Una reflexión sobre la inteligencia no artificial
Eduardo de la Serna
Es cierto que la palabra “inteligencia”
es tan ambigua que hoy se aplica a un celular, un televisor y hasta a una almohada.
Pareciera que – hoy – dice relación a la capacidad de algo de relacionarse “amablemente”
con los seres humanos, y hasta se habla de “inteligencia artificial” (la cual
en más de una ocasión se revela poco inteligente… aunque también a veces los
poco inteligentes son quienes la usan, y la usan mal).
Pero pretendo referirme a la
inteligencia humana.
Etimológicamente se refiere a
aquella persona que “entiende”, y esto establece un interesante límite, porque suele
darse que una persona entienda muchísimo de un aspecto y sea incapaz de
comprender otros. A veces, por ello, se distinguen diferentes tipos de inteligencia,
lo cual puede ser razonable. Puede haber quien sea inteligente para cuestiones
abstractas y nada en cuestiones prácticas, etc. Nadie – por obvias razones –
comprende “todo”. Pero en un sentido más cotidiano, podemos referirnos a personas
que, en lo diario, no comprenden. Sencillamente se las puede calificar de poco
inteligentes y todos entendemos (salvo ellos, claro). Habitualmente, en el
lenguaje habitual, nos comprendemos si afirmamos que alguien es muy, o es poco
inteligente.
Vaya esta introducción para
señalar que hace más de dos años, en una conversación yo afirmaba que, según me
parecía entonces, Milei es muy poco inteligente. Alguien se sorprendió de mi afirmación
porque su percepción era inversa. Debo confesar que hoy, algo he precisado
aquella imagen; hoy diría que no es nada inteligente, pero no es este el tema.
A veces, podemos añadir, se
confunde la inteligencia con la astucia. Hay personas que son ciertamente
astutas, aunque no sean inteligentes; en el ambiente público se me ocurren
muchos nombres como ejemplos.
Pero, mirando la actualidad, me
resulta evidente que algunos (y en la oficialidad ¡los hay!) son al menos bastante
astutos para la corrupción, la estafa o el robo. Pero eso no aplica a todos… y
hay muchos que ostentan una notable torpeza. Cuando una persona no entiende
siquiera ciertas lógicas, su nula inteligencia salta a la luz. Podemos decir, y
está a la vista, que cuando una persona estafa, roba, soborna, es corrupta a la
vista y deja “todos los dedos marcados”, pues debemos afirmar que la
inteligencia “ha pasado de sí”.
Una vez, hace mucho, estando en
el seminario, vino a hablar con nosotros un conocido cura, capellán de cárceles,
y nos dijo: “no crean que en la cárcel están los ladrones o asesinos… están los malos ladrones o asesinos…”
Señalo todo esto porque, en Argentina, ya nos acostumbramos a los impunes. Los que saben que nada de lo que digan o hagan tendrá efectos negativos sobre ellos (de hecho, sabemos que no ocurrirá nada mañana con ninguno, cuando estos se vayan eyectados…. Sabemos de más de uno y una que volvieron una y otra y otra vez porque nunca el poder judicial se hizo cargo de eso que en teoría se llama “justicia”). Pero, fuera de eso, es notable que algunos, de impunes quizás, y de inteligencia nula seguramente, compran departamentos, hacen viajes, sin el más mínimo cuidado de ponerse guantes para evitar las huellas digitales. El cerebro pareciera de Adorno…Tanta torpeza sería preocupante si no fuera porque pueden estar tranquilos sabiendo que nada pasará, y si eventualmente debieran dejar su actual cardo de importancia, el sacrificio de una embajada central los espera.
Imagen tomada de https://es.vecteezy.com/foto/2867952-marcado-a-mano-en-una-pared-de-cemento
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