viernes, 23 de octubre de 2026

Una reflexión partiendo de “Venite ad me” (22 de octubre 2026)

Una reflexión partiendo de “Venite ad me” (22 de octubre 2026)

Eduardo de la Serna

 




El Dicasterio para la Doctrina de la Fe (antes “Congregación”, antes “Sagrada Congregación”, antes “Santo Oficio” y antes “Santa Inquisición”) acaba de publicar un documento: “Venite ad me” (Vengan a mí), presentado como “Consideraciones” y no una “Nota doctrinal (#8). No es demasiado largo, y antes de destacar una reflexión que me suscitó, quiero señalar algunas cosas.

 

“Vengan a mí”

La traducción española (no me he detenido en otras, solo la comparé con la italiana suponiendo que es la original) parece hecha “a las apuradas” o con traducción automática sin revisar. Hay “palabras pegadas”, y – por ejemplo – los numerales 25 y 35 empiezan de modo abrupto (no así en el italiano); en #56 donde el italiano dice “Vengono qui alla mente” la traducción dice “Me vienen…” (sic; obviamente no hay un sujeto expreso que aluda al “me”).

Es llamativa una cierta “ruptura” con la Evangelii Nuntiandi: mientras en esta queda claro desde el principio la centralidad del Reino de Dios (#8) en el anuncio evangelizador, aquí el término sólo se encuentra una vez y al hablar de las parábolas de Jesús; si en E.N. el primer paso de la evangelización es el testimonio (#6), aquí es lo “tercero” (#95). Ciertamente puede ser diferente a aquella, o pensarse que “hoy” es conveniente o razonable otro criterio, pero – al menos, creo – podrían señalarse las razones de las diferencias, y – personalmente – sigo creyendo que aquello es preferible.

Por momentos parece “sobrevolar” una cierta obsecuencia al papa Francisco: se destaca la importancia que él dio a la preparación de la homilía (#114) pero no se destaca que, antes que él, lo mismo hizo el papa Benito XVI (Verbum Domini 59). Y dice que Francisco fue el que señaló que no estamos ante una época de cambios sino ante un cambio de época (#43) pero ya el mismo papa dijo en 2013 al episcopado brasileño que esa idea surgió en Aparecida (D.A. 44). Y, si no recuerdo mal, quien lo dijo en aquella asamblea fue el obispo colombiano Luis Castro.

Hay otros aspectos llamativos que solo señalo: habla de "en estos grupos bíblicos" (#88) pero nunca habló previamente de tales grupos. Menciona los valores "helenístico-semíticos, en los que se formuló originalmente el texto bíblico" (#104) sin que sea evidente cuáles serían los valores "helenísticos" en el texto bíblico (los semíticos son evidente, por cierto). En #32 hace una defensa del bautismo de los niños, debate habitual en ciertos países del Norte, pero innecesario en otros, como en América Latina, por cierto. Hay algunas palabras técnicas en latín sin traducción, lo que no favorece la lectura de “no iniciados” (cf. #138). En #144 dice que “María llevó a Jesús a Isabel”, lo que resulta por lo menos extraño o confuso. Y no parece feliz la construcción del # 118:

(o)tro ejemplo lo constituye el impulso hacia una reforma católica de gran alcance, suscitado por la profunda ruptura eclesial introducida por la Reforma protestante, en la que destacaron figuras como santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola. Esta renovación coincidió con la expansión misionera de la Iglesia hacia tierras recién descubiertas y abiertas al anuncio del Evangelio, lo que contribuyó a darle un nuevo impulso,

No feliz tanto en lo referente a la Reforma como el planteo del supuesto “descubrimiento”.

Finalmente, pareciera que el #116, con su referencia a la importancia de las mujeres en la Iglesia, la pastoral y “ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la comunidad” no toma partido y queda “en el aire” a la espera que “Roma hable” …

Un elemento importante es la insistencia en el kerygma, pero… lo presenta como los fundamentos de la fe (#4), el patrimonio de la fe cristiana (#138), el primer anuncio (#75), y señala que hay características diferentes según el lugar (#83). Pero lo presenta como algo que se debe anunciar. Sin embargo, kerygma viene del verbo kêrussô que significa “anunciar”. No es sensato que se diga “anunciar el anuncio”. ¿De qué anuncio se trata específicamente? El anuncio de Jesús es la llegada inminente del Reino de Dios, por ejemplo. 

En el capítulo final se presentan una serie de “testimonios” que pretenden “ejemplificar” lo presentado en el texto. En lo personal debo confesar que los testimonios no solo “no me movieron ni un pelo” sino que algunos hasta pueden ser “negativos” si se “escarba” un poco (algo diré más adelante)… Lo que sí, y lamentablemente esperado e imaginado, no llama la atención que no haya ninguna referencia ni a testimonios ni a aportes desde Argentina. Conociendo al episcopado, no esperaba que aporten… De hecho, en todo el documento, la única referencia argentina es la mención (que no se entiende demasiado “a qué viene”, salvo que sea porque “Tucho” Fernández es argentino) a “mama Antula” (#143).

 

Una reflexión teológica

Lo primero que me surge a modo de pregunta es si se espera o no que el Papa sea teólogo...

De hecho, mirando los últimos papas, hemos de decir que “teólogo” (realmente “teólogo”) solo Ratzinger lo ha sido. Pio XII y Juan XXIII obtuvieron un doctorado en el Instituto San Apolinar – luego Lateranense (donde también lo obtuvo el conocido cardenal Ottaviani); Juan Pablo I y Juan Pablo II no “descollaron” en el ambiente teológico (sus tesis doctorales sobre Rosmini y Juan de la Cruz sólo trascendieron a partir de su pontificado). Quizás en la misma línea sugerida por el cardenal Samoré para la elección de los obispos, tanto Pio XII, como Pablo VI y León XIV tenían su doctorado en derecho canónico. Y Francisco no tenía doctorado alguno. Y vuelvo a la pregunta, ¿se espera que el papa sea teólogo? En lo personal creo que el único papa realmente teólogo, Benito XVI, fue un “papa fallido”, lo que me invita a pensar que ser teólogo no es una conditio sine qua non para que lo sea.

