La Palabra de Dios, la obediencia… la libertad
Eduardo de la Serna
El término griego hypakóê suele traducirse por “obediencia” (akuô, escuchar “hacia”), lo que es razonable ya que el término castellano proviene del latín ob (lo que está enfrente) audire (escuchar, oír). Ahora bien, una lectura literalista parece entender que lo que debe ocurrir es una “obediencia” acrítica”, una suerte de relación amo-esclavo. Nada que pensar, nada que analizar, nada que discutir, simplemente ¡actuar en consecuencia! Para más, en ese sentido, lo que Dios nos comunica son “mandamientos”, es decir algo que Él ha “mandado” lo cual, evidentemente, se debe “obedecer”.
No se debería negar que mucho de eso señalado se puede concluir de textos bíblicos, pero sería, por lo menos fundamentalista, quedarnos en un texto o un par de ellos. El Dios de la Biblia es uno que se va revelando, pedagógicamente, progresivamente, y, “en cristiano”, un Dios que se nos muestra “en Jesús”. Sin ser exhaustivo, pretendo aportar algunos elementos para entender la “obediencia” cristiana partiendo de textos bíblicos.
Para comenzar, el término griego tiene su ambigüedad. Veamos un simple ejemplo: Pedro golpea la puerta de casa de María y “lo escuchó” una muchacha llamada Rode (Hch 12,13). Es decir, ella reacciona ante lo que escucha. En los evangelios sinópticos, en los relatos de la llamada “tempestad calmada” se repite que a Jesús “el viento y el mar le obedecen” (Mc 4,41p). Evidentemente, en estos casos el sentido no es el habitual.
Hay algunos elementos que nos permiten otra mirada…
1. Siendo coherente con textos del Antiguo Testamento, Jesús da el mandamiento” del amor, pero ¿se puede “mandar” el amor? ¿No es un acto libre, voluntario que surge de una decisión personal?
2. La insistencia de Jesús en el “reinado de Dios” implica la realización de su voluntad, como incluso se repite en el Padrenuestro de Mateo: “¡hágase tu voluntad!” Claro que la clave radica en “conocer dicha voluntad”.
3. Un elemento complicado y fascinante está dado en ¿cómo se escucha la “voluntad de Dios”? En la Biblia los profetas son quienes dicen “así dice el Señor”, pero también sabemos que con muchísima frecuencia hay quienes dicen que hablan en nombre de Dios, pero Dios no les ha dicho nada (Dt 18,20) … En este caso, la clave radica en el discernimiento; la clave radica en una “sensata interpretación” (y por eso, por inseguridad seguramente, el fundamentalismo afirma que no hay nada que interpretar sino simplemente “obedecer”). Jesús, incluso (en Mateo) replica: “han oído que se dijo … pero yo les digo”; es decir “un dicho” no necesariamente es “el último”, el “definitivo” …
Pretendo aquí mirar brevemente algunos textos:
En el Evangelio de San Mateo Jesús narra la parábola más simple de las que encontramos en sus dichos: un padre tenía dos hijos y le pide a cada uno de ellos que vayan a trabajar a la viña. El primero reacciona negativamente, pero finalmente va, mientras que el segundo, al contrario, dice que irá, pero finalmente no lo hace. “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?” (21,31). Obviamente, hacer la voluntad es obrar en consecuencia. Pero no podemos ignorar que este padre en nada se parece al autoritario patriarca que castiga de modo ejemplar al “desobediente” (que, además, en un primer momento sería el primero). En este caso, hacer la voluntad, “obedecer” simplemente constata un dato. Y esto, en el texto, está dicho a raíz de aquellas y aquellos que “escucharon” a Juan y le creyeron o no, en un claro contraste entre prostitutas y cobradores de impuestos que si le creyeron, frente a sumos sacerdotes y ancianos del pueblo que no lo hicieron. Y creerle a Juan implica, en este caso, aceptar que Jesús era “el que ha de venir”, el “más fuerte” que “bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
En la carta a Filemón, Pablo se dirige a su amigo diciéndole que sabe que tiene autoridad, libertad (parrêsía) para mandarle, pero prefiere exhortarlo en nombre del amor que lo caracteriza (vv.8-9). Y luego de darle una serie de sugerencias finaliza diciendo que “confiado en tu obediencia / docilidad (hypakoê) te escribo sabiendo que harás más que lo que te digo” (v.21). Obviamente Pablo ha dicho una serie de cosas (que Onésimo – un esclavo que se había fugado – sea tratado como un hermano) pero “sabe” que Filemón obrará conforme a lo escuchado, y que “hará más” todavía.
