sábado, 24 de septiembre de 2022

Elogio del fracaso

Elogio del fracaso

Eduardo de la Serna



Quiero hacer una breve reflexión. En realidad, parto de una convicción personal y, a partir de ella, algo que me resulta divertido. Divertido y curioso.

Lo que me resulta tal es el hecho de que muchos amigos y amigas buscan denodadamente defenderme… ¡de mí!

No se trata, por cierto, de que yo busque lastimarme, agredirme, u otras variantes autodestructivas. No es eso.

Me explico. Hace muchos años (¡muchos en verdad!) yo vengo sosteniendo y diciendo claramente que ¡he fracasado! Me explico: Ya desde el seminario he dado clases. Y desde el diaconado (1981) clases de Biblia en institutos, profesorados, facultades, cursos y charlas. Y, en general, la recepción que he escuchado o han repetido ha sido muy halagüeña, felicitaciones, aplausos. Pero, después, a la hora de las repercusiones, en general, veo que nada de lo que he comunicado ha sido acogido. Pongo ejemplos: cuando me cuentan que el cura X dijo Tal cosa, o escucho o veo “Via Crucis” o “Pesebres”, o comentarios, o preguntas me digo: alguien que fue estudiante y de quien yo fui su docente ¡no puede!, bajo ningún punto de vista puede decir eso, o preguntar aquello. ¡No puede! Y cuando no es uno, no son dos, sino que es la inmensa mayoría, la sensación obvia es que he fracasado. Y trato de mejorar la dinámica, la pedagogía, los ejemplos, pero no puedo dejar de decir lo mismo (actualizado, por cierto, porque los estudios bíblicos son muy activos, afortunadamente). No puedo porque creo que eso es lo que hay que decir. Es decir, saber que el fracaso seguirá vigente.

Pero lo divertido, y a eso me refiero aquí, es que cuando lo comento, decenas de amigos y amigas me quieren defender (además que aquellos y aquellas que cambian de tema o hacen silencio tipo “¡otra vez este con esas tonterías!”). Y acá mi reflexión.

¿Cuál es el problema de fracasar? ¿Por qué tanto miedo al fracaso? Yo no me muevo ni quiero mover en el esquema de winner – loser. No entiendo la vida como un partido de fútbol o un campeonato en el que, obviamente, se pretende ganar, o evitar perder.

Hace muchos años, mirando a Jesús (y – para que no se me malinterprete – sólo lo menciono a modo ilustrativo, no como ejemplo o comparación) es evidente que, en su ministerio, en algún momento, a raíz de circunstancias varias, Jesús experimentó el fracaso (“fracaso de Galilea” lo llaman algunos). ¿Y qué hizo Jesús en el contexto del fracaso? ¡siguió haciendo lo mismo! Él estaba convencido que eso era lo que debía hacer y siguió haciéndolo. Quizás en lugar de dirigirse a las multitudes empezó a dirigirse especialmente al grupo que lo acompañaba, pero siempre haciendo lo mismo, diciendo lo mismo. El fracaso no era el problema ni el tema. El Reino de Dios, predicarlo, ilustrarlo, presentarlo era el tema. Y ese fracaso llegó a la plenitud en la cruz. Expresión plena del fracaso. En todo caso, si se quiere, el tema no es el fracaso de Jesús sino si fracasó o no el Reino de Dios.

Otro ejemplo, también ilustrativo, ocurre en un texto de Pablo (2 Corintios 2,14). Allí Pablo dice que “Dios nos lleva en su triunfo en Cristo”. Cuando comento el texto, lo primero que hago es explicar de qué se trata con un “triunfo” (que nada tiene que ver con nuestro uso habitual del lenguaje). Muestro que se trata de una liturgia militar, en la que delante van los jefes vencidos son paseados con sus mejores atuendos, junto con los trofeos de guerra para “honrar” al jefe vencedor de la guerra que mereció tal celebración (que rara vez se concedía). Detrás del vencedor, a quien se le concedía “el triunfo” y se exhibía en un carro con cuatro caballos, que pasaría debajo de un “arco de triunfo”, marchaban los generales co-vencedores. La procesión finalizaba con el sacrificio a los dioses de los vencidos y la fiesta de los vencedores. Cuando cuento esto, formulo la pregunta: Dios nos lleva en su triunfo, ¿cómo vencedores o como vencidos? Y unánimemente la respuesta es como “vencedores” (yo creo todo lo contrario, y trato de mostrarlo, a continuación). Ser vencidos, ser derrotados, parece algo espeluznante.

Y aquí empieza mi pregunta… Si somos seguidores de un derrotado, ¿por qué tenemos tanto miedo a serlo? ¿Por qué mis amigos me quieren defender de mi explicándome cosas que no logro creer o asumir?

En lo personal, obvio que, en clases, trato de explicar lo mejor que sé, ilustrar lo mejor posible, actualizarme y ser el mejor docente que estoy capacitado a ser, pero mi objetivo es tratar de que sea recibido aquello que debo transmitir. Obviamente no puedo cambiarlo, minimizarlo, acotarlo… Ser profesor de Biblia significa tratar que la Biblia sea conocida, recibida, aceptada, y hasta amada. Pero sabiendo que, como pasó con Jesús, por ejemplo, con Pablo, con tantos y tantas, eso no significa que vaya a ser bien recibida, o aceptada, o conocida.

Finalizo con un ejemplo más: es evidente que muchísimas veces, los seres humanos, al exaltar a alguien (y “en cristiano” un ejemplo es el reconocimiento de alguien como santa o santo) solemos domesticarlo. Hacerlo entrar en casa (domus) de modo que no nos obligue a cambiar, que no nos desarme todo lo que ya tenemos organizado y estructurado. Y, entonces, bien acomodado o acomodada lo/a recibimos y “aplaudimos”. Con lo que solemos amputarle toda su novedad, lo subversivo, lo profético, lo creativo, sus desafíos. En cierto modo, al domesticarlo, lo o la hemos hecho “como nosotros”, uno o una más. Y nos quedamos cómodos con eso. Hemos hecho triunfar a alguien, pero ella o él, ¡han fracasado!


Imagen tomada de https://ar.pinterest.com/pin/53269208080873162/?mt=login

viernes, 23 de septiembre de 2022

Bicho vigilante, el tero

Bicho vigilante, el tero

Eduardo de la Serna



Es un dato bastante conocido saber cómo “grita” el tero (Vanellus chilensis, ave muy común en Sudamérica donde tiene una variedad importante de nombres). Cuando experimenta algún riesgo, especialmente para su nido, empiezan a volar a los gritos tratando de alejar al potencial enemigo llevándolo cada vez más lejos de su cría o huevos. Incluso, aunque no se debiera, hay quienes lo tienen como mascota no solo por su belleza sino, también, como “vigilante” en sus casas. Sea en su estado natural o en casas, el tero comienza con su grito – estridente, por cierto – ante lo que percibe como amenaza. Por eso es visto como “guardián”. La idea de lo vigilante es muy rica en castellano, porque alude a la “vigilia”, a estar “en vela”, y hasta a las “velas” (cirios), a velar un difunto, etc. Refiere a estar sin dormir para que otros puedan hacerlo, al cuidado de un colectivo sobre quienes el “vigilante” tiene una responsabilidad. El potencial peligro es lo que provoca que un vigilante vigile en la vigilia. El tero es un ejemplo vivo de ello.

Así, sabemos, en una ciudad, por ejemplo, la importancia de una alarma. La alarma es el grito de alerta, de preocupación o preparación. Una alarma es un dispositivo que “grita” ante un potencial peligro, sea de una casa o un lugar.

Valgan estos ejemplos para pensar en la existencia de vigilantes que no vigilan (o que vigilan mal, como una alarma que “salta” por el viento o por una hoja que se mueve).

Creo que, como en todos los mediadores, lo principal está en los potenciales peligros y aquellos a quienes se debe alertar frente a ello; el vigilador no es significativo sino en función de su rol. El que vigila la ciudad, por ejemplo, no es importante, aunque su servicio sí lo sea. Insistimos: no importa el “oficio” sino la ciudad… la casa… el pueblo. Lo que importa es que la ciudad esté segura, tranquila, en paz, y que, si hubiera un peligro real, alguien “alerte” a todos, no con una “falsa alarma”, sino ante riesgos para la ciudad (no para el vigilante). No tiene mucho sentido un vigilador que duerme en la vigilia, por ejemplo. Y, si por caso, no ocurriera nada en toda la noche, nadie notará que el vigilante no vigilaba. Pero, y esto – creo – es lo principal, lo que importa es el cuidado de la ciudad. O de la casa. O del pueblo. En el momento en que el vigilante pasa a ser más importante que aquellos por quienes tiene su servicio, algo se ha distorsionado; si el vigilante alerta sobre peligros ficticios, como el cuento de “Pedro y el lobo”, algo se ha distorsionado; si hay peligros reales y el vigilante calla, el perro no ladra, el tero no grita, algo se ha distorsionado, hay un servicio que no sirve, vigilantes que no vigilan, funcionarios que no funcionan… Vigilante, en griego se dice “epískopos”.


