jueves, 5 de noviembre de 2026

Judas, ¿vendió a Jesús?

Judas, ¿vendió a Jesús?

Eduardo de la Serna



¡Personaje complicado si los hay, el Iscariote! ¡Muy complicado! Tanto que las opiniones de los estudiosos son muy variadas.

Veamos algunos elementos, al menos, para entender. Es interesante que, en las listas de los Doce, ¡como era de esperar!, Judas siempre figura el último, ¡Por algo será! (como también siempre el primero es Pedro). La mirada que, sobre él, tienen los Evangelistas es ciertamente muy negativa.

Empecemos por lo más fácil. El nombre es evidentemente judío, y remite ¡nada menos!, que a Judá, uno de los doce hijos de Jacob. Por eso, precisamente, es un nombre frecuente (Judas Macabeo, 1 Mac 2,4; un galileo revolucionario, Hc 5,27; y otros más); en este caso se suele añadir “Iscariote”. Juan señala que es “(hijo) de Simón Iscariote” (6,71; ver 13,2.26). Ya aquí tenemos una dificultad: para algunos “Iscariote” proviene de Kerioth, al sur de Judea (cf. Jos 15,25), otros lo relacionan con “sicario” … todo es hipotético, y no parecería que el tema sea relevante.

¿Qué hizo Judas? La palabra que se usa más frecuentemente es que “lo entregó”, pero eso no es necesariamente algo negativo: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo” (Jn 3,16), “Dios entrega el espíritu” (3,34), Jesús “entrega vida eterna” (10,28), en la cruz, Jesús “entrega el espíritu” (19,30) … claro que sí puede serlo. La clave viene dada por la acción, en este caso “entregar” a Jesús en manos de sus enemigos. También se afirma, por ejemplo, que los sumo sacerdotes lo entregan (Mc 10,33). Lucas 6,16 será más preciso y lo califica de “traidor”, lo cual ciertamente no tiene ambigüedad posible (aunque el término griego incluye la raíz didômi, “dar / entregar”). Para entender la dificultad, existe un evangelio apócrifo, el Evangelio de Judas, de evidente tendencia gnóstica, para el cual Judas lo entrega porque es el único que entiende bien la misión de Jesús, y eso es necesario para que se desprenda del cuerpo en la muerte… ¡Gnosticismo puro!

Ahora bien, la pregunta o la crisis viene en la causa… ¿por qué hizo Judas algo tan atroz? Cada evangelista va a dar diferentes razones (coherentes, por cierto, con su teología).

Marcos, que pretende mostrar un Jesús cada vez más en soledad, abandonado por todos (hasta por Dios), insistirá, por un lado, en que Judas es “uno de los Doce” (14,10.20.43), es decir uno elegido para estar con Jesús (3,14), uno que comparte su vida y su mesa (14,20); ¡nada menos! Con esa intencionalidad provocadora, Marcos nos dice sencillamente que Judas “fue a los sumo sacerdotes para entregarlo” (14,10). No da razón alguna que justifique su obrar. Esto es particularmente grave ya que la decisión que estos habían tomado era dejar pasar la fiesta para evitar a la multitud que era una suerte de “escudo” de Jesús (14,1-2) y, al entregarlo, Judas les brinda la ocasión de hacerlo en un momento de soledad. Por eso le agradecen dándole dinero (14,11).

