martes, 11 de agosto de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 20º "A"

Una mujer, ¡y pagana!, señala a Jesús el camino del Reino

DOMINGO VIGÉSIMO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     56, 1. 6-7

Resumen: Dios invita, por intermedio del profeta a recibirlo a pesar de la novedad que se vislumbra en su mensaje. Los rechazados no lo son por Dios que, en cambio, son bienvenidos. Dios tiene un programa para los suyos. Programa para siempre. 



Comienza el frecuentemente llamado “Tercer Isaías”, y como es habitual en los profetas lo hace afirmando “Así dice Yahvé”. La síntesis de su dicho se encuentra en el versículo inaugural acompañado de una bienaventuranza (v.2). Esta bienaventuranza se extiende a dos grupos habitualmente rechazados: los eunucos y los extranjeros, y a ambos les dice que “no diga” (v.3) haciéndose en ambos casos referencia a los sábados y la mantención de la alianza (vv.2.4.6). A continuación se dirige a los eunucos (vv.4-5) y luego a los extranjeros (vv.6-7) pronunciando en v.8 un nuevo oráculo. Podemos decir, entonces, que el texto litúrgico presenta la introducción del profeta y luego la referencia – promesa – dirigida a los extranjeros.


El dicho de Yahvé es concreto y tiene una explicación (): “guarden el derecho y practiquen la justicia porque () la salvación está al llegar y la liberación a revelarse” (notar el contraste entre la actividad humana de la primera parte y el obrar divino en la segunda).


No hay duda que el derecho y la justicia (mispat / tzedaqa) pueden calificarse como el “programa de Dios para Israel”. Lo que Dios anuncia es “mi” salvación (yesu’ati) a llegar y “mi” liberación (sidqati) a revelarse. Siendo que esto está cerca de concretarse, se propone a los destinatarios empezar ya a “practicar” el programa para el que Yahvé lo ha convocado. El segundo Isaías había llamado con frecuencia a Dios “salvador” (43,3.11; 45,15.21) y “liberador” (45,19.21) cf. 46,13; 51,5. Lo que aquí se pretende es que ya que la liberación está por llegar, la realidad humana coincida con lo que Dios hará. 


El par “derecho” (mispat) y “justicia” (tzedaqa) se encuentran 50 veces en la Biblia hebrea, es evidente que constituyen aquello que Dios quiere que su pueblo viva: Gen 18,19; Dt 33,21; 2 Sam 8,15; 1 Re 10,9; 1 Cr 18,14; 2 Cr 9,8; Job 37,23; Sal 33,5; 36,7; 72,1; 99,4; 103,6; 106,3; Pr 8,20; 16,8; 21,3; Is 1,27; 5,7.16; 9,6; 28,17; 32,16; 33,5; 54,17; 56,1; 58,2; 59,9.14; Jer 4,2; 9,23; 22,3.15; 23,5; 33,15, Ez 18,5.19.21.27; 33,14.16.19; 45,9; Am 5,7.24; 6,12; Mi 7,9. Hemos señalado en detalle las muchas frecuencias para que se vea sencillamente su importancia. Es posible que este texto concreto se inspirara en Sal 106,3.


Lo que se destaca no es lo cultual sino la participación de la alianza y pertenencia al pueblo de Dios. No es seguro si por “extranjeros” se refiere a los no judíos o a los judíos que habitan en el extranjero, como parece probable. La imagen del “servicio” es tomada del lenguaje cultual, pero quizás aquí sea metafórica. Lo cierto es que la promesa a estos se encuentra en v.7 donde el contexto sí es litúrgico. El templo y la ciudad de Jerusalén (lo mismo ocurría con los eunucos, v.5) parece aludir a la visita de los judíos de la diáspora (más que a la venida de paganos). El nombre que Dios le da a su casa – Templo es “casa de oración”; esto está por encima de los holocaustos y sacrificios. Los sacrificios y las oraciones son aceptados por Dios una vez que se practica el derecho y la justicia, ya se ha dicho (ver, por ejemplo, Is 1,10-20). A esto se abren las puertas a los judíos nacidos (y educados, acostumbrados) en tierras de dioses extranjeros y a los judíos que prestaron servicio a autoridades extranjeras (eunucos); todos tienen derecho a incorporarse en la nueva comunidad y a participar (y que sea aceptada) su oración en el Templo.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     11, 13-15. 29-32

Resumen: Pablo destaca el rol de Israel en la historia de la salvación: no siempre supo ser fiel a Dios. Ahora no ha aceptado a Cristo, pero eso permite la incorporación de los paganos. Y esto provocará los celos de Israel que querrá compartir la salvación. Así todos podrán acceder a la vida por la misericordia de Dios.



Pablo está finalizando el largo apartado sobre la Iglesia e Israel (Rom 9 – 11) y sintetiza lo que ha venido diciendo. El gran tema, como se dijo la semana pasada parte del dolor que le causa a Pablo que sus hermanos judíos no hayan reconocido a Cristo y recibido el espíritu. El problema es a su vez teológico: ¿Dios ha fallado en su promesa? Recurriendo abundantemente a citas bíblicas, Pablo demuestra que no es el caso. A lo largo de la historia de Israel, muchas veces el pueblo ha rechazado a Dios, pero Dios tampoco en estos casos lo ha abandonado. Un resto ha permanecido fiel (haciendo referencia a 1 Re 19,18). Coherente con lo que ha planteado en vv.1 – 7 afirma que la elección de este “resto” es gracia, no se trata de “obras” (v.6). Pero esta elección supone, como es obvio, otros muchos que no lo son, Dios “endureció” su corazón (= el espacio de la comprensión). ¿Cuál es el sentido de este tropiezo de la gran mayoría de los miembros de Israel? Los paganos, gentiles pueden acceder a la salvación y esto – además – provoca los celos de los judíos (v.11). Aquí comienza un nuevo punto en este desarrollo y el texto elegido para la liturgia. 


Pablo se dirige concretamente a los paganos destinatarios de la carta: “les digo, a ustedes, los gentiles” (v.13). Y lo que les dice, como “apóstol de los gentiles” es que “hace honor (doxázôa su ministerio (diakonía)”, pero ¿con qué fin? Para despertar los celos de los de su “carne” (sarx) y salvar a algunos. Estos celos de los elegidos que se ven fuera de la salvación al ver que la reciben los despreciados es lo que provocará – y Pablo lo afirma lleno de esperanza – que “entrará la totalidad de los gentiles y así todo Israel se salvará” (11,25-26).


