viernes, 6 de febrero de 2026

Febrero de 1976, Pepe, Pancho y el MEDH

Febrero de 1976, Pepe, Pancho y el MEDH

Eduardo de la Serna




La dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica irrumpió en nuestra sociedad el 24 de marzo de 1976, pero muchos anticipos la fueron preparando: un amago de golpe del brigadier Capellini (18 de diciembre de 1975), el modelo económico neoliberal (Rodrigazo, 2 de junio de 1975), un decreto para “aniquilar el accionar de elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán”  (5 de febrero 1975), ampliado luego por Italo Luder, en ejercicio de la presidencia, el 6 de octubre (decretos 2770, 2771 y 2772), ejecución de las medidas que "sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país" (2772), un ultimátum de “90 días” dado al gobierno por el entonces general Jorge Rafael Videla (24 de diciembre 1975) y, por supuesto, el accionar impune de la Triple A y otros grupos violentos paraoficiales.


En este contexto sangriento son asesinados en febrero de 1976 dos miembros del clero, José Pepe Tedeschi y Francisco Pancho Soares.


Pepe había sido salesiano, y fue secuestrado por unos sicarios de la villa Itatí, en Bernal subiéndolo a un Torino blanco (la leyenda posterior lo transformó en un Ford Falcon). Hay elementos no totalmente claros de los últimos momentos de Pepe: el obispo Plaza (sin autoridad jurisdiccional) le escribe diciendo que debe volver a la parroquia y ejercer allí su ministerio; cuando Pape es “chupado” y Juanita, su mujer, embarazada de 9 meses buscaba desesperada alguna respuesta, el obispo de Avellaneda, Antonio Quarraccino le responde “quién sabe lo que habrá hecho”. Según Pio Laghi Quarraccino “se interesó en forma inmediata hasta que fue encontrado su cuerpo…” (16 de febrero 1976; cf. La Verdad los hará libres t. II,242 n.80). Su cuerpo fue encontrado en La Plata algunos días después, torturado y asesinado. Los salesianos quisieron velarlo en la parroquia cosa que la familia aceptó si no iba el obispo Quarraccino. Sin embargo, hay informaciones que Pepe había dejado la congregación y pasado al clero diocesano (es decir, de Avellaneda). Destaquemos que, con divisiones, había salesianos que se desentendieron de Pepe, mientras otros pretendían reclamos o protestas. La situación violenta, por un lado, y haber dejado la congregación por otro, motivaban estos debates.


Se dice que su cuerpo se encuentra en el cementerio de la Inspectoría Salesiana de La Plata en la calle 44. Creo que – si no hay mal que por bien no venga – al menos los salesianos preservaron los restos mortales de Pepe; no es difícil imaginar un destino de fosa común si el obispo de Avellaneda hubiera quedado a cargo del cuerpo.


Pancho, después de pertenecer a los Agustinos Asuncionistas y un breve paso por la Trapa (Francia) se incorpora a la diócesis de San Isidro. En una casilla en Carupá, Tigre la madrugada del 13 de febrero escucha “padre Pancho”. Vivía con su hermano Arnaldo y ambos se asoman siendo los dos ametrallados. Pancho muere al instante, mientras que Arnaldo fallece tiempo después. Antonio María Aguirre, el obispo diocesano le informa al nuncio Pio Laghi que Pancho “no era ciertamente un padre tercermundista” (26 de febrero de 1976). La frase que repitió el luego obispo de San Isidro Alcides Jorge Pedro Casaretto fue “murió Pancho” (no llegó a tanto como para decir “se” murió), nunca “lo murieron”. Pancho fue asesinado. Lo cierto es que, ante la desidia, su destino sí fue una fosa común.

Días después, la Conferencia Episcopal Argentina produce un breve comunicado “sobre el asesinato de un sacerdote” firmado por mons. Adolfo Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal. Allí no dice el nombre de “este sacerdote” (el texto es – como lamentablemente era de esperar – ambiguo), y como si indicara que por “condescendencia divina” somos “ungidos del Señor” por lo que esto constituye un “sacrilegio” pareciera más grave asesinar curas que asesinar “gente”. Muy lejos estaba mons. Oscar Romero que (ante el asesinato de Rafael Palacios) decía que “esto es comunión de amor. Sería triste que en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes”. Curioso que en el texto de mons. Tortolo no haya reclamo de clarificación, denuncia, exigencias de investigación y, ¡horror!, se mencione el asesinato de “un sacerdote” … pareciera que Pepe, con su situación irregular no mereció ningún reconocimiento ni tampoco un tibio comunicado.


