lunes, 31 de mayo de 2021

Las buenas noticias

 Las buenas noticias

Eduardo de la Serna




Con mucha frecuencia, las buenas noticias (en griego, evangelia) no son universales. Es decir, a veces lo que es buena noticia para unos no lo es para otros. Un ejemplo fácil de entender es la liberación de los esclavos: buena noticia para los liberados, mala para los que pierden “mano de obra” (no pretendamos que los miren como personas, a lo sumo “manos”). Y, por supuesto, es frecuente que los perjudicados por la “mala noticia” pretendan, en la medida de lo posible, recuperar al menos en parte, aquello que han perdido. Incluso, con frecuencia, visto – por ellos – como algo injusto. Podemos decir, un lugar común, que todo es según el cristal con que se lo mire, o – para ser más precisos – desde el “lugar” de dónde se mire: desde la esclavitud o la propiedad, en este caso.

Esto aquí señalado, además, puede aplicarse – en general – a todas las noticias. No hay universalidad en esto. Precisamente por el lugar donde cada quién se coloca o está (o cree estar, o lo colocan). Un ejemplo fácilmente comprensible es el deportivo. Ganar o perder es buena o mala noticia según “el lugar”. Pero veamos otros casos:

Si un policía balea por la espalda a un ladronzuelo caído y lo mata y como pena recibe un “chas chas en la cola”, ciertamente no es una buena noticia para quienes esperan justicia, y sí lo es para, no solamente el casi-aplaudido asesino, sino también para quienes “se ponen de su lado” o quienes proponen en eso un modelo del obrar policial.

Si un periodista es echado de su lugar de trabajo por un exceso, por ejemplo, al escrachar a una personaje menor, es una buena noticia para esa personaje, y también para los que la aplauden o invitan a sus sets, aunque ellos mismos hubieran hecho lo mismo publicando domicilios o teléfonos de sus opositores, periodistas, jueces o políticos, mientras que no lo es para quienes elegían, más allá del estilo o las exageraciones, informarse con su modo de informar.

Si llegan millones de vacunas al país es una buena noticia para los pronto vacunados, y por tanto inmunizados por una pandemia feroz que se cobra vidas, o salud día a día, pero no lo es para aquellos que quieren que los muertos se multipliquen, disfrazándolo de “educación presencial” y preocupación por la educación, o por la preocupación de la ausencia de una vacuna (o para ser más precisos, de un laboratorio) como si la falta de “esa” transformara en nulas todas las anteriores; disfraces que en realidad ocultan la alegría de cada muerte porque ven en ellas potenciales votos en las próximas elecciones.

Valgan estos casos como ejemplo de algo fácilmente comprensible. Las noticias (los datos) están allí; la interpretación de esos datos depende de dónde nos posicionemos frente a ellos. Para ver esto todavía con más claridad notemos otro caso: si hay mucha gente que se vacuna, puedo ver perjudicadas mis aspiraciones (mala noticia para mí), por lo que intentaré boicotear lo más posible el hecho: es veneno, no hay vacunas, todas menos aquella (o solamente esa otra) … pero si de pronto me surge la posibilidad, me vacuno (buena noticia para mí), aunque trataré de disimularla para que ambas opciones puedan seguir vigentes, y diré “me vacuné afuera, pagando (¡mentira!) para dejar espacio a otros en mi país”, o “me tocó, y por suerte no aquella que me envenena”, etc…

Jesús dice que es ungido (= mesías) para “anunciar buenas noticias” (= evangelio) a los pobres” (Lucas 4,18). Ese anuncio, podría ser una suerte de “opio del pueblo”, pero lo que Jesús pretende es que la situación de los pobres cambie (y esa es la buena noticia): lo es para un ciego ver, lo es para un paralítico andar, lo es para un pobre dejar de serlo (Lucas 7,22). Y a eso Jesús lo presenta como signo evidente de que es “el que había de venir”, el que Dios enviaría a su pueblo. Pero sería ingenuo ignorar que esa buena noticia es a su vez mala para ciertos sectores. Los pobres de tiempos de Jesús son, ciertamente, empobrecidos por los sectores de poder de Israel (poder político y poder religioso). Un ejemplo, no el único, es la proliferación y aumento de los impuestos, sean para el Emperador, para el gobernante títere de Roma o para el Templo. Esto empobrece notablemente a la población que debe terminar perdiendo todo a causa de sus deudas (¿no es evidente la frecuencia con que Jesús habla del no pago o la condonación de las deudas?); no es difícil saber que esos mismos poderes son responsables excluyentes del asesinato de Jesús (los evangelios presentan un doble juicio: religioso y político antes de la condena del Nazareno). ¿Y la buena noticia para los pobres?, porque decir que Dios está de su lado no parece suficiente para saciar el hambre, recuperar la salud o conseguir trabajo digno… ciertamente no. Pero decir que Dios está de su lado es un imperativo para los cristianos. Es gritarnos a los cuatro vientos dónde debemos estar, en que “lugar” ponernos, qué causas asumir, contra qué causas enfrentarnos y por qué buenas noticias pelear y con qué malas noticias confrontar. Se trata de eso, simplemente. Se trata del lugar, del “desde dónde” hablamos, analizamos o elegimos pararnos para vivir, pensar y obrar.


Foto de esclavos en Egipto tomad a de https://www.alamy.com/fragment-of-stone-relief-illustrating-slaves-of-pharaoh-at-temple-image69774951.html

viernes, 28 de mayo de 2021

El vocabulario y el juego del ahorcado

 El vocabulario y el juego del ahorcado

Eduardo de la Serna




Enlace viene de “lazo”. Es decir, una soga, por ejemplo, que se anuda para atrapar, unir, integrar dos o más cosas. Por cierto, esto puede ser positivo o no; por ejemplo, para una presa no es bueno ser enlazada, sí lo es para el cazador. En ese caso, entonces, valorar el tal enlace supone un “lugar” desde el que elegimos mirar la situación. Es decir, tomar partido, por el cazador o por el cazado.

Una mesa de enlace, aunque a nivel gráfico resulta un absurdo, porque se enlaza con sogas, hilo, o con objetos flexibles que permitan anudar, cosa que ciertamente una mesa no lo es, en Argentina todos sabemos qué es. Y, como en todos los casos, valorar esa tal mesa de enlace supone un “lugar” desde el que la miramos.

Es razonable, ¿quién lo negaría?, que un grupo – el que fuere – se una, se enlace, para defender o para conseguir beneficios (eso es un sindicato, por ejemplo). Ahora bien, precisamente porque de lugar hablamos, es obvio que hay otros que, o bien ponen en riesgo aquellos beneficios, o los niegan, o los relativizan. Por eso se enlazan los anteriores. En este caso, los “de afuera” pueden mirar, posicionarse (tomar posición) frente al hecho. Y, en este caso, mirar con los ojos de los beneficios parece sensato. Claro que los beneficios del que mira, no del enlazador.

Todos pudimos ver, en anteriores enlaces, camiones derramando al borde de los caminos litros y más litros de leche. Cualquiera podría pensar que, si no pueden conservarla, sería lógico y meritorio que esa leche fuera donada en comedores, merenderos, escuelas, hogares, barrios populares, por decir algo (recuerdo, por ejemplo, cuando grupos guerrilleros secuestraban camiones de leche y las repartían en barrios, allá por los 70). Pero, evidentemente, donar esa leche que, de otro modo, derramarán, no permitiría el golpe de efecto que se pretende dar. Y, además, donar, regalar, solidaridad, son términos que no figuran en el vocabulario de la mesa.

