jueves, 27 de febrero de 2025

Felipe, uno de los Doce

Felipe, uno de los Doce

Eduardo de la Serna




El nombre Felipe es la castellanización del griego “Filippo”, y es un nombre muy habitual. Por ejemplo, es el nombre del papá de Alejandro Magno, de un hermano de Herodes, o de una ciudad, “Cesarea de Filipo”; pero en el grupo de los seguidores de Jesús hay dos “Felipes” que son importantes y a ellos dedicaremos este y el próximo trabajo.

Uno de los Doce seguidores de Jesús es Felipe. En los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y en Hechos de los Apóstoles lo encontramos nada más que en la lista que se nos da de compañeros de Jesús (Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,14; Hch 1,13). Pero en el Evangelio de Juan ocupa un lugar más importante:1,44 nos dice que era de Betsaida, la misma ciudad de Pedro y Andrés. Es decir, una ciudad de pescadores al norte del lago de Genesaret. Aunque Jn 12,21 dice que la ciudad queda en Galilea, en realidad no pertenece propiamente a esta región, sino que es vecina. Jesús, seguramente por estos contactos, realizó algunos signos allí (Mc 8,22), pero no fue bien recibido (Lc 10,13). La ciudad tiene una importante estructura proveniente del mundo griego, lo cual explica por qué unos “griegos” que van a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, buscan a Felipe y éste a Andrés. Seguramente el conocimiento del griego por parte de Felipe fue de utilidad para estos (Jn 12,20-22).

Cuando Jesús está por multiplicar los panes, para poner a prueba a Felipe le pregunta “¿dónde vamos a comprar panes para toda esta gente?” (6,5-7). Felipe, que como es frecuente en el Evangelio de Juan, no entiende a Jesús, afirma que haría falta muchísimo dinero (unos 200 jornales) para que todos al menos coman un poco. Lo que Jesús iba a realizar, más que un “milagro” era un signo que aquellos que tienen una mirada abierta pueden reconocer: Jesús es un profeta (como Jesús, Eliseo había multiplicado panes de cebada, 2 Re 4,42-44) como se ve en 6,14. Después Jesús todavía profundizará más y les dirá “yo soy el pan vivo” (6,51).

En el largo discurso de despedida, Jesús afirma que se irá y Tomás pregunta por el camino (14,5), Jesús – que siempre está revelando a su auditorio quién es él (como se vio en el párrafo anterior) afirma que él es el Camino hacia el Padre y “nadie va al Padre sino por mi” (14,6). Aquí interviene Felipe pidiéndole a Jesús que nos “muestre al Padre”. Evidentemente no ha entendido lo que ha vivido hasta ahora con Jesús: la unión entre Jesús y el Padre es total, tanta que “quién me ha visto a mí, ha visto al Padre” (14,9). La unidad entre Jesús y el Padre se manifiesta en las palabras (14,10) y en los hechos (10,25.38; 14,11) de modo que todo lo que Jesús ha dicho y hecho hasta ese momento, manifiesta a su Padre (ver 17,21). Esto es lo que Felipe no ha comprendido.

Como se ve, el Evangelio de Juan nos muestra a Felipe como uno que no comprende cabalmente. Pero no hay que entender esto negativamente; es razonable no comprender a Jesús mientras él no se revele. Y eso es también lo que hace el Evangelio: Jesús es el pan, Jesús es el camino, y con la llegada de los griegos llega la hora de manifestar la gloria de Jesús a todos,. llega la Pascua. De hecho, Felipe permaneció unido en el grupo de los Doce, como se ve en las listas de los Doce que mencionamos.

Es interesante que un tiempo después, algunos cristianos sectarios rescataron la figura de Felipe y compusieron obras en su nombre (un “Evangelio”, y unos “Hechos”), que no están en los libros que en la Iglesia se consideran “palabra de Dios” aunque tengan cosas pintorescas.

Felipe es un caso típico de los muchos que queremos seguir a Jesús, pero que seguramente no entendemos (o no entendemos demasiado) y necesitamos que Él mismo nos ayude a ver y conocerlo. De eso se trata ser discípulos.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_el_Apóstol

martes, 25 de febrero de 2025

Domingo 8C

Los dirigentes de la comunidad deben pasar por el filtro de la fidelidad

Domingo 8º durante el año – ciclo “C”

Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Eclesiástico                    27,4-7

Resumen: con imágenes de la vida cotidiana el sabio ilustra la sensatez (o no) de confiar en las personas según lo manifiesten en su palabra.

Una serie de imágenes de la vida cotidiana ilustran el modo sensato de actuar, razonar o evaluar lo que ocurre. Especialmente ilustra en diferentes imágenes el actuar en el comercio. Las imágenes ayudan a evaluar por la palabra el interior de las personas.

El pecado puede ser característico del comerciante (ver 42,5), especialmente cuando el afán de lucro lo ciega (27,1; ver Lev 19,35-36; Am 8,4-5; Prov 11,1; 20,10). La falta de honestidad es posible y se afirma como una estaca. Y lo mismo puede ocurrir con el lenguaje, el medio que existe para confirmar o no las apariencias. Con imágenes de la vida cotidiana (criba, horno, cultivo) revela a las personas, con densidad, resistentes, maduras. Hasta que el lenguaje no los revele no es sensato “evaluarlos”.


