martes, 15 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del Evangelio 25º "A"

 La desconcertante gratuidad del Dios de Jesús

DOMINGO VIGESIMOQUINTO – “A”



Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     55, 6-9

Resumen: El duro exilio de la élite judía está finalizando. Yahvé anuncia el retorno, pero debes buscar a su Dios, dejando de lado los dioses de los pueblos, y dejarse conmover por la palabra que el profeta le dirige.


El profeta había comenzado su texto invitando a los sedientos y a los que no tienen dinero a recibir sus dones (Is 55,1-3, ver 1ª lectura del domingo 18º A) sugiriendo que la sabiduría consiste en escuchar el mensaje del profeta y regresar a la reconstrucción de Jerusalén donde se cumplirá lo anunciado a David. Pero el único apoyo que tienen para creer radica en la confianza en la “palabra” de Dios, ya que las instituciones visibles de Israel (el rey, la tierra, el templo) han desaparecido. Esa palabra “cumple” aquello para lo que fue enviada (ver Is 55,10-11, 1ª lectura del domingo 15º A). 


En este caso, como es frecuente en varios profetas, el acento está puesto en que Yahvé está cerca (ver Am 5,4; Os 10,12; Is 9,12; 31,1; Jer 10,21; 29,13). Siendo que el tema se encuentra también en Jeremías, Deuteronomio y Crónicas (cf. 2 Cr 12,14; 14,3.6; 16,12; 19,3; 22,9; 26,5) parece tratarse de un tema común frente al fin del exilio. 



Dt 4:29
Jer 29:13-14
Is 55:6
Desde allí buscarás a Yahveh, tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.
Me buscarán y me encontrarán cuando me soliciten de todo corazón me dejaré encontrar de ustedes (– oráculo de Yahveh–; devolveré sus cautivos, los recogeré de todas las naciones y lugares a donde los arrojé– oráculo de Yahveh– y los haré tornar al sitio de donde los hice que fuesen desterrados).
Busquen a Yahveh mientras se deja encontrar, llámenle mientras está cercano


Esa búsqueda – cosa extraña en el Segundo Isaías – se manifiesta con connotaciones morales y utiliza el verbo “perdonar”. Esto implica abandonar los otros dioses (notar la fuerza de “nuestro Dios”, v.7). «Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos?» (Dt 4:7).


Sin embargo, esta cercanía de Dios con su pueblo se contrapone a la distancia impresionante entre los planes de Dios y los planes de los oyentes. Esto queda diagramado de un modo concéntrico donde se resalta la distancia:


A.- Mis pensamientos no son sus pensamientos

   B.- Ni sus caminos son mis caminos

      C.- Porque cuanto más altos son los cielos que la tierra, así son más altos

   B’.- Mis caminos que sus caminos

A’.- Y mis pensamientos más que sus pensamientos.



Pero estas palabras y planes – como se ve en vv.10-11 – son de salvación, de vida y de alegría.



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     1, 20b-26

Resumen: Pablo se encuentra en prisión. Y quiere calmar la angustia de la comunidad filipense diciéndoles que no conoce su suerte, pero que si muriera Jesús sería glorificado, sin embargo, es probable que continúe vivo para seguir predicándoles el Evangelio.


Pablo se encuentra en prisión, y su situación parece desesperante a los ojos de los filipenses. Pablo intenta, entonces, calmar su angustia. Ellos han enviado a Epafrodito para acompañar a Pablo en sus necesidades. No interesa en este caso el lugar de la prisión, pero no parece distante de Filipos vista la fluidez de la comunicación entre ambos lugares que se percibe en la carta (probablemente se trate de una prisión en Éfeso). 


La unidad comienza en v.12 (“quiero que sepan, hermanos…”) donde dará información sobre su situación. Esta ha servido para que Cristo sea predicado ((vv.12-14), sea cual fuera la motivación de los predicadores (vv.15-18a). Ocurra lo que ocurriere, Cristo se manifestará (vv.18b-20). 


Aquí (v.20) Pablo no destaca su seguridad de que será absuelto en el juicio ante los tribunales, sino que ya ocurra una u otra cosa, de todos modos “Cristo será glorificado”. 


A partir de v.21 va a desarrollar lo que acaba de decir: tanto morir como vivir es mirado desde una perspectiva positiva. Vivir implica seguir anunciando el Evangelio de Cristo (“mi vida es [anunciar a] Cristo”, v.21), y eso es “más necesario para ustedes” (v.24), es “trabajo fecundo” (v.22) y por otro lado, la muerte es “ganancia”, es encontrar a Cristo definitivamente. 

Es evidente que Pablo tiene una mirada “cristiana” de la muerte; para los judíos, en un primer momento, la muerte era precisamente la ausencia de Dios: “los vivos son quienes te alaban” (cf. Sal 6,6; 88,11-12; Is 38,11) aunque, más lentamente al comienzo y más decididamente más tarde va surgiendo una cierta confianza en un “más allá” (Sal 16,8-11; 48,15; 73,23-25) hasta que finalmente –en varios grupos- surge la idea teológica de la “resurrección” (entendida, en un primer momento, como un volver a esta vida actual de nacer, crecer, reproducirse y morir…; cf. 2 Mac 7; Dn 12,2). Es la resurrección de Cristo la que da a sus seguidores un paso más en la concepción, es un “paso” a un encuentro con Dios y con Cristo. Es cierto que Pablo espera que eso ocurrirá pronto (ver 4,5 y también 1,6.10; 2,16). Para ser precisos, es evidente que Pablo, que en un primer momento esperaba estar vivo cuando Jesús llegara (ver 1 Tes 4,15.17; 1 Cor 15,51) a partir de su experiencia de cautiverio (cf. 2 Cor 1,8 que es probablemente la misma experiencia de prisión a la que alude en Filipenses) cree posible estar muerto cuando Jesús venga. Es decir: no es que se demore en venir, sino que Pablo probablemente ya no esté vivo. Pero, sea una u otra cosa, lo cierto – y es el tema en la carta – Pablo sabe que Jesús “será glorificado”, sea en la predicación sea en su muerte a causa del Evangelio.



