sábado, 19 de octubre de 2019

"En el nombre de..."

“En el nombre de…”


Eduardo de la Serna



Es algo bastante importante, y motivo de orgullo en ocasiones ser “delegado de” alguien que nos parece importante o valorable. De trata de representarlo, de actuar o hablar en su nombre. Y, por supuesto, tratar de dejar bien parado, tratar de que otros y otras también valoren a quien representamos. O, a veces, ser cuestionados o maltratados orgullosamente porque, “defendemos” a quien representamos. Ese “nombre” es un valor importante para nosotros.

Delegados hay de todo tipo, y – por supuesto – los hay buenos, regulares y malos. Un delegado sindical, por ejemplo, debe actuar, hablar, “negociar” en nombre de sus representados lo mejor que puede conseguir, o – si fuera el caso – encabezar un plan de lucha por no poder hacerlo. Sabemos que los hay de todo tipo. En la Biblia, por ejemplo, se dicen cosas como esas de los reyes, que son quienes debieran ser los que dejan reinar a Dios en la historia. Y no es habitual que lo hagan.

Antes de seguir me parece importante dejar claro algo que, por caso, es oportuno. Que nosotros seamos “curas opp” (en opción por los pobres) no nos transforma para nada en delegados, representantes o quienes actuamos o hablamos “en nombre” de los pobres. Es verdad que, a veces (solo a veces) alguien nos dice “usted habló por nosotros” o cosas por el estilo, y eso nos enorgullece. Pero lo que pretendemos hacer es hablar y actuar en lo que nos parece que es lo mejor para los pobres, o lo que los pobres dirían o harían… Pero los pobres habitualmente no tienen delegados ni representantes. Tienen su propia voz (ya no se dice más aquello de “ser voz de los que no tienen voz”, porque ¡la tienen!) aunque con mucha frecuencia esta no sea escuchada. A veces podemos ser simples propaladores. Es interesante revertir la imagen habitual: el famoso “por acá Dios no pasó” de Atahualpa (o semejantes, como León Gieco en “yo soy Juan”: Dios no estuvo allí donde nací) quizá debería señalarse como que allí Dios estuvo, porque están las víctimas, pero los que dicen ser sus representantes esos sí que no lo hicieron…

Claro que, a veces, hay quienes asumen el rol de representantes o delegados cuando nadie los ha delegado. Y, si nadie lo desmiente, puede haber confusión, distorsiones o hasta serias “metidas de pata”. Yo, como cura, por ejemplo, no soy “delegado de Jesús”, ni “representante” suyo. Y, aprovecho: tampoco el Papa lo es. Sólo es “delegado” quien tiene una “delegación”, y – curiosamente – para seguir con el ejemplo, “representante/s de Jesús”, según él mismo lo ha dicho, no es un jerarca (“arjê”, el primero), sino los últimos. Los pobres son los “vicarios de Cristo” (ver Mateo 25,31-46). Cuando Jesús nos enseña a decir “santificado sea tu nombre” significa, precisamente, que seamos capaces de “dejar bien parado” el nombre de Dios. Uno escucha a fundamentalistas decir algo “en el nombre de Jesús” sin que Jesús le haya mandado decir nada (y no está mal recordar lo que dice la Biblia de aquellos que hablan en nombre de Dios sin haber sido delegados por Él, así Deuteronomio 18,20) y, en mi caso, me revuelven las tripas. Son casos muy concretos en los que creo que sí podemos decir algo en su nombre: “yo te bautizo en el nombre…” o “yo te absuelvo…” y pocas cosas más. Fuera de eso (y en lo que no es tan importante “el representante” como el “representado”) lo mejor sería que nuestras palabras y acciones nos “revelen” y ellas muestren donde estamos parados, pero no “chapear” con una delegación que no tenemos. No sea cosa que algún día aquel o aquellos a quienes dijimos representar nos digan “¡no los conozco!” (ver Mateo 7,22-23).



foto tomada de http://elheraldoslp.com.mx/2017/11/16/pobreza-extrema-en-slp-hay-lugares-que-ni-dios-sabe-que-existen-conafe/

martes, 15 de octubre de 2019

Comentario domingo 29C

Dios hará justicia a sus amigos


DOMINGO VIGESIMONOVENO - "C


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Exodo     17, 8-13


Resumen: En el contexto en el que se muestra que Dios acompaña a su pueblo en el desierto alimentándole y dándole bebida, también se muestra que lo protege de sus enemigos. Pero Dios cuenta con sus amigos para ello. Moisés y su cayado serán la mediación que Dios elige para manifestar su cuidado de Israel. Sin ellos, pareciera que se desentiende de su pueblo.

Los amalecitas constituyen una tribu amenazadora que se ubica geográficamente en el sur (Gen 14,7; Num 13,29; 14,25; 24,20; Dt 25,17-19; 1 Sam 15,7; 2 Sam 15,2-3), aunque no necesariamente en un lugar fijo ya que parecen ser nómades. La fatiga de Moisés prepara lo que dirá en 18,18 lo que –a su vez- antecede la debilidad para seguir ejerciendo la autoridad. Así son presentados Jur y Josué como sus ayudantes, además de Aarón. Jur (24,14) –de quien se habla poco- será el abuelo de un artesano de la tribu de Judá (31,1-2; 35,30; 38,22) y Josué será su colaborador más cercano y finalmente su sucesor; aparece aquí por primera vez; en 24,13 será presentado como “ayudante” (cf. 33,11; Num 11,28; Dt 1,38), será enviado como explorador a la tierra (Num 13,16 donde se afirma que su nombre era Hosea y Moisés le cambió el nombre [“Yahvé salva”]), Moisés debe imponerle las manos porque en él está el espíritu (
Num 27,18; Dt 34,9) y sucesor de Moisés (Dt 3,28; 31,3.7.23)

El cayado / bastón de Moisés (Ex 4,2) era simplemente su cayado para el camino, pero Dios empieza a manifestar en él su poder (4,4-5): con él ha de hacer signos varios (4,17-20), con él realiza Moisés muchos de los 10 signos (= plagas; 7,15.19; 8,1.12; 9,23; 10,13) y con él se abre el mar para que pase su pueblo (14,16), con él  Dios da agua a su pueblo en el desierto (17,5).

El tema de la acción divina y la cooperación humana queda resaltado. En realidad, el relato comienza con la entrada en escena de los amalecitas (v.8) y finaliza con la construcción de un altar y un dicho sobre el conflicto “de generación en generación” de Amalec e Israel (v.16) y esto debe quedar escrito en la bandera (el altar se llamará “Yahvé es mi bandera”). Toda esta última parte está omitida en el texto litúrgico, sin dudas para resaltar la semejanza con el Evangelio del día. Sin embargo la conclusión con la edificación del altar es coherente con la imagen sacerdotal que se muestra de Moisés.