El argumento, parece ser, y debo confesar que no les creo “ni un tantico así”, que económicamente pierden (no es que ganan menos, sino que pierden). Y ahora, la misma mesa, con diferentes rostros, pero idénticos bolsillos (por tanto, las mismas entidades), se enoja porque el Gobierno quiere que el precio de la carne sea accesible a los bolsillos o las mesas argentinas (lo que confirma que ni los bolsillos ni la susodicha Mesa lo son, pero eso ya lo sabíamos). Y no voy a reflexionar sobre campos argentinos, forrajes argentinos, y trabajadores (esclavos) argentinos con salarios argentinos, que cualquiera puede entender si mira del lugar adecuado. Me interesan las mesas argentinas, y, sobre todo, los pobres argentinos que tienen derecho (derecho es otra palabra que tampoco figura en el vocabulario enlazado) a comer carne. No es ilógico que todo el remanente de la carne que pueden consumir los argentinos se venda en el exterior, y que lo hagan al precio que se les ocurra o consigan cobrar, pero no es sensato, ni lógico, ni justo (otra palabra ausente, ¡y van!) que por la angurria de unos pocos (tan pocos que pueden sentarse en una mesa) la mayoría del pueblo (¡otra palabra!) no tenga acceso a algo fundamental en nuestra dieta (o que lo fue, en tiempos pre-neoliberales) como es la carne.

Señalaba que el lazo puede ser mirado o evaluado positiva o negativamente según quién mire, desde el lugar que lo haga. Es evidente que si quiero mirar “desde el lugar del pobre” como me enseñó un tal Jesús, un campesino de Galilea, mi perspectiva es evidente. Un lazo para acogotar, ahorcar a los pobres no parece demasiado cristiano, por más misas (presenciales, por cierto) que celebren los enlazadores o les celebren cómplices ornamentados. Ojalá hubiera alguno de estos que tuviera la capacidad de mirar, cambiar, convertirse; pero debo reconocer que el camello no pasa por el ojo de una aguja. No hay manera. Y, entonces, debo manifestar que 1. estoy en la vereda de enfrente (¿grieta?) de la “mesa de enlace”; 2. pueden usar las palabras o categorías que deseen (“comunismo” dijo el nada transparente Etchebehere), en lo personal las tomo como de quien vienen; 3. si fuera consultado, diría que las medidas del gobierno son insuficientes, e iría mucho más “al hueso”, ya que de carnes hablamos; 4. no espero nada “mirado desde este lado” de parte de los poderes judiciales, periodísticos ni eclesiásticos… pero eso no me impide mirar, hablar, escribir.

Una de las características de la presa enlazada es la diferencia de “poder” (y esta palabra sí que la conocen). La presa es impotente frente al lazo que la inmoviliza. Esa es la fuerza de los 4 enlazadores: tienen poder, jamás razón… sólo poder. Pero, como cristiano, resulta que, a ese Jesús, arriba mencionado, lo enlazaron en una cruz. Los poderes políticos y religiosos lo atraparon y sometieron a la impotencia absoluta, “y muerte de cruz”, refuerza Pablo. Pero en esa impotencia, Dios se guarda la última palabra: la vida. La fuerza de la vida tiene un plus de sentido ante los lazos de la muerte porque Dios mira desde “otro lugar”. Por eso muchos estamos de este lado, porque sabemos que es el lado de Dios, el lado del Evangelio, el lado del pueblo, el lado de la vida. La traducción de los Salmos con mucha frecuencia habla de los “lazos” de la muerte (Salmos 18,6; 38,13; 69,23; 116,3; 119,61; 140,6; 141,9) que traducen términos hebreos para decir trampa, redes, golpear, herir, cepo. Es decir, siempre muerte. Es comprensible que los adoradores del dios dinero prefieran esa mesa pequeña de muerte, pero no está mal gritarles no sólo nuestro desprecio (porque para ellos todo debe tener un “precio”) sino que muchos elegimos quedar del lado de Dios y de los pobres. Y por eso seguimos exigiendo que en la mesa de las víctimas de sus lazos no falte el pan, la carne y el vino… de la vida se ocupa Dios, que es otra palabra que no figura en sus palabras, salvo para la blasfemia.

 

Foto tomada de https://www.askix.com/trampa-de-lazo-moderno-basico.html

martes, 25 de mayo de 2021

Video con comentario al Evangelio de la Ssma. Trinidad

 

Video con comentario al Evangelio de la Ssma. Trinidad


También puede verse en


Eduardo

Santísima Trinidad "B"

 La Trinidad es también un proyecto de vida eclesial

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – “B”


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Deuteronomio     4, 32-34. 39-40

Resumen: el obrar de Dios con Israel debe llevarlo a reconocer no sólo este accionar, y la unicidad de Dios (“no hay otro”) sino también a obrar en consecuencia respetando sus mandamientos.


Desde 1,1 Deuteronomio presenta un largo discurso de Moisés que se interrumpe en 4,41 donde se narra la reserva de ciudades de asilo en medio de la tierra, En 4,44 comenzará un nuevo y larguísimo discurso. El texto litúrgico, entonces, lo encontramos en el primer discurso que tiene diferentes partes. Con la frase “Y ahora, Israel…” comienza una parte en esta unidad (ver 1,40; 2,13..). En 4,1 se destaca el contraste entre Israel y otras naciones (gôy), algo que se repite (vv.6.7.8.27.34.38), y del mismo modo se contrasta al Dios de Israel, Yahvé con “cualquier otro Dios”; así el obrar de Yahvé en vv.1-5 contrasta con “qué Dios”, “qué nación”, en v.7, o vv.19-25 en contraste con los dioses-ídolos de v.28, el obrar de Dios es fascinante en vv.28-31 y es incomparable v.32 porque ningún pueblo y ningún dios (vv.33.34) actúa como Dios con Israel (v.35.37) por lo que Israel debería reconocerlo y actuar en consecuencia.


El exclusivo obrar de Dios con Israel (vv.32-38) será el motivo por el cual se espera que Israel actúe en consecuencia (= mandamientos, vv.39-40). A ningún pueblo le habló dios desde el fuego del Horeb como a Israel (v.33), a ningún pueblo liberó de la opresión egipcia como a Israel (v.34). Al experimentar esto, Israel debe saber que Yahvé es “su Dios”, el único (vv.35.39), “no hay otro fuera de él” [sin duda este tema de la unicidad de Dios así resaltado es el motivo de la elección de este texto en la fiesta litúrgica]. Pocas veces se dice tan claramente que no hay otros dioses (porque una cosa es “sólo a él darás culto”, es “un dios celoso”, lo que no niega la existencia de otros, y muy otra es afirmarlo como aquí: “no hay”); recién tenemos que remontarnos a algunos profetas para encontrar afirmaciones tan claras (Is 44,6; 45,5.14.20-22). Es el amor (’ajab) el que ha motivado el obrar de Dios para con su pueblo (4,37; aquí por primera vez en Dt, en total x22) y la elección (bajar, también aquí por primera vez en Dt, de un total de x31). Lo que se destaca es que el obrar de Dios no está motivado por nada que Israel tenga o haga (ver 7,7), sino por pura iniciativa divina. Pero esta elección gratuita ha hecho que Israel sea “propiedad de Dios” (cf. 7,6; 14,2).




Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma    8, 14-17

Resumen: El bautismo sumerge a los creyentes en Cristo de tal manera que se unen al espíritu de Jesús. De ese modo, la plenitud de la filiación de Jesús y su relación filial y confiada con el Dios Padre se comunica a la comunidad y es testimonio de la propia filiación.


