miércoles, 30 de septiembre de 2026

Algo que aprendí de Teresa…

Algo que aprendí de Teresa…

Eduardo de la Serna


Es interesante – e importante – pero no me detendré en eso, la centralidad que en tiempos de Teresa se daban a las obras, los méritos, la obediencia, es decir, lo “religioso”. Importante porque ayuda a mostrar su creatividad, su osadía, su libertad, su docilidad al Espíritu Santo, su encuentro con el Evangelio…

Pero dejando eso de lado, entonces, me llama la atención como ella cambia el eje y pone toda su mirada en el amor. Curiosamente, si miramos los Evangelios sinópticos el término amor / amar no es tan importante. Veamos brevemente:

En Marcos la raíz agap— [amor, amar…] se encuentra 8 veces; en 3 se señala que Jesús es el “hijo amado” de Dios y en las restantes, 3 en el diálogo de Jesús con el escriba sobre el mandamiento mayor para los judíos, y se señala que Jesús ama la respuesta inicialmente positiva del rico En Lucas se encuentra 16 o 17 veces, dos (o tres, según una variante textual) refiriendo al “hijo amado” de Dios, una vez en relación al mandamiento principal, 6 veces sobre el amor a los enemigos, tres veces en un sentido común (amar al pueblo, amar ser saludado, amor de esclavo a un amo), tres en relación al perdón y una señalando la centralidad del amor y la justicia (11,42). En Mateo la encontramos 12 veces, varias están en común con Lucas, seguramente tomadas de la fuente que tienen en común [Q]: el amor a los enemigos (3x), el amor del esclavo, y tomadas de Marcos, el hijo amado de Dios (2x), el mandamiento principal (2x), una cita de Isaías sobre el “Siervo amado”, la importancia del amor “al prójimo” y una referencia escatológica que con el crecimiento de la maldad se “enfriará” el amor de muchos… Como es fácil de imaginar, en Juan el tema crece exponencialmente (y ninguna de estas citas anteriores se encuentra en el Cuarto Evangelio); ¡la encontramos 43 veces! Lo interesante es que en la primera parte del Evangelio (1-12) solo se encuentra 8 veces mientras que el amor ocupa un lugar central en toda la segunda parte (13-21), en la que Jesús se manifiesta abiertamente.  Así comienza solemnemente: “habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo” (13,1). El amor se presenta como mandamiento, porque se invita a los herederos de Jesús a recibir su testamento; vivir como él vivió los transforma en tales. Precisamente por eso, el discípulo ideal se presenta como “discípulo amado”. Salvando Juan, entonces, difícilmente se podría decir que el amor es el corazón del seguimiento de Jesús y que nada hay sin amor.

Si miramos san Pablo [y los escritos de la tradición paulina] algo cambia, pero hay que decir que Teresa se concentró mucho más en los evangelios que en el Apóstol (a modo meramente estadístico, en La Bible avec Thérèse de Lisieux [Cerf – DDB 1979], por ejemplo, los textos en los que Teresa cita a Mateo ocupan 36 páginas, en Marcos 11, Lucas 32, Juan 29 y ¡todo Pablo!, solo 16 páginas). En Pablo el tema es muy diferente: las palabras de la raíz agap— las encontramos en Romanos 24x, 1 Corintios 18x, 2 Corintios 15x, Gálatas 5x, Efesios 22x, Filipenses 7x, Colosenses 11x, 1 Tesalonicenses 8x, 2 Tesalonicenses 5x, 1 Timoteo 6x, 2 Timoteo 7x, Tito 1x, Filemón 5x (es decir, un total de 134 veces); obviamente de los modos y sentidos más diversos, pero ciertamente en Pablo sí ocupa un lugar central.

Pero, entonces, si Teresa no cita demasiado a Pablo, pero sí los Evangelios y el tema del “amor” es mucho más frecuente en aquel que en estos, ¿de dónde toma Teresa la centralidad del amor?

Me parece entender que el proceso que sigue Teresa es diferente. Ella va conociendo a Dios / Jesús y se va enamorando. Ciertamente en ese encuentro con Jesús influyen decenas de cosas: su propia sensibilidad, su experiencia y catequesis familiar (particularmente su papá), sus lecturas, en las que el Evangelio ocupa un lugar principal, como ella lo dice, su amor a algunos santos particularmente (y su no mucho amor por otros, al menos según lo que le han contado de ellos), las experiencias positivas y negativas que vive en su vida en el Convento y con las hermanas… todo ello le va permitiendo encontrarse con Jesús, pero hacerlo, además, desde su inmensa libertad: no acepta tradiciones piadosas sobre la Virgen, por ejemplo, quiere conocer “la verdad” (palabra muy importante en su itinerario espiritual), no valora tradiciones establecidas, como sacrificios y sufrimientos, no acepta cosas que “siempre se hicieron así”, muchas de las cuales, en el fondo, simulando generosidad y sacrificio esconden soberbia y orgullo, como los “actos de ofrenda a la justicia divina” que tanto miedo provocaban a muchas monjas (como a su hermana María del Sagrado Corazón).

De su padre y del jardín de Buissonnets aprendió a disfrutar la belleza de las flores, sean las más importantes o las más sencillas (algo que, poco tiempo después, también reveló Etty Hillesum). Agradar a Dios, ya no obedecerlo, mucho menos aún temerlo (es interesante la actitud de Teresa frente al miedo a Dios por parte de ciertas espiritualidades que no la atraen en nada); agradar, como agrada una flor, como la sencillez de una margarita. Así Teresa empieza a encontrarse con Dios / Jesús y a enamorarse de Él. Es aquí, en Él, más que en los textos, creo yo, que ella descubre el amor (curiosamente nunca cita 1 Juan 4,8: “Dios es amor”). Y creo que aquí radica el primer paso de su misticismo. Ella va sabiendo que así es Dios y así quiere ser. Y hacer. Con ese Dios se va encontrando – por ejemplo, en el “libro de la naturaleza” – y Él le da la clave de interpretación de todo, de los Evangelios, de los santos y la santidad, de su vida toda.

