martes, 5 de julio de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 15º C

“Vete a practicar la compasión para que vivas”


DOMINGO DECIMOQUINTO - "C"


Eduardo de la Serna





Lectura del libro del Deuteronomio     30, 9-14



Resumen: Israel tiene un Dios cercano, un Dios que es “su Dios”, a pesar de que “su pueblo” le ha sido infiel y lo ha rechazado. Luego de un tiempo de purificación, Dios vuelva a proponer el encuentro, como una suerte de nuevo éxodo, con una nueva circuncisión, recordándoles que poner en práctica los mandamientos es algo accesible a la vida de los suyos.

El libro del Deuteronomio es un libro complejo y revela diferentes etapas en su composición; seguramente es terminado en tiempos del exilio de la élite en Babilonia (587 – 537 a.C.). Una parte del texto litúrgico del día, alude expresamente a esto (30,1). Sin embargo, narrativamente el pueblo se encuentra en la región de Moab en camino a la “tierra prometida”, y los vv.11-14 parecen volver a ese tiempo. De hecho, la primera parte de la unidad literaria (30,1-10) parece estar en conexión con Dt 28, no tanto con cap.29. Veamos brevemente la unidad para entender mejor el texto litúrgico. La referencia a la bendición y maldición (cf. Dt 28 con el que está relacionado); abandona la segunda persona del plural para pasar al singular. Yahvé tendrá piedad de “ti” por gratuidad (4,31; cf. Jer 30,18; 33,26; Mi 7,19).

El exilio parecería indicio de que Dios ha roto definitivamente la alianza con su pueblo (28,58-68), sin embargo no es así como el autor del Deuteronomio lo ve; por el contrario es visto como un momento pedagógico. Si el gran pecado de Israel es la idolatría (“Sólo a Yahvé adorarás”, 5,6-7; 6,4), el exilio es un gran momento purificador; no es –entonces- el “fin de los tiempos” sino el fin de “estos tiempos”. Por eso el término clave de la unidad es “conversión”, “volver” (šûb; 30,1.2.3.8.9.10; cf. 4,29-31; 1 Re 8,46-50) “con todo el corazón” (vv.2.6.10) y por eso se repite tan frecuentemente en toda la unidad “Yahvé tu Dios” (30,1.2.3[x2].4.6[x2].7.8.9[x2].10[x2]) es decir, el Dios de la alianza (“ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Ex 6,7; Dt 26,17-18; 29,12). Como estaba mandado, estas cosas deben pasar por “el corazón” (6,4). Una suerte de “nuevo éxodo” se repetirá en el destierro (30,3-5). Dios mismo (ya no “el pueblo”, o cada uno) circuncidará el corazón de su pueblo a fin de que la alianza sea plena. Para estos, Dios les garantiza la “fecundidad” de los vientres, los ganados y los suelos (v.9) porque así serán felices y Dios se complacerá en ello. Esto se concluye en v.10 donde retoma por última vez las dos ideas fuerza (“tu Dios” y “conversión”, como hemos dicho). Este libro (v.10) es la ley, el mismo Deuteronomio (cf. 28,58.61; 29,19.20.26). No es una alianza esotérica que requiera medios extraordinarios, es una alianza con el corazón (Jer 31,33; Ez 36,26-27, como la circuncisión, v.6).

Sin embargo, existe la posibilidad que el pueblo crea que el cumplimiento de las normas y preceptos (v.11) es prácticamente imposible, y entonces dedica el párrafo siguiente (vv. 11-14) a desmontar esa idea. Al pasar el mandamiento por el corazón, lo interioriza, lo vuelve cercano. La referencia a la distancia entre cielo y tierra es frecuente en la literatura sapiencial (Pr 30,4; Bar 3,29-30; cf. Sal 139).

Como se ha dicho, los vv. 11-14 no tienen conexión directa con los versículos precedentes ni con los posteriores; retornan bruscamente a la realidad de la generación que está en Moab y su temática parece empalmar con 29,28 (no con c.28 como los vv.1-10). La intención es hacer ver a los contemporáneos que el cumplimiento de la ley es posible, porque esta no es lejana (cielo, mar) sino cercana (boca, corazón); cf. 6,6-7; Jos 1,8. El mar es símbolo del caos (Sal 33,6-9; 74,12-15), cruzarlo –por tanto- es sinónimo de la dificultad por excelencia (como también se ve en escritos mesopotámicos; es bueno recordar que Israel no es un pueblo navegante, como sí lo son los fenicios). La idea principal es que para Israel, Yahvé es un Dios cercano (Dt 4,7), y también son cercanos los medios que él mismo propone para amarlo.


Lectura de la carta a los Colosenses             1, 15-20



Resumen: dado que algunos en Colosas han interpretado la persona de Cristo como uno de los ángeles, el autor de la carta intenta destacar –y el himno introductorio lo presenta claramente- la primacía fundamental de Cristo ya desde la creación, y luego en el acontecimiento reconciliador de la creación entera.

Para comenzar con esta carta que se leerá durante algunas semanas, destaquemos algunos breves elementos introductorios que conviene tener presentes.  Es muy probable que esta carta no sea compuesta por Pablo sino por un discípulo, transcurrido bastante tiempo y –probablemente- habiendo ya desaparecido el Apóstol. Hay muchos indicios que nos invitan a esta conclusión, como temáticas que indican el paso del tiempo, y respuestas que también parecen propias de nuevas realidades y una mayor “organización” eclesial. 

El texto que se propone en la liturgia es un gran himno introductorio, donde encontramos presentados algunos elementos que se desarrollarán más extensamente –o más claramente- en el cuerpo de la carta. 

Algunos autores proponen que el himno comienza en realidad en v.12, pero es posible que vv.12-14 sean una suerte de conclusión de lo anterior e introducción al himno, es decir, un pasaje de transición con elementos comunes a la acción de gracias y oración inaugural (1,3-11) y al himno (1,15-20). 

Se trata de un texto primitivo quizás no paulino de origen litúrgico, con interesantes reminiscencias a los textos sapienciales bíblicos y para-bíblicos (Qumrán incluido), incorporado por el autor para ilustrar lo que desarrollará a continuación. Es interesante ver cómo está estructurado el himno para ver cómo despliega su pensamiento el autor:

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.15
2.- pues en él (hoti en auto) todas las cosas (ta pantaen cielos y tierra v.16
3.- todo por él y para él (panta di autou kai eis auton) v.16

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.18
2.- pues en él (hoti en auto) toda la plenitud (pan ta plêrôma) v.19
3.- por él … y todo para él (kai di autou… ta panta eis autonen la tierra y los cielos v.20

Esto nos muestra dos estrofas construidas de modo semejante, la primera poniendo el centro en la creación (v.15.16 formando inclusión) y la segunda en la reconciliación (v.20; también presentada como pacificación). 

El tema de la primera estrofa es el papel de Cristo en la creación. Como pretende destacar la preexistencia y su relación con la creación, el autor recurre a imágenes propias de la literatura sapiencial: Pr 3,19; 8,22-31; cf. Sab 7,22; 9,2-4. 

Pablo hablaba de los seres humanos como “imagen” de Dios (cf. Rm 8,29; 1 Cor 11,7; 15,49; 2 Cor 3,18) pero también lo dice de Cristo (2 Cor 4,4); la imagen (eikôn, de donde viene nuestro término “ícono”). El término remite frecuentemente a los ídolos (cf. Mc 12,16p; Rm 1,23) pero en la carta lo volvemos a encontrar en referencia a Cristo (el Hombre Nuevo) “imagen” del Creador (3,10).

Los “Tronos, dominaciones, Principados y Potestades” forman parte del “todo creado en cielos y tierra”. No es evidente a qué se refiere ya que en 2 Pe 2,10; Jds 8 se refiere a personajes terrenos. El trono (thrónos) es con frecuencia un asiento (cf. Mt 5,34; 19,28…) y jamás se encuentra en Pablo ni en sus discípulos fuera de aquí. El señorío (kyriótês) fuera de este texto y en 2 Pe y Jds lo volvemos a encontrar en Ef 1,21, un texto que parece influido por Colosenses. Los “principados” (arjê, por tanto también principio, comienzo) los encontramos en Rom 8,38 que parece contrapuesto (por el contexto) a ángeles, en 1 Cor 15,24 junto con “poder y dominación” son destruidos por Jesús que está por encima de ellos (Ef 1,21) al final de la historia, se manifiesta a ellos y potestades en la Iglesia (Ef 3,10) que son “fuerzas del mal” (Ef 6,12). Jesús es el “principio” (Col 1,18), la “cabeza” de todo “principado y potestad” (2,10) y son despojados por Cristo (2,15). Las potestades (exousía, por tanto también poder, derecho, libertad) en Rom 13,1.3 se refiere a las autoridades romanas, como se dijo, son adversarios de Cristo (1 Cor 15,24; en Ef 2,2 tienen que ver con el “príncipe” (arjontes) del poder y espíritu que actúa en los rebeldes; 3,10; 6,12; en Col 1,13 es “poder de las tinieblas”; cf. 2,10.15). Como se ve, en general se refiere a fuerzas supra-humanas, con frecuencia ángeles que obran el mal. En este caso, luego de haber señalado que todas las cosas fueron creadas “en él”, señala un par de merismos (construcción retórica que expresa la totalidad señalando extremos opuestos: cielo-tierra; visible-invisible) y concluye señalando la creación de estas fuerzas, para las que la “herejía colosense” contra la que el autor reacciona, parecen fuerzas rivales de Cristo, o “complementarias”.

