Demonios y exorcismos
martes, 27 de octubre de 2026
La hoguera de la estupidez
La hoguera de la estupidez
Eduardo de la Serna
La historia de la humanidad está,
lamentable y dolorosamente, plena de crueldades. Y no está de más que, con
sensatez, podamos entender acabadamente qué tanta distorsión de humanidad las
provoca, como cuánto de sadismo engendra en los espectadores que aplauden
enfervorizados los circos o las cruces romanas, y sus lamentables sucedáneos.
Es interesante que el mismo evangelio de san Lucas cuenta, que ante la cruz de
Jesús y los que estaban con él, muchos fueron “a ver el espectáculo” (Lc 23,48) y Pablo mismo
destaca que los apóstoles “estamos como condenados a muerte” y, acota, “como
espectáculo” (1 Cor 4,9). Siglos después, cuando en los circos hubo cristianos
condenados a muerte por fieras, gladiadores u otras torturas, incluso cristianos
iban a verlo como entretenimiento, motivando que algunos escritores los
criticaran por ello (Tertuliano o Agustín, por ejemplo).
A modo de espectáculo, entonces,
tal como nos tiene nauseabundamente habituados, el presidente brindó su show
ante la fundación Faro (presidida por el pseudo intelectual Agustín Laje que
nos “enseña” que la batalla cultural es contra la “perversión” del feminismo,
pero que no está mal la violencia [sic]), y allí, entre aplausos y silencios, criticando
e insultando a personas que trabajan en el periodismo, acotó que se los debe “quemar
en la hoguera”.
La historia de la humanidad tiene
demasiada muerte en sus espaldas provocadas por hogueras. El fuego purifica, parece…
Y los “herejes” lo han aprendido “en carne propia”. La Inquisición (o las
Inquisiciones, para ser más precisos) ha sido experta en fuegos, y cuando no se
trataba de personas, se quemaban sus obras: la quema de libros aparece como una
buena simetría… así quemó el rollo del profeta Jeremías el rey Yoyaquim (Jer 36,27-29),
quemaron rollos de la Torá los griegos de Antíoco IV (1 Mac 1,56), la
inquisición quemó los libros que consideraba heréticos (muchos de los cuales,
después, inspiraron a generaciones), los nazis quemaron libros, la dictadura cívico-militar
con bendición eclesiástica en Argentina, también. ¡Maravillosa metáfora la del
presidente… y maravillosos aplausos de los mediocres asistentes! Incitación a
la violencia y al crimen lo llaman. Pero ya sabemos que de eso no solemos aprender…
incentivaron el odio a Cristina y, por tanto, intentaron matarla y el poder
judicial (que no es “la Justicia”) sigue dando la razón tanto al Martín Fierro
como a monseñor Romero: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo
explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande, pues la rompe el
bicho grande y sólo enrieda a los chicos”, decía el primero; la justicia es “como
la serpiente que solo muerde a los que están descalzos”, repetía el segundo… Lamentablemente,
en nuestra experiencia no parece sensato esperar que nadie actúe con justicia y
sancione estos delitos… No solamente no aprendemos sino que no debería extrañar
que mañana aparezca un Sabag Montiel que agreda – o peor – a alguien del periodismo
(o de otros oficios molestos al presidente) y nadie se haga cargo del delito.
Y ante la multitud de incinerados
(y sin olvidar ni menoscabar a ninguno) no puedo menos que recordar a dos
mujeres que dejaron huella: Margarita Porette y Juana de Arco. La sana
doctrina, encabezada por la Facultad de Teología de Paris (la Sorbona) decidió
solemnemente que ni una ni la otra (1310 la primera, 1431 la segunda) debían
dejar huella, por escribir (por osar escribir) la primera, por “meterse en
política” la segunda; es que ambas cosas son “propias” de varones. Las
beguinas, como Margarita no aceptaban que las mujeres deben estar sometidas,
sea a un marido o a una congregación donde tiene una regla… Juana, joven,
laica, analfabeta, pobre, no puede pretender – y, para más escándalo, ¡vestida
de varón!, con lo cual evidentemente viola la “ley natural” – conducir un ejército
y ser decisiva en una guerra (de “Cien años”) … La “pérfida Albión”, la que “se
jactaba de su honor y de su ley” no podía aceptar que Francia no le perteneciera
(y la Facultad de Teología bendecía semejante sumisión) … Definitivamente,
ambas debían ser quemadas. Las beguinas desaparecidas, la política sometida…
Papas, reyes, teólogos tenían la última palabra: ¡el fuego! La acusación no requería demasiado esfuerzo mental: ¡brujas! Claro que – pasado el
tiempo; más rápido en el caso de Juana, más lento en el caso de Margarita – no se
pudo apagar la brasa humeante de la que ya hablaba Isaías (42,3) y Mateo 12,20 aplica
a Jesús.
Hoy, tanto Margarita como Juana
(y cientos más, por cierto, mujeres y varones) dejan una huella. Ambas sabían de
batallas culturales, ambas fueron derrotadas y el ambiente y la sociedad purificados,
pero ambas enseñaron y siguen enseñando que el fuego no tiene la última
palabra. El fuego puede quemar libros y personas, pero el humo, las cenizas, dejan
signos que otros, ¡muchos otros!, pueden reconocer.
Si bien es cierto que en la
antigüedad los faros iluminaban con fuego a los navegantes para alertarlos de
los peligros… hoy encontramos en muchas víctimas de hogueras verdaderos faros,
verdaderos caminos, verdaderas huellas que valen la pena transitar… Y otros “Faros”,
otros dirigentes que dirigen a los dirigidos a los acantilados para estrellarse
contra las rocas, sin demasiado esfuerzo mental, mientras los sádicos aplauden y los mediocres festejan. Y lo
hacen en nombre de la libertad (libertad de estrellarse o de incinerarse).
Imagen tomada de https://www.elnortedecastilla.es/20130817/local/valladolid/medina-revive-hogueras-inquisicion-201308170124.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F
Comentario a las lecturas de Todos los Santos
Jesús invita a sus amigos a participar de su vida
Resumen: en una visión y su dialogo explicativo el vidente observa una multitud incalculable que son los amigos de Dios, los que se han mantenido fieles en medio de las dificultades y gozarán de la vida resucitada.
El libro del Apocalipsis no es con frecuencia tenido en cuenta en la liturgia a pesar que tener un marco litúrgico el libro para mostrar la unión entre cielo y tierra. Los frecuentes himnos y cantos son buen ejemplo de ello. Sin duda la referencia a los “elegidos”, los “siervos de nuestro Dios”, los “sellados” y la “muchedumbre inmensa” son la razón de su incorporación en la liturgia del día. Veamos:
Pero a los que la recibieron (a la Palabra), a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos (tékna) de Dios (Jn 1:12).
El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias… Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva el corazón de ustedes, los que buscan a Dios! Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. (Sal 69:31-34).
Busquen al Señor, los humildes (anû, pobres) que cumplen sus mandatos: busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así encontrarán un refugio el día de la ira del Señor. (2:3)
“Bendito sea el Dios de Israel… Él ha llamado… ha reunido… A rodillas que tiemblan da fuerza para estar en pie. Y ciñe los riñones de los lomos quebrados. En los pobres de espíritu [anû rûah]… al corazón duro. Por los perfectos del camino serán destruidas las naciones impías” (Regla de la guerra, 1QM 14,7).
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos (Is 61:1-2).
Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. (Sal 37:7-9).
lunes, 26 de octubre de 2026
Comentario al Evangelio de la fiesta de todos los Santos y Santas
Comentario al Evangelio de la fiesta de todos los Santos y Santas
o también en
Eduardo
viernes, 23 de octubre de 2026
Una reflexión partiendo de “Venite ad me” (22 de octubre 2026)
Una reflexión partiendo de “Venite ad me” (22 de octubre 2026)
Eduardo de la Serna
El Dicasterio para la Doctrina de
la Fe (antes “Congregación”, antes “Sagrada Congregación”, antes “Santo Oficio”
y antes “Santa Inquisición”) acaba de publicar un documento: “Venite ad me”
(Vengan a mí), presentado como “Consideraciones” y no una “Nota doctrinal (#8).
No es demasiado largo, y antes de destacar una reflexión que me suscitó, quiero
señalar algunas cosas.
“Vengan a mí”
La traducción española (no me he
detenido en otras, solo la comparé con la italiana suponiendo que es la
original) parece hecha “a las apuradas” o con traducción automática sin
revisar. Hay “palabras pegadas”, y – por ejemplo – los numerales 25 y 35 empiezan
de modo abrupto (no así en el italiano); en #56 donde el italiano dice “Vengono
qui alla mente” la traducción dice “Me vienen…” (sic; obviamente no hay un
sujeto expreso que aluda al “me”).
Es llamativa una cierta “ruptura”
con la Evangelii Nuntiandi: mientras en esta queda claro desde el principio
la centralidad del Reino de Dios (#8) en el anuncio evangelizador, aquí el término
sólo se encuentra una vez y al hablar de las parábolas de Jesús; si en E.N.
el primer paso de la evangelización es el testimonio (#6), aquí es lo “tercero”
(#95). Ciertamente puede ser diferente a aquella, o pensarse que “hoy” es
conveniente o razonable otro criterio, pero – al menos, creo – podrían señalarse
las razones de las diferencias, y – personalmente – sigo creyendo que aquello
es preferible.
Por momentos parece “sobrevolar”
una cierta obsecuencia al papa Francisco: se destaca la importancia que él dio a
la preparación de la homilía (#114) pero no se destaca que, antes que él, lo
mismo hizo el papa Benito XVI (Verbum Domini 59). Y dice que Francisco
fue el que señaló que no estamos ante una época de cambios sino ante un cambio
de época (#43) pero ya el mismo papa dijo en 2013 al episcopado brasileño que
esa idea surgió en Aparecida (D.A. 44). Y, si no recuerdo mal, quien lo dijo en
aquella asamblea fue el obispo colombiano Luis Castro.
Hay otros aspectos llamativos que
solo señalo: habla de "en estos grupos bíblicos" (#88) pero nunca
habló previamente de tales grupos. Menciona los valores "helenístico-semíticos,
en los que se formuló originalmente el texto bíblico" (#104) sin que sea
evidente cuáles serían los valores "helenísticos" en el texto bíblico
(los semíticos son evidente, por cierto). En #32 hace una defensa del bautismo
de los niños, debate habitual en ciertos países del Norte, pero innecesario en
otros, como en América Latina, por cierto. Hay algunas palabras técnicas en latín
sin traducción, lo que no favorece la lectura de “no iniciados” (cf. #138). En
#144 dice que “María llevó a Jesús a Isabel”, lo que resulta por lo menos
extraño o confuso. Y no parece feliz la construcción del # 118:
(o)tro
ejemplo lo constituye el impulso hacia una reforma católica de gran alcance,
suscitado por la profunda ruptura eclesial introducida por la Reforma
protestante, en la que destacaron figuras como santa Teresa de Ávila y san
Ignacio de Loyola. Esta renovación coincidió con la expansión misionera de la
Iglesia hacia tierras recién descubiertas y abiertas al anuncio del Evangelio,
lo que contribuyó a darle un nuevo impulso,
No feliz tanto en lo referente a
la Reforma como el planteo del supuesto “descubrimiento”.
Finalmente, pareciera que el
#116, con su referencia a la importancia de las mujeres en la Iglesia, la pastoral
y “ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la
comunidad” no toma partido y queda “en el aire” a la espera que “Roma hable”
…
Un elemento importante es la insistencia en el kerygma, pero… lo presenta como los fundamentos de la fe (#4), el patrimonio de la fe cristiana (#138), el primer anuncio (#75), y señala que hay características diferentes según el lugar (#83). Pero lo presenta como algo que se debe anunciar. Sin embargo, kerygma viene del verbo kêrussô que significa “anunciar”. No es sensato que se diga “anunciar el anuncio”. ¿De qué anuncio se trata específicamente? El anuncio de Jesús es la llegada inminente del Reino de Dios, por ejemplo.
En el capítulo final se presentan
una serie de “testimonios” que pretenden “ejemplificar” lo presentado en el
texto. En lo personal debo confesar que los testimonios no solo “no me movieron
ni un pelo” sino que algunos hasta pueden ser “negativos” si se “escarba” un
poco (algo diré más adelante)… Lo que sí, y lamentablemente esperado e
imaginado, no llama la atención que no haya ninguna referencia ni a testimonios
ni a aportes desde Argentina. Conociendo al episcopado, no esperaba que aporten…
De hecho, en todo el documento, la única referencia argentina es la mención
(que no se entiende demasiado “a qué viene”, salvo que sea porque “Tucho”
Fernández es argentino) a “mama Antula” (#143).
Una reflexión
teológica
Lo primero que me surge a modo de
pregunta es si se espera o no que el Papa sea teólogo...
De hecho, mirando los últimos papas,
hemos de decir que “teólogo” (realmente “teólogo”) solo Ratzinger lo ha sido.
Pio XII y Juan XXIII obtuvieron un doctorado en el Instituto San Apolinar –
luego Lateranense (donde también lo obtuvo el conocido cardenal Ottaviani);
Juan Pablo I y Juan Pablo II no “descollaron” en el ambiente teológico (sus
tesis doctorales sobre Rosmini y Juan de la Cruz sólo trascendieron a partir de
su pontificado). Quizás en la misma línea sugerida por el cardenal Samoré para
la elección de los obispos, tanto Pio XII, como Pablo VI y León XIV tenían su
doctorado en derecho canónico. Y Francisco no tenía doctorado alguno. Y vuelvo
a la pregunta, ¿se espera que el papa sea teólogo? En lo personal creo que el único
papa realmente teólogo, Benito XVI, fue un “papa fallido”, lo que me invita a
pensar que ser teólogo no es una conditio sine qua non para que lo sea.
Precisamente, para eso existe –
en la curia vaticana – el Dicasterio para la Doctrina de la Fe… Claro que…
El eminente teólogo moralista
alemán Bernhard Häring (perito en el Concilio Vaticano II, uno de los artífices
de la Gaudium et Spes, ¡nada menos!) fue convocado más de una vez a “someterse”
al tribunal de la Santa Inquisición, aunque entonces se la llamara “Sagrada
Congregación” … Así lo narran:
En una carta de fecha 5 de febrero de 1976,
enviada al prefecto del ex Santo Oficio, el cardenal Franjo Seper, en la que el
teólogo responde minuciosamente a todas las acusaciones de herejía en el campo
de la moral, que según ellos estaba difundiendo en libros y conferencias a
través del mundo, concluye: "Eminencia, ahí van mis respuestas. Espero
que sean claras. Y espero que usted pueda comprender también mis sentimientos.
Durante la II Guerra Mundial tuve que comparecer cuatro veces ante un tribunal
militar. Dos de ellas era cuestión de vida o muerte. Pero en aquel momento me
sentía honrado, porque la acusación procedía de los enemigos de Dios. Y,
además, las acusaciones eran exactas, porque yo nunca me sometí a aquel
régimen. Pero ahora, de forma tremendamente humillante, me veo acusado por la
Congregación para la Doctrina de la Fe. Las acusaciones son falsas y, por si
fuera poco, provienen de un órgano de gobierno de la Iglesia, a la que he
servido toda mi vida con todas mis energías y honradez, y espero poder seguir
haciéndolo en el futuro, mientras me quede vida". Y añade una frase
heladora: "Pero, sin embargo, aunque mi fe sigue sin vacilar,
preferiría encontrarme otra vez ante un tribunal de Hitler". (Juan
Arias, El País 16 abril 1989 “Prefiero los tribunales de Hitler”)
No hace falta mencionar la enorme cantidad de teólogos que fueron
censurados, interrogados, ¡y maltratados!, especialmente en tiempos de “san”
Juan Pablo II, particularmente por uno de sus brazos derechos, Joseph
Ratzinger.
Sin duda hay que destacar el
cambio abrupto en ese sentido provocado por Francisco, y también el cambio que
significó para el pensamiento teológico la actitud del Dicasterio de la
Doctrina de la Fe, aunque, lamentablemente, y la experiencia y la historia
invitan a ser cautos, nada impide que en tiempos futuros “todo vuelva al a
normalidad”. De hecho, no llama la atención que haya grupos tradicionalistas
(esos que pretenden erigirse como la verdadera y única iglesia; esos que proliferaron
durante los pontificados de Juan Pablo II y Benito XVI, hemos de reconocerlo) y
reclaman “más doctrina” (lo que no es la Venite ad me, ¡afirman!). “Doctrina”
se remonta etimológicamente a “doctor”; el tema está en de qué “doctorado”
hablamos... pero sobre esto volveremos.
El problema radica cuando (por
poseer una paupérrima teología) los obispos (papa incluido) se creen poseedores
del Espíritu Santo y, por lo tanto, no necesitan ni recurren a ayuda externa.
Ya lo señalaba el nuncio Pio Laghi al evaluar su paso por la Argentina refiriéndose
a los obispos argentinos:
“[…] un
defecto que se nota en las reuniones de la asamblea general y en el trabajo de
las comisiones en general es que no se hace recurso de forma sistemática a la
colaboración y asistencia de «peritos». Los obispos parecen celosos de sus
competencias; algunas veces se pierden en largas discusiones sobre argumentos
de menor relevancia y no encuentran luego el tiempo para examinar «collegialiter»
los problemas de fondo” (Informe de Nuncio Apostólico Pío Laghi al
Secretario de Estado, Agostino Casaroli, Buenos Aires, 2 de enero de 1981,
Prot. 4/81, «Relación final sobre la actividad de la Nunciatura Apostólica»).
Ciertamente, los obispos no
tuvieron más remedio que recurrir a peritos cuando fue el escándalo de la Biblia
Latinoamericana (fogoneado desde la revista Gente por “Chiche” Gelblum, como se
sabe; y que tanto dolor y persecución provocó), pero, aunque estos [y la comisión
fue presidida por Miguel Barriola, ¡nada menos!] dijeron que en la traducción
no había objeciones, no faltaron aquellos que, de todos modos, la prohibieron
en sus diócesis y alguno hasta propuso que los que la tuvieran la destruyeran…
Pero no parece que nada haya
cambiado; la Curia Romana tiene Dicasterios, pero no así la Conferencia
Episcopal Argentina – si tiene grupos de consulta, diálogo, debate y reflexión,
pues ¡no trascienden!, – y, ¡por supuesto!, mucho menos lo tiene cada obispo particular
en su diócesis. Los obispos “parecen celosos de sus competencias” …
Esto recuerda fácilmente la
actitud ante la traducción “definitiva” de la Vulgata luego del Concilio de
Trento en la que el Papa Sixto V se adjudicó conocimientos “guiado por el
Espíritu Santo” provocando cambios y falsificaciones “según su criterio” del texto
bíblico en pleno conflicto de la Reforma. Esto provoca el consejo de Roberto Bellarmino
a su sucesor Gregorio XIV de que la única solución era mentir diciendo que
Sixto V (que murió súbitamente) quiso enmendar el error cuando lo descubrió y
no llegó a hacerlo (Sixto había amenazado con la Inquisición a quien discutiera
su traducción a la que consideraba “definitiva” e “inmodificable”).