Se ha destacado –con razón, probablemente- que el texto parece fuera de lugar, ya que Moisés aparece como viejo y debilitado, lo que no es coherente con lo que presenta el contexto y eso es de esperar para más adelante; del mismo modo que el contexto geográfico. Amalec no parece enemigo de las tribus del sur de Israel (Judá, por ejemplo), pero tiene sentido teológico ya que el relato muestra a un Dios que cuida a su pueblo alimentándolo (Ex 16), dándole bebida (Ex 17,1-7), y también protegiéndolo de sus enemigos (17,8-16). Como Abraham (Gen 12,7; 13,18) y como Jacob (28,16-22) construye un altar. No es un altar mandado por Dios (como se esperaría en la tradición sacerdotal) sino de homenaje del patriarca y por decisión propia.

El texto parecería casi mágico ya que son las manos en alto y el cayado las que hacen que Israel venza en la batalla; como si no importara tanto la oración en sí misma, cuanto la postura corporal. Evidentemente, alzar la mano es la actitud de la oración (Gen 14,22; Sal 44,21; 134,2; también la del juramento, Ez 20,28; Dn 12,7). En Ex 14,16 habíamos visto que las manos alzadas de Moisés y el cayado obran un prodigio, en este caso la separación de las aguas del mar; en Num 20,11 hacen brotar agua de la roca. Sin dudas el texto intenta resaltar ambos elementos: tanto la actitud del mediador, Moisés que Dios pareciera “necesitar”, cuanto el obrar de Dios sin el cual el pueblo no puede subsistir.



Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     3, 14-4, 2

Resumen: Pablo deja a Timoteo como su sucesor. Debe continuar su obra de predicador en la comunidad, ahora predicando una doctrina y una enseñanza ya corporizada a una comunidad que tiene problemas con falsos maestros.

Como se ha dicho en comentarios anteriores, las cartas llamadas Pastorales constituyen un peldaño en la organización y estructuración de las comunidades cristianas. Ha pasado ya mucho tiempo, los ministerios empiezan a solidificarse, lo mismo que la doctrina. Ya es más claro quiénes somos y quienes no son de los nuestros, ya hay una “doctrina” y –por lo tanto- consciencia de qué teología no es “ortodoxa”. 

La unidad literaria de 2 Tim empieza en 3,1 señalando lo que ocurrirá “en los últimos tiempos” y su característica  será la dificultad, especialmente por parte de quienes “se introducirán” en las comunidades. Su vida y su enseñanza es algo de lo que Timoteo debe estar alerta. De allí que el autor insista en “tú, en cambio” (3,10.14; 4,5; cf. 1 Tim 6,11; Ti 2,1). Lo que se dice en todos estos casos es –precisamente- en contraste con los “falsos”: “huye de esas cosas” (1 Tim 6,11), “enseña lo que es conforme a la sana doctrina” (Ti 2,1); “tú, me has seguido” en enseñanzas y actitudes (2 Tim 3.10), “pórtate” coherentemente. Aquí, alude a la perseverancia y la doctrina. Como se ve, en todos los casos se refiere al contraste con los “falsos maestros” que son un hecho que la tercera generación cristiana vivió con preocupación. En este caso, el primer “tú, en cambio” hace referencia al pasado de Timoteo, mientras que el segundo hace referencia a su futuro.

Es interesante notar las palabras clave de esta unidad: “aprender” (emathes, [de donde viene mathêtês, "aprendiz", discípulo] v.14 x2), “creer” (pistoô, v.14), conocer (v.14.15, oida), “sagradas letras” (hiera grammata, v.15), que “puede” (v.15, dynámena), sabiduría (sofízô, v.15), “salvación” (v.15, sôtería), “fe” (v.15, pistis), “escritura” (v.16, grafê), “inspirada por Dios” (v.16, theopneustos), “útil” (v.16, ôfélimos), “corregir” (v.16, epanôrtosin), “educar” (v.16, paideía), “justicia” (v.16, dikaiosynê), “perfecto” (v.17, ártios), “hombre de Dios” (v.17, theou ánthrôpos), “obra buena” (v.17, érgon agatòn), “perfecto” (v.17, exartizô), “testimonio” (4,1, diamartyromai), “proclama” (4,2, kêryssô), “palabra” (lógos, 4,2), “insiste” (epístêthi, 4,2), “examina” (4,2, élegxon), “amenaza” (4,2, epitimáô), “exhorta” (4,2, parakaléô), paciencia” (4,2, makrothymía), “instrucción” (4,2, didajê). Como puede verse, la unidad está cargada de sentidos en orden a la fe y la enseñanza. Todo esto está sostenido por 4,1: “delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a los vivos y muertos, y la manifestación de su reino”.

Los elementos principales aquí son la enseñanza y las Escrituras. La enseñanza del apóstol –como se ha dicho- ya tiene un cierto “cuerpo” y es vista como una “doctrina”, o un “depósito”; las “sagradas escrituras” (así las llama Flavio Josefo al hablar del libro de Daniel, hierois grammasin) se refiere a la Biblia judía, aunque releída cristianamente. Recién tardíamente se empezó a hablar de “escrituras” para referir a escritos “cristianos”; y sólo una vez en el NT: cf. 2 Pe 3,16 (“grafàs). Pero toda esta lista de elementos, tienen como objetivo que el “hombre de Dios” esté capacitado y preparado perfectamente para hacer perfectamente el bien, esto refiere a la responsabilidad del dirigente de la comunidad. Moisés es el “hombre de Dios” (Dt 33,1; Jos 14,6; 1 Cr 23,14; 2 Cr 30,16; Esd 3,2; Sal 90,1 (también los profetas, como Elías (1 Re 17,24), Eliseo (2 Re 4,9); es posible que el uso aquí y en 1 Tim 6,11 atribuya a Timoteo lo que se afirma de Moisés como parece ocurrir en otras ocasiones (lo señalamos sobre la imposición de manos (cf. Dt 34,9).

Por eso Pablo “encomienda vivamente” (diamartyromai; cf. 1 Tim 5,21; 2 Tim 2,14) a Timoteo que siga su ejemplo como su sucesor. De allí los verbos en imperativo. Son verbos relacionados con la palabra, ya que Timoteo –como Pablo- debe hacerse cargo de la comunidad por medio de su enseñanza y predicación.


Evangelio según san Lucas     18, 1-8

Resumen: En un nuevo “de menor a mayor”, Lucas muestra en una parábola que un juez corrupto es capaz de hacer justicia ante la insistencia de una viuda. ¡Cuánto más! hará Dios por los suyos, su pueblo. 