Una nota sobre la “herejía de Colosas”: La angelología fue muy desarrollada en el judaísmo tardío; incluso empieza a proliferar una suerte de culto a los ángeles que será combatido en el N.T. (cf. Col 2,18; Heb 1,5.13). Pareciera que algunos en Colosas, ante la importancia dada a Cristo por los cristianos lo han puesto como “un gran ángel” o algo semejante. De allí la insistencia del autor en relacionarlo con la Creación, y como que “todo” fue creado “en él, por él y para él”, es “el primero en todo”, y “en él reside la plenitud de Dios corporalmente” (2,9; cf. 1,19) e incluso los “derrota”.

Como dijimos, la referencia a antes que todo alude a los textos sapienciales de la sabiduría. El himno presenta a Cristo como preexistente, otro reflejo de especulación sapiencial del judaísmo helenístico.

En la segunda estrofa, se destaca que Cristo es “la cabeza del cuerpo, la Iglesia (v.18; cf. 2,19). Muchos autores suponen que «la Iglesia» altera la idea de Cristo como cabeza del cuerpo cósmico, y que sería un añadido a un texto primitivo. Pero el tema “cabeza del cuerpo, la Iglesia” es un tema importante en Colosenses (1,24.27; 2,17.19; 3,15 y en Efesios 1,23; 4,15- 16; 5,23). En los escritos auténticos de Pablo la imagen del cuerpo es usada como metáfora de la Iglesia (1 Cor 6,15; 10,16-17; 12,12-27; Rom 12,4-5); en este caso no se trata de una “imagen como un cuerpo” sino del mismo cuerpo de Cristo (tampoco de un “cuerpo místico”, por cierto) lo cual significa un avance con respecto a Pablo.

Una nota sobre la escatología de Col (y Ef): como se sabe, Pablo espera para un tiempo relativamente cercano la venida de Jesús (cf. 1 Tes 4,15-17; 1 Cor 15,51-52). Sin duda que Pablo fue evolucionando en este sentido, especialmente cuando empieza a ver la muerte suya como algo posible y cercana. Pero no parece –en este caso- que Pablo piense que Jesús demorará su venida sino que él adelantará su partida. Con el paso del tiempo, la demora de esta venida de Jesús fue un tema interesante para los cristianos. ¿Por qué se demora? Mientras algunos autores (emblemáticamente 2 Pe 3,3-10) destacan que se demora expresamente a fin de dar la ocasión de la conversión; otros (y Colosenses es un ejemplo de ello; también Efesios o el evangelio de Juan) señalan que nosotros en cierta manera ya entramos en este ámbito escatológico. Eso se verá claramente en Ef 2,6 donde “nosotros” ya estamos resucitados, sentados en los cielos “en Cristo”. En este sentido, la imagen de la cabeza y el cuerpo sirve en cierta manera para remarcar esta tensión entre lo que se ha llamado frecuentemente el “ya", y el "todavía no”.

Señalar que Jesús es el principio parece ser un juego de palabras entre arjê, principio, referido a la preexistencia y al rol de Cristo en la creación, y arjê, «principado» que hemos señalado. Es paulino también la idea de Jesús como el primogénito de entre los muertos (cf. Rom 8,29; 1 Cor 15,20) en obvia referencia a la resurrección de Jesús y su estrecha relación con la de la humanidad.

Al señalar que en él reside la plenitud parece una versión abreviada de lo que dirá en 2,9: “en él reside la plenitud de la divinidad corporalmente”. Los que piensan en un himno primitivo no paulino, lo relacionan con la plenitud de poder en la creación. 

Pero el objetivo es la “reconciliación” (apokatallasô, término que sólo se encuentra en Colosenses 1,20.22 y Efesios 2,16; Pablo utiliza simplemente katallassô, cf. Rom 5,10; 2 Cor 5,18.19.20; cf. 1 Cor 7,11) que es sinónimo de “pacificar” (única vez en el NT; y sólo una vez en el AT griego, Pr 10,10). Lo que se reconcilia es “todo”, lo que se pacifica (por la sangre de su cruz) es también “todo” expresado en el merismo “tierra y cielos” (v.20).


Evangelio según san Lucas     10, 25-37


Resumen: un doctor de la ley, por tanto un experto, pregunta a Jesús por la ley. Todo se sintetiza en un mandamiento doble de amor a Dios y al prójimo. Pero ser prójimo no es algo de escuelas rabínicas, sino un accionar movido por la compasión y la misericordia. El que vive de esa manera es el que alcanza la vida.

En el Evangelio de Marcos, fiel a su estilo de destacar 3 cosas, presenta tres encuentros de Jesús con diferentes grupos al llegar a Jerusalén: fariseos y herodianos, saduceos y escribas. La pregunta del escriba es sobre el “primero de todos los mandamientos” (12,28) y Jesús responde por “el primero” y “el segundo” (vv.29.31) afirmando que “no hay mandamiento mayor que estos” (v.31). Lucas, en cambio, prefiere modificar el lugar de este acontecimiento, y lo ubica en la gran sección del camino (9,51-19,40). Como se ha visto en los domingos anteriores, esta gran sección destaca centralmente el papel del discipulado. El texto que la liturgia propone sigue esta misma dinámica.

Aquí el que formula la pregunta lo hace “para ponerlo a prueba” sin que sea muy claro cuál sería la prueba en este caso, quizás obligarlo a que diga claramente qué lugar tiene la Ley en la misión de los seguidores de Jesús; además, el que formula la pregunta es presentado como un hombre de la ley (cf. 11,45.46.52; 14,3). La escena es doble (y particularmente la segunda es propia de Lucas, la así llamada "parábola del buen samaritano"). 

1.      Pregunta del doctor de la ley
v.25
v.29
2.      Contra-pregunta de Jesús
v.26
vv.30-36 -parábola-
3.      Respuesta del doctor de la ley
v.27
v.37a
4.      Mandato de Jesús
v.28
v.37b

A diferencia de Marcos, no es Jesús quien responde sino el mismo doctor de la ley haciendo suya una doble cita de Dt 6,5 y Lev 19,18. Jesús confirma, entonces, la importancia de la ley “para obtener la vida”. La pregunta había sido para alcanzar la vida y Jesús concluye afirmando que “vivirá” si “hace eso” (v.28). 

Las diferentes escuelas judías debatían sobre “quién es miembro del pueblo de Dios”, es decir, ¿quién es mi prójimo? Es la formulación que retoma el doctor de la ley a fin de “justificarse” por hacer una pregunta que debería serle obvia (y que, de hecho, él mismo responde). La nueva pregunta parece ahora propia de las escuelas. La escuela de Shammai, más rígida, sostenía que sólo son “prójimos” (y por tanto alguien a quien se debe amar y reconocer) los “buenos judíos”; la escuela de Hilell, en cambio, más abierta, afirmaba que prójimo es “todo judío”. Lo que ahora viene a preguntar el doctor de la ley parece ser por qué escuela es que Jesús se inclina. 

Antes de formular la contrapregunta, Jesús narra una historia. Como suele ocurrir en muchas parábolas se trata de una historia verosímil con un final provocativo. Ante una persona “medio muerta” (v.30) a causa de un asalto, era razonable que escribas y sacerdotes no tocaran al herido a fin de no contaminarse de impureza por contacto con cadáver [Lev 21,1; Num 5,2; 19,11; Ag 2,13] o por sangre [Lev 12,5; 15,19.25; cf. Gen 9,4] (vv.31-32). La provocación viene dada porque el accionar esperado y deseado proviene de un “samaritano”. Cualquier oyente de Jesús -o lector de Lucas- sabe que los samaritanos son personajes rechazados en Israel a causa de una mutua tensión y enemistad (ver Jn 4,9; Lc 9,52-53). Lo que caracteriza el accionar de este samaritano es la “compasión” (splagjnizomai; término que remite a las splagjna, las entrañas). Esta compasión lo lleva a una delicada atención del herido: curarlo, cuidarlo, conducirlo a un albergue, y proveer su sustento y cuidado en su ausencia (vv.33-35). Como suele suceder en las parábolas, no hay que buscar sentido a cada cosa o cada paso dado por el samaritano, sino simplemente descubrir en ellos la dedicación a la que la compasión por el herido mueve al samaritano. 

Planteada la situación francamente chocante, encontramos la contra-pregunta de Jesús. Contra-pregunta que tiene un pequeño cambio con respecto a la pregunta inicial. Ésta era “quién es mi prójimo” y Jesús pregunta “quién se comportó como prójimo”; es decir, no importa quién es el miembro del pueblo de Dios que es así acreedor del amor de los “hermanos”, sino cuál es el modo de obrar que se espera de un miembro del pueblo de Dios. 

Los dos términos clave en esta parábola son sinónimos: compasión y misericordia. La compasión es lo “entrañable” (splagjna). El verbo sólo se encuentra en los Sinópticos en el NT (x5 en Mt; x4 en Mc y x3 en Lc); es la actitud característica de Jesús ante el sufrimiento. El sujeto del verbo casi siempre es Jesús, y en Lucas tiene una nota característica: en los 3 casos se dice en un contexto de “muerte”: ante la viuda de Naim (7,13), y el padre del hijo que vuelve a casa después de dilapidar la herencia, “estaba muerto y ha vuelto a la vida” (15,20) o, aquí, ante el herido “medio muerto”. La compasión de Jesús, que mueve a su obrar, en Lucas está en estrecha relación a la vida. La misericordia (eleos), en cambio, es más frecuente en el NT, en Mt (x3) se trata de lo que Dios quiere de la humanidad (9,13; 12,7; 23,23); ausente en Marcos, se encuentra 6x en Lucas, fuera de este texto, siempre en el Evangelio de la infancia (1,50.54.58.72.78; 4x en himnos litúrgicos). Ausente a su vez en Juan y en Hechos, lo encontramos 4x en Pablo, 6x en las cartas de discípulos de Pablo, 2x en Sgo y Jds, y x1 en Heb, 1 Pe y 2 Jn. Es interesante el uso en Lc 1,78 que habla de las “entrañas de misericordia” (splagjna eleous). 

