martes, 3 de noviembre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 32º "A"

La prudencia conduce a una esperanza militante y resistente

DOMINGO TRIGESIMOSEGUNDO – “A”

Eduardo de la Serna




Lectura del libro de la Sabiduría     6, 12-16

Resumen: Buscar la sabiduría es un momento fundamental para las personas. Por eso tiene sentido madrugar a fin de encontrarla pronto y alcanzar la sensatez.

Es frecuente en la literatura Sapiencial de Israel encontrar “elogios de la sabiduría”. Como es algo conocido, “sabio” no es, en la Biblia, una persona que “sabe” muchas cosas, sino alguien que “sabe vivir”. Los últimos escritos sapienciales destacan que “sabe vivir” quien cumple con la ley (hay textos en los que “ley” y “sabiduría” se identifican) y por momentos esa sabiduría tiene los atributos del mismo Dios. La referencia a la luz y el brillo en nuestro texto es indicio de esto.

La persona que la desea y la busca con dedicación la encuentra (Pr 8,17; Sir 6,27). La sabiduría desea ser “encontrada”, por lo que no se oculta de los que la pretenden, es más, les sale al encuentro (v.13). Está sentada a la puerta, para ser vista por todos, y los que madrugan pronto estarán llenos de gozo (Sir 4,12), como se debe hacer para encontrar “en la puerta” a un hombre “prudente” (Sir 6,36). Es sensato madrugar para conseguir el favor de Dios (Sir 32,14), y empezar desde temprano con la oración a Dios (Sir 39,5). Notar entre paréntesis que la única vez que se encuentra el verbo “madrugar” (orthrizô) en el Nuevo Testamento es para señalar que el pueblo “madrugaba” para escuchar a Jesús enseñar en el templo. Él es la sabiduría misma de Dios (Lc 21,38).

Estar alerta desde temprano para conseguirla es la “prudencia” (frónêsis), y quien la consiga estará libre de preocupaciones (amérimnos).

Nuevamente (v.16) destaca que la sabiduría quiere ser encontrada, por lo que ella misma toma la iniciativa para que lo logre quien la busca (Sir 15,1-3; ver Is 65,1-2.24); esos la tendrán en sus pensamientos y proyectos (ver 9,14 y el contraste con 14,12; 15,4).



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     4, 13-18

Resumen: Ante la muerte de algunos en la comunidad los tesalonicenses no saben qué ocurrirá con ellos cuando Jesús vuelva. Pablo les escribe para sostenerlos en la “esperanza” señalando que todos, vivos y muertos, pasarán al encuentro con Dios.

Pablo sabe, porque Timoteo se lo ha dicho, que la fe y el amor de los tesalonicenses se mantiene vivo (3,6), pero hay un problema con “la esperanza”. Y Pablo no quiere que la tristeza embargue a sus amigos ante el dolor “como los que no tienen esperanza”. ¿qué ha ocurrido? Desde que Pablo se fue, abruptamente de la comunidad, alguno/s ha/n muerto. Pablo había anunciado que Jesús volvería muy pronto, de hecho, él está convencido de ello, ¿qué ocurrirá con los difuntos cuando vuelva? ¿Se quedarán sin disfrutar del encuentro?

Dos pequeños elementos sobre la Venida de Jesús: (1) Jesús había indicado que volvería, y eso ocurriría pronto. Pablo lo ha predicado en la comunidad. Al haber tenido que irse sin profundizar la predicación no ha podido desarrollar esta idea. Como se ve en el texto, Pablo cree que él estará entre el conjunto de los que estén vivos cuando Jesús vuelva (“los que quedemos”, vv.15.17). Pero no es eso lo que importa, sino que todos, vivos y muertos pasarán a un nuevo estado de vida “al encuentro de Cristo… permaneciendo con el Señor”. (2) Varios grupos judíos, como los fariseos, esperaban la resurrección (para los tiempos finales). Probablemente esto significara volver al mismo tipo de vida presente, aunque sin los malos momentos que la acompañan: sin enemigos, sin violencia, sin opresiones (es decir, en “shalom”, paz). Pablo, y los seguidores de Jesús creen también en la resurrección, pero con una novedad: esta será semejante a la resurrección de Cristo. Esta será el “prototipo” de las resurrecciones. Así, no se trata de un “volver” sino de un “pasar” a un nuevo modo de vida, “con Dios”. Los muertos antes de la venida de Jesús “pasarán” a ese modo nuevo de vida resucitada.

La imagen del “arcángel” y la trompeta tiene claros tintes apocalípticos, como ocurre también en otros pasajes de la carta (ver 5,5). La trompeta suele tocarse en la ciudad ante la venida de fuerzas enemigas para alertar a la defensa o para ordenar la carga en el ataque (ver Jos 6,5; 1 Mac 4,13; Job 39,25; Sir 26,27; Ez 7,14; Os 5,8; Sof 1,16; aunque en ocasiones también – se entiende que el sonido de una u otra situación es diferente (1 Cor 14,8) – se trata de música de fiesta, Sal 81,4. Miguel es presentado como el “jefe de los ángeles” (= arcángel) que combate contra el jefe del ejército enemigo, el diablo (ver Jud 9).

Es posible que los muertos hayan sido “matados” por el imperio: en toda la carta se insiste en la tribulación (thlipsis, 1,6; 3,3.7), los sufrimientos y maltratos (2,2), padecimientos (2,14), matados, perseguidos como enemigos (2,15). Y se trata de paganos, en este caso (2,14). La alusión al dicho imperial “paz y seguridad” (5,3) permite pensarlo, aunque no tengamos certeza en este aspecto. Lo cierto es que estos muertos no quedarán sin disfrutar el encuentro con Dios en la venida de Jesús.


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     25, 1-13

Resumen: Mateo presenta una parábola en la que pone en contraste dos actitudes: la de quienes están o no atentos a un esposo que viene en horario inesperado. De velar estando atentos a su venida se trata.

Mateo sigue con la serie de textos y parábolas que aluden a alguien que viene sin que se sepa con precisión cuando ocurrirá. En el Evangelio del día se trata de 
un “novio” (nymfíos). El término no es muy común en la Biblia (lo encontramos 30 veces solamente). En ocasiones se traduce por “yerno” (Jue 15,6; 19,5), pero en general se refiere al recién casado.

Breve nota sobre el casamiento en Israel: Las bodas suelen ser acordadas entre los padres de los que contraerán matrimonio. Una vez acordado el acontecimiento, y recibido el padre de la novia un “regalo” (no es propiamente una dote) por la pérdida que tendrá, se firma un “contrato”: “desde ahora yo soy tu marido, desde ahora serás mi mujer” (como puede verse, es algo pensado desde la perspectiva del varón). Pero durante un largo período, estimado en un año, la pareja – ya casada – siguen viviendo en la propia casa paterna. Entre tanto se prepara el lugar donde vivirán y, por cierto, la fiesta de bodas. En este tiempo, propiamente la pareja ya están casados (es lo que se supone ocurre entre María y José, ya casados pero todavía no viven juntos, ver Mt 1,18; Lc 1,27). El texto, entonces, alude a la fiesta de bodas, pero propiamente no se trata de un “novio” sino de un “esposo” aunque todavía no convivientes (ver Mt 9,15).

Es importante señalar que se trata de una parábola, no de un relato moral. Es decir, hay un elemento (¡solo uno!) que cuenta, el resto es el marco narrativo que ilustra ese aspecto. En este caso se trata de estar o no preparados ante “uno que viene” (obviamente se refiere a la venida “del hijo del hombre”). Si leyéramos demasiado linealmente el texto podría decirse que se tratan de 5 jóvenes desprevenidas y 5 jóvenes egoístas, o insolidarias. No es ese el punto. De hecho el texto lo señala de entrada: cinco son necias (môraì) y cinco son prudentes (frónimoi). Se espera que los “necios” se vuelvan sensatos (Sal 93,8). El término (habitual en el Eclesiástico, 26x de las 49x que se encuentra en toda la Biblia) solo lo encontramos en Mateo en los Evangelios. Es interesante que el mismo contraste con el “prudente” se encuentra en la comparación de Jesús entre el prudente y el necio que edifican la casa sobre roca o sobre arena comparados con los que escuchan o no las palabras de Jesús y las ponen (o no) en práctica (7,24-27).

El término “prudente” (frónimos) suele estar en paralelo con “sabio” (ver Gen 41,33.39; 1 Re 3,12; Pr 17,28…). El término en ocasiones puede ser incluso negativo (así se dice de la serpiente en Gen 3,1 y del administrador que estafa a su patrón en Lc 16,8). En Mateo se encuentra en otras ocasiones además de la ya señalada de la edificación de la casa. En 10,16 vuelve a decirse de la serpiente, pero invitando a los discípulos a ser “astutos / prudentes como las serpientes y sencillos / inocentes como las palomas. En 24,45 es una característica del siervo fiel (el texto es del Evangelio Q, ver Lc 12,42).

En este caso las niñas (“vírgenes” en este caso se refiere a las niñas pequeñas que entrarán con el esposo a la fiesta acompañándolo con las lámparas) que esperan al esposo son calificadas de necias / prudentes por prever o no la demora del novio aprovisionándose o no de aceite suplementario para las lámparas.

La tardanza del que llega es un tema importante puesto que se alude a la demorada venida del hijo del hombre, algo que “ni el hijo sabe” cuando ocurrirá (24,36), por lo que se invita a “velar” (24,42) puesto que ocurrirá de improviso “como un ladrón” (24,43); sucederá en el momento menos pensado (24,44). Un servidor no puede descuidarse porque su señor “tarda” (24,48) y desatender su responsabilidad (24,50); esto puede ocurrir “al cabo de mucho tiempo” (25,19).

El contraste entre las necias y las prudentes se refleja en no desatender su responsabilidad. Sólo las segundas están prontas a acompañar al esposo a la fiesta.

La idea de alguien que golpea la puerta pidiendo al señor que le abra y la respuesta que alude al desconocimiento también la encontramos en Lc 13,25. Mateo, además, en otra ocasión alude al doble uso de “Señor” y también al rechazo: se refiere al ingreso en el reino y a que “muchos” dirán “Señor, Señor” aludiendo a que profetizaron, expulsaron demonios e hicieron milagros “en tu nombre”. Nuevamente se destaca que “no los conocí” (7,22-23) y a continuación de esto es que destaca a los necios y los prudentes en la edificación de la casa sobre roca o arena.

La parábola termina con el dicho del esposo (“él respondió”): “en verdad les digo que no las conozco” y una breve conclusión de Jesús propia de la unidad: “velar” porque “no saben el día y la hora” (ver también 24,42.43; 26,38.40.41). Velar es lo opuesto a “dormir”, lo que contrasta, en cierto modo, a lo que ocurre con las 10 niñas que “se durmieron” (v.5). Insistimos que el sentido de la parábola no está en prestar atención a detalles narrativos (por ejemplo, ¿dónde podrían las necias comprar aceite a media noche?) sino al contraste entre unas y otras en la preparación para la venida del que se demora. Ese “día” y “hora” es lo que todos – hasta el Hijo – desconocen (24,36) por lo que se impone “velar” (24,42).

Es el tema principal de todo el bloque final del Evangelio de Mateo al que pertenece el texto litúrgico del día.


el video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://youtu.be/MrBWfb2_2VE
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/11/comentario-al-evangelio-del-domingo-32-a.html


jueves, 29 de octubre de 2026

¿Se pueden salvar los ricos?

¿Se pueden salvar los ricos?

Eduardo de la Serna



Empiezo, provocativamente, con una pregunta que se formulaba en 1974 el gran teólogo Víctor Codina… Los clásicos tratados europeos sobre el Bautismo, especialmente a partir del desafiante planteo de Karl Barth (en 1943), se preguntaban si se debía o no bautizar a los niños (incluso el reciente documento del Dicasterio para la doctrina de la fe hace referencia a eso [#32]). Codina indicaba que en América Latina ese planteo era cruel (por ejemplo, teniendo en cuenta la enorme mortandad infantil) y decía que la pregunta, en América Latina, era si se debía o no bautizar a los ricos… Remito a él para su desafiante planteo [https://www.mercaba.org/ARTICULOS/E/es_licito_bautizar_a_los_ricos.htm]. Y me detengo en lo bíblico.

Si bien es cierto que, en muchas partes, especialmente del Antiguo Testamento, el planteo era que tener o no bienes era un signo de la bendición de Dios (de donde se alimenta, mal leída, la perversa “teología de la prosperidad”) no es menos cierto que, también en el Antiguo Testamento, la actitud frente a los pobres es un tema fundamental. El rico será rico por bendición divina, pero – precisamente por eso – no puede desentenderse de la situación de los pobres. ¡Son sus hermanos!

Pero mirando las escrituras cristianas, la situación parece más evidente (y provocativa). Se suele decir, por ejemplo, que Jesús tenía amigos ricos (algo que en ningún texto se afirma), lo cual en nada quita el planteo.

  •          Es más que evidente el contraste entre la bienaventuranza a los pobres y el ¡ay! a los ricos (Lc 6,20.24);
  •          Es evidente que no pasa un camello por el ojo de una aguja (Mc 10,24);
  •          Es evidente que al rico que ha cumplido todo desde su juventud, sólo le “falta una cosa”: vender todo y darlo a los pobres (Mc 10,20)
  •          El evidente que al rico Zaqueo y a su casa ha entrado la salvación cuando afirma que da “la mitad de mis bienes a los pobres” (Lc 19,8)
  •          Es evidente que María canta la alegría de que Dios “colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,53)
  •           Es evidente que las riquezas son enemigas de la Palabra y el Reino (Mc 4,19)
  •           Es evidente que quien no se ocupó de los hambrientos, desnudos, migrantes queda apartado de Jesús (Mt 25,31-46)
  •          Es evidente que el rico de la parábola está en el lugar de tormento porque en su vida tuvo bienes (Lc 16,25)

Y se podrían señalar textos fuera de los Evangelios incluso… pero “para muestra basta un botón”.

Es sabido que el Evangelio que más destaca el tema de los ricos y los pobres es el de Lucas, así que aquí lo miraremos. A modo meramente estadístico e ilustrativo, el término ptojós (= “pobre”; aunque hay otros términos griegos para la misma situación) se encuentra 5 veces en Mateo, 5 en Marcos, 10 veces en Lucas y 4 en Juan; el término griego plousíos (= “rico”) se encuentra 3 veces en Mateo, 2 en Marcos, 11 veces en Lucas y 0 en Juan. Y, concretamente, salvo en una ocasión, los ricos son personas vistas negativamente en el Evangelio. Incluso, a modo ilustrativo, cuando el rico, en Marcos, le pregunta a Jesús qué debe hacer para heredar la vida eterna, Jesús le recita los mandamientos, pero en medio de ellos añade “no defraudarás” (que no está en los mandamientos, por cierto), pero es una posibilidad grave dado que se trata de un rico… (Mc 10,19; además que – se ha de notar – Jesús se va a poner en camino y el rico se le pone delante impidiéndole avanzar [v.17]).

Pero señalemos algo – siempre según Lucas – para dar un paso más. Dar a los pobres es tener un “tesoro en el cielo” (Lc 18,22 [también en Mt y Mc]), y por eso destaca algo que también es frecuente en él: “Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla” (12,33). La limosna, que en Mateo se refiere al acto religioso típico judío que debe hacerse en secreto; 6,2-4, es compartir los bienes con los pobres (no se debe olvidar que es habitual que un mendigo esté en un lugar visible pidiendo limosna; cf. 18,35; Jn 9,8; Hch 3,2). Por eso dirá – Lucas – “den lo que tienen en limosna y todo será puro para ustedes” (11,41). El criterio es que, puesto que de los pobres es el reino, “hacerse amigos” de los pobres hará que ellos nos reciban “en sus moradas” (16,9), porque es evidente que no se puede “servir a Dios y a Dinero” (16,13 [notar que no dice “al” sino “a” Dinero, se trata de algo personificado, un ídolo]). Es interesante, también, que esa categoría, más griega que judía, “amistad” (filós), también es frecuente en Lucas (1 vez en Mateo, 0 en Marcos y 15 veces en Lucas).

