martes, 17 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 1º de Cuaresma "A"

Todo listo para comenzar


DOMINGO DE CUARESMA – 1 “A”



Eduardo de la Serna

Las lecturas de Cuaresma –como todas las de los “tiempos fuertes”- siguen un esquema diferente a las lecturas de los tiempos “comunes”. En cierta manera, el esquema es “temático”, como se ve en las ofrecidas por la liturgia de hoy. El tema parece centrado en el “pecado” y cómo Cristo lo vence dando vida a la humanidad toda. Sin embargo, podemos afirmar que ese no es expresamente el tema de las lecturas bíblicas. Ciertamente los católico - romanos leemos las Escrituras pero también sabemos que la Tradición de la Iglesia las va releyendo aportando nuevos elementos  o nuevos pasos a nuestra fe; en ambos momentos reconocemos la presencia del Espíritu Santo que acompaña con su luz el caminar eclesial. Siendo la intención de los comentarios en este blog ayudar a ver lo que los textos dicen (pretendiendo ayudar a no hacer decir al texto lo que éste no dice) nos limitaremos al comentario bíblico, pero sabiendo que –especialmente sobre estos textos- se ve conveniente añadir otras lecturas.



Lectura del libro del Génesis     2, 7-9; 3, 1-7

Resumen: en un contexto mitológico, Dios –como artesano- coloca al hombre en un jardín y le da diferentes frutos como alimento. La tentación de la desmesura lleva al ser humano a pretender ser como Dios. A continuación, Dios comenzará un interrogatorio para luego determinar las sentencias.


El texto del Génesis que presenta al varón y la mujer (Gén 2-3) en el jardín tiene dos grandes partes. En la primera Dios forma al hombre (adam) de la arcilla del suelo (adamah) y soplando en sus narices aliento de vida (hi) el “hombre” resulto un ser “viviente” (nefes). Luego Dios planta un jardín y coloca allí al “hombre” haciendo brotar del suelo (adamah) todo tipo de árboles apetitosos. Y en el medio, un “árbol de la vida”  y el “árbol del conocimiento del bien y del mal”. 


El texto litúrgico salta todo lo que viene a continuación: el río de cuatro brazos, la búsqueda de una ayuda adecuada para el hombre, la prohibición de comer del árbol del conocimiento, la creación de la mujer y continúa directamente con el encuentro de la mujer con la serpiente, es decir, la segunda gran parte del relato que culmina con la expulsión del jardín. Sin duda la primera parte está puesta en el texto litúrgico para que se comprenda la escena que viene a continuación, la escena de la violación del mandato que prohibía comer del fruto del árbol. Veamos –sin embargo- algunos elementos de la primera parte antes de introducirnos brevemente en la segunda. 


Como en castellano, el hebreo “adam” (= hombre) puede referir a la especie humana (varón y mujer) o solamente al varón. En el texto tal como lo encontramos actualmente, parece que el “adam” creado refiere al varón, pero no se ha de excluir que el texto originalmente pretenda referir a ambos, y dejar para más adelante la disquisición de los “vivientes” (animales, varón-mujer). De hecho, el texto como se encuentra en la liturgia de hoy permite esta lectura ya que no alude a la creación de la mujer.


En este mismo sentido, es interesante notar que si bien en esta parte se refiere al hombre como “adam”, en v.23 pasa a hablar del varón como “is” y la mujer como “isah”, y con esos términos se referirá a ambos en la unidad siguiente en la liturgia. El juego de palabras de este versículo en hebreo es difícil de traducir en castellano; recientemente se ha propuesto “será llamada hembra porque del hombre fue tomada” o –por el contexto conyugal- “será llamada esposa porque del esposo fue tomada”. 


El marco literario se mueve evidentemente en el esquema de los mitos (basta con ver la actividad artesanal de Dios), en este sentido resulta inconveniente leer el “no comerás” (v.17) como un mandamiento. 


El árbol de la vida –que luego jugará un interesante papel en la literatura apocalíptica- no parece tener rol alguno en el relato hasta 3,22 dando razón a la expulsión del jardín. Por otra parte, el ambiente claramente campesino del texto invita a tener en cuenta el lugar como un campo (jardín, “gan”), y no como un “paraíso”, algo de lo que el relato no habla.


El capítulo 3 da comienzo a una nueva escena. El varón y la mujer ya están juntos en ese jardín. El esquema, en este contexto es forense: presentación del hecho (vv.1-7), interrogatorio (vv.9-13) y sentencia (vv.14-19) siguiendo en cada una un esquema inverso: serpiente – mujer – varón [vv.1.2.6]; varón – mujer – serpiente [vv. 9.13] y serpiente – mujer – varón [vv.14.16.17]. El texto de la liturgia sólo presenta la primera parte de estas tres.


Veamos algunos elementos:


El contexto mitológico nos permite encontrar con un animal parlante. De ninguna manera el texto está insinuando que “antes del pecado” la serpiente tenía patas y hablaba, ni tampoco que esta fue “poseída” por el diablo en esta ocasión. La serpiente es tenida muy en cuenta en el mundo antiguo, a veces en un sentido positivo (sabiduría… basta pensar en la serpiente en la vara de Galeno, imagen de la salud) o en sentido negativo (la serpiente roba a Guilgames la planta de la vida en el mito Babilónico de la creación). El cambio de piel, frecuente entre ciertos reptiles permite a este animal una serie de imágenes (renovación, nueva vida, desnudez). Esto es importante en la lectura integral del relato.