El doctor de la ley responde, pero a la pregunta no dice “el samaritano”; es que se trata de un grupo estigmatizado y despreciable. Sin embargo “practicó misericordia” (eleos), y en este caso nada menos que un samaritano se muestra como miembro del pueblo  de Dios en su obrar. De allí el nuevo mandato de Jesús: “haz tú lo mismo” con lo que amplía el horizonte de pertenencia (y de discipulado) y le muestra el camino a la “vida eterna” que el doctor de la ley esperaba.

El video con comentario al Evangelio puede verse en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/07/video-con-comentario-al-evangelio-del.html
o también en
https://youtu.be/mMzu9jgYLaw

Foto tomada de http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=814

domingo, 3 de julio de 2022

Etchecolatz y la correlación de fuerzas

Etchecolatz y la correlación de fuerzas

Eduardo de la Serna



Murió uno de los peores. Si hubiera sido al revés, uno de los peores periodistas hubiera clamado “¡uno menos!” No lo decimos, aunque – ciertamente – no lo lloremos.

Murió en cárcel común, aunque este perverso poder per-judicial estaba preparando una prisión domiciliaria a tan indefenso y tierno ancianito. No se dio la ocasión.

Pero me queda una breve reflexión. El todopoderoso, el que causaba miedo de sólo pensarlo, el que aterrorizaba a su misma ex hija, el que, aun en un juicio justo, se atrevió a escribir – sin esconderlo – el nombre de Jorge Julio López, el cual volvió a ser desaparecido y así sigue, mostrando, además, que conservaba poder de fuego. Y de muerte. Ese todopoderoso murió. Y preso.

Sea como fuere, estaba detenido; en cárcel común. Y se llevó su silencio, los nombres, los cómplices, lugares y datos, pero – al menos – en cárcel común.

Hace muchos, muchos años, un grupo de “viejas”, armadas de un temible pañuelo blanco (arma ciertamente letal), y caminando indefensas en círculo, mostró al mundo y a la sociedad toda, que no es cosa de medir la correlación de fuerzas sino de militar por la vida. Era evidente, entonces, quien o quiénes tenían el poder omnímodo, y dónde estaba la omnipotencia. Pero no era cuestión de pesar poderes, de calcular costos y beneficios, de temer paralíticamente la derrota, era volver a dar vida a sus hijos y ser paridas por ellos.

Si hay un hecho definitorio de nuestra historia presente que muestra que el cálculo por la correlación de fuerzas es estéril y lleva a más esterilidad, es mirar a las madres de todos, a las que el pueblo abraza por un lado, y a los ayer todopoderosos haciéndose los débiles viejecitos por el otro, y ver que – aunque el omnipotente poder per-judicial intente por todos los medios encender los apagones, reinstalar dos demonios o amnistiar encubiertamente genocidas, torturadores, asesinos y demás – lo cierto es que la fuerza del amor vence al odio, y las madres siguen abrazadas. Unos seguirán temerosos de dar pasos por eso de la correlación y coso, otras viejas, mucho más viejas que ayer, ahora con bastón o sillas de ruedas, siguen andando y siguen mostrando caminos. Es bueno mirar la historia para saber hoy donde posicionarnos, otros prefieren animalitos o consensos para que te contesten con el bolsillo después que les hablaron con el corazón. De trata de aprender, la historia la tenemos delante y sirve para caminar. Otros eligen detenerse.


Foto tomada de https://www.infobae.com/2014/10/29/1605099-imputaron-etchecolatz-el-papel-el-que-escribio-el-nombre-jorge-julio-lopez/

sábado, 2 de julio de 2022

Carta abierta a Alberto Fernández

Carta abierta a Alberto Fernández

Eduardo de la Serna




Señor presidente…

Me permito escribirle a modo absolutamente personal… y al decir, “personal” me refiero a que, aunque yo pertenezca a un grupo de curas, y sospeche que varios estarán de acuerdo conmigo, esta nota quiere ser totalmente mía.

Usted sabe bien que fue votado por la mayoría de los argentinos, pero sabe bien que los votos no le pertenecen. Son de un frente al que aceptó pertenecer. Si bien es cierto que el sistema presidencialista argentino lo erige a usted en autoridad principal, mal haría en creer que fue usted, y no el frente, el votado. Y – por lo tanto – el que debe gobernar.

Llevamos más de la mitad de período de gobierno. Con aciertos y errores. Y se aproximan unas nuevas elecciones presidenciales. Usted afirmó que se presentaría para la reelección. No es este el momento para hacer la evaluación y señalar méritos y deméritos. En lo personal, lo que me importa, es la suerte de los pobres. Y – debo decirle – me daría mucha pena tener que elegir entre un mal, ¡muy mal!, menor y el mal, ¡muy mal!, mayor, cuando creo que podemos ir avanzando en caminos que conduzcan a la felicidad del pueblo; camino que no se está transitando. Pero, me permito decirle, que no tengo ninguna intención de votarlo a usted, precisamente por eso. Puede ser, por aquello del mal menor, que lo termine haciendo, pero no está en mi intención hacerlo (ya me tocó votarlo a Scioli, así que sé de qué hablo). No entiendo que no se ponga usted al frente de las decisiones firmes que sepan confrontar – aunque implique perder – con los poderes hegemónicos. Usted dice que el poder implica la capacidad de persuasión… capacidad para la que se ha mostrado absolutamente incapaz. Que no es cosa de lapicera (la cual parece no tener, o no querer usar), sino de diálogo. Y debo recordarle que cuando Perón usó la lapicera, o cuando la usó Néstor o Cristina (¡que la usaron!), les significó conflicto, y perder y ganar. Y si cree que “persuasión” es lo contrario, permítame recordarle que la historia lo contradice desde hace décadas. Es posible que usted no esté dispuesto a usar la lapicera, o que su temperamento no se lo permita, o que los que mandan por encima de usted no lo autoricen a hacerlo… Sepa, por lo menos, que con mi voto no cuenta. No quiero votar a ganador, pero, al menos, sí, votar a militancia. Votar a quien se atreva a dar pelea, no por la pelea en sí, sino por la causa de los que sufren. Víctimas de aquellos que no tienen lapicera sino poder. Pero, que, al menos, los empobrecidos, y las víctimas de aquellos que usted no se atreve a enfrentar, sepan que, hay alguien – o alguienes – que hicieron suya la causa que hubiera necesitado una lapicera que quedó guardada.


Foto tomada de https://eldoce.tv/videos/politica/cristina-kirchner-lapicera-macri-asuncion-alberto-fernandez_93470

 

viernes, 1 de julio de 2022

Un día como hoy, en 1974

Un día como hoy

Eduardo de la Serna



En 1974 estábamos en el año introductorio del Seminario. Un año que estaba pensado un poco monacalmente, casi sin salidas (sólo visitábamos a nuestras familias los domingos desde la mañana a la noche), y con horarios estipulados y un poco de encierro. En ese año, “afuera”, ocurrieron varias cosas:

  • El 1º de mayo hubo un acto muy importante en la Plaza de Mayo donde quedó muy patente la distancia entre el gobierno de Perón y la Tendencia Revolucionaria: “¿qué pasa, General? ¡Está lleno de gorilas el gobierno popular!” por un lado y de “¡Imberbes!” por el otro. Y el abandono de la plaza por parte de los segundos. Recuerdo que, por ser feriado, hubo una comida en la que todos los seminaristas participamos. No sé cómo fue que en algún momento alguien le tiró a otro una miga de pan y queriendo ser simpático, el rector (a quien recuerdo como un muy buen tipo) dijo “- ¡el que tira el próximo pan va a la Plaza de Mayo!” y empezaron a volar panes por doquier. Ese era el clima que se vivía.
  • El 11 de mayo fue asesinado Carlos Mugica. Como el velatorio comenzó el domingo, y salíamos de visita familiar, fui a San Francisco Solano, donde empezó el sepelio, que luego seguiría en la villa 31. Pero a la segunda parte, como ya era lunes, no nos permitieron participar a los pre-seminaristas. Como he dicho en otra ocasión, lo recuerdo con mucho dolor.
  • El 1º de julio muere Perón. Tampoco pudimos participar de los actos de dolor de tantas y tantos del Pueblo. Recuerdo un amigo, Carlos, que logró pasar aprovechando su situación de discapacidad y llegar hasta la Catedral, creo. Pero nosotros no pudimos ir.

Y recuerdo que, a partir de estos momentos, cada uno más duro que el anterior, se empezó a gestar la noche. Los gorilas del gobierno popular se empoderaron y asesinaron a Carlos y empezaron a mover todos los hilos de gobierno en torno a Isabel, la sucesora del General. Era patético ver que Isabel daba un discurso y, detrás, “el brujo” movía los labios diciendo exactamente eso mismo, para que todos supiéramos que el discurso era suyo. Y recuerdo que la Triple A empezó a campearse. Y que las organizaciones armadas empezaron a abandonar la poca sensatez que les quedaba. Y empezó a aparecer un “borrador” de lo que en 1976 padecimos todas y todos, en todos los ámbitos de la vida. Y de la muerte.