Precisamente, para eso existe – en la curia vaticana – el Dicasterio para la Doctrina de la Fe… Claro que…

El eminente teólogo moralista alemán Bernhard Häring (perito en el Concilio Vaticano II, uno de los artífices de la Gaudium et Spes, ¡nada menos!) fue convocado más de una vez a “someterse” al tribunal de la Santa Inquisición, aunque entonces se la llamara “Sagrada Congregación” … Así lo narran:

En una carta de fecha 5 de febrero de 1976, enviada al prefecto del ex Santo Oficio, el cardenal Franjo Seper, en la que el teólogo responde minuciosamente a todas las acusaciones de herejía en el campo de la moral, que según ellos estaba difundiendo en libros y conferencias a través del mundo, concluye: "Eminencia, ahí van mis respuestas. Espero que sean claras. Y espero que usted pueda comprender también mis sentimientos. Durante la II Guerra Mundial tuve que comparecer cuatro veces ante un tribunal militar. Dos de ellas era cuestión de vida o muerte. Pero en aquel momento me sentía honrado, porque la acusación procedía de los enemigos de Dios. Y, además, las acusaciones eran exactas, porque yo nunca me sometí a aquel régimen. Pero ahora, de forma tremendamente humillante, me veo acusado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Las acusaciones son falsas y, por si fuera poco, provienen de un órgano de gobierno de la Iglesia, a la que he servido toda mi vida con todas mis energías y honradez, y espero poder seguir haciéndolo en el futuro, mientras me quede vida". Y añade una frase heladora: "Pero, sin embargo, aunque mi fe sigue sin vacilar, preferiría encontrarme otra vez ante un tribunal de Hitler". (Juan Arias, El País 16 abril 1989 “Prefiero los tribunales de Hitler”)

No hace falta mencionar la enorme cantidad de teólogos que fueron censurados, interrogados, ¡y maltratados!, especialmente en tiempos de “san” Juan Pablo II, particularmente por uno de sus brazos derechos, Joseph Ratzinger.

Sin duda hay que destacar el cambio abrupto en ese sentido provocado por Francisco, y también el cambio que significó para el pensamiento teológico la actitud del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, aunque, lamentablemente, y la experiencia y la historia invitan a ser cautos, nada impide que en tiempos futuros “todo vuelva al a normalidad”. De hecho, no llama la atención que haya grupos tradicionalistas (esos que pretenden erigirse como la verdadera y única iglesia; esos que proliferaron durante los pontificados de Juan Pablo II y Benito XVI, hemos de reconocerlo) y reclaman “más doctrina” (lo que no es la Venite ad me, ¡afirman!). “Doctrina” se remonta etimológicamente a “doctor”; el tema está en de qué “doctorado” hablamos... pero sobre esto volveremos.

El problema radica cuando (por poseer una paupérrima teología) los obispos (papa incluido) se creen poseedores del Espíritu Santo y, por lo tanto, no necesitan ni recurren a ayuda externa. Ya lo señalaba el nuncio Pio Laghi al evaluar su paso por la Argentina refiriéndose a los obispos argentinos:

“[…] un defecto que se nota en las reuniones de la asamblea general y en el trabajo de las comisiones en general es que no se hace recurso de forma sistemática a la colaboración y asistencia de «peritos». Los obispos parecen celosos de sus competencias; algunas veces se pierden en largas discusiones sobre argumentos de menor relevancia y no encuentran luego el tiempo para examinar «collegialiter» los problemas de fondo” (Informe de Nuncio Apostólico Pío Laghi al Secretario de Estado, Agostino Casaroli, Buenos Aires, 2 de enero de 1981, Prot. 4/81, «Relación final sobre la actividad de la Nunciatura Apostólica»).

Ciertamente, los obispos no tuvieron más remedio que recurrir a peritos cuando fue el escándalo de la Biblia Latinoamericana (fogoneado desde la revista Gente por “Chiche” Gelblum, como se sabe; y que tanto dolor y persecución provocó), pero, aunque estos [y la comisión fue presidida por Miguel Barriola, ¡nada menos!] dijeron que en la traducción no había objeciones, no faltaron aquellos que, de todos modos, la prohibieron en sus diócesis y alguno hasta propuso que los que la tuvieran la destruyeran…

Pero no parece que nada haya cambiado; la Curia Romana tiene Dicasterios, pero no así la Conferencia Episcopal Argentina – si tiene grupos de consulta, diálogo, debate y reflexión, pues ¡no trascienden!, – y, ¡por supuesto!, mucho menos lo tiene cada obispo particular en su diócesis. Los obispos “parecen celosos de sus competencias” …

Esto recuerda fácilmente la actitud ante la traducción “definitiva” de la Vulgata luego del Concilio de Trento en la que el Papa Sixto V se adjudicó conocimientos “guiado por el Espíritu Santo” provocando cambios y falsificaciones “según su criterio” del texto bíblico en pleno conflicto de la Reforma. Esto provoca el consejo de Roberto Bellarmino a su sucesor Gregorio XIV de que la única solución era mentir diciendo que Sixto V (que murió súbitamente) quiso enmendar el error cuando lo descubrió y no llegó a hacerlo (Sixto había amenazado con la Inquisición a quien discutiera su traducción a la que consideraba “definitiva” e “inmodificable”).

¡Doctores eran los de antes! (aunque no hay que olvidar que Bellarmino [1542 - 1621], santo y doctor de la Iglesia, en sus Controversias, defiende la necesidad de matar herejes y la obligación del Estado de quemar sus libros y quitar la libertad de creer) …

Espiritualidad

En lo personal – y con los límites del caso – creo que más que cuestión de “teología” (y doctorado) es cuestión de “espiritualidad” (evitando toda recaída – tan habitual en nuestros días – en el neo-platonismo, por cierto). Entiendo lo indispensable de una “mística de ojos abiertos”, atenta, también, a otras místicas no necesariamente “de casa” (¿se pueden ignorar, y solo a modo de ejemplo, a Etty Hillesum y Simone Weil, en nuestros días, aunque no confiesen explícitamente la “fe católica”?). Ciertamente es imprescindible un buen discernimiento. En tiempos de individualismo y “sentimentalismo” (o, peor / mejor, desbordes afectivos) se debe evitar la “recepción” de algo “porque me gusta”. Y ese es mi alerta con los testimonios finales de las Consideraciones de Venite ad me… Lamentablemente tenemos mucha experiencia de mucha movilización y proliferación de grupos espiritualistas, intimistas, individualistas y nada encarnados, nada comprometidos en la transformación de la realidad de la que se “evaden” eucarísticamente, o en el “Santo Rosario” … Parece sensato reconocer la enorme capacidad de movilización que tienen muchos de estos grupos que llenan plazas, estadios, o Jornadas Mundiales de la Juventud…

