martes, 28 de abril de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 5º de Pascua "A"

 Ver a Jesús es ver al Padre… ¿y vernos a nosotros, qué es?


DOMINGO QUINTO DE PASCUA - "A"


Eduardo de la Serna


Lectura de los Hechos de los Apóstoles     6, 1-7

Resumen: Entre los judíos había diferencias ya que los provenientes de la diáspora hablaban griego (“helenistas”) y no arameo (“hebreos”), de allí que se sintieran desatendidos. Para ello se escoge siete para que continúen el “servicio de la palabra” en su ambiente y su lengua. Así, el Evangelio empieza a propagarse.



El texto de hechos da un salto cualitativo en su narración; el crecimiento de la comunidad que se ha ido manifestando en las unidades anteriores se manifiesta ahora con la elección de Siete para acompañar a los “helenistas”. El problema es presentado como “desatención de las viudas” y servicio (diakonía) de las mesas. Por su parte, los Doce manifiestan ocuparse del “servicio (diakonía) de la Palabra de Dios” y la oración. Sin embargo –y el texto lo destacará más adelante- para el servicio de las mesas se busca a “siete”, “de buena fama”, “llenos del Espíritu Santo y sabiduría”, y para ello reciben la imposición de las manos. Sin duda parece “demasiado solemne” para ser un servicio de las mesas. Mirando lo que se afirma en los capítulos siguientes que harán algunos de estos Siete, ciertamente no se trata del servicio de las mesas, sino precisamente del “servicio de la Palabra”.


La unidad finaliza con un  breve sumario que repite que el número de discípulos aumentaba “en Jerusalén”, y esto lo expresa señalando que “la palabra de Dios crecía”.


Los “helenistas” jugarán un papel muy importante en Hechos, y acá se los presenta como un eslabón más luego de los Doce. 


Una nota sobre el “crecimiento de la Palabra” en Hechos. Con cierta frecuencia Hechos de los apóstoles insiste en que “la palabra crecía” (6,7; 12,24; 19,20). La “palabra” es la predicación del Evangelio, que marca toda la obra, y crece cuando es aceptada. Por eso Lucas presenta una cierta estructuración geográfica. Movidos por el Espíritu Santo (el gran protagonista de la obra) los predicadores anuncian la “palabra”, y en la medida en que esta es aceptada “crece”, hasta llegar a Roma, donde Pablo “predica… enseña… sin estorbo”  (28,31). El texto de hoy alude a que el crecimiento se da por la incorporación de los “helenistas” y –por lo tanto- la organización de “ministerios” (diakonia) para su servicio.


Una nota sobre los “helenistas”. Hay consenso en general en reconocer en estos “helenistas” a los judíos de habla griega (es decir, los judíos que vivían “dispersos” por el imperio fuera de la tierra de Israel donde se hablaba arameo, aquí llamados “hebreos”). Estos judíos peregrinaban a la ciudad Santa alguna vez (o más, dependiendo de su disponibilidad geográfica) con motivo de las fiestas de peregrinación (Pascua, Pentecostés y Tabernáculos). No interesa –en este momento- detenernos en la presencia de “helenistas” en Jerusalén en este tiempo, lo que es un tema muy interesante pero excede nuestra intención. Hechos quiere comenzar todo el ministerio de la Iglesia naciente “a partir de Jerusalén”, y aquí están, entonces, los helenistas. De hecho, a continuación destacará que “la palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba en Jerusalén el número de los discípulos” (v.7). Pero –como se insinuó más arriba- estos Siete empezarán a predicar (ministerio de la Palabra, para que esta siga creciendo) “fuera de Jerusalén” a las regiones de “Judea y Samaría” (cf. 8,1). Más adelante Lucas añadirá un nuevo “eslabón” al incorporarse Pablo en la predicación y lograr que la palabra siga creciendo llegando hasta Antioquía.


Lo interesante es que en torno a una “mesa” /como es frecuente en Lucas y en Hechos) se suscita una reflexión que dará paso a una respuesta igualitaria de servicio a “hebreos” y “helenistas”, las mesas no son signo de discriminación sino de igualdad en la teología de Lucas. El desafío es encontrar respuestas al problema planteado, y la generación del “ministerio” de los siete aparece como la pertinente. [Notar que en ningún momento se habla de “diáconos” ya que el sustantivo diakonía, o el verbo diakoneô se encuentra en el relato en ambos casos, de los Siete y de los Doce, como se dijo, y no alude a un nuevo “ministerio ordenado” sino a un nuevo ministerio para que en nivel de igualdad, los que eran discriminados fueran atendidos]. La diferencia entre unos y otros se irá notando cada vez más claramente en lo que sigue, en Hechos. Los nombres de los Siete son griegos, y se los supone judíos de la Diáspora (salvo de Nicolás de quién se afirma que era prosélito, es decir “convertido al judaísmo”). La “imposición de manos” es una confirmación del don del Espíritu Santo (8,17 9,17; 13,3.4) que, como se dijo, será el responsable del “crecimiento de la palabra”.




Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     2, 4-10


Resumen; Una estrecha relación entre Cristo y los cristianos muestra la eclesiología de la carta de Pedro en la que lo dicho de Cristo –cargado de referencias bíblicas- se dice también de la Iglesia para los tiempos de dificultad y conflicto que viven


Los vv. 4-5 anticipan elementos de citas bíblicas [que recomendamos leer] las cuales se explicitarán en 6-10: 6-8 la imagen de la piedra (anticipada en 4b-5a) y 9-10 la del pueblo elegido (preparada en 5b-d), y ponen fin a la “introducción” iniciada en 1,13 para dar comienzo a instrucciones y situaciones más concretas. Es interesante notar que las abundantes citas bíblicas no buscan demostrar o desarrollar cierta apología (“se cumplieron...”, “¿acaso ignoran?”, “¿no está escrito?”), sino profundizar un tema: una reflexión sobre Cristo-piedra y la Iglesia-pueblo. Se logra así un paralelismo entre Cristo y la comunidad que será la clave de comprensión de toda la unidad.


Una vez más la intención es dar seguridad a los lectores que viven un clima de hostilidad en el ambiente. Los ubica del lado de Dios y les da salvación. La tensión fe-increencia se juega en esto.


“Acérquense a él”, a quien se menciona como “piedra viva”, ciertamente una metáfora con la que comienza un nuevo tema y una serie de metáforas.


Como hemos dicho, las citas bíblicas que siguen nos darán la clave para interpretar “piedra”. El añadido “viva” invita a evitar una lectura literal (¿alude a la resurrección?). Los cristianos pertenecen a Jesús, son de su misma naturaleza (cf. Dt 32,18; Is 51,1). La metáfora cristológica se transfiere, en seguida, a la comunidad. La referencia a “los hombres” muestra que los constructores no son, en este caso, las autoridades, o grupos, sino la humanidad en general. Esta piedra es elegida por Dios, lo que prepara la cita de Is en v.6 explicada en v.7a.


