Sólo reconociendo como
hermanos a los pobres y los que sufren
participaremos del banquete del reino
DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "C"
DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "C"
Eduardo de la Serna
Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4-7
Resumen: Amós anuncia duramente castigo a los habitantes de Samaría y de Sión que viven rodeados de lujos y placeres desentendidos del dolor de los miembros de su pueblo.
El profeta de la justicia comienza uno más de sus varios “ayes”
(cf. 5,7.18; 6,1), éste construido a modo de paralelo sinonímico destacando a
Sión y a Samaría. “Estar seguros” y “tener confianza” son
sinónimos como en seguida lo diremos.
Los versículos anteriores hablaban de los banquetes culturales: novillos
cebados, canciones y salmodias, y la consecuencia es la deportación (5,21-27);
en este caso hay elementos comunes (comen corderos y becerros, beben en copas
[término usado casi exclusivamente en relación al Templo], salmodian como
David, y también serán deportados). Incluso esta comida se da en el contexto de
un sentimiento de seguridad. Estos dos términos, “seguridad” y “confianza”
son términos que nos ponen en el marco de la idolatría. Siempre la clave radica
en aquello en lo que se busca la seguridad o la confianza, y para el judío esto
sólo debe ser puesto en Dios. No en otras cosas, como pueden ser los ejércitos,
o las riquezas (ver Job 31,24), ni siquiera en las cosas de Dios (como en este
caso es el monte sagrado, pero también es el éxodo [Am 9,7], el templo [Jer
7,1-15], el día de Yahvé [Am 5,18-20]…). Poner la confianza significa creer
(idolátricamente) que por estar los habitantes en la ciudad de Dios (Samaría,
para el norte; Sión, para el sur), estan seguros de todo ataque adversario ya
que Dios no permitirá que sea destruida. La seguridad –como se ve- no está
puesta en Dios. El sentimiento de que “Dios está con nosotros” no se da
en un lugar, sino en la fidelidad a sus caminos (ver 5,14).
v.5: David (ver 2 Sam 23,1) no era conocido por inventar instrumentos;
quizás se pueda leer “inventan (= improvisan) en instrumentos musicales”.
Los ricos, de la “primera” de las naciones (v.1) fueron los que
usaron los “primeros perfumes” (v.6) y también serán los “primeros” en marchar
a la deportación (v.7).
No se dice –en este caso- que los ricos sean injustos, ladrones o
corruptos, lo que se afirma es que “se despreocupan de la miseria de José”
(v.6), solo están preocupados por llevar una vida de lujo en muebles refinados,
alimentos de calidad, buena música, bebida abundante y perfumes de primera
calidad, pero “por eso” serán deportados. Amós es sumamente crítico del
lujo de las clases ricas, sin embargo en ninguna parte el lujo está
expresamente prohibido (aunque en 3,10 se había dicho que lo que acumulan es
violencias). En ningún lado se dice que no se puede dormir en lechos de marfil,
comer banquetes. El criterio fundamental es la solidaridad con los sufrimientos
del pueblo, y la gravedad que significa desentenderse de sus sufrimientos
mientras se lleva una vida de placer.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo
6, 11-16
Resumen: En contraste con los falsos maestros y su búsqueda de riquezas, Timoteo es presentado como maestro ejemplar. Ha hecho una confesión pública que está invitado a mantener mostrando su riqueza en virtudes, lo cual debe manifestar hasta el final siguiendo el ejemplo de Pablo y de Cristo, de quién hace una confesión de fe explícita en contraste con la divinización de las autoridades imperiales o los ídolos, reconociéndolo con categorías divinas.