Sin duda la muerte de Perón marcó un antes y un después. Muchas cosas de sus últimos tiempos especialmente, quedan sujetas a diferentes interpretaciones; López Rega en la parte más sombría, sin duda. La incapacidad manifiesta de Isabel también. ¿Qué hubiera pasado si…? Obviamente entramos en el terreno de lo contra-fáctico. Perón murió, pero, con sus más y sus menos, con nombres y otros nombres, el peronismo siguió vivo. Y sigue vivo. Siempre aparece alguno que pretende tener el “peronómetro”, y siempre aparecen peronistas en sus antípodas, en la “ancha vereda”, como dice Graciela. 

Ayer era fácil y sensato decir “el pueblo es peronista”, y seguramente con razón Carlos Mugica lo repetía insistentemente. Hoy no creo que eso pueda afirmarse, y las razones son muchas. Cambió el pueblo, cambió el presente. Y a causa de “si Evita viviera” hubo demasiada violencia y muertes. Si es cierto que “mi único heredero es el pueblo”, entonces es el pueblo – o lo que queda del pueblo peronista – el poseedor del peronómetro, especialmente porque la felicidad del pueblo es su termómetro. En lo personal, no me importa tanto que fulana o mengano afirmen ser peronistas, sino cuánto hacen por la felicidad del pueblo, y – sobre todo – si el pueblo lo reconoce con sus palabras y gestos, o si calla esperando dar en el futuro “sus benditas señales de vida”, como canta Teresa. Y – y esto es personal – sí creo que hubo momentos en que había más felicidad, o estaba más al alcance de la mano, hubo momentos de mucho dolor, hubo momentos de defraudaciones y momentos de esperanzas truncadas. ¿El presente? Por ahora, todavía me la deben.


foto tomada de http://www.26dejulio.org.ar/d01-m07

jueves, 30 de junio de 2022

Las causas de una amenaza

Las causas de una amenaza 



Por estar viviendo en medio de campesinos y comprometiéndose con su causa, ayer un cura de Santiago del Estero, Rubén Lasaga, fue amenazado 'por meterse donde no le corresponde', o sea, por acompañar al pueblo campesino que viene siendo avasallado desde hace ya varias décadas. Gracias a Dios, a la lucha de un pueblo y de sus madres abrazadas, pasaron esos tiempos – que cada tanto algunos pretenden revivir – de que “por algo sería” o “en algo andaría” alguien cuando era amenazado o cuando se concretaban las amenazas. El lavado de manos pretendía buscar una causa bien lejana que permitiera simular estar en paz a los que la pronunciaban.

 

Desde siempre en nuestra Patria la pretensión de poseer la tierra o distribuirla fue motivos de conflictos. Cuando las fronteras agropecuarias se expandieron, los espacios ayer despreciados fueron entonces, deseados. Deseados y apropiados. A nadie molestaba ayer que campesinos ocuparan territorios que ellos veían como inservibles. Pero cuando se descubrió que se los podía usufructuar, aunque tierra, agua y aire fueran envenenados, casi mágicamente esa tierra pasó a tener apropiadores. Con la complicidad de los poderes judicial y político, y la manipulación mediática, los que ayer ocupaban tranquila y ancestralmente las tierras hoy pasaron a ser presentados como usurpadores y delincuentes. 

 

Y así fue que campesinos e indígenas fueron desalojados, desplazados y asesinados. Sus tierras apropiadas, sus animales matados, sus pozos envenenados y topadoras y fuerzas de seguridad, legales e ilegales, se hicieron presentes donde ayer estaban ausentes. Muchos campesinos se organizaron, muchos fueron acompañados. Y allí también se hizo presente la fe del pueblo y sus ministros. «La iglesia no puede estar ausente en la causa de los pobres» dijo, una vez, Juan Pablo II. Haciendo suya, entonces, la causa de los campesinos e indígenas, sectores de la Iglesia caminaron, compartieron y padecieron y padecen lo mismo que los olvidados. Que haya movimientos sociales, curas y tantos otros que son amenazados no es sino “a causa” de haber hecho suya “la causa” de las víctimas. Lo “que no le corresponde” a un cura es permanecer indiferente ante el dolor, ante la injusticia, ante la mentira. Sería ser indiferente al Evangelio de Jesús y su causa. Solidarios con los campesinos e indígenas de Santiago del Estero queremos recordarle al poder judicial que su causa es la justicia, al poder ejecutivo, que su causa en el pueblo, a los Medios de comunicación que su causa es la verdad, y a los apropiadores y violentos que ellos son la causa del dolor y el sufrimiento de tantas y tantos. Cuando, con el Papa Francisco insistimos en que todos deben tener Techo, Tierra y Trabajo, de esto estamos hablando. Precisamente.

Grupo de curas en opción por los pobres

29 de junio de 2022

 

¿Qué está pasando?

 ¿Qué está pasando?

Eduardo de la Serna



Ya sabemos, y los medios nos informan casi a diario, de la provincia casi paralela que existe en Santa Fe donde la culpa de todo la tienen los narcos (aunque no pareciera que afectaran a los poderosos de la provincia, lo que sería sospechoso y me hacen acordar a las Maras centroamericanas). Pero también sabemos que hay localidades donde si pasa algo, eso se calla, son intocables. En realidad, basta con mirar las publicidades en radios, televisión o periódicos para saber de quién no van a hablar mal ni críticamente, ¿no, Rodríguez Larreta? Se llama “pauta” que es un modo suave que huele a chantaje.


Lo cierto es que hay otros lugares. Hay un lugar donde, cuando un obispo molesta, se lo sacan de encima. Y después, a otro. Donde un empresario de medios, de apellido cortito y difícil, maneja media provincia desde sus hoteles, donde un empresario de gaseosas maneja la otra mitad, donde campean fuerzas de seguridad ilegales, casi parapoliciales, protegiendo a los poderosos violentando a los débiles, donde un ex jefe de la SIDE se pasea asesorando, donde los aviones rocían casas y escuelas, y no con bendiciones, precisamente, donde los poderes políticos o bien negocian o bien son funcionales, o bien parte del problema. Donde campesinos e indígenas son corridos y vueltos a correr con topadoras y armas hacia fronteras cada vez más fronterizas. Y cuando un cura camina y acompaña, pues, se lo amenaza. Como se ha amenazado por décadas a los débiles, indefensos… víctimas.


¿Qué pasa? En un país donde un ex presidente puede espiar a quien se le antoje y carpetearlo, donde otros poderosos empresarios mediáticos también tienen carpetas, y donde el poder judicial calla, por complicidad o por carpeteado (o por ambas) … pues, ¿qué pasa? ¡Nada! Sencillamente nada. “Esa te la debo” dirá el innecesario sabiendo que, al final, no debe nada. Porque nadie se lo reclamará.


Imagen tomada de https://www.elciudadanoweb.com/entre-rios-si-avanza-en-prohibir-la-utilizacion-del-glifosato/

Jesús ¿“dio la vida”?

Jesús ¿“dio la vida”?

Eduardo de la Serna

 


Estamos muy acostumbrados a escuchar y utilizar la frase “dar la vida” y decimos que “el buen pastor da la vida por sus ovejas”, que “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, y demás ideas semejantes. Y las repetimos en la actualidad señalando que tal o cual persona (mártires, por ejemplo) dio la vida. Ahora bien, ¿es así? ¿dieron la vida? ¿querían darla? ¿no sería más exacto decir que se las arrebataron? ¿qué dicen los textos bíblicos?

En realidad, podemos destacar tres tipos de textos que hacen referencia a esto.

1.- Marcos 10,45 y su paralelo de Mateo 20,28 dice que “el hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”. La clave, evidentemente, está dada por el término rescate. Rescate es un pago que se da, por ejemplo, para la liberación de presos o esclavos o incluso de la tierra confiscada, pero también algo que se da en reemplazo de… Por ejemplo, ante un nacimiento (de animales o de hijos) se debe dar a Dios un “rescate” (Éxodo 13,13-15; Números 18,15-17), un animal ofrecido en sacrificio “rescata” al nacido. Como éste pertenece a Dios, pero no se lo ha de matar, otro animal lo reemplaza y se da como “rescate”. El texto de Marcos parece jugar este doble sentido (en hebreo kippur parece indicar tanto rescate como expiación), por un lado, Jesús está hablando del esclavo (“servir”), lo que parece la imagen de un esclavo reemplazado por otro (eso también es entregar la vida a cambio de la de otro), y también referencia a la muerte vicaria, “en lugar de” (ver Isaías 53,10-11: “siervo… expiación… por muchos”). Pero no debemos olvidarnos que nos movemos en el campo de la metáfora, sino, deberíamos – como hicieron algunos santos padres – preguntarnos a quién se pagó el rescate, ¿quién era el que retenía a estos muchos (= todos)? [Gregorio Nacianceno y Juan Damasceno afirman que es pago debido a Dios, mientras que Orígenes y Gregorio de Niza que es un pago al diablo]. El tema principal, evidentemente, es que Jesús invierte el esquema patronal poniéndose en el último lugar (no como los jefes que dominan, sino como los esclavos) y en esa solidaridad de Jesús libera a todos ante Dios.

En el Evangelio de Juan encontramos las otras dos variantes.