El texto final del v.15 es un qal wahomer, es decir un clásico “de menos a más”: si esto ocurre con lo menos, cuánto más ocurrirá con lo más. Es una oración sin verbos y puede reconstruirse de este modo:

Si, entonces, el rechazo de ellos (trajo) la reconciliación del mundo

¿Qué (traerá) la aceptación sino la vida de los muertos?

Esta reconciliación (¿con quién?; cf. 2 Cor 5,19, reconciliación del mundo con Dios; cf. 8,32; 2 Cor 5,14) está, entonces, en relación a la salvación de los paganos (el mundo). El contraste está dado entre rechazo y aceptación. Ahora bien, ¿quién es el que rechaza y quién el que acepta? A pesar del clima en el que se destaca que Dios es el que ha endurecido sus corazones, expresamente ha dicho en v.1 que “de ninguna manera” puede decirse que “Dios ha rechazado a su pueblo”. La aceptación parece implicar a ambos sujetos (Dios y el pueblo) e implica la comunión plena revelada en Cristo. 


La referencia a la vida de los muertos, ¿ha de entenderse en sentido exacto (es decir, pensando en la resurrección) o en sentido metafórico? Si bien la primera no ha de excluirse, la ausencia del término resurrección (es un término que Pablo utiliza con frecuencia: egeirô [= levantar, despertar] 37x resurrección [anastasis, 9x]), mientras que acá lo omite. Puede ser algo semejante a lo que ha dicho unos capítulos antes: “preséntese ustedes mismos ante Dios como muertos vivientes, y sus miembros instrumentos de justicia para Dios” (6,13). El Israel muerto, como los huesos secos (Ez 37), recibe la vida por su adhesión al evangelio de Cristo. Esta aceptación es comparable a una resurrección.


Israel, en suma, se ha comportado como enemigo y eso ha redundado en beneficio de los paganos (v.28) pero sigue siendo amado por Dios ya que los carismas (jarísmata, dones de la gracia) y el llamado (klêsis) de Dios es irrevocable. Y – concluye – la inversión de las situaciones tiene en todos los casos la misericordia de Dios como repercusión. 

Ustedes (paganos) en otro tiempo rebeldes – al presente consiguieron misericordia (v.30)

Ellos (los judíos) al presente rebeldes (por la misericordia a ustedes) – ahora misericordia (v.31)

El contraste, de todos modos, como ya lo venía señalando en el comienzo de la carta es la rebeldía humana – de todos, judíos y paganos – y la misericordia de Dios que va más allá de las obras de cada uno.


 
Evangelio según san Mateo     15, 21-28

Resumen: Una mujer extranjera pide a Jesús su intervención milagrosa en favor de su hija. Ante la negativa de Jesús, ella insiste obteniendo no sólo el milagro sino también que Jesús la reconozca como de “gran fe” siendo así para el Evangelio modelo de creyente en Jesús y a su vez  capaz de enseñarle al mismo Jesús los caminos del reino.


Siguiendo un esquema semejante a Marcos, Mateo nos presenta a Jesús en territorio extranjero (es que su fama ya era reconocida allí, 4,24). La mujer – a la que Marcos llamaba “griega” – recibe acá el nombre tradicional de la región: cananea. Es importante – siempre – tener presente que Mateo se dirige a una comunidad concreta en una región concreta. La predicación a los paganos y el lugar de los judíos parece un tema importante en este caso. Parece decir Mateo, que los paganos deben reconocer la prioridad de Israel: no se cierra la entrada de los extranjeros, si es que tienen una gran fe como esta mujer, pero los destinatarios de la salvación son los judíos (como no se ha de alimentar a los perros a costa de desentenderse de los hijos). La mujer, entonces, reconocerá no tener derecho alguno y ante ese gesto de humildad Jesús la reconoce capaz de recibir lo pedido. El texto, así mirado, no es misionero sino eclesial.


Como otros necesitados de salud, la mujer le pide “¡compadécete!” (eleêson): 9,27; 17,15; 20,30.31, acotando “hijo de David” (9,27; 20,30.31). Pero Jesús no responde. Lo que provoca la intercesión de los “discípulos” pidiéndole que le conceda lo que pide para que no siga gritando. No parecen preocupados por el bienestar de la hija de la mujer poseída de un “mal demonio” sino indiferentes a su problema; lo que les preocupa es la molestia, no la hija. Como los anteriores enfermos citados que piden compasión, esta lo hace “gritando”.


La negativa de Jesús tiene más densidad teológica que en Marcos: Jesús acota que no “he sido enviado” (= por Dios) sino “a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Jesús ya lo había dicho a los que él enviaba delante suyo (10,6; cf. Jer 23,2; 27,6). Dos temas son interesantes: en el contexto de Mateo, esto se refiere a aquellas ovejas de las que se desentienden los fariseos de tiempos de Mateo; los miembros de Israel están perdidos porque quienes deben ocuparse de ellos son “guías ciegos” (23,16.24). Por otra parte, el texto puede leerse de dos maneras: “a aquellas ovejas de Israel que estén perdidas” o – como parece preferible – “a las ovejas (que es) Israel" que – todas ellas – están perdidas.


El dicho de Jesús y la respuesta de la mujer sobre los perritos, los hijos y las migas que caen es semejante (con matices: “de los niños”, Mc; “de sus señores”, Mt) a Marcos. El contraste entre “hijos” y “perros” parece aludir a los judíos (“hijos”, cf. Ex 4,22; Os 11,1) y los paganos (“perros”, cf. Fil 3,2-3; Ap 22,15). El término “perro” (aquí “perritos”) es ambiguo: se usa en sentido de algo despreciable (Ex 22,30; 1 Sam 17,43; 24,15), del varón que se prostituye (Dt 23,19), de un enemigo peligroso (Sal 22,17.21), y de algo impuro (cf. Job 30,1). Comparar a alguien con un perro es un insulto, y compararse a sí mismos con un “perro muerto” es un gesto de humillación (cf. 1 Sam 24,15; 2 Sam 9,8). 

