martes, 3 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 5º "A"

Una vida en función de “los demás” es una vida donde Dios se hace presente

TIEMPO DURANTE EL AÑO – 5 "A"

Eduardo de la Serna 




Lectura del libro del profeta Isaías     58, 7-10

Resumen: en coherencia con los antiguos profetas, el discípulo de Isaías afirma que el encuentro con Dios no se produce allí donde nuestra religiosidad espera que se produzca sino allí donde Dios quiere: en el hermano. En la práctica del derecho y la justicia se produce ese encuentro. Encuentro con el hermano, encuentro con Dios.

Todo el capítulo 58 de Isaías constituye una unidad literaria. “Isaías” es enviado a hablar a su pueblo (v.1) a causa de su rebeldía y sus pecados. Este pueblo “busca” a Yahvé, quieren conocer su camino, preguntan por las leyes justas (v.2). En 59,1 se continúa con la idea semejante del pecado del pueblo, aunque el acento está puesto en la alianza con Dios (v.21). En este caso el tema radica en que el pueblo se manifiesta aparentemente “religioso”, pero en su praxis está lejos de Dios. El tema principal en este caso es el ayuno.

“¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? / ¿Para qué nos mortificamos si tú no lo sabes?” (v.3). 


En Israel el ayuno puede tener diversas motivaciones, y puede ser individual, o colectivo. Ciertamente –en este caso- se refiere al pueblo. Y se encuentra en paralelo con la humillación, mortificación. Obviamente se dirige a Dios, de allí la preocupación de que Él no lo vea o no lo sepa. Todo el resto del capítulo (vv.3b-14) trata de la respuesta de Dios a su pueblo. Allí señala las características habituales del ayuno de Israel, y propone una alternativa (“si…”) con su consecuencia (“entonces…”). No se trata de que Yahvé no vea o sepa sino de que Israel no está haciendo las cosas bien.

Como es habitual en los profetas anteriores al exilio (Amós, Oseas, Miqueas, Isaías, Jeremías…) este discípulo de Isaías cuestiona el culto tal como Israel lo vive. Veamos brevemente: es habitual en las diferentes religiones que las personas creen que realizando tales o cuales actos “religiosos” se relacionarán con la divinidad: sacrificios, oraciones, culto, ofrendas… Sin embargo, esto termina “haciendo un Dios a nuestra imagen y semejanza”. El Dios bíblico insiste con frecuencia que a Él se lo encuentra, que entramos en relación con Él, en la medida de la realización de su voluntad, no en la medida de los actos de piedad y religión. Podríamos decir que a Dios lo encontramos allí donde Él está, no donde nosotros creemos que está. Y constantemente nos afirma que lo encontramos cuando realizamos y practicamos “el derecho y la justicia”. No es en el culto donde lo encontramos. Estos términos, derecho y justicia (mispat we tzedaqá), son los términos clave de la religiosidad israelita (cf. Gen 18,19; Job 8,3; 29,14; 37,23; Sal 32,5; 37,6; 89,15; 97,2; 98,4; 106,3; 119,121; Pr 1,3; 2,9; 8,20; Qo 5,7; Is 1,21.27; 5,7; 9,6; 16,5; 28,17; 32,1.16; 33,5; 56,1; 59,9.14; Jer 4,2; 22,3.15; 23,5; 33,15; Ez 18,5.19.21.27; 33,14.16.19; 45,9; Os 2,19; Am 5,7.24; 6,12; cf. 1 Mac 2,29). Veamos esto claramente en dos textos más:

  • "Practicar el derecho y la justicia agrada a Dios más que los sacrificios". (Pr 21,3)
  • “…quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor, que en la tierra establece la lealtad, el derecho y la justicia y se complace en ellos –oráculo del Señor–“. (Jer 9,24).

Esto es lo principal, y es el criterio del que parte el discípulo de Isaías. En un pueblo que no practica el derecho y la justicia, pretender relacionarse con Dios a partir del ayuno es necedad. Allí no se encontrará a Dios (v.2: “leyes justas”, tiene la misma raíz de mispat y tzedeq). Si se realiza la voluntad de Dios, y no “ritos vacíos”, entonces: “brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahvé te seguirá” (v.8).

A Dios se lo encuentra en la práctica del derecho y la justicia, es decir, en el trato al miembro del mismo pueblo como verdadero “hermano” (y debemos añadir, “hermana”, aunque la imagen no se encuentra en los textos bíblicos). Si no hay un “encuentro” con el otro/a, no hay encuentro con Dios. Esto queda expresamente señalado en el texto:

El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano”. (vv. 6-7; ver vv.9-10).

La imagen de la “mortificación” sirve para ilustrar el tema, lo mismo que el hambre:
  • No se trata de que te mortifiques (v.2), sino que no mortifiques al hermano (v.10)
  •      Si sacias el hambre de tu hermano (v.7.10), Dios te alimentará (v.14).

Recién después de vivir conforme a la voluntad de Dios (cf. “¿no será…”, vv.6.7), recién después de vivir el “derecho y la justicia” (“si…”, vv.9.13) es que se produce el encuentro con Dios y “entonces” (vv.8.9.14) esa sensación frustrante de vv.1-2 alcanza su plenitud. Plenitud del encuentro con Dios en la medida del encuentro con el hermano.



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     2, 1-5
 

Resumen: la cruz es presentada como el centro de toda la predicación paulina; pero esta predicación es a su vez “encarnada”. Pablo mismo se presenta como crucificado de modo que ante los ojos de los destinatarios no “aparezca” el predicador sino la fuerza de lo predicado. La cruz en su debilidad y necedad manifestando así la fuerza del espíritu de Dios.