Foto tomada de  https://es.wikipedia.org/wiki/Vanellus_chilensis#/media/Archivo:Vanellus_chilensis_(close-up-2).jpg

 

jueves, 22 de septiembre de 2022

Dios ¿castiga?

Dios ¿castiga?

Eduardo de la Serna


La imagen de un Dios castigador es, lamentablemente, frecuente. Sería fácil decir que esa imagen se parece más a Júpiter que al dios abbá, padre y madre de Jesús, pero es bueno, y sensato, ver qué nos dicen los textos bíblicos para ver si al presentar a Dios de ese modo, decimos bien o decimos mal de Dios.

En las traducciones castellanas de la Biblia, la idea de castigo ocurre bastantes veces, aunque puede referirse también a un castigo penal (por ejemplo, la pena de muerte), el castigo a un animal, una actitud política contra otras naciones, un padre castiga a sus hijos, o un docente debe castigar al que se resiste al aprendizaje, etc. En general puede decirse que es una actitud pedagógica (sin duda no aceptada en nuestros días), la sanción pretende conducir por el buen camino a un animal, al educando, a un pueblo (uno de los términos griegos que se traduce por castigar es paideuô, es decir, algo pedagógico). Pero no puede ignorarse que de las muchas veces que encontramos la raíz castigo en las Biblias en castellano, la mayor parte de las referencias aluden a Dios que castiga. Simplemente para que se vea que las traducciones influyen, pero a su vez pueden confundir un poco, veamos que la idea de “castigo” se encuentra 305 veces en la Biblia de Nuestro Pueblo; 193 veces en la Biblia de Jerusalén (2da edición), 229 veces en la 3ra edición), 308 veces en el Libro del Pueblo de Dios y 360 veces en la Biblia Latinoamericana. Evidentemente con este término traducen diferentes palabras griegas y hebreas que pueden traducirse también por reprender, juzgar, sancionar, etc.

Pero si miramos los Evangelios, el término lo encontramos escasísimas veces: en Mateo 15,4 y Marcos 7,10 se hace referencia al Antiguo Testamento, y a la pena de muerte (= castigo) a quien ofende a sus padres. En una parábola, Mateo hace referencia a un castigo eterno [25,46], una pena, de la que se deberá hablar en otro escrito (= “infierno”), y que alude a la “expulsión” (ver 1 Juan 4,18). Pilatos “castiga” a Jesús (paideuô) o las autoridades a Pablo… Es algo habitual en las autoridades a sus súbditos (Rom 13,4.5; 1 Pe 2,14) y eventualmente una comunidad a alguien por alguna razón (2 Cor 2,6; 10,6). Es decir, la idea de un castigo divino no ocurre prácticamente nunca en el Nuevo Testamento, lo que contrasta notablemente con el Antiguo Testamento.

Pero no se entienda que “el Dios del Antiguo Testamento es cruel y castigador mientras que el del Nuevo Testamento es Dios amor” como sostuvo Marción en el siglo II. Era frecuente entender, antiguamente, que algunos males, como podían ser sequía, plagas, o incluso invasiones enemigas, eran consecuencia de un “castigo” divino (por ejemplo, notemos que términos como sequía, langostas, plaga, tan frecuentes en el AT están prácticamente ausentes en el NT, el último con excepción del Apocalipsis, con clara influencia del AT). No ha de descuidarse, además, el sentido claramente “pedagógico” de algunas cuestiones vistas como “castigo”, pero no como un Dios airado y enojado con los suyos, sino como un Dios que, como padre, busca enderezar el camino desviado de sus amigos o de su pueblo. Veamos un extenso texto que sirve ilustrativamente para comprender:

como a hijos se les dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección [paideía] del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige [paideuô]; y azota a todos los hijos que acoge.

Aguanten para corrección [paideía] de ustedes. Como a hijos los trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige [paideuô]? Mas si quedan sin corrección [paideía], cosa que todos reciben, señal de que son bastardos y no hijos.

Además, teníamos a nuestros padres según la carne, que nos corregían [paideutás], y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo!; mas él, para provecho nuestro, en orden a hacernos partícipes de su santidad.

Cierto que ninguna corrección [paideía] es de momento agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados [gymnazô] en ella. (Heb 12:5-11)

En este sentido, el Nuevo Testamento, lo hemos señalado en otra ocasión, al mostrar a Dios como “padre” no pone el acento en el “obedecer” sino en el “amar”.

Queda, finalmente, una pregunta. Hoy, con nuestra mentalidad, nuestra pedagogía, nuestra profundización de la imagen de Dios revelado en Jesús, ¿podemos seguir diciendo que Dios castiga? Sería bastante fundamentalista, y hasta podríamos preguntarnos qué imagen de Dios tiene quien cree que el Dios amor y padre castiga a sus hijos. Su pedagogía, sin duda, pareciera, hoy, que nos invita a andar por otros caminos.


Imagen tomada de https://www.hahistoriayarte.com/la-flagelacion-romana-un-castigo-cruel/

martes, 20 de septiembre de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 26º C

 Sólo reconociendo como hermanos a los pobres y los que sufren participaremos del banquete del reino


DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "C"


Eduardo de la Serna







Lectura de la profecía de Amós     6, 1a. 4-7

Resumen: Amós anuncia duramente castigo a los habitantes de Samaría y de Sión que viven rodeados de lujos y placeres desentendidos del dolor de los miembros de su pueblo.

El profeta de la justicia comienza uno más de sus varios “ayes” (cf. 5,7.18; 6,1), éste construido a modo de paralelo sinonímico destacando a Sión y a Samaría. “Estar seguros” y “tener confianza” son sinónimos como en seguida lo diremos.

Los versículos anteriores hablaban de los banquetes cultuales: novillos cebados, canciones y salmodias, y la consecuencia es la deportación (5,21-27); en este caso hay elementos comunes (comen corderos y becerros, beben en copas [término usado casi exclusivamente en relación al Templo], salmodian como David, y también serán deportados). Incluso esta comida se da en el contexto de un sentimiento de seguridad. Estos dos términos, “seguridad” y “confianza” son términos que nos ponen en el marco de la idolatría. Siempre la clave radica en aquello en lo que se busca la seguridad o la confianza, y para el judío esto sólo debe ser puesto en Dios. No en otras cosas, como pueden ser los ejércitos, o las riquezas (ver Job 31,24), ni siquiera en las cosas de Dios (como en este caso es el monte sagrado, pero también es el éxodo [Am 9,7], el templo [Jer 7,1-15], el día de Yahvé [Am 5,18-20]…). Poner la confianza significa creer (idolátricamente) que por estar los habitantes en la ciudad de Dios (Samaría, para el norte; Sión, para el sur), estan seguros de todo ataque adversario ya que Dios no permitirá que sea destruida. La seguridad –como se ve- no está puesta en Dios. El sentimiento de que “Dios está con nosotros” no se da en un lugar, sino en la fidelidad a sus caminos (ver 5,14).

v.5: David (ver 2 Sam 23,1) no era conocido por inventar instrumentos; quizás se pueda leer “inventan (= improvisan) en instrumentos musicales”. 

Los ricos, de la “primera” de las naciones (v.1) fueron los que usaron los “primeros perfumes” (v.6) y también serán los “primeros” en marchar a la deportación (v.7).