La llamada Carta a Timoteo es –como se sabe una carta “pastoral”. “Pablo” se dirige a Timoteo, un viejo colaborador para ayudarlo a “organizar” la/s comunidad/es que le fueron confiada/s. así lo orientará sobre los epíscopos (3,1-7), los diákonos (3,8-13), alertando contra los “falsos maestros”· (4,1-16), los presbíteros y presbíteras (5,1-25), los esclavos (6,1-2a), sobre la verdadera y falsa doctrina (6,2b-10)… Es decir: “Pablo” quiere dejar todo bien estructurado. Sin dudas esto es bien coherente con el cristianismo de la segunda o tercera generación. El reconocimiento de una “doctrina”, un “depósito” y de que hay maestros “falsos” es signo evidente de que ya ha “corrido mucha agua bajo el puente”. Dentro de estos consejos, encontramos también varios elementos personales (“espero ir pronto donde ti”, 3,14; “que nadie menosprecie tu juventud”, 4,12; “no bebas ya agua sola. Toma un poco de vino…”, 5,23), y referencias a la comunidad, particularmente frente a los ricos (indicio de que en las comunidades han aumentado los miembros con una cierta posición económica, cf. 5,17; 6,2.5-10.17-19) y frente a las mujeres, las cuales pasan a ocupar un lugar secundario (quizás con la excepción de las viudas, cf. 5,3-16), deben guardar silencio en público, indicio de que ya el tiempo ha pasado y la asimilación al modelo greco-romano de “la casa”, en la que el “amo de casa” (paterfamilias, oikodespotês) debe someter a todos los miembros, se estaba “organizando” y “estructurando” dejando ya bien atrás el discipulado de iguales que Jesús y Pablo habían desplegado. Después de esta serie de criterios organizativos, “Pablo” saluda a Timoteo con un último consejo:
Comienza dirigiéndose a él como “hombre de Dios” (v.11) y
finaliza llamándolo por su nombre (v.20). En un primer momento referido a él
mismo (vv.11-16) y luego cómo debe aconsejar a los ricos de la comunidad
(vv.17-19) concluyendo con el cuidado del “depósito” (de la fe,
v.20-21a). La liturgia de hoy nos presenta la primera parte de este saludo
conclusivo, el dirigido a Timoteo.
La unidad comienza con “tú, en cambio” (zù dé) con lo que
se pretende expresamente señalar que la actitud que debe mover a Timoteo es
contraria a la de los falsos maestros de la que debe “huir”, que –en
este caso- están guiados por “amor al dinero” (v.10) y la codicia (v.9)
y que hacen “negocio” (v.5) con la piedad. Lo que debe
“enriquecer” al pastor, “en cambio”, son una serie de virtudes presentadas en
un breve catálogo de virtudes, opuestas a los vicios de los maestros falsos
(6,2c-5): justicia, piedad, fe, amor, aguante, dulzura. No deja de ser una
ironía que mientras los falsos maestros quieren hacer negocio con la “piedad”,
el autor aclara que la piedad misma es una riqueza (v.6) y a eso invita aquí a
Timoteo; él es presentado a toda la comunidad eclesial como un modelo para los
demás líderes.
Como los primeros profetas (Dt 33,1; Jue 13,6; 1 Sam 2,27; 9,6.10; 1 Re
12,22; 13,1-32; 17,18.24…) “Pablo” llama a Timoteo “hombre de Dios”
con lo que alude a la presencia del espíritu de Dios en él; Timoteo, entonces,
como Moisés, Samuel, David, Elías y Eliseo fue “llamado” (v.12) para
conducir a su pueblo. El contraste entre “huir” y “perseguir”
parece ubicarse en el marco de los dos caminos ante los que una persona está
invitada a escoger.
“combate el buen combate de la fe” es referencia a las
dificultades que Pablo y los suyos –como Timoteo, su heredero- encuentran en la
predicación del Evangelio (la idea del combate puede tener que ver con una
batalla o también con la competencia deportiva). En 1 Tes 2,2 afirma que “tuvimos
la valentía de predicarles el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas”,
lo que reafirma en Fil 1,30 (los filipenses, como Pablo, sostienen un combate…
en referencia a la prisión de Pablo y las dificultades de los destinatarios).
El discípulo autor de Colosenses repite la misma idea (2,1) y otro discípulo,
haciendo referencia a que se aproxima el final de la vida del Apóstol, la
presenta como que “He combatido el buen combate, he concluido la carrera, he
conservado la fe”. (2 Tim 4,7). El “combate”, en estos casos está
ligado a la fe; ésta encuentra dificultades en el medio ambiente (recordar la
imagen evangelizadora de “completo en mi cuerpo lo que falta a los sufrimientos
de Cristo”, Col 1,24 que hemos comentado).
“cuando confesaste la buena confesión ante muchos testigos” puede
aludir al bautismo, aunque también es posible que aluda al momento en que
recibió el encargo pastoral (cf. 1 Tim 4,14; 2 Tim 2,2), sea lo que fuere,
Timoteo está llamado a que el significado de aquel acontecimiento continúe en
el tiempo.