No está de más preguntarnos, ante estas “espiritualidades” (con tufillo neo-platónico, insisto) si no hay una búsqueda de seguridades, algo habitual en los ambientes tradicionalistas que dan la firme garantía de la inmutabilidad porque “siempre se hizo así”; y cuando hablo de “búsqueda de seguridades” me parece que entramos en el terreno de la idolatría, ¡sencillamente! Cuando hablo de la urgencia de “espiritualidad” en pastores (curas, obispos, papas…) me refiero a la ya obvia urgencia de tener un oído en el pueblo y el otro oído en el Evangelio. Biblia y realidad – realidad y Biblia.

Un ejemplo

Es evidente que los modos de celebrar la liturgia hoy no son los mismos que en el pre-Concilio. La solemnidad, el fasto, la distancia de ayer ha dado lugar a otra cercanía, sencillez… Y no se puede ignorar que hay quienes añoran aquellos “bellos” tiempos. Solemnes.

En la Venite ad me se recuerda un interesante testimonio de Romano Guardini (#93). Ciertamente, si Guardini hubiera participado de una celebración de la Semana Santa en nuestros barrios del Conurbano bonaerense no habría tenido la misma sensación. Me recuerda – también – el maravilloso testimonio de Simone Weil:

Cuando leo el catecismo del concilio de Trento, me da la impresión de que no tengo nada en común con la religión que en él se expone. Cuando leo el Nuevo Testamento, los místicos, la liturgia, cuando veo celebrar la misa, siento con alguna forma de certeza que esa fe es la mía o, más exactamente, que sería la mía sin la distancia que entre ella y yo pone mi imperfección. (Simone Weil, Carta a un religioso, 1942).

Y, partiendo de esto quiero finalizar con una referencia bíblica:

Todo judío del siglo I recordaba, celebraba, añoraba las celebraciones en el Templo de Jerusalén (destruido por los romanos en el año 70). Incienso, vestiduras fastuosas, rituales interminables, más incienso, sacrificios y sangre, más fasto, ritmos y cantos, fuego, más incienso, multitudes de sacerdotes y – especialmente en el día-de-todos-los-días, ¡el Sumo Sacerdote!, y su entrada más que solemne en el Sancta Sanctorum…  Es de imaginar que los cristianos que provinieran del ambiente judío vieran de un modo muy contrastante ambas celebraciones: el Yom Kippur por un lado, y la mesa sencilla de pan y vino compartidos por el otro; las procesiones, el templo y las postraciones por un lado, y recostados a la mesa común por el otro; las jerarquías (¡y el género!) bien señaladas, celebradas y canonizadas por un lado, y el discipulado de iguales por el otro… Y no es de extrañar que muchos añoraran las solemnidades, el “antes era mejor”, lo solemne es más “religioso”, aquello es “como Dios quiere” … y en ese contexto, un autor escribe (o, más bien, predica, y luego se trascribe) la carta a los Hebreos. El autor “espiritualiza” (algo que debe entenderse claramente, para no hacerle decir a Hebreos lo que no dice) y presenta un nuevo Templo, un nuevo Sacerdocio, un nuevo Sacrificio, un nuevo culto… Nuevo y de una vez para siempre… Ciertamente, es posible que no haya conformado a muchos. ¡Nostálgicos siempre hay! Pero buscó dar una respuesta a una nueva propuesta, el cristianismo, en la que no había nada de todo eso. No está de más, en nuestro tiempo, siempre recordando que se trata de una lectura espiritual, alegórica, releer Hebreos para que el “Vengan a mi” no signifique una “vuelta atrás” (nada de esto se puede concluir de las Consideraciones, por cierto, pero “nunca falta alguien que sobra”, al decir de Miguelito, el amigo de Mafalda).

Finalmente, creo que se trata de profundizar, pensar, debatir, investigar, leer, estudiar… y, además, empezando por la Biblia, es decir, ¡nada de lo que tantos están habituados a hacer en este “cambio de época”.

 

Imagen creada con IA

Jugo de limón (20 de octubre 2026)

La salud y la enfermedad




jueves, 22 de octubre de 2026

Un problema con ángeles y demonios

Un problema con ángeles y demonios

Eduardo de la Serna



Para ser precisos, ciertamente una cuestión es lo que la Biblia, por ejemplo, afirma sobre un tema cualquiera, y otro muy diferente, en ocasiones, es lo que nosotros entendemos, pensamos e imaginamos sobre ese tema. Y el problema radica cuando “proyectamos” nuestra imaginación “hacia atrás”; es decir, entendemos que la Biblia dice lo que previamente nosotros hemos imaginado. Se trataría de un “anacronismo” (ana, en griego es “por encima”, cronos es tiempo; algo que está por encima del tiempo).

Con frecuencia, por ejemplo, atribuimos lo bueno o malo que ocurre a nuestro alrededor a demonios o ángeles (obviamente, responsabilizando a los primeros de lo malo y a los segundos de lo bueno que nos ocurre).

Pero empecemos por la Biblia. De ciertas figuras espirituales que nos rodean y de alguna manera afectan nuestro entorno, empieza a hablarse muy tardíamente en el Antiguo Testamento. Evidentemente lo bueno y lo malo eran experimentados desde siempre, pero, por ejemplo, en ocasiones eso era atribuido a otras divinidades a las que se consideraba existentes. Entonces, por ejemplo, yo podía hacer una ofrenda a la divinidad “X” y eso podía provocar los celos de la divinidad “Z” que, entonces, celosa, me perjudicaba por no haberla beneficiado a ella… Entre el mundo celestial y el mundo humano había una comunicación cotidiana, y lo que ocurría en uno de ellos era, inmediatamente, replicado en la otra. Así, por ejemplo, si el ejército de la nación “Tal” era derrotado por la nación “Cual”, eso era indicio de que, en “los cielos”, los dioses de estos habían vencido a los dioses de aquellos. Todo era fácilmente explicable y comprensible en el lenguaje de los mitos.