No se dice –en este caso- que los ricos sean injustos, ladrones o corruptos, lo que se afirma es que “se despreocupan de la miseria de José” (v.6), solo están preocupados por llevar una vida de lujo en muebles refinados, alimentos de calidad, buena música, bebida abundante y perfumes de primera calidad, pero “por eso” serán deportados. Amós es sumamente crítico del lujo de las clases ricas, sin embargo en ninguna parte el lujo está expresamente prohibido (aunque en 3,10 se había dicho que lo que acumulan es violencias). En ningún lado se dice que no se puede dormir en lechos de marfil, comer banquetes. El criterio fundamental es la solidaridad con los sufrimientos del pueblo, y la gravedad que significa desentenderse de sus sufrimientos mientras se lleva una vida de placer.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo     6, 11-16

Resumen: En contraste con los falsos maestros y su búsqueda de riquezas, Timoteo es presentado como maestro ejemplar. Ha hecho una confesión pública que está invitado a mantener mostrando su riqueza en virtudes, lo cual debe manifestar hasta el final siguiendo el ejemplo de Pablo y de Cristo, de quién hace una confesión de fe explícita en contraste con la divinización de las autoridades imperiales o los ídolos, reconociéndolo con categorías divinas.

La llamada Carta a Timoteo es –como se sabe- una carta “pastoral”. “Pablo” se dirige a Timoteo, un viejo colaborador para ayudarlo a “organizar” la/s comunidad/es que le fueron confiada/s. así lo orientará sobre los epíscopos (3,1-7), los diákonos (3,8-13), alertando contra los “falsos maestros”· (4,1-16),  los presbíteros y presbíteras (5,1-25), los esclavos (6,1-2a), sobre la verdadera y falsa doctrina (6,2b-10)… Es decir: “Pablo” quiere dejar todo bien estructurado. Sin dudas esto es bien coherente con el cristianismo de la segunda o tercera generación. El reconocimiento de una “doctrina”, un “depósito” y de que hay maestros “falsos” es signo evidente de que ya ha “corrido mucha agua bajo el puente”. Dentro de estos consejos, encontramos también varios elementos personales (“espero ir pronto donde ti”, 3,14; “que nadie menosprecie tu juventud”, 4,12; “no bebas ya agua sola. Toma un poco de vino…”, 5,23), y referencias a la comunidad, particularmente frente a los ricos (indicio de que en las comunidades han aumentado los miembros con una cierta posición económica, cf. 5,17; 6,2.5-10.17-19) y frente a las mujeres, las cuales pasan a ocupar un lugar secundario (quizás con la excepción de las viudas, cf. 5,3-16), deben guardar silencio en público, indicio de que ya el tiempo ha pasado y la asimilación al modelo greco-romano de “la casa”, en la que el “amo de casa” (paterfamiliasoikodespotês) debe someter a todos los miembros, se estaba “organizando” y “estructurando” dejando ya bien atrás el discipulado de iguales que Jesús y Pablo habían desplegado. Después de esta serie de criterios organizativos, “Pablo” saluda a Timoteo con un último consejo:

Comienza dirigiéndose a él como “hombre de Dios” (v.11) y finaliza llamándolo por su nombre (v.20). En un primer momento referido a él mismo (vv.11-16) y luego cómo debe aconsejar a los ricos de la comunidad (vv.17-19) concluyendo con el cuidado del “depósito” (de la fe, v.20-21a). La liturgia de hoy nos presenta la primera parte de este saludo conclusivo, el dirigido a Timoteo.

La unidad comienza con “tú, en cambio” (zù dé) con lo que se pretende expresamente señalar que la actitud que debe mover a Timoteo es contraria a la de los falsos maestros de la que debe “huir”, que –en este caso- están guiados por “amor al dinero” (v.10) y la codicia (v.9) y que hacen “negocio” (v.5) con la piedad.  Lo que debe “enriquecer” al pastor, “en cambio”, son una serie de virtudes presentadas en un breve catálogo de virtudes, opuestas a los vicios de los maestros falsos (6,2c-5): justicia, piedad, fe, amor, aguante, dulzura. No deja de ser una ironía que mientras los falsos maestros quieren hacer negocio con la “piedad”, el autor aclara que la piedad misma es una riqueza (v.6) y a eso invita aquí a Timoteo; él es presentado a toda la comunidad eclesial como un modelo para los demás líderes.

Como los primeros profetas (Dt 33,1; Jue 13,6; 1 Sam 2,27; 9,6.10; 1 Re 12,22; 13,1-32; 17,18.24…) “Pablo” llama a Timoteo “hombre de Dios” con lo que alude a la presencia del espíritu de Dios en él; Timoteo, entonces, como Moisés, Samuel, David, Elías y Eliseo fue “llamado” (v.12) para conducir a su pueblo. El contraste entre “huir” y “perseguir” parece ubicarse en el marco de los dos caminos ante los que una persona está invitada a escoger.

- “combate el buen combate de la fe” es referencia a las dificultades que Pablo y los suyos –como Timoteo, su heredero- encuentran en la predicación del Evangelio (la idea del combate puede tener que ver con una batalla o también con la competencia deportiva). En 1 Tes 2,2 afirma que “tuvimos la valentía de predicarles el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas”, lo que reafirma en Fil 1,30 (los filipenses, como Pablo, sostienen un combate… en referencia a la prisión de Pablo y las dificultades de los destinatarios). El discípulo, autor de Colosenses, repite la misma idea (2,1) y otro discípulo, haciendo referencia a que se aproxima el final de la vida del Apóstol, la presenta como que “He combatido el buen combate, he concluido la carrera, he conservado la fe”. (2 Tim 4,7). El “combate”, en estos casos está ligado a la fe; ésta encuentra dificultades en el medio ambiente (recordar la imagen evangelizadora de “completo en mi cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo”, Col 1,24 que hemos comentado).

- “cuando confesaste la buena confesión ante muchos testigos” puede aludir al bautismo, aunque también es posible que aluda al momento en que recibió el encargo pastoral (cf. 1 Tim 4,14; 2 Tim 2,2), sea lo que fuere, Timoteo está llamado a que el significado de aquel acontecimiento continúe en el tiempo.

El texto literalmente podría traducirse de este modo: “te encomiendo ante Dios el vivificador de todo y Cristo Jesús el martirizado [martyrêsantosante Poncio Pilato en buena confesión [kalên homologían]”. “Pablo” encomienda a Timoteo ante Dios y ante Cristo Jesús. De ambos se afirma algo (vivificador, martirizado), pero de Cristo se acota que dio una “buena confesión”, que es lo que se acaba de mencionar que ha hecho Timoteo ante muchos testigos (kalên homologían… martýrôn]. El ejemplo de Cristo dando la vida es el ejemplo que debe guiar la vida del pastor Timoteo, que debe asemejarse con él, que ya ha dado una buena confesión de fe, pero en el combate cotidiano de la fe, sabe que el martirio es una posibilidad.

El mandato (entolê) no es el/los “mandamiento/s” como en las otras partes de la Biblia, sino el conjunto de ellos (cf. 2 Pe 3,2), el depósito (parathêkê, v.20), es todo lo que le ha sido transmitido por el Apóstol (1 Tim 6,29; 2 Tim 1,14) y él lo ha recibido de Cristo (1 Tim 1,11; 2 Tim 1,12).

La Manifestación (cf. Tit 2,11.13) lo lleva a mostrar sus sentimientos de alabanza a Dios. Esta “epifanía” solía referir a las manifestaciones divinas en el ambiente grecorromano, y los cristianos lo adoptaron contraculturalmente para referir al nacimiento de Jesús (2 Tim 1,10; Tit 2,11; 3,4) y también a la venida esperada (2 Tes 2,8; 1 Tim 5,14; 2 Tim 4,1.8; Tit 2,13; sólo en este sentido lo usa Pablo, mientras que las Pastorales lo amplían al nacimiento). Esta epifanía no parece que se espere de un momento a otro sino “a su debido tiempo” (6,15).

La doxología de vv.15-16 (ver 1,17; 3,16) remite a muchas manifestaciones del judaísmo helenista que aluden a la trascendencia de Dios y su superioridad sobre todo (pero aplicadas aquí a Cristo), marcado por el contexto crítico y polémico contra los ídolos y contra el culto imperial (como se vio en el texto dela semana pasada [2,2], una cosa es orar por las autoridades, y otra su divinización). Se trata de siete alabanzas dirigidas a Dios: feliz / bienaventurado (1,11), único soberano (cf. Sir 46,5; 2 Mac 12,15; 15,4.23; Lc 1,52), rey de reyes, señor de señores (ya comentamos el sentido de excelsitud que tiene el término acompañado de su plural, como en cantar de los cantares, vanidad de vanidades…; cf. Dt 10,17; Sal 136,3; Ez 26,7; Dn 2,37), único que posee inmortalidad (quizás usado críticamente ante el culto imperial), que habita en una luz inaccesible (1 Hen 14,15), a quien nadie puede ver (1,17; cf. Ex 23,20). Y –concluye el orante- a él pertenecen el honor y el poder (cf. 1 Pe 4,11; Ap 1,6; 1 Clem 20,12; 61,3; Did 9,4-10,15). Como es obvio en una doxología, concluye con el ¡Amén!