Lectura de la 1ª carta de san Pablo a los Corintios           15,54-58

Resumen: llegado el momento definitivo de la resurrección, los efectos de la muerte revelan su impotencia en los seres humanos al haber sido derrotados definitivamente por la vida.

Culmina el capítulo 15 con una conclusión. Sigue el contraste entre dos tiempos marcado por el límite entre la corrupción e incorrupción y lo mortal e inmortal.

Ya sabíamos que la resurrección de Cristo es “primicia”, y al llegar el tiempo final todo lo esperado se concretará. La muerte ha perdido su poder de definitividad puesto que la vida tiene la última palabra. Esa es la “victoria” (vv.54.55.57) que ya había sido anunciada ante el enemigo final (v.26). Así estaba anunciado por “lo que está escrito”. Como se ve (y ocurre en otras ocasiones de la carta) Pablo cita libremente la Biblia.

La “transformación” (v.51) operada en la resurrección fue expresada con diferentes imágenes: siembra-cosecha (vv.36-37.42-44), primer-segundo/último Adán (vv.45.47), herencia (v.50). Ahora recurre a una imagen (que en otras ocasiones es bautismal): el revestimiento (v.53). La corrupción y la muerte se “revestirán” de sus opuestos, incorrupción e inmortalidad y llegará el momento anunciado en las escrituras.

Pero a modo de ejemplo, Pablo ilustra cuál es el aguijón: el pecado, y la “fuerza del pecado” es “la ley” (algo aquí sólo insinuado que Pablo desarrollará extensamente en Romanos 5-7). Pero por Jesús “hemos” alcanzado la victoria.

Con un “hermanos” conclusivo Pablo termina la unidad (y dará comienzo a la parte final de la carta en c.16). Al comienzo de la discusión con quienes niegan la resurrección Pablo les había dicho que “eso es lo que creyeron”, sino “habrían creído en vano” (v.2) y sin resurrección “vacía” (kenós) es nuestra predicación y nuestra fe y concluye señalando que “su trabajo no es vacío (kenós) en el Señor”.



+ Lectura del Evangelio según san Lucas    6,39-45

Resumen: tres pequeñas parábolas manifiestan sencillamente cómo se espera que se viva en el seno de la comunidad, especialmente quienes tienen responsabilidades en la misma.

Una serie de breves parábolas cierra la unidad donde Jesús habla sobre el Reino de Dios. Las parábolas también están en Mateo, pero no en este mismo orden.

Mateo
Lucas
Déjenlos: son ciegos y guían a otros ciegos. Y, si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un pozo. (15:14)
Y añadió una comparación: –¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo?
El discípulo no es más que el maestro; cuando haya sido instruido, será como su maestro.
No está el discípulo por encima del maestro ni el sirviente por encima de su señor. Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor. Si al dueño de casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los miembros de su casa! (10:24-25)
¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo?
¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte la pelusa del ojo, mientras llevas una viga en el tuyo?
¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacar la pelusa del ojo de tu hermano. (7:3-5)
¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo?
¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, déjame sacarte la pelusa de tu ojo, cuando no ves la viga del tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacar la pelusa del ojo de tu hermano
Por sus frutos los reconocerán. ¿Se cosechan uvas de los espinos o higos de los cardos?
Un árbol sano da frutos buenos, un árbol enfermo da frutos  Un árbol sano no puede dar frutos malos ni un árbol enfermo puede dar frutos buenos. El árbol que no dé frutos buenos será cortado y echado al fuego. Así pues, por sus frutos los reconocerán. (7:16-20)
No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano.
Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos.
El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Planten un árbol bueno y tendrán un fruto bueno; planten un árbol enfermo y tendrán un fruto dañado. Pues por el fruto conocerán al árbol. (12:33)

El acento en Lucas está puesto en la comunidad y sus dirigentes.

La primera parábola (vv.39-40) alude a la importancia de que el discípulo no se ponga por encima del maestro, sino que continúe su etapa formativa. Caso contrario sería como un “guía ciego” destinado a caer en un pozo. Sin duda en la comunidad de Lucas hay quienes tienen esta actitud desatinada sin haber terminado su formación (“cuando haya sido instruido”).

La segunda parábola (vv.41-42) nuevamente se expresa en el contexto de la comunidad como el término “hermano/s” (3x) lo confirma. El hermano que pretende ser “guía” deberá tener la mirada limpia.

Ambas parábolas en Lucas (a diferencia de Mateo, en contexto de debate con los fariseos) se dirigen a la comunidad.

La tercera parábola (vv.43-45) revela que las acciones de una persona revelan su interioridad. La coherencia o incoherencia entre el decir y el obrar en la comunidad revela la fidelidad al reino.



Foto tomada de http://www.akardec.com/?p=47918

sábado, 22 de febrero de 2025

De “el Papa ha muerto, ¡viva el Papa” a “los muertos que vos matás gozan de buena salud!”

