jueves, 16 de abril de 2026

Daniel, un no-profeta

Daniel, un no-profeta

Eduardo de la Serna



En la Biblia encontramos un interesantísimo libro que lleva el nombre de Daniel. El libro se encuentra entre los profetas, e incluso es llamado así en alguna ocasión (Mateo 24,15). El nombre lo encontramos – fuera del personaje – en algunos casos; significa “Dios es mi juez”. En la tradición anterior, además, se hace referencia a un tal “Danel” como un sabio ideal (ver Ezequiel 14,14.20; 28,3: “eres más sabio que Danel”); pero, como veremos, el libro de Daniel es una obra de ficción en la que presenta a un personaje que resiste los momentos de persecución y muerte y muestra caminos pacíficos de esperanza y de vida.

En el siglo II antes de Cristo, el pueblo judío vivió una situación dramática: persecución feroz, terrorismo de estado, martirio a todos los que pretendían ser fieles a los caminos de Dios: se perseguía y mataba a los que circuncidaban a sus hijos, se obligaba – bajo pena de muerte – a comer alimentos impuros, como la carne de cerdo, se quemaban públicamente los rollos de la Biblia, se prohibían las reuniones religiosas, se profanó el templo… y, por supuesto, como suele ocurrir en estos contextos, fueron multitudes los que, para evitar todo esto, rechazaban su ser judíos, simulaban todo lo que los identificaba y aceptaban todo lo que el imperio griego les imponía, incluso en su forma de vestir.

Es en este contexto terrible que se escribe una obra literaria (en realidad se escriben muchas, pero solo unas pocas quedan incluidas en las Biblias; las otras suelen conocerse como “apócrifas” y suelen ser muy interesantes) que lleva el nombre de Daniel.

En este libro hay diferentes aspectos que se dicen de este personaje: por un lado, una serie de cosas que ocurren en la corte de Nabucodonosor, rey de la terrible Babilonia, que había oprimido a Israel varios siglos atrás; en realidad bajo el nombre de este monarca se está refiriendo simuladamente al rey griego Antíoco, que pertenecía a los seléucidas, sucesores de Alejandro Magno, quien, al mencionarlo, se simboliza por su crueldad (Dn 2,1; cap. 3…). Es evidente que, en tiempos de persecución, hacer referencia explícita al rey perverso es arriesgar la vida y por eso se recurre al pseudónimo de un rey del pasado); del mismo modo se inspira – para presentar la persona de Daniel y la corte imperial – en lo vivido por José en la corte del faraón: los magos, los sueños, el encargo de gobierno, etc. La característica principal (y es lo que la obra les dice claramente a los lectores) radica en que, a pesar de estar en diferentes circunstancias de muerte inminente, Daniel conserva la vida por su fidelidad a la fe (1,8-15; 2,13; 3,17; 6,17-22…).

Más adelante, recurriendo a visiones, Daniel ve una serie de bestias sanguinarias y mortales (7,3): estas representan a los diferentes reinos que han oprimido y masacrado a Israel (los babilonios, los persas, los ptolomeos y los seléucidas; 7,17). Estos imperios sanguinarios serán, en un futuro, reemplazados por un pueblo que será humano (por eso lo llama “un hijo de hombre”; 7,13.18); la humanidad reemplazará la bestialidad cruel de la muerte imperial. Evidentemente, Daniel ve que los imperios que han oprimido y siguen oprimiendo al pueblo de Dios causan muerte y devastación, pero sabe que mantenerse fieles a los caminos de Dios lleva a un futuro de vida y de esperanza.

La imagen de una estatua enorme de oro, plata y bronce, pero con pies de hierro y arcilla, que representa al emperador queda pulverizada y no quedan rastros de ella cuando una piedra se desprendió sin intervención humana golpeando los pies. Y esapiedra setransformí en un gran monte que llenó toda la tierra (Dn 2,31-35). Frente a lo terrible y poderoso del imperio, Daniel invita a la esperanza y la confianza. Dios no acompaña imperios y emperadores, sino a su pueblo sencillo. Ayer y hoy.

Con el paso del tiempo, algunos autores agregaron al libro de Daniel otros capítulos, siempre alentando a la fidelidad, sea a los mandamientos de Dios (capítulo 13) o contra las imágenes de dioses falsos (capítulo 14); los capítulos anteriores habían sido escritos en hebreo y algunos en arameo, estos están escritos en griego. Estos párrafos no se encuentran en las biblias judía o protestantes, sí en las traducciones católicas.

En tiempos difíciles para el pueblo de Dios y para su fidelidad, se escribió una obra invitando a la resistencia esperanzada, a la confianza en Dios, a la fidelidad. Pero no a una resistencia violenta (como sí propondrán algunos en este tiempo) sino pacífica. La no-violencia manifiesta una confianza en un Dios que no abandona a sus amigos y amigas en medio de las dificultades más terribles. No que nos saque los problemas de encima, sino que nos invita a descubrirlo presente en la historia y nos anima a ser sus testigos para ilustrar a todos la fe en otro mundo posible.