No deben introducirse en el campamento santo (= Jerusalén) perros que coman algunos de los huesos del templo con la carne. Porque Jerusalén es el campamento santo, el lugar que escogió de entre todas las tribus de Israel…” (4QMMTc, fragm. 1, col II,9 – col III,2). 


Se ha pensado, por ejemplo, que el uso del diminutivo sirve para distinguir el perro doméstico del perro salvaje, e incluso se ha recurrido para mostrarlo a textos griegos y latinos, pero no a textos judíos. Lo más probable es que se refiera, entonces, sencillamente al contraste entre judíos-hijos y paganos-perros. El diminutivo puede servir - como se ha dicho - para aludir a los perros – o a sus cachorros – domésticos (de hecho el dicho transcurre en torno a la mesa familiar), pero sin duda se alude aquí a los paganos.


Se destaca que las dos veces (vv.25.27) la mujer se dirige a Jesús como “Señor”, y que se postra (proskynei, v.25) ante Jesús. Esta “postración” es verbo preferido en Mateo (13x, contra 2x en Mc, 3x en Lc y 11x en Jn, aunque 9x en 4,20-24) donde salvo el caso de la tentación (el diablo le pide que lo “adore”, 4,9.10) y en una parábola (18,26) siempre se dice de Jesús. Se trata de una actitud de postración ante lo divino, por lo que a veces se traduce por “adoración” y suele dirigirse a Dios (Ex 20,5; Lv 26,1; Dt 4,19) aunque puede realizarse en señal de respeto ante un superior (cf. Ex 18,7; Rut 2,10; 1 Sam 24,9; 2 Sam 1,2…). 


Mateo añade una referencia a la “fe grande” de la mujer que – como se dijo la semana pasada – es tema característico de Mateo en contraste con la “poca fe” de los apóstoles, y de Pedro. En Mateo, la fe es fundamentalmente la confianza en que Jesús es capaz de obrar un milagro (8,10.13; 9,2.22.28.29; de allí que en 8,13 y 9,29 Jesús dirá – como en este texto – que lo que le piden suceda conforme a la fe que tienen); en 17,20 y 21,21 se refiere a la fe de los oyentes capaz de obrar cosas importantes, de donde concluye la importancia de la oración (21,22). En 21,25.32 se refiere a que los sumos sacerdotes y ancianos no le han “creído” a Juan (por su testimonio sobre Jesús). Lo que se les critica a los “escribas y fariseos” es que descuidan lo único importante de la Ley: “la justicia, la misericordia y la fe” (23,23). También es usada en sentido de “fidelidad” (24,45; 25,21.23). Podemos decir, en suma, que la fe, aunque no tiene un sentido tan fuerte como encontramos en Pablo, esta se dirige a Cristo (no se habla de “creer en Dios” sino en lo que Cristo es capaz para nuestras vidas).


Pero es muy importante notar, como hemos dicho, que si los apóstoles son cuestionados frecuentemente por su “poca fe”, la “mucha fe” de esta mujer (como la del pagano en 8,10) es particularmente importante (especialmente por tratarse de gente de la que no se espera que tengan fe). Pero tampoco ha de dejar de tenerse en cuenta otro aspecto: Jesús anuncia un reinado de Dios del que invita a hacerse discípulos. Él mismo también está dispuesto a dejarse enseñar – por una mujer y pagana, ¡nada menos! – para ser fiel al proyecto de Dios. Sin duda que aquí esta mujer enseña a Jesús la novedad del reino. Y Mateo toma este elemento para dirigirse a su comunidad, mayoritariamente de cristianos venidos del judaísmo, para invitarlos a tener otra actitud frente a los paganos de su ciudad (ver 28,20). 

El video con comentario al Evangelio en


Foto tomada de www.taringa.net

lunes, 10 de agosto de 2026

Una reflexión sobre “fe y política”

Una reflexión sobre “fe y política”

Eduardo de la Serna



Las siempre fascinantes y también conflictivas relaciones entre la fe y la política tienen en nuestros días nuevas aristas que no está de más enfrentar.

Para comenzar es bueno señalar que en el mundo antiguo (el bíblico, e imagino que también el islámico, aunque no puedo afirmarlo) se ignora absolutamente esta separación. Por ejemplo, los reyes tenían una estrecha relación con la divinidad cuando no son, expresamente, tenidos como hijos de esta. Además, en el mundo mitológico, la comunión entre la esfera divina y la esfera humana es plena, de modo que lo que ocurre en una es expresión patente de lo que ocurre en la otra. Si tal pueblo vence a otro, es a causa de que sus dioses vencieron a los dioses de los derrotados. En este contexto, imaginar que, por ejemplo, Jesús, propone una separación de ambos espacios es ignorar el tiempo, el espacio, el ambiente y la cultura de su tiempo. Hasta tal punto los integra que su “monotema” es el “reinado de Dios”. Se han citado algunos textos para mostrarlo (particularmente dos: “mi reino no es de este mundo” y “den al César lo del César y a Dios lo de Dios”), pero cualquier estudio bíblico serio dice exactamente otra cosa de esos mismos párrafos.

No es el caso hacer una historia de ambas relaciones, pero lo cierto es que contemporáneamente hemos aprendido a distinguirlas sabiamente. Es cierto que todavía hoy hay algunas posiciones “ilustradas” (¿la “diosa Razón”?) que proponen ignorar o rechazar totalmente los planteos creyentes lo cual, me parece, es, por lo menos, discutible, o incluso insensato. Distinguir me parece algo juicioso, negar uno de los dos, me parece negativo.

Una sociedad “razonable” pretende que entre sus miembros haya convivencia y coexistencia. Actitudes como “de política, religión y fútbol no se habla” pareciera que se trata de “nivelar para abajo” en lugar de convivir, respetar, escuchar, aprender, proponer…

Es verdad que viejas sociedades “teocráticas” (palabra que parece fue inventada por Flavio Josefo) pretenden “obedecer” la supuesta voluntad de Dios. Ejemplos extremos como la “santa” (sic) Inquisición, provocaron, quizás sanas, actitudes de rechazo absoluto a semejante desquicio.