Eduardo de la Serna



Es sabido que el Papa está internado, y su salud – sumada su edad avanzada – es frágil. Entonces, y como es habitual, empiezan a revolotear las aves carroñeras…

  •          Algunos Medios de Comunicación ya empiezan a preparar tanto semblanzas del Papa que ya no está, como un casting de “papables”;
  •          Los adversarios eclesiásticos del Papa dan vuelta en la nevera sus vinos espumantes casi prontos para descorcharlos y brindar;
  •          Gobiernos, como el argentino, sumidos en profundas crisis, quisieran acelerar su muerte para tapar el escándalo autoinflingido;
  •          Nefastos personajes, que exhiben su brazo derecho erguido con la palma hacia abajo preparan carpetas para boicotear eventuales candidatos alentando los propios…

No te alimentas tú de un cuerpo y aquel de otro, sino que todos nos alimentamos del mismo, y por eso dice el Apóstol: “todos participamos de un mismo pan”. Sí, pues, todos participamos del mismo pan y todos nos hacemos una misma cosa, ¿por qué pues no mostramos el mismo amor y con ello nos convertimos en una misma cosa? Esto se realizaba en tiempos de nuestros mayores. Pues “la multitud de los creyentes”, dice, “era un solo corazón y una sola alma”. Pero ahora no; sino todo lo contrario. Entre todos hay muchas guerras y tenemos hacia los miembros del mismo cuerpo sentimientos más crueles que las fieras. Pero Cristo, aunque estabas tan alejado te unió a Él; tú, por el contrario, no quieres unirte a tu hermano con el debido cuidado; antes bien, te apartas de él a pesar de que el Señor te ha regalado tan grande amor y vida. (San Juan Crisóstomo)

Pero, el Papa allí está, e incluso muestra ligeros signos de mejoría. Y no seré yo – me estaría contradiciendo – el que haga una evaluación del papado de Francisco… Solo destaco algunas pequeñas notas breves…

  •          Algunos – quizás en contraste con los lamentables papados anteriores – lo han llamado “el papa de la primavera”. En lo personal debo decir que la primavera no la veo por ningún lado. Para empezar, porque no creo que “el papa sea la Iglesia”, y que este papa sea mejor que los anteriores (irónicamente diría que no hacía falta demasiado para eso) no implica que la primavera haya llegado a la Iglesia.
  •          Creo que hay muchos temas demasiado importantes que siguen ausentes en las primeras planas eclesiásticas. Señalo tres (y se podrían mencionar varios más): si con Juan Pablo – Benito el acento estaba puesto en lo “sacerdotal”, creo que Francisco lo ha desplazado a lo “pastoral”, pero lo “profético” sigue ausente en la voz eclesiástica. ¿Qué profetas se podrían nombrar en la Iglesia de hoy? El lugar de las mujeres en la Iglesia ha tenido pasos significativos (tanto en el Sínodo, en dicasterios y la curia romana), pero nada se ha avanzado en el acceso de las mujeres a los ministerios ordenados. La “Papolatría”, exacerbada hasta el hastío en tiempos de Juan Pablo, y reducida simplemente por su falta de carisma por Benito, ha vuelto a resurgir con Francisco. El Papa pareciera como un “lugar a visitar” en un viaje a Roma, como la Fontana de Trevi o la Capilla Sixtina.
  •          Es absolutamente cierto y evidente que, con el papado de Francisco, el pensamiento teológico goza de libertad de reflexión y expresión. La innumerable cantidad de teólogos y demás escritores censurados por Juan Pablo y Benito se ha reducido a cero en este papado, pero una buena pregunta sería saber si se trata de amplitud de pensamiento, o sencillamente porque no es un tema que interese. En el terreno bíblico, es evidente que el retroceso comenzado por el papa polaco y continuado con el alemán no ha cambiado con el argentino. Los estudios bíblicos y buenas reflexiones bíblicas están desde hace décadas ausentes de los textos papales o curiales.
  •          Creo que los papas anteriores freezaron el Concilio Vaticano II, y Francisco en mucho (quizás pudiéramos esperar que sea “en más”) lo ha revitalizado. Volver a escuchar hablar del Concilio (¡a 60 años de ocurrido!) resulta extraño, pero es para celebrar (aunque – retomando el párrafo anterior, sería de desear que también se revitalice la Dei Verbum).

Vayan estos elementos solo para anotar que celebro que el papa siga vivo. Y sueño, rezo, espero un papado que siga su camino y avance mucho más. Sueño una Iglesia que se deje conducir osadamente por el Espíritu Santo y no que se abroquele en casilleros eclesiásticos de temor y seguridad. Una Iglesia de los pobres, una Iglesia que sea discipulado de Iguales, una Iglesia de intemperie, Una Iglesia que se parezca cada vez más, ella y sus miembros (especialmente los “jerárquicos”), a la “Iglesia que Jesús quería”.


Imagen tomada de https://www.elnacional.cat/es/sociedad/estado-salud-papa-francisco-sacude-vaticano-quien-es-favorito-sucederlo_1368218_102.html

viernes, 21 de febrero de 2025

Una vuelta a la “fuga mundi”

Una vuelta a la “fuga mundi

Eduardo de la Serna



Si no creyera que el reino de Dios es como un grano de mostaza, si no creyera que “otro mundo es posible”, si no creyera en un Dios que camina con nosotros en la historia, realmente repetiría el supuesto grito de Mafalda, “¡paren el mundo, me quiero bajar!”