El capítulo 8 de la carta a los Romanos es la conclusión de toda la primera gran parte de la carta. Allí, luego de destacar que gracias a la plena unión con Cristo (= gracia) somos libres del pecado, de la muerte y de la ley finaliza destacando que esto ocurre por la donación plena del espíritu, el don escatológico por excelencia. El contraste viene dado entre el vivir según la carne (v.12) a un obrar “con el espíritu”. 


Con esta idea comienza el fragmento que la liturgia hoy nos presenta sobre “los que se dejan guiar con el espíritu de Dios” (v.14). Al recibir el espíritu se produce una suerte de fusión de todos los espíritus con el espíritu de Dios. Muy probablemente Pablo tenga en mente la imagen bautismal. Al sumergirse todos son/están “en Cristo”, y son “hijos en el Hijo”, usando palabras de Agustín. Esta filiación adoptiva es algo propio de Israel (huiothesía; cf. 8,23; Gal 4,5; ver Ef 1,5): de Israel “es la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, y los patriarcas; de los cuales también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén” (Rom 9,4). Precisamente por hijos, somos herederos. Israel al salir de Egipto se dirige al “monte de tu herencia” (Ex 15,17), a la tierra que hereda (Dt 12,9) porque “la porción de Yahvé fue su pueblo, Jacob la parte de su herencia” (Dt 32,9), el rey es “jefe de la herencia de Dios” (1 Sam 10,1)… Pero al ser hijos por estar unidos a Cristo, “son descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gal 3,29).



La unión (bautismal) con Cristo, el hijo de Dios, hace a los creyentes ser adoptados también ellos como hijos. El contraste viene dado al destacar que “no han recibido el espíritu de esclavos” para volver al temor. El contraste hijos-esclavos fue usado con mucho provecho por Pablo en Gal 4,1-7 (esta unidad es muy semejante al texto de Romanos que comentamos) para resaltar la llegada del tiempo establecido por el padre para percibir la herencia. 


Pablo había dicho que nadie puede decir “Jesús es Señor” si no tiene el espíritu de Dios (1 Cor 12,3), ahora señala que la oración confiada que se dirige a Dios como “Abbá – Padre” es un testimonio de la unión de nuestro espíritu con el espíritu de Jesús y, por tanto, de que somos verdaderamente – como él – hijos de Dios.


Una nota sobre el término “abbá”. El término es arameo, y dice “padre” desde una perspectiva cargada de respeto y de confianza. El término sólo se encuentre x3 en el N.T. (x2 en Pablo, en nuestro texto y el paralelo de Gálatas que hemos señalado, 4,6 y una vez en los Evangelios, en el relato de la Pasión, Jesús en Getsemani, Mc 14,36). Siendo que Jesús hablaba arameo, y que en todas las oportunidades en que se dirige a Dios lo hace llamándolo “Padre” (la única excepción es en la cruz citando el Salmo 22: “Dios mío, Dios mío…”) lo más probable es que las comunidades hayan conservado el término arameo porque fue usado por Jesús. [Otro término arameo conservado es “maran athá” (o, menos probablemente “marana thá”, cf. 1 Cor 16,22: “¡el Señor viene!”]. El término abbá no existe en ningún caso que conozcamos en oraciones para dirigirse a Dios (sí hay algunos textos en los que se usa “padre mío” en hebreo, ’abî, por ejemplo en Qumrán). También esto es indicio de que Jesús ha de haberlo usado frecuentemente e invitado a los suyos a hacerlo también. El Dios que Jesús revela es un padre con el cual estamos invitados a relacionarnos afectiva y confiadamente.


Sin duda la mención de las tres personas de la Santísima Trinidad son las que provocan la inclusión de este texto en la liturgia aunque Pablo al hablar del espíritu no parezca estar pensando en una “persona” sino en un don. El don de Dios por excelencia en los tiempos escatológicos.



Evangelio según san Mateo     28, 16-20

Resumen: Jesús resucitado se encuentra con los Once en Galilea. Allí pronuncia el último discurso del Evangelio enviándolos de un modo misionero. Pero les garantiza que él estará siempre en medio de los suyos acompañándolos.



El texto evangélico es el final del evangelio de Mateo. Propiamente hablando no hace referencia a la Trinidad aunque encontremos una fórmula trinitaria. Toda la larga unidad anterior estaba constituida por tres escenas en torno al sepulcro:


1.    Las mujeres (María Magdalena y la otra María; cf. 27,61, seguramente la madre de Santiago y José, cf. 27,56) van al sepulcro [28,1-8]. El ángel les dice: “Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.» Ya se los he dicho” (28,7);

2.    Las mujeres se encuentran con Jesús que les dice: «No teman. Vayan, avisen a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». (28,10)

3.    Los sumos sacerdotes sobornan a los soldados (28,11-15)


La escena con la que concluye en Evangelio es precisamente el encuentro de los discípulos (a los que Jesús llama “hermanos”) en Galilea (cf. 26,32). Mateo acota que el encuentro ocurre en un “monte”, que “Jesús les había indicado”. La importancia de los montes en Mateo es fácilmente notable: en un monte ocurre una tentación (4,8), en un monte Jesús comienza sus enseñanzas (5,1), Jesús ora en un monte (14,23), sigue enseñando y sanando desde un monte (15,29), en otro se transfigura (17,1) y finalmente en uno se encuentra resucitado con los “hermanos” (28,16).


La resurrección ha provocado un encuentro, y los que ven al resucitado lo “adoran” (prosekynêsan). En la tentación Satanás le pide ser adorado a cambio de los reinos del mundo y su gloria (4,9) y Jesús les dice que a Dios se ha de “adorar y sólo a él se dará culto” (4,10). Sin embargo, en el Evangelio son varios los que se postran ante Jesús: un leproso (8,2), un magistrado (9,18), los discípulos en la barca (14,33), una mujer cananea (15,25), la madre de los hijos de Zebedeo (20,20) e incluso las mujeres ante el resucitado (28,9). Sin embargo, aquí algunos todavía “dudan” (distázô). Este verbo se encuentra sólo una vez más en el NT, Pedro duda al caminar sobre las aguas manifestando así su “poca fe” (Mt 14,31). A pesar de lo que están viendo, algunos manifiestan su poca fe ante el resucitado. Esto motiva una última intervención de Jesús en el Evangelio:


Jesús reconoce que “me ha sido dado” (la voz pasiva indica que Dios se lo ha dado; el aoristo indica un momento preciso: ¿se lo ha dado en la resurrección?) “todo poder” (exousía) en el “cielo y en la tierra” (es decir, en todo el mundo). Ese poder se manifiesta en la enseñanza de Jesús (7,29), en su capacidad de perdonar pecados (9,6), en la expulsión de los vendedores en el Templo (21,23). Con la autoridad de su palabra los envía a “hacer discípulos” (el verbo, mathêteúô se encuentra una vez en Hechos -14,21- y luego solamente en Mateo: 13,52; 27,57; 28,19) a “todas las naciones” (ethnê), en el Evangelio se refiere a los paganos (4,15; 6,32; 10,5.18; 12,18.21; 20,19.25; 21,43; 24,7.9.14). Aunque la invitación a “todas las naciones” parece – en este contexto – incluir también a los provenientes del judaísmo. La Iglesia –tema importante en Mateo- es una nueva nación (ethnê) que debe dar frutos (21,43), que debe reconocer con fe a Jesús en los que tienen hambre, sed, frio… (25,32). 