En este sentido, es habitual en los ambientes greco-romanos, repetir un dicho clásico: “los amigos todo lo tienen en común” (lo repiten Diógenes Laercio, que lo cita como de Timeo, Platón, Aristóteles, Cicerón…). Y acá radica el tema. Como Lucas se dirige a un ambiente más helénico que semita, a la importancia bíblica de la hermandad va a añadir la importancia de la amistad. Ser hermanos, ser amigos es el punto de partida central de la fidelidad al proyecto de Jesús. Y así se entiende claramente un tema que se ve en Lucas y a primera vista parecería chocante: él destaca que lo propio de la situación de los pobres y de los ricos es que esta cambiará, como se ve en el canto de María, en la bienaventuranza, en la parábola de Lázaro… Y acá la pregunta, ¿cuándo cambiará? Pues. ¡cuando vivamos como hermanos y amigos! Por eso destacará que la comunidad ideal, como los amigos. “todo lo tenían en común” (Hch 2,44; 4,32), y por eso no había necesitados entre ellos. Cuando los ricos compartan los bienes con sus hermanos y amigos, los pobres, entonces, serán miembros de la comunidad (si no, ocurrirá como como el rico, se entristece y se marcha [Mc 10,21], o peor, el otro rico que va al lugar del tormento [Lc 16,23]). Ciertamente, los ricos pueden salvarse, en la medida en que descubran en los pobres hermanos y amigos y compartan con ellos los bienes. Así “tendrán un tesoro en el cielo”.


Imagen tomada de https://www.facebook.com/groups/2631796666996525/posts/3185022325007287/

martes, 27 de octubre de 2026

Jugop de Limón (27 de octubre 2026)

Demonios y exorcismos



La hoguera de la estupidez

La hoguera de la estupidez

Eduardo de la Serna





La historia de la humanidad está, lamentable y dolorosamente, plena de crueldades. Y no está de más que, con sensatez, podamos entender acabadamente qué tanta distorsión de humanidad las provoca, como cuánto de sadismo engendra en los espectadores que aplauden enfervorizados los circos o las cruces romanas, y sus lamentables sucedáneos. Es interesante que el mismo evangelio de san Lucas cuenta, que ante la cruz de Jesús y los que estaban con él, muchos fueron “a ver el espectáculo” (Lc 23,48) y Pablo mismo destaca que los apóstoles “estamos como condenados a muerte” y, acota, “como espectáculo” (1 Cor 4,9). Siglos después, cuando en los circos hubo cristianos condenados a muerte por fieras, gladiadores u otras torturas, incluso cristianos iban a verlo como entretenimiento, motivando que algunos escritores los criticaran por ello (Tertuliano o Agustín, por ejemplo).

A modo de espectáculo, entonces, tal como nos tiene nauseabundamente habituados, el presidente brindó su show ante la fundación Faro (presidida por el pseudo intelectual Agustín Laje que nos “enseña” que la batalla cultural es contra la “perversión” del feminismo, pero que no está mal la violencia [sic]), y allí, entre aplausos y silencios, criticando e insultando a personas que trabajan en el periodismo, acotó que se los debe “quemar en la hoguera”. La acusación no requiere demasiado esfuerzo: basuras, ensobrados, zurdos… brujas.

La historia de la humanidad tiene demasiada muerte en sus espaldas provocadas por hogueras. El fuego purifica, parece… Y los “herejes” lo han aprendido “en carne propia”. La Inquisición (o las Inquisiciones, para ser más precisos) ha sido experta en fuegos, y cuando no se trataba de personas, se quemaban sus obras: la quema de libros aparece como una buena simetría… así quemó el rollo del profeta Jeremías el rey Yoyaquim (Jer 36,27-29), quemaron rollos de la Torá los griegos de Antíoco IV (1 Mac 1,56), la inquisición quemó los libros que consideraba heréticos (muchos de los cuales, después, inspiraron a generaciones), los nazis quemaron libros, la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica en Argentina, también. ¡Maravillosa metáfora la del presidente… y maravillosos aplausos de los mediocres asistentes! Incitación a la violencia y al crimen lo llaman. Pero ya sabemos que de eso no solemos aprender… incentivaron el odio a Cristina y, por tanto, intentaron matarla y el poder judicial (que no es “la Justicia”) sigue dando la razón tanto al Martín Fierro como a monseñor Romero: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande, pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”, decía el primero; la justicia es “como la serpiente que solo muerde a los que están descalzos”, repetía el segundo… Lamentablemente, en nuestra experiencia no parece sensato esperar que nadie actúe con justicia y sancione estos delitos… No solamente no aprendemos sino que no debería extrañar que mañana aparezca un Sabag Montiel que agreda – o peor – a alguien del periodismo (o de otros oficios molestos al presidente) y nadie se haga cargo del delito.

Y ante la multitud de incinerados (y sin olvidar ni menoscabar a ninguno) no puedo menos que recordar a dos mujeres que dejaron huella: Margarita Porette y Juana de Arco. La sana doctrina, encabezada por la Facultad de Teología de Paris (la Sorbona) decidió solemnemente que ni una ni la otra (1310 la primera, 1431 la segunda) debían dejar huella, por escribir (por osar escribir) la primera, por “meterse en política” la segunda; es que ambas cosas son “propias” de varones. Las beguinas, como Margarita no aceptaban que las mujeres deben estar sometidas, sea a un marido o a una congregación donde tiene una regla… Juana, joven, laica, analfabeta, pobre, no puede pretender – y, para más escándalo, ¡vestida de varón!, con lo cual evidentemente viola la “ley natural” – conducir un ejército y ser decisiva en una guerra (de “Cien años”) … La “pérfida Albión”, la que “se jactaba de su honor y de su ley” no podía aceptar que Francia no le perteneciera (y la Facultad de Teología bendecía semejante sumisión) … Definitivamente, ambas debían ser quemadas. Las beguinas desaparecidas, la política sometida… Papas, reyes, teólogos tenían la última palabra: ¡el fuego! La acusación no requería demasiado esfuerzo mental: ¡brujas! Claro que – pasado el tiempo; más rápido en el caso de Juana, más lento en el caso de Margarita – no se pudo apagar la brasa humeante de la que ya hablaba Isaías (42,3) y Mateo 12,20 aplica a Jesús.