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que, si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florcitas... (MsA 2vº)

El excelente rabino y teólogo, Abraham J. Herschel, en su libro sobre los Profetas (1962) dice algo maravilloso: los profetas pueden hablar de parte de Dios porque tienen “simpatía” con Dios (de syn, “con” y pathos, “sentir”), es decir sienten como y lo que Dios siente en los distintos momentos; podríamos llamarlo “sintonía”. Los profetas, entonces, Teresa ahora, sienten como Dios. Su unión es tal (misticismo, fusión, como la gota de agua en el océano) que puede hablar con toda libertad porque es Dios el que habla con y en ella. Y el Dios que muestra en palabras y escritos, en actitudes y silencios se parece a ese Dios que ella ha encontrado.

El amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, ¡ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano... Para amarme como tú me amas, necesito pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo (MsA 35rº)

Causarle placer a Dios, agradarle, permitirle descansar, jugar, sonreír… ese es el Dios con el que Teresa se va encontrando. No es el Dios patriarcal, autoritario, siempre enojado y maltratador de los humanos por sadismo o crueldad. Y ese Dios se relaciona con ella, con nosotros, desde ese su ser… Obviamente es, también, así que nos relacionamos con él. Acá empieza el amor; acá lo encuentra. Y desde el amor lee los Evangelios, lee la vida en la comunidad, y lee todo.

Cuando fue proclamada Doctora de la Iglesia, fue por reconocerse en ella:

La ciencia del amor divino, que el Padre de las misericordias derrama por Jesucristo en el Espíritu Santo, es un don, concedido a los pequeños y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y bendijo al Padre, que así lo había establecido (cf. Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-26) (Juan Pablo II, Divini Amoris Scientia).

Así lo dice Teresa en medio de su crisis y su noche:

Sin mostrarse, sin hacerme oír su voz, Jesús me instruye en secreto; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo. Pero a veces viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final de la oración (después de haber aguantado en el silencio y en la sequedad): «Este es el maestro que te doy, él te enseñará todo lo que debes hacer. Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la ciencia del amor».

¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de los Cantares, que no he dado nada todavía... Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono (MsB 1rº).

Creo que aquí radica la clave. No se trata de subir hacia Dios con esfuerzos, sacrificios y obras y méritos que – además – debieran ser “calculados”. Se trata de un encuentro de amor. Encuentro que no olvida que “él nos amó primero”, que para abrazar a Jesús padre-madre necesitamos que él se abaje hasta nuestra pequeñez para elevarnos (o sentarnos) en su seno. Es que “es propio del amor abajarse” y de encontrarnos con él en familia se trata. Así podemos descubrir que todo en la vida de los seguidores de Jesús debe tener que ver con el amor y nada sin él; pero para saberlo y descubrirlo todo empieza en ese encuentro, se nutre en ese encuentro y permanece en ese encuentro; “tratar de amistad”. “En el corazón de mi madre, la Iglesia ¡yo seré el amor!” Humildemente (es que “¡la humildad, es la verdad!”).


martes, 29 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 27º "A"

Dios nos convoca para dar frutos de vida

DOMINGO VIGESIMOSÉPTIMO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     5, 1-7

Resumen: En un canto el profeta contrasta el amor de Dios a su pueblo con la respuesta que este ha dado. Es todo lo contrario de lo que él esperaba y las consecuencias son evidentes, Dios se desentenderá de aquello a lo que tanta dedicación había puesto.

Para comprender bien este texto poético, presentado como una “canción de amor”, resulta útil ver cómo está conformado:

[A] Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña.                      [título]

[B] Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.

[C] La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita.

Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar.

[D] Y esperó que diese uvas, pero (y) dio agraces.

[E] Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, vengan a juzgar entre mi viña y yo: ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?

[D’] Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?

[C’] Ahora, pues, les hago saber, lo que pienso hacer con mi viña:

quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.

[B’] Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde, crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.

[A’] Pues bien, viña de Yahvé Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito.

Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.

[conclusión]

La forma concéntrica muestra (A) un título y (A') una conclusión que aluden a Israel como viña de Yahvé. Una viña plantada para obtener frutos. En segundo lugar (B) el contraste entre el principio y (B') el final a partir de los (no) frutos conseguidos (fertilidad / desierto). Todo lo que fue preparado (C) para que la viña logre su cometido es (C') desarticulado. La causa es (D / D') que si bien el objetivo eran las uvas, lo conseguido fueron frutos agrios. En el centro (E) se ubica la invitación a los oyentes a “juzgar”, es evidente que más no se podía hacer. El objetivo no cumplido, sino malogrado es el que ha llevado a toda la inversión de la situación: lo preparado para proteger la viña ahora es desarticulado, lo que era fértil ahora es erial. 

Y la razón de todo es la diferencia entre el fruto esperado y el fruto logrado. La ironía entre uno y otro se percibe mejor en hebreo: esperaba “derecho” (mispat) pero hubo “crímenes” (mispah), esperaba “justicia” (tzedaqa‘) y hubo “clamores” (tze’aqa‘). El “derecho y la justicia” es algo fundamental en Israel. El texto nos afirma que “para eso” Dios lo eligió. Pero lo que han dado es lo opuesto: derramamiento de sangre y clamores (gritos de dolor, un término muy frecuente en la Biblia, cf. Ex 3,7.9). Dios no es indiferente a esos clamores (Ex 22,22) como al clamor de la sangre de Abel (Gen 4,10). Tal es el mal fruto que la viña ha dado a aquel que ha dedicado todos sus esfuerzos de amor a la viña, tantos que todos pueden juzgar ¿qué más se podría hacer que no lo haya hecho?


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos     4, 6-9

Resumen: A modo de conclusión de la carta, Pablo recurre nuevamente a los afectos que son claros entre él y la comunidad de Filipos. Para ello los exhorta a vivir conforme a lo que ha enseñado en una nota marcada por la alegría y la paz. 



La conformación de la carta a los Filipenses es muy discutida. Varios autores suponen que hay varias cartas originales en su seno (se suele hablar de dos cartas y una nota breve). El texto que presenta hoy la liturgia es, precisamente lo que relaciona esta nota (4,10-20) con la segunda carta (3,1b-4,3). Forma parte, se dice, de la conclusión de la primera carta donde no hay un tema organizado. Más bien se parece a una suerte de temas genéricos que se desean a los destinatarios al concluir el texto.