Hay un contraste total entre los hombres y Dios en su juicio frente a Cristo, y el autor invita a ponerse de su lado (“acérquense”), a tomar partido en favor del despreciado. En él deben reconocerse los cristianos, deben ser también ellos “piedras vivas”. Aunque no se dice que sean “rechazados” los cristianos están invitados a reconocerse en él en medio de la hostilidad. Si “piedra” tiene referencia mesiánica, la atribución a los cristianos los muestra como comunidad mesiánica regenerada por la resurrección de Cristo.


A continuación, la imagen pasa a la idea de la construcción enlazada con la imagen de la piedra pasando a referir a la piedra más importante. 


En vista de la relación que señalamos con vv.6-8 “casa espiritual” debe entenderse a la luz de los textos que siguen. Quizás sea decisivo el uso de “real” de v.9 (“casa real”) y entonces “casa espiritual” y “casa real” (con reminiscencias a 2 Sam 7, y quizá contraste: no es “hecho por manos” [Mc 14,58] sino “espiritual”) sean parecidas como la referencia a lo sacerdotal que viene a continuación ayuda a comprenderlo. Además, así también la casa espiritual remite a las citas bíblicas de vv.6-10. La “piedra” de Is 28,16 no implica el edificio, y requiere “piedras” para ampliarlo a la imagen de “casa”. Así como “viva”, tampoco es evidente el sentido de “espiritual” (ni el de leche “lógica” de v.2). El sentido de “casa” como “templo” es frecuente (como el “sacerdocio” viene a confirmarlo).


La imagen salta al tema del sacerdocio (hierateuma) que es impreciso por su relación con la “construcción”, pero puede entenderse si “casa real”, elección, propiedad son distintivos de la comunidad “santa”, que se añade a “sacerdocio”. La relación con los “sacrificios espirituales”  prolonga la metáfora: Los cristianos, como piedras vivientes, por la acción del Espíritu ofrecen sus propias vidas como sacrificio espiritual en el ejercicio de su funcionamiento sacerdotal; es el mismo Espíritu que reposa sobre los cristianos (4,14) y da vida en la pasión de Cristo (3,18). No son sacrificios del sacerdote sino continuidad de la metáfora. También en Qumrán se mencionan los sacrificios espirituales (ya que sus miembros no participaban del Templo):

 “... cuando estas cosas existan en Israel de acuerdo con estas disposiciones para fundamentar el espíritu de santidad en la verdad eterna, para expiar por la culpa de la trasgresión y por la infidelidad del pecado, y por el beneplácito para la tierra sin la carne de los holocaustos y sin las grasas del sacrificio -la ofrenda de los labios según el precepto será como el olor agradable de justicia, y la perfección de la conducta será como la ofrenda voluntaria aceptable- en ese tiempo se separarán los hombres de la comunidad (como) casa santa para Aarón, para unirse al Santo de los santos, y (como) una casa de la comunidad para Israel...” [1QS 9,3-5]

La idea del sacerdocio queda en la imagen y el símbolo. En 1,15s vemos qué entiende la carta por “santidad”, así el sacerdocio remite a una vida acorde a la fe (no se alude a otros “sacrificios”). Por ahora señalemos la unidad de los cristianos y Cristo, ligados con la metáfora de las piedras vivas.


vv.6-8


La referencia bíblica que sigue es –como se dijo- una prolongación de lo que se ha presentado. Vv. 6-8 relee diferentes textos bíblicos sobre el tema de la piedra, lo que no es original: el judaísmo ha utilizado este tema con clave mesiánico-escatológica, y hay ejemplos del cristianismo primitivo (cf. Mc 12,10p; Hch 4,11; Rm 9,32s; Ef 2,20), aunque leído sólo cristológicamente, no también eclesiológicamente como en este caso. 


En la cita, no hay cabida a los cristianos, piedras vivas, aunque la polarización creyente-increyente domina la sección. Elegida preciosa refiere a Cristo (v.4; cf. 1,20), él es el elegido por Dios.


En v.7 una glosa interpretativa interrumpe las citas. Ahora bien, no sólo no es valiosa para los no creyentes sino que además es peligrosa para ellos (en este sentido se cita el Sal 118 [117 LXX]). El texto del salmo alude al cambio que Yahvé obra en favor del individuo perjudicado que ve salvada su vida. El texto es usado en Qumrán, el Targum y la literatura rabínica para aludir a la figura del rey-mesías, pero no para destacar su rechazo; de ese modo fue usado -en cambio- por el cristianismo primitivo. El texto luego abandona la metáfora para hablar claramente de Cristo rechazado (el verbo “rechazar” está en participio perfecto pasivo, con lo que refiere a una acción que continúa en el presente). Esto supone la perdición de los increyentes. De todos modos no es una amenaza para ellos, a quienes no se dirige el texto, sino un elemento para sostener la fe. La piedra tiene un valor y ante ella se decide la suerte de la persona, de allí que “acercarse” a él lleva a la salvación.


vv.9-10


Después de los no creyentes y su suerte jugada frente a la “piedra”, el autor vuelve a la imagen de la comunidad. Si en vv. 6-8 la salvación se jugaba frente a Cristo, vv. 9-10 fusiona diversas citas bíblicas de Éxodo, Isaías y Oseas mostrando que la Iglesia es el pueblo de Dios; lo que antes se afirmaba de la “piedra-Cristo” pasa ahora a decirse de los cristianos: “elegida/os” (2,4.6 y 2,9). Lo hace con las dos categorías fundamentales: elección santidad: linaje elegido, nación santa, pueblo adquirido, pero referidos solamente a la Iglesia (cf. 1,12), todo aludiendo a diversas citas del AT. La idea de elección es recurrente en tan pocos versículos: 4.6.9 con lo que retoma el paralelismo entre Cristo y los cristianos. La idea de elección de ninguna manera debe entenderse como arrogancia, sino como participación de la pasión de Cristo. Lo que a su vez fundamenta la misión evangelizadora para “anunciar las proezas del Señor” (v.9). El término “raza” (genos) no debe entenderse de modo étnico sino a semejanza de la “regeneración” (anagennaô, 1,3.23) realizada por Dios en los creyentes que los lleva a dar testimonio de la esperanza en medio de un mundo hostil.


La referencia a Éxodo al reino y al sacerdocio no es sencilla. Entendido de modo dinámico queda claro que no hay una identificación de la Iglesia con el reino sino que es propio de la comunidad cristiana la referencia al reino (aunque al no llevar artículo parece que la presencia del reino en el mundo no se limita a la realidad eclesial). Aparentemente puede entenderse de diversas maneras: “reino de sacerdotes” entendido como hierocracia, un reino gobernado por sacerdotes o “reino sacerdotal”, es decir todo el pueblo es sacerdotal, separado de todos los pueblos. La función sacerdotal específica no viene descrita, lo que ha hecho que se privilegie la elección y la santidad. Esto no implica que se haya cumplido la condición pedida por Ex 19,5-6 (“si...”) sino que se ha dado la unión con Cristo, por lo que es el acercamiento a Él y la adhesión de la fe la que permite a los creyentes el acercamiento al sacerdocio. La fe es la nueva condición que permite a los hombres, aunque son imperfectos, ejercer las funciones sagradas y entrar como sacerdotes al servicio de Dios. El fundamento del sacerdocio no es -por lo tanto- el mérito de los hombres y, al revés, tampoco la miseria de los hombres constituye un obstáculo para el sacerdocio.


Ambos se relacionan con el pueblo de los creyentes, así reino son los moradores de la casa real no se refiere al edificio, y hierateuma, el sacerdocio como conjunto, no el “presbiterado”; si basileion (reino) no designa la soberanía o poder de los cristianos, tampoco hierateuma (sacerdocio) designa funciones sacerdotales de los miembros; es una más de las metáforas del contexto. Ciertamente es importante la elección y la santidad, reforzadas por el contraste con los no creyentes. Si dijera “cada cristiano es sacerdote” estaría también diciendo “cada cristiano es rey” lo que precisaría explicación; la metáfora es corporativa, como en Ex 19: trata de la Iglesia y su realidad. Como no se ve un nexo con el bautismo, no puede pensarse que está diciendo que “cada cristiano es rey y sacerdote”.


El texto de Éxodo, por ejemplo, no guarda relación con el sacerdocio levítico, y siempre se aplicó, en la tradición, a Israel como comunidad elegida y santa. No hay una mezcla entre el sacerdocio al que alude Éxodo con el levítico. Una cosa es la influencia posterior provocada por 1 Pedro y otra diferente es que aluda a esto. 


El sentido es personal, corporativo y funcional: una comunidad de personas que ejercen una función específica. Se trata de la comunidad creyente cuya íntima relación con Dios es semejante a la de los sumos sacerdotes, las citas revelan que se presenta en continuidad con el pueblo de la antigua alianza, la “gente santa” que participa de una herencia común, histórica, cultural y religiosa. Los cristianos, en cuanto organismo sacerdotal están en grado de ofrecer víctimas invadidas por el Espíritu, la expresión “sacerdocio santo”  (2,5) es simbólica; normalmente las víctimas eran matadas, pero al ser “víctimas espirituales” se supone “invadidas por el espíritu”, se refiere a la vida cristiana plenamente vivida. La animación del espíritu es fundamental para el sacerdocio. En esto encontramos el único verbo finito: el que se refiere al anuncio, todas las características del pueblo de Dios están orientadas a este objetivo, entre ellas reino y sacerdotes de v.9. El uso de “raza elegida” de Is 43,20 se refiere a la identidad del pueblo, toda la tierra pertenece a Dios y a ella deben anunciarse sus proezas. Israel es mediador de esto; los cristianos también deben serlo.


Todo esto es mostrado como una conversión, un paso de las tinieblas a la luz.


Oseas (1,6-9; 2,3.25) aludía a la ruptura de relaciones entre Dios y su pueblo, aquí se alude a la vocación de los cristianos desde el paganismo; sigue hablando del pueblo elegido pero en constaste entre el antes y el ahora, propio de 1 Pe. La metáfora del pueblo renacido por la misericordia parece haber sido transparente para los cristianos. La metáfora cristológica pasa a ser metáfora eclesiológica.



Evangelio según san Juan     14, 1-12

Resumen: Jesús anuncia su partida, y para ello busca sostener la fe de los discípulos recordándoles la estrecha relación que tiene con el Padre. El discurso progresa –a partir de algunos malentendidos- de modo que Jesús puede afirmar claramente que esa relación es total, y de ella participarán los discípulos.



El texto de Juan ha sido elegido, sin duda, porque se aproxima el final del tiempo de Pascua y Jesús anuncia su “partida”. El texto, que comienza en v.1 finaliza en v.29 donde se repite la misma fórmula. La finalidad: “la gloria del Padre” parece ser el tema de la primera parte (vv.1-11), que luego destacará las “obras” como primera promesa (vv.12-14) destacando otras a continuación (el paráclito, la venida con el Padre…). La “ida” de Jesús es el término casi excluyente (vv.2.3[2x].4.5.6.12). En el centro se ubica el diálogo de Jesús primero con Tomás (vv.5-7) y luego con Felipe (vv.8-10). También el texto está enmarcado por el verbo “creer” (vv.1.10.11[2x].12). 


El texto comienza con un imperativo que pretende impedir la turbación de los discípulos. Para ello opone la fe (no se turben - crean). La turbación tiene que ver con la muerte cercana de Jesús (11,33; 12,27; 13,21) y se repite –a modo de inclusión- en v.27. Creer en Dios implica creer en Cristo ya que él es enviado del Padre y sus palabras y obras vienen de este. La razón por la que han de “creer” tiene que ver con las numerosas “moradas” en la casa del Padre. “Morada” (monê) viene del verbo “ménô” que es muy frecuente en Juan para aludir a la interrelación estrecha entre Jesús y los discípulos (las moradas son lugares de permanencia ligadas estrechamente a Dios, 14,10; 6,56; 15,4.5.7). La conclusión “yo estoy en el Padre y el Padre está en mi” (v.11) da sentido firme a ese “creer” que se reclama. Con un doble “en verdad” (amên, característico de Juan en momentos importantes) da comienzo a lo que sigue, de lo que la liturgia sólo pone el primer versículo (v.12) centrado en las “obras”, como se dijo, preparado por los vv.10.11. 


El acento está puesto en señalar que la partida de Jesús no será definitiva ya que los discípulos se reencontrarán con él (“volveré”, “los tomaré conmigo”, “estén también ustedes”) de allí que este (¿breve?) tiempo intermedio será el tiempo de “creer”, de recorrer “el camino”, y de “obrar”. Pero esto es aquello en lo que deben “creer” a fin de no “preocuparse”. Como se ve, en el centro de toda la unidad (y es un tema central en todo el Evangelio de Juan) está la estrecha unidad entre Cristo y el Padre, tanto que las palabras de Jesús, son Palabras del Padre (cf. 3,34; 5,23-24; 8,18.28.38.47; 12,49) y las obras de Jesús son obras del Padre (cf. 5,20.36; 9,3-4; 10,25.32.37.38). Esa morada intima entre el Padre y Jesús, que se replica en la permanencia íntima entre Jesús y sus discípulos, da sentido a esto. 


La interrupción de los discípulos Tomás y Felipe: Es frecuente en Juan que los malentendidos sirvan para que Jesús profundice el discurso que está desarrollando. Son propios de los “discursos de revelación”. En este caso, a continuación del dicho de Tomás, Juan presenta nuevamente un discurso introducido por “yo soy”. A continuación de la intervención de Felipe, Jesús profundiza su estrecha vinculación con el Padre. En ambos casos, en directa relación a la inminente partida de Jesús.


En general se acepta que el dicho “yo soy” quiere destacar que Jesús es “el camino”. “La verdad y la vida” son explicativos del camino que es Jesús. De hecho ya se había señalado en el Evangelio la relación de Jesús con la vida (zôê, es decir “vida divina”, 1,4; 6,33.35.48.63.68; 8,12; 10,10; 11,25) y con la verdad (1,14.17; 5,33; 8,32.40.44-46). El “camino” –en la Biblia- refiere a la vida según la voluntad de Dios, señalado por la Ley, o por los mandamientos, o –por supuesto- los caminos que conducen “a la perdición”. Yahvé camina en medio de su pueblo manifestando sus “obras” (Is 43,16.19; 45,13; 48,15; 51,10…). La vida que los miembros de la comunidad de Qumrán llevan en el desierto es “el camino de Yahvé”: 
es el estudio de la ley que ordenó por mano de Moisés, para obrar de acuerdo con todo lo revelado de edad en edad” (1 QS 8,12-15). 
Es tan estrecha la relación entre Jesús y el Padre que él es el camino, y no hay otro. 


Una nota sobre las “obras mayores”. Hay que notar que, por un lado no se afirma que serán “milagros mayores”, son “obras” (cf. 5,20.36; 8,39.41; 10,25.32.37.38; 14,10.11.12; 15,24), por otro lado, son obras que se realizarán una vez que Cristo se haya ido, y “en mi nombre” (v.13), es decir, será Cristo mismo el que las obre. Es importante refrescar que «la obra de Dios es que crean en quien él ha enviado». (Jn 6:29). En cuanto “enviado” Jesús obra y habla por el Padre, es su misma voz y sus mismos actos. Las obras mayores probablemente se refieran entonces a que la comunidad creyente manifestará su estrecha unión con el Padre y con el Hijo revelando en ello la fe que los reúne. 

Una nota sobre Tomás y Felipe: hay consenso entre los estudiosos en que el Evangelio de Juan ha pasado por diversas etapas hasta llegar a su redacción definitiva. Hacia el final de estas etapas, el conflicto con lo que luego será el “gnosticismo” se agrava. Curiosamente, los gnósticos, que serán una/s secta/s concentrada/s en el “conocimiento” (gnôsis) y tendrán una serie interesante de escritos propios, entre ellos los Evangelios “de Tomás” y “de Felipe”. ¿Es pensable que el redactor final los haya presentado como dubitativos, algo incrédulos (en contraste con el “discípulo amado”)? De hecho, Felipe vuelve a encontrarse en 1,43-48; 6,5.7; 12,21.22 y Tomás en 11,16; 14,5; 20,24.26-28; 21,2 siendo que no tienen un rol destacado en los otros Evangelios Sinópticos. Es posible, pero escapa a lo que podemos comentar en este lugar.


El video con comentario al Evangelio del 5to domingo de Pascua se puede ver en


foto tomada de www.rezaconmigo.com

Comentario al Evangelio del 5to domingo de Pascua A

 Comentario al Evangelio del 5to domingo de Pascua A


O también en

https://youtu.be/vNoVsUiAMRg


Eduardo 

jueves, 23 de abril de 2026

Noadías, una profetisa desconocida

Noadías, una profetisa desconocida

Eduardo de la Serna



Para comenzar, señalemos que el nombre Noadías parece ser propio tanto de una mujer, como es el caso de la profetisa que comentamos, como de un varón, como se ve en Esdras 8,33. A esta, calificada de “profetisa”, se hace mención, exclusivamente en Nehemías 6,14 que dice: _«Dios mío, acuérdate de lo que han hecho Tobías y Sanbalat; también de la profetisa N-oadías y de los otros profetas que intentaron asustarme»._


Antes de avanzar es interesante señalar algo muy frecuente en la Biblia: un profeta es alguien que afirma que habla en nombre de Dios (aparte están los profetas que hablan en nombre de otras divinidades extranjeras, pero no nos referimos a estos en esta ocasión), pero ¿cómo saber si lo que un profeta o una profetisa hablan es algo dicho en nombre de Dios o en nombre propio? No hay manera de saberlo en el momento (a veces sí con el paso del tiempo). Es el caso de lo que ocurre con Jeremías, que dice una cosa mientras que otro profeta, Ananías, afirma todo lo contrario (Jer 28,10-12). Con frecuencia, en los textos, es el contexto el que nos dirá cual de ellos habla realmente de parte de Dios y cuál no.


Cuando los persas dominan sobre los babilonios permiten que los judíos que estaban en el exilio puedan regresar a su tierra. Dentro de ese grupo encontramos a Nehemías, que es un dirigente político judío cercano a los persas. Con poder del imperio, él se propone reconstruir la ciudad de Jerusalén, con sus murallas y su templo; pero eso no es bien visto por muchos de los que habían quedado en la tierra. Señalemos que los Babilonios destruirán Jerusalén y el templo (año 587 antes de Cristo) y llevan cautivos a su propia tierra a los dirigentes de la élite política y sacerdotal (obviamente, no es un grupo numeroso, pero sí con “peso político”). Unos 50 años después, los persas derrotan a los babilonios y permiten el regreso de aquellos que así lo deseen, pero estos vienen con una serie de nuevos elementos que no son bien mirados por los que habían permanecido en la Tierra Santa; por ejemplo, estos se habían casado y formado familia con mujeres de los pueblos vecinos y los que regresan con Nehemías les mandan disolver los matrimonios y expulsar mujeres e hijos para conformar un matrimonio solo entre judíos. Obviamente esto no era bien mirado por los que se habían quedado y discuten con estos planteos. Es muy probable que Noadías – y algunos más – dijeran que eso no era voluntad de Dios.


Veremos, en este tiempo, que algunos profetas hacen suya la postura de Nehemías y la defienden:


_«Pero ustedes se apartaron del camino, hicieron tropezar a muchos con su doctrina, y pervirtieron la alianza con Leví –dice el Señor Todopoderoso–. Por eso yo los haré despreciables y viles ante todo el pueblo, por no haber seguido mis caminos y por no tratar a todos por igual cuando enseñan a la gente. ¿No tenemos todos un solo padre?, ¿no nos creó un mismo Dios?, ¿por qué uno traiciona a su hermano profanando la alianza de nuestros antepasados? Judá traiciona, en Jerusalén se cometen acciones horribles; Judá ha profanado el santuario que el Señor ama y se ha casado con la hija de un dios extranjero»_ (Malaquías 2,8-11).


Sabemos que Nehemías quiere reconstruir a Israel (aunque según el modo persa) y encuentra oposición en algunos dirigentes y en profetas y profetisas. Tobías y Sanbalat, que son mencionados en el texto, se oponen a la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Neh 2,10.19; 4,1.7; 6,1.2.5.12.14; 13,28), en cambio de Noadías sólo se afirma que es una profetisa, por tanto, alguien que se opondrá a Nehemías, pero no políticamente sino “religiosamente”, “en nombre de Dios”. Hay algo que Nehemías hace, o que pretende hacer, a lo que ella se opone, a lo que Dios se opone, según ella. Ciertamente, para los que regresaban, la recepción no era fácil ya que los residentes se sentían invadidos (¡hacía más de una generación que estaban en esa tierra, habían nacido allí!). Unos y otros hablaban “en nombre de Dios”.


Ahora bien, esta parte de la historia la escriben – como tantas otras – los vencedores, lo que no quita, por lo menos, razonabilidad a quienes pretenden tener otra mirada positiva con los extranjeros (ver lo vemos en los casos de los libros de Rut o de Jonás, por ejemplo) totalmente diferente a la que presenta Nehemías en base a la teología que se fue gestando en el exilio en Babilonia, y que no había sido ni pensada ni aceptada por los campesinos que habían quedado en la tierra. Nehemías, entonces, cuestiona a Noadías, que a su vez lo cuestiona a él. En este texto, ella no es bien mirada, en otros textos se defiende su perspectiva. Por su parte, Jesús y su grupo dirán que ya no hay judío o no judío, no hay esclavo o libre, no hay varón y mujer… todo lo que discrimina o desvaloriza a las personas es visto desde Jesús con otros ojos (ver Gálatas 3,28), de reconocer a todos y todas como verdaderos hermanos y hermanas se trata.


