jueves, 2 de diciembre de 2021

Si se calla el cantor

 Si se calla el cantor

Eduardo de la Serna



Joan Manuel Serrat acaba de anunciar una gira de despedida de los escenarios. Triste. Sensato. Mi primer encuentro con él fue en un disco de pasta que tenía mi queridísimo tío Ezequiel (el mismo que me prestó, allá por el 70 el maravilloso libro “Para leer al pato Donald”), allí musicalizaba los inmortales versos de Machado. Allí lo conocí. Allí hicimos amistad, como el mismo Nano repite (sobre otras ocasiones referidas a piratas).

Con Serrat siempre me ocurrió algo curioso: la primera vez que escuchaba un disco nuevo, este no me gustaba, la segunda ya un poco y la tercera me fascinaba. Obviamente las hay que me gustan más, y las que me gustan un poco menos, pero… era / es Serrat. ¡Y listo!

Soy un negado para la poesía, para escándalo de amigos y amigas, pero “por ahí” he podido introducirme un poco sin resistencia de mi parte. Entre Joan Manuel y los/as místicos/as la poesía se me volvió algo cercano.

Nunca lo vi en mi vida más que en escenarios. No creo que me recuerde. Y eso no significa que esté de acuerdo con él en todo; por ejemplo, manifestó cierta cercanía con el macrismo que me golpeó el hígado, pero pronto volvió a casa. Los amigos se perdonan, ya lo sé.

En diferentes ocasiones y ante diversas situaciones una frase, un párrafo de sus canciones me sale a flor de piel, “y ahora, ¿quién podrá defendernos?” ¿Callará la vida?

Somos seres humanos, unos un poco más que otros, y tenemos eso que se llama tiempo, que es uno de los límites que nos caracterizan. Y siempre es mejor recordar a alguien en sus momentos de vitalidad, por lo que debo decir que lo comprendo. Lo recordaré. Lo abrazaré, aunque él nunca supiera de dónde viene ese abrazo. No nos veremos cara a cara, pero él seguirá cantando en mis momentos varios, en mi casa, en mi auto… Por eso de que “el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”. Creo que no lo extrañaré. Creo que lo extrañaré. Estoy confundido… y no habrá una canción del Nano que me ayude a entender este momento. Tocará aprender a crecer, entonces. Una pena hacerlo sin mi tío y su amigo.

 

Foto tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Joan_Manuel_Serrat#/media/Archivo:Olympia2_joanmanuelserrat.jpg

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Pero...

 Pero…

Eduardo de la Serna



* Todos conocemos las leyes de tránsito, y nos parecen razonables, pero… yo iba apurado, pero… a esta hora de la madrugada no freno, pero… 


* Todos estamos de acuerdo con la importancia de cuidar la casa común, pero… los pingüinos están justo en medio de mi camino a la playa, pero… el camión de la basura no pasa y tengo el arroyo al lado, pero…


* Todos estamos convencidos de que el poder judicial es o debe ser independiente, pero… es el caso de los hoteles falló en contra de lo que yo estoy seguro/a que ocurrió, pero… a Cristina la detesto y si la favorecen es porque hay impunidad (al palo), pero…


* Todos sabemos que los abusos, como los sexuales, contra niñes son aberrantes, pero… hay que evitar el escándalo así que es mejor no hablar del tema, o trasladar al abusador, pero… hagámonos los escandalizados y dejemos que pase el tiempo, pero…


* Todos afirmamos y reafirmamos la importancia de comunicar con verdad, pero… la verdad es relativa, siempre en favor de mis convicciones, pero… en el canal / radio / diario la línea editorial todo lo que sea sobre Fulana debe ser siempre…, pero…


La real academia dice que “pero” es una conjunción adversativa utilizada “para contraponer a un concepto otro diverso o ampliativo del anterior”, “pero” no afirma que en muchas ocasiones se utiliza para negar el primero y, habitualmente en razón de un yo / nosotros que es más importante que el dato primero. Yo soy más importante que las leyes de tránsito, mi comodidad de transitar es más importante que los pingüinos, mi odio es más importante que la justicia… Curioso ombliguismo, por decir poco. Curioso, “pero” no tiene en cuenta el individualismo (o centralismo) que supone, ni que “yo” vivo en una comunidad, sociedad, colectivo que me contiene del que no soy el “centro”. Con mucha frecuencia, el “pero” es especialmente una excusa, “pero” no suelo entenderlo.