Literariamente es una conclusión (los retóricos la llaman peroratio), y hay elementos interesantes a tener en cuenta en este punto: es frecuente que se caractericen – como aquí – por lo afectivo [propiamente la unidad abarca los vv.4-9]. La ausencia de adversarios o conflictos, que sería de esperar habitualmente, revela la excelente relación de Pablo con la comunidad, y que lo dicho en el c.3 frente a quienes predican la circuncisión o bien es posterior a esta unidad – como pensamos – o que Pablo está confiado en que los filipenses no darán crédito a la predicación judaizante. Es interesante que toda esta serie de elementos de la vida cristiana a los que Pablo alude, comienzan con la alegría y terminan con la paz.

La insistencia en la alegría (v.4) retoma lo dicho en 3,1a; quizás sea su continuación interrumpida (sea por el añadido posterior, o sea por razones retóricas), por la unidad referida a los predicadores de circuncisión: 3,1b-4,3. Pero aquí la alegría – tema principal de la carta – aparece como mandato, ¡y en plural!, la comunidad toda debe vivir en alegría, no es un “consejo de piedad individual”. Lo siguiente que se dice es la “clemencia” (epieikês), que contrasta con la fría justicia estricta, es la magnanimidad, y junto con la “mansedumbre” es característica de Cristo (2 Cor 10,1; ver Sal 85,5 LXX), pero esta cualidad es algo que todos los de fuera deben ver como característica de los cristianos. La frase “el Señor está cerca” puede entenderse o bien en un sentido cristológico (y hacer referencia temporalmente a que está próxima su venida) o en sentido teo-lógico: “el señor está cerca de aquellos que lo invocan” (Sal 145,18; ver 34,19; 119,151 y el contraste: “no estés lejos”, 22,2.20); es decir, el "Señor", ¿es Cristo o es Dios? Siendo que la referencia que viene a continuación alude a la oración está última lectura es posible. Puesto que Dios se ha vuelto cercano, no hay motivo para “angustiarse” por razón alguna. Ciertamente Dios es más grande que cualquier dificultad que la comunidad tuviera. La referencia a la oración la remarca con tres términos que se acompañan mutuamente: oración, petición y pedidos (proseujê, deêsei y aitêmata) todo esto acompañado de “acción de gracias” (lo que revela el estar libre de ansiedades). Todo esto conducirá (en futuro) claramente a la “paz” (eirênê) de Dios. La idea “paz de Dios” se suma a que “sobrepasa” todo, lo que tiene una marcada nota de contraste con la “pax” romana. Filipos es ciudad militarizada (colonia romana), y señalarle a los destinatarios la paz que es “de Dios”, que está asegurada como fruto de la oración y que está por encima de todo, sin duda libera a los destinatarios de toda angustia (la metáfora militar de la paz tiene connotaciones contraculturales en el contexto). La paz no es instituida por la violencia y la presión sino por el amor. Precisamente por esto señalará cualidades morales, con connotaciones greco-romanas y también específicamente cristianas en los versículos que siguen (vv.8-9).

Es interesante el contraste entre los vv. 8 y 9. Mientras en v.8 no hay un “y” (kaì) que relacione todo y se dice literalmente: “cuanto es verdadero, cuanto venerable, cuanto justo, cuanto puro, cuanto agradable, cuanto admirable, si virtuoso y si valioso, ténganlo en cuenta”, en v. 9 el “y” (kaì) aparece frecuentemente: “y lo que aprendieron, y recibieron, y escucharon, y vieron en mí, eso practíquenlo y el Dios de la paz estará con ustedes”. Se ha señalado que los primeros refieren a virtudes características entre los moralistas greco-romanos, mientras los segundos son virtudes propias de los cristianos: las más importantes virtudes sociales (del ambiente) ¡y estéticas!, alcanzan su plenitud “en Cristo”. Es posible. Los versículos 8-9 completan lo preparado en 4-7 y nuevamente – como allí – la conclusión está dada por “la paz”. La fe cristiana, para Pablo, no niega los valores de las culturas sino que los reconoce; aunque la excelencia se obtiene imitando a Cristo, lo verdaderamente valioso. La paz de Cristo no se asemeja en nada a la “pax romana”; el Emperador no puede cambiar los corazones; la paz de Cristo dura “por siempre”


+ Evangelio según san Mateo     21, 33-46

Resumen: En una parábola, a la que Mateo añade un versículo muy importante (v.43) destaca la importancia de que el pueblo de Dios le dé a su “propietario” los frutos que le pertenecen. La violencia de los antiguos tenedores, ejercida sobre el hijo, hará que ese “pueblo" cambie de manos.


La parábola llamada de “los viñadores homicidas” se encuentra en Marcos, y Mateo la retoma haciéndole algunos interesantes añadidos que refuerzan su teología. Destacaremos especialmente estos elementos:

Por lo que parece, la parábola ya tenía elementos alegóricos, como se ven en Marcos,  por su obvia referencia a Isaías 5 (primera lectura), pero Mateo profundiza esta alegoría reforzando la semejanza con el texto.

Is 5
Mt 21
Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y   además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. (vv.1-2)
«Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. (v.33)
Ahora, pues, voy a hacerles saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada. (v.5)


Una breve nota sobre la “alegoría” y la “parábola”. Una parábola es un texto narrativo en el que se pretende resaltar un elemento que se ha de tener en cuenta. La alegoría, en cambio, presenta muchos aspectos que han de entenderse simbólicamente y se dirigen a la comprensión. Hay algunos casos de parábolas que presentan algún elemento alegórico, como es el caso de la que hoy comentamos, pero eso no significa que todo el texto sea una alegoría. Leerlo de este modo puede llevarnos a forzar el sentido, y perder de vista el sentido principal.

El contexto lleva a un agravamiento progresivo del conflicto entre Jesús y las autoridades judías, que va desde la expulsión de los vendedores (v.12-17), el debate sobre la autoridad (v.23-27) y la referencia a que “publicanos y prostitutas los precederán en el reino” (v.28-32) esto se va acentuando a cada momento. El texto tiene dos grandes partes que comienzan cada una por "cuando" (vv.34.40) y tienen "frutos" formando una inclusión (vv.34. 43, cf.41); la primera se centra en la infidelidad y la constancia de Dios, la segunda acentúa el castigo.

Al decir “escuchen”, Mt la dirige a los jefes que es a quienes interpela. El personaje es un "propietario" (cf. 13,27; 20,1.11; cf. Mc 14,14) que alude a las relaciones entre Dios y la humanidad como "señor-siervos" (cf.10,25; 13,27; 20,1.11). No se trata entonces tanto de la viña sino de la propiedad, la propiedad de Dios, y su alejamiento subraya la responsabilidad de los viñadores.