¡Doctores eran los de antes! (aunque
no hay que olvidar que Bellarmino [1542 - 1621], santo y doctor de la Iglesia, en
sus Controversias, defiende la necesidad de matar herejes y la
obligación del Estado de quemar sus libros y quitar la libertad de creer) …
Espiritualidad
En lo personal – y con los límites
del caso – creo que más que cuestión de “teología” (y doctorado) es cuestión de
“espiritualidad” (evitando toda recaída – tan habitual en nuestros días – en el
neo-platonismo, por cierto). Entiendo lo indispensable de una “mística de ojos
abiertos”, atenta, también, a otras místicas no necesariamente “de casa” (¿se pueden
ignorar, y solo a modo de ejemplo, a Etty Hillesum y Simone Weil, en nuestros
días, aunque no confiesen explícitamente la “fe católica”?). Ciertamente es
imprescindible un buen discernimiento. En tiempos de individualismo y “sentimentalismo”
(o, peor / mejor, desbordes afectivos) se debe evitar la “recepción” de algo “porque
me gusta”. Y ese es mi alerta con los testimonios finales de las Consideraciones
de Venite ad me… Lamentablemente tenemos mucha experiencia de mucha
movilización y proliferación de grupos espiritualistas, intimistas,
individualistas y nada encarnados, nada comprometidos en la transformación de
la realidad de la que se “evaden” eucarísticamente, o en el “Santo Rosario” … Parece
sensato reconocer la enorme capacidad de movilización que tienen muchos de
estos grupos que llenan plazas, estadios, o Jornadas Mundiales de la Juventud…
No está de más preguntarnos, ante
estas “espiritualidades” (con tufillo neo-platónico, insisto) si no hay una
búsqueda de seguridades, algo habitual en los ambientes tradicionalistas que
dan la firme garantía de la inmutabilidad porque “siempre se hizo así”; y
cuando hablo de “búsqueda de seguridades” me parece que entramos en el terreno
de la idolatría, ¡sencillamente! Cuando hablo de la urgencia de “espiritualidad”
en pastores (curas, obispos, papas…) me refiero a la ya obvia urgencia de tener
un oído en el pueblo y el otro oído en el Evangelio. Biblia y realidad –
realidad y Biblia.
Un ejemplo
Es evidente que los modos de
celebrar la liturgia hoy no son los mismos que en el pre-Concilio. La
solemnidad, el fasto, la distancia de ayer ha dado lugar a otra cercanía,
sencillez… Y no se puede ignorar que hay quienes añoran aquellos “bellos”
tiempos. Solemnes.
En la Venite ad me se recuerda
un interesante testimonio de Romano Guardini (#93). Ciertamente, si Guardini
hubiera participado de una celebración de la Semana Santa en nuestros barrios
del Conurbano bonaerense no habría tenido la misma sensación. Me recuerda –
también – el maravilloso testimonio de Simone Weil:
Cuando leo
el catecismo del concilio de Trento, me da la impresión de que no tengo nada en
común con la religión que en él se expone. Cuando leo el Nuevo Testamento, los
místicos, la liturgia, cuando veo celebrar la misa, siento con alguna forma de
certeza que esa fe es la mía o, más exactamente, que sería la mía sin la
distancia que entre ella y yo pone mi imperfección. (Simone Weil, Carta a
un religioso, 1942).
Y, partiendo de esto quiero
finalizar con una referencia bíblica:
Todo judío del siglo I recordaba,
celebraba, añoraba las celebraciones en el Templo de Jerusalén (destruido por
los romanos en el año 70). Incienso, vestiduras fastuosas, rituales
interminables, más incienso, sacrificios y sangre, más fasto, ritmos y cantos,
fuego, más incienso, multitudes de sacerdotes y – especialmente en el
día-de-todos-los-días, ¡el Sumo Sacerdote!, y su entrada más que solemne en el Sancta
Sanctorum… Es de imaginar que los
cristianos que provinieran del ambiente judío vieran de un modo muy
contrastante ambas celebraciones: el Yom Kippur por un lado, y la mesa
sencilla de pan y vino compartidos por el otro; las procesiones, el templo y
las postraciones por un lado, y recostados a la mesa común por el otro; las
jerarquías (¡y el género!) bien señaladas, celebradas y canonizadas por un
lado, y el discipulado de iguales por el otro… Y no es de extrañar que muchos
añoraran las solemnidades, el “antes era mejor”, lo solemne es más “religioso”,
aquello es “como Dios quiere” … y en ese contexto, un autor escribe (o, más
bien, predica, y luego se trascribe) la carta a los Hebreos. El autor “espiritualiza”
(algo que debe entenderse claramente, para no hacerle decir a Hebreos lo que no
dice) y presenta un nuevo Templo, un nuevo Sacerdocio, un nuevo Sacrificio, un
nuevo culto… Nuevo y de una vez para siempre… Ciertamente, es posible que no
haya conformado a muchos. ¡Nostálgicos siempre hay! Pero buscó dar una
respuesta a una nueva propuesta, el cristianismo, en la que no había nada de todo
eso. No está de más, en nuestro tiempo, siempre recordando que se trata de una
lectura espiritual, alegórica, releer Hebreos para que el “Vengan a mi” no
signifique una “vuelta atrás” (nada de esto se puede concluir de las Consideraciones,
por cierto, pero “nunca falta alguien que sobra”, al decir de Miguelito, el
amigo de Mafalda).
Finalmente, creo que se trata de
profundizar, pensar, debatir, investigar, leer, estudiar… y, además, empezando
por la Biblia, es decir, ¡nada de lo que tantos están habituados a hacer en
este “cambio de época”.
jueves, 22 de octubre de 2026
Un problema con ángeles y demonios
Un problema con ángeles y demonios
Eduardo de la Serna
Para ser precisos, ciertamente una
cuestión es lo que la Biblia, por ejemplo, afirma sobre un tema cualquiera, y
otro muy diferente, en ocasiones, es lo que nosotros entendemos, pensamos e
imaginamos sobre ese tema. Y el problema radica cuando “proyectamos” nuestra
imaginación “hacia atrás”; es decir, entendemos que la Biblia dice lo que
previamente nosotros hemos imaginado. Se trataría de un “anacronismo” (ana,
en griego es “por encima”, cronos es tiempo; algo que está por encima
del tiempo).
Con frecuencia, por ejemplo,
atribuimos lo bueno o malo que ocurre a nuestro alrededor a demonios o ángeles
(obviamente, responsabilizando a los primeros de lo malo y a los segundos de lo
bueno que nos ocurre).
Pero empecemos por la Biblia. De ciertas
figuras espirituales que nos rodean y de alguna manera afectan nuestro entorno,
empieza a hablarse muy tardíamente en el Antiguo Testamento. Evidentemente lo
bueno y lo malo eran experimentados desde siempre, pero, por ejemplo, en
ocasiones eso era atribuido a otras divinidades a las que se consideraba
existentes. Entonces, por ejemplo, yo podía hacer una ofrenda a la divinidad “X”
y eso podía provocar los celos de la divinidad “Z” que, entonces, celosa, me
perjudicaba por no haberla beneficiado a ella… Entre el mundo celestial y el
mundo humano había una comunicación cotidiana, y lo que ocurría en uno de ellos
era, inmediatamente, replicado en la otra. Así, por ejemplo, si el ejército de
la nación “Tal” era derrotado por la nación “Cual”, eso era indicio de que, en “los
cielos”, los dioses de estos habían vencido a los dioses de aquellos. Todo era
fácilmente explicable y comprensible en el lenguaje de los mitos.