Diseño de Leonardo da Vinci tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_de_Vitruvio

martes, 30 de noviembre de 2021

Una Asamblea quizás innecesaria

Una Asamblea quizás innecesaria

Eduardo de la Serna



Desde hace tiempo, los que tenemos nuestra formación cercana a las causas populares hemos recordado que en el peronismo siempre se dijo “si querés que algo no funcione, debes crear una comisión”.

  • Una comisión creó el Papa para supuestamente renovar la curia vaticana
  • Una comisión creó el Papa para supuestamente estudiar el diaconado femenino
  • Una comisión resulta en la práctica la “Asamblea de América Latina” que se propone, a su vez “crear una comisión” para…

Una Iglesia en Asamblea es algo extraño ya que Iglesia significa, precisamente, “asamblea”.

Muchos creemos que la Iglesia actual está en un estado quizás catatónico, desorientada frente al mundo, la realidad y el presente. Y no sabe qué hacer más que reaccionar espasmódicamente frente a algunos hechos urgentes (el caso de los migrantes es, evidentemente, uno de ellos) pero como “comunidad organizada” no parece saber dónde está ni, mucho menos, hacia donde va. Y, en ocasiones, haciendo supuesta referencia a la Tradición y/o la Biblia se afirman en que nada cambie más que en lo cosmético. Hoy, remedando el viejo y malvado ogro del comunismo, por ejemplo, repiten acríticamente palabras lo más vehementes y graves posibles contra la “ideología de género” y demás sandeces. Lo dicho recientemente por el cardenal hondureño, Rodríguez Maradiaga, el mismo que acompañó el golpe contra Mel Zelaya y que no logró despegarse del crimen contra Berta Cáceres, haciendo campaña en contra de Xiomara Castro lo revela mostrando un uso detestable de un versículo bíblico (¿aprenderemos, alguna vez, que un versículo no es palabra de Dios?).

Lo cierto es que, en lo personal, no logró entusiasmarme ni un poquito la dichosa Asamblea (aunque deseaba firmemente estar equivocado). Creo que en ambientes eclesiásticos la reacción es muy poderosa, y si lograron frenar nada menos que un Concilio, mucho más fácil les resultara frenar sínodos o asambleas. Frenarlas o simplemente anularlas. En política hemos visto (en Argentina) que una ley consensuada en decenas de asambleas, encuentros y propuestas, aprobada por amplia mayoría en ambas cámaras y reconocida su constitucionalidad por la mediocre Corte Suprema de Justicia fue volteada por un simple decreto por el gobierno posterior. Y si eso es posible en un sistema de débil democracia, es mucho más fácil de hacer en una monarquía absoluta como es la Iglesia. Por eso creo que los únicos cambios que pueden existir y tener una cierta durabilidad son los que nacen “de abajo”, de las bases, del pueblo (de Dios). No los gestados por decisiones por más buenas que estas sean.

Y pongo un ejemplo… Recientemente, grupos que participaron en la Asamblea, como la pastoral juvenil manifestó su inconformidad no sólo por la escasa cantidad de jóvenes (apenas poco más del 8% eran menores de 35 años) sino también con el trato infantil que recibieron [http://noti.pjlatinoamericana.org/?p=128]. Las y los religiosos de Perú manifestaron que se abortó el proceso de escucha entre el 2do y el 3er día de la Asamblea [https://bcasas.org.pe/asamblea-eclesial-confer-peru/]. A ellos nos gustaría recordarles que cuando la asamblea de Aparecida (2007) mostraba signos de creatividad (expresada en la 2da redacción del documento) entre la 2da y la 3ra “extrañas manos” bloquearon toda expresión de vitalidad, retrocedieron, desaparecieron textos o temas, etc. Esta manipulación, en el mismo sentido, se profundizó en la redacción “oficial” en los que temas como las CEBs, las mujeres, la vida religiosa, etc. sufrieron serios embates que “allí están” en el texto. En lo personal no creo que la curia vaticana y cómplices latinoamericanos sean ajenos esta malversación. “Entre la 2da y la 3ra”, dicen los y las religiosas del Perú. El zorro pierde el pelo, pero no las mañas, me gustaría señalarles.