En el siglo XX surgieron interesantes “teologías políticas” que ayudaron a ambos espacios a pensar y pensarse de un modo nuevo, aunque también tuvieran posiciones sumamente cuestionables como las de Carl Schmitt, defensor – en nombre de la “teología política” y la referencia a los “enemigos” – del nacional socialismo. El nombre de Johann-Baptist Metz (1928 - 2019) es particularmente importante. Él sabe que no hay (particularmente en el mundo judeo-cristiano) una fe desligada de la historia. Palabras como “mundo” e “historia”, que se habían entendido de modo negativo (casi maniqueo) ligadas al concepto de “cristiandad” deben repensarse. Es en la historia donde el pueblo de Dios vive la historia de la salvación (por eso se insiste con toda sensatez que “no hay dos historias, una secular y otra sagrada, sino que la fe ha de vivirse en la historia humana”; separarlas es más gnóstico que bíblico, repite Metz). Ignorar todo aquello que la historia (aunque en ocasiones dolorosamente) nos ha enseñado no es sino infantil y necio; por eso él se preguntaba – y lo repitieron, después, decenas de teólogos –  “¿cómo hablar de Dios después de Auschwitz?” La libertad (también de “dogmas”) es un avance, ciertamente. Pero nunca se ha de olvidar que la libertad “de” implica una libertad “para”. La libertad debe conquistarse, no solo es don sino es también tarea. Y una tarea inseparable de otra palabra casi “sagrada”, de la “verdad” (palabra también mal usada en ámbitos religiosos, por cierto, porque aparece como sometida a una “autoridad”). Así, la salvación – liberación es tarea – misión social y también misión de la Iglesia. La Iglesia, concretamente, está llamada a vivir su misión “en” el mundo, no fuera de él ni, menos aún, en contra de él. Ahí se encuentran la fe y la política, sin separarse ni confundirse.

La ilustración pretendía reforzar la reducción de lo religioso al ámbito exclusivamente “privado”, de allí que Metz propusiera el neologismo “desprivatización”. La tensión hacia un futuro, que desde Ernst Bloch y, teológicamente, desde Jürgen Moltmann, se reflexiona como “esperanza”, mira las utopías, señala una tensión profética hacia un mañana que puede ser distinto (y mejor) que el presente. Pero esto no lo entiende Metz desde el individualismo, sino que mira el campo sociológico; esto es, ciertamente personal, pero en cuanto miembros de un cuerpo, una comunidad de y con Jesús.

El cristianismo católico de fines del s. XIX parecía centrado, de un modo negativo y pesimista, en su extrañez con el “mundo”, en el sufrimiento, una mirada pesimista y hasta necrófila de la cruz. Y esto no fue ajeno al surgimiento, originalmente en ambientes protestantes y luego también católico-romanos, de grupos espiritualistas e individualistas centrados en los sentimientos, en una aparente felicidad (por ejemplo, la superación de enfermedades o adicciones) y finalmente en una “teología de la prosperidad” hoy plenamente vigente en muchos espacios y propuestas. Obviamente también políticas.

Es necesario reconocer que todos aquellos ambientes políticos, económicos o sociales de poder, que vieron en la Teología Política un problema, encontraron - ¡y alentaron! – estos grupos individualistas y espiritualistas. ¡Y lo siguen haciendo!

El surgimiento en América Latina de la Teología de la Liberación (a la cual muchos han pretendido ver – creo que muy parcialmente – como una opción vernácula de la “teología política”) motivó en aquellos mismos grupos, un mayor impulso, incluso violento, para extirpar esta nueva convivencia entre fe y política que los incordiaba. Una ingente cantidad de mártires llenó de sangre, ¡y de testimonio!, las calles de nuestro continente. Y, sin necrofilia alguna, se presentan hoy, como una palabra de Dios para descubrir caminos, para confrontar propuestas, para caminar juntos como pueblo, con creyentes y no creyentes, hacia una liberación en esperanza y utopía.

¿De qué se trata? Ciertamente se trata de creyentes (por eso es teología) que intentan vivir su fe en esta sociedad. Eso implica rechazar todo lo que se opone a su fe y proponer aquello que esa misma fe acompaña. Pero no se trata de una actitud de imposición, sino de proposición. No proponemos liberación “porque Dios manda”, sino que, iluminados por lo que descubrimos por la fe, vivida y pensada en diálogo con la razón, las ciencias y el mundo, creemos que es lo mejor para nuestra sociedad. Y queremos proponerlo, lo cual supone esforzar, investigar, debatir, escuchar, criticar, insistir… y respetar. Hemos visto, lamentablemente, que – por ejemplo, ante proyectos de ley – algunos ambientes eclesiásticos cuestionan desde dogmas o fundamentalismos en lugar de debatir con los mejores argumentos posibles y dialogar con los argumentos contrarios para escuchar y respetar… En lugar de investigar y mostrar (o intentar hacerlo) que nuestros argumentos son preferibles o superadores, se abroquelan en normas y dogmas que otros grupos no tienen por qué o no quieren escuchar. La pereza de un cierto dogmatismo pre-crítico, o propio de cristiandad, no parece tener cabida en la sociedad contemporánea.

Cuando miramos planteos dizque religiosos en dirigentes políticos (Trump, Netanyahu, Milei, Bolsonaro, de la Espriella, por ejemplo) no podemos menos que sentirnos transportados a un pasado que quisiéramos olvidar. Y no solamente por negativo (¡que también!), sino también porque creemos que no es ese el camino desde la fe para nuestro tiempo.

El Dios en el que creemos nos muestra su rostro (no nos “ordena” y “manda” amenazantemente caminos o infierno), sino que nos invita a descubrir, en la historia, en diálogo y encuentro, en vida y esperanza, que el círculo vicioso, o el espiral de la violencia no nos aporta ni vida ni salvación ni felicidad. Que al quebrarlo de raíz introduciendo la cuña del amor, se hacen visibles y posibles la paz, el encuentro, la justicia… ¡la vida! Nos invita a descubrir que el individualismo no nos regala libertad, sino que nos conduce a una ley de la selva donde siempre ganan los mismos y siempre los mismos son su alimento. Que fracturarlo en el encuentro con otros y otras, nos invita a descubrir que la felicidad no puede celebrarse en soledad; repitiendo aquel viejo proverbio: “quien camina solo llega más rápido; quien camina acompañado, ¡llega más lejos!” No se trata de proponer – o casi pretender imponer – desde la fe lo que “Dios quiere”, sino descubrir cómo es Dios, el Dios en el que creemos (y el Dios en el que no creemos) e invitar – porque lo encontramos, lo vivimos, lo pensamos, lo contamos – a que otras y otros puedan también descubrirlo si quieren. No por miedo, por infiernos o condenas, sino por amistad, porque queremos invitar a tantas y tantos a encontrarse con Aquel que nos invita a una vida plena. En todo caso, se trata de que ellos y ellas se pregunten por el testimonio de alegría, de paz, de vida, de amor que seamos capaces de reflejar, y no de las falsas seguridades, rigideces y miedos. El Dios en el que creemos, el padre de los pobres, el que quiere que ellos tengan buenas noticias (evangelio) nos invita a encontrarnos con otros y otras en ese camino. A caminarlo. A celebrarlo. A pensarlo. A contarlo.

