martes, 9 de junio de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 11º "A"

La comunidad llamada a hacer y decir lo mismo que Jesús

11º domingo durante el año “A”

Eduardo de la Serna

 


Lectura del libro del Éxodo        19,2-6

 

Resumen: Dios, que ha sacado a su pueblo de la opresión de Egipto lo conduce al monte donde quiere establecer con ellos una alianza que los constituirá un pueblo santo de su propiedad.

En el contexto de la salida de Egipto, el libro nos ubica con precisión el día exacto del tercer mes (v.1). Allí el pueblo acampa en el desierto, al pie del monte; ambos llamados por su nombre: Sinaí. El texto parece por momentos confuso ya que es probable que reúna más de una fuente sin demasiada precisión (por ejemplo 2a y 2b, o 3a y 3b no parecen acordes). Lo que cuenta es el primer encuentro entre Dios y Moisés. Dios se hace responsable de la liberación de Egipto y compromete a Israel a “obedecer”, “guardar” lo que será una alianza y determinará que Israel será “propiedad” de Dios si la cumple.

La imagen de las “alas de águila” fue, por mucho tiempo, imagen extraña hasta que se pudo observar un águila que se puso debajo de uno de sus pichones en caída y peligro salvándolo así.

La tierra entera pertenece a Yahvé, pero quiere darle una parte (la prometida) a su pueblo; todos los pueblos pertenecen a Yahvé, pero quiere tener a Israel como su propiedad.

Como pueblo, será “sacerdotal” y “santo”, es decir, separado para Dios. Ahora bien, esto es lo que Moisés debe decir “a los israelitas” (v.6) pero lo comunica “a los ancianos” (v.7) y “todo el pueblo” (v.8) se compromete a “hacer todo”. Este “todo” será lo que el libro del Éxodo empezará a narrar a partir del próximo capítulo (20) y subsiguientes. En esta parte, simplemente, se destaca la propiedad de Dios y la característica “real” y “sacerdotal” de su pueblo.

 

 

Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos    5,6-11

 

Resumen: Pablo quiere destacar el amor lleno de misericordia de Dios que envía a su hijo Jesús a pesar de toda la maldad que nos separa de su amor. Ahora, ya reconciliados, este amor será más manifiesto todavía en salvación.

En la carta a los Romanos, una comunidad que ni lo conoce ni es conocida por él, Pablo presenta “su Evangelio”. Aquí quiere mostrar la eficacia de la obra reconciliadora de Cristo con la humanidad, judíos y paganos, a la que “todos” (palabra clave en la carta) pueden acceder por la fe. Pero lo fundamental es señalar, lo sostiene claramente, la gratuidad de la iniciativa de la obra de Cristo en los seres humanos.

Cuando éramos “débiles” hace alusión a algo que para los romanos era un síntoma de enfermedad:

En un día y una noche se resuelve lo que son señales de debilidad (astheneia), como las de la ingestión de fármacos, de la agitación abdominal superior e inferior, del cólico y de los otros males semejantes”. [Hipócrates, “Sobre las crisis” 20]

Pero teológicamente, Pablo destaca particularmente la “debilidad” como contrapuesta a la fuerza que será dada por la donación del espíritu (8,26). Y todo esto comienza en el kairós divino, el tiempo establecido, preparado por Dios. Es el tiempo de la muerte de Jesús que nos reconcilia.

La muerte de Jesús es una muerte “por” (hyper) los impíos (v.6), es decir, los “pecadores” (v.8), “nosotros”. La consecuencia, claramente lo repite, es la “reconciliación” (vv.10.11). Se repite una serie de elementos negativos que los caracterizan : impíos, pecadores, enemigos, y esto queda reforzado por un argumento ilustrativo: quizás pudiera ocurrir que alguien fuera capaz de morir o arriesgaría la vida por un justo, una persona “de bien” (v.7), pero no por aquellos. Ciertamente, esto es expresión evidente del amor de Cristo por “nosotros” (es interesante notar la centralidad de la primera persona del plural en toda esta unidad). Es de notar que la construcción “por nosotros” (hyper êmôn) es particularmente paulina (fuera de los escritos paulinos, en el NT 1 vez en Marcos, 2 en Hebreos y 1 en 3 Juan, mientras se encuentra 14 veces en Pablo y 2 veces en sus discípulos). La preposición “por” debe entenderse en un sentido vicario, “en favor de”, “en lugar de”. Ciertamente “morir por” no ha de pensarse en el sentido de “por culpa de” sino “en favor de”, por eso la motivación es el amor.

Pero debe destacarse, todavía, un elemento más, que hace referencia a “nuestro” presente: Pablo presenta un claro contraste entre “nuestro” pasado y “nuestro” presente ya beneficiados por la obra reconciliadora de Cristo. Fuimos reconciliados (siendo enemigos) – seremos salvados (ya reconciliados). El contraste queda reforzado entre un “salvados de la ira” (v.9) y “salvados por su vida” (v.10). Pablo ha señalado el contraste entre la cólera / ira (orgê) y la salvación como su opuesto (1 Tes 5,9); la imagen es referida a un castigo definitivo implicado por el mal obrar, y por eso es contrapuesto a la consecuencia de la sangre (= muerte) de Cristo.

