martes, 16 de junio de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 12 "A"

La fidelidad al proyecto de Dios lo tiene a él mismo de garante

DOMINGO DUODÉCIMO – “A”

Eduardo de la Serna



Lectura del profeta Jeremías                 20:10-13

Resumen: La predicación de Jeremías lo lleva a enfrentar momentos conflictivos por los que el profeta se lamenta ante Dios. Pero – como ocurre frecuentemente – el lamento no está exento de una clara confianza en que Dios intervendrá en favor del suplicante.

El texto litúrgico corresponde a un fragmento de lo que algunos han llamado las “Confesiones de Jeremías”, título inspirado en San Agustín, y con frecuencia releído en esa clave. Veamos brevemente esa serie de textos antes de introducirnos en el que hoy la liturgia nos propone para – a su vez – releer el texto del Evangelio del día.

El profeta Jeremías recibe un llamado en un momento muy conflictivo de la historia de Israel. El poderoso ejército babilónico se aproxima y la pregunta “¿dónde está Dios?” es fundamental para el pueblo. Aparecen falsos profetas señalando que Dios no abandonará a su pueblo y los babilonios “no pasarán”. Pero Jeremías se ubica “en otro lado” y lo que dice es que el ejército enemigo es un “castigo” de Dios por haberlo abandonado, que son enviados por Dios y se debe reconocer ese hecho. Obviamente será acusado por muchos – y es el texto de hoy – de “traidor a la patria”, de “hereje”, de falso profeta porque Dios no permitirá que a su pueblo le ocurra nada malo, al fin y al cabo es el “pueblo elegido”. 

Una breve nota sobre los “falsos profetas”. Puesto que el profeta es aquel que habla de parte de Dios a un grupo concreto en un tiempo concreto señalándole “esto dice Dios”, resulta en la práctica imposible discernir si se trata de un verdadero o un falso profeta. Señalar que “el tiempo lo dirá” resulta casi sádico cuando de muerte o destrucción se trata. Sin duda muchos eligen creer lo que les agrada, o lo que desde una pobre teología prefieren aceptar. En este punto, que “Dios no permitirá” que Jerusalén sea destruida. En el caso concreto de Jeremías, el criterio que él propone para reconocer un verdadero de un falso profeta, es si anuncia o no “la paz” (14,13-16). Insistimos que en este caso concreto (y por esto – ciertamente – no es válido en otras ocasiones o para otros profetas) si anuncia la paz se trata de un “falso profeta” ya que no es eso lo que Dios le ha enviado decir sino, por el contrario, a anunciar “atropello”, “devastación” (20,8). El conflicto concreto de Jeremías con “falsos profetas” será uno de los temas centrales del libro. El pueblo, los dirigentes, la corte elegirán creerles a éstos con lo que Jeremías será cuestionado, agredido y perseguido, incluso intentando darle muerte. Este es el marco de las “Confesiones”.

Las notas autobiográficas (las “Confesiones”) revelan un “crescendo” que pasa de una simple queja (11,18-12,6), una crisis en su relación con Dios (15,10-21) que se agrava (20,7-9) hasta un lamento desesperado (20,14-18)… Nuestro texto, como se ve, se encuentra entre las dos últimas.

Los que antes eran amigos del profeta, con los que antes estaba en “shalôm” (v.10), ahora quieren su humillación. Esperan su tropiezo para abusar de él (el verbo “pth” puede tener connotaciones sexuales, se trata de una “seducción” con abuso, es el mismo que se encuentra en 20,5; ver Ex 22,15, aunque en general se ha de leer como “engaño”). Lo cierto es que los que antes lo “saludaban” (Shalom) ahora buscan su caída para vengarse de él. Obviamente el cambio dice referencia a la predicación del profeta. 

Sin embargo, Jeremías sabe que si él ha hablado ha sido de parte de Dios, por lo que sabe – desde el comienzo de su vocación – que Dios está con él (1,8). El problema es que esa presencia divina cada vez se experimenta menos a causa de la creciente hostilidad que padece. Pero sabe que no podrán con Dios “soldado poderoso” y experimentarán – confía – una serie importante de tribulaciones: tropezarán, no vencerán, se avergonzarán, fracasarán con un “sonrojo eterno e inolvidable”. 

Esta confianza del profeta se transforma en oración dirigiéndose ahora a él con el estilo de las lamentaciones, o súplicas. 

Se dirige (repitiendo lo dicho en la primera “confesión”, 11,20) a “Yahvé Tsebaôt”, Dios “de los ejércitos” al que califica de “examinador justo”, que mira atentamente “las entrañas y el corazón”, es decir, los sentimientos y las razones. Es frecuente en las lamentaciones el uso de atributos divinos antes de pedir lo que la situación difícil amerita; en este caso pide ver cómo Dios se “venga” de ellos, “porque” (en hebreo, , muy habitual en los lamentos) a Él le confió, le “descubrió” el litigio (la causa; término que también encontramos en otra “confesión”, 15,10). 

Como es frecuente en las lamentaciones o súplicas, esta finaliza con un canto de esperanza confiada; el autor “sabe” que Dios hará algo y lo celebra anticipadamente: en este caso invita a los “oyentes” / lectores en un paralelismo sinónimo a “cantar” / “alabar” a Dios (v.13a). ¿El motivo? Porque () “ha salvado”. El “liberó” (el verbo nzl se puede traducir como “salvar”, “liberar”) la “vida” (nefesh) del “pobre” (’ebîôn) de las manos de los malvados (es decir, los que buscan el mal del profeta).