Es interesante que la carta a los Romanos, en la que Pablo destaca la centralidad de la “gracia”, la recepción libre y gratuita del actuar de Dios en nosotros, de su generosidad, está marcada en el comienzo y el final con la idea de la “obediencia de la fe”: por Jesús “recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles” (1,5), lo que es “un misterio (…) manifestado al presente, por la Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe” (16,26). Señalemos que – como es propio en Pablo – el aspecto que quiere señalar es la incorporación por la fe de los no-judíos (gentiles) a la comunidad del Pueblo de Dios. La fe es, evidentemente la clave en esto, es la recepción, la vida que se afirma en la propuesta de Dios (la fe en Pablo no es algo racional que puede aceptarse o no, sino una vida que se afirma o no en Dios mismo; tal es el sentido del sustantivo hebreo “amén”).
Vayan estos ejemplos para extraer una primera conclusión. Ciertamente, para una comunidad creyente Dios es su punto de partida. Pero no un Dios que indica caminos, que anuncia castigos o premios. Jesús nos revela un Dios que es Papá / Mamá de sus hijos e hijas que son también amigos y amigas. Conocer a un Dios que se ha manifestado en Jesús nos revela un espacio de humanidad. Se trata de conocer (escuchar) lo que nos constituye más humanos, mejor humanos, pero no repitiendo esquemas, palabras o modelos, sino pensando, mesurando, interpretando… Por ejemplo, muchos proponen reaccionar ante la violencia con una violencia mayor. Jesús propone romper desde la raíz esta espiral de violencia. ¿Cuál es nuestra respuesta? Y no creo que deba darse porque “obedecemos” al pie de la letra poniendo la otra mejilla, sino porque escuchando la propuesta de Jesús, estamos convencidos, creemos firmemente, que “ojo por ojo, el mundo terminará ciego” (Gandhi), que “la violencia de la no violencia” es “desarmada y desarmante”. La “obediencia” no radica en hacer “a la letra” lo dicho – en este caso – por Jesús, sino en pensar, investigar, analizar, debatir, discernir, rezar y quedar convencidos que es superadora, que, en este caso, es una mejor respuesta a la violencia.
Obedecer a Dios no se trata de no pensar sino todo lo contrario. De pensar con mucha seriedad para “actuar en consecuencia” frente a la realidad que también debe ser pensada (sería terrible creer en un Dios que nos da “recetas”). Escuchar a un Dios amigo, Padre/Madre, no es insensato para los creyentes, pero sí es insensato no pensar. El fundamentalismo entiende que no hay nada que investigar, se trata sencillamente de “obedecer”. Otros creemos que la “obediencia” es pensar seriamente la realidad y seriamente el Dios de Jesús (un oído en el pueblo y otro en el Evangelio) … y, habiendo escuchado, proponer lo que suponemos mejor, pero a su vez en escucha de otros que también tienen sus propuestas… ¡es que creemos que también en ellos Dios puede decir una palabra! Ironicemos diciendo que, si no respetamos un proceso de diálogo, de tiempo, de reflexión y nos quedamos con “lo primero” (por ejemplo, por seguir una “receta”) terminaríamos aplaudiendo al hijo que dijo “sí”, y no fue, y condenando al que dijo “no” pero finalmente fue a trabajar a la viña. Y la viña se quedaría sin frutos…