Y, para contrarrestar a quienes se “jactan” de la ley (2,17.23) en esta unidad tres veces destaca nuevos motivos de jactancia: en la esperanza (v.2), incluso en las tribulaciones, que engendran paciencia (v.3) y, finalmente (y cierra así la unidad que había comenzado en 5,1 (el cap. 4 lo prepara en la referencia a Abraham) en Dios mismo por (dià) Cristo. Es decir, no en la iniciativa humana sino divina, que es amor y reconciliación que marcan la historia humana.

 

 

+ Evangelio según san Mateo   9,36-10,8

 

Resumen: Después de presentarnos, Mateo, una larga lista de obras que Jesús realiza, elige Doce para que ellos sean enviados por Dios para hacer en Israel lo mismo que su maestro había hecho.

Como es sabido, el centro del Evangelio de Mateo presenta cinco “tomos” que tienen, cada uno, una sección narrativa y una discursiva. Después de mostrar a Jesús realizando diez milagros, “sanando toda enfermedad y dolencia” (9,35), en el discurso Jesús envía a los doce “a sanar toda enfermedad y dolencia” (10,1). Es que Jesús siente “compasión” (splagjnizomai, de splagjna, entrañas) porque estaban “molestos” / “heridos” / “lastimados” y “tirados” / “derribados” como “ovejas sin pastor” (9,36) por eso envía “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (10,6). Aunque hacen falta “obreros”, ya que son pocos, y hay que pedirlos (9,37.38), pero estos “merecen su sustento” (10,10).

Es interesante notar que las instrucciones que da Jesús a los enviados (10,5a) son sencillas y “normales” de v.5b a v.15; en cambio, cuando el clima se torna mucho más violento contra los enviados, y si – por ejemplo – en v.14 es posible que el enviado no sea escuchado, en v.17 serán entregados, azotados, martirizados. Serán como “ovejas” en medio de lobos. Sin duda el cambio responde a la situación de la comunidad de Mateo y de su tiempo [Mt pone aquí (vv.17-25) lo que Mc destacaba para los tiempos finales (10,9-13)]; pero vayamos a nuestro texto.

El conflicto latente, de todos modos, ya viene preparado (9,35) por la referencia, habitual en Mateo, de que Jesús frecuenta “sus” sinagogas (4,23; 10,17; 12,9; 13,54) con lo que la distancia con “ellos” queda especificada.

Al decir que estaban “golpeados y derribados”, y como ovejas “sin pastor” es algo activo, no pasivo; se refiere críticamente a las autoridades, sean estas políticas y religiosas; la imagen remite claramente a Ezequiel 34:

¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Se alimentan con su leche, se visten con su lana; matan a las más gordas, pero no apacientan el rebaño.

No fortalecen a las débiles, ni sanan a las enfermas, ni vendan a las heridas; no recogen las descarriadas, ni buscan las perdidas y maltratan brutalmente a las fuertes.

Al no tener pastor, se dispersaron y fueron pasto de las fieras salvajes.

Mis ovejas se dispersaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase siguiendo su rastro. (34:2-6).

La imagen de Jesús, ahora, da un cambio de lo pastoral a lo agrícola: la mies, la cosecha (imagen habitual de juicio).

El relato pasa a pedir obreros (“pocos” = pequeños; imagen que, frecuentemente en el primer Evangelio, refiere a la comunidad cristiana, escasa en una comunidad importante; probablemente en Antioquía) y el relato continúa señalando que Dios “escucha” y envía a los Doce.

Breve nota sobre “pedir” a Dios. Se ha de señalar que la imagen es de la misión, el reino y la comunidad eclesial, no – por cierto – de algún tipo especial de vocación, como podrían ser ministeriales. Habla de toda la Iglesia. Es interesante que el verbo “pedir” (déomai) sólo se encuentra aquí en Mateo (y nunca en Marcos ni en Juan) mientras es frecuente en Lucas-Hechos (también se encuentra el dicho en Lc 10,2, indicio que proviene de “Q”) donde indica “pedir” (puede ser algo a alguien o a Dios, en cuyo caso se trata de la oración). Es interesante señalar que no se trata de “decirle a Dios” lo que necesitamos (sic) sino asociarnos con Dios en lo que él quiere dar / enviar.

