jueves, 15 de enero de 2026

Jonatán, hijo y amigo

Jonatán, hijo y amigo

Eduardo de la Serna



El nombre “Jonatán” es relativamente frecuente en la Biblia. Son varios personajes los que llevan ese nombre (Jue 18,30; 2 Sam 15,27; 2 Sam 21,21; 1 Re 1,43; 1 Cro 11,34, etc…), pero hay uno muy conocido: “Jonatán hijo de Saúl”, el primer rey (1 Sam 13,16).

En el texto bíblico, Jonatán, el hijo de Saúl es presentado como un guerrero valiente (13,3; 14,1-14), digno heredero de su padre al trono. Sin embargo, una serie de sombras rodean a este personaje:

  1.       Saul hace un juramento que – sin saberlo, porque no se cuestionará a este personaje que así queda manchado pero sin culpa –Jonatán viola (14,27) cosa que queda confirmada por las suertes (14,40-43) en un acto público. Le correspondería morir por violar el juramento (aunque Jonatán responsabiliza a su padre por hacerlo, 14,29) pero la tropa lo defiende: ¿Cómo va a morir Jonatán, que ha dado esta gran victoria a Israel? ¡De ningún modo! ¡Por la vida del Señor!, que no caerá a tierra ni un pelo de su cabeza; porque él ha actuado hoy con la ayuda de Dios. Así salvaron la vida a Jonatán” (14,45).
  2.       Jonatán se vuelve íntimo amigo de David (20,3.17), al cual quiere “como a sí mismo” (18,1) e incluso soporta de su padre terribles insultos por quererlo (20,30). A la muerte de éste y su padre, David entona una lamentación muy honda, donde llega a decir “¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más maravilloso que amoríos de mujeres” (2 Sam 1,19-27). Esta amistad se manifiesta de este extraño modo: Jonatán “se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, y también su ropa, la espada, el arco y el cinto” (1 Sam 18,4).
  3.        Con asiduidad notable, a causa – precisamente – de esta amistad, y ante los celos de Saúl por David, Jonatán con mucha frecuencia le informa a su amigo de los intentos de su padre de asesinarlo (es en este contexto que le profiere el insulto al que hicimos referencia): 1 Sam 19,1-2; 20,1-3.9.41.

Todo esto invita a una “sospecha”. El texto bíblico nos empieza a preparar a los lectores para que el sucesor de Saúl sea David. El mismo Jonatán se lo dice: “No temas, no te alcanzará la mano de mi padre, Saúl. Tú serás rey de Israel y yo seré el segundo. Hasta mi padre, Saúl, lo sabe” (1Sa 23,17).

En realidad, la referencia al amor entre ambos amigos precisamente prepara el traspaso de poder, especialmente ante el hecho de la muerte de Saúl y Jonatán en un mismo momento (1 Sam 31,1-6).

Para ser precisos, la normal sucesión dinástica supondría que un hijo de Saúl fuera quien lo sucediera. Muerto Jonatán debía serlo otro de sus hijos, cosa que –según el texto bíblico- de hecho ocurrió en el norte (no así en Judá, al sur, 2 Sam 2,10), aunque pronto éste fuera depuesto en favor de David por los mismos generales (2 Sam 2,8-9). Para reforzar la sucesión en favor de David el texto señala que Isbaal es el nuevo rey pero tiene un conflicto con el general Abner (3,7-8) que termina en pelea y la muerte de Isbaal (4,1-12) lo que reafirma la elección de David como rey también en el norte, Israel.

Para ser justos, los textos lo que quieren señalar es la centralidad de David y entonces preparan el camino para justificar que sea éste y no un hijo de Saúl el rey que será modelo y ejemplo de los demás reyes. David es – lo hemos señalado en otra nota – el rey ideal en el cual deberían verse reflejados los demás reyes.

Los textos bíblicos miran la historia con sus luces y sombras. Historia como la nuestra. Y saben descubrir en ella los caminos de Dios y la fidelidad a la que son llamados. Es en esta, nuestra historia, donde estamos convocados a la fidelidad y a buscar que Dios sea el verdadero protagonista.


Imagen tomada de http://estudiobiblia.blogspot.com/2018/06/1-samuel-2024-42-en-la-fiesta-de-luna.html

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