Evangelio según san Mateo     19, 30--20, 16

Resumen: Mateo presenta una parábola que sólo se encuentra en su Evangelio. El relato es creíble y habitual – como suele ocurrir – hasta el desenlace sorpresivo. Como el propietario, Dios manifiesta un obrar gratuito, que no se guía por el pago, sino que lo sobrepasa manifestando su bondad que supera – sin anularla – la justicia.


La parábola que se lee hoy en la liturgia es exclusiva de Mateo, y la clave de interpretación la da la fórmula con la que el texto comienza y concluye sobre los últimos y los primeros. La narración, expresamente nos dirige hacia allí cuando intencionalmente el propietario dice al administrador (v.8) que empiece a pagar comenzando por los que llegaron últimos (es evidente que nada ocurriría narrativamente si hubieran cobrado primero aquellos que fueron los primeros en llegar ya que no se habrían enterado del pago a los últimos, y no se habría desencadenado el diálogo con el propietario, que es el objetivo del texto). 


Para comprender algunos detalles que ilustran la parábola es importante tener en cuenta que es frecuente que los que ofrecen su mano de obra se ubiquen en lugares públicos con sus instrumentos de trabajo a fin de ser contratados (previa discusión sobre el pago que suele ser extensa). El horario de trabajo suele ser de 12 horas, desde las 6 de la mañana a las 6 de la tarde. El día se divide en tercios (hora tercia, 9 de la mañana; sexta, las 12 del mediodía; hora nona, las 3 de la tarde y sorprende la undécima, que es una hora antes de concluir: las 5 de la tarde). El pago – jornal – es un denario que es lo que se calcula que utiliza una “familia tipo” para vivir ajustadamente un día, y ha de pagarse al terminar la jornada (Lev 19,13; Dt 24,15). «Te daré como sueldo una dracma [moneda griega igual al denario romano] por día, y en lo demás tendrás el mismo trato que mi hijo”. (Tob 5:15). Se calcula que 12 litros de trigo costaban entre 3 y 4 denarios, lo mismo que un cordero; mientras un buey costaba 100; evidentemente como salario no era abundante.


El despliegue de la salida del propietario en distintos momentos a buscar trabajadores (horas tercia, sexta, nona y undécima) pretende crear el clímax narrativo del contraste entre los primeros [primera hora] y los últimos [hora undécima]; de hecho es de notar que los demás han desaparecido del relato y sólo cuentan aquellos. También es interesante notar que el tema no plantea una cuestión de “justicia” ya que el término se repite dos veces: “les pagaré lo que sea justo” (v.4) y “no te hago injusticia” (v.13). El término “justo” es frecuente en Mateo (17x, frente a 2x en Mc y 11x en Lc) y hace referencia a la fidelidad a la ley; y se dice tanto de José (1,19) como de Jesús (27,19), de Abel (23,35) o es paralelo de “profetas” (10,41; 13,17; 23,29) y es lo opuesto a “malo” (13,49), “injusto” (5,45) o “pecador” (9,13). “Hacer injusticia” es un verbo que sólo aquí se encuentra en Mateo (cf. Lc 10,19, adikeô), y el sustantivo también se encuentra una vez en Mateo en contraposición a “justos” (5,45; es más frecuente en Lucas, 9x y Hechos, 10x. Ambos términos son frecuentes en Pablo). También es interesante el término “acordar / ponerse de acuerdo” (en un denario) que se repite al comienzo y al final (vv.2.13, symfonéô), y también lo habíamos encontrado cuando dos “se ponen de acuerdo” en la tierra y lo que pidan lo conseguirán del Padre del cielo (18,19). El propietario fue justo ya que pagó a los primeros según lo convenido. 


El término traducido por “amigo” (etaîre) se encuentra solamente tres veces en el Nuevo Testamento, todas en Mateo. Puede traducirse también por “compañero” y siempre es dicho de un modo positivo (en Eclo 37,2.4.5; 40,23 se encuentra en paralelo con otro término que indica amistad: filós). Sin embargo, en Mateo parece poner cierta distancia – no pareciera conflictiva – entre quien la pronuncia y su destinatario (cf. 22,13; 26,50), quizás en el sentido de uno ligeramente superior.


La conclusión del propietario alude al “ojo malo” (ver 6,23) que en Sir 14,8 se dice de la envidia [latín: in-vidia]: afirma que “malo es el de ojo envidioso, que vuelve su rostro y desprecia a los demás”. Nuevamente encontramos el contraste que habíamos visto entre (ojo) malo y (propietario) bueno (cf. 5,45).


Como es habitual en las parábolas, estas expresan en lo general algo que “todos” saben y reconocen, pero en la que ocurre algo que suscita la pregunta o el desconcierto. Y como es también habitual, la escena no concluye, de modo de poner a los oyentes ante la respuesta que cada uno ha de dar.


Hay otros elementos que permiten profundizar el relato: Sin duda se trata de una hacienda media y no una grande, en cuyo caso lo habitual es el propietario ausente en la gran ciudad, y que queda a cargo del administrador. Es el mismo propietario el que sale en búsqueda de los trabajadores jornaleros. Por otra parte, en el mundo antiguo, con frecuencia era preferible recurrir a jornaleros que a esclavos, especialmente en determinados trabajos. Si estos enfermaran, o incluso murieran el amo debía procurar lo necesario, cosa de la que se desentendía en caso del jornalero. De allí que – especialmente para trabajos en zonas difíciles como pantanos, o zonas anegadas, era habitual utilizar jornaleros. Algo semejante en caso de trabajos ocasionales como la vendimia, que solamente se realiza unas pocas semanas en el año.