Una nota sobre los discípulos, los apóstoles y “los Doce”. En el Nuevo Testamento no hay una mirada uniforme sobre esto. Señalemos que “apóstoles” es un término griego que indica una misión, “enviados”. No necesariamente “todos los discípulos de Jesús fueran solamente doce, aunque aquí Mateo indica que “llamó a sus doce discípulos”. Es probable que Jesús tuviera un grupo variado de discípulos y discípulas, que en algún momento haya “enviado” a algunos de ellos (o acompañado) en misión (“apóstoles”). Dentro de estos, un grupo de Doce quieren reflejar simbólicamente la misión que Jesús se adjudica. Lucas, precisamente, identifica a los "Doce" y los llama "Apóstoles" (ver 6,13: “a los que dio el nombre de apóstoles”) por eso – por ejemplo – omite llamar “apóstol” nada menos que a Pablo. Ciertamente Pablo tiene otra mirada del “apostolado”, como también se ve en Juan y, probablemente también en Marcos.

La lista de los nombres siempre merece atención. Estos son mencionados de a pares unidos con la partícula “y”, pero los primeros dos pares – coherentes con los relatos de las vocaciones de ambos – se añade el parentesco: “y su hermano” (v.2). Como ocurre en todas las listas de los Doce, siempre el primero es Pedro, lo que resalta claramente su importancia. Curiosamente acá se indica de Simón “el llamado Pedro” cosa que recién ocurrirá en 16,18. Como también ocurre en todas las listas (salvo cuando ya no está) Judas ocupa el último lugar. Acá se indica que es “el Iscariote”, término que no es preciso: puede ser de la región de Kerioth, al sur de Judea, o quizás el “sicario” (incluso alguno lo relaciona con el color rojo de la cara). Juan – que puede remitir a otra fuente – dice que es hijo de Simón Iscariote, con lo que parece inclinarse por la primera opción (Jn 6,71; 13,26).

Es interesante señalar que no todos los Evangelios mantienen el mismo orden: Mc 3,18, por ejemplo, pone a Andrés en cuarto lugar por la importancia que da a Santiago y Juan; Tomás y Mateo están alternados en Mt y Lc con respecto a Mc, Lucas en Hch, además, intercala a Bartolomé que en los anteriores está antes. Pero, además, mientras Mateo y Marcos presentan a Tadeo, Lucas (y Hechos) presentan a Judas de Santiago (lo que llevó a la muy tardía integración de “Judas Tadeo”, sic). Mateo aclara que “Mateo” es el que era cobrador de impuestos (reemplazando en 9,9 el nombre de Levi de Mc 2,13-14). Sin duda, el orden refleja la distinta importancia que algunos tuvieron en las diferentes comunidades, o sus fuentes. Que los nombres no coinciden es indicio, con toda probabilidad, que no siempre fueron los mismos (que por alguna circunstancia alguno dejó de integrar el grupo y fue reemplazado, por ejemplo). La clave no está en los nombres (por más que algunos sean particularmente importantes, por cierto) sino en el número: la elección de doce remite claramente a los Doce hijos de Jacob, las Doce Tribus de Israel. Las ovejas perdidas (= Israel), la “casa de Israel” son el elemento principal en esta parte del Evangelio.

Es curioso que el envío les indica claramente que “no deben ir” ni a paganos ni a ciudades de samaritanos, aunque sabemos que Jesús sí prepara la predicación en estos territorios. Jesús llama-hacia (pros-kaleô), la lista son sólo varones judíos, aunque mujeres y paganos se incorporarán al final. La ampliación de la misión con nuevos misioneros (trabajadores para la mies) y nuevos destinatarios de la predicación (“a todo el mundo”, 28,19) es el paso posterior a la Pascua.

Pero, del mismo modo que lo hizo Juan, el Bautista (3,2) y también Jesús (4,17), los discípulos deben anunciar la cercanía del “Reino de los Cielos” (10,7).

La misión implica que “el mundo importa”, ni se “fuga” de él, ni se lo deja tal cómo está. Pero la misión no es un “momento” temporal sino el sentido de ser de los Doce, para eso existen. Incluso cuando las consecuencias sean de peligros mortales (como señalamos en la segunda parte del capítulo 10). Es continuar la obra de Jesús. Es “itinerancia, pobreza, indefensión y amor”, como señala un autor.

El Jesús que tiene “autoridad” (9,6.8) les da “autoridad” (v.1) sea sobre los “espíritus impuros” sea para “curar”, y – luego de indicar dónde deben ir y no ir – y que deben proclamar el Reino lo especifica: curar – resucitar – purificar – expulsar demonios [todo lo que ha hecho Jesús en los capítulos anteriores donde curó (8,5-13.14-15; 9,1-8), resucitó (9,23-26), purificó un leproso (8,1-4) y expulsó demonios (8,28-34)].

Pero la característica de esta misión de palabras y hechos debe estar marcada por la gratuidad; esta garantiza que llegue a los pobres; y – además – los misioneros no deben llevar nada, ni lo necesario. Esta imagen de la gratuidad en la predicación, que también destaca claramente Pablo (cf. 1 Cor 9,18) y remarcada en Hechos como crítica a la actitud de un mago, Simón (8,18-24) llevó a la posterior formulación del pecado de “simonía” (= de Simón) aludiendo a la búsqueda de percibir dinero por las cosas que son don de Dios para todas y todos. Quizás un pecado olvidado en muchas regiones.


