jueves, 12 de febrero de 2026

El “satán” de Job

El “satán” de Job

 Eduardo de la Serna




Para evitar malos entendidos, lo primero que es importante señalar es que, cuando en el libro de Job se habla de “satán” no tenemos que pensar en “el diablo”, “Satanás” o imágenes semejantes.

En segundo lugar, es importante tener en cuenta que el libro de Job no es una “historia” de cosas ocurridas, sino una obra literaria (puede imaginarse como una obra de teatro) que pretende transmitir algo. En ella, se presentan diversos personajes, y “satán” es uno de estos.

Aclarado esto, notemos que el libro de Job es bastante extenso, tiene 42 capítulos y “satán” solamente se encuentra en el capítulo 1 y la primera parte del capítulo 2. El término es hebreo y significa “adversario”, son los que acusan, en ocasiones falsamente (ver 2 Samuel 19,23, “adversario”, o Salmo 109,29, “los que me acusan”; en ambos casos, en hebreo, se usa el término “satán”). Ahora bien, el libro de Job presenta una primera parte narrativa, donde se narran escenas, para después, a partir del capítulo 3 entrar en un largo esquema poético de diálogo de Job con sus amigos para, finalmente, dar entrada a Dios, siempre en el poema. La narración nos ubicará en una situación que llevará a Job a la casi desesperación y el posterior debate poético. Pero por alguna razón Job se encuentra en tal situación, y “satán” es parte fundamental de ello. Veamos.

En los capítulos 1 y 2 nos encontramos a Dios con su corte. Dios está muy conforme con la religiosidad de Job que, en el relato, se nos presenta claramente (1,1-5); pero, como “fiscal” de la corte, “satán” acusa: esa religiosidad no es desinteresada: Job lo es – dice el acusador – porque Dios lo colmó de bienes. Y, entonces, encontramos una especie de “apuesta” entre Dios y el fiscal sobre si la religiosidad de Job es o no interesada. La clave, entonces, radica en poder constatar esto: si Job perdiera todo, ataca el fiscal - satán (y era “el más grande de todos los hijos de Oriente”, v.3) seguramente no sería religioso (capítulo 1). Entonces, Dios autoriza al fiscal a quitarle todos los bienes a Job, y, a pesar de eso, “Job no pecó ni maldijo a Dios” (1,22). Nuevamente Dios está muy conforme con la religiosidad de Job, y, nuevamente, el fiscal / satán le afirma a Dios que esta tiene como fundamento tener una vida sana, y, nuevamente, Dios autoriza a satán a provocar en Job una horrible enfermedad (capítulo 2). Insistimos en que se trata de una obra literaria, porque, caso contrario, sería algo muy extraño.

Todo esto, la pérdida de sus bienes, y la pérdida de su salud motiva – como dijimos – el largo debate de Job con los amigos. Pero, detengámonos en satán. Como corresponde a un fiscal en un tribunal, debe acusar a fin de que quede manifiesta la culpabilidad o la inocencia de una persona. En este caso, mientras Dios se manifiesta conforme por la religiosidad de Job, el acusador pone en duda que esta sea gratuita y desinteresada. Si no hubiera motivos (riquezas o salud, en este caso) se vería patentemente si lo es o no. Obviamente el resto del libro se dedicará a mostrar que sí lo es, y eso se manifiesta ya desde el comienzo; pero no es de balde “exorcizar” a este satán. 

Como es evidente, el término “satanás” remite al diablo, es decir, al “jefe de los ejércitos adversarios de Dios”, se trata de una figura espiritual, evidentemente, y, por cierto, totalmente negativa. El satán del libro de Job, en cambio, desempeña el mismo papel que un fiscal en una corte. Papel que no es agradable, por cierto, para los acusados o sospechados, pero no debemos transformarlo necesariamente en alguien “malo”. Es evidente, eso sí, que la actitud de este “satán”, esta cualidad de “adversario”, con el tiempo (es decir, más adelante en el tiempo, después del libro de Job) se empezó a ver cada vez más de un modo negativo, hasta que llegará a ser, nada menos, que el nombre que se da al diablo, pero esto ocurre ya en ambientes griegos (por ejemplo, Eclesiástico 21,27 y es frecuente en el Nuevo Testamento). En esta misma corriente, el libro del Apocalipsis, que suele dar importancia al conflicto entre Dios y las fuerzas espirituales adversarias, de las que el Imperio romano es su instrumento, afirma que

«Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios» (12:10).

