martes, 25 de febrero de 2020

70 veces 7


70 veces 7


Eduardo de la Serna



Muchos creemos que Néstor fue el mejor presidente desde el regreso de la democracia. Con Cristina es fácil… fue la mejor presidenta (y también la peor ya que fue la única “presidenta”). Pero ciertamente, esto no es un “campeonato”, porque en todos se pueden señalar aciertos y errores (aunque me cueste encontrarlos supongo que algún acierto ha de haber habido en el gobierno de Macri. Por ahora no lo encuentro). Y si se pone el acento en un determinado tema, por ejemplo, y en ese tema resaltamos aciertos o errores, eso engrandecerá o empequeñecerá su figura. Pero ciertamente, al destacar todo un gobierno son decenas o cientos los temas que debieran señalarse, y siempre es fácil encontrar algún o muchos errores. Obviamente, la oposición apuntará en ese sentido. Son las reglas de la democracia.

Como el Imperio y sus sicarios tienen el monopolio (u oligopolio) de la palabra y el sentido, por ejemplo, han logrado concentrar el enfoque en una dirección desviando la atención en otra. El caso evidente es el término “corrupción” que se impuso en un solo sentido. Entre nosotros, concretamente, corrupción son los supuestos actos ilícitos de la “era K” por más que no haya prueba alguna, mientras se silencian los “ilícitos M” cuyas evidencias abundan (aunque, es evidente, deberá constatarlo y sentenciarlo un poder judicial que debiera ser independiente… es decir, ¡no éste!). Señalo esto porque, en pleno auge del “relato M” se sacaron imágenes de Néstor Kirchner de plazas, de Ecuador (con la complicidad traidora del jefe de gobierno… el mismo que volvió al FMI, el mismo que entregó a Julián Assange, el mismo que encontró una jueza (quizás sin glock) para montar el show…) y hasta intentando cambiar el nombre del excelente Centro Cultural al que, no pudiendo renombrar, se limitó a llamar “C.C.K.”

Debo decir que nunca vi a Néstor en mi vida. Cuando murió tuve que elegir entre ir a la plaza con amigos o ir a 6-7-8, donde había sido invitado. Opté por esto, fundamentalmente por la trascendencia, para poder decir algo y que tuviera una cierta repercusión. A Cristina presidenta sólo la vi en un acto público en homenaje a Carlos Mugica (2014), a Alfonsín, De la Rúa, Duhalde y Macri tampoco los vi jamás y a Alberto, tampoco. Lo que pretendo señalar con esto es que al celebrar hoy a Néstor por su cumpleaños no me mueve ser “un cuadro” político (aunque celebre la emergencia de “cuadros” y el descenso de otros). Lo que me mueve es eso de la memoria.

La memoria no se trata de simplemente “figurar” o “imaginar” a alguien o algo. La memoria es traer al presente a ese alguien o algo. Y traerlo al presente para que sea faro. Guía. Con gran sabiduría, los judíos no imaginan el pasado como algo que quedó atrás sino como algo que tienen delante. Porque es imprescindible para caminar.

Néstor asumió en un momento muy complejo. El congreso estaba vallado (como durante el macrismo, pienso) porque la gente cantaba “que no quede ni uno solo”. La economía estaba devastada (otra vez el macrismo me viene a la “memoria”), y en las elecciones ganó el menemismo (¡¡¡ el me-ne-mis-mooo!!!). Quizás los festejos de estos, en los que volvió a hacerse presente demasiado delincuente, sirvió para que todos los demás supieran que, mal que le pesara a los del Caños de entonces, Macri y Kirchner no eran lo mismo. Y Menem se bajó. Y Subió Néstor con el 22% de los votos. De construir poder se trataba (algo que muchos de la oposición suelen ser expertos en licuar… pienso en el radicalismo, concretamente). Empezar desde la pobreza era la tarea.

Pensar hoy en Néstor no es pretender lo mismo para nuestro presente. Porque no pasa lo mismo, no somos los mismos: aprendimos cosas, volvimos a tropezar por tercera vez con la misma piedra neoliberal, sabemos que “si entre ellos pelean los devoran los de afuera”, aunque entre esos hermanos unidos haya sapos y hasta escuerzos (siempre preferibles a los buitres de enfrente). Néstor tuvo a muchas, muchos y muches que lo acompañaron. Es de esperar que todes elles y cientos de otres sepamos, cada uno, una o une desde su lugar, poner lo máximo posible para que los días más felices vuelvan a ser para les pobres, los, las y les ancianes, niñes y todes los que fueron sistemáticamente victimizados por la perversión neoliberal que nos ha azotado. Como ocurrió también antes de Néstor. Quizás podamos aprender y dejar que el faro de su presidencia ilumine nuestro camino y el de todes los responsables.


Foto publicada por Florencia Kirchner en su cuenta https://www.instagram.com/florenciakf/?utm_source=ig_embed

Comentario cuaresma 1A

Todo listo para comenzar


DOMINGO DE CUARESMA – 1 “A”



Eduardo de la Serna

Las lecturas de Cuaresma –como todas las de los “tiempos fuertes”- siguen un esquema diferente a las lecturas de los tiempos “comunes”. En cierta manera, el esquema es “temático”, como se ve en las ofrecidas por la liturgia de hoy. El tema parece centrado en el “pecado” y cómo Cristo lo vence dando vida a la humanidad toda. Sin embargo, podemos afirmar que ese no es expresamente el tema de las lecturas bíblicas. Ciertamente los católico - romanos leemos las Escrituras pero también sabemos que la Tradición de la Iglesia las va releyendo aportando nuevos elementos  o nuevos pasos a nuestra fe; en ambos momentos reconocemos la presencia del Espíritu Santo que acompaña con su luz el caminar eclesial. Siendo la intención de los comentarios en este blog ayudar a ver lo que los textos dicen (pretendiendo ayudar a no hacer decir al texto lo que éste no dice) nos limitaremos al comentario bíblico, pero sabiendo que –especialmente sobre estos textos- se ve conveniente añadir otras lecturas.



Lectura del libro del Génesis     2, 7-9; 3, 1-7

Resumen: en un contexto mitológico, Dios –como artesano- coloca al hombre en un jardín y le da diferentes frutos como alimento. La tentación de la desmesura lleva al ser humano a pretender ser como Dios. A continuación, Dios comenzará un interrogatorio para luego determinar las sentencias.


