jueves, 15 de enero de 2026

Jonatán, hijo y amigo

Jonatán, hijo y amigo

Eduardo de la Serna



El nombre “Jonatán” es relativamente frecuente en la Biblia. Son varios personajes los que llevan ese nombre (Jue 18,30; 2 Sam 15,27; 2 Sam 21,21; 1 Re 1,43; 1 Cro 11,34, etc…), pero hay uno muy conocido: “Jonatán hijo de Saúl”, el primer rey (1 Sam 13,16).

En el texto bíblico, Jonatán, el hijo de Saúl es presentado como un guerrero valiente (13,3; 14,1-14), digno heredero de su padre al trono. Sin embargo, una serie de sombras rodean a este personaje:

  1.       Saul hace un juramento que – sin saberlo, porque no se cuestionará a este personaje que así queda manchado pero sin culpa –Jonatán viola (14,27) cosa que queda confirmada por las suertes (14,40-43) en un acto público. Le correspondería morir por violar el juramento (aunque Jonatán responsabiliza a su padre por hacerlo, 14,29) pero la tropa lo defiende: ¿Cómo va a morir Jonatán, que ha dado esta gran victoria a Israel? ¡De ningún modo! ¡Por la vida del Señor!, que no caerá a tierra ni un pelo de su cabeza; porque él ha actuado hoy con la ayuda de Dios. Así salvaron la vida a Jonatán” (14,45).
  2.       Jonatán se vuelve íntimo amigo de David (20,3.17), al cual quiere “como a sí mismo” (18,1) e incluso soporta de su padre terribles insultos por quererlo (20,30). A la muerte de éste y su padre, David entona una lamentación muy honda, donde llega a decir “¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más maravilloso que amoríos de mujeres” (2 Sam 1,19-27). Esta amistad se manifiesta de este extraño modo: Jonatán “se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, y también su ropa, la espada, el arco y el cinto” (1 Sam 18,4).
  3.        Con asiduidad notable, a causa – precisamente – de esta amistad, y ante los celos de Saúl por David, Jonatán con mucha frecuencia le informa a su amigo de los intentos de su padre de asesinarlo (es en este contexto que le profiere el insulto al que hicimos referencia): 1 Sam 19,1-2; 20,1-3.9.41.

Todo esto invita a una “sospecha”. El texto bíblico nos empieza a preparar a los lectores para que el sucesor de Saúl sea David. El mismo Jonatán se lo dice: “No temas, no te alcanzará la mano de mi padre, Saúl. Tú serás rey de Israel y yo seré el segundo. Hasta mi padre, Saúl, lo sabe” (1Sa 23,17).

En realidad, la referencia al amor entre ambos amigos precisamente prepara el traspaso de poder, especialmente ante el hecho de la muerte de Saúl y Jonatán en un mismo momento (1 Sam 31,1-6).

Para ser precisos, la normal sucesión dinástica supondría que un hijo de Saúl fuera quien lo sucediera. Muerto Jonatán debía serlo otro de sus hijos, cosa que –según el texto bíblico- de hecho ocurrió en el norte (no así en Judá, al sur, 2 Sam 2,10), aunque pronto éste fuera depuesto en favor de David por los mismos generales (2 Sam 2,8-9). Para reforzar la sucesión en favor de David el texto señala que Isbaal es el nuevo rey pero tiene un conflicto con el general Abner (3,7-8) que termina en pelea y la muerte de Isbaal (4,1-12) lo que reafirma la elección de David como rey también en el norte, Israel.

Para ser justos, los textos lo que quieren señalar es la centralidad de David y entonces preparan el camino para justificar que sea éste y no un hijo de Saúl el rey que será modelo y ejemplo de los demás reyes. David es – lo hemos señalado en otra nota – el rey ideal en el cual deberían verse reflejados los demás reyes.

Los textos bíblicos miran la historia con sus luces y sombras. Historia como la nuestra. Y saben descubrir en ella los caminos de Dios y la fidelidad a la que son llamados. Es en esta, nuestra historia, donde estamos convocados a la fidelidad y a buscar que Dios sea el verdadero protagonista.


Imagen tomada de http://estudiobiblia.blogspot.com/2018/06/1-samuel-2024-42-en-la-fiesta-de-luna.html

miércoles, 14 de enero de 2026

Reitero: María Magdalena ¡no fue prostituta!

Reitero: María Magdalena ¡no fue prostituta!

Eduardo de la Serna



En un reciente texto quise ilustrar sobre la importancia de las fuentes cuando de historia se habla. Quise destacar que el primer paso debe ser saber con la mayor verosimilitud posible si algo había o no ocurrido; después, por supuesto, sigue el paso del análisis, el por qué, cómo, cuándo, para qué, etc. Pero sin fuentes serias (y lo señalaba para destacar que muchos – ¿la mayoría? – hoy se “informan” (sic) con poca o nula seriedad) cualquier paso posterior queda “en el aire”, sin sustento, sin raíces. Y, sólo para ilustrar el tema, conté una anécdota de una clase en la que yo explicaba que María Magdalena no había sido prostituta. Y, acá el tema, curiosamente, muchos me cuestionaron o preguntaron sobre esto, tema que, aclaro, hoy no está en discusión en ambientes académicos. Así que voy a decir muy brevemente, algo sobre este tema (y remitir a algún material de consulta).

Insisto en el punto de partida: ¡las fuentes! Si nos preguntamos sobre el personaje histórico de María Magdalena (personaje del que nadie discute seriamente su existencia histórica) la pregunta primera es ¿de dónde nos informamos sobre ella para hablar? La superficialidad contemporánea hace que se acepte lo que “me gusta” y no lo que, con mayor o menor seriedad, podemos saber o no sobre algo. Los Evangelios (incluso los apócrifos) no tienen una pretensión histórica, es obvio; quieren comunicar una “buena noticia”, constituyen una predicación, y, particularmente, sobre Jesús, el Cristo. Y todo - ¡todo! – está en función de esa predicación, incluso el rol que desempeñan allí los personajes, Pedro, la Virgen María, el discípulo amado y ¡María Magdalena!