El texto comienza señalando que “les decía” (18,1). El último sujeto del encuentro con Jesús fueron “los discípulos” (17,22; ver v.37), por tanto es a ellos a quienes se dirige la parábola, que es exclusiva de Lucas. Parábola que señala expresamente su intencionalidad (como lo hará la siguiente, v.9): para que ellos rezaran siempre y no aflojaran. Ya sabemos la importancia que Lucas da a la oración en su evangelio, mostrando con frecuencia a Jesús en oración en los momentos importantes de su ministerio y los discípulos (3,21; 5,16; 6,12.28; 9,18.28; 11,1-2; 22,41.46; 23,36.46; Hch 1,14; 2,42; 3,1; 6,4.6; 10,4.9.30-31; 12,5.12; 16,13.16.25; 20,36; 21,5; 22,17; 28,8). La parábola no es una de las características de dos personajes, ya que en ese caso se contrastarían las dos actitudes, y aquí se pretende mostrar la importancia de la insistencia. La parábola señala que se “debe” (deî) rezar; este deber está relacionado al deseo de Dios

El caso está puesto en un nuevo qal wahomer (“de menor a mayor”) que recuerda la parábola del “administrador deshonesto” que comentamos semanas atrás (16,1-13). Podríamos resumirla de este modo: si un deshonesto hace estas cosas, cuánto más hará Dios; del mismo modo, Jesús invita expresamente a hacer esa comparación (16,8; 18,6). 

El término clave de la parábola es “justicia” (o “adversario”, v.3; “injusticia”, v.6) ya que se trata de un juez, y de lo que la viuda espera, pero también se incorpora a la conclusión: se destaca que Dios “hará justicia” (18,6.7), no que dará lo que se le pide. Como también es habitual en las parábolas de Lucas, un personaje cambia de actitud después de “entrar en sí mismo”. El monólogo ocupa un lugar en su narrativa (16,3; ver 12,17; 15,17). Este juez es presentado como inescrupuloso y no religioso (“sin temor de Dios”); y la falta de “respeto” por los hombres se entiende como sin vergüenza (ver Ex 10,16; cf. 1 Cor 4,4; 2 Tes 3,14; Ti 2,8; Mt 21,37; Mc 12,6); es decir, se desentiende de los dos mandamientos principales de la Ley (cf. 10,27).

El juez se dice a sí mismo algo insólito: “no temo a Dios ni respeto a los hombres”, pero el acento está puesto en el contraste dado con que finalmente “hará justicia”, aunque no sea por “respeto a la viuda”, o por “temor de Dios”; no hay imagen alguna de arrepentimiento. Lo que cuenta es que la viuda (personaje símbolo del desamparo en la literatura bíblica; cf. Ex 22,2; Dt 10,18; 14,29; 16,11.14; 24,19-21; 26,12-13; Sal 68,6; 93,6; 146,9; Is 1,17.23; Jer 22,3; Lam 1,1) recibirá aquello que ha pedido: “hazme justicia” (v.3), “le haré justicia” (v.5). Los detalles se eliminan (nombre de la ciudad, causa del conflicto que mueve a la viuda…) a fin de que su insistencia quede en primer lugar. Lo cierto es que en Israel cualquier juez temeroso de Dios se ocuparía fervientemente por la justicia de los desamparados como es el caso de una viuda: No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda” (Dt 24:17); “¡Maldito quien cometa injusticia con el emigrante, el huérfano o la viuda!, y todo el pueblo responderá: ¡Amén!” (Dt 27:19). 

En los sinópticos, el “juez” se encuentra en el documento Q (Mt 5,25 / Lc 12,58 y Mt 12,27 / Lc 11,19) y en la fuente propia de Lucas (12,14; 18,2.6; cf. Hch 10,42; 13,13,20; 18,15; 24,10 referido habitualmente a los magistrados locales). Nunca en Marcos, o Juan, ni en Pablo (una vez en 2 Tim y Heb y x4 en Santiago). Las “viudas”, se destacan en Mc 12 (vv.40.42.43) y son importantes en Lucas (x9: 2,37; 4,25.26; 7,12; 18,3.5; 20,47; 21,2.3; y Hch 6,1; 9,39.41; nunca en Mateo y Juan, solo x1 en Pablo, Santiago y Apocalipsis, x6 en 1 Tim). 

El verbo “molestar” (paréjô) se vuelve a encontrar en la parábola del amigo nocturno (11,7) que tiene una intencionalidad semejante (una vez más Lucas destaca un varón y una mujer en textos paralelos; cf. 2,33.36; 4,25.27; 13,18.20; 15,4.8). La segunda parte “que no venga a agredirme” (hypôpiazein) puede entenderse incluso violentamente (cf. 1 Cor 9,27; golpear en el ojo y dejarlo negro). Sin duda que si eso ocurriera, la reputación del juez quedaría seriamente dañada y vería amenazado su cargo. El riesgo de perder su honor no es ajeno a su cambio de actitud.

Jesús llama la atención en el obrar del juez, a pesar que el personaje es la viuda (aquí el kal wahomer). De hecho, no dice cómo debemos comportarnos nosotros ante Dios en la oración, sino cómo se comporta él en nuestra oración. 

La conclusión –que es el fruto de la oración insistente- es que Dios “hará justicia” a sus “elegidos” (es una pregunta que supone un “¡sí!” por respuesta) ya que “claman” (Dios no permanece jamás indiferente ante el grito del dolor; Ex 8,12; 15,25; Núm 12,13), que en este caso es continuo (“día y noche”; cf. 2,37; Hch 9,24; 20,31; 26,7). ¿Los hará esperar? ¡No! (pregunta que supone un “¡no!” por respuesta). El verbo “makrothymeô puede entenderse de diferentes modos en este caso (cf. Mt 18,26-29; 1 Tes 5,14; Sgo 5,7-8; Rom 2,4; 9,22;  Ef 4,2; 1 Tim 1,16; 1 Pe 3,20; 2 Pe 3,9.15). La primera parte del v.8 invita a contrastarlo con éste en el sentido de la doble pregunta que presentamos. 

Les “hará justicia” pronto (tájei; única vez en los Evangelios; x3 en Hch; también puede ser “de pronto” en el sentido de “imprevistamente”). El retardo del juez (a la espera narrativa de la insistencia de la viuda) ilustra a su vez el retardo de la “justicia” (= salvación) de Dios. 

La conclusión –o el dicho final- es sorpresivo y no parece tener relación con la parábola: “Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.

Ambos temas, la venida y la fe son temas que se encuentran en las perícopas anteriores (17,22-37); es posible que estuviera unido a ellas cuando Lucas incorpora aquí la parábola. De este modo, ésta ya no es solamente una parábola sobre la oración, sino una invitación a no desfallecer (v.1) en esto (2 Tes 3,13; Ef 3,13; Ga 6,9; 2 Cor 4,1.16), aunque Jesús demore en venir (la tardanza en la Venida de Jesús parece un tema que Lucas tiene en cuenta). La fe es presentada como aquello que Jesús espera encontrar en sus “elegidos” [palabra poco frecuente, cf. Is 42,1; cf. Lc 9,35 (var.); 23,35]; cf. 6,13; Hch 1,2.24; 6,5; 15,7.22.25 donde el verbo “elegir” hace referencia al servicio de algunos en la comunidad. Es interesante que Israel, el pueblo “elegido” (cf. 1 Sam 2,9) es comparado con una “viuda” (Is 54,4). El término parece tener uso eclesiológico.