El video con comentario al Evangelio en

https://youtu.be/WoGipUtaUu4

también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/06/comentario-al-evangelio-del-domingo-11.html



Imagen tomada de https://sergiovaldezsauad.blogspot.com/2017/07/doce-apostoles-mateo-101-7.html

sábado, 6 de junio de 2026

La nueva gira del Indio

 La nueva gira del Indio

Eduardo de la Serna



En algunas cosas creo ser un “bicho raro” (o rara avis) porque cuando leo en diferentes medios que Fulano o Fulana se reconcilió con Mengano o Mengana, o que tal y cual son pareja, o algún tipo de noticia que tiene que ver con Zutano me suele ocurrir que no tengo la más mínima idea de quién se trata; ni siquiera – si se acompaña con fotos – reconozco sus caras. Seguramente tiene que ver con la vida que llevo.

Como no veo televisión, por ejemplo, y solo escucho radio cuando voy en el auto, no me relaciono con cierto ambiente que, parecería, debería serme familiar. Eso no significa que viva en una isla, porque creo estar bien conectado con la realidad, por cierto.

Señalo esto a raíz de la muerte del Indio Solari. Y lo relaciono, también, con la de Gustavo Ceratti. Creo que nunca escuché una canción de ellos, al menos una entera. Y, cuando ayer escuché a un comunicador decir que “en la Argentina de este tiempo todos estamos atravesados por el Indio, nos gustara su música o no”, mi primera impresión fue que estaba exagerando. Pero, dicho esto, no puedo menos que estar atento. Muchas veces, y era evidente para quien quisiera mirar, multitudes se movilizaban allí donde iba a haber un recital (sea de los Redondos, sea de los Fundamentalistas); y esta movilización no era “acá cerca” habitualmente. Las caravanas eran notables para cualquier persona atenta. Y, cuando digo multitudes, estoy siendo preciso. No eran estadios sino campos. Mucha, muchísima gente se sentía convocada y hacía kilómetros para escucharlo. Y, por lo que he visto, conjuntamente, gente de edades diversas, regiones diversas, ambientes sociales diversos. Pero además de esto, cuando he escuchado o leído alguna declaración suya lo habitual era estar yo de acuerdo con él. Ahora circulan textos y más textos atribuidos al Indio (y, lamentablemente, IA mediante, no es fácil saber si son realidades o inventos). Pero, para sumar una más a su favor, fue detestado por el gobierno (y ya se sabe que si algo es aborrecido por los libertarios seguramente ha de ser algo interesante). Gente movilizada, gente llorando, gente gaseada por Therians que se autoperciben leones… demasiado valioso ha de ser, sin duda, una persona que provoca tanto sentimiento positivo, tanta pasión popular. No sé si estoy o no atravesado culturalmente por el Indio, pero sí sé que su muerte no me deja indiferente. Y más que por él (aunque también, por cierto) por los cientos de miles que lo abrazan, lo cantan, que se lamentan (y no con un lamento teatral y ficticio como “el otro”), que están de duelo. Alguien importante ya no está, mientras algunos insignificantes creen que están vivos (insignificantes que se gozan de las lágrimas de un pueblo… como lo vienen haciendo hace años). Termino con una frase (que tengo claro suele ser despectiva y no debe decirse, pero lo hago de un modo claramente positivo): “se durmió el Indio… ¡ojalá a nosotros se nos despierte el indio!”


Imagen "Misa riocotera" tomada de Minutouno.com

jueves, 4 de junio de 2026

Urías, el hitita

Urías, el hitita

Eduardo de  la Serna


 

Los hititas eran un pueblo sumamente guerrero, que vivían en la actual Turquía. Habían combatido de igual a igual con Egipto, venciendo unas veces y siendo derrotados otras. Pero en tiempos de David ya habían prácticamente desaparecido siendo vencidos por los que se llamaron “pueblos del mar”, otro grupo guerrero, oriundos quizás de la región de la actual Grecia. En el libro del Génesis se mencionan a varios hititas que habitaban en la actual región de Palestina; Abraham, por ejemplo, compra un campo “a los hititas” en Mambré, donde finalmente será sepultado él y su esposa Sara (Gen 25,9-10). Como en esa tierra habitaban antiguamente tanto los cananeos como también los hititas, en ocasiones se hace referencia a ambos para caracterizarlos por la idolatría (ver Ezequiel 16,3.45).