 

Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_%28personaje_b%C3%ADblico%29

martes, 14 de abril de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 3º de Pascua "A"

 En un extranjero se hace presente el resucitado partiendo el pan


DOMINGO TERCERO DE PASCUA - "A" 

Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 14. 22-33

Resumen: En un característico sumario del ministerio de Jesús, su muerte y resurrección, Lucas desafía a la Iglesia a ser fiel al espíritu y a su vocación de ser testiga del resucitado.


Como es habitual en los domingos de Pascua de todos los ciclos, la primera lectura corresponde a los frecuentes “sumarios” de Hechos de los apóstoles, presentes en los habituales discursos de los apóstoles donde narran a sus destinatarios las cosas “ocurridas”, de las que ellos son “testigos”.


En el presente discurso es Pedro el que habla junto con los restantes Once y se dirige a los judíos presentes en la fiesta de Pentecostés (por tanto, no sólo los judíos oriundos de la tierra de Israel, sino también los provenientes de la diáspora), es por eso que recurre a una serie de textos de la Biblia hebrea (Joel 3,1-5; Sal 16,8-11; 132,11 [// 2 Sam 7,14]; 110,1; el primero y el último omitidos en el texto litúrgico). 


La clave de todos estos discursos –y el motivo por el que es incorporado en las lecturas del tiempo pascual- está en que “a este Jesús que (breve presentación de su vida)… ustedes lo mataron… y Dios lo resucitó” (vv.22.23.24). En este caso, esto ocurre en cumplimiento de las Escrituras citadas.


En esta ocasión, Pedro presenta a Jesús como profeta (algo frecuente en Lc-Hch) al destacar sus “signos y prodigios” (v.22, a los que añade “milagros”), pero en continuidad con David, que también es presentado como “profeta” (v.30). La cita de los Salmos 16 y 132 destaca que Dios no abandona a la muerte al descendiente de David. Así reitera lo ya dicho: “Dios lo resucitó” (v.32) reforzado por “todos nosotros somos testigos” de ello.


El texto culmina haciendo referencia al don del Espíritu Santo donado en Pentecostés que “ustedes ven y oyen”, con lo que todos los asistentes se transforman, a su vez, en testigos de lo que está ocurriendo. 


En paralelo con su Evangelio, Lucas presenta el envío del Espíritu en el comienzo del ministerio (de Jesús, de la Iglesia), el cumplimiento de las Escrituras, y el testimonio de los asistentes:



El Jesús profeta y la Iglesia, que debe ser profeta también, acompañada y guiada por el Espíritu de los profetas empiezan su ministerio.



Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     1, 17-21

Resumen: En un marco típico de la liturgia pascual del Éxodo, “Pedro” presenta a Jesús como Cordero liberador que mueve a los destinatarios a una vida diferente a la que llevaban, sabiendo que son tratados como extranjeros por el medio ambiente, pero movidos a esa vida por la fe y la esperanza. 



Luego del prólogo, o introducción de la carta (1,3-12) esta exhorta a los destinatarios a vivir la esperanza de la que ya había hablado. La celeridad con que esto debe vivirse se expresa con una imagen de la pascua (“la cintura ceñida”, cf. Ex 12,11). La característica vida libertina de los paganos en el Imperio Romano debe haber quedado atrás, la vida de “sobriedad” caracteriza la “vida pascual” del cristiano. Esta sobriedad es manifestación de esa esperanza unida a la gracia (v.13). 


La santidad a la que invita a los destinatarios tiene su origen en el “pueblo santo de Dios”. Si los destinatarios –paganos- no eran pueblo, ahora lo son y deben vivir coherentemente con esa “santidad”, es decir, separarse del modo de vida que vivían antes (v.14; cf. 2,5.9). A esto lo llama “hijos de la obediencia”, esto es la respuesta a la escucha de la palabra de Dios, supone una respuesta concretada en una vida nueva; es decir, no se trata de “acomodarse” a la vida que tenían antes, cuando eran paganos (cf. 1,14; 2,11; 4,3-4). Esto supone vivir esa santidad (1,2.15-16; 2,5.9; 3,5.15). Pero no se trata de algo ritual, o de salir (“separarse”) del mundo, sino de una vida concreta en el mundo actual. Una característica de toda la carta es precisamente la invitación a los cristianos a llevar una vida diferente en medio del mundo que los caracterice e identifique.