Estos dos asesinatos motivaron que, en el mismo mes de febrero, el día 27, en la Iglesia de la Santa Cruz, reunidos numerosos laicos, religiosos, presbíteros y pastores se diera origen al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Poco tiempo después, ordenado obispo Jorge Novak, junto con otros referentes, como el obispo metodista Federico Pagura fueron copresidentes. Su primera celebración pública se realizó en la catedral de Quilmes el 22 de diciembre de 1976.


Así lo cuenta Jorge Novak:


«Unos meses antes de ser ordenado obispo, como presidente de la junta de religiosos en la Argentina, había empezado a tomar contacto con el MEDH, que se estaba organizando. Luego me incorporé de lleno y participé de su fundación. La explicación de todo esto es muy sencilla: apenas abrí la puerta de la curia entraron, al principio a cuentagotas, pero después muchísimos familiares de desaparecidos. Gente que con sólo saber que un obispo los recibía y los escuchaba quería, más que denunciar, buscar un consuelo, un apoyo. Era muy impresionante: horas y horas de escuchar gente. Salía uno y entraba otro. Siempre la misma historia. Eso me marcó profundamente como pastor; escuchar todas esas confidencias y tratar de brindar consuelo me imprimió un carácter, una señal. En ese sentido, debo decir que la vida misma hizo de mí un obispo de la solidaridad y el respeto de la persona humana. Aún quienes hubieran tenido ideas equivocadas, todos eran dignos de ser respetados» (Jorge Novak).


Señalemos simplemente, a modo conclusivo, que muchas veces Novak propuso que toda la Conferencia Episcopal Argentina se incorporara al MEDH. En todos los casos, la respuesta fue el silencio. El mismo silencio con el que recibió las muertes de Pepe, de Pancho y de otros 30.000 detenidos desaparecidos.

Lo sagrado en la sociedad civil

Lo sagrado en la sociedad civil

Eduardo de la Serna



En una sociedad religiosa, algo sagrado es algo que está separado, dedicado a la divinidad. No se puede mancillar (profanar), y en algunas culturas religiosas, hacerlo es causa de muerte, sencillamente. El tema permite importantes reflexiones que no es el caso realizar acá.

Pero en las sociedades civiles, análogamente, hay cosas que adquieren una categoría comparable a lo sagrado. Un ejemplo fácilmente comprensible, es la bandera. Un trozo de tela ha adquirido un valor simbólico que la trasciende, hasta el punto que, también, puede ser motivo de pena de muerte, con juramentos, y hasta mártires que arriesgan su vida en su defensa. Otro ejemplo, menos simbólico, pero con profundas raíces es la “sacralidad” de las reliquias, ruinas, objetos que se pretenden preservar de un modo casi intocable: cerámicas antiguas, pinturas rupestres, resabios de antiguas civilizaciones… 

La profanación, particularmente cuando es algo consciente, programado, es grave para la historia de una civilización, una cultura, una “Patria y Matria”. Lamentablemente hemos sido testigos de más de un intento en nuestra historia de atentados contra algo tan sagrado como la presencia de un pueblo en su cultura. La negación o silenciamiento de personajes, el reemplazo de sus figuras por “animalitos” no son cosas inocentes. Es un intento de “desacralizar” algo que la cultura ha elevado a categorías sublimes.

Valga esto, tan fácil de comprender para quien tiene la mente abierta y el corazón caliente, para mirar con escándalo el juego caprichoso del presidente de la nación con el sable de San Martín (irónicamente le diría que si hiciera eso con las tablas de la ley de Moisés sería sencillamente apedreado). La manipulación de nuestra historia (que desconoce, hasta el punto que lo llamó “Juan José de San Martín”), que deforma a Juan Bautista Alberdi, que niega las raíces indígenas de nuestra sangre, y hace suya una bandera con estrellas y rayas y no una con un sol en el medio. Que manipule profanando nuestra historia y sus signos casi sagrados no hace sino revelar lo que le importa la patria / matria y sus habitantes: ¡nada! Que Dios y la patria se lo demanden (¡cuanto antes!)