Sin embargo, sabemos que en el grupo de élite de David (ver 2 Sam 23,29, “los treinta”, cf. 2 Sam 23,22) había un hitita (lo que es coherente con su característica guerrera). Lo interesante, en este caso es que su nombre Urías no es hitita sino hebreo (significa “Yahvé es mi luz”), nombre que llevan también sacerdotes judíos (2 Re 16,10-16; Is 8,2; Esd 8,33), por lo que podemos suponer que no es improbable que se lo tuviera por hitita por sus antepasados, pero ya no lo fuera. Lo cierto es que no solo pertenece al grupo militar de élite del rey, sino que tiene un nombre judío. Cuando David manda a su ejército a sitiar la ciudad amonita de Rabá, entre ellos está Urías. Pero David permanece en Jerusalén. Es en este tiempo en que David se fascina con Betsabé, “esposa de Urías”, la hace llevar a palacio y tiene con ella relaciones sexuales de las que queda embarazada.

David, entonces, para tapar el asunto hace venir a Urías con la excusa de ser informado de la batalla y lo envía luego a su casa “a lavarte los pies” (una manera de decir que tuviera sexo con su mujer). Ciertamente la intención del rey es que Urías no sospechara del embarazo de su mujer, pero el guerrero no acepta ir a su casa:

«El arca, Israel y Judá viven en tiendas de campaña; Joab, mi jefe, y sus oficiales acampan a la intemperie; ¿y yo voy a ir a mi casa a banquetear y a acostarme con mi mujer? ¡Por la vida del Señor y por tu propia vida, no haré tal cosa!» (2 Sam 11,11).

No parece ser que la abstinencia de Urías se debiera a la pureza ritual que deben tener los soldados en Israel (1 Sam 21,6) ya que, al día siguiente, bebe alcohol (también incentivado por David; ver 11,13). Fracasado, el rey, en su intento de esconder el embarazo de Betsabé, lo reenvía al frente de batalla con un encargo recreto al general Joab de que sea puesto en primera fila en la batalla a fin de que sea matado. Poco tiempo después David recibe del general la noticia de la derrota: A la pregunta del rey “¿Quién hirió a Abimelec, hijo de Yerubaal?” –“¡Una mujer, desde lo alto de la muralla, le dejó caer encima una piedra de moler, y así murió en Tebes!” –“¿Por qué se acercaron a la muralla?”, tú entonces añades: “Ha muerto también tu siervo Urías, el hitita” (2Sam 11,21). Es lo que David pretendía...

Este crimen de David va a ser duramente cuestionado por el profeta Natán (2 Sam 12,1-14). De hecho, un resumen de la monarquía de David dice: «Porque David hizo lo que el Señor aprueba, sin desviarse de sus mandamientos durante toda su vida, excepto en el asunto de Urías, el hitita» (1Re 15,5).

Un soldado, fiel al rey y su causa, combatiente de élite, no pudo enfrentar la traición de su señor. Éste, en cambio, no tuvo escrúpulos en asesinar a su compañero y añadir a su viuda en su harem. “¡Por la vida de Dios, que el que ha hecho eso merece la muerte!” (2 Sam 12,5) dijo David sin saber que se refería a él mismo. ¡Ya era tarde!


Imagen tomada de https://www.meisterdrucke.pt/impressoes-artisticas-sofisticadas/Flemish-School/415604/Urias,-o-hitita,-enviado-para-a-morte,-tape%C3%A7aria-de-Davi-e-Bate-Seba,-c.1510-15.html

miércoles, 3 de junio de 2026

Comunicándonos

Comunicándonos

Eduardo de la Serna


En Argentina, en algunos ambientes, tenemos una muy mala experiencia con el término “comunicado”. Así se expresaba la Dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica: “Comunicado No 1 del Estado Mayor Conjunto”, y, lo que se solía comunicar, era dolor y muerte. Obviamente las palabras eran elegantes, y disfrazaban intenciones y acciones. El terrorismo de Estado era perverso, no tonto. Pero el comunicado invitaba al temor a quien quería mirar la realidad escondida en palabras falsas (“algo habrán hecho”; “ahora hay orden”, etc.).

Es evidente que los seres humanos nos comunicamos, y la comunicación nos constituye; es imposible vivir sin ella a menos que elijamos vivir en una isla o el desierto. El ser humano es “en comunión”, aunque el individualismo vigente busque simularlo o ignorarlo… Pero, por cierto, la comunicación puede transmitir algo que, por ejemplo, alegre al auditorio o que lo preocupe, que lo expanda o que lo comprima. Es lo que podemos llamar “buenas noticias” (en griego, evangelio) o “malas noticias”. Ciertamente nadie quiere o se predispone positivamente para recibir malas noticias, mientras que cuando estas son buenas hasta el cuerpo lo expresa.

La Iglesia, que “existe para evangelizar”, debe comunicar buenas noticias. Para eso es, para eso existe… Y la Buena Noticia / Evangelio no es “en las nubes”, etérea, insustancial sino concreta (“he venido a anunciar buenas noticias a los pobres” dice Jesús). Sin duda eso no implica que siempre la Iglesia haya sido fiel a esta misión. Las vasijas de barro en las que se lleva el tesoro, en ocasiones se rajan o se rompen. Ciertamente ese fue el sentido del “pedido de perdón” impulsado por el papa Juan Pablo II al aproximarse el pasado fin de milenio. Hay muchas veces en las que no somos fieles, o que no lo son otros, pero, por cierto, mientras creamos en el Espíritu Santo como “alma de la Iglesia”, podemos seguir esperando a pesar de las tempestades. A veces tormentas también en la misma institución eclesiástica.