En la primera parte de la carta a los Corintios (1,11-12), Pablo enfrenta el hecho de que haya partidos en el seno de la comunidad: partidos de Pablo, de Apolo, de Cefas (= Pedro), de Cristo… Pablo no defiende un partido criticando a otro; la división en sí misma carece de todo sentido. Pero luego de haber enfrentado la ruptura como algo "necio", Pablo insiste que lo único que es importante es la cruz. Y no solamente la cruz como “contenido” de la predicación (Cristo crucificado), sino también la cruz como “alma” de la predicación. Este tema lo repetirá también en la 2ª carta a los Corintios como característico del ministerio apostólico (6,4-5; 11,23-27). Una predicación que se caracterizara por palabras bien formuladas (logos sofía), por una retórica bien presentada, corre el riesgo de que los oyentes se “fascinen” en esa forma más que en el mismo contenido. Por eso Pablo va a destacar el contraste entre fuerza y sabiduría por un lado, y debilidad y necedad por otro como una tensión que tiene su "lógica" en la debilidad de la cruz (1,22-25) . Y esta debilidad y necedad se manifiestan en la vida misma de los seguidores del crucificado. La comunidad de Corinto, por ejemplo;

Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es”. (1Cor 1,27-28)


En su vida misma la comunidad ha de ser evangelizadora: lo que se ve en ella ha de ser como una especie de “palabra”, y por eso, el hecho de que sean “necios” y “débiles” se constituye en un reflejo de la cruz (1,30-31). Ellos son –podríamos decirlo, aunque Pablo no lo dice así- una “comunidad crucificada”.

Y a continuación de esto, Pablo se presenta también a sí mismo como un “predicador crucificado” (tampoco esto lo dice así Pablo). La “debilidad”, una vez más, es puesta en primer lugar. «No me presenté con el prestigio de la palabra o la sabiduría» (es posible que esto él lo destaque en contraste con la reacción que algunos de la comunidad tuvieron ante la excelente predicación de Apolo); y la razón de esto es que “no quise saber sino a Jesús el Cristo, y este crucificado”. De allí las características de la cruz que se encarnan en él: debilidad (notar la frecuencia del término "debilidad” tan importante en toda la carta, que expresa una especie de "opción preferencial por la debilidad"): 1,25.27; 2,3; 4,10; 8,7.9.10.11.12; 9,22; 11,30; 12,22; 15,43), temor, temblor. Su palabra no tuvo “nada” de los persuasivos discursos de palabra sabia, sino que fueron “demostración del espíritu y el poder”. Precisamente, los frutos (sin duda las conversiones provocadas por la predicación de Pablo) son manifestación de que allí está actuando el espíritu de Dios en la predicación. Es allí que está actuando el poder de Dios, y no en la mayor o menor capacidad retórica o de predicación de Pablo (o de Apolo).

Pablo continuará este tema profundizando esta sabiduría débil y crucificada enfrentándola a la sabiduría “de este mundo”, pero esto será la lectura del próximo domingo.

Lo cierto es que Pablo mismo se presenta como un ejemplo vivo de aquello mismo que él predica, la cruz no es sólo contenido, es también la vida misma del apóstol.


 
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 13-16

Resumen: con dos metáforas de la sal y la luz, el sermón de la montaña se refiere a los receptores como aquellos que –siempre en función de los destinatarios (“la gente”)- dejan que Dios trasluzca en sus vidas y todos puedan reconocerlo.


Después de las bienaventuranzas, con las que comienza el llamado “sermón de la montaña” (vv.3-12), y antes de comenzar su largo discurso sobre la “justicia mayor” y “la Ley y los Profetas” (5,17-7,12) Mateo presenta brevemente un doble dicho dirigido a los oyentes del sermón (“ustedes son”, vv.13 y 14) utilizando las metáforas de la sal y la luz.

La imagen de la sal es tomada de un texto del evangelio de Marcos con ligeros cambios:

Mateo 5,13
Marcos 9,50
Lucas 14,34
Ustedes son la sal de la tierra.

Mas si la sal se desvirtúa (lit. se “vuelve necia”),

¿con qué se la salará?
Ya no sirve (lit. “no tiene fuerza”) para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.


Buena es la sal;
mas si la sal se vuelve insípida (lit. “des-salada”), 
¿con qué la sazonarán?





Tengan sal en ustedes y tengan paz unos con otros».


«Buena es la sal;
mas si también la sal se desvirtúa (lit. se “vuelve necia”),
¿con qué se la sazonará?

Como se ve en el cuadro, Mateo repite la idea de Marcos, destacando en este caso –como es propio del Sermón del monte- que los destinatarios están llamados a un modo de ser y vivir. “Ustedes son”. La “necedad” de la sal que encontramos en Lucas se ubica aquí, mientras Marcos utiliza “des-salar”. 

Pero como puede verse, la imagen se presta claramente a un sentido metafórico: en Lev 2,13 las ofrendas que se presentan a Dios han de ser saladas, y la sal es imagen de la alianza (ver Num 18,19; 2 Cr 13,5). La sal también es imagen de “sabor” (Job 6,6), como se ve en la metáfora usada por el discípulo de Pablo (Col 4,6): la conversación ha de ser amena. Pero la sal es también imagen de purificación (2 Re 2,20-21), se utiliza en los nacimientos (Ez 16,4). Es algo de primera necesidad (Sir 39,26), y se suele utilizar para las paredes y pisos de los hornos (cf. Mc 9,49). 

