jueves, 8 de enero de 2026

La hija de Jefté

La hija de Jefté

Eduardo de la Serna




Hace tiempo hemos hablado de los jueces en general, mirando especialmente, a Gedeón. Hoy es bueno detenernos en algo importante. Como dijimos entonces, el esquema es el mismo en todos los casos: [1] el pueblo peca (sigue a los ídolos); [2] Dios los abandona y cae en manos de pueblos vecinos; [3] ante esta opresión, Israel “clama” a Dios y [4] Él manda un juez que los libera, hasta que todo vuelve a empezar.

Jefté, de él hablaremos, o mejor, de su hija, sigue el mismo esquema: los israelitas dieron culto a otros dioses (a 7 dioses; Jue 10,6) y entonces caen bajo el dominio de los amonitas (10,9). Cuando ellos “claman” en un primer momento, ofuscado, Dios les dice que los ha librado de 7 pueblos (10,11) y que puesto que no lo siguieron a él, que les pidan ayuda a esos dioses. Entonces sacaron todas las imágenes de los ídolos y dieron culto a Yahvé que, entonces, calmó su enojo (10,16). Así se prepara la batalla entre ambos pueblos y, es ahora que se nos presenta a Jefté. Las circunstancias son llamativas (pueden leerse en 11,1-11). Pero Jefté no es “trigo limpio”, él quiere poder, e incluso “chantajea” a Dios ofreciéndole un sacrificio a fin de lograrlo (“si me das… te daré…”, 11,30-31).

Como Dios se había comprometido a liberar a su pueblo, éste obtiene la victoria (11,32-33), pero eso no significa que Dios acepte el chantaje de Jefté.

Ahora bien, lo que Jefté ofreció a Dios es el sacrificio de “lo primero que salga a recibirme de mi casa cuando vuelva victorioso” (11,31). Sin embargo, “lo primero que saldrá” no será un cabrito o un cordero… en este caso, es su hija (única… no tenía más hijos ni hijas, v.34; lo que nos recuerda el hijo único de Abraham, Gen 22,1). Con panderetas y danzas celebran María, la hermana de Moisés, y muchas mujeres el paso del Mar Rojo (Ex 15,20); también, muchas mujeres con panderetas y danzas, celebran el triunfo militar de David (1 Sam 18,6). La diferencia aquí radica en que la que se expresa con bailes y panderos se trata de una mujer sola, la hija (que no recibe nombre en el relato).

Antes de avanzar un poco más veamos que es obvio que quien saldrá a recibirlo triunfante será una persona. La actitud totalmente patriarcal de Jefté lo hace sentirse señor de la vida de cualquiera que viva en “su” casa. Como es frecuente en estas actitudes patriarcales, Jefté manifiesta tristeza y dolor… pero por lo que “le ocurre a él”, no por su hija. De hecho, la responsabiliza a ella por haberlo celebrado: “¡Me has destrozado!... tú eres la causa de mi desdicha” (v.35).

Ahora toma la palabra, serena, la hija. Asume el compromiso de su padre, pero, también ella, pide algo. Pide ir 2 meses por los montes con sus amigas a llorar su virginidad (es decir, no haber dejado descendencia; v.37) a lo que, lacónicamente, el padre responde “ve” (la hija, solitaria, encuentra en sus amigas, la compañía adecuada). Dos veces más el texto insiste en la virginidad de la joven (por lo que, sabemos, era aún niña, vv.38.39). Pero esta niña, con la que luego Jefté cumple “el voto que había hecho” (v.39), de la que se supone no quedará descendencia, luego “engendra” una tradición entre “las chicas israelitas” (v.40): la memoria de la hija de Jefté queda viva entre las mujeres.

Es verdad que cuando se formula un voto, este debe cumplirse, cf. Num 30:3; Deut 23:22-24; pero también es sabido que los sacrificios humanos no son aceptados en Israel, 2 Re 16,3; 17,17; 21,6; Jer 7,31; Mi 6,7 y – para mejor precisión – están expresamente prohibidos: Dt 12,29-31; esto es algo que Dios considera abominable y detesta. No es eso lo que Dios quiere que se le ofrezca, evidentemente.

Jefté negoció con Dios y le puso él sus propias condiciones, e incluso – con dolor personal, pero no mirando a su hija – se comprometió a hacer (¡como si eso fuera algo que Dios quisiera!) algo abominable. Pero… pero Jefté fue triunfador en la guerra, y, entonces, con frecuencia Israel ha olvidado a la hija, y también lo que Dios quiere, y pareciera que Dios lo ha bendecido (cuando en realidad Dios ha actuado conmovido por el dolor de su pueblo, pero no aplaudiendo a Jefté). Siempre es bueno recordar que Dios bendice no al que hace su propia voluntad sino a quienes dejan que sea Dios mismo el que señale los caminos, que son siempre de vida.

 

Imagen tomada de https://arthive.com/es/williamblake/works/499507~Ilustraciones_de_la_Biblia_Jeft_se_encuentra_con_su_hija

 


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