A partir de aquí comienza el texto litúrgico, relacionando la vida concreta y la relación con Dios al que “llaman Padre”. Lo que destaca de Dios es que “no hace acepción de personas”; es evidente que se podrían haber dicho cientos de otras cosas al hablar de Dios como “Padre”, esta característica (frecuentemente destacada para señalar que Dios trata al pobre, al despreciado de igual modo que al que otros califican de “importante”; cf. Dt 1,17; 10,17; 2 Cr 19,7; Job 34,19; Sir 35,13; Hch 10,34; Rom 2,11; Ga 2,6; Ef 6,9; Sgo 2,1…) esto está dicho en función de la “extranjería” (paroikía). El extranjero es el que habita en un país que no es el suyo (se distingue del forastero, o el que “está de paso”). Se refiere (cf. 2,11) a los cristianos que son tratados de tales. No ha de leerse en sentido “espiritual”, como si pensara en que los cristianos son “ciudadanos del cielo” y por tanto están “en el mundo” como “extranjeros”. Esa lectura es totalmente ajena al texto. Los cristianos son tenidos por menos (despreciados, como eso que Dios no hace) en la sociedad en la que viven; pero la fe y la esperanza les dan una identidad nueva, un ámbito de pertenencia. Así deben vivir los cristianos en este mundo, encontrando en ese modo de vivir su propia identidad y ser así reconocidos por los demás. Pero este modo de vida tiene una motivación cristológica (1,18-21). La sangre del cordero sin tacha (nuevamente el contexto es pascual) ha “rescatado”, “liberado” a los cristianos. La referencia a la pascua (Ex 12,1-14, el cordero sin tacha) y al pago no con oro o plata (Is 52,3, Dios es el salvador poderoso que liberará a los israelitas). El marco es claramente político: liberación de Egipto y liberación de Babilonia enmarca la obra salvadora de Cristo y el modo de vida de los cristianos en el contexto del imperio romano, donde son tenidos como “bárbaros”, despreciados como “extranjeros”. Están llamados a una vida nueva que nace de la regeneración mediante la resurrección de Cristo. Esto es un liberarse (lytroun) del modo de vida ignorante que tenían antes (2,1; 4,3). 


El texto concluye con una expresa referencia a Cristo con una cierta semejanza a un himno (varios autores han supuesto que el autor recurre aquí a un himno primitivo) destacando a Jesús desde el comienzo y hasta el final de la historia (“antes de la creación … en los últimos tiempos”, v.20) pero a su vez inmerso en nuestra historia (“Dios lo ha resucitado de entre los muertos…”). Esta sangre liberadora derramada es a su vez vida recobrada por la resurrección, y es esto lo que da “encarnadura” a nuestra fe y esperanza que están puestos “en Dios” (v.21).




Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     24, 13-35


Resumen: En el único día de la resurrección, Lucas presenta las apariciones del resucitado en el entorno de Jerusalén. Unos peregrinos que vuelven a Emaús, no reconocen al peregrino que va con ellos hasta que –reclinado a la mesa- “parte el pan” (frase claramente Eucarística) con lo que se les abren los ojos, lo conocen y entonces Jesús ya puede desaparecer. Verlo ya no es necesario si está la Eucaristía.


El relato de los peregrinos de Emaús tiene una serie de elementos importantes para entender la intención de Lucas, y otros elementos importantes para comprender bien la unidad literaria.


Para comenzar, destaquemos que en Lucas (no así en Hechos, lo cual es interesante de profundizar, pero no es este el momento) todas las escenas de apariciones del resucitado, de la primera a la última, ocurren el mismo día: el domingo de la resurrección. Evidentemente esto forma parte de la intención del autor. De hecho, el texto comienza afirmando precisamente eso: “aquel mismo día iban dos de ellos” (notar el plural masculino, del cual diremos algo al final de este comentario). 


Otro tema a tener en cuenta, y es propio de la teología de Lucas, es que todas las apariciones ocurren en torno a Jerusalén. La aldea de Emaús, por ejemplo, está mencionada en relación a la ciudad (“sesenta estadios de Jerusalén”, aproximadamente unos 10 kilómetros). 


Peregrinos que vuelven a sus lugares después de las grandes fiestas de peregrinación (como era la Pascua) eran frecuentes, por lo que no ha de resultar a los dos que se les incorpore un tercero, al que no reconocen. Ellos van “intercambiando palabras mutuamente” y el tercero pregunta de qué hablan. Uno de estos es mencionado: Cleofás, el “otro” permanece anónimo todo el relato. Es este el que toma la palabra respondiendo a la pregunta del desconocido que se incorpora, lo hacen con “mala cara”, compungidos. El contexto parece indicar que “todos” en Jerusalén hablan del “tema Jesús”, ya que era muy reconocido por el pueblo y se vivió como una injusticia su asesinato, todos los “extranjeros” (paroikeîs) lo saben. Los responsables de este crimen son “los sumos sacerdotes y principales”, y Jesús es calificado –como es propio en Lucas- de “profeta”. Lo es “poderoso” en “obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo”; algo que en Hechos se afirma también de Moisés (cf. Hch 7,22) con lo que este “profeta” Jesús, que se asemejaba a Elías en el Evangelio, también es comparado a Moisés, el profeta esperado (cf. Dt 18,18). Como tantos de los seguidores de Jesús, su muerte acabó con sus expectativas, sean estas cuales fueren (seguramente entre los que acudían a Jesús lo hacían por diferentes motivos y eran diferentes grupos; obviamente todos vieron sus expectativas frustradas cuando fue crucificado). Lo que estos esperaban era que Jesús “librara” (lytrôsêtai, cf. 1 Pe 1,18 [segunda lectura]) a Israel. Habitualmente se afirma que Dios libra a Israel (Ex 6,6; Dt 21,8; 2 Sam 7,23; 1 Cro 17,21; 1 Mac 4,11; Sal 25,22; 130,8; Sof 3,15; Is 41,14; 41,1.14; 44,23) pero lo ha obrado en la historia con la ayuda de algunos mediadores como Moisés, David (o su descendencia). Así como Moisés ha sido el instrumento de Dios para liberar a Israel de Egipto, los peregrinos esperaban que el “profeta” Jesús librara a Israel de sus opresores.