Presentado el tema, comienza el desarrollo de la parábola presentado con el primer “cuando”. La alegorización que se va descubriendo permite sospechar que el "tiempo de frutos" (cf. 13,30) aluda a su vez al Reino que se acerca: 3,2; 4,17; 10,7; cf. 26,45s; 12,28); cf. 24,32s donde se acerca el tiempo escatológico. El tema refiere a entregar a Dios los frutos del Reino; se remarca la fidelidad o infidelidad a la alianza como puede verse en Sal 1,1-3.

El envío de los "siervos" [Marcos había dicho “un siervo”] en dos turnos puede aludir a los profetas (23,34.37 / Lc 13,34) o a profetas y justos (13,17), aunque no conviene alegorizar excesivamente. Narrativamente es razonable que haya más de un envío antes del último.

La violencia de los encargados alude al agravamiento de las relaciones que hemos destacado: golpear y matar lo destaca; el apedreamiento, en cambio tiene otras connotaciones (cf. 2 Cr 24,21; Heb 11,37; Lc 13,34; Mt 23,37; sobre el destino de los profetas (cf. Jer 26,23; 20,8; cf. Neh 9,26).

Al enviar al hijo, el propietario juega toda su autoridad, reforzando la relación (Marcos había dicho “un hijo amado”, Mateo destaca que es “su” hijo). Esto lo hace "finalmente" (hysteron) lo que indica que se trata de la última oportunidad (4,2; 21,30; 25,11; 26,60). "Hijo" es común en Mt (2,15; 3,17; 4,3; 8,29; 14,33; 16,16; 26,63; 27,43.54). La reflexión del padre sospechando que "respetarán" supone que habrá respeto al padre / propietario en la persona del hijo.

Cuando los labradores afirman que "es el heredero" eso supone reconocimiento, es decir que no hay error. Con esto se revela la gravedad de rechazar a Dios en la persona del hijo; Cristo está en conexión con el envío de los profetas, pero más que eso, como "hijo" y "heredero" (16,16; cf. Hb 1,1s), con lo que se nos presenta como profeta escatológico. Hay, además, una ironía puesto que Israel no se reconoce como el heredero.

El orden: sacado fuera-asesinado (= Lc; en Marcos era matado y echado fuera, 12,8) no implica un saber histórico de que Jesús fue matado fuera de la ciudad (cf. Lv 24,14-16.23; Nu 15,36; Dt 22,24; Hch 7,58 y también Lev 16,27) pero de todos modos la referencia acentúa la alegoría.

La parábola propiamente finaliza aquí, pero partiendo de ella – y suponiendo que los interlocutores siguen con la imagen mental y han comprendido a qué / quiénes se ha referido, pasa a la segunda parte del relato con el segundo “cuándo”.

Que haya una respuesta de los interlocutores es común en Mt. En este caso "hará perecer" ¿refiere a la caída de Jerusalén o implica alegorizar demasiado? Esos "otros" a los que se entregará la viña se especifican en v.43, no se trata de un simple cambio de jefes: ¿es el reino y el pueblo representado por los jefes?, ¿es el templo y los sacerdotes expulsados por los pobres y los justos con los que Jesús se identifica? No debemos forzar la alegoría, refiere a que quienes reciban al hijo entrarán al servicio de Dios; Jesús les revela su responsabilidad.

La frase preguntando si "nunca han leído" revela que el contexto es evidentemente apologético y polémico (ver 12,3.5; 19,4; 21,16; 22,31).

Con la cita del Salmo 118 se da un paso del interés del reino en la obra de Dios al tema de la resurrección de Jesús (un cambio cristológico), un paso del tema de la viña / propiedad al tema del hijo. El "rechazo" es el término técnico de una moneda juzgada falsa por un experto (Jer 6,30) pero es utilizada con frecuencia en el NT para aludir al rechazo que ha padecido Jesús por parte de las autoridades (“constructores”) cf. Mc 8,31; Lc 17,25; 1 Pe 2,4. Al aludir a la "piedra angular" no es importante saber si refiere a la piedra del ángulo de la casa – a la base – o a la piedra que remata el arco en la superficie, lo que cuenta es que se trata de la piedra principal.

Aquí Mateo interrumpe el tema de la “piedra”, que continuará en v.44 para insertar un dicho que le es propio y que refleja un elemento central de su teología:

Los sacerdotes no han creído; otros – el Nuevo Israel – dará fruto. Explicita el v.41, el rechazo de Israel relacionando este versículo con un Nuevo Pueblo; la viña designa el Reino, por tanto los viñadores designan a Israel. Se les quitará “el reino” para darlo a otro “pueblo” (no usa laos sino ethnos) quizá designa una nueva generación (Jer 7,28-29); "nación” fiel serán los que den frutos (cf. Rm 9,25; 1 Pe 2,10). La "viña" designa la obra de la salvación confiada a Israel por la alianza; el centro está claro: pide cuentas al judaísmo incrédulo y anuncia la sustitución por un nuevo Pueblo de Dios. La referencia a Isaías lleva a remontarse a Israel, pero se da una nueva dirección en este versículo: en la parábola ya no es Israel sino el Reino (cf. Jer 7,24-26; Mt 23,34-36; cf. 27,25). Los frutos del Reino son una justicia superior a la de los fariseos (5,20). Sugiere castigo y promesa: recusación del antiguo pueblo y formación del Nuevo. Llegando al tema del Reino, Mateo dio con el sentido original y de allí dio un paso eclesiológico: con esto subordina la cristológico a lo eclesiológico. 

Que el reino sea "de Dios" (y no de los cielos), que los frutos se produzcan y no "entreguen" (cf. 21,41) y que se hable de "un" pueblo invita a pensar que el texto es propio de Mateo; la viña designa el reino; "dar-quitar" es también de Mt 13,12 (cf. 25,29). Al utilizar el singular (a “un pueblo”) no designa a "las naciones", sin duda se refiere a "la Iglesia" (cf. 1 Pe 2,9 donde ethnos y laòs están en paralelo); es una sentencia cristianizada (cf. Jer 7,28-29). 