Lo que se afirma de la serpiente es que es astuta, prudente (‘rûm), más que todos los animales que Dios ha “hecho” (notar la insistencia en que es creada por Dios). Y ella comienza un diálogo con la mujer (isah). La pregunta de la serpiente lleva a la mujer a pretender “defender a Dios” ya que él no ha dicho lo que la serpiente afirma (“no comerán de ninguno de los árboles”), pero al “defender a Dios” la mujer exagera el dicho (“ni lo toquen”, es algo que Dios no había dicho). Esto da pie a la serpiente a replicar y –curiosamente- miradas aisladamente las tres cosas que dice serán verdad (vv.4-5): no morirán (de hecho no mueren, y hasta Dios debe evitar que vivan para siempre [3,22]), se les abren los ojos (3,7) y son como Dios conocedores del bien y el mal (3,22). 


Lo que la mujer ve del árbol también se expresa con tres cualidades: bueno para comer, deseable a la vista y excelente para lograr sabiduría. Sin duda el tercer elemento es el que se relaciona con el “conocimiento del bien y del mal”. La escena culmina con que la mujer comió, le dio al varón (is) que “también comió”. La escena culmina con que realmente “se les abren los ojos” a ambos, pero para descubrir que estaban desnudos (‘yrm). 


Como se dijo, a continuación el relato presenta los interrogatorios (al varón y la mujer, en el que cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente) y luego las sentencias [sobre esto hemos comentado algo en el texto del día de la Inmaculada Concepción].


Una breve nota final: la referencia a la serpiente y la desnudez (y notar la asonancia entre la “astucia” y la “desnudez”, ‘rûm y ‘yrm) nos invita a pensar en la importancia dada al culto a Astarté, a veces identificada con una serpiente, y ciertamente desnuda por ser diosa de la fecundidad. Por otra parte, lo llamativo es la desmesura del pretender “ser como Dios”, algo que cualquiera sabe que es imposible y soberbio. La desmesura de la humanidad, y la compasión de Dios es algo característico en los primeros capítulos del Génesis. Es muy probable que de esta manera el autor esté criticando decididamente a Salomón, alguien que ha pretendido conocer “el bien y el mal” (1 Re 3,9), y que fue quién introdujo la idolatría en Israel (1 Re 11,1-13), caracterizado por su desmesura (notar el tamaño del templo y el tamaño del palacio de Salomón, 1 Re 6,2 y 7,2). De todos modos, la idolatría es vista como la gran desviación del pueblo de Dios y lo que –a la larga- provocará la expulsión de la tierra. 




Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     5, 12-19

Resumen: en un doble contraste entre dos personajes únicos, Adán y Cristo y sus accionares contrastantes, ese obrar tuvo repercusiones –ciertamente también contrastantes- en “todos”. Pecado y gracia, muerte y vida se presentan como las consecuencias y como el presente por el cual los creyentes en Cristo han logrado vencer todo pecado y sus consecuencias.



Es muy probable que en el texto que la liturgia nos propone comience la segunda parte de la sección “teológica” de la carta a los Romanos. Pablo ha dedicado la primera a mostrar que “todos” (paganos y judíos) han pecado. Y puesto que todos han pecado, Dios tiene motivos suficientes para descargar sobre “todos” su ira, pero sin embargo, ha preferido descargar su “justicia” (= compasión, su cercanía y misericordia), y “todos” son hechos justos por la fe en Cristo. Luego de señalar esto, la carta empieza a mostrar los efectos que tienen sobre la humanidad esta “justicia por la fe”. La primera de estas consecuencias es que el creyente es liberado del pecado, y lo explica.


El texto presenta claramente un contraste antitético entre “un solo hombre” y otro “solo hombre”, y los efectos de la obra de uno y otro sobre “todos”. Veámoslo esquemáticamente:


“un solo hombre”
Adán
Cristo
Acción de ese hombre
Pecado | delito      | desobediencia
Gracia        | obediencia
Efectos sobre “todos
Muerte | condenación |  pecadores
Justificación | justos



El texto, como se ve está marcado por un doble contraste, por un lado entre Adán y Jesús (presentado aquí como una suerte de “anti-Adán”) y por otro lado entre “uno” y “todos”. Siendo Adán el “primero”, su accionar actúa sobre “todos”; siendo Cristo “el primer resucitado”, también su “gracia / obediencia” actúa sobre “todos”. El accionar del primer ser humano está marcado por tres términos sinónimos: pecado, delito o desobediencia, mientras que el obrar de Cristo está marcado por los contrarios: gracia y obediencia. Obviamente, lo mismo ocurre con los efectos sobre “todos”. Muerte y vida son las antítesis fundamentales: “reinó la muerte”, “reinarán en vida” (v.17), “reinó el pecado” (pasado aoristo, un hecho puntual y concreto), “reinaría la gracia” (subjuntivo aoristo, también referido a un momento concreto; v.21).


El texto fundamentalmente pretende señalar la realidad superadora de Cristo, el pecado ya ha sido derrotado, ha perdido su capacidad de reinar. 


En v.12 el texto suele entenderse “ya que todos pecaron”, “por cuanto todos pecaron”… El griego utiliza una contracción “ef ’hô” que puede traducirse de diferentes maneras. La Iglesia católica romana ha tomado de aquí el tema del llamado “pecado original” especialmente a partir de san Agustín que lee de este modo a Pablo que a su vez relee Génesis. 