El texto literalmente podría traducirse de este modo: “te encomiendo
ante Dios el vivificador de todo y Cristo Jesús el martirizado [martyrêsantos] ante
Poncio Pilato en buena confesión [kalên homologían]”. “Pablo”
encomienda a Timoteo ante Dios y ante Cristo Jesús. De ambos se afirma algo
(vivificador, martirizado), pero de Cristo se acota que dio una “buena
confesión”, que es lo que se acaba de mencionar que ha hecho Timoteo ante
muchos testigos (kalên homologían… martýrôn]. El ejemplo de Cristo dando
la vida es el ejemplo que debe guiar la vida del pastor Timoteo, que debe
asemejarse con él, que ya ha dado una buena confesión de fe, pero en el combate
cotidiano de la fe, sabe que el martirio es una posibilidad.
El mandato (entolê) no es el/los “mandamiento/s”
como en las otras partes de la Biblia, sino el conjunto de ellos (cf. 2 Pe
3,2), el depósito (parathêkê, v.20), es todo lo que le ha sido
transmitido por el Apóstol (1 Tim 6,29; 2 Tim 1,14) y él lo ha recibido de
Cristo (1 Tim 1,11; 2 Tim 1,12).
La Manifestación (cf. Tit 2,11.13) lo lleva a mostrar
sus sentimientos de alabanza a Dios. Esta “epifanía” solía referir a las
manifestaciones divinas en el ambiente grecorromano, y los cristianos lo
adoptaron contraculturalmente para referir al nacimiento de Jesús (2 Tim 1,10;
Tit 2,11; 3,4) y también a la venida esperada (2 Tes 2,8; 1 Tim 5,14; 2 Tim
4,1.8; Tit 2,13; sólo en este sentido lo usa Pablo, mientras que las Pastorales
lo amplían al nacimiento). Esta epifanía no parece que se espere de un momento
a otro sino “a su debido tiempo” (6,15).
La doxología de vv.15-16 (ver 1,17; 3,16) remite a muchas
manifestaciones del judaísmo helenista que aluden a la trascendencia de Dios y
su superioridad sobre todo (pero aplicadas aquí a Cristo), marcado por el
contexto crítico y polémico contra los ídolos y contra el culto imperial (como
se vio en el texto dela semana pasada [2,2], una cosa es orar por las
autoridades, y otra su divinización). Se trata de siete alabanzas dirigidas a
Dios: feliz / bienaventurado (1,11), único
soberano (cf. Sir 46,5; 2 Mac 12,15; 15,4.23; Lc 1,52), rey de
reyes, señor de señores (ya comentamos el sentido de excelsitud que
tiene el término acompañado de su plural, como en cantar de los cantares,
vanidad de vanidades…; cf. Dt 10,17; Sal 136,3; Ez 26,7; Dn 2,37), único
que posee inmortalidad (quizás usado críticamente ante el culto
imperial), que habita en una luz inaccesible (1 Hen 14,15), a
quien nadie puede ver (1,17; cf. Ex 23,20). Y –concluye el orante- a
él pertenecen el honor y el poder (cf. 1 Pe 4,11; Ap 1,6; 1
Clem 20,12; 61,3; Did 9,4-10,15). Como es obvio en una doxología, concluye con
el ¡Amén!
+ Evangelio según san Lucas 16, 19-31
Resumen: Jesús presenta una nueva parábola de dos personajes, en este caso un rico y un pobre. Como se ha dicho en otras partes del Evangelio, la situación de ambos cambiará, cosa que de hecho ocurre. Esta situación es consecuencia de la vida que han llevado. Y –en el caso del rico- consecuencia de no haber sabido reconocer a Lázaro, el pobre, como un hermano.
Después de las referencias a las riquezas que encontrábamos en el Evangelio de los domingos pasados, Lucas nos muestra a Jesús en debate con los fariseos, a los que el evangelista señala como “amigos del dinero” (16,14). Allí encontramos unos breves dichos sobre el corazón (v.15), sobre la violencia y el reino (v.16), sobre la ley (v.17), y sobre el matrimonio (v.18) finalizando con una parábola (vv.19-31) que es el Evangelio del día. Los textos anteriores son tomados del documento Q, salvo el primero, aunque tiene semejanzas, mientras que la parábola es exclusiva de Lucas. Se trata –como lo hemos dicho en otra ocasión- de una característica “parábola de dos personajes”, en este caso un pobre y un rico.