La idea de la “necedad”, que no se espera normalmente de la sal, parece aludir –especialmente por el contraste con la “fuerza” a un servicio para “los hombres” (anthropos). La “tierra” se refiere a la vida cotidiana (6,19; 9,6; 17,25; 23,9; 24,30; aunque en ocasiones puede ser algo distinto del mar [14,24], o el cielo [16,19; 18,18.19]). Los oyentes del sermón de Jesús están llamados a sazonar la vida de la humanidad, a llenarla de sabor.

La segunda metáfora es la de la luz. Y en seguida lo ejemplifica con dos elementos, una ciudad en la cima de un monte y una lámpara. La primera, obviamente no alude a la luz, pero si a “ser vista”: “no puede ocultarse”. Los oyentes del sermón deben ser vistos, y los testigos deben –se dirá- ver algo más en sus actitudes.

La lámpara encendida, obviamente se pone en un lugar que ilumine a “todos los que están en la casa”. En este caso, el contraste está en un "candelero” y un “celemín”. Nuevamente esta frase está tomada del Evangelio de Marcos. 

Mateo 5,15
Marcos 4,21
Lucas 8,16
Lucas 11,33
Ni tampoco se enciende una lámpara y la 
ponen debajo del celemín, sino 

sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero?
«Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone 
sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
«Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, 

sino 
sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.

No es evidente de qué se trata un “celemín” (módios) pero lo cierto es que se hace referencia a algo que tapa la luz que se ha encendido (como una vasija o debajo del lecho, Lc 8,16). El contraste con el candelero es, precisamente, algo que eleva la lámpara para que la luz llegue a todos. Y –nuevamente- ese “todos”, “los hombres” (anthroposson los destinatarios de la metáfora, como la de la sal.  

El sentido del ser de los destinatarios del sermón de la montaña no es en función de sí mismos sino de “los demás”. Por eso son “de la tierra” o “del mundo”. 

De allí la conclusión de esta última metáfora pero que da a su vez sentido a la anterior: “brille su luz delante" de todos (v.16).

Pero –y he aquí la clave de todo- así “los hombres”, la humanidad toda, verán las “buenas obras” (la sal, la luz); pero estas “buenas obras” no son para que los que las practican se jacten de su “religiosidad”, de su “bondad” o –peor aún- de su superioridad con respecto a “los hombres”, sino para que “los hombres” descubran a Dios detrás de ellas y le den gloria (“Padre [que está] en los cielos” es característico de Mateo: 5,15; 6,9; 7,11.21; 10,32.33; 16,17; 18,10.19). Los hipócritas pretenden ser “glorificados” ellos mismos por “los hombres” cuando estos ven sus “buenas obras” (6,2). Del mismo modo que las obras de Jesús manifiestan a Dios, y a Dios que reina (9,8; 15,31) las “buenas obras” de los destinatarios del Sermón de la Montaña deben dejar traslucir a Dios y en ellas “los hombres” podrán reconocerlo. 


Foto tomada de Jujuy 360 noticias 

viernes, 30 de enero de 2026

Petro, Jesús, María Magdalena y los obispos colombianos

Petro, Jesús, María Magdalena y los obispos colombianos

Eduardo de la Serna





En un largo discurso, el presidente Gustavo Petro hizo referencia a Jesús y a su relación con las mujeres, especialmente mencionó que él “hizo el amor… a lo mejor con María Magdalena”. E, inmediatamente, los obispos colombianos hicieron oír su voz escandalizada. Y, entonces, se me ocurren algunas cosas a vuelapluma…

Es curioso que inmediatamente los obispos, en nombre de la libertad de culto, el pedido de que se respete la fe y la invitación a “llegar a la única figura de nuestro Señor Jesucristo” consideren que se ha ofendido el nombre de Jesús, y se insiste en que este es “santo y su persona reviste no solo la importancia del personaje histórico, sino que reclama el respeto y la adoración con la que se trata al Dios Verdadero”. Curiosamente, decenas de presidentes colombianos, que juraron por los “Santos Evangelios” y maltrataron a los pobres de la patria, alentaron paramilitarismo, ejecuciones ilegales, desapariciones y otras violaciones de derechos humanos, pareciera que no atentan contra Jesucristo Dios Verdadero y no merecieron tan claras y precisas palabras episcopales. Pareciera que el sexo (¡una vez más!) es algo que mancha a la persona humana de una manera espantosa y atenta contra la divinidad de Jesucristo, cosa que las torturas, los crímenes y asesinatos “no tanto” … La obsesión perversa con los temas sexuales como casi el único pecado, el cuerpo visto como algo malo (o al menos mucho menos bueno que “el alma”) hace ya décadas que parecía olvidado en el sentir eclesial. Y sería bueno que al olvido regrese.

Sería preferible, pienso, que si los (o algunos) obispos quieren manifestar su oposición al gobierno Petro debieran presentar elementos políticos, sociales, humanos y no formular un planteo insustancial. Nadie, en los ambientes teológicos, hoy en día, piensa o sostiene que “para poder llegar a la única figura” de Jesús se recomiende el Catecismo de la Iglesia Católica. Reitero, ¡nadie! Y, acoto, lo de “única figura” resulta extraño; hay consenso, por ejemplo, en que los cuatro Evangelios presentan, cada uno de ellos, diferentes figuras de Jesucristo.