La parábola con el añadido de Mateo apunta al destino del reino en perspectiva eclesial que engloba lo cristológico: el advenimiento del nuevo pueblo de Dios va ligado al destino del enviado-hijo, es importante ponerse de su lado. De todos modos es importante notar que cuando Mateo escribe esto ya era un hecho, la Iglesia se sabía “nuevo pueblo”, por lo que el mismo juicio a los labradores puede caer sobre la iglesia: el criterio es la fidelidad, todos deben dar a Dios los frutos que le pertenecen. 

El v.44 retoma el tema de la piedra en un dicho formado con Dn 2,44 + Is 8,14. El versículo es omitido en algunas Biblias – suponiendo que está tomado de Lucas – pero hay que mantenerlo. El juicio será según sea la respuesta dada en relación a la aceptación o rechazo de la piedra-Jesús (nuevamente pasa a lo cristológico). Retoma – para concluir – el auditorio, pero a los “sumos sacerdotes” les añade a los "fariseos" lo que es anacrónico para tiempos de Jesús (cf. también 27,62), pero es coherente para tiempos del evangelista. El pueblo (ojlos, multitud) una vez más le sirve a Jesús de escudo ante los que intentan capturarlo (14,5; 21,26).

Una breve nota sobre la Iglesia, el “nuevo pueblo” e Israel en Mateo. En la comunidad de Antioquía – donde Mateo escribe – hay una comunidad judía muy importante, ligada estrechamente a los “fariseos”, al grupo rabínico. La comunidad de Mateo parece “pequeña” en ese entorno (notar el uso de “pequeños” en Mateo) pero entra en conflicto con ellos por autopercibirse unos y otros como los “verdaderos” hijos de Israel. La insistencia en Mateo de que las escrituras se “cumplen” o la pregunta acerca de si “¿no la han leído?” debe entenderse en este sentido. Lo mismo que el texto, que tantos conflictos causó por su mala comprensión, de 27,25: “su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (y el lavado de manos de Pilatos). El texto debe entenderse en el contexto del conflicto mutuo de reconocerse (y no reconocer al otro) como verdadero pueblo de Dios (“se le dará a otro pueblo”). Lamentablemente esta mala lectura causó estragos en nuestras relaciones con los judíos (y en sus vidas), nuestros “hermanos mayores” las que, es de desear, jamás vuelvan a repetirse.


el video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://youtu.be/BhhtUJqDlh0
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-27-a.html



Comentario al Evangelio del domingo 27º A

Comentario al Evangelio del domingo 27º A



o también en

https://youtu.be/BhhtUJqDlh0

Eduardo

jueves, 24 de septiembre de 2026

Dios y el César. Un problema.

Dios y el César. Un problema.

Eduardo de la Serna



Habitualmente hay tres razones por las que un texto bíblico hoy es malinterpretado: (1) un texto sacado de su contexto; (2) terminología/s que significan hoy algo muy diferente a lo que significaba ayer (por razones culturales, históricas, geográficas…) o (3) la lectura de un párrafo o frase aislada. La Biblia, que es también obra humana, debe ser leída, interpretada, comprendida y, por sobre todas las cosas, intentando entender, con todos los medios a nuestro alcance, qué es lo que el autor bíblico pretendió decir; y, sabiendo, además, que puede haber (con frecuencia lo hay) textos que complementan, corrigen, desmienten, precisan lo señalado. La lectura fundamentalista es muy “fácil”: dice esto, ¡es esto!, y DEBE ser obedecida. ¡Listo! La lectura histórico-crítica (que, por otra parte, es la que pretende el Magisterio de la Iglesia que se utilice como punto de partida), es más ardua, a veces complicada, y a veces (¡muchas veces!) desestabilizadora.

Valga esto para mirar qué dice el texto (en su contexto) el cual solemos leer como “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” … (Mc 12,17; Mt 22,21; Lc 20,25).

El texto se encuentra en los tres Sinópticos (Mt / Mc / Lc) con algunas diferencias. Marcos, al que siguen los otros evangelios, presenta tres encuentros de Jesús con grupos judíos; en este caso con fariseos acompañados por herodianos (no en Lucas), los que, como su nombre lo indica, eran partidarios de Herodes. Ellos le formulan a Jesús una pregunta malintencionada: ¿está permitido dar el impuesto al César o no? Se supone permitido “religiosamente”, ya que han dicho que “enseña el camino de Dios con verdad”. La trampa radica en que, si Jesús respondiera que sí está permitido, los grupos religiosos, como los fariseos, podrían mostrarlo al pueblo como alguien que acepta la superioridad del Imperio; si respondiera negativamente, los grupos políticos, como los herodianos, podrían mostrarlo a las autoridades como subversivo. Respondiera lo que respondiera, la salida parecía imposible. “¿Por qué me tientan?” (Mc / Mt), les replica Jesús, y les pide “un denario” (Mateo agrava la cosa pidiendo “la moneda del impuesto”, es decir, con la que “pagan”). Y Jesús contrapregunta: “¿de quién es esta imagen y la inscripción?” La respuesta es obvia: ¡del César! Es aquí donde Jesús formula el dicho en cuestión…

Veamos: no hay dudas en “lo del César al César” y “lo de Dios a Dios”, la clave radica en el verbo. En griego se usa apodídômi. Dídômi es “dar”; la preposición “apo”, que supone una separación, “a consecuencia de…”, puede traducirse por “pagar” o por “devolver”; obviamente supone una deuda que debe resarcirse. Se refiere, entonces a algo que sería debido al César, pero (y es llamativo que Jesús añada la referencia a Dios ya que no era el tema de la pregunta) también lo que es debido a Dios. ¿Qué sería lo debido a Dios en este caso? Porque la lectura habitual parece presentar dos horizontes, el horizonte político y el religioso que “no se tocan”. Pero, ¿es eso lo que dice Jesús? No debemos olvidar que esto parte de la pregunta sobre “la imagen y la inscripción”. ¿Hay una imagen en Jerusalén, y, ¡para peor!, en el Templo? ¿No están terminantemente prohibidas en Israel las imágenes? ¡Ciertamente sí! El César le ha robado a Dios “lo que es de Dios” haciéndose una imagen. ¿Y la inscripción? En los denarios en el anverso se dice: “Ti (berio) Cesar, H(ijo del) D(ivino) Augusto” y en el reverso, “Pontíf (ice) Máximo”. Nuevamente se le ha robado a Dios lo que es de Dios, ¿es hijo de Dios el César? Y acá la frase desafiante de Jesús: “si es del César, páguenle, pero, si es de Dios ¡devuélvanle a Dios lo que es de Dios!”