 

Imagen de la "Via Egnatia", Grecia, por la que circulaban ejércitos, caravanas y el Evangelio.

Comentario al Evangelio del domingo 20º A

Comentario al Evangelio del domingo 20º A


o también en

https://youtu.be/tMGM3BUWij4

Eduardo

domingo, 9 de agosto de 2026

Los trapos no se venden

Los trapos no se venden

Eduardo de la Serna



No sé qué pensaron (ni qué piensan) los jóvenes que decidieron escribir y llevar un trapo escrito con “las Malvinas son argentinas”. Obviamente algo dijeron en su gesto, pero sospecho que nunca esperaron ni imaginaron que ese momento simple iba a tener la trascendencia que tuvo.

Claro que, cuando vieron que venía “la cana” y lo arrojaron al campo de juego, iba a hacer falta algo más. Otro paso también imprevisto. ¿Qué pensó (o piensa Giovani Lo Celso) y, luego, los compañeros que levantaron y mostraron lo que ya era Trapo, con mayúscula? El contexto del triunfo deportivo no queda aislado de mucho más. Con Inglaterra siempre es “mucho más”. “El que no salta es un inglés” se repite desde hace décadas. Pero también ver a los jugadores exhibiendo “el Trapo” tuvo otra trascendencia.

Es interesante que el gobierno, insensible a todo lo que es popular, quiso en un primer momento mostrar que los perversos de siempre (es decir los K, los zurdos, que, para ellos es todo igual) eran anti-Messi (cosa que, en su insensibilidad manifiesta, quiso repetir el presidente prescindente a raíz de la muerte del papá de Lio). Pero cuando ocurrió “lo del Trapo” no pudo menos que mostrar su bronca descargada con su verba cada vez más escueta y limitada.

Y todo eso en marcos también patéticos: la supuesta “campaña antiargentina” que recordaba tiempos dictatoriales, cada vez más reiterados; el proyecto de vender toda tierra a cualquier extranjero que no sea chino; los insultos a presidentes amigos (y envidiables) con aplausos a presidentes co-lacayos, co-títeres, co-abyectos…

“La patria es el otro” dijo una; el “otro” es un enemigo, es despreciable, es necesario combatirlo parece decir este. Pero resulta que, a veces, un trapo pintado se empieza a colorear de celeste y blanco, se diluyen las franjas rojas y las estrellas mutan en un sol. Es demasiado pronto (y quizás ilusorio) para hablar del “subsuelo de la patria sublevada”, pero por lo menos hemos tenido un recreo.

Ver que todos parecen echarse las culpas mutuamente, que Sturzenegger, que Adorni, que Pato, que Villarruel, que Kristalina, que Benegas Lynch… es casi divertido. Saber que en su viaje a Colombia para la asunción de su clon (¡cómo le gustan los bichos clonados a este…!) Milei ostentó por doquier una visceral cara de angustia y rabia no puede menos que dar placer a muchos.

No somos ingenuos, están peleados, pero no los une el amor sino los intereses. Y hay mucho poderoso y poderosa que harán todo lo posible, ¡y más!, para evitar la debacle. Pero un recreo no viene mal. Y soñar que esto puede servir para que algunos o algunas dejen el chiquitaje de los personalismos y recuerden aquello de “primero la patria…” No está mal soñar y hasta buscar lo mejor, o lo ideal, pero no podemos ignorar el poder de los adversarios (basta mirar Palantir). Colombia tuvo el mejor gobierno por lo menos de décadas, y, sin embargo, fue reemplazado por un clown. Basta con ver a nuestros vecinos, la Chile de Kast, la Bolivia de Paz, el Paraguay de Peña, el Perú de Fujimori, el Ecuador de Noboa, la Honduras de Nasfura, el Panamá de Mulino, y por supuesto Trump… ¡siempre Trump!

El deterioro que vive la gente, los pobres, y todo lo que sabemos (si queremos ver) urge. El hambre no puede esperar. No nos podemos dar permiso – en nombre de lo perfecto o de lo ideal – de otros 4 años de “esto”. Los pobres no se lo merecen. Levantar los trapos es el primer paso… ahora toca ¡que flameen!


Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/Da1YOa2ACQ_/

jueves, 6 de agosto de 2026

El lavado de manos de Pilato

El lavado de manos de Pilato

Eduardo de la Serna



El simple hecho de “lavarse” tiene, en la Biblia, diferentes acepciones. Una muy frecuente es lo que suelen llamarse “abluciones”, que implica una purificación ritual. Esto supone que alguna situación ha provocado que alguien quedara “impuro” y debe lavarse o sumergirse (en ocasiones, en griego, se usa el verbo “bautizar”, que significa sumergir). En este sentido, también se utiliza como signo de hospitalidad al peregrino, se lo invita a “lavarse los pies” quitando “el polvo de los camios” antes de, por ejemplo, disponerse a comer (en este sentido, es semejante a “quitar las sandalias”). Esta purificación ritual (es mucho más que un simple tema de higiene) es habitual en los grupos más religiosos de Israel, por ejemplo, los fariseos para los que la casa y la comida son un momento religioso.

Pero, y acá nuestro tema, “lavarse las manos” es también una expresión visible de inocencia:

·         Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Yahveh (Sal 26,6)

·         Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia (Sal 73,13)

En Génesis 20,5 Abimelec afirma que es inocente y dice que obró “con el corazón íntegro y manos inocentes (= limpias)”.

Los cuatro Evangelios, en sus relatos de la Pasión, presentan el encuentro de Jesús con Pilato, pero el de Mateo tiene algunas características propias que es bueno señalar brevemente: los que denuncian a Jesús son los sumos sacerdotes y los ancianos (27,12) y Pilato sabe que lo entregaron por “envidia”, es decir, por conflictos internos (27,18). Pero, inesperadamente, interviene la mujer de Pilato diciéndole que “en sueños” (es decir, por una intervención de Dios) sabe que Jesús es “justo” (27,19). Sin embargo, los acusadores convencen a los presentes de que pidan la cruz para Jesús. Esto fue provocando un amotinamiento (27,24), algo que Roma quería impedir a toda costa (26,5; Hch 21,34). Y acá debe verse con atención la escena: por un lado, tenemos a Pilato que cree justo liberar a Jesús, y por otro las autoridades judías que quieren condenarlo. Es en este momento que Pilato manda traer agua y se lava las manos; es una señal pública de inocencia: “soy inocente de esta sangre” (27,24).

Es necesario destacar que, ante una pena de muerte, hay responsables de la ejecución, y si esta fuera injusta, estos quedan manchados por esa sangre (ver Núm 35,10-33; Dt 19,6-13) y esta debe ser “rescatada”, vengada. El lavado de manos de Pilato, entonces, no es una manifestación de indiferencia o de falta de compromiso, sino una expresión clara de inocencia. De allí que “todo el pueblo” se hizo cargo de la muerte de Jesús: “su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (27,25).

Es muy importante entender lo que Mateo pretende en esta parte del Evangelio (las consecuencias de una mala lectura del texto fueron catastróficas y mucha judeo-fobia encuentra aquí su origen).

Mateo – como cada evangelista – escribe a una comunidad concreta en una situación concreta. En la localidad donde está esta comunidad hay un importante grupo de judíos. Todos ellos fariseos, que eran los sobrevivientes de la crisis luego de la guerra contra Roma. Ellos, por cierto, se veían a sí mismos como el resto de Israel, los herederos de Israel. Pero en esa misma localidad hay un pequeño grupo de antiguos judíos que habían aceptado el Evangelio. Ellos decían que todo lo antiguo se había cumplido (Mateo es el evangelio que con más frecuencia insiste que “se cumplió la Escritura”) y que Jesús es como Moisés, como David, etc. por lo tanto, ellos son el verdadero Israel. Hay así dos grupos que pretenden ser los herederos del pueblo de Dios, los fariseos, por un lado, y la Iglesia por el otro (la palabra “Iglesia” solamente se encuentra en Mateo en los Evangelios; 16,18; 18,17).

Es evidente que lo que Mateo quiere destacar, entonces, es que “el pueblo” ha renunciado a aceptar al enviado de Dios, no ha reconocido los innumerables signos que Dios ha enviado, no ha dado frutos, y, en este conflicto, Pilato es inocente.

Aclaremos: Pilato fue un gobernante sanguinario y muy perverso para Israel, pero el Evangelio de Mateo no pretende hacer un documento histórico, sino una reflexión teológica, y, en ella, quiere destacar que la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios ya que las autoridades y la multitud / el pueblo se han hecho responsable de la sangre del Mesías. Al presentar a Pilato como inocente de esto, Mateo quiere reforzar que la Iglesia, un pequeño grupo de la ciudad, son los destinatarios del dicho, por eso les digo que a ustedes (sacerdotes y fariseos) se les quitará el reino de Dios y será dado a un pueblo que produzca sus frutos” (21,43).


Imagen tomada de https://www.nationalgeographicla.com/historia/2021/05/las-elites-medievales-utilizaban-el-lavado-de-manos-como-un-asunto-social-de-poder

martes, 4 de agosto de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 19º "A"

Sólo la confianza en Jesús nos permite sostenernos

DOMINGO DECIMONOVENO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del primer libro de los Reyes     19, 9. 11-13a

Resumen: Elías, perseguido y amenazado, se dirige a las fuentes de su fe, allí donde Moisés tuvo un encuentro con Dios. Dios le sale al encuentro en el monte, pero a diferencia de lo esperado, un encuentro terrible, Elías se encuentra con Dios en el silencio.


En medio de una crisis mortal, perseguido por Jezabel que pretende matarlo, Elías huye dirigiéndose hacia el Horeb. El texto tiene tres partes bien marcadas de las que el párrafo litúrgico es la segunda:

 

Amenazado, Elias se dirige al Horeb caminando 40 días alimentado en el desierto por un ángel (19,1-8)

Llegado a la montaña de Dios se encuentra con Yahvé que lo reenvía a Israel con un doble encargo (ungir un rey y elegir un profeta sucesor) (19,9-18)

Llamada de Eliseo para acompañar a Elías (19,19-21).

 

Dios le dirige a Elías, en el monte, una pregunta que se repite: “¿qué haces aquí?” (vv.9.13) omitidas por el texto litúrgico. La respuesta del profeta también se repite idéntica: “Ardo de celo…” y es la que introduce la primera y segunda parte de esta subunidad (la primera, el encuentro de Elías con Yahvé, la segunda el reenvío a Elías a continuar su misión (y la elección de los dos sujetos mencionados). Es este encuentro entre Dios y Elías el que constituye el texto litúrgico.

 

Luego de pasar la noche en “la cueva” como Moisés (también allí Yahvé pasa ante él; cf. Ex 33,22) le llega la palabra de Yahvé (y la pregunta señalada). Elías debe salir de la cueva y permanecer de pie ante Dios. A continuación una serie de fenómenos meteorológicos se suceden: un huracán, un terremoto y fuego. Y el texto remarca que en ellos “no estaba Yahvé”.

 

El “gran viento” suele ser manifestación de Dios (cf. Ez 1,4; 3,12; Jon 1,4; cf. Nah 1,3), como también lo son el “temblor” (Jue 5,4; 2 Sam 22,8; Sal 46,4; Is 29,6…) y el “fuego” (Gen 15,17; Ex 3,2; Dt 1,33; Jue 6,21…) es decir, el texto aclara que – contra todo lo esperado – Dios no está presente donde el profeta se imagina que estará. La semejanza con Moisés recuerda otro texto que sirve de marco:

 

«Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. Yahveh bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahveh a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió». (Ex 19,16-20)

 

En el texto de Elías, el viento, el temblor y el fuego son casi un anticipo, preparación para la llegada de Dios que lo hará en el sonido (= voz) del silencio (enmudecimiento; cf. Sal 107,29) suave. La triple negación precedente (“no estaba…”) deja lugar al silencio dando por sobre entendido que Yahvé sí está en él. 


Siendo que el conflicto de Elías con Jezabel tiene su centro en que la reina es cananea y – por lo tanto -  creyente en Baal, el dios del rayo y la tormenta, no es improbable que el acento en que “Yahvé no está” en ellos tenga un cierto contexto anti-baálico, aunque no parece que sea este el tema central. La novedad viene dada por el silencio, lo inesperado; del Dios que no necesariamente se manifiesta dónde se lo espera o como se lo espera. Allí Dios, sorprendentemente, se encuentra con Elías y él, como Moisés (cf. Ex 3,6), se tapa el rostro ante Dios (aunque propiamente hablando no se dice ni de Moisés, ni de Elías que “vean” a Dios sino una manifestación).



 

Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     9, 1-5

Resumen: Pablo manifiesta su angustia porque los israelitas no han recibido en la fe a Jesús; no han sabido – a pesar de todos los dones que Dios les ha dado – dar el paso de la carne al espíritu, de lo antiguo a lo nuevo.

 

En Romanos 9 Pablo comienza un largo párrafo sobre Israel que culminará en 11,35. Con solemnidad comienza señalando la veracidad de lo que va a decir. “No miento” se encuentra otras dos veces en los escritos paulinos, y en ambos Pablo destaca elementos de su vida que son cuestionados por los adversarios cristianos: “no miento”, afirma al destacar las dificultades que carga en su vida apostólica asemejándose a la debilidad de la cruz de Jesús (2 Cor 11,31), “no miento”, repite al destacar que no precisó instrucción de los apóstoles de Jerusalén por haber sido instruido por el mismo Dios que le reveló a su Hijo (Gal 1,20). En los tres casos pone de testigo a Dios de que dice la verdad. En este caso, la conciencia y el Espíritu Santo lo “con-atestiguan” (summartyrousês, es el testimonio conjunto que dan dos; sólo se lo vuelve a encontrar en 2,15; 8,16). 

 

En este caso, lo que Pablo va a referir de su propia vida es la tristeza y dolor que tiene a causa de “sus hermanos”, los israelitas. Pablo afirma que pediría (êujómên) ser él mismo anatema de Cristo “por” (hyper) mis “hermanos” (adelfôn) y mis “parientes” (syggenôn) según la carne (katà sarka). “Ser anatema” es ser maldecido por Dios (1 Cor 16,22; Gal 1,8.9; cf. Dt 7,26; 13,15; en algunos casos – por el contrario – se refiere a lo que se ofrece a Dios, pero para ser totalmente entregado a él, por ejemplo, por el fuego, cf. Num 21,3; Jos 6,17). Ciertamente, si la bendición divina se manifiesta en vida, su maldición implica la muerte. Pablo desearía morir, entregarse totalmente en favor (hyper) de sus “hermanos”. Se refiere a ellos “según la carne”, frase que Pablo usa con cierta frecuencia (Rom 1,3; 4,1; 8,4.5.12.13; 9,3.5; 1 Cor 1,26; 10,18; 2 Cor 1,17; 5,16; 10,2.3; 11,18; Gal 4,3.29). La “carne” (sarx) es la humanidad en su expresión de debilidad, de allí que con mucha frecuencia se contraponga a “espíritu” que es la fortaleza que viene de Dios. En cuanto contrapuesta a “espíritu” tiene una connotación escatológica, puesto que el espíritu es el gran don divino dado a los que han aceptado a su hijo. Pablo, “según la carne” es judío, como sus “hermanos”, pero ellos no han sabido recibir en la fe el espíritu, no han aceptado a Cristo  “nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro” (1,3-4). 

 

A continuación, Pablo destacará una serie importante de elementos propios de Israel:

 

  • Hijos por adopción
  • Gloria
  • Alianzas
  • Legislación
  • Culto
  • Promesas
  • Los patriarcas

 

Cada uno de estos elementos es sumamente importante y habla por sí solo de las “riquezas” que Dios ha dado a Israel. 

 

Israel es un pueblo de hijos que Dios ha adoptado (huiothesía, cf. Ex 4,22; Os 11,1), pero siendo Cristo “constituido hijo por el espíritu” (1,4) por poseer ese mismo espíritu los cristianos - también los paganos incorporados a la comunidad sin circuncisión - son “hijos” también ellos (Rom 8,15.23; Gal 4,5). La “gloria” (doxa) – que es propia de Dios – la participa a los que obren bien, judíos y paganos (2,10). La salvación de judíos y paganos es “mi alianza”, dice Dios (11,27) aunque con Jesús comienza una “nueva alianza” (cf. 1 Cor 11,25; 2 Cor 3,6; ver Gal 4,24). Usando un término que se encuentra sólo aquí en el N.T. Pablo no utiliza “ley” (nomos) sino “nomothesías” (que hemos traducido por “legislación”) ya que en esta carta Pablo manifiesta conflicto con la “ley” (caps. 1-7) puesto que no es esta la que nos hace justos ante Dios sino la fe. El culto (latreía) solo se encuentra aquí y en 12,1 en todo Pablo; se trata del servicio litúrgico a Dios. Las promesas (epaggelía) se trata de aquello en lo que Dios ha comprometido su fidelidad con su pueblo 4,14.16.20; 9,8; 15,8…). Los “padres”, como Abraham (4,11.12.16.17.18). De este Israel Pablo dirá más adelante que “en cuanto (katà) al Evangelio, son enemigos para ustedes; pero en cuanto (katà) a la elección amados en atención a sus padres”. (11,28; cf. 15,8). Sin embargo, todo esto lo dice “según la carne” (katà sarka), y concluye la presentación de toda esta lista de riquezas de Israel con el último de los “padres”, “Cristo, según la carne”. Pero este está por encima de todo.

 

Sin embargo, en la conclusión, Pablo hace aquí una afirmación que se ha prestado a muy diversos comentarios. “Dios bendito por los siglos”. Esa frase solemne, ¿se dirige a Dios – con lo que estaría dando gracias -  o se aplica a Cristo, de quien estaría diciendo que es “Dios”? Pablo jamás ha afirmado que Cristo sea Dios. Ciertamente estamos ante el primer escritor cristiano y resulta un tanto extraña una afirmación tan clara en un tema que costará tanta “tinta teológica” en los primeros siglos. La frase “que está por encima de todo” vuelve a encontrarse en Ef 4,6 referida a Dios, el Padre. Probablemente haya que preferir una lectura teo-lógica antes que una cristo-lógica de la oración.


 


Evangelio según san Mateo     14, 22-33

Resumen: A un texto tomado de Marcos, en el que se narra las dificultades de los discípulos en su travesía en el mar y Jesús que viene a ellos caminando sobre el agua, Mateo añade la presentación de Pedro que, “mandado” por Jesús también lo hace hasta que la poca fe lo hace comenzar a hundirse. Jesús es quien lo salva y calma su temor, por lo que es reconocido como “hijo de Dios” por los suyos.

El texto del Evangelio tiene dos partes bien marcadas: la partida de los discípulos en la barca mientras Jesús se queda en oración y su regreso a la barca andando sobre las aguas (vv.22-27), y la escena de Pedro también en las aguas (vv.28-31) con la conclusión (vv.32-33).

 

Es importante – y es bueno reiterarlo – que no se trata de comentar acontecimientos históricos que pueden haber sucedido de una u otra manera, y aquí son interpretados, sino intentar comprender qué quiere decir Mateo a sus destinatarios en este relato.

 

Las diferencias con Marcos en la primera parte son mínimas, mientras que la escena de Pedro es exclusiva de Mateo.

 

Por motivos no señalados, Jesús – ocurrida la multiplicación de los panes “inmediatamente” – “obliga” a los discípulos a ir “al otro lado”. Entretanto, Jesús “despide” a la multitud y luego sube “a solas” al monte a orar. La referencia al monte y la oración seguramente hayan “atraído” la primera lectura, pero en esta unidad no es el tema destacado. Marcos refuerza la idea de que Jesús se dirige a los discípulos (entre las 3 y las 6 de la mañana) porque la barca estaba en dificultades por el viento en contra y estaba a “muchos estadios” (un estadio son 192 mts). Mateo señala simplemente que “fue hacia ellos”; el acento no está puesto en el peligro ni el viento sino en Jesús. El contexto se asemeja a una teofanía en algunos elementos (cf. Ex 19,16; Ez 1,4): Dios es quien domina las aguas (Sal 76,20; Job 8,9-11; Hab 3,15); aquí Él se les revela con el nombre divino “yo soy” (egô eimi, cf. Ex 3,14; Is 43,10; 46,49; 51,12) y los invita a “no temer”, algo habitual al encontrarse con Dios (Gen 15,1; Dn 10,12). Impotentes frente al mar los discípulos necesitan que Jesús los saque del apuro.

 

La escena de Pedro – como se dijo - es propia de Mateo. Él suele dedicarle mucha importancia a este apóstol en toda esta gran unidad (caps. 14-18) como seguiremos viendo en días sucesivos. Destaquemos a continuación algunos elementos:

 

Pedro sabe que para poder hacer lo que Jesús hace necesita ser “mandado” por él. “Mandar” es una actitud propia de un rey (14,9; 18,25; 27,58.64). Como Jesús (vv.25.26) también Pedro “anda sobre las aguas” (v.29) pero el temor, el mismo que habían tenido creyendo ver un fantasma (v.26) y el que Jesús les dice que no tengan (v.27), provoca que comience a hundirse. El acento del texto radica precisamente en el contraste entre el temor (= la duda) y la fe. El discípulo de Jesús siempre está entre ambos y Jesús viene en su ayuda. El contexto del Sal 69,2-3.15 es interesante y quizás acompañe la oración confiada de los lectores.

 

El texto, además, tiene un cierto contacto con el de la tempestad calmada (cf. 8,23-27) que es interesante señalar:

 

Mt 8,23-27

Mt 14,22-33

                                                       Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. (v.23)

Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. (v.22)

De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas;                                                                  pero él estaba dormido. (v.24)

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. (v.24)

Acercándose ellos le despertaron diciendo:                                                                                                    «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (v.25)

Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» (v.30)

Les dice: «¿Por qué tienen miedohombres de poca fe?» (v.26)

Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (v.31)

Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. (v.26)

Subieron a la barca y amainó el viento(v.32)

Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (v.27)

Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios». (v.33)

 

La actitud de “poca fe” es tema característico de Mateo (6,30 [// Lc12,28, Q]; 8,26; 14,31; 16,8, oligopistós) y se dice de los discípulos, en contraste con la mucha fe que Jesús destaca en dos paganos: un varón (8,10) y una mujer (15,28). La poca fe no es condenada, simplemente es caracterizada, no se trata de negar las tempestades sino de confiar en el Señor en medio de ellas.

 

Una nota sobre Pedro (para más datos remito al artículo sobre Pedro en los Sinópticos que se encuentra en mi primer blog: http://blogeduopp.blogspot.com.ar/2014/06/pedro-en-los-sinopticos.html):

 

Mateo destaca muchísimo a Pedro en su Evangelio, pero este Pedro – que es vocero de los Doce en muchas oportunidades – es capaz de duda y de “poca fe”. Es precisamente la fe, la capacidad de escucha de la palabra de Dios la que le da autoridad, mientras que “se hunde” cuando esa fe le falta o se escucha más a sí mismo que a Dios.

 

La escena concluye con una confesión de fe de todos los testigos que se postran y lo reconocen “verdaderamente” como “hijo de Dios”, algo que Pedro repetirá un poco más adelante (16,16). Ya el tentador lo había (4,3.6) comentado luego que la voz del cielo lo hubo reconocido (3,17 y se repetirá en la Transfiguración, 17,5), pero Dios también llamará con ese título a los artesanos de la paz (5,9); los demonios lo reconocen (8,29), y el mismo Jesús lo afirma ante la pregunta de Caifás (26,63-64) y – como el tentador – lo repiten las burlas al crucificado (27,40.43) y la confesión de fe del centurión ante los signos escatológicos de la muerte de Jesús (27,54).


El video con comentario al Evangelio en

https://youtu.be/plQWin818MM

o también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/08/comentario-al-evangelio-del-domingo-19-a.html



Foto tomada de ammiratadaniela.wordpress.com