Ima<gen tomada de https://www.minutouno.com/sociedad/la-justicia-rechaza-frenar-el-traslado-del-sable-corvo-san-martin-pero-ordena-informes-y-medidas-control-n6242949

jueves, 5 de febrero de 2026

Samuel, un personaje fundamental

Samuel, un personaje fundamental

 Eduardo de la Serna




Mirando los textos bíblicos tal como los encontramos (sin dudas la historia fue bastante más compleja, como siempre suele suceder) cuando está terminando el período conocido como de “los Jueces” se empieza a preparar un nuevo momento, el de los reyes. La situación política lo volvía urgente: los filisteos, un pueblo al que los judíos ven como invasor, y muy entrenado militarmente (y que tiene el uso del hierro, algo desconocido por los israelitas), empieza a dominar todo el territorio donde los jueces estaban. Sabiendo la importancia de la unidad para enfrentar un adversario tan poderoso, eligen como estrategia tener un rey, el cual finalmente será Saúl, del que ya hemos hablado. Es en este contexto que encontramos a Samuel, el que aparece tanto como el último de los jueces y a su vez el que prepara, con su enorme autoridad, la llegada del futuro rey; pero, además, tiene acciones sacerdotales y, también, de profeta.

Tan importante fue Samuel que incluso hay dos libros en la Biblia que llevan su nombre, pero aquí nos interesa lo que podemos decir bíblicamente del personaje.

Ya su nacimiento es visto como una intervención decisiva de Dios en una madre estéril (1 Sam 1,5.19-20). Su infancia y juventud se ubican en un contexto y ambiente sacerdotal. Tan importante se considera Samuel en la historia de Israel que, si bien antiguamente se afirmaba su nacimiento en la tribu de Efraím (1 Sam 1,1) con el tiempo, cuando el sacerdocio empieza a ser visto de un modo más importante, se lo presenta como de la descendencia de Leví, es decir, de la clase sacerdotal (1 Cro 6,27-28).

También se lo presenta como un “vidente”, es decir, alguien que sabe ver con “los ojos de Dios” los diferentes aspectos de la realidad (ver 1 Sam 9,9). Como tal, Samuel sabe ver a quién es que Dios ha elegido para conducir a su pueblo (9,17; 15,1), y, más adelante, a quien Dios ha retirado sus favores a causa de su desvarío (15,26). En este sentido, Samuel prepara la llegada de Saúl, y luego – por diferentes motivos – su posterior rechazo de Dios y su reemplazo por David (16,13), y más tarde, cuando éste es perseguido por Saúl, lo protege en la región de Ramá (19,18-22) donde ambos son custodiados de la ira del rey por intervención del espíritu de Dios (19,19-24).

También actúa como juez, y regaña al pueblo cuando este pide “un rey como los demás pueblos” (1 Sam 8,20) siendo que Israel no es “como los demás” sino que tiene a Dios por rey (8,7), pero a lo que finalmente accede – por intervención de Dios – aunque indicando claramente los riesgos que esto implica, porque el rey, como los de los demás pueblos, será autoritario y dominador sobre sus hermanos.

También tiene un rol militar (7,12-15) enfrentando y controlando a los filisteos, aunque sin participar en la batalla; de hecho, el relato finaliza con la sorprendente imagen: “Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida”.

Finalmente, de Samuel se afirma su rol de profeta, 3,20: “acreditado como profeta de Yahvé”; incluso más tardíamente todavía se sigue afirmando este rol (2 Cro 35,18; Sir 46,13), el que estaba ligado a lo de ser vidente, pero también en cuanto intercesor: “Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre los que invocaban su Nombre: invocaban al Señor y él les respondía” (Sal 99,6); ser intercesor era algo que era frecuente también entre los profetas (ver Jer 27,18).

Señalemos – a modo de conclusión – que se trata de uno de los personajes principales de la historia de Israel. Tanto que Jeremías afirma claramente:

Por tu Nombre, no nos rechaces, no desprestigies tu trono glorioso, recuerda tu alianza con nosotros, no la rompas. ¿Hay acaso entre los ídolos paganos uno que haga llover? ¿Sueltan solos los cielos sus aguaceros? Tú, Señor, eres nuestro Dios, en ti esperamos, porque eres tú quien hace todo eso.

El Señor me respondió: –Aunque estuvieran delante Moisés y Samuel, no me conmovería por ese pueblo. Despáchalos, que salgan de mi presencia. (Jer. 14,21-15,1)


Imagen tomada de https://estudiobiblia.blogspot.com/2010/10/i-samuel-introduccion.html

miércoles, 4 de febrero de 2026

¡Muere la libertad! ¡qué carajo ni ocho cuartos!

