“Mi reino no es de este mundo”
Eduardo de la Serna
Para empezar, como se ha dicho
frecuentemente, y es evidente y razonable, no se debe citar un dicho aislado y
descontextualizado, por lo que es bueno mirarlo en su integridad.
El relato, un tanto extenso,
muestra a Pilato “saliendo” del Pretorio hacia donde están los judíos y “entrando” donde está
Jesús para su interrogatorio. Los judíos no quieren entrar al edificio para no
contaminarse entrando en territorio pagano ya que esa noche esperan celebrar la
Pascua (18,28). La acusación contra Jesús es que se trata de un “malhechor”,
alguien que obra el mal (18,30). Ante esa acusación no se comprende la pregunta
de Pilato a Jesús al “entrar”: “¿eres el rey de los judíos?” (19,33). Él Señor, que
enfrenta la situación con notable dignidad, le pregunta si eso lo afirma él o
si lo dicen otros (19,34). “¿Qué has hecho?”, repregunta Pilato indicando que
fue entregado por las autoridades judías. Es en este contexto que Jesús
pronuncia el conocido dicho:
Respondió
Jesús: - Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis
servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino
no es de aquí (18,36).
Pero el diálogo continúa todavía
y Pilato vuelve a preguntarle si es rey. A esto, Jesús responde enigmáticamente:
Respondió
Jesús: - Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido
al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad,
escucha mi voz (18,37).
Y. antes de salir nuevamente donde
los judíos, Pilato pregunta “¿Qué es la verdad?”, y se va sin esperar respuesta.
Con esto tenemos ya algunos
elementos para mirar atentamente el texto.
La acusación de malhechor ligada
a la pregunta sobre si Jesús es rey parece ubicar el juicio en un contexto de
conflicto. Los malhechores, o los “salteadores”, como Barrabás (18,40) eran –
en tiempos del Evangelio de Juan – grupos de sicarios violentos claramente anti
romanos. La pregunta sobre si es rey implica si Jesús pretende tomar el poder.
Por eso, a la reiteración de la misma, Jesús le dice “tú dices que soy rey”, es
decir, “eso no es algo que yo diga; eres tú quien lo dice”. Y al señalar el reino
“de este mundo” destaca que, de serlo, sus sirvientes combatirían. Obviamente
Pilato no puede comprenderlo. Porque “se mueve con otras categorías”. Por eso,
cuando Jesús afirma que su misión es ser testigo de la verdad, que los de “la
verdad” escuchan su voz, Pilato no entiende. No es de la verdad y por eso
pregunta de qué se trata, y, precisamente por no serlo, no espera respuesta, no
la comprendería.
La “verdad”, en el Evangelio de
Juan también es una terminología muy densa. La verdad se vive, se obra (3,21), Jesús es “el camino, la
verdad y la vida” (14,6), Dios debe ser adorado en “espíritu y en verdad”
(4,23.24) porque el diablo es “padre de la mentira” (8,44). Jesús es la luz verdadera (1,9),
el pan verdadero (6,32), la vid verdadera (15,1) … es el verdadero profeta
(6,14) y es verdaderamente el Salvador del mundo (4,42). La verdad, entonces,
es la fidelidad, la lealtad a las cosas de Dios (algo que, por cierto, Pilato
no es). Por eso la verdad-fidelidad nos hace libres, es decir, ¡hijos!, no esclavos.
El “mundo”, entonces, en Juan
tiene cierta ambigüedad: Dios lo ama y le entrega a su hijo (3,16) que quita
“el pecado del mundo” (1,29), es enviado al mundo (10,36) para que el mundo se
salve (3,17; 12,47). El mundo espera a Jesús como profeta (6,14) y como “el
Cristo, el Hijo de Dios” (11,27) que ha de venir al mundo, es la luz del mundo
(8,12; 9,5; 12,46). Pero “el mundo” es también el ambiente adverso a Jesús, que
no lo ha recibido (1,10), con obras adversas a Dios que Jesús pone de
manifiesto (7,7). No puede recibir al espíritu de la verdad (14,7) y no puede
ver a Jesús, cosa que sí hacen sus amigos (14,19). La paz del mundo, la Pax
Romana, es la de la opresión y la injusticia (14,27), gobernado por el
“príncipe de este mundo” (14,30). Por eso odia a Jesús y a los suyos (15,18)
“que estaban en el mundo” (13,1). Están en el mundo, pero no pertenecen a
“este” mundo (17,13-18) aunque – como Jesús – son enviados a él (17,18). En su
Pascua, Jesús “ha vencido al mundo” (16,33).
En este contexto, el diálogo de
Jesús con Pilato resulta clarificador. “Este mundo”, en este caso, es el de Pilato, el de la
violencia imperial (que está en el trasfondo de toda la escena de la Pasión; “vuelve la espada a la vaina”, 18,10),
el de quienes no pueden entender el mensaje de Jesús, su testimonio de la
verdad. Pero hay otros, en este mundo, los amigos de Jesús, los que escuchan su
voz, los que pretenden una paz “desarmada y desarmante”: Pero este mundo, que
es Pilato (“no tenemos más rey que
el César”, 19,15), tiene un príncipe, el padre de la mentira, el asesino
desde el principio (8,44). Jesús es rey de otro mundo, un mundo de paz, de
verdad, de vida, un mundo que sus amigos y amigas debemos edificar, construir
para todas y todos. No se trata de que Jesús es rey “en el cielo”, sino que “ha
bajado del cielo” para “dar vida al mundo” (6,33). Jesús mismo se nos da como
alimento, pan vivo bajado del cielo, que debemos recibir creyendo, pan para la
vida del mundo (6,51). Jesús “habiendo amado a los suyos que estaban en el
mundo, los amó hasta el extremo” (13,1) y a eso nos invita “como yo los he
amado” (13,34). Sus discípulos, naciendo “de lo alto” entran en el Reino de Dios (3,3-5) y se
dejan conducir por el espíritu (3,8) que es “de la verdad” (14,17; 15,26; 16,13), que bajó del cielo y
permanece en Jesús (1,32.33) y se dona a sus amigos en su Pascua (7,39; 19,30;
20,22) para continuar su reino en este mundo.
El amor
llegará en nosotros a su perfección si somos en el mundo lo que él fue y
esperamos confiados el día del juicio (1 Juan 4,17).
Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/DD2VkcHKHgn/?hl=en
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