jueves, 26 de febrero de 2026

Jeroboam II, descendiente de Jeroboam

Jeroboam II, descendiente de Jeroboam

 Eduardo de la Serna

 


Hace poco hicimos referencia a un rey de Israel llamado Jeroboam. Señalamos allí que fue como una especie de ejemplo de “mal rey” en todo el reino Norte. “Seguir los caminos” o “hacer como hizo Jeroboam” es sinónimo de decir que fue tan malo como aquel. Unos 150 años después de aquel, hubo un nuevo Jeroboam a quien, por cierto, se lo conoce como Jeroboam II. Así lo dice el texto bíblico:

 

En el año quince de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, en Samaría. Reinó 41 años. Hizo el mal a los ojos de Yavéh y no se apartó de todos los pecados con que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Israel” (2 Re 14:23-24).

 

Ahora bien, si el pecado característico del primero fue haber roto con la familia de David, despreciado el Templo de Jerusalén y alentado el culto a los ídolos, con lo que lo se empieza a fracturar la unidad y perder la tierra, no es eso lo que se afirma del segundo.

De hecho, su gobierno se caracterizó por una cierta prosperidad y un tipo de paz exterior que le permitió cierto progreso económico, aunque discutible. No obstante, el libro de los Reyes es crítico de este rey, pero no puede disimular esto y así lo dice:

Él restableció las fronteras de Israel desde la Entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá, según la palabra que Yahveh, Dios de Israel, había dicho por boca de su siervo, el profeta Jonás, hijo de Amittay, el de Gat de Jéfer, porque Yahveh había visto la miseria, amarga en extremo, de Israel; no había esclavo ni libre, ni quien auxiliara a Israel. No había decidido Yahveh borrar el nombre de Israel de debajo de los cielos y lo salvó por mano de Jeroboam, hijo de Joás. El resto de los hechos de Jeroboam, todo cuanto hizo y la bravura con que guerreó, y cómo devolvió Jamat y Damasco a Judá y a Israel, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?” (14:25-28).

 

Como se ve, por un lado, la mirada es positiva (restableció las fronteras, bravura) pero a su vez negativa (“hizo el mal a los ojos de Yahvé”).

Sin duda, recuperar o ampliar las fronteras es algo posible si no hay grandes enemigos externos como serán más tarde Asiria o Babilonia, sino que se vive en un clima general de armonía. Pero eso no significa “hacer lo que agrada a Dios”, y ese es el punto del “hacer el mal”.

Otros dos grandes profetas hablaron en tiempos de este rey; Oseas y Amós (de los que hemos hablado en otros artículos; ver Oseas 1,1 y Amós 1,1). Oseas se enfrenta a la idolatría vigente, algo que – también cuestiona 1 Reyes (eso se afirma al decir que “no se apartó de los pecados de Jeroboam”) – y una de las cosas que critica muy duramente (y lo señalamos) es la actitud de creer que Dios está conforme con nosotros por el culto que damos y no por vivir coherentemente con su voluntad. Es lo que se llama un “culto vacío”: es decir, dar culto a Dios, pero con una vida vacía de fidelidad. Amós, por su parte, cuestiona al rey por la falta de justicia. También el templo y el culto es criticado (ver Amós 7,9-11) pero en este caso lo que el profeta cuestiona es que, en su gobierno, los ricos son beneficiados mientras que los pobres no son tenidos en cuenta. Nuevamente un “culto vacío”, aunque, en este caso, visto no desde la mirada de Dios, como lo hace Oseas, sino desde la mirada de los pobres. Es frecuente que quien habla desde los ricos o los poderosos no sea crítico del gobierno de un rey que los favorece, y entonces se celebre la paz exterior o el cuidado de las fronteras, pero que esto sea muy diferente si se mira desde el lugar del pobre. Un gobierno donde “los ricos son cada vez más ricos a costa de los pobres cada vez más pobres” sin duda será criticado por un profeta como Amós.

Nos encontramos así con un rey valorado por algunos y criticado por muchos, como suele pasar con tantos gobiernos.

La mirada de los autores bíblicos, que quiere mirar la historia según los pobres sean o no reconocidos y tratados como verdaderos hermanos y hermanas presenta una mirada alternativa. Un profeta como Amós es expulsado de la tierra por decir cosas que molestan al rey mientras es aplaudido por otros como el sacerdote Amasías (Am 7,10). Parece un buen ejemplo para mirar nuestra realidad y nuestro tiempo y decidirnos a ver con los ojos del Dios de Israel y desde el lugar del pobre..


Imagen en homenaje a Jeroboam II tomada de https://es.pinterest.com/pin/244531454757050946/

miércoles, 25 de febrero de 2026

Hace 50 años… La Iglesia, la dictadura…. Y yo

Hace 50 años…

La Iglesia, la dictadura…. Y yo

Eduardo de la Serna



Soy miembro de y estoy en “la Iglesia”. Lo que implica “una institución”, pero también una comunidad, un pueblo. No es fácil hablar, entonces, con terminologías tan polisémicas y ser comprendido. Habitualmente – con contadísimas excepciones (¡muy contadísimas!) – en los Medios de Comunicación cuando se habla de ella no se entiende absolutamente nada (pero ¡nada!) de lo que se habla y se mezcla todo. Entonces, hacer una reflexión de la Iglesia y la dictadura (y yo en medio de ellas) no es fácil, porque lo más probable es que se entienda poco y / o nada. Pero creo que debo intentarlo.

Para empezar, creo que es imprescindible recurrir al texto “casi fundacional” del tema que es el maravilloso libro de Emilio F. Mignone, “Iglesia y dictadura”. Y digo imprescindible, no solamente por lo que allí está sino, además, porque Emilio sabía de qué hablaba al decir “Iglesia”. Luego, algunos pretenderán remitirse a los 3 gruesos volúmenes de “La verdad los hará libres”, texto que la Conferencia Episcopal Argentina encargó a la Facultad de Teología (de hecho, el Papa Francisco habló del texto “de los obispos argentinos”). En lo personal – y he escrito detenidamente sobre eso – diría que es una “obra menor”, con pocos aportes (cosa que, ciertamente, habrá quiénes cuestionen). Después, hay bibliografía abundante sobre temas específicos, sea sobre algunos momentos, algunas personas, algunas situaciones en especial… Ciertamente diré mi opinión (que no tiene por qué ser compartida en todo o en parte por otros u otras).

Entré al seminario en 1974 y venía de grupos en los que la militancia religiosa y la militancia socio-política se tocaban. Y muchísimos amigos y amigas con quienes compartíamos esperanzas y utopías, eclesiales y políticas.