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     5, 12-15

Resumen: En un doble contraste entre dos personajes únicos, Adán y Cristo y sus accionares contrastantes, ese obrar tuvo repercusiones –ciertamente también contrastantes- en “todos”. Pecado y gracia, muerte y vida se presentan como las consecuencias y como el presente por el cual los creyentes en Cristo han logrado vencer todo pecado y sus consecuencias.

Es muy probable que en el texto que la liturgia nos propone comience la segunda parte de la sección “teológica” de la carta a los Romanos. Pablo ha dedicado la primera a mostrar que “todos” (paganos y judíos) han pecado. Y puesto que todos han pecado, Dios tiene motivos suficientes para descargar sobre “todos” su ira, pero, sin embargo, ha preferido descargar su “justicia” (= compasión, su cercanía y misericordia), y “todos” son hechos justos por la fe en Cristo. Luego de señalar esto, la carta empieza a mostrar los efectos que tienen sobre la humanidad ésta “justicia por la fe”. La primera de estas consecuencias es que el creyente es liberado del pecado, y lo explica.

El texto presenta claramente un contraste antitético entre “un solo hombre” y otro “solo hombre”, y los efectos de la obra de uno y otro sobre “todos”. Veámoslo esquemáticamente:

“un solo hombre”
Adán
Cristo
Acción de ese hombre
Pecado | delito      | desobediencia
Gracia        | obediencia
Efectos sobre “todos
Muerte | condenación |  pecadores
Justificación | justos

El texto, como se ve está marcado por un doble contraste, por un lado entre Adán y Jesús (presentado aquí como una suerte de “anti-Adán”) y por otro lado entre “uno” y “todos”. Siendo Adán el “primero”, su accionar actúa sobre “todos”; siendo Cristo “el primer resucitado”, también su “gracia / obediencia” actúa sobre “todos”. El accionar del primer hombre está marcado por tres términos sinónimos: pecado, delito o desobediencia, mientras que el obrar de Cristo está marcado por sus contrarios: gracia y obediencia. Obviamente, lo mismo ocurre con los efectos sobre “todos”. Muerte y vida son las antítesis fundamentales: “reinó la muerte”, “reinarán en vida” (v.17), “reinó el pecado” (pasado aoristo, un hecho puntual y concreto), “reinaría la gracia” (subjuntivo aoristo, también referido a un momento concreto; v.21).

El texto fundamentalmente pretende señalar la realidad superadora de Cristo, el pecado ya ha sido derrotado, ha perdido su capacidad de reinar. 

En v.12 el texto suele entenderse “ya que todos pecaron”, “por cuanto todos pecaron”… El griego utiliza una contracción “ef ’hô” que puede traducirse de diferentes maneras. La Iglesia católica romana ha tomado de aquí el tema del llamado “pecado original” especialmente a partir de san Agustín que lee de este modo a Pablo quien a su vez relee Génesis. 

Este contraste entre dos “un solo hombre” no es sin embargo un mero “positivo – negativo” ya que el hecho Cristo supera absolutamente el hecho Adán cosa expresada en la frase de v.20: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. 

La humanidad entera (“todos”) pecaron, pero por la “fe en Cristo”, ahora “todos” son hechos justos por Dios, todos tienen vida, reinan, y el pecado ha perdido ya y definitivamente toda su fuerza sobre “todos”.


+ Evangelio según san Mateo   10:26-33

Resumen: Mateo afirma a su comunidad que vivirá persecuciones violentas, pero la invita a “no temer” ya que Dios mismo la acompañará y podrá – con su ayuda – predicar a todos la buena Noticia de Dios.

Dentro de los cinco bloques narrativos y discursivos, en los caps. 8 y 9, Mateo ha señalado la fuerza que tiene en sí mismo el Reino y se manifiesta en una serie de milagros (narración). Luego se dirige a los discípulos para invitarlos a predicar y obrar lo mismo (discurso). Sin embargo, el cap. 10 tiene una primera parte sencilla en la que los discípulos pueden esperar aceptación o rechazo mientras que, a partir de v.16 la situación y el conflicto se agravan (ovejas-lobos, entregarán, azotarán, entregar a la muerte, persecución, etc…). Todo indica que se está refiriendo a la situación presente en la comunidad de Mateo, en la cual el conflicto crece.

Dentro de este bloque, el texto litúrgico toma un fragmento. Éste tiene dos partes muy claras:
  • La primera comienza y termina por “no les tengan miedo” (10,26.31); también en v.28.
  • La segunda presenta un refrán antitético conclusivo (10,32-33).
Obviamente, el miedo que invita a no tener remite al conflicto desatado sobre la comunidad.
Breve nota sobre el conflicto en el Evangelio de Mateo: sin duda parece importante distinguir – como en los restantes evangelios – aquello que el texto afirma que Jesús dijo a sus oyentes, de aquello que el evangelista dice a sus oyentes. No parece que el conflicto figure dentro de lo que Jesús dice a los enviados a predicar; pero sí parece algo propio de tiempos de Mateo. En tiempos del evangelista, cuando en muchos ambientes judíos se refuerza una cierta unidad en torno al fariseísmo rabínico, se rechaza a todos aquellos que llamándose judíos no son tenidos por ellos como tales (como los “nazarenos”; = cristianos). Es interesante notar el fragmento que, luego de la caída de Jerusalén en el año 70, se añadió a la oración tradicional de las 18 Bendiciones, o Šemoné Esré:
No haya esperanza para los apóstatas. Y destruye pronto el reino de la tiranía en nuestros días, y perezcan los nsrm (= nazarenos, = cristianos) y los minim (= herejes) en un instante. Sean  borrados del libro de la vida y no queden inscritos con los justos (12)
Ese es el marco del conflicto de la comunidad de Mateo con los “fariseos”, que los “azotarán en las sinagogas” (10,17).
El primer “no teman” (v.26) alude, expresamente, a que Dios no se desentiende de aquellos a los que ha llamado; a quienes no debe temerse – no señalados – refiere ciertamente a los perseguidores. El Siervo de Dios, en Isaías, también ha escuchado “no temas”: 35,3-4; 41,9-10. Se ha de revelar lo que estaba escondido presentado en un cuádruple contraste:

  • Encubierto   ---->   descubierto
  • Oculto          ---->   saberse
  • Oscuridad    ---->   luz
  • Al oído         ---->   en los terrados
Esto que se ha de “descubrir/saber” en “luz / terrados” remite a la buena nueva de Jesús. En la próxima unidad – aquí anticipada – Mateo contrastará lo oculto y lo revelado (del mismo modo que Marcos contrastaba un adentro y un afuera), ver 13,10-17. Los discípulos son quienes conocen algo que Jesús les ha manifestado en una cierta privacidad, pero para que lo divulguen en todas partes sin temor.
El segundo “no teman” (v.28) hace hincapié en la violencia desatada: “pueden matar”, pero no pueden acabar con la “vida” (psyjê). La “geenna” es un término extraño. Se encuentra solamente 12x en la Biblia, solamente en el NT y, salvo Sant 3,6 solamente en los sinópticos: 3x en Mc [en la misma unidad], 1x en Lc [texto semejante al que comentamos] y ¡7 veces! en Mateo. Parece ser un lugar, asociado a veces con el fuego al cual se es arrojado a modo de castigo. Algunas traducciones han utilizado aquí “infierno”. Fuera de estos textos sólo se lo encuentra en un escrito apócrifo:
Las naciones te envidiarán pero no podrán nada contra ti, dice el Señor. Mis manos te cubrirán de modo que tus hijos no vean la Gehena” (2 Esdras 2,29)
Es muy probable que el término remita al valle de Hinnom donde en tiempos antiguos se sacrificaban niños (Jer 7,31; 19,4-5; 32,35; ver 2 Re 16,3; 21,6; 2 Cro 28,3; 33,6). Lo cierto es que se trata de un lugar abominable. Cuando en el período posterior al Antiguo Testamento, se comenzó a recurrir a imágenes de juicio terrible para los adversarios de Dios las imágenes de abismo, aguas o fuego sirvieron para ilustrar el castigo. Así se llega a la “Gehena”, un espacio preexistente de un fuego inextinguible. Sin embargo no se hace referencia a los “tormentos” de la Gehena, o a Satanás en relación a ella. Estos serán reflexiones posteriores que “enriquecerán” la metáfora.
A continuación el texto presenta la figura de un pajarito. Pueden venderse, en este caso 2 pájaros por 2 ases, mientras en Lucas 12,6 se trata de 5 pájaros por 2 ases. El “as” es la 1/16 parte de un denario (que equivale a un jornal). Dejando de lado la inflación, o la posibilidad de diferentes precios según los lugares, el acento está puesto en el poco valor de estos pajaritos y ¡sin embargo! Dios se ocupa de ellos.
El texto en griego es extraño, dice literalmente que ningún pajarito caerá a tierra “sin vuestro padre” (áneu toû patròs hymôn). Aparentemente alude al control de Dios de los acontecimientos, aun los menores. Ya en 6,26 se había dicho que “ustedes” valen más que “las aves” (ver Sal 84,4).

De la imagen de las aves se pasa a la de los pelos de la cabeza, algo que es frecuente en el ambiente bíblico (1 Sam 14,45; 2 Sam 14,11; 1 Re 1, 52; Lc 21,18; Hch 27,34), aunque no se afirma que no caerán sino que “están contados”. La conclusión remite a lo aquí dicho en el tercer “no teman” (v.31)
El tercer “no teman” (v.31) se expresa con el contraste de “cuánto más” al que ya hicimos referencia. Precisamente por esto el temor es algo que no tiene razón de ser. Ese contraste entre algo menor y algo mayor es frecuente en el ambiente bíblico (se lollama kal wa homer; de menos a más): "si ... ¡cuánto más!"
Mateo concluye, como se dijo, con un dicho antitético:
  • Quien me confiese ante los hombres… lo confesaré ante mi Padre que está en los cielos (v.32)
  • Quien me niegue ante los hombres… lo negaré ante mi Padre que está en los cielos (v.33)
No es la primera vez que Jesús establece en Mateo un paralelo entre lo que ocurre “ante los hombres” y lo que ocurrirá “ante Dios”, el ejemplo del perdón es claro (6,12; 16,19; 18,18.35; ver 5,16). Ya se señaló frecuentemente la preferencia de Mateo por señalar a Dios como Padre que “está en los cielos”.
Sin embargo, en esta conclusión la imagen no parece definitiva: la “negación” de Pedro (única otra vez en la que Mateo usa el verbo “negar”; 26,70.72) lo manifiesta. En este caso, entonces, la confesión o negación no parece aludir a la imagen del juicio definitivo que está patente en la idea de la Gehena y los tres “no teman” (especialmente los dos finales). La confesión o negación alude a la fidelidad de la comunidad ante las dificultades que “los hombres” puedan provocarles y la invitación a mirar desde el Dios del reino, la vida de discípulos a que se nos ha llamado.