Por otra parte, es interesante que la economía campesina se vio sumamente perjudicada en tiempos de Herodes Antipas. El campesinado se vio obligado a abastecer con sus productos a la población y la corte de la nueva ciudad de Tiberias (en homenaje a Tiberio). Si antes los pequeños campesinos – especialmente gracias al trueque, que era el modo habitual de comercialización entre ellos – se abastecían con sus productos intercambiando con los vecinos, la llegada de la burocracia, el pago en moneda, los impuestos, y un cierto uso de la violencia, termina forzando a los campesinos a producir sólo aquello que será comprado por la ciudad, con el consiguiente perjuicio económico (y más tarde, la pérdida de la tierra). Todo esto genera una gran desocupación (y la consiguiente abundancia de “jornaleros”).


No se pretende – en la parábola – presentar algo totalmente comprensible (como que se acercan las lluvias y ha de finalizar pronto la vendimia, por lo que se precisan muchos jornaleros y eso provoca la gratitud del propietario) sino que se busca provocar sorpresa en el auditorio. Tampoco pretende responder a la pregunta sobre quiénes son los de la hora undécima, si perezosos que se despertaron tarde o – ante la abundancia de jornaleros – a gente que realmente no fue contratada. El relato se detiene en la hora undécima (rompiendo el esquema de horas “tres – seis – nueve”) y en el diálogo con los parados. Lo que importa es preparar el terreno para el desenlace sorprendente.

Para comprender la necesidad del jornal, lo que se espera del administrador y cómo era la situación de los jornaleros es interesante tener presente este texto

… “dado que estas tierras exigen un gran trabajo, se han acostumbrado a hacer partícipes a sus mujeres de los padecimientos que implican estos trabajos. Al trabajar por un salario, codo con codo, hombres y mujeres, ocurrió en nuestros días un hecho insólito y sorprendente, que afectó a una mujer en particular: Estaba encinta y trabajaba al lado de los hombres por un salario, y en el momento en que le sobrevinieron los dolores del parto, se dirigió en silencio hacia unos arbustos. Allí dio a luz, y envolviendo al niño con hojas, lo escondió; luego se reincorporó al trabajo emprendido y soportó su padecimiento, sin dejar que se trasluciera nada de lo que había pasado. Y cuando el recién nacido se puso a llorar y se hizo manifiesto el suceso, el capataz no pudo en modo alguno persuadirla a dejar el trabajo; no se liberó de su sufrimiento hasta que el que la había contratado se apiadó de ella y, tras darle la paga, la eximió de sus obligaciones” (Diadoro de Sicilia, s.Iº, libro IV, 20).

 

Es interesante, a su vez, comparar la parábola con un texto del Talmud de Babilonia: allí se nos cuenta que Rabí Bun bar Hiyya murió joven. Como es frecuente en la literatura bíblica, surge la pregunta del porqué de la muerte prematura del justo. Así, Rabí Ze’era cuenta a sus discípulos una parábola: 

«un rey contrató a muchos trabajadores, a las dos horas pasó a ver a los obreros, y viendo, tomó a uno de la mano y habló con él, paseándose, hasta el atardecer. Pero a la hora de recibir el jornal, éste recibió lo mismo que todos los demás. Esto provocó que los otros murmuraran “trabajó dos horas y le has pagado el jornal entero”. El rey respondió: “con esto no les hago ninguna injusticia: este trabajador ha realizado en dos horas más que ustedes en todo el día”... del mismo modo, R. bar Hiyya realizó en 28 años más que algunos doctores encanecidos en 100 años».

 

Como puede verse, la parábola de Jesús pretende destacar la gratuidad del obrar de Dios (es un “evangelio en esencia”, se ha dicho). No es el “pago” al obrar humano, sino la gracia la que cuenta. En ciertos sectores la “gratuidad” causa alguna “molestia”, quizás porque no logran quebrar el esquema de la “justicia” (que es el esquema en el que se mueve la parábola del Talmud de Babilonia). Es interesante notar que en el texto, la “gratuidad” no reemplaza la justicia (“no soy injusto…”) sino que la supera. Puede decirse que la gratuidad “disuelve” la justicia porque la presupone, pero la lleva “más allá”. Ser “bueno” (“tomas a mal que sea bueno…”) no puede hacer olvidar la “justicia” (“habíamos acordado en un denario…”) pero sí puede – gratuitamente – ir más allá, hasta lo sorprendente. No es “derecho” del “bueno” no pagar lo justo, lo “acordado”, pero sí puede pagar de más a los que “nadie ha contratado” a fin de que puedan recibir lo necesario para vivir.


Los términos “viña”, “jornal”, “señor de la viña” (que reemplazará al “propietario” en v.8) hacen –a los lectores – pensar en “algo más”. La viña recuerda a Israel, el “señor” a Dios… Los oyentes / lectores saben que se trata del obrar de Dios.


¿Alude a la crítica de los fariseos de que Jesús dispense “amistad” a los publicanos y pecadores? (ver 9,11; cf. Lc 15,29-30; Jon 4,2) expresada en la inversión de los valores entre los primeros y los últimos. En este caso, “los últimos” refiere a aquellos que se sienten llamados (por Jesús) en un segundo momento, después de haber sido frecuentemente rechazados por los “justos”. Pero también – al menos en la etapa final de Mateo – puede aludir a los paganos que se incorporan a la comunidad del reino, la “Iglesia”, el pueblo (“viña”) a gozar de los beneficios de Dios después que durante tanto tiempo Israel haya estado “aguantando el peso del día y el calor”, y estos sólo “trabajan una hora”. La gratuidad, como criterio del obrar de Dios, sigue resultando desconcertante.


El video con comentario al Evangelio puede verse en
https://youtu.be/pH8Zl0aHeZE
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-25-a.html


jueves, 10 de septiembre de 2026

Un camello no pasa por el ojo de una aguja

Un camello no pasa por el ojo de una aguja

Eduardo de la Serna



Como estamos viendo en los textos recientes, hay algunos “dichos” de Jesús que parecen causar molestia y se los intenta adaptar o deformar de modo que no resulten ofensivos. No es casual que muchos de estos textos hagan referencia a los ricos y los pobres.