El texto del Génesis que presenta al varón y la mujer (Gén 2-3) en el jardín tiene dos grandes partes. En la primera Dios forma al hombre (adam) de la arcilla del suelo (adamah) y soplando en sus narices aliento de vida (hi) el “hombre” resulto un ser “viviente” (nefes). Luego Dios planta un jardín y coloca allí al “hombre” haciendo brotar del suelo (adamah) todo tipo de árboles apetitosos. Y en el medio, un “árbol de la vida”  y el “árbol del conocimiento del bien y del mal”. 


El texto litúrgico salta todo lo que viene a continuación: el río de cuatro brazos, la búsqueda de una ayuda adecuada para el hombre, la prohibición de comer del árbol del conocimiento, la creación de la mujer y continúa directamente con el encuentro de la mujer con la serpiente, es decir, la segunda gran parte del relato que culmina con la expulsión del jardín. Sin duda la primera parte está puesta en el texto litúrgico para que se comprenda la escena que viene a continuación, la escena de la violación del mandato que prohibía comer del fruto del árbol. Veamos –sin embargo- algunos elementos de la primera parte antes de introducirnos brevemente en la segunda. 


Como en castellano, el hebreo “adam” (= hombre) puede referir a la especie humana (varón y mujer) o solamente al varón. En el texto tal como lo encontramos actualmente, parece que el “adam” creado refiere al varón, pero no se ha de excluir que el texto originalmente pretenda referir a ambos, y dejar para más adelante la disquisición de los “vivientes” (animales, varón-mujer). De hecho, el texto como se encuentra en la liturgia de hoy permite esta lectura ya que no alude a la creación de la mujer.


En este mismo sentido, es interesante notar que si bien en esta parte se refiere al hombre como “adam”, en v.23 pasa a hablar del varón como “is” y la mujer como “isah”, y con esos términos se referirá a ambos en la unidad siguiente en la liturgia. El juego de palabras de este versículo en hebreo es difícil de traducir en castellano; recientemente se ha propuesto “será llamada hembra porque del hombre fue tomada” o –por el contexto conyugal- “será llamada esposa porque del esposo fue tomada”. 


El marco literario se mueve evidentemente en el esquema de los mitos (basta con ver la actividad artesanal de Dios), en este sentido resulta inconveniente leer el “no comerás” (v.17) como un mandamiento. 


El árbol de la vida –que luego jugará un interesante papel en la literatura apocalíptica- no parece tener rol alguno en el relato hasta 3,22 dando razón a la expulsión del jardín. Por otra parte, el ambiente claramente campesino del texto invita a tener en cuenta el lugar como un campo (jardín, “gan”), y no como un “paraíso”, algo de lo que el relato no habla.


El capítulo 3 da comienzo a una nueva escena. El varón y la mujer ya están juntos en ese jardín. El esquema, en este contexto es forense: presentación del hecho (vv.1-7), interrogatorio (vv.9-13) y sentencia (vv.14-19) siguiendo en cada una un esquema inverso: serpiente – mujer – varón [vv.1.2.6]; varón – mujer – serpiente [vv. 9.13] y serpiente – mujer – varón [vv.14.16.17]. El texto de la liturgia sólo presenta la primera parte de estas tres.


Veamos algunos elementos:


El contexto mitológico nos permite encontrar con un animal parlante. De ninguna manera el texto está insinuando que “antes del pecado” la serpiente tenía patas y hablaba, ni tampoco que esta fue “poseída” por el diablo en esta ocasión. La serpiente es muy tenida en cuenta en el mundo antiguo, a veces en un sentido positivo (sabiduría… basta pensar en la serpiente en la vara de Galeno, imagen de la salud) o en sentido negativo (la serpiente roba a Guilgames la planta de la vida en el mito Babilónico de la creación). El cambio de piel, frecuente entre ciertos reptiles permite a este animal una serie de imágenes (renovación, nueva vida, desnudez). Esto es importante en la lectura integral del relato.


Lo que se afirma de la serpiente es que es astuta, prudente (‘rûm), más que todos los animales que Dios ha “hecho” (notar la insistencia en que es creada por Dios). Y ella comienza un diálogo con la mujer (isah). La pregunta de la serpiente lleva a la mujer a pretender “defender a Dios” ya que él no ha dicho lo que la serpiente afirma (“no comerán de ninguno de los árboles”), pero al “defender a Dios” la mujer exagera el dicho (“ni lo toquen”, es algo que Dios no había dicho). Esto da pie a la serpiente a replicar y –curiosamente- miradas aisladamente las tres cosas que dice serán verdad (vv.4-5): no morirán (de hecho no mueren, y hasta Dios debe evitar que vivan para siempre [3,22]), se les abren los ojos (3,7) y son como Dios conocedores del bien y el mal (3,22). 


Lo que la mujer ve del árbol también se expresa con tres cualidades: bueno para comer, deseable a la vista y excelente para lograr sabiduría. Sin duda el tercer elemento es el que se relaciona con el “conocimiento del bien y del mal”. La escena culmina con que la mujer comió, le dio al varón (is) que “también comió”. La escena culmina con que realmente “se les abren los ojos” a ambos, pero para descubrir que estaban desnudos (‘yrm). 


Como se dijo, a continuación el relato presenta los interrogatorios (al varón y la mujer, en el que cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente) y luego las sentencias [sobre esto hemos comentado algo en el texto del día de la Inmaculada Concepción].


Una breve nota final: la referencia a la serpiente y la desnudez (y notar la asonancia entre la “astucia” y la “desnudez”, ‘rûm y ‘yrm) nos invita a pensar en la importancia dada al culto a Astarté, a veces identificada con una serpiente, y ciertamente desnuda por ser diosa dela fecundidad. Por otra parte, lo llamativo es la desmesura del pretender “ser como Dios”, algo que cualquiera sabe que es imposible y soberbio. La desmesura de la humanidad, y la compasión de Dios es algo característico en los primeros capítulos del Génesis. Es muy probable que de esta manera el autor esté criticando decididamente a Salomón, alguien que ha pretendido conocer “el bien y el mal” (1 Re 3,9), y que fue quién introdujo la idolatría en Israel (1 Re 11,1-13), caracterizado por su desmesura (notar el tamaño del templo y el tamaño del palacio de Salomón, 1 Re 6,2 y 7,2). De todos modos, la idolatría es vista como la gran desviación del pueblo de Dios y lo que –a la larga- provocará la expulsión de la tierra. 




Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     5, 12-19

Resumen: en un doble contraste entre dos personajes únicos, Adán y Cristo y sus accionares contrastantes, ese obrar tuvo repercusiones –ciertamente también contrastantes- en “todos”. Pecado y gracia, muerte y vida se presentan como las consecuencias y como el presente por el cual los creyentes en Cristo han logrado vencer todo pecado y sus consecuencias.



Es muy probable que en el texto que la liturgia nos propone comience la segunda parte de la sección “teológica” de la carta a los Romanos. Pablo ha dedicado la primera a mostrar que “todos” (paganos y judíos) han pecado. Y puesto que todos han pecado, Dios tiene motivos suficientes para descargar sobre “todos” su ira, pero sin embargo, ha preferido descargar su “justicia” (= compasión, su cercanía y misericordia), y “todos” son hechos justos por la fe en Cristo. Luego de señalar esto, la carta empieza a mostrar los efectos que tienen sobre la humanidad esta “justicia por la fe”. La primera de estas consecuencias es que el creyente es liberado del pecado, y lo explica.


El texto presenta claramente un contraste antitético entre “un solo hombre” y otro “solo hombre”, y los efectos de la obra de uno y otro sobre “todos”. Veámoslo esquemáticamente:


“un solo hombre”
Adán
Cristo
Acción de ese hombre
Pecado | delito      | desobediencia
Gracia        | obediencia
Efectos sobre “todos
Muerte |condenación |  pecadores
Justificación | justos



El texto, como se ve está marcado por un doble contraste, por un lado entre Adán y Jesús (presentado aquí como una suerte de “anti-Adán”) y por otro lado entre “uno” y “todos”. Siendo Adán el “primero”, su accionar actúa sobre “todos”; siendo Cristo “el primer resucitado”, también su “gracia / obediencia” actúa sobre “todos”. El accionar del primer hombre está marcado por tres términos sinónimos: pecado, delito o desobediencia, mientras que el obrar de Cristo está marcado por los contrarios: gracia y obediencia. Obviamente, lo mismo ocurre con los efectos sobre “todos”. Muerte y vida son las antítesis fundamentales: “reinó la muerte”, “reinarán en vida” (v.17), “reinó el pecado” (pasado aoristo, un hecho puntual y concreto), “reinaría la gracia” (subjuntivo aoristo, también referido a un momento concreto; v.21).


El texto fundamentalmente pretende señalar la realidad superadora de Cristo, el pecado ya ha sido derrotado, ha perdido su capacidad de reinar. 


En v.12 el texto suele entenderse “ya que todos pecaron”, “por cuanto todos pecaron”… El griego utiliza una contracción “ef ’hô” que puede traducirse de diferentes maneras. La Iglesia católica romana ha tomado de aquí el tema del llamado “pecado original” especialmente a partir de san Agustín que lee de este modo a Pablo que a su vez relee Génesis. 


Este contraste entre dos “un solo hombre” no es sin embargo mero “positivo – negativo” ya que el hecho Cristo supera absolutamente el hecho Adán cosa expresada en la frase de v.20: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. 


La humanidad entera (“todos”) pecaron, pero por la “fe en Cristo”, ahora “todos” son hechos justos por Dios, todos tienen vida, reinan, y el pecado ha perdido ya y definitivamente toda su fuerza sobre “todos”.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     4, 1-11

Resumen: Con claras referencias y connotaciones al tiempo de Israel en el desierto 40 años, Jesús comienza su ministerio siendo tentado, pero –a diferencia de aquel- venciendo la tentación con la misma Palabra de Dios.



El texto de las llamadas “Tentaciones de Jesús” en el desierto tiene una doble versión en Marcos y en el texto Q. Mucho más breve el texto de Marcos señala simplemente que fue tentado cuarenta días, mientras Q las detalla como tres. La única nota omitida en Lucas (por lo que se puede pensar que estaba omitida en Q) es la conclusión de los ángeles que lo servían. Mateo, entonces, toma ambos relatos conformándolos según su propia teología. En el comentario del 1er domingo de Cuaresma del ciclo “C” hemos comentado el texto de Lucas. Veamos algunos elementos de este Evangelio. 


El Espíritu, que acaba de descender sobre Jesús en el Bautismo lo conduce al desierto donde será tentado por el diablo. El esquema de las tentaciones está estructurado en tres a las que Jesús responde con citas del libro del Deuteronomio. La referencia a este libro, al desierto y el número cuarenta remite claramente a los 40 años del pueblo de Dios en el desierto donde fue tentado pero –en este caso- sucumbió. Las tentaciones 2ª y 3ª están invertidas en Lucas, pero en general se afirma que fue el Tercer Evangelio el que lo ha hecho para concluir la escena en Jerusalén conforme su teología. 


Un elemento interesante es que mientras Lucas había señalado que Jesús en los 40 días “no comió nada”, Mateo lo califica de “ayuno”. El ayuno es un hecho religioso propio de la piedad judía, y que si es negado o cuestionado por Jesús en Marcos y Lucas (Mc 2,18-19; Lc 5,33-35) en Mateo es visto positivamente mientras no se realice “como los hipócritas”, es decir debe ser algo para Dios y no para que lo vean “los hombres” (Mt 6,16-18). Jesús, entonces, es presentado ayunando cuarenta días en el desierto. 


Las tentaciones se presentan como tres y la gravedad de las mismas va en aumento:


-       Convertir las piedras en pan

-       Tentar a Dios

-       Adorar al diablo


Como se dijo, las respuestas a las mismas son tomadas del libro del Deuteronomio:


-         -  «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» [el texto de Lucas solo pone la primera parte, probablemente Mateo la añadió]

-          -   «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios»

-          -   «…está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto»


A modo de síntesis podemos afirmar que en los mismos temas en los que el pueblo de Israel cayó en la tentación en el desierto, en los mismos Jesús resultó vencedor.