Este “hacer discípulos” se concretizará en el bautismo. Parece provenir de la comunidad de Mateo la novedad de bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” ya que el cristianismo de los orígenes, por lo que sabemos, bautizaba en el nombre de Jesús (cf. Hch 2,38; 8,12.16; 10,48; 19,5; cf. 1 Cor 1,13.15; lo que no quita que la formulación trinitaria tenga elementos paulinos, cf. 1 Cor 12,4-6; 2 Cor 13,13). La importancia que este Evangelio tuvo en los comienzos del cristianismo (probablemente por la importancia a la identidad propia de los cristianos, que da el Evangelio de Mateo) influyó en que esta fórmula característica del bautismo se impusiera luego en la Iglesia universal. 


Al hacer discípulos deben “enseñar” (didáskontes) a guardar (ver 19,17; 23,3) lo que ha “mandado” (entéllô, de donde viene entolê, mandamiento; aunque en el Evangelio es sólo una cosa la que Jesús “ordena” y es no contar la transfiguración hasta la resurrección, 17,9; sin embargo, el uso es bíblico: Ex 7,2; 29,35; Dt 1,41; 4,2…). Este mandato misionero es la clave de toda esta unidad, la Iglesia no es un grupo cerrado en sí misma sino una comunidad que debe salir de sí hacia los otros. “Enseñar” y “bautizar” se encuentran ambos en participio presente, quizás bautizar y enseñar a hacer lo mandado por Jesús constituye el modo en que los discípulos “harán discípulos” a todos los pueblos.


El Evangelio culmina con una imagen clave de todo el libro. Desde el comienzo sabemos que Jesús es “Dios con nosotros” (1,23). Jesús dirá que “está” en medio de dos o tres que se reúnen en su nombre (18,20), que está en los pobres, hambrientos, sedientos, enfermos, presos… (25,40.45), en los discípulos (10,40), ahora afirma que estará “hasta el fin del mundo” en medio de los suyos (28,20). El Jesús de Mateo no se va (en ese sentido, no “asciende”) sino que está siempre en medio de los suyos.



Dibujo tomado de www.smangelrica.org

lunes, 24 de mayo de 2021

Un poco de amor a la patria (curas OPP - 25 de mayo)

UN POCO DE AMOR POR LA PATRIA



«Me hierve la sangre al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés en la patria»

Manuel Belgrano, Carta a Rivadavia del 6 de mayo de 1812


Belgrano ―uno de los tantos y tantas que soñaban con una Patria libre y soberana y que se animaron a soñar, pensar y construir las bases de un país que ya no fuera colonia de nadie― se rebelaba contra la avaricia del Triunvirato que retaceaba insumos para el Ejército del Norte. Hoy, como entonces, cuando celebramos un nuevo aniversario de la decisión de vivir en libertad, soñamos, pensamos y construimos la Patria enfrentando dificultades y obstáculos que serían fáciles de vencer si todos pusiéramos el interés común por encima de intereses mezquinos que surgen, también hoy, de la avaricia, el cálculo político y el afán por destruir lo que se interpone en su camino.


A pesar de la urgencia a la que nos somete la pandemia, es preciso aprovechar esta fecha para de-tenernos a pensar qué significa para nosotros la Patria. ¿Es sólo un suelo, el contenido de un mapa, que se nos presenta como oportunidad de enriquecernos? ¿Es, tal vez, una magnitud matemática de habitantes a la cual controlar y dominar para ser dueños del poder? ¿Es, quizás, el campo de batalla de conflictos de intereses a costa del interés y el bien común?


En la tradición bíblica, la Patria es promesa y sueño de vivir como un pueblo libre y de hermanos y hermanas. La Tierra Prometida moviliza a Israel a liberarse de la esclavitud para encontrar un territorio donde realizar su libertad, donde vivir como comunidad que construye unido y solidario su vocación de pueblo. Promesa y sueño similares a los que movilizaron a Belgrano y a tantos otros patriotas a poner en juego la propia vida para hacerlos realidad, y que sigue movilizando a tantas y tantos a hacer del bien común el objetivo de sus luchas cotidianas.


Son muchos los obstáculos y los intereses que hoy buscan impedir la realización de esa promesa. La preocupación por superar esta pandemia sirviendo a la vida se ve confrontada con mensajes permanentes que horadan todo intento por cuidarla. 

Las medidas sanitarias de prevención deben enfrentarse con comunicadores que sirven a intereses inconfesables, pero de todos y todas conocidos, se esfuerzan por imponer el falso conflicto entre libertades individuales y medidas sanitarias. 

Un gobierno que ha buscado el diálogo y la acción común debe hacer frente a dirigentes políticos de la oposición que, en lugar de ponerse a la altura de la situación y actuar con generosidad y espíritu de colaboración, por un puñado de votos llaman constantemente a la rebelión e incluso incitan al delito. 

El esfuerzo por paliar la crisis económica, condicionada por la deuda heredada y las consecuencias mismas de la pandemia que la inscriben en una crisis global, es atacado por los poderes económicos que aprovechan la situación nacional y la coyuntura internacional para obtener pingües ganancias, aun a sabiendas de que así condenan a la pobreza y al hambre a millones de sus compatriotas.

La decisión de gobernar la situación inédita de la pandemia con el auxilio de las ciencias se ve desmerecida por jueces autoerigidos en autoridades sanitarias a costa del orden constitucional que claramente distingue las responsabilidades de cada poder del Estado.


Además de estas confrontaciones que claramente revelan dónde encontrar en esta circunstancia actual la Patria (y a las y los patriotas), siguen pendientes muchos temas a resolver que serán cruciales para hacerla realidad. Enumeramos sólo algunos.

El uso y la distribución de la tierra. ¿Seremos capaces de preservar lo que en la teología y la Doctrina Social de la Iglesia llamamos el «destino universal de los bienes» frente al avance de la explotación extractivista de la megaminería y el monocultivo que envenenan tierra, agua y aire?

¿Someteremos nuestra soberanía a intereses económicos extranjeros que sólo se mueven por el afán de lucro? El caso de la «hidrovía» será un mojón de prueba para saber si pode-mos fortalecer una economía federal y solidaria entre las provincias y regiones del país o decidimos dejar irse nuestros recursos para beneficio que no es nuestro.

¿Lograremos una política de comunicación e información con medios que comuniquen realmente a la gente entre sí e informen objetivamente en lugar de desinformar y deformar, al servicio de todos y no de intereses minoritarios?

¿Podremos tener una justicia al servicio del bien común y los más débiles y vulnerables y no de los poderosos?


Cuando la decisión porteña de desarticular el Ejército del Norte llegó a Belgrano, éste ya había derrotado en Tucumán a las tropas realistas, con el auxilio y el sacrificio del pueblo jujeño, salteño y tucumano. Hoy, como entonces, tantos obstáculos no pueden bastar para destruir nuestro sueño y nuestro compromiso con una Patria libre, justa y solidaria. 


Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, 25 de mayo de 2021 

sábado, 22 de mayo de 2021

El difícil desafío de la inclusión

 El difícil desafío de la inclusión

Pensando la categoría “pobre” 

Eduardo de la Serna



Ya desde su nacimiento, la teología de la liberación (TL), puso su mirada en “la causa del pobre”. Como teología profundamente bíblica, que siempre quiso ser (al menos muchas corrientes de la TL), supo descubrir el lugar bíblico central que “el pobre” tiene. Gustavo Gutiérrez recurrió, especialmente (como era razonable en su tiempo), a dos grandes biblistas de habla francesa: A. Gelin [Los pobres de Yahvé] y J. Dupont [Las bienaventuranzas]. Tres elementos confluían en el término: los pobres, que eran destinatarios de un “amor preferente”, fundamental; la pobreza, que era una situación cruel e injusta, a la que se debía combatir y la actitud pobre (“infancia espiritual”) que es de esperar de todo cristiano (y – por tanto, también – del teólogo). Esa triple actitud no parece que deba dejarse de lado, aunque – y aquí el tema – debe ampliarse en su mirada.