Insisto… creo que la Iglesia actualmente necesita cambios de fondo (en lo ministerial, la relación con la sociedad, el diálogo con las culturas, la presencia impostergable de las mujeres, la apertura a los diferentes colectivos discriminados y muchos otros temas más, entre los que la llamada “opción por los pobres” no ha de ser una hermosa declaración sino un lugar desde el que hablar, pensar y decidir. Pero, precisamente por eso, no creo que esta reforma urgente nazca desde una estructura gerontocrática, patriarcal, monárquica, europea, esclerosada, sino que solo ocurrirá desde la resistencia y las bases, los pobres, las mujeres, indígenas, afro descendientes, etc… sino, será no solamente una pérdida de tiempo, sino desgaste de esperanzas, abandono de militancias y militantes y, además, manipulación de las cosas de Dios, como el honorable cardenal citado lo ha demostrado.

 

Logo de la Asamblea tomado de https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2021-08/america-latina-asamblea-eclesial-un-nuevo-paso-itinerario-espiri.html

Video con comentario al Evangelio, 2do domingo de Adviento "C"


Video con comentario al Evangelio, 2do domingo de Adviento "C"

 

o también puede verse en

https://youtu.be/tTlywd7AsxA

Eduardo

Domingo Adviento 2C

 Un profeta anuncia en la historia la salvación universal

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO "C"

Eduardo de la Serna




Lectura del libro del profeta Baruc     5, 1-9

Resumen: comenzando con la clásica imagen del cambio de ropas de dolor por las de fiesta, el texto canta la intervención de Dios en favor de su pueblo permitiendo la reunificación festiva y participación de la “gloria de Dios” movidos por su palabra.


Como es frecuente en la antropología cultural, la imagen de los vestidos refleja un estado de ánimo, un marco histórico. Los “vestidos de duelo” (Gen 37,34) son expresión visible del dolor familiar, el “vestido de fiesta” es expresión de alegría y paz (cf. 2 Re 5,22-23; Zac 3,4-5), y el cambio de ropas es manifestación del cambio de situación (Is 61,3; Sal 30,12). El “vestido nuevo” es indicio de bendición, de fiesta (Is 52,1; 61,10; Ap 19,7-9; 21,2) Israel en el exilio está “vestida de sayal” (Bar 4,20) pero su situación cambiará (5,1-3) su vestido es un “manto de justicia”, las “galas de la gloria de Dios”. 

La referencia a este momento de fiesta tiene su sentido: ya se ha anunciado (4,36-37) y se repetirá (5,5-6): “mira al oriente… contempla la alegría” (4,36); “mira, ya llegan tus hijos… desde oriente y occidente” (4,37); “mira hacia oriente y contempla a tus hijos… desde oriente a occidente” (5,5). El contraste – ya manifestado en los vestidos – es expresado en el modo del camino: fueron a pie, vuelven en literas reales (v.6). El contexto nos remite a Isaías 49,18-21; 60,4), y como en 40,3-5 y 42,16; 49,11 una suerte de “nuevo éxodo” manifiesta en el camino la intervención de Dios para que “Israel camine seguro bajo la gloria de Dios”; pero un camino que no es solamente desde Oriente (= Babilonia) sino de Oriente a Occidente (es un merismo, que indica que todo está incluido). El camino es entre perfumes (cf. Is 41,19; 55,12-13) y con Dios que se ha vuelto cercano (cf. Is 49,10; 52,12). Lo que convoca es “la palabra del Santo” (4,37; 5,5) lo que da al acontecimiento un sentido de promesa – cumplimiento, es la voluntad de Dios. Las imágenes festivas son recurrentes en la unidad: “justicia” (vv.2.4.9), “gloria” (vv.1.2.4.6.7.9), en un clima de “alegría” (vv.5.9 pero reflejado en toda la unidad). Esta “gloria” no es la gloria de un pueblo sino la gloria “de Dios” (4,37) a cuya luz camina el pueblo de Dios (5,9).


Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     1, 4-11

Resumen: Pablo sintetiza los grandes temas de la carta en la acción de gracias. La alegría, la solidaridad, el Evangelio – que Pablo predica contraculturalmente – son manifestaciones presentes que serán plenas en el “día de Cristo”.