Uno de ellos, quizás de los más “molestos” es aquel en el que Jesús dice que “es más fácil que un camello entre (o atraviese, Marcos) por un orificio (ojo, Marcos) de aguja que un rico entre en el reino de Dios” (Mt 19,24 / Mc 10,25 / Lc 18,25).

Hay varios aspectos interesantes a tener en cuenta, al menos brevemente, antes de mirar el dicho de Jesús. Por ejemplo, que para el término “aguja”, Mateo y Marcos usan una palabra (rhafídos) mientras que Lucas la modifica y utiliza otra (belónês) que puede indicar también la punta de una flecha. Otro aspecto muy interesante es que Mateo, que casi siempre utiliza “reino de los cielos” para evitar mencionar a Dios, porque resultaría chocante para el auditorio, en este caso (y unos pocos más) prefiere “Reino de Dios”, seguramente con la intención de ser provocativo.

El texto del camello y el ojo de la aguja viene precedido de otro dicho que debe ser señalado: “difícilmente los que tienen riquezas / un rico (Mateo) entrarán en el reino de Dios / de los cielos (Mateo)” (Mc 10,23 y paralelos) lo que motiva la sorpresa de los discípulos en Marcos. Habitualmente se entendía que una persona que tenía riquezas, era porque había sido bendecido por Dios y, por lo tanto, era razonable que entrara en el Reino. Por eso la duda: ¿entonces quién podrá salvarse? Lo imposible para los seres humanos es posible para Dios, cosa que – en Lucas – ya sabíamos desde el anuncio del ángel a María (Lc 1,37).

Señalemos brevemente que, en esta unidad, Jesús enfrenta una cuestión sobre la mujer (y la separación matrimonial), sobre los niños y – aquí – sobre los pobres. En estos casos vemos que Jesús confronta con “lo establecido”: la mujer no es un objeto descartable, los niños, los que no tiene mérito alguno, son el modelo y “de ellos es el Reino” y, finalmente, los pobres puesto que las riquezas de quien se niega a compartir con ellos sus bienes no permiten el acceso al Reino… Dios mira con otros ojos y Jesús nos invita a hacer suya su mirada.

Pero como el texto resultaba chocante, se lo “suavizó” de dos modos:

  •      El “camello” en realidad no es tal. Se propone que en lugar del griego kámêlos debería leerse kámilos que es un cable grueso utilizado, por ejemplo, para amarrar barcos. Una dificultad viene dada en que en ninguna parte ni del Antiguo ni el Nuevo Testamento griego se encuentra este término. Ciertamente esto no es decisivo, pero es un indicio. Otro aspecto interesante es que hay un dicho rabínico:

“¿Hemos visto alguna vez a un hombre imaginar una palmera datilera de oro o un elefante pasando por el ojo de una aguja?” (bBer 55b)

  •       La aguja en realidad no es tal, se trataría de una puerta de Jerusalén por la que entran las personas, pero por la que los camellos no pasan. Acá encontramos el problema inverso: el término “aguja” solo se encuentra en este texto en toda la Biblia (con la diferencia señalada entre Mateo-Marcos y Lucas), pero no existe en ningún texto una referencia a esta supuesta puerta.

Señalemos, además, que con cierta frecuencia Jesús recurre a algunas exageraciones (se las conoce como hipérboles). En Mateo y Lucas encontramos un ejemplo evidente: “¿Cómo es que miras la paja que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?” (Lc 6,41); es evidente que nadie tiene una viga en el ojo, pero la exageración invita a pensar la situación; del mismo modo, es imposible que un camello (el animal más grande para el ambiente) pase por el agujero más pequeño (el ojo de una aguja). Al decir de muchos estudiosos, ante la “suavidad” que algunos proponen: “un camello es un camello real, y una aguja es una aguja real”.

Suele ocurrir que cuando los textos o dichos de Jesús nos incomodan, buscamos suavizarlos o adaptarlos. Más sensato (¡más cristiano!) sería mirar bien lo que Jesús dice y dejarnos enseñar por él. De eso se trata el Reino de Dios.

martes, 8 de septiembre de 2026

comentario a las lecturas del domingo 24º "A"

“Perdónanos como perdonamos”

DOMINGO VIGESIMOCUARTO – “A”

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Eclesiástico     27, 30-28, 7

Resumen: El sabio debe mirar su propio obrar a la luz de su muerte y su vida en fidelidad a los mandamientos a fin de esperar de Dios una misma actitud hacia los suyos.

Luego de una serie de referencias a la amistad, la lengua y la fidelidad, el autor del Sirácida hace referencia a la venganza como consecuencia habitual del rencor.

Pero, como es habitual en Israel, la retribución de Dios será “pareja” (tal cual, “talion”). Dios se vengará del vengativo, perdona al que perdona.

La lengua, el habla, es –una vez más– un tema importante. Y la referencia a Dios y los mandamientos muestra un escrito sapiencial más teológico que los primitivos (como Proverbios). Pensar la vida y la muerte a la luz de lo que esperamos que Dios haga en nuestra existencia es reflejo de lo que deberíamos obrar y manifestación de sabiduría. El Dios “rico en misericordia” obrará conforme a nuestras actitudes con los demás.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     14, 7-9

Resumen: La vida y la muerte de los cristianos no es algo “personal” sino que Cristo, como Señor, las llena de sentido.

Pablo estaba hablando de la relación con el “Señor” en lo cotidiano, “comer / no-comer” y sintetiza todo esto con “vivir-morir”. Vivir “para sí” o “morir para sí” es un tema clásico en el mundo griego y el mundo judío. Suponen un motivo “fuera de sí” para vivir. 
  • Cómo es vergonzoso vivir para sí mismo, así como es torpe morir para sí mismo” (Cleomenes, rey de Esparta, citado por Plutarco, vida Cleomenes 31,5). 
  • “Alejandro Magno consultó a los ancianos: ‘¿qué debe hacer el hombre para vivir?’, mátese a sí mismo, le respondieron.’ ¿Y qué debe hacer el hombre para morir?’, le respondieron ‘viva para sí mismo’…” (Talmud de Babilonia, Tamid 66a).
Vida y muerte, en Pablo, con frecuencia aluden a la muerte y resurrección de Cristo, pero no parece el caso en esta unidad.