Hemos mencionado en otro momento el rol de las mujeres en los lamentos junto al sepulcro. Lamentos que intentaron –a lo largo de los tiempos- ser regulados, controlados, impedidos o simplemente burlados. Esas mujeres “nos han sobresaltado” (exéstêsan; cf. 2,47; 8,56;  Hch 2,7.12; 8,9.11.13; 9,21; 10,45; 12,16 en sentido de dejar “atónitos”, sorprendidos…) “dijeron que unos ángeles”… (en v. 4 se habló de “dos hombres”) “afirman que vivía”. “Son cosas de mujeres”, afirman. Incluso fueron “de los nuestros” (= varones) y vieron el sepulcro vacío, pero a él no… Las expectativas se han desvanecido, y ya pueden volver a su casa (“ya van tres días…”).


Ante esta intervención de Cleofás, ahora responde el peregrino desconocido –que nosotros, los lectores, sabemos que se trata de Jesús. Sus ojos estaban “retenidos” (kratéô, vacíos, tapados) y no podían “ver”- por un lado calificando a los dos peregrinos de “insensatos” (torpes, ignorantes; el término suele usarse agresivamente, cf. Gal 3,1.3; 1 Tim 6,9; Ti 3,3; aquí es sinónimo de lo que sigue: no comprenden) y “tardos de corazón” (el corazón, la sede de las decisiones y la comprensión es “lento”, bradeîs), y luego recurriendo a los profetas les muestra que “era necesario” (deì, refiere a algo que está previsto por Dios, en su voluntad, en su plan de salvación) que “el Mesías padeciera eso y así entrara en su gloria”. 


El narrador toma la palabra sintetizando que les mostró “lo que había sobre él en las Escrituras”  empezando por Moisés y siguiendo por “todos los profetas” (cf. 16,29.31). La referencia a Moisés puede entenderse en el sentido profético (como se ha dicho) más que en sentido legislativo, con lo que Jesús se ubica en el contexto de la tradición profética. La suerte de los profetas ilumina el sentido de la suerte de Jesús (Lc 6,23; 11,47.49.50; 13,34) como él mismo ya lo había anunciado (18,31). 


El diálogo entre ellos finaliza aquí. Los peregrinos llegan a casa y el compañero de camino –que no es de Emaús- debe continuar. Los peregrinos lo convencen de pasar con ellos la noche, lo cual es razonable dada la importancia de la hospitalidad en el mundo antiguo. La clave de todo el relato se encuentra en v. 30 donde el peregrino –ya a la mesa- fracciona el pan lo que provoca que “se les abran los ojos”.  Curiosamente se les abren los ojos y dejan de verlo. 


El verbo kataklínô (estar a la mesa, reclinarse) es exclusivo de Lucas en el NT (5x, cf. Ex 21,18; Núm 24,9…); en él siempre hace referencia a una comida (no a una cama, como en otros textos, como los arriba citados): 7,36; 9,14.15; 14,8; 24,30. La bendición (eulógêsen) sobre el pan se encuentra en los relatos de la multiplicación de los panes (Mt 14,19 / Mc 6,41 / Lc 9,16) y en el relato de la Eucaristía de Mateo y Marcos, pero no en Lucas, que lo desplaza a este momento (Mt 26,26 / Mc 14,22); en cambio, el verbo “partir el pan” (kláô) se encuentra también en los relatos de la multiplicación de los panes pero no en Lucas (Mt 14,19; 15,36 / Mc 8,6.19) y en los relatos de la Eucaristía (también en Lucas, Mt 26,26 / Mc 14,22 / Lc 22,19) y aquí. En Hechos el uso es también eucarístico (cf. 2,46; 20,7.11; 27,35), y sólo se encuentra dos veces en Pablo, también en contexto eucarístico (1 Cor 10,16; 11,24). Evidentemente Lucas quiere dar a la acción de Jesús un sentido eucarístico, y es este hecho el que les “abre los ojos”. “Abrirse los ojos” es lo contrario de “no comprender”, de ser “lentos de corazón”, ahora ven y comprenden (cf. Gen 3,5.7; 2 Re 6,17.20; Zac 12,4). En este sentido, es sinónimo de “creer”; antes no lo “conocen” (v.16) ahora lo “conocen” (v. 31), el contraste entre ambos momentos es evidente, y la causa de la novedad está dada por la fracción del pan; una vez que lo reconocen y creen ya no precisan “verlo”. Jesús desaparece.