El texto litúrgico del día constituye la clásica “acción de gracias” de la carta. Esta suele introducir el texto presentando brevemente los temas más importantes que desarrollará en el escrito. El marco viene dado por la expectativa en “el Día” (vv.6.10); el tema prepara lo que dirá en 2,16. La alegría expresada en las oraciones se expresa en la fe de la comunidad (1,25), y del anuncio del Evangelio (1,18). La vida de unidad de los filipenses hará plena la alegría de Pablo (2,2), porque ellos son su alegría (4,1; cf. 2,28.29; 4,10), sea que Pablo viva o muera (2,17.18). La invitación a alegrarse marca toda la carta (3,1; 4,4). Los filipenses prestaron “comunión” (koinônía) con el Evangelio. Comunión que los filipenses tienen (2,1) y que Pablo (y los cristianos) tienen con la cruz de Cristo (3,10). El “Evangelio” es un término muy frecuente en Pablo, y también en esta carta (1,5.7.12.16.27[x2]; 2,22; 4,3.15). Los destinatarios son “partícipes” (syg-koinônous) de la defensa y confirmación del Evangelio. El Evangelio es la causa de la situación actual de Pablo (la prisión) y los filipenses han de ser “ciudadanos del evangelio” (1,27), como lo es Timoteo (2,22), Evodia y Síntique (dos mujeres de la comunidad) y los mismos filipenses siempre generosos con Pablo (4,15). La solidaridad de los filipenses se manifiesta en las “cadenas” de Pablo (1,13.14.17) y también en el Evangelio. 

Pablo pone a Dios como testigo de su “entrañable” (splagjnois) pasión por los filipenses. Y lo que pide en esa oración es que el “amor” – que tienen, 2,1.2 – crezca “más y más” en “conocimiento y discernimiento”. Así podrán probar, testear lo mejor para llegar “puros y sin tacha” al “Día”. Esta pureza y sin mancha se manifiesta en los frutos de la justicia que son para “gloria y alabanza de Dios” (cf. 1 Cr 16,27). 

Una nota importante: Filipos era una “colonia romana”, es decir, un lugar donde vivían ex soldados romanos, y – por supuesto – con mentalidad imperial. En este sentido, una serie de términos frecuentes en el imperio con connotación imperial son utilizados por Pablo de un modo contracultural y, por lo tanto, subversivo. No solamente el uso del término “ciudadano” (1,27; 3,20 y sólo aquí en el NT), el término “fe” (= fidelidad, al Emperador), la cruz y las cadenas, y “Evangelio” (término utilizado para el culto imperial). Pablo les resalta a los filipenses que es la humildad y no el poder, el Cristo y no el César el que resplandecerá en el “día” definitivo – como el anunciado por los profetas, aunque en Filipenses es “Día de Cristo” – de la historia.


Evangelio según san Lucas     3, 1-6

Resumen: Como uno de los grandes profetas Juan predica en la historia concreta de su pueblo. Anuncia en el desierto que Dios está interviniendo y haciendo llegar a todos, haciendo visible a “todos” la salvación.


Como es habitual al comenzar el tiempo del Adviento, la liturgia mira la figura de Juan, el Bautista. En este caso, presentada por Lucas en tres partes:

  • Cronología de la predicación (3,1-2)
  • Hecho de la predicación (3,3)
  • Cumplimiento del dicho de Isaías (3,4-6)

1.    La presentación cronológica recuerda el comienzo de la gran mayoría de los profetas (cf. Is 1,1; Jer 1,2; Os 1,1; Am 1,1; Mi 1,1; Sof 1,1). Es frecuente que cada libro señale los monarcas o gobiernos en el curso de los cuales la palabra de los profetas se hizo pública. Los profetas no son “palabras intemporales”. Al señalar esto, Lucas quiere claramente indicarnos que Juan ha de ubicarse en el contexto de los profetas, de allí la frase “fue dirigida la palabra de Dios a…” (cf. 1 Sam 15,10; 1 Re 12,22; 13,20; Jer 1,1; Jl 1,1; Mal 1,1). En este caso se reitera que es hijo de Zacarías (cf. 1,5-25.59-80) y que le fue dirigida “en el desierto” cosa ya anunciada en 1,80. Hay que tener en cuenta que – al igual que el castellano – “desierto” no solamente es una zona árida y seca, sino también lugares despoblados (siendo que ocurre en el Jordán, obviamente hay que entenderlo en este sentido).