La vida y muerte “para el Señor” da otro “sentido”, uno de pertenencia. Es frecuente en el A.T., especialmente Levítico (1,9.10.13.14; 2,1,2,8…) y Salmos (2,11; 12,16; 15,2…). Lo que hasta aquí el texto no aclara es si por “Señor” hemos de entender a Dios (como en los textos aludidos; cf. Rom 11,3,34; 12,19) o a Cristo (Rom 10,9; 13,14).

El párrafo final expresamente hace referencia a la muerte y vida (= resurrección) de Cristo (los aoristos remiten a un momento concreto cada uno) para “enseñorearse” de muertos y vivos. Ahora expresamente queda claro que Pablo por “Señor”, en esta unidad, alude a Cristo. “Cristo es Señor” constituye una de las principales confesiones de fe para el Apóstol (cf. 1 Cor 12,3; Fil 2,11). Todos los cristianos le pertenecen y esto da sentido a sus vidas y a sus muertes.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     18, 21-35

Resumen: Partiendo de una pregunta de Pedro sobre el perdón, Jesús pone en contraste el perdón inmenso de Dios a los seres humanos para reclamar de estos la misma actitud hacia sus hermanos en la comunidad.

El capítulo 18 de Mateo está marcado por la relación interna de los miembros de la comunidad. Así encontramos la recurrencia de términos como “pequeños” (vv.4.6.10.14), “hermanos” (vv.15.21.35) en el contexto de la “comunidad” (ekklêsía, v.17). Lo que ocurre en la comunidad y el modo de obrar en su seno es el tema del capítulo.

Pero no es posible descuidar que en todo el bloque, tanto en su parte narrativa (caps.14-17, desde 13,53) como en la parte discursiva (cap. 18) se resalta la figura de Pedro como portavoz de la “ekklêsía” y como sostén de la misma (16,18; ver 16,19 y 18,18).

En la primera referencia a un “hermano” (18,15) Jesús hace referencia a su “pecado” (hamartêsê), lo cual supone un obrar concreto y malicioso que apartaría al autor de la comunidad. El miembro de la misma debe buscar con ahínco recuperarlo como “hermano”, e incluso, de todos modos, si aquel eligiera quedar fuera se debería intentar su reingreso (“un gentil o publicano”, v.17). Es en este contexto que Pedro pregunta “cuántas veces” debe perdonar los pecados (posákis hamartêsei) de “mi hermano” (con lo que expresamente hace referencia al miembro creyente de la comunidad).

La importancia de Pedro y la elaboración de la unidad hace pensar que Mateo ha ampliado un texto del Evangelio Q: 
Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás”. (Lc 17,3-4). 
La referencia al “siete” (ver Pr 24,16) indica “siempre”. La ampliación viene dada por la superación de estas “siete veces” (heptákis) a un “setenta veces siete” (hebdomêkontákis heptá). Los lectores asiduos de la Biblia –como lo era la comunidad de Mateo- reconocerían en este “setenta veces siete” una referencia a Lamec (Gén 4,24), en la única vez que el término hebdomêkontákis heptá vuelve a encontrarse en ella.
Lamec dijo a sus mujeres: – Ada y Sila, escúchenme; mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: maté a un hombre por herirme, a un joven por golpearme. En efecto: dos veces siete será vengado Caín, pero Lamec setenta y siete (Gen 4:23-24; el “setenta y siete” hebreo se trasforma en setenta “veces” siete con el sufijo “--kis”, veces, en la traducción griega)

La violencia comenzada con Caín llega a su máxima expresión con su descendiente Lamec (la referencia a Caín muestra que la unidad comenzada en Gen 4,1 concluye aquí). La violencia crece exponencialmente.

Mateo quiere mostrar que con el perdón ha de crecer exponencialmente la fraternidad en el seno de la comunidad y quebrar así la espiral de la violencia.

Pero para ejemplificar esto, recurre a una parábola del reino. Este se “asemeja” a un rey en su modo de obrar. Se trata de “ajustar cuentas” (synaírô, término exclusivo de Mateo, ver 25,19). Pero no es esto lo que se asemeja al reino. En realidad sólo se menciona a un deudor del rey que adeuda una suma exorbitante “diez mil talentos” [unos U$A 1 000.000.000]. El primer desenlace refuerza el dramatismo; para cobrarla, ordena la venta del siervo y de su familia a fin de cobrar (algo). Éste se postra a los pies, y allí pide “paciencia que te pagaré todo”. Como se trata de un rey que se asemejaría al “reino de los cielos (= Dios)” se “compadece”, se conmueven sus entrañas (splagjnízomai), lo liberó y le condonó la deuda.

Ya libre, se encuentra con un “con-siervo” (un siervo como él) que le debía “cien denarios” [unos U$A 1000]. Éste ahora le reclama la deuda acogotándolo y ahogándolo. También él se postra a los pies y pide “paciencia” para “pagar” pero éste lo hace encarcelar hasta que pagara todo.

Hasta aquí el contraste entre ambas actitudes [el contraste de acvtitudes es característico en las "parábolas de dos personajes", como en este caso]. Pero el relato continúa: otros “con-siervos” se pusieron “tristes en exceso” y fueron a contar esto al “señor” quien regaña al siervo: ¡malvado! Había perdonado “toda” la deuda “porque lo suplicaste” (parakaléô), ¿no “debías” con tu con-siervo tener compasión (eleéô) como yo la tuve? Entonces, lleno de cólera, lo entregó a los verdugos, torturadores, hasta que pagara “toda” la deuda anterior.

El v.35 es la conclusión de Jesús a toda la parábola aludiendo (típico de Mateo) a “mi Padre del cielo” si no perdonan al hermano (con lo que el texto termina como había comenzado).