Como se ve, más adelante, el “acusador” no es ya – como en Job – un férreo acusador de la corte, sino que es claramente un “adversario” de Dios, uno que pretende hacer perder a las hermanas y hermanos, uno del que, unos renglones más arriba, se había dicho, nada menos que

«…fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él» (12:9).

Como podemos ver, un “sencillo” fiscal de la corte, de un relato “religioso”, con el paso del tiempo se transformó en un personaje detestable del que celebramos que haya sido “arrojado” a la tierra donde ya no tiene fuerza porque ha llegado el reinado de nuestro Dios. El de Job, en cambio, seguiría en la corte celestial cumpliendo una tarea.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/photo.php?fbid=404587109718075&id=160293180814137&set=a.394376250739161

Dan ganas de vivir

Dan ganas de vivir

Eduardo de la Serna

 


 

Dice Jesús que su fiesta

a un banquete es parecida,

una mesa para todos,

para todas, bien servida.

Pero Pablo también dice

que no es comida y bebida,

porque el reino es la justicia,

es la paz y la alegría.

¿Cómo hacer para anunciarlo

a esta humanidad partida,

donde el “yo” mata al “nosotros”

donde ha muerto la empatía,

donde una pantalla rige,

racismo, odio y más mentira?

No hay razones ni argumentos,

ya no hay nadie que investiga,

“mi verdad” es lo que cuenta,

lo que siento, eso es “mi” guía.

Pero Jesús sigue estando

Palabra y Eucaristía,

una cruz marca senderos,

comunidad que camina.

Hay otro mundo posible,

una luz tenue ilumina,

se llama Espíritu Santo

y da sentido a la vida.

Una vida que es encuentro

con amigos, con amigas

que es lucha por la justicia,

por la paz y la alegría,

que es un vino, que es un mate,

una mesa compartida,

un banquete para todas,

para todos, la comida

brindis, abrazos y risas

y que alcance la bebida.

Una lucha es esperanza,

es reparar las heridas,

es mirarnos a los ojos

celebrar juntos la vida.

martes, 10 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 6º "A"

Vivir perfectamente la voluntad de Dios siendo plenos en el Amor

TIEMPO DURANTE EL AÑO – 6 "A"

Eduardo de la Serna

 


Lectura del libro del Eclesiástico     15, 15-20

Resumen: Utilizando la clásica metáfora de los dos caminos, el sabio insiste –con las metáforas del agua y el fuego- en que la persona tiene ante sí ambas posibilidades, pero sólo una conduce a la vida y es la que Dios quiere para los suyos.

En la literatura bíblica (y también en la cristiana posterior) se hace frecuente lo que se suele llamar “los dos caminos”. Es decir, con un cierto dualismo, se propone a la persona la necesidad de elegir: tiene ante sí dos caminos y debe optar: sean la vida y la muerte, el bien y el mal, la verdad y la mentira… Es algo particularmente frecuente en la literatura sapiencial, aunque también en algunos momentos legales (lo cual es normal ya que la Ley propone el “camino que se ha de vivir para agradar a Dios” y la sabiduría muestra el camino de los que “saben” vivir. El libro del Deuteronomio –texto de la Ley- por ejemplo:

«Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Yahveh tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y multiplicarás; Yahveh tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión. Pero…» (Dt 30,15-17)

Algo semejante ocurre en el Salmo 1 (obviamente con el que comienza el Salterio) que es una “bienaventuranza” (un modo característico de la literatura sapiencial que viene a decir: “¡qué suerte tiene el que hace esto…, (o el que evita aquello)!” Allí se contrastan dos caminos, el de los malvados (repetido 3 veces) y el que “medita la ley”.

El texto sapiencial de la lectura de hoy (texto tardío en el que empiezan a identificarse la sabiduría y la ley) presenta precisamente ambos caminos (incluso ilustrándolo con la metáfora del agua y el fuego señalando que uno escoge dónde quiere “poner la mano”). Obviamente la libre opción de la persona ante ambos caminos no implica que Dios sea indiferente. Dios mira y conoce “las obras” (= el camino, la vida). Nadie puede utilizar su libertad para escoger destacando que Dios la ha puesto allí “para que” la escoja. Dios puso ambos caminos, pero solo uno es el camino que conduce a Dios, del mismo modo que “poner las manos en el fuego” implica necesariamente quemarse. Con terminología nuestra (es decir, no es propiamente bíblica) lo que Dios ha puesto es nuestra libertad, no los dos caminos en el sentido de que el camino “de la muerte” también es querido por Dios. Nadie podría decir que Dios le “ordenó”, o le dio “autorización” en ese sentido. Lo que Dios quiere es la vida de sus amigos.



Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto     2, 6-10


Resumen: Dos sabidurías están en conflicto: la “de este mundo”, la del imperio romano que asesina a Jesús, y la sabiduría “de Dios”, revelada por el espíritu que nos hace conocer lo profundo de Dios. Pablo contrasta ambas sabidurías y nos hace saber que la “gloria” de Dios brilla en medio de la oscuridad de la cruz.


Continuando la segunda lectura del domingo pasado, Pablo sigue profundizando el tema de la “sabiduría”.  En los versículos anteriores había un cierto contraste entre aquellos que quedaban encandilados por las predicaciones “bien hechas” (como la de Apolo) con la cruz como modo de predicación. Pablo, ahora, decide ir al nudo de la cuestión, sin abandonar el tema de la cruz que es el eje de toda la unidad literaria (caps. 1-4). Claro que los corintios en su superficialidad característica no saben ir a las “profundidades”, pero Pablo quiere ir a lo "profundo" (el término es importante en la unidad, ver 2,10). Para ello contrasta dos sabidurías, la “de este mundo”, y la “de Dios”. 

Una nota sobre “este mundo”. El término “mundo” suele tener diferentes lecturas según los diferentes escritores (y según los diferentes lectores). En el Evangelio de Juan –por ejemplo- el “mundo” es el ámbito adversario a Cristo. Pablo, en general, no habla de “este mundo” fuera de la primera carta a los Corintios (Ga 1,4; 2 Cor 4,4) mientras que aquí lo menciona repetidamente (11x), 7 veces en esta unidad (1 Cor 1-4). El medio ambiente greco-romano, con su modo de vivir, la sociedad, es –para Pablo- “este mundo”. No se trata de un dualismo platónico como pensando en este “mundo”, la tierra, y el “mundo del cielo”, como  parecen pretender ciertas lecturas espiritualistas. Se trata de llevar una vida que sea evangelizadora para los contemporáneos. Y estos son judíos y paganos, a ambos se les ha de mostrar una vida “perfecta” (es decir, que ha llegado a la plenitud alcanzada “en Cristo”).

En este caso concreto, la sabiduría de “este mundo” es la sabiduría “oficial”, la hegemónica ante los ojos de la sociedad. Y esta “sabiduría” es la que ha crucificado a Jesús. Son los “príncipes” los que lo han hecho; no se ha de olvidar que la cruz era una pena de muerte que aplicaba el imperio por intermedio de sus gobernantes. El César y el Imperio (la sabiduría personificada) son los que no entienden la sabiduría de Dios y los que han asesinado a Jesús. No se trata de “espíritus” o de “fuerzas del mal”, se trata de personajes concretos (“padeció bajo el poder de Poncio Pilatos”) de historia concreta. El imperio romano fue responsable del crimen del "señor de la gloria", y estamos invitados a reconocerlo sabiendo que Dios nos invita a mirar la realidad y la historia con “otros ojos”, otra sabiduría.

Esta sabiduría es calificada de “en misterio”, escondida, predestinada para nuestra “gloria”, que ningún “príncipe de este mundo” conoció. Es algo “preparado por Dios para los que le aman” (= conocen).

Una nota sobre el “misterio”. Ciertas cosas que ocurren en la vida cotidiana son inexplicables desde nuestra concepción de Dios y su obrar. Un ejemplo evidente es la persecución de los fieles. ¿Por qué ocurre que los fieles sean asesinados mientras que los corruptos triunfen en la vida? ¿Y Dios? ¿Dónde está? ¿Qué hace? Esto es algo “misterioso”, pero Dios no puede fallar, no puede ser injusto, por lo tanto más tarde o más temprano se “revelará” el sentido de esto (es una idea propia de la literatura apocalíptica). Lo propio del misterio bíblico (algo de la historia que no comprendemos por ahora en su sentido) es que Dios lo revelará en un futuro (más o menos cercano). En este caso, esta sabiduría “escondida” es “en misterio” (v.8), pero Dios la ha “revelado” (v.10) “a nosotros”, a los mismos a los que Dios –para nuestra gloria-  predestinó.

La cruz “esconde” una sabiduría que sólo puede ser comprendida por “revelación”. Mientras tanto, permanece “en misterio”. Eso es algo ya preparado por la escritura: 


anunciamos lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman” (v.9). 