2.- La primera en 5,21 donde se destaca que Jesús – como el Padre – se revela como “dador de vida”. Dar la vida, en este caso es ser vivificador (como en 6,63 se dice del espíritu), para eso usa el verbo griego zôopoieô (literalmente “hacedor de vida”).

3.- El tercer uso, el más conocido y frecuente, también en Juan, es el del pastor o el amigo, o la intención (fallida) de Pedro que “dan la vida”. En todos estos casos se usan dos términos clave: para decir vida, se usa psyjê y para dar, se utiliza el verbo títhêmi. Veamos: en Juan hay dos términos griegos para decir vida: psyjê (el que aquí encontramos) y zôê (que encontrábamos en el párrafo anterior del “hacedor de vida”). Juan, que es bastante cuidadoso, usa siempre zôê cuando se refiere a la vida divina, vida eterna, mientras que usa psyjê para la vida humana, por lo tanto, la que es posible perder, o quitar… Cuando se dice que Jesús es dador de vida, entonces, es dador de vida divina, cuando se dice que un pastor, por ejemplo “da” la vida, es la vida humana, la cual puede perderse. Pero lo que cuenta, en este caso, es – entonces – el verbo títhêmi. Es un verbo de uso muy frecuente en la Biblia griega, pero veamos – a modo de ejemplo – otros usos en Juan quien lo usa 18 veces: el mejor vino se sirve en primer “lugar” (2,10), Jesús pregunta en qué “lugar” pusieron a Lázaro (11,34), Jesús, en “lugar” del manto se ciñe una toalla para lavar los pies (13,4), Jesús afirma que a los suyos los “puso” para dar frutos (15,16), Pilato “puso” sobre la cruz la inscripción (19,19), Jesús es sepultado en un sepulcro donde nadie había sido “puesto” (19,41.42), María Magdalena afirma no saber dónde han “puesto” el cuerpo de Jesús que no está en la tumba (20,2.13.15). Salvando los párrafos donde se habla, supuestamente, de “dar” la vida, estos son todos los textos en los que Juan utiliza el verbo títhêmi. Como puede verse, el sentido es de lugar. Lo que está señalando Juan, entonces, no es que el pastor o el amigo deben “dar” (= perder) la vida, sino “poner” la propia en defensa de ovejas o amigos. Ante el peligro de los lobos, el pastor se “pone” delante a fin de protegerlas, en un riesgo o peligro, un amigo se pone frente al peligro. Ciertamente, cuando el peligro es grave, ese “ponerse delante” puede significar perder la vida. Y, evidentemente, en el caso de Jesús lo significó. Pero, y acá el tema, no se trata de “dar/entregar” la vida (que hasta podría entenderse, si es algo buscado o querido, como una suerte de suicidio encubierto) sino que arriesga la vida en defensa de la vida de los suyos (lo que es, evidentemente, expresión del “amor más grande” (15,13), del amor “hasta el extremo” (13,1) y por eso Jesús vino a que sus amigos tengan vida (zôê, divina) en abundancia (10,10).

Afirmar que Jesús “dio” la vida no es falso en lo más mínimo. Pero el tema es la actitud, no es lo mismo querer “dar la vida” que el hecho de que esta le sea arrebatada por ponerse en lugar de sus amigos, de “muchos” (= todos), de sus ovejas. Como se ve, al menos en nuestro lenguaje actual, no es feliz decir que Jesús (o quienes fueron martirizados o martirizadas) “dieron la vida”, y – además – corre el riesgo de invisibilizar el gesto solidario del amor extremo, amor que manifiesta el que se pone delante nuestro para protegernos frente al peligro, aunque le “cueste” la vida. Sería más sensato afirmar que, puesto que Jesús es “hacedor / dador de vida”, algunos, los odiadores (que nunca faltan, ayer y hoy) quieren arrebatarles la vida a los amigos de Jesús, y por ellos Él se pone delante del peligro. Por amor, porque de amor se trata.

 

Imagen tomada de https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/defensa-lobo-ecofeminismo_132_1967717.html

miércoles, 29 de junio de 2022

Las causas de una amenaza

Las causas de una amenaza



Por estar viviendo en medio de campesinos y comprometiéndose con su causa, ayer un cura de Santiago del Estero, Rubén Lasaga, fue amenazado 'por meterse donde no le corresponde', o sea, por acompañar al pueblo campesino que viene siendo avasallado desde hace ya varias décadas. Gracias a Dios, a la lucha de un pueblo y de sus madres abrazadas, pasaron esos tiempos – que cada tanto algunos pretenden revivir – de que “por algo sería” o “en algo andaría” alguien cuando era amenazado o cuando se concretaban las amenazas. El lavado de manos pretendía buscar una causa bien lejana que permitiera simular estar en paz a los que la pronunciaban.


Desde siempre en nuestra Patria la pretensión de poseer la tierra o distribuirla fue motivos de conflictos. Cuando las fronteras agropecuarias se expandieron, los espacios ayer despreciados fueron entonces, deseados. Deseados y apropiados. A nadie molestaba ayer que campesinos ocuparan territorios que ellos veían como inservibles. Pero cuando se descubrió que se los podía usufructuar, aunque tierra, agua y aire fueran envenenados, casi mágicamente esa tierra pasó a tener apropiadores. Con la complicidad de los poderes judicial y político, y la manipulación mediática, los que ayer ocupaban tranquila y ancestralmente las tierras hoy pasaron a ser presentados como usurpadores y delincuentes. 


Y así fue que campesinos e indígenas fueron desalojados, desplazados y asesinados. Sus tierras apropiadas, sus animales matados, sus pozos envenenados y topadoras y fuerzas de seguridad, legales e ilegales, se hicieron presentes donde ayer estaban ausentes. Muchos campesinos se organizaron, muchos fueron acompañados. Y allí también se hizo presente la fe del pueblo y sus ministros. «La iglesia no puede estar ausente en la causa de los pobres» dijo, una vez, Juan Pablo II. Haciendo suya, entonces, la causa de los campesinos e indígenas, sectores de la Iglesia caminaron, compartieron y padecieron y padecen lo mismo que los olvidados. Que haya movimientos sociales, curas y tantos otros que son amenazados no es sino “a causa” de haber hecho suya “la causa” de las víctimas. Lo “que no le corresponde” a un cura es permanecer indiferente ante el dolor, ante la injusticia, ante la mentira. Sería ser indiferente al Evangelio de Jesús y su causa. Solidarios con los campesinos e indígenas de Santiago del Estero queremos recordarle al poder judicial que su causa es la justicia, al poder ejecutivo, que su causa en el pueblo, a los Medios de comunicación que su causa es la verdad, y a los apropiadores y violentos que ellos son la causa del dolor y el sufrimiento de tantas y tantos. Cuando, con el Papa Francisco insistimos en que todos deben tener Techo, Tierra y Trabajo, de esto estamos hablando. Precisamente.

Grupo de curas en opción por los pobres

29 de junio de 2022

La muerte y la tierra

La muerte y la tierra

Eduardo de la Serna



Desde hace mucho, mucho tiempo, en la Iglesia latinoamericana hemos empezado a pensar, y aportar a partir del tema de los y las mártires. Para ser precisos, el tema, por un lado, no es exclusivamente cristiano, y empezó a pensarse teológicamente en la literatura apocalíptica cuando el imperio griego empezó a matar a aquellos y aquellas judíos y judías que querían mantenerse fieles a sus costumbres y su praxis religiosa. En el cristianismo, y especialmente – aunque no solamente, también en la literatura apocalíptica – ocurrió lo mismo a partir de que el imperio romano empezó a matar a cristianos por serlo. Para entenderlo bien, tanto griegos como romanos no podían entender a judíos y cristianos, por ejemplo, por no aceptar los criterios religiosos (es decir “civiles”) de reconocer o valorar las costumbres imperiales entre ellas el reconocimiento soberano del emperador de turno. Judíos y cristianos podían aceptar o tolerar el imperio, pero dar culto al emperador como a un dios ya era excesivo. Y muchos no estuvieron dispuestos a hacerlo. Y fueron asesinados por eso. El ejemplo (“testimonio”, que en griego se dice martyría), por otro lado, fue importante para los que lo veían. Por eso en el s. II Tertuliano dirá que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Hoy se dice que fueron “sembrados”.

El reconocimiento de los martirios en América Latina chocó, en su momento, con una estructura eclesiástica que parecía más cerca de los matadores que de los matados. Ideológicamente los acusaban de ideologizados. Y entonces, éramos testigos de que se reconocía los martirios provocados por el nazismo, por el marxismo, o hasta por conflictos étnicos, pero no a los “nuestros”. Hubo que esperar que el tiempo hiciera su trabajo para que se pudiera empezar a reconocerlos.

Pero, y acá un tema importante, eran reconocidos y nombrados los mártires porque habían sido obispos, curas, religiosas y religiosos, y, en ocasiones, catequistas. Pero los miles y miles de campesinos asesinados permanecían y permanecen en el anonimato. Los y las nadies. Es verdad que, en su gran mayoría, estos mártires nombrados y reconocidos lo fueron por quedar del lado de los nadies, y al menos sirve para pensar desde “un lugar” y ponerse en ese “lugar”. Y ese lugar, en una enorme cantidad de veces, casi excluyente, es desde la tierra.