Pero, especialmente a partir del contacto con los persas, en Israel las cosas empezaron a cambiar. Estos tenían una religión “dualista”, gestada a partir de Zoroastro (Zaratustra) en la que el mundo se concibe como la eterna lucha entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la luz y las tinieblas. Esto fue, paulatinamente recibido en Israel después de haber sido 200 años vasallos de los persas (537 – 332 a.C.). Así empezaron a hablar de “seres espirituales” benéficos o maléficos que eran “mensajeros” de Dios. Así los seres humanos eran incitados por estos a obrar lo bueno o a lo malo… En su origen, la palabra griega “ángel” significa, en griego, “mensajero” y, por supuesto los hay de los más diversos. Jacob manda “mensajeros” preparando el encuentro con Esaú, hay mensajeros de los filisteos, etc. En todos estos casos, evidentemente, la Biblia griega dice “ángeles” pero se trata sencillamente de personas. La palabra griega “daimon”, en cambio, es más ambigua, e incluso en ocasiones puede referir a la iniciativa divina, pero, en general, se refiere a cosas negativas como pueden ser fieras, chivos o hasta los dioses extranjeros…

Entrando en el Nuevo Testamento la cosa es más evidente y se asemeja más a lo que nosotros conocemos: ambos son seres espirituales y, obviamente, los ángeles son benéficos y los demonios maléficos para la persona humana. Eso no impide que todavía haya elementos propios de los mitos o propios de los géneros literarios más dualistas que establecen una relación muy estrecha entre lo espiritual y lo corporal (aunque ahora, además, también influido por el dualismo griego, ya no solamente el persa). Eso no impide que existan todavía lenguajes que podrían confundirnos. Por ejemplo, de Juan el Bautista se dice que es el “mensajero” que viene antes que Jesús y, por supuesto, el griego dice “ángel” (Mt 11,10) y nadie pensaría que se trata de un ser espiritual; y cuando critican a Pablo lo acusan de ser “propagandista de divinidades extranjeras” y en griego dice “daimoníôn” (Hch 17,18).

Señalemos, entonces, para sintetizar, que ambos seres espirituales invitan, “provocan”, incitan al bien o al mal según el sujeto, pero no reemplazan nuestra responsabilidad. Evidentemente somos nosotros quienes obramos el bien o el mal, en todo caso, incentivados, alentados por los seres espirituales en cuestión. En ocasiones, hablar de estos seres espirituales (especialmente en el caso de los demonios), suele ser una excusa para aliviar nuestra “culpa” o nuestra responsabilidad al obrar de un modo negativo. Ángeles o demonios podrán tentar, invitar, pero jamás reemplazan nuestro obrar; pueden invitarnos a la realización de obras buenas o malas, pero jamás reemplazar o violar  nuestra responsabilidad en la realización u omisión de lo bueno o lo malo.

Vayamos a lo fundamental: ¡Dios! Dios no puede violar nuestra libertad, nuestra responsabilidad. Dios invita, “sopla”, seduce, pero somos los seres humanos los que responderemos positivamente a esa invitación de Dios o no. Y, seamos sensatos, resultaría muy extraño que Dios “no pueda entrar en nuestra libertad” pero que los demonios sí lo lograran y "saltaran" esa libertad haciéndonos hacer lo que en realidad no queríamos… Esos demonios más fuertes que Dios no solamente son ajenos a la Biblia, sino que, además, no parecen demasiado coherentes con lo que Jesús viene a traer, un Evangelio, una Buena Noticia. Peor noticia que un demonio más fuerte que Dios ¡no se consigue! No es ese el Dios de Jesús, ¡ciertamente!

 

Imagen tomada de https://www.turoseuvella.cat/es/QR_TOUR/14

(nota: buscando una imagen para ilustrar esta nota ¡es increible la cantidad de imágenes idiotas o perversas que se encuentran!)

martes, 20 de octubre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 30º "A"

El amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos

DOMINGO TRIGÉSIMO - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Éxodo     22, 20-26

Resumen: Una serie de normas legales de Israel se orientan hacia el accionar ante los desprotegidos (forasteros, huérfanos, viudas, pobres) resaltando que Dios toma partida por ellos y actúa movido por la compasión ante su dolor.


Siendo que la primera lectura se escoge en función del Evangelio, no es evidente – en este caso – la razón de la elección. El texto es un fragmento menor dentro de una serie de normas legales relativas a la convivencia (20,22 – 24,33; el texto comienza con “Yahvé dijo a Moisés” y recién vuelve a repetirse en 24,1). Entre ellos hay muy diversos mandamientos, tanto normativos (“no harás…”) como casuísticos (“si hicieras…”). De ambos casos encontramos en el texto litúrgico de hoy: “no maltratarás”, “no harás daño” y “si prestas”, “si tomas”… El segundo y el cuarto mandato suponen una reacción de Dios ante el hecho motivada por el “clamor” (vv.22.26). Lo común en los cuatro mandatos refiere a la actitud frente al débil o al pobre: forastero, viuda-huérfano, pobre.

El primer texto alude al forastero en un característico contraste: “ustedes fueron forasteros en Egipto” (v.10; cf. 23,29; Lev 19,34; Dt 10,19); supieron allí lo que fue el maltrato, por lo que no han de maltratar a los emigrantes. El dolor causado por el faraón, motivo – y aquí está supuesto – el “clamor” del pueblo que motivó la acción liberadora de Dios.

La norma prohíbe, a continuación, “oprimir” a la viuda y al huérfano que son paradigma de pobres por desprotección en Israel. “Oprimido” fue el pueblo en Egipto (Ex 1,11). Y el grito de los oprimidos (¡clamor!) llega a los oídos del Dios compasivo de Israel (Ex 2,23; 3,7.9). Y Dios dará a los opresores lo mismo que ellos producen (“ojo por ojo”, cf. Ex 21,24; Lev 24,20; Dt 21,19), sus mujeres quedarán “viudas” y sus hijos “huérfanos”.