Este contraste entre dos “un solo hombre” no es sin embargo un mero “positivo – negativo” ya que el hecho Cristo supera absolutamente el hecho Adán cosa expresada en la frase de v.20: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. 


La humanidad entera (“todos”) pecó, pero por la “fe en Cristo”, ahora “todos” son hechos justos por Dios, todos tienen vida, reinan, y el pecado ha perdido ya y definitivamente toda su fuerza sobre “todos”.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     4, 1-11

Resumen: Con claras referencias y connotaciones al tiempo de Israel en el desierto 40 años, Jesús comienza su ministerio siendo tentado, pero –a diferencia de aquel- venciendo la tentación con la misma Palabra de Dios.



El texto de las llamadas “Tentaciones de Jesús” en el desierto tiene una doble versión en Marcos y en el texto Q. Mucho más breve el texto de Marcos señala simplemente que Jesús fue tentado cuarenta días, mientras Q las detalla como tres ocasiones. La única nota omitida en Lucas (por lo que se puede pensar que estaba omitida en Q) es la conclusión de los ángeles que lo servían. Mateo, entonces, toma ambos relatos conformándolos según su propia teología. [En el comentario del 1er domingo de Cuaresma del ciclo “C” hemos comentado el texto de Lucas. Veamos algunos elementos propios de este Evangelio.] 


El Espíritu, que acaba de descender sobre Jesús en el Bautismo lo conduce al desierto donde será tentado por el diablo. El esquema de las tentaciones está estructurado en tres a las que Jesús responde con citas del libro del Deuteronomio. La referencia a este libro, al desierto y el número cuarenta remite claramente a los 40 años del pueblo de Dios en el desierto donde fue tentado pero –en este caso- sucumbió. Las tentaciones 2ª y 3ª están invertidas en Lucas, pero en general se afirma que fue el Tercer Evangelio el que lo ha hecho para concluir la escena en Jerusalén conforme a su teología. 


Un elemento interesante es que mientras Lucas había señalado que Jesús en los 40 días “no comió nada”, Mateo lo califica de “ayuno”. El ayuno es un hecho religioso propio de la piedad judía, y que si es negado o cuestionado por Jesús en Marcos y Lucas (Mc 2,18-19; Lc 5,33-35) en Mateo es visto positivamente mientras no se realice “como los hipócritas”, es decir debe ser algo para Dios y no para que lo vean “los hombres” (Mt 6,16-18). Jesús, entonces, es presentado ayunando cuarenta días en el desierto. 


Las tentaciones se presentan como tres y la gravedad de las mismas va en aumento:


-       Convertir las piedras en pan

-       Tentar a Dios

-       Adorar al diablo


Como se dijo, las respuestas a las mismas son tomadas del libro del Deuteronomio:


-         -  «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» [el texto de Lucas solo pone la primera parte, probablemente Mateo la añadió]

-          -   «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios»

-          -   «…está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto»


A modo de síntesis podemos afirmar que en los mismos temas en los que el pueblo de Israel cayó en la tentación en el desierto, en esos mismos hechos Jesús resultó vencedor.


-       -   Tentación del alimento (y la consecuencia del maná; Éxodo 16; cf. Dt 8,3)

-       -   Tentar a Dios, como en Massah (Éxodo 17; cf. Dt 6,16)

-   Tentación de seguir otros dioses (Ex 23,32-33; 32,1-6 [becerro de oro]; cf. Dt 6,13; 10,20)


Las dos primeras tentaciones aluden a lo que ya sabemos desde el bautismo donde la voz de Dios afirma que Jesús es “Hijo”: «Si eres hijo de Dios…» (vv.3.6); ambas suponen por un lado que Dios se ocupa de alimentar a su Hijo o de cuidarlo y protegerlo ante una caída. La tercera, ciertamente, no lo diría porque un hijo de Dios no se postraría para adorar al diablo, la tentación es darle “los reinos y su gloria” (v.8). Es de notar que la frase “apártate, Satanás” es idéntica a la que Jesús dice a Pedro (16,23).


Jesús, que se presenta como religioso desde el comienzo (ayuna) y está conducido por el espíritu, puede vencer con la palabra de Dios las tentaciones que se le presentan al comienzo de su ministerio. 


El “servicio” de los ángeles es muy probable que aluda a que (como a Elías, 1 Re 19,5-8 un ángel lo alimenta en los 40 días en el desierto) ahora sí Dios se ocupa de la comida de su hijo. Por otro lado, los ángeles que Jesús no llamó en la segunda tentación rechazando un mesianismo espectacular (v.6) ahora sí se hacen presentes. En un nuevo principio (como a Adán, “los ángeles lo servían” [Apocalipsis griego de Esdras 2]) Jesús ahora está listo para empezar a predicar y anunciar la Buena Noticia.


Video comentando el Evangelio en
https://youtu.be/Xvc19onWpa8
o tambien en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/02/comentario-al-evangelio-del-1er-domingo.html



Fotografía tomada de www.flickr.com

lunes, 16 de febrero de 2026

A metros de la justicia. Metros no recorridos.

A metros de la justicia. Metros no recorridos.

