,1; 6,4; 12,5).
En todos ellos (psyjê) ocurrió un “gran temor”. El temor reverencial es característico de la religiosidad (5,5.11; 9,31; 19,17; cf. Lc 1,12.65; 2,9; 5,26; 7,16; 8,37), puede incluir el miedo, pero también el “temor de ofender”, el respeto y la reverencia. La referencia a los “signos y prodigios” (térata kaì sêmeia) particularmente desde Dt 34,11 alude al profetismo (como Moisés). La comunidad de los apóstoles, así como Jesús, se caracteriza por su ser profeta en la teología de Lucas-Hechos. El profetismo la caracteriza todo a lo largo de la obra en varios aspectos (cf. 2,19; 4,30; 5,12; 6,8; 7,36; 14,3; 15,12).

Todo el grupo es calificado de “creyentes” (pisteúontes), ellos vivían unidos y tenían todo en “común” (koinà; es la koinônía de la que había hablado más arriba). Los antiguos griegos hablaban de la amistad como los que tienen todo en común y viven unidos con lo que –podemos decir- Lucas califica la comunidad como de “hermanos” (uso judío) y de “amigos” (uso griego). La referencia a lo que se vende, se pone en común y se reparte según las necesidades será algo que especificará más claramente en caps. 4 y 5: (4,32-35 en el sumario, 4,36-37 en el ejemplo de Bernabé; y en 5,1-11 en el anti-testimonio de Ananías y Safira). 

Como se trata de la comunidad de Jerusalén, acuden diariamente al Templo (lo que se reiterará en 3,1; 5,25…), y con “perseverancia”, como la que hay en la oración (1,14) o en la enseñanza (didajê) de los apóstoles, quienes a su vez se dedican a la oración y la predicación de la palabra (6,4), e “íntimamente” (1,14; 4,24; 5,12; 8,6), pero a su vez “partían el pan” en las casas y compartían el alimento. La alabanza (ainoûntes) es casi exclusivamente lucana en el NT (6x de 8x, Rom 15,11; Ap 19,5) y siempre se dirige a Dios. Y tenían la “gracia” (járin) de “todo el pueblo (laos)”. 

Y a modo conclusivo (como lo que vimos de 2,41) se alude a que se agregan a ellos los que “el Señor” (¿Jesús?) añade para que sean “salvados” (sôzomenous). 

Como puede verse, el relato luego de haber señalado a modo de sumario cuatro características de la comunidad primitiva, las desarrolla un poco para que se comprendan mejor:


La enseñanza de los apóstoles
43 El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. (2:43)
La comunión
44 Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;
 45 vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. (2:44-45)
La fracción del pan
… partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. (v.46b)
Las oraciones
46 Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu (…) 47 Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo.  (2:46a-47)



Y concluye mostrando –como ya lo había hecho (2,41) y repetirá- que “la comunidad crecía…” (cf. 6,7).



Lectura de la primera carta de san Pedro     1, 3-9

Resumen: el comienzo de la carta de Pedro prepara la totalidad del texto. Con un esquema trinitario, pero centrado en los sufrimientos y la resurrección de Cristo, alienta los destinatarios a animarse en el servicio a los despreciados de la sociedad.

Como otras cartas del Nuevo Testamento, la primera carta de Pedro comienza con un himno (“bendito sea Dios”) en lugar de una acción de gracias, como es habitual (cf. 2 Cor y Ef). De todos modos, ambos modos de introducción sirven para presentar los temas principales de la carta.