Valga todo esto para pensar la “comunicación” en la Iglesia. Ironicemos: no es una buena noticia para un ciego que va a caminar, no es una buena noticia para una persona con lepra que va a oír. La buena noticia que se debe comunicar debe ser “honrada con lo real”, de otro modo no sería “buena noticia” sino “opio del pueblo”. Por eso el comunicador (o comunicadora) de buenas noticias debe estar “embarrado”, inmerso en la realidad del dolor de aquellas personas que esperan, que claman y ante las cuales somos urgidos a la “compasión”.

Es sabido que la comunicación no es solamente con palabras. El testimonio, decía Pablo VI, es el primer momento de la Evangelización. Los gestos comunican. Que el primer viaje de Francisco fuera a Lampedusa, ¡dijo!; que el primer viaje del papa León fuera a Mónaco, ¡dijo! Y, en ese sentido, un nombramiento papal “comunica”; el Papa “dice” al elegir a fulana (o mengano) en un dicasterio. Pero, por supuesto, eso no impide, además, que haya quienes entienden mal, o que no quieran oír (“el peor sordo”); pero sin duda alguna “dice”. En lo personal tengo la sensación que muchos, fascinados con el papado anterior (no fue mi caso, lo aclaro) no pueden tolerar la frustración de los retrocesos cada vez más evidentes de León XIV y buscan resquicios aquí o allá para poder respirar desde el ahogo, “quieren entender”. Entonces, por caso, su lectura es, “¡qué bueno que eligió una mujer laica al frente de un dicasterio!”, sin mirar el punto de partida: la comunicación de buenas noticias. Ciertamente es importante y necesario el reconocimiento del lugar indispensable de las mujeres en todas las instancias vitales de la Iglesia, pero… Lamentablemente suelo creer que lo que para EWTN es una buena noticia para mí no lo es. Y lo aclaro mejor: el nombramiento de María Monserrat Alvarado (directora de EWTN) al frente del dicasterio de la Comunicación fue celebrado como “buena noticia” por Javier Olivera Ravasi, que se autopercibe cura católico, lo cual es claro indicio de que lo que el papa ha comunicado en el nombramiento es, sin duda ninguna, para muchos otros una pésima noticia. “Se acabó la joda” dijo, es decir, la que había empezado con Francisco. Que el papá de Olivera Ravasi esté preso (vergonzosamente con “prisión domiciliaria”, bastante laxa, por cierto) por cómplice de genocidio, torturas, violación y desaparición forzada de personas, para mi es una buena noticia, y ciertamente para su hijo, no lo es. La comunicación nunca es “aséptica” y con mucha frecuencia, lo que para unos es buena noticia, no lo es para otros, y viceversa… Precisamente por comunicar buenas noticias para muchos es que Jesús fue ejecutado por aquellos que las recibían negativamente.

Es evidente que “dentro” de la Iglesia hay, y ¡debe haber!, pluralidad de miradas, pero sin olvidar que esto es cierto dentro de una comunidad, o como los miembros de un cuerpo, al tomar la metáfora paulina. La mano y el pie son parte del cuerpo, pero una silla no lo es. Señalo esto porque a lo que somos invitados como seguidores de Jesús con la fuerza del Espíritu Santo es a vivir en comunión, no en una “obediencia debida”. Ha habido papas diversos en la Iglesia, ciertamente. Y muy diversos, en ocasiones. Estar en comunión con un papa no implica coincidir en todo, no implica siquiera estar a gusto… Debo confesar, como “hijo de la Iglesia”, que, en general, en este caso, no lo estoy.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Mensajero

martes, 2 de junio de 2026

Comentario a las lecturas de Cuerpo y Sangre de Cristo "A"

Jesús es alimento para la vida

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - "A"


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Deuteronomio     8, 2-3. 14b-16a

Resumen: Con una invitación central a hacer memoria del obrar de Dios en el desierto, desde la salida de Egipto, hasta la llegada a la tierra de la promesa, Israel es llamado a “no olvidar” el obrar de Dios que, si bien se manifiesta en que Dios alimentó a su pueblo y no se desentendió de él, fundamentalmente lo ha sostenido con su palabra, expresada en los mandamientos. 