Resulta que a la tierra hay quienes se la apropian. Legal o ilegalmente. No les importa. Cuando antes que “nadie” estuviera, ya estaban los indígenas, y alguien, porque tuvo el poder de la pólvora y la fuerza de una alambrada, decidió que, ahora, esa tierra es “nuestra”. Es curioso… en la Campaña al desierto se desalojó, mató, esclavizó, desplazó a toda la población indígena y esas tierras fueron “vendidas” o “donadas” a los que habían financiado la campaña (lo de la propiedad privada vino después, cuando era privada de ellos que habían privado a los indígenas de lo suyo). Y cuando hoy, sus descendientes, que son su sangre y su memoria, reclaman, un político – del que sus dichos no extrañan – sugiere meterles bala. Bala otra vez. Cuando los campesinos del norte, sea el este o el oeste reclaman, pues hay un poder judicial siempre oportuno; y siempre “oportuno” para los mismos. Cuando unos campesinos en el centro reclaman, pues se les incendian los ranchos, se envenenan sus pozos y se matan sus animales, para que aprendan. ¡Vamos! Y, cuando, algunos curas, religiosos o religiosas están de su lado, pues se los difama, que para eso están “los Medios”, o directamente se los amenaza, que para eso están los Sicarios (si los Medios no son sicarios de otro modo).

Valga este párrafo para el amigo y hermano Rubén, amenazado sencillamente por estar con la gente y quedar de su lado. Porque lo que a ellos les ocurre en el día a día se derrama (ese derrame sí existe) sobre los que están. Valga como abrazo para tantas y tantos campesinos despojados y envenenados. Y valga como reclamo para exigir justicia, aunque eso – es cada vez más evidente – en nuestra Patria es una ficción y una caricatura.


Foto del Mocase tomada de https://rmr.fm/noticias/mocase-exige-libertad-para-campesinos-que-intentaron-frenar-desmontes/

Solidaridad con Milagro Sala

Solidaridad con Milagro Sala



Desde el comienzo de la injusta prisión de Milagro Sala, como grupo nos hemos manifestado en contra de su detención como presa política. Prisión de ella y de sus compañeros y compañeras. Seguimos manifestando nuestro repudio a su prisión con el cambio de gobierno que parece no enterarse que hay presos y presas por razones políticas. Ahora Milagro debió ser internada, y, como manifestación obscena de la impunidad que lo caracteriza, el gobernador de la provincia de Jujuy, ha dispuesto una guardia armada en la terapia intermedia. Lamentablemente nos vamos habituando a que la justicia sea algo ausente en nuestra Patria. Habituando sí, acostumbrarnos ¡jamás! Seguimos reclamando por un poder judicial independiente, en Jujuy y en toda la Nación. Y seguimos e insistimos en anunciar que nunca habrá verdadera democracia sin justicia, nunca con esta justicia ausente. Nunca con un poder judicial manejado a su arbitrio por los que ostentan un poder soberano y se erigen en señores por encima de las leyes y de los y las habitantes de la Patria. Por eso exigimos, una vez más la libertad de Milagro Sala y todos los compañeros y compañeras encarcelados por razones políticas.


Grupo de curas en opción por los pobres

28 de junio de 2022

martes, 28 de junio de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 14º C

 La paz y la vida son signo de que Dios está reinando y debemos ser testigos

DOMINGO decimocuarto - "C"


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del profeta Isaías 66, 10-14


Resumen: en un canto muy armado, el discípulo de Isaías manifiesta su alegría desbordante por la intervención maternal de Dios en su historia llenándolo de sus dones que se manifiestan como abundancia y como paz.


Como corresponde a la poesía, no siempre es fácil encontrar una buena traducción a los juegos de palabras, las asonancias, los sinónimos. Y el texto de la liturgia de hoy es clara y bellamente poético. En 66,18 el tono pasa claramente a prosa, por lo que la unidad finaliza allí (además de la conclusiva “oráculo de Yahvé” de v.17), del mismo modo que la prosa de v.5ab marca el comienzo. En v.10 cambia el enfoque y ya no habla de Yahvé (5c-9) sino de Jerusalén. El v.14 concluye con la idea del “gozo”, como veremos y anuncia la siguiente parte del verso que refiere a los adversarios de Dios (vv.15-17). De todos modos, el texto es uniforme: la idea de la “gloria” (kabod) (verbo, v.5; sustantivo, vv.11.12.18.19); los enemigos (vv.6.15) y particularmente el campo semántico de la maternidad: “dolores… dio a luz… parto” (v.7), “dar a luz, nacimiento, dolores” (v.8), “abrir el seno... dar a luz” (v.9), “mamar… saciarse... chupar… pechos” (v.11), “alimentados, llevados en brazos, acariciados, en las rodillas” (v.12), “como una madre” (v.13). Lo que se destaca es la gestación (anticipada) de un pueblo (v.8), Jerusalén, entonces (vv.10-14) es destacada en cuanto representación del pueblo mismo. La finalización con la referencia a los enemigos alude a los que no siguen los caminos de Yahvé.

En el texto de la liturgia, el centro está dado por los términos que refieren a la “alegría”: tres términos se encuentran en el v.10, “alégrense” [samah], “regocíjense” [gîl], “gocen [sisû] de gozo [masôs]”, y v.14 [sûs]. Y podemos incluir también el “consuelo”: v.11 [tanaûm], o la “compasión” v.13, (3 veces [naham]). Otro elemento recurrente es la abundancia: “todos” [kal] se repite (vv.10 x2, 16), “llenos” (v.10; literalmente “exultantes con exultación”), “hartos [saba’], deleite [‘anûg], abundancia [kabôd]” (v.11), “desbordante [sataf]… abundante [kabôd; en estos casos parece que es conveniente traducirlos por “abundancia” más que por “gloria”, que es otra acepción del término]” (v.12). Todas estas imágenes, compuestas poéticamente destacan la alegría por la abundancia de Jerusalén. Pero veamos algunos elementos:

La escena es doméstica, en el seno de un hogar una madre da a luz antes de lo esperado (v.7), el clima es de ternura (amamantar, acariciar, rodillas…) y –especialmente- de alegría. La alegría es un tema recurrente en el Tercer Isaías (56,7; 60,18; 61,3.7.10; 65,13-19); pero  este nacimiento es el de un pueblo (v.8), y la madre ¡es Yahvé! (v.13; la imagen materna y femenina de Dios es recurrente en el discípulo de Isaías: ver cf. 42,14; 45,10; 49,15). La alegría es a causa de la nueva Jerusalén y su prosperidad, es el contraste entre la alegría y el duelo que hacían por ella (v.10). Ante una ciudad que vuelve a comenzar después del exilio; que había sido devastada, destruida, la imagen del nacimiento no sólo refiere a que Israel (y su ciudad capital) es re-creada, sino también que será poblada (ver el tema en 49,20-21; 54,1-4), estará “rebozante” de hijos y de abundancia. 

Este amamantamiento de los hijos es imagen de serenidad y de paz; la promesa del consuelo /compasión cierra lo comenzado en 40,1 (libro de la consolación). En esta ciudad renovada la paz (shalôm) será abundante como un río, y también lo será la prosperidad (kabôd) de las naciones. La paz alude al mismo nombre de la ciudad (Jerusalén termina con las mismas consonantes de shalom; ver Sal 122, especialmente vv.6-8). 

Pero la otra cara es el juicio a los enemigos. Por un lado tenemos la ternura y el consuelo de Dios, su “mano”, y en contraposición su ira a los enemigos (notar la llama y la espada, vv.15-16; y amenaza a los que practican ritos prohibidos v.17).



Lectura de la carta a los Gálatas 6, 14-18


Resumen: Pablo concluye la carta a los Gálatas pero –extrañamente- retoma y sintetiza todo el tema que ha desarrollado. Unos adversarios han predicado la circuncisión, y Pablo les dice que eso no cuenta, que lo que cuenta es Cristo, y que quién se deje modelar por Cristo ese tal recibe paz, misericordia y gracia, ese tal es el Israel de Dios, que nace por la circuncisión del corazón.


El fragmento que nos propone la liturgia es una pequeña parte –la final- del último párrafo de la exhortación de la carta (6,1-18). En realidad, esta parte parece comenzar en el v.11 con una suerte de “firma” de Pablo (si la carta es escrita –como muchas- por intermedio de un secretario, es habitual esta especia de “autógrafo”, ver 1 Cor 16,21; cf. Col 4,18; 2 Tes 3,17). Luego de esto, retoma el conflicto con los adversarios que se encuentra en toda la carta, en este caso volviendo sobre el tema de la circuncisión (el término lo encontramos repetido en vv.12.13 y 15). Pero veamos qué señala aquí Pablo en este tema sobre los adversarios en relación a la comunidad (vv.12-13):

         a. la “carne”

          b. circuncisión

               c. la cruz

                    d. se jactan en la carne de ustedes

 Esto es lo que dice de los adversarios en relación a la comunidad, y a continuación señalará la relación de él mismo con la comunidad en estos términos, y el orden por momentos parece inverso (vv.14-18):

                     d’. me jacto en la cruz

               c’. un crucificado

          b’. circuncisión ni incircuncisión

     a’. nueva creación


Es esta segunda parte, la relación entre Pablo y la comunidad la que la liturgia presenta hoy. Sin embargo, notemos antes algunos elementos de la primera parte que ayudan a una mejor comprensión de la segunda:

Señalar que los “fuerzan” a circuncidarse es paradójico en esta carta ya que en Pablo 2,3 afirma que Tito no fue “forzado” a circuncidarse por los presentes (que parece referir a Santiago, Cefas y Juan, cf. 2,6.9), y en el conflicto con Pedro (2,14) lo que Pablo le cuestiona es que “fuerza a los paganos a judaizar”, es decir, actuar como judíos siendo que él vive como no judío. El verbo, entonces (cf. 2 Cor 12,11) está en la carta en contexto del debate por la circuncisión, precisamente. Estos adversarios, entonces, hacen lo contrario de lo que los importantes de Jerusalén decidieron. El único motivo de este “forzar” es evitar la “persecución por la cruz”. Pablo insiste en orar por los perseguidores (Rom 14,19; 1 Cor 4,12), pero a su vez recuerda que él mismo fue “perseguidor” (1 Cor 15,9; Ga 1,13.23; Fil 3,6) y es perseguido en el presente (2 Cor 4,9; Ga 5,11) y también lo son sus comunidades (Ga 4,29) mientras él mismo persigue ahora a Cristo pero para alcanzarlo y seguirlo (Fil 3,12.14). La circuncisión evitaría la persecución de parte de los judíos (aunque no nos quede claro en qué podría consistir ésta en territorio gálata, o qué gravedad podría tener). 