La carta de Pedro es motivo de interesantes debates entre los estudiosos, pero veamos brevemente algunos elementos a tener en cuenta: el himno comienza bendiciendo a Dios (Padre) por sus dones (vv.3-5), pero abandona la bendición para seguir considerando y destacando la alegría en medio de los sufrimientos como los de Cristo (vv.6-9) y concluye destacando a los destinatarios como receptores de la buena noticia dada por el Espíritu (vv.10-12). El honor que reciben viene dado por la participación en la familia de los renacidos. A pesar de la semejanza con el contexto bautismal, el texto es propio de los cantos de transmisión oral. El bautismo es el trasfondo con el que el cristiano debe mostrarse en la sociedad en la que vive (1,14-2,3; 2,9-10.11-12; 3,13-4,6). La tradición (también judía) de la alegría en medio del sufrimiento (1,6; 4,12-13; cf. 3,14; 4,14) la seguridad de la protección divina y la presencia del espíritu no exime a los creyentes de la realidad del sufrimiento (4,12; 5,9), la inminencia del juicio (4,17) y la perspectiva de la salvación y gloria (1,8-9; 4,14.16; 5,10). Los versículos vv.10-12 contienen para muchos la unidad clave para comprender 1 Pedro (aunque los vv.11-12 están omitidos en el texto litúrgico) porque introducen los sufrimientos y gloria de Jesús como clave de interpretación de la vida del cristiano. La carta en su totalidad intenta dar aliento y coraje a sus destinatarios que son “extranjeros” (despreciados, rechazados) en el medio ambiente y por lo tanto presentar como una buena noticia la actual situación a semejanza de Cristo preparando también la gloria futura.

La regeneración, que es lo que motiva la bendición, se determina por la esperanza viva (v.3), la herencia incorruptible (v.4a) y la salvación que se revelará (v.4b). Estas características marcarán definitivamente un modo totalmente nuevo de vida que debe caracterizar al cristiano, aun en medio de las dificultades y por el que tiene sentido dedicarse al servicio de los extranjeros revelándoles una nueva vida, una nueva “casa”.


+ Evangelio según san Juan    20, 19-31

Resumen: en dos escenas Jesús se aparece a su comunidad otorgando los dones plenos esperados para el final de los tiempos. Por otra parte, se resalta la identidad entre el resucitado con el crucificado en los signos visibles de la cruz, pero -como el discípulo amado- el Evangelio se dirige a quienes creerán sin ver y así alcanzarán la vida plena de Dios.


El día de la resurrección está concluyendo. De madrugada, María Magdalena fue al sepulcro (20,1); más tarde ella se encuentra con Jesús a quien confunde con el “jardinero” (20,15) y lo comunica a los “discípulos” y al atardecer de ese mismo día tiene lugar la aparición a “los discípulos”. No sabemos quiénes eran los que estaban en este relato (por lo cual “los discípulos” como conjunto son los que deben ser tenidos en cuenta en el relato), sólo sabemos quién faltaba, Tomás, que será el protagonista, junto con Jesús, de la próxima y última escena. Esta unidad tiene entonces dos partes separadas por una semana (a fin de que la nueva aparición del resucitado vuelva a ocurrir en domingo). La ausencia y presencia de Tomás marca el elemento -nuevo en la segunda- que las relaciona, pero no hace falta caer en el fundamentalismo de preguntar si entonces Tomás no recibe los dones dados por Jesús en la primera visita.

Empecemos señalando que la presencia de Jesús con las puertas cerradas (v.19.26) parece intentar aludir a que Jesús no ha vuelto a la misma vida pasada: su cuerpo es el mismo, pero es a su vez distinto, es glorificado. Como en la escena que sigue, las palabras de Jesús reconocen el don de la paz (shalom, algo necesario en medio del “temor”; no es justo decir que la paz ya está entre ellos –a causa de la ausencia de verbo, lit. “la paz con ustedes”- ya que el temor y la alegría posterior parecen desmentirlo) que Jesús les otorga (vv.19.26) y a continuación “les muestra las manos y el costado” reforzando así la idea de que “el resucitado es el crucificado”, continuidad y diferencia. Esto dicho anticipa la escena de Tomás, pero también nos adelanta que lo que dirá luego de los que “creen sin ver” no se refiere a los discípulos (que "ven") sino a los lectores del Evangelio.