Evangelio según san Lucas     16, 19-31


Resumen: Jesús presenta una nueva parábola donde hay dos personajes, en este caso un rico y un pobre. Como se ha dicho en otras partes del Evangelio, la situación de ambos cambiará, cosa que de hecho ocurre. Esta situación es consecuencia de la vida que han llevado. Y –en el caso del rico- consecuencia de no haber sabido reconocer a Lázaro, el pobre, como un hermano.

Después de las referencias a las riquezas que encontrábamos en el Evangelio de los domingos pasados, Lucas nos muestra a Jesús en debate con los fariseos, a los que el evangelista señala como “amigos del dinero” (16,14). Allí encontramos unos breves dichos sobre el corazón (v.15), sobre la violencia y el reino (v.16), sobre la ley (v.17), y sobre el matrimonio (v.18) finalizando con una parábola (vv.19-31) que es el Evangelio del día. Los textos anteriores son tomados del documento Q, salvo el primero, aunque tiene semejanzas, mientras que la parábola es exclusiva de Lucas. Se trata de una parábola donde se comienza presentando a dos personajes, en este caso un pobre y un rico.

La parábola tiene una breve presentación de ambos personajes la cual concluye con la muerte de ambos.

Era un hombre rico
Y uno pobre, 
llamado Lázaro, echado junto a su portal,
y vestía de púrpura y lino,
lleno de llagas,
celebraba todos los días espléndidas fiestas.
deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Murió también el rico y fue sepultado.
Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.

Es evidente que la presentación tiene como intención mostrar el contraste entre ambos; el rico viste casi como un rey (Jue 8,26; Sir 45,10; Est 1,6; 8,15), y “banquetea” (el término 'eufrainô lo encontramos también en 12,19; 15,23-32 pero mientras allí se trata de banquetes ocasionales, aquí se afirma que este rico lo hacía “cada día”). El pobre, por otra parte, está en un marco de total desamparo e impureza, las llagas no atendidas, y la referencia a los perros lo señalan (Ex 22,31; 1 Re 21,19.24; Sal 22,17; Mt 15,26-27; Mc 7,27-28). Pero el sentido de la parábola viene a continuación. En ella encontramos un diálogo entre el rico y Abraham que tiene dos partes marcadas, la primera pidiendo que “envíe a Lázaro” a saciar su sed (v.24), la segunda, que “envíe a Lázaro” a casa de su padre para alertar a sus hermanos. En ambos casos la respuesta de Abraham es negativa, y en ambos casos el pobre juega un rol pasivo. 

Para empezar, veamos brevemente ambas partes:

En el “seno de Abraham” Lázaro recibe “consuelo” (v.25) mientras en el Hades el rico es “atormentado”. Y esa situación es consecuencia (“ahora”) de que se hayan invertido los papeles de lo que ocurrió “durante tu vida”.

En la segunda escena, el rico pretende alertar a sus cinco hermanos para que no caigan en la misma situación, pero Abraham les responde que de “oír a la ley y los profetas” no ocurriría eso. Ni un muerto resucitado los convencería si no han oído a “la ley y los profetas”.

Para comenzar, notemos que los dos personajes son judíos. El primero, el pobre, tiene nombre judío, Lázaro (abreviatura de Eleazar, “Dios ha ayudado”), el segundo –el rico- se dirige a Abraham como “padre” (cf. 1,73; 3,8; 13,16.28; 19,9), éste lo llama “hijo” y afirma que “tienen la Ley y los profetas”. Esto –como veremos- será fundamental a la hora de entender la parábola en su totalidad-. Por otra parte, en ningún momento se nos dice que el rico fuera injusto, o ladrón, o corrupto, ni que Lázaro fuera un hombre honrado, o bueno. Simplemente se trata de un rico y un pobre; y la situación de ambos se invierte luego de su muerte: el rico, que disfrutó, ahora es atormentado; el pobre que padeció males, ahora es consolado. En este sentido, es evidente que se trata de lo mismo que ocurre en la primera bienaventuranza y su correspondiente “malventuranza” de Lucas:

«Bienaventurados los pobres,
¡ay de ustedes, los ricos!,
porque de ustedes es el Reino de Dios. (6,20)
porque han recibido su consuelo. (6,24)

La característica, en ambos casos es que la situación va a cambiar, y en la parábola, de hecho ¡cambia! De hecho, lo que se afirma del rico en la bienaventuranza es que ha recibido su consuelo (paraklêsin) y el pobre Lázaro ahora es consolado (parakaleitai). No se ha de olvidar que esto Jesús lo dice a quienes el evangelio presenta como “amigos del dinero”.

Pero la parábola no se detiene aquí, sino que esta inversión de las situaciones es –como se dijo- su punto de partida. Cada pedido del rico que “envíe a Lázaro” desencadena la respuesta de Abraham explicativa de la situación: la primera es “hijo, recuerda”. La invitación a “recordar” (griego, mimnêskomai; en hebreo, zakar) es particularmente importante en Israel, especialmente en el contexto del tiempo del éxodo (Ex 2,24; 6,5; 20,8; Lev 26,42.45; Num 15,39.40; y particularmente en el Deuteronomio, 5,15; 7,18; 8,2.18; 9,7.27; 15,15; 16,3.12; 24,18.22; 25,17; 32,7). Recordar es hacer memoria activa de la intervención continua de Dios en favor de su pueblo. Lucas insiste en esta idea en los textos con clara influencia veterotestamentaria 1,54 y 1,72, e incluso las mujeres son invitadas a “recordar” lo dicho por Jesús en Galilea sobre la resurrección (24,6.8) e incluso el “buen ladrón” le pide a Jesús que lo “recuerde” al llegar a su reino (23,42). 

Lo que el rico está invitado a recordar es que los bienes que disfrutó en la vida los “recibió” (apolambanô), término frecuente en Lucas. También lo repite el “buen ladrón” al decir que el castigo de los crucificados con Jesús es “merecido”, acorde al mal que hicieron (23,41). Pero es un recibir de alguien (apo es “de alguien”, lambanô es “recibir”). Lo que el rico recibió son “sus bienes” (agathá) en contraste con los “males” de Lázaro. La madre de Jesús cantó –con influencia del AT- que Dios “a los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada”. (1,53). El rico que quiere acumular su grano y sus “bienes” edificará graneros más amplios, y como tiene para muchos años se dedicará a descansar, comer, beber y banquetear (eufrainô, el mismo verbo usado por los banquetes del rico de la parábola, v. 19). Es bueno notar aquí que la única vez en toda la Biblia que aparece el femenino “discípula” (Hch 9,36) se dice de Tabitá, y lo que se aclara es que era “rica en buenas (agatôn) obras y limosnas”, sus “bienes” eran las obras. Por el contrario, lo que Lázaro –en vida- recibió son “males”. La situación ahora (nyn) se ha invertido y es imposible volverla atrás.

Es para evitar esto a sus hermanos que nuevamente el rico se dirige a su “padre Abraham”.  Nuevamente le pide que “envíe a Lázaro”. Lo que pretende es un “testimonio” (es diamartýromai, es decir “testimonio (martýromai) a través de (dià)…”; única vez en los evangelios, aunque frecuente en Hechos, 9x siendo en general “testimonio de Jesús”). Lo que pretende el rico es que “a través de Lázaro” llegue a sus hermanos el testimonio de la situación que está viviendo. Y nuevamente Abraham se niega. El Hades es calificado de “lugar de tormentos” (vv.23.28) y en v.24 se habla de “angustia en esa llama”. El Hades es el lugar de los muertos (Hch 2,27.31; Ap 1,18; 6,8; 20,13.14), traduce el hebreo Sheol (cf. Sal 15,10; Qo 9,10; ver Gen 37,35; 42,38…), y por eso está en contraste con el “cielo” (cf. Mt 11,23 / Lc 10,15). Esto ha hecho pensar en categorías “cielo-infierno” pero esto es más que lo que la parábola pretende. El “seno de Abraham” es algo desconocido en la literatura judía (se encuentra en algunos textos posteriores, pero no es evidente que no estén influenciados por este texto). Es probable que recuerde la idea característica judía de “descansar con sus padres” (cf. Gen 49,33; Num 27,13; Dt 32,50; Jue 2,10; 1 Re 1,21; 2,10; 11,21…). El “seno” es el lugar de preferencia (como el Hijo único de Dios está en el seno del Padre, Jn 1,18 o el discípulo amado en el seno de Jesús, 13,23). Se trata, entonces, de un lugar de honor que ocuparán los pobres, como el lugar preferencial y de intimidad que se prepara para los huéspedes de honor en los banquetes. El cambio al plural (ustedes, nosotros, v.26) invita a los lectores de la parábola a identificarse en sus actitudes con alguno de ellos.