Creo que hay un tema importante: si algo ocurrió, me guste o no me guste, pues ¡ocurrió! Pero, evidentemente, para saber si realmente ocurrió, el argumento no puede ser (reitero, ¡no puede!) que ese algo me guste o me disguste. La fe judeocristiana es histórica, nace en la historia, se nutre de la historia, se vive en la historia. Pero, por supuesto, luego de ello, esa historia es interpretada desde la fe. Por ejemplo, el hecho histórico de la muerte violenta de Jesús es incuestionable, y lo afirman tanto creyentes como no creyentes, pero, luego, los creyentes afirmarán que esa muerte tiene un sentido: la tradición primera afirma que “murió por nuestros pecados”; es decir, el hecho histórico (“murió”) es interpretado de modo creyente (“por…”, en favor de “nuestros pecados”). Tan histórica es nuestra fe, que dos personas concretas son incluidas en el Credo, ilustrando los dos momentos históricos del nacimiento y la muerte de Jesús (la Virgen María y Poncio Pilato). Afirmar, en este caso, que algo “ocurrió” (Petro) o que “no ocurrió” (episcopado colombiano) no puede sostenerse por el gusto o el disgusto frente al hecho, especialmente si se trata de afirmar que sí ocurrió o que no ocurrió algo para lo que no tenemos absolutamente ninguna fuente que nos permita ni afirmarlo ni negarlo. ¡Ninguna!

Afirmar que un hombre como Jesús “sin amor no podía existir” y que “murió rodeado de las mujeres que lo amaban. Y eran muchas” dudo que pueda ser cuestionado salvo por mentes obtusas (como las que sostuvieron por siglos en la iglesia que “entre santa y santo pared de calicanto”). Evidentemente esto es un hecho que puede y debe afirmarse, pero, agreguemos, leyendo los Evangelios, que es muy probable que Jesús no formara una pareja (es posible que, agresivamente, por ello lo llamaran “eunuco”), pero no parece que podamos avanzar más allá históricamente puesto que nuestras fuentes no aportan más elementos.

Fuera de esto, reconozco que no sé por qué Gustavo Petro entra en este terreno innecesario. Hablar de la humanidad, la cercanía de Jesús con las personas (varones y mujeres) a las que amaba es terreno fértil. Y cómodo de transitar con elementos históricos fáciles de encontrar. Entrar en un terreno hipotético, del cual no hay absolutamente ningún elemento más que los deseos y fantasías de cada quien, es entrar en terreno resbaladizo y que puede lastimar a muchas personas. Su discurso fue machirulo, patriarcal e imagino a muchas feministas, colombianas en primer lugar, incómodas por esto. Innecesariamente incómodadas.

Una nota breve sobre María Magdalena… lo que nos dicen con claridad los evangelios de María Magdalena es que fue modelo de discípula, y que fue apóstola de los apóstoles. En una sociedad patriarcal, la actitud claramente contra cultural de Jesús de tener discípulas, ciertamente fue disruptiva. Lamentablemente, el patriarcado rápidamente recuperó terreno en la Iglesia y, entonces, María Magdalena fue “deformada” en algunos ambientes tardíos en novia de Jesús o en prostituta arrepentida. Nada de eso plantean los evangelios, y encontrar en una mujer una “apóstola” de excelencia, debería ser más que suficiente para mostrar que las relaciones de Jesús con las mujeres, ciertamente, incomodaron a muchos y, lamentablemente, parece, siguen haciéndolo.


Imagen tomada de www.gettyimages.es/detail/foto/light-the-starry-sky-imagen-libre-de-derechos/1965074929?adppopup=true

jueves, 29 de enero de 2026

Una mujer anónima unge a Jesús

Una mujer anónima unge a Jesús

 Eduardo de la Serna




En los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) encontramos una escena semejante, pero que en los dos últimos es muy diferente a la presentada por los dos primeros. Nos detendremos en esta, pero muy rápidamente veamos algo de aquellos. En Lucas, en una comida, una mujer “pecadora en la ciudad” se hace presente entre los comensales y llorando “riega” los pies de Jesús, los seca con los cabellos y besaba y ungía sus pies con “perfume”. Jesús interpreta esto como un acto de pedido de perdón y de amor (Lc 7,36-50). En Juan, en cambio, cerca de la Pascua Jesús va a casa de los hermanos Lázaro, Marta y María y María unge los pies de Jesús. Ante la queja de Judas, Jesús le dice que ella “debía guardarlo” preparando este tiempo (12,1-7). Como se ve, hay elementos en común, pero otros que son diferentes. Probablemente los Evangelistas conocen un hecho y cada uno lo adapta a su catequesis. Pues bien, en Marcos, y lo acompaña Mateo, encontramos una escena semejante, pero que también tiene sus características propias.

Para empezar, Marcos nos ubica diciendo que faltan “dos días para la Pascua” y “los sumos sacerdotes y los escribas” habían decidido eliminar a Jesús (14,1). En ese contexto, casi como un paréntesis, nos encontramos a Jesús en Betania (en casa de una persona con lepra llamado Simón) y hace su entrada una mujer. Como ocurre en el texto de Juan, se trata de Betania aunque, allí, la mujer es María. Como ocurre en el de Lucas hay un sujeto llamado Simón y la mujer no tiene nombre. Sin más datos Marcos narra lo que hace la mujer señalando varios elementos: la mujer trae un “frasco de alabastro” (que se usaba para guardar perfumes), con “nardo”, que se trataba de un aroma tenido por exquisito (ver Cant 1,12; 4,13.14) y, acota que es “de mucho precio” (14,3). Incluso Marcos señala que quebró el frasco: ya no necesita volverse a usar. La mujer, que hasta aquí sólo se encuentra “en sombras” desaparecerá definitivamente del relato, aunque se hablará acerca de ella: algunos decían que era un despilfarro (14,4), que se podría haber usado ese dinero para los pobres (14,5), pero Jesús da otra interpretación diferente al hecho (14,6-8) y pide que no la “molesten”, no le “pongan cargas” ya que “obró una buena obra”.