En Mateo (el Evangelio más leído en los primeros siglos de la Iglesia, por lo cual suele ser, en ocasiones, la referencia de muchos relatos), Judas “lo vende”: “¿qué me dan y se los entrego?” (26,13). Mateo, además, profundiza algo que le es común: el cumplimiento de las escrituras: las 30 monedas (27,9; cf. Zac 11,12-13, Jer 32,6-15). Pero Judas, no sólo lo “vende” sino que, además, niega el mensaje de Jesús: él había dicho que “a nadie llamen rabbí” (23,7-8) mientras que Judas así lo llama a Jesús dos veces (26,25.49). Como Ajitófel, que había traicionado a David (2 Sam 17,23), Judas se ahorca (con lo que Mateo está destacando más que la muerte de Judas, el hecho de que Jesús es el “nuevo David”, lo que también es coherente con su teología (27,5) … Pero no se ha de descuidar que, en el mundo antiguo, el suicidio es una manera de preservar el honor (lo frecuente, por ejemplo, es arrojarse sobre la propia espada; cf. 1 Sam 31,4); de hecho, Judas devuelve el dinero (lo tiró “en el Santuario”) y afirma públicamente que Jesús es inocente (27,3) antes de ahorcarse.

Lucas, que, como vimos es más duro con Judas, y lo llama “traidor”, afirma que “entró Satanás en Judas” (22,3). Satanás, que había tentado a Jesús y fracasado en el intento, esperó el “momento apropiado” (4,13). La pasión de Jesús es momento de “tentación” (22,40.46) y Judas “entró” en ella. De hecho, fue “tan traidor” que no sólo traicionó a Jesús sino también su mensaje, y mientras en la primitiva comunidad “todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch 4,34-35), Judas, en cambio, “compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas” (Hch 1,18).

El Evangelio de Juan, también lo presenta muy negativamente: “era ladrón” (12,4) y se quedaba con el dinero de la comunidad. Pero – como en Lucas – se afirma que entró el diablo en él, y por eso lo hizo (13,2.26). Jesús, que, en Juan, es quien conduce todos los acontecimientos, es quien le da el bocado a Judas a partir del cual “entra Satanás”, y es quien le dice que haga lo que va a hacer (13,26.27). Coherente con su manejo de los símbolos, Juan agrega que “era de noche” (13,30); a diferencia de Nicodemo que pasa de la noche a la luz (3,2; 19,39), Judas pasa de la luz a la noche (“porque sus obras eran malas”, 3,19; cf. 8,12; 12,46); por eso, cuando van a capturar a Jesús necesitan “antorchas y lámparas” (18,3).

Ciertamente, cada evangelista intenta dar alguna motivación para explicar las razones de algo que les resultaba terrible. Un tema que nos sobrepasa, y quizás no sea lo importante bíblicamente, es intentar conocer las razones profundas, personales que movieron a Judas a hacer lo que hizo; se han dado explicaciones muy variadas; algunas sensatas o razonables, pero siempre hipotéticas. Los evangelios, que, concretamente no están interesados en Judas, sino en Jesús, destacan su soledad en el momento culminante de su existencia (Marcos), el cumplimiento de las escrituras que hablan de Jesús (Mateo), el conflicto entre el reino de Satanás y el reino de Dios que Jesús proclama (Lucas), Jesús, que es la luz del mundo (Juan). Y, en nuestra vida cotidiana, especialmente ante los momentos duros o difíciles, es bueno no descuidarnos de, ante todo, mirar lo esencial. Ahí encontraremos a Jesús, ¡nada menos!


Imagen tomada de https://www.ebglobal.org/articulos-biblicos/por-que-jesus-permitio-que-judas-un-ladron-estuviera-encargado-de-los-fondos-de-su-ministerio

martes, 3 de noviembre de 2026

Jugo de limón ( 3 de noviembre 2026)

La hermandad



Comentario a las lecturas del domingo 32º "A"

La prudencia conduce a una esperanza militante y resistente

DOMINGO TRIGESIMOSEGUNDO – “A”

Eduardo de la Serna




Lectura del libro de la Sabiduría     6, 12-16

Resumen: Buscar la sabiduría es un momento fundamental para las personas. Por eso tiene sentido madrugar a fin de encontrarla pronto y alcanzar la sensatez.

Es frecuente en la literatura Sapiencial de Israel encontrar “elogios de la sabiduría”. Como es algo conocido, “sabio” no es, en la Biblia, una persona que “sabe” muchas cosas, sino alguien que “sabe vivir”. Los últimos escritos sapienciales destacan que “sabe vivir” quien cumple con la ley (hay textos en los que “ley” y “sabiduría” se identifican) y por momentos esa sabiduría tiene los atributos del mismo Dios. La referencia a la luz y el brillo en nuestro texto es indicio de esto.

La persona que la desea y la busca con dedicación la encuentra (Pr 8,17; Sir 6,27). La sabiduría desea ser “encontrada”, por lo que no se oculta de los que la pretenden, es más, les sale al encuentro (v.13). Está sentada a la puerta, para ser vista por todos, y los que madrugan pronto estarán llenos de gozo (Sir 4,12), como se debe hacer para encontrar “en la puerta” a un hombre “prudente” (Sir 6,36). Es sensato madrugar para conseguir el favor de Dios (Sir 32,14), y empezar desde temprano con la oración a Dios (Sir 39,5). Notar entre paréntesis que la única vez que se encuentra el verbo “madrugar” (orthrizô) en el Nuevo Testamento es para señalar que el pueblo “madrugaba” para escuchar a Jesús enseñar en el templo. Él es la sabiduría misma de Dios (Lc 21,38).

Estar alerta desde temprano para conseguirla es la “prudencia” (frónêsis), y quien la consiga estará libre de preocupaciones (amérimnos).

Nuevamente (v.16) destaca que la sabiduría quiere ser encontrada, por lo que ella misma toma la iniciativa para que lo logre quien la busca (Sir 15,1-3; ver Is 65,1-2.24); esos la tendrán en sus pensamientos y proyectos (ver 9,14 y el contraste con 14,12; 15,4).



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     4, 13-18

Resumen: Ante la muerte de algunos en la comunidad los tesalonicenses no saben qué ocurrirá con ellos cuando Jesús vuelva. Pablo les escribe para sostenerlos en la “esperanza” señalando que todos, vivos y muertos, pasarán al encuentro con Dios.

Pablo sabe, porque Timoteo se lo ha dicho, que la fe y el amor de los tesalonicenses se mantiene vivo (3,6), pero hay un problema con “la esperanza”. Y Pablo no quiere que la tristeza embargue a sus amigos ante el dolor “como los que no tienen esperanza”. ¿qué ha ocurrido? Desde que Pablo se fue, abruptamente de la comunidad, alguno/s ha/n muerto. Pablo había anunciado que Jesús volvería muy pronto, de hecho, él está convencido de ello, ¿qué ocurrirá con los difuntos cuando vuelva? ¿Se quedarán sin disfrutar del encuentro?

Dos pequeños elementos sobre la Venida de Jesús: (1) Jesús había indicado que volvería, y eso ocurriría pronto. Pablo lo ha predicado en la comunidad. Al haber tenido que irse sin profundizar la predicación no ha podido desarrollar esta idea. Como se ve en el texto, Pablo cree que él estará entre el conjunto de los que estén vivos cuando Jesús vuelva (“los que quedemos”, vv.15.17). Pero no es eso lo que importa, sino que todos, vivos y muertos pasarán a un nuevo estado de vida “al encuentro de Cristo… permaneciendo con el Señor”. (2) Varios grupos judíos, como los fariseos, esperaban la resurrección (para los tiempos finales). Probablemente esto significara volver al mismo tipo de vida presente, aunque sin los malos momentos que la acompañan: sin enemigos, sin violencia, sin opresiones (es decir, en “shalom”, paz). Pablo, y los seguidores de Jesús creen también en la resurrección, pero con una novedad: esta será semejante a la resurrección de Cristo. Esta será el “prototipo” de las resurrecciones. Así, no se trata de un “volver” sino de un “pasar” a un nuevo modo de vida, “con Dios”. Los muertos antes de la venida de Jesús “pasarán” a ese modo nuevo de vida resucitada.

La imagen del “arcángel” y la trompeta tiene claros tintes apocalípticos, como ocurre también en otros pasajes de la carta (ver 5,5). La trompeta suele tocarse en la ciudad ante la venida de fuerzas enemigas para alertar a la defensa o para ordenar la carga en el ataque (ver Jos 6,5; 1 Mac 4,13; Job 39,25; Sir 26,27; Ez 7,14; Os 5,8; Sof 1,16; aunque en ocasiones también – se entiende que el sonido de una u otra situación es diferente (1 Cor 14,8) – se trata de música de fiesta, Sal 81,4. Miguel es presentado como el “jefe de los ángeles” (= arcángel) que combate contra el jefe del ejército enemigo, el diablo (ver Jud 9).

Es posible que los muertos hayan sido “matados” por el imperio: en toda la carta se insiste en la tribulación (thlipsis, 1,6; 3,3.7), los sufrimientos y maltratos (2,2), padecimientos (2,14), matados, perseguidos como enemigos (2,15). Y se trata de paganos, en este caso (2,14). La alusión al dicho imperial “paz y seguridad” (5,3) permite pensarlo, aunque no tengamos certeza en este aspecto. Lo cierto es que estos muertos no quedarán sin disfrutar el encuentro con Dios en la venida de Jesús.


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     25, 1-13

Resumen: Mateo presenta una parábola en la que pone en contraste dos actitudes: la de quienes están o no atentos a un esposo que viene en horario inesperado. De velar estando atentos a su venida se trata.

Mateo sigue con la serie de textos y parábolas que aluden a alguien que viene sin que se sepa con precisión cuando ocurrirá. En el Evangelio del día se trata de 
un “novio” (nymfíos). El término no es muy común en la Biblia (lo encontramos 30 veces solamente). En ocasiones se traduce por “yerno” (Jue 15,6; 19,5), pero en general se refiere al recién casado.

Breve nota sobre el casamiento en Israel: Las bodas suelen ser acordadas entre los padres de los que contraerán matrimonio. Una vez acordado el acontecimiento, y recibido el padre de la novia un “regalo” (no es propiamente una dote) por la pérdida que tendrá, se firma un “contrato”: “desde ahora yo soy tu marido, desde ahora serás mi mujer” (como puede verse, es algo pensado desde la perspectiva del varón). Pero durante un largo período, estimado en un año, la pareja – ya casada – siguen viviendo en la propia casa paterna. Entre tanto se prepara el lugar donde vivirán y, por cierto, la fiesta de bodas. En este tiempo, propiamente la pareja ya están casados (es lo que se supone ocurre entre María y José, ya casados pero todavía no viven juntos, ver Mt 1,18; Lc 1,27). El texto, entonces, alude a la fiesta de bodas, pero propiamente no se trata de un “novio” sino de un “esposo” aunque todavía no convivientes (ver Mt 9,15).

Es importante señalar que se trata de una parábola, no de un relato moral. Es decir, hay un elemento (¡solo uno!) que cuenta, el resto es el marco narrativo que ilustra ese aspecto. En este caso se trata de estar o no preparados ante “uno que viene” (obviamente se refiere a la venida “del hijo del hombre”). Si leyéramos demasiado linealmente el texto podría decirse que se tratan de 5 jóvenes desprevenidas y 5 jóvenes egoístas, o insolidarias. No es ese el punto. De hecho el texto lo señala de entrada: cinco son necias (môraì) y cinco son prudentes (frónimoi). Se espera que los “necios” se vuelvan sensatos (Sal 93,8). El término (habitual en el Eclesiástico, 26x de las 49x que se encuentra en toda la Biblia) solo lo encontramos en Mateo en los Evangelios. Es interesante que el mismo contraste con el “prudente” se encuentra en la comparación de Jesús entre el prudente y el necio que edifican la casa sobre roca o sobre arena comparados con los que escuchan o no las palabras de Jesús y las ponen (o no) en práctica (7,24-27).

El término “prudente” (frónimos) suele estar en paralelo con “sabio” (ver Gen 41,33.39; 1 Re 3,12; Pr 17,28…). El término en ocasiones puede ser incluso negativo (así se dice de la serpiente en Gen 3,1 y del administrador que estafa a su patrón en Lc 16,8). En Mateo se encuentra en otras ocasiones además de la ya señalada de la edificación de la casa. En 10,16 vuelve a decirse de la serpiente, pero invitando a los discípulos a ser “astutos / prudentes como las serpientes y sencillos / inocentes como las palomas. En 24,45 es una característica del siervo fiel (el texto es del Evangelio Q, ver Lc 12,42).

En este caso las niñas (“vírgenes” en este caso se refiere a las niñas pequeñas que entrarán con el esposo a la fiesta acompañándolo con las lámparas) que esperan al esposo son calificadas de necias / prudentes por prever o no la demora del novio aprovisionándose o no de aceite suplementario para las lámparas.

La tardanza del que llega es un tema importante puesto que se alude a la demorada venida del hijo del hombre, algo que “ni el hijo sabe” cuando ocurrirá (24,36), por lo que se invita a “velar” (24,42) puesto que ocurrirá de improviso “como un ladrón” (24,43); sucederá en el momento menos pensado (24,44). Un servidor no puede descuidarse porque su señor “tarda” (24,48) y desatender su responsabilidad (24,50); esto puede ocurrir “al cabo de mucho tiempo” (25,19).

El contraste entre las necias y las prudentes se refleja en no desatender su responsabilidad. Sólo las segundas están prontas a acompañar al esposo a la fiesta.

La idea de alguien que golpea la puerta pidiendo al señor que le abra y la respuesta que alude al desconocimiento también la encontramos en Lc 13,25. Mateo, además, en otra ocasión alude al doble uso de “Señor” y también al rechazo: se refiere al ingreso en el reino y a que “muchos” dirán “Señor, Señor” aludiendo a que profetizaron, expulsaron demonios e hicieron milagros “en tu nombre”. Nuevamente se destaca que “no los conocí” (7,22-23) y a continuación de esto es que destaca a los necios y los prudentes en la edificación de la casa sobre roca o arena.

La parábola termina con el dicho del esposo (“él respondió”): “en verdad les digo que no las conozco” y una breve conclusión de Jesús propia de la unidad: “velar” porque “no saben el día y la hora” (ver también 24,42.43; 26,38.40.41). Velar es lo opuesto a “dormir”, lo que contrasta, en cierto modo, a lo que ocurre con las 10 niñas que “se durmieron” (v.5). Insistimos que el sentido de la parábola no está en prestar atención a detalles narrativos (por ejemplo, ¿dónde podrían las necias comprar aceite a media noche?) sino al contraste entre unas y otras en la preparación para la venida del que se demora. Ese “día” y “hora” es lo que todos – hasta el Hijo – desconocen (24,36) por lo que se impone “velar” (24,42).

Es el tema principal de todo el bloque final del Evangelio de Mateo al que pertenece el texto litúrgico del día.


el video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://youtu.be/MrBWfb2_2VE
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/11/comentario-al-evangelio-del-domingo-32-a.html


jueves, 29 de octubre de 2026

¿Se pueden salvar los ricos?

¿Se pueden salvar los ricos?

Eduardo de la Serna



Empiezo, provocativamente, con una pregunta que se formulaba en 1974 el gran teólogo Víctor Codina… Los clásicos tratados europeos sobre el Bautismo, especialmente a partir del desafiante planteo de Karl Barth (en 1943), se preguntaban si se debía o no bautizar a los niños (incluso el reciente documento del Dicasterio para la doctrina de la fe hace referencia a eso [#32]). Codina indicaba que en América Latina ese planteo era cruel (por ejemplo, teniendo en cuenta la enorme mortandad infantil) y decía que la pregunta, en América Latina, era si se debía o no bautizar a los ricos… Remito a él para su desafiante planteo [https://www.mercaba.org/ARTICULOS/E/es_licito_bautizar_a_los_ricos.htm]. Y me detengo en lo bíblico.