La alegría y la paz nuevamente otorgadas tienen una nueva dimensión. No se trata simplemente de repetir un saludo y que los discípulos se “alegren” por verlo resucitado, la “paz” y la “alegría” son dones escatológicos, como es escatológico todo el ambiente de esta escena. La resurrección de Jesús empieza a derramar sobre los suyos, los discípulos, los dones esperados para el final de los tiempos. Precisamente el gran don, el que engendra los anteriores, es el Espíritu que ahora entrega el resucitado. Nosotros lectores ya sabemos que sobre el pequeño grupo al pie de la cruz –los creyentes representados en la madre y el discípulo amado- se ha dado el espíritu (19,30), como estaba anunciado (7,39). Pero el espíritu –recordar los dichos del Paráclito (ver 14,16.26; 15,26; 16,7, siempre en el discurso de despedida)- no se derrama sobre el pequeño grupo, sino sobre todos los creyentes para ser testigos (20,22; ver 15,26-27).

Ahora bien, como se puede ver en una lectura integral de todo el Evangelio, uno de los elementos centrales de la cristología joánica es presentar a Jesús como “enviado” del Padre. El “enviado” (hebreo “sheliah”) es una institución característica para la cual la persona tiene “la misma autoridad que tiene quien lo envía”, es decir, lo que dice, lo que decide, lo que deja de hacer es el mismo ‘enviador’ quien lo hace. Siendo Jesús “enviado del Padre” evidentemente pronuncia su misma palabra, opera sus mismas obras como queda claro todo a lo largo del Evangelio. “Enviado” en griego se dice con dos términos, pempô apostellô (de donde viene “apóstol”). Así podemos decir que en el cuerpo del evangelio de Juan sólo hay un “apóstol” que es Jesús. Sin embargo, una vez resucitado, Jesús “envía” a sus discípulos así “como el Padre me envió” (ver 13,16.20; 17,18), y –en coherencia con los textos mencionados- es un envío “al mundo”.

A continuación les da la capacidad de hacer llegar a todos el perdón de Dios (en un texto que tiene cierto contacto con Mt 16,19; 18,18).

La escena queda abruptamente interrumpida –no hay despedida ni partida- con la referencia a la ausencia de Tomás. En un diálogo entre ambas escenas los asistentes confirman que han “visto al Señor” (nuevamente se confirma que la alusión a "los que creen sin ver" no se refiere a ellos) pero Tomás manifiesta explícitamente su incredulidad yendo más allá de la visión, él quiere tocar.

Ocho días más tarde la escena inicial vuelve a repetirse, como dijimos, pero ahora Jesús se dirige directamente a Tomás invitándolo a hacer lo que había solicitado e invitándolo a no ser increyente sino creyente. La escena concluye con la magnífica confesión de fe de Tomás, “Señor mío y Dios mío”.

Pero veamos algunos elementos fundamentales para entender más plenamente esta unidad: como se ha dicho, la paz y la alegría no son un simple saludo. La paz ya había sido anunciada por Jesús para su vuelta (14,27-28; 16,33; ver Is 52,7, 60,17, 66,12); y también la alegría (14,19; 16,21-22; ver Is 51,3 11, Sal 35,9). El “soplo” podría aludir al relato de la (nueva) creación (Gen 2,7; Sab 15,11) pero parece también coherente con la imagen de la resurrección en alusión a Ez 37 en el relato de los “huesos secos”; la humanidad resucita por el poder creador de Jesús resucitado. La referencia a perdonar y retener se mueve entre dos extremos, y tiene la apariencia de lo que se llama un “merismo”, es decir una figura retórica que quiere señalar la totalidad moviéndose entre los dos extremos. En este caso parece simbolizar el control total del acceso a la casa (ver Is 22,22 con términos similares, que también inspira –como dijimos- a Mt 16,19 y 18,18). Puesto que la escena refiere a “los discípulos” sin especificar, parece que debe entenderse que es toda la comunidad creyente la que recibe este “ministerio”.

Los discípulos ya habían escuchado palabras semejantes de María Magdalena que “había visto al Señor”, pero el texto no dice nada sobre las consecuencias de esto (lo que podría estar incluido si creemos que Juan ha desarmado el texto –como hemos dicho la semana pasada- y puesto la reacción de los discípulos al comienzo de la unidad). Las mismas palabras dicen ahora los discípulos a Tomás: “hemos visto al Señor”.