El relato concluye con la interpretación que los mismos peregrinos dan del hecho: “el corazón ardía” cuando les explicaba las Escrituras: con la explicación de Jesús, como el fuego ilumina, “arde” el corazón, la sede de la inteligencia, y entonces pueden comprender lo que los ojos vacíos no lograban descubrir. 


En esa hora” olvidan que es de noche, la inseguridad, y salen a contar a los Once y a los (¿y las?) que estaban con ellos, lo ocurrido (son 10 kilómetros de vuelta, obviamente), pero al llegar se encuentran con que los Once les afirman que “el Señor se ha aparecido a Simón”, algo de lo que Lucas no habla narrativamente, aunque lo sabemos por Pablo (1 Cor 15,5). Los peregrinos, a su vez, cuentan “cómo lo reconocieron al partir el pan”. El verbo “conocer” (ginôskô) y sus derivados juega un papel importante en el relato: los peregrinos no lo “conocen”, Jesús parece no “conocer” lo que ha ocurrido en Jerusalén, ellos lo “re-conocen” al partir el pan y entonces anuncian ese “conocimiento” a los Once y sus compañeros. 


Una breve nota sobre “el otro peregrino”. Nada dice el texto sobre el compañero de Cleofás, los términos que se utilizan se encuentran en un plural masculino. Pero siendo habitualmente frecuente en gramática que el plural masculino esconde (invisibiliza) a las mujeres presentes con sólo que haya un varón en el grupo, es lícito preguntarse si el restante peregrino no se trataría de una mujer. La traducción en algunos textos dice “se decían el uno al otro” (v.32) pero en realidad el texto no se encuentra en masculino sino que dice “y se dijeron mutuamente” (allêlous). Siendo que ambos viven en la misma casa no es improbable que el peregrino innominado sea en realidad la mujer de Cleofás. De hecho, en Jn 19,25 se menciona al pie de la cruz a “María de (esposa de) Clopás”, que es el mismo nombre. No es improbable que en el grupo de seguidores de Jesús el matrimonio de Cl(e)opás y María fueran discípulos de Jesús y compartieran con él –entre otros- sus últimos momentos (ya vimos que son varios los que se encuentran juntos, no solamente los Once). De hecho, Lucas, aunque da un lugar destacado a las mujeres en su Evangelio, también evita que aparezcan en lugares de importancia (algo semejante ocurre en la lista de aquellos que se beneficiaron con una aparición del resucitado que Pablo conoce; en ella no se mencionan mujeres –a menos que estén disimuladas o invisibilizadas en los plurales masculinos, como “hermanos” o “apóstoles”, 1 Cor 15,6.7). Sin duda, cuando Lucas escribe su Evangelio el movimiento de Jesús ya comienza a estructurarse y organizarse, y en este momento las mujeres comienzan a ser relegadas a un segundo lugar, algo que continuará en la historia de la Iglesia en los siglos siguientes ahondando esta situación.



Foto tomada de https://www.pexels.com/es-es/foto/comida-manos-pan-productos-horneados-2601014/

lunes, 13 de abril de 2026

Delirium tremens

Delirium tremens

Eduardo de la Serna



El delirio es desvariar, desencaminarse, literalmente “apartarse del surco (surco, en latín es “lira”). En el lenguaje común sabemos qué o quién es una persona delirante. Y a veces, el delirio provoca miedo, temor y temblor (tremens). En el lenguaje médico suele aplicarse a los síntomas que presenta una persona alcohólica ante la abstinencia.

Los argentinos “de bien” sabemos acabadamente cómo es un delirante. ¡Nos gobierna! Y, si, además, sabemos que es el bufón del que se autopercibe rey mundial, pues la cosa se complica.