Pero lo único que le interesa a estos tales es jactarse (kaujáomai) “en la carne de ustedes”.

En cambio Pablo (y aquí comienza el texto litúrgico) afirma que sólo se jactará en la cruz de Cristo. El verbo kaujáomai es sumamente importante en Pablo (lamentablemente no es fácil descubrirlo en las traducciones que a veces prefieren “gloriarse” en lugar de jactarse. Lo encontramos 37x en el NT y salvo 2x en Sgo y 1x en Ef, siempre en Pablo (particularmente en 2 Corintios, 20x). El tema central es que una persona o colectivo pone su fuerza, su atención, “se gloría” en algo, pero para Pablo depende qué es ese algo, para que esa actitud sea sensata o necia. Para él sólo tiene sentido jactarse en Dios, en Cristo, o allí donde Cristo aparece transparente ante los ojos de la humanidad. Por eso, jactarse en cosas (aun buenas) es necio, “el que se jacte, que se jacte en el Señor” (1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17); jactarse de la pertenencia al pueblo de la alianza, o de la circuncisión, es jactarse “en la carne” y eso es absurdo a los ojos de Pablo (ver 2 Cor 11,18). En cambio, jactarse en la propia debilidad (2 Cor 11,30; 12,5) manifiesta ante todos la fortaleza de Cristo (12,9). Así Pablo se gloría en la cruz, y en aparecer a los ojos del mundo como “crucificado”. 

El “crucificado para el mundo” no es conveniente entender el término “mundo” en sentido joánico; en el Cuarto Evangelio el “mundo” es –en general- el conjunto adversario de Jesús, por eso el diablo es el “príncipe de este mundo” (12,31; 14,30; 16,11), por eso el mundo no conoció a la palabra de Dios (1,10) y aborrece a Jesús (7,7; 15,18), a su espíritu (14,17) y a los discípulos (15,19; 16,33; 17,14), que no es –por tanto- de “este mundo” (8,23) ni lo son sus discípulos (17,16), como su reino “no es de este mundo” (18,36) y él ha “vencido al mundo” (16,33). En Pablo, en cambio, “mundo” es la generalidad (en el sentido de “todo el mundo”), lo cual implica en ocasiones la maldad “del mundo”, pero no es intrínsecamente perverso como parece serlo por momentos en Juan. Es decir, Pablo aparece como crucificado a los ojos “de toda la humanidad”. Si Pablo y el mundo están crucificados el uno para el otro, entonces están muertos. Se debe leer esto en clave escatológica (cf. 2,20, “he muerto a la ley”; “crucificó la carne con sus pasiones y deseos”, 5,24). 

Estando incorporado en la novedad que trae Cristo, para Pablo ya nada cuenta (ni la circuncisión ni la incircuncisión), sólo cuenta la “nueva creación”. Pero veamos brevemente: la circuncisión era el rito necesario de incorporación a Israel. Los pequeños eran circuncidados a los 8 días de su nacimiento (cf. Lc 1,59; 2,21), incluso cuando algún adulto se convertía y quería incorporarse a Israel, luego de un “bautismo de purificación”, debía circuncidarse (estos eran llamados prosélitos). Pero ya el A.T. había hablado que no era sólo cuestión de circuncisión “física” (“en la carne”) sino que era necesaria una circuncisión “del corazón”. No que se anunciara una nueva circuncisión alternativa, sino que se destacaba que ser miembro del pueblo de Dios no era cosa “ritual” sino que debía manifestarse en las opciones de vida (“corazón”). 

Es posible que en el trasfondo de este texto paulino (como parece estarlo en el citado 1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17) haya alusión a Jer 9,23-26:

«Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su saber, no se gloríe el soldado de su valor, no se gloríe el rico de su riqueza; quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor, que en la tierra establece la lealtad, el derecho y la justicia y se complace en ellos –oráculo del Señor–. Miren que llegan días –oráculo del Señor– en que pediré cuentas a todo circunciso: a Egipto, Judá, Edom, Amón, Moab y a los beduinos de cabeza rapada. Porque todos, lo mismo que Israel, son incircuncisos de corazón».

Sobre la circuncisión del corazón, cf. Jer 9,23-25 (la Biblia griega lee “incircuncisos de carne”, de las naciones y “circuncisos de corazón” de Israel). La unión de Jer 23,23-24 a vv.25-26 remarca dónde se pone la jactancia de la que se ha hablado. [Entre paréntesis, notar que el texto pone a Judá entra las naciones]. El contraste jactarse en la carne - jactarse en el Señor se relaciona en la carta con circuncisión – incircuncisión. La circuncisión que vale es la del corazón: Deut 10:16; 30:6; Jer 4:4; Rom 2:28-29; Col 2:11-13. La nueva creación es “en Cristo” (2 Cor 5,17; cf. Rom 8,19-22); es que “en Cristo” ya no hay judío, ni griego… (3,28); cf. Is 65,17-25; 66,22. No cuenta circuncisión ni incircuncisión (v.15 = 5,6). Hay, de todos modos, un contraste entre Is 66,23 y Ga 4,10 ya que la novedad de Isaías implica cierta continuidad (litúrgica y ritual, por ejemplo) que Pablo no tiene en cuenta. Un texto ilustrativo es el citado 2 Cor 5,17: “el que está en Cristo es una nueva creación”; estar “en Cristo” es el ámbito, la novedad; es estando “en Cristo” que no cuenta todo lo antiguo (circuncisión - no circuncisión).

La “regla” (kanôn) es lo que revela al cristiano genuino. Es interesante que Flavio Josefo identifica “kanôn” y ley (nomos), mientras que aquí Pablo parece moverse por andariveles distintos (¿será que esta regla la “ley de Cristo” diferente de la Ley?, cf. 6,2; 1 Cor 9,21). El Israel de Dios son los que adhieren a esta nueva creación; no se refiere al “Israel de la carne”, sino que lo dice en relación a Cristo. Si empezaba toda la carta con un “anatema” (1,6-9) a los gálatas por seguir otro evangelio que estos adversarios les han predicado; ahora concluye con “paz y misericordia” a los que “se sometan a esta regla” (v.16). La “paz a Israel” es algo habitual en las familias y hogares y en su oración: (Sal 125:5; 128:6; Salmos de Salomón. 4:25; 6:6; 8:27-28; 9:8; 11:9; 13:12; 16:6; 17:45; 18:5; y en Qumrán, 11QPsa 23:11). Una clásica oración judía de este tiempo decía: “Que la paz… y la misericordia… esté con nosotros y con todo Israel tu pueblo” (Shemoneh Eshre). Cf. Is 54,10 (vv.11-12 “nueva creación”); Jer 16,5; Sal 85,10 (y Jubileos 22,8; y Qumrán, 1QH 13,5. 

Los adversarios de Pablo no han sacado todas las consecuencias de la cruz… su centralismo les impide entender que las fronteras de Israel se han expandido (ya no el Israel según la carne; 1 Cor 10,18). Israel es lo que cuenta, pero hay un modo “nuevo” de ser Israel (no implica un “nuevo Israel; cf. Fil 3,3; Ga 3,29). Hay que evitar algunos malentendidos en esto: Pablo no parece estar pensando en un “nuevo Israel” como sería propio de la teología de Mateo, y tampoco en el “cristianismo” como alternativo, o superador de Israel (la palabra “cristianismo” no existe hasta el s.II y el término “cristiano” Pablo jamás lo utiliza). Siendo que algunos profetas habían señalado que las fronteras de Israel se expandirían con las “naciones” que aceptaran a Dios (cf. Is 60,1-22), para Pablo esto viene dado con los “tiempos nuevos” iniciados “en Cristo”, con la donación de su “espíritu”. Todos aquellos que acepten esta novedad serán incluidos en Israel. Pero aquellos que no lo acepten, siguen siendo el “Israel según la carne” [recordar que Pablo establece un contraste entre “carne” y “espíritu” que remarca la aceptación o no de los nuevos tiempos inaugurados por la resurrección de Cristo]. Algo semejante señala en Ga 4,21-31 en la alegoría con las dos mujeres de Abraham, Agar y Sara y las dos alianzas que esto implica, la del Sinaí, la Jerusalén actual, y la Jerusalén “de arriba”.

La identificación con los sufrimientos de Cristo es la garantía del apostolado: (Rom 8:17; 2 Cor 1:5; 4:8-10; Fil 3:10; Col 1:24); es un tema clave en Pablo. Mientras algunos se “jactan” de su ser “judíos”, o de la vinculación con los apóstoles, Pablo –coherente con lo que hemos dicho- se jactará de su debilidad, de su asemejarse al Crucificado (2 Cor 6,4-10; 11,21-33); es en esto donde Pablo puede “mostrar” ser verdadero apóstol, no en las cosas en las que habitualmente se jactan los adversarios. 