 Eduardo de la Serna



A mediados de 1976 desapareció una conocida. Con una amiga en común – todavía no sabíamos la “dinámica” de las desapariciones y pensamos que a lo mejor sería liberada pronto – fuimos a la escuela donde daba catequesis diciendo que ella había debido viajar urgente al Paraguay por cuestiones familiares, y la reemplazaríamos como suplentes. Fue solo unas semanas, hasta que las monjas se dieron cuenta que “en algo andaría” y eligieron otra catequista.

En esas semanas de clases nos enteramos del “accidente” de Enrique Angelelli, y ambos, mi amiga y yo, sostuvimos en clase sin duda ninguna: “¡lo mataron!” No éramos peritos forenses, no consultamos expediente ninguno, no teníamos pruebas ni nada por el estilo, y tampoco nos movía conspiranoia alguna. Era simplemente “saber”, “ver”, “entender”, “comprender” … Así son, así actúan. Así habían chupado a nuestra amiga, que mucho tiempo después fue blanqueada como PEN, por lo que se salvó. Todos los medios y sus lectores decían que Angelelli había sufrido un “accidente”, nosotros sosteníamos “crimen”.

Pocos en los ambientes eclesiales decían “asesinato”, y eran mal mirados, si hasta Primatesta le dijo a don Jaime De Nevares “usted dice asesinato, con lo que nos está acusando de cómplices” [cito de memoria; el texto en La Verdad los hará libres]. Fue famosa la foto de cuatro obispos con ornamentos rojos (= martirio) celebrando a Angelelli: Jaime De Nevares, Miguel Esteban Hesayne, Jorge Novak y Marcelo Mendiharat (obispo de Salto, Uruguay en el exilio en Argentina); foto que se encontraba en el comedor del seminario de Quilmes, a la que bromeando los seminaristas llamaban “Los Chalchaleros”.

Claro que todo esto vino acompañado por el invierno eclesial que en Argentina “pegó fuerte”. Los obispos, incluso mucho tiempo después de terminada la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica repetían “accidente” (si hasta algún obispo sostenía que eso ¡lo confirmó el FBI!); “todos sabíamos que Angelelli manejaba mal”, dijo más de un purpurado. Pero hubo algunas disidencias más, y el poder judicial, que en algunas ocasiones demuestra ser “justicia”, que dijo “homicidio esperado por la víctima” y hasta algún nuevo obispo que se decidió a investigar más, y el apoyo del papa Francisco terminaron no solamente reconociendo el martirio sino, además, celebrando su beatificación. Claro que esto no significa que estos beatos sean “santos de la devoción” episcopal. Ciertamente que no. Es que reconocerlos como mártires y beatos significa escuchar, significa que Dios algo está diciendo, significa que hay otra Iglesia, otro camino. Incómodo camino. Molesta Iglesia. Entonces, ¡volvamos al silencio!

Algunos seguimos diciendo crimen, asesinato, martirio… otros dirán “mi amado predecesor” o cosas por el estilo. Y se sacan una foto con Victoria Villarruel, defensora tenaz de la Dictadura cívico militar con bendición eclesiástica, a metros de la tumba de Angelelli.


Foto tomada de https://www.facebook.com/diocesisquilmes/photos/a-mons-angelelli-no-sólo-le-quitaron-la-vida-sino-que-le-robaron-la-muerte-afirm/1029551500468486/

Comentario al Evangelio del 1er domingo de Cuaresma A

Comentario al Evangelio del 1er domingo de Cuaresma A



o también en

https://youtu.be/Xvc19onWpa8

Eduardo

jueves, 12 de febrero de 2026

El “satán” de Job

El “satán” de Job

 Eduardo de la Serna




Para evitar malos entendidos, lo primero que es importante señalar es que, cuando en el libro de Job se habla de “satán” no tenemos que pensar en “el diablo”, “Satanás” o imágenes semejantes.

En segundo lugar, es importante tener en cuenta que el libro de Job no es una “historia” de cosas ocurridas, sino una obra literaria (puede imaginarse como una obra de teatro) que pretende transmitir algo. En ella, se presentan diversos personajes, y “satán” es uno de estos.

Aclarado esto, notemos que el libro de Job es bastante extenso, tiene 42 capítulos y “satán” solamente se encuentra en el capítulo 1 y la primera parte del capítulo 2. El término es hebreo y significa “adversario”, son los que acusan, en ocasiones falsamente (ver 2 Samuel 19,23, “adversario”, o Salmo 109,29, “los que me acusan”; en ambos casos, en hebreo, se usa el término “satán”). Ahora bien, el libro de Job presenta una primera parte narrativa, donde se narran escenas, para después, a partir del capítulo 3 entrar en un largo esquema poético de diálogo de Job con sus amigos para, finalmente, dar entrada a Dios, siempre en el poema. La narración nos ubicará en una situación que llevará a Job a la casi desesperación y el posterior debate poético. Pero por alguna razón Job se encuentra en tal situación, y “satán” es parte fundamental de ello. Veamos.