¿Cuál sería la “buena obra” en la interpretación de Jesús? Es importante reiterarlo: la suerte de Jesús está echada y han decidido matarlo. Y sabemos que esto ocurrirá en breve (incluso la decisión de “no hacerlo durante la pascua” por no alborotar al pueblo (14,1) se anticipa – y ocurre durante la pascua – “gracias” a la acción entregadora de Judas (14,10-11). El Evangelio nos prepara para ser testigos del drama de la muerte en cruz, y esta mujer anónima “se anticipa” (14,8) a la sepultura.

En Israel era frecuente “embalsamar” a los cadáveres; no al estilo egipcio, sino que se llenaban de “bálsamo” (perfume) las vendas con las que se envolvía el cadáver el cual sería velado durante siete días (para evitar, obviamente, los olores de la descomposición). Pero como Jesús es asesinado en la Pascua, es sepultado rápidamente y no fue "embalsamado". Las mujeres van a “ungirlo” al pasar la fiesta y encuentran la tumba vacía (16,1-8), es decir, el cuerpo muerto de Jesús no fue “ungido”, pero, nos dice Marcos, sí lo fue anticipadamente. Una mujer anónima, aunque fue malinterpretada en su momento, hizo la obra buena que corresponde con los difuntos: preparar el cuerpo para la sepultura.

Una nota breve: esto ocurre en Betania. Ante el planteo de que se podía haber usado el dinero del perfume para beneficio de los pobres, Jesús les dice “pobres tendrán siempre con ustedes y podrán “obrar bien” con ellos cuando quieran” (14,7). Betania puede querer decir “casa de los pobres”; obviamente siempre habrá pobres allí y hacer obras buenas con ellos es algo que los discípulos de Jesús deben “obrar” siempre.

Sin embargo, hay algo incómodo en el final del relato. Después que Jesús interpreta lo hecho por la mujer anónima como una “obra buena”, señala que “donde quiera que sea anunciado el Evangelio, en el mundo entero” se hablará de lo que esta mujer ha hecho (14,9).

Y dejamos de lado que, en ocasiones, a esta mujer (mezclándola con el texto de Lucas) se la ha visto como una ex prostituta, o cosas semejantes, pero lo cierto es que, si bien Jesús hace un público elogio de la mujer, e reconoce que el mundo entero sabrá lo que ella ha hecho, sin embargo, el nombre de esta enorme mujer permanece en el anonimato. Curiosamente, y es frecuente en el caso de tantas y tantas mujeres de la historia, su nombre permanece oculto, aunque todos celebremos y hablemos de lo que ha hecho “en memoria suya”.


Imagen tomada de https://verdadenamor.wordpress.com/2013/05/07/maria-unge-a-jesus/

martes, 27 de enero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 4º "A"

Jesús propone una vida nueva para los suyos

4º domingo durante el año “A”



Lectura del profeta Sofonías     2,3; 3,12-13

Resumen: en un contexto crítico donde prolifera el hecho de haberse alejado de Dios, el profeta anuncia la inminencia del “día de cólera de Dios” pero que contrastará con la presencia de los pobres y los humildes como fieles a Dios.

Sofonías anuncia la proximidad de la “cólera de Dios”. En medio de estos anuncios críticos encontramos un versículo invitando a los “humildes” (‘anawîm) a “buscar a Yahvé” (ver Am 5,4.6). Lo que caracteriza a estos “humildes” es que cumplen las normas de Dios (como en castellano, el término hebreo tiene la doble dimensión de humilde, opuesto a soberbio y humilde opuesto a rico). Esta búsqueda, además, está en paralelo con buscar la justicia y la humildad (“buscar” a Yahvé es buscar la justicia y la humildad; ver Am 5,14-15; Sal 22,7; 69,33). Quienes lo hagan “quizás” (pueden entenderse como que quizás se decidan a hacerlo) encontrarán abrigo, cobijo (seguridad) el “Día de la cólera de Yahvé”. Este “día de la cólera de Yahvé es muy anunciado en este profeta (1,14-18). Solo la justicia y la humildad permitirán escapar de este castigo, como ocurrió con Noé: Gen 6,8-9).

A continuación se presentan una larga lista de pueblos vecinos (2,4-15) sobre los que Dios descargará su cólera. Sin embargo, todo indica que el gran enojo de Dios es contra Jerusalén por no ser diferente de estos pueblos. En realidad se ha de señalar que en Jerusalén está comenzando a reinar un nuevo monarca, Josías, que sí escuchará la predicación del profeta y hará las reformas necesarias bajo su inspiración. Sin embargo, todo indica que Sofonías ha muerto antes de ver sus frutos.