¡Muere la libertad! ¡qué carajo ni ocho cuartos!

Eduardo de la Serna



No es difícil de entender que en la publicidad se pretende exaltar las bondades del producto que pretende venderse; es decir, ¡que se compre!

Es sabido que decenas de veces, el producto que ofrecen resulta verdaderamente un fiasco. Que lo compren (o, peor / mejor aún, que lo sigan comprando) es un éxito del publicista, no necesariamente del producto.

Pues bien, ya sabemos – desde hace décadas – que un candidato es un producto que un buen publicista quiere vender al electorado. Muchas cosas se tienen en cuenta, y un buen slogan es una de ellas. “¡viva la libertad, carajo!” resultó – y, horrorosamente, resulta todavía – un slogan exitoso. Basta con pensar un poco para ver que la libertad es de unos pocos para sometimiento (y ¡hasta esclavitud!) de unos muchos.

En nombre de la supuesta “libertad de transitar” se inventó un ridículo y perverso protocolo y, entonces, la libertad de protestar, de reclamar, de manifestar desacuerdos quedó totalmente restringida, cuando no anulada. Si hasta se decía que lo que no se podía era cortar la calle cuando los que sí lo hacían eran las fuerzas de inseguridad, e incluso reprimieron y reprimen a los que no están en la calle. Hoy, por ejemplo, se reprimió y detuvieron jubilados y también a quienes quisieron manifestar su solidaridad con sus justos reclamos. ¿Y la libertad? ¿Seguirán vociferando su “¡viva la libertad!” sin que nadie le pregunte ¿dónde está?

Lamentablemente, en nombre de otra libertad, la de prensa, se montan verdaderas operaciones que tapan, silencian e invisibilizan la realidad. La realidad de que la libertad es la de los poderosos contra los débiles, la libertad del zorro en el gallinero, o la de la ley de la selva. Esa libertad, ¡vive! Mientras tanto, mueren día a día las esperanzas, las alegrías y los mañanas de las víctimas de la libertad de pocos. ¡Carajo!

martes, 3 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas bíblicas, domingo 5º "A"

Una vida en función de “los demás” es una vida donde Dios se hace presente

TIEMPO DURANTE EL AÑO – 5 "A"

Eduardo de la Serna 




Lectura del libro del profeta Isaías     58, 7-10

Resumen: en coherencia con los antiguos profetas, el discípulo de Isaías afirma que el encuentro con Dios no se produce allí donde nuestra religiosidad espera que se produzca sino allí donde Dios quiere: en el hermano. En la práctica del derecho y la justicia se produce ese encuentro. Encuentro con el hermano, encuentro con Dios.

Todo el capítulo 58 de Isaías constituye una unidad literaria. “Isaías” es enviado a hablar a su pueblo (v.1) a causa de su rebeldía y sus pecados. Este pueblo “busca” a Yahvé, quieren conocer su camino, preguntan por las leyes justas (v.2). En 59,1 se continúa con la idea semejante del pecado del pueblo, aunque el acento está puesto en la alianza con Dios (v.21). En este caso el tema radica en que el pueblo se manifiesta aparentemente “religioso”, pero en su praxis está lejos de Dios. El tema principal en este caso es el ayuno.

“¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? / ¿Para qué nos mortificamos si tú no lo sabes?” (v.3). 


En Israel el ayuno puede tener diversas motivaciones, y puede ser individual, o colectivo. Ciertamente –en este caso- se refiere al pueblo. Y se encuentra en paralelo con la humillación, mortificación. Obviamente se dirige a Dios, de allí la preocupación de que Él no lo vea o no lo sepa. Todo el resto del capítulo (vv.3b-14) trata de la respuesta de Dios a su pueblo. Allí señala las características habituales del ayuno de Israel, y propone una alternativa (“si…”) con su consecuencia (“entonces…”). No se trata de que Yahvé no vea o sepa sino de que Israel no está haciendo las cosas bien.