En los capítulos 1 y 2 nos encontramos a Dios con su corte. Dios está muy conforme con la religiosidad de Job que, en el relato, se nos presenta claramente (1,1-5); pero, como “fiscal” de la corte, “satán” acusa: esa religiosidad no es desinteresada: Job lo es – dice el acusador – porque Dios lo colmó de bienes. Y, entonces, encontramos una especie de “apuesta” entre Dios y el fiscal sobre si la religiosidad de Job es o no interesada. La clave, entonces, radica en poder constatar esto: si Job perdiera todo, ataca el fiscal - satán (y era “el más grande de todos los hijos de Oriente”, v.3) seguramente no sería religioso (capítulo 1). Entonces, Dios autoriza al fiscal a quitarle todos los bienes a Job, y, a pesar de eso, “Job no pecó ni maldijo a Dios” (1,22). Nuevamente Dios está muy conforme con la religiosidad de Job, y, nuevamente, el fiscal / satán le afirma a Dios que esta tiene como fundamento tener una vida sana, y, nuevamente, Dios autoriza a satán a provocar en Job una horrible enfermedad (capítulo 2). Insistimos en que se trata de una obra literaria, porque, caso contrario, sería algo muy extraño.

Todo esto, la pérdida de sus bienes, y la pérdida de su salud motiva – como dijimos – el largo debate de Job con los amigos. Pero, detengámonos en satán. Como corresponde a un fiscal en un tribunal, debe acusar a fin de que quede manifiesta la culpabilidad o la inocencia de una persona. En este caso, mientras Dios se manifiesta conforme por la religiosidad de Job, el acusador pone en duda que esta sea gratuita y desinteresada. Si no hubiera motivos (riquezas o salud, en este caso) se vería patentemente si lo es o no. Obviamente el resto del libro se dedicará a mostrar que sí lo es, y eso se manifiesta ya desde el comienzo; pero no es de balde “exorcizar” a este satán. 

Como es evidente, el término “satanás” remite al diablo, es decir, al “jefe de los ejércitos adversarios de Dios”, se trata de una figura espiritual, evidentemente, y, por cierto, totalmente negativa. El satán del libro de Job, en cambio, desempeña el mismo papel que un fiscal en una corte. Papel que no es agradable, por cierto, para los acusados o sospechados, pero no debemos transformarlo necesariamente en alguien “malo”. Es evidente, eso sí, que la actitud de este “satán”, esta cualidad de “adversario”, con el tiempo (es decir, más adelante en el tiempo, después del libro de Job) se empezó a ver cada vez más de un modo negativo, hasta que llegará a ser, nada menos, que el nombre que se da al diablo, pero esto ocurre ya en ambientes griegos (por ejemplo, Eclesiástico 21,27 y es frecuente en el Nuevo Testamento). En esta misma corriente, el libro del Apocalipsis, que suele dar importancia al conflicto entre Dios y las fuerzas espirituales adversarias, de las que el Imperio romano es su instrumento, afirma que

«Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios» (12:10).

Como se ve, más adelante, el “acusador” no es ya – como en Job – un férreo acusador de la corte, sino que es claramente un “adversario” de Dios, uno que pretende hacer perder a las hermanas y hermanos, uno del que, unos renglones más arriba, se había dicho, nada menos que

«…fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él» (12:9).

Como podemos ver, un “sencillo” fiscal de la corte, de un relato “religioso”, con el paso del tiempo se transformó en un personaje detestable del que celebramos que haya sido “arrojado” a la tierra donde ya no tiene fuerza porque ha llegado el reinado de nuestro Dios. El de Job, en cambio, seguiría en la corte celestial cumpliendo una tarea.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/photo.php?fbid=404587109718075&id=160293180814137&set=a.394376250739161

Dan ganas de vivir

Dan ganas de vivir

Eduardo de la Serna

 


 

Dice Jesús que su fiesta

a un banquete es parecida,

una mesa para todos,

para todas, bien servida.

Pero Pablo también dice

que no es comida y bebida,

porque el reino es la justicia,

es la paz y la alegría.

¿Cómo hacer para anunciarlo

a esta humanidad partida,

donde el “yo” mata al “nosotros”

donde ha muerto la empatía,

donde una pantalla rige,

racismo, odio y más mentira?

No hay razones ni argumentos,

ya no hay nadie que investiga,

“mi verdad” es lo que cuenta,

lo que siento, eso es “mi” guía.

Pero Jesús sigue estando

Palabra y Eucaristía,

una cruz marca senderos,

comunidad que camina.

Hay otro mundo posible,

una luz tenue ilumina,

se llama Espíritu Santo

y da sentido a la vida.

Una vida que es encuentro

con amigos, con amigas

que es lucha por la justicia,

por la paz y la alegría,

que es un vino, que es un mate,

una mesa compartida,

un banquete para todas,

para todos, la comida

brindis, abrazos y risas

y que alcance la bebida.

Una lucha es esperanza,

es reparar las heridas,

es mirarnos a los ojos

celebrar juntos la vida.

martes, 10 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 6º "A"

Vivir perfectamente la voluntad de Dios siendo plenos en el Amor

TIEMPO DURANTE EL AÑO – 6 "A"

Eduardo de la Serna

 


Lectura del libro del Eclesiástico     15, 15-20

Resumen: Utilizando la clásica metáfora de los dos caminos, el sabio insiste –con las metáforas del agua y el fuego- en que la persona tiene ante sí ambas posibilidades, pero sólo una conduce a la vida y es la que Dios quiere para los suyos.