-       -     Tentación del alimento (y la consecuencia del maná; Éxodo 16; cf. Dt 8,3)

-       -     Tentar a Dios, como en Massah (Éxodo 17; cf. Dt 6,16)

-     -   Tentación de seguir otros dioses (Ex 23,32-33; 32,1-6 [becerro de oro]; cf. Dt 6,13; 10,20)


Las dos primeras tentaciones aluden a lo que ya sabemos por el bautismo donde la voz de Dios afirma que Jesús es “Hijo”: «Si eres hijo de Dios…» (vv.3.6); ambas suponen por un lado que Dios se ocupa de alimentar a su Hijo o de cuidarlo y protegerlo ante una caída; la tercera ciertamente no lo diría porque un hijo de Dios no se postraría para adorar al diablo, la tentación es darle “los reinos y su gloria” (v.8). Es de notar que la frase “apártate, Satanás” es idéntica a la que Jesús dice a Pedro (16,23).


Jesús, que se presenta como religioso desde el comienzo (ayuna) y está conducido por el espíritu, puede vencer con la palabra de Dios las tentaciones que se le presentan al comienzo de su ministerio. 


El “servicio” de los ángeles es muy probable que aluda a que (como a Elías, 1 Re 19,5-8 un ángel lo alimenta en los 40 días en el desierto) ahora sí Dios se ocupe de la comida de su hijo. Por otro lado, los ángeles que Jesús no llamó en la segunda tentación rechazando un mesianismo espectacular (v.6) ahora sí se hacen presentes. En un nuevo principio (como a Adán, “los ángeles lo servían” [Apocalipsis griego de Esdras 2]) Jesús ahora está listo para empezar a predicar y anunciar la Buena Noticia.




Fotografía tomada de www.flickr.com

sábado, 22 de febrero de 2020

El temor como contrario al amor


El temor como contrario al amor


Eduardo de la Serna




No logro entender algunas lógicas.

  • El 13 de febrero de 1976 el cura Pancho Soares fue asesinado a balazos en su casilla en Carupá (Provincia de Buenos Aires). El que fue su obispo decía: “cuando murió Pancho…”
  • El 11 de mayo de 1998, al conmemorarse los 25 años del asesinato de Carlos Mugica (ciudad de Buenos Aires), el obispo al predicar, aludió a su muerte y a su trabajo con universitarios y vocación misionera.
  • El 24 de mayo de 2015 se celebró la beatificación de monseñor Oscar Romero. El prescindible cardenal Amato, en la homilía, habló de que “a Romero lo encontró la muerte” y que falleció por “una bala traidora”.
  • El 21 de febrero de 2020 la arquidiócesis de El Salvador informa que serán beatificados Rutilio Grande y sus compañeros a los que “sorprendió la muerte martirial”.


¿Por qué esa negación? ¿Será el miedo a “la grieta”? ¿Son posibles los martirios sin martirizadores? ¿Cuál es el miedo a decir claramente que hay uno o varios responsables? Estos importantes eclesiásticos… ¿sacarían el “padeció bajo el poder de Poncio Pilato” del Credo?

Pero me pregunto si todo esto no se mueve en la misma lógica de la actitud de barrer bajo la alfombra en los casos de pederastia. Cajonear denuncias, cambiar de parroquia o de diócesis a los denunciados. El tema parece, una vez más, esconder el conflicto.

Y ¿cuál es el temor al conflicto? ¿Dejará de haber asesinos o pederastas si no los vemos o los negamos? Ciertamente no; sólo los niños jugando creen que si se tapan los ojos el mundo no existe. Pero si algo es interesante notar es que el temor no deja lugar al amor. Al amor comprometido y militante, al amor que enfrenta cara a cara el conflicto. Al amor capaz de arriesgar la vida por aquellos que ama. No está mal recordar lo que dice la primera carta llamada de Juan:

Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tuvo. Dios es amor: quien conserva el amor permanece con Dios y Dios con él. El amor llegará en nosotros a su perfección si somos en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el día del juicio. En el amor no cabe el temor, antes bien, el amor desaloja el temor. Porque el temor se refiere al castigo, y quien teme no ha alcanzado un amor perfecto. Nosotros amamos porque él nos amó primero. Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; porque si no ama al hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y el mandato que nos dio es que quien ama a Dios ame también a su hermano. (1 Jn. 4:16-21)

No hay cabida para el temor allí donde hay amor. Amor que se arriesga hasta dar la vida (no hay amor más grande que ese, dice Jesús), amor como el que en su vida manifestaron Pancho, Carlos, Óscar, Rutilio y sus compañeros. Amor disimulado en el temor a “no quedar bien”, a “aumentar el conflicto” (como si reconocerlos como mártires no lo hiciera). Temor que pretende y pretenderá domesticarlos, para que “no molesten”. Por suerte para todos (o casi) los mártires molestan y seguirán molestando, y su sangre de amor derramado no deja cabida al temor. Los asesinos seguirán sin ser mencionados, pero seguirán incluidos al hablar de mártires. Y el temor eclesiástico seguirá silenciando a aquellos asesinos, sean sectores de la policía bonaerense, Rodolfo Almirón y la Triple A, Roberto D’Abuisson y su gente, Julio Sánchez y otros de la Guardia Nacional o Domingo Monterrosa y el batallón Atlacatl (el Mozote, y luego los Jesuitas…), pero, aunque sean silenciados o escondidos detrás de “muertes sorprendentes”, el amor, que es militancia y compromiso, no queda silenciado. Son los mártires, es el amor, no los eclesiásticos prudentes, no el temor, el que es “semilla de cristianos”.

Nota: aquí quise centrarme en el tema actual de Rutilio. Y podría hacerse una larga lista de otras "negaciones". La negativa a aceptar el martirio de Angelelli disfrazado de accidente automovilístico aceptado por la mayoría episcopal es un ejemplo más que evidente de esto.


Foto tomada de https://www.facebook.com/martiressv/photos/12-de-marzo-del-a%C3%B1o-1977-mataron-al-padre-rutilio-grande-cuando-iba-camino-al-pa/1664668647120263/

viernes, 21 de febrero de 2020

La paciencia… ¿“todo lo alcanza”?


La paciencia… ¿“todo lo alcanza”?