Como es habitual en los profetas anteriores al exilio (Amós, Oseas, Miqueas, Isaías, Jeremías…) este discípulo de Isaías cuestiona el culto tal como Israel lo vive. Veamos brevemente: es habitual en las diferentes religiones que las personas creen que realizando tales o cuales actos “religiosos” se relacionarán con la divinidad: sacrificios, oraciones, culto, ofrendas… Sin embargo, esto termina “haciendo un Dios a nuestra imagen y semejanza”. El Dios bíblico insiste con frecuencia que a Él se lo encuentra, que entramos en relación con Él, en la medida de la realización de su voluntad, no en la medida de los actos de piedad y religión. Podríamos decir que a Dios lo encontramos allí donde Él está, no donde nosotros creemos que está. Y constantemente nos afirma que lo encontramos cuando realizamos y practicamos “el derecho y la justicia”. No es en el culto donde lo encontramos. Estos términos, derecho y justicia (mispat we tzedaqá), son los términos clave de la religiosidad israelita (cf. Gen 18,19; Job 8,3; 29,14; 37,23; Sal 32,5; 37,6; 89,15; 97,2; 98,4; 106,3; 119,121; Pr 1,3; 2,9; 8,20; Qo 5,7; Is 1,21.27; 5,7; 9,6; 16,5; 28,17; 32,1.16; 33,5; 56,1; 59,9.14; Jer 4,2; 22,3.15; 23,5; 33,15; Ez 18,5.19.21.27; 33,14.16.19; 45,9; Os 2,19; Am 5,7.24; 6,12; cf. 1 Mac 2,29). Veamos esto claramente en dos textos más:

  • "Practicar el derecho y la justicia agrada a Dios más que los sacrificios". (Pr 21,3)
  • “…quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor, que en la tierra establece la lealtad, el derecho y la justicia y se complace en ellos –oráculo del Señor–“. (Jer 9,24).

Esto es lo principal, y es el criterio del que parte el discípulo de Isaías. En un pueblo que no practica el derecho y la justicia, pretender relacionarse con Dios a partir del ayuno es necedad. Allí no se encontrará a Dios (v.2: “leyes justas”, tiene la misma raíz de mispat y tzedeq). Si se realiza la voluntad de Dios, y no “ritos vacíos”, entonces: “brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahvé te seguirá” (v.8).

A Dios se lo encuentra en la práctica del derecho y la justicia, es decir, en el trato al miembro del mismo pueblo como verdadero “hermano” (y debemos añadir, “hermana”, aunque la imagen no se encuentra en los textos bíblicos). Si no hay un “encuentro” con el otro/a, no hay encuentro con Dios. Esto queda expresamente señalado en el texto:

El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano”. (vv. 6-7; ver vv.9-10).

La imagen de la “mortificación” sirve para ilustrar el tema, lo mismo que el hambre:
  • No se trata de que te mortifiques (v.2), sino que no mortifiques al hermano (v.10)
  •      Si sacias el hambre de tu hermano (v.7.10), Dios te alimentará (v.14).

Recién después de vivir conforme a la voluntad de Dios (cf. “¿no será…”, vv.6.7), recién después de vivir el “derecho y la justicia” (“si…”, vv.9.13) es que se produce el encuentro con Dios y “entonces” (vv.8.9.14) esa sensación frustrante de vv.1-2 alcanza su plenitud. Plenitud del encuentro con Dios en la medida del encuentro con el hermano.



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     2, 1-5
 

Resumen: la cruz es presentada como el centro de toda la predicación paulina; pero esta predicación es a su vez “encarnada”. Pablo mismo se presenta como crucificado de modo que ante los ojos de los destinatarios no “aparezca” el predicador sino la fuerza de lo predicado. La cruz en su debilidad y necedad manifestando así la fuerza del espíritu de Dios.


En la primera parte de la carta a los Corintios (1,11-12), Pablo enfrenta el hecho de que haya partidos en el seno de la comunidad: partidos de Pablo, de Apolo, de Cefas (= Pedro), de Cristo… Pablo no defiende un partido criticando a otro; la división en sí misma carece de todo sentido. Pero luego de haber enfrentado la ruptura como algo "necio", Pablo insiste que lo único que es importante es la cruz. Y no solamente la cruz como “contenido” de la predicación (Cristo crucificado), sino también la cruz como “alma” de la predicación. Este tema lo repetirá también en la 2ª carta a los Corintios como característico del ministerio apostólico (6,4-5; 11,23-27). Una predicación que se caracterizara por palabras bien formuladas (logos sofía), por una retórica bien presentada, corre el riesgo de que los oyentes se “fascinen” en esa forma más que en el mismo contenido. Por eso Pablo va a destacar el contraste entre fuerza y sabiduría por un lado, y debilidad y necedad por otro como una tensión que tiene su "lógica" en la debilidad de la cruz (1,22-25) . Y esta debilidad y necedad se manifiestan en la vida misma de los seguidores del crucificado. La comunidad de Corinto, por ejemplo;

Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es”. (1Cor 1,27-28)


En su vida misma la comunidad ha de ser evangelizadora: lo que se ve en ella ha de ser como una especie de “palabra”, y por eso, el hecho de que sean “necios” y “débiles” se constituye en un reflejo de la cruz (1,30-31). Ellos son –podríamos decirlo, aunque Pablo no lo dice así- una “comunidad crucificada”.