En la literatura bíblica (y también en la cristiana posterior) se hace frecuente lo que se suele llamar “los dos caminos”. Es decir, con un cierto dualismo, se propone a la persona la necesidad de elegir: tiene ante sí dos caminos y debe optar: sean la vida y la muerte, el bien y el mal, la verdad y la mentira… Es algo particularmente frecuente en la literatura sapiencial, aunque también en algunos momentos legales (lo cual es normal ya que la Ley propone el “camino que se ha de vivir para agradar a Dios” y la sabiduría muestra el camino de los que “saben” vivir. El libro del Deuteronomio –texto de la Ley- por ejemplo:

«Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Yahveh tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y multiplicarás; Yahveh tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión. Pero…» (Dt 30,15-17)

Algo semejante ocurre en el Salmo 1 (obviamente con el que comienza el Salterio) que es una “bienaventuranza” (un modo característico de la literatura sapiencial que viene a decir: “¡qué suerte tiene el que hace esto…, (o el que evita aquello)!” Allí se contrastan dos caminos, el de los malvados (repetido 3 veces) y el que “medita la ley”.

El texto sapiencial de la lectura de hoy (texto tardío en el que empiezan a identificarse la sabiduría y la ley) presenta precisamente ambos caminos (incluso ilustrándolo con la metáfora del agua y el fuego señalando que uno escoge dónde quiere “poner la mano”). Obviamente la libre opción de la persona ante ambos caminos no implica que Dios sea indiferente. Dios mira y conoce “las obras” (= el camino, la vida). Nadie puede utilizar su libertad para escoger destacando que Dios la ha puesto allí “para que” la escoja. Dios puso ambos caminos, pero solo uno es el camino que conduce a Dios, del mismo modo que “poner las manos en el fuego” implica necesariamente quemarse. Con terminología nuestra (es decir, no es propiamente bíblica) lo que Dios ha puesto es nuestra libertad, no los dos caminos en el sentido de que el camino “de la muerte” también es querido por Dios. Nadie podría decir que Dios le “ordenó”, o le dio “autorización” en ese sentido. Lo que Dios quiere es la vida de sus amigos.



Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto     2, 6-10


Resumen: Dos sabidurías están en conflicto: la “de este mundo”, la del imperio romano que asesina a Jesús, y la sabiduría “de Dios”, revelada por el espíritu que nos hace conocer lo profundo de Dios. Pablo contrasta ambas sabidurías y nos hace saber que la “gloria” de Dios brilla en medio de la oscuridad de la cruz.


Continuando la segunda lectura del domingo pasado, Pablo sigue profundizando el tema de la “sabiduría”.  En los versículos anteriores había un cierto contraste entre aquellos que quedaban encandilados por las predicaciones “bien hechas” (como la de Apolo) con la cruz como modo de predicación. Pablo, ahora, decide ir al nudo de la cuestión, sin abandonar el tema de la cruz que es el eje de toda la unidad literaria (caps. 1-4). Claro que los corintios en su superficialidad característica no saben ir a las “profundidades”, pero Pablo quiere ir a lo "profundo" (el término es importante en la unidad, ver 2,10). Para ello contrasta dos sabidurías, la “de este mundo”, y la “de Dios”. 

Una nota sobre “este mundo”. El término “mundo” suele tener diferentes lecturas según los diferentes escritores (y según los diferentes lectores). En el Evangelio de Juan –por ejemplo- el “mundo” es el ámbito adversario a Cristo. Pablo, en general, no habla de “este mundo” fuera de la primera carta a los Corintios (Ga 1,4; 2 Cor 4,4) mientras que aquí lo menciona repetidamente (11x), 7 veces en esta unidad (1 Cor 1-4). El medio ambiente greco-romano, con su modo de vivir, la sociedad, es –para Pablo- “este mundo”. No se trata de un dualismo platónico como pensando en este “mundo”, la tierra, y el “mundo del cielo”, como  parecen pretender ciertas lecturas espiritualistas. Se trata de llevar una vida que sea evangelizadora para los contemporáneos. Y estos son judíos y paganos, a ambos se les ha de mostrar una vida “perfecta” (es decir, que ha llegado a la plenitud alcanzada “en Cristo”).

En este caso concreto, la sabiduría de “este mundo” es la sabiduría “oficial”, la hegemónica ante los ojos de la sociedad. Y esta “sabiduría” es la que ha crucificado a Jesús. Son los “príncipes” los que lo han hecho; no se ha de olvidar que la cruz era una pena de muerte que aplicaba el imperio por intermedio de sus gobernantes. El César y el Imperio (la sabiduría personificada) son los que no entienden la sabiduría de Dios y los que han asesinado a Jesús. No se trata de “espíritus” o de “fuerzas del mal”, se trata de personajes concretos (“padeció bajo el poder de Poncio Pilatos”) de historia concreta. El imperio romano fue responsable del crimen del "señor de la gloria", y estamos invitados a reconocerlo sabiendo que Dios nos invita a mirar la realidad y la historia con “otros ojos”, otra sabiduría.

Esta sabiduría es calificada de “en misterio”, escondida, predestinada para nuestra “gloria”, que ningún “príncipe de este mundo” conoció. Es algo “preparado por Dios para los que le aman” (= conocen).