El castigo dejará lugar (“en aquel día”) a la salvación (otro “día”, que también será universal aunque especialmente beneficiará a Judá). Los idólatras, injustos y soberbios (ver 1,4-6.8-13.16.18; 2,10.15; 3,1.2-4.5) dejan lugar a un “pueblo pobre (‘aniyyîm) y humilde”, un “resto” (ver Is 1,9). El gobierno estará en manos del “rey Yahvé” y los dispersos y desterrados volverán a su tierra. Ese día ya no habrá que “avergonzarse” por haber confiado en lo que parecía confiable y no lo era (ver Is 1,29; 20,15; 45,16; Jer 2,36…; por el contrario, ver Sal 22,6; 25,2; Jb 6,20). Los alegres y arrogantes son quienes cometen fechorías (3,7; cf. 2,15; 1,4-13). Exterminando estos males, Jerusalén (en realidad, “el resto”) tiene motivos para celebrar precisamente con lo opuesto de los “alegres y arrogantes”, que ahora serán los “humildes y pobres”. Mientras el “altanero” se basta a sí mismo (cf. 2,15) el humilde “se cobija en el nombre de Yahvé”.

Como es sabido, la primera lectura suele escogerse en relación al Evangelio del día, en este caso el relato de las Bienaventuranzas de Mateo. Este texto indica que para la liturgia la bienaventuranza de “los pobres de espíritu” no es solamente la primera del discurso, sino la que da sentido a toda la unidad.


Lectura de la 1ª carta de san Pablo a los Corintios            1,26-31

Resumen: en un marco conflictivo frente a algunos que se creen más importantes que otros, Pablo presenta la predicación de la cruz como clave de interpretación. Por eso muestra como eso mismo se vive en el seno de una comunidad “crucificada”.

Pablo está mostrando a los corintios que el sentido de la predicación empieza y se nutre de la cruz. La predicación de la cruz contrasta con las hermosas predicaciones de algunos que tanto seducen a un pequeño grupo de la comunidad (pequeño pero con “poder”). Todo indica que éstos están fascinados con lo “sabias” que son las predicaciones con seductoras palabras y preciosas estructuras discursivas de personajes como Apolo. Pablo no es un buen predicador, él mismo lo reconoce (2,1-5; 2Cor 10,10), pero el centro de la atención no puede estar puesto allí. Lo que cuenta es la cruz. Y la cruz se manifiesta incluso en el modo de predicar del apóstol.
Para ilustrar esto Pablo pondrá dos ejemplos: una comunidad “crucificada” y un “apóstol crucificado” (cada uno de ellos comenzado por el vocativo “hermanos”, 1,26; 2,1). El primero de éstos es el texto litúrgico de hoy. 
El centro de la elección de Dios está puesto en el contraste: sabios / necios y poderosos / débiles. Lo que abunda en la comunidad es, precisamente, el segundo grupo: no hay muchos sabios, no hay muchos poderosos. Obviamente esto indica que algunos pocos sí lo son, y es precisamente este grupo el que causa el conflicto frente al que Pablo interviene. A diferencia de lo que el ambiente cultural valora, los elegidos por Dios son lo opuesto de lo esperado. Y la razón de esta elección divina es “para avergonzar”. El marco es ciertamente conflictivo.
Mientras el ambiente imperial valora la sabiduría y el poder, Dios mira con otros ojos. Y al elegir contraculturalmente “confunde” a los sabios y a los poderosos. Es significativo – en ese sentido – que al doble contraste ya señalado agregue que en la comunidad tampoco hay muchos “biennacidos” (eugeneis). No está de más recordar que el medio ambiente valoraba a estos grupos, mientras que consideraba “vergonzoso” a los necios, a los malnacidos. Dios se guía con valores distintos a los que son tenidos en cuenta por el “establecimiento” (“el mundo”) greco-romano y expresamente quiere “avergonzarlos”.
Y para reforzar la idea insiste que Dios ha elegido a los “malnacidos” (ageneis) para “el mundo” y a los insignificantes, o despreciados (exouthenêmena), a los que “no son” para “desempoderar” (katargeô) a los “que son”. El marco es evidentemente conflictivo y mal se haría en disimularlo.
El texto dice literalmente: “para que nadie se jacte en la carne ante Dios” (v.29). “Jactarse” (kaujaomai) es un verbo muy importante en Pablo. Es absurdo jactarse de algo, sólo tiene sentido jactarse cuando es Dios quien hace algo en nosotros (v.31), pero “jactarse” de nuestras capacidades (en este caso se refiere a la sabiduría, al poder o a ser “biennacidos”) es ciertamente necio y absurdo ante Dios y es a esos a los que Dios avergüenza.
Lo que tenemos nos viene de estar “en Cristo”, es decir plenamente unidos a él (seguramente por el bautismo). Y todo aquello por lo que podríamos jactarnos es precisamente por su obra en nosotros: sabiduría, justicia, santificación y redención. En esto sí tiene sentido “jactarse” porque se trata no de valorar nuestras fuerzas o capacidades sino, por el contrario, valorar la obra de Dios en nosotros.

Evangelio según san Mateo     4,25 - 5,12a

Resumen: Jesús empieza su predicación reconociendo como felices a los que vivan de una manera coherente con el Reino que él anuncia. Dios se manifiesta del lado de sus amigos.

La referencia a las multitudes que siguen a Jesús forma, en realidad la conclusión de la sección narrativa (“Jesús recorría toda Galilea… lo siguió una gran multitud de Galilea…”, 4,23-25) pero está colocada en el texto litúrgico con la finalidad de entender la actitud de Jesús en 5,1 al “ver la multitud”.

Nos encontramos con el primer discurso de Jesús lo cual, sin duda tiene una particular connotación (lo mismo ha de decirse de las primeras palabras de Jesús en los restantes evangelios). Jesús "sube al monte” (5,1) del cual recién descenderá en 8,1 constituyendo una larga sección discursiva conocida como “el Sermón del monte, 5,1-7,28, enmarcado, además con la palabra clave “enseñar” (5,2; 7,29).