Un tema a destacar, y lo señalo brevemente, porque hace a la cuestión, es que esa predicación, que constituyen los Evangelios, con el paso del tiempo fue leída de dos maneras (no contradictorias): espiritual e histórica. La proliferación de evangelios “espirituales”, particularmente gnósticos, especialmente en Egipto, a partir del s. II fue notablemente importante, por un lado; y los intentos de “llenar los baches” históricos que (aparentemente) los evangelios tenían, narrando acontecimientos ausentes, particularmente, de la infancia y “vida oculta” de Jesús para completar la “historia”, son ejemplo de estos. Pero, destaquemos, estos evangelios se nutren por un lado de lecturas y relecturas bíblicas (podrían multiplicarse los ejemplos, pero nos alejaríamos del tema) y también de leyendas. El principal tema – y acá lo importante – es que los textos se comenzaron a alejar de la intención original de Marcos primero, y de los restantes evangelistas después, mal entendiendo “¡qué es un Evangelio!”

Precisamente, cuando la lectura empezó a tener una tendencia más histórica que teológica, había que “completar” lo faltante, y pongo un par de ejemplos: ¿quién es el Discípulo Amado? El Evangelio de Juan – el único que lo menciona – no dice absolutamente nada de él, entonces, por decantación “debía” ser Juan. Otra, las listas de los Doce no coinciden del todo, entonces se “unieron” y, así, Tadeo se unió al “otro Judas” y llegamos a Judas Tadeo; nada de esto encontramos en los Evangelios. Pues eso mismo ocurre con María Magdalena.

Como se puede ver sencillamente, salvo el texto de Lucas 8,1-3, María sólo se encuentra en los relatos de la Pascua. Es interesante, además, que salvo la escena del Evangelio de Juan referida a la Madre de Jesús al pie de la cruz, en todos los textos, la Magdalena se encuentra mencionada en primer lugar, con todo lo importante que eso significa en los textos: ¡era importante! Pero, como los textos no dicen nada más, había que “rellenar”, y puesto que hay una mujer anónima que unge a Jesús, aunque en Juan esa mujer es María de Betania, y en Lucas – con modificaciones importantes – es una “pecadora en la ciudad”. Además, hay un texto, también de una mujer anónima sorprendida en adulterio a la que pretenden apedrear. Fue así que, con el tiempo, se fueron integrando todas estas mujeres en una sola, la Magdalena (hasta el punto que María “de Magdala” era también María “de Betania”, sic).

Como lo que nos dice Lucas 8,2 es que de María Magdalena habían “salido” (no dice “expulsado”, que es el verbo habitual) siete demonios, san Ambrosio lo interpreta en clave de los “siete pecados capitales”, ¡la totalmente pecadora! De ahí a prostituta no había más que un paso.

Los textos tardíos no son unánimes y los hay de diferente tipo: modelo de castidad (después de su conversión), modelo de conversión (como san Agustín en varón), apóstola de los apóstoles y hasta enamorada (o novia) de Jesús, pero el de ex prostituta fue cada vez más el hegemónico.

A modo de nuevo ejemplo, señalo, también brevemente, la lectura del gnosticismo y los evangelios (ss. II-IV): para empezar, es de notar que, precisamente por gnósticos, estos evangelios rechazan todo lo “carnal”, lo institucional, lo que cuenta es lo espiritual, y, entonces, concentran lo primero en Pedro, “la institución” que contrasta con “la sabiduría” (Sofía, en griego), a la que verán ejemplificada en la Magdalena. Con matices cada uno, o hasta diferencias importantes, todos estos destacarán a María con diferentes roles o lugares importantes en la “vida” de Jesús (es acá que se inspira Dan Brown para El Código Da Vinci y el rol de Sofía, por ejemplo, más allá de la obvia deformación histórica, propio de una novela, no de un documento histórico).

Pocas, si alguna, ha trabajado y estudiado tanto y tan bien a María Magdalena como Carmen Bernabé (1957). Desde su tesis doctoral (María Magdalena, tradiciones en el cristianismo primitivo, Estella: Verbo Divino 1994) a nuestros días (¿Qué se sabe de… María Magdalena?, Estella: Verbo Divino 2020) no ha dejado de profundizar en sus estudios sobre ella. Incluso, “con temor y temblor”, con mi amiga Consuelo Vélez, escribimos sobre María Magdalena en un libro reciente de homenaje a Carmen Bernabé (“María Magdalena, primera evangelizadora”, en E. Aldave y C. Gil (eds.), Voces Bíblicas olvidadas y recordadas. Ensayos de exégesis con perspectiva de género. Libro homenaje a Carmen Bernabé Ubieta, Estella: Verbo Divino 2024, 99-116). En sus trabajos de puede ver con claridad y seriedad cómo fue variando la lectura del personaje y su presentación “histórica”. También hay muchísima bibliografía además de la de Carmen, por cierto.

Cuando los estudios bíblicos adquirieron “carta de ciudadanía” en la Iglesia católica romana, es decir, cuando se dejó de lado la lectura espiritual neo-platónica, casi instantáneamente la figura de la Magdalena “cambió de rostro”.

