Judas, ¿vendió a Jesús?
Eduardo de la Serna
¡Personaje complicado si los hay,
el Iscariote! ¡Muy complicado! Tanto que las opiniones de los estudiosos son
muy variadas.
Veamos algunos elementos, al
menos, para entender. Es interesante que, en las listas de los Doce, ¡como era
de esperar!, Judas siempre figura el último, ¡Por algo será! (como también
siempre el primero es Pedro). La mirada que, sobre él, tienen los Evangelistas
es ciertamente muy negativa.
Empecemos por lo más fácil. El
nombre es evidentemente judío, y remite ¡nada menos!, que a Judá, uno de los
doce hijos de Jacob. Por eso, precisamente, es un nombre frecuente (Judas
Macabeo, 1 Mac 2,4; un galileo revolucionario, Hc 5,27; y otros más); en este
caso se suele añadir “Iscariote”. Juan señala que es “(hijo) de Simón
Iscariote” (6,71; ver 13,2.26). Ya aquí tenemos una dificultad: para algunos
“Iscariote” proviene de Kerioth, al sur de Judea (cf. Jos 15,25), otros lo
relacionan con “sicario” … todo es hipotético, y no parecería que el tema sea
relevante.
¿Qué hizo Judas? La palabra que
se usa más frecuentemente es que “lo entregó”, pero eso no es necesariamente
algo negativo: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo” (Jn 3,16), “Dios
entrega el espíritu” (3,34), Jesús “entrega vida eterna” (10,28), en la cruz,
Jesús “entrega el espíritu” (19,30) … claro que sí puede serlo. La clave viene
dada por la acción, en este caso “entregar” a Jesús en manos de sus enemigos.
También se afirma, por ejemplo, que los sumo sacerdotes lo entregan (Mc 10,33).
Lucas 6,16 será más preciso y lo califica de “traidor”, lo cual ciertamente no
tiene ambigüedad posible (aunque el término griego incluye la raíz didômi,
“dar / entregar”). Para entender la dificultad, existe un evangelio apócrifo,
el Evangelio de Judas, de evidente tendencia gnóstica, para el cual Judas lo
entrega porque es el único que entiende bien la misión de Jesús, y eso es
necesario para que se desprenda del cuerpo en la muerte… ¡Gnosticismo puro!
Ahora bien, la pregunta o la
crisis viene en la causa… ¿por qué hizo Judas algo tan atroz? Cada evangelista
va a dar diferentes razones (coherentes, por cierto, con su teología).
Marcos, que pretende
mostrar un Jesús cada vez más en soledad, abandonado por todos (hasta por
Dios), insistirá, por un lado, en que Judas es “uno de los Doce” (14,10.20.43),
es decir uno elegido para estar con Jesús (3,14), uno que comparte su vida y su
mesa (14,20); ¡nada menos! Con esa intencionalidad provocadora, Marcos nos dice
sencillamente que Judas “fue a los sumo sacerdotes para entregarlo” (14,10). No
da razón alguna que justifique su obrar. Esto es particularmente grave ya que
la decisión que estos habían tomado era dejar pasar la fiesta para evitar a la
multitud que era una suerte de “escudo” de Jesús (14,1-2) y, al entregarlo,
Judas les brinda la ocasión de hacerlo en un momento de soledad. Por eso le
agradecen dándole dinero (14,11).
En Mateo (el Evangelio más
leído en los primeros siglos de la Iglesia, por lo cual suele ser, en
ocasiones, la referencia de muchos relatos), Judas “lo vende”: “¿qué me dan
y se los entrego?” (26,13). Mateo, además, profundiza algo que le es común:
el cumplimiento de las escrituras: las 30 monedas (27,9; cf. Zac 11,12-13, Jer
32,6-15). Pero Judas, no sólo lo “vende” sino que, además, niega el mensaje de
Jesús: él había dicho que “a nadie llamen rabbí” (23,7-8) mientras que
Judas así lo llama a Jesús dos veces (26,25.49). Como Ajitófel, que había
traicionado a David (2 Sam 17,23), Judas se ahorca (con lo que Mateo está
destacando más que la muerte de Judas, el hecho de que Jesús es el “nuevo David”, lo que
también es coherente con su teología (27,5) … Pero no se ha de descuidar que,
en el mundo antiguo, el suicidio es una manera de preservar el honor (lo
frecuente, por ejemplo, es arrojarse sobre la propia espada; cf. 1 Sam 31,4);
de hecho, Judas devuelve el dinero (lo tiró “en el Santuario”) y afirma
públicamente que Jesús es inocente (27,3) antes de ahorcarse.
Lucas, que, como vimos es
más duro con Judas, y lo llama “traidor”, afirma que “entró Satanás en Judas”
(22,3). Satanás, que había tentado a Jesús y fracasado en el intento, esperó el
“momento apropiado” (4,13). La pasión de Jesús es momento de “tentación”
(22,40.46) y Judas “entró” en ella. De hecho, fue “tan traidor” que no sólo
traicionó a Jesús sino también su mensaje, y mientras en la primitiva comunidad
“todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la
venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según
su necesidad” (Hch 4,34-35), Judas, en cambio, “compró un campo con el
precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se
derramaron todas sus entrañas” (Hch 1,18).
El Evangelio de Juan, también lo presenta muy negativamente: “era ladrón” (12,4) y se quedaba con el dinero de la comunidad. Pero – como en Lucas – se afirma que entró el diablo en él, y por eso lo hizo (13,2.26). Jesús, que, en Juan, es quien conduce todos los acontecimientos, es quien le da el bocado a Judas a partir del cual “entra Satanás”, y es quien le dice que haga lo que va a hacer (13,26.27). Coherente con su manejo de los símbolos, Juan agrega que “era de noche” (13,30); a diferencia de Nicodemo que pasa de la noche a la luz (3,2; 19,39), Judas pasa de la luz a la noche (“porque sus obras eran malas”, 3,19; cf. 8,12; 12,46); por eso, cuando van a capturar a Jesús necesitan “antorchas y lámparas” (18,3).
Ciertamente, cada evangelista
intenta dar alguna motivación para explicar las razones de algo que les
resultaba terrible. Un tema que nos sobrepasa, y quizás no sea lo importante
bíblicamente, es intentar conocer las razones profundas, personales que
movieron a Judas a hacer lo que hizo; se han dado explicaciones muy variadas;
algunas sensatas o razonables, pero siempre hipotéticas. Los evangelios, que,
concretamente no están interesados en Judas, sino en Jesús, destacan su soledad
en el momento culminante de su existencia (Marcos), el cumplimiento de las
escrituras que hablan de Jesús (Mateo), el conflicto entre el reino de Satanás
y el reino de Dios que Jesús proclama (Lucas), Jesús, que es la luz del mundo
(Juan). Y, en nuestra vida cotidiana, especialmente ante los momentos duros o
difíciles, es bueno no descuidarnos de, ante todo, mirar lo esencial. Ahí
encontraremos a Jesús, ¡nada menos!
Imagen tomada de https://www.ebglobal.org/articulos-biblicos/por-que-jesus-permitio-que-judas-un-ladron-estuviera-encargado-de-los-fondos-de-su-ministerio