La negativa de Abraham se centra en que “tienen” y deben “oír” a “Moisés y los profetas”. Esto, como se sabe es un modo de referir a “toda la Biblia hebrea” (2 Mac 15,9; prólogo del Sirácida vv.2 y 24; Mt 5,15; 7,12; 11,13; 22,40; Lc 16,16; 24,27.44; Jn 1,45; Hch 13,15; 24,14; 26,22; 28,23; Rom 3,21). Sin dudas, aquí hay una clave de interpretación de toda la parábola ya que es evidente que el rico no ha oído a Moisés y los profetas, y por eso se encuentra en ese lugar. La pregunta es ¿qué les dice la “ley y los profetas” a los judíos que éste no ha escuchado?  La actitud frente a los pobres es algo característico de Israel (ver Ex 22,21-22; 23,9; Lev 19,9-10; 19,33; 23,22; Dt 10,13-19; 14,28-29; 16,9-15; 24,17-18; 26,12-15; Am 2,6-8; Os 12,7-9; Mi 3,1-3; Sof 3,1-3; Mal 3,5; Is 5,7-10; 30,12; 58,3; Jer 5,25-29; 9,4-6). A modo sintético, veamos Deuteronomio 15,1-11 que nos da la clave (señalamos sólo unos versículos que ayudan a la comprensión de esto, y resaltamos las palabras clave):
«…  Cierto que no debería haber ningún pobre junto a ti, porque Yahveh te otorgará su bendición en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la poseas, pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahveh tu Dios cuidando de poner en práctica todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy. (…) Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos, en alguna de las ciudades de tu tierra que Yahveh tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia. (…) Cuando le des algo, se lo has de dar de buena gana, que por esta acción te bendecirá Yahveh, tu Dios en todas tus obras y en todas tus empresas.  Pues no faltarán pobres en esta tierra; por eso te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra. (Dt 15,1-11)

Lo que Moisés le dice a todo judío es que el judío pobre es su hermano, y ciertamente no es de ese modo como el rico se ha comportado con Lázaro. Insistimos, no es que haya obtenido sus riquezas con injusticia, no se dice que fuera perverso, sólo se dice que no trató a Lázaro como un hermano. Y esto mismo es lo que continúa aunque la situación se haya invertido. Lázaro no parece contar para él, y dos veces le pide a Abraham que “lo envíe” como si se tratara de un sirviente. “Escuchar” –como se ha dicho- es fundamental en Lucas (cf. 5,1.15; 6,17.27.47-49; 7,29; 8,8-15.18.21; 9,35; 10,16; 11,28; 14,35; 19,48; 21,38; Hch 2,22.37; 3,22.23; 4,4; 7,2; 15,7; 18,8) y ha de entenderse como sinónimo de “obedecer”. Que se “conviertan” (v.30; cf. 10,13; 11,32; 13,3-5; 15,7-10) es –sin quererlo, de parte del rico- un reconocimiento de lo que no ha hecho, de que no ha “escuchado”.

Los “amigos del dinero” no parecen enterarse de esta fraternidad que Dios quiere instaurar en Israel y que el reino de Dios predicado por Jesús quiere confirmar (de hecho se “burlan” de Jesús por enseñar estas cosas, 16,14). No es cuestión de tratar como “hermanos” a los que son como uno, a los religiosos (como los fariseos) sino a todo aquel que es de verdad hermano. Y si “siempre habrá pobres entre ustedes”, se trata precisamente para que “siempre” –los que quieren “escuchar a Moisés y los profetas”- sepan que tienen un compromiso de compasión con los pobres que están junto a nosotros (es irónico que pida “compasión” a su padre Abraham –v.24- quien no la tuvo con su hermano Lázaro). Y que Dios “siempre” toma partido por el pobre y él (y ella), y nuestra actitud hacia ellos, son el test de fidelidad a la fraternidad que Moisés y los profetas proponen y Jesús confirma.  Así lo afirma el Talmud: “quien cierra sus ojos a uno en necesidad es considerado como uno que sirve a los ídolos” (Bat 10.a)

Una pequeña nota: nunca en las parábolas de Jesús, un personaje recibe un nombre. Sin embargo, en este caso el pobre recibe el nombre de Lázaro (quizás esto haya llevado a que algunos manuscritos dieran también nombre al rico [Neues], o que algunas Biblias lo hagan en sus títulos [Epulón]). No deja de ser desafiante que justo sea un pobre el que para Jesús tenga nombre, especialmente teniendo en cuenta que en nuestras sociedades los pobres siempre son anónimos, o estigmatizados. Para Jesús el pobre es persona humana, es sujeto, y –por si fuera poco- es una persona de la que afirma que “Dios lo ayuda” (como se dijo, eso significa el nombre Lázaro).


El video con comentario al Evangelio
https://blogeduopp1.blogspot.com/2022/09/video-con-comentario-del-evangelio-del.html
también se puede ver en
https://youtu.be/LSxga9HrpOI


Foto tomada de http://ricos-y-pobres.blogspot.com.ar/

lunes, 19 de septiembre de 2022

Video con comentario del Evangelio del domingo 26º "C"

Video con comentario del Evangelio del domingo 26º "C"



también se puede ver en

https://youtu.be/LSxga9HrpOI

Eduardo

domingo, 18 de septiembre de 2022

¿Fuimos testigos de un milagro?

¿Fuimos testigos de un milagro?

Eduardo de la Serna



Frente al fallido atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández, la mayoría de los comentarios ya suelen señalar o indicar el lugar donde se encuentra posicionado o posicionada quien habla o escribe. Algo, que a veces, se expresa en “actos fallidos”, que al decir de don Sigmund, es una expresión del inconsciente que quiere aflorar a pesar que el emisor quisiera evitarlo (o el superyó… o quien fuera). Así podemos ver que “¡cómo mandás a ese tarado!” o hablar de “supuesto atentado”, o de “victimización” hasta – y aquí lo que me interesa – escuchar hablar o insinuar que ocurrió un “milagro”. Evidentemente, quienes usan este término están posicionados entre los que tienen una cierta simpatía hacia Cristina, mientras que los primeros, ciertamente no. Escuchar o leer “milagro”, especialmente en personas que expresamente señalan su ateísmo o agnosticismo resulta, por lo menos, extraño. Y sobre eso quisiera decir una palabra.

Para empezar, y creo que ahí hay una clave, una cosa es el término “milagro” en el lenguaje cotidiano, y otra en el lenguaje bíblico-teológico. Sin duda, los y las comunicadores y comunicadoras, particularmente quienes no confiesan fe alguna, lo utilizan en sentido común, y no “teológico”, pero, ciertamente algo de algún modo religioso están señalando. Sería como decir que, de alguna manera, Dios intervino para que el atentado no se concretara. Obviamente, además, esto implica una cierta “teo-logía”, es decir algo dicen de Dios y de una intervención suya, en este caso, en favor de Cristina.

Señalemos, para empezar, algo bíblico-teológico: el mundo bíblico ciertamente no se guía con nuestros conceptos modernos. Hoy, ante hechos aparentemente extraordinarios, la pregunta suele ser ¿cómo es esto posible? Es, al menos en cierto modo, una pregunta científica. Puesto que no parece “lógico”, o “razonable” que algo ocurra de esta manera, ya que no hay razones aparentes, se infiere que Dios ha intervenido. En el mundo bíblico el planteo era muy diferente: no se pregunta “cómo es posible” sino “por qué” o “para qué”. Por eso, la fe es un presupuesto (no una consecuencia del hecho); el Evangelio nos dice que Jesús “no podía obrar milagros” en una región a causa de su “falta de fe”. Entonces, puede haber hechos, incluso normales, o frecuentes, que el creyente verá como “milagros” porque allí Dios le / nos está diciendo algo; para empezar, marcando su compañía, protección, cercanía, misericordia, etc. Y, en ocasiones, “diciendo” algo más. En cierto modo, entonces, un milagro es una “palabra” de Dios.