Esa pobreza injusta es calificada, en un primer momento como fruto de la “dependencia”, o del “cautiverio”. Pero con el tiempo, por un lado, ha tenido otra terminología que la amplía, precisa, complementa, corrige… las víctimas, los insignificantes, los nadie, los (pueblos) crucificados, los excluidos, los descartados. Todas ellas, y otras semejantes, miran el mismo colectivo (o similar) desde una perspectiva, o desde una característica. 

Hoy hay un elemento que, me parece, no debe faltar en ninguna de estas, o las que pudieran aportarse, y es que la situación a la que se alude, es una situación provocada (“cuando pregunto por qué hay pobres me dicen comunista”, decía Helder Cámara), la pobreza (o sinónimos) es causada.

Sin embargo, y con más que justa razón, hay una serie de colectivos que no necesariamente se ubicarían en la categoría sociológica de “pobre” y merecen nuestra atención. La actitud de Jesús con los habitualmente llamados “publicanos” no es, precisamente, dedicación a un grupo “económicamente pobre”; pero sí es cierto que son un colectivo despreciado, desvalorado, rechazado; con ellos ¡ni comer! (y “¡come con publicanos, que son pecadores!”). En la Biblia, por ejemplo, la categoría pobre se amplía – como es sabido – a los dos sectores desprotegidos: el huérfano y la viuda; pero (y es interesante) cuando a partir de la reforma litúrgica de Josías, se cierran todos los santuarios centrándose todo y solo en Jerusalén, al colectivo se añaden también los “levitas” (los sectores sacerdotales que quedaron desocupados a partir de entonces: Dt 14,29; 26,13) añadiendo, además los migrantes. Hay tres colectivos que, con sus diferencias, reclaman justamente ser explicitados, y no quedar “invisibilizados” en la categoría pobres (porque la invisibilización ha sido una constante con ellos), el mundo indio / indígena / aborigen / originario por un lado y el mundo negro / afro por otro; a ellos ha de sumarse el movimiento de mujeres habitualmente confrontado con el machismo / patriarcado / kyriarcado. Y seguramente ha se sumarse a estos, el colectivo habitualmente englobado en las siglas LGTBIQ+. Señalemos que, con razón parcial, se puede señalar que alguno o varios de algunos de estos colectivos han logrado una importante visibilización, lo que no quita la negación del colectivo, y – así – puede haber un presidente afro en los EEUU, pero la violencia policial contra los “negros” en ese país es evidente (George Floyd es claro ejemplo de ello); puede haber una machi (Francisca Linconao) que haya sido importantísima en las recientes elecciones en Chile, pero los reclamos mapuche son – todavía – presentados como “terroristas” en su país…

Es absolutamente justo y razonable escuchar que todos los colectivos que experimentan la sistemática invisibilización social reclamen ser mencionados… pero también es razonable que, en ocasiones, escuchar o leer una lista interminable de nadies, ninguneados, descartados, etc. corre el riesgo de desviar la dirección del discurso. Es importante que todos, todas, todes se sientan y sepan incluidos, pero también es fundamental que aquello que se quiere destacar, cuestionar, denunciar, reflexionar o pensar sea el centro. Es por esto que, teniendo en cuenta todo lo dicho, creo que la categoría “bíblica” pobres, con su polisemia, sigue siendo pertinente para pensar, hablar y lograr que todes, todas y todos se sientan incluidos. “Pobre es el que no tiene derecho a tener derecho” ha dicho Gutiérrez recientemente. De eso se trata.

 

Imagen tomada de https://pixabay.com/es/photos/l%C3%A1mpara-de-aceite-luz-templo-5323648/

viernes, 21 de mayo de 2021

Caldo de cultivo

 Caldo de cultivo

Eduardo de la Serna



El término que encabeza estas reflexiones nace, precisamente, del clima apropiado generado en un laboratorio para que un determinado organismo pueda desarrollarse. Eso permite, por ejemplo, su expansión o su control. Nunca mejor aplicada, entonces, la imagen, al vertiginoso caso de contagios y muertes a causa del “virus con corona”.

Y me refiero, específicamente, a lo que parece una dedicación sistemática de ciertos sectores para que el virus se propague: salidas (en nombre de la libertad), deportes, escuelas con clases presenciales, manifestaciones y marchas, la negativa al cuidado (barbijos, distancias adecuadas) … Y lo “divertido” (si no fueran tan terribles darían risa, dice Serrat) es que ahora se hacen los escandalizados por la cantidad de contagios y muertes. Contagios y muertes que especialmente ellos provocaron, incentivaron o alentaron. Y me refiero a aquellos que desde el comienzo politizaron la pandemia, sea en el ámbito político, sea en el ámbito periodístico, sea en el ámbito judicial (es decir: siempre los mismos). Y escucharlos hablar, o leerlos, de lo que debiera hacerse cuando redujeron el presupuesto de salud (y de educación; y su Ministerio), no inauguraron hospitales que estaban casi listos, arrumbaron ambulancias, dejaron vencer vacunas, permitieron el surgimiento (otro “caldo de cultivo”) de enfermedades que estaban casi desaparecidas… es decir: permitir “que mueran los que tengan que morir”, me resulta indignante. Insisto que la enfermedad no es política, la salud sí.

Y todo esto sembrado en un caldo de cultivo… el provocado por el hastío de una pandemia cuyo final no se vislumbra, provocado por el odio que con meticulosa y sistemática intensidad inoculan (especialmente algunos medios y algunas y algunos políticos). Leer que Macri dijo que si él fuera gobierno “todos estarían vacunados” (¿él no fue el que habló de “hambre cero”?) me hace pensar o bien en la impunidad que tiene de poder decir y hacer lo que quiera sin que nadie le ponga límites o lo exponga en su falsedad, o en releer su texto: ¿quiénes serían “todos” para él? Porque si se refiere a Juliana, Antonia y el desaparecido Marcos Peña, sí creo que sería posible que cumpla sus palabras. Obviamente, si por “todos” se refiriera a toda la población, en un mundo donde faltan vacunas para todas y todos (salvo los 20 países que las compraron en exceso), todos podemos saber que es una mentira (una más, ¡y van!). Pero luego de provocar un caldo de cultivo adecuado, puede decirlo y hasta capaz que haya alguien que le crea. Si hasta tiene un canal para difundir sus ideas (o dos). Y si le sumamos a algunos talibanes de su partido (porque convengamos que algunas y algunos quieren hacer “buena letra” y son más meticulosos en sus palabras y acciones, aunque cada tanto se les ve “la pata de la sota”, ¿no Horacio?), tenemos que reconocer que hay quienes parecen celebrar cada muerte, cada cama UTI ocupada y cada colapso sanitario. Parecen, por aquello del caldo de cultivo de sus políticas de muerte…

No está de más saber que existe este tal “caldo”, y que sabiéndolo se lo pueda aislar. Claro que “we’ve a problem”: porque yo puedo aislar todo, pero si mi vecino (y lo digo metafóricamente, no me refiero a los míos) anda “a cuerpo gentil”, pues el cultivo sigue en su salsa. Y esto vale para el vecino domiciliario, al vecino en el transporte, o para la ciudad vecina (¿no, Horacio?).

Valgan entonces estas líneas para insistir en la urgencia del cuidado: cuidado sanitario, y cuidado mental. Porque a veces pareciera que un poder (per)judicial, la mentira sistematizada en los Medios, y los discursos de odio que escuchamos a diario y que calan hondo en algunos y algunas, son casi tan (o a veces más) graves que cualquier pandemia. Eso de andar matando alegría, matando esperanza, matando solidaridad, y matando el cuidado necesario parece que es casi como su marca en el orillo. Es lo que los identifica. Es lo que no deseo ni para mí, ni para los que quiero, ni para mi Patria.