Y a continuación de esto, Pablo se presenta también a sí mismo como un “predicador crucificado” (tampoco esto lo dice así Pablo). La “debilidad”, una vez más, es puesta en primer lugar. «No me presenté con el prestigio de la palabra o la sabiduría» (es posible que esto él lo destaque en contraste con la reacción que algunos de la comunidad tuvieron ante la excelente predicación de Apolo); y la razón de esto es que “no quise saber sino a Jesús el Cristo, y este crucificado”. De allí las características de la cruz que se encarnan en él: debilidad (notar la frecuencia del término "debilidad” tan importante en toda la carta, que expresa una especie de "opción preferencial por la debilidad"): 1,25.27; 2,3; 4,10; 8,7.9.10.11.12; 9,22; 11,30; 12,22; 15,43), temor, temblor. Su palabra no tuvo “nada” de los persuasivos discursos de palabra sabia, sino que fueron “demostración del espíritu y el poder”. Precisamente, los frutos (sin duda las conversiones provocadas por la predicación de Pablo) son manifestación de que allí está actuando el espíritu de Dios en la predicación. Es allí que está actuando el poder de Dios, y no en la mayor o menor capacidad retórica o de predicación de Pablo (o de Apolo).

Pablo continuará este tema profundizando esta sabiduría débil y crucificada enfrentándola a la sabiduría “de este mundo”, pero esto será la lectura del próximo domingo.

Lo cierto es que Pablo mismo se presenta como un ejemplo vivo de aquello mismo que él predica, la cruz no es sólo contenido, es también la vida misma del apóstol.


 
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 13-16

Resumen: con dos metáforas de la sal y la luz, el sermón de la montaña se refiere a los receptores como aquellos que –siempre en función de los destinatarios (“la gente”)- dejan que Dios trasluzca en sus vidas y todos puedan reconocerlo.


Después de las bienaventuranzas, con las que comienza el llamado “sermón de la montaña” (vv.3-12), y antes de comenzar su largo discurso sobre la “justicia mayor” y “la Ley y los Profetas” (5,17-7,12) Mateo presenta brevemente un doble dicho dirigido a los oyentes del sermón (“ustedes son”, vv.13 y 14) utilizando las metáforas de la sal y la luz.

La imagen de la sal es tomada de un texto del evangelio de Marcos con ligeros cambios:

Mateo 5,13
Marcos 9,50
Lucas 14,34
Ustedes son la sal de la tierra.

Mas si la sal se desvirtúa (lit. se “vuelve necia”),

¿con qué se la salará?
Ya no sirve (lit. “no tiene fuerza”) para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.


Buena es la sal;
mas si la sal se vuelve insípida (lit. “des-salada”), 
¿con qué la sazonarán?





Tengan sal en ustedes y tengan paz unos con otros».


«Buena es la sal;
mas si también la sal se desvirtúa (lit. se “vuelve necia”),
¿con qué se la sazonará?

Como se ve en el cuadro, Mateo repite la idea de Marcos, destacando en este caso –como es propio del Sermón del monte- que los destinatarios están llamados a un modo de ser y vivir. “Ustedes son”. La “necedad” de la sal que encontramos en Lucas se ubica aquí, mientras Marcos utiliza “des-salar”. 

Pero como puede verse, la imagen se presta claramente a un sentido metafórico: en Lev 2,13 las ofrendas que se presentan a Dios han de ser saladas, y la sal es imagen de la alianza (ver Num 18,19; 2 Cr 13,5). La sal también es imagen de “sabor” (Job 6,6), como se ve en la metáfora usada por el discípulo de Pablo (Col 4,6): la conversación ha de ser amena. Pero la sal es también imagen de purificación (2 Re 2,20-21), se utiliza en los nacimientos (Ez 16,4). Es algo de primera necesidad (Sir 39,26), y se suele utilizar para las paredes y pisos de los hornos (cf. Mc 9,49). 