Pero, especialmente a partir del
contacto con los persas, en Israel las cosas empezaron a cambiar. Estos tenían
una religión “dualista”, gestada a partir de Zoroastro (Zaratustra) en la que
el mundo se concibe como la eterna lucha entre el bien y el mal, la vida y la
muerte, la luz y las tinieblas. Esto fue, paulatinamente recibido en Israel
después de haber sido 200 años vasallos de los persas (537 – 332 a.C.). Así
empezaron a hablar de “seres espirituales” benéficos o maléficos que eran “mensajeros”
de Dios. Así los seres humanos eran incitados por estos a obrar lo bueno o a lo malo…
En su origen, la palabra griega “ángel” significa, en griego, “mensajero” y, por supuesto
los hay de los más diversos. Jacob manda “mensajeros” preparando el encuentro
con Esaú, hay mensajeros de los filisteos, etc. En todos estos casos,
evidentemente, la Biblia griega dice “ángeles” pero se trata sencillamente de personas. La palabra griega “daimon”, en
cambio, es más ambigua, e incluso en ocasiones puede referir a la iniciativa divina,
pero, en general, se refiere a cosas negativas como pueden ser fieras, chivos o
hasta los dioses extranjeros…
Entrando en el Nuevo Testamento la
cosa es más evidente y se asemeja más a lo que nosotros conocemos: ambos son seres
espirituales y, obviamente, los ángeles son benéficos y los demonios maléficos
para la persona humana. Eso no impide que todavía haya elementos propios de los
mitos o propios de los géneros literarios más dualistas que establecen una
relación muy estrecha entre lo espiritual y lo corporal (aunque ahora, además, también
influido por el dualismo griego, ya no solamente el persa). Eso no impide que
existan todavía lenguajes que podrían confundirnos. Por ejemplo, de Juan el
Bautista se dice que es el “mensajero” que viene antes que Jesús y, por
supuesto, el griego dice “ángel” (Mt 11,10) y nadie pensaría que se trata de un
ser espiritual; y cuando critican a Pablo lo acusan de ser “propagandista de
divinidades extranjeras” y en griego dice “daimoníôn” (Hch 17,18).
Señalemos, entonces, para sintetizar, que ambos seres espirituales invitan, “provocan”, incitan al bien o al mal según el sujeto, pero no reemplazan nuestra responsabilidad. Evidentemente somos nosotros quienes obramos el bien o el mal, en todo caso, incentivados, alentados por los seres espirituales en cuestión. En ocasiones, hablar de estos seres espirituales (especialmente en el caso de los demonios), suele ser una excusa para aliviar nuestra “culpa” o nuestra responsabilidad al obrar de un modo negativo. Ángeles o demonios podrán tentar, invitar, pero jamás reemplazan nuestro obrar; pueden invitarnos a la realización de obras buenas o malas, pero jamás reemplazar o violar nuestra responsabilidad en la realización u omisión de lo bueno o lo malo.
Vayamos a lo fundamental: ¡Dios!
Dios no puede violar nuestra libertad, nuestra responsabilidad. Dios invita, “sopla”,
seduce, pero somos los seres humanos los que responderemos positivamente a esa
invitación de Dios o no. Y, seamos sensatos, resultaría muy extraño que Dios “no
pueda entrar en nuestra libertad” pero que los demonios sí lo lograran y "saltaran" esa libertad haciéndonos hacer lo que en realidad no queríamos… Esos demonios
más fuertes que Dios no solamente son ajenos a la Biblia, sino que, además, no parecen
demasiado coherentes con lo que Jesús viene a traer, un Evangelio, una Buena
Noticia. Peor noticia que un demonio más fuerte que Dios ¡no se consigue! No es
ese el Dios de Jesús, ¡ciertamente!
(nota: buscando una imagen para ilustrar esta nota ¡es increible la cantidad de imágenes idiotas o perversas que se encuentran!)