La respuesta de Tomás a los discípulos marca un segundo estadio en su itinerario de fe –luego de la ausencia- Está dispuesto a dejar su incredulidad si es que el resucitado se ajusta a sus criterios, pero «si no» (ean me) cumple sus condiciones, permanecerá en la incredulidad, «no creeré» (ou me pisteuso). Tomás exige “tocar” a Jesús así como María quería aferrarse a su cuerpo (20,17); Tomas –ahora, al menos, está presente- exige experimentar el cuerpo resucitado del crucificado. Pero el sentido fuerte de “tocar” y “meter” parece destacar, además, la continuidad entre el mundo pasado y presente de Jesús (algo que el paso a través de las puertas refuta, como dijimos). Para creer, Jesús debe aceptar sus exigencias.  Al aparecerse Jesús manifiesta aceptar las condiciones de Tomás, pero a su vez también pretende: “y no seas incrédulo, sino creyente…” (no hace falta destacar la reiteración e importancia del verbo “creer”). Nada indica que Tomás tocara, ahora es él el que acepta la condición de Jesús y manifiesta su fe. Lo que había ido mostrándose en el Evangelio sobre “la palabra” en 1,1-2, el uso por parte de Jesús del absoluto “yo soy” (ver 4,26, 8,24.28.58; 13,19; cf. 18,5.8), y su afirmación «yo y el Padre somos uno» (10,30 y también 10,38) llegan a su “climax” en esta confesión de fe: “Señor mío, Dios mío”. Se ha destacado que el emperador Domiciano (81-96 d.C.) quería ser venerado como Dominus et Deus noster ("Señor y Dios nuestro", Suetonio, Domiciano 13). El ambiente del “culto al emperador” era muy importante en el imperio romano, y quizás sea el trasfondo del dicho, pero no hace honor al texto entenderlo solamente como una confrontación; el dicho debe entenderse especialmente en el contexto del mismo Evangelio y su texto (cf. Sal 35,23; Am 5,16).

La confesión finaliza con un dicho de Jesús, “Dichosos los que no han visto y han creído” abriendo así el relato a los lectores del Evangelio, a un nuevo tiempo histórico (17,20; cf. 1 Pe 1,8). Pero no es justo, tampoco, descuidar –en una misma proyección a los discípulos y al tiempo de los lectores del Evangelio- que antes, se ha destacado que el discípulo amado creyó sin ver (20,8). Eso es lo que están invitados a confesar los destinatarios del cuarto evangelio, y ese ejemplo están (estamos) invitados a seguir.

En los vv.30-31 se presenta la conclusión de todo el Evangelio, el “para qué” fue escrito: “para que crean” y creyendo “tengan vida” (divina). “Juan” ha hecho una selección de signos en esta obra con esta finalidad, “que crean”. No se debe descuidar que este creer aquí se señala explícitamente: “que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios”, algo que en el Evangelio es confesado por Marta (11,27). Siendo idénticas palabras a las de Pedro en la llamada “confesión de fe de Pedro” (Mt 16,16), seguramente debería referirse a Marta con idéntica idea, “confesión de fe de Marta”; por eso a ella Jesús le aclara “el que crea en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees?” (11,26; notar en ambos casos –de Marta y de la conclusión del Evangelio- la centralidad de “creer”). Siendo esta la máxima confesión de fe del Evangelio, no se debería dejar a Marta en un segundo lugar al leerlo [la lectura machista habitualmente habla de la "confesión de fe de Pedro" y silencia la "confesión de fe de Marta" aunque sean prácticamente idénticas]. Pero –en este caso concreto de la liturgia de la fecha- siendo esta la conclusión de todo el Evangelio, la unidad merecería un desarrollo mucho más extenso. Simplemente reiteremos aquí la estrecha relación entre fe y vida (divina), eso es lo que el autor del Evangelio pretende. Esos son los “creyentes” –y discípulos amados- y esa es la comunicación de la vida “resucitada” para “todo el que cree”.