El préstamo a usura está seriamente condenado en el seno de Israel (= “prójimos”; no así a los extranjeros, Dt 23,21). El préstamo al “hermano” ha de ser simplemente préstamo, no negocio. Del mismo modo, una “prenda”, un objeto tomado en garantía, no puede ser lo que el “prójimo” precisa para vivir. El manto del pobre es lo único que posee, por lo que le ha de ser devuelto. Si no, ¿dónde dormirán los pobres? Las necesidades de los hermanos, los pobres, están por encima del derecho del prestamista. Y Dios oficia de “garante”. El frío nocturno provocará un nuevo “clamor” que conmueve al “Dios compasivo”. Es propio de Israel reconocer esa característica de Dios: la compasión (Ex 34,6; 2 Cro 30,9; Neh 9,17.31; Sal 86,15; 103,8, 111,4, 112,4; 116,5; 145,8; Joel 2,13; Jon 4,2). Y esta compasión lleva a Dios a actuar ante el sufrimiento del necesitado, ante su clamor, siempre en su favor y confrontando con los causantes del mismo. Dios no es indiferente, y el obrar de Israel ante el prójimo, particularmente los desprotegidos, debe ser en la misma sintonía.


Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     1, 5c-10

Resumen: El paso de Pablo por Tesalonica, y sus sufrimientos han dado ejemplo a los destinatarios, y la propia tribulación de estos ha servido de ejemplo a los pueblos vecinos. Ejemplo de su aceptación del Dios de Israel que ha enviado a su Hijo, que ha resucitado y que volverá para la salvación.

Pablo continúa la acción de gracias que había comenzado la semana pasada. Allí se introducen brevemente elementos que se desarrollarán extensamente en el cuerpo de la carta. Puesto que se trata de una continuidad, se recomienda volver al texto anterior para ver la relación.

Como señalará en la carta, Pablo remarca cosas que los tesalonicenses “saben” (1,5; 2,1.2.5.11; 3,3.4; 4,2; 5,2). Con excepción del último texto, todos los “saben” aluden a cosas que remiten al paso de Pablo por Tesalónica (el último a la predicación que de él han escuchado). A ese conocimiento refiere Pablo, al conocimiento de la experiencia. Esta experiencia, tanto en cuanto a Pablo cuanto a la posterior recepción está estrechamente ligada a las “tribulaciones” o “dificultades”. Ese es el “ejemplo” que han imitado, y – como Pablo – da testimonio a las demás comunidades de Grecia. 

La fe que tienen, y por la que Pablo ha dado gracias es – a su vez – impulso para el surgimiento o crecimiento de la fe de otras comunidades. Sin embargo, es interesante que en su primer escrito podemos afirmar que Pablo es más teo-lógico que cristo-lógico, cosa que se desarrollará más claramente en los siguientes escritos. Se ha dicho a veces, y creemos que no es exacto, que el “kerigma” (primer mensaje) de Pablo refiere a la muerte y resurrección de Cristo (cf. 1 Cor 15,3-4), sin tener en cuenta – como en todas las cartas – el contexto en el que Pablo afirma esto. En el texto que comentamos, Pablo alude a otro aspecto que, sin duda, ha de haber sido anterior al anuncio de Cristo: el abandono de los ídolos (si Pablo predica a paganos, sin duda el monoteísmo parece anterior y prioritario al anuncio de la muerte-resurrección “según las escrituras”, dirigido a politeístas que, además, no aceptaban las escrituras) “para servir a Dios vivo y verdadero” (v.9). Una vez aceptado el Dios único sí cabe “esperar” a su hijo que ha “de venir”, ya que “lo resucitó” y “nos salva”. Se ha dicho – aunque puede discutirse, o al menos relativizarse – que Pablo no tiene en cuenta el “Jesús histórico” sino al Cristo de la fe. Es cierto que Pablo no hace mucha alusión al Jesús de la historia, pero en algunos párrafos lo destaca, y pareciera, además, que la referencia a la muerte y la resurrección han de tenerse como una alusión a su vida aunque concentrada para destacar lo escatológico, pero no como un desentenderse de esto. 

La mención a la Venida merece un párrafo aparte. Pablo alude a esto especialmente en sus primeras cartas (1 Tesalonicenses y 1 Corintios; el término parousía alude a la venida de Cristo en 1 Tes 2,19; 3,13; 4,15; 5,23 y en 1 Cor 15,23, pero en adelante aludirá a la visita de alguna persona o incluso de Pablo mismo: 1 Cor 16,17; 2 Cor 7,6.7; 10,10; Fil 1,26; 2,12). Sin duda el entusiasmo y consagración misionero de Pablo se encuentra reforzado por la expectativa en una venida inminente de Jesús.

  
+ Evangelio según san Mateo     22, 34-40

Resumen: Un fariseo quiere poner a prueba a Jesús preguntándole sobre el mandamiento mayor. El amor a Dios y al prójimo sostienen todas las Escrituras 


En el Evangelio de Marcos el tercer diálogo que se le presenta a Jesús al llegar a Jerusalén es con un escriba; se trata además, en este caso, simplemente de una pregunta sin intencionalidad polémica. En cambio Mateo, como es propio de su teología, señala que el interrogador proviene de uno de entre los fariseos que se habían reunido “en grupo”. La pregunta, se destaca expresamente, es “tentándolo”. No es evidente cuál sería la “tentación” ya que la pregunta es normal y hasta razonable. Siendo que los judíos tienen un número muy grande de mandamientos [613], tratar de saber cuál es el “más grande” (megalê) de la Ley es comprensible. El texto de Mateo reduce ligeramente el de Marcos donde el mandamiento (con una ligera modificación, que Mateo mantiene: se agrega “toda tu mente”) es más extenso, tomado de Deuteronomio 6,5. La pregunta de Marcos por “el primero” no parece que sea sustancialmente diferente de la pregunta por el “mayor” (por eso en la respuesta Jesús afirma que es “el mayor y el primero”, v.38). De hecho Jesús alude luego al "segundo” (en Mt y en Mc) aunque Mateo destaca que “es semejante”, reforzando el paralelismo que Marcos solo señalaba al ponerlos juntos. 

La unión de ambos textos bíblicos (Dt 6,5 y Lev 19,18.34), del amor a Dios y al prójimo, no es algo exclusivo del Nuevo Testamento:

“Guarden la ley de Dios, hijos míos, y consigan la sencillez; caminen sin malicia, no indagando indiscretamente en los mandamientos de Dios ni en las acciones del prójimo. Amen, por el contrario, al Señor y al prójimo y tengan compasión del pobre y del débil” (Testamento de Isacar 5,1-2).
“Amé al Señor con todas mis fuerzas, e igualmente a los hombres como a mis hijos”. (Test. Isacar 7,6)
“Guarden, pues, hijos míos, los mandamientos del Señor y observen su ley (…) Amen al Señor durante toda su vida, y unos a otros con un corazón verdadero” (Testamento de Dan 51-4).

