Comentario al Evangelio del 2do domingo de cuaresma A
o también en
Eduardo
Comentario al Evangelio del 2do domingo de cuaresma A
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Monk no se podría haber hecho en la Argentina
Eduardo de la Serna
Algunos – me cuento entre ellos – somos fanáticos de la vieja serie Monk. Y mi pena es que no se podría haber firmado, tal cual está, en la Argentina. Y no me refiero a directores, guionistas y actores / actrices, sino a la serie como está. Es cierto que en la serie todos los personajes dan perfectamente el phisique du role, pero no dudo que acá se hubiera podido conseguir algo semejante (¡Darín abstenerse!).
Y voy al tema… en los diferentes capítulos se pueden ver cerdos, vacas, caballos, gatos, gallinas, venados y ¡hasta una “mariquita”!, por cierto, también perros. ovejero australiano, rottweiler (no puro), dóberman… Y, si se es coherente con el deplorable planteo de la no menos deplorable jueza Elena Liberatori, todos ellos, ¡mariquita incluida!, deben tenerse como “personas no humanas” y, por lo tanto, no podrían filmarse, ¡no deberían!…
Pero voy más allá. Omitiré el coyote de “el Sr. Monk se casa” (temporada 2, episodio 15) y el oso de “El Sr. Monk va de campamento” (t. 8, e.12) muy probablemente insertados por computadora, y los pescados de este mismo episodio, quizás de utilería. Me quiero detener en “el Sr. Monk va al circo” (t. 2, e. 4) y “el Sr. Monk y la habitación del pánico” (t. 3, e.2), en ellas, un elefante, en la primera, y un pequeño chimpancé, en la segunda, son protagonistas necesarios. Y eso, “gracias” a la innecesaria jueza, no se podría filmar en la Argentina. Es más, las 2 elefantas que quedaban en nuestro país – partiendo de la sentencia de la “orangutana Sandra” y por firme decisión de Daniel Scioli y Karina Milei fueron trasladadas a un dizque “santuario” en Brasil donde ambas elefantas murieron en menos de 3 meses (¡3 meses!) después de estar, ¡vivas!, 40 años en los zoológicos de Buenos Aires y Mendoza. Otro santuario para grandes simios alojó a Sandra y, quizás también, a los chimpancés, sin que sepamos su estado actual. La prensa sensacionalista, señaló (¡con horror!) que recientemente había muerto el último chimpancé en el ex zoo de La Plata (eso sí, sin destacar que había sobrepasado la edad que suelen vivir los chimpancés en estado libre).
La variante sería – en la Argentina de Liberatori – hacer los animales con Inteligencia Artificial, con lo que se parecerían a la pantera, al oso, la pitón y los simios y lobos de la espantosa película Mowgli, que se parecen más a muppets que a animales reales.
Sin ser demasiado amante de muchas cosas que vienen de yankilandia, celebro que Monk haya sido hecha allí. Y celebro a Monk, ¡por cierto!
La esposa de Poncio Pilato
En el Evangelio de san Mateo,
mientras está narrando el drama de la Pasión de Jesús, en el juicio que lleva
adelante Poncio Pilato, misteriosamente el autor interrumpe brevemente el
desarrollo del tema para introducir una referencia a la mujer del Procurador.
Veamos: los sumos sacerdotes y
los ancianos despliegan ante Pilato la acusación contra Jesús. Los lectores ya
sabíamos que estos mismos se habían reunido en el palacio de Caifás y habían
decidido capturarlo “con engaño y matarlo” (26,4). El gobernador, que no ve que
el motivo sea demasiado grave, aunque presentarse como “rey de los judíos”
podía ser algo preocupante (27,11), les propone liberarlo con ocasión de la
Pascua. La alternativa era liberar a Barrabás, un “preso famoso” (27,16).
Pilato, dice Mateo, se da cuenta que lo han entregado por envidia, por lo que
no está demasiado dispuesto a condenarlo (27,18). Pero las autoridades judías
logran convencer a los presentes de que soliciten la libertad de Barrabás a fin
de que Jesús sea, finalmente, ejecutado (27,20). En medio de este momento de
tensión, Mateo se interrumpe y nos dice que «Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a
decir su mujer: "No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en
sueños por su causa"» (27,19).
Hay dos elementos muy interesantes en este breve dato.
Para empezar, algo le ha ocurrido a esta mujer “en sueños”. En griego hay
varias palabras para decir “sueño”, en este caso el Evangelio usa el término “onar”
(de donde viene algo “onírico”, algo de sueños), y este término sólo lo usa
Mateo en toda la Biblia. Fuera de este caso lo encontramos en los primeros
capítulos donde se nos habla de José, el padre adoptivo de Jesús, con el que
Dios se comunica de ese modo (1,20; 2,12.13.19.22). Los sueños, entonces, en
Mateo, son un modo de revelación misteriosa que Dios elige para comunicar un
mensaje. En este caso, en medio del juicio a Jesús, Dios le comunica nada menos
que al que debe decidir sobre su vida o su muerte que se trata de un inocente.
Pero, además, la palabra usada por la mujer de Pilato es
que se trata de un “justo”. Esto ha hecho padecer a la mujer en la noche. En la
Biblia, ser justos significa, especialmente, ser alguien fiel a los proyectos
de Dios. Obviamente, si Dios le comunica un mensaje, se trata de algo que a
Dios “le importa”, y, en este caso, es que aquel a quien se está pretendiendo
condenar es inocente, pero, además, es alguien que tiene con Dios una relación
de especial fidelidad. Casualmente también se dice, al principio del Evangelio,
que José “era justo” (1,19); en 10,41 y 13,17 los justos son también profetas;
en 23,28 es lo contrario de ser “hipócritas” y en 25,37 se califica de “justos”
a quienes alimentaron, vistieron, socorrieron a Jesús presente en los
necesitados. Que la mujer de Pilato califique, entonces, a Jesús de “justo” es
mucho más que afirmar simplemente que es “inocente”.
Pero las autoridades judías están decididas a la condena
“injusta” de Jesús, como los lectores del Evangelio sabemos desde hace tiempo.
Pilato sabe, porque se lo dice su conocimiento (“sabía”, v.18) y que, además,
una intervención divina se lo había confirmado, pero se arriesga a un tumulto
que él quiere evitar. Es entonces, que a modo de indicar claramente que no es
su responsabilidad, sino de las autoridades judías, que decide delante de todos
“lavarse las manos” (27,24) y, así, dejar claro que la responsabilidad del
crimen es de los sumos sacerdotes y ancianos ya que él es “inocente de esta
sangre”.
No sabemos más nada de la mujer. Ni su nombre conocemos
(no está mencionado tampoco por los historiadores de la época). Algunas
leyendas, partiendo de este texto, la muestran convertida, y hasta santa, pero
no parece que debamos aceptar la credibilidad de esto. Lo cierto es que Dios la
escogió, en el momento decisivo de la Pascua, para comunicar un mensaje. Ella
pretendió que su marido “no tenga nada” con el justo Jesús, pero las
autoridades judías ya habían decidido la condena. Esto último, lo tiene en
cuenta el Evangelio de Mateo para destacar que, en adelante, la Iglesia
reemplazará a estos judíos que rechazan al “justo”. A la mujer, que ya ha
cumplido su misión, no volvemos a encontrarla en el Evangelio.
Imagen tomada de https://mariannhill.es/2019/03/07/historia-de-un-sueno-claudia-procula-esposa-de-pilato/
Todo listo para comenzar
“un solo hombre” | Adán | Cristo |
Acción de ese hombre | Pecado | delito | desobediencia | Gracia | obediencia |
Efectos sobre “todos” | Muerte | condenación | pecadores | Justificación | justos |
- Tentación de seguir otros dioses (Ex 23,32-33; 32,1-6 [becerro de oro]; cf. Dt 6,13; 10,20)
A metros de la justicia. Metros no recorridos.
A
mediados de 1976 desapareció una conocida. Con una amiga en común – todavía no
sabíamos la “dinámica” de las desapariciones y pensamos que a lo mejor sería
liberada pronto – fuimos a la escuela donde daba catequesis diciendo que ella
había debido viajar urgente al Paraguay por cuestiones familiares, y la reemplazaríamos
como suplentes. Fue solo unas semanas, hasta que las monjas se dieron cuenta
que “en algo andaría” y eligieron otra catequista.
En
esas semanas de clases nos enteramos del “accidente” de Enrique Angelelli, y
ambos, mi amiga y yo, sostuvimos en clase sin duda ninguna: “¡lo mataron!” No éramos
peritos forenses, no consultamos expediente ninguno, no teníamos pruebas ni
nada por el estilo, y tampoco nos movía conspiranoia alguna. Era simplemente “saber”,
“ver”, “entender”, “comprender” … Así son, así actúan. Así habían chupado a
nuestra amiga, que mucho tiempo después fue blanqueada como PEN, por lo que se
salvó. Todos los medios y sus lectores decían que Angelelli había sufrido un “accidente”,
nosotros sosteníamos “crimen”.
Pocos
en los ambientes eclesiales decían “asesinato”, y eran mal mirados, si hasta
Primatesta le dijo a don Jaime De Nevares “usted dice asesinato, con lo que nos
está acusando de cómplices” [cito de memoria; el texto en La Verdad los hará
libres]. Fue famosa la foto de cuatro obispos con ornamentos rojos (= martirio)
celebrando a Angelelli: Jaime De Nevares, Miguel Esteban Hesayne, Jorge Novak y
Marcelo Mendiharat (obispo de Salto, Uruguay en el exilio en Argentina); foto
que se encontraba en el comedor del seminario de Quilmes, a la que bromeando
los seminaristas llamaban “Los Chalchaleros”.
Claro
que todo esto vino acompañado por el invierno eclesial que en Argentina “pegó
fuerte”. Los obispos, incluso mucho tiempo después de terminada la dictadura
cívico-militar con bendición eclesiástica repetían “accidente” (si hasta algún
obispo sostenía que eso ¡lo confirmó el FBI!); “todos sabíamos que Angelelli
manejaba mal”, dijo más de un purpurado. Pero hubo algunas disidencias más, y
el poder judicial, que en algunas ocasiones demuestra ser “justicia”, que dijo “homicidio
esperado por la víctima” y hasta algún nuevo obispo que se decidió a investigar
más, y el apoyo del papa Francisco terminaron no solamente reconociendo el martirio
sino, además, celebrando su beatificación. Claro que esto no significa que estos
beatos sean “santos de la devoción” episcopal. Ciertamente que no. Es que
reconocerlos como mártires y beatos significa escuchar, significa que Dios algo
está diciendo, significa que hay otra Iglesia, otro camino. Incómodo camino.
Molesta Iglesia. Entonces, ¡volvamos al silencio!
Algunos seguimos diciendo crimen, asesinato, martirio… otros dirán “mi amado predecesor” o cosas por el estilo. Y se sacan una foto con Victoria Villarruel, defensora tenaz de la Dictadura cívico militar con bendición eclesiástica, a metros de la tumba de Angelelli.
Foto tomada de https://www.facebook.com/diocesisquilmes/photos/a-mons-angelelli-no-sólo-le-quitaron-la-vida-sino-que-le-robaron-la-muerte-afirm/1029551500468486/
Comentario al Evangelio del 1er domingo de Cuaresma A
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Eduardo
El
“satán” de Job
Para evitar malos entendidos,
lo primero que es importante señalar es que, cuando en el libro de Job se habla
de “satán” no tenemos que pensar en “el diablo”, “Satanás” o imágenes
semejantes.
En segundo lugar, es
importante tener en cuenta que el libro de Job no es una “historia” de cosas
ocurridas, sino una obra literaria (puede imaginarse como una obra de teatro) que
pretende transmitir algo. En ella, se presentan diversos personajes, y “satán”
es uno de estos.
Aclarado esto, notemos que el
libro de Job es bastante extenso, tiene 42 capítulos y “satán” solamente se
encuentra en el capítulo 1 y la primera parte del capítulo 2. El término es
hebreo y significa “adversario”, son los que acusan, en ocasiones falsamente
(ver 2 Samuel 19,23, “adversario”, o Salmo 109,29, “los que me acusan”; en
ambos casos, en hebreo, se usa el término “satán”). Ahora bien, el libro de Job
presenta una primera parte narrativa, donde se narran escenas, para después, a
partir del capítulo 3 entrar en un largo esquema poético de diálogo de Job con
sus amigos para, finalmente, dar entrada a Dios, siempre en el poema. La narración nos
ubicará en una situación que llevará a Job a la casi desesperación y el
posterior debate poético. Pero por alguna razón Job se encuentra en tal situación, y
“satán” es parte fundamental de ello. Veamos.
En los capítulos 1 y 2 nos
encontramos a Dios con su corte. Dios está muy conforme con la religiosidad de
Job que, en el relato, se nos presenta claramente (1,1-5); pero, como “fiscal”
de la corte, “satán” acusa: esa religiosidad no es desinteresada: Job lo es –
dice el acusador – porque Dios lo colmó de bienes. Y, entonces, encontramos una
especie de “apuesta” entre Dios y el fiscal sobre si la religiosidad de Job es
o no interesada. La clave, entonces, radica en poder constatar esto: si Job perdiera
todo, ataca el fiscal - satán (y era “el más grande de todos los hijos de Oriente”, v.3) seguramente no
sería religioso (capítulo 1). Entonces, Dios autoriza al fiscal a quitarle
todos los bienes a Job, y, a pesar de eso, “Job no pecó ni maldijo a Dios”
(1,22). Nuevamente Dios está muy conforme con la religiosidad de Job, y,
nuevamente, el fiscal / satán le afirma a Dios que esta tiene como fundamento
tener una vida sana, y, nuevamente, Dios autoriza a satán a provocar en Job una
horrible enfermedad (capítulo 2). Insistimos en que se trata de una obra literaria, porque, caso contrario, sería algo muy extraño.
Todo esto, la pérdida de sus bienes, y la pérdida de su salud motiva – como dijimos – el largo debate de Job con los amigos. Pero, detengámonos en satán. Como corresponde a un fiscal en un tribunal, debe acusar a fin de que quede manifiesta la culpabilidad o la inocencia de una persona. En este caso, mientras Dios se manifiesta conforme por la religiosidad de Job, el acusador pone en duda que esta sea gratuita y desinteresada. Si no hubiera motivos (riquezas o salud, en este caso) se vería patentemente si lo es o no. Obviamente el resto del libro se dedicará a mostrar que sí lo es, y eso se manifiesta ya desde el comienzo; pero no es de balde “exorcizar” a este satán.
Como es evidente, el término “satanás” remite al diablo, es decir,
al “jefe de los ejércitos adversarios de Dios”, se trata de una figura espiritual,
evidentemente, y, por cierto, totalmente negativa. El satán del libro de Job,
en cambio, desempeña el mismo papel que un fiscal en una corte. Papel que no es
agradable, por cierto, para los acusados o sospechados, pero no debemos
transformarlo necesariamente en alguien “malo”. Es evidente, eso sí, que la actitud de este “satán”, esta cualidad de “adversario”, con el tiempo (es
decir, más adelante en el tiempo, después del libro de Job) se empezó a ver
cada vez más de un modo negativo, hasta que llegará a ser, nada menos, que el
nombre que se da al diablo, pero esto ocurre ya en ambientes griegos (por
ejemplo, Eclesiástico 21,27 y es frecuente en el Nuevo Testamento). En esta
misma corriente, el libro del Apocalipsis, que suele dar importancia al
conflicto entre Dios y las fuerzas espirituales adversarias, de las que el
Imperio romano es su instrumento, afirma que
«Ahora ya ha llegado la
salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo,
porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba
día y noche delante de nuestro Dios» (12:10).
Como se ve, más adelante, el “acusador” no es ya – como
en Job – un férreo acusador de la corte, sino que es claramente un “adversario”
de Dios, uno que pretende hacer perder a las hermanas y hermanos, uno del que,
unos renglones más arriba, se había dicho, nada menos que
«…fue arrojado el gran Dragón, la
Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero;
fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él» (12:9).
Como podemos ver, un “sencillo” fiscal de la corte, de un
relato “religioso”, con el paso del tiempo se transformó en un personaje
detestable del que celebramos que haya sido “arrojado” a la tierra donde ya no
tiene fuerza porque ha llegado el reinado de nuestro Dios. El de Job, en
cambio, seguiría en la corte celestial cumpliendo una tarea.
Imagen tomada de https://www.facebook.com/photo.php?fbid=404587109718075&id=160293180814137&set=a.394376250739161