La parábola tiene una breve presentación de ambos personajes la cual
concluye con la muerte de ambos.
Era un
hombre rico
|
Y uno
pobre, llamado Lázaro, echado junto a su portal,
|
y
vestía de púrpura y lino,
|
lleno
de llagas,
|
celebraba
todos los días espléndidas fiestas.
|
deseaba
hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y
le lamían las llagas.
|
Murió
también el rico y fue sepultado.
|
Sucedió,
pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.
|
Es evidente que la presentación tiene como intención mostrar el
contraste entre ambos; el rico viste casi como un rey (Jue 8,26; Sir 45,10; Est
1,6; 8,15), y “banquetea” (el término “eufrainô lo encontramos también en 12,19;
15,23-32 pero mientras allí se trata de banquetes ocasionales, aquí se afirma
que este rico lo hacía “cada día”). El pobre, por otra parte, está en un
marco de total desamparo e impureza, las llagas no atendidas, y la referencia a
los perros lo señalan (Ex 22,31; 1 Re 21,19.24; Sal 22,17; Mt 15,26-27; Mc
7,27-28). Pero el sentido de la parábola viene a continuación. En ella
encontramos un diálogo entre el rico y Abraham que tiene dos partes marcadas,
la primera pidiendo que “envíe a Lázaro” a saciar su sed (v.24), la segunda,
que “envíe a Lázaro” a casa de su padre para alertar a sus hermanos. En ambos
casos la respuesta de Abraham es negativa, y en ambos casos el pobre juega un
rol pasivo.
Para empezar, veamos brevemente ambas partes:
En el “seno de Abraham” Lázaro recibe “consuelo” (v.25) mientras en el
Hades el rico es “atormentado”. Y esa situación es consecuencia (“ahora”) de
que se hayan invertido los papeles de lo que ocurrió “durante tu vida”.
En la segunda escena, el rico pretende alertar a sus cinco hermanos para
que no caigan en la misma situación, pero Abraham les responde que de “oír a la
ley y los profetas” no ocurriría eso. Ni un muerto resucitado los convencería
si no han oído a “la ley y los profetas”.
Para comenzar, notemos que los dos personajes son judíos. El primero, el
pobre, tiene nombre judío, Lázaro (abreviatura de Eleazar, “Dios ha ayudado”),
el segundo –el rico- se dirige a Abraham como “padre” (cf. 1,73; 3,8; 13,16.28;
19,9), éste lo llama “hijo” y afirma que “tienen la Ley y los profetas”. Esto
–como veremos- será fundamental a la hora de entender la parábola en su
totalidad-. Por otra parte, en ningún momento se nos dice que el rico fuera
injusto, o ladrón, o corrupto, ni que Lázaro fuera un hombre honrado, o bueno.
Simplemente se trata de un rico y un pobre; y la situación de ambos se invierte
luego de su muerte: el rico, que disfrutó, ahora es atormentado; el pobre que
padeció males, ahora es consolado. En este sentido, es evidente que se trata de
lo mismo que ocurre en la primera bienaventuranza y su correspondiente “malventuranza”
de Lucas:
«Bienaventurados
los pobres,
|
¡ay de
ustedes, los ricos!,
|
porque
de ustedes es el Reino de Dios. (6,20)
|
porque
han recibido su consuelo. (6,24)
|
La característica, en ambos casos es que la situación va a cambiar, y en
la parábola, de hecho ¡cambia! De hecho, lo que se afirma del rico en la
bienaventuranza es que ha recibido su consuelo (paraklêsin) y el pobre
Lázaro ahora es consolado (parakaleitai). No se ha de olvidar que esto
Jesús lo dice a quienes el evangelio presenta como “amigos del dinero”.
Pero la parábola no se detiene aquí, sino que esta inversión de las
situaciones es –como se dijo- su punto de partida. Cada pedido del rico que
“envíe a Lázaro” desencadena la respuesta de Abraham explicativa de la
situación: la primera es “hijo, recuerda”. La invitación a “recordar” (griego, mimnêskomai;
en hebreo, zakar) es particularmente importante en Israel,
especialmente en el contexto del tiempo del éxodo (Ex 2,24; 6,5; 20,8; Lev
26,42.45; Num 15,39.40; y particularmente en el Deuteronomio, 5,15; 7,18;
8,2.18; 9,7.27; 15,15; 16,3.12; 24,18.22; 25,17; 32,7). Recordar es hacer
memoria activa de la intervención continua de dios en favor de su pueblo. Lucas
insiste en esta idea en los textos con clara influencia veterotestamentaria
1,54 y 1,72, e incluso las mujeres son invitadas a “recordar” lo dicho
por Jesús en Galilea sobre la resurrección (24,6.8) e incluso el “buen ladrón”
le pide a Jesús que lo “recuerde” al llegar a su reino (23,42).