Del laberinto en el que lo han puesto, Jesús sale como era de esperar de él: Dios es el rey (reinado de Dios). Obviamente esto no debió gustarle a los herodianos, y, en las acusaciones para justificar la condena lo dicen claramente: “–Hemos encontrado a éste incitando a la rebelión a nuestra nación, oponiéndose a que paguen tributo al césar…” (Lc 23,2). Jesús no presenta dos “mundos” distintos e intocables, sino que pretende un mundo en el que Dios reine, y lo hace cuando nos relacionamos como hermanas y hermanos, no cuando hay un “imperio” que decide, y lacayos que “obedecen”. El que “enseña el camino de Dios con verdad” sabe que, si el César le roba a Dios lo que es de Dios, en el mundo prima la injusticia, la opresión y la muerte, mientras que, si se “devuelve a Dios lo que es de Dios”, en un mundo de hermanas y hermanos, brilla la paz, la fraternidad / sororidad y al brillar, Dios está reinando y los “espías del imperio” no pueden “sorprenderlo con ninguna palabra delante del pueblo” (Lc 20,26).


Imagen tomada de https://blognumismatico.com/2024/04/10/denario-de-tiberio-el-denario-del-tributo/

martes, 22 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 26º "A"

Mejor que decir, es hacer…

DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "A"


Eduardo de la Serna




Lectura de la profecía de Ezequiel     18, 24-28


Resumen: Confrontando con la teoría de la retribución según la cual Dios pagaría en los hijos los pecados de los padres, el profeta insiste que la retribución de Dios será individual, aunque deja espacio para el cambio de actitud.

El profeta comienza con una crítica a un proverbio que parece habitual ya que también lo encontramos en Jeremía (31,29). En él se intenta transferir a los hijos la retribución por el pecado ya que la experiencia les indica que no siempre “al malo le va mal”. Sin embargo, ambos profetas son conscientes de la injusticia que esto encierra y afirman que Dios no está de acuerdo con ese dicho.

A continuación, Ezequiel señala una serie de párrafos casuísticos (vv.10.14.21.24.26.27) en este caso enmarcado por el cambio de actitud: del “justo” (vv.24.26) pero también del “malvado” (v.27). En ambos casos la “casa de Israel” afirma que “no es justo” el proceder del Señor, quien retóricamente repite la pregunta e interroga: ¿no es más bien el proceder de ustedes el que no es justo?” (vv.25.29). 

El criterio es precisamente la retribución individual. Pero tanto el justo como el malvado pueden cambiar de actitud asumiendo la contraria, y esto será tenido en cuenta por Dios en el momento de retribuir a uno u a otro.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     2, 1-11

Resumen: Pablo invita a la comunidad a vivir en su seno de una manera que la debe caracterizar por la obediencia a Dios y la humildad.

La segunda parte de esta lectura, el llamado “himno”, fue recientemente comentada en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. 

El texto comienza con un “si algo según” presentando cuatro condiciones que parecen suponer el verbo “vale”, o “cuenta”: si algo la exhortación, si algo la consolación amorosa, si algo la comunión del espíritu, si algo lo entrañable y compasivo… Son términos sumamente importantes, sin duda, y aluden al ámbito divino. Pablo invita a los filipenses a vivir de esta manera sublime. Y a estas cuatro características les propone cuatro invitaciones: un mismo sentir, un mismo amor, con-vivir y sentir (sentir en…). Todas aluden a la vida que Pablo espera en el seno de la comunidad. No sabemos si la situación al interno de esta era de armonía (con lo que Pablo los invitaría a mantenerla) o de una cierta discordia (con lo que los exhorta a abandonarla). Lo cierto es que vivir de esa manera es algo que haría plena la alegría de Pablo.

Sabiendo que algunos por “rivalidad” (eritheia) predican el Evangelio allí donde Pablo se encuentra prisionero (1,17), les recuerda que nada hagan con rivalidad, y tampoco por vanagloria (kenodoxía; única vez en el NT). El término está conformado por dos palabras, kenos es lo vano, lo nulo, la nada (de allí la kenosis, el anonadamiento) y la doxa es la gloria. Ambos términos los encontraremos sueltos en el “himno”, pero en sentido contrapuesto ya que por su hacerse “nada” (ekenôsen) Dios le dio el nombre para la “gloria” (doxa) de Dios Padre. No se trata de buscar la vana-gloria sino saber que al hacerse nada, Dios recibe gloria al reconocer a su hijo Jesús. Esta kenodoxia (vanagloria) que se ha de evitar (v.3) tiene como contracara la humildad (tapeinófrosyne) que lleva a ver a los otros como superiores a [por encima de] nosotros mismos; por lo que se ha de buscar “lo de los otros” antes que lo de “nosotros mismos”. Es en este contexto que propone el descenso de Cristo (kenosis) como algo que debe imitar la comunidad. Si la comunidad debía tener “un mismo comportamiento” y “comportar(se) en” (fronéô) ahora se le recalca que debe tener los “comportamientos” (fronéô) de Cristo Jesús. Esto es lo que desarrollará a continuación en el himno.

El habitualmente llamado "himno" de la carta a los filipenses es visto con mucha frecuencia como un texto que es conocido por la comunidad y que Pablo cita en este contexto. Mirando atentamente descubrimos dos movimientos, uno de descenso (hacerse nada) y otro de exaltación. El primero, movimiento desde la forma de Dios a la forma de esclavo finaliza en la muerte, “¡y muerte de cruz!”. El segundo, marcado por la donación del nombre excelso (el nombre de Dios) culmina en la proclamación de Jesús como “¡señor!” Sin embargo, el acento del relato está puesto en la primera parte (dice que tengan los comportamientos de Cristo y estos están marcados por el movimiento de descenso); el otro movimiento es obrado por Dios que exalta a Cristo “por eso” (por su abajamiento). Este abajamiento está marcado por dos acciones: la humildad y la obediencia (a Dios). Lo cual es claramente contracultural en una colonia romana como era Filipos. Esas dos acciones (que enmarcan el relato, en los vv.3 y 12) son lo que se debe buscar para tener los mismos comportamientos de Cristo hasta la cruz. El resto es obra de Dios elevando a Jesús -en la resurrección, por cierto- hasta la altura divina.