En el lenguaje cotidiano, en cambio, se suele entender que Dios hizo (o impidió) algo en favor de alguien, movido por la oración, la “providencia”, o por razones varias; una curación inexplicable de una persona enferma, por caso, movido por la oración de algunas otras. En el caso que nos ocupa, Dios habría impedido, espontáneamente, que cargara la bala en la recámara, por ejemplo.

Veamos, entonces… En el lenguaje cotidiano, se puede decir que estuvimos ante un milagro (aunque no logre entender en qué sentido utilizan el término los no creyentes… ya que se supondría que “Dios” habría sido el que lo hizo). Ahora, en lo personal, me cuesta entender, desde la fe, que Dios, activamente, impida un atentado (especialmente porque no se entiende por qué otros muchos atentados se concretan). Ahora bien… entendiendo el tema en un sentido bíblico, puede ocurrir que no se haya cargado la bala por nervios, porque creía que ya estaba cargada, porque la pistola se trabó en la carga, o por varios otros motivos, pero “desde la fe”, que es presupuesto del creyente, estamos invitados a preguntarnos qué nos quiere decir Dios en esos hechos “normales”. No es difícil imaginar que, para algunos, si el disparo se hubiera realizado, el ejecutor podría ser (al menos simuladamente) aplaudido o reconocido, como él / ellos creían que lo serían. Y no es menos cierto que es muy fácil imaginar que – de haberse efectuado – hubiera significado, por lo menos, mucha sangre y violencia (esa misma que los “pescadores” aprovechan al revolver el río). Si el atentado concretado hubiera significado una ola de violencia y muertes (especialmente de los pobres), no es difícil concluir que Dios nos dice que él opta por la paz. Y una paz que nace del encuentro, de la justicia, de la vida. Me parece razonable pensar que Dios está diciendo algo (y que por eso se trata de “milagro”), y es que hagamos a un lado el odio y el desencuentro (y a los odiadores y desencuentradores) para buscar lo fundamental.

Sin duda que podemos creer tener razón. Y otros también lo creerán. Pero a lo mejor nos podemos dar cuenta que más importante que tener razón es tener familia, casa, patria. Para los creyentes, tratar de dar respuesta a la pregunta ¿qué nos dice Dios en esto?, podría ser el paso primero y principal para que ese paso, con los pasos de otros, nos transforme en peregrinos. Caminar sólo con los que piensan como nosotros (es decir, con los que creemos que tienen razón, como nosotros) más que miembros de un pueblo nos transforma en sectarios. Algo bien diferente de ese Dios que elige y quiere un pueblo para que muestre a todas y todos que otro mundo y otro pueblo es posible: uno de hermanas y hermanos. A lo mejor, si nos decidiéramos a escuchar a Dios en el atentado fallido, podamos decidirnos a buscar denodadamente la paz y a encontrar – sin renunciar a nuestros conceptos y proyectos – hermanos y hermanas y, así decididos, empecemos a gestar otro milagro más grande todavía, el de una patria que dé gusto vivir (o que podamos “vivir sabroso”, como dicen en Colombia, que de esto de violencia saben mucho, y han decidido apostar por la paz).


Foto tomada de https://unsplash.com/es/fotos/jpREsLNInIQ

jueves, 15 de septiembre de 2022

Una nota sobre Jesús

Una nota sobre Jesús

Eduardo de la Serna


Es normal que todos tengamos una imagen interior de quién y de cómo era Jesús. Imagen que seguramente se ha nutrido de otras imágenes que hemos visto, escuchado o imaginado. Y, salvando excepciones, hemos de decir que (casi) todas tienen parte de verdad, aunque ninguna lo agota. Hay veces que lo imaginamos sufriente, otras sonriente, unas niño, otras crucificado, unas rezando, otras comiendo, unas con mujeres, otras con niños, unas como suponemos que era ayer, otras como lo imaginamos hoy, caminando al lado de tal o cual grupo o comunidad, geografía o tiempo.

Y no me estoy refiriendo a la imagen física, aunque esto también la suponga. No sabemos mucho de su persona, si era alto o bajo, su contextura física, y demás. Seguramente usaba barba y el pelo corto, según la costumbre. Pero no es a eso a lo que me refiero.

Los cuatro evangelios nos presentan diferentes aspectos de Jesús, un Jesús con autoridad frente a los demonios y algo distante en Marcos, un maestro judío en Mateo, un profeta cercano a los pobres en Lucas, uno soberano en Juan... Lo podemos imaginar, como ocurre con diferentes pinturas, que eligen señalar un aspecto especial, con lo que disimulan otros, por ejemplo. Señalemos que cada uno de los cuatro Evangelios ha escogido un aspecto o aspectos de Jesús que mostrar porque el autor se ve reflejado en eso, porque entiende que eso es lo que su comunidad necesita, porque ve en esos elementos un sustento para fortalecer la fe de los suyos en su presente histórico


Pero es bueno señalar que en aquellos tiempos (sobre todo entre los siglos II y IV) hubo muchos otros escritos además de los evangelios. Algunos de comunidades muy pequeñas y bastante cerradas sobre sí mismas. También ellos hablaron sobre Jesús y presentaron algún o algunos aspectos de su persona. Muchos de estos con imágenes interesantes o valiosas, pero otros también con algunos elementos bastante discutibles. Como eran de grupos pequeños, muchos de estos escritos desaparecieron junto con las comunidades. No ocurrió lo mismo con los textos que fueron universalizándose y que, si una vez se extinguieron las comunidades, no ocurrió lo mismo con los textos. La universalidad fue, con el tiempo, un criterio que se tuvo en cuenta para la aceptación de unos y el descarte de otros. Es interesante que algunos de estos textos perdidos fueron encontrados por los siempre inquietos arqueólogos, especialmente en Egipto. El clima seco del lugar permitió la preservación de papiros o pergaminos (son dos cosas distintas, de origen vegetal – de un junco – los primeros y de origen animal – cuero – los segundos) que en otras regiones fueron carcomidos por la humedad o los animales. Incluso en basurales fueron encontrados textos que fueron desenterrados (o “desarenados”) y luego conocidos por el gran público. Pero, como se dijo, muchos de estos sí nos sirven ahora para conocer cómo eran algunas comunidades de ayer, pero no para conocer mejor a Jesús. Esos textos (“evangelios” en muchos casos) son los que se conocen como “apócrifos”, es decir “ocultos”. Muchos de estos figuran como escritos por algún personaje importante quien sería una especie de “héroe” o “heroína” de la comunidad, lo que – ciertamente – no significa que fuera su autor o autora. En estos textos suelen aparecer elementos muy interesantes que reflejan cómo este grupo sectario veía a Jesús, y – como se dijo – mezclando aspectos valiosos con otros más discutibles que hicieron que no fueran aceptados en las listas de textos reconocidos por la gran comunidad eclesial. La mayoría de estos presentan un Jesús sabio, que enseña cosas, a veces incomprensibles para los suyos y que él les revela en privado. Algunos lo muestran muy cercano también a las mujeres, pero otros no. Sin embargo, generalmente a quienes enseña las cosas son solamente a los suyos (no a todo el auditorio), a ese pequeño grupo, y dedicado especialmente solo a cosas espirituales. Lo material suele ser rechazado, y en ocasiones, detestado, algo ciertamente muy ajeno al Jesús de Nazaret de la historia. Sabemos que, en Egipto, donde el cristianismo fue floreciente en torno a la segunda ciudad del Imperio Romano, Alejandría (aunque Alejandría está en la región del delta del Nilo, por lo que no es aquí donde se conservaron secos los papiros y pergaminos, pero sí en torno a su monumental biblioteca), hubo muchas comunidades. También pequeños grupos sectarios de lo que se llamó el gnosticismo, grupos espiritualistas que rechazaban la materia y exaltaban el espíritu, negaban toda estructura y organización en nombre de la “sabiduría” (en griego “Sofía”). En la misma ciudad y los alrededores hubo también, muchos grupos cristianos que fueron muy críticos de estos (el gnosticismo fue muy floreciente en la zona del mar Mediterráneo, desde el s. II al s. V, pero siempre reaparece, cada tanto, en las comunidades, grupos gnósticos, ayer y hoy).


La proliferación de tantos textos y evangelios fue determinante en que un cristiano del s. II, Ireneo de Lyon, propusiera – lo que fue aceptado – que tener un solo Evangelio era muy limitado y cerrado, pero tener cientos de ellos era exagerado. Que fueran cuatro, como los puntos cardinales, o como los elementos de la tierra era razonable. Esto permitía la diversidad y la unidad. Fue así que se aceptaron los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan (Ireneo fue el que imaginó los 4 Evangelios con el león, el buey, el ser humano y el águila teniendo en cuenta el texto de Apocalipsis 4,7). Diferentes aspectos, imágenes de Jesús, diferentes predicaciones, pero valorando la universalidad.