Es sabido que, desde antes de su elección, las huestes de Donald Trump (por ejemplo, Steve Bannon) miraban con muy malos ojos al cardenal Robert Prevost, luego elegido Papa, León XIV. No es este el momento de evaluar el casi año de pontificado de León (debo confesar que, personalmente, no ha logrado – hasta ahora – convencerme… pero eso a nadie debe importar, al fin y al cabo). Lo cierto es que hay, fundamentalmente dos cosas que al monarca gringo le molestaban del Papa: su postura frente a los migrantes (1) y su postura frente a la paz (2). Así fue que las relaciones entre ambos no parecen estar en buen momento. Trump ha dicho ahora que el papa es débil con el crimen y terrible en política exterior”. El crimen (1) es sinónimo de los migrantes para el delirante. Parece que, si no fuera por estos, EEUU sería el mismísimo paraíso… Claro que los presidentes que lo han precedido (y de los que ha aprendido) que han guerreado y bombardeado el mundo entero, los traficantes de armas, los que deciden hacer tiro al blanco contra escuelas o centros comerciales, los que enseñaban tortura, genocidio y terrorismo de Estado, o los Epstein de la historia parecerían contradecirlo… Y la política exterior (2), parece referir a la “evidente civilización” que llevan los EEUU al mundo invadiéndolos, bombardeándolos, secuestrando presidentes… Y, finaliza Trump, “no quiero un papa que…” haciendo referencia a Irán, Venezuela y a él mismo. Reitero, en lo personal, lo que él quiera o lo que yo quiera, no es tema en cuestión (claro que él tiene poder, lo que no es mi caso).

Pero en su delirio, ahora difunde imágenes mostrándose a sí mismo como Jesucristo. Y no entro en el terreno de si se trata o no de blasfemia… Sí de delirium tremens. Y, de paso, no está de más pensar qué les ocurre a los miles de personas que lo ven bien, o que lo celebran; ¿qué tienen en sus mentes (si es que las usan)?

Pensar que una persona así de megalómana, así de desquiciada, así de absurda lleva los destinos del país (o del que fue) más poderoso de la tierra, es peligroso. Somos nosotros los que “temblamos” ante su delirio.

Si después vemos la animación paródica-payasesca de Milei autopercibiéndose como Maradona (al cual detesta), hecha por alguien que desconoce lo mínimo del fútbol (el arquero usa una camiseta distinta de la de su equipo, como el mismo Milei ha afirmado en una de sus pocas referencias sensatas) … Todo esto me lleva a una pregunta, que va en otra dirección (no contraria, por cierto) del tema del Papa… ¿Qué ha pasado en el mundo? Afortunadamente ha desaparecido la era de la “manicomización” de las personas “locas” … pero una cosa es no encerrarlos, y otra muy diferente es encargarles los destinos de una patria. A menos, claro, que esa “locura” sea contagiosa, cosa que, los que saben, dicen que no es el caso.

Una cosa es pensar distinto, y otra cosa muy diferente es ungir, sacralizar “me” hasta el punto de que todo el diferente debe ser insultado, agredido, bombardeado, maltratado… Y, de paso, en la Biblia, por doquier (y eso que Israel se autopercibe como “el pueblo elegido”) se habla de respeto a los migrantes (1): “recuerda que tú fuiste migrante…”, y el mismo Jesús se identifica con ellos: “lo que hicieron a uno de ellos a mí me lo hicieron”. Y, por otra parte (2), la búsqueda persistente de la paz identifica a Israel (shalom) y es característico del niño nacido en el pesebre: “paz en la tierra a los preferidos de Dios”, y es saludo del resucitado a sus amigos: “¡paz a ustedes!” Entonces, ¿de qué pretende el cómico que hable un papa? Sea el que fuere, mejor o peor papa, no puede sino decirlo: abrazar a los migrantes y trabajar por la paz.

Es cierto que también en la Biblia se hace referencia a que puede ocurrir lo contrario, por eso, expresamente se dice “no maltratarás al migrante” y también que la paz de Jesús “no es como la paz que da el mundo”. Pero deja bien claro, a los “judíos de bien” y a los “cristianos de bien”, dónde deben posicionarse en la historia. Y, lo siento, Donald… lo siento, Javier… ¡no es del lado de ustedes!


Imagin difundida por Donald Trump y publicada por todos los medios del mundo... Incluso los propios.

Comentario al Evangelio del 3er domingo de Pascua A

Comentario al Evangelio del 3er domingo de Pascua A


o también en

https://youtu.be/HmgSNmnG1hU

Eduardo

Una reflexión sobre la inteligencia no artificial

Una reflexión sobre la inteligencia no artificial

Eduardo de la Serna



Es cierto que la palabra “inteligencia” es tan ambigua que hoy se aplica a un celular, un televisor y hasta a una almohada. Pareciera que – hoy – dice relación a la capacidad de algo de relacionarse “amablemente” con los seres humanos, y hasta se habla de “inteligencia artificial” (la cual en más de una ocasión se revela poco inteligente… aunque también a veces los poco inteligentes son quienes la usan, y la usan mal).

Pero pretendo referirme a la inteligencia humana.