El doble movimiento de descenso y ascenso puede verse en el esquema que presentamos. La idea principal para los lectores es “tener los comportamientos de Cristo”, por tanto repetir la escena de “descenso”. Dios, que es el sujeto del momento de “exaltación”, también sabrá y querrá dar a los suyos. 

Es interesante, también, notar el movimiento de ascenso que Dios provoca "a causa de" su abajamiento. Este está marcado por el “nombre”. Dios le da el “nombre sobre todo nombre” (el nombre de Dios) que se une aquí al “nombre de Jesús”. Dios ha “elevado” a Jesús de modo tal que de él se dirán cosas que se afirman exclusivamente de Dios: se doblará toda rodilla… 

La referencia a “toda rodilla” y a “toda lengua” están tomadas del himno claramente monoteísta de Is 45,14-25 (ver v.23) donde se destaca que “Yahvé salva” a diferencia de los dioses de los pueblos que “no pueden salvar” (no está de más recordar que el nombre “Jesús” significa “Yahvé salva”). La acción elevadora de Dios a Jesús lo pone a la misma altura divina hasta el punto de ser reconocido como “Señor”, como se decía de Dios mismo; y en eso Dios mismo se manifiesta (gloria).

La acción descendente de Jesús de humildad y obediencia hasta el extremo de la cruz, en el paso de la forma de Dios a la forma de esclavo, provoca que Dios (“por eso”) lo exalte hasta la misma altura divina y reciba el mismo nombre divino con el que Dios recibe gloria y Jesús es reconocido por “toda lengua”.

 


+ Evangelio según san Mateo     21, 28-32

Resumen: Con una parábola sencilla Mateo provoca a su auditorio a tomar conciencia que la obediencia al proyecto de Dios viene dada por los hechos y no por las palabras. Y esto queda reflejado en la actitud que frente a Jesús tomaron los desplazados sociales por un lado y la aristocracia por el otro.


Mateo presenta una parábola que sólo él transcribe, aunque se ha dicho que esta pareciera ser el “original” de la llamada del “hijo pródigo”, cosa bastante dudosa ya que en el texto de Lucas el contraste entre los dos personajes está dado por el padre y el hijo mayor, mientras que en este texto está dado por los hijos y su obediencia o no al pedido del padre.

Como parábola es muy simple, quizás la más sencilla de todas las que encontramos en los Evangelios. Sin embargo, hay una serie de elementos que parecen interesantes de comentar para enriquecer nuestra comprensión del texto.

En primer lugar, Mateo la inserta entre la controversia por la autoridad de Jesús que le plantean los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (21,23-27) y la parábola de los viñadores homicidas (21,33-46). En cierta manera rompe una lógica del texto de Marcos donde Jesús sí les dice “con qué autoridad” ha obrado, es decir, la del hijo (al que refiere la parábola de los viñadores, cf. Mc 12,6). Además, Mateo añade otra parábola al final de los viñadores (22,1-14) presentando así una serie de tres, allí donde Marcos presentaba sólo una. Hay elementos en común entre estas dando la forma de una cierta unidad temática: entre la primera y la segunda vemos el rechazo de las autoridades de la voluntad de Dios, o el envío de servidores en la segunda y la tercera, por ejemplo. Sin dudas la referencia a Juan, el Bautista, que marcaba la pregunta de Jesús y la conciencia de que los oyentes “no le creyeron” (v.25), parece atraer este texto (v.32).

Es interesante destacar que el padre de la parábola en nada se parece a un padre característico del patriarcalismo de su tiempo, lo que se destaca es que es “desobedecido” en ambos casos, sea por decirle sin dudar “no quiero” o bien sea por “no ir”. No es lo que se espera de un hijo que desobedezca así a su padre.

Podemos señalar que – tal como lo había destacado Mateo en otra parte, cf. 7,21-27 – la fidelidad a Dios no viene dada por la confesión explícita sino por la práctica (una suerte de ortopraxis por encima de la ortodoxia). Puesto que lo que cuenta es la realización de la voluntad de Dios es evidente que la “hizo” el que si bien había dicho “no voy” finalmente fue. 

Un aspecto muy importante en el relato viene dado por el verbo “llegar antes” (proágousin), preceder. Preceder a alguien sin duda es un signo del mayor honor sobre los que vienen detrás. Preceder en el reino es signo del honor mayor, pero la ironía viene dada en el hecho de que para Jesús el esquema se ha invertido una vez más: los ancianos y los sumos sacerdotes estaban en lo más alto de la escala del honor social, mientras que las prostitutas y los publicanos eran lo más bajo, pero sin embargo, estos tienen “precedencia” en el reino sobre aquellos. El motivo de esto viene dado porque “le creyeron” a Juan [el verbo se encuentra en aoristo, lo que remite a un momento concreto, es decir a la predicación de Juan. su presentación de Jesús y su llamado a la conversión, 3,2.11]. 

Un elemento que suele ser pasado por alto parece importante de tener en cuenta: es sabido que Mateo casi siempre ha reemplazado el término “reino de Dios”, que ha encontrado en Marcos, por “reino de los cielos”. En este caso, “cielos” es la “morada de Dios”, una manera de aludir a Dios sin nombrarlo para evitar chocar al auditorio ya que nombrar a Dios es algo que se ha de evitar entre los judíos. Sin embargo, hay que destacar que en cuatro ocasiones [en algunos manuscritos se agrega una quinta: 6,33] Mateo utiliza “reino de Dios”: una proveniente de Q (12,28), otra de Marcos (19,24) y dos propias de Mateo (una es nuestro texto, la otra es un versículo propio de Mateo en la parábola de los viñadores homicidas, v.43). Es muy probable que de este modo Mateo quiera resultar “chocante” ante su auditorio precisamente por algo que quiere resaltar de un modo muy claro. En este caso, es evidente que la inversión de los valores tradicionales como algo característico del reino es algo que Mateo quiere destacar claramente a su auditorio.


el video con comentario al Evangelio puede verse en
https://youtu.be/bqNQMzZm2ro
también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-26-a.html


jueves, 17 de septiembre de 2026

“Mi reino no es de este mundo”

“Mi reino no es de este mundo”

Eduardo de la Serna


Uno de los textos bíblicos utilizados con más frecuencia para decir que Jesús “no se mete en política”, que está dedicado “a las cosas de Dios”, que no se debe mezclar “la fe y las cosas mundanas” se encuentra en el Evangelio de Juan en el diálogo de Jesús con Poncio Pilato. Curiosamente, muchos de los que dicen semejantes cosas, luego “se meten en política” al grito de “¡viva Cristo Rey!”. Pero, ¡veamos!