Notemos, por ejemplo, el ritual de la misa De María Magdalena antes del Concilio, y el actual (antes de la iniciativa del papa Francisco sobre el tema la cual señalaremos):

En el título, se señala que María Magdalena es “Penitente” y la oración inicial dice:

«Te suplicamos, Señor, por la intercesión de la bienaventurada María Magdalena, por cuyas oraciones resucitaste después de cuatro días a Lázaro, su hermano…»

Y la lectura de la misa es Lucas 7,36-50, es decir, el texto de la mujer pecadora en la ciudad (de la que no se dice más que eso, pecadora, pero suele concluirse que ese pecado público es la prostitución, e, irónicamente, nos hemos preguntado por qué se supone prostitución y no, por ejemplo, que era usurera) …

Como se ve: Penitente, hermana de Lázaro y “prostituta” era la característica. En cambio, si miramos la oración de la misa renovada desde el Concilio, allí dice:

Señor, Dios nuestro,

Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie,

a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual;

concédenos a nosotros, por intercesión y el ejemplo

de aquella cuya fiesta celebramos,

anunciar siempre a Cristo resucitado

y verle un día glorioso en el Reino de los cielos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Como se ve, el enfoque ha cambiado totalmente. Como se sabe, además, el Papa Francisco modificó el status litúrgico de María Magdalena, que de ser celebración optativa pasó a obligatoria y, ahora, es tenida como fiesta al mismo nivel de los demás apóstoles retomando el tradicional título de Magdalena “Apóstola de los apóstoles”.

Es evidente que la pereza reinante hace que muchos, catequistas, pastores, comunicadores repitan lo que “siempre se hizo así”. Para más, al ilustrar suele recurrirse a imágenes tradicionales que la presentan sin velo, con la cabellera expuesta, como “toda prostituta” debiera tener. Y, a pesar que desde que los estudios bíblicos son fundamentales en la Iglesia (1943), y desde que la liturgia renovada (1965) ya nadie seriamente lo afirma, pues se sigue repitiendo: pecadora arrepentida, prostituta penitente… Sin embargo, hasta en el muy limitado bíblicamente documento conclusivo del Sínodo de la Sinodalidad, se añadió al borrador originario, que “la Iglesia la reconoce como Apóstola de los apóstoles” (#13 [el texto italiano dice “Apostola” mientras que la versión castellana dice “apóstol” (sic)]). Así concluíamos con Consuelo nuestro texto:

Hemos visto que, en la iglesia católica, por siglos, se habló de María Magdalena promovidos más por preconceptos que por lo que la Biblia nos dice de ella. De María importaba su cuerpo (incluso cuando también se la pretendió mostrar como pareja de Jesús), no su discipulado ejemplar. Hoy nadie podría negar la enorme centralidad de esta apóstola sin manifestar al menos ignorancia (114)


Imagen de María Magdalena (con velo) tomada de https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-07/maria-magdalena-apostola-de-la-mas-grande-esperanza.html

martes, 13 de enero de 2026

El ganado no se revela. La revolución puede esperar.

El ganado no se rebela. La revolución puede esperar.

Eduardo de la Serna



A modo ilustrativo, para una mejor comprensión, quiero comenzar contando una anécdota verdadera.

En una clase yo presentaba el personaje de María Magdalena; quería mostrar, con los datos de los que disponemos, por cierto, lo que sabemos de ella y, además, lo que los Evangelios caracterizan. Después de presentar todos los datos les dije, “- Como ven, María Magdalena ¡nunca fue prostituta!” Entonces, un estudiante acotó: “¡Sí! ¡era prostituta!” “¿De dónde sacás ese dato?”, le pregunté… “Lo vi en una película”, fue la respuesta.

Este hecho me permite una reflexión para nuestros tiempos. Afirmar que algo ocurrió o no, requiere datos, fuentes. Es el punto de partida indispensable sin el cual no se puede siquiera comenzar. Obvio que después viene el segundo paso que es la organización de los datos, su interpretación, Fulano dijo esto, cómo lo dijo, cuándo lo dijo, a quién lo dijo, por qué lo dijo, etc. Pero el punto de partida es que lo dijo, es el texto… ¡la fuente!

El problema de hoy es, para empezar, lo que se han llamado las Fake News, es decir, las noticias falsas. Dicen que dijo, lo que nunca dijo.  Y a esto se suma la llamada posverdad: es verdad lo que me gusta que lo sea. No importa si lo dijo, sino que me gusta que lo haya dicho, porque, puesto que lo odio, que lo haya dicho aumenta mi rencor, o, ya que lo aprecio, aumenta mi amor… Obviamente, el punto de partida es el “yo”, el individualismo, para ser exactos, el “me gusta” o no, mi amor o mi odio.

Ahora bien, ¿cuáles son las fuentes? Por supuesto, afirmar que alguien dijo algo de lo que no fuimos testigos, requiere la aceptación de “fuentes confiables”. Eso eran, antiguamente, los Medios de Comunicación Social (MCS), hoy al servicio de los poderosos. Yo no puedo saber, por ejemplo, que el Papa haya dicho tal o cual cosa, debo informarme, pero la fuente debe ser creíble. Pero si me informo con las “redes sociales” en las que cualquiera escribe cualquier cosa, y sale y se repite y repite y repite, pues lo recibo y ¿quiero creerlo? Entonces también yo la repito y me transformo en un engranaje del sistema. No importa si lo dijo o no, ¡me encanta (Like!) que lo haya dicho! Circulan cosas anónimas, un Fulano o Mengana dando una serie de datos inconstatables. ¿Fuentes? ¡Nada de eso! Las fuentes son X (ex Twitter), Facebook, Instagram o demás anónimos, sin fuente de seriedad alguna.

El gran biblista español Rafael Aguirre, hablando de los escritos sobre Jesús dice:

Se calcula que rn el siglo pasado se escribieron unos cien mil libros sobre Jesús de Nazaret, unos mil al año. Libros de lo más variado: novelas, unas más históricas y otras de pura ficción, libros espirituales, científicos con orientaciones diversas, algunos escritos por creyentes, otros beligerantemente en contra de la fe cristiana. Reflexión aparte merecería la increíble avalancha de informaciones sobre Jesús que circulan por Internet sin ningún filtro de calidad y de acceso sumamente fácil. (R. Aguirre, La memoria de Jesús y los cristianismos de los orígenes, Estella: Verbo Divino 2015, 71)

Ese es el punto: ningún filtro de calidad… de seriedad.