Lo que el rico está invitado a recordar es que los bienes que disfrutó
en la vida los “recibió” (apolambanô), término frecuente en Lucas.
También lo repite el “buen ladrón” al decir que el castigo de los crucificados
con Jesús es “merecido”, acorde al mal que hicieron (23,41). Pero es un recibir
de alguien (apo es “de alguien”, lambanô es
“recibir”). Lo que el rico recibió son “sus bienes” (agathá) en
contraste con los “males” de Lázaro. La madre de Jesús cantó –con influencia
del AT- que Dios “a los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos
sin nada”. (1,53). El rico que quiere acumular su grano y sus “bienes”
edificará graneros más amplios, y como tiene para muchos años se dedicará a
descansar, comer, beber y banquetear (eufrainô, el mismo verbo usado por los
banquetes del rico de la parábola, v. 19). Es bueno notar aquí que la única ver
en toda la Biblia que aparece el femenino “discípula” (Hch 9,36) se dice
de Tabitá, y lo que se aclara es que era “rica en buenas (agatôn) obras y
limosnas”, sus “bienes” eran las obras. Por el contrario, lo que –en vida- recibió
son “males”. La situación ahora (nyn) se ha invertido y es imposible volverla
atrás.
Es para evitar esto a sus hermanos que nuevamente el rico se dirige a su
“padre Abraham”. Nuevamente le pide que “envíe a Lázaro”. Lo que
pretende es un “testimonio” (es diamartýromai, es decir “testimonio
(martýromai) a través de (dià)…”; única vez en los evangelios,
aunque frecuente en Hechos, x9 siendo en general “testimonio de Jesús”). Lo que
pretende el rico es que “a través de Lázaro” llegue a sus hermanos el testimonio
de la situación que está viviendo. Y nuevamente Abraham se niega. El Hades es
calificado de “lugar de tormentos” (vv.23.28) y en v.24 se habla de “angustia
en esa llama”. El Hades es el lugar de los muertos (Hch
2,27.31; Ap 1,18; 6,8; 20,13.14), traduce el hebreo Sheol (cf.
Sal 15,10; Qo 9,10; ver Gen 37,35; 42,38…), y por eso está en contraste con el
“cielo” (cf. Mt 11,23 / Lc 10,15). Esto ha hecho pensar en categorías
“cielo-infierno” pero esto es más que lo que la parábola pretende. El “seno de
Abraham” es algo desconocido en la literatura judía (se encuentra en algunos
textos posteriores, pero no es evidente que no estén influenciados por este
texto). Es probable que recuerde la idea característica judía de “descansar con
sus padres” (cf. Gen 49,33; Num 27,13; Dt 32,50; Jue 2,10; 1 Re 1,21; 2,10;
11,21…). El “seno” es el lugar de preferencia (como el Hijo único de Dios está
en el seno del Padre, Jn 1,18 o el discípulo amado en el seno de Jesús, 13,23).
Se trata, entonces, de un lugar de honor que ocuparán los pobres, como el lugar
preferencial y de intimidad que se prepara para los huéspedes de honor en los
banquetes. El cambio al plural (ustedes, nosotros, v.26) invita a los lectores
de la “parábola de dos personajes” a identificarse en sus actitudes con alguno
de ellos.