Video con comentario al Evangelio en 


Foto tomada de La Rancherita del Aire

viernes, 12 de junio de 2026

Memoria de viajes papales

Memoria de viajes papales

Eduardo de la Serna



Hace muchos, muchos años, en tiempos casi olvidados (1992) estaba yo en Italia, en un pueblito cerca de Siena (Rapolano Terme) dando una mano al cura por las fiestas pascuales. El domingo de Pascua vino su familia a almorzar y entre ellos su tío, también cura. Sentado en la cabecera de la mesa, puso a la derecha a su sobrino y a mi – condescendientemente, pero por ser cura – a su izquierda. El resto de la familia lo escuchaba sin animarse a contradecir cualquier cosa que dijera. Si alguien decía algo, él inmediatamente decía “Io ti spiego!” (è basta!, podría acotarse). Él explicaba y “causa finita”. En un momento de su pontificado dice que el mundo entero estaba cambiando con los viajes papales (obviamente se refería a Juan Pablo II). Y el cura de su izquierda (que vendría a ser yo) ¡osó! contradecirlo (Io non sono d’accordo!, dijo el irresponsable). Yo le dije que en Argentina nada había cambiado con los viajes papales, y que, incluso, fue un escándalo ver al papa al lado de los torturadores y genocidas. Cuando quiso explicarme, lo volví a contradecir y entonces (¿sorpresivamente?) empezó a hablarme mal de la Teología de la Liberación. La bestia (que nuevamente vendría a ser yo, ciertamente) le preguntó qué había leído de Teología de la Liberación para decir eso, porque era poco serio afirmarlo sin haberlo hecho. Tuvo que reconocer que no había leído nada y el animalito de Dios (yo, ¡otra vez!) le dijo que era un escándalo en los viajes papales que se les negara la comunión a divorciados y se la dieran a torturadores y ¡de golpe!... uno del fondo de la mesa dijo “io sono d’accordo con don Edoardo! (que, otra vez, vendría a ser yo) ¡Chan!!!

Y esto me pone – otra vez – ante la pregunta ¿para qué viaja el Papa? (Juan Pablo, Benito, Francisco, León o el que sea). ¿Qué va a cambiar ahora en España después de la visita? ¿Recibirán felices a los migrantes? ¿Se disolverá VOX por falta de miembros? ¿Cambiarán su actitud paleo-colonialista ante los “sudacas”? Como creo que nada de eso ocurrirá… que la revuelta de mujeres seguirá reclamando sus derechos, que el episcopado español seguirá siendo un rejunte de dinosaurios, que las víctimas de abusos por parte del clero seguirán esperando… entonces, mientras tanto, seguiré (“voz que clama en el desierto…”) manifestándome totalmente disconforme con los viajes papales. Y, además, con un temor (un plus) … conociendo el episcopado argentino, tan… (me callo en mi apreciación, “llenar la línea de puntos”) ……… estoy convencido que muchos (no todos… no pocos) harán público su mileismo ahora vergonzantemente callado y se fotografiarán con una sonrisa exultante, como la de Messi junto a Trump. Y nada habrá cambiado con los viajes papales…


Y me permito añadir otra anécdota... Cuando vino por segunda vez Juan Pablo II a la Argentina, ya en democracia, uno de los lugares que iba a visitar era la diócesis de Viedma, donde había un gran obispo (Miguel Hesayne). Los grupos del Seminario de Formación Teológica, en los que participaba otro personaje enorme, Orlando Yorio, tenían planeado su encuentro anual en esa diócesis y habían invitado a Jon Sobrino para el acompañamiento. Además, en el saludo que Hesayne le daría al Papa, hacía expresa mención de monseñor Angelelli. Y, ¡oh sorpresa! (¿sorpresa?), la mención al mártir fue eliminada en el texto que volvió de Roma (Hesayne pudo volver a mencionarlo) y, además, el presidente de la Conferencia Episcopal (el cardenal Primatesta) le dijo así, sencillamente a Hesayne: "¡si va Sobrino, no va Juan Pablo, si va Juan Pablo no va Sobrino!" (conozco esta anécdota tanto por boca de Hesayne como de Sobrino y Hesayne la recuerda en "La Verdad los hará libres", tomo I).  Finalmente fue Juan Pablo, y no Sobrino. ¿No es encantador?


Foto tomada de https://es.aleteia.org/2025/07/16/por-que-juan-pablo-ii-besaba-la-tierra-al-llegar-a-un-pais/

 

jueves, 11 de junio de 2026

Benayas, un valiente y asesino

Benayas, un valiente y asesino

Eduardo de la Serna


 

Sabemos que David, antes de ser elegido rey, primeramente, en el sur y luego en el norte, e, incluso, antes de incorporarse a las fuerzas de Saúl, tenía un grupo armado que lo acompañaba (2 Sam 8,18). Este grupo, siguió con él en los momentos difíciles (2 Sam 23,23). Se los suele llamar “los treinta” (23,22). Aunque a veces en las listas, se supera ese número, no es improbable que haya variado con el paso del tiempo, por ejemplo, por el fallecimiento de alguno (ver 23,24-39). Uno de los más reconocidos de este grupo es Benayas (que significa “Yahvé ha edificado”, en el sentido de “una casa”, “una familia”; ver Gen 2,22). Ese nombre también lo llevarán otros personajes en otros momentos (ver 1 Cro 4,34-41; 15,15.18; 2 Cr 31,13…). Cuando surge un conflicto por la sucesión de David, que ya estaba anciano, Benayas toma partido por Salomón, contra Adonías – que aspiraba al trono – y se incorpora militarmente a su grupo (1 Re 1,8).

Cuando Salomón emprende venganza contra todos los que lo habían rechazado como rey y habían prefirido a su hermano mayor, Benayas será el encargado de ejecutarla: él personalmente asesina a Adonías (1 Re 2,25), a Joab, el antiguo jefe del ejército, (2,29.31.34) y a Semeí, que había enfrentado a David (2,46), y todo esto motivó que Salomón lo nombrará jefe de su ejército (2,35).

El libro de las Crónicas – como suele hacerlo – repite muchas de las cosas que encuentra en los libros de los Reyes, pero, en este caso añade más dramatismo a algunas hazañas de Benayas como matar a un león, y también a un egipcio gigantesco y bien armado (cosa que recuerda fácilmente la escena de David y Goliat; 1 Cro 11,22-23; ver 2 Sam 23,20-21).

Que sea enviado personal de Salomón para ejecutar su venganza, ejecutando – a las órdenes del rey – asesinatos sin ningún debate ni discusión (el texto suele decir sencillamente: “mató”: 2,25.34.46) ciertamente resulta muy sensible a nuestros oídos contemporáneos. Pero, sin embargo, Benayas es presentado como una persona no solamente valiente, sino leal al rey, y, por tanto, merecedor de su reconocimiento. Por ejemplo, que Adonías se autoproclame rey sin informar de esto ni al sacerdote Sadoc, ni al profeta Natán ni a Benayas destacado en el “grupo de los valientes” (seguramente “los treinta”) y que esto se señale negativamente (1 Re 1,10) revela la importancia que tiene en la corte desde tiempos de David hasta el comienzo de la realeza de Salomón. Cuando David decide ungir a Salomón, motivado por la insistencia de Betsabé y el profeta Natán, será este profeta junto con el sacerdote Sadoc y Benayas quienes deben mostrar a todos esta decisión (cosa que será acompañada por los quereteos y pelteos, es decir grupos de mercenarios a cargo de Benayas) y será este quien confirma que “¡así se hará!” (1 Re 1,36-37). En 1 Re 1,32-53 se puede leer fácilmente toda esta escena y el conflicto con Adonías. El apoyo militar ciertamente fue indispensable para acompañar al sacerdote y al profeta en la manifestación pública de la voluntad de David y la ascensión de Salomón.

Evidentemente, Benayas fue un jefe militar, pero que asumió con su propia mano los asesinatos que le fueron encargados. Probablemente podamos pensar, con nuestra mirada contemporánea, en una suerte de jefe de sicarios al servicio del poder político y para mantenerlo.

Ya hemos señalado que, en la Biblia, no se disimulan los pecados y delitos de los personajes importantes. Aquí, Salomón no duda en ejecutar su venganza y recurre para ello a un sanguinario y leal de su grupo, uno que tampoco duda en obedecer al rey. En muchos casos, para mantenerse en el poder, se necesitó de mucha sangre y violencia: en este caso, un rey que da órdenes sin que le tiemble el pulso, y un sicario que ejecuta sin dudar lo que le es mandado. La “sabiduría de Salomón” no siempre se manifestó de un modo “sabio”.


Imagen tomada de https://www.ministryvoice.com/es/who-was-benaiah-in-the-bible/

martes, 9 de junio de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 11º "A"

La comunidad llamada a hacer y decir lo mismo que Jesús

11º domingo durante el año “A”

Eduardo de la Serna

 


Lectura del libro del Éxodo        19,2-6

 

Resumen: Dios, que ha sacado a su pueblo de la opresión de Egipto lo conduce al monte donde quiere establecer con ellos una alianza que los constituirá un pueblo santo de su propiedad.

En el contexto de la salida de Egipto, el libro nos ubica con precisión el día exacto del tercer mes (v.1). Allí el pueblo acampa en el desierto, al pie del monte; ambos llamados por su nombre: Sinaí. El texto parece por momentos confuso ya que es probable que reúna más de una fuente sin demasiada precisión (por ejemplo 2a y 2b, o 3a y 3b no parecen acordes). Lo que cuenta es el primer encuentro entre Dios y Moisés. Dios se hace responsable de la liberación de Egipto y compromete a Israel a “obedecer”, “guardar” lo que será una alianza y determinará que Israel será “propiedad” de Dios si la cumple.

La imagen de las “alas de águila” fue, por mucho tiempo, imagen extraña hasta que se pudo observar un águila que se puso debajo de uno de sus pichones en caída y peligro salvándolo así.

La tierra entera pertenece a Yahvé, pero quiere darle una parte (la prometida) a su pueblo; todos los pueblos pertenecen a Yahvé, pero quiere tener a Israel como su propiedad.

Como pueblo, será “sacerdotal” y “santo”, es decir, separado para Dios. Ahora bien, esto es lo que Moisés debe decir “a los israelitas” (v.6) pero lo comunica “a los ancianos” (v.7) y “todo el pueblo” (v.8) se compromete a “hacer todo”. Este “todo” será lo que el libro del Éxodo empezará a narrar a partir del próximo capítulo (20) y subsiguientes. En esta parte, simplemente, se destaca la propiedad de Dios y la característica “real” y “sacerdotal” de su pueblo.