Durante siglos, la espiritualidad cristiana, influenciada por el neo-platonismo y su dualismo, entendía que había dos mundos, dos historias, dos ambientes. Lo “ideal” (bien platónico esto) era fugarse del mundo, sea viviendo en el desierto (eremitas), o en un ambiente paralelo, como, por ejemplo, la vida religiosa, o una familia conformada con adecuada resistencia a la perversión y corrupción que “el mundo” traía. Lo que es “del mundo”, ciertamente es “in-mundo”. Una buena espiritualidad era “contemplar” en “éxtasis”, salir del cuerpo (que es mundano) y entrar en el mundo del espíritu (desviarse de lo estático); ese tal era un o una “espiritual”, y ese tal era, por tanto, un buen cristiano o cristiana (y no está de más notar la espiritualidad individualista que todo esto conlleva). Fue por todo esto, por ejemplo, que durante siglos la vida religiosa era tenida como una “fuga mundi”.

Antes de avanzar una breve aclaración del término “mundo” en el Evangelio de Juan: allí donde la comunidad de Juan se asienta definitivamente (quizás Éfeso) siente que todos le son adversos: los “judíos”, los discípulos de Juan, el Bautista, los cristianos inmaduros, y… ¡el mundo! En Juan por “mundo” ha de entenderse la sociedad que es ajena al proyecto de Jesús, que Dios lo amó, pero no lo aceptó, que confronta con Jesús y los suyos que, por eso, no son “del mundo” pero están “en el mundo”, y por eso Jesús “ha vencido al mundo” y su reino “no es de este mundo” … Es decir, no es sensato interpretarlo platónicamente sino en el contexto histórico de la propia comunidad joánica.

Pero desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia supo tener otra mirada sobre “el mundo”. La Iglesia se supo “pueblo de Dios” en medio de los pueblos del mundo; fermento (o levadura) en medio de la masa; la espiritualidad se entendió de un modo paulino, caminar en la historia según el espíritu, la vida religiosa como encarnar un carisma en medio de las comunidades…

La teología de la liberación, por ejemplo, supo ver las causas históricas del pecado y pretendió y pretende mostrar a Dios en esa historia, y confrontar con aquello que se opone a sus proyectos de vida y vida plena.

Pero, como se sabe, hubo y hay reacciones contra el Concilio dentro de la misma Iglesia, y se intentó e intenta frenar todos sus frutos, “glifosatear” sus brotes de vida y esperanza. El invierno eclesial intentó poner límites a la vida religiosa, alentó individualismos espiritualistas en los “nuevos (sic) movimientos religiosos”, censuró las teologías contextuales, eligió pastores que fueran lejanos al “mundo” y bien “eclesiásticos”, desde sus vestimentas, actitudes, lenguaje y modo de vida…

Hoy, mirando el mundo y mirando la Iglesia, me pregunto cuánta desambiguación hay, de modo que la Iglesia sea irrelevante en este momento de la historia. Hasta último momento Gustavo Gutiérrez repetía, “no hay dos historias, la sagrada y la profana… ¡hay una sola historia!” Sabía que allí estaba el corazón del ser eclesial, ser teólogo, ser pastores, ser cristianos…

Ciertamente hay mucho mundo inmundo en el presente; y quizás – lo creo – algo influyó que la Iglesia invernal haya vuelto a una fuga mundi en lugar de ser levadura escondida en la masa, grano de mostaza en medio de un campo, y, en cambio, haber ido a un desierto de infertilidad y aridez, pero, al menos, protegida del pecado y del “maligno” guiada por el temor, que no da cabida al amor.

Mucho hemos perdido (y algunos espacios, quizás por mucho tiempo por venir), pero quienes creemos que la fertilidad la da Dios, que la fuerza proviene del Espíritu y no de nuestras capacidades, nos tocará “revolear la semilla” del reino y confiar en que, de algún modo, en algún momento, de manera quizás inesperada, dará frutos. Frutos en medio de este mundo en el que no da gusto vivir, pero en el que el Evangelio y el reino de Dios quieren poner su carpa en medio de nosotros, y caminar, y vivir, y cantar, y bailar, y celebrar que la vida vale la pena.


Foto tomada de https://www.freepik.es/imagen-ia-premium/sola-flor-flor-medio-desierto_160722551.htm

 

Un – otro más – aporte de la Biblia al presente

Un – otro más – aporte de la Biblia al presente

 Eduardo de la Serna

 



Yo no creo que la Biblia nos diga lo que “debemos” hacer como si fuera un “manual de instrucciones” existenciales, ni que sea un vademécum de los pasos a dar si se pretende “ir al cielo”. Creo que la Biblia, pedagógicamente, nos va revelando a Dios, nos invita a conocerlo, y – por lo tanto – a amarlo. Pero nadie, creyente o no, negaría que en la Biblia hay “mucha vida”, “de la buena y de la mala”, y – por lo tanto – mucha sabiduría.

 

La sabiduría se expresa en consejos, por ejemplo, en historias, en experiencia... Pues bien, hay un texto que quisiera recordar en estos momentos: por sabio, por vital…

 

Resulta (y acá no importa “la historia”, sino lo que nos dice para la vida) que muerto el rey Salomón, su hijo es coronado rey en el sur y luego debe dirigirse al norte para revalidar el título, pero el norte había tenido mala experiencia con el rey muerto, por lo que le piden que sea más benévolo con ellos… Roboam – de él se trata – pide tiempo para dejarse asesorar. En este tiempo, los ancianos le dicen:

 

Si hoy te comportas como servidor de este pueblo, poniéndote a su servicio, y le respondes con buenas palabras, serán servidores tuyos de por vida. (1 Re 12,7)

 

Pero él prefirió consultar a los jóvenes quienes le dijeron:

 

–O sea, que esa gente te ha dicho: Tu padre nos impuso un yugo pesado; tú alívianos esa carga. Diles esto: Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre. Si mi padre los cargó con un yugo pesado, yo les aumentaré la carga; si mi padre los castigó con azotes, yo los castigaré con latigazos. (12,10-11)

 

El texto culmina la escena diciendo que el rey “no hizo caso al pueblo” (12,15.16) y entonces el pueblo no lo reconoció como rey y, desde entonces, se fracturaron en dos naciones distintas para siempre. El norte eligió como rey a Jeroboam y “se fue a sus tiendas”.