La negativa de Abraham se centra en que “tienen” y deben “oír”
a “Moisés y los profetas”. Esto, como se sabe es un modo de referir a
“toda la Biblia hebrea” (2 Mac 15,9; prólogo del Sirácida vv.2 y 24; Mt 5,15;
7,12; 11,13; 22,40; Lc 16,16; 24,27.44; Jn 1,45; Hch 13,15; 24,14; 26,22;
28,23; Rom 3,21). Sin dudas, aquí hay una clave de interpretación de toda la
parábola ya que es evidente que el rico no ha oído a Moisés y los profetas, y
por eso se encuentra en ese lugar. La pregunta es ¿qué les dice la “ley y los
profetas” a los judíos que éste no ha escuchado? La actitud frente a
los pobres es algo característico de Israel (ver Ex 22,21-22; 23,9; Lev
19,9-10; 19,33; 23,22; Dt 10,13-19; 14,28-29; 16,9-15; 24,17-18; 26,12-15; Am
2,6-8; Os 12,7-9; Mi 3,1-3; Sof 3,1-3; Mal 3,5; Is 5,7-10; 30,12; 58,3; Jer
5,25-29; 9,4-6). A modo sintético, veamos Deuteronomio 15,1-11 que nos da la
clave (señalamos sólo unos versículos que ayudan a la comprensión de esto, y
resaltamos las palabras clave):
«… 4 Cierto que no debería haber ningún pobre junto a ti, porque Yahveh te otorgará su bendición en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la poseas, 5 pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahveh tu Dios cuidando de poner en práctica todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy. (…) 7 Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos, en alguna de las ciudades de tu tierra que Yahveh tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, 8 sino que le abrirás tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia. (…) 10 Cuando le des algo, se lo has de dar de buena gana, que por esta acción te bendecirá Yahveh, tu Dios en todas tus obras y en todas tus empresas. 11 Pues no faltarán pobres en esta tierra; por eso te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra. (Dt 15,1-11)
Lo que Moisés le dice a todo judío es que el judío pobre es su hermano,
y ciertamente no es de ese modo como el rico se ha comportado con Lázaro.
Insistimos, no es que haya obtenido sus riquezas con injusticia, no se dice que
fuera perverso, sólo se dice que no trató a Lázaro como un hermano. Y esto
mismo es lo que continúa aunque la situación se haya invertido. Lázaro no
parece contar para él, y dos veces le pide a Abraham que “lo envíe” como
si se tratara de un sirviente. “Escuchar” –como se ha dicho- es
fundamental en Lucas (cf. 5,1.15; 6,17.27.47-49; 7,29; 8,8-15.18.21; 9,35;
10,16; 11,28; 14,35; 19,48; 21,38; Hch 2,22.37; 3,22.23; 4,4; 7,2; 15,7; 18,8)
y ha de entenderse como sinónimo de “obedecer”. Que se “conviertan” (v.30; cf.
10,13; 11,32; 13,3-5; 15,7-10) es –sin quererlo, de parte del rico- un
reconocimiento de lo que no ha hecho, de que no ha “escuchado”.
Los “amigos del dinero” no parecen enterarse de esta fraternidad
que Dios quiere instaurar en Israel y que el reino de Dios predicado por Jesús
quiere confirmar (de hecho se “burlan” de Jesús por enseñar estas cosas,
16,14). No se trata de tratar como “hermanos” a los que son como uno, a los
religiosos (como los fariseos) sino de todo aquel que es de verdad hermano (por
eso la parábola de dos personajes). Y si “siempre habrá pobres entre ustedes”,
se trata precisamente para que “siempre” –los que quieren “escuchar a
Moisés y los profetas”- sepan que tienen un compromiso de compasión con los
pobres que están junto a nosotros (es irónico que pida “compasión” a su
padre Abraham –v.24- quien no la tuvo con su hermano Lázaro). Y que Dios “siempre”
toma partido por el pobre y él (y ella), y nuestra actitud hacia ellos, son el
test de fidelidad a la fraternidad que Moisés y los profetas proponen y Jesús
confirma. Así lo afirma el Talmud: “quien cierra sus ojos a uno
en necesidad es considerado como uno que sirve a los ídolos” (Bat 10.a)
Una pequeña nota: nunca en las parábolas de Jesús, un personaje recibe
un nombre. Sin embargo, en este caso el pobre recibe el nombre de Lázaro
(quizás esto haya llevado a que algunos manuscritos dieran también nombre al
rico [Neues], o que algunas Biblias lo hagan en sus títulos [Epulón]). No deja
de ser desafiante que justo sea un pobre el que para Jesús tenga nombre,
especialmente teniendo en cuenta que en nuestras sociedades los pobres siempre
son anónimos, o estigmatizados. Para Jesús el pobre es persona humana, es
sujeto, y –por si fuera poco- es una persona de la que afirma que “Dios lo
ayuda” (como se dijo, eso significa el nombre Lázaro).
Foto tomada de http://ricos-y-pobres.blogspot.com.ar/
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.