 

 

Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos    5,6-11

 

Resumen: Pablo quiere destacar el amor lleno de misericordia de Dios que envía a su hijo Jesús a pesar de toda la maldad que nos separa de su amor. Ahora, ya reconciliados, este amor será más manifiesto todavía en salvación.

En la carta a los Romanos, una comunidad que ni lo conoce ni es conocida por él, Pablo presenta “su Evangelio”. Aquí quiere mostrar la eficacia de la obra reconciliadora de Cristo con la humanidad, judíos y paganos, a la que “todos” (palabra clave en la carta) pueden acceder por la fe. Pero lo fundamental es señalar, lo sostiene claramente, la gratuidad de la iniciativa de la obra de Cristo en los seres humanos.

Cuando éramos “débiles” hace alusión a algo que para los romanos era un síntoma de enfermedad:

En un día y una noche se resuelve lo que son señales de debilidad (astheneia), como las de la ingestión de fármacos, de la agitación abdominal superior e inferior, del cólico y de los otros males semejantes”. [Hipócrates, “Sobre las crisis” 20]

Pero teológicamente, Pablo destaca particularmente la “debilidad” como contrapuesta a la fuerza que será dada por la donación del espíritu (8,26). Y todo esto comienza en el kairós divino, el tiempo establecido, preparado por Dios. Es el tiempo de la muerte de Jesús que nos reconcilia.

La muerte de Jesús es una muerte “por” (hyper) los impíos (v.6), es decir, los “pecadores” (v.8), “nosotros”. La consecuencia, claramente lo repite, es la “reconciliación” (vv.10.11). Se repite una serie de elementos negativos que los caracterizan : impíos, pecadores, enemigos, y esto queda reforzado por un argumento ilustrativo: quizás pudiera ocurrir que alguien fuera capaz de morir o arriesgaría la vida por un justo, una persona “de bien” (v.7), pero no por aquellos. Ciertamente, esto es expresión evidente del amor de Cristo por “nosotros” (es interesante notar la centralidad de la primera persona del plural en toda esta unidad). Es de notar que la construcción “por nosotros” (hyper êmôn) es particularmente paulina (fuera de los escritos paulinos, en el NT 1 vez en Marcos, 2 en Hebreos y 1 en 3 Juan, mientras se encuentra 14 veces en Pablo y 2 veces en sus discípulos). La preposición “por” debe entenderse en un sentido vicario, “en favor de”, “en lugar de”. Ciertamente “morir por” no ha de pensarse en el sentido de “por culpa de” sino “en favor de”, por eso la motivación es el amor.

Pero debe destacarse, todavía, un elemento más, que hace referencia a “nuestro” presente: Pablo presenta un claro contraste entre “nuestro” pasado y “nuestro” presente ya beneficiados por la obra reconciliadora de Cristo. Fuimos reconciliados (siendo enemigos) – seremos salvados (ya reconciliados). El contraste queda reforzado entre un “salvados de la ira” (v.9) y “salvados por su vida” (v.10). Pablo ha señalado el contraste entre la cólera / ira (orgê) y la salvación como su opuesto (1 Tes 5,9); la imagen es referida a un castigo definitivo implicado por el mal obrar, y por eso es contrapuesto a la consecuencia de la sangre (= muerte) de Cristo.

Y, para contrarrestar a quienes se “jactan” de la ley (2,17.23) en esta unidad tres veces destaca nuevos motivos de jactancia: en la esperanza (v.2), incluso en las tribulaciones, que engendran paciencia (v.3) y, finalmente (y cierra así la unidad que había comenzado en 5,1 (el cap. 4 lo prepara en la referencia a Abraham) en Dios mismo por (dià) Cristo. Es decir, no en la iniciativa humana sino divina, que es amor y reconciliación que marcan la historia humana.

 

 

+ Evangelio según san Mateo   9,36-10,8

 

Resumen: Después de presentarnos, Mateo, una larga lista de obras que Jesús realiza, elige Doce para que ellos sean enviados por Dios para hacer en Israel lo mismo que su maestro había hecho.

Como es sabido, el centro del Evangelio de Mateo presenta cinco “tomos” que tienen, cada uno, una sección narrativa y una discursiva. Después de mostrar a Jesús realizando diez milagros, “sanando toda enfermedad y dolencia” (9,35), en el discurso Jesús envía a los doce “a sanar toda enfermedad y dolencia” (10,1). Es que Jesús siente “compasión” (splagjnizomai, de splagjna, entrañas) porque estaban “molestos” / “heridos” / “lastimados” y “tirados” / “derribados” como “ovejas sin pastor” (9,36) por eso envía “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (10,6). Aunque hacen falta “obreros”, ya que son pocos, y hay que pedirlos (9,37.38), pero estos “merecen su sustento” (10,10).

Es interesante notar que las instrucciones que da Jesús a los enviados (10,5a) son sencillas y “normales” de v.5b a v.15; en cambio, cuando el clima se torna mucho más violento contra los enviados, y si – por ejemplo – en v.14 es posible que el enviado no sea escuchado, en v.17 serán entregados, azotados, martirizados. Serán como “ovejas” en medio de lobos. Sin duda el cambio responde a la situación de la comunidad de Mateo y de su tiempo [Mt pone aquí (vv.17-25) lo que Mc destacaba para los tiempos finales (10,9-13)]; pero vayamos a nuestro texto.

