martes, 13 de enero de 2026

El ganado no se revela. La revolución puede esperar.

El ganado no se rebela. La revolución puede esperar.

Eduardo de la Serna



A modo ilustrativo, para una mejor comprensión, quiero comenzar contando una anécdota verdadera.

En una clase yo presentaba el personaje de María Magdalena; quería mostrar, con los datos de los que disponemos, por cierto, lo que sabemos de ella y, además, lo que los Evangelios caracterizan. Después de presentar todos los datos les dije, “- Como ven, María Magdalena ¡nunca fue prostituta!” Entonces, un estudiante acotó: “¡Sí! ¡era prostituta!” “¿De dónde sacás ese dato?”, le pregunté… “Lo vi en una película”, fue la respuesta.

Este hecho me permite una reflexión para nuestros tiempos. Afirmar que algo ocurrió o no, requiere datos, fuentes. Es el punto de partida indispensable sin el cual no se puede siquiera comenzar. Obvio que después viene el segundo paso que es la organización de los datos, su interpretación, Fulano dijo esto, cómo lo dijo, cuándo lo dijo, a quién lo dijo, por qué lo dijo, etc. Pero el punto de partida es que lo dijo, es el texto… ¡la fuente!

El problema de hoy es, para empezar, lo que se han llamado las Fake News, es decir, las noticias falsas. Dicen que dijo, lo que nunca dijo.  Y a esto se suma la llamada posverdad: es verdad lo que me gusta que lo sea. No importa si lo dijo, sino que me gusta que lo haya dicho, porque, puesto que lo odio, que lo haya dicho aumenta mi rencor, o, ya que lo aprecio, aumenta mi amor… Obviamente, el punto de partida es el “yo”, el individualismo, para ser exactos, el “me gusta” o no, mi amor o mi odio.

Ahora bien, ¿cuáles son las fuentes? Por supuesto, afirmar que alguien dijo algo de lo que no fuimos testigos, requiere la aceptación de “fuentes confiables”. Eso eran, antiguamente, los Medios de Comunicación Social (MCS), hoy al servicio de los poderosos. Yo no puedo saber, por ejemplo, que el Papa haya dicho tal o cual cosa, debo informarme, pero la fuente debe ser creíble. Pero si me informo con las “redes sociales” en las que cualquiera escribe cualquier cosa, y sale y se repite y repite y repite, pues lo recibo y ¿quiero creerlo? Entonces también yo la repito y me transformo en un engranaje del sistema. No importa si lo dijo o no, ¡me encanta (Like!) que lo haya dicho! Circulan cosas anónimas, un Fulano o Mengana dando una serie de datos inconstatables. ¿Fuentes? ¡Nada de eso! Las fuentes son X (ex Twitter), Facebook, Instagram o demás anónimos, sin fuente de seriedad alguna.

El gran biblista español Rafael Aguirre, hablando de los escritos sobre Jesús dice:

Se calcula que rn el siglo pasado se escribieron unos cien mil libros sobre Jesús de Nazaret, unos mil al año. Libros de lo más variado: novelas, unas más históricas y otras de pura ficción, libros espirituales, científicos con orientaciones diversas, algunos escritos por creyentes, otros beligerantemente en contra de la fe cristiana. Reflexión aparte merecería la increíble avalancha de informaciones sobre Jesús que circulan por Internet sin ningún filtro de calidad y de acceso sumamente fácil. (R. Aguirre, La memoria de Jesús y los cristianismos de los orígenes, Estella: Verbo Divino 2015, 71)

Ese es el punto: ningún filtro de calidad… de seriedad.

Ya Umberto Eco afirmaba que "El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad" y que “Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad” (16 de junio 2015; https://www.perfil.com/noticias/cultura/para-umberto-eco-las-redes-sociales-generan-una-invasion-de-imbeciles-20150616-0025.phtml). El problema, creo yo, radica, precisamente, en el daño “a la colectividad”.

Ahora bien (o, mal, para ser precisos), lo cierto es que nos vemos día a día inundados por “datos”, “informaciones”, “noticias” sin ningún filtro de calidad, ni de seriedad. Y las recibimos (y más de una vez, acríticamente, caemos en lo que estamos criticando, y repetimos, y reenviamos, y “me gusta”) … Lo que cuenta es el estímulo, no la verdad, la belleza y lo bueno, repitiendo a los platónicos. Actuamos por estímulo, no por amor, somos ganado en un corral en el que nos hemos encerrado “libre” y “voluntariamente”. ¡Fascinante manera de dominación a quienes se creen libres! ¡Viva la libertad!


Imagen tomada de https://www.contextoganadero.com/ganaderia-sostenible/el-corral-una-herramienta-clave-en-el-manejo-del-ganado

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