2.    A modo sumario se nos señala que fue “por la región del Jordán proclamando un bautismo para el perdón de los pecados”. El tema del perdón de los pecados es propio de Lucas (x1 en Mt y Mc, x3 en Lc y x5 en Hch). El “bautismo de conversión” sólo se encuentra en los textos referentes al Bautista (Mt 3,11; Mc 1,4 y Lc 3,3; cf. Hch 13,24; 19,4; pero Hch 2,38). 

3.    El texto de Isaías merece ser comparado tanto en el texto hebreo como el griego y en Marcos (Mateo 3,3 – como Marcos – sólo refiere al primer párrafo aunque éste añade una referencia al “mensajero”):


Isaías (hebreo)
Isaías (griego)
Marcos 1,2-3
Lucas 3,4-6
Una voz clama: «En el desierto abran camino a Yahvé, tracen en la estepa una calzada recta a nuestro Dios. Que los valles se levanten, que montes y colinas se aplanen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele; y se revelará la gloria del Señor y la verá toda carne – la boca del Señor ha hablado–.
Una voz grita en el desierto preparen un camino del Señor, hagan pronto un sendero de nuestro Dios. Todo valle se llene y toda montaña y cerro se abaje y todo lo escabroso y torcido sea nivelado y verán la gloria del Señor y toda carne verá la salvación de Dios pues el Señor ha hablado.
Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas.
Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y toda carne verá la salvación de Dios.


Lucas, que remarca mucho el tema de la “salvación” lleva hasta aquí el texto de Isaías para resaltar este aspecto, que además es universal (“toda carne”). El término no se encuentra ni en Mateo ni en Marcos, mientras que en Lucas lo encontramos x8 en Lc más x9 en Hch. La voz de Juan y el bautismo de perdón harán patente ante todos los seres humanos la “salvación”. Cristo es “salvador” (2,11) lo cual ya había sido anunciado (1,69; cf. 1,47.71.77), y un profeta lo anuncia (2,30). La salvación llega allí donde Jesús es recibido (19,9). De todo esto se trata el anuncio de Juan y lo que vendrá en los próximos domingos de Adviento.


Foto tomada de radialistas.net

domingo, 28 de noviembre de 2021

Una mirada desde el NT a los diferentes ministerios

 Una mirada desde el NT a los diferentes ministerios

Eduardo de la Serna / José Luis D’Amico

 


La posibilidad de abrir el debate a diferentes ministerios a partir de las asambleas o contextos sinodales, y la dificultad de aceptar el ministerio femenino en muchos ambientes eclesiásticos, a pesar de que el mismo Francisco haya constituido una comisión para estudiar e impulsar la discusión abierta del tema, nos motivó este texto que pretende, sencillamente, ser un punto de reflexión para nuestras comunidades y para quienes se encuentren interesados/as.

Se ha escrito con frecuencia, y habitualmente con sensatez, sobre los ministerios en el Nuevo Testamento. En ocasiones, alguna obra sobre el tema, marca un nuevo punto de partida ineludible en adelante (como es el caso de “Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo según el Nuevo Testamento", de Albert Vanhoye [1980]). Creemos importante entender que son muy diferentes “las Iglesias que los apóstoles nos dejaron” (Raymond Brown) y, por tanto, sería extraño absolutizar una, negando las restantes, cosa que en ocasiones ha ocurrido.