Ya Umberto Eco afirmaba que "El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad" y que “Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad” (16 de junio 2015; https://www.perfil.com/noticias/cultura/para-umberto-eco-las-redes-sociales-generan-una-invasion-de-imbeciles-20150616-0025.phtml). El problema, creo yo, radica, precisamente, en el daño “a la colectividad”.

Ahora bien (o, mal, para ser precisos), lo cierto es que nos vemos día a día inundados por “datos”, “informaciones”, “noticias” sin ningún filtro de calidad, ni de seriedad. Y las recibimos (y más de una vez, acríticamente, caemos en lo que estamos criticando, y repetimos, y reenviamos, y “me gusta”) … Lo que cuenta es el estímulo, no la verdad, la belleza y lo bueno, repitiendo a los platónicos. Actuamos por estímulo, no por amor, somos ganado en un corral en el que nos hemos encerrado “libre” y “voluntariamente”. ¡Fascinante manera de dominación a quienes se creen libres! ¡Viva la libertad!


Imagen tomada de https://www.contextoganadero.com/ganaderia-sostenible/el-corral-una-herramienta-clave-en-el-manejo-del-ganado

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 2º "A"

Jesús camina a nuestro lado y estamos invitados a reconocerlo, y a seguirlo

DOMINGO SEGUNDO - "A"

                                                                                            
Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     49, 3-6

Resumen: Un personaje desconocido que se define como “siervo” de Yahvé, y por momentos se identifica con Israel, y en otros en relación a este, aparece como luz de los demás. El grupo que vuelve del exilio se muestra ante los judíos e israelitas dispersos por toda la diáspora como una lámpara que señala los caminos de liberación.

Se habla con frecuencia de los cuatro (o quizás más) cantos del Siervo sufriente de Yahvé que se encuentran en el llamado Segundo Isaías. El texto litúrgico forma parte del segundo de estos “cantos”. Un personaje desconocido se dirige a los lejanos (“islas” y “pueblos lejanos”; es posible que con estas imágenes se refiera a los judíos dispersos por el mundo, por exilio o por cautiverio. Ya hemos conocido algunas de estas ideas en las páginas anteriores de Isaías (“llamar”, “recordar el nombre”, cf. 42,6: 45,3.4; 48,12).

La imagen de la protección divina sobre el personaje se ve en una serie de metáforas: espada, saeta, carcaj, sombra de su mano y recurriendo a elementos que caracterizan por una parte a los profetas (la boca, la palabra, el llamado “desde el seno materno”, que relee en primera persona el texto de Jer 1,5). El siervo es expresamente señalado como “Israel” (cf. 43,1.21; 44,2.21.24; 45,11). Sin embargo, tiene a su vez elementos personales (por ejemplo en relación con el mismo pueblo de Israel, v.5) lo cual invita a pensarlo diferente. Quizás un pequeño grupo (¿los deportados que regresan?, ¿un “resto”?, ¿los exiliados?) se presente a semejanza del gran profeta. La alusión en más de una ocasión a “Jacob” y a “Israel” (v.5.6) y también a otros grupos: “las gentes” (vv.6.7), los “confines de la tierra” (v.6), y a los adversarios de Israel (dominadores, reyes y príncipes, v.7). Sin embargo, el contrasto viene dado en que, para estos, Israel es “despreciado”, “abominado”, “esclavo”, mientras que es “valioso a los ojos de Yahvé y mi Dios ha sido mi fuerza” (v.5). Esta actitud violenta y de rechazo es lo que caracteriza el sufrimiento del siervo que se irá acentuando en los restantes cantos; pero este sufrimiento no quedará sin producir un efecto: será rescatado, se pondrán de pie los reyes y se postrarán los príncipes a causa de haber sido “elegido” por Dios, que es leal (v.7). El siervo tiene una misión liberadora que produce su efecto en Israel. Encontramos elementos reales, elementos proféticos y de ese modo el siervo será “luz de las naciones”. El grupo liberado del cautiverio en Babilonia que regresa a su tierra entre sufrimientos tiene una misión clara para los demás miembros del pueblo de Judá y de Israel para ser luz y hacer volver.



Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     1, 1-3

Resumen: con un esquema habitual Pablo da comienzo a la carta a los Corintios. Para ello saluda ecuménicamente a los miembros de la comunidad y los reconoce como miembros del pueblo de Dios.


Las cartas de Pablo suelen tener todas un esquema semejante (puede verse esquemáticamente lo que ya hemos señalado al presentar Romanos 1 en http://blogeduopp.blogspot.com.ar/2013/12/comentario-adv4a.html). Digamos brevemente que este viene presentado como:

1.     Remitente/s
2.     Destinatario/s
3.     Saludo de “gracia y paz”
4.     Una acción de gracias (sólo omitida en Gálatas, precisamente a causa del enojo que Pablo tiene con los destinatarios) que concluye el saludo y a su vez inicia el corazón de la carta.

A continuación, encontramos lo que puede llamarse el “cuerpo” de la carta. Lo que hoy presenta la liturgia es, precisamente, los tres primeros elementos de este esquema. Pero aprovechemos esta ocasión para destacar algunos elementos.

La carta nos muestra como co-remitente de Pablo a un tal Sóstenes, a quien desconocemos. Se trata de un miembro pleno de la comunidad puesto que lo llama “hermano”. En Hch 18,17 se menciona otro personaje con el mismo nombre, el jefe de la sinagoga. Nada invita a pensar que se trate de la misma persona.

Pablo nos dice que es “llamado a ser apóstol” (cf. 9,1-2). “Apóstol”, para Pablo es alguien que se ha beneficiado con una aparición del resucitado y en consecuencia tiene la responsabilidad de anunciarlo vivo (para Pablo los “apóstoles”, entonces, no son [solamente] los Doce).