Desde una perspectiva podría dividir mi etapa del colegio secundario en dos momentos, un antes y un después de mi “encuentro con Jesús” (en una especie de “retiro” a mediados de 1970, es decir en 3er año del colegio). A modo simbólico diría que antes no me interesaba nada más que ir al club los fines de semana para ver a V. de la que estaba perdidamente enamorado. Después, en cambio, simplemente diría que me empezó a interesar “la vida”. “Antes” era un pésimo estudiante con pésimas notas (y creo que no era por falta de capacidad, sino de interés), mientras que “después” no tuve ningún problema con las notas aprobando holgadamente todas las materias. Pero, incluso, acompañando mi tiempo escolar con militancia religiosa y social (todavía no política; estábamos en dictadura). Mi amor, ahora era I., pero era “parte de un todo”. Empecé a ir a “la 31” a dar apoyo escolar, e incluso los domingos frecuentemente iba a misa allá (por eso me causa gracia cuando algunos hoy quieren decir “Carlos Mugica ¡era sacerdote!, rezaba, celebraba misa”… Sólo puedo decirles que yo soy testigo de eso, ¡sencillamente!; no necesito que me lo digan). Mi familia era antiperonista, sin duda, pero lentamente, los pobres (y la militancia, y Carlos) me fueron acercando más y más al peronismo.

Esto fue decisivo en mi camino posterior. Yo, que toda mi vida había dicho que sería veterinario (fanático de los animales, particularmente los muy grandes), cuando tuve que decidirme – al terminar el secundario – me dije que “no puedo dedicar mi vida a los animales”. Así terminé decidiendo mi ingreso al seminario, entendiéndolo como un compromiso con el pueblo (compromiso “religioso”, ciertamente).

Con la militancia como trasfondo, recuerdo muchas anécdotas que ilustrarían todo este momento, pero se extendería demasiado; sólo señalo que el día que ingresé al seminario, tenía en el bolsillo del pantalón un ejemplar de la revista “Militancia”, además de que leía casi diariamente el diario Noticias; cualquiera que sepa de qué hablo, entenderá cual era mi “lugar”. En este año introductorio, 1974, vivimos dos momentos fuertes: el asesinato de Carlos Mugica y la muerte de Perón. Ciertamente ambos marcaron, de diferente modo, lo que habría de ocurrir después. El martirio de Carlos fue el comienzo – no muy evidente primero, y más nítido después, del miedo; siempre recordé, además – con dolor – el comienzo del velatorio, en Villa Luro, y que los “pre-seminaristas” no tuviéramos autorizado ir al velatorio en la villa 31 y el posterior traslado del cuerpo al cementerio. Por otro lado, la muerte de Perón, el inicio de cierta debacle, marcada por el “gobierno” de Isabel y la presencia, cada vez más imponente de López Rega.

En 1975 empezamos propiamente el seminario. En la facultad de teología no tuve ninguna dificultad, aunque confirmé – ya venía de antes – mi cada vez mayor pasión por los estudios bíblicos. Debo señalar – como algo más personal – la importancia que tuvieron en este momento de mi vida mis “amigos de arriba”, Pablo y Teresita.

En 1976, sin duda, “la cosa” se complicó notablemente. Yo compartía habitación con mi gran amigo Nacho y el 24 de marzo nos despierta Ernesto, hijo de militar, diciendo “¡somos gobierno!” a lo que le solté un insulto desde las sábanas.

Podría señalar muchas cosas, incluso ya antes del 24 de marzo (vivía a pocas cuadras de la casa de Ortega Peña, así que fui testigo de la marcha solidaria a su domicilio cuando fue asesinado por las 3A). Casi desde el principio ya sabía del terror (debo confesar que lo único de lo que no estaba bien “en tema”, aunque un indicio tenía con L., fue de la apropiación de niños). La desaparición de Jalics y Yorio fue un tema presente, y, en mi caso (y con amigas/os), la desaparición de A. fue algo que provocó que el miedo fuera creciente. En el seminario nos prohibieron quedarnos solos (no podíamos ir a dormir si no había nadie, por ejemplo, la noche de los sábados). Con Nacho, lo recuerdo perfectamente, poníamos papelitos en la puerta de la habitación los fines de semana para ver si alguien había entrado, y con Carlos escondimos libros peligrosos (que nunca volvimos a buscar), además de quemar otros por “sugerencia” del rector.

Recuerdo, con algo de angustia, una vez, con ya varios desaparecidos en la espalda, que me dirigía, caminando, a casa de V. y una persona me siguió. Ostentosamente, ¡quería que supiera que me estaba siguiendo! Recuerdo que me dije “me toca a mí”. Cuando llegué al seminario, hablé con el rector quien me “ordenó” que no viera más a mis amigos y amigas militantes (es decir, ¡todas y todos!). Acá tuve que empezar mi vida de nuevo. Con mis amigos y amigas desaparecidos y exiliados, se exilió también “Cacho”, como me decían mis compañeros y compañeras. Mi nueva vida giraba, ahora, en torno a “ser seminarista”, lo socio-político quedaba en el olvido.

Era evidente que la dictadura militar, que se confesaba “occidental y cristiana”, trataría de llevarse bien con los obispos (con las conocidas excepciones, por cierto). Yo creo que si no me pasó nada fue por estar en el seminario; al cardenal no le tocarían a ninguno de “los suyos” (Pablo fue desaparecido cuando dejó la arquidiócesis; Jalics y Yorio cuando Aramburu les quitó las licencias ministeriales). Es evidente que el “arreglo” era “yo no digo nada, pero no tocan a ninguno de los míos”, o algo por el estilo.

En este contexto ocurre el asesinato de Angelelli (nunca creí, ni creímos, en el discurso del “accidente”), pero también los palotinos, los asuncionistas, etc. La Iglesia no estaba exenta de ser también víctima del terrorismo de estado y el genocidio. En este mismo tiempo desaparece mi primo Juan. Sabíamos, además, que habían ido a la Facultad a pedir la lista de los estudiantes (algo a lo que el decano Carmelo Giaquinta se negó terminantemente).

Podría señalar muchos elementos más; recuerdo, ¡con espanto! cuando fue el Mundial 78, un grupo de gente bailando a lo que se sumó un policía y la gente coreaba: “Policía federal, la alegría nacional” cuando yo toda mi vida había cantado otra cosa.

Recuerdo – también – la paz que tuve, después de no saber nada de ellos por meses, al recibir una postal de E. y B. contándome que estaban “paseando” (sic) por España… Supe, también, muchas cosas de muchas y muchos a los que “tenía vedado” ver.