Es comprensible, pero no razonable, que algunos ministerios del s.I y comienzos del s.II se entiendan como esos mismos ministerios se comprendieron en los siglos posteriores, especialmente a partir de la Traditio Apostólica (s. III, con frecuencia atribuida a Hipólito de Roma, a la que, quizás con un poco de ironía, podríamos calificar como el primer “Código de Derecho Canónico”). Veamos, por caso, que – dejando de lado el sacerdocio de Cristo, al que dedica su homilía el autor del escrito a los Hebreos – en el N.T. los diversos ministerios no son considerados de ningún modo “sacerdotales”. Por otro lado, es evidente, que los diferentes ministerios se van dando en las diferentes comunidades motivados por diferentes necesidades. Cuando las comunidades crecen en número, por ejemplo, la distribución de tareas, al interno y al externo, en lo económico y la atención a los pobres y las viudas, en las celebraciones y visitas a presos o enfermos empieza a organizarse. Es lo que Max Weber denominó la “rutinización del carisma”, algo obvio ante la desaparición del líder carismático, y el crecimiento o necesidad de estructuración. Sería anacrónico, evidentemente, entender los diferentes ministerios de las comunidades paulinas (que, además, son diferentes en cada comunidad) a la luz de los ministerios de las cartas con intención pastoral en los que se pretende una cierta animación y propuestas pastorales. Y, a su vez, sería extraño entender estos ministerios a la luz de lo que se vislumbra en Ignacio de Antioquía (y no así en otros autores del mismo tiempo y diversa región), y estos en comparación con la Traditio Apostólica. Aunque algunos nombres se repitan no necesariamente ha de concluirse que el ministerio sea idéntico. Los presbíteros, por ejemplo, parecen tener un origen en las comunidades judías de la diáspora. Los ancianos (en griego, presbíteros) suelen ser referentes de la memoria histórica, de la sabiduría y la sensatez, y no escucharlos suele ser ejemplo de todo lo contrario. Lo ocurrido con los presbíteros de Corinto y ante lo que reacciona la llamada carta “de Clemente” es buen testimonio de ello. La importancia de que algunos (no necesariamente de un modo fijo y permanente como parece en varios casos) vigilen la vida, la dinámica, la disciplina de las comunidades se ve, por ejemplo, en los escritos de Qumrán. No señalamos que se trate de los mismos “vigilantes”. Allí, el mebaqer, cumple una función de ordenar la comunidad, vigilar por su doctrina y disciplina. Este mebaqer podría ser el “modelo” para los epíscopos citados en las cartas pastorales. La referencia a “episkopos y diákonos” en Fil 1,1 es compleja y creemos que se trata de una provocación contracultural propia de Pablo y especialmente frecuente en esta carta.

Lo mismo ha de decirse de las personas responsables del servicio de los hermanos (entenderlo como “servicio de las mesas” a la luz de Hch 6,1-6 parece una reducción excesiva del término). Mirando los escritos no es evidente cuál es específicamente el rol que desempeñan, aunque lo cierto es que existen. Pero también existe, y parece entenderse como ministerios, el grupo de las viudas de 1 Tim 5,3-16 (aunque se intenten precisar algunos criterios a fin de que no cualquiera pueda acceder a esto). No deja de ser interesante que el “oficio de las viudas” con el tiempo, ya en el s.II empieza a llamarse de las “vírgenes” (algo que ciertamente no aplica si lo entendiéramos literalmente).

Esto invita, además, a pensar el lugar de las mujeres en estos roles ministeriales (que, lo repetimos, no han de entenderse como se entienden más adelante en siglos posteriores). Ya indicamos que los escritos paulinos no manifiestan tener ministerios fijos en las comunidades; Pablo parece invitar a que cada comunidad se dé la organización que vea mejor. Y nada indica que haya limitación a las mujeres en estos ministerios. Cuando comienza la “rutinización del carisma” y las comunidades empiezan a estructurarse conforme a los modelos propios de sus lugares y tiempos, y se organizan según el modelo de “la casa”, empieza a limitarse la visibilización de las mujeres, cosa que se ve en las cartas deutero-paulinas y especialmente en las Pastorales. Así, mientras se ven mujeres diáconos, viudas y presbíteras en Tito 2,2, también es notable el intento de callarlas en 1 Timoteo 2,11-12. Sobre esto y sus motivaciones no hay unanimidad entre los diferentes autores y autoras: ¿se trata de limitar el poder de mujeres adineradas? ¿de callar a quienes abusan del don de profecía?

Sin embargo, si bien la mujer no puede tener actividades públicas, sino solamente hogareñas, no se puede ignorar que las comunidades (“Iglesias”) eran domésticas (recién Clemente de Alejandría habla de “ir a la Iglesia”) por lo que en la casa-eclesial las mujeres tenían cierta libertad (aunque no parece que así ocurriera en todas las comunidades, como venimos diciendo). Sin embargo, como hemos indicado, en las cartas pastorales se habla de “presbíteras” y de “diákonas” (cosa simulada en algunas traducciones; la Biblia de Jerusalén, por ejemplo, traduce “ancianas” [cf. 1 Tim 5,2; 3,11], lo que es exacto, pero no se comprende por qué traduce “presbíteros” entonces al referir al varón [cf. 1 Tim 5,17]).