Pero para una mejor comprensión es importante notar algunos detalles de la parábola:

El “talento” es una unidad de peso, unos 35 kgs (obviamente, puede ser de cobre, de plata, de oro...). El “denario” (unos 3,5 gramos) constituye un jornal. Imaginando un jornal en unos 10 U$A hemos presentado el contraste: 1.000.000.000 y 1.000. La desproporción es evidente.

Es fácil de imaginar que la deuda del segundo, con alguna dificultad, era pagable, pero la deuda del primero era imposible de saldar.

Es interesante que ambos deudores recurren a la misma “estrategia”: caer a los pies y pedir paciencia lo cual refuerza la maldad de quien no perdona.

La conclusión de Jesús nos remite al texto del “Padrenuestro”:
y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. «Que si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres, tampoco el Padre de ustedes perdonará sus ofensas". (Mt 6,12-15)

Podríamos decir, en cierto modo, que Mateo pone en forma de parábola esta parte de la oración de Jesús.

Una última nota sobre las “deudas”. Las deudas económicas eran sin duda importantes –y graves– en tiempos de Jesús. Los campesinos perdían sus tierras en manos de acreedores inescrupulosos y debían venderse a sí mismos como jornaleros o hasta como esclavos para tener garantizado el sustento. Es sabido que cuando surge el movimiento zelote (año 66 dC) para conseguir el apoyo de los campesinos, estos incendian el edificio fiscal donde estaban registradas las deudas (F. Josefo, Guerra de los judíos 17). Con mucha frecuencia Jesús hace referencia a las “deudas”, y habitualmente estas son económicas (ver Lc 7,41; 16,5). Es evidente que en este texto se refiere a “deudas con Dios”, al “pecado”, y al perdón mutuo de las “ofensas”, pero la imagen de la deuda económica –particularmente en el contexto histórico de Jesús, y la imagen de la parábola– no puede dejarse de lado. El ambiente de fraternidad/sororidad que debe caracterizar a la ekklêsía debería incluir el perdón de todo tipo de deudas, no solamente “ofensas”. En este sentido, algunos lamentamos la desaparición de las “deudas” en la traducción del Padrenuestro.

Sin embargo, queda un elemento que parece chocante, y aporta un nuevo elemento para la comprensión del texto: si se ha de perdonar "setenta veces siete", y este rey fuera imagen de Dios, como pareciera en un primer momento, hay que decir que este rey no lo hace; ¡sólo perdona una vez!. Además, surge una pregunta: ¿quién podría adeudar tanto dinero como 10.000 talentos? La imagen de la deuda con un rey es fácilmente comprensible en su tiempo, y también el contexto: los jefes de las ciudades deben pagar periódicamente al rey lo recaudado de los impuestos de toda la ciudad. Como son señores de la vida y de la muerte, pueden decidir, encarcelar, o incluso, ocasionalmente, perdonar para que todos puedan ser testigos de su magnanimidad. La característica de este rey, además es su cólera y que al que no ha perdonado, lo manda torturar, es muy poco parecido a Dios. Pero aquí parece estar la clave; si un rey con estas características de crueldad (como es habitual en los reyes de su tiempo), es capaz de perdonar una deuda inmensa, cuánto más hará Dios, y - por ello - cuánto más deberíamos hacer los "hermanos". El perdón (incluyendo lo económico, claramente) debe ser una característica de los seguidores de Jesús.


El video con comentario al Evangelio se puede ver en


Dibujo tomado de laoveja100 - WordPress.com

lunes, 7 de septiembre de 2026

Las deudas, ayer y hoy

Las deudas, ayer y hoy

Eduardo de la Serna



Contraer deudas es algo habitual en la historia humana. Y que esto es, en ocasiones, algo grave o hasta dramático, no es menos frecuente. Y, como es fácil de comprender, el dramatismo viene dado por las consecuencias de esta situación.

Sin pretender ser exhaustivo, pero sí ilustrativo, presento algunas notas bíblicas que pueden permitirnos vislumbrar caminos o salidas.

En Israel, el criterio de base es que se trata de un “pueblo de hermanos”, hijos todos de “Abraham, Isaac y Jacob”, y, por tanto, estará alentado o vedado todo aquello que no implique esta relación. La tierra, tema medular en un pueblo campesino, es, en realidad, de Dios, que la ha dado en una suerte de “concesión” a una familia / clan… Por eso la tierra no puede ser vendida ni expropiada (obviamente, cuando Israel pierde su libertad y es vasallo de babilonios, persas, griegos o romanos, esta legislación pierde vigencia). Sin embargo, puede ocurrir que por mala cosecha, sequía, plagas, negligencia u otros motivos, alguna familia deba pedir prestado para la siguiente cosecha; y, obviamente, esa deuda se debe pagar; mientras tanto, el acreedor ha obtenido una “prenda” del deudor a fin de garantizar su pago. Sin embargo, esta prenda no puede poner en riesgo la vida del pobre. Por ejemplo,

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol, porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy misericordioso (Éxodo 22,25-26; ver Deuteronomio 24,17).

Tampoco

tomarás en prenda las dos piedras de un molino, ni siquiera la piedra de moler, porque sería tomar en prenda una vida. (Deuteronomio 24,6)

Incluso se critica duramente a quienes toman en prenda “el asno del huérfano” o “el buey de la viuda” (Job 24,3) o hasta a los “hijos del pobre” (Job 24,9; ver Neh 5,2), e, incluso, al acreedor que se abusa de la deuda (Ezequiel 18,7.12) y no devuelve la prenda explotando al débil, o inclusive exigiendo prendas excesivas por una deuda pequeña (Miqueas 2,10).

Como se ve, ciertamente uno es el criterio y otra, muy distinta, es la praxis.