En realidad, como ocurre en otras citas bíblicas de esta unidad, no se trata de un texto exacto. Varias referencias a las escrituras parecen más bien un “conjunto” o un "ramillete" de citas. Es decir, no se trataría de una cita exacta sino de un conjunto o síntesis (en este caso, de Is 64,3 y de Jer 3,16), lo cierto es que lo que se destaca es que sólo por iniciativa divina es posible comprender las cosas de Dios. Sin ella, todo permanece “en misterio”, “escondido”. La cruz (que, como dijimos, es el eje de toda la unidad) es el mejor ejemplo de esto, sólo los que se abren a la revelación de Dios pueden comprender esta sabiduría.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 17-37


Resumen: En el medio del “Sermón del Monte” Mateo muestra que Jesús quiere llevar la Biblia a su plenitud viviéndola desde “su corazón”, yendo al fondo de aquello que es la voluntad de Dios. Eso es “cumplir” y “ser perfectos” haciendo realidad el anuncio del Reino.


Todo el Evangelio de Mateo está “impregnado” de citas y referencias a la Antigua Alianza. Y esto es particularmente notable en el “Sermón del Monte”. Como Moisés, Jesús sube a un Monte, y desde allí enseña a los suyos. Recién en 8,1 Jesús “bajó del monte” para dar comienzo a una nueva unidad, en la que se destacará la fuerza del reino que Jesús predica, obrada en milagros. 

Lo que se destaca aquí es que Jesús vino “a dar cumplimiento” a “la Ley y los profetas”, y luego de señalarlo claramente pondrá una serie de ejemplos para ilustrar esto.

Una nota sobre el “cumplimiento”. Se puede correr el riesgo de entender “cumplimiento” en el sentido de pensar que Dios ha anunciado algo que se realizará en el futuro inexorablemente. En este caso, parecería que Dios tiene la historia “digitada”, y la libertad humana no tiene cabida en ella. Sin duda no es ese el Dios de la Biblia. En general, los textos bíblicos se han escrito para su presente histórico, y lo dicho se realiza o no en ese mismo presente. Sin embargo, esos textos son leídos y releídos una y otra vez (como lo hacemos nosotros en nuestro tiempo, acotemos) y muchas veces los contemporáneos ven o entienden que lo que hoy vivimos “también” realiza aquello que se dijo antes. Como que antes se “cumplió” y hoy “vuelve a cumplirse”. “Cumplir” es un término genérico (polisémico): puede querer decir que se “cumple” un anuncio, pero también que se “llena” un hecho (podemos usar la imagen de un vaso), o también que se “obedece” una norma (“cumplí con mi padre obedeciéndolo”). Cuando Mateo dice que “se cumplió lo dicho por el profeta” destaca que eso, que se había cumplido en otro tiempo, hoy vuelve a “cumplirse”, “se llena el vaso”. Cuando dice que vino a “dar cumplimiento” a la Ley y los Profetas parece estar diciendo lo mismo, como veremos.

Para entender claramente lo que dice Mateo, es necesario recordar que “la Ley y los Profetas” es el modo habitual judío de decir “la Biblia”. Jesús vino a “llenar el vaso”. No vino a anular lo antiguo, sino a darle plenitud.

Una nota sobre lo “nuevo” (y lo antiguo). Un desafío siempre interesante y variado en los escritos cristianos de la Biblia es entender –cuando decimos “nuevo testamento”, “nueva alianza”- cuánto de nuevo se propone y cuánto de antiguo se mantiene. Es interesante que entre las primeras herejías del siglo II esto fue decisivo: algunos prácticamente negaban toda novedad (los ebionitas) y otros negaban todo lo antiguo (los marcionitas). Es decir, un camino que mantenga antigüedad y mantenga novedad es el que parece sensato. Pero sin embargo, también en esto hay diferentes miradas. Y en las escrituras cristianas se ven variadas opiniones. La carta de Santiago, por ejemplo acentúa más lo antiguo, mientras que el Evangelio de Juan acentúa lo nuevo. Mateo parece más cerca de Santiago, mientras que Pablo está más cerca de Juan. Lo importante, además, es que ambas miradas están en las Escrituras, y ambas son eclesiales. Es una muestra más del pluralismo característico de la Biblia judía y cristiana.

Mateo continúa con el cumplimiento de la ley (ahora entendida como mandamientos) señalando que aun el “más pequeño” ha de “cumplirse” (en el sentido de obedecer). Y para entender esto, recurre a una imagen que todos los lectores conocen: “los escribas y fariseos”. Estos son –a los ojos de todos- sin duda los más reconocidos cumplidores de la ley. Es decir, Mateo les dice a sus lectores que “han de cumplir la ley más que los que más la cumplen”. Es cierto que suelen ser caracterizados por Jesús de “hipócritas” (23,13.14.15.23.25.27.29) pero esto no es diferente de lo que muchos fariseos decían de sí mismos en tiempos de Mateo (es decir, que el estricto cumplimiento de la ley hasta en los más mínimos detalles corría el riesgo –y muchos caían en él- de hacer las cosas a fin de ser “mirados”, “aplaudidos”, “reconocidos”. Pero esto era así –precisamente- porque se trataba del grupo religioso por excelencia. Y a estos alude el texto. Los discípulos de Jesús (de Mateo) deben cumplir más que estos.