 

Foto tomada de https://edulabc.com.mx/medios-de-cultivo/

martes, 18 de mayo de 2021

Domingo de Pentecostés "B"

 Jesús se va sin dejarnos solos

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los apóstoles     2, 1-11


Resumen: los apóstoles están juntos en Jerusalén, según Jesús les ha indicado, esperando “la promesa” de Dios, a fin de que habiéndolo recibido, puedan salir a anunciar a todos el Evangelio, la predicación de Jesús. El espíritu viene sobre ellos y se manifiesta en las lenguas que deben proclamar a todo el mundo y en la palabra única que deben anunciar, “la buena noticia del reino”. Al recibir el espíritu, la Iglesia recibe el impulso desde Dios para el desempeño de su misión evangelizadora “hasta los confines de la tierra”.


Comentando el comienzo de Hechos de los Apóstoles, el domingo pasado, de la Ascensión, mostramos (remitimos allí) las expresas semejanzas que Lucas pone entre el comienzo del ministerio de Jesús y el ministerio de la Iglesia. En este caso, por cierto, la presencia del Espíritu, que impulsó a Jesús, el descenso de ese espíritu de modo físico, o corporal, una voz o ruido del cielo… Lucas quiere señalar que comienza el “tiempo de la Iglesia” y para ello va a destacar que el gran protagonista de todo esto es – precisamente – el Espíritu Santo. 

Hay que recordar que los apóstoles, para Lucas, están en Jerusalén aguardando “la promesa” que Dios ha hecho con los suyos. Jerusalén, por otra parte, es la meta de las grandes peregrinaciones litúrgicas de los judíos, especialmente en las tres grandes fiestas: las tiendas (otoño), la pascua y ¡pentecostés! (éstas en primavera). Es por eso que se mencionan tantos judíos oriundos de tantos lugares (partos, medos, elamitas…).todos han ido como es habitual a la ciudad santa. Y allí están los discípulos de Jesús esperando el espíritu. 

El texto tiene dos partes que parecen contradictorias aparentemente. Al derramarse el Espíritu, los apóstoles comienzan a hablar “en otras lenguas según el espíritu les concedía expresarse”. Por otro lado, a continuación el enfoque cambia y ya no se trata de que se hablan diferentes lenguas sino que al que habla “cada uno lo escucha en su propia lengua”, lo cual es evidentemente lo opuesto. Probablemente esto señale dos elementos teológicos diferentes que el autor quiere destacar. Ambos signos (y ambos en relación a la palabra) son la consecuencia visible del don del Espíritu Santo sobre la comunidad de discípulos.

Las así llamadas “lenguas” son una consecuencia de la presencia del Espíritu Santo en Hechos (ver también 10,46; 19,6). Del mismo modo que los “signos y prodigios” (2,19.22.43; 5,12; 6,8; 7,36; 14,3; 15,12) estamos ante manifestaciones proféticas del espíritu. Evidentemente Lucas quiere hacer patente en estos hechos que se trata de una intervención divina (precisamente la mala interpretación de que se trata de que están borrachos, v.13 requiere mostrar de un modo indudable que se trata del obrar de Dios. De todos modos, por tratarse, como es evidente, de un texto programático que alude al comienzo de la misión de la Iglesia, seguramente no hemos de descuidar que a “toda lengua” debe llegar la predicación de los apóstoles. Deben ir “hasta los confines de la tierra” y allí todos deben escuchar la palabra de Dios.

Pero por otro lado, nos encontramos ante una escena extraña, el texto dice que “cada uno lo escucha hablar en su propia lengua”. Esto es raro ya que por lo general todos entendían el griego. Es decir, no hacía falta ningún milagro para ser comprendidos, sin embargo algo quiere destacar Lucas aquí. Nuevamente el tema es la lengua, pero ahora hay una lengua que todos comprenden, cada uno con su propiedad. Se ha pensado que Lucas quiere mostrar los efectos contrarios de la dispersión de lenguas ocurrida en Babel. Es posible (aunque el texto de Babel diga otra cosa, así parece haberse leído en este tiempo), pero si es el caso, no parece que debamos encontrar aquí el eje principal de interpretación del relato. El Evangelio es la palabra que deben anunciar, y debe ser comprensible para todos. Lo que todos entienden son “las maravillas de Dios”. Este término, “maravillas” (megaleia) es la única vez que se encuentra en el NT. En Dt 11,2 se refiere a la manifestación de Dios a los presentes (ver 2 Mac 3,34; 7,17), son manifestaciones que llegan “hasta el cielo” (Sal 70,19). Es un término habitual en el libro del Eclesiástico (17,8.10.13; 18,4; 36,7; 42,21; 43,15; 45,24). El término viene de “megas” (grande, que sí es frecuente). La construcción es semejante a la que María dice en el Magníficat: “ha hecho en mi favor maravillas (megála) el poderoso. Santo es su nombre” (Lc 1,49). Dios actúa en medio de la humanidad, se manifiesta. Y estamos invitados a reconocer esa intervención. Tal es el caso de los milagros (en ambos sentidos) que debemos mostrar a todas las naciones en todas las lenguas. El Evangelio debe ser conocido y aceptado, debe crecer. 

Pero esta tarea misionera de llegar a “toda lengua” (cf. Fil 2,11) no es algo que podamos desplegar sin la intervención de Dios. La Iglesia no puede comenzar su ministerio sin el Espíritu que la empuja, la impulsa y la llena de vida. Gente de todos los pueblos puede escuchar la palabra de Dios y –a partir de su fe- recibir el bautismo, y comenzar a su vez ellos a dejar crecer el Evangelio. 

Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     12, 3b-7. 12-13

Resumen: El espíritu es el que anima y fortalece a la comunidad. El que hace que los diferentes miembros de la ekklêsia estén al servicio los unos de los otros enriqueciendo el “cuerpo” y siendo gestores de unidad en la plena vivencia de la diversidad. 


En 12,1 comienza un nuevo apartado de la carta a los corintios. Como los demás, empieza con “con respecto a…” (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12) que parece ser – en cada caso – la respuesta que da Pablo a preguntas que los corintios le han formulado por carta (7,1). En la carta también hay enfrentamiento a temas que Pablo conoce por información oral (1,10; 5,1; 11,18; 15,12). En este caso, la pregunta es acerca de “los espirituales” y Pablo desarrolla el tema en tres grandes partes, concluyendo en 14,40. El capítulo 12, por su parte tiene también tres grandes partes donde Pablo presenta el planteo en general (vv.4-11), un análisis a partir de la metáfora del cuerpo (vv.12-27) y la conclusión (vv.28-31). Los vv.1-3 constituyen la introducción a toda la unidad. En este caso, el texto litúrgico mezcla, sin un criterio literario aparente, la última parte de la introducción y la primera parte de cada una de las dos primeras unidades (vv.4-10 y vv.11-12). No es fácil entender el criterio de los cortes, aunque la centralidad del tema del Espíritu, propio de la celebración, queda destacada. Veamos brevemente:

En la introducción, Pablo presenta un contraste entre el pasado y el presente de los destinatarios, el tiempo de la idolatría, tiempo “sin espíritu” y el hoy, tiempo “con espíritu”, tiempo “en la fe”. El contraste llega al extremo de la máxima blasfemia con la máxima confesión de fe, por tanto aquel que dijera “Jesús es anatema”, algo imposible de decir si ese tal tiene el espíritu, y la gran confesión de fe, “Jesús es Señor”, algo sólo posible de decir “en espíritu”. Esto, así dicho, pone la fe como el eje y el criterio de pertenencia. Pero esta fe está movida por el espíritu de Dios. Muchas cosas que antiguamente los corintios hacían son muy semejantes a lo que hacen ahora (por ejemplo hablar en aparentes lenguas extrañas), ¿cómo saber si a ello nos mueve el espíritu de Dios o un espíritu o un ídolo? Pues la fe, la confesión de fe, es el criterio. Si uno confiesa a Jesús, tiene el espíritu de Dios.