Foto personal tomada en Chiapas, México.


lunes, 14 de octubre de 2019

Breve memoria de Ecuador


Breve memoria de Ecuador


Eduardo de la Serna



El año pasado fui invitado por una comunidad parroquial de Quito sur a dar un curso sobre el Evangelio de Marcos. Una semana intensiva de la que participó mucha gente. El tiempo libre fue poco, por lo que casi no pude recorrer la capital y, menos aún, los alrededores. Sí pude ver un poco de la ciudad en dos tardes, y una noche. Además, me hicieron conocer unas termas en la entrada de la Amazonía ecuatoriana. También el Centro Leonidas Proaño, que lleva el nombre de uno de los grandes Santos Padres de la Iglesia latinoamericana, obispo de Riobamba, gran acompañante de los pueblos indígenas. En todo esto me acompañó Pablo (en algunos momentos también su mujer). Mi recuerdo de él, sin duda es excelente. Vaya entonces mi memoria a este buen compañero que hoy fue encarcelado por el gobierno de Lenin Moreno. Como lo ha pedido también Amerindia Continental, reclamo y exijo su inmediata liberación y el pleno respeto a sus derechos.

Uno de los dos curas que me alojó era Graziano. Que trabaja arduamente, y es presidente honorario o vitalicio, de Maquita, la fundación que lucha por el “precio justo”. Él me acompañó e hizo conocer, también, la fundación y pudimos charlar con varias y varios de los que allí trabajan por más justicia y dignidad, especialmente para indígenas y campesinos. Hoy, la fundación fue allanada por las fuerzas del gobierno (como también fue allanada la oficina de Paola Pabón, prefecta de Pichincha y opositora al actual gobierno).

La traición presidencial a todo aquello por lo que fue votado y su compromiso con el FMI, depredador de nuestros países y expoliador de vidas y esperanzas necesita represión. En Argentina lo sabemos bien. Pero el Evangelio de Jesús necesita mujeres y varones capaces de acompañar la siembra del Reino de Dios que Él empezó, y que profetas como Proaño (y otros en Ecuador como Gonzalo López Marañón o Luis Alberto Luna Tobar) nos impulsan a caminar y hablar. En ese camino, desde siempre hay Judas, pero también hay Marías Magdalenas y Pablos capaces de mostrar a quien quiera verlo que otro Ecuador es posible. Abrazo a Pablo y a Graziano, a todas y todos los que me recibieron y sé que el Sumak-Kawsay / Buen Vivir es una realidad siempre latente y una esperanza posible. Y que volverá la paz y la alegría que los ecuatorianos merecen.


Foto tomada de https://www.eluniverso.com/noticias/2018/09/02/nota/6931583/legado-leonidas-proano-cura-indios-lucha-mantenerse-vigente-ecuador

jueves, 10 de octubre de 2019

Estoy enojado conmigo

Estoy enojado conmigo


Eduardo de la Serna



Creo conocer un poco América Latina, y eso me permite dimensionar algunas cosas, comentarios, hechos, relativizar datos, etc. No por aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”, por cierto. Pero sí para ubicar.

Me consta de algún lugar, donde una salida laboral es ser sicario. Y donde muchos adolescentes saben que su posibilidad de sobrevida es limitada, precisamente por eso. Pero igualmente esperan o una moto, o una “mini-Uzi” de regalo para poder trabajar. Esto dramático no puede negarse, como las brujas, que las hay, ¡las hay!

Y parto de esto para notar la hipocresía de los que ahora se hacen los escandalizados y hasta hablan de “apología del delito” (porque decir que hay pibes que venden droga parece serlo, mientras que decir que hay que dinamitar la villa 1-11-14 es algo normal) porque Axel Kicillof hizo referencia a la venta de droga.

En uno de sus titulares más groseros (¡y hay que superarse a sí mismos tanto!) Clarín de ayer decía que desde las PASO los jueces han comenzado a liberar “presos K” de la “corrupción en el kirchnerismo”. Así deja claro (pretende) que los jueces, que hasta ayer eran probos e independientes, se han “dado vuelta” ante el casi seguro triunfo de les Fernández en las próximas elecciones. Claro que eso podría significar, también, que los mismos jueces antes (de las PASO) fallaban por el color político del gobierno ahora en fuga… pero no lo dicen. Porque es “un dato adquirido” la “corrupción K” (que no han probado aún “ni un cachitito así”).

Y acá vienen mi enojo conmigo. Enojo porque tengo un conflicto entre lo que quiero con fuerza y lo que creo mejor. Es decir, quiero y deseo que todos vayan presos; el 10 de diciembre a las 10 de la mañana. Me encantaría un “Bonadío bueno” (= nuestro). Pero sé que así no debe ser, que no es bueno que así sea. Que ellos lo hacen no implica que debamos replicarlos: “son nuestros enemigos, no nuestros maestros” dice el dicho que se atribuye a Omar Al-Mukhtar. Lamentablemente, para peor, no tengo confianza alguna en el poder judicial: los cómplices civiles de la dictadura están todos (o casi) en libertad; los responsables de la hecatombe del 2001, también. E incluso algunos (porque no fueron inhabilitados judicialmente para desempeñar cargos públicos) volvieron con el macrismo como gobernador, ministra o presidente de un banco, por ejemplo.

No quiero que se juzgue judicialmente las políticas aplicadas por esta banda. Porque con este poder judicial vergonzoso, los juicios irán según los vientos electorales, y la justicia “te la debo”. Los que deben juzgar políticas son los electores (como – creo – los que deben hacer una “Conadep del periodismo” han de ser los televidentes, lectores, oyentes). Quisiera que todos los Medios cómplices y responsables de esta suerte de lavado de cerebro queden en bancarrota, y quisiera que el macrismo y sus adláteres tengan medio voto en las elecciones. Pero no los quiero presos por sus políticas (repito: lo quiero, ¡me encantaría!... pero no). Pero, eso sí, quisiera que no haya un solo hecho de mala política, corrupción, vaciamientos, desvío de fondos, etc… que quede sin ser juzgado. Lamentablemente no tengo confianza en un poder judicial que imparta justicia. Juzgar políticas es lo que han hecho “estos” desde el primer día y si hicieran eso, y no me extrañaría de las veletas jurídicas, ahora con los macristas, creo que no habremos aprendido nada. Prefiero un macrista culpable suelto, que un macrista inocente preso (lamentablemente, con rabia, lo digo). Claro que prefiero que ni un culpable quede suelto, pero – como creo que esto implicaría también a muchos del poder judicial – creo que lo verán nuestros tataranietos (en los libros de historia).