Una nota sobre el “misterio”. Ciertas cosas que ocurren en la vida cotidiana son inexplicables desde nuestra concepción de Dios y su obrar. Un ejemplo evidente es la persecución de los fieles. ¿Por qué ocurre que los fieles sean asesinados mientras que los corruptos triunfen en la vida? ¿Y Dios? ¿Dónde está? ¿Qué hace? Esto es algo “misterioso”, pero Dios no puede fallar, no puede ser injusto, por lo tanto más tarde o más temprano se “revelará” el sentido de esto (es una idea propia de la literatura apocalíptica). Lo propio del misterio bíblico (algo de la historia que no comprendemos por ahora en su sentido) es que Dios lo revelará en un futuro (más o menos cercano). En este caso, esta sabiduría “escondida” es “en misterio” (v.8), pero Dios la ha “revelado” (v.10) “a nosotros”, a los mismos a los que Dios –para nuestra gloria-  predestinó.

La cruz “esconde” una sabiduría que sólo puede ser comprendida por “revelación”. Mientras tanto, permanece “en misterio”. Eso es algo ya preparado por la escritura: 


anunciamos lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman” (v.9). 

En realidad, como ocurre en otras citas bíblicas de esta unidad, no se trata de un texto exacto. Varias referencias a las escrituras parecen más bien un “conjunto” o un "ramillete" de citas. Es decir, no se trataría de una cita exacta sino de un conjunto o síntesis (en este caso, de Is 64,3 y de Jer 3,16), lo cierto es que lo que se destaca es que sólo por iniciativa divina es posible comprender las cosas de Dios. Sin ella, todo permanece “en misterio”, “escondido”. La cruz (que, como dijimos, es el eje de toda la unidad) es el mejor ejemplo de esto, sólo los que se abren a la revelación de Dios pueden comprender esta sabiduría.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 17-37


Resumen: En el medio del “Sermón del Monte” Mateo muestra que Jesús quiere llevar la Biblia a su plenitud viviéndola desde “su corazón”, yendo al fondo de aquello que es la voluntad de Dios. Eso es “cumplir” y “ser perfectos” haciendo realidad el anuncio del Reino.


Todo el Evangelio de Mateo está “impregnado” de citas y referencias a la Antigua Alianza. Y esto es particularmente notable en el “Sermón del Monte”. Como Moisés, Jesús sube a un Monte, y desde allí enseña a los suyos. Recién en 8,1 Jesús “bajó del monte” para dar comienzo a una nueva unidad, en la que se destacará la fuerza del reino que Jesús predica, obrada en milagros. 

Lo que se destaca aquí es que Jesús vino “a dar cumplimiento” a “la Ley y los profetas”, y luego de señalarlo claramente pondrá una serie de ejemplos para ilustrar esto.

Una nota sobre el “cumplimiento”. Se puede correr el riesgo de entender “cumplimiento” en el sentido de pensar que Dios ha anunciado algo que se realizará en el futuro inexorablemente. En este caso, parecería que Dios tiene la historia “digitada”, y la libertad humana no tiene cabida en ella. Sin duda no es ese el Dios de la Biblia. En general, los textos bíblicos se han escrito para su presente histórico, y lo dicho se realiza o no en ese mismo presente. Sin embargo, esos textos son leídos y releídos una y otra vez (como lo hacemos nosotros en nuestro tiempo, acotemos) y muchas veces los contemporáneos ven o entienden que lo que hoy vivimos “también” realiza aquello que se dijo antes. Como que antes se “cumplió” y hoy “vuelve a cumplirse”. “Cumplir” es un término genérico (polisémico): puede querer decir que se “cumple” un anuncio, pero también que se “llena” un hecho (podemos usar la imagen de un vaso), o también que se “obedece” una norma (“cumplí con mi padre obedeciéndolo”). Cuando Mateo dice que “se cumplió lo dicho por el profeta” destaca que eso, que se había cumplido en otro tiempo, hoy vuelve a “cumplirse”, “se llena el vaso”. Cuando dice que vino a “dar cumplimiento” a la Ley y los Profetas parece estar diciendo lo mismo, como veremos.

Para entender claramente lo que dice Mateo, es necesario recordar que “la Ley y los Profetas” es el modo habitual judío de decir “la Biblia”. Jesús vino a “llenar el vaso”. No vino a anular lo antiguo, sino a darle plenitud.

Una nota sobre lo “nuevo” (y lo antiguo). Un desafío siempre interesante y variado en los escritos cristianos de la Biblia es entender –cuando decimos “nuevo testamento”, “nueva alianza”- cuánto de nuevo se propone y cuánto de antiguo se mantiene. Es interesante que entre las primeras herejías del siglo II esto fue decisivo: algunos prácticamente negaban toda novedad (los ebionitas) y otros negaban todo lo antiguo (los marcionitas). Es decir, un camino que mantenga antigüedad y mantenga novedad es el que parece sensato. Pero sin embargo, también en esto hay diferentes miradas. Y en las escrituras cristianas se ven variadas opiniones. La carta de Santiago, por ejemplo acentúa más lo antiguo, mientras que el Evangelio de Juan acentúa lo nuevo. Mateo parece más cerca de Santiago, mientras que Pablo está más cerca de Juan. Lo importante, además, es que ambas miradas están en las Escrituras, y ambas son eclesiales. Es una muestra más del pluralismo característico de la Biblia judía y cristiana.