 

La clave, evidentemente, radica en a quién escucha el rey cuando recibe consejo. Los ancianos, en el mundo antiguo, por ejemplo, pero también en muchos otros mundos, son expresión de la experiencia vivida y, por lo tanto, de la sabiduría. Son los que han vivido y, por lo tanto, conocen los mejores caminos y los caminos de perdición. Los jóvenes, por contraste, son los inexpertos. Ciertamente son más vitales, más fuertes, pero no más sabios, evidentemente. Roboam pudo experimentarlo. En este sentido debe entenderse el consejo: “jóvenes sean sumisos de los ancianos” (1 Pedro 5,5). Y así debe entenderse el caso de un joven (Daniel) sabio ante ancianos corruptos, a quien le afirman: “Dios te ha dado la madurez de un anciano". (Dn 13,50)

 

¿Hace falta sacar conclusiones al mirar nuestra actualidad, y mirar las fotos del poder? De soberbia de la inexperiencia se trata; se saber que más tarde o más temprano esta aparecerá con toda su ineptitud. Y aparece. De ser sabios se trata, de escuchar a quienes han vivido. ¡Chau, Roboam!


Imagen tomada de https://www.youtube.com/watch?v=lwAhidXHhA0

jueves, 20 de febrero de 2025

Queturá (¿entre otras?)

Queturá (¿entre otras?)

Eduardo de la Serna



En los primeros capítulos de la Biblia es razonable que se intente dar, a los lectores, explicaciones de los orígenes de las cosas cotidianas para ellos. Un ejemplo evidente es ver cómo se fue poblando el mundo conocido, siendo que todos se originan en Adán y Eva, o en Noé y sus hijos… Así podemos ver que empieza a haber pastores, labradores (Gen 4,2), forjadores del cobre y el hierro (4,22), edificadores de ciudades (4,17) … Y, también el surgimiento de los pueblos conocidos en su entorno, como serán los ismaelitas, los cananeos, etc. (10,15-18).

Un caso interesante, aunque con aspectos no del todo claros, lo encontramos en la descendencia de Abraham. Ya hemos hablado de Isaac, el hijo de la promesa, hijo no solamente de Abraham, sino también de Sara; pero también de su primogénito, Ismael, hijo de la esclava egipcia Agar, obviamente, “padre” de los ismaelitas. Pero acá no termina todo …

Genesis 25,6 nos informa que Abraham tenía concubinas (en plural) con las que tuvo hijos, pero también aclara que estos fueron enviados “lejos” de su hijo Isaac, hacia el oriente (seguramente para indicar que “la tierra” [= Israel] pertenece a Isaac y su familia). Pero nada sabemos de estos familiares, salvo el caso de la descendencia de Queturá (25,1.4), quizás la favorita de estas concubinas. Con ella Abraham tiene seis hijos: Zimrán, Yoxán, Medán, Madián, Yisbac y Suj (Gen 25,2). Salvo el caso de Madián, todos estos nombres se encuentran solamente acá en la Biblia y en su paralelo de 1 Crónicas 1,32.33 y no sabemos en ella nada de estos ni de los orígenes o las regiones a los que aluda; aunque se hace referencia – en otras partes – al significado que esos nombres tienen, ya que “medán” significa discordia (cf. Pr 6,19; 10,12) y “suj” inclinación (cf. Pr 2,18); pero de los “personajes”, ¡nada más! Sin embargo, sí trasciende la persona de  Queturá, que no es propiamente un nombre, ya que en Dt 33,10 es un término que refiere al humo del incienso. Esto invita a pensar en los nombres de los pueblos, arábigos en su mayoría (como dijimos, no mencionados en la Biblia, pero sí en otras fuentes), por los que atravesaba la importante “ruta del incienso”, que unía Egipto con la India.

Madián sí es un pueblo bastante conocido en la Biblia, e incluso, una tradición afirma que los que llevan a José a Egipto – luego del conflicto con sus hermanos – no son los ismaelitas, sino los madianitas (ver Gen 37,28.36). Incluso, en Ex 18,1 se afirma que Jetró, suegro de Moisés, era “sacerdote de Madián”; pero, con mucha frecuencia las relaciones entre madianitas e israelitas fueron tensas y conflictivas (ver Núm 31,3; Jue 6,1...). El texto, además, menciona solamente la descendencia de dos de estos hijos de Abraham y Queturá, de los otros cuatro desconocemos – en la Biblia, repetimos – toda referencia a nombres o lugares:

Yoqsán engendró a Šeba y a Dedán. Hijos de Dedán fueron los asuritas [los asirios], los letusíes y los leumies. Hijos de Madián: Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos éstos, hijos de Queturá (Gen 25:3-4).