Pero es precisamente por eso que creo que hemos de mostrar, con todos los medios a nuestro alcance, la atrocidad y los horrores de este gobierno. Es por eso que propuse, oportunamente, un “museo del neoliberalismo”. Para poder mostrar a las generaciones que vienen por qué un “nunca más” también de este modelo político, económico, social, inhumano es necesario. Y urgente. Para que el pueblo juzgue aquello que, lamentablemente, con toda probabilidad, no harán los jueces.



Vergonzosa tapa del diario Clarín del 9 de octubre de 2019



martes, 8 de octubre de 2019

Comentario evangelio 28C

La fe de los marginados es ejemplo para el pueblo de Dios


DOMINGO VIGESIMOCTAVO - "C"


Eduardo de la Serna

                                                                                                                                   






Lectura del segundo libro de los Reyes     5, 10. 14-17

Resumen: Un hombre poderoso del ejército sirio está cubierto de “lepra”, y por recomendación de una esclava jovencita va a ver al profeta Eliseo. Dos horizontes el del poder y el de la impotencia se enfrentan, pero el poder se manifiesta impotente ante la enfermedad. Sólo Dios puede curar. Pero el “hombre de Dios” limpiará al enfermo que así reconocerá a Yahvé como único Dios.

Para acompañar el relato del Evangelio de la curación de diez leprosos por parte de Jesús, la liturgia nos presenta la curación del leproso Naamán, jefe del ejército arameo [por lepra ha de entenderse toda enfermedad de la piel; en este caso parece asemejarse bastante a la psoriasis]. El texto es amplio y presenta elementos variados (que continúan la serie de milagros obrados por Eliseo), muchos de ellos omitidos en el texto litúrgico: los triunfos militares del rey arameo son obra de Yahvé (v.1); la mujer de Naamán tiene una pequeña esclava judía que le habla del profeta (vv.2-3), el rey arameo manda una carta al rey de Israel que la toma como una excusa para ser atacado (v.7), cuando Eliseo manda a Naamán bañarse siete veces en el Jordán éste se molesta porque “los ríos de Damasco son mejores” (v.12), pero son los servidores (nuevamente los esclavos son mediadores) los que lo convencen de hacerlo (v.13). Finalmente, Naamán pide excusas por los cultos que deberá dar por su cargo, pero que eso no debe tomarse más que como algo “oficial” ya que se ha convertido a Yahvé (vv.18-19) y –finalmente- el criado de Eliseo, Guejazí, a diferencia de los otros criados, pide a Naamán aquello que Eliseo había rechazado (una recompensa por la curación) y en “castigo” se le “pega” a él la lepra de Naamán (vv.20-27). El relato, como se ve, tiene una serie de elementos que se han omitido para dejar solamente la curación en primer plano; pero veamos el texto y su marco:

Los vv.1-9, como se ha dicho, constituyen la introducción preparando el encuentro entre Naamán y Eliseo. Enterado de los temores del rey de Israel, Eliseo se decidirá a intervenir “para que sepa que hay un profeta en Israel” (v.8).

En vv.10-19 se produce la curación, o mejor dicho, la “purificación”; es interesante que si en la primera parte –vv.3.6.7- se habla de “curación”, en el cuerpo del relato se prefiere “limpieza” (vv.10.12.13.14) lo que subraya el sentido cultual, y el encuentro entre ambos. Esta tiene tres partes: objeción de Naamán a hacer lo que el profeta le encarga (vv.11-13), v.14, curación instantánea y vv.15-19 reacción y confesión de fe de Naamán.

Los vv.20-27 presentan la reacción negativa –y consecuencia- del criado de Eliseo, que contrasta claramente con los criados / esclavos de Naamán.

Hay un elemento que no puede dejarse de lado: Naamán es presentado como un “gran hombre”, importante, y que se mueve en “ambientes importantes”, lo que contrasta con el “mundo de los servidores / esclavos”. Cuando una “muchacha pequeña” esclava le habla a su mujer del profeta “que hay en Samaría”, Naamán se mueve en el horizonte de los hombres importantes: habla con el rey, éste se dirige al rey de Israel en términos oficiales, lo llena de regalos, una carta oficial, pero el poder de detiene aquí: no puede hacer nada frente a la enfermedad: “sólo Dios” da la muerte y la vida (v.7). El profeta, “hombre de Dios” (vv.8.14.15) “envió” a decir al rey (¿cómo se enteró?) “que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel”. Eran las palabras de la “muchacha joven”, pero saber que hay un profeta no era lo que Naamán buscaba sino su curación (“curación”, no “purificación”, ya que es un extranjero). Con toda su parafernalia (“sus caballos y su carro”) llega ante el profeta y este no le “da audiencia” sino que envía un emisario con el encargo de bañarse 7 veces en el Jordán, y “tu carne se volverá limpia” (el profeta sí piensa en “purificación”). El hombre importante, poderoso, se marcha indignado: las cosas no eran como él las pensaba. A su enojo, suma el desprecio por el Jordán: en Damasco hay ríos mejores (v.12). Nuevamente interviene el “mundo de los esclavos” que evitan el fracaso y hacen caso a lo dicho por el hombre de Dios. El gran hombre sale con la carne “de un muchacho joven” (ver v.2). El general, “supo que había un profeta”, y no se limita a agradecer la “curación” sino que confiesa a Yahvé y se proclama “siervo” esclavo de Eliseo (v.15.17[x2]) y siervo de Yahvé (v.18).

La reacción de Naamán es presentada como “conocimiento”, lo que contrasta la mala comprensión anterior (v.11). Naamán quiere recompensar a Eliseo por la curación, pero este se niega terminantemente (lo que causará la reacción negativa posterior de su criado). Eliseo quiere dejar claro que fue Dios y no él mismo el que obró la curación, y rechaza toda ofrenda. Entonces Naamán –ya que Dios está en la tierra de Israel- quiere llevar la carga de dos mulos de tierra para allí dar culto a Yahvé ya que “en toda la tierra no hay otro Dios” (v.15) y ya no ofrecerá holocaustos o culto sino a Yahvé (v.17). Él que antes había negado seriedad al rio de Israel, ahora pide –como esclavo (v.16)- llevarse tierra de ese lugar. Incluso pide perdón por adelantado al profeta de tener que postrarse en el templo de Rimmon (Hadad) cosa que deberá hacer por su cargo, pero adelanta que no lo hará por idolatría sino por “deber civil”, lo que el profeta manifiesta comprender diciéndole que “vaya en paz” (v.19); no hay idolatría en Naamán, el “hombre de Dios” mostró que “hay un profeta” y Yahvé fue “conocido”. 


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     2, 8-13

Resumen: En una suerte de testamento de Pablo se señala que su prisión no impide que el Evangelio siga siendo predicado ya que la solidaridad entre nuestro obrar –positivo o negativo- con Jesús es plena. Jesús sigue obrando y la Palabra no está encadenada aunque sí lo esté el ministro. 