En 1981 me ordené de diácono y me mandaron a una “parroquia casi militar”. Si hasta recuerdo que una chica de la parroquia, C., me dijo una vez, “mi primo – militar él – me dijo que no me junte con vos que estás fichado”. Hasta recuerdo otra vez, no me tocó participar de esa celebración gracias a Dios, ver a Videla entre los participantes de una misa.

En 1982, ya cura, la dictadura se iba deshaciendo, y la guerra de Malvinas terminó de aniquilarla; pero recuerdo que más de una vez hablé críticamente de la guerra y fui acusado de “antipatria”.

El regreso de la democracia no fue fácil ni rápido, y la ineptitud de Alfonsín no ayudó a que lo fuera. Muchos tardaron en volver. “Cacho” siguió en el exilio un tiempo más; en lo personal creo que – por varias cosas – 1996 fue el momento conclusivo del “retorno”; por ejemplo, ese año me tocó compartir parroquia con Orlando Yorio, lo cual fue absolutamente sanador. Sencillamente, Orlando ¡un grande!

¿Y la “Iglesia”? Pues, allí estaba, en el seminario, que no nos dejaba ir al velatorio de Mugica, pero nos cuidaba de no quedar solos, en el arzobispo, cómplice, pero que – en cierta manera – “cuidaba” a “los suyos”, en los curas, unos y otros… Allí estaba, con sus luces y sus sombras. Podría contar anécdotas de diferente tipo, tensas algunas, graciosas otras, pero sólo anoto una seria y una divertida a modo de ejemplo: una vez el rector me dice “- yo les diría a esas madres que ahora buscan a sus hijos, ¿por qué no se preocuparon antes? ¿No te parece?”… “-¡No!”, le respondí sencillamente, ¡no! Otra, jugando a la paleta, el vicerrector, con el que tuvimos muy buena relación, me dice “Eduardo, aparte del ideológico, ¿qué parentesco tenés con el Che Guevara?”

Quiero recordar una última anécdota antes de dar otro paso. Una mañana, en nuestra casa del seminario, apareció un paquete, obviamente tirado por encima de la pared, quizás por alguien que se vio “en problemas”. El paquete era un montón de revistas “Estrella Roja”, del ERP. Ernesto le comentó a su papá, militar, como dije, y él le pidió que se las llevara. La cosa es que viajamos juntos en el colectivo – vivíamos cerca – con el “paquetito”. Obviamente yo no lo sabía. ¿Qué hubiera pasado si nos paraba un retén, de los cientos que había por todas partes todo el tiempo? Es obvio lo que hubiera pasado; es obvio que tuvimos suerte (y es obvio que cuando lo supe a Ernesto le dije “algunas cosas”).

Ciertamente, con el tiempo fuimos sabiendo más cosas; en lo personal pude reencontrarme con muchos y muchas y saber bastante de aquellas o aquellos desaparecidas y desaparecidos habiendo terminado “mi – absurda – veda”. Y, también, saber más del rol de cierta jerarquía.

Tengo una pésima opinión del nuncio Pio Lagui y peor aún de su sucesor Ubaldo Calabresi, de la gran mayoría del episcopado y de muchísimos curas; pero también, desde Mugica en adelante, la experiencia de curas y obispos que llenan de alegría mi saberme parte de la Iglesia.

Creo que decir “la Iglesia” para referirse a la Dictadura, es sumamente ambiguo. E incluso también lo es decir “los obispos”. Creo que hubo obispos absoluta y totalmente cómplices del genocidio, creo que hubo quienes lo veían como un “mal menor” (para evitar caer en el comunismo ateo), creo que hubo algunos tibios que no quisieron desentonar de la mayoría y la "comunión episcopal", hasta algunos fundamentalistas que repetían que “la autoridad viene de Dios”, y también hubo obispos que “creyeron en Dios”, y – por lo tanto – con mayor o menor vehemencia según el caso, con claridad o profetismo, hablaron. Pero no es fácil ni sensato “meter a todos en la misma bolsa”; y va un ejemplo: saber las barbaridades que decía y hacía el obispo pro-vicario castrense Victorio Bonamín no es representativo del episcopado, ya que nunca participó de la Conferencia episcopal (¿se sentía más militar que obispo? ¡probablemente!; y viendo otros casos, parece que “viene con el cargo”); él nunca fue referente ni ejemplo para el resto del episcopado, pero – obviamente – si fue un referente para muchísimos militares.

Recuerdo, por ejemplo, en plena dictadura, una reunión de curas. Estaba presente el obispo auxiliar mons. C. En un momento, habló un capellán de la policía y dijo estas palabras: “a nuestra juventud le falta mística. El otro día escuchaba la grabación de un montonero antes de morir, y ¡hay que ver qué mística! así deberían ser los nuestros”. Estaba reconociendo en público tortura y crimen y el obispo calló. Como si nada hubiera pasado. Creo que así fue la mayoría.

La sensación (a veces exagerada, a veces impulsada por voces varias, o también limitada) de que “la Iglesia fue cómplice de la dictadura” ciertamente es verdadera, es falsa, es ambigua, es relativa. Todo eso. Uno de los méritos de “La verdad los hará libres”, es mostrar testimonialmente lo que ya todos los que quieren ver, sabíamos: quién era Aramburu o Primatesta, quién era Novak o De Nevares, por caso.

El problema, y es punto central en el tema, es la voz (y el silencio) de las máximas autoridades episcopales (es decir, el nuncio (Laghi [1974-1980] y Calabresi [1981-2000]) y el presidente de la Conferencia Episcopal (Tortolo [1970-1976], Primatesta [1976-1982] y Aramburu [1982-1985]) y también los documentos y los silencios del pleno. Es esto lo que amerita crítica; aunque, otro tema, más complejo, es la acción, omisión, palabras o silencios de obispos en sus respectivas diócesis, muchos de los cuales no han tenido particular trascendencia fuera de sus respectivos lugares.

Se dice que el episcopado pidió perdón y, se aclara, cosa que no hicieron otros colectivos (sindicatos, empresarios, periodistas…). En lo personal, ciertamente quisiera que lo hagan – si es sincero y veraz, por cierto – pero no es un campeonato a ver quién pide más o mejor perdón; se trata de ser fieles al mensaje de Jesús, se trata de ser fieles a la comunidad a la que nos debemos como curas y obispos, se trata de “pastores” y un compromiso militante con el pueblo. Creo que el pedido de perdón episcopal fue tibio y, en lo personal, no creíble.