Etimológicamente se refiere a aquella persona que “entiende”, y esto establece un interesante límite, porque suele darse que una persona entienda muchísimo de un aspecto y sea incapaz de comprender otros. A veces, por ello, se distinguen diferentes tipos de inteligencia, lo cual puede ser razonable. Puede haber quien sea inteligente para cuestiones abstractas y nada en cuestiones prácticas, etc. Nadie – por obvias razones – comprende “todo”. Pero en un sentido más cotidiano, podemos referirnos a personas que, en lo diario, no comprenden. Sencillamente se las puede calificar de poco inteligentes y todos entendemos (salvo ellos, claro). Habitualmente, en el lenguaje habitual, nos comprendemos si afirmamos que alguien es muy, o es poco inteligente.

Vaya esta introducción para señalar que hace más de dos años, en una conversación yo afirmaba que, según me parecía entonces, Milei es muy poco inteligente. Alguien se sorprendió de mi afirmación porque su percepción era inversa. Debo confesar que hoy, algo he precisado aquella imagen; hoy diría que no es nada inteligente, pero no es este el tema.

A veces, podemos añadir, se confunde la inteligencia con la astucia. Hay personas que son ciertamente astutas, aunque no sean inteligentes; en el ambiente público se me ocurren muchos nombres como ejemplos.

Pero, mirando la actualidad, me resulta evidente que algunos (y en la oficialidad ¡los hay!) son al menos bastante astutos para la corrupción, la estafa o el robo. Pero eso no aplica a todos… y hay muchos que ostentan una notable torpeza. Cuando una persona no entiende siquiera ciertas lógicas, su nula inteligencia salta a la luz. Podemos decir, y está a la vista, que cuando una persona estafa, roba, soborna, es corrupta a la vista y deja “todos los dedos marcados”, pues debemos afirmar que la inteligencia “ha pasado de sí”.

Una vez, hace mucho, estando en el seminario, vino a hablar con nosotros un conocido cura, capellán de cárceles, y nos dijo: “no crean que en la cárcel están los ladrones o asesinos… están los malos ladrones o asesinos…”

Señalo todo esto porque, en Argentina, ya nos acostumbramos a los impunes. Los que saben que nada de lo que digan o hagan tendrá efectos negativos sobre ellos (de hecho, sabemos que no ocurrirá nada mañana con ninguno, cuando estos se vayan eyectados…. Sabemos de más de uno y una que volvieron una y otra y otra vez porque nunca el poder judicial se hizo cargo de eso que en teoría se llama “justicia”). Pero, fuera de eso, es notable que algunos, de impunes quizás, y de inteligencia nula seguramente, compran departamentos, hacen viajes, sin el más mínimo cuidado de ponerse guantes para evitar las huellas digitales. El cerebro pareciera de Adorno…Tanta torpeza sería preocupante si no fuera porque pueden estar tranquilos sabiendo que nada pasará, y si eventualmente debieran dejar su actual cardo de importancia, el sacrificio de una embajada central los espera.


Imagen tomada de https://es.vecteezy.com/foto/2867952-marcado-a-mano-en-una-pared-de-cemento

jueves, 9 de abril de 2026

Isaías, un profeta con mayúscula

 Isaías, un profeta con mayúscula

 Eduardo de la Serna



Si miramos en nuestras biblias los libros de los profetas, veremos que el primero en la lista es Isaías, que, por otro lado, es el más largo de todos (tiene 66 capítulos); pero, además, se habla de él en algunos libros considerados históricos (2 Reyes 19-20 y 2 Crónicas 26,22; 32,20.32), se lo menciona en el Eclesiástico (48,20-22), y es el profeta más citado en el Nuevo Testamento, sea en los cuatro Evangelios y Hechos de los apóstoles, como también en la carta de san Pablo a los Romanos.

Señalemos, para ser precisos, que fue tan importante que, detrás de él quedó una escuela… grupos de personas que se remitían a él y, a veces, escribían en su nombre como una manera de decir “si hoy viviera Isaías nos diría esto”. Por eso, cuando hablamos del profeta y su predicación tenemos que distinguir lo propio de lo que dicen sus discípulos; sobre todo, porque los tiempos son distintos y, por lo tanto, serán distintas las propuestas, las críticas o las predicaciones que se hagan “en nombre de Isaías”. Además, evidentemente, hay que tener en cuenta que los profetas predicaban y otros, contemporáneamente en ocasiones, o, habitualmente más tarde, ponían lo dicho por escrito.

Si miramos lo que nos dice el relato inaugural, veremos que predicó “en tiempos de Ozías, de Jotán, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá” (Is 1,1; es bueno notar que muchas veces en el versículo inaugural de los libros de los diferentes profetas se nos dice en qué período histórico predicó cada uno). En este caso (las fechas son estimativas) se trata de: Ozías (781-744 a.C.), Jotán (744-742 a.C.), Acaz (742-727 a.C.) y Ezequías (727-698 a.C.), reyes de Judá, es decir, del Sur. Como vemos, el período de predicación de Isaías es de casi 50 años (aunque empieza a hacerlo cuando muere Ozías (ver Is 6,1). Los discípulos, por su parte, predicarán en tiempos más tardíos (por ejemplo, durante el exilio en Babilonia o al regresar, entre los años 545 y 515 a.C., aproximadamente; cosa que encontramos en el actual libro de Isaías en los capítulos 40 a 66.