El discípulo de Pablo se dirige a Timoteo, su “heredero” en la comunidad. Le pide que “recuerde”, que haga “memoria” de Jesús Cristo a quién destaca como resucitado. Y esto tiene que ver con su “Evangelio”, lo que “Pablo” ha predicado. En las cartas Pastorales, el Evangelio es presentado como “evangelio de la gloria de Dios” (1 Tim 1,11), pero que lleva al apóstol a sufrimientos de los que Timoteo debe ser solidario [synkakopatheô] (2 Tim 1,8) pero que destruye la muerte y hace irradiar vida e inmortalidad (2 Tim 1,10). Es posible que esta unidad (2,8-13) forme parte de una suerte de “testamento” que quiere legar a Timoteo la importancia de la enseñanza (2,1-7); el sufrimiento (2,8-13), y el enfrentamiento con los falsos maestros (2,14-3,16). Pablo está padeciendo por el Evangelio (v.9) y alienta a su amigo mostrando el valor del sufrimiento por el Evangelio. El poder de la resurrección (puesto delante de todo, incluso del nacimiento para resaltar su lugar) provoca –aun entre cadenas- que el Evangelio sea predicado. La palabra no está encadenada (v.9). es posible que el autor piense en que sus colaboradores continúen la predicación, pero la insistencia en la unidad de la solidaridad de Cristo y los cristianos, también puede anticipar lo que hemos llamado “la comunión de los santos”. Las mismas cadenas y sufrimiento paulinos tienen eficacia salvífica entre los suyos, los “elegidos” para su “salvación” en la “gloria eterna”.

Para justificar esa afirmación cita un himno primitivo quizás conocido por la comunidad. Pero lo hace introducido por la fórmula “pistós ho lógos” (es "un dicho creíble /confiable"). Hay una fórmula ligeramente semejante en Ap 21,5 y 22,6 pero así expresada se encuentra solamente en las cartas Pastorales (1,15; 3,1; 4,9; 2 Tim 2,11 y Ti 3,8); se ha sugerido que podría ser una suerte de catálogo o colección de dichos usados en catequesis. En el primero de los casos (1 Tim 1,15) se afirma que “Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores”, luego que si uno aspira a ser “epíscopo desea una noble función” (1 Tim 3,1; no ha de entenderse en sentido “episcopal” que sería anacrónico; y ha tenido y tiene consecuencias funestas de “carrerismo”); luego que “si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos la esperanza puesta en Dios vivo, Salvador de todos” (1 Tim 4,10), finalmente el epíscopo debe ser capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que la rechazan (Ti 3,8). Como se ve, se trata ya de una Iglesia más estructurada, con ministerios más organizados y una “doctrina” (= Evangelio) afirmada (y rechazada por los “falsos maestros”). Lo que aquí afirma es la plena solidaridad entre nuestra actitud y Jesús presentada en un himno que asegura que la unión con el sufrimiento de Cristo trae aparejada la participación en su resurrección. El sufrimiento unido al de Cristo actúa efectivamente en toda la comunidad (cf. 2 Cor 1,6; 4,10-12).con claro paralelismo. El himno pone de relieve la plena solidaridad entre Jesús y el creyente estableciendo la correlación entre “nosotros” y “él”.

La estructura es evidente:

[A] Si… con él, también… con él (v.11b)
[A’] Si… con él, también… con él (v.12a)
[B] Si... (algo negativo hacia “él”) pues él… (v.12b)
[B’] Si... (algo negativo hacia “él”) pues (él)… (v.13a)

Los dos primeros párrafos son ciertamente positivos (11b y 12a), mientras los dos segundos son alarmantes (12b y 13a).Las dos primeras notas remarcan la solidaridad con la unión del prefijo “con” (syn) al verbo vivir / reinar. Podría leerse literalmente:

si conmorimos, también con-vivimos / si resistimos, también conreinaremos”. 

La primera parte del verso es ciertamente paulina. “Si hemos muerto con Cristo (creemos que) también viviremos con él” se encuentra en Rom 6,8 (aunque no es literalmente idéntico ya que Pablo usa “si hemos muerto con Cristo” y no si “conmorimos”, pero si usa “con-vivir”).

La aclaración de que “no puede renegar de sí mismo” parece añadida al verso para explicarlo.

Lo importante, como puede verse es la estrecha solidaridad entre nuestro obrar y el de Cristo el cual –por otra parte- da sentido a la idea anterior: el Evangelio es predicado aunque “Pablo” esté entre cadenas (la Palabra, que no se encadena) por la fuerza de la resurrección que sigue operando en la comunidad por esa solidaridad profunda.




Evangelio según san Lucas     17, 11-19

Resumen: en un texto propio de su Evangelio, Lucas presenta una curación de diez leprosos. Diez son curados, pero sólo uno da gracias a Dios por ello siendo –una vez más en su Evangelio- que un extranjero es presentado como modelo de religiosidad.

A la curación de un leproso que se encuentra en Marcos y Lucas retoma en 5,12-16, añade de su propia fuente una nueva curación de leprosos. Aunque el esquema es semejante, con algunos cambios de orden, Lucas añade elementos que es necesario destacar.

Lucas 5
Lucas 17



12 Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que

11 Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea,
 12 y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia
12b al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo «Señor, si quieres, puedes limpiarme».
13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
14 Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».
14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».
13 El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra.
Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios.
15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz;
 16 y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano.
15 Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades.
17 Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»
 19 Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

La referencia a un lugar, el pedido del/los leproso/s, el postrarse en tierra, la referencia a la presentación a los sacerdotes, la curación presentada como “purificación”, y la reacción posterior son elementos comunes a ambos relatos. Veamos algunos elementos:

Como se ha señalado con frecuencia, una vez más Lucas insiste en el viaje a Jerusalén. El tema no debe descuidarse, y por eso insiste sobre el tema. Siendo que Jesús es presentado en cierto paralelo con Elías y Eliseo desde el discurso inaugural en la sinagoga de Nazaret (4,25-27), y que Jesús –con algunas palabras semejantes- resucita al hijo único de una viuda (7,11-17), como hizo Elías, la purificación de un leproso “extranjero”, como es el caso de Eliseo y Naamán, puede tener cierta intención en Lucas. 

La referencia geográfica a “los confines entre Samaría y Galilea” es extraña y ha hecho pensar que Lucas no conocía bien la geografía de la región. Sin duda la referencia a Samaría acompaña el hecho de que uno de los leprosos era samaritano, y –por otra parte- la insistencia en la ida a Jerusalén. 