Los pueblos del entorno a Israel se siguen “mostrando”, se sigue poblando la tierra, pero la centralidad de Abraham y su promesa sigue siendo la clave de la lectura.

Sin embargo, a pesar de tratarse, nada menos que de “hijos de Abraham”, nada se dice – en su caso – de una cierta herencia de la promesa. El texto afirma que Abraham los envía lejos de Isaac, aunque “con donaciones”. Pero, ya lo hemos dicho, al morir el patriarca, de su entierro no participa solamente Isaac, sino también Ismael (confirmando, como hemos señalado en otro texto) la predilección, de Abraham por su primogénito (25,9).

Para nuestra mentalidad y cultura, muchos de estos elementos (aunque haya aspectos mitológicos o legendarios) nos resultan extraños. Pero siempre es importante recordar que el mundo de la Biblia es muy diferente al nuestro, y no es sensato “forzarlo” para que encaje en nuestros esquemas. Por ejemplo, cuando pensamos en una “familia”, eso implica esquemas y situaciones totalmente distintas en el ayer y el hoy; y no es razonable ni proyectar nuestra mentalidad a los tiempos bíblicos, ni tampoco pretender repetir hoy modelos de hace milenios. La Biblia no pretende “canonizar” modos de vida ni estructuras, sino ir ayudándonos a conocer a Dios, que se revela de a poco, pedagógicamente hasta mostrarse plenamente en su hijo Jesús. Con Abraham empieza esta “historia”.


Imagen de las "3 esposas de Abraham" (1609) tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Cetura#/media/Archivo:Venice_Haggadah,_Family_of_Abraham.jpg

martes, 18 de febrero de 2025

Domingo 7C

 La actitud frente a la víctima nos asemeja a Dios mismo

Domingo 7 “durante el año” ciclo «C» 

Eduardo de la Serna





Lectura del 1er libro de Samuel             26:2, 7-9, 12-13, 22-23

Resumen: David, perseguido por Saúl con intenciones de matarlo, tiene la oportunidad de librarse de su enemigo, pero no lo hace mostrando así, a la vista de todos, que “Yahvé devolverá a cada uno según su justicia y fidelidad”.

En diferentes momentos del libro de Samuel encontramos la persecución que Saul provoca a David, e incluso la ocasión de David de eliminar a su enemigo sin ceder a la tentación de hacerlo (cf. 1 Sam 24). El texto litúrgico (bastante cortado) presenta el contexto (v.2) la oportunidad de David y Abisay de eliminar a Saúl (vv.7-9), la prueba de selección a David para mostrar la ocasión que ha desechado (vv.12-13) y la demostración de David a su enemigo de que no hizo uso del momento de beneficio (vv.22-23).

Sin dudas el texto fue escogido para ilustrar el dicho de Jesús de “amar al enemigo”, del que hablaremos.

No es importante, en este caso, el hecho histórico. Los textos bíblicos son bastante “anti-Saúl” (y muy pro-davídicos) por lo que no es fácil reconocer el verdadero acontecimiento. El hecho de que se repitan invita a pensar en una serie de tradiciones que circulan mostrando la magnificencia de David ante la injusta persecución de la que es objeto. Teniendo la oportunidad evidente de eliminar a Saúl, David no lo hace, pero se ocupa de mostrar, a la vista de todos, esa oportunidad desaprovechada (con lo cual, obviamente, queda claro, en un mismo momento, la perversión de uno y la grandeza de otro). Saúl reconoce su “pecado” (v.21) lo que, narrativamente, profundiza la idea de que “el tiempo de Saúl” ya ha terminado para dar comienzo al tiempo de David, el rey modelo para esta historia iluminada por la teología deuteronómica. Como persona religiosa que es, David se ha negado a poner mano, a derramar la sangre “del ungido del Señor” (v.9.23; algo que él mismo será). De hecho, la unidad finaliza con David afirmando que, por lo que ha hecho, perdonando a su enemigo, “mi vida será de gran precio a los ojos de Yahvé” (v.24) y Saúl mismo reconocerá que “triunfarás en todas tus empresas” (v.25).


Lectura de la 1ª carta de san Pablo a los Corintios            15:45-49

Resumen: Pablo continúa mostrando que los muertos realmente resucitan, para lo que recurre a la Escritura y a Adán mostrando, luego, a Jesús en relación al primer hombre destacando la relación entre lo vital humano y lo espiritual.

Como se ha señalado, todo el capítulo 15 de 1 Corintios está dedicado a destacar el tema de la resurrección de los muertos que algunos, en Corinto, niegan.

El tema central – como se señaló la semana pasada – es la estrecha relación entre la resurrección de Cristo y la de los cristianos. La contraposición – como también se señaló – está dada entre Adán y Cristo. En contraste con él, Jesús es llamado “último Adán” (v.45), el “segundo (hombre)” (v.47), “hombre celestial” (vv.48.49), y dicho contraste se acentúa con “cuerpo vital” (psíquico) frente a “cuerpo espiritual” (v.44), “psiquis que vive” y “espíritu que da vida”, “primero lo vital (psíquico) luego lo espiritual” (v.46) hombre terrestre, hombre celestial (vv.47-49)...