El término “Iglesia” (ekklêsía) en la Biblia griega, lo encontramos con cierta frecuencia se utiliza para traducir el hebreo qahal (= asamblea; cf. Dt 4,10; 9,10; 18,16…), se trata, por tanto, del pueblo de Dios reunido. Pero, a su vez, es usado en el ambiente greco-romano para indicar a los “ciudadanos” que se reúnen y toman decisiones para el funcionamiento de la ciudad (las asambleas ciudadanas son importantes en la “demos”); son súbditos del Emperador, le deben fidelidad, pero son a su vez importantes en la ciudad. En este segundo caso (recordar que los lectores de Pablo son “griegos”), Pablo utiliza el término de un modo contra-cultural para señalar que hay otra ciudadanía, que no se trata de elites ciudadanas sino de los “llamados” por Cristo en el bautismo.

Ahora bien: lo que señala de esta asamblea son dos características: en primer lugar, que han sido “hechos santos” a partir de algún momento (por lo tanto, es evidente que “antes” no lo eran; cf. 6,9-11). El paralelo invita a pensar en el bautismo. Esta separación (recordar que “santo” indica algo o alguien “separado” para Dios) invita a los corintios a descubrir que deben llevar una vida diferente a la que se vive en Corinto. Son miembros de Cristo, y no clientes del César (una “asamblea/ekklêsía” distinta). El segundo elemento toma lo dicho y lo resalta: “llamados a ser santos” (cf. 1,26) y ser –por lo tanto- miembros de la Iglesia (v.9) en una comunión (koinônía); Israel es un pueblo que está llamado a ser santo (Ex 23,22; Num 16,3; Jl 2,16; 2 Cr 30,17; Sal 88,6 y el tema es frecuente en Qumrán).

Concluyendo el saludo inicial, Pablo otorga, y a su vez desea, la “gracia y la paz”. El saludo propio del ambiente hebreo es “Salom” (que puede traducirse, de un modo no preciso, por “paz”, en griego eirênê). Los griegos, en cambio, se comunican la “alegría” (jaire; cf. Lc 1,28). Es interesante notar que (al igual que en castellano) la alegría y la gracia son palabras semejantes (por ejemplo, en castellano fuera del campo teológico, se asemejan algo que nos “causa gracia” y algo que nos da “alegría”); en griego son jaire [alegría] y jaris [gracia]. Con el saludo de “gracia y paz” Pablo parece abrir todas sus cartas de un modo ecuménico empezando así el mensaje a todos los miembros (judíos y griegos) de la comunidad. 

Así, Pablo nos prepara para dar comienzo a la carta.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 29-34

Resumen: Juan el Bautista da testimonio de Jesús a sus discípulos y así también a nosotros para que reconozcamos quién es este Jesús que camina en nuestra historia. Una serie de títulos e imágenes con fuerte tradición judía empieza a presentarse, cosa que continuará a lo largo del Evangelio para profundizar en la revelación de Jesús en el Cuarto Evangelio.

Después del prólogo poético, el Evangelio de Juan comienza su evangelio con un “prólogo histórico”. Así como el prólogo poético comienza con las mismas palabras del libro del Génesis (“en el principio”), el prólogo histórico presenta una primera “semana” narrativa en la que “todo” comienza: 

Primer día (v.19)
Segundo día (v.29)
Tercer día (v.35)
Cuarto día (v.43)
Séptimo día (“tres días después”, 2,1)

Como se ve, el texto litúrgico de hoy está formado por el “segundo día”. El primer día presenta a Juan el Bautista, el segundo, Juan habla de Jesús, el tercero Juan envía a sus discípulos tras Jesús y en el cuarto (Juan ya ha desaparecido) Jesús empieza a reunir discípulos junto a él. Estos discípulos, con Jesús y su madre son testigos del primer signo en Caná el día séptimo.

Juan Bautista, que no hablaba de sí mismo (vv.20-21), se vuelve presto para hablar (dar testimonio) de Jesús; lo cual demuestra que el acento de la misión del Bautista es el testimonio. Por medio de una serie de títulos se empieza a desarrollar una cristología: Cordero de Dios (29), preexistente (30), portador del Espíritu (32-34). 

La fórmula es común a Jn: un mensajero de Dios ve a una persona y dice: "¡Miren!"; a esto sigue una descripción que revela el misterio que esconde esta persona (1,35-37; 1,47-51; 19,24-27); tiene sus raíces en el AT (cfr. 1 Sam 9,17).

       Ve... venir: Mirando los Evangelios sinópticos se piensa en Jesús que viene a bautizarse; la construcción deja suponer que esto ya se ha realizado pero en Juan no se lo menciona (propiamente hablando, no hay bautismo de Jesús en el Evangelio de Juan). Jesús viene hacia Juan Bautista cumpliendo lo dicho en Is 40,10, viene para el sí de Dios. Nada nos dice de dónde viene ni a dónde va.

         El Cordero al que se hace referencia sin dudas tiene sentido mesiánico; no es improbable que provenga de la liturgia de la comunidad joánica: es a partir de esto que Andrés declara a Simón: "encontramos al Mesías" (1,41); pero ¿por qué "Cordero"?; no es evidente a qué tipo de “cordero” se refiere; hay diferentes opiniones (todas con elementos interesantes, pero ninguna totalmente satisfactoria):

1.- En la apocalíptica judía el cordero victorioso aniquilará el mal, los lobos... Es la paradoja de la debilidad que -con Dios- triunfa sobre el mal (TesJos 19,8; Ap 6,10; 7,17; 17,14. 

"Las ovejas eran todas blancas, y su lana espesa y pura. Todos los que habían perecido y habían sido dispersados... El dueño de las ovejas se alegró muchísimo pues todos eran buenos y habían vuelto a su casa. Vi que depusieron la espada que había sido entregada a las ovejas... Vi que se trasmutaban las especies y se convertían todas en toros blancos..." (Henoc 90,38)
  
Quizá Juan Bautista saludó a Jesús como el cordero de la expectativa apocalíptica, suscitado para destruir el mal (Ap 17,14). 