Como corresponde a las prescripciones, los leprosos permanecen a distancia (Lev 13,45-46; Núm 5,2-3). El leproso debería “gritar” a la distancia que es “impuro” (Lev 13,45), pero en este caso, estos gritan pidiendo “compasión”. La frase que los leprosos le dirigen lo llama “epístates” (maestro [epístates en el NT sólo se encuentra en Lucas, 7 veces; mientras que “didáskalos” es más habitual, x12 en Mateo; x12 en Marcos; x17 en Lucas y x8 en Juan]; curiosamente, en este caso quien lo usa no es uno de los Doce, como ocurre en los restantes). Lo que le piden es que tenga “compasión” (eleéô), algo habitual en la piedad judía (Sal 41,5; 51,3-4; Is 33,2; en griego kyriê eleêson). El verbo no es tan frecuente en Lucas (x4) como en Mateo (x8; en Marcos x3), mientras el sustantivo sí lo es (Mateo x3; Marcos x0 y Lucas x6). El rico de la parábola en el lugar de tormento le pide “compasión” a Abraham (16,24) y dos veces, el ciego pide a Jesús “hijo de David, ten compasión de mi” (18,38.39). Esto supone una actitud activa hacia alguien que sufre; en casi todos los casos [en todos los casos en Lucas] se trata de un pedido del doliente. Es interesante que esta compasión tiene que ver con la visita de Dios a su pueblo (1,50.54.58.72.78) pero sin embargo los nueve curados miembros de su pueblo son los que no van a dar “gloria a Dios” por su curación.

A diferencia del otro relato de limpieza del leproso, en este caso ésta no ocurre frente a Jesús sino al retirarse para ir ante “la autoridad sanitaria” (= sacerdote; cf. Lev 14), pero esto es necesario para justificar la vuelta de solamente uno; por otra parte, el sólo hecho de ir, a fin de que el sacerdote constate la purificación ya indica la fe de los diez en que Jesús está obrando el milagro. El samaritano que vuelve ha reconocido que es Dios quien ha obrado ese milagro (vv.15.18), pero ha sido por mediación de Jesús. Es muy frecuente en Lucas la reacción de “glorificar a Dios” por parte de los beneficiados de milagros (Mt x2; Mc x1; Lc x8: 2,20; 5,25.26; 7,16; 13,13; 17,15; 18,43; 23,47; cf. Hch 4,21; 11,18; 13,48). “Dar gloria” es reconocer la intervención y presencia de Dios en un acontecimiento. 

La reacción del curado samaritano tiene varios elementos que merecen ser notados: “caer rostro en tierra” es una actitud reverencial ante Dios (Gen 17,3.17; 19,1; Lev 9,24; Num 16,22, etc.), pero también ante alguien importante (Gen 42,6; 44,14; 48,12; Rt 2,10; etc.). La referencia a estar “a los pies” –especialmente en Lucas- es la actitud del discípulo (7,39; 8,35.41; 10,39; Hch 22,3). Y este “da gracias” (eujaristôn). El término en Mateo y Marcos se encuentra sólo en un contexto “eucarístico”, Lucas añade una referencia al pan de la última cena (Mt y Mc la “acción de gracias” era sobre la copa), y también en la auto-alabanza del fariseo en la parábola (18,11). Pero el acento de todo este marco litúrgico está puesto en la conclusión: “¡era un samaritano!” (v.16). La frase sirve para destacar a la vez el rol de los extranjeros (Jesús lo llama “extranjero” expresamente; única vez que el término se encuentra en el NT; cf. Hch 10,28) y la ingratitud de los judíos, algo que Lucas destaca en su doble obra (ver, por ejemplo, la parábola del “Buen Samaritano”, 10,30-37; recordar que el samaritano es “el que tuvo compasión” [éleos]); Lucas da importancia a los samaritanos en su obra: 9,52; 10,33; 17,11; Hch 1,8; 8,1.5.9.14.25; 9,31; 15,3. La pregunta por la ausencia de los nueve restantes es simplemente una nota de tristeza: estos otros no vieron necesario dar gracias a Dios, “Dios siempre está con nosotros”, parece ser el presupuesto de los desagradecidos. Una vez más un extranjero samaritano es ejemplo de verdadero comportamiento religioso (en la parábola, ejemplo de amor; aquí, ejemplo de fe). El acento del relato no está puesto tanto en la curación obrada por Jesús (como en la primera curación de leproso) sino en la (no)respuesta dada por el/los beneficiado/s. Sin gratitud, la fe no es verdadera; se ha obrado el milagro pero no hay verdadera fe sin saber dar gracias a Dios por ello.

Tu fe te ha salvado” (v.19) ubica el texto en el contexto de la fe, que era tema del contexto (cf. 17,5-6). El dicho puede calificarse de “errante”, pero es curioso que en todos los casos (también en los restantes sinópticos) aquellos que manifiestan una fe que los ha salvado son siempre personas pertenecientes a grupos marginales: una mujer impura por hemorragias (Mc 5,34 / Mt 9,22 / Lc 8,48), un leproso samaritano (Lc 17,19), un mendigo ciego (Mc 10,52 / Lc 18,42), una prostituta (Lc 7,50).



sábado, 5 de octubre de 2019

Mi vida de cura y la villa 1-11-14


Mi vida de cura y la villa 1-11-14


Eduardo de la Serna



No me interesa hablar de mí, sino de “mis hermanos villeros”, aunque en este caso no sea con nombres y rostros. Pero no puedo dejar de reconocer cuánto influyó, en que yo sea el cura que soy, la villa “del Bajo Flores”, como la llamamos.

Antes de entrar al seminario yo había colaborado con Carlos Mugica en “la 31”. Nada importante, iba martes y jueves al apoyo escolar. Fue, más o menos, un año y medio (71 y 72, estando yo en 4to y 5to año del colegio secundario). Con frecuencia, además, iba a la villa los domingos a misa (allí conocí = vi de cerca, a Alberto Carbone, recién salido de la cárcel, y acompañado, en esa ocasión por Macuca Llorens). En el 74 entré al seminario. Con Carlos hablé unas 3 veces en ese entonces, incluso unas pocas semanas antes de su asesinato. Recuerdo como un dolor inmenso su crimen, al que en lo personal tengo que sumar que a los del año introductorio del Seminario no nos permitieron ir a su velatorio el lunes, en la villa. Los pobres, desde ese entonces, fueron el lugar desde el que quise siempre mirar mi servicio como cura.

Ya ordenado (81) los destinos a los que me enviaban los obispos eran cada vez más angustiantes. Del diaconado en barrio militar (81), tres años en Boedo, con un cura ausente, un año en Devoto y otro en Flores… mi entusiasmo por ser cura se iba apagando. No sé si la intención era domesticarme o directamente que me fuera. Fue por eso que en el 86 pedí venir a Quilmes, donde sigo hasta hoy, y donde ser cura me llena de alegría. Pero este es otro tema.