Eduardo de la Serna



Como se sabe, una pregunta muy frecuente en la historia antigua, y de difícil respuesta aceptable de un modo global, es el por qué del crecimiento de la Iglesia cristiana, especialmente en los primeros siglos. ¿Cómo logra un grupo marginal, de una región marginal, con una religiosidad marginal llegar a ser en relativamente poco tiempo, la religión oficial del Imperio Romano? Hemos escuchado decenas de respuestas infantiles o caricaturescas que no resisten el menor análisis: hablar del “poder”, de “casamiento con el estado”, o de astucia casi maligna resulta, por lo menos anacrónico. Otros recurren a respuestas no menos difusas: la presencia del Espíritu Santo, la voluntad de Dios y su gracia. Algo, por un lado imposible de mensurar con categorías históricas, y además cuestionables teológicamente como si Dios fuera una suerte de “titiritero” de la historia. No seré yo quien discuta la presencia del Espíritu de Dios, pero éste actúa en las causas reales de la historia (“la gracia supone la naturaleza” dice un viejo adagio teológico). Y estas son las que cuentan.

Intentando dar una respuesta aceptable a esto, recientemente Alan Kreider ha publicado su obra: “La Paciencia. El sorprendente fermento del cristianismo en el Imperio Romano”; ed. Sígueme, Salamanca 2017 [original inglés de 2016]. Este cristiano menonita de los EEUU ha publicado esta obra que él, ya jubilado, afirma que reúne “mis conocimientos sobre el cristianismo primitivo”.

En esta obra sostiene que hay una serie de elementos fundamentales que dan razón al crecimiento: en primer lugar, la paciencia, en segundo lugar, el habitus (entendido en el sentido de Pierre Bourdieu) que constituye un fermento en el seno de la sociedad, y luego, como emergencia de esto, la catequesis y el culto (centrado en el bautismo, la eucaristía y los sermones y oraciones comunes). Concluye con dos personajes fundamentales en la emergencia: Constantino y Agustín.

Al hablar de la Paciencia, como el mismo título lo indica (porque será un tema que atraviesa toda la obra [en inglés es The Patient Ferment of the Early Church]), no se detiene solamente en la práctica de la “virtud de la paciencia”, sino en la teorización de la misma. Esta no era tenida como algo valioso en el mundo greco romano, pero – sin embargo – sí es valorada y teologizada desde el principio como se ve en los escritos de diferentes cristianos de muy distintas regiones: Justino, Clemente, Orígenes, Tertuliano, Cipriano, Lactancio… hasta el punto que decir que es “la” virtud por excelencia, la más importante, puesto que “Dios es paciente”. Con matices entre ellos, afirma Kreider, tienen en común que la paciencia es una cualidad que se referencia al mismo Dios y se hace visible en Jesús. Es algo que escapa al control humano y, como es evidente, no tiene apuro, no es convencional, no es violenta (tiene una estrechísima relación con la paz), promueve la libertad religiosa y se nutre de la esperanza. Muy lejos está de una supuesta cualidad estoica como la que le atribuyen a la célebre oración de Teresa de Ávila: la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta ¡sólo Dios basta! No se trata de esfuerzo, autodominio, sacrificio, sino de algo que remite siempre a Dios.

Sin duda hoy, la categoría “paciencia” está cargada de nuevos y variados elementos, matices (positivos y no tanto) … Hay muchas cualidades que las miramos antropocéntricamente. Y no es malo señalar la diferencia, simplemente para evitar confusiones. Por ejemplo, yo puedo ser “de poca fe” con ciertas personas, o tener o no esperanza en determinados movimientos históricos. Pero cuando hablamos cristianamente de “esperanza” hablamos de una esperanza puesta en Dios, no en las personas. Pero este Dios, que no es “titiritero”, es uno que actúa en la historia, allí se manifiesta (lo que ciertamente no significa que lo que ocurre en la historia sea necesariamente querido por Dios, por ejemplo). En este caso, entonces, hablar de paciencia, no debería por un lado entenderse desde una perspectiva meramente humana (tener paciencia en los procesos históricos), pero tampoco desde una perspectiva dualista. El Dios en el que creemos (el Dios paciente que actúa en Jesús, para seguir con lo señalado en el libro) actúa en la historia (teológicamente lo llamamos “encarnación”). Eso no implica caer en la ingenuidad de creer que debemos ser pacientes y permitir que fermente “la cizaña” y no “el trigo”. El habitus debe acompañar esta paciencia, porque se nutre de ella y se vive en la vida cotidiana. Pero es característico de la “impaciencia” pretender controlar el cambio, acelerar los ritmos (Constantino) mientras la paciencia tiene adelante el horizonte (esperanza), no tiene apuro, pero sí un habitus, cargado de paz, que es fermento para el crecimiento.

No está mal para pensarlo en estos tiempos donde parece haber tanto impaciente dando vueltas.


martes, 18 de febrero de 2020

Comentario domingo 7A

Llevar a la perfección en el amor la vida nos conduce a la paz

TIEMPO DURANTE EL AÑO – 7 "A"
 
Eduardo de la Serna





Lectura del libro del Levítico     19, 1-2. 17-18

Resumen: Después de aclarar que el pueblo judío es “separado” para Dios (= santo) lo ejemplifica con el amor, y la actitud de rechazar la venganza.


El escrito claramente sacerdotal del Levítico invita a los miembros del Pueblo de Dios a tener una actitud coherente con sus “hermanos” (= miembros de la comunidad; miembros del Pueblo de Dios, “compatriotas”). La santidad a la que hace referencia aquí, y en otras partes implica la separación de todo lo “profano”.

Una nota sobre la santidad bíblica. El término “santo” tiene entre nosotros una connotación ética (suele ser lo contrario de “pecador”), pero en el ambiente antiguo la connotación es ritual (es lo contrario de “profano”). Así, algo o alguien es “santo” en cuanto ha sido “separado” para Dios; para lo cual suele ser necesario una serie de gestos o actitudes rituales. El pueblo de Israel es (debe ser) santo por cuanto Dios lo ha separado para sí de entre los demás pueblos. Y por ello debe tener actitudes (rituales, como por ejemplo en la alimentación, en las uniones matrimoniales) de separación con respecto a “los demás”.