Pero, ¿cómo se puede cumplir más que los que más la cumplen? Precisamente llevándola a “plenitud” (plêroô, v.17), haciendo “perfecta” (teleios, v.48) la ley. Es decir, la ley puede cumplirse simplemente haciendo eso que está mandado u omitiendo aquello que está prohibido, o puede “llevarse a plenitud” yendo “al corazón” del tema propuesto o prohibido. Es a esto que dedicará Mateo los próximos versículos; tema que concluirá precisamente con la misma idea en Mt 7,12 (donde vuelva a señalar que “esta es la Ley y los Profetas” mostrando cómo se “cumple”). Veamos brevemente esto:

¿Cómo se “cumple” (= obedece) plenamente “la ley y los profetas”? Obviamente conociendo todos los mandamientos (613 mandamientos en tiempos rabínicos) y obedeciéndolos. En muchas escuelas todo esto se “resumía” en “no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan”. Obviamente de esa manera “no robarás, “no prestarás falso testimonio”, “no matarás”… Pero para ir “precisamente al corazón”, Mateo va más allá y ya no dice “no hagas” sino “haz”, “todo lo que deseen que les hagan los hombres, eso háganselo ustedes a ellos; por esto es la ley y los profetas” (7,12). Esto es la síntesis de todo lo que presenta, en ejemplos, el evangelio de hoy (y continúa).

A continuación Mateo va a presentar una serie de “antítesis” formuladas como “han oído que se dijo… pero yo les digo” (vv. 21.27.31.33.38.43 [los dos últimos no están en el evangelio del día]). 

Una nota sobre la cantidad de “antítesis”. Mirando las citas parecería que se trata de seis antítesis, sin embargo, la 3ª (la del divorcio) presenta diferencias con las anteriores, no solamente en su formulación diferente (“también se dijo…”) sino en que en este caso no lleva a “plenitud” un mandamiento –como en las anteriores- sino que en realidad anula una prescripción (el derecho a divorciarse; del varón, por cierto). Por otro lado, este texto –que se encuentra en el texto Q (cf. Lc 16,18) también se encuentra semejante en Mt 19,1-12 (en este caso, tomado de la fuente Marcos). Esto parece indicar que el texto fue agregado más tardíamente a las cinco antítesis, probablemente a raíz de cierta relajación moral manifestada en los divorcios que fue un tema importante en la comunidad de Mateo, y por eso lo añadió (con una excepción en caso de adulterio, v.32) a fin de regular el modo de vida de la comunidad.

Se puede comentar una a una las antítesis (solo diremos una pequeña nota) pero no se ha de olvidar que Mateo más que presentar una “nueva ley” pretende llevar “la Ley” a plenitud, es decir ir al “corazón” de todo, eso es “ser perfecto” (5,48). Pablo también lo afirma al decir que “el amor es la ley en plenitud (plêrôma)” (Rom 13,10), “toda la ley alcanza su plenitud (plêroô) en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ga 5,14).

Los mandamientos que han de alcanzar plenitud son “no matarás” (v.21), “no cometerás adulterio” (v.27), “no perjurarás” (v.33), “ojo por ojo, diente por diente” (v.38; = “no te vengarás”), “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” (v.43). En estos casos, el “más allá de la ley” está en “no enojarse” (v.22), “no mirar con deseo” (v.28), “no jurar” (v.34), “no poner resistencia al mal” (v.39), “amar a los enemigos” (v.44). Luego de presentar estos mandatos superadores, pasa a ejemplificarlo con “casos” (“si…”, vv.23.29.46 y cf. 34.39). En estos casos, como hemos dicho, el mandato del divorcio es diferente, no solamente porque anula (es decir, no la lleva a “plenitud”) directamente la cláusula de divorcio de Dt 24,1 sino que no presenta una normativa superadora (obviamente por haberlo anulado). De ese modo,
  •     evitar el insulto (la ofensa al hermano) y no dar motivo justo de enojo, antes bien reconciliarse, son superadoras de “no matar”;
  •     evitar la búsqueda y el deseo adúltero es superador del mismo adulterio;
  •     evitar los juramentos porque la credibilidad lograda hace que “el sí sea sí, y "el no sea no” vuelve esos juramentos innecesarios;
  •     evitar el “espiral de la violencia” lo quiebra de raíz y lo deja “desarmado”;
  •     evitar el odio deja a los “enemigos” sin argumento y nos hace parecernos a Dios.