Ciertamente en la historia, los ministerios fueron variando [lo ocurrido con el ministerio de Pedro es ciertamente elocuente] según los tiempos, las regiones, las necesidades y las comunidades. Precisamente por eso nada impide que sigan cambiando, que se descarte lo negativo (clericalismo, autoritarismo, etc.) y se aproveche la novedad y las necesidades. De escuchar “los signos de los tiempos” se trata.

Es importante reiterar que los distintos ministerios reflejan una serie de características muy importantes.

1. No se trata de ministerios sacerdotales, sino de servicios concretos de la comunidad según sus necesidades. No hay sacerdocio “cristiano” salvo el de Cristo en el Nuevo Testamento;

2. El término utilizado habitualmente para ministerios (diakonía) no es, de ninguna manera, un término honorífico, sino por el contrario es degradante y peyorativo. Ser servidor o ser esclavo es ubicarse en lo más bajo de la escala social y cultural (el “lavatorio de los pies” de Jesús a los discípulos, algo propio de los esclavos y que Jesús invita a que los suyos repitan con todos, ciertamente presenta el “lugar” desde el que siempre mirar y ejercer los ministerios);

3. Los distintos ministerios están puestos por la misma comunidad para aquello que la comunidad necesita; de ningún modo puede verse una “clericalización” (= la suerte, la parte elegida) en los servicios. Lo que cuenta es siempre la necesidad y la comunidad, el ministro es simplemente un intermediario, y no más que eso.

Si bien los escritos paulinos son en los que se descubre con más nitidez los diferentes ministerios según los momentos y circunstancias, no se puede dejar de lado que en otros escritos del N.T. hay elementos a tener en cuenta.

Si en el Evangelio de Juan es evidente que no hay sino un apóstol: Jesús, es interesante que en el añadido tardío que encontramos en el cap. 21,15-19 se destacará un rol particular en Pedro. Sin embargo, el “apacentar las ovejas/ corderos” sólo será posible

1.    En la medida del amor (“¿me amas?”),

2.    en la medida en que Pedro reconozca su pasado negador (“se entristeció de que por tercera vez…”)

3.    y que nunca olvide que se trata de ovejas/corderos de Jesús, y no propios.

Pero este amor lo llevará al martirio (“otro te llevará”) porque con esta verdadera y nueva disposición sí seguirá a Jesús (no como ante la pasión, en la que lo siguió al Pretorio para negarlo y negarse: “no soy”).

En Hechos de los Apóstoles, en cambio, es evidente que “los Apóstoles” son los Doce; y se establece narrativamente una suerte de cadena de transmisión de Jesús a los Doce, de estos a otro grupo (entre los que Pablo, que no es apóstol en este libro, ocupa un lugar principal) y de estos a los presbíteros (que no parecen existir en tiempos de Pablo). Por eso debe prestarse mucha atención al discurso de Pablo a los presbíteros de Éfeso en Mileto (Hch 20,17-36) donde el acento está en la ausencia de Pablo (algo comprensible al escribirse el texto) como continuadores de su obra para lo que se les encarga “vigilar” (episcopein) y “cuidar” el rebaño. La imagen de la comunidad como rebaño parece tardía en el NT, como se ve en el texto de Juan, recién comentado, en este texto y el de 1 Pedro que en seguida comentaremos. Se trata de un rebaño, de su cuidado (pastoral) y de la introducción de peligros que pueden afectarlo.

En 1 Pedro también se hace referencia, como dijimos, a la imagen pastoral, pero Jesús es visto como “pastor de pastores” (mayoral, 5,4). Pedro puede exhortarlos no sólo por ser presbítero también él sino por ser “testigo” (mártir). Y el criterio principal es tener una serie de elementos: “no forzados”, “no por interés de ganancia”, “no tiranizando” a la comunidad sino cuidándola y siendo modelos de ella (5,1-4).

No debería descuidarse, además, en estos casos citados la referencia económica de los ministros con respecto a la comunidad: Hechos 20,33-34 reitera que Pablo no buscó los bienes de los suyos, y por eso trabajó con sus manos; 1 Tim 6,5 sentencia que la muchos “hacen de la piedad un negocio” y 1 Pedro 5,2 reitera que no se debe actuar por “ambición de dinero”. El desprendimiento de la vida y de los bienes parece una característica principal de los ministros ejemplares en el NT.