Sin embargo, la novedad que trae Jesús viene dada por la comprensión del “prójimo”. Para el mundo judío – en la tradición de máxima – “prójimo” es todo judío; o solamente los “buenos judíos” (en los grupos más estrictos, como por ejemplo los manuscritos del Mar Muerto donde se habla de “odiar” al que no es “hijo de la luz”; a esto alude Mt 5,43). 

“…amar a todos los hijos de la luz, cada uno según su lote en el plan de Dios, y odiar a todos los hijos de las tinieblas, cada uno según su culpa en la venganza de Dios” (Regla de la comunidad, 1QS 1,9-10)
“Y estas son las disposiciones de conducta para el Instructor en estos tiempos, sobre el amor y su odio. Odio eterno con los hombres de la fosa…” (Regla de la comunidad, 1QS 9,21-22)

En cambio, en el Evangelio, "prójimo" incluye al enemigo (5,43-48).

Señalando algo que ya sabemos desde el Sermón de la montaña, donde Jesús destaca que ha venido “a dar cumplimiento” a “la Ley y los Profetas” (5,17), y que hacer a los demás “cuanto quieren que los hombres les hagan”, eso “es la Ley y los Profetas” (7,12). Ambos aspectos aluden sin duda al “amor”, que es su “cumplimiento” (7,13), la “justicia mayor” (7,20), “ser perfectos” (7,48) como se venía insinuando (5,43-46; 6,24); en 19,19 pareciera que el amor al prójimo resume todos los mandamientos. Así lo afirma la carta de Santiago (cercana ideológicamente al Evangelio de Mateo): «Por lo tanto si ustedes cumplen la ley del reino, según lo escrito: amarás a tu prójimo como a ti mismo, procederán bien» (2:8); Pablo destaca que el amor es la ley en plenitud (cf. Rom 13,8.10; Gal 5,14). La Ley y los Profetas – es sabido – es el modo en el que los judíos refieren a la misma Biblia [hoy suelen hablar de la “TaNaJ” que son las letras de Torá – Ley -, Nebiîm – Profetas – y Jetubim – los demás escritos]. Toda la Biblia, entonces, está “colgada” de estos dos mandamientos [extrañamente, el verbo “colgar” (kremánnumi) se utiliza con frecuencia para los “colgados” de un madero, o crucificados: cf. Gen 40,19; Dt 21,22; Jos 8,29; 10,26; Lc 23,39; Hch 5,30; 10,39; Gal 3,13].


Video con comentario al Evangelio en



lunes, 19 de octubre de 2026

Comentario al Evangelio del domingo 30º A

Comentario al Evangelio del domingo 30º A



o también en

https://youtu.be/XeiJJHAuXxY

Eduardo

Otras herejías que no son condenadas (segunda parte)

Otras herejías que no son condenadas (segunda parte)

Eduardo de la Serna



Hicimos referencia a dos actitudes que son auténticas herejías en la Iglesia contemporánea, la eclesiolatría y la papolatría. Pretendo, ahora, brevemente, señalar otras dos que me parece detectar, y que me permiten una nueva conclusión.

Fue sabido el intento de sectores tradicionalistas de que la Iglesia proclamara un nuevo dogma mariano: María Corredentora. Esto motivó un muy buen escrito del Dicasterio para la doctrina de la fe (4 de noviembre 2025) sobre el tema, Mater Populi Fidelis luego que “numerosas consultas y propuestas (llegaran) a la Santa Sede en las últimas décadas”. Este documento motivó airadas respuestas, comentarios y críticas de los sectores conservadores; por ejemplo, el Seminario de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (mons. Lefebvre anunció la compra de los terrenos en 1980 y ordena a los primeros “sacerdotes” en 1985), en La Reja, provincia de Buenos Aires, tiene ese nombre: “Nuestra Señora Corredentora”. Abanderados de las causas tradicionales y de clara oposición al pontificado de Francisco y todo lo que ello implicara (como la declaración vaticana, sostienen) los cardenales L. Burke y G. Müller participaron en el instituto Augustinianum (Roma) los pasados 7 y 8 de octubre de un congreso que asume la frase atribuida a san Bernardo: “De Maria numquam satis” (de María nunca se dice bastante). Resulta sumamente significativo que este congreso se haya realizado en un Instituto Teológico (dedicado particularmente a estudiar a los Santos Padres) de la orden de San Agustín, a la que pertenece el papa León. La mariolatría no parece ajena a este congreso.

Y no me parece que deba dejarse de lado también otro elemento, una deformación en la celebración eucarística que se sumerge, creo, también en la idolatría. Cuando se pasa de “la Cena del Señor”, la mesa, el pan partido al “Santo Sacrificio de la Misa”, a procesiones eucarísticas y custodias magníficas, parece que entramos en un terreno complicado. Ciertamente creemos que en la Eucaristía está presente Jesucristo, pero no es menos cierto que cuando el individualismo (Jesús y yo, “adorote devote”), es algo ajeno y lejano, algo para adorar y no para “masticar”, para admirar y no para comer, algo donde hay un “yo” y no un “nosotros” (salvo que hay una multitud de “yoes”) no se parece a lo que Jesús hizo y celebró. No hay un “pan partido”, no hay una mesa, hay una “hostia” encerrada, protegida (custodiada), lejana… Esto no es diferente con casos que hemos conocido de “curas sanadores” (sic) que “pasean con el Santísimo Sacramento” por el templo acercándolo a los enfermos para obtener la sanación… No es este el pan en el que Jesús eligió permanecer en medio de sus amigos para alimentarlos. Creer que por recibir los sacramentos (bautismo y eucaristía, en este caso) “estamos salvados”, se parece bastante a la idolatría: “el que crea estar de pie, mire no caer”, “no se hagan idólatras… comieron, bebieron… ¡huyan de la idolatría!” (1 Cor 9,7.12.14).