Como decimos, todos tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón diferentes imágenes de Jesús, que es de una manera, o de otra... Y, como dijimos, salvo excepciones, estas suelen ser buenas. Pero siempre es posible mejorarlas, siempre es bueno purificarlas, permitirles crecer firmes, y las imágenes que nos presentan los cuatro evangelios deberían ser un buen criterio para orientarlas.

martes, 13 de septiembre de 2022

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 25º C

 Fuera de los pobres no hay salvación

DOMINGO VIGESIMOQUINTO - "C"


Eduardo de la Serna 



Lectura de la profecía de Amós     8, 4-7


Resumen: El profeta critica duramente a los comerciantes sólo dedicados en ganar dinero desentendiéndose de Dios, de la justicia y de los pobres. 



Con sensatez se ha llamado a Amós el “profeta de la justicia”. La situación política y económica del reino de Israel en tiempos de Jeroboam II es particularmente grave, pocos ricos cada vez más ricos y muchos pobres cada vez más pobres. 

El texto comienza con una invitación a escuchar (v.4) y finaliza con una referencia al castigo que espera a los que se desentiendan de los hermanos (v.8; este último versículo omitido en la liturgia). 

El verbo “escuchen” (shemá) es sumamente importante y frecuente en la Biblia hebrea (10 veces en Amós; usado en  imperativo en un sentido semejante en 3,1.13; 4,1 y 5,1. Es la voz de Dios que el profeta transmite a sus oyentes. En este caso se trata de dos acciones simultáneas, por un lado la injusticia (v.4.5.6) y la hipocresía religiosa por el otro (v.5). 

El oráculo está dirigido a los comerciantes que pretenden servir al dinero simulando servir a Dios; pero el corazón de estos comerciantes está puesto en el provecho económico, no en Dios. Las fiestas religiosas les molestan porque les impiden ganar dinero, que es lo único que les importa. El sábado –que es día de descanso, pero “descanso religioso”- les impide trabajar y vender. Isaías 1,13 también señala lo religioso del sábado y la luna nueva. A estos comerciantes no les interesa dar culto a Dios sino llenarse de dinero, Dios les molesta. El sentido del sábado es a su vez social (descanso del esclavo y la esclava, Dt 5,15), pero la preocupación por el hermano es la característica de la fidelidad a Yahvé. 

Por el contrario, estos comerciantes quieren exprimir al pobre, arruinar al indigente, aumentar los precios, vender con balanzas tramposas, comprar a los pobres. Amós ironiza que en lugar de “cesar” el trabajo quieren hacer “cesar” la existencia de los pobres (“cesar” en hebreo es sabat, de donde proviene el término “sabat”, sábado; ver semejante juego de palabras en Gen 2,2). Lo que pretenden estos comerciantes es obligarlos a venderse como esclavos por deudas menores. Que pisotean al pobre y lo venden por un par de sandalias es algo que ya en 2,6 se presentaba como condena a todo Israel por hacerlo. 

En realidad, a estos comerciantes sólo les interesa el dinero; no les preocupa Dios, como se ve por su desinterés por el tiempo sagrado, ni les interesan los hermanos, como se ve en su actitud hacia los pobres (’ebyon, ‘aniw y dal) o en la estafa en el comercio. Lo que hacen en este sentido son tres cosas:

Disminuir la medida. Siendo medidas de capacidad (unos 40 litros), es posible que usaran o un doble fondo, o algo que disimulara. Lo que se suele traducir por “aumentar el precio” debe entenderse en qué sentido se afirma, ya que el precio era fijado por las autoridades, por lo que se trata de respetar el control de precio pero estafar en los pesos. En esta época no existían las monedas, así que el pago era por canje con productos o metales preciosos que eran pesados en básculas. Para eso bastaba con usar balanzas con pesas falsas para lograr el objetivo de enriquecerse más. Es semejante a lo tercero que se afirma, “falsear la balanza”, algo muy habitual en los comerciantes, y muy criticado en el AT (Dt 25,13-15; Lv 19,35-36; Prov 11,1; 16,11; 20,10.23), falsean el peso para comprar y para vender. El tema era frecuente también en el antiguo Oriente:


En Egipto el muerto afirma ante los dioses que lo juzgan: “No he aumentado ni disminuido la medida de grano. No he añadido nada al peso de la balanza. No he falseado el fiel de las básculas” (Libro de los muertos)
En Mesopotamia: “Quien falsea la balanza, comete fraude, cambia las pesas… no saldrá ganando, arruinará su capital” (Himno a Šamaš).


Pero más allá del dinero a costa del comercio, también el profeta enfrenta el comercio de personas. Si en 2,6 Amós denunciaba a los que venden como esclavos a los pobres, aquí denuncia a los que los compran habiendo provocado –falseando- sus deudas. La esclavitud en Israel era algo rechazado, ya que el que –por deudas- debía entregarse como esclavo, debía ser tratado por su “amo” como un verdadero hermano (Ex 21,1-11). En este caso el ambiente es el de la compra – venta (se lo ha llamado “capitalismo de rentas”) y parece que el negociante falsea el comercio a fin de servirse en su provecho de los pobres, incluso comprándolos por nada. Todo vale con tal de enriquecerse, para estos comerciantes. Y el profeta no duda en denunciarlo claramente.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo     2, 1-8

Resumen: Un discípulo de Pablo –en su nombre- presenta la universalidad de la comunidad y de la voluntad salvífica de Dios. La comunidad debe orar por todos, y particularmente por las autoridades a fin de vivir en paz. Esa oración debe llevarse a la práctica en todas partes.


El autor de las cartas Pastorales escribe en nombre de Pablo, y pretende “estructurar” y “organizar” las comunidades. En este caso nos encontramos con una exhortación en referencia a la “oración” (deêsisproseujê, énteuxis y eujaristía) y a la vida de “piedad” (eusébeia; cf. Tit 1,1) en el “conocimiento de la verdad” (epignôsis aletheias,Tit 1,1). Todos estos términos han adquirido nuevos sentidos con el paso del tiempo, teniendo en cuenta que nos encontramos en la tercera generación cristiana.

Hay una relación entre la oración por “todos los hombres” (anthropos) y que Dios quiere que “todos los hombres” se salven (cf. 4,10; Tit 2,11). El contraste entre todos (vv. 1.2.4.6.8) y “uno solo” (v.5) es importante en el relato. La salvación de todos es deseo de Dios, y “Pablo” se sabe mediador en esto (v.7).

La oración por las autoridades en muy importante en varios escritos cristianos (cf. Rom 13,1; 1 Pe 2,13). Siendo que ellos no participan en el culto al Emperador –como tampoco los judíos- deben mostrar con sus actitudes que esto no se debe a una actitud subversiva que pongan en peligro la “pax romana”; en el Templo de Jerusalén (destruido cuando se escribe esta carta) se ofrecen sacrificios diarios por el Emperador. Ciertamente esto no indica que las autoridades gozan de beneplácito incuestionable, ya que lo que se pretende es “poder vivir una vida tranquila y apacible” (v.2). De hecho, cuando esta autoridad exige –tal es el caso del Apocalipsis- acciones que la conciencia les veda a los cristianos, éstos se opondrán y serán perseguidos. De hecho, Cristo mismo dio su “testimonio” (martyríon, v.6) dando la vida (2 Tim 1,8) en “rescate” (antílytron) [es interesante que el discípulo de Pablo, que intenta tener buenas relaciones con las autoridades omite la idea escandalosa de la cruz, idea omitida en todas las cartas Pastorales]. Y “Pablo” mismo sabe que tiene un rol en este “rescate” por “todos” (cf. 2 Tim 1,11; Tit 1,3), para que “todos los hombres se salven” y “todos lleguen al conocimiento de la verdad. Ese rol tiene que ver con la predicación (kêryx), el apostolado y ser maestro (v.7). La frase taxativa: “digo la verdad, y no miento” (cf. Rom 9,1; Gal 1,20) son solemnes para atestiguar la veracidad del dicho. Aunque en muchos elementos se imita el estilo de Pablo, el acento está no en el anuncio del evangelio sino en un conjunto doctrinal ya fijado (lo que permite señalar ortodoxias y reconocer a los falsos maestros).