Imagen tomada de https://www.bibliatodo.com/personajes-biblicos/noadias

martes, 21 de abril de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 4º de Pascua "A"

Jesús y la vida de los que le fueron confiados

DOMINGO CUARTO DE PASCUA - "A"


Eduardo de la Serna




Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 14a. 36-41

Resumen: La conclusión del primer discurso de Pedro y los Once a la multitud se sintetiza en la novedad pascual y en su repercusión para los oyentes: conversión y bautismo para recibir el Espíritu Santo. 



El texto litúrgico está conformado por una breve presentación literaria para comprender el momento y quién habla (v.14a), luego la conclusión de su discurso (v.36) que finaliza con una síntesis de que Dios ha resucitado al crucificado, y la consecuencia que provoca en los destinatarios ese discurso pronunciado por Pedro: pregunta (¿qué debemos hacer?, v.37), respuesta (invitación a los destinatarios de que se conviertan y hagan bautizar, vv.38-39) un sumario (“con palabras como estas…”, v.40) y una conclusión narrativa (“los que acogieron… unas tres mil almas (= vidas, psyjaì)”, v.41).


El discurso que hoy concluye fue comentado la semana pasada (Hch 2,22-36); como se dijo, Hechos suele presentar en sus muchos discursos, una síntesis de la predicación destacando la muerte de Jesús (muerte causada por “ustedes”, es decir, los oyentes del discurso) y su resurrección (“Dios lo resucitó"); con lo que contrasta dos actitudes. 


La reacción del auditorio tiene que ver, precisamente, con este contraste: si Dios lo resucitó (y Pedro y los Once son testigos de ello) algo “hemos de hacer” frente a esto. Cambiar de mentalidad (“convertirse”, metanoéô; algo frecuente en los discursos: 3,19; 8,22; 17,30; 26,20) y hacerse bautizar “en el nombre de Jesucristo”.


Una nota sobre el “bautismo en el nombre”. La referencia se encuentra en el nuevo Testamento una vez en Mateo (28,19) aludiendo al nombre de la Trinidad, dos veces en Pablo (1 Cor 1,13.15) ironizando que no fueron bautizados “en el nombre de Pablo” suponiendo que se trata del “nombre de Cristo”. Las restantes cuatro veces se encuentran en Hechos (2,38; 8,16; 10,48; 19,5) y se trata de bautismo “en el nombre de (Jesús)Cristo”. Como se ve, sólo el texto tardío de Mateo conoce el bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, que más tarde se impuso en la Iglesia. El bautismo “en nombre de Cristo” sumerge a los discípulos, los une íntegramente a Cristo, y es parte importante de la predicación de los primeros tiempos (no es improbable que esta centralidad cristológica haya sido la razón por la que los discípulos reciben más tarde el nombre de “cristianos”). Es probable que en las comunidades paulinas y de los seguidores de la tradición paulina (como parece ser "Lucas" en Lucas y Hechos) conozca el bautismo en nombre de Cristo, pero con el tiempo –y a medida que se profundiza la confesión trinitaria- la tradición de Mateo haya sido la recibida por las comunidades.


Este bautismo lleva al “perdón” (áfesin; también puede verse como sinónimo de “liberación”, cf. Lc 4,18) de los pecados. Es algo que ya había sido destacado como lo que se espera de la Iglesia naciente (Lc 24,47); es algo que Jesús alcanza a Israel (Hch 5,31; 10,43; 13,38) y también alcanzan los paganos por la fe (26,18). Como se ve, es Jesús el que consigue el “perdón”; el bautismo se obtiene porque es en su nombre. El don del Espíritu, que los apóstoles y los que estaban con ellos han recibido, también se dará a los que reciban por el bautismo el perdón ya que es una “Promesa” (Lc 24,49; Hch 1,4; 2,33.39) como fue “Promesa” en los tiempos antiguos el “Salvador” (Hch 7,17; 13,23.32; 26,6). Los que están “lejos” se refiere a los paganos (cf. Is 57,19) y a los “llamados” (que en contexto teológico supone una invitación a participar de los beneficios de la salvación de Dios). 


Con palabras, testimonios y exhortaciones los invitaba a “salvarse”, en este caso de “esta generación (geneâs) perversa (skoliâs)” (cf. Dt 32,5; Sal 77,8). La referencia a “esta generación” es habitual en el escrito Q (7,31; 11,29.30.31.32.50.51; 17,25; 21,32; aunque también la utilice Marcos con menos frecuencia: 8,12.38; 13,30) y seguramente en ese sentido la repite Lucas aquí. 


Hechos concluye con un breve sumario destacando que unas tres mil personas recibieron el bautismo luego de haber “acogido su palabra” (cf. 4,4; es bueno recordar que “palabra” en Hechos alude frecuentemente a la predicación del Evangelio; cf. 1,1; 2,22; 4,29.31…). 



Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     2, 20b-25

Resumen: La/s comunidad/es a la/s que se dirige el autor padecen sufrimientos por parte de la sociedad en la que se encuentran. Mirando los sufrimientos de Cristo, leídos a la luz del siervo Sufriente de Isaías encontrarán sentido a su resistencia ante la injusticia. Jesús, como Pastor cuida a los suyos.



La llamada “carta de Pedro”, como también Colosenses y Efesios presenta lo que se ha llamado un “código doméstico”. Es decir, una suerte de codificación de lo que se espera que haga cada miembro de la casa: padres e hijos, esposos y esposas, amos y esclavos. Esto era frecuente en el mundo greco romano donde estaban claramente establecidos estos roles que podríamos resumir en destacar que el “fuerte” (esposo, padre, amo) debe “someter” al débil, mientras que el débil (esposa, hijos, esclavos) deben “obedecer”. Esto es indicio de que hay orden en esa casa, que funciona como está establecido. El uso de un “código doméstico” en esta carta juega un rol central: la comunidad es presentada como “casa de Dios”, y el código pretende servir como  modelo de identificación de los miembros de la comunidad ubicados de un modo crítico en una sociedad hostil.


El texto litúrgico de hoy corresponde (con la exclusión de la presentación del destinatario, vv.18-20a) a lo que se dice a los “esclavos”, aunque aquí no se use el habitual “doulos” sino que se dirija a los “domésticos” (oikétai). Es claro que al omitirse esta referencia parece dirigirse a “todos los cristianos”. El sufrimiento al que se alude se refiere (v.18b) al provocado injustamente por los amos severos. El texto –dirigido a cristianos en situación de desprecio, rechazo (“extranjeros”) compara la situación que viven en las ciudades del Imperio con lo que padeció Cristo [el texto afirma que “Cristo sufrió” (épathen), aunque algunos manuscritos afirman que “Cristo murió” (apethanen) seguramente por asonancia y por uso frecuente de la idea]. Todo el sufrimiento de Cristo, puesto en paralelo al sufrimiento de los domésticos, es leído especialmente a la luz del cuarto canto del Siervo Sufriente de Is 53. El uso del término doméstico (oikétai, donde hay alusión a la domus, la casa: oikía), la ubicación al principio de la unidad, la falta de referencia al comportamiento que deben tener los amos invita a pensar que en esta unidad, la referencia a los “domésticos” puede entenderse como referida a todos los cristianos, que son –de hecho- maltratados, tenidos como extranjeros, por los habitantes de las ciudades a las que se dirige la carta. Ese maltrato está en el trasfondo de la unidad, y el autor presenta en la lectura cristológica, un sentido a la vida que llevan.