En el contexto del desierto, el Deuteronomio invita constantemente a hacer memoria. El verbo “¡acuérdate! Se repite insistentemente (5,15; 8,2.18; 15,15; 16,12; 24,18.22). Lo que se invita particularmente a recordar es “que fuiste esclavo en Egipto” y que Dios intervino activamente en su liberación. Por eso Israel tiene con Dios un compromiso de lealtad que queda expresado en los mandamientos que marcan el corazón del libro. La intervención liberadora de Dios está sintetizada en esa frase, pero no se trata solamente de que “te sacó” sino también de su compañía en la travesía. Evidentemente, por la fiesta litúrgica, el texto escogido está centrado en el maná, aunque no sea el único tema del texto. Se ha propuesto que la unidad (8,1-20) está formada de un modo concéntrico:


A.- Exhortación a la vida (v.1)

B.- Referencia al desierto (vv.2-4)

C.- Referencia al a Tierra prometida (v.7-9)

D.- Exhortación central: ¡no olvidar! (v.11)

C.- Referencia a la tierra prometida (vv.12-13)

B.- referencia al desierto (vv.14-16)

A.- Advertencia de muerte (vv. 19-20).


Como se ve, en este caso, el texto litúrgico solamente está constituido por la referencia a la memoria del desierto. El problema estará que al llegar a la tierra prometida, al vivir en la abundancia, Israel correrá el riesgo (en realidad es una crítica a lo que de hecho ocurrió según la perspectiva del Deuteronomio) a olvidar a Dios. La prosperidad (muchas veces atribuida a los ídolos) hace olvidar al Dios del desierto. Evidentemente el grito “¡Recuerda!” es paralelo a “no olvidar” (v.11), cf. Dt 4,9.23.31; 6,12; 8,11.14.19; 9,7; 25,19, 26,13; 31,21; 32,18.


Como a un hijo Dios probaba a Israel para ver lo que había en su corazón (vv.2.16). El maná era simplemente un elemento, porque la palabra de Dios (= los mandamientos) son lo que en realidad sostiene al pueblo. 



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     10, 16-18

Resumen: Pablo pone en estrecha relación el cuerpo eclesial con el pan y el vino eucarísticos. Esta comida pone en comunión de hermanos a los participantes entre ellos y con Cristo. Esta comunión es la clave de la eclesialidad reflejada en el pan y vino compartidos.


Como es frecuente en las cartas paulinas, con el término “hermanos” (en vocativo) da comienzo una nueva unidad. Esta, caracterizada por una reflexión bíblica que será “tipológica” (alegórica). El marco alude a la idolatría, a la que hace referencia en v.7 y explicita en v.14 (“por eso”). La invitación en v.15 a “juzgar” parece la conclusión de lo dicho invitando a evitar lo pasado a lo que hizo referencia en las citas (“la mayoría no agradó a Dios”, “no sean… como”) pero también da un paso más: el juicio debe evitar algo que ocurre en las mesas: no comer en “la mesa de los ídolos / demonios” y al mismo tiempo en “la mesa del Señor” (vv.20-21).

 

En v.23 vuelve a los temas originarios (cap. 8) de la carne ofrecida a los ídolos (v.28), la conciencia (vv.25.27.28.29) y el escándalo (v.32).

 

El tema del pan y la copa (vv.16.17.21) marcan una parte. La comida y bebida de los sacrificios (thysías) pone a los participantes en comunión (koinônoì) con el altar (thysiastêríou) (v.18) según cree el “Israel según la carne”. Los de ese Israel para Pablo son “mis hermanos”.

 

En esas comidas se provoca una doble comunión: con el Señor y con los demonios; algo que no puede vivirse al mismo tiempo. Pablo no quiere que los destinatarios “entren en comunión con los demonios” porque eso provocaría “los celos” del Señor (vv.21-22).

 

La primera parte, la comunión con la copa y el pan del Señor, constituyen la lectura del día por la referencia a la Eucaristía. El acento está puesto en la copa – sangre y el pan – cuerpo como comunión (koinônía) con Cristo.

 

Esta comunión con las víctimas es la clave de interpretación en esta parte remarcando una triple comunión: con el pan – copa, con las víctimas, con los ídolos. Ahora bien, ¿qué estaría diciendo Pablo? Es posible que la idea de “comunión” sea entre los participantes, como se ve en v.17 donde ellos son tenidos por “el cuerpo del Señor” dando así un paso del cuerpo personal al cuerpo eclesial de Cristo. Así nos presenta una comida en la que Cristo participa, en la que se comparte su cuerpo y su sangre y se participa de los beneficios de su “muerte por” en beneficio de los salvados. 

 

La doble pregunta “no es acaso” es retórica, y supone una respuesta afirmativa que Pablo sabe que sus destinatarios conocen. La “copa de bendición” es frecuente en toda comida en la que hubiera vino (que eran muy pocas, debemos tenerlo en cuenta). Igualmente, la imagen de que el pan es “partido” remite a la cena pascual de Jesús antes de la pasión (cf. 1 Cor 11,24) en la que cuerpo y sangre están unidos (con lo que podemos pensar que Pablo está recurriendo a un texto tradicional que aplica a la comunidad en v.17 al pasar de “un pan” a “un cuerpo” en sentido eclesial). El pan “uno” gesta el cuerpo “uno”. Algo que también puede verse en el relato eucarístico de 1 Cor 11,17-34 donde ante la ruptura de la comunión, provocada por los ricos que no esperan a los pobres y comen su propia cena, el Apóstol les dice que eso “no es la cena del Señor” (v.20) y les dirá que el que “come y bebe” sin discernir el “Cuerpo”, “come y bebe su propio castigo” (v.29). El “cuerpo” eclesial (el hermano pobre como parte del mismo cuerpo) es lo que no saben discernir.