2.- Como Siervo doliente (Is 53,7). El Siervo aparece en 4 cantos del Segundo Isaías. La relación con otros justos del AT que sufren es normal que fuera hecha en el cristianismo primitivo. Es probable que el evangelista lo interpretara así. En vv. 32-34 hay dos temas que pueden referir al Siervo: el Espíritu que reposa sobre él y Jesús como Elegido: Is 42,1 (cfr. 61,1); la supresión del pecado es característica de los tiempos mesiánicos; Jesús hace triunfar la justicia y el derecho en una ansiada victoria escatológica.

3.- Como Cordero pascual. Mientras el Siervo es una figura, el Cordero pascual es real; el simbolismo pascual es frecuente en Jn (19,14; la referencia y la cita de Jn 19,36 es de Ex 12,46; Num 9,12 pero también Sal 34,21 que refiere al justo que sufre, cfr. 8,29; 16,32 y Zac 12,10); en el Apocalipsis (que es de la escuela joánica) junto al Cordero aparece el tema pascual (en 5,6 es degollado; 15,3 el canto de Moisés es el del Cordero; 7,17 y 22,1 es fuente de agua viva; 5,9 su sangre es de rescate). Pero el cordero pascual no era un sacrificio. Pero si los cristianos ven a Jesús como Cordero, sí vale decir que este Cordero los quita. De todos modos, empezaba a unirse a este tema: es sacrificado por sacerdotes, y se daba importancia a su sangre... Cuando los cristianos compararon a Jesús con este cordero pascual, no dudaron en usar lenguaje de sacrificio (1 Cor 5,7). En 1 Pe 1,18-19 se dice que los cristianos fueron rescatados por una sangre como de cordero sin mancha.

No se ve motivo para negar que quiera hacer ambas alusiones. Ambas son coherentes con la cristología de Juan (¿y de 1 Pe? cfr. 2,22-25= Is 53,5-12). No es imposible que a esto se unan ecos de Juan Bautista referidos al cordero apocalíptico. 

4.- Puede, igualmente, referir a los sacrificios de Israel, de comunión, de reconciliación... al sacrificio cotidiano en el Templo (Salmos de Salomón 8,28). En el tiempo de la esperanza, Israel debe renovar cotidianamente su lugar existencial frente a Yahvé. La promesa es realidad con la presencia del Mesías, el pecado fue redimido (Is 40,2), con Jesús, por tanto, Dios otorga la plenitud del perdón a Israel y al mundo. Jesús no es una nueva víctima, es por quien Dios interviene reconciliando al mundo. La esperanza de Israel, ¿no llega a su fin? 

5.- Otras opiniones: uso de Jer 11,19 (¿diferente de Is 53?); cordero del sacrificio (Ex 29,38-46) o del pecado (Lev 4,32) [explicaría por qué quita el pecado del mundo; pero eran más frecuentes el toro o el macho cabrío]; otros lo refieren al chivo expiatorio (Lv 16,7ss); la referencia a Moisés como cordero (Targum de Jerusalén) y la referencia a Isaac: "Dios proveerá el cordero" 22,8 son importantes si tenemos en cuenta los paralelos Jesús/Moisés y Jesús/Isaac (cfr. 3,16 y Gn 22,2; 19,17 y Gn 22,6. De todos modos, algo nuevo ha comenzado entre Dios y los hombres, una nueva economía de salvación.

Pero este cordero es “de Dios”: ¿calcada de Siervo de Yahvé o cordero pascual dado por Dios? 

       Y el cordero quita (presente; ¿con valor de futuro?). En LXX, airein relacionado al pecado equivale a afiénai, perdonar (cfr. Ex 28,38; 34,7; Nu 14,18; 1 Sam 15,25; Sal 32,5; 85,3; Mi 7,18). Pero, ¿quién quita? ¿el Cordero-de-Dios o Dios? Puede ser “de” en sentido de “dado por”, es el Cordero que Dios da para quitar el pecado. 

El pecado está en singular (cfr. 1 Jn 3,5 en plural; 1 Sam 15,25; 25,28 LXX) refiere a la condición pecaminosa. En 1 Jn 1,7; 2,2; 4,10; 5,6 debemos pensar que se trata de una muerte expiatoria vicaria. No es el pecado en el mundo sino del mundo, por lo que debemos pensar en la cruz. Parece referir a la desaparición del pecado al final de los tiempos: cfr. Ez 36,25-28; 37,23-28; Za 13,2; Is 11,9; 1QS 4,20-21; ApBar 63,1-4; 1 Jn 3,5. Pero Juan Bautista no habla de los pecados de los seres humanos sino del pecado del mundo. Su misión es vencer el imperio del pecado. La hamartía (pecado) alcanza su profundidad escatológica en la anomía (1 Jn 3,4), 
el mundo separado de Dios. Refiere a un sacrificio (cordero) nuevo y superior a todo (es común en Jn que todas las instituciones de "los judíos" sean superadas en Jesús: 2,19; 4,21; 5,17.39.47; 6,4; 10,1; 13,34).

Juan dice que “detrás de mí”: ¿es espacial? En ese caso se refiere al discipulado; para los rabinos es propio del discípulo que el discípulo vaya detrás (Mc 1,17.20; 8,34; Lc 14,27)] ¿o es temporal?; el paralelo con v.27 parece referir al tiempo. ¿Y el "delante"? puede referir a superioridad, o a que Jesús pasa a ser Maestro; el que -en cuanto Palabra- puede decir la voluntad de Dios. El motivo es su dignidad que está más allá de todo lo concebible.

"Existir antes" alude a la preexistencia (cf. 1,1) Palabra preexistente que aporta la plena revelación de Dios.