Ser capaces de devolver bien al mal recibido, como Cristo (2,23) así los cristianos (3,9). Él sufrió (v.21) sin haber hecho mal alguno (v.22), sin devolver mal por mal (v.23), llevando a los malos, del mal al bien (v.24) como un buen pastor (v.25).


La conclusión viene dada por la vuelta al pastor y guardián (epíscopon).  El marco es profético (el pastor que reúne a las ovejas descarriadas) expresado como antes y ahora. En la tradición profética el pastor de su pueblo es Dios (Is 40,11; Jer 3,14-15; 23,3-4; 31,10-11; Ez 34,11-16. 23-24; 37,24; Miq 2,12; 4,6-7; Zac 11,4-7), de allí que la voz pasiva “han sido regresados al pastor” ha de entenderse como un obrar divino. Lo que se afirma es que –en este caso- se ha vuelto a Cristo de quién se dice que es “pastor” y “epíscopo” de sus “almas” (= vidas, psyjôn). Jesús tiene un cuidado pastoral por sus “ovejas”.


Una nota sobre la resignación: la relación entre el sufrimiento del cristiano, particularmente el sufrimiento injusto, y su relación con el sufrimiento padecido por Cristo, puede leerse –y durante muchos tiempos así se ha leído- como una invitación a la resignación, una suerte de “lógica amo-esclavo”. El tema es muy complejo y serio; demasiado como para desarrollarlo aquí, pero destaquemos que una cosa muy distinta es la resistencia activa, como enfrentamiento al mal y la mentira. Como se ha destacado también en otros temas en los que la relación víctima y victimario se deja ver (amo-esclavo; sociedad patriarcal [o kyriarcal, de “señorío”, lo que no siempre implica un varón]-mujer; opresor-oprimido…) sin duda toda actitud de dominio, de injusticia, de opresión se ha de detestar y confrontar sin duda alguna y sin encontrar en la argumentación teológica más una excusa que un sentido. Sin embargo –como es el caso de los mártires- muy diferente es la actitud con la que libre y voluntariamente alguien decide enfrentar la situación. Es perverso matar, pero es diferente la actitud de aquel que voluntariamente es capaz de dar la vida para que otros vivan. Es perversa la actitud “machista” que pretende tener a la mujer a su servicio; es diferente la actitud de aquella que voluntariamente elige ponerse al servicio de sus hermanos. Es grave la actitud de aquel que hace sufrir a los demás; es diferente la actitud resistente de aquel/la que confronta con esa violencia buscando vida para otros. Pero nada de esto es semejante a la resignación, sino que ha de ubicarse en el “aguante” (hypomonê, v.20).


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     10, 1-10

Resumen: Luego de una presentación con forma de parábola destacando el contraste entre quienes buscan el bien de las ovejas y quienes buscan su destrucción, Jesús se compara a sí mismo con los dos elementos que han servido para destacar el provecho de las ovejas: la puerta y el pastor. La puerta, resaltada en el evangelio del día, sirve para destacar la vida (de las ovejas) que Jesús trae.



El llamado “discurso del Buen Pastor” es muy extenso en Juan, y se lo ha “fragmentado” para que sea leído en los tres ciclos litúrgicos del 4º Domingo de Pascua. 
Este domingo de Pascua es conocido como el domingo del “buen pastor”, y la liturgia destaca ese aspecto de Jesús.

Miremos brevemente el texto en su contexto: si prestamos atención a los personajes, o el desarrollo del tiempo, la unidad literaria parece venir desde muy atrás. En 8,12 se habla de “otra vez” y los que le responden (v.13) son los fariseos. Luego de esto no tenemos cambios de escena. Por tanto no parece que haya que separarla demasiado de la anterior, es decir, el relato de la curación del ciego (Jn 9). Si se ve 10,1 el texto no tiene inicio ni introducción, por lo que debe verse como continuación de lo antecedente. Es importante que no hay ningún corte entre el capítulo 9 y el 10, por lo cual podemos suponer que el contexto es el mismo. Es decir, Jesús desarrolla su discurso del pastor en el mismo contexto del relato del ciego. Y decir en el mismo contexto es decir ante el mismo auditorio. En este caso, en el que ya está presentado, en Jn 8, 41, donde dice: "ellos le dijeron..." y se refiere – como decimos – a los fariseos. Por otro lado, en Jn 10,21, vuelve a hacerse referencia a la curación del ciego: "¿acaso un endemoniado puede abrir los ojos a un ciego de nacimiento?

Para nuestra mentalidad pareciera que el cambio entre el ciego y el pastor es demasiado abrupto y debemos pensar en otro contexto. Sin embargo, que cambie la imagen no quiere decir que cambie de tema. Veamos, por ejemplo dos textos. Uno muy antiguo, de la Mesopotamia. Es un himno al dios sol, Shamash donde dice: 

"Oh! Iluminador de la tierra. Oh! Juez de los cielos, que iluminas las tinieblas. Pastor de lo alto y lo bajo, tú apacientas a todos los seres dotados de aliento. Tú eres su pastor en lo alto y lo bajo. Pastor del mundo de abajo. Pastor allá en lo alto. Director y luz del universo. Tú sólo, oh! Shamash."

Como se ve, en este himno a Shamash, están unidas la imagen de la luz y la imagen del pastor en un mismo texto. Otro texto, ya más cercano y judío, es del apócrifo de Henoc, donde en varias partes aparecen unidas las imágenes; veamos una de ellas:

"Pero las ovejas cruzaron el agua y salieron al desierto, donde no hay agua ni hierba, y empezaron a abrir los ojos y ver. Vi que el dueño de las ovejas las apacentaba, y daba agua y hierbas y aquella oveja iba guiándolas".

Nuevamente se unen las dos imágenes en un mismo contexto. La imagen de la luz, de los ojos, y la imagen del pastor.