Sin embargo – y esto es particularmente duro para aquellos que se creían más importantes que otros por tener manifestaciones del espíritu que son más espectaculares (como el don de lenguas) – lo primero que Pablo señala es que esos “espirituales” con carismas. Es decir, dones de la gracia. Nadie puede, por tanto, jactarse, ya que todo es don de Dios, y no para el propio provecho, sino para el servicio de la comunidad. No es propio ni para sí. Esos dones son “distribuidos” (v.4), y tienen su origen en Dios. A cada uno Dios le da diversos “carismas” y todos son para el provecho de la comunidad (v.7). A continuación Pablo enumera algunos de esos carismas (lo que es omitido en el texto) y más adelante continuará mencionando otros. Es decir, no pretende dar una lista exhaustiva de los dones, sino mencionar algunos para destacar la pluralidad y variedad, pero en el sentido de la unidad. 

El texto está cortado, como dijimos, y comienza la primera parte de la metáfora del cuerpo. Aquí se limita a la presentación de la figura y a presentar lo que es aparentemente un aparente dicho pre-bautismal pre-paulino. La imagen del cuerpo y los miembros destacando la unidad y la diversidad parece haber sido tomada de la filosofía estoica, donde era común, aunque varios autores piensan en otros orígenes diversos. La imagen de la ciudad o del universo entendido como cuerpo es común en el entorno. Y los astros o la creación, y los “ciudadanos” entendidos como miembros. En este caso, el punto de partida es este, y refiere a la unidad y la diversidad, pero dando un paso extraño gramaticalmente: “así también Cristo”, no es “así también el cuerpo de Cristo” o “estando en Cristo”, etc. Sin duda la unión de los cristianos en Cristo es tal que genera una unidad indisoluble para Pablo. Lo cual hace impensable la división en el seno de la misma. División que no necesariamente significa ruptura, pero que puede ser hacer sentir a otros que por no ser como nosotros somos (o por no tener el carisma espectacular que nosotros tenemos) no son parte nuestra. O – por el contrario – hacer creer a otros, los más débiles, que no son “de los nuestros” por no tener nuestros carismas (ambos elementos se ven reflejadas en las imágenes que siguen: “no te necesito” o “no soy del cuerpo”, como dichos de unos y otros en la comunidad). Esta imagen, supone una mutua pertenencia al cuerpo al cual ingresamos por el bautismo. Es por esto que Pablo pone aquí un dicho (que es semejante a Gal 3,28 y parece semejante a Col 3,11). Esto parece indicar que existía una suerte de confesión de fe, o catequesis pre-bautismal que indicaba algunas características del bautismo en los que reciben el sacramento, y que Pablo utiliza y coloca aquí. En este caso, fiel al tema que está desarrollando, Pablo destaca que la diversidad (judío y griego, esclavo y libre) no afecta la comunidad, sino que por el contrario, la enriquece (en Gálatas, como el tema es otro y los conflictos también, el acento está puesto en que no hay superioridad de unos sobre otros y lo que cuenta es la unidad). Una nota con respecto al dicho: en Gálatas encontramos otro par: “varón y mujer”. Ciertamente, si 1 Corintios es cronológicamente anterior a Gálatas, hemos de decir que más tarde, Pablo añade el par varón-mujer al dicho que había recibido; por el contrario, si Gálatas es anterior a 1 Corintios, habría que explicar por alguna razón, por ejemplo, en el seno de la comunidad corintia, la razón por la que Pablo omite expresamente a la mujer y el varón en este texto. Parece bastante probable que Gálatas sea posterior a 1 Corintios, por lo que pareciera que en 1 Cor Pablo simplemente cita el texto (incorporando al Espíritu, donde decía Cristo). La importancia del lugar de la mujer en 1 Corintios mueve a Pablo a que la siguiente vez que cita este texto añada “varón y mujer”, como lo hace en Gálatas.

Pero veamos brevemente el tema del espíritu en esta unidad. Para empezar, es sensato suponer que Pablo no está pensando en la “tercera persona de la Santísima Trinidad”. Sería anacrónico. El espíritu es el don de Dios; se dona y envía su fuerza para que la comunidad pueda mantenerse fiel a los caminos de Dios. Este es el don que se da a la comunidad y por el cual proclama su fe (Jesús es Señor), es la fuerza que unifica el cuerpo y sus miembros, y que manifiesta en cada miembro diferentes “carismas” a fin de que toda la comunidad se enriquezca y crezca. Este don, recibido en el bautismo es gestor de unidad en la comunidad eclesial, del mismo modo que los miembros lo son en el cuerpo del que forman parte.



+ Evangelio según san Juan     20, 19-23

Resumen: Jesús se va, pero el espíritu es derramado para continuar en la comunidad con sus mismas características, y así poder vivir conforme al testamento que Jesús deja en su discurso final.

El segundo domingo de Pascua hemos comentado este Evangelio (aquí se encuentra sólo la primera parte, la escena “sin Tomás”, allí incluía la segunda parte también). Repetimos lo allí dicho. A continuación destaco una nota sobre el Espíritu en Juan. Es evidente que este texto hoy es puesto en la liturgia por la referencia al envío del Espíritu.

El día de la resurrección está concluyendo. De madrugada, María Magdalena fue al sepulcro (20,1); más tarde María se encuentra con Jesús a quien confunde con el “jardinero” (20,15) y lo comunica a los “discípulos” y al atardecer de ese mismo día tiene lugar la aparición a “los discípulos”. No sabemos quiénes eran los que estaban en este relato (por lo cual “los discípulos” como conjunto son los que deben ser tenidos en cuenta en el relato), sólo sabemos quién faltaba, Tomás, que será el protagonista, junto con Jesús, de la próxima y última escena. Esta unidad tiene entonces dos partes separadas por una semana (a fin de que la nueva aparición del resucitado vuelva a ocurrir en domingo). La ausencia y presencia de Tomás marca el elemento – nuevo en la segunda – que las relaciona, pero no hace falta caer en el fundamentalismo de preguntar si entonces Tomás no recibe los dones dados por Jesús en la primera visita.

Empecemos señalando que la presencia de Jesús con las puertas cerradas (v.19.26) parece intentar referir a que Jesús no ha vuelto a la misma vida pasada: su cuerpo es el mismo, pero es a su vez distinto, es glorificado. Como en la escena que sigue, las palabras de Jesús reconocen el don de la paz (shalom, algo necesario en medio del “temor”; no es justo decir que la paz ya está entre ellos – a causa de la ausencia de verbo, lit. “la paz con ustedes” – ya que el temor y la alegría posterior parecen desmentirlo) que Jesús les otorga (vv.19.26) y a continuación “les muestra las manos y el costado” reforzando así la idea de que “el resucitado es el crucificado”, continuidad y diferencia. Esto dicho anticipa la escena de Tomás, pero también nos adelanta que lo que dirá luego de los que “creen sin ver” no se refiere a los discípulos con exclusión de Tomás sino a los lectores del Evangelio. 