Después del mandato a “ser santo”, el texto presenta una serie de normativas que lo hacen práctico. El texto –ilustrando así el Evangelio- señala cómo debe comportarse un “santo” con otro "hermano".

Como se ve en el pasaje, hay tres palabras que son sinónimas en esta unidad: hermanos, prójimo y compatriotaNo odiar, no ser vengativo y amar también son en cierto modo paralelas. Es la actitud que Dios espera de un judío para con otro.


Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     3, 16-23

Resumen: Pablo empieza a concluir su discurso sobre la verdadera sabiduría que nace en la cruz y la debilidad. Y es fundada sobre Cristo y la cruz que la verdadera sabiduría es constructiva y nos conduce a Dios.


Con imágenes campesinas (plantación, v.6) y urbanas (arquitecto, v.10) Pablo habla de la comunidad como campo o construcción (v.9) “de Dios”. Profundizando esta última, Pablo despliega una serie de metáforas (cimiento, construcción, materiales, vv.10-12). Con el acento puesto en la resistencia  (vv.13-14) o su falta de la misma (v.15). Esa obra (“ustedes”) es “Santuario de Dios” (v.16) del que se espera que no sea “destruido” (v.17), es decir, que resista. 

La construcción “¿ustedes no saben?” es frecuente de modo retórico en toda la carta  (5,6; 6,2.3.9.15.16.19; 9,13.24) y supone una respuesta positiva, es decir, ¡sí que lo saben! (seguramente porque Pablo mismo lo ha predicado en la comunidad). El templo se refiere en este caso a la comunidad toda (cf. 2 Cor 6,16). La importancia dada al Templo por el judaísmo de su tiempo era central; incluso los hipercríticos de Qumrán se ven a sí mismos como templo, debido a que rechazaban el sacerdocio de su tiempo (se veían como poseedores del verdadero sacerdocio): 

“… el consejo de la comunidad será establecido en verdad como una plantación eterna, una casa santa para Israel y el fundamento del santo de los santos para Aarón, testigos verdaderos para el juicio y escogidos de la voluntad de Dios para expiar por la tierra y para devolver a los impíos su retribución. Ella será la muralla probada, la piedra angular preciosa cuyos fundamentos no vacilarán y no temblarán en su lugar. Será residencia santísima para Aarón con conocimiento eterno de la alianza de justicia y para ofrecer un olor agradable; y será una casa de perfección y verdad en Israel…” (1QS [Regla de la comunidad de Qumrán] 8,5-9)

El tema será profundizado en la siguiente generación cristiana (Efesios, 1 Pedro; aunque en 1 Cor 6,19 es utilizada en sentido individual). El templo es morada de Dios.

Con la imagen de la destrucción, Pablo sigue lo que había destacado en los vv. anteriores. La imagen podría traducirse “si alguno arruina el templo, Dios lo llevará a la ruina” (v.17). 

La comunidad debe ser “santa” (cf. 1,2), por ser templo. El uso del término “santos” (hagios) en Pablo tiene una serie de matices interesantes a tener en cuenta para el sentido habitual en los escritos judíos. Pablo con frecuencia habla de los “cristianos” (palabra que nunca utiliza) como de “los santos” (Rom 8,27; 12,13; 15,25…; 1 Cor 6,1; 16,1.15; 2 Cor 1,1; 8,4; 9,1…), hay una relación de “santificación” a partir del bautismo (1 Cor 6,11), y ser “santos” es una “vocación” (Rom 1,7; 1 Cor 1,2). Pero una vocación en el mundo en el que la comunidad vive. En medio de ella, los cristianos están llamados a ser luz para los demás pueblos, a dar testimonio de su vida a fin de “seducir” a los demás a incorporarse a la comunidad de los santos (cf. 1 Cor 7,14; Rom 15,16; 1 Tes 5,23). 

En vv.18-23 Pablo da una primera clausura al tema que viene desarrollando desde 1,10 citando incluso textos sapienciales (Job 5,13; Sal 93,11 [LXX]) que remiten a Is 24,19 al que hizo referencia en 1,19 dando de ese modo un cierre con una inclusión destacando la fragilidad de la sabiduría humana (la semana pasada hemos dicho que las citas bíblicas de toda esta unidad 1-4 no son textos exactos, y pueden provenir de un “ramillete”, o haber sido adaptadas por el mismo Pablo para su intención retórica). Muchos de los temas como “sabiduría”, “necedad”, “este mundo”, etc… los encontrábamos en ese contexto (remitimos a lo dicho entonces domingos pasados), lo mismo que la referencia a los tres grupos de Pablo, Apolo y Cefas (obviamente no incluye en este punto al grupo de Cristo porque hará referencia a Cristo a continuación). 

En este marco, Pablo urge a los corintios a no jactarse (término muy importante en las cartas a esta comunidad; obviamente porque lo hacían) de la capacidad de cada uno de sus líderes, y lo hace con un dicho probablemente popular –y quizás usado por los corintios mismos- “todo es nuestro”, pero aclarándoles que ellos “pertenecen a Cristo” (1,30; 6,20; 7,23).

Hemos señalado que, especialmente en las cartas a los corintios, el verbo “jactarse” (kaujáomai) es importante. La clave radica en o de qué cosas una persona o un grupo se jacta. Jactarse de la propia fuerza, de las capacidades, de uno mismo es sin duda necedad. Es “inflarse” como un pavo (“pavonearse”). En cambio, jactarse por la obra de Dios en uno mismo, no poniendo en nosotros la capacidad sino en la gracia, es “glorificarse”, porque en eso se da gloria a Dios. Jactarse en la gracia, la cruz, el don de Dios, lleva a que sea Dios mismo el que “aparece” a los ojos de los demás. “Jactarse” por la pertenencia a un grupo, por la predicación / sabiduría “de este mundo” no lleva a Dios, sino a uno mismo y es algo sin sentido alguno, de allí la conclusión: “el que se jacte, que se jacte en el Señor” (1 Cor 1,31 // 2 Cor 10,17).


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 38-48

Resumen: Las restantes dos antítesis comenzadas la semana pasada invitan a ir a la raíz del amor quebrando de ese modo todo espiral de violencia. Desarmar al violento con la no violencia, y amar a los enemigos muestra que la propuesta de Jesús quiere ir al corazón de la Ley haciendo que de ese modo los discípulos de Jesús se asemejen a Dios en sus actitudes.