Me inspira estas páginas una frase del eminente biblista alemán del siglo XX Gerhard von Rad (1901-1971, que inspiró, a su vez, la tesis doctoral de José Luis Sicre sobre la idolatría en los profetas): “No hay una sola verdad de fe que no podamos manipular idolátricamente”. A modo de paréntesis, Sicre, en nota, pone serios ejemplos de papolatría (Introducción al profetismo bíblico, Estella (Navarra) 2011, 390 nota 17). Lo dice – además – claramente von Rad: “Sería, en efecto, muy ingenuo (naiv) creer que solo el pagano es susceptible a esto, pues también el cristiano se encuentra constantemente expuesto al peligro de caer en la creencia en mitos y en la idolatría” [Gottes Wirken in Israel: Vorträge zum Alten Testament, Neukirchen-Vluyn: Neukirchener Verlag, Neukirchen-Vluyn, 1974, 160-161; conferencia dictada originalmente en 1958].

No estoy discutiendo – evidentemente – ni a la Iglesia, ni a la Virgen María, ni a la Eucaristía, ni a Pedro (como se ejerce el papado ya es otra cosa) sino a la manipulación que de ellos puede hacerse y de hecho se hace.

Señalo estos elementos porque tengo la sensación que elementos bastante “propios” de la Iglesia católica (la Iglesia, el Papa, la Eucaristía, la Virgen) pueden – ¡y de hecho son! – “manipulados idolátricamente”, pero pareciera que como “son nuestros” no molestan tanto. No se ve el dedo acusador de algunos cardenales o teólogos de oficina señalando herejes o proponiendo condenas… y, deberíamos reconocerlo, así como en ocasiones le hacemos decir (o hacer) a Dios cosas que ni dice ni hace (y deberíamos aprender a “dejar a Dios ser Dios”), o hacerle decir a la Biblia lo que no dice (¡tan frecuente! ¡Tanto!), también deberíamos saber que el “numcuam satis”, que aplican a la Virgen María, y podemos decir también de la Eucaristía, o los elogios al papado o a la Iglesia sólo aplican si nos movemos en la dirección correcta. Elevar a la Virgen María a la altura de Dios sería “numcuam satis” y sería aberrante. Es importante pensar y seguir pensando el papado (urgente y necesario), el lugar importantísimo que la Eucaristía debe ocupar en la comunidad eclesial, el rol de discípula de María Virgen, de quien nunca se dirá lo suficiente como discípula ejemplar, modelo para todas y todos los cristianos, y una Iglesia servidora, samaritana y hermana de todas y todos. Dejarlos ser lo que son y debieran ser, sería el mejor acto de amor por ellos, y el amor “numcuam satis”.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/anecdotashistoricas/posts/margarita-porete-o-marguerite-porrette-o-la-porette-condenada-a-la-hoguera-en-13/1177702251038417/

domingo, 18 de octubre de 2026

Animarnos a amar como Dios / Jesús… ¡Nada menos!

Animarnos a amar como Dios / Jesús… ¡Nada menos!

Eduardo de la Serna



La Biblia, que no suele “andar con chiquitas”, nos pone un desafío mayúsculo, ¡el amor! Y, para darle entidad, nos invita a “amar como Dios”, o “como Jesús nos amó”. ¿No es excesivo? ¿Quién puede amar como Dios? ¿Quién puede amar como Jesús? En estos párrafos pretendo “recoger el guante” e intentar mirar ambos aspectos con la intención de entender qué nos dice el profeta y qué el evangelista.

«ve y ama… como ama Yahvé…» (Oseas 3,1)

El texto se encuentra en la sección narrativa del profeta, probablemente uno de los párrafos de mayor ternura de todo el Antiguo Testamento.

Veamos el contexto (omitimos algunos temas debatidos que no hacen a la intención de esta página). Oseas toma por mujer a Gómer (1,3) que se dedica a la prostitución (¿sagrada?) y engendran un hijo al que pondrán el nombre Yizreel (1,4). La motivación de este nombre – una región de llanura (Jue 6,33), donde hay una fuente (1 Sam 29,1) pero está ligada al derramamiento de sangre: fue allí que la reina Jezabel tiene un palacio (1 Re 18,45-46) y asesina a Nabot con la finalidad de apropiarse de su viña para su marido, el rey Acaz (1 Re 21,1) y allí el general Jehú – luego rey de Israel – provoca una increíble masacre, comenzando por Jezabel, y toda la corte y sacerdotes (2 Re 9,30.36; 10,6.7.11). El hijo del profeta recibe ese nombre porque “dentro de poco visitaré yo la casa de Jehú por la sangre derramada en Yizreel, y pondré fin al reinado de la casa de Israel. Aquel día romperé el arco de Israel en el valle de Yizreel” (Os 1,4-5).

Gómer tiene todavía dos hijos más (¿con Oseas?, no se dice); la primera es una hija a la que pone el nombre de Lo’-ruhamah [no-compadecida] “porque ya no me compadeceré [raham] de la casa de Israel ni los perdonaré” (1,6). El término raham alude al seno (materno), y de allí a la ternura, la compasión, la misericordia, el amor, y puede traducirse con cualquiera de estas variantes (ver Os 14,4 referido al huérfano); en Oseas 9,14 refiere al seno abortivo. Lo cierto es que el nombre de la hija refiere a que Dios “ya no” lo tendrá por Israel como lo tuvo desde el origen (Ex 33,19; Dt 13,8; 30,3). El siguiente hijo recibe por nombre Lo’-ami “ [no-mi-pueblo] porque ustedes no son mi pueblo [‘am] ni yo soy el que estoy con ustedes” (1,9). Nuevamente nos remite al comienzo, al mismo nombre “Yahvé” (yo soy el que estoy [con ustedes]); Dios da por terminado lo que empezó en el Sinaí.