No recuerdo cómo ni por qué, pero en ese entonces me invitaron a participar los lunes por la mañana a las reuniones que se hacían en “el Bajo Flores”, reuniones de reflexión, de debates o de descanso. Alguna vez invitamos a alguien a que nos dé una mirada, y otras discutíamos entre nosotros la Iglesia, el País, la política… ¡la vida! Creo que las reuniones en la villa me permitieron sobrevivir el ministerio de cura en una situación pastoral que se me hacía insufrible. Obviamente recuerdo nombres de los curas, ¡muchos! aunque Rodolfo “Richar” Ricciardelli y Jorge Vernazza eran los anfitriones. De hecho, cuando vine a Quilmes (marzo del 87) seguí participando un buen tiempo, aunque ya mi situación eclesial era otra (recuerdo que un obispo auxiliar de Buenos Aires me preguntó cómo estaba y le dije: “Bien, porque antes era funcionario eclesiástico y ahora soy cura”). También recuerdo que en julio del 87 cuando fue el robo de las manos de Perón y la CGT organizó una misa de desagravio, que se hizo en la intersección de la 9 de Julio y Belgrano, que yo fui a la reunión con mi bombo y me dice Richar “- estábamos discutiendo si vamos o no vamos a la misa… Creo que tu opinión está clara”.

Como digo, no puedo hablar de “la villa” ni de “los villeros” del Bajo Flores. Otros lo pueden hacer con mucha autoridad. Eran épocas en las que nacía el que más tarde se llamó “grupo de curas en opción por los pobres” (86). El arzobispo de Buenos Aires todavía era el cardenal Aramburu. No existían los que, mucho más tarde, se llamarían los “curas villeros”, aunque sí existían curas en las villas (desde la época en la que además de Carlos, Rodolfo y Jorge, habría que sumar a Daniel de la Sierra, Jorge Goñi [ambos se fueron con “sus villas” a Quilmes cuando fueron desalojados por la Dictadura], Hector Botán y varios más). Después vino una oleada de curas que quisieron seguir sus pasos (fue en tiempos del cardenal Quarraccino). Y más tarde hubo una tercera oleada, ya en tiempos del cardenal Bergoglio, en la que sí nacen los llamados “curas villeros”, pero me parece entender que con criterios pastorales y eclesiales muy diferentes a los de los dos grupos anteriores (de hecho, creo que no queda casi ninguno de los de la “segunda oleada” en el actual grupo). Sin duda algo caminé la villa con Richar o con alguno, pero no demasiado. Pero sí escuché, aprendí, miré, gusté de Rodolfo y Jorge, y después de Ernesto, por ejemplo. La 1-11-14, la Villa del Bajo Flores, fue mi refugio, un lugar donde en tiempos, para mí muy difíciles eclesialmente, pude respirar, pude vivir.

Obvio que la Villa ya no es lo que era. Rodolfo está enterrado en la Iglesia de “Santa María Madre del Pueblo” (obviamente estuve en su entierro… ya no estaba en el Seminario prohibitivo). Hoy hay otros curas y experiencias. Pero es tanto el cariño y el recuerdo por la villa que no puedo más que detestar los comentarios despectivos, las miradas torvas y las palabras repugnantes de un candidato. Gracias Rodolfo, gracias Bajo Flores por enseñarme a ser cura.



Foto tomada de http://www.noticiasurbanas.com.ar/noticias/luego-de-17-anos-el-gobierno-porteno-sigue-sin-urbanizar-la-villa-1-11-14/

martes, 1 de octubre de 2019

Mi paisano me contó


Mi paisano me contó


Eduardo de la Serna



¡Qué linda se está poniendo nuestra Patria Grande! Los Medios de Comunicación ponen o deponen presidentes, el poder judicial se autopercibe como una suerte de divinidad, el Gran Ojo que todo lo ve, edifica muros para mirar a través de drones, y no tener a “esos” en casa; y manejar todo desde sus enviados y sus marionetas. Lejos, ¡eso sí! ¡bien lejos! Creo que lo llaman “embajadas”.

Con todo el apoyo de los poderes reales llegan a decir cosas como “la mejor prueba de que Lula es el dueño del departamento es que no figura como dueño… Así lo hace para esconderlo” como afirmó Deltan Dallagnol, el fiscal del Lava Jato, una ficción jurídica brasileña, sin que nadie se le riera en la cara (si ese es el criterio debo decir que ese departamento es mío… puesto que yo tampoco figuro). Y el actual presidente de ese gran país, que es Brasil, puede hacer ostentación pública de su ignorancia, intolerancia, y otras “cositas” más en las Naciones Unidas, o nombrando a su hijo embajador en los EEUU, donde podrá andar armado sin ser sospechado. El presidente de Colombia, en las mismas Naciones Unidas, dedica casi todo su discurso a hablar contra Venezuela (como si no tuviera temas graves “en casa”) y muestra como “evidencias” de la complicidad del régimen de Maduro con las guerrillas fotos totalmente viejas. El presidente de Ecuador, sin que se le vean los hilos que lo mueven, no sólo ha empobrecido a su pueblo haciendo acuerdos con el FMI, e incluso (prensa y jueces mediante), ha mostrado pseudo cuadernos que comprometerían a Rafael Correa… Y así podríamos seguir. Seguir. Y seguir.

La cosa es tan graciosa que en nuestra América del Sur ya tenemos dos presidentes encargados: Mercedes Aráoz y Juan Guaidó. Y acá tampoco nadie se ríe (“si no fueran tan temibles darían risa”, canta Serrat). Si hasta quisieron (quieren) reflotar el TIAR… ese instrumento inventado por “la Madre Patria”, cuando la amenaza soviética sobrevolaba estas tierras, para comprometer a todos los países de la OEA a ir en socorro del agredido por una nación extranjera. Claro que eso sólo ocurrió una vez: en la guerra de Malvinas, en la que una nación extranjera, Gran Bretaña, atacó a un país americano y parece que los EEUU olvidaron el TIAR (que no lo olvidaron hermanos como Perú o Venezuela) porque apoyaron clara y públicamente al invasor desentendiéndose del hermano “americano”. No se entiende, además luego de ese fracaso, cuál sería el agresor extranjero en este caso, a menos que Nicolás Maduro haya nacido en Kurdistán y no lo sabíamos.

Pero también hay otras cosas… en Uruguay el Frente Amplio, que no es lo que tantos soñamos pero conserva al menos un poco de dignidad, se retiró del TIAR, por ejemplo; en México después de años y más años de barbarie neoliberal hay un nuevo gobierno que, por lo que me dicen amigos mexicanos, es “amado por los pobres”. Y venimos nosotros, la Argentina… que parece que hemos decidido despertar y eyectar el macrismo, al que considero el peor gobierno de nuestra historia democrática (¡y hemos tenido malos!). Luces y sombras en nuestra tierra, para no perder el tiempo y aburrirnos. De lucha se trata, de soñar utopías y avanzar. Y seguir avanzando. Hay piedras en el camino (siempre las mismas, hay que reconocerlo; y tropezar tantas veces con la misma piedra ya no es propio del ser humano sino de los torpes… o los necios), pero con las piedras podemos tropezar y caer, o podemos utilizarlas para construir nuestra propia casa. Nuestra. ¿Aprenderemos?


Imagen tomada de https://culturacientifica.com/2015/05/20/el-mapa-dymaxion/