Es por eso que esta sub-unidad concluye con “sean perfectos” (es decir vivan de modo perfecto, haciendo “perfecta” la ley y los profetas, es decir “ir al corazón”, a la novedad que Jesús viene a traer en su predicación del Reino) como es “perfecto el Padre del cielo” (5,48).




Foto tomada de www.portadastw.com

viernes, 6 de febrero de 2026

Febrero de 1976, Pepe, Pancho y el MEDH

Febrero de 1976, Pepe, Pancho y el MEDH

Eduardo de la Serna




La dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica irrumpió en nuestra sociedad el 24 de marzo de 1976, pero muchos anticipos la fueron preparando: un amago de golpe del brigadier Capellini (18 de diciembre de 1975), el modelo económico neoliberal (Rodrigazo, 2 de junio de 1975), un decreto para “aniquilar el accionar de elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán”  (5 de febrero 1975), ampliado luego por Italo Luder, en ejercicio de la presidencia, el 6 de octubre (decretos 2770, 2771 y 2772), ejecución de las medidas que "sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país" (2772), un ultimátum de “90 días” dado al gobierno por el entonces general Jorge Rafael Videla (24 de diciembre 1975) y, por supuesto, el accionar impune de la Triple A y otros grupos violentos paraoficiales.


En este contexto sangriento son asesinados en febrero de 1976 dos miembros del clero, José Pepe Tedeschi y Francisco Pancho Soares.


Pepe había sido salesiano, y fue secuestrado por unos sicarios de la villa Itatí, en Bernal subiéndolo a un Torino blanco (la leyenda posterior lo transformó en un Ford Falcon). Hay elementos no totalmente claros de los últimos momentos de Pepe: el obispo Plaza (sin autoridad jurisdiccional) le escribe diciendo que debe volver a la parroquia y ejercer allí su ministerio; cuando Pape es “chupado” y Juanita, su mujer, embarazada de 9 meses buscaba desesperada alguna respuesta, el obispo de Avellaneda, Antonio Quarraccino le responde “quién sabe lo que habrá hecho”. Según Pio Laghi Quarraccino “se interesó en forma inmediata hasta que fue encontrado su cuerpo…” (16 de febrero 1976; cf. La Verdad los hará libres t. II,242 n.80). Su cuerpo fue encontrado en La Plata algunos días después, torturado y asesinado. Los salesianos quisieron velarlo en la parroquia cosa que la familia aceptó si no iba el obispo Quarraccino. Sin embargo, hay informaciones que Pepe había dejado la congregación y pasado al clero diocesano (es decir, de Avellaneda). Destaquemos que, con divisiones, había salesianos que se desentendieron de Pepe, mientras otros pretendían reclamos o protestas. La situación violenta, por un lado, y haber dejado la congregación por otro, motivaban estos debates.


Se dice que su cuerpo se encuentra en el cementerio de la Inspectoría Salesiana de La Plata en la calle 44. Creo que – si no hay mal que por bien no venga – al menos los salesianos preservaron los restos mortales de Pepe; no es difícil imaginar un destino de fosa común si el obispo de Avellaneda hubiera quedado a cargo del cuerpo.


Pancho, después de pertenecer a los Agustinos Asuncionistas y un breve paso por la Trapa (Francia) se incorpora a la diócesis de San Isidro. En una casilla en Carupá, Tigre la madrugada del 13 de febrero escucha “padre Pancho”. Vivía con su hermano Arnaldo y ambos se asoman siendo los dos ametrallados. Pancho muere al instante, mientras que Arnaldo fallece tiempo después. Antonio María Aguirre, el obispo diocesano le informa al nuncio Pio Laghi que Pancho “no era ciertamente un padre tercermundista” (26 de febrero de 1976). La frase que repitió el luego obispo de San Isidro Alcides Jorge Pedro Casaretto fue “murió Pancho” (no llegó a tanto como para decir “se” murió), nunca “lo murieron”. Pancho fue asesinado. Lo cierto es que, ante la desidia, su destino sí fue una fosa común.