“En todo lugar” alude a la legislación cultual, (cf. Mal 1,11); si la voluntad salvífica de dios es universal, en todas partes se debe elevar la oración. La ira y las discusiones son las que fomentan los falsos maestros en el ambiente de las cartas pastorales (1 Tim 6,4; 2 Tim 2,14.23).



Evangelio según san Lucas     16, 1-13


Resumen: Con una parábola donde se destaca la astucia de un estafador para seguir adelante, Jesús remarca cuánta más astucia deberán tener los discípulos haciéndose amigos de los pobres compartiendo sus bienes. Cuando el amor al dinero sustituye el proyecto de Dios manifestado en Jesús, éste se ha transformado en un ídolo.

El evangelio comienza con una parábola (vv.1-7), y concluye con su aplicación práctica dirigida a los oyentes (vv.9-12): “yo les digo”, todas propias de Lucas. Finalmente el texto destaca –a modo de síntesis- un dicho de Jesús proveniente del documento Q sobre los dos “señores” (v.13). Hay algunos elementos de no fácil comprensión, como veremos, pero el sentido fundamental es simple; se trata de un qal wahomer, ese modo característico de comentar “de menor a mayor”. Veamos:

El “hombre rico” de la parábola tiene un ecónomo; en este caso –a pesar que Lucas es crítico de los ricos- no parece que deba entenderse en un sentido negativo; el administrador y los contratos de la narración lo requieren. En el NT el término (oikonómos) se encuentra solamente en los textos de cierta influencia paulina: x1 en 1 Pe, x1 en Tit, x4 en Pablo y x4 en Lc (fuera de este texto, en 12,42. El término semejante, “economía” x2 en Lc, x1 en Pablo, x5 en las deuteropaulinas o pastorales). Es interesante e ilustrativo un texto paulino sobre esto: “lo que se exige de los administradores es que sean fieles” (1 Cor 4,2). Lo cierto es que en este caso, este administrador no lo es. La situación está planteada: el verbo “hacer” es el punto de partida: ¿qué haré? (v.3), “esto haré? (v.4); y lo que el ecónomo hará será lo que desencadenará la conclusión de Jesús. La respuesta tiene dos planteos extremos (trabajar y mendigar) que se responden ambos negativamente, no lo hará. Lo que el ecónomo pretende es que “haya quienes lo acojan en sus casas” (v.4) y aquí está la clave. Lo que el administrador hará (vv.5-7) es en orden a conseguir eso. La parábola concluye con un reconocimiento del “señor” (v.8). A continuación encontramos la referencia al auditorio de Jesús (“yo les digo…”). Notemos algunos elementos:

v.1: el verbo dilapidar lo acabamos de encontrar en la parábola del padre y los dos hijos, cf. 15,13; los bienes son un tema habitual en Lucas (8,3; 11,21; 12,15.33.44; 14,33;19,8; Hch 4,32);

vv.1.2.3.4.8: “administrador”, “administración”, “administrar” son frecuentes en el texto, y los lectores de Lc ya han oído acerca de un administrador (Lc 12.42-46);

v.3: “se dijo a sí mismo”, los monólogos interiores son frecuentes en las parábolas de Lucas (cf. 12,17; 15,17); 

fuerzas” – “vergüenza” son un cierto juego de palabras en griego (isjyô – aisjynomai). La vergüenza es un tema importante en la cultura mediterránea que tanta importancia da al honor, es lo contrario (cf. 14,9-10). Los mendigos son lo más bajo en la escala social, más aún que los esclavos.

v. 6, “rápido” es indicio de que todo debe finalizar antes que la noticia se sepa en el pueblo.

Dos elementos, sin embargo se prestan al debate. Los números de la deuda son muy elevados (unos 450 litros de aceite, el fruto de cerca de 140 olivos; la medida de trigo –en cambio- no es fácil de calcular, pero parece ser diez veces mayor, y el producto de 42 hectáreas de campo. Muchos autores piensan que lo que hace el administrador en los “contratos” (vv.5-7) es renunciar a su comisión, con lo cual no estaría obrando mal en este caso. Sin embargo, la insistencia en la injusticia y el apuro, parecen invitar a mantener la lectura en la que el administrador vuelve a estafar a su señor.

Otro tema en debate es quién es el “señor” que “alaba” al ecónomo: el patrón del administrador (vv.3.5) o Jesús (cf. 5,8.12; 6,46; 7,6.13.19; 9,54.59.61; 10,1.17.39.40.41; 11,1.39; 18,6…). En ambos casos, es chocante la alabanza, pero si bien no tiene sentido que el patrón estafado alabe al estafador por reiterar el hecho, en el caso de Jesús tiene sentido si sacamos el tema del “terreno moral”. Jesús no alaba la estafa sino la astucia y –precisamente por el kal wahomer- la comparación entre los hijos de este mundo y los hijos de la luz, la alabanza destaca que si tanta astucia ponen “los hijos de este mundo”, como el ecónomo, para ser recibidos, cuánta más deben poner los “hijos de la luz” como sus discípulos. Y la astucia es precisamente “hacerse amigos” con el dinero injusto. De los pobres es el reino, y son ellos precisamente los que nos recibirán o no en las “moradas eternas”.

El contraste es evidente: uno, estafando, consigue quienes lo acojan en sus casas; otros –los oyentes de Jesús- están invitados a compartir su propio dinero para que los pobres los acojan en las “moradas eternas” (v.9). Ese contraste viene especificado entre lo pequeño y lo mucho (v.10) lo que manifiesta explícitamente que se trata de un kal wahomer, como hemos dicho planteado en clave (in)fidelidad (vv.10-12). El dicho Q (v.13) concluye el texto; en v.14 encontramos –aunque dentro de la misma temática del dinero- unos nuevos personajes que dan inicio a una nueva unidad. Es sabido que –a diferencia de las comunidades que se pueden vislumbrar en los otros evangelios- en la comunidad de Lucas parece haber algunos de buen pasar económico. A ellos Lucas les insiste con frecuencia en la importancia de compartir los bienes, de dar limosna, de “hacerse amigos”; si –por el contrario- el dinero se transformara en un ídolo, no tienen cabida en el proyecto fraternal y sororal de Jesús.

El texto Q es interesante: es exacto en Mt y Lc palabra por palabra, sólo que Lucas añade –por el contexto- que ningún “doméstico” (oikétês), es decir, el empleado de la casa sirve a los dos señores. Como en un evangelio pasado (14,25), el verbo “odiar” debe entenderse en el sentido de ‘amar menos’, expresado en un paralelismo antitético de modo quiástico:

A.      A uno odiará
B. A otro amará
     B’. A uno se entregará
A’. A otro depreciará

Estos dos señores (kyriois) que tienen esclavo (douleuein) se presentan tan antagónicos como el amor y el odio: Dios y “mamôna”, es decir, el “dinero injusto” (16,9.11). En realidad, “mamona” no es propiamente dinero, que se encuentra otras veces en el Nuevo Testamento (argiríon [plata], cf. Mt 25,18.27; 28,12.15; Mc 14,11; Lc 19,15.23; 22,5: Hch 8,20; filárgiros [amigos de la plata], cf. Lc 16,14; 1 Tim 6,10 (cf 3,3); kérma [moneda] cf. Jn 2,15; jrêma [dinero], cf. Hch 4,37; 8,18.20; 24,26) mamona es un término semítico que no se encuentra en la Biblia hebrea, pero sí es común en tiempos del NT: se encuentra en Qumrán [1Q CD 14,20, pero el texto está muy corrompido y no puede entenderse claramente el sentido; y en la Regla de la Comunidad: señalando que “el pequeño obedecerá al grande en el trabajo y el dinero”  (welemamôn), 1QS 6,2]; en Sir 31,8: “feliz el rico que fue hallado intachable, que no fue tras el oro” (jrusíon en griego; mamón en hebreo) y es también frecuente en la Misna. Sin embargo, el sentido de “riquezas” (dinero abundante) unido al término “injusta” de los vv.9 y 11, adquiere connotaciones mitológicas en v.13. Se trata de algo que es posible amar a la altura de Dios, se trata de un ídolo. De hecho, el término arameo “mamona” viene del verbo hebreo “amán”, de donde viene “amén”; es poner la confianza, pero cuando ese algo en lo que se confía no es Dios mismo, entramos en la idolatría. Y sin duda el dinero es un habitual sustituto de Dios. Especialmente porque impide mirar a los demás como hermanas y hermanos, por eso está ligado frecuentemente a la injusticia y por eso no tiene cabida en el reino.


El video con comentario al Evangelio puede verse en: