jueves, 7 de mayo de 2026

Simón, el mago

Simón, el mago

 Eduardo de la Serna



En el libro de los Hechos de los Apóstoles se nos narra que el Evangelio se empieza a expandir por la región. Con Felipe – si no antes – la predicación llega a Samaría.

En un lugar, nos dice el texto, había un tal Simón que practicaba “la magia” (Hch 8,5-8). Es probable que esto se refiera sea a supuestas curaciones o charlatanerías (ver 13,7-12) o bien adivinaciones (16,16-22) y se informa que era muy famoso y seguido por la gente. Pero al llegar Felipe, y predicar la Buena Noticia y al ver los signos proféticos (8,13) todos se convirtieron, ¡e incluso Simón, que se hizo bautizar!

Como también es frecuente en Hechos de los Apóstoles, a cada paso pastoral que se va dando en  distintas regiones, Jerusalén manda sus delegados para dar garantía de que está actuando el Espíritu Santo, y, en este caso, para constatarlo, envían a Pedro y a Juan (8,14) y todos reciben el Espíritu de Dios (8,15-17).

Generalmente, este descenso del Espíritu Santo tiene manifestaciones exteriores que llaman la atención, y – ¡acá el problema! – esto sorprendió también a Simón. Y pretende tener también él esa capacidad de donar el Espíritu a quienes él les imponga las manos, y, para conseguirlo “les ofrece dinero” (8,18). Esto irrita sobremanera a Pedro y a Juan (Felipe ya ha desaparecido del relato):

¡Maldito seas tú con tu dinero, si crees que el don de Dios se compra con dinero! Este poder no es para ti ni te corresponde, porque Dios no aprueba tu actitud. Arrepiéntete de tu maldad y pide que se te perdone tu error. Te veo convertido en hiel amarga y atado en lazos de maldad (8,20-23).

En el mundo pagano era frecuente que al mejor postor se le otorgaban funciones sacerdotales más importantes; pero, para Pedro, se trata de un regalo de Dios, un “don”, que no puede manipularse, y menos aún comprarse por dinero. Con esto se asemeja a la idolatría (ver Deut 29,17; Is 58,6) y de allí la gravedad de la maldición que cae sobre el mago.

A continuación, el texto muestra a Simón arrepentido y pidiendo a los apóstoles que recen por él, y desaparece de la escena.

Es interesante, por otra parte, que es frecuente en Hechos de los Apóstoles que ponga en paralelo algo hecho por Pedro y que es a su vez hecho por Pablo. En el texto que citamos más arriba (13,6-11), aquí, al llegar a Pafos, Pablo también se enfrenta con un mago llamado Bar Jesús (v.6, nombre hebreo), y también Elimas (v.8). Parece ser alguien importante contratado por el procónsul en la corte y que se opone a Pablo seguramente por miedo a perder credibilidad. Pablo también maldice al mago. La intención de poner a ambos apóstoles en paralelo, evidentemente, pretende señalar la semejanza entre ambos en dos momentos distintos del crecimiento de la Iglesia.

Es interesante que – con el paso del tiempo – en algunos grupos cristianos del siglo II se habla de “Simón el Mago” como de un personaje perverso que sigue pervirtiendo las comunidades, pero – evidentemente – se trata de lecturas que son teológicas, no históricas, y, generalmente originadas en grupos distantes de la fe.

El nombre de Simón fue antecedente de un pecado grave para la Iglesia católica, la simonía (de él proviene el nombre). Esto es la injerencia de lo económico en lo que debe ser gracia (“gratis lo recibieron, denlo gratis”, Mateo 10,8). De hecho, el derecho canónico dice:

Quien celebra o recibe un sacramento con simonía, debe ser castigado con entredicho o suspensión (CIC 1380).


Imagen tomada de https://www.primeroscristianos.com/sabes-quien-era-simon-el-mago/


martes, 5 de mayo de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 6º de Pascua "A"

El Espíritu es anunciado, el Pueblo no quedará solo

DOMINGO SEXTO DE PASCUA – año “A”
Eduardo de la Serna


Lectura de los Hechos de los Apóstoles     8, 5-8. 14-17

Resumen: los sumarios donde se sintetiza el ministerio de la Iglesia primitiva continúan; en este caso con la predicación de Felipe. Continuando lo hecho por los Doce, que a su vez hacen lo que hizo Jesús, y lo que más tarde hará Pablo, el anuncia de la “palabra” continúa y es garantizado por la Iglesia de Jerusalén.

Los breves textos de Hechos de los apóstoles siguen siendo la primera lectura del tiempo litúrgico de Pascua. En el texto de hoy, por otra parte hay una serie de elementos que es conveniente destacar para una mayor comprensión. Como se señaló la semana pasada, los siete se dirigen a Judea y Samaría, como ocurre en este caso con Felipe. El relato completo puede estructurarse de esta manera:

A.    Felipe predica en Samaría (8,5-8)
   B.    Simón el Mago (8,9-13)
      C.   Los enviados de Jerusalén imponen las manos y desciende el Espíritu Santo (9,14-14-17)
   B’   Simón el mago malinterpreta – los enviados vuelven a Jerusalén (8,18-25)
A’   Felipe predica a un extranjero (8,26-40).

Como se ve, la liturgia ha omitido los textos que hacen referencia a Simón, el Mago y la escena final de Felipe y el etíope. 

Como se ha dicho en otros casos, la característica de la predicación de Felipe queda manifestada en “signos” (v.7.13) y estos mueven a la conversión. Es importante recordar que la fórmula “signos y prodigios” (acá insinuada en “signos”, y “milagros” aunque no expresamente presentada) alude a la vocación profética de la Iglesia.

Los signos que Felipe realiza son “conocidos”: expulsa espíritus impuros, los paralíticos son curados, y hay una “gran alegría”; sin duda los Siete, como antes los Doce, y luego Pablo manifiestan una clara continuidad con el mensaje profético, con los signos de Jesús, y su clásica consecuencia en Lucas: la gran alegría (Lc 2,10; Hch 15,13). 

Como se ve, Lucas presenta simplemente un sumario en la primera parte señalando de un modo genérico la predicación de Felipe (cf. 5,12-16; 11,19-21), más adelante lo hará con Pablo, quien también se enfrenta con un mago (13,4-12) y realiza signos y prodigios (15,12). 

Enterados de esto, los apóstoles (en Lucas, los Doce) envían delegados: en este caso Pedro y Juan. Si la misión empieza a partir de la donación del Espíritu, estos serán los encargados de orar “para que recibieran el Espíritu” (v.15). Como se vio la semana pasada, esto ocurre por la imposición de las manos. 

Un tema importante el Hechos que está supuesto aquí es la centralidad de la Iglesia de Jerusalén. No sólo de allí sale la misión, sino que cuando se generan nuevas comunidades los Apóstoles se ven en la obligación de enviar delegados para dar una suerte de “aval” a lo que viene sucediendo (Jerusalén pide cuentas a Pedro por su obrar con Cornelio, 11,1-3), envía a Bernabé a ver lo que ocurre en Antioquía (11,22) reúne a los apóstoles con Pedro, Bernabé y otros para ver qué hacer con los paganos que reciben el bautismo sin exigirles la circuncisión (15,1-2)... Recién en el final del ministerio paulino Jerusalén habrá dejado su rol centralizador (28,25-29).


Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     3, 15-18

Resumen: El autor invita a los destinatarios a una constante búsqueda del “bien”, aunque esto provoque sufrimiento. En este caso, será a semejanza de Cristo que fue matado, pero a su vez resucitado. Viviendo de ese modo, los creyentes harán visible y explícita la esperanza que los motiva.


La unidad comienza en v.13 con una pregunta retórica que tiene en v.14 su respuesta en tono de bienaventuranza. El tema central (que es clave en toda la unidad) es “obrar el bien” (3,10.11.13.16[x2].17.21), esto implica una actitud de resistencia para no amoldarse a los comportamientos del medio ambiente y los poderosos a quienes se debe enfrentar desde la verdad, rechazando todo lo que oprima a las personas. 

Esto es calificado (literalmente) como “a Cristo Señor santificar en los corazones” (cf. Is 8,13). Notemos brevemente una comparación entre el texto de Isaías (en hebreo y en griego) y el texto de Pedro (desde el v.14)



Santificar” a quien es santo (y por parte de quienes no lo son) ha de entenderse en el sentido del Padrenuestro (“santificado sea tu nombre”), por lo que suele –correctamente- leerse como “glorificar”, es reconocer su gloria en la vida diaria, la historia humana. El modo concreto de santificarlo es “dar, a quien la pida, razón de la esperanza (elpis)” (v.15); se refiere al testimonio de la obra salvadora de Dios (1,3) y de la virtud (1,21) que el ser humano recibe y manifiesta, algo que debe ser no solamente manifestado (con una “buena conducta” (v.16) sino también “explicado” (v.15, apología). 

Una nota sobre la “explicación”. La teología se ha presentado con frecuencia como “fe que busca comprender” (fides quaerens intellectum, expresado explícitamente por san Anselmo). Precisamente aquí encuentra su fundamentación bíblica: dar una palabra razonable sobre la fe y la esperanza en ambientes frecuentemente desfavorables.

 La esperanza que se manifiesta y explica no tiene su origen en quien se ve como poseedor de “la verdad”, sino quien manifiesta en su vida una convicción, una “buena conciencia” (“dulzura, respeto, buena conciencia”) con lo que resistirán el mal y provocarán hacia el bien.

La referencia a sufrimiento no aparece como algo que se debe desear, sino reconocer que lo que se debe buscar es la realización de la voluntad de dios, lo cual puede implicar de parte de los poderosos, de los poderes hegemónicos someter a sufrimientos a los cristianos. Éstos están invitados a ver ese sufrimiento en continuidad o semejanza con el sufrimiento de Cristo. La voluntad de Dios no es que alguien sufra, sino que haga el bien. Lo que se dice del sufrimiento de Cristo tienes estas características:

  • Murió “una vez” (hápax) indica la consecuencia definitiva de su obra salvadora (”por los pecados”) de modo que no es necesario nada más (tema habitual en Hebreos, x8). Lo absoluto de su muerte enseña el “extremo” del amor de Jesús al que los cristianos se encuentran llamados.
  • “Por nuestros pecados”: el sentido de la muerte “por” es un tema característico en el primer cristianismo (1 Cor 15,3; Gal 1,4; Heb 10,12; 1 Jn 2,2; 4,10). La salvación que trae ha derrotado la fuerza del pecado de un modo universal.
  • Es “justo”, algo que en la carta aparece ligado al cumplimiento de la voluntad de Dios  (2,23; 3,12.18) como se ve en el paralelo. Por otra parte, la relación con el “Justo” sufriente de Isaías 53 (frecuente en 1 Pe, cf. 1,18-21; 2,21-25; 3,18-22) revela un sentido “cristológico”
  • Muerto en la carne y vivificado en el espíritu alude a la muerte violenta que otros le infligen (ligada a “sufrir”) y la “vivificación” que el espíritu le provoca, en este caso referida a la resurrección. “Fue matado” -  “fue vivificado”, en lo que el “espíritu de dios" juega el rol principal lo que, dado el paralelo con los cristianos “sufrientes” anuncia la concreción de la esperanza en la vida definitiva.
  • Todo esto tiene como finalidad “conducirlos a Dios” (v.18). el acceso a Dios ha quedado abierto, la comunión con Cristo lleva a la comunión con Dios (4,13; 1,8; 2,4).


Evangelio según san Juan     14, 15-21

Resumen: Jesús está anunciando su partida, pero anuncia a su vez el envío de un personaje, al que llama “Paráclito” que continuará entre los discípulos, la obra que Jesús venía realizando entre ellos.


Desde hace ya bastante tiempo muchas traducciones, en general, han renunciado a traducir el término griego “paráklêtos”, que antes era transcrito como “consolador”, “abogado”, “defensor”, “intercesor”, y directamente han optado por transliterar el griego y dejar “paráclito” siendo que el término griego (originado en el verbo “parakaléô”) significa todo eso además de “interrogar”, “exhortar”, “implorar”, “confortar”, “conciliar”… como se ve, es un término tiene que ver con la palabra, en una relación afectiva hacia el otro, de cercanía. En ese sentido, será importante, según el contexto, descubrir qué se dice de este “paráclito” a fin de entender su rol. 

En el caso del Evangelio de hoy, la primera de las cuatro veces que el término se encuentra en el Cuarto Evangelio (único de los Evangelios donde se lo encuentra) se afirma, desde el inicio dos cosas: que es enviado por el Padre puesto que, ya que lo aman, guardan sus mandamientos. 

“Guardar” es tener en custodia, preservar, pero también prestar atención, obedecer. Jesús afirma que “guarda la Palabra” del Padre (8,55) e invita a “guardar su palabra” (8,51), a Jesús lo acusan de “no guardar el sábado” (9,16). En los discursos de adiós Jesús alude a “guardar los mandamientos”, lo que dice directa relación con el amor mutuo entre Jesús, el Padre y los discípulos (14,21) o con las “moradas” [recordar lo dicho el domingo pasado de la relación entre “morada” y la importancia del verbo “permanecer” en Juan]. Porque Jesús “guarda” los mandamientos  de su Padre, “permanece” en su amor. Jesús sabe que son sus discípulos los que “guardan” la Palabra del Padre (17,11) por eso pide que los “guarde” del maligno (17,15). 

Los “mandamientos” (entolê) comienzan por el “mandamiento” que Jesús ha recibido del Padre, “que dé su vida, y que la recobre” (10,18), lo que Jesús dice y hace es lo que Dios le ha “mandado” decir (12,49) y su “mandamiento” es vida eterna (12,50). A partir de la segunda parte del Evangelio, Jesús comienza a hablar de “su mandamiento” (ya no del Padre, aunque se trata de lo mismo): “amarse los unos a los otros como yo los he amado” (13,34; 15,12), la relación estrecha está dada entre el mandamiento y el amor (14,21); no se refiere a los “mandamientos antiguos” (por ejemplo, “entolê se encuentra 40x en Deuteronomio), sino a un mandamiento que es “nuevo”. 

El amor (agapê) es término preferido, particularmente en la segunda parte, del Evangelio de Juan (36 de un total de 44 del EvJn) y supone un amor “como yo”, es decir, “hasta el extremo” (13,1) arriesgando la vida (psyjê, 15,13)  y el amor mutuo resultará una suerte de “test” del discipulado (13,35) y repercutirá en la unidad de los cristianos (17,23). 

Lo curioso del Paráclito enunciado es que se trata de “otro”. Es posible –como diremos- que el paráclito anterior sea el mismo Jesús, como se afirma en 1 Jn 2,1: “Pero si alguno peca, tenemos a un Paráclito ante el Padre: a Jesucristo, el Justo”.

A continuación el texto continúa “presentando” a este Paráclito: es espíritu “de la verdad”, el “mundo” no puede recibir, ya que no lo ve ni lo conoce, “permanece” y estará con los discípulos (v.17). Aquí se interrumpe la referencia a este personaje que retomará en v.26; 15,26 y 16,7. Mirando estos textos podemos señalar cuatro elementos a tener en cuenta:



Como es evidente hay una estrecha relación entre Jesús y el Paráclito. Podemos decir que la relación que hay entre Jesús y el Padre se replica en la relación del Paráclito y Jesús una vez que este se haya “ido”. Seguramente ese “volver” del que habla Jesús (v.18) se refiera a su nuevo modo de presencia en el paráclito. De ese modo lo “verán”, “estará” y podrá ser amado (vv.19.20).

La liturgia prepara así los dos próximos “acontecimientos”, la ida de Jesús (Ascensión) y la venida del Espíritu Santo (Pentecostés).

el video con comentario al Evangelio puede verse en

jueves, 30 de abril de 2026

Herodes, el Grande

Herodes, el Grande

 Eduardo de la Serna



Hace ya tiempo, escribimos sobre “Herodes, hijo de Herodes”. Es bueno, ahora hablar sobre “Herodes, el padre de Herodes”.

Decíamos que era frecuente que al comenzar una “dinastía”, todos sus descendientes llevaran el “nombre del padre”, como es el caso de los “césares”, que gobiernan como “hijos de (Julio) César”. Veamos algunos datos de la historia antes de ver qué nos dicen los textos bíblicos sobre Herodes.

Sabemos que todo el mundo y el ambiente bíblico de tiempos de Jesús estaba gobernado por el Imperio romano al cual todos debían de una u otra manera rendir pleitesía. Pero Roma no solía ocuparse del gobierno de los territorios conquistados, sino que ponía, con mucha frecuencia, a alguien del lugar que le resultara confiable y rindiera cuentas. Sólo en provincias importantes tenía un gobierno del que ella misma se hacía responsable; o en lugares donde no encontrara alguien creíble o donde el ambiente fuera tumultuoso. Veamos, sencillamente dos ejemplos que encontramos en la Biblia de estos gobernantes: por ejemplo, en la importante ciudad de Corinto, capital de Acaya, hay un procónsul, cargo que duraba un año (ver Hch 18,12) y en la región de Judea, Roma depone al inepto hijo de Herodes, Arquelao, y entonces envía un gobernante, al que se suele llamar “procurador”, o gobernador, como será el caso de Pilato (Mt 27,2) o Félix (Hch 23,24). Ahora bien, en algunos casos, no habituales, cuando la confianza de Roma en un sujeto era grande, podía nombrarlo “rey”, es el caso de Herodes. Pero, y esto debe tenerse en cuenta, era un nombramiento que Roma daba, y, por tanto, podía quitárselo, si le convenía, y, además, no era hereditario; los hijos de Herodes, Arquelao y Antipas, buscaron ser nombrados reyes, y – aunque a veces los textos los llaman “rey” –  propiamente nunca lo fueron, aunque lo pretendieran insistentemente.

Cuando en Roma gobernaba un Triunvirato, después de la muerte de Julio César, a Herodes se le concede (¿sobornos mediante?) el título de rey. Llega, originalmente al poder por su matrimonio con Mariamme (de la dinastía asmonea), y será nombrado, primero tetrarca (que gobierna cuatro ciudades) y, finalmente, cerca del año 40 antes de Cristo, es nombrado rey. Aunque fue educado como judío, en realidad era árabe, y no gozaba de la simpatía del pueblo. Después de unos primeros años complicados, se impuso de una manera férrea en el gobierno; fue particularmente sanguinario, y cuando veía dificultades no tenía ningún prurito en asesinar, cosa que hizo con varios miembros de su propia familia cuando veía peligrar o puesto en duda su poderío. Una característica notable de su gobierno fueron las importantísimas construcciones que llevó a cabo, desde edificación de ciudades al Templo de Jerusalén. Este era pequeño (se había hecho un “segundo templo” a la vuelta del exilio en Babilonia) y él decidió darle gran esplendor (se puede recordar que, en el evangelio de Juan, le dicen a Jesús que el templo se edificó en 46 años (Jn 2,20; en realidad, todavía no estaba terminado en este tiempo y lo continuaron sus descendientes). Ciertamente, por ser un rey dependiente de Roma, debería congraciarse con sus jefes, de allí los nombres de ciudades como Tiberias, Cesarea (Hch 8,40), etc.

Como sus sucesores llevan también el título de “Herodes”, para reconocerlo debemos mirar la cronología. El rey Herodes, apodado “el Grande”, muere pocos años después del nacimiento de Jesús, por lo que no es a él a quien se hace referencia en los Evangelios, sino a su hijo. Sólo sabemos que el Bautista nace en “los días de Herodes, rey de Judea” (Lc 1,5) y que, unos magos, que ven los signos en el cielo del nacimiento de un “rey”, van a la corte de Herodes (Mt 2,1). Esto sirve para ubicarnos en el tiempo, pero, Mateo añade un elemento más.

Así como en el nacimiento de Moisés, el rey de Egipto, temiendo que peligrase su autoridad, manda matar a todos los varones (Ex 1,22), pero uno se salva (y salvará a su pueblo, Ex 2,3), ahora, del mismo modo, Herodes manda matar a todos los niños varones (Mt 2,16), pero uno se salva (¡en Egipto!; Mt 2,13) y será el salvador, Jesús. Mateo, aprovechando la fama de sanguinario de Herodes, a la que hicimos referencia, nos recrea la escena de Moisés para que cualquier lector de la Biblia sepa que, así como fue entonces, también ahora, una suerte de “nuevo Moisés” es enviado por Dios, y es salvado de las garras de un “nuevo faraón”. En la historia de oprimidos y opresores, de autoritarios y víctimas, la Biblia siempre deja claro de parte de quiénes está Dios.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Herodes_I_el_Grande

martes, 28 de abril de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 5º de Pascua "A"

 Ver a Jesús es ver al Padre… ¿y vernos a nosotros, qué es?


DOMINGO QUINTO DE PASCUA - "A"


Eduardo de la Serna


Lectura de los Hechos de los Apóstoles     6, 1-7

Resumen: Entre los judíos había diferencias ya que los provenientes de la diáspora hablaban griego (“helenistas”) y no arameo (“hebreos”), de allí que se sintieran desatendidos. Para ello se escoge siete para que continúen el “servicio de la palabra” en su ambiente y su lengua. Así, el Evangelio empieza a propagarse.



El texto de hechos da un salto cualitativo en su narración; el crecimiento de la comunidad que se ha ido manifestando en las unidades anteriores se manifiesta ahora con la elección de Siete para acompañar a los “helenistas”. El problema es presentado como “desatención de las viudas” y servicio (diakonía) de las mesas. Por su parte, los Doce manifiestan ocuparse del “servicio (diakonía) de la Palabra de Dios” y la oración. Sin embargo –y el texto lo destacará más adelante- para el servicio de las mesas se busca a “siete”, “de buena fama”, “llenos del Espíritu Santo y sabiduría”, y para ello reciben la imposición de las manos. Sin duda parece “demasiado solemne” para ser un servicio de las mesas. Mirando lo que se afirma en los capítulos siguientes que harán algunos de estos Siete, ciertamente no se trata del servicio de las mesas, sino precisamente del “servicio de la Palabra”.


La unidad finaliza con un  breve sumario que repite que el número de discípulos aumentaba “en Jerusalén”, y esto lo expresa señalando que “la palabra de Dios crecía”.


Los “helenistas” jugarán un papel muy importante en Hechos, y acá se los presenta como un eslabón más luego de los Doce. 


Una nota sobre el “crecimiento de la Palabra” en Hechos. Con cierta frecuencia Hechos de los apóstoles insiste en que “la palabra crecía” (6,7; 12,24; 19,20). La “palabra” es la predicación del Evangelio, que marca toda la obra, y crece cuando es aceptada. Por eso Lucas presenta una cierta estructuración geográfica. Movidos por el Espíritu Santo (el gran protagonista de la obra) los predicadores anuncian la “palabra”, y en la medida en que esta es aceptada “crece”, hasta llegar a Roma, donde Pablo “predica… enseña… sin estorbo”  (28,31). El texto de hoy alude a que el crecimiento se da por la incorporación de los “helenistas” y –por lo tanto- la organización de “ministerios” (diakonia) para su servicio.


Una nota sobre los “helenistas”. Hay consenso en general en reconocer en estos “helenistas” a los judíos de habla griega (es decir, los judíos que vivían “dispersos” por el imperio fuera de la tierra de Israel donde se hablaba arameo, aquí llamados “hebreos”). Estos judíos peregrinaban a la ciudad Santa alguna vez (o más, dependiendo de su disponibilidad geográfica) con motivo de las fiestas de peregrinación (Pascua, Pentecostés y Tabernáculos). No interesa –en este momento- detenernos en la presencia de “helenistas” en Jerusalén en este tiempo, lo que es un tema muy interesante pero excede nuestra intención. Hechos quiere comenzar todo el ministerio de la Iglesia naciente “a partir de Jerusalén”, y aquí están, entonces, los helenistas. De hecho, a continuación destacará que “la palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba en Jerusalén el número de los discípulos” (v.7). Pero –como se insinuó más arriba- estos Siete empezarán a predicar (ministerio de la Palabra, para que esta siga creciendo) “fuera de Jerusalén” a las regiones de “Judea y Samaría” (cf. 8,1). Más adelante Lucas añadirá un nuevo “eslabón” al incorporarse Pablo en la predicación y lograr que la palabra siga creciendo llegando hasta Antioquía.


Lo interesante es que en torno a una “mesa” /como es frecuente en Lucas y en Hechos) se suscita una reflexión que dará paso a una respuesta igualitaria de servicio a “hebreos” y “helenistas”, las mesas no son signo de discriminación sino de igualdad en la teología de Lucas. El desafío es encontrar respuestas al problema planteado, y la generación del “ministerio” de los siete aparece como la pertinente. [Notar que en ningún momento se habla de “diáconos” ya que el sustantivo diakonía, o el verbo diakoneô se encuentra en el relato en ambos casos, de los Siete y de los Doce, como se dijo, y no alude a un nuevo “ministerio ordenado” sino a un nuevo ministerio para que en nivel de igualdad, los que eran discriminados fueran atendidos]. La diferencia entre unos y otros se irá notando cada vez más claramente en lo que sigue, en Hechos. Los nombres de los Siete son griegos, y se los supone judíos de la Diáspora (salvo de Nicolás de quién se afirma que era prosélito, es decir “convertido al judaísmo”). La “imposición de manos” es una confirmación del don del Espíritu Santo (8,17 9,17; 13,3.4) que, como se dijo, será el responsable del “crecimiento de la palabra”.




Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     2, 4-10


Resumen; Una estrecha relación entre Cristo y los cristianos muestra la eclesiología de la carta de Pedro en la que lo dicho de Cristo –cargado de referencias bíblicas- se dice también de la Iglesia para los tiempos de dificultad y conflicto que viven


Los vv. 4-5 anticipan elementos de citas bíblicas [que recomendamos leer] las cuales se explicitarán en 6-10: 6-8 la imagen de la piedra (anticipada en 4b-5a) y 9-10 la del pueblo elegido (preparada en 5b-d), y ponen fin a la “introducción” iniciada en 1,13 para dar comienzo a instrucciones y situaciones más concretas. Es interesante notar que las abundantes citas bíblicas no buscan demostrar o desarrollar cierta apología (“se cumplieron...”, “¿acaso ignoran?”, “¿no está escrito?”), sino profundizar un tema: una reflexión sobre Cristo-piedra y la Iglesia-pueblo. Se logra así un paralelismo entre Cristo y la comunidad que será la clave de comprensión de toda la unidad.


Una vez más la intención es dar seguridad a los lectores que viven un clima de hostilidad en el ambiente. Los ubica del lado de Dios y les da salvación. La tensión fe-increencia se juega en esto.


“Acérquense a él”, a quien se menciona como “piedra viva”, ciertamente una metáfora con la que comienza un nuevo tema y una serie de metáforas.


Como hemos dicho, las citas bíblicas que siguen nos darán la clave para interpretar “piedra”. El añadido “viva” invita a evitar una lectura literal (¿alude a la resurrección?). Los cristianos pertenecen a Jesús, son de su misma naturaleza (cf. Dt 32,18; Is 51,1). La metáfora cristológica se transfiere, en seguida, a la comunidad. La referencia a “los hombres” muestra que los constructores no son, en este caso, las autoridades, o grupos, sino la humanidad en general. Esta piedra es elegida por Dios, lo que prepara la cita de Is en v.6 explicada en v.7a.


Hay un contraste total entre los hombres y Dios en su juicio frente a Cristo, y el autor invita a ponerse de su lado (“acérquense”), a tomar partido en favor del despreciado. En él deben reconocerse los cristianos, deben ser también ellos “piedras vivas”. Aunque no se dice que sean “rechazados” los cristianos están invitados a reconocerse en él en medio de la hostilidad. Si “piedra” tiene referencia mesiánica, la atribución a los cristianos los muestra como comunidad mesiánica regenerada por la resurrección de Cristo.


A continuación, la imagen pasa a la idea de la construcción enlazada con la imagen de la piedra pasando a referir a la piedra más importante. 


En vista de la relación que señalamos con vv.6-8 “casa espiritual” debe entenderse a la luz de los textos que siguen. Quizás sea decisivo el uso de “real” de v.9 (“casa real”) y entonces “casa espiritual” y “casa real” (con reminiscencias a 2 Sam 7, y quizá contraste: no es “hecho por manos” [Mc 14,58] sino “espiritual”) sean parecidas como la referencia a lo sacerdotal que viene a continuación ayuda a comprenderlo. Además, así también la casa espiritual remite a las citas bíblicas de vv.6-10. La “piedra” de Is 28,16 no implica el edificio, y requiere “piedras” para ampliarlo a la imagen de “casa”. Así como “viva”, tampoco es evidente el sentido de “espiritual” (ni el de leche “lógica” de v.2). El sentido de “casa” como “templo” es frecuente (como el “sacerdocio” viene a confirmarlo).


La imagen salta al tema del sacerdocio (hierateuma) que es impreciso por su relación con la “construcción”, pero puede entenderse si “casa real”, elección, propiedad son distintivos de la comunidad “santa”, que se añade a “sacerdocio”. La relación con los “sacrificios espirituales”  prolonga la metáfora: Los cristianos, como piedras vivientes, por la acción del Espíritu ofrecen sus propias vidas como sacrificio espiritual en el ejercicio de su funcionamiento sacerdotal; es el mismo Espíritu que reposa sobre los cristianos (4,14) y da vida en la pasión de Cristo (3,18). No son sacrificios del sacerdote sino continuidad de la metáfora. También en Qumrán se mencionan los sacrificios espirituales (ya que sus miembros no participaban del Templo):

 “... cuando estas cosas existan en Israel de acuerdo con estas disposiciones para fundamentar el espíritu de santidad en la verdad eterna, para expiar por la culpa de la trasgresión y por la infidelidad del pecado, y por el beneplácito para la tierra sin la carne de los holocaustos y sin las grasas del sacrificio -la ofrenda de los labios según el precepto será como el olor agradable de justicia, y la perfección de la conducta será como la ofrenda voluntaria aceptable- en ese tiempo se separarán los hombres de la comunidad (como) casa santa para Aarón, para unirse al Santo de los santos, y (como) una casa de la comunidad para Israel...” [1QS 9,3-5]

La idea del sacerdocio queda en la imagen y el símbolo. En 1,15s vemos qué entiende la carta por “santidad”, así el sacerdocio remite a una vida acorde a la fe (no se alude a otros “sacrificios”). Por ahora señalemos la unidad de los cristianos y Cristo, ligados con la metáfora de las piedras vivas.


vv.6-8


La referencia bíblica que sigue es –como se dijo- una prolongación de lo que se ha presentado. Vv. 6-8 relee diferentes textos bíblicos sobre el tema de la piedra, lo que no es original: el judaísmo ha utilizado este tema con clave mesiánico-escatológica, y hay ejemplos del cristianismo primitivo (cf. Mc 12,10p; Hch 4,11; Rm 9,32s; Ef 2,20), aunque leído sólo cristológicamente, no también eclesiológicamente como en este caso. 


En la cita, no hay cabida a los cristianos, piedras vivas, aunque la polarización creyente-increyente domina la sección. Elegida preciosa refiere a Cristo (v.4; cf. 1,20), él es el elegido por Dios.


En v.7 una glosa interpretativa interrumpe las citas. Ahora bien, no sólo no es valiosa para los no creyentes sino que además es peligrosa para ellos (en este sentido se cita el Sal 118 [117 LXX]). El texto del salmo alude al cambio que Yahvé obra en favor del individuo perjudicado que ve salvada su vida. El texto es usado en Qumrán, el Targum y la literatura rabínica para aludir a la figura del rey-mesías, pero no para destacar su rechazo; de ese modo fue usado -en cambio- por el cristianismo primitivo. El texto luego abandona la metáfora para hablar claramente de Cristo rechazado (el verbo “rechazar” está en participio perfecto pasivo, con lo que refiere a una acción que continúa en el presente). Esto supone la perdición de los increyentes. De todos modos no es una amenaza para ellos, a quienes no se dirige el texto, sino un elemento para sostener la fe. La piedra tiene un valor y ante ella se decide la suerte de la persona, de allí que “acercarse” a él lleva a la salvación.


vv.9-10


Después de los no creyentes y su suerte jugada frente a la “piedra”, el autor vuelve a la imagen de la comunidad. Si en vv. 6-8 la salvación se jugaba frente a Cristo, vv. 9-10 fusiona diversas citas bíblicas de Éxodo, Isaías y Oseas mostrando que la Iglesia es el pueblo de Dios; lo que antes se afirmaba de la “piedra-Cristo” pasa ahora a decirse de los cristianos: “elegida/os” (2,4.6 y 2,9). Lo hace con las dos categorías fundamentales: elección santidad: linaje elegido, nación santa, pueblo adquirido, pero referidos solamente a la Iglesia (cf. 1,12), todo aludiendo a diversas citas del AT. La idea de elección es recurrente en tan pocos versículos: 4.6.9 con lo que retoma el paralelismo entre Cristo y los cristianos. La idea de elección de ninguna manera debe entenderse como arrogancia, sino como participación de la pasión de Cristo. Lo que a su vez fundamenta la misión evangelizadora para “anunciar las proezas del Señor” (v.9). El término “raza” (genos) no debe entenderse de modo étnico sino a semejanza de la “regeneración” (anagennaô, 1,3.23) realizada por Dios en los creyentes que los lleva a dar testimonio de la esperanza en medio de un mundo hostil.


La referencia a Éxodo al reino y al sacerdocio no es sencilla. Entendido de modo dinámico queda claro que no hay una identificación de la Iglesia con el reino sino que es propio de la comunidad cristiana la referencia al reino (aunque al no llevar artículo parece que la presencia del reino en el mundo no se limita a la realidad eclesial). Aparentemente puede entenderse de diversas maneras: “reino de sacerdotes” entendido como hierocracia, un reino gobernado por sacerdotes o “reino sacerdotal”, es decir todo el pueblo es sacerdotal, separado de todos los pueblos. La función sacerdotal específica no viene descrita, lo que ha hecho que se privilegie la elección y la santidad. Esto no implica que se haya cumplido la condición pedida por Ex 19,5-6 (“si...”) sino que se ha dado la unión con Cristo, por lo que es el acercamiento a Él y la adhesión de la fe la que permite a los creyentes el acercamiento al sacerdocio. La fe es la nueva condición que permite a los hombres, aunque son imperfectos, ejercer las funciones sagradas y entrar como sacerdotes al servicio de Dios. El fundamento del sacerdocio no es -por lo tanto- el mérito de los hombres y, al revés, tampoco la miseria de los hombres constituye un obstáculo para el sacerdocio.


Ambos se relacionan con el pueblo de los creyentes, así reino son los moradores de la casa real no se refiere al edificio, y hierateuma, el sacerdocio como conjunto, no el “presbiterado”; si basileion (reino) no designa la soberanía o poder de los cristianos, tampoco hierateuma (sacerdocio) designa funciones sacerdotales de los miembros; es una más de las metáforas del contexto. Ciertamente es importante la elección y la santidad, reforzadas por el contraste con los no creyentes. Si dijera “cada cristiano es sacerdote” estaría también diciendo “cada cristiano es rey” lo que precisaría explicación; la metáfora es corporativa, como en Ex 19: trata de la Iglesia y su realidad. Como no se ve un nexo con el bautismo, no puede pensarse que está diciendo que “cada cristiano es rey y sacerdote”.


El texto de Éxodo, por ejemplo, no guarda relación con el sacerdocio levítico, y siempre se aplicó, en la tradición, a Israel como comunidad elegida y santa. No hay una mezcla entre el sacerdocio al que alude Éxodo con el levítico. Una cosa es la influencia posterior provocada por 1 Pedro y otra diferente es que aluda a esto. 


El sentido es personal, corporativo y funcional: una comunidad de personas que ejercen una función específica. Se trata de la comunidad creyente cuya íntima relación con Dios es semejante a la de los sumos sacerdotes, las citas revelan que se presenta en continuidad con el pueblo de la antigua alianza, la “gente santa” que participa de una herencia común, histórica, cultural y religiosa. Los cristianos, en cuanto organismo sacerdotal están en grado de ofrecer víctimas invadidas por el Espíritu, la expresión “sacerdocio santo”  (2,5) es simbólica; normalmente las víctimas eran matadas, pero al ser “víctimas espirituales” se supone “invadidas por el espíritu”, se refiere a la vida cristiana plenamente vivida. La animación del espíritu es fundamental para el sacerdocio. En esto encontramos el único verbo finito: el que se refiere al anuncio, todas las características del pueblo de Dios están orientadas a este objetivo, entre ellas reino y sacerdotes de v.9. El uso de “raza elegida” de Is 43,20 se refiere a la identidad del pueblo, toda la tierra pertenece a Dios y a ella deben anunciarse sus proezas. Israel es mediador de esto; los cristianos también deben serlo.


Todo esto es mostrado como una conversión, un paso de las tinieblas a la luz.


Oseas (1,6-9; 2,3.25) aludía a la ruptura de relaciones entre Dios y su pueblo, aquí se alude a la vocación de los cristianos desde el paganismo; sigue hablando del pueblo elegido pero en constaste entre el antes y el ahora, propio de 1 Pe. La metáfora del pueblo renacido por la misericordia parece haber sido transparente para los cristianos. La metáfora cristológica pasa a ser metáfora eclesiológica.



Evangelio según san Juan     14, 1-12

Resumen: Jesús anuncia su partida, y para ello busca sostener la fe de los discípulos recordándoles la estrecha relación que tiene con el Padre. El discurso progresa –a partir de algunos malentendidos- de modo que Jesús puede afirmar claramente que esa relación es total, y de ella participarán los discípulos.



El texto de Juan ha sido elegido, sin duda, porque se aproxima el final del tiempo de Pascua y Jesús anuncia su “partida”. El texto, que comienza en v.1 finaliza en v.29 donde se repite la misma fórmula. La finalidad: “la gloria del Padre” parece ser el tema de la primera parte (vv.1-11), que luego destacará las “obras” como primera promesa (vv.12-14) destacando otras a continuación (el paráclito, la venida con el Padre…). La “ida” de Jesús es el término casi excluyente (vv.2.3[2x].4.5.6.12). En el centro se ubica el diálogo de Jesús primero con Tomás (vv.5-7) y luego con Felipe (vv.8-10). También el texto está enmarcado por el verbo “creer” (vv.1.10.11[2x].12). 


El texto comienza con un imperativo que pretende impedir la turbación de los discípulos. Para ello opone la fe (no se turben - crean). La turbación tiene que ver con la muerte cercana de Jesús (11,33; 12,27; 13,21) y se repite –a modo de inclusión- en v.27. Creer en Dios implica creer en Cristo ya que él es enviado del Padre y sus palabras y obras vienen de este. La razón por la que han de “creer” tiene que ver con las numerosas “moradas” en la casa del Padre. “Morada” (monê) viene del verbo “ménô” que es muy frecuente en Juan para aludir a la interrelación estrecha entre Jesús y los discípulos (las moradas son lugares de permanencia ligadas estrechamente a Dios, 14,10; 6,56; 15,4.5.7). La conclusión “yo estoy en el Padre y el Padre está en mi” (v.11) da sentido firme a ese “creer” que se reclama. Con un doble “en verdad” (amên, característico de Juan en momentos importantes) da comienzo a lo que sigue, de lo que la liturgia sólo pone el primer versículo (v.12) centrado en las “obras”, como se dijo, preparado por los vv.10.11. 


El acento está puesto en señalar que la partida de Jesús no será definitiva ya que los discípulos se reencontrarán con él (“volveré”, “los tomaré conmigo”, “estén también ustedes”) de allí que este (¿breve?) tiempo intermedio será el tiempo de “creer”, de recorrer “el camino”, y de “obrar”. Pero esto es aquello en lo que deben “creer” a fin de no “preocuparse”. Como se ve, en el centro de toda la unidad (y es un tema central en todo el Evangelio de Juan) está la estrecha unidad entre Cristo y el Padre, tanto que las palabras de Jesús, son Palabras del Padre (cf. 3,34; 5,23-24; 8,18.28.38.47; 12,49) y las obras de Jesús son obras del Padre (cf. 5,20.36; 9,3-4; 10,25.32.37.38). Esa morada intima entre el Padre y Jesús, que se replica en la permanencia íntima entre Jesús y sus discípulos, da sentido a esto. 


La interrupción de los discípulos Tomás y Felipe: Es frecuente en Juan que los malentendidos sirvan para que Jesús profundice el discurso que está desarrollando. Son propios de los “discursos de revelación”. En este caso, a continuación del dicho de Tomás, Juan presenta nuevamente un discurso introducido por “yo soy”. A continuación de la intervención de Felipe, Jesús profundiza su estrecha vinculación con el Padre. En ambos casos, en directa relación a la inminente partida de Jesús.


En general se acepta que el dicho “yo soy” quiere destacar que Jesús es “el camino”. “La verdad y la vida” son explicativos del camino que es Jesús. De hecho ya se había señalado en el Evangelio la relación de Jesús con la vida (zôê, es decir “vida divina”, 1,4; 6,33.35.48.63.68; 8,12; 10,10; 11,25) y con la verdad (1,14.17; 5,33; 8,32.40.44-46). El “camino” –en la Biblia- refiere a la vida según la voluntad de Dios, señalado por la Ley, o por los mandamientos, o –por supuesto- los caminos que conducen “a la perdición”. Yahvé camina en medio de su pueblo manifestando sus “obras” (Is 43,16.19; 45,13; 48,15; 51,10…). La vida que los miembros de la comunidad de Qumrán llevan en el desierto es “el camino de Yahvé”: 
es el estudio de la ley que ordenó por mano de Moisés, para obrar de acuerdo con todo lo revelado de edad en edad” (1 QS 8,12-15). 
Es tan estrecha la relación entre Jesús y el Padre que él es el camino, y no hay otro. 


Una nota sobre las “obras mayores”. Hay que notar que, por un lado no se afirma que serán “milagros mayores”, son “obras” (cf. 5,20.36; 8,39.41; 10,25.32.37.38; 14,10.11.12; 15,24), por otro lado, son obras que se realizarán una vez que Cristo se haya ido, y “en mi nombre” (v.13), es decir, será Cristo mismo el que las obre. Es importante refrescar que «la obra de Dios es que crean en quien él ha enviado». (Jn 6:29). En cuanto “enviado” Jesús obra y habla por el Padre, es su misma voz y sus mismos actos. Las obras mayores probablemente se refieran entonces a que la comunidad creyente manifestará su estrecha unión con el Padre y con el Hijo revelando en ello la fe que los reúne. 

Una nota sobre Tomás y Felipe: hay consenso entre los estudiosos en que el Evangelio de Juan ha pasado por diversas etapas hasta llegar a su redacción definitiva. Hacia el final de estas etapas, el conflicto con lo que luego será el “gnosticismo” se agrava. Curiosamente, los gnósticos, que serán una/s secta/s concentrada/s en el “conocimiento” (gnôsis) y tendrán una serie interesante de escritos propios, entre ellos los Evangelios “de Tomás” y “de Felipe”. ¿Es pensable que el redactor final los haya presentado como dubitativos, algo incrédulos (en contraste con el “discípulo amado”)? De hecho, Felipe vuelve a encontrarse en 1,43-48; 6,5.7; 12,21.22 y Tomás en 11,16; 14,5; 20,24.26-28; 21,2 siendo que no tienen un rol destacado en los otros Evangelios Sinópticos. Es posible, pero escapa a lo que podemos comentar en este lugar.


El video con comentario al Evangelio del 5to domingo de Pascua se puede ver en


foto tomada de www.rezaconmigo.com

Comentario al Evangelio del 5to domingo de Pascua A

 Comentario al Evangelio del 5to domingo de Pascua A


O también en

https://youtu.be/vNoVsUiAMRg


Eduardo 

jueves, 23 de abril de 2026

Noadías, una profetisa desconocida

Noadías, una profetisa desconocida

Eduardo de la Serna



Para comenzar, señalemos que el nombre Noadías parece ser propio tanto de una mujer, como es el caso de la profetisa que comentamos, como de un varón, como se ve en Esdras 8,33. A esta, calificada de “profetisa”, se hace mención, exclusivamente en Nehemías 6,14 que dice: _«Dios mío, acuérdate de lo que han hecho Tobías y Sanbalat; también de la profetisa N-oadías y de los otros profetas que intentaron asustarme»._


Antes de avanzar es interesante señalar algo muy frecuente en la Biblia: un profeta es alguien que afirma que habla en nombre de Dios (aparte están los profetas que hablan en nombre de otras divinidades extranjeras, pero no nos referimos a estos en esta ocasión), pero ¿cómo saber si lo que un profeta o una profetisa hablan es algo dicho en nombre de Dios o en nombre propio? No hay manera de saberlo en el momento (a veces sí con el paso del tiempo). Es el caso de lo que ocurre con Jeremías, que dice una cosa mientras que otro profeta, Ananías, afirma todo lo contrario (Jer 28,10-12). Con frecuencia, en los textos, es el contexto el que nos dirá cual de ellos habla realmente de parte de Dios y cuál no.


Cuando los persas dominan sobre los babilonios permiten que los judíos que estaban en el exilio puedan regresar a su tierra. Dentro de ese grupo encontramos a Nehemías, que es un dirigente político judío cercano a los persas. Con poder del imperio, él se propone reconstruir la ciudad de Jerusalén, con sus murallas y su templo; pero eso no es bien visto por muchos de los que habían quedado en la tierra. Señalemos que los Babilonios destruirán Jerusalén y el templo (año 587 antes de Cristo) y llevan cautivos a su propia tierra a los dirigentes de la élite política y sacerdotal (obviamente, no es un grupo numeroso, pero sí con “peso político”). Unos 50 años después, los persas derrotan a los babilonios y permiten el regreso de aquellos que así lo deseen, pero estos vienen con una serie de nuevos elementos que no son bien mirados por los que habían permanecido en la Tierra Santa; por ejemplo, estos se habían casado y formado familia con mujeres de los pueblos vecinos y los que regresan con Nehemías les mandan disolver los matrimonios y expulsar mujeres e hijos para conformar un matrimonio solo entre judíos. Obviamente esto no era bien mirado por los que se habían quedado y discuten con estos planteos. Es muy probable que Noadías – y algunos más – dijeran que eso no era voluntad de Dios.


Veremos, en este tiempo, que algunos profetas hacen suya la postura de Nehemías y la defienden:


_«Pero ustedes se apartaron del camino, hicieron tropezar a muchos con su doctrina, y pervirtieron la alianza con Leví –dice el Señor Todopoderoso–. Por eso yo los haré despreciables y viles ante todo el pueblo, por no haber seguido mis caminos y por no tratar a todos por igual cuando enseñan a la gente. ¿No tenemos todos un solo padre?, ¿no nos creó un mismo Dios?, ¿por qué uno traiciona a su hermano profanando la alianza de nuestros antepasados? Judá traiciona, en Jerusalén se cometen acciones horribles; Judá ha profanado el santuario que el Señor ama y se ha casado con la hija de un dios extranjero»_ (Malaquías 2,8-11).


Sabemos que Nehemías quiere reconstruir a Israel (aunque según el modo persa) y encuentra oposición en algunos dirigentes y en profetas y profetisas. Tobías y Sanbalat, que son mencionados en el texto, se oponen a la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Neh 2,10.19; 4,1.7; 6,1.2.5.12.14; 13,28), en cambio de Noadías sólo se afirma que es una profetisa, por tanto, alguien que se opondrá a Nehemías, pero no políticamente sino “religiosamente”, “en nombre de Dios”. Hay algo que Nehemías hace, o que pretende hacer, a lo que ella se opone, a lo que Dios se opone, según ella. Ciertamente, para los que regresaban, la recepción no era fácil ya que los residentes se sentían invadidos (¡hacía más de una generación que estaban en esa tierra, habían nacido allí!). Unos y otros hablaban “en nombre de Dios”.


Ahora bien, esta parte de la historia la escriben – como tantas otras – los vencedores, lo que no quita, por lo menos, razonabilidad a quienes pretenden tener otra mirada positiva con los extranjeros (ver lo vemos en los casos de los libros de Rut o de Jonás, por ejemplo) totalmente diferente a la que presenta Nehemías en base a la teología que se fue gestando en el exilio en Babilonia, y que no había sido ni pensada ni aceptada por los campesinos que habían quedado en la tierra. Nehemías, entonces, cuestiona a Noadías, que a su vez lo cuestiona a él. En este texto, ella no es bien mirada, en otros textos se defiende su perspectiva. Por su parte, Jesús y su grupo dirán que ya no hay judío o no judío, no hay esclavo o libre, no hay varón y mujer… todo lo que discrimina o desvaloriza a las personas es visto desde Jesús con otros ojos (ver Gálatas 3,28), de reconocer a todos y todas como verdaderos hermanos y hermanas se trata.


Imagen tomada de https://www.bibliatodo.com/personajes-biblicos/noadias