Sin embargo, sin explicación, irrumpe una nota de esperanza: los dos pueblos se reunirán, y “no mi pueblo” se llamará “hijos de Dios vivo” (2,1), será “grande el día de Yizreel” y digan a sus hermanos “mi pueblo [‘ami] y a sus hermanas “compadecida” [ruhamah] (2,3). Aunque, en seguida, parece continuar la misma tesitura crítica a su mujer “pleiteen con su madre (obviamente dirigida a sus hijos) … ella ya no es mi mujer” (2,4). Su objetivo es que “quite las prostituciones”, si no, de sus hijos “no me compadeceré” (2,6). La prostitución remite a los amantes que la alimentan: pan, agua, lana, lino, vino, aceite (referencia a los dioses de la fecundidad, como Baal, propios de Canaan; 2,7). Pero lo que hará Yahvé es impedirle ir con ellos (vallas, barreras) con la finalidad de que diga “voy a volver con mi primer marido… me iba mejor que ahora” (2,9). Evidentemente Oseas lee su historia personal (él y Gómer) a la luz de la relación de Yahvé e Israel, y la infidelidad remite a la idolatría de Israel que pretende fecundidad con los dioses paganos:

Ella no había comprendido ella que era yo quien le daba el trigo, el vino y el aceite, ¡la plata y el oro en abundancia y lo empleaban haciéndose un ídolo! Por eso volveré a tomar mi trigo a su tiempo y mi vino a su estación, retiraré mi lana y mi lino que habían de cubrir su desnudez (Os 2,10-11)

Y, para lograr su cometido, el amante la engaña (seducirla) y la lleva al desierto, lugar sin fecundidad, lugar del amor primero… y “allí les daré sus viñas” y “responderá como en su juventud” (2,16-17) y “me llamará esposo [‘ish] mío y no Baal mío” (2,18 [además de la referencia a la divinidad, baal también significa “señor”]). Y el “precio” de este reencuentro de amor será “derecho (tzedaqa), justicia (mishpat), afecto (jesed), cariño (rahamim), fidelidad (‘emun’ah), conocimiento (yada’) de Yahve (2,21-22; señalo los términos hebreos porque todos son importantísimos); eso – ¡nada menos! – es el compromiso de amor de los amantes. La consecuencia de esto:

responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra [es decir, lloverá, ¡fecundidad!]; la tierra responderá al trigo, al vino y al aceite, y ellos responderán a Yizreel. Yo la sembraré para mí en esta tierra, me compadeceré de «No-compadecida», y diré a «No-mi-pueblo»: Tú «Mi pueblo», y él dirá: «¡Mi Dios!» (2,23-25).

Después de este final esplendoroso, el capítulo 3 parece volver atrás. Parece retomar el comienzo con evidente referencia histórica a la relación de Israel y su infidelidad persistente. Pero, y aquí la frase: ¡Así ama Yahve!

El que en su irritación inicial había dicho “ya no”, es un “Dios misericordioso [rahum] y clemente [hanun], tardo a la cólera y rico en amor [jesed] y fidelidad [hemet]” (Ex 34,6; ver Jon 4,2).

Israel está, desde los orígenes hasta los últimos escritos, invitado al derecho y la justicia (mishpat we tzedaqa; aparecen juntas en los textos más diversos casi 50 veces en la Biblia hebrea), pero – es frecuente también – la insistencia en que el pueblo no las ha respetado. Los diferentes autores reaccionan diferentemente, pero Oseas lo presenta en “clave amor”, amor esponsal (en el sentido de los esposos de aquel tiempo, por cierto; no hemos de entenderlo en el sentido contemporáneo). Amor que no supone ignorar las infidelidades, lo que provoca enojo e, incluso, ruptura de las relaciones. Pero ese amor, que se expresa en el perdón, supone también reencuentro, reconciliación, e, incluso, hasta trampa (seducción) con la finalidad de reconquistarla. Ciertamente no como si “acá no ha pasado nada” pero si un reencuentro de “amor y fidelidad” que se expresa – en ese caso, políticamente – en los nombres de los dos hijos últimos. Dios se ha enojado, ha roto con su esposa, con su pueblo… pero el amor que le tiene implica que el “ya no” cambiará y “sucederá aquel día” que “mi pueblo” me dirá “mi Dios” …

 

“ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Juan 15,12)

Después de mostrar a Jesús en su ministerio, el Evangelio de Juan decide presentar un largo discurso de despedida de Jesús con “los suyos” (13,1; ver 13-17). Es un ejemplo para que “hagan como yo hice con ustedes” (13,15), y eso es indicado como “amor” (13,34) que es un amor como el del Padre por Jesús (15,9), que lleva a ambos a ser “uno” (17,11), porque, así como el Padre ama al Hijo así también ama a “los suyos” (17,23), expresado, también, como un “guardar los mandamientos” (15,10) pero un mandamiento que es, precisamente, “amar” como él amó (15,12).

Ciertamente, la pregunta es ¿cómo amó Jesús?, y Juan mismo lo dice: “¡hasta el extremo!” (13,1). Este extremo es, ciertamente “poner la vida”, como el pastor que se “pone” delante del peligro para proteger a sus ovejas (10,11.15) o el amigo que arriesga su vida para defender al suyo (15,13) o Pedro, que, acelerada e impulsivamente, dice que arriesgará su vida por Jesús (cosa que no hace, por cierto, 13,37-38). Este arriesgar la vida, “ponerla” delante del peligro (10,17-18) es razón por la que el Padre ama al Hijo (“por eso”). Ese extremo, ciertamente, lo lleva a la muerte, porque la vida le es arrebatada; él la pone, otros la toman. Ese amor, ese extremo que es servicio, ponerse en el último lugar los unos en bien de los otros (13,4.17). Pero eso provoca vida: “el Padre tiene vida en sí mismo y también le da al hijo tener vida en sí mismo” (5,26). Amor y vida van juntos en Juan: “tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino tenga vida eterna” (3,16).

El amor “como” el de Jesús no es un “cómo” en cantidad, sino en “intensidad”, sin guardarse nada, entregando (“poniendo”) todo, arriesgando incluso la vida en bien de quienes son amados.

El “como”, insistimos, no ha de entenderse “cuánto”, porque parecería imposible: ¿amar como Dios? ¿amar como Jesús? Pero los textos no se detienen en un tema de cantidad y perfección, sino en una propuesta de vida; amor capaz de perdón (insisto, también, no un perdón que ignora o invisibiliza lo ocurrido, sino que se mueve para pretender en los amados un cambio de actitud), amor capaz de no guardarse nada (hasta el extremo) en beneficio de quienes son amados y es capaz de arriesgar todo, precisamente por ellos. De ese amor se trata…


Imagen tomada de https://www.youtube.com/watch?v=eTc_2Ix8O3I