Pero aun en los casos en los que el endeudamiento es justo, hay una serie de criterios que deben ser tenidos en cuenta en Israel:

  1.       Cuando la prenda es una persona (a la cual no pude tratársela como a un esclavo sino como a un huésped o un jornalero) o la tierra, en realidad se debe considerar como un “arriendo”. Si por una deuda “X” se debe empeñar la tierra, esta deuda se considera saldada según las cosechas producidas y, así, vuelve a su “legítimo propietario”. Se puede decir que no se da la tierra en prenda sino una determinada cantidad de cosechas. Del mismo modo, cuando se ha debido entregar una persona (hijos, por ejemplo), la deuda se considera saldada según el pago que hubiera merecido (un jornal, año a año; Levítico 25,50) por esos tiempos de trabajo.

  2. .       Puede ocurrir que uno que ha debido dar su persona, familia o tierra en prenda tenga algún pariente en condiciones de hacerse cargo de la deuda; en ese caso, este “¡debe!” hacerlo, e, incluso, la tierra recuperada es del “propietario” anterior, ¡no de quién la pagó! Es llamado el “rescatador” (en hebreo, el go’el). Y, si no tuviera un familiar en condiciones de hacerlo, Dios mismo es go’el del pobre. Cada 7 años, o cada 49, según el caso y el tiempo, todo debe volver a ser como estaba en los comienzos. Y, hay que notarlo, no se trata de 7 años desde contraída la deuda, sino cada 7 años ya establecidos, con lo que es posible que se acepte a una persona en prenda y al año siguiente se lo deba liberar (y, además, se lo debe hacer “a manos llenas”, para que no reincida en la pobreza por no tener “conqué”)
Si se empobrece tu hermano y vende algo de su propiedad, su goel más cercano vendrá y rescatará lo vendido por su hermano. Si alguno no tiene goel, adquiera por sí mismo recursos suficientes para su rescate; calcule los años pasados desde la venta y devuelva al comprador la cantidad del tiempo que falta; así volverá a su propiedad. Pero si no halla lo suficiente para recuperarla, lo vendido quedará en poder del comprador hasta el año jubilar, y en el jubileo quedará libre; y el vendedor volverá a su posesión. (Levítico 25,25-28)

Si tu hermano hebreo, hombre o mujer, se vende a ti, te servirá durante seis años y al séptimo le dejarás libre. Al dejarle libre, no le mandarás con las manos vacías; le harás algún presente de tu ganado menor, de tu era y de tu lagar; le darás según como te haya bendecido Yahveh tu Dios (Deuteronomio 15,12-14).

 

En tiempos de Jesús, la situación era muy diferente, ciertamente, ya que el imperio romano imponía su propia ley. Un judío no podía tener a otro judío como esclavo, pero nada impedía que los romanos lo tuvieran, o que compraran (o expropiaran) tierras. Los impuestos romanos eran exorbitantes, y los campesinos (la inmensa mayoría de la población) empezaba a acumular deudas. Esto llevaba a un incremento de las mismas con lo que los antiguos propietarios debían ceder las tierras y terminaban trabajando en ellas como esclavos. En la República Romana, la ley Poetelia Papiria (s. IV a.C.) prohibió la esclavitud por deudas de los ciudadanos romanos, pero esto no aplicaba necesariamente a los no romanos, además, que no en todos los tiempos y lugares fue respetada…

A modo de ejemplo, cuando en el año 66 d.C. se produce el levantamiento contra Roma en Jerusalén (que finalizará con la guerra, y la destrucción de la ciudad en el año 70 d.C.), a fin de conseguir el apoyo de los campesinos

Inferiores en número y empuje, los soldados del rey retrocedieron y evacuaron la ciudad alta. Irrumpieron en ella los vencedores y prendieron fuego a la casa del sumo sacerdote Ananías y los palacios de Agripa y Berenice. Luego llevaron el fuego hasta los archivos públicos, dándose prisa en destruir los contratos de los préstamos, impidiendo la cobranza de las deudas, con el objeto de incorporar a sus filas a la multitud de deudores y lanzar contra los ricos a los pobres, seguros de la impunidad. Habiendo huido los guardianes, pegaron fuego a los edificios (Flavio Josefo, La Guerra de los Judíos II, 426-427).

No hace falta detenerse a señalar la frecuencia en que el tema de las “deudas” se encuentra en los textos de Jesús. Se trata, ciertamente, de deudas económicas (Mateo 18,24-34; 23,16.18; Lucas 7,41; 16,5-7) y son incluidas, nada menos, que en la oración que caracteriza a los discípulos (Mateo 6,12; Lucas 11,4). El perdón de las deudas de los hermanos es, o debiera ser, una característica constitutiva, de los seguidores de Jesús.

El mundo judeo-cristiano, entonces, no niega las deudas, pero las relativiza. La vida, la relación mutua como hermanos, está en primer lugar y por encima de todo, aunque eso significara pérdida económica. Una sociedad, un gobierno que se autopercibe “judeo-cristiano”, no puede sostener que se trata de “relaciones entre privados”, que no se debe intervenir, y que se debe priorizar el mercado. Debe procurar, por todos los medios, que se priorice la vida de los y las pobres, a menos que el Dios del que habla se asemeje más a Saturno, la divinidad romana que comía a sus propios hijos. El Dios de la Biblia, en cambio, es el que prioriza y celebra la vida empezando por la vida de las víctimas… es decir, de las y los hermanos.


Imagen de Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo, tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Saturno_devorando_a_su_hijo

Comentario al Evangelio del domingo 24º A

Comentario al Evangelio del domingo 24º A


o también en

https://youtu.be/5_0EjqmBr3M

Eduardo

viernes, 4 de septiembre de 2026

37º ENCUENTRO ANUAL DE CURAS OPP - COMUNICADO

37º ENCUENTRO ANUAL DE CURAS OPP

COMUNICADO



Como grupo de curas en opción por las y los pobres nos he os reunido en Sañogasta, La Rioja, en lugar donde fue asesinado Wenceslao Pedernera, en nuestro encuentro anual. Este año, haciendo memoria y en militante búsqueda de verdad y justicia, en el contexto de los 50 años del genocida golpe cívico-militar con bendición eclesiástica.

