Memoria de viajes papales
Eduardo de la Serna
Hace muchos, muchos años, en tiempos
casi olvidados (1992) estaba yo en Italia, en un pueblito cerca de Siena (Rapolano
Terme) dando una mano al cura por las fiestas pascuales. El domingo de Pascua
vino su familia a almorzar y entre ellos su tío, también cura. Sentado en la
cabecera de la mesa, puso a la derecha a su sobrino y a mi – condescendientemente,
pero por ser cura – a su izquierda. El resto de la familia lo escuchaba sin
animarse a contradecir cualquier cosa que dijera. Si alguien decía algo, él
inmediatamente decía “Io ti spiego!” (è basta!, podría acotarse).
Él explicaba y “causa finita”. En un momento de su pontificado dice que
el mundo entero estaba cambiando con los viajes papales (obviamente se refería
a Juan Pablo II). Y el cura de su izquierda (que vendría a ser yo) ¡osó! contradecirlo
(Io non sono d’accordo!, dijo el irresponsable). Yo le dije que en
Argentina nada había cambiado con los viajes papales, y que, incluso, fue un
escándalo ver al papa al lado de los torturadores y genocidas. Cuando quiso
explicarme, lo volví a contradecir y entonces (¿sorpresivamente?) empezó a
hablarme mal de la Teología de la Liberación. La bestia (que nuevamente vendría
a ser yo, ciertamente) le preguntó qué había leído de Teología de la Liberación
para decir eso, porque era poco serio afirmarlo sin haberlo hecho. Tuvo que
reconocer que no había leído nada y el animalito de Dios (yo, ¡otra vez!) le
dijo que era un escándalo en los viajes papales que se les negara la comunión a
divorciados y se la dieran a torturadores y ¡de golpe!... uno del fondo de la
mesa dijo “io sono d’accordo con don Edoardo! (que, otra vez, vendría a
ser yo) ¡Chan!!!
Y esto me pone – otra vez – ante la
pregunta ¿para qué viaja el Papa? (Juan Pablo, Benito, Francisco, León o el que
sea). ¿Qué va a cambiar ahora en España después de la visita? ¿Recibirán
felices a los migrantes? ¿Se disolverá VOX por falta de miembros? ¿Cambiarán su
actitud paleo-colonialista ante los “sudacas”? Como creo que nada de eso
ocurrirá… que la revuelta de mujeres seguirá reclamando sus derechos, que el
episcopado español seguirá siendo un rejunte de dinosaurios, que las víctimas
de abusos por parte del clero seguirán esperando… entonces, mientras tanto,
seguiré (“voz que clama en el desierto…”) manifestándome totalmente disconforme
con los viajes papales. Y, además, con un temor (un plus) … conociendo
el episcopado argentino, tan… (me callo en mi apreciación, “llenar la línea de
puntos”) ……… estoy convencido que muchos (no todos… no pocos) harán público su
mileismo ahora vergonzantemente callado y se fotografiarán con una sonrisa
exultante, como la de Messi junto a Trump. Y nada habrá cambiado con los viajes
papales…
Y me permito añadir otra anécdota... Cuando vino por segunda vez Juan Pablo II a la Argentina, ya en democracia, uno de los lugares que iba a visitar era la diócesis de Viedma, donde había un gran obispo (Miguel Hesayne). Los grupos del Seminario de Formación Teológica, en los que participaba otro personaje enorme, Orlando Yorio, tenían planeado su encuentro anual en esa diócesis y habían invitado a Jon Sobrino para el acompañamiento. Además, en el saludo que Hesayne le daría al Papa, hacía expresa mención de monseñor Angelelli. Y, ¡oh sorpresa! (¿sorpresa?), la mención al mártir fue eliminada en el texto que volvió de Roma (Hesayne pudo volver a mencionarlo) y, además, el presidente de la Conferencia Episcopal (el cardenal Primatesta) le dijo así, sencillamente a Hesayne: "¡si va Sobrino, no va Juan Pablo, si va Juan Pablo no va Sobrino!" (conozco esta anécdota tanto por boca de Hesayne como de Sobrino y Hesayne la recuerda en "La Verdad los hará libres", tomo I). Finalmente fue Juan Pablo, y no Sobrino. ¿No es encantador?
Foto tomada de https://es.aleteia.org/2025/07/16/por-que-juan-pablo-ii-besaba-la-tierra-al-llegar-a-un-pais/
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