Si bien es cierto que, en muchas partes, especialmente del Antiguo Testamento, el planteo era que tener o no bienes era un signo de la bendición de Dios (de donde se alimenta, mal leída, la perversa “teología de la prosperidad”) no es menos cierto que, también en el Antiguo Testamento, la actitud frente a los pobres es un tema fundamental. El rico será rico por bendición divina, pero – precisamente por eso – no puede desentenderse de la situación de los pobres. ¡Son sus hermanos!

Pero mirando las escrituras cristianas, la situación parece más evidente (y provocativa). Se suele decir, por ejemplo, que Jesús tenía amigos ricos (algo que en ningún texto se afirma), lo cual en nada quita el planteo.

  •          Es más que evidente el contraste entre la bienaventuranza a los pobres y el ¡ay! a los ricos (Lc 6,20.24);
  •          Es evidente que no pasa un camello por el ojo de una aguja (Mc 10,24);
  •          Es evidente que al rico que ha cumplido todo desde su juventud, sólo le “falta una cosa”: vender todo y darlo a los pobres (Mc 10,20)
  •          El evidente que al rico Zaqueo y a su casa ha entrado la salvación cuando afirma que da “la mitad de mis bienes a los pobres” (Lc 19,8)
  •          Es evidente que María canta la alegría de que Dios “colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,53)
  •           Es evidente que las riquezas son enemigas de la Palabra y el Reino (Mc 4,19)
  •           Es evidente que quien no se ocupó de los hambrientos, desnudos, migrantes queda apartado de Jesús (Mt 25,31-46)
  •          Es evidente que el rico de la parábola está en el lugar de tormento porque en su vida tuvo bienes (Lc 16,25)

Y se podrían señalar textos fuera de los Evangelios incluso… pero “para muestra basta un botón”.

Es sabido que el Evangelio que más destaca el tema de los ricos y los pobres es el de Lucas, así que aquí lo miraremos. A modo meramente estadístico e ilustrativo, el término ptojós (= “pobre”; aunque hay otros términos griegos para la misma situación) se encuentra 5 veces en Mateo, 5 en Marcos, 10 veces en Lucas y 4 en Juan; el término griego plousíos (= “rico”) se encuentra 3 veces en Mateo, 2 en Marcos, 11 veces en Lucas y 0 en Juan. Y, concretamente, salvo en una ocasión, los ricos son personas vistas negativamente en el Evangelio. Incluso, a modo ilustrativo, cuando el rico, en Marcos, le pregunta a Jesús qué debe hacer para heredar la vida eterna, Jesús le recita los mandamientos, pero en medio de ellos añade “no defraudarás” (que no está en los mandamientos, por cierto), pero es una posibilidad grave dado que se trata de un rico… (Mc 10,19; además que – se ha de notar – Jesús se va a poner en camino y el rico se le pone delante impidiéndole avanzar [v.17]).

Pero señalemos algo – siempre según Lucas – para dar un paso más. Dar a los pobres es tener un “tesoro en el cielo” (Lc 18,22 [también en Mt y Mc]), y por eso destaca algo que también es frecuente en él: “Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla” (12,33). La limosna, que en Mateo se refiere al acto religioso típico judío que debe hacerse en secreto; 6,2-4, es compartir los bienes con los pobres (no se debe olvidar que es habitual que un mendigo esté en un lugar visible pidiendo limosna; cf. 18,35; Jn 9,8; Hch 3,2). Por eso dirá – Lucas – “den lo que tienen en limosna y todo será puro para ustedes” (11,41). El criterio es que, puesto que de los pobres es el reino, “hacerse amigos” de los pobres hará que ellos nos reciban “en sus moradas” (16,9), porque es evidente que no se puede “servir a Dios y a Dinero” (16,13 [notar que no dice “al” sino “a” Dinero, se trata de algo personificado, un ídolo]). Es interesante, también, que esa categoría, más griega que judía, “amistad” (filós), también es frecuente en Lucas (1 vez en Mateo, 0 en Marcos y 15 veces en Lucas).