El conflicto latente, de todos modos, ya viene preparado (9,35) por la referencia, habitual en Mateo, de que Jesús frecuenta “sus” sinagogas (4,23; 10,17; 12,9; 13,54) con lo que la distancia con “ellos” queda especificada.

Al decir que estaban “golpeados y derribados”, y como ovejas “sin pastor” es algo activo, no pasivo; se refiere críticamente a las autoridades, sean estas políticas y religiosas; la imagen remite claramente a Ezequiel 34:

¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Se alimentan con su leche, se visten con su lana; matan a las más gordas, pero no apacientan el rebaño.

No fortalecen a las débiles, ni sanan a las enfermas, ni vendan a las heridas; no recogen las descarriadas, ni buscan las perdidas y maltratan brutalmente a las fuertes.

Al no tener pastor, se dispersaron y fueron pasto de las fieras salvajes.

Mis ovejas se dispersaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase siguiendo su rastro. (34:2-6).

La imagen de Jesús, ahora, da un cambio de lo pastoral a lo agrícola: la mies, la cosecha (imagen habitual de juicio).

El relato pasa a pedir obreros (“pocos” = pequeños; imagen que, frecuentemente en el primer Evangelio, refiere a la comunidad cristiana, escasa en una comunidad importante; probablemente en Antioquía) y el relato continúa señalando que Dios “escucha” y envía a los Doce.

Breve nota sobre “pedir” a Dios. Se ha de señalar que la imagen es de la misión, el reino y la comunidad eclesial, no – por cierto – de algún tipo especial de vocación, como podrían ser ministeriales. Habla de toda la Iglesia. Es interesante que el verbo “pedir” (déomai) sólo se encuentra aquí en Mateo (y nunca en Marcos ni en Juan) mientras es frecuente en Lucas-Hechos (también se encuentra el dicho en Lc 10,2, indicio que proviene de “Q”) donde indica “pedir” (puede ser algo a alguien o a Dios, en cuyo caso se trata de la oración). Es interesante señalar que no se trata de “decirle a Dios” lo que necesitamos (sic) sino asociarnos con Dios en lo que él quiere dar / enviar.

Una nota sobre los discípulos, los apóstoles y “los Doce”. En el Nuevo Testamento no hay una mirada uniforme sobre esto. Señalemos que “apóstoles” es un término griego que indica una misión, “enviados”. No necesariamente “todos los discípulos de Jesús fueran solamente doce, aunque aquí Mateo indica que “llamó a sus doce discípulos”. Es probable que Jesús tuviera un grupo variado de discípulos y discípulas, que en algún momento haya “enviado” a algunos de ellos (o acompañado) en misión (“apóstoles”). Dentro de estos, un grupo de Doce quieren reflejar simbólicamente la misión que Jesús se adjudica. Lucas, precisamente, identifica a los "Doce" y los llama "Apóstoles" (ver 6,13: “a los que dio el nombre de apóstoles”) por eso – por ejemplo – omite llamar “apóstol” nada menos que a Pablo. Ciertamente Pablo tiene otra mirada del “apostolado”, como también se ve en Juan y, probablemente también en Marcos.

La lista de los nombres siempre merece atención. Estos son mencionados de a pares unidos con la partícula “y”, pero los primeros dos pares – coherentes con los relatos de las vocaciones de ambos – se añade el parentesco: “y su hermano” (v.2). Como ocurre en todas las listas de los Doce, siempre el primero es Pedro, lo que resalta claramente su importancia. Curiosamente acá se indica de Simón “el llamado Pedro” cosa que recién ocurrirá en 16,18. Como también ocurre en todas las listas (salvo cuando ya no está) Judas ocupa el último lugar. Acá se indica que es “el Iscariote”, término que no es preciso: puede ser de la región de Kerioth, al sur de Judea, o quizás el “sicario” (incluso alguno lo relaciona con el color rojo de la cara). Juan – que puede remitir a otra fuente – dice que es hijo de Simón Iscariote, con lo que parece inclinarse por la primera opción (Jn 6,71; 13,26).

Es interesante señalar que no todos los Evangelios mantienen el mismo orden: Mc 3,18, por ejemplo, pone a Andrés en cuarto lugar por la importancia que da a Santiago y Juan; Tomás y Mateo están alternados en Mt y Lc con respecto a Mc, Lucas en Hch, además, intercala a Bartolomé que en los anteriores está antes. Pero, además, mientras Mateo y Marcos presentan a Tadeo, Lucas (y Hechos) presentan a Judas de Santiago (lo que llevó a la muy tardía integración de “Judas Tadeo”, sic). Mateo aclara que “Mateo” es el que era cobrador de impuestos (reemplazando en 9,9 el nombre de Levi de Mc 2,13-14). Sin duda, el orden refleja la distinta importancia que algunos tuvieron en las diferentes comunidades, o sus fuentes. Que los nombres no coinciden es indicio, con toda probabilidad, que no siempre fueron los mismos (que por alguna circunstancia alguno dejó de integrar el grupo y fue reemplazado, por ejemplo). La clave no está en los nombres (por más que algunos sean particularmente importantes, por cierto) sino en el número: la elección de doce remite claramente a los Doce hijos de Jacob, las Doce Tribus de Israel. Las ovejas perdidas (= Israel), la “casa de Israel” son el elemento principal en esta parte del Evangelio.