El texto da por supuesto que se sabe a qué monte se refiere (al monte, tó oros) aunque la localización precisa no sea importante. En Ex 19,3.20; 24,12.15.18; 34,1.2.4; Dt 9,9; 10,1.3 se señala que Moisés “sube al monte”. La actitud de “sentarse” es propia del maestro (Mt 13,1.2; 23,3; 26,55; Lc 2,26; 4,20). En este caso la montaña quizás simplemente sea presentada como un lugar en el que es posible dirigirse a una multitud (que no cabría, por ejemplo, en una sinagoga). 

Lo primero que el Maestro dirá son una serie de reconocimientos de que determinadas personas han de reconocerse como “bienaventuradas”, makarioi.

Makarioi”, felices, dichosos, es un reconocimiento a las personas que están en una situación determinada, cf. 1 Re 10,8; 2 Cro 9,7; Tob 13,14; Sal 1,1; 2,12; 32,1; 84,5; 106,3; 119,1.2; 128,1; Sir 25,8-9; 48,11; Is 30,18; 32,20; Bar 4,4. Se trata de una felicitación por vivir de esa manera (y es lo contrario de los “ay”, también usado frecuentemente: "ay de los que..."). 

Para comprender bien las bienaventuranzas de Mateo es importante mirar las bienaventuranzas de Lucas que parecen más fieles a la fuente común, el texto Q. Esto nos permite descubrir lo que Mateo quiere destacar.

Para empezar, las bienaventuranzas de Lucas son dirigidas a los que están presentes (“ustedes”) mientras que las de Mato se dirigen a un público impreciso: “aquellos que” eligen vivir de determinada manera.

En segundo lugar la característica de Lucas es que la situación cambiará, entonces lo que se celebra no es tal o cual situación sino la nueva situación que sobrevendrá en un futuro (los que lloran serán consolados; pero destaquemos que se refiere a un futuro histórico, no “celestial”). Se trata de una situación que es negativa (llorar), mientras que la futura es beneficiosa (ser consolados, por Dios). Mateo, en cambio, presenta situaciones que son beneficiosas. Para poder lograrlo, espiritualiza aquello que encontró en Q. Veamos un ejemplo: es malo tener hambre, lo positivo es que en el futuro ellos “serán saciados” (= Lucas); Mateo, en cambio destaca que esta hambre y sed es “de justicia” (con lo que esa hambre pasa a ser positiva) y la saciedad ocurre en la consecución de la justicia. Otro elemento (que no hace a nuestra lectura) es que las cuatro bienaventuranzas de Lucas se corresponden con cuatro ayes contrapuestos. Como también en aquellas, la situación se invertirá, y la antigua situación beneficiosa será tenida por negativa en el tiempo histórico futuro. Lo que interesa es que se constata una situación y se reconoce felices a los que la viven. En Mateo se trata, entonces, de virtudes.

Hay indicios que nos permiten concluir que Mateo debió incluir una nueva bienaventuranza (la novena) a su cuadro original, seguramente a raíz de la situación concreta que vive su comunidad. En primer lugar, la primera y la octava se justifican en presente, y no en futuro y finalizan idénticamente: “a ellos les pertenece (presente) el reino de los cielos”. En segundo lugar, porque la temática de la novena bienaventuranza no parece muy diferente de la octava (“los perseguidos”) lo que lleva a pensar que Mateo quiso reforzarla por motivos contextuales concretos. En tercer lugar, la novena, a diferencia de las restantes – y a semejanza de Lucas – se dirige a “ustedes” y no a “aquellos que…”.

Se podría destacar mucho de cada bienaventuranza. Veamos brevemente:

Felices los pobres de espíritu: Como se dijo, Mateo espiritualiza a fin de que lo que es en sí malo, pero cambiará en el futuro, para él, ahora sea positivo. La primera bienaventuranza, “felices los pobres” la transforma en “pobres de espíritu”. En otra parte, Mateo dirá que Jesús viene a evangelizar a los pobres” (11,5), pero – como en los restantes textos – se refiere a que su situación cambiará, como ocurrirá con los ciegos, los lisiados o los cojos, que serán sanados. En cambio, ahora se refiere a algo que se da “en el espíritu”. Evidentemente, esta bienaventuranza, por ser la primera es la que marca el sentido de las restantes. 

Los términos que hacen referencia a los económicamente pobres en la Biblia hebrea van adquiriendo paulatinamente un sentido religioso, por ejemplo en el Salmo 69 (notar que el salmista se siente ubicado entre los pobres):

El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias… Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva su corazón, ustedes que buscan a Dios! Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,31-34).

En una misma línea, Sofonías (primera lectura) toma la idea de la pobreza e invita a buscarla.

Busquen al Señor, los humildes (anû, pobres) que cumplen sus mandatos: busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así encontrarán un refugio el día de la ira del Señor. (2,3)

Y lo mismo se afirma claramente en Qumrán:

Bendito sea el Dios de Israel… Él ha llamado… ha reunido… A rodillas que tiemblan da fuerza para estar en pie. Y ciñe los riñones de los lomos quebrados. En los pobres de espíritu [anû rûah]… al corazón duro. Por los perfectos del camino serán destruidas las naciones impías” (Regla de la guerra, 1QM 14,7).