La idea de la “necedad”, que no se espera normalmente de la sal, parece aludir –especialmente por el contraste con la “fuerza” a un servicio para “los hombres” (anthropos). La “tierra” se refiere a la vida cotidiana (6,19; 9,6; 17,25; 23,9; 24,30; aunque en ocasiones puede ser algo distinto del mar [14,24], o el cielo [16,19; 18,18.19]). Los oyentes del sermón de Jesús están llamados a sazonar la vida de la humanidad, a llenarla de sabor.

La segunda metáfora es la de la luz. Y en seguida lo ejemplifica con dos elementos, una ciudad en la cima de un monte y una lámpara. La primera, obviamente no alude a la luz, pero si a “ser vista”: “no puede ocultarse”. Los oyentes del sermón deben ser vistos, y los testigos deben –se dirá- ver algo más en sus actitudes.

La lámpara encendida, obviamente se pone en un lugar que ilumine a “todos los que están en la casa”. En este caso, el contraste está en un "candelero” y un “celemín”. Nuevamente esta frase está tomada del Evangelio de Marcos. 

Mateo 5,15
Marcos 4,21
Lucas 8,16
Lucas 11,33
Ni tampoco se enciende una lámpara y la 
ponen debajo del celemín, sino 

sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero?
«Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone 
sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
«Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, 

sino 
sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.

No es evidente de qué se trata un “celemín” (módios) pero lo cierto es que se hace referencia a algo que tapa la luz que se ha encendido (como una vasija o debajo del lecho, Lc 8,16). El contraste con el candelero es, precisamente, algo que eleva la lámpara para que la luz llegue a todos. Y –nuevamente- ese “todos”, “los hombres” (anthroposson los destinatarios de la metáfora, como la de la sal.  

El sentido del ser de los destinatarios del sermón de la montaña no es en función de sí mismos sino de “los demás”. Por eso son “de la tierra” o “del mundo”. 

De allí la conclusión de esta última metáfora pero que da a su vez sentido a la anterior: “brille su luz delante" de todos (v.16).

Pero –y he aquí la clave de todo- así “los hombres”, la humanidad toda, verán las “buenas obras” (la sal, la luz); pero estas “buenas obras” no son para que los que las practican se jacten de su “religiosidad”, de su “bondad” o –peor aún- de su superioridad con respecto a “los hombres”, sino para que “los hombres” descubran a Dios detrás de ellas y le den gloria (“Padre [que está] en los cielos” es característico de Mateo: 5,15; 6,9; 7,11.21; 10,32.33; 16,17; 18,10.19). Los hipócritas pretenden ser “glorificados” ellos mismos por “los hombres” cuando estos ven sus “buenas obras” (6,2). Del mismo modo que las obras de Jesús manifiestan a Dios, y a Dios que reina (9,8; 15,31) las “buenas obras” de los destinatarios del Sermón de la Montaña deben dejar traslucir a Dios y en ellas “los hombres” podrán reconocerlo. 


Foto tomada de Jujuy 360 noticias 

viernes, 30 de enero de 2026

Petro, Jesús, María Magdalena y los obispos colombianos

Petro, Jesús, María Magdalena y los obispos colombianos

Eduardo de la Serna





En un largo discurso, el presidente Gustavo Petro hizo referencia a Jesús y a su relación con las mujeres, especialmente mencionó que él “hizo el amor… a lo mejor con María Magdalena”. E, inmediatamente, los obispos colombianos hicieron oír su voz escandalizada. Y, entonces, se me ocurren algunas cosas a vuelapluma…

Es curioso que inmediatamente los obispos, en nombre de la libertad de culto, el pedido de que se respete la fe y la invitación a “llegar a la única figura de nuestro Señor Jesucristo” consideren que se ha ofendido el nombre de Jesús, y se insiste en que este es “santo y su persona reviste no solo la importancia del personaje histórico, sino que reclama el respeto y la adoración con la que se trata al Dios Verdadero”. Curiosamente, decenas de presidentes colombianos, que juraron por los “Santos Evangelios” y maltrataron a los pobres de la patria, alentaron paramilitarismo, ejecuciones ilegales, desapariciones y otras violaciones de derechos humanos, pareciera que no atentan contra Jesucristo Dios Verdadero y no merecieron tan claras y precisas palabras episcopales. Pareciera que el sexo (¡una vez más!) es algo que mancha a la persona humana de una manera espantosa y atenta contra la divinidad de Jesucristo, cosa que las torturas, los crímenes y asesinatos “no tanto” … La obsesión perversa con los temas sexuales como casi el único pecado, el cuerpo visto como algo malo (o al menos mucho menos bueno que “el alma”) hace ya décadas que parecía olvidado en el sentir eclesial. Y sería bueno que al olvido regrese.