Para empezar, como se ha dicho frecuentemente, y es evidente y razonable, no se debe citar un dicho aislado y descontextualizado, por lo que es bueno mirarlo en su integridad.

El relato, un tanto extenso, muestra a Pilato “saliendo” del Pretorio hacia donde están los judíos y “entrando” donde está Jesús para su interrogatorio. Los judíos no quieren entrar al edificio para no contaminarse entrando en territorio pagano ya que esa noche esperan celebrar la Pascua (18,28). La acusación contra Jesús es que se trata de un “malhechor”, alguien que obra el mal (18,30). Ante esa acusación no se comprende la pregunta de Pilato a Jesús al “entrar”: “¿eres el rey de los judíos?” (19,33). Él Señor, que enfrenta la situación con notable dignidad, le pregunta si eso lo afirma él o si lo dicen otros (19,34). “¿Qué has hecho?”, repregunta Pilato indicando que fue entregado por las autoridades judías. Es en este contexto que Jesús pronuncia el conocido dicho:

Respondió Jesús: - Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí (18,36).

Pero el diálogo continúa todavía y Pilato vuelve a preguntarle si es rey. A esto, Jesús responde enigmáticamente:

Respondió Jesús: - Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz (18,37).

Y. antes de salir nuevamente donde los judíos, Pilato pregunta “¿Qué es la verdad?”, y se va sin esperar respuesta.

Con esto tenemos ya algunos elementos para mirar atentamente el texto.

La acusación de malhechor ligada a la pregunta sobre si Jesús es rey parece ubicar el juicio en un contexto de conflicto. Los malhechores, o los “salteadores”, como Barrabás (18,40) eran – en tiempos del Evangelio de Juan – grupos de sicarios violentos claramente anti romanos. La pregunta sobre si es rey implica si Jesús pretende tomar el poder. Por eso, a la reiteración de la misma, Jesús le dice “tú dices que soy rey”, es decir, “eso no es algo que yo diga; eres tú quien lo dice”. Y al señalar el reino “de este mundo” destaca que, de serlo, sus sirvientes combatirían. Obviamente Pilato no puede comprenderlo. Porque “se mueve con otras categorías”. Por eso, cuando Jesús afirma que su misión es ser testigo de la verdad, que los de “la verdad” escuchan su voz, Pilato no entiende. No es de la verdad y por eso pregunta de qué se trata, y, precisamente por no serlo, no espera respuesta, no la comprendería.

La “verdad”, en el Evangelio de Juan también es una terminología muy densa. La verdad se vive, se obra (3,21), Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (14,6), Dios debe ser adorado en “espíritu y en verdad” (4,23.24) porque el diablo es “padre de la mentira” (8,44). Jesús es la luz verdadera (1,9), el pan verdadero (6,32), la vid verdadera (15,1) … es el verdadero profeta (6,14) y es verdaderamente el Salvador del mundo (4,42). La verdad, entonces, es la fidelidad, la lealtad a las cosas de Dios (algo que, por cierto, Pilato no es). Por eso la verdad-fidelidad nos hace libres, es decir, ¡hijos!, no esclavos.

El “mundo”, entonces, en Juan tiene cierta ambigüedad: Dios lo ama y le entrega a su hijo (3,16) que quita “el pecado del mundo” (1,29), es enviado al mundo (10,36) para que el mundo se salve (3,17; 12,47). El mundo espera a Jesús como profeta (6,14) y como “el Cristo, el Hijo de Dios” (11,27) que ha de venir al mundo, es la luz del mundo (8,12; 9,5; 12,46). Pero “el mundo” es también el ambiente adverso a Jesús, que no lo ha recibido (1,10), con obras adversas a Dios que Jesús pone de manifiesto (7,7). No puede recibir al espíritu de la verdad (14,7) y no puede ver a Jesús, cosa que sí hacen sus amigos (14,19). La paz del mundo, la Pax Romana, es la de la opresión y la injusticia (14,27), gobernado por el “príncipe de este mundo” (14,30). Por eso odia a Jesús y a los suyos (15,18) “que estaban en el mundo” (13,1). Están en el mundo, pero no pertenecen a “este” mundo (17,13-18) aunque – como Jesús – son enviados a él (17,18). En su Pascua, Jesús “ha vencido al mundo” (16,33).

En este contexto, el diálogo de Jesús con Pilato resulta clarificador. “Este mundo”, en este caso, es el de Pilato, el de la violencia imperial (que está en el trasfondo de toda la escena de la Pasión; “vuelve la espada a la vaina”, 18,10), el de quienes no pueden entender el mensaje de Jesús, su testimonio de la verdad. Pero hay otros, en este mundo, los amigos de Jesús, los que escuchan su voz, los que pretenden una paz “desarmada y desarmante”: Pero este mundo, que es Pilato (“no tenemos más rey que el César”, 19,15), tiene un príncipe, el padre de la mentira, el asesino desde el principio (8,44). Jesús es rey de otro mundo, un mundo de paz, de verdad, de vida, un mundo que sus amigos y amigas debemos edificar, construir para todas y todos. No se trata de que Jesús es rey “en el cielo”, sino que “ha bajado del cielo” para “dar vida al mundo” (6,33). Jesús mismo se nos da como alimento, pan vivo bajado del cielo, que debemos recibir creyendo, pan para la vida del mundo (6,51). Jesús “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1) y a eso nos invita “como yo los he amado” (13,34). Sus discípulos, naciendo “de lo alto” entran en el Reino de Dios (3,3-5) y se dejan conducir por el espíritu (3,8) que es “de la verdad” (14,17; 15,26; 16,13), que bajó del cielo y permanece en Jesús (1,32.33) y se dona a sus amigos en su Pascua (7,39; 19,30; 20,22) para continuar su reino en este mundo.

El amor llegará en nosotros a su perfección si somos en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el día del juicio (1 Juan 4,17).


Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/DD2VkcHKHgn/?hl=en