Hacía poco tiempo, Filón de Alejandría (ca. 15 a.C. – ca. 45 d.C.) había destacado que el primer hombre era el espiritual (imagen de Dios) mientras que el segundo (haciendo referencia a los dos relatos de la creación humana), del barro, pecador, era “humano”; Pablo invierte el esquema del Alejandrino, lo que no significa que lo haya leído, por supuesto, sino simplemente conocer la idea. De todos modos, también, es una correlación entre el “cuerpo psíquico” y el “cuerpo espiritual” (v.44) a la luz del texto bíblico (v.45).

Lo cierto es que el dinamismo comenzado con Adán continúa, pero hay un dinamismo superador en Cristo. Es el dinamismo de la vida que “vitaliza” la muerte. Es la expresión evidente de que – aunque algunos en Corinto lo nieguen – hay resurrección de los muertos.


+ Lectura del Evangelio según san Lucas    6,27-38

Resumen: Lucas muestra con una serie de ejemplos cómo es el modo de vida en fidelidad al Reino que espera de los discípulos de Jesús, de sus “oyentes” siguiendo el mismo modo de ser misericordioso de Dios.

Sabemos que Lucas y Mateo comparten textos en común que no han recibido de Marcos; ese texto común es conocida como “Q” (del alemán: Quelle = fuente). El Evangelio de hoy nos presenta una serie de fragmentos que podemos fácilmente atribuir a Q ya que los encontramos también en Mt en el “Sermón de la Montaña”. El orden es semejante y algunas intenciones también.

En realidad, la unidad es mucho más extensa y la liturgia ha seleccionado sólo una parte:

Para ver bien las semejanzas y diferencias pondremos en paralelo ambos textos

Mateo
Lucas
«Han oído que se dijo:
Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y

rueguen por los que los persigan (5:43-44)
Pues yo le digo: no resistan al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra:
al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;
y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.
A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda. (5:39-42)
«Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. (7:12)
Porque si aman a los que los aman, ¿qué recompensa van a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?
Y si no saludan más que a sus hermanos, ¿qué hacen de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?




(= 5,44, más arriba)




Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial. (5:46-48)
«No juzguen, para que no sean juzgados.



Porque con el juicio con que juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan se los medirá. (7:1-2)
27 «Pero yo les digo a los que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odien,
 28 bendigan a los que los maldigan, rueguen por los que los difamen.

 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra;
y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.


 30 A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.
 31 Y lo que quieran que les hagan los hombres, háganselo ustedes igualmente.

 32 Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores aman a los que les aman.
 33 Si hacen bien a los que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡También los pecadores hacen otro tanto!
 34 Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.
 35 Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien, y presten sin esperar nada a cambio; y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.
 36 «Sean compasivos, como su Padre es compasivo.
 37 No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
 38 Den y se les dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el borde de sus vestidos. Porque con la medida con que midan se los medirá».

Dejemos – aquí – de lado a Mateo. Como se ve, “amar” y “hacer el bien” están en paralelo. Son sinónimos, y Lucas pone el acento en que no se trata solamente de amar a los amigos, sino a todos. Incluso a aquellos a quienes era de esperar que se buscara su castigo. El modelo a imitar es Dios mismo, como se insistirá en v.36. Esto no se dirige solamente a los suyos, sino a los que “me escuchan” (cosa que queda reforzada por los verbos en plural: “ustedes”, salvo en vv.29-30 quizás para reforzar la decisión personal ante la exigencia).

Es interesante notar la antítesis constante entre una parte y lo que se espera (amar / odiar, bendecir / maldecir…). El marco y contexto es ciertamente dramático para el “auditorio” e invita a ubicarnos en el contexto de la vida de los cristianos en el imperio romano, de opresión y empobrecimiento. Es allí donde Lucas invita a vivir el modelo de Jesús a los suyos. Pero sea tanto en el ambiente social y político como en el seno de la comunidad (y sus conflictos) el esquema con el que se debe vivir es la llamada “regla de oro”: “traten a los hombres como quieren que ellos los traten”.

A continuación, presenta tres escenas hipotéticas (“si…” aman / hacen bien / prestan) y un modo de comparación: también “los pecadores” hacen eso (vv.32.33.34), entonces ¿qué mérito tienen? El criterio debe ser la gratuidad. Los “pecadores” (quizás los que no son miembros de la comunidad) también hacen lo mismo, pero los motivos son otros. La gratuidad es la de la relación padre / hijo.

El v.36 es la conclusión de lo que viene diciendo hasta aquí y la preparación a lo que viene (un texto bisagra), y vv.37-38 presentaalgunas conclusiones de esto en la vida.

Veamos estas dos partes detalladamente:

Sean misericordiosos”: el término oiktirmôn es exclusivo de este párrafo en los evangelios (sólo se repite en Sgo 5,11). Como se ha visto, Mateo prefiere “sean perfectos” haciendo referencia a la “justicia mayor” que la de los escribas y fariseos. Lo interesante es que el esquema de la frase es semejante al texto de Lev 19,2: “sean santos como Yahvé es santo”, pero aquí y en Mateo es modificado. En el AT se afirma con frecuencia que Dios es “misericordioso” (señalamos solamente los textos de la Biblia griega de LXX que utiliza oiktimôn: 2 Sam 24,14; 1 Cr 21,13; Sal 24,6; 39,12; 50,3; 68,17; 76,10; 78,8; 102,4; 118,77.156; 144,8.9; Is 63,15; Dan 9,18; Os 2,21; Zac 1,16; Sir 5,6; Bar 2,27; es interesante que el griego de Zac 12,10, allí donde el texto hebreo dice “espíritu de gracia y oración” prefiere “de gracia y misericordia”). Por lo tanto, vemos que el texto no contradice en nada la tradición bíblica. Frecuentemente oiktimôn traduce el hebreo raham que es ternura (preferentemente materna, de su seno), o también hnn que es gracia, piedad, aunque ambas palabras hebreas también se traducen con frecuencia por éleeô. En síntesis, de Dios también se predica su ternura y misericordia, no solamente su santidad. Sin embargo, en tiempos de Jesús, la santidad tenía una lectura más negativa: puesto que el santo es el separado (Dios se separó para sí un pueblo, dentro de ese pueblo se separó una tribu, dentro de la tribu un clan y dentro del clan una persona), la fe se va viviendo como un sistema de exclusiones donde cuanto más “separado” se es, más cercano a Dios se está. Así, para el judaísmo del Segundo Templo, son cada vez más los grupos que van siendo excluidos de la cercanía de Dios: los paganos, los impuros (por ejemplo, los leprosos), las mujeres, los niños, la “gente de la tierra”. Es conocida la tradicional acción de gracias rabínica: “te doy gracias, Señor, por haberme hecho judío y no pagano, libre y no esclavo, varón y no mujer” (que no pretendía tanto manifestar la exclusión de los otros sectores sino manifestar que estando con los beneficiados [judío, libre, varón] se podía estar más cerca de Dios). El sistema de “santidad” termina siendo un sistema de exclusiones; al poner el acento en la ternura, la misericordia, en cambio, el acento se pone en las inclusiones. El término éleeô/os lo encontramos más frecuentemente en Lucas: de entrada, se afirma que la misericordia de Dios alcanza a todos los que le temen (1,50), porque “Dios se acordó de la misericordia” (1,54). Recordando su alianza “hizo misericordia” (1,72) manifestando “entrañas de misericordia” (1,78), Lázaro le pide a Abraham misericordia por su sed (16,24) y los leprosos le piden a Jesús que tenga misericordia de su exclusión (17,13), cosa que también pide el ciego (18,38.39); esto debe ser imitado reconociendo como prójimo a todo caído y sufriente (10,37). También es cercano a este término lo “entrañable” (splagjnízomai; recordar 1,78; además 7,13; 10,33; 15,20). La misericordia es lo que mueve a Dios a actuar en la historia, y lo que mueve a Jesús hacia el que sufre, y es también lo que debe mover a sus seguidores. Es muy probable que Jesús haya cuestionado el sistema de exclusiones judías como lo demuestra su constante cercanía a los excluidos del régimen de la pureza, y seguramente en otra característica de Dios, la misericordia, ha encontrado un rostro divino más coherente con su abbá. Podemos afirmar, entonces, que la misericordia aparece como un predicado de Dios con el que Jesús enfrenta a cierto judaísmo de su tiempo. No es cosa de imitar a Dios alejándonos de los demás, sino aproximándonos a ellos.

A continuación, siguen dos ejemplos, dos negativos y dos positivos donde se muestra cómo Dios mira nuestras actitudes. A nuestras acciones -positivas o negativas- le siguen sendas acciones divinas expresadas en voz pasiva (“serán juzgados”, “serán absueltos”, que suponen a Dios como sujeto). La idea de “juzgar” supone especialmente “condenar”, guiarse sin misericordia con respecto a los demás. Absolver es liberar, dejar ir, o incluso perdonar. Dios parece guiarse con un criterio “mercantil” con quien no tiene misericordia con su hermano: usará el mismo criterio. En cambio, su generosidad será desbordante con quien se guíe con criterios de misericordia (ver también 8,18; 19,25-26). Y esto incluye nuestra actitud con respecto a los bienes terrenos, como queda claro en el cuarto de los ejemplos, el de dar y la medida. La disponibilidad a la misericordia, al perdón, a la generosidad (¿limosna?) deben marcar la vida cotidiana del seguidor de Jesús.

Una nota sobre el “como Dios”: El amor no es un producto más de mercancía, de compra-venta, sujeto a la oferta y la demanda, no es "doy para que me des". Al menos el amor que quiere ser como el de Dios, a quien estamos llamados a imitar. El amor es generoso, es entrega de sí, es vida y produce vida; el amor no se tiene en cuenta a sí mismo sino al ser amado (aún a costa de sí mismo; aún hasta arriesgar la vida). El amor no es algo palpable y científicamente analizable; tampoco es algo que se puede reducir a un "sentimiento" que hoy está y mañana puede desaparecer... El amor es siembra de vida, entrega de comunión, es imitación del mismísimo Dios. Las actitudes del amor son: misericordia, perdón, generosidad, no condenar... son actitudes como las que tiene el mismo Dios y deben tener sus hijos. Dios derrama su amor sin esperar nada a cambio, eso es la misericordia, eso es la fidelidad de Dios a su mismo ser y su compromiso con los amados; a eso nos llama: a dar sin esperar respuesta, e incluso dispuestos a recibir a cambio desprecio, incomprensión y violencia.


el video con comentario al Evangelio en
https://youtu.be/_TP_2fXbY30
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2025/02/video-con-comentario-al-evangelio-del-7.html


Foto tomada de http://nuevotiempo.org/radio/la-misericordia-de-dios/