Escuché a algunos de los que participaron en “La verdad los hará libres” (notables algunas ausencias en los convocados; notable el período escogido para “empezar” como si antes la violencia fuera una entelequia, y notable la ausencia de un buen análisis sobre qué es y cómo entender “la violencia”) decir que al ver los archivos sentían que entraban al infierno… En lo personal, como dije, no vi en esto nada nuevo en la obra, y – repito, personalmente – si alguien afirma, al ver los textos, que entró en el infierno, ese es motivo más que suficiente para ser excluido del equipo de trabajo, ya que es indicio de que ignoraba totalmente lo que ocurrió en Argentina desde hace 50 años (y más también). Pero “La verdad…” no es, ciertamente, una autocrítica, y, aunque parezca excesivo, siempre espero más y mejor arrepentimiento episcopal. ¡Memoria, verdad y justicia! Ah… y ¡fueron 30.000!


foto tomada de https://es.dreamstime.com/las-ovejas-perdieron-en-la-niebla-image131304016

martes, 24 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 2º de cuaresma "A"

La Ley y los Profetas se encuentran en un monte


DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA – “A”

Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Génesis     12, 1-4a


Resumen: El relato “fundacional” de Israel anticipa brevemente lo que se ve como momento ideal de su pasado, que se pretende que los judíos del exilio busquen repetir al regresar del cautiverio.


Después de los capítulos 1-11 de Génesis, donde con un aspecto mitológico los relatos confrontan los mitos babilónicos mostrando una dimensión contracultural, comienza propiamente a gestarse un pueblo. Un pueblo que Dios ha separado para sí de entre los pueblos de la tierra.

 

 

Esto comienza con una elección que implica una separación con el pasado (tierra, patria, casa paterna). Es un ·paso de… hacia·. Hacia una tierra que le será mostrada. Por tanto, hay un canje de tierras. Deja la patria (môledet, descendencia) para ser un pueblo (gôy) grande que será bendecido. El texto, que comienza con el dicho de Yahvé a Abrám de “irse” (v.1) concluye con la realización: “Marchó Abrám” (v.4). El centro del relato lo ocupará la importancia de la bendición de Dios que recibirá Abrám y por su intermedio llegará a otros, alcanzando a “todos los linajes de la tierra (adamah)” (v.3). La reacción de los demás ante Abrám repercutirá en ellos mismos, los que lo bendigan serán bendecidos; los que lo maldigan, serán maldecidos. La estrecha relación entre Dios y los suyos marcará toda la Biblia, su accionar tiene que ver directamente con el accionar con respecto a los suyos.

 

 

En este relato hay una serie de elementos interesantes a tener en cuenta:

 

 

Abrám es extranjero, no es del lugar. La tierra, por tanto, sólo puede poseerla por regalo divino, no por “derecho histórico”. El don divino queda reforzado puesto que la descendencia anunciada a Abrám contrasta con la esterilidad de su mujer Sara de lo que ya se ha hablado (11,30). La tierra de origen es “Ur, de los caldeos” (11,28). Esto es ciertamente un anacronismo. Los caldeos son los habitantes de la Babilonia de tiempos del exilio judío, no en tiempos de Abrám. Sin duda esto es visto de modo kerigmático, como un anuncio que comunica a su pueblo que es sensato pensar que volverá (desde el cautiverio babilónico) a la tierra que Dios le ha regalado.

 

 

La llamada de Dios a la que Abrám responde tiene como característica una promesa y una bendición (barak). Este kerygma remite al momento fundacional, a tiempos de David (recordar que es anuncio a los exiliados); momento ideal que se pretende que los “hijos de Abrám” repitan en los nuevos tiempos.

 

 

·         Mostrará una tierra

·         Será una gran nación

·         Será bendecido y fuente de bendición

·         Dios bendecirá a los amigos y maldecirá a los enemigos

·         Otras naciones se beneficiarán de la bendición

 

 

Mirado retrospectivamente, “históricamente”, Abrám es presentado como el padre de Israel. Aquí comienza la historia del pueblo que Dios se ha elegido.

 


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     1, 8b-10


Resumen: Pablo escribe a su discípulo, que será su heredero recordándole la relación estrecha entre el evangelio y el sufrimiento, pero recordando, a su vez, que ese Evangelio es fuerza de vida por la gracia.

El domingo 27º del ciclo C la segunda lectura daba marco al texto que hoy se presenta (1,6-8.13-14 y hoy corresponde 1,8b-10). Aquí “Pablo” invita a su discípulo y heredero a “no avergonzarse” del testimonio que ha de prestar, como tampoco ha de avergonzarse de la prisión de Pablo. La debilidad es motivo de vergüenza en el mundo antiguo, pero es identificación con la cruz de Cristo en los ambientes cristianos. Dos elementos se destacan: estos son sufrimientos “por” el Evangelio y se cuenta con la “fuerza” (dynamis) de Dios para ello. Por eso mismo, Timoteo está invitado a “coparticipar de los malos padecimientos” (sygkakopathêson).

 

 

El acento no está puesto aquí en el sufrimiento concreto, sino en el sufrimiento “a causa” del Evangelio, es algo que es constitutivo del predicador. Precisamente por su sufrimiento es que Timoteo será heredero de Pablo (2,3; 3,12; 4,5). Puesto que es un sufrimiento con sentido (“por”) se abren los caminos a vencer la muerte y abrazar la vida. Pero ese “por” es el Evangelio el cual es presentado como gracia. Esa es la fuerza, no la de las obras. La resurrección (no mencionada en la unidad, pero supuesta en la “manifestación”, epifaneia) de Cristo aniquiló la muerte. Este es el depósito de la fe que Pablo proclamará (v.11) y por lo que compromete a Timoteo en la continuación de la carta.

 

 



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     17, 1-9


Resumen: Como realización de la Ley y los profetas Jesús en un monte, como Moisés y Elías se encuentra con ellos donde Dios anticipa la gloria definitiva de Jesús, pero a la que se llegará por la pascua.


La Transfiguración en Mateo tiene algunas características novedosas con respecto a los otros Sinópticos, particularmente respecto a Marcos del cual depende. Veremos –entonces- lo que es propio de este Evangelio.

 

 

La escena anterior (16,28) había dicho que “algunos (de los presentes) no padecerán la muerte hasta que vean al hijo del hombre venir en su reino”. Los tres elegidos para la transfiguración parecen ser los “algunos” mencionados.

 

 

En primer lugar, en seguida de afirmar que se transfiguró delante de ellos, añade que “su rostro brilló como el sol” y luego continúa con los vestidos (v.2).

 

 

Pedro llama a Jesús “Señor” y no “rabbí”, título prohibido (cf, 23,8). Y el texto omite que Pedro “no sabía qué responder porque estaba atemorizado” (Mc 9,6).