 Evangelio según san Juan     6, 51-58


Resumen: En el discurso del pan de vida, donde se nos invita a recibir por fe a Jesús en la vida, se incorpora un texto –aparentemente chocante- donde se da un paso más invitando a los lectores a “comer” y “beber” la carne y la sangre del “hijo del hombre”. Sólo al recibirlo podremos acceder a la vida divina.


Desde hace mucho tiempo se sostiene que la unidad que la liturgia hoy propone fue añadida por un redactor al Evangelio con intenciones sacramentales. Jesús había pronunciado un largo discurso presentándose a sí mismo como “pan” invitando a “recibirlo”, el sentido estaba dirigido a que recibir a Jesús por la fe da la vida a los creyentes. El tema es característico del cuarto Evangelio: la fe conduce a la vida divina. Sin embargo, ante algunas ausencias que se consideraban importantes, algún miembro de la comunidad incorporó una serie de temas para que el Evangelio fuera mejor recibido. El texto litúrgico de hoy es un ejemplo de esto.

 

 La novedad comienza con la referencia a que lo que se come es la “carne” (v.51) tema que volverá en los versos siguientes: vv. 52.53.54.55. El texto típicamente joánico, por otra parte, con el doble “en verdad” (v.53) parece aportar la clave, esta “carne” es la del “hijo del hombre” que en Juan tiene un sentido importante (13 veces; 12 en la primera parte del Evangelio); el “hijo del hombre”, que parece remitir al personaje del libro de Daniel, hace referencia a la autoconciencia de sí que tiene el Jesús de Juan, esto es al “hijo” que se hace “carne” para “dar vida”.

 

El clásico malentendido, propio de Juan para avanzar en la revelación se manifiesta en este caso en la comprensión de los judíos en clave “antropofagia”, algo ciertamente chocante y que suena a amenaza (Lev 26,29; Dt 28,53-57; Jer 19,9; Ez 5,10…) a lo que Jesús añade algo todavía más duro: “beber la sangre”, algo no sólo prohibido (Gen 9,4; Dt 12,16.23; Lev 3,17; 7,26-27; 17,10-14; 19,26) sino expresamente condenado a muerte (Lev 7,27; 17,14). La paradoja de Jesús viene precisamente dada porque en este caso, el del “hijo del hombre”, el que come y bebe tiene vida, y el que no la coma no podrá tenerla (en un clásico paralelismo antitético), aunque hay que recordar que en Juan zôê – el verbo aquí usado - se refiere a la vida divina:

 

       En verdad, en verdad les digo: 

  • (-) si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.
  • (+) El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. (vv. 53-54)

Pero esta comida y bebida, su carne y sangre son comida “de verdad” (alêthês), término característico en Juan para designar las cosas auténticas: “Dios es veraz” (3,33), y como veraz ha enviado a Jesús (8,26).

 

 Esta comida y bebida engendran una inhabitación entre Jesús y el que come y bebe. Esto está expresado con el verbo “permanecer” (menein) que es también importante en Juan para designar esta mutua pertenencia (cf. 15,1-10).

 

 Otro término, propio de Juan y característico de esta estrecha relación entre el Padre y el Hijo, y –partiendo de esto- los creyentes es el “envío”. Con la misma autoridad de quien envía, siendo que lo que el Padre dice o hace, lo dice o hace el Hijo con su misma autoridad. En este caso, el Padre viviente da vida al Hijo, esa misma vida la reciben los que “coman” a Jesús (“me coma”) (v.57). 

 

 El texto finaliza con una imagen ya utilizada al hablar del maná (pan que comieron los padres) pero murieron. En este caso, este pan da vida (zôê) eterna. 

 

Una nota sobre los verbos de “comer”. En el capítulo 6 el verbo esthíô (comer, en aoristo éfagon) es muy usado: 5.23.26.31(x2).49.50.51.52.53.58 pero en vv.54.56.57.58 (y en 13,18) utiliza trôgô (masticar, algo que en un primer momento se decía de los animales, aunque luego se asimilaron, pero pareciera más “material”). Seguramente la intención de la mutua asimilación, lo chocante de la comida humana y la bebida de sangre se ven reforzados con el uso de este verbo, aunque no debe olvidarse que se trata de “masticar” la “carne” y beber la “sangre” del hijo del hombre, la palabra encarnada que revela al Padre y de ese modo nos da la vida divina.


El video con comentario al Evangelio puede verse en

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Cuadro de Mark Chagall tomado de jewishstudies.eteacherbiblical.com