Si miramos más en detalle ahora, el capítulo 10 notaremos en los versículos 1 al 5, una o dos “parábolas” con una explicación, una conclusión en el versículo 6; y después de 7 a 10 retoma la imagen de la puerta; de 11 a 18 la imagen del pastor; y de 19 a 21 una conclusión. Es decir, tenemos dos parábolas (10,1-6) una al principio, acentuando el tema de la puerta; la segunda, el tema del pastor; y después la explicación de esas dos parábolas (vv. 7-10 + 11-18). Por otro lado, toda la primera parte, las aparentes parábolas, están en un tono impersonal: "El pastor" “hace esto”, por ejemplo; la puerta del redil; el ladrón; el salteador; se le abre la puerta; saca las ovejas; las ovejas le siguen; etc. Todo es impersonal. Recién a partir del versículo 7, Jesús empieza a hablar de "Yo". "Yo soy la puerta", "Yo soy el pastor". Así podemos notar la unidad literaria para la que 10,1-6 es una introducción con dos imágenes y 10,7-10 y 10,11-18 el desarrollo de cada una de ellas aplicado a la persona de Jesús. El esquema de la unidad puede visualizarse de este modo

Presentación (vv.1-6) de la paroimía (símbolos)
1.     “yo soy la puerta” (vv.7-10)
2.     “yo soy el buen pastor” (vv.11-18)

Por eso lo ideal es – más que “parábola” – llamarlo "marco simbólico" del discurso que va a venir después. En este caso, la palabra paroimía (v.6) convendría traducirla entonces no por “parábola” sino por marco simbólico. Este marco simbólico tiene un detalle particular. Empieza y termina con una referencia a adversarios. Empieza con: "El que no entra por la puerta es un ladrón y un salteador" (v.1), y termina diciendo: "No conocen la voz de los extraños" (v.5). Es decir, hay una referencia a unos personajes negativos de los cuales tendremos que intentar decir algo más adelante. En el centro está la imagen del pastor, que es la clave de la revelación, por su relación con las ovejas. No es una referencia al pastor solo, sino al pastor con las ovejas.

En la primera parte del capítulo (10,1-3), tenemos la "parábola" de la puerta. Hay una referencia al portero, pero la clave no es el portero, sino la puerta en sí, y una puerta que no utilizan los que son ladrones y bandidos. El tema es que, el término bandidos se había aplicado a los sacerdotes en algunos textos del evangelio: "Han hecho de la Casa de mi Padre una cueva de bandidos", dice Jesús en la purificación del templo en Mc 11,17. Quizás esa doble referencia, ladrones y bandidos, recuerde a fariseos y sacerdotes. El contexto de la fiesta de la Dedicación (Jn 10,22), donde Judas Macabeo, dedica el templo ante los sacerdotes que habían sido traidores del pueblo, invita a sospechar que puede haber una referencia anti-sacerdotal. 

La segunda parte, en cambio (10,3-5) hace referencia al pastor. Es interesante que el pastor es quien conduce a los pastos (apacienta). Acá es oportuno tener en cuenta una imagen de Josué, en Números 27,16: Dios le dice a Josué: "Designa a un hombre de la congregación – en griego dice sinagogé – que los conducirá, pues la congregación del Señor no puede ser como ovejas sin pastor". Esta imagen ha sido utilizada más de una vez, por ejemplo Mc 6,34, aplicada a Jesús (= Josué). 

El acento está puesto en la relación entre Jesús y los seguidores, es decir, las ovejas. Y se destaca que el pastor a cada oveja la llama por su nombre. Otra referencia al segundo Isaías: "Te llamé por tu nombre, tú eres mío" (Is 43,1). Lo que se destaca de este pastor, en su relación con las ovejas, es que las ovejas conocen – término importantísimo, como se sabe – y conocen su voz. La voz del hijo del hombre es la voz que hace levantar a los muertos, por ejemplo a Lázaro; cf Jn 5,25: "Les aseguro en que se acerca la hora y ya ha llegado en que los muertos oirán la voz del hijo de Dios y los que oigan vivirán". “Oír” es el término phoneo; “voz” es phoné. Lo que se dice es que el pastor va delante; el término es poreuostai que es el término que se utiliza en el éxodo, por ej. Dt 1,30. Refiere al éxodo, donde Dios va delante de su pueblo; y está presentando la misión de Jesús como un nuevo Éxodo. En Juan se está haciendo referencia al caminar de Jesús hacia el Padre, con lo cual le da una perspectiva escatológica a toda esta parte. Sobre todo, porque esto está en contexto con el término salir, que también es un término frecuente en el éxodo, por ej Éx 3,10. Es un liberar de la esclavitud.

Ahora, tenemos un pequeño problema al "salir"; y se dice: salir del corral, pero el término que se utiliza para hablar del corral es el término aulé; lo interesante es que el término aulé aparece 177 veces en el Antiguo Testamento, y nunca para hablar de un corral. Pero sí aparece 115 veces para hablar del atrio del templo. Es decir, el aulé es un lugar cerrado, pero no se lo utiliza nunca para hablar de un corral, sino para hablar del atrio del templo. Es más, el mismo Juan lo utiliza para hablar del atrio del templo en 18,15, donde habla del patio del sumo sacerdote. Teniendo en cuenta que el contexto es el del pastor que reúne, etc., entonces se está insinuando la reunión de Israel en torno a Jesús. El nuevo Éxodo.

El Salmo 99 de la Biblia griega (Salmo 100 de la hebrea) dice: 

"Reconozcan que el Señor es Dios. Él nos hizo. A Él pertenecemos. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Entren por sus puertas, dando gracias. Entren en sus atrios – aulé – con himnos de alabanzas". (Sal 99,3).

Un dato a tener en cuenta es que el término hacer salir, ekballein, es el mismo término que en la curación del ciego de nacimiento se había usado para decir que los fariseos excomulgaban a aquel que reconociera que Jesús era el Mesías. Ahora Jesús dice que él hace salir a las ovejas – antes los hacían salir de la sinagoga – del redil. Frente a esto lo interesante es que, como es frecuente en Juan, todo esto termina en una no-comprensión. No comprenden. Y entonces, frente a ese no-comprender empieza el discurso revelador (“yo soy…”). Otra vez con el doble "en verdad, en verdad" pero ahora en primera persona, con el "yo soy". Tenemos entonces dos "yo soy la puerta", y dos "yo soy el pastor". 

Es una puerta que conduce a los pastos, y la palabra "pastos" está haciendo referencia a la vida en plenitud. Vida y vida en abundancia (10,10). Y acá empezamos a sospechar si la palabra pastos (v.9) hace referencia a la vida. En Jn 7,44, ya se nos había dicho – en el discurso dentro de la misma fiesta de los Tabernáculos – que el diablo es asesino. Es más, el ladrón viene a destruir, mientras que Jesús vino para que tengan vida (10,10). Y la palabra vida (zôê) en Juan, siempre es vida eterna [para ser precisos, como veremos, en Jn hay dos términos para decir vida: “zôê” y “psyjê”, y mientras el primero es siempre vida eterna, vida divina, el segundo es vida humana, vida que se puede perder, ¡y arriesgar!]. Y acá tenemos un nuevo elemento a tener en cuenta. Jn 1-12 es llamado habitualmente el libro de los signos, la vida – vital, humana – es signo de la otra vida, divina. El signo de Lázaro es un buen ejemplo de esto (Jn 11). Lo de Lázaro es un signo de la vida plena que recibe Marta, es decir, el/la creyente... Con palabras que no son "joánicas" podríamos decir que la vida humana es "sacramento" de otra vida mayor, de otra vida abundante. 