 

 

Al dicho de la voz desde la nube “este es mi hijo amado” Mateo agrega “en el que me he complacido” (v.5). Ante este hecho “cayeron sobre su rostro y temieron” (el temor, como se ve no se trata aquí de miedo y desconcierto sino de temor reverencial). Jesús los toca y les dice “levántense, no teman” (v.7).

 

 

Dejando pequeños detalles que comentaremos, esto es lo propio del relato de Mateo. Veamos entonces qué quiere destacar el Evangelista con estos elementos:

 

 

El ministerio de Jesús está marcado en Mateo por un “monte”. Allí es tentado (4,8-10), desde allí pronuncia su sermón inaugural (caps. 5-7) y allí termina su ministerio despidiéndose de sus discípulos (28,16-20). Es el lugar del encuentro con Dios y donde Dios se manifiesta. En un monte Moisés recibe las tablas (Ex 31,18), en el mismo monte Elías busca a Dios en medio de su crisis (1 Re 19,1-18). 

 

 

“Se transfiguró” es preferible traducirlo por “fue transfigurado” para reforzar la voz pasiva que remite a Dios como el agente: Dios lo transfiguró. 

 

 

La referencia a las “carpas” se ha pensado como alusión a que el acontecimiento había tenido lugar en la fiesta litúrgica de las tiendas (= tabernáculos), la fiesta más importante para los judíos; pero el contexto propio del Antiguo Testamento parece invitar a pensar en la “tienda” como lugar de encuentro con Dios (Ex 25,8) del mismo modo que lo es la nube que los envuelve (cf. Ex 40,34-35; Núm 9,18; 2 Mac 2,8).

 

 

Al descender del monte Moisés tiene su rostro radiante (Ex 34,29-35), pero en este caso es reflejo de lo que ha visto; en el caso de Jesús alude a su unidad e intimidad con Dios como hijo.

 

 

Mateo invierte el orden de Marcos (donde decía Elías y Moisés él dice: “Moisés y Elías”) probablemente como un modo de relacionarlos con la “Ley y los Profetas” (Marcos parece querer presentar a ambos como profetas).

 

 

También Moisés en el monte se encuentra con dos personas en una nube (Ex 24,15-18; cf. Núm 9,15-23), el verbo “escúchenlo” remite, por un lado a Moisés (Dt 18,15) pero también a la oración típica de los judíos, el “Semá” (“¡Escucha… Israel!”, cf. Dt 6,4). 

 

 

Lo que acota la voz del cielo es algo que ya sabemos desde el Bautismo: que Jesús es “hijo” (3,17) algo que Pedro había reafirmado en su confesión (16,16). La mención a la “complacencia”, por otra parte, remite al siervo de Yahvé (Is 49,1; cf. Mt 12,17-21; 16,21-23). La transfiguración es anticipo de la gloria definitiva de Jesús, pero a ella llega por la pasión y muerte. Por eso Jesús no puede quedarse en las carpas que Pedro quiere levantar en su entusiasmo, hace falta esperar a la pascua para ser testigos de la resurrección (17,9; cf. 28,16-17). 

 

 

Como nuevo Moisés y nuevo Elías es a él a quien se debe escuchar.

 

 

video con comentario al Evangelio 

https://youtu.be/uPcexnJ_4qM

o también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/02/comentario-al-evangelio-del-2do-domingo.html



viernes, 20 de febrero de 2026

Monk no se podría haber hecho en la Argentina

Monk no se podría haber hecho en la Argentina

Eduardo de la Serna




Algunos – me cuento entre ellos – somos fanáticos de la vieja serie Monk. Y mi pena es que no se podría haber firmado, tal cual está, en la Argentina. Y no me refiero a directores, guionistas y actores / actrices, sino a la serie como está. Es cierto que en la serie todos los personajes dan perfectamente el phisique du role, pero no dudo que acá se hubiera podido conseguir algo semejante (¡Darín abstenerse!).


Y voy al tema… en los diferentes capítulos se pueden ver cerdos, vacas, caballos, gatos, gallinas, venados y ¡hasta una “mariquita”!, por cierto, también perros. ovejero australiano, rottweiler (no puro), dóberman… Y, si se es coherente con el deplorable planteo de la no menos deplorable jueza Elena Liberatori, todos ellos, ¡mariquita incluida!, deben tenerse como “personas no humanas” y, por lo tanto, no podrían filmarse, ¡no deberían!… 


Pero voy más allá. Omitiré el coyote de “el Sr. Monk se casa” (temporada 2, episodio 15) y el oso de “El Sr. Monk va de campamento” (t. 8, e.12) muy probablemente insertados por computadora, y los pescados de este mismo episodio, quizás de utilería. Me quiero detener en “el Sr. Monk va al circo” (t. 2, e. 4) y “el Sr. Monk y la habitación del pánico” (t. 3, e.2), en ellas, un elefante, en la primera, y un pequeño chimpancé, en la segunda, son protagonistas necesarios. Y eso, “gracias” a la innecesaria jueza, no se podría filmar en la Argentina. Es más, las 2 elefantas que quedaban en nuestro país – partiendo de la sentencia de la “orangutana Sandra” y por firme decisión de Daniel Scioli y Karina Milei fueron trasladadas a un dizque “santuario” en Brasil donde ambas elefantas murieron en menos de 3 meses (¡3 meses!) después de estar, ¡vivas!, 40 años en los zoológicos de Buenos Aires y Mendoza. Otro santuario para grandes simios alojó a Sandra y, quizás también, a los chimpancés, sin que sepamos su estado actual. La prensa sensacionalista, señaló (¡con horror!) que recientemente había muerto el último chimpancé en el ex zoo de La Plata (eso sí, sin destacar que había sobrepasado la edad que suelen vivir los chimpancés en estado libre). 


La variante sería – en la Argentina de Liberatori – hacer los animales con Inteligencia Artificial, con lo que se parecerían a la pantera, al oso, la pitón y los simios y lobos de la espantosa película Mowgli, que se parecen más a muppets que a animales reales.



Sin ser demasiado amante de muchas cosas que vienen de yankilandia, celebro que Monk haya sido hecha allí. Y celebro a Monk, ¡por cierto!

jueves, 19 de febrero de 2026

La esposa de Poncio Pilato

La esposa de Poncio Pilato

 Eduardo de la Serna




En el Evangelio de san Mateo, mientras está narrando el drama de la Pasión de Jesús, en el juicio que lleva adelante Poncio Pilato, misteriosamente el autor interrumpe brevemente el desarrollo del tema para introducir una referencia a la mujer del Procurador.

Veamos: los sumos sacerdotes y los ancianos despliegan ante Pilato la acusación contra Jesús. Los lectores ya sabíamos que estos mismos se habían reunido en el palacio de Caifás y habían decidido capturarlo “con engaño y matarlo” (26,4). El gobernador, que no ve que el motivo sea demasiado grave, aunque presentarse como “rey de los judíos” podía ser algo preocupante (27,11), les propone liberarlo con ocasión de la Pascua. La alternativa era liberar a Barrabás, un “preso famoso” (27,16). Pilato, dice Mateo, se da cuenta que lo han entregado por envidia, por lo que no está demasiado dispuesto a condenarlo (27,18). Pero las autoridades judías logran convencer a los presentes de que soliciten la libertad de Barrabás a fin de que Jesús sea, finalmente, ejecutado (27,20). En medio de este momento de tensión, Mateo se interrumpe y nos dice que «Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: "No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa"» (27,19).

Hay dos elementos muy interesantes en este breve dato. Para empezar, algo le ha ocurrido a esta mujer “en sueños”. En griego hay varias palabras para decir “sueño”, en este caso el Evangelio usa el término “onar” (de donde viene algo “onírico”, algo de sueños), y este término sólo lo usa Mateo en toda la Biblia. Fuera de este caso lo encontramos en los primeros capítulos donde se nos habla de José, el padre adoptivo de Jesús, con el que Dios se comunica de ese modo (1,20; 2,12.13.19.22). Los sueños, entonces, en Mateo, son un modo de revelación misteriosa que Dios elige para comunicar un mensaje. En este caso, en medio del juicio a Jesús, Dios le comunica nada menos que al que debe decidir sobre su vida o su muerte que se trata de un inocente.

Pero, además, la palabra usada por la mujer de Pilato es que se trata de un “justo”. Esto ha hecho padecer a la mujer en la noche. En la Biblia, ser justos significa, especialmente, ser alguien fiel a los proyectos de Dios. Obviamente, si Dios le comunica un mensaje, se trata de algo que a Dios “le importa”, y, en este caso, es que aquel a quien se está pretendiendo condenar es inocente, pero, además, es alguien que tiene con Dios una relación de especial fidelidad. Casualmente también se dice, al principio del Evangelio, que José “era justo” (1,19); en 10,41 y 13,17 los justos son también profetas; en 23,28 es lo contrario de ser “hipócritas” y en 25,37 se califica de “justos” a quienes alimentaron, vistieron, socorrieron a Jesús presente en los necesitados. Que la mujer de Pilato califique, entonces, a Jesús de “justo” es mucho más que afirmar simplemente que es “inocente”.

Pero las autoridades judías están decididas a la condena “injusta” de Jesús, como los lectores del Evangelio sabemos desde hace tiempo. Pilato sabe, porque se lo dice su conocimiento (“sabía”, v.18) y que, además, una intervención divina se lo había confirmado, pero se arriesga a un tumulto que él quiere evitar. Es entonces, que a modo de indicar claramente que no es su responsabilidad, sino de las autoridades judías, que decide delante de todos “lavarse las manos” (27,24) y, así, dejar claro que la responsabilidad del crimen es de los sumos sacerdotes y ancianos ya que él es “inocente de esta sangre”.

No sabemos más nada de la mujer. Ni su nombre conocemos (no está mencionado tampoco por los historiadores de la época). Algunas leyendas, partiendo de este texto, la muestran convertida, y hasta santa, pero no parece que debamos aceptar la credibilidad de esto. Lo cierto es que Dios la escogió, en el momento decisivo de la Pascua, para comunicar un mensaje. Ella pretendió que su marido “no tenga nada” con el justo Jesús, pero las autoridades judías ya habían decidido la condena. Esto último, lo tiene en cuenta el Evangelio de Mateo para destacar que, en adelante, la Iglesia reemplazará a estos judíos que rechazan al “justo”. A la mujer, que ya ha cumplido su misión, no volvemos a encontrarla en el Evangelio.


Imagen tomada de https://mariannhill.es/2019/03/07/historia-de-un-sueno-claudia-procula-esposa-de-pilato/

martes, 17 de febrero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 1º de Cuaresma "A"

Todo listo para comenzar


DOMINGO DE CUARESMA – 1 “A”



Eduardo de la Serna

Las lecturas de Cuaresma –como todas las de los “tiempos fuertes”- siguen un esquema diferente a las lecturas de los tiempos “comunes”. En cierta manera, el esquema es “temático”, como se ve en las ofrecidas por la liturgia de hoy. El tema parece centrado en el “pecado” y cómo Cristo lo vence dando vida a la humanidad toda. Sin embargo, podemos afirmar que ese no es expresamente el tema de las lecturas bíblicas. Ciertamente los católico - romanos leemos las Escrituras pero también sabemos que la Tradición de la Iglesia las va releyendo aportando nuevos elementos  o nuevos pasos a nuestra fe; en ambos momentos reconocemos la presencia del Espíritu Santo que acompaña con su luz el caminar eclesial. Siendo la intención de los comentarios en este blog ayudar a ver lo que los textos dicen (pretendiendo ayudar a no hacer decir al texto lo que éste no dice) nos limitaremos al comentario bíblico, pero sabiendo que –especialmente sobre estos textos- se ve conveniente añadir otras lecturas.



Lectura del libro del Génesis     2, 7-9; 3, 1-7

Resumen: en un contexto mitológico, Dios –como artesano- coloca al hombre en un jardín y le da diferentes frutos como alimento. La tentación de la desmesura lleva al ser humano a pretender ser como Dios. A continuación, Dios comenzará un interrogatorio para luego determinar las sentencias.


El texto del Génesis que presenta al varón y la mujer (Gén 2-3) en el jardín tiene dos grandes partes. En la primera Dios forma al hombre (adam) de la arcilla del suelo (adamah) y soplando en sus narices aliento de vida (hi) el “hombre” resulto un ser “viviente” (nefes). Luego Dios planta un jardín y coloca allí al “hombre” haciendo brotar del suelo (adamah) todo tipo de árboles apetitosos. Y en el medio, un “árbol de la vida”  y el “árbol del conocimiento del bien y del mal”. 


El texto litúrgico salta todo lo que viene a continuación: el río de cuatro brazos, la búsqueda de una ayuda adecuada para el hombre, la prohibición de comer del árbol del conocimiento, la creación de la mujer y continúa directamente con el encuentro de la mujer con la serpiente, es decir, la segunda gran parte del relato que culmina con la expulsión del jardín. Sin duda la primera parte está puesta en el texto litúrgico para que se comprenda la escena que viene a continuación, la escena de la violación del mandato que prohibía comer del fruto del árbol. Veamos –sin embargo- algunos elementos de la primera parte antes de introducirnos brevemente en la segunda. 