Sería preferible, pienso, que si los (o algunos) obispos quieren manifestar su oposición al gobierno Petro debieran presentar elementos políticos, sociales, humanos y no formular un planteo insustancial. Nadie, en los ambientes teológicos, hoy en día, piensa o sostiene que “para poder llegar a la única figura” de Jesús se recomiende el Catecismo de la Iglesia Católica. Reitero, ¡nadie! Y, acoto, lo de “única figura” resulta extraño; hay consenso, por ejemplo, en que los cuatro Evangelios presentan, cada uno de ellos, diferentes figuras de Jesucristo.

Creo que hay un tema importante: si algo ocurrió, me guste o no me guste, pues ¡ocurrió! Pero, evidentemente, para saber si realmente ocurrió, el argumento no puede ser (reitero, ¡no puede!) que ese algo me guste o me disguste. La fe judeocristiana es histórica, nace en la historia, se nutre de la historia, se vive en la historia. Pero, por supuesto, luego de ello, esa historia es interpretada desde la fe. Por ejemplo, el hecho histórico de la muerte violenta de Jesús es incuestionable, y lo afirman tanto creyentes como no creyentes, pero, luego, los creyentes afirmarán que esa muerte tiene un sentido: la tradición primera afirma que “murió por nuestros pecados”; es decir, el hecho histórico (“murió”) es interpretado de modo creyente (“por…”, en favor de “nuestros pecados”). Tan histórica es nuestra fe, que dos personas concretas son incluidas en el Credo, ilustrando los dos momentos históricos del nacimiento y la muerte de Jesús (la Virgen María y Poncio Pilato). Afirmar, en este caso, que algo “ocurrió” (Petro) o que “no ocurrió” (episcopado colombiano) no puede sostenerse por el gusto o el disgusto frente al hecho, especialmente si se trata de afirmar que sí ocurrió o que no ocurrió algo para lo que no tenemos absolutamente ninguna fuente que nos permita ni afirmarlo ni negarlo. ¡Ninguna!

Afirmar que un hombre como Jesús “sin amor no podía existir” y que “murió rodeado de las mujeres que lo amaban. Y eran muchas” dudo que pueda ser cuestionado salvo por mentes obtusas (como las que sostuvieron por siglos en la iglesia que “entre santa y santo pared de calicanto”). Evidentemente esto es un hecho que puede y debe afirmarse, pero, agreguemos, leyendo los Evangelios, que es muy probable que Jesús no formara una pareja (es posible que, agresivamente, por ello lo llamaran “eunuco”), pero no parece que podamos avanzar más allá históricamente puesto que nuestras fuentes no aportan más elementos.

Fuera de esto, reconozco que no sé por qué Gustavo Petro entra en este terreno innecesario. Hablar de la humanidad, la cercanía de Jesús con las personas (varones y mujeres) a las que amaba es terreno fértil. Y cómodo de transitar con elementos históricos fáciles de encontrar. Entrar en un terreno hipotético, del cual no hay absolutamente ningún elemento más que los deseos y fantasías de cada quien, es entrar en terreno resbaladizo y que puede lastimar a muchas personas. Su discurso fue machirulo, patriarcal e imagino a muchas feministas, colombianas en primer lugar, incómodas por esto. Innecesariamente incómodadas.

Una nota breve sobre María Magdalena… lo que nos dicen con claridad los evangelios de María Magdalena es que fue modelo de discípula, y que fue apóstola de los apóstoles. En una sociedad patriarcal, la actitud claramente contra cultural de Jesús de tener discípulas, ciertamente fue disruptiva. Lamentablemente, el patriarcado rápidamente recuperó terreno en la Iglesia y, entonces, María Magdalena fue “deformada” en algunos ambientes tardíos en novia de Jesús o en prostituta arrepentida. Nada de eso plantean los evangelios, y encontrar en una mujer una “apóstola” de excelencia, debería ser más que suficiente para mostrar que las relaciones de Jesús con las mujeres, ciertamente, incomodaron a muchos y, lamentablemente, parece, siguen haciéndolo.


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