En este sentido, es habitual en los ambientes greco-romanos, repetir un dicho clásico: “los amigos todo lo tienen en común” (lo repiten Diógenes Laercio, que lo cita como de Timeo, Platón, Aristóteles, Cicerón…). Y acá radica el tema. Como Lucas se dirige a un ambiente más helénico que semita, a la importancia bíblica de la hermandad va a añadir la importancia de la amistad. Ser hermanos, ser amigos es el punto de partida central de la fidelidad al proyecto de Jesús. Y así se entiende claramente un tema que se ve en Lucas y a primera vista parecería chocante: él destaca que lo propio de la situación de los pobres y de los ricos es que esta cambiará, como se ve en el canto de María, en la bienaventuranza, en la parábola de Lázaro… Y acá la pregunta, ¿cuándo cambiará? Pues. ¡cuando vivamos como hermanos y amigos! Por eso destacará que la comunidad ideal, como los amigos. “todo lo tenían en común” (Hch 2,44; 4,32), y por eso no había necesitados entre ellos. Cuando los ricos compartan los bienes con sus hermanos y amigos, los pobres, entonces, serán miembros de la comunidad (si no, ocurrirá como como el rico, se entristece y se marcha [Mc 10,21], o peor, el otro rico que va al lugar del tormento [Lc 16,23]). Ciertamente, los ricos pueden salvarse, en la medida en que descubran en los pobres hermanos y amigos y compartan con ellos los bienes. Así “tendrán un tesoro en el cielo”.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/groups/2631796666996525/posts/3185022325007287/

martes, 27 de octubre de 2026

Jugop de Limón (27 de octubre 2026)

Demonios y exorcismos



La hoguera de la estupidez

La hoguera de la estupidez

Eduardo de la Serna





La historia de la humanidad está, lamentable y dolorosamente, plena de crueldades. Y no está de más que, con sensatez, podamos entender acabadamente qué tanta distorsión de humanidad las provoca, como cuánto de sadismo engendra en los espectadores que aplauden enfervorizados los circos o las cruces romanas, y sus lamentables sucedáneos. Es interesante que el mismo evangelio de san Lucas cuenta, que ante la cruz de Jesús y los que estaban con él, muchos fueron “a ver el espectáculo” (Lc 23,48) y Pablo mismo destaca que los apóstoles “estamos como condenados a muerte” y, acota, “como espectáculo” (1 Cor 4,9). Siglos después, cuando en los circos hubo cristianos condenados a muerte por fieras, gladiadores u otras torturas, incluso cristianos iban a verlo como entretenimiento, motivando que algunos escritores los criticaran por ello (Tertuliano o Agustín, por ejemplo).

A modo de espectáculo, entonces, tal como nos tiene nauseabundamente habituados, el presidente brindó su show ante la fundación Faro (presidida por el pseudo intelectual Agustín Laje que nos “enseña” que la batalla cultural es contra la “perversión” del feminismo, pero que no está mal la violencia [sic]), y allí, entre aplausos y silencios, criticando e insultando a personas que trabajan en el periodismo, acotó que se los debe “quemar en la hoguera”. La acusación no requiere demasiado esfuerzo: basuras, ensobrados, zurdos… brujas.