Hacer memoria debería comprometernos en la lucha para que Nunca Más se repita en nuestra patria todo aquello que ensangrentó nuestro suelo, enmudeció muchas gargantas y llenó de sombras nuestro futuro. Pero sería ingenuo, si no cómplice, ignorar que mucho de aquello, especialmente un modelo económico de crueldad, individualismo e injusticia, regresa una y otra vez a causa de dirigencias que no han sabido dar respuestas profundas a los grandes problemas del pueblo, a causa del gigantesco poder de los medios de comunicación y la indiferencia o desmemoria de muchos sectores populares.

La situación social es hoy más grave que nunca en nuestras comunidades barriales y campesinas. La desocupación, la pobreza, que sólo ha disminuido en los discursos oficiales y la desesperanza, son verdaderamente preocupantes. La pobreza suma hoy nuevos rostros y nuevas formas a las tradicionales: el crecimiento del trabajo informal (a la vez que se derrumba el trabajo estable y digno), los endeudamientos en los barrios, especialmente aquellos realizados en un contexto de violencia e ilegalidad, el aumento atroz de los suicidios, especialmente entre jóvenes, son síntomas de una sociedad que se encuentra sin un horizonte cierto de esperanza.

El desamparo social al que este gobierno sumerge a la población es obvia consecuencia de la falta de políticas públicas a favor de los pobres y conduce a una profunda angustia en nuestro pueblo. El tema de la salud mental de la sociedad sólo puede ignorarlo un indiferente o un cómplice.

A esto ha de añadirse el uso sistemático de la mentira como arma política, mentira multiplicada casi al infinito por trolls, bots y unos algoritmos bien direccionados en favor “de los de siempre”. Repudiamos la evidente injerencia del imperio y sus voceros comportándose impúdicamente como patrones y señores diciendo qué podemos y qué no podemos hacer, comprar o vender. A lo que se suman dirigentes que se “venden al mejor postor” negando alevosamente todo aquello que habían proclamado, traicionando así sus conciencias y a la misma Patria.

Los Derechos Humanos, que enaltecieron nuestro país y sus políticas de memoria, verdad y justicia, se opacan con discursos negacionistas y se refuerzan con políticas violatorias de esos mismos con la represión sistemática a movilizaciones populares que reclaman por sus justos derechos en ejercicio de las garantías constitucionales. Nos preocupan los internismos o personalismos en el campo nacional y popular que debilitan un proyecto en favor de una patria más justa y digna para todas y todos, y que no parecen tener en cuenta el sufrimiento de los pobres y de las víctimas de este modelo de sometimiento y crueldad.

Afirmamos que debemos salir de la encrucijada neoliberal y fascista, pero, además creemos que es posible. Debemos rechazar este, el peor gobierno de nuestra historia democrática. Debemos mostrar y reflejar que puede haber un horizonte con esperanza de un cambio. Y “puede haberlo” porque lo ha habido. Siempre mejorable, perfeccionable… pero tenemos claro que “darle tiempo” a este gobierno es alejarnos cada vez más de la salida democrática de este proyecto de muerte. Sabemos que “otro mundo es posible”.

Ante esto nos urge siempre una pregunta: ¿qué país queremos?, ¿qué país podemos generar? Sabemos que es posible una patria de hermanas y hermanos y no una patria de opresores y oprimidos, patrones y clientes, amos y esclavos. En esa Patria Nueva que queremos, estamos invitados a poner a los pobres en el centro. Es urgente un cambio absoluto de modelo para tener un país sencillamente humano. Un país en el cual las diferencias se resuelvan con el diálogo, el disenso o la discusión y no con la mentira, el agravio y el insulto. La unidad de lo que llamamos el campo popular es, no sólo importante, sino también indispensable, aunque podamos disentir en algunos aspectos o en otros; la democracia no es solamente recurrir a las urnas cada dos años sino una vida cotidiana y un esfuerzo de encuentro y un llamado a la unidad. 

Como curas queremos proponer e invitar a todos los actores sociales y políticos a ser creativos, osados y capaces de encontrar soluciones a la gravedad de la situación a la que este modelo nos está llevando. Debemos aprender a escuchar el grito lacerante de los pobres y el grito no menos urgente de la Madre Tierra. Un frente que más allá de las diferencias mire en primer lugar y casi exclusivamente la vida y la muerte de los pobres. 

Esta actitud de centralidad de los pobres y lucha por su vida, fue la que provocó el martirio de miles de hermanas y hermanos en nuestra patria, entre los cuales, especialmente estos días, hemos querido recordar a Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Enrique Angelelli. Son mártires por amor a su pueblo; ejecutados por los mismos que proponen hoy un modelo de muerte. Su martirio nos sigue interpelando en el día a día, comprometiéndonos como cristianos y como argentinos a buscar una patria para todas y todos. 

Porque sabemos que estos modelos económicos son solamente para unos pocos que no están dispuestos a resignar su modo de vida, creemos que otra vida es posible, una vida de sencillez y de austeridad que permita que todo alcance para todos y todas. Y en esta lucha, los cristianos debemos sentirnos comprometidos y exigidos por el Evangelio. El compromiso político es un compromiso con el Evangelio. 

En poco tiempo más nos visitará el papa León XIV. Y frente a esta visita nos parece importante señalar que esperamos ser testigos de un encuentro con los pobres, víctimas de este modelo económico. Esperamos que el papa, repitiendo lo que ha dicho en su reciente encíclica, haga una clara defensa de la justicia social y una profética crítica a un modelo que mata. Como cristianos esperamos que muestre el abrazo compasivo a los pobres y la denuncia indubitable a los causantes de la muerte. En su encíclica, el papa hace referencia a Enrique Angelelli como “testigo de la fraternidad y de la justicia”, que hoy nos urge reconstruir en nuestra Patria.

 

Grupo de curas en opción por las y los pobres

Sañogasta, La Rioja, 3 de septiembre 2026