Hoy, tanto Margarita como Juana (y cientos más, por cierto, mujeres y varones) dejan una huella. Ambas sabían de batallas culturales, ambas fueron derrotadas y el ambiente y la sociedad purificados, pero ambas enseñaron y siguen enseñando que el fuego no tiene la última palabra. El fuego puede quemar libros y personas, pero el humo, las cenizas, dejan signos que otros, ¡muchos otros!, pueden reconocer.

Si bien es cierto que en la antigüedad los faros iluminaban con fuego a los navegantes para alertarlos de los peligros… hoy encontramos en muchas víctimas de hogueras verdaderos faros, verdaderos caminos, verdaderas huellas que valen la pena transitar… Y otros “Faros”, otros dirigentes que dirigen a los dirigidos a los acantilados para estrellarse contra las rocas, sin demasiado esfuerzo mental,  mientras los sádicos aplauden y los mediocres festejan. Y lo hacen en nombre de la libertad (libertad de estrellarse o de incinerarse).


Imagen tomada de https://www.elnortedecastilla.es/20130817/local/valladolid/medina-revive-hogueras-inquisicion-201308170124.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

Comentario a las lecturas de Todos los Santos

 Jesús invita a sus amigos a participar de su vida

TODOS LOS SANTOS
1° de noviembre

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Apocalipsis     7, 2-4. 9-14

Resumen: en una visión y su dialogo explicativo el vidente observa una multitud incalculable que son los amigos de Dios, los que se han mantenido fieles en medio de las dificultades y gozarán de la vida resucitada.

El libro del Apocalipsis no es con frecuencia tenido en cuenta en la liturgia a pesar que tener un marco litúrgico el libro para mostrar la unión entre cielo y tierra. Los frecuentes himnos y cantos son buen ejemplo de ello. Sin duda la referencia a los “elegidos”, los “siervos de nuestro Dios”, los “sellados” y la “muchedumbre inmensa” son la razón de su incorporación en la liturgia del día. Veamos:

Nos encontramos con un libro cerrado con sellos, siete, como es frecuente en la apocalíptica… Obviamente el libro recién se podrá abrir (recordar que se trata de un rollo), sólo puede desenrollarse cuando los siete sellos sean rotos, por lo que el “séptimo sello” será el definitivo. En el rollo-libro están escritos los nombres de los “elegidos”, o salvados (es el libro de la vida), por lo que los asistentes están expectantes para conocer los nombres. Se destacan los primeros cuatro sellos (con sus correspondientes jinetes y caballos, cf. 6,1-8) y luego los restantes dos (cf. 6,9-17). Antes de la apertura del séptimo sello, y definitivo, el libro hace como un paréntesis a fin de crear clima de suspenso. Es el capítulo 7, correspondiente al texto litúrgico. En 8,1 se abre el séptimo sello.

El texto nos presenta una visión (7,1-12) y un diálogo (7,13-17) entre el vidente (el autor del libro del Apocalipsis) y uno de los ancianos que estaba junto al cordero (7,11; ver 4,4). Como suele ocurrir en los apocalipsis, el diálogo es explicativo de lo que se ha visto. 

El vidente observa cuatro (otro número preferido por la literatura apocalíptica, como se dirá) ángeles a los que se ha encomendado causar daño “a la tierra y el mar” (es decir en todas partes), pero eso todavía no ha de ocurrir (ocurrirá en 8,7); antes se ha de marcar en la frente a los siervos de Dios (la imagen es tomada de Ez 9,4). Todavía – hasta la explicación – no sabemos de quienes se trata, sólo se nos aclara el número: 144.000. Como es habitual en la literatura apocalíptica, el número debe entenderse simbólicamente, es 12x12x1000; 12 es el número característico del pueblo de Dios y 1000 es propio de “una multitud” (ver 2 Pe 3,8). Lo que quiere señalar es que “todo el pueblo de Dios” está marcado por ser “siervos de Dios” (“siervo de Dios” se dice del vidente en 1,1; de los profetas en 10,7, de Moisés en 15,3 y se alude a “los siervos”, los fieles en 19,5; 22,3.6). 

Esta “muchedumbre”, “imposible de contar” proviene de toda “nación, raza, pueblo y lengua” (4 cosas para señalar la universalidad de la proveniencia de los que están de pie ante el Cordero). Los 144.000 provienen de todas partes, tienen vestiduras blancas (signo de resurrección; cf. 6,11) y palmas. La palma es utilizada habitualmente en la liturgia del Templo (cf. Lev 23,40; 1 Re 6,29.32.35; 7,36; 2 Cro 3,5; Ez 40,16.21.22.26.31.34.37; 41,18.19.20.25; Jn 12,3), de hecho el salmo canta que “el justo florece como una palma” (92,13) [este texto prepara la lectura posterior sobre la “palma del martirio”, pero no hace aquí referencia a eso]. Y la muchedumbre canta que la salvación viene “de Dios y del Cordero” a lo que los asistentes responderán “Amén”. En 12,10 se nos dirá que la salvación es que “el acusador” (el satán) de los hermanos “ha sido arrojado” y ha llegado el reinado de Dios (basileía tou theou) y el poderío (exousía) de su mesías. La salvación, la gloria y el poder (dynamis) son de nuestro Dios (19,1) [notar que en estas tres citas el cantante habla de “nuestro Dios”; cf. 4,11; 5,10; 19,5.6]. El “Amén” viene acompañado de ¡siete! cosas que se dirigen a “nuestro Dios”: “alabanza (eulogía), gloria (doxa), sabiduría (sofía), acción de gracias (eujaristía), honor (timê), poder (dynamis), fuerza (isjys)”. 