Las señales (stigmata) que Pablo lleva parecen aludir a marcas son tatuajes o marcas de esclavitud, al estilo de las “marcas de ganado” (¿está aludiendo a que se siente esclavo de Cristo?); Pablo quiere ser identificado con la única marca de la nueva creación, la cruz (es decir, no la circuncisión). En realidad Pablo no alude a la circuncisión como otra “marca” y mostrar así la cruz como alternativa, pero no parece improbable que la circuncisión sea vista aquí también como marca. Lo cierto es que la identificación con la cruz, de la que los adversarios huyen, es lo que Pablo elige que lo marque, y de eso se jacta.

Finalmente termina otorgando la gracia con el “espíritu”, lo que es razonable si están en este nuevo tiempo. El espíritu (y la gracia) es todo lo contrario a la circuncisión, característica de “la carne”, del Israel que no ha sacado las consecuencias de su Ley y no la cumple. Los destinatarios (como en 6,1) son calificados de “hermanos”, y se refiere a los hermanos en la fe (6,10). “Amén” es una característica frase conclusiva en doxologías (Rom 1,25; 9,5; 11,36; 15,33; 16,27; Ga 1,5; Fil 4,20; 1 Tes 3,13).

Señalemos una pequeña nota conclusiva: no es común en las cartas de Pablo después de haber terminado un tema que lo retome en la conclusión de las cartas; allí suele haber doxologías (Rom 16,25-27; Flm 25), o saludos (Rom 16; 1 Cor 16; Fil 4,2-3.21-23; 1 Tes 5,23-28; Flm 23-24, cosa ausente en esta carta (salvo el Amén, como se ha dicho). En ese sentido, también es extraño que una carta de Pablo no tenga “acción de gracias” en el comienzo (ver Rom 1,8; 1 Cor 1,4; Fil 1,3; 1 Tes 1,2; Flm 4). Esta carta, entonces, es diferente en su conformación a las restantes de Pablo lo cual revela la libertad con que se mueve en la composición. Como se dice, es extraño que tenga una conclusión donde retoma el tema central de la carta y por tanto parece que se la puede considerar –entonces- como clave para entender toda la carta.



+ Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20


Resumen: Jesús envía un grupo más grande que los doce, envía Setenta y dos, que es el número de los pueblos al finalizar el diluvio. Lucas quiere mostrar que el Evangelio no sólo debe llegar a Israel (los Doce, como los hijos de Jacob) sino a todos los pueblos. Y los enviados deben ser testigos del reino, de la paz y del triunfo definitivo de Dios sobre el mal en la historia.


Habiendo comenzado el largo viaje de Jesús a Jerusalén, Jesús decide enviar mensajeros delante de él. Ya lo había hecho en 9,1-6 pero en este caso los enviados eran los Doce y aquí se alude a un grupo mayor. En general se piensa que el primero remite a Marcos como fuente, pero Lucas elige ampliar la idea con un nuevo envío más importante, este tomado del documento Q. Hay elementos en común entre ambos relatos, y también novedades. Veamos simplemente a modo ilustrativo:


Lc 9,1-6
Lc 10,1-12
Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;
y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.
Después de esto, designó el Señor a otros Setenta (y dos),

y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.
Y les dijo:




«No tomen nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengan dos túnicas cada uno.
Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Vayan; miren que los envío como corderos en medio de lobos.


No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saluden a nadie en el camino.
Cuando entren en una casa,


quédense en ella hasta que se marchen de allí.
En la casa en que entren, digan primero: «Paz a esta casa.» Y si hubiere allí un hijo de paz, la paz reposará sobre él; si no, se volverá a ustedes. Permanezcan en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayan de casa en casa.

En la ciudad en que entren y los reciban, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en ella, y díganles: «El Reino de Dios está cerca de ustedes.»
En cuanto a los que no los reciban,
saliendo de aquella ciudad,
sacudan el polvo de sus pies en testimonio contra ellos».
En la ciudad en que entren y no los reciban, salgan a sus plazas y digan: 
«Hasta el polvo de su ciudad que se nos ha pegado a los pies, lo sacudimos. Pero sepan, con todo, que el Reino de Dios está cerca.» Les digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.
Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

            


Como se ve, aunque el esquema es semejante y la idea también, hay algunas notas interesantes para destacar: si bien empieza señalando la llegada del misionero a una casa, enseguida el acento está puesto en la ciudad (que recibe o no), el envío es “de dos en dos” (quizás para que el testimonio que darán sea valedero, ver Dt 17,6; 19,15, ya que no deben  predicarse a sí mismos sino ser “testigos”, ver 24,48), el pedido al dueño de la mies y el envío como corderos en medio de lobos remarca una nota de conflicto evidente (aunque en la era de la paz [Is 11,6] el lobo y el cordero serán vecinos; [ver 65,25]). La indicación de lo que no deben llevar es diferente, incluyendo que no deben saludar a nadie por el camino, lo que deben hacer en la casa a la que lleguen es donar la paz, aunque en las ciudades que los reciban o no repetirán la proximidad del Reino de Dios.

La novedad principal de este texto, sin embargo, viene dado por el número importante de enviados. Algunos manuscritos hablan de 70 y otros de 72. No es fácil decidirse. Si se tratara de 70, parecería aludir a los 70 ancianos que son delegados para ayudar a Moisés en su ministerio (Núm 11,16-25), aunque dos quedaron en el campamento (11,26-30) ¿suman 72? ¿O por 72 refiere a las tribus paganas surgidas a partir del diluvio? (Gen 10,2-31 que son 70 pueblos en la Biblia hebrea y 72 en la griega). Lo cierto es que sea lo que fuere es evidente que este número grande alude a la misión más amplia de las fronteras de Israel, es decir –y es tema propio de Lucas, como se sabe- la misión a los paganos. Así como la misión a Israel hace referencia a los Doce, aquí se nos prepara el camino para la misión a los no judíos.

Algunos elementos son característicos de este texto: como en el texto de Lc 9, la misión es pobre, y los misioneros deben serlo. Pero destacan aquí tres elementos nuevos:

     1. No saludar a nadie en el camino, ya que la misión es perentoria, y no pueden perder tiempo en los interminables saludos orientales.
     2. La idea de la “mies” también es indicio de la inminencia del anuncio. El tema ya se encontraba en los profetas (Is 33,11; 41,15-16; Jr 13,24; 51,2.33; Am 9,9; Jl 4,13) y fue retomado por el Bautista (3,16-17).
     3. La referencia al lobo y el cordero es imagen del pecador y el piadoso que no deben juntarse (Eclo 13,17), lo que contrasta claramente con la paz, como se ha dicho.

Dos breves notas:

a. La mies y el pedido al “dueño de la mies” se ha utilizado como texto “vocacional”, es decir “pedir a Dios vocaciones para determinado ministerio o comunidad”; sin embargo es importante notar que se está hablando de “obreros” de la predicación del reino; es decir, lo que se está pidiendo es que el grupo de discípulos de Jesús crezca para que el reino sea anunciado y ya no sean “setenta y dos” sino multitudes las que anuncien al mundo la paz y el reino.

b. La “paz” (en hebreo shalôm, en griego eirênê; que se encuentra en las 3 lecturas del día) no es simplemente ausencia de conflicto. Por eso contrasta con la “paz” de “este mundo”, es decir la pax romana que es la imposición imperial de guardar el orden. Para el mundo semita, el Shalom es un estado de plenitud (y en ese sentido debe entenderse también en el N.T. que es semita). La paz es el deseo (o la concreción) de que los destinatarios “estén bien, vivan bien, sean felices”. En ese sentido, “Shalom/eirênê" se parece más a plena felicidad que a lo que entre nosotros se entiende habitualmente por paz.

A este envío, le sigue una lamentación por las ciudades que no han escuchado el paso de Dios por sus vidas, que finaliza con el dicho: “el que a ustedes escucha, a mí me escucha; el que a ustedes rechaza, a mí me rechaza” [vv.13-16; dicho que se puede encontrar en otros evangelios de modo positivo (Mt 10,40; 18,5; Jn 13,20) o negativo (Jn 5,23)], y que está omitido por la liturgia que retoma con el regreso de los setenta (y dos) y una conclusión.

El mismo poder de Jesús sobre los demonios se ha manifestado en los misioneros que vuelven. Jesús afirma haber “visto a Satanás caer” (v.18). El enfrentamiento de dos reinos, el de Dios y el de Satanás es frecuente en Lucas, particularmente en los textos que sólo son de este Evangelio y hacen referencia al diablo / Satanás (cf. 4,6; 10,18; 13,16; 22,3.31), el Reino que Jesús predica e inaugura está en conflicto con aquel que simboliza la búsqueda sistemática de hacer el mal, de oponerse a la voluntad de Dios. Por eso Pedro sintetiza el ministerio de Jesús en Hechos como el de quien “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (10, 38). Ese “hacer el mal” está expresado en las “serpientes y escorpiones” (v.19; ver Dt 8,15) que los discípulos pisarán sin daño. El dominio del mal está llegando a su fin con la venida del reino. En el libro de Dios están escritos los que son fieles a él (ver Ex 32,32-33), eso es lo único que cuenta.



Dibujo tomado de http://cebiclar.cl/termino/lectura-comunitaria/page/2/