Como en castellano, el hebreo “adam” (= hombre) puede referir a la especie humana (varón y mujer) o solamente al varón. En el texto tal como lo encontramos actualmente, parece que el “adam” creado refiere al varón, pero no se ha de excluir que el texto originalmente pretenda referir a ambos, y dejar para más adelante la disquisición de los “vivientes” (animales, varón-mujer). De hecho, el texto como se encuentra en la liturgia de hoy permite esta lectura ya que no alude a la creación de la mujer.


En este mismo sentido, es interesante notar que si bien en esta parte se refiere al hombre como “adam”, en v.23 pasa a hablar del varón como “is” y la mujer como “isah”, y con esos términos se referirá a ambos en la unidad siguiente en la liturgia. El juego de palabras de este versículo en hebreo es difícil de traducir en castellano; recientemente se ha propuesto “será llamada hembra porque del hombre fue tomada” o –por el contexto conyugal- “será llamada esposa porque del esposo fue tomada”. 


El marco literario se mueve evidentemente en el esquema de los mitos (basta con ver la actividad artesanal de Dios), en este sentido resulta inconveniente leer el “no comerás” (v.17) como un mandamiento. 


El árbol de la vida –que luego jugará un interesante papel en la literatura apocalíptica- no parece tener rol alguno en el relato hasta 3,22 dando razón a la expulsión del jardín. Por otra parte, el ambiente claramente campesino del texto invita a tener en cuenta el lugar como un campo (jardín, “gan”), y no como un “paraíso”, algo de lo que el relato no habla.


El capítulo 3 da comienzo a una nueva escena. El varón y la mujer ya están juntos en ese jardín. El esquema, en este contexto es forense: presentación del hecho (vv.1-7), interrogatorio (vv.9-13) y sentencia (vv.14-19) siguiendo en cada una un esquema inverso: serpiente – mujer – varón [vv.1.2.6]; varón – mujer – serpiente [vv. 9.13] y serpiente – mujer – varón [vv.14.16.17]. El texto de la liturgia sólo presenta la primera parte de estas tres.


Veamos algunos elementos:


El contexto mitológico nos permite encontrar con un animal parlante. De ninguna manera el texto está insinuando que “antes del pecado” la serpiente tenía patas y hablaba, ni tampoco que esta fue “poseída” por el diablo en esta ocasión. La serpiente es tenida muy en cuenta en el mundo antiguo, a veces en un sentido positivo (sabiduría… basta pensar en la serpiente en la vara de Galeno, imagen de la salud) o en sentido negativo (la serpiente roba a Guilgames la planta de la vida en el mito Babilónico de la creación). El cambio de piel, frecuente entre ciertos reptiles permite a este animal una serie de imágenes (renovación, nueva vida, desnudez). Esto es importante en la lectura integral del relato.


Lo que se afirma de la serpiente es que es astuta, prudente (‘rûm), más que todos los animales que Dios ha “hecho” (notar la insistencia en que es creada por Dios). Y ella comienza un diálogo con la mujer (isah). La pregunta de la serpiente lleva a la mujer a pretender “defender a Dios” ya que él no ha dicho lo que la serpiente afirma (“no comerán de ninguno de los árboles”), pero al “defender a Dios” la mujer exagera el dicho (“ni lo toquen”, es algo que Dios no había dicho). Esto da pie a la serpiente a replicar y –curiosamente- miradas aisladamente las tres cosas que dice serán verdad (vv.4-5): no morirán (de hecho no mueren, y hasta Dios debe evitar que vivan para siempre [3,22]), se les abren los ojos (3,7) y son como Dios conocedores del bien y el mal (3,22). 


Lo que la mujer ve del árbol también se expresa con tres cualidades: bueno para comer, deseable a la vista y excelente para lograr sabiduría. Sin duda el tercer elemento es el que se relaciona con el “conocimiento del bien y del mal”. La escena culmina con que la mujer comió, le dio al varón (is) que “también comió”. La escena culmina con que realmente “se les abren los ojos” a ambos, pero para descubrir que estaban desnudos (‘yrm). 


Como se dijo, a continuación el relato presenta los interrogatorios (al varón y la mujer, en el que cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente) y luego las sentencias [sobre esto hemos comentado algo en el texto del día de la Inmaculada Concepción].


Una breve nota final: la referencia a la serpiente y la desnudez (y notar la asonancia entre la “astucia” y la “desnudez”, ‘rûm y ‘yrm) nos invita a pensar en la importancia dada al culto a Astarté, a veces identificada con una serpiente, y ciertamente desnuda por ser diosa de la fecundidad. Por otra parte, lo llamativo es la desmesura del pretender “ser como Dios”, algo que cualquiera sabe que es imposible y soberbio. La desmesura de la humanidad, y la compasión de Dios es algo característico en los primeros capítulos del Génesis. Es muy probable que de esta manera el autor esté criticando decididamente a Salomón, alguien que ha pretendido conocer “el bien y el mal” (1 Re 3,9), y que fue quién introdujo la idolatría en Israel (1 Re 11,1-13), caracterizado por su desmesura (notar el tamaño del templo y el tamaño del palacio de Salomón, 1 Re 6,2 y 7,2). De todos modos, la idolatría es vista como la gran desviación del pueblo de Dios y lo que –a la larga- provocará la expulsión de la tierra. 




Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     5, 12-19

Resumen: en un doble contraste entre dos personajes únicos, Adán y Cristo y sus accionares contrastantes, ese obrar tuvo repercusiones –ciertamente también contrastantes- en “todos”. Pecado y gracia, muerte y vida se presentan como las consecuencias y como el presente por el cual los creyentes en Cristo han logrado vencer todo pecado y sus consecuencias.



Es muy probable que en el texto que la liturgia nos propone comience la segunda parte de la sección “teológica” de la carta a los Romanos. Pablo ha dedicado la primera a mostrar que “todos” (paganos y judíos) han pecado. Y puesto que todos han pecado, Dios tiene motivos suficientes para descargar sobre “todos” su ira, pero sin embargo, ha preferido descargar su “justicia” (= compasión, su cercanía y misericordia), y “todos” son hechos justos por la fe en Cristo. Luego de señalar esto, la carta empieza a mostrar los efectos que tienen sobre la humanidad esta “justicia por la fe”. La primera de estas consecuencias es que el creyente es liberado del pecado, y lo explica.