Luego de este himno de reconocimiento de “nuestro Dios” comienza el diálogo entre el anciano y el vidente.

La pregunta del anciano es retórica, ya que sabe la respuesta pero pretende “interpretar” al vidente la visión (la interpretación está interrumpida en el texto litúrgico en v.14 aunque continúa hasta v.17). Pregunta quiénes son y de dónde han venido pero sólo responderá la primera parte, ya que conocemos la respuesta de la segunda: de toda nación, raza, pueblo y lengua… Y destacará dos elementos dramáticos: que vienen de una “gran tribulación” y que han “blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero”. 

La comunidad a la que se dirige el libro está padeciendo una tribulación (thlipsis) y el autor se presenta como “compañero en la tribulación” (1,9). Algunos destinatarios (la Iglesia de Esmirna, 2,9.10) padecen la tribulación pero ésta es calificada de breve (“diez días”). Se trata de un gran conflicto que se espera para los “tiempos finales” (cf. Dn 12,1; Mc 4,17; 13,19.24). La comunidad (o algunos) están padeciendo una situación violenta. Es muy posible que en algunas ciudades los gobernantes hayan sancionado violentamente a los que se negaban a dar culto al emperador (culto imperial) y los cristianos fueran víctimas de esto  (no consta que sea algo general, pero probablemente sí localizado. Los judíos no fueron maltratados en este contexto por ser tenidos como “religión lícita”, incomprendidos seguramente, pero tolerados). Aquellos que fueron maltratados “blanquearon sus vestiduras con la sangre del cordero” (obviamente la imagen es metafórica, no se trata de que la sangre purifique sino de su identificación con el cordero que también fue asesinado). De hecho, en 12,11 “nuestros hermanos” se han enfrentado al “acusador” y lo vencen “gracias a la sangre del cordero y a la palabra de testimonio (martyrías) que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte”.

La multitud incontable canta la gloria de Dios y el cordero y por eso le darán culto día y noche, no tendrán hambre, ni sed, ni padecerán el sol, ni el calor, serán apacentados por el Cordero que los guiará a manantiales de agua de vida y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos (7,15-17).



Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     3, 1-3

Resumen: La relación entre Dios y los cristianos lo lleva a una relación de amor filial que se dirige hacia la meta del encuentro definitivo.

La carta de Juan debe leerse en coherencia con la teología del cuarto Evangelio (sea escrita por la misma persona o la misma escuela). Empieza señalando el inmenso “amor” (agapê) del Padre. El “Padre” es el modo característico como Jesús se dirige a Dios que es, a su vez, llamado “hijo” (sin acotaciones, lo que es muy propio de Juan; los sinópticos prefieren “hijo del hombre”, a veces “hijo de Dios”). El amor es lo propio de Dios, hasta el punto de afirmar que “Dios es amor” (1 Jn 4,8) y de Jesús (Jn 13,1), por eso Jesús “manda” a sus discípulos amar con un amor semejante (“como yo los he amado”) para que se los reconozca como tales (Jn 13,34-35; cf. 15,9-14). Ese amor ha conducido a Dios a llamarnos “hijos”, ¡y lo somos! Es de notar que el griego conoce dos sustantivos para decir “hijo”: huios y tekna. En Juan (Evangelio y cartas) se dice que Jesús es “hijo”-huios, mientras que nosotros somos “hijos”-tekna. Es interesante cómo lo presenta el prólogo del Evangelio:


Pero a los que la recibieron (a la Palabra), a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos (tékna) de Dios (Jn 1:12).


El contraste viene dado entre la actitud del Padre hacia nosotros y la actitud del “mundo”. El mundo, en general, es el ámbito que rechaza a Jesús (el diablo es el “príncipe de este mundo”, Jesús ha “vencido al mundo”, los discípulos están pero no son del “mundo”… y Jesús es rey, pero no de “este mundo” que lo rechaza). El mundo no conoce a Dios y tampoco a sus hijos (Jn 1,10; 14,17; 15,25). 

La vida ya se ha manifestado (faneróô) (1 Jn 1,2), el obrar de los injustos manifiesta su actitud (2,19) y Jesús se manifestó para borrar los pecados (3,5) para deshacer las obras del diablo (3,8). El amor de Dios se ha manifestado en el envío del hijo (4,9).  La plenitud de lo que se espera no se ha manifestado aún ya que “seremos semejantes a él, lo veremos tal cual es”. A Jesús lo hemos “visto” en su “manifestación” (1,2) y por eso lo “anunciamos” (1,3); de hecho, “el que peca… no lo ha visto” (3,6). A Dios no se lo ve, pero sí se ve al hermano, de allí que es en él donde se debe expresar el amor concreto (4,20). Y en cierto modo, al obrar el bien ya “vemos” a Dios (3 Jn 11). 

La “esperanza” y la “purificación” se encuentran sólo aquí en los escritos joánicos (aunque Jn 11,55), pero sin duda alude al “aun no” del v.2, aún no se manifestó lo que seremos que es cuando seremos semejantes y lo veremos. Es posible que los adversarios internos que se detectan en la carta por doquier crean y proclamen que ya hemos alcanzado la meta y nada queda por esperar y no precisan por tanto purificación alguna y ya se sienten “semejantes” y “ya ven” a Dios. El “ya” y el “todavía no” no es frecuente en los escritos joánicos, pero el autor de la carta quiere alertar a los suyos de una espiritualismo peligroso que lo aleja a su vez de los hermanos y del amor concreto.