lunes, 6 de abril de 2026

Propagar tonterías

Propagar tonterías

Eduardo de la Serna



Un día, hace mucho tiempo, el 3 de febrero de 1945, hubo un fotógrafo, Joe Rosenthal, que difundió en los medios una foto suya tomada en Iwo Jima, Japón. Allí se ve a 6 personas levantando una bandera de los EEUU en medio del conflicto bélico. La foto le mereció a don Joe el premio Pulitzer a la mejor fotografía ese año. Ciertamente era muy discente. No mucho después surgió el planteo de que, en realidad, la foto no había sido una instantánea sino una foto “armada”. Sospechando esto último, pero sin ser el tema que me interesa, la reflexión más que evidente es que, sea como fuere, la fotografía no solo dijo, sino también movilizó, impulsó (y por eso se difundió). El nacionalismo (una especie de fuerza latente en tantas ocasiones) se vio alimentado y revitalizado, cosa que en una guerra siempre es conveniente. A eso también se lo llama “propaganda”.

Y eso, que tantos supieron siempre, lo impulsan y alientan todavía hoy otros tantos. Los asirios, por ejemplo, quizás uno de los imperios más sanguinarios de la historia, supieron hacer ostentación de la sangre, y, cual película de Mel Gibson, la mostraban por doquier. Sabiendo que venían, la cosa era rendirse o escapar antes que llegaran. Algo semejante hicieron los romanos, desperdigando monumentos por todas partes del imperio. Todos podían ver las omnipotentes y omnipresentes legiones y su paso triunfal (quizás aprendido, a su vez, de la propaganda de Alejandro Magno). Algo semejante, siglos después, hicieron los grupos paramilitares de las AUC, provocando que Colombia fuera el segundo país con más desplazados del mundo. La propaganda es poderosa, y en muchas ocasiones, indispensable al menos para sobrevivir. La propaganda, obviamente, propaga.

De eso se tratan hoy las fotografías oficiales. No puede dudarse. Ver una foto de Milei saludando a un bombero en la Patagonia incendiada, una cantando el himno, o una comiendo milanesas en Casa Rosada (con un fondo en el que se ve ¡la Casa Rosada!) no pretenden comunicar información, pretenden “propagar”. Y, especialmente dirigida a grupos humanos que solo ven (civilización de la pantalla) sin analizar, ¡y mucho menos leer!, lo cual ayuda a entender o responder a muchos por qué.

Las Fuerzas Armadas lo hicieron en Malvinas y, antes, con el Mundial 78, y un poco, también, con la “inminente guerra con Chile”. Por supuesto que existe también una “contra propaganda”: en el Mundial, empezando, aparentemente, por el periodismo de los Países Bajos, mostraron el “ejército de mujeres armadas con pañuelos blancos sobre sus cabezas”, lo cual también fue propagado. A eso puede sumarse la leyenda acerca del por qué no vino Johan Cruyff y el rumor que afirmaba que, de ganar la final (algo que jamás podría ocurrir, sospecho), los holandeses se negarían a recibir la copa de manos de Videla. Eso también es propaganda. Pero, en este caso, lo que cuenta no es quién transmite mejor “la verdad” sino aquello que los destinatarios “quieren creer”. Obviamente, en Argentina, muchos eligieron creer que había una “campaña antiargentina en el exterior”, que Amnesty International eran perversos, que los argentinos somos derechos y humanos y muchas otras sandeces más. Sandeces que, todavía hoy, y, ¡por supuesto, propaganda mediante!, muchos eligen seguir creyendo.

Claro que los medios de propagación no son hoy los de ayer. La foto de Rosenthal, cuyo rollo fue enviado, revelado y analizado en Guam, a más de 1.000 kilómetros de Iwo Jima (con todo el tiempo y riesgos que eso implica) y luego enviada por fax por Associated Press a todo el mundo, fue algo que demoró más de 17 horas en llegar. Ciertamente, esto es hoy impensable e incomprensible para tantos… o para casi todos. Hoy, la propaganda se propaga casi al instante, en “tiempo real”, la publicidad se hace “pública” al momento. Y se elige creer simultáneamente. ¿Analizar? ¡No! ¡Yo no me meto en política!