Es curioso que el envío les indica claramente que “no deben ir” ni a paganos ni a ciudades de samaritanos, aunque sabemos que Jesús sí prepara la predicación en estos territorios. Jesús llama-hacia (pros-kaleô), la lista son sólo varones judíos, aunque mujeres y paganos se incorporarán al final. La ampliación de la misión con nuevos misioneros (trabajadores para la mies) y nuevos destinatarios de la predicación (“a todo el mundo”, 28,19) es el paso posterior a la Pascua.

Pero, del mismo modo que lo hizo Juan, el Bautista (3,2) y también Jesús (4,17), los discípulos deben anunciar la cercanía del “Reino de los Cielos” (10,7).

La misión implica que “el mundo importa”, ni se “fuga” de él, ni se lo deja tal cómo está. Pero la misión no es un “momento” temporal sino el sentido de ser de los Doce, para eso existen. Incluso cuando las consecuencias sean de peligros mortales (como señalamos en la segunda parte del capítulo 10). Es continuar la obra de Jesús. Es “itinerancia, pobreza, indefensión y amor”, como señala un autor.

El Jesús que tiene “autoridad” (9,6.8) les da “autoridad” (v.1) sea sobre los “espíritus impuros” sea para “curar”, y – luego de indicar dónde deben ir y no ir – y que deben proclamar el Reino lo especifica: curar – resucitar – purificar – expulsar demonios [todo lo que ha hecho Jesús en los capítulos anteriores donde curó (8,5-13.14-15; 9,1-8), resucitó (9,23-26), purificó un leproso (8,1-4) y expulsó demonios (8,28-34)].

Pero la característica de esta misión de palabras y hechos debe estar marcada por la gratuidad; esta garantiza que llegue a los pobres; y – además – los misioneros no deben llevar nada, ni lo necesario. Esta imagen de la gratuidad en la predicación, que también destaca claramente Pablo (cf. 1 Cor 9,18) y remarcada en Hechos como crítica a la actitud de un mago, Simón (8,18-24) llevó a la posterior formulación del pecado de “simonía” (= de Simón) aludiendo a la búsqueda de percibir dinero por las cosas que son don de Dios para todas y todos. Quizás un pecado olvidado en muchas regiones.


El video con comentario al Evangelio en

https://youtu.be/WoGipUtaUu4

también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/06/comentario-al-evangelio-del-domingo-11.html



Imagen tomada de https://sergiovaldezsauad.blogspot.com/2017/07/doce-apostoles-mateo-101-7.html

sábado, 6 de junio de 2026

La nueva gira del Indio

 La nueva gira del Indio

Eduardo de la Serna



En algunas cosas creo ser un “bicho raro” (o rara avis) porque cuando leo en diferentes medios que Fulano o Fulana se reconcilió con Mengano o Mengana, o que tal y cual son pareja, o algún tipo de noticia que tiene que ver con Zutano me suele ocurrir que no tengo la más mínima idea de quién se trata; ni siquiera – si se acompaña con fotos – reconozco sus caras. Seguramente tiene que ver con la vida que llevo.

Como no veo televisión, por ejemplo, y solo escucho radio cuando voy en el auto, no me relaciono con cierto ambiente que, parecería, debería serme familiar. Eso no significa que viva en una isla, porque creo estar bien conectado con la realidad, por cierto.

Señalo esto a raíz de la muerte del Indio Solari. Y lo relaciono, también, con la de Gustavo Ceratti. Creo que nunca escuché una canción de ellos, al menos una entera. Y, cuando ayer escuché a un comunicador decir que “en la Argentina de este tiempo todos estamos atravesados por el Indio, nos gustara su música o no”, mi primera impresión fue que estaba exagerando. Pero, dicho esto, no puedo menos que estar atento. Muchas veces, y era evidente para quien quisiera mirar, multitudes se movilizaban allí donde iba a haber un recital (sea de los Redondos, sea de los Fundamentalistas); y esta movilización no era “acá cerca” habitualmente. Las caravanas eran notables para cualquier persona atenta. Y, cuando digo multitudes, estoy siendo preciso. No eran estadios sino campos. Mucha, muchísima gente se sentía convocada y hacía kilómetros para escucharlo. Y, por lo que he visto, conjuntamente, gente de edades diversas, regiones diversas, ambientes sociales diversos. Pero además de esto, cuando he escuchado o leído alguna declaración suya lo habitual era estar yo de acuerdo con él. Ahora circulan textos y más textos atribuidos al Indio (y, lamentablemente, IA mediante, no es fácil saber si son realidades o inventos). Pero, para sumar una más a su favor, fue detestado por el gobierno (y ya se sabe que si algo es aborrecido por los libertarios seguramente ha de ser algo interesante). Gente movilizada, gente llorando, gente gaseada por Therians que se autoperciben leones… demasiado valioso ha de ser, sin duda, una persona que provoca tanto sentimiento positivo, tanta pasión popular. No sé si estoy o no atravesado culturalmente por el Indio, pero sí sé que su muerte no me deja indiferente. Y más que por él (aunque también, por cierto) por los cientos de miles que lo abrazan, lo cantan, que se lamentan (y no con un lamento teatral y ficticio como “el otro”), que están de duelo. Alguien importante ya no está, mientras algunos insignificantes creen que están vivos (insignificantes que se gozan de las lágrimas de un pueblo… como lo vienen haciendo hace años). Termino con una frase (que tengo claro suele ser despectiva y no debe decirse, pero lo hago de un modo claramente positivo): “se durmió el Indio… ¡ojalá a nosotros se nos despierte el indio!”


Imagen "Misa riocotera" tomada de Minutouno.com