La alegría y la paz nuevamente otorgadas tienen una nueva dimensión. No se trata simplemente de repetir un saludo y que los discípulos se “alegren” por verlo resucitado, la “paz” y la “alegría” son dones escatológicos, como es escatológico todo el ambiente de esta escena. La resurrección de Jesús empieza a derramar sobre los suyos, los discípulos, los dones esperados para el final de los tiempos. Precisamente el gran don, el que engendra todos los anteriores, es el Espíritu que ahora entrega el resucitado. Nosotros lectores ya sabemos que sobre el pequeño grupo al pie de la cruz – los creyentes representados en la madre y el discípulo amado – se ha dado el espíritu (19,30), como estaba anunciado (7,39). Pero el espíritu – recordar los dichos del Paráclito (ver 14,16.26; 15,26; 16,7, siempre en el discurso de despedida) – no se derrama sobre el pequeño grupo, sino sobre todos los creyentes para ser testigos (20,22; ver 15,26-27). 

Ahora bien, como se puede ver en una lectura integral de todo el Evangelio, uno de los elementos centrales de la cristología joánica es presentar a Jesús como “enviado” del Padre. El “enviado” (el término judío es “sheliaj”) es una institución característica para la cual la persona tiene “la misma autoridad que tiene quien lo envía”, es decir, lo que dice, lo que decide, lo que deja de hacer es el mismo ‘enviador’ quien lo hace. Siendo Jesús “enviado del Padre” evidentemente pronuncia su misma palabra, opera sus mismas obras como queda claro todo a lo largo del Evangelio. “Enviado” en griego se dice con dos términos, pempô y apostellô (de donde viene “apóstol”). Así podemos decir que en el cuerpo del evangelio de Juan sólo hay un “apóstol” que es Jesús. Sin embargo, una vez resucitado, Jesús “envía” a sus discípulos así “como el Padre me envió” (ver 13,16.20; 17,18), y – en coherencia con los textos mencionados – es un envío “al mundo”. 

A continuación les da la capacidad de hacer llegar a todos el perdón de Dios (en un texto que tiene cierto contacto con Mt 16,19; 18,18).

La escena queda abruptamente interrumpida – no hay despedida ni partida – con la referencia a la ausencia de Tomás. En un diálogo entre ambas escenas los asistentes confirman que han “visto al Señor” (nuevamente se confirma que la alusión a los que creen sin ver no se refiere a ellos) pero Tomás manifiesta explícitamente su incredulidad yendo más allá de la visión, él quiere tocar. 

Podríamos señalar la importancia que en Juan tiene el personaje al que llama “paráclito”, o detenernos en el “envío”, que tan importante es el en Cuarto Evangelio. O la relación entre el espíritu y la comunidad joánica. Intentaremos –brevemente- un camino intermedio.

Las Biblias contemporáneas tienden a no traducir la palabra griega “paráclito” que antiguamente se traducía por consolador, abogado, etc. Es que el término “paráclito” es muy amplio y abarca esos elementos y también otros más. Como se sabe, las referencias al paráclito se encuentran en el largo discurso de despedida de Juan (Jn 13-17). Como una suerte de “testamento” de Jesús, él prepara a los suyos para su partida, y reconoce como verdaderos “herederos” a aquellos que vivan como él, en este caso, “el amor, como yo los he amado”. El paráclito aparece como una suerte de personaje que Jesús enviará cuando se vaya. Por eso “conviene” que se vaya ya que si no, no recibirán el paráclito. Si miramos algunos términos que se le aplican: verdad, envío, está con los discípulos, que el mundo no puede recibir ni conoce, que enseñará, son términos que se aplican también a Jesús en Juan. En cierta manera el Paráclito es una nueva manera de presencia de Jesús glorificado en medio de los suyos. Es un enviado a una comunidad, y con una misión concreta, que esta comunidad sienta la presencia en su vida cotidiana, en el conflicto, en conocer la verdad. 

Un elemento interesante que concentra “el misterio” en Juan es el momento de la muerte de Jesús. Allí, afirma Juan, Jesús “entregó su espíritu”. El grupo al pie de la cruz resume, en cierto modo, la primera Iglesia: dos personajes con fuerte carga simbólica están allí (al decir “simbólica” por supuesto que no negamos su entidad real): el discípulo amado y la madre de Jesús. Que a partir de este momento serán “madre e hijo”. Hay elementos (no tantos como los que luego desplegarán los Padres de la Iglesia a partir de Justino) para pensar en la madre como una suerte de “Eva”: hay referencia a un jardín, a una mujer-madre, a una costilla. Y hay un discípulo que es amado, que tiene profunda intimidad con Jesús en la pasión, lo acompaña en la cruz, lo reconoce resucitado y cree sin ver a Jesús. En cierto modo, la novedad que Jesús trae, la nueva comunidad de discípulos está allí en la cruz, y a ellos “entrega su espíritu”. En un instante Juan concentra pasión y envío del Espíritu, algo que luego desarrollará en el relato que nos toca comentar.

Mirando el término “espíritu”, en Juan no es muy frecuente, como lo es en otros (x19 en Mt; x23 en Mc; x36 en Lc [+ x70 en Hch] y x24 en Jn). Luego de una alusión al Bautismo de Jesús –no mencionado en Juan- habla de un “nacimiento” según el espíritu que refiere a los discípulos a partir de nuestro bautismo, a una verdadera adoración “en espíritu”, las palabras de Jesús “son espíritu y vida”. En 7,39 señala expresamente que el Espíritu lo recibirán los seguidores a partir de la glorificación de Jesús, esto es, a partir de la Pascua. Fuera de esta mención expresa, debemos esperar al discurso de despedida para escuchar hablar del Espíritu como un don. Este don, presentado como paráclito, como se ha dicho, es un modo nuevo de presencia de Jesús entre los suyos: espíritu de verdad, enviado y maestro, que no hablará por su cuenta, como ocurre con el enviado. Luego de estos anuncios, quedan los dos textos finales a los que hemos hecho referencia: Jesús, que en la cruz “entrega su espíritu” y que a los discípulos reunidos (¿quiénes?, no se dice) les entrega su espíritu en un soplo. 

La comunidad de los discípulos de Jesús continúa, Jesús se va pero no se desentiende de nuestra suerte. El y el Padre envían un paráclito, alguien con las mismas características de Jesús para que los discípulos puedan vivir el testamento que ha dejado, vivir el amor los unos a los otros como él nos ha amado.


Dibujo tomado de luteranaunida.wordpress.com

lunes, 17 de mayo de 2021

Comparto libro de Estudios Paulinos

 Comparto libro (gratuito) con colección de artículos



Hace unos pocos años decidimos, con la Revista Bíblica, que comenzaba la publicación de Suplementos, reunir en un volumen mis varios artículos sobre Pablo. 

Finalmente, con motivo del Encuentro internacional con motivo de los 90 años de la Revista (2019), el volumen vio la luz, aunque solamente publicaron ¡5 ejemplares! (¿?).

Con motivo de la actual crisis editorial a causa de la pandemia, Verbo Divino consideró que el libro ya había sido publicado y no vio oportuno reeditarlo (cosa que me parece razonable sin duda alguna aunque me hubiera gustado otra cosa). Por tanto, la Asociación Bíblica Argentina en su página web lo ha puesto para que sea descargado gratuitamente.

Aquí lo comparto para los interesados

http://abargentina.org/wp-content/uploads/2021/05/DE-LA-SERNA-Estudios-paulinos-2019-2.pdf

Eduardo

Video con comentario al Evangelio de Pentecostés

 Video con comentario al Evangelio de Pentecostés




también se puede ver en

https://youtu.be/fxV3PsNCRNM


Eduardo