Por esto es razonable pensar que "el que viene antes que yo" (v.8), el ladrón, el asesino, en realidad es una personificación de todo adversario, las “tinieblas”. Por otra parte es bueno tener en cuenta que se dice "yo soy la puerta de las ovejas" (v.7) – algunos manuscritos dicen “el pastor de las ovejas” – es decir la puerta por donde pasan las ovejas, no por donde se va hacia las ovejas. Es bueno notarlo ya que en nuestra historia tan poco ecuménica, más de una vez hubo problemas muy serios, y peleas, contra los "herejes", porque había que hacer entrar, aunque sea por la fuerza, al rebaño donde están las ovejas. Por eso no es la puerta del corral, es la puerta de las ovejas. Para que las ovejas entren y salgan. 

Ahora bien, ¿Y “ladrones”, por qué? Se comprende lo de los adversarios, ¿pero, por qué ladrones? Y si tenemos en cuenta que en el contexto del evangelio, el acento está puesto en que las ovejas son de Dios, y si Jesús puede decir "mías", es porque el Padre se las ha dado (recordar la teología tan importante en Juan de Jesús como “enviado”, por tanto “delegado” del Padre), tenemos que decir que son ladrones de Dios, porque le quieren robar las ovejas a Dios. Por eso, no pueden hacer más que hacer perder las ovejas. No vienen más que a robar, "matar" y destruir. No pueden hacer otra cosa, porque son adversarios de Dios. No pueden más que hacer perecer, que es el apóllymi, que es la muerte eterna, porque es en contraposición a la vida eterna. En Juan, esa palabra, que es perecer, es muerte eterna (ver 3,16; 6,27.39; 10,28; 12,25; 17,12; 18,9). No es la muerte "física", por llamarla de alguna manera. 

Demos un paso más hacia el pastor. La palabra que aparece habitualmente en las Biblias, traducida como "matar" – "viene a robar, matar y destruir –, en realidad habría que traducirla por sacrificar (thyô; ver p.e. Hch 10,13; 11,7; 14,13.18; 1 Cor 10,20). Es otro el término que se utiliza para matar; aquí es sacrificar, es el sacrificio religioso, lo cual es coherente en los que quieren robar a Dios. Lo cual es una burla muy fuerte a los pastores de Israel, que le roban las ovejas a Dios y las sacrifican.

El término pastor, aplicado a Cristo, por otro lado, es un término que es bastante importante en los evangelios, incluso en los sinópticos. Es más, en algunos textos tiene una marca bastante anti-farisea. Acá es importante recordar el contexto en el que los fariseos le acaban de decir a Jesús: "nosotros no hemos nacido de prostitución" (Jn 8,41). Y Jesús les acaba de decir: "Como dicen, «vemos» su pecado permanece" (9,41). La gravedad está dada por el término "permanecer", porque en Juan es importante para entender nuestra relación con Jesús. El contexto es que los fariseos están ciegos, “no hay peor ciego...”

También es importante notar que cuando se habla del pastor no se usa la palabra "bueno", sino literalmente la palabra "bello" (kalós). Ya Filón de Alejandría, habla del Buen Pastor, e incluso un midrash de los rabinos, cuando habla de David, comentando Éxodo 3,1 habla de David como del hermoso pastor. 

Generalmente en Juan, en los discursos que explican los signos, Jesús utiliza los términos "yo soy" con un predicado: "yo soy el pan de vida"; "yo soy el buen pastor"; "yo soy la resurrección y la vida"; "yo soy la luz", etc. (es muy probable que esa referencia "yo soy" con un predicado, esté tomada del así llamado Segundo Isaías (41,10.13; 43,3.10-13; 44,5.6.28; 45,3.5.7.8…). Hay un nuevo texto del Segundo Isaías 40, del contexto del desierto, que como se dijo tiene que ver con el contexto de la metáfora del pastor. Dice que: "Yahveh viene... como pastor apacienta su rebaño, recibe en sus brazos los corderos"... (Is 40,11). Entonces, el Dios que es pastor de su pueblo, les confía a algunos dirigentes para que conduzcan al pueblo según la voluntad de Dios. Es interesante que aunque Juan no use el término Reino de Dios, la imagen de pastor es bastante semejante a la imagen del Reino. Por eso los profetas van a cuestionar muy fuertemente a los pastores infieles, que son los pastores que no conducen al pueblo según la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es el derecho y la justicia. De ahí que la esperanza futura va a desembocar en un pastor mesiánico, un nuevo David y acá es donde empieza a surgir muy claramente como contexto del texto del Buen Pastor, el texto de Ezequiel 34, que tanto influye en el relato de Juan.

La imagen enigmática presenta la realidad pastoril tomando dos imágenes (incorpora una tercera, el “portero” pero solo por dar color a la imagen ya que no juega rol alguno en el desarrollo. La puerta es un criterio de discernimiento sobre quien entra al “corral” y su intención de hacer bien o no a las ovejas. El pastor, en cuanto conocido y escuchado por las ovejas – nuevamente en referencia contrastante con “otros” – es seguido por ellas (se supone hacia lugares de alimento y bebida). El sentido principal radica en el bien de las ovejas, por la puerta pasan los que buscan su bien, las ovejas siguen a sus pastores, en cambio los “ladrones y salteadores” no pasan por la puerta, los “extraños” no son seguidos por las ovejas. El uso o no de la puerta, el seguimiento o no de las ovejas son los aspectos contrastantes en la “parábola”. 

El doble “yo soy” la puerta expresa el siguiente paso que Juan quiere destacar para “revelar” a Jesús (los “yo soy” son parte de los discursos de revelación). 

El primer “yo soy” sirve para contrastar a Jesús con los que “han venido”. En el contexto se refiere a los fariseos que son los que habían estado en conflicto con él en la unidad anterior (9,40-41), aunque el marco (como las referencias al Templo y a los sacrificios) también permite suponer que se refiera a los ambientes sacerdotales, aunque estos ya no existen en tiempos de Juan. 

El segundo “yo soy” contrasta el estar “a salvo” (entrando “por mi”) con “robar, sacrificar y hacer perecer (definitivamente)”. Esto se caracteriza por la “vida” (zôê, vida divina) abundante que “ha venido” a traer. Esta “entrada” nos permite recordar la imagen de Jesús revelándose como “yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino por mi” (14,6). Como enviado del Padre, como quien “ha venido” desde Dios se revela como dador de vida, a diferencia de “otros” que buscan la muerte definitiva de las ovejas (no hay que olvidar en este contexto a los “fariseos” intentando hacer desistir, al que había sido ciego, de reconocer a Jesús, 9,34).

Una breve nota sobre el pastor y las ovejas. La metáfora del pastor no ha de entenderse sino, precisamente, como metáfora. En el mundo antiguo (Israel y sus pueblos vecinos) suele ser imagen para caracterizar a los que tienen responsabilidades de gobierno (religioso y/o político), en cuanto “conductor/es”. La imagen negativa que tiene hoy la idea de ser tenidos como “rebaño”, de ser llevados al propio arbitrio de los poderosos o los fuertes, refleja un anacronismo importante, además de la incapacidad de comprender metafóricamente las imágenes. Ciertamente no se pretende decir que debemos ser “llevados de las narices y sin pensar” por los pastores de turno; Jesús, en este caso, se presenta como aquel que nos conduce a la vida plena en contraste –precisamente- con aquellos que se aprovecharon para beneficiarse o para saquear a los que les fueron confiados.


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Foto tomada de www.soyesoterica.com