El texto presenta claramente un contraste antitético entre “un solo hombre” y otro “solo hombre”, y los efectos de la obra de uno y otro sobre “todos”. Veámoslo esquemáticamente:


“un solo hombre”
Adán
Cristo
Acción de ese hombre
Pecado | delito      | desobediencia
Gracia        | obediencia
Efectos sobre “todos
Muerte | condenación |  pecadores
Justificación | justos



El texto, como se ve está marcado por un doble contraste, por un lado entre Adán y Jesús (presentado aquí como una suerte de “anti-Adán”) y por otro lado entre “uno” y “todos”. Siendo Adán el “primero”, su accionar actúa sobre “todos”; siendo Cristo “el primer resucitado”, también su “gracia / obediencia” actúa sobre “todos”. El accionar del primer ser humano está marcado por tres términos sinónimos: pecado, delito o desobediencia, mientras que el obrar de Cristo está marcado por los contrarios: gracia y obediencia. Obviamente, lo mismo ocurre con los efectos sobre “todos”. Muerte y vida son las antítesis fundamentales: “reinó la muerte”, “reinarán en vida” (v.17), “reinó el pecado” (pasado aoristo, un hecho puntual y concreto), “reinaría la gracia” (subjuntivo aoristo, también referido a un momento concreto; v.21).


El texto fundamentalmente pretende señalar la realidad superadora de Cristo, el pecado ya ha sido derrotado, ha perdido su capacidad de reinar. 


En v.12 el texto suele entenderse “ya que todos pecaron”, “por cuanto todos pecaron”… El griego utiliza una contracción “ef ’hô” que puede traducirse de diferentes maneras. La Iglesia católica romana ha tomado de aquí el tema del llamado “pecado original” especialmente a partir de san Agustín que lee de este modo a Pablo que a su vez relee Génesis. 


Este contraste entre dos “un solo hombre” no es sin embargo un mero “positivo – negativo” ya que el hecho Cristo supera absolutamente el hecho Adán cosa expresada en la frase de v.20: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. 


La humanidad entera (“todos”) pecó, pero por la “fe en Cristo”, ahora “todos” son hechos justos por Dios, todos tienen vida, reinan, y el pecado ha perdido ya y definitivamente toda su fuerza sobre “todos”.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     4, 1-11

Resumen: Con claras referencias y connotaciones al tiempo de Israel en el desierto 40 años, Jesús comienza su ministerio siendo tentado, pero –a diferencia de aquel- venciendo la tentación con la misma Palabra de Dios.



El texto de las llamadas “Tentaciones de Jesús” en el desierto tiene una doble versión en Marcos y en el texto Q. Mucho más breve el texto de Marcos señala simplemente que Jesús fue tentado cuarenta días, mientras Q las detalla como tres ocasiones. La única nota omitida en Lucas (por lo que se puede pensar que estaba omitida en Q) es la conclusión de los ángeles que lo servían. Mateo, entonces, toma ambos relatos conformándolos según su propia teología. [En el comentario del 1er domingo de Cuaresma del ciclo “C” hemos comentado el texto de Lucas. Veamos algunos elementos propios de este Evangelio.] 


El Espíritu, que acaba de descender sobre Jesús en el Bautismo lo conduce al desierto donde será tentado por el diablo. El esquema de las tentaciones está estructurado en tres a las que Jesús responde con citas del libro del Deuteronomio. La referencia a este libro, al desierto y el número cuarenta remite claramente a los 40 años del pueblo de Dios en el desierto donde fue tentado pero –en este caso- sucumbió. Las tentaciones 2ª y 3ª están invertidas en Lucas, pero en general se afirma que fue el Tercer Evangelio el que lo ha hecho para concluir la escena en Jerusalén conforme a su teología. 


Un elemento interesante es que mientras Lucas había señalado que Jesús en los 40 días “no comió nada”, Mateo lo califica de “ayuno”. El ayuno es un hecho religioso propio de la piedad judía, y que si es negado o cuestionado por Jesús en Marcos y Lucas (Mc 2,18-19; Lc 5,33-35) en Mateo es visto positivamente mientras no se realice “como los hipócritas”, es decir debe ser algo para Dios y no para que lo vean “los hombres” (Mt 6,16-18). Jesús, entonces, es presentado ayunando cuarenta días en el desierto. 


Las tentaciones se presentan como tres y la gravedad de las mismas va en aumento:


-       Convertir las piedras en pan

-       Tentar a Dios

-       Adorar al diablo


Como se dijo, las respuestas a las mismas son tomadas del libro del Deuteronomio:


-         -  «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» [el texto de Lucas solo pone la primera parte, probablemente Mateo la añadió]

-          -   «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios»

-          -   «…está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto»


A modo de síntesis podemos afirmar que en los mismos temas en los que el pueblo de Israel cayó en la tentación en el desierto, en esos mismos hechos Jesús resultó vencedor.


-       -   Tentación del alimento (y la consecuencia del maná; Éxodo 16; cf. Dt 8,3)

-       -   Tentar a Dios, como en Massah (Éxodo 17; cf. Dt 6,16)

-   Tentación de seguir otros dioses (Ex 23,32-33; 32,1-6 [becerro de oro]; cf. Dt 6,13; 10,20)


Las dos primeras tentaciones aluden a lo que ya sabemos desde el bautismo donde la voz de Dios afirma que Jesús es “Hijo”: «Si eres hijo de Dios…» (vv.3.6); ambas suponen por un lado que Dios se ocupa de alimentar a su Hijo o de cuidarlo y protegerlo ante una caída. La tercera, ciertamente, no lo diría porque un hijo de Dios no se postraría para adorar al diablo, la tentación es darle “los reinos y su gloria” (v.8). Es de notar que la frase “apártate, Satanás” es idéntica a la que Jesús dice a Pedro (16,23).


Jesús, que se presenta como religioso desde el comienzo (ayuna) y está conducido por el espíritu, puede vencer con la palabra de Dios las tentaciones que se le presentan al comienzo de su ministerio. 


El “servicio” de los ángeles es muy probable que aluda a que (como a Elías, 1 Re 19,5-8 un ángel lo alimenta en los 40 días en el desierto) ahora sí Dios se ocupa de la comida de su hijo. Por otro lado, los ángeles que Jesús no llamó en la segunda tentación rechazando un mesianismo espectacular (v.6) ahora sí se hacen presentes. En un nuevo principio (como a Adán, “los ángeles lo servían” [Apocalipsis griego de Esdras 2]) Jesús ahora está listo para empezar a predicar y anunciar la Buena Noticia.


Video comentando el Evangelio en
https://youtu.be/Xvc19onWpa8
o tambien en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/02/comentario-al-evangelio-del-1er-domingo.html



Fotografía tomada de www.flickr.com