Como pudimos ver en el Evangelio del domingo pasado, Mateo presenta en esta parte del Sermón de la Montaña una serie de “antítesis” que tienen el mismo esquema: “han oído que se dijo… pero yo les digo”. En ellas –a modo de ejemplo- presenta una superación de los mandamientos antiguos. De ninguna manera los declara abolidos, sino que los supera yendo a la misma raíz. Así los destinatarios del Sermón pueden llevar a plenitud la ley, cumpliéndola más que los que más la cumplen. Es de este modo que pueden “ser perfectos” (v.48). Cuatro de estas antítesis eran la lectura del Evangelio del domingo pasado, y hoy se leen las restantes dos. Hay que tener en cuenta lo dicho entonces; solamente anotaremos algunos elementos propios de estas.

El famoso dicho “ojo por ojo, diente por diente” había sido un gran logro de la antigüedad para evitar el espiral interminable de la venganza. El sentido era que a quién te ha roto un diente, deberás romperle un diente, no más. Es la conocida “Ley del Talión” (de “tal cual”, se sanciona tal como fue el daño) que se encuentra en varios escritos de Medio Oriente. 

Si un hombre libre vació el ojo de un hijo de hombre libre, se vaciará su ojo.
Si quebró un hueso de un hombre, se quebrará su hueso.
Si vació el ojo un campesino o roto el hueso de un campesino, pagará una mina de plata.
Si vació el ojo de un esclavo de hombre libre o si rompió el hueso de un esclavo de hombre libre, pagará la mitad de su precio.
Si un hombre libre arrancó un diente a otro hombre libre, su igual, se le arrancará su diente.
Si arrancó el diente de un campesino, pagará un tercio de mina de plata. (Código de Hammurabi [1800 a.C.], leyes 196-201)

Sin embargo, esto no implica que –más allá de su buena intención- esta “Ley” escondiera una cuota importante de venganza o que diera cabida a ella. Precisamente por ello, no es cuestión de buenas o razonables leyes, sino de ir “al corazón”, y para ello el Jesús de Mateo propone quebrar el espiral de la violencia. Con sensatez se ha dicho que la “no violencia” resulta “violenta” para el que la recibe por respuesta. Violenta porque lo desarma y lo deja sin argumento.

En un mismo carril debe entenderse la última antítesis de “amar a los enemigos”. Propiamente, ningún texto bíblico afirma que se ha de “odiar al enemigo”, pero así podían entenderse más de un texto; por otro lado, como puede verse en Lc 14,26 (ver Mt 10,37) “odiar” parece un semitismo usado en el sentido de “no es obligación amar a...”, o “no amar tanto como” [aunque algunos escritos judíos tardíos, como los Salmos de Salomón, o escritos de Qumrán invitan a los “hijos de la luz” a “odiar a los hijos de las tinieblas” (Regla 1,1); cf. Sal 138,19-22]. 

Es importante entender –para saber a qué refiere Mateo- que en general “prójimo” es el miembro de la comunidad, el judío, mientras que –y especialmente es visible en el contexto de Mateo, el enemigo se entiende el grupo perseguidor (5,10.44; 10,22; 24,9). Esos tales, que aman a los enemigos y perseguidores, “serán hijos de Dios” porque lo imitarán en su actitud de dar el sol y la lluvia sobre buenos y malos. Pero no ha de descuidarse que el amor no es “individual” (o a los “cercanos”) sino colectivo y concreto. Colectivo en cuanto que se dirige a todos, no solamente a los “de la casa”, o del clan, ya que eso es algo frecuente a todos, eso lo hacen también publicanos y paganos; y concreto, porque se manifiesta en obras concretas de amor, no en mero sentimiento o buenas intenciones.

Es a esto a lo que se refiere el “ser perfecto” (cf. Dt 18,13; Lev 19,2; 1 Pe 1,16): es una entrega absoluta a Dios (notar que no se refiere a una “perfección” metafísica o ética). El que obra de esta manera (la expresada en todas las antítesis a modo de ejemplo), ese tal ha llevado a la perfección lo que Dios pretende en la Ley (es en este sentido que hay que entender la frase de Jesús -solamente en Mateo- al “joven rico”, “si quieres ser perfecto”, 19,21: “si quieres llevar a la perfección las cosas de Dios”). No es la “perfección” griega por la que algo es perfecto cuando es igual a su modelo, sino la “perfección” hebrea en la que algo es perfecto cuando es como debiera, en este caso, Dios es perfecto cuando es Padre, ustedes serán perfectos cuando sean hermanos y hermanas.

“…a fin de que se conduzcan delante de Él de manera perfecta, según todas las revelaciones relativas a las fiestas reglamentadas”. (1QS 1,8-9)
“…instruirá a los justos en el conocimiento del Altísimo y enseñará la sabiduría del Hijo del cielo a los que siguen el camino de la perfección porque Dios los ha elegido para la alianza eterna y a ellos pertenecerá toda la gloria del hombre” (1QS 4,22-23).

Una nota sobre “sean… como Dios. La fórmula se encuentra con frecuencia en el libro del Levítico: “sean santos como Dios es santo” (11,44.45; 19,2; 20,7.26; 21,6), sin embargo nunca se encuentra en Jesús. Sólo encontramos dos veces una formulación semejante, pero no aplicada a la “santidad”. Aquí, Mt 5,48 se nos invita a ser “perfectos”, es decir, llevar a la perfección la ley viviéndola en su sentido y plenitud, en el amor; y en Lc 6,36 se nos invita a “ser misericordiosos como el Padre”. La “santidad” bíblica invita a “separarse” de todo para ser exclusivamente “de Dios”; por el contrario, Jesús invita a “aproximarse” a los demás en la misericordia o en el amor.

viernes, 14 de febrero de 2020

La Iglesia, el sueño de Jesús


La Iglesia, el sueño de Jesús

Eduardo de la Serna



No es fácil hablar de “la Iglesia”. Para empezar, porque la “verdadera Iglesia” es ambigua. Es la que es, con sus maravillas y miserias. Por aquello de que “la única verdad es la realidad”, la verdadera Iglesia es “esta”. Con pederastas, amigos del poder, cómplices de genocidios, aburguesamiento y parte del status quo, y a su vez con misioneros incansables, catequistas consagradas y consagrados a las comunidades, arriesgados y osados ministros y ministras, mártires y testigos ejemplares. Todo eso, ¡todo!, no uno solo, no lo otro, es la “verdadera Iglesia”. Pero a su vez, si pretendemos discernir (como es bueno hacer) lo bueno de lo malo, sacar la escoria para que resplandezca “la verdad”, la Iglesia de verdad es la que es fiel al sueño de Jesús, la que da respuesta a los gozos y esperanzas, lágrimas y clamores de la humanidad de nuestro tiempo y espacio. Esta también es la “verdadera Iglesia”. Para entendernos, entonces, es importante entender, a qué nos referimos con “verdad / verdadera”.