La preexistencia (cfr. 8,58; 17,5). El texto tiene paralelos en la tradición sinóptica y, por tanto, encaja con la tradición de Juan Bautista. El problema radica en la tercera expresión: "existía antes que yo". Puede partir de una polémica con los seguidores de Juan Bautista: Juan Bautista vino primero y eso indicaría mayor rango (cfr. Gn 48,20). El Bautismo de Juan Bautista no se asocia al perdón de los pecados (como sí en Mc 1,4) sino en revelar al que va a venir. Los judíos hablan de 7 (o 6, según las tradiciones) cosas que existen desde antes de la creación: la Torah, la penitencia, el Gan-Edén, el gehinnom (la Gehena), el trono de gloria, el Templo y el nombre del Mesías. Es una preexistencia en la mente de Dios, no "real". En la apocalíptica, el Hijo de hombre aparece como preexistente (Hen 39,7s; 52,9; 62,7; cfr. 4Esd 13,26. 52ss)


"Antes de que se creara el sol y las constelaciones, antes de que se hicieran los astros del cielo, su nombre fue invocado ante el Señor de los espíritus... Por eso fue elegido y escogido junto a él antes de crearse el mundo y por la eternidad" (Hen 48,3.6;). 

Juan bautiza “con agua”; descubriendo quien es Jesús, Juan Bautista descubre más plenamente su propia misión. El espíritu señala a Jesús y, asimismo, hace posible el nuevo bautismo.

He visto” (en tiempo perfecto: perdura en sus efectos); implica que el Espíritu permanece todavía. El doble "he visto" refleja la profecía (Is 40,5). Supone la acción del bautismo sin mencionarla. Hay una evolución desde Mc, a Lc, que la menciona tangencialmente y Mt que trata de explicar el por qué. Hay, de todos modos, vestigios de la tradición: la paloma, el Espíritu, el reconocimiento de Jesús como Hijo... Juan Bautista no lo conocía (v.31a) pero puede manifestarlo porque "ha visto".


           La referencia a la paloma que se posa sobre él alude al descenso del Espíritu. 

"...el Señor levantará un nuevo sacerdote sobre quien las palabras del Señor serán reveladas. Efectuará sobre la tierra el juicio de la verdad muchos días. Su estrella se levantará en los cielos como un rey ...los ángeles de la gloria de la presencia del Señor lo llenarán de gozo. Los cielos se abrirán y del templo de la gloria descenderá sobre él santificación... El espíritu de entendimiento y santificación permanecerá sobre él en el agua..." (Testamento de Leví 18,2-11) 
cumpliendo así el anuncio de Is 11,2; 61,1; Jesús no lo recibe para cada caso (como es el caso de los jueces) sino de una vez para siempre. El testimonio, que será tan importante en Juan, llega a través de Juan Bautista (en 5,33-35 se lo nombrará entre los que testimonian a favor de Jesús. La teofanía (descenso del Espíritu, voz del cielo) es más sencilla que en los Sinópticos. Pero, de todos modos, es coincidente que el descenso del Espíritu lo señala como instrumento singular de Dios (Is 11,2)

"Luego de esto, se levantará una estrella de Jacob en Paz; un hombre surgirá como Sol de justicia de mi posteridad, caminando con los hijos de los hombres en dulzura y justicia, y en él no se encontrará pecado. Los cielos se abrirán sobre él depositando el espíritu como bendición del Padre Santo. El pondrá el espíritu de gracia en ustedes, y ustedes serán hijos en verdad y caminarán en el primero y el último de sus decretos" (Testamento de Judá 24,1-3).
  
           “Bautizará con Espíritu Santo”, no coincide con los Sinópticos: Mt y Lc hablan de "con Espíritu Santo y fuego" (cfr. Is 4,4: fuego como purificación destructiva). El espíritu es considerado purificador (Is 32,15-18; 44,3-5; Ez 36,25-27; Jub 1,23; 4 Esd 6,26; TestJud 24,3; 1QS 4,20s). Juan Bautista comprende que su actividad prefigura el verdadero bautismo. El suyo es un acto de conversión y renacimiento en las simbólicas aguas del Jordán; Juan Bautista está anticipando la afirmación de que para entrar al Reino hace falta renacer del agua y el Espíritu. Y es Jesús mismo quien es la fuente del Espíritu para los creyentes; sobre él permanece, él lo da (3,5.34; 7,38-39; 14,16; 20,22). Pero Juan va a referir a un nacimiento (3,5), el bautismo que eleva a la condición de hijos de Dios (1,12). Sólo el que viene de lo alto (3,31) puede hacer nacer de lo alto (3,6-8). El Mesías aportará el don por antonomasia, el Espíritu (3,34; 6,63; 7,37-39).

         “He visto...” es “he dado testimonio” (el tiempo es perfecto y por tanto la acción persiste); su testimonio, valedero para siempre, es estable, se basa en el ver.

Algunos manuscritos leen “elegido” y muchos otros dicen “hijo”. Resultaría extraño que cambiaran "Hijo" por "Elegido", mientras que lo contrario es probable (cambiado en la discusión contra los adopcionitas). 

Un texto de Qumrán refiere "elegido" a un personaje providencial: 

"todos sus cálculos sobre él fracasarán, aunque la oposición de todos los vivientes será grande. ... sus proyectos, porque él es el elegido de Dios. Su nacimiento y el soplo de su aliento sus proyectos existirán por siempre" [4QMess aram (4Q534) o 4QNoé I,10].

Aunque Dios eligió a muchos, la referencia a Is 42,1 recuerda la relación bautismo-Siervo (cfr. 1 Hen 49,2; 50,5). 

"En aquel día, mi Elegido se sentará en el trono de gloria..." (1 Hen 45,3)

La referencia es al Siervo, sobre quien reposa el Espíritu.