Días después, la Conferencia Episcopal Argentina produce un breve comunicado “sobre el asesinato de un sacerdote” firmado por mons. Adolfo Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal. Allí no dice el nombre de “este sacerdote” (el texto es – como lamentablemente era de esperar – ambiguo), y como si indicara que por “condescendencia divina” somos “ungidos del Señor” por lo que esto constituye un “sacrilegio” pareciera más grave asesinar curas que asesinar “gente”. Muy lejos estaba mons. Oscar Romero que (ante el asesinato de Rafael Palacios) decía que “esto es comunión de amor. Sería triste que en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes”. Curioso que en el texto de mons. Tortolo no haya reclamo de clarificación, denuncia, exigencias de investigación y, ¡horror!, se mencione el asesinato de “un sacerdote” … pareciera que Pepe, con su situación irregular no mereció ningún reconocimiento ni tampoco un tibio comunicado.


Estos dos asesinatos motivaron que, en el mismo mes de febrero, el día 27, en la Iglesia de la Santa Cruz, reunidos numerosos laicos, religiosos, presbíteros y pastores se diera origen al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Poco tiempo después, ordenado obispo Jorge Novak, junto con otros referentes, como el obispo metodista Federico Pagura fueron copresidentes. Su primera celebración pública se realizó en la catedral de Quilmes el 22 de diciembre de 1976.


Así lo cuenta Jorge Novak:


«Unos meses antes de ser ordenado obispo, como presidente de la junta de religiosos en la Argentina, había empezado a tomar contacto con el MEDH, que se estaba organizando. Luego me incorporé de lleno y participé de su fundación. La explicación de todo esto es muy sencilla: apenas abrí la puerta de la curia entraron, al principio a cuentagotas, pero después muchísimos familiares de desaparecidos. Gente que con sólo saber que un obispo los recibía y los escuchaba quería, más que denunciar, buscar un consuelo, un apoyo. Era muy impresionante: horas y horas de escuchar gente. Salía uno y entraba otro. Siempre la misma historia. Eso me marcó profundamente como pastor; escuchar todas esas confidencias y tratar de brindar consuelo me imprimió un carácter, una señal. En ese sentido, debo decir que la vida misma hizo de mí un obispo de la solidaridad y el respeto de la persona humana. Aún quienes hubieran tenido ideas equivocadas, todos eran dignos de ser respetados» (Jorge Novak).


Señalemos simplemente, a modo conclusivo, que muchas veces Novak propuso que toda la Conferencia Episcopal Argentina se incorporara al MEDH. En todos los casos, la respuesta fue el silencio. El mismo silencio con el que recibió las muertes de Pepe, de Pancho y de otros 30.000 detenidos desaparecidos.

Lo sagrado en la sociedad civil

Lo sagrado en la sociedad civil

Eduardo de la Serna



En una sociedad religiosa, algo sagrado es algo que está separado, dedicado a la divinidad. No se puede mancillar (profanar), y en algunas culturas religiosas, hacerlo es causa de muerte, sencillamente. El tema permite importantes reflexiones que no es el caso realizar acá.

Pero en las sociedades civiles, análogamente, hay cosas que adquieren una categoría comparable a lo sagrado. Un ejemplo fácilmente comprensible, es la bandera. Un trozo de tela ha adquirido un valor simbólico que la trasciende, hasta el punto que, también, puede ser motivo de pena de muerte, con juramentos, y hasta mártires que arriesgan su vida en su defensa. Otro ejemplo, menos simbólico, pero con profundas raíces es la “sacralidad” de las reliquias, ruinas, objetos que se pretenden preservar de un modo casi intocable: cerámicas antiguas, pinturas rupestres, resabios de antiguas civilizaciones… 

La profanación, particularmente cuando es algo consciente, programado, es grave para la historia de una civilización, una cultura, una “Patria y Matria”. Lamentablemente hemos sido testigos de más de un intento en nuestra historia de atentados contra algo tan sagrado como la presencia de un pueblo en su cultura. La negación o silenciamiento de personajes, el reemplazo de sus figuras por “animalitos” no son cosas inocentes. Es un intento de “desacralizar” algo que la cultura ha elevado a categorías sublimes.

Valga esto, tan fácil de comprender para quien tiene la mente abierta y el corazón caliente, para mirar con escándalo el juego caprichoso del presidente de la nación con el sable de San Martín (irónicamente le diría que si hiciera eso con las tablas de la ley de Moisés sería sencillamente apedreado). La manipulación de nuestra historia (que desconoce, hasta el punto que lo llamó “Juan José de San Martín”), que deforma a Juan Bautista Alberdi, que niega las raíces indígenas de nuestra sangre, y hace suya una bandera con estrellas y rayas y no una con un sol en el medio. Que manipule profanando nuestra historia y sus signos casi sagrados no hace sino revelar lo que le importa la patria / matria y sus habitantes: ¡nada! Que Dios y la patria se lo demanden (¡cuanto antes!)