Finalmente, el autor del libro del Apocalipsis puede escribir, ciertamente lo que le es revelado en una visión, a las siete (= todas) Iglesias para lo que “Juan” ha de ser testigo (mártir) de Jesucristo, es “hermano y compañero” en la tribulación y el exilio a causa de la Palabra que, de todos modos, insiste en proclamar (Ap 1,2-9). Y esto, el vidente lo pronuncia y experimenta “el día del Señor”, porque es su comunión mística con Dios la que lo lleva a pronunciar su palabra.

No está de más señalar que en la vida cotidiana experimentamos a diario actitudes o servicios ministeriales “no delegados” sino o bien asumidos, o bien encomendados. Hay personas que tienen el “cuidado” pastoral de otros y otras, orientan, acompañan, nutren en actitudes ciertamente “episcopales”, “presbiterales” o “diaconales” sean o no ministros o ministras ordenados/as.

Del mismo modo no parece sensato desconocer a decenas de místicas y místicos de ayer y de hoy que con sus actitudes, palabras, escritos revelan caminos, muestran horizontes y marcan huellas para transitar en la historia.

No se puede, de ninguna manera desentenderse que para las diferentes comunidades del NT los ministros lo son porque su testimonio (hasta el extremo de la deportación o arriesgando la vida) los avala, y porque un atento cuidado y preocupación por las necesidades de las comunidades lo impulsa. Ciertamente se puede señalar, como es propio de los mediadores, que solo Dios (y su proyecto) y la comunidad destinataria cuentan, y el ministro es simplemente intermediario y cuando éste se expone demasiado suele ser obstáculo para aquello que debiera brillar: el deseo de Dios para las comunidades concretas.

 

Imagen tomada de https://www.almudi.org/articulos/15617-ministerios-de-la-mujer-en-el-nuevo-testamento

sábado, 27 de noviembre de 2021

Sigamos con comisiones

 Sigamos con comisiones

Eduardo de la Serna



Se podrá pensar lo que se desee de Juan Domingo Perón, pero difícilmente alguien negaría que sabía conducir… un país, una resistencia, un movimiento… Sabía los pasos a dar, los frenos a poner, las personas a sugerir y / o proponer, los saltos convenientes. “Gran conductor”, canta la “Marcha Peronista”. Pues bien, un consejo que Perón repetía con frecuencia es que “si se quiere que algo no funcione” lo que hay que hacer es “crear una comisión”.

·   *      Hastiados de las mafias vaticanas, los cardenales eligieron un “papa venido del fin del mundo”. Las curias eran verdaderamente mafias contra las cuales la ineptitud de Benito XVI fue evidente. Elegido el Papa Francisco creo una comisión con un cardenal por continente con la intención oficial de reformar la curia vaticana. Este “Grupo de los 8” se reunió innumerables veces, y hasta con frecuencia se amagó que ya estaba listo un documento que consagrara la reforma de la curia.

·   *      El grupo de superioras de congregaciones religiosas femeninas le propuso concretamente al Papa la institución del diaconado femenino. Inmediatamente, a modo de respuesta, el Papa creo una comisión. Nada se supo de esta hasta que fue evidente su fracaso, motivo por el cual el Papa creó otra comisión.

·   *      La situación, siempre vital, de las Iglesias de América Latina, expresada (con sus más y sus menos) en las Conferencias Episcopales de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida propuso una nueva conferencia. El Papa contrapropuso una asamblea. Por meses y meses los cristianos se reunirían en comisiones para ir pensando propuestas que serían pensadas y repensadas. Esta Asamblea está en plena gestación.

Que se me perdone ser mal pensado, pero creo que la única y exclusiva intención es que nada cambie; simplemente crear comisiones… y que parezca que hay vitalidad, y hasta que haya quienes hablen de “primavera” …

¿Qué pasó con la reforma de la Curia? Pues no se escucha ya decir palabra. La comisión logró su objetivo: que nada cambie. ¿Qué está ocurriendo con el diaconado femenino? Nada, tampoco. ¿Por qué debería creer que pasará algo con la Asamblea de América? Que se me perdone… la abundancia de comisiones, para los peronistas, es signo de que no se pretende cambio alguno. Y nada me invita a pensar que un Papa peronista lo pretende.

 

Foto tomada de https://blog.soltekonline.com/4-razones-por-las-que-tu-equipo-no-habla-en-las-reuniones-y-que-debes-hacer-al-respecto/