Habitualmente, salvo muy contadas excepciones, en los medios de comunicación, al hablar de la Iglesia, se lo hace desde otro lugar y, haciendo un análisis desde un esquema político que parcializa y limita totalmente cualquier comentario. Es por eso que, habitualmente cuando se habla de “la Iglesia” se suele hablar del Papa o de los obispos, cosa que ninguna sana “eclesiología” afirmaría.

También es cierto que muchas veces, al interno mismo de la Iglesia, se hacen comentarios o pseudo-análisis pobres y empobrecedores. La pereza intelectual es bastante más frecuente de lo que debiera. Pensar la Iglesia como una institución jurídica (aunque como cualquier instituto vivo precise estructuración y organicidad, por cierto), como algo “firmado y sellado” por Jesús, recurriendo a semi versículos en lecturas que la misma Iglesia oficialmente rechaza. Afirmar que Jesús quiso una Iglesia porque dice “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” o que quiso el sacerdocio porque dijo “hagan esto en memoria mía” resulta, por lo menos grotesco, si no absurdo. Y que se me entienda bien: creo que la Iglesia se ha de fundar en Jesús y que él mismo dio cabida a diversos ministerios. Simplemente rechazo que se entienda que “con la fórmula tal, Jesús instituyó esto o lo otro”.

Con frecuencia, y hace referencia a lo que señalaba de los Medios de comunicación y la Iglesia, se suele presentar al Papa como “jefe de la Iglesia” o al Cardenal tal como “jefe de la Iglesia” de tal lugar… En lenguaje eclesial, hay que decir que la Iglesia sólo tiene “un jefe”, que es el Espíritu Santo, a quien con frecuencia se lo llama el “alma de la Iglesia”. Sin el Espíritu, la Iglesia es un cadáver, un cuerpo inanimado. Por eso, la eterna tarea eclesial es “discernir” qué, por dónde, cómo inspira el Espíritu en nuestro tiempo y lugar a su comunidad. Pretender atar, o extinguir, el espíritu, es algo que ocurre, ocurrió y ocurrirá siempre (1 Tes 5,19), especialmente porque desconcierta que el espíritu es novedad, es algo inasible, “sopla dónde quiere y va a dónde quiere” (ver Jn 3,8). Obviamente, es siempre más “cómodo” saber qué se espera, qué se desea, cómo… y no estar siempre abiertos y dóciles a la novedad. Pero de eso se trata la confianza y apertura a los soplos del espíritu. La Iglesia, casada con la Ley tuvo muchas dificultades (especialmente después de 1054, con el cisma de Oriente) en abrirse a la luz del Espíritu (la cantidad de límites que la Iglesia puso a las iniciativas del espíritu merecen un buen estudio eclesial: los límites después de Letrán IV a nuevas “reglas” religiosas y la cerrazón a las beguinas (“o religiosas o casadas”, se les ordenó) son un buen síntoma de esto. Es que la fidelidad a las tradiciones y estructuras no deja lugar a los sueños. Los sueños no aceptan límites, los superan, las estructuras no aceptan sueños, los limitan.

La Iglesia “de verdad”, la que trata (con la dificultad siempre presente del pecado) de ser fiel a Jesús, deberá siempre y en todo momento y lugar, escuchar los sueños de Jesús y la propia realidad. Porque esos sueños de Jesús han de encarnarse en esta comunidad concreta y viva. De espíritu y de encarnación hablamos. Si hablamos de los sueños de Jesús sin duda hay dos elementos inseparables que no pueden dejarse de lado: el reinado de Dios y la fraternidad y sororidad de sus amigos. De todos. Dios reina allí donde – en un pueblo concreto, porque no hay reinado sin pueblo – se hace “su voluntad en la tierra como en el cielo”. Y para conocer esa voluntad volvemos al discernimiento. Y la sociedad fraterna y sororal supone que no hay padres (ni “santos padres”, ni “papas”), sólo hermanas y hermanos con un solo Padre, el Abbá de Jesús. No puedo imaginar cómo ser fieles a los sueños de Jesús en una sociedad de jefes o de “ciudadanos (en realidad ciudadanas) de segunda categoría”.

«Saben que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será servidor de ustedes» (Mc. 10,42-43).

En realidad, todos tenemos derecho a “soñar”. También el Papa, por cierto. Pero lo que es siempre de desear es que busquemos “encarnar” en este tiempo y lugar (la Amazonía, por caso) los sueños de Jesús. Leer que el Papa, hablando de la ordenación de varones casados (no del diaconado femenino porque ya nos explicaron que las mujeres deben ser como la virgen María [sic] y no como Jesús [sic] en una respuesta donde la teología y los estudios bíblicos brillan por su ausencia) afirmó que “no creo que el Espíritu Santo esté trabajando en eso” resulta casi escandaloso. Por no decir infantil. Reconocer que la Iglesia ha perdido la osadía de las primeras comunidades y su creatividad, que tiene miedo de modificar cosas que la tradición ha esclerosado, o – sencillamente – que ha modificado los sueños de Jesús por los sueños del Papa, pues simplemente nos deja – una vez más – absortos. Los “papólatras” buscarán argumentos, excusas o hasta circunloquios para no decir “nosotros creíamos”. Otros, en cambio, simplemente, seguiremos esperando. Cada tanto, nos guste o no, el Espíritu Santo se hace escuchar.