Mateo continúa con el cumplimiento de la ley (ahora entendida como mandamientos) señalando que aun el “más pequeño” ha de “cumplirse” (en el sentido de obedecer). Y para entender esto, recurre a una imagen que todos los lectores conocen: “los escribas y fariseos”. Estos son –a los ojos de todos- sin duda los más reconocidos cumplidores de la ley. Es decir, Mateo les dice a sus lectores que “han de cumplir la ley más que los que más la cumplen”. Es cierto que suelen ser caracterizados por Jesús de “hipócritas” (23,13.14.15.23.25.27.29) pero esto no es diferente de lo que muchos fariseos decían de sí mismos en tiempos de Mateo (es decir, que el estricto cumplimiento de la ley hasta en los más mínimos detalles corría el riesgo –y muchos caían en él- de hacer las cosas a fin de ser “mirados”, “aplaudidos”, “reconocidos”. Pero esto era así –precisamente- porque se trataba del grupo religioso por excelencia. Y a estos alude el texto. Los discípulos de Jesús (de Mateo) deben cumplir más que estos.

Pero, ¿cómo se puede cumplir más que los que más la cumplen? Precisamente llevándola a “plenitud” (plêroô, v.17), haciendo “perfecta” (teleios, v.48) la ley. Es decir, la ley puede cumplirse simplemente haciendo eso que está mandado u omitiendo aquello que está prohibido, o puede “llevarse a plenitud” yendo “al corazón” del tema propuesto o prohibido. Es a esto que dedicará Mateo los próximos versículos; tema que concluirá precisamente con la misma idea en Mt 7,12 (donde vuelva a señalar que “esta es la Ley y los Profetas” mostrando cómo se “cumple”). Veamos brevemente esto:

¿Cómo se “cumple” (= obedece) plenamente “la ley y los profetas”? Obviamente conociendo todos los mandamientos (613 mandamientos en tiempos rabínicos) y obedeciéndolos. En muchas escuelas todo esto se “resumía” en “no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan”. Obviamente de esa manera “no robarás, “no prestarás falso testimonio”, “no matarás”… Pero para ir “precisamente al corazón”, Mateo va más allá y ya no dice “no hagas” sino “haz”, “todo lo que deseen que les hagan los hombres, eso háganselo ustedes a ellos; por esto es la ley y los profetas” (7,12). Esto es la síntesis de todo lo que presenta, en ejemplos, el evangelio de hoy (y continúa).

A continuación Mateo va a presentar una serie de “antítesis” formuladas como “han oído que se dijo… pero yo les digo” (vv. 21.27.31.33.38.43 [los dos últimos no están en el evangelio del día]). 

Una nota sobre la cantidad de “antítesis”. Mirando las citas parecería que se trata de seis antítesis, sin embargo, la 3ª (la del divorcio) presenta diferencias con las anteriores, no solamente en su formulación diferente (“también se dijo…”) sino en que en este caso no lleva a “plenitud” un mandamiento –como en las anteriores- sino que en realidad anula una prescripción (el derecho a divorciarse; del varón, por cierto). Por otro lado, este texto –que se encuentra en el texto Q (cf. Lc 16,18) también se encuentra semejante en Mt 19,1-12 (en este caso, tomado de la fuente Marcos). Esto parece indicar que el texto fue agregado más tardíamente a las cinco antítesis, probablemente a raíz de cierta relajación moral manifestada en los divorcios que fue un tema importante en la comunidad de Mateo, y por eso lo añadió (con una excepción en caso de adulterio, v.32) a fin de regular el modo de vida de la comunidad.

Se puede comentar una a una las antítesis (solo diremos una pequeña nota) pero no se ha de olvidar que Mateo más que presentar una “nueva ley” pretende llevar “la Ley” a plenitud, es decir ir al “corazón” de todo, eso es “ser perfecto” (5,48). Pablo también lo afirma al decir que “el amor es la ley en plenitud (plêrôma)” (Rom 13,10), “toda la ley alcanza su plenitud (plêroô) en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ga 5,14).

Los mandamientos que han de alcanzar plenitud son “no matarás” (v.21), “no cometerás adulterio” (v.27), “no perjurarás” (v.33), “ojo por ojo, diente por diente” (v.38; = “no te vengarás”), “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” (v.43). En estos casos, el “más allá de la ley” está en “no enojarse” (v.22), “no mirar con deseo” (v.28), “no jurar” (v.34), “no poner resistencia al mal” (v.39), “amar a los enemigos” (v.44). Luego de presentar estos mandatos superadores, pasa a ejemplificarlo con “casos” (“si…”, vv.23.29.46 y cf. 34.39). En estos casos, como hemos dicho, el mandato del divorcio es diferente, no solamente porque anula (es decir, no la lleva a “plenitud”) directamente la cláusula de divorcio de Dt 24,1 sino que no presenta una normativa superadora (obviamente por haberlo anulado). De ese modo,
  •     evitar el insulto (la ofensa al hermano) y no dar motivo justo de enojo, antes bien reconciliarse, son superadoras de “no matar”;
  •     evitar la búsqueda y el deseo adúltero es superador del mismo adulterio;
  •     evitar los juramentos porque la credibilidad lograda hace que “el sí sea sí, y "el no sea no” vuelve esos juramentos innecesarios;
  •     evitar el “espiral de la violencia” lo quiebra de raíz y lo deja “desarmado”;
  •     evitar el odio deja a los “enemigos” sin argumento y nos hace parecernos a Dios.

Es por eso que esta sub-unidad concluye con “sean perfectos” (es decir vivan de modo perfecto, haciendo “perfecta” la ley y los profetas, es decir “ir al corazón”, a la novedad que Jesús viene a traer en su predicación del Reino) como es “perfecto el Padre del cielo” (5,48).




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