+ Evangelio según san Mateo     4, 25 -- 5, 12

Resumen: Jesús empieza su predicación reconociendo como felices a los que vivan de una manera coherente con el Reino que él anuncia. Dios se manifiesta del lado de sus amigos.


La referencia a las multitudes que siguen a Jesús forma, en realidad la conclusión de la sección narrativa (“Jesús recorría toda Galilea… lo siguió una gran multitud de Galilea…”, 4,23-25) pero está colocada con la finalidad de entender la actitud de Jesús en 5,1 al “ver la multitud”.

Nos encontramos con el primer discurso de Jesús lo cual, sin duda tiene una particular connotación (lo mismo ha de decirse de las primeras palabras de Jesús en los restantes evangelios). Jesús "sube al monte” (5,1) del cual recién descenderá en 8,1 constituyendo una larga sección discursiva conocida como “el Sermón del monte", 5,1-7,28 enmarcado, además con la palabra clave “enseñar” (5,2; 7,29).

El texto da por supuesto que se sabe a qué monte se refiere (al monte, tó oros) aunque la localización precisa no sea importante. En Ex 19,3.20; 24,12.15.18; 34,1.2.4; Dt 9,9; 10,1.3 se señala que Moisés “sube al monte”. La actitud de “sentarse” es propia del maestro (Mt 13,1.2; 23,3; 26,55; Lc 2,26; 4,20). En este caso la montaña quizás simplemente sea presentada como un lugar en el que es posible dirigirse a una multitud (que no cabría, por ejemplo, en una sinagoga). 

Lo primero que el Maestro dirá son una serie de reconocimiento de que determinadas personas han de reconocerse como “bienaventuradas”, makarioi.

“Makarioi”, felices, dichosos es un reconocimiento a las personas que están en una situación determinada, cf. 1 Re 10,8; 2 Cro 9,7; Tob 13,14; Sal 1,1; 2,12; 32,1; 84,5; 106,3; 119,1.2; 128,1; Sir 25,8-9; 48,11; Is 30,18; 32,20; Bar 4,4. Se trata de una felicitación por vivir de esa manera (y es lo contrario de los “ay”, también frecuentes). 

Para comprender bien las bienaventuranzas de Mateo es importante mirar las bienaventuranzas de Lucas que parecen más fieles a la fuente, el texto Q. Esto nos permite descubrir lo que Mateo quiere destacar.

Para empezar, las bienaventuranzas de Lucas son dirigidas a los que están presentes (“ustedes”) mientras que las de Mato se dirigen a un público impreciso, “aquellos que” eligen vivir de determinada manera.

En segundo lugar la característica de Lucas es que la situación cambiará, entonces lo que se celebra no es tal o cual situación sino la nueva situación que sobrevendrá en un futuro (los que lloran serán consolados; pero se refiere a un futuro histórico, "ahora", no “celestial”). Es que la situación actual es negativa, mientras que la futura es beneficiosa. Mateo, en cambio, presenta situaciones beneficiosas. Para ello, espiritualiza lo que encontró en Q. Veamos un ejemplo: es malo tener hambre, lo positivo es que en el futuro “serán saciados” (= Lucas); Mateo, en cambio destaca que esta hambre y sed es “de justicia” (con lo que esa hambre pasa a ser positiva) y la saciedad ocurre en la consecución de la justicia. Otro elemento - que no hace a nuestra lectura - es que las cuatro bienaventuranzas de Lucas se corresponden con cuatro ayes contrapuestos. Como también la situación se invertirá, la antigua situación beneficiosa será tenida por negativa en el tiempo futuro. Lo que interesa es que se constata una situación y se reconoce felices a los que la viven. En Mateo se trata, entonces, de virtudes.

Hay indicios que nos permiten concluir que Mateo debió incluir una nueva bienaventuranza (la novena) a su cuadro original, seguramente a raíz de la situación concreta de su comunidad. En primer lugar, la primera y la octava se justifican en presente, y no en futuro y finalizan idénticamente: “a ellos les pertenece el reino de los cielos”. En segundo lugar, porque la temática no parece muy diferente de la octava (“los perseguidos”) lo que lleva a pensar que Mateo quiso reforzarla. En tercer lugar, la novena, a diferencia de las restantes – y a semejanza de Lucas – se dirige a “ustedes” y no a “aquellos que…”.

Se podría destacar mucho de cada bienaventuranza. Veamos brevemente:

Felices los pobres de espíritu: Como se dijo, Mateo espiritualiza a fin de que lo que es en sí malo, pero cambiará en el futuro, sea ahora positivo. La primera bienaventuranza, “felices los pobres” la transforma en “pobres de espíritu”. Mateo dirá que Jesús viene a evangelizar a los pobres” (11,5), pero – como en los restantes textos – se refiere a que su situación cambiará, como los ciegos, los lisiados o los cojos, que serán sanados. Ahora se refiere a algo que se da “en el espíritu”. Por ser la primera es la que marca el sentido de las restantes. Los términos que hacen referencia a los económicamente pobres en la Biblia hebrea van adquiriendo paulatinamente un sentido religioso, por ejemplo en el Salmo 69 (notar que el salmista se siente ubicado entre los pobres):

El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias… Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva el corazón de ustedes, los que buscan a Dios! Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. (Sal 69:31-34).

En una misma línea, Sofonías toma la idea de la pobreza e invita a buscarla.

Busquen al Señor, los humildes (anû, pobres) que cumplen sus mandatos: busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así encontrarán un refugio el día de la ira del Señor. (2:3)

Y claramente se afirma en Qumrán:

“Bendito sea el Dios de Israel… Él ha llamado… ha reunido… A rodillas que tiemblan da fuerza para estar en pie. Y ciñe los riñones de los lomos quebrados. En los pobres de espíritu [anû rûah]… al corazón duro. Por los perfectos del camino serán destruidas las naciones impías” (Regla de la guerra, 1QM 14,7).

Se trata del que no pretende nada ante Dios, no argumenta méritos [por esto algunos autores lo han asemejado a la “infancia espiritual”] no se considera autosuficiente sino necesitado de Dios (en su espíritu), reconoce su pobreza y la elige. Ser pobres por elección es el camino necesario para que de ese modo “Dios reine” (en presente). 

Felices los afligidos: las causas de la aflicción ciertamente son muy variadas, desde un duelo a una situación nacional de desgracia, y también la aflicción por haber ofendido a Dios. La causa de esta aflicción no queda especificada, pero es probable pensar en los sufrimientos a causa de la fidelidad. La felicidad radica en que aunque la situación sea negativa el destinatario tiene la oportunidad de ser testigo visible y público de su fe. 

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos (Is 61:1-2).


Como en otras bienaventuranzas la razón de la alegría está puesta en un verbo en voz pasiva; es lo que se llama un “pasivo divino”, es decir – en este caso “serán consolados” – es Dios el que dará el consuelo. El tiempo de la prueba terminará definitivamente.

Felices los pacientes: [en algunos manuscritos y ediciones bíblicas – por ejemplo la Biblia de Jerusalén – esta bienaventuranza antecede a la anterior. El tema no es seguro, y seguimos, entonces, el orden propuesto en la liturgia]. El término praeîs puede traducirse por mansos, humildes, incluso pobres (cf. Job 24,4; 36,15). Las restantes veces que se encuentran en Mateo parecen recomendar la traducción por mansos (11,29; 21,5). Pero se trata de una “mansedumbre” activa, resistencia no violenta. El texto parece inspirado en el Salmo 37:

Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. (Sal 37:7-9).


La sociedad está habituada a que los violentos sean los poseedores de la tierra. Mateo les asegura que Dios intervendrá y dará, regalará la tierra a los no violentos. La verdadera fortaleza está del lado de la no violencia porque tiene a Dios de su parte.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia: La espiritualización a la que hicimos referencia en este caso se manifiesta en relación a la justicia, es decir a la búsqueda de la voluntad de Dios (5,10.20; 6,1; 21,32). Es decir, se declara felices a los que tienen deseo (= hambre, sed; cf. Am 8,11; Sal 63,2) de buscar la realización de la voluntad de Dios (= el Reino de Dios). Pero el hambre y la sed también son imagen de una carencia. La justicia falta en el mundo, y las víctimas de la injusticia cuentan con que serán saciados por Dios quien los sentará en el banquete del Reino (cf. 26,29). El don de Dios es a su vez tarea humana.

Felices los misericordiosos: La relación "don y tarea" vuelve a manifestarse en esta bienaventuranza ya que hay una relación entre la búsqueda, la práctica de la misericordia y la obtención de la misericordia. Misericordia no se trata de un sentimiento sino de una praxis, una actitud hacia el prójimo, en especial al “mísero”, por ejemplo en el perdón (cf. 18,23-35): “¿no debías tú también haber tenido compasión de tu compañero como yo la tuve de ti?” (v.33).

Felices los limpios de corazón: el añadido “de corazón” refuerza la espiritualización. La pureza era un gesto ritual que Jesús cuestiona (23,36) ya que pretende que esta sea “del interior”. Es importante tener presente que a diferencia de nuestras lenguas, en la Biblia, el corazón es el ámbito de las decisiones y los pensamientos, es el que permite discernir el bien del mal (1 Re 3,9; Dn 2,30; cf. Mt 15,18.20). Ya los profetas señalaban que la pureza no ha de ser primeramente ritual sino una actitud de vida (practicar el derecho y la justicia; cf. Is 1,16). “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro”, dice el Salmo 51,12 (ver Joel 2,12-13). Se trata, en suma, de ser leales con Dios y con el prójimo. Y lo que se dice es que “verán a Dios” que se hará presente en el camino de la vida.

Felices los artesanos de la paz: El trabajo por la paz (eirenopoioi) no es un término frecuente. Pr 10,10 considera trabajador por la paz a aquel que critica con franqueza (contrariamente al que cierra los ojos); y Sgo 3,18: los que trabajan por la paz consiguen justicia. Nada semejante a una actitud pasiva ya que es claramente activa (poieo). La paz es la plenitud, el bienestar, la felicidad personal o social. Esos serán tenidos por Dios como hijos, algo que ya ocurre en la comunidad de discípulos (cf. 6,9).

Felices los perseguidos por la justicia: Se refiere, como se ha dicho a aquellos que buscan ser fieles a la voluntad de Dios (= justicia), y por tanto entre ellos “Dios reina” (= 5,3).

Felices serán  ustedes cuando…: como se dijo, esta parece repetición de la anterior, aunque se ha ampliado, además que aquella se refiere a una situación concreta mientras ésta a una situación probable de futuro. Esta situación es “a causa de mi” (de fidelidad a Cristo). Probablemente la situación que afecta a la comunidad de Mateo por parte de los grupos judíos de la ciudad (Antioquía, probablemente) haya provocado la ampliación de esta bienaventuranza. 

La persecución pasada de los profetas es un honor para los contemporáneos perseguidos a causa de Cristo. La recompensa será grande en el cielo. Las bienaventuranzas anteriores hablaban de la intervención de Dios expresada en la voz pasiva. Aquí el anuncio futuro alude al cielo en retribución por la situación padecida.



Cuadro de Cerezo Barredo tomado de rubenavamartin.wordpress.com