Como los profetas procuran hablar de parte de Dios a los tiempos en que viven, es importante conocer qué pasaba en cada uno de ellos ya que allí éste dirá que “esto sí” o “esto no” es fiel al proyecto de Dios para su pueblo. Isaías – como dijimos – parece ser alguien importante, por eso puede tener fácil acceso al rey y al palacio (ver, por ejemplo 7,4.10; 22,15).

Durante el período del rey Jotán, Isaías critica las expresiones religiosas que son formales, pero no van acompañadas por una vida coherente con la voluntad de Dios. Muchos creen que lo que le agrada a Dios es el culto, las oraciones, los ayunos… pero el profeta les dice que “primero” deben vivir como Dios propone, y después sí, participar en el culto (ver 1,10-20; 29,13-14); vivir conforme con la voluntad de Dios es lo más importante.

Durante el período del rey Ajaz, el clima internacional es muy preocupante: el terrible ejército asirio avanza y domina todo, extermina, arrasa, destruye. Algunos proponen una alianza para enfrentarlos (e incluso quieren derrocar al rey de Judá - es decir del Sur - para poner uno amigable), e Isaías le dice a Ajaz con toda vehemencia que “no tema”, que confíe en Dios; que no vaya a buscar ayuda con los asirios ni tampoco se una a los que lo quieren enfrentar (ver 7,16-17; 8,4).

Durante el período de Ezequías, Isaías encuentra un rey que pretende ser fiel a Dios, por lo que lo apoya y acompaña (9,1-6), incluso en su resistencia contra el ejército extranjero (10,20-23; 14,24-27).

Como se ve (lo que acá señalamos son simplemente ejemplos), en cada período histórico la palabra del profeta tiene matices y acentos diferentes. Obviamente, en Isaías y en los demás profetas, de ayer y de hoy, cada uno con sus características, sus propuestas, sus críticas o acentos, y en los momentos diversos, pretenden siempre señalar lo importante: ¡la búsqueda de que se realice la voluntad de Dios en los tiempos concretos que vivimos!

 

Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Isa%C3%ADas

miércoles, 8 de abril de 2026

Jorge Novak, santo

Jorge Novak, santo

Eduardo de la Serna



La curia romana, siempre atenta a hacer todo lo contrario a lo que se espera y desea de ella, acaba de confirmar que la causa de beatificación de Jorge Novak ha quedado anulada. La razón es que no hizo – dicen – todo lo que debiera en el caso del comportamiento de un presbítero de la diócesis.

Antes de avanzar quisiera decir algo sobre eso:

  • 1.      Como hombre de Dios que era, Jorge Novak le creyó al cura que decía que no era verdad aquello de lo que lo acusaban; no podía entender que un cura mintiera (porque él no lo hacía ni lo haría).
  • 2.      Cuando los testimonios y pruebas fueron abrumadores sobre el obrar del cura, Novak dijo que se había equivocado, le había creído y dijo que debía renunciar a la conducción de la diócesis (algo a lo que los curas que estábamos con él en ese momento lo desalentamos).

En lo personal no tengo dudas de que el cese de la causa tiene que ver con el tiempo eclesial que vivimos, es decir, el fallecimiento de Francisco y un nuevo pontificado tibio y mediocre. No importa que hubiera no uno, sino muchos casos semejantes para la canonización del obispo de Cracovia Karol Wojtyla y luego papa Juan Pablo II. El solo caso de su apoyo a Marcial Maciél, el depredador y fundador de los Legionarios de Cristo es harto evidente. Es decir, es evidencia de la doble vara con la que se guía la curia romana cuando de canonizaciones se trata.

Ya fuimos testigos de que Roma “cajoneó” el proceso de beatificación – canonización de monseñor Romero. Un santo obispo molesto para la doble vara eclesial. Recién cuando afirmaron que Romero era del Opus Dei y no estaba con la Teología de la Liberación (sic, irónico sic) se desempolvó el proceso y se llegó a buen término.

El 13 de octubre de 2025 se informó de la revocación del nihil obstat (nada obsta) con la continuidad del proceso de beatificación de Jorge Novak. Hoy decenas de voces en distintos medios celebran a San Jorge Novak, canonizado por el pueblo de Dios, el mismo que es infalible “in credendo” (en lo que cree). Roma podrá decir lo que quiera (son tan buenos que nos permiten seguir llamándolo “Siervo de Dios”, ¡tanta ternura!) el pueblo también habla. Y quienes queremos escuchar lo que el Espíritu de Dios dice a las Iglesias lo reconocemos. Lo celebramos. Lo festejamos. San Jorge, ¡ruega por nosotros! (y por la Iglesia).