Ima<gen tomada de https://www.minutouno.com/sociedad/la-justicia-rechaza-frenar-el-traslado-del-sable-corvo-san-martin-pero-ordena-informes-y-medidas-control-n6242949

jueves, 5 de febrero de 2026

Samuel, un personaje fundamental

Samuel, un personaje fundamental

 Eduardo de la Serna




Mirando los textos bíblicos tal como los encontramos (sin dudas la historia fue bastante más compleja, como siempre suele suceder) cuando está terminando el período conocido como de “los Jueces” se empieza a preparar un nuevo momento, el de los reyes. La situación política lo volvía urgente: los filisteos, un pueblo al que los judíos ven como invasor, y muy entrenado militarmente (y que tiene el uso del hierro, algo desconocido por los israelitas), empieza a dominar todo el territorio donde los jueces estaban. Sabiendo la importancia de la unidad para enfrentar un adversario tan poderoso, eligen como estrategia tener un rey, el cual finalmente será Saúl, del que ya hemos hablado. Es en este contexto que encontramos a Samuel, el que aparece tanto como el último de los jueces y a su vez el que prepara, con su enorme autoridad, la llegada del futuro rey; pero, además, tiene acciones sacerdotales y, también, de profeta.

Tan importante fue Samuel que incluso hay dos libros en la Biblia que llevan su nombre, pero aquí nos interesa lo que podemos decir bíblicamente del personaje.

Ya su nacimiento es visto como una intervención decisiva de Dios en una madre estéril (1 Sam 1,5.19-20). Su infancia y juventud se ubican en un contexto y ambiente sacerdotal. Tan importante se considera Samuel en la historia de Israel que, si bien antiguamente se afirmaba su nacimiento en la tribu de Efraím (1 Sam 1,1) con el tiempo, cuando el sacerdocio empieza a ser visto de un modo más importante, se lo presenta como de la descendencia de Leví, es decir, de la clase sacerdotal (1 Cro 6,27-28).

También se lo presenta como un “vidente”, es decir, alguien que sabe ver con “los ojos de Dios” los diferentes aspectos de la realidad (ver 1 Sam 9,9). Como tal, Samuel sabe ver a quién es que Dios ha elegido para conducir a su pueblo (9,17; 15,1), y, más adelante, a quien Dios ha retirado sus favores a causa de su desvarío (15,26). En este sentido, Samuel prepara la llegada de Saúl, y luego – por diferentes motivos – su posterior rechazo de Dios y su reemplazo por David (16,13), y más tarde, cuando éste es perseguido por Saúl, lo protege en la región de Ramá (19,18-22) donde ambos son custodiados de la ira del rey por intervención del espíritu de Dios (19,19-24).

También actúa como juez, y regaña al pueblo cuando este pide “un rey como los demás pueblos” (1 Sam 8,20) siendo que Israel no es “como los demás” sino que tiene a Dios por rey (8,7), pero a lo que finalmente accede – por intervención de Dios – aunque indicando claramente los riesgos que esto implica, porque el rey, como los de los demás pueblos, será autoritario y dominador sobre sus hermanos.

También tiene un rol militar (7,12-15) enfrentando y controlando a los filisteos, aunque sin participar en la batalla; de hecho, el relato finaliza con la sorprendente imagen: “Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida”.

Finalmente, de Samuel se afirma su rol de profeta, 3,20: “acreditado como profeta de Yahvé”; incluso más tardíamente todavía se sigue afirmando este rol (2 Cro 35,18; Sir 46,13), el que estaba ligado a lo de ser vidente, pero también en cuanto intercesor: “Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre los que invocaban su Nombre: invocaban al Señor y él les respondía” (Sal 99,6); ser intercesor era algo que era frecuente también entre los profetas (ver Jer 27,18).

Señalemos – a modo de conclusión – que se trata de uno de los personajes principales de la historia de Israel. Tanto que Jeremías afirma claramente:

Por tu Nombre, no nos rechaces, no desprestigies tu trono glorioso, recuerda tu alianza con nosotros, no la rompas. ¿Hay acaso entre los ídolos paganos uno que haga llover? ¿Sueltan solos los cielos sus aguaceros? Tú, Señor, eres nuestro Dios, en ti esperamos, porque eres tú quien hace todo eso.

El Señor me respondió: –Aunque estuvieran delante Moisés y Samuel, no me conmovería por ese pueblo. Despáchalos, que salgan de mi presencia. (Jer. 14,21-15,1)


Imagen tomada de https://estudiobiblia.blogspot.com/2010/10/i-samuel-introduccion.html