La historia de la humanidad tiene demasiada muerte en sus espaldas provocadas por hogueras. El fuego purifica, parece… Y los “herejes” lo han aprendido “en carne propia”. La Inquisición (o las Inquisiciones, para ser más precisos) ha sido experta en fuegos, y cuando no se trataba de personas, se quemaban sus obras: la quema de libros aparece como una buena simetría… así quemó el rollo del profeta Jeremías el rey Yoyaquim (Jer 36,27-29), quemaron rollos de la Torá los griegos de Antíoco IV (1 Mac 1,56), la inquisición quemó los libros que consideraba heréticos (muchos de los cuales, después, inspiraron a generaciones), los nazis quemaron libros, la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica en Argentina, también. ¡Maravillosa metáfora la del presidente… y maravillosos aplausos de los mediocres asistentes! Incitación a la violencia y al crimen lo llaman. Pero ya sabemos que de eso no solemos aprender… incentivaron el odio a Cristina y, por tanto, intentaron matarla y el poder judicial (que no es “la Justicia”) sigue dando la razón tanto al Martín Fierro como a monseñor Romero: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande, pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”, decía el primero; la justicia es “como la serpiente que solo muerde a los que están descalzos”, repetía el segundo… Lamentablemente, en nuestra experiencia no parece sensato esperar que nadie actúe con justicia y sancione estos delitos… No solamente no aprendemos sino que no debería extrañar que mañana aparezca un Sabag Montiel que agreda – o peor – a alguien del periodismo (o de otros oficios molestos al presidente) y nadie se haga cargo del delito.

Y ante la multitud de incinerados (y sin olvidar ni menoscabar a ninguno) no puedo menos que recordar a dos mujeres que dejaron huella: Margarita Porette y Juana de Arco. La sana doctrina, encabezada por la Facultad de Teología de Paris (la Sorbona) decidió solemnemente que ni una ni la otra (1310 la primera, 1431 la segunda) debían dejar huella, por escribir (por osar escribir) la primera, por “meterse en política” la segunda; es que ambas cosas son “propias” de varones. Las beguinas, como Margarita no aceptaban que las mujeres deben estar sometidas, sea a un marido o a una congregación donde tiene una regla… Juana, joven, laica, analfabeta, pobre, no puede pretender – y, para más escándalo, ¡vestida de varón!, con lo cual evidentemente viola la “ley natural” – conducir un ejército y ser decisiva en una guerra (de “Cien años”) … La “pérfida Albión”, la que “se jactaba de su honor y de su ley” no podía aceptar que Francia no le perteneciera (y la Facultad de Teología bendecía semejante sumisión) … Definitivamente, ambas debían ser quemadas. Las beguinas desaparecidas, la política sometida… Papas, reyes, teólogos tenían la última palabra: ¡el fuego! La acusación no requería demasiado esfuerzo mental: ¡brujas! Claro que – pasado el tiempo; más rápido en el caso de Juana, más lento en el caso de Margarita – no se pudo apagar la brasa humeante de la que ya hablaba Isaías (42,3) y Mateo 12,20 aplica a Jesús.

Hoy, tanto Margarita como Juana (y cientos más, por cierto, mujeres y varones) dejan una huella. Ambas sabían de batallas culturales, ambas fueron derrotadas y el ambiente y la sociedad purificados, pero ambas enseñaron y siguen enseñando que el fuego no tiene la última palabra. El fuego puede quemar libros y personas, pero el humo, las cenizas, dejan signos que otros, ¡muchos otros!, pueden reconocer.

Si bien es cierto que en la antigüedad los faros iluminaban con fuego a los navegantes para alertarlos de los peligros… hoy encontramos en muchas víctimas de hogueras verdaderos faros, verdaderos caminos, verdaderas huellas que valen la pena transitar… Y otros “Faros”, otros dirigentes que dirigen a los dirigidos a los acantilados para estrellarse contra las rocas, sin demasiado esfuerzo mental,  mientras los sádicos aplauden y los mediocres festejan. Y lo hacen en nombre de la libertad (libertad de estrellarse o de incinerarse).


Imagen tomada de https://www.elnortedecastilla.es/20130817/local/valladolid/medina-revive-hogueras-inquisicion-201308170124.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F