Se trata del que no pretende nada ante Dios, no argumenta méritos [por esto algunos autores lo han asemejado a lo que se llama “infancia espiritual”] no se considera autosuficiente sino necesitado de Dios (en su espíritu), reconoce su pobreza y la elige. Ser pobres por elección es el camino necesario para que de ese modo “Dios reine” (en presente). 

Felices los afligidos: las causas de la aflicción ciertamente son muy variadas, desde un duelo a una situación nacional de desgracia, y también la aflicción por haber ofendido a Dios. La causa de esta aflicción no queda especificada, pero es probable pensar en los sufrimientos a causa de la fidelidad. La felicidad radica en que aunque la situación sea negativa el destinatario tiene la oportunidad de ser testigo visible y público de su fe. 

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos (Is 61,1-2).

Como en otras bienaventuranzas la razón de la alegría está puesta en un verbo en voz pasiva; es lo que se llama un “pasivo divino”, es decir – en este caso “serán consolados” – es Dios quien dará el consuelo. El tiempo de la prueba terminará definitivamente.

Felices los pacientes: [en algunos manuscritos y ediciones bíblicas – por ejemplo la biblia de Jerusalén – esta bienaventuranza antecede a la anterior. El tema no es seguro, y seguimos, entonces, el orden propuesto en la liturgia]. El término praeîs puede traducirse por mansos, humildes, incluso pobres (cf. Job 24,4; 36,15). Las restantes veces que se encuentran en Mateo parecen recomendar la traducción por mansos (11,29; 21,5). Pero se trata de una “mansedumbre” activa, resistencia no violenta. El texto parece inspirado en el Salmo 37:

Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. (Sal 37,7-9).

La sociedad está acostumbrada a que los violentos sean los poseedores de la tierra. Mateo les asegura que Dios intervendrá y dará, regalará, la tierra a los no violentos. La verdadera fortaleza está del lado de la no violencia porque tiene a Dios de su parte.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia: La espiritualización a la que hicimos referencia más arriba en este caso se manifiesta en relación a la justicia, es decir a la búsqueda de la voluntad de Dios (5,10.20; 6,1; 21,32).Por tanto, se declaran felices a los que tienen deseo (= hambre, sed; cf. Am 8,11; Sal 63,2) de buscar la realización de la voluntad de Dios (= el Reino de Dios). Pero el hambre y la sed también son imagen de una carencia. La justicia falta en el mundo, y las víctimas de la injusticia cuentan con que serán saciados por Dios quien los sentará en el banquete del Reino (cf. 26,29). El don de Dios es a su vez tarea humana.

Felices los misericordiosos: La relación don y tarea vuelve a manifestarse en esta bienaventuranza ya que hay una relación entre la búsqueda, la práctica de la misericordia y la obtención de la misericordia. Misericordia no se trata de un sentimiento sino de una praxis, una actitud hacia el prójimo, en especial al “mísero”, por ejemplo en el perdón (cf. 18,23-35): “¿no debías tú también haber tenido compasión de tu compañero como yo la tuve de ti?” (v.33).

Felices los limpios de corazón: el añadido “de corazón” refuerza la espiritualización. La pureza era un gesto ritual que Jesús cuestiona (23,36) ya que pretende que esta sea “del interior”. Es importante tener presente que a diferencia de nuestras lenguas, en las que el corazón es la sede de los sentimientos, en la Biblia el corazón es el ámbito de las decisiones y los pensamientos, es el que permite discernir el bien del mal (1 Re 3,9; Dn 2,30; cf. Mt 15,18.20). Ya los profetas señalaban que la pureza no ha de ser primeramente ritual sino una actitud de vida (practicar el derecho y la justicia; cf. Is 1,16). “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro”, dice el Salmo 51,12 (ver Joel 2,12-13). Se trata, en suma, de ser leales con Dios y con el prójimo. Y lo que se dice es que esos “verán a Dios” que se les hará presente en el camino de la vida.

Felices los artesanos de la paz: El trabajo por la paz (eirenopoioi) no es un término frecuente. Pr 10,10 considera trabajador por la paz a aquel que critica con franqueza (contrariamente al que cierra los ojos); y Sgo 3,18: los que trabajan por la paz consiguen justicia. Nada semejante a una actitud pasiva ya que es claramente activa (poieo, hacedores). La paz es la plenitud, el bienestar, la felicidad personal o social. Esos serán tenidos por Dios como hijos, algo que ya ocurre en la comunidad de discípulos (cf. 6,9).

Felices los perseguidos por la justicia: Se refiere, como se ha dicho a aquellos que buscan ser fieles a la voluntad de Dios (= justicia), y por tanto entre ellos “Dios reina” (= 5,3).

Felices serán  ustedes cuando…: como se dijo más arriba, esta parece repetición de la anterior, aunque se ha ampliado, además que aquella se refiere a una situación concreta mientras ésta a una situación probable de futuro. Esta situación es “a causa de mi” (de fidelidad a Cristo). Probablemente la situación que afecta a la comunidad de Mateo por parte de grupos judíos de la ciudad (Antioquía, probablemente) haya provocado la ampliación de esta bienaventuranza. 

La persecución de los profetas en el pasado es un honor para los contemporáneos perseguidos a causa de Cristo. La recompensa será grande en el cielo. Las bienaventuranzas anteriores hablaban de la intervención de Dios expresada en la voz pasiva, aquí el anuncio futuro alude al cielo en retribución por la situación padecida.


Foto tomada de https://filosofiahubertorohden.wordpress.com/2013/01/30/bienaventurados-los-pobres-por-el-espiritu/