Relacionándolo con el Prólogo y la conclusión se atribuye a Juan Bautista la plenitud de inteligencia del misterio. La frecuencia del verbo "ver" invita a releer: a los ojos de Juan Bautista el Espíritu permanece en Jesús quien, dada la palabra de Dios, bautiza en Espíritu. El testigo concluye: es Hijo de Dios; rey de Israel, delegado de Yahvé, manifestado en términos de filiación (Sal 2,7). Juan Bautista continúa hablando el lenguaje del AT. Juan Bautista puede no haber pasado la perspectiva accesible a sus oyentes, pero Juan Evangelista incluye toda otra perspectiva La referencia a la "voz", a pesar de su paralelo sinóptico, tiene una diferencia: no es, aquí, una voz del cielo, sino la de un hombre; es un acontecimiento revelador, el testigo, de no saber pasa a anunciar la palabra divina. La fe lo transforma en la más íntimo de su ser.


Foto tomada de www.antenamisionera.org

lunes, 12 de enero de 2026

jueves, 8 de enero de 2026

La hija de Jefté

La hija de Jefté

Eduardo de la Serna




Hace tiempo hemos hablado de los jueces en general, mirando especialmente, a Gedeón. Hoy es bueno detenernos en algo importante. Como dijimos entonces, el esquema es el mismo en todos los casos: [1] el pueblo peca (sigue a los ídolos); [2] Dios los abandona y cae en manos de pueblos vecinos; [3] ante esta opresión, Israel “clama” a Dios y [4] Él manda un juez que los libera, hasta que todo vuelve a empezar.

Jefté, de él hablaremos, o mejor, de su hija, sigue el mismo esquema: los israelitas dieron culto a otros dioses (a 7 dioses; Jue 10,6) y entonces caen bajo el dominio de los amonitas (10,9). Cuando ellos “claman” en un primer momento, ofuscado, Dios les dice que los ha librado de 7 pueblos (10,11) y que puesto que no lo siguieron a él, que les pidan ayuda a esos dioses. Entonces sacaron todas las imágenes de los ídolos y dieron culto a Yahvé que, entonces, calmó su enojo (10,16). Así se prepara la batalla entre ambos pueblos y, es ahora que se nos presenta a Jefté. Las circunstancias son llamativas (pueden leerse en 11,1-11). Pero Jefté no es “trigo limpio”, él quiere poder, e incluso “chantajea” a Dios ofreciéndole un sacrificio a fin de lograrlo (“si me das… te daré…”, 11,30-31).

Como Dios se había comprometido a liberar a su pueblo, éste obtiene la victoria (11,32-33), pero eso no significa que Dios acepte el chantaje de Jefté.

Ahora bien, lo que Jefté ofreció a Dios es el sacrificio de “lo primero que salga a recibirme de mi casa cuando vuelva victorioso” (11,31). Sin embargo, “lo primero que saldrá” no será un cabrito o un cordero… en este caso, es su hija (única… no tenía más hijos ni hijas, v.34; lo que nos recuerda el hijo único de Abraham, Gen 22,1). Con panderetas y danzas celebran María, la hermana de Moisés, y muchas mujeres el paso del Mar Rojo (Ex 15,20); también, muchas mujeres con panderetas y danzas, celebran el triunfo militar de David (1 Sam 18,6). La diferencia aquí radica en que la que se expresa con bailes y panderos se trata de una mujer sola, la hija (que no recibe nombre en el relato).

Antes de avanzar un poco más veamos que es obvio que quien saldrá a recibirlo triunfante será una persona. La actitud totalmente patriarcal de Jefté lo hace sentirse señor de la vida de cualquiera que viva en “su” casa. Como es frecuente en estas actitudes patriarcales, Jefté manifiesta tristeza y dolor… pero por lo que “le ocurre a él”, no por su hija. De hecho, la responsabiliza a ella por haberlo celebrado: “¡Me has destrozado!... tú eres la causa de mi desdicha” (v.35).

Ahora toma la palabra, serena, la hija. Asume el compromiso de su padre, pero, también ella, pide algo. Pide ir 2 meses por los montes con sus amigas a llorar su virginidad (es decir, no haber dejado descendencia; v.37) a lo que, lacónicamente, el padre responde “ve” (la hija, solitaria, encuentra en sus amigas, la compañía adecuada). Dos veces más el texto insiste en la virginidad de la joven (por lo que, sabemos, era aún niña, vv.38.39). Pero esta niña, con la que luego Jefté cumple “el voto que había hecho” (v.39), de la que se supone no quedará descendencia, luego “engendra” una tradición entre “las chicas israelitas” (v.40): la memoria de la hija de Jefté queda viva entre las mujeres.

Es verdad que cuando se formula un voto, este debe cumplirse, cf. Num 30:3; Deut 23:22-24; pero también es sabido que los sacrificios humanos no son aceptados en Israel, 2 Re 16,3; 17,17; 21,6; Jer 7,31; Mi 6,7 y – para mejor precisión – están expresamente prohibidos: Dt 12,29-31; esto es algo que Dios considera abominable y detesta. No es eso lo que Dios quiere que se le ofrezca, evidentemente.

Jefté negoció con Dios y le puso él sus propias condiciones, e incluso – con dolor personal, pero no mirando a su hija – se comprometió a hacer (¡como si eso fuera algo que Dios quisiera!) algo abominable. Pero… pero Jefté fue triunfador en la guerra, y, entonces, con frecuencia Israel ha olvidado a la hija, y también lo que Dios quiere, y pareciera que Dios lo ha bendecido (cuando en realidad Dios ha actuado conmovido por el dolor de su pueblo, pero no aplaudiendo a Jefté). Siempre es bueno recordar que Dios bendice no al que hace su propia voluntad sino a quienes dejan que sea Dios mismo el que señale los caminos, que son siempre de vida.

 

Imagen tomada de https://arthive.com/es/williamblake/works/499507~Ilustraciones_de_la_Biblia_Jeft_se_encuentra_con_su_hija