jueves, 9 de julio de 2026

Algo que Dios desconoce

Algo que Dios desconoce

Eduardo de la Serna



Esta reflexión nace de mi convicción de que “el sistema”, el Establishment, ha logrado no usar palabras. No las necesita. Ha logrado penetrar en los sentimientos (¿corazones?) para que “se” sienta lo que “ellos” quieren que se sienta. Después, cada quién le pondrá – si cabe – las palabras que desee, pero estas ya no importan. Así, han hipnotizado – pantallas mediante… IA mediante – a toda una sociedad, han direccionado sentimientos y libido. Su idioma no pasa por el cerebro, que parece atrofiado, sino por las entrañas donde el odio y el miedo han puesto su morada. Las consecuencias están a la vista

Para empezar…

  •          En ambientes eclesiásticos suele bromearse con ciertas cosas que, se afirma, el Espíritu Santo no conoce… por ejemplo, ¿cuántas congregaciones de monjas hay? Y otras por el estilo…
  •          Por otra parte, recordaba estos días, que un adiestrador de perros me decía que “los perros no saben idiomas”, entienden tonos, ritmos, gestos, pero no idiomas…
  •          Finalmente, siempre me llamó la atención el contraste entre los pietismos infantiles que sostienen que Dios sabe todo, puede todo y esas cosas, con las actitudes de algunos grandes místicos como Teresa de Lisieux que afirma que debemos tener piedad de Dios, o Etty Hillesum que decía cosas que necesitaba nuestra ayuda…

San Ignacio de Antioquía escribe en su carta a los Efesios:

Es mejor guardar silencio y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si el que habla lo practica. Ahora bien, hay un maestro que habló y lo que dijo sucedió; sí, e incluso las cosas que hizo en silencio son dignas del Padre. El que posee la palabra de Jesús es capaz de prestar atención a su silencio, para que pueda ser hecho perfecto; para que por medio de su palabra pueda actuar y por medio de su silencio pueda ser conocido. No hay nada escondido del Señor, sino que incluso nuestros secretos están cerca de Él. Hagamos todas las cosas considerando que Él vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios. Esto es así, y será manifestado a nuestra vista por el amor que debidamente le tenemos a Él (Ignacio de Antioquía, Efesios XV).

Y partiendo de san Ignacio, Juan de la Cruz decía:

La mayor necesidad que tenemos para aprovechar es de callar a este gran Dios con el apetito y con la lengua, cuyo lenguaje que él más oye solo es el callado amor (Dichos de, Luz y Amor 136)

y en la carta 8 a las carmelitas de Beas del 22 de noviembre de 1587 todavía lo afirma con más claridad:

La mayor necesidad que tenemos es del callar a este gran Dios con el espíritu y con la lengua cuyo lenguaje que él oye solo es el del callado amor.

Precisamente, a raíz de todo esto de que el “lenguaje que él oye solo es el del callado amor”, me cuentan que el maravilloso Maximiliano Herraiz ocd, reflexionando sobre esas palabras de Juan, para escándalo de muchos del auditorio y reforzando el “solo” del poeta afirmaba:

¡Dios no entiende idiomas! No sabe francés, ni español, ni chino... el único idioma que entiende es el del AMOR…

Y acá relaciono todo lo dicho anteriormente: el lenguaje es algo propio de los humanos, aunque otras especies también se comunican, por cierto. ¿Por qué Dios debería saber idiomas y no entender directamente “el corazón”? Al fin y al cabo, un idioma es un límite; así lo afirma Pablo:

Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje. Pero si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí (1Cor 14,10-11).

Y, para poder superar ese límite, hay que decir o bien, infantilmente, que Dios “conoce todos los idiomas”, o – ¿no es más sensato? – que Dios está más allá de ese límite humano, y ese “más allá”, ciertamente es “el amor”. Es interesante notar cómo supera esa limitación la donación del Espíritu en Pentecostés:

Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor pues cada uno los oía hablar en su propia lengua.

Desconceretados y maravillados decían: «estos que están hablando ¿no son todos galileos? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, de Frigia, de Panfilia, de Egipto, y de la Libia cirenaica, residentes romanos; todos, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios» (Hch 2,5-11).

Cada uno lo escuchaba “en su propia lengua” … El idioma de Dios, el que Dios entiende, es el del Amor, es el del Espíritu… y en un mundo aturdido de palabras, cargado de mentiras, emojis y redes (modernas pescadoras de personas) no estaría de más que los seguidores del Nazareno, aquel que, como el cordero llevado al matadero, en el momento supremo “calló”, sepamos también callar con el “callado amor”. Y que las palabras que pronunciemos (limitadas palabras), solamente surjan engendradas de ese amor… Y luego, en un corazón a corazón, encontrarnos con Dios y las hermanas y los hermanos para edificar esa famosa “civilización del amor” de la que tan lejos estamos… Ciertamente Dios nos entendería.


Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/photos-images/amigos-abrazando-hombres.html

Barrabás

Barrabás

Eduardo de la Serna



Probablemente todos hayamos oído hablar de Barrabás. En todos los relatos evangélicos de la pasión de Jesús, él es mencionado en el juicio político ante Poncio Pilato. Resumamos brevemente los textos:

En los Evangelios se nos dice que Pilato, solía liberar, para las Pascuas, un preso para que pudiera celebrar las fiestas en libertad. Sabemos - por los Evangelios - que Barrabás ya estaba encarcelado, y cuando Jesús, el Nazareno, es entregado, Pilato les propone a los presentes la disyuntiva: ¿a cuál de los dos detenidos quieren que libere, a Jesús o a Barrabás?

Al presentarnos al sujeto, los textos varían un poco: para Marcos, era miembro de un grupo rebelde, entre los que se había cometido un asesinato (Mc 15,7), Mateo lo presenta simplemente como “un detenido famoso” (Mt 27,16), Lucas precisa que había sido detenido por “un motín y asesinato” (Lc 23,18) y, Juan señala que era nada menos que “un salteador”, algo ciertamente grave, (Jn 18,40; Juan usa el término griego “lestés” que era algo muy crítico y detestable). Ciertamente, ninguno de los evangelistas habla bien de él. En los escritos contemporáneos a Jesús, Barrabás jamás figura mencionado, así que solo sabemos de él por los textos del Nuevo Testamento.

Pero hay algunos elementos que son interesantes de señalar: los evangelios dicen que la gente, instigados por los sumo sacerdotes, reclamó la libertad de Barrabás; aunque no es improbable, además, que hubiera algo anti romano en esa decisión, y los presentes prefirieran un amotinado antes que un no-violento.

El nombre Barrabás es novedoso: en la lengua semita “bar” es “hijo de…”, y puede ser hijo de “Rabba” (un rabino famoso), o, incluso también de “Abbá”, que es “padre”, algo que también se dice en ocasiones de los rabinos. Para reforzar el contraste, en Mateo 27,16-17, se lo llama “Jesús Barrabás” (muchas biblias omiten el “Jesús”, seguramente por el desagrado que provoca la semejanza de los nombres, aunque “Jesús = Josué” era un nombre frecuente), pero a oídos sensibles el choque entre ambos personajes es evidente: los dos serían “Jesús, hijo de abbá”, uno, Jesús hijo de un rabino, el otro, Jesús hijo de Dios, Padre (ver Mc 14,36).

Como ya señalamos, no nos constan históricamente muchas cosas, no solamente desconocemos el personaje de Barrabás, sino tampoco que Pilato (que no tenía buenas relaciones con los judíos en general) liberara un detenido por motivaciones religiosas. Pero, por un lado, no es improbable que esto ocurriera (era algo que en ocasiones se aplicaba en el mundo antiguo), y, además, los evangelios, más allá de lo histórico, pretenden señalar, por encima de todo, dos actitudes: la vida – muerte de Jesús de Nazaret, el dador de vida, el que no es elegido – por la razón que fuera – y que es asesinado, y un bandido, salteador, asesino (dador de muerte), que es liberado.

Pero cosas semejantes al desafío de “¿Jesús o Barrabás?” se nos presentan a diario en nuestra vida:

Mira: hoy pongo delante de ti la vida y la dicha, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor tu Dios, te bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. (Deuteronomio 30,15-16)

En lo cotidiano, como ayer los presentes ante Pilato, también hoy estamos en la opción frecuente de elegir. De escoger la vida se trata…


Imagen tomada de https://catholicus.eu/jesus-o-barrabas-elige-cada-dia-a-quien-quieres-liberar/

martes, 7 de julio de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 15º "A"

La siembra del reino no siempre es bien recibida

DOMINGO DECIMOQUINTO - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     55, 10-11

Resumen: A un número importante de cautivos en Babilonia, el profeta les proclama la liberación que es anunciada por su palabra. Esta palabra es presentada como eficaz, como lo es la lluvia para la fecundidad de los campos.


El discípulo de Isaías se dirige a los cautivos en Babilonia (la élite del pueblo), les afirma desde el comienzo que se aproxima el momento, y es inminente, en que podrán volver a la tierra de Israel. La situación de los cautivos es terrible. Allí, cada año deben escuchar el canto triunfal del relato Babilónico de la Creación que les repite, cada año nuevo, que 

Tú (Marduc) eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu orden es Anú (el dios del cielo); tú, Marduc, eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu palabra es Anú. Desde este día, inalterable será tu sentencia; ensalzar o humillar estará en tu mano; tu palabra será inmóvil, tu mandamiento será indiscutible (Enuma Elis, tabl. IV, líneas 3-9).

En este texto, el discípulo de Isaías les anuncia una suerte de parábola sobre la palabra de Dios que se puede ver en cómo está armado el texto:

a.    Como desciende la lluvia o la nieve de los cielos
   b.    no vuelve sin haber saturado la tierra
      c.    Sin haberla fecundado y hecho germinar (…)
a’. Así será mi palabra, la que saldrá de mi boca;
   b’. No volverá a mí vacía
      c’. Sin haber hecho lo que yo desee (…)

La lluvia o la nieve (a.b.c.) son metáfora que ilustra la segunda parte (a’.b’.c’.), la referencia a la palabra. El campesino sabe que los campos jamás serán productivos y fecundos sin la lluvia. Pero, de todos modos, la lluvia no es suficiente para producir el pan: es necesario el trabajo campesino que es el que cosecha y produce el pan. Este pan es el que da la vida; la obra de la lluvia es el primer paso. Cuando el agua –como el enviado a anunciar la palabra, el profeta- vuelva a los cielos ya ha fecundado los campos. Ahora falta la tarea del campesino para que haya pan. Del mismo modo, la palabra que Dios ha pronunciado por intermedio del profeta no quedará sin producir liberación. Como el pan, la liberación es vida para el pueblo. Como se insinuaba en Gen 1, la palabra de Dios es creadora de historia, y esta es “historia de salvación”. Como con el trigo y el pan, este paso liberador, anunciado por la palabra, deberá ser realizado por la humanidad en la historia.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     8, 18-23

Resumen: Con una mirada dirigida hacia el futuro, Pablo invita a mirar el presente, difícil, pero con esperanza. Como miembros de una creación que también sufre, tenemos - por el espíritu - los elementos para vivir de un modo nuevo nuestro tiempo. 


La liturgia sigue presentando – como dijimos la semana pasada – el importante capítulo 8 de la carta a los romanos. En v.17 había dicho que “si sufrimos, seremos glorificados con él”. 

Partiendo del tema del sufrimiento, aunque ahora tematizado y universal (“toda la creación”), Pablo da un paso más, marcado por la esperanza. Una serie de elementos caracterizan el presente: sufrimientos, gemidos, dolores (de parto), paciencia pero nada de esto impedirá la llegada de la gloria que se manifestará, revelación, liberación, rescate. 

La esperanza es parte fundamental (vv.24-25, omitido en la liturgia). 

El espíritu, que era fundamental en el texto pasado, cede su lugar a otra perspectiva marcada por el presente (vv.18.22) y el futuro (vv.18.19.20.23.24.25) preparado con las imágenes del parto y las primicias (vv.22.23). 

La recurrencia de la creación (ktisis) ubica el relato en un fuera del ser humano, un horizonte en el que éste se ve incluido pero no lo agota. Quizás por eso no habla de resurrección sino de corrupción, caducidad, sufrimiento, y liberación o rescate. 

Por otra parte, el texto está en las antípodas de las imágenes que piensan que “este mundo” es perverso, o que todo lo positivo se vivirá exclusivamente en un futuro indeterminado. Las “primicias” (v.23), el espíritu, el primogénito de muchos hermanos (v.29) nos recuerda que es en el “aquí y ahora” que debemos vivir en el presente histórico, mirando su cumplimiento en esperanza. 

En realidad, lo anunciado en v.18 se desarrolla en vv.19-22 refiriendo a toda la creación, en vv.23-25 a los cristianos (“y no sólo en ella, también nosotros”) y en vv.26-27 retorna el tema del espíritu (“y de igual manera el espíritu”) como fundamento de la vida cristiana.

 
 
Evangelio según san Mateo     13, 1-23

Resumen: Siguiendo en general a Marcos, Mateo presenta a Jesús predicando en parábolas, el anuncio de la primera de ellas sobre la siembra en distintos lugares de la tierra, la aclaración de por qué Jesús habla en parábolas y la explicación alegórica de la parábola pronunciada. El contexto es característico de Mateo y su comunidad enfrentada con los que se niegan a recibir el Evangelio.
 

Es sabido que Mateo suele agrupar en bloques temas semejantes. En este caso, el cap. 13 presenta un extenso bloque de parábolas que serán las lecturas de los próximos domingos. En el texto de la liturgia de hoy, empieza –siguiendo a Marcos- con la presentación que introduce el modo de hablar de Jesús “en parábolas” para luego dar comienzo la parábola que suele conocerse como “del sembrador”. Como en Marcos, a esta parábola le sigue un diálogo con los discípulos acerca de por qué Jesús habla en parábolas. Y a continuación una “explicación” alegórica de la parábola puesto que no fue comprendida. De este modo, en el evangelio de hoy tenemos cuatro temas:



1.- Presentación general de Jesús hablando en parábolas (13,1-3a)

2.- Parábola “del sembrador” (13,3b-9)

3.- Por qué Jesús habla en parábolas (13,10-15) y bienaventuranza a los testigos (13,16-17)

4. “Explicación” de la parábola (13,18-23)


Cada tema merecería un comentario detallado. Veamos sintéticamente lo fundamental.


     1)    Introducción general

La mayor parte del cap. 12 transcurre en una casa (¿la de Jesús?, Mateo no da más datos, ver Mc 3,20); ahora Jesús abandona esta casa para dirigirse a orillas del lago, donde se sienta, y allí a causa de la multitud (ojlos) debe subir a una barca para hablarles sentado (quizás para darle solemnidad a la escena; sentarse es la actitud del que enseña). La introducción finaliza señalando que “les habló mucho en parábolas” con lo que introduce el largo bloque que viene a continuación. Es interesante que use el plural, “parábolas” a pesar que sólo mencionará una, para luego comenzar el diálogo de por qué habla “en parábolas” (lo mismo hace Marcos). Quizás en un comienzo ésta fuera “la parábola” paradigmática, y luego Marcos, y más aún Mateo, añadieron otras en el bloque.

 

2)    La parábola

 

La parábola es prácticamente idéntica a Marcos. Las diferencias son de estilo o narrativas, el único cambio importante radica en que mientras –al hablar del grano que da fruto- Marcos dice treinta, sesenta y cien, Mateo lo hace al inverso (cien, sesenta y treinta). El evangelio apócrifo de Tomás dice que 

otros cayeron sobre tierra buena y dio fruto bueno, hacia el cielo; produjo sesenta veces y ciento veinte veces” (EvTom 9). 


El contexto, a pesar de la frase redaccional que alude a la salida de la casa y a que esto ocurre “aquel día”, es el del conflicto con los fariseos (12,38-45), algo que es característico de Mateo ya que refleja el conflicto entre la comunidad a la que éste dirige su evangelio, y la importante comunidad judía de Antioquía. El conflicto radica en que ambos pretenden mostrarse como herederos de “Israel” luego de la gran crisis de los años 70 en la que los romanos han destruido la ciudad de Jerusalén y su templo. La idea, en este caso está en señalar que la semilla sembrada, no en todos los casos produce fruto ya que hay fuerzas adversas a la semilla (pájaros, sol, espinas). En este caso, Jesús habla a la “multitud” (v.2.10-11) pero solamente los discípulos lo comprenderán. Del mismo modo que el sembrador tiene elementos adversos que impiden que todas las semillas arrojadas a tierra den fruto, algo semejante ocurre con el reino de Dios que Jesús ha predicado ya que si bien ha dado fruto en algún lado, también ha fracasado en muchos otros.

 

3)    ¿Por qué habla en parábolas?

 

Siguiendo a Marcos, Mateo introduce algunas interesantes modificaciones: los discípulos preguntan por qué Jesús “les” (a la multitud) habla en parábolas (en Marcos, como le es característico, la diferencia estaba dado entre aquellos de dentro y los de fuera). Solamente a los discípulos (la comunidad a la que Mateo se dirige) se les ha dado “a conocer los misterios” (misterio que quizás aluda a los fracasos de la predicación de Jesús de los que Mateo viene tratando). Es posible que lo incomprensible de las parábolas no radique en su complejidad sino, por el contrario, en su simplicidad: los eruditos (fariseos, tema propio de la comunidad de Mateo, como hemos dicho) no pueden entender que temas “tan serios” como los misterios del reino se puedan expresar en algo tan simple. En este sentido – y en continuidad con la revelación a los pequeños y no a los “sabios e inteligentes” – no se trata de algo que pueden comprender “iniciados”, “instruidos”, o gente “preparada”, sino todo lo contrario. Son estos los que no pueden comprenderlo.

 

Es interesante compararlos con dos textos de la época:


"Dice Henoc, él, el hombre justo, cuyos ojos han sido abiertos por Dios, que ha visto la visión del Santo que está en los cielos, que me han mostrado los ángeles: he sabido todo de ellos y he comprendido todo lo que veía, no es para esta generación, sino para la que viene, lejana. Hablo para los elegidos, para ellos pronuncio una parábola; saldrá de su morada el Santo, el Grande…” (1 Hen 1,2-3).

Dice el Maestro de Justicia: “Tú has hecho de mí una bandera justa para los elegidos y un intérprete lleno de conocimiento sobre los misterios maravillosos, para probar a los hombres en la verdad y poner a prueba a los que aman la instrucción” (1QH 2,13-14)

 

Como “remate” del dicho, Mateo – como le es habitual – destaca que “se cumple” una profecía. En este caso se trata del relato de vocación de Isaías, enviado a su pueblo “para que” no se conviertan, ligeramente suavizado por la Biblia griega de LXX que Mateo cita literalmente. Veamos brevemente

 


Isaías 6,9-10 (hebreo)
Isaías 6,9-10 (LXX)
Oigan con  sus oídos y no entiendan, vean con su vista y no comprendan.
Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, 
no vaya a ver con su vista y a oír con sus oídos, y comprender con su corazón, y vuelva y se le sane».
Oigan con  sus oídos y no entiendan, vean con su vista y no comprendan.

Porque se ha engordado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; 
no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y vuelvan, y yo los sane.



Como se ve, mientras en el texto hebreo es Dios mismo el que no quiere que su pueblo vea, o entienda, en LXX es el pueblo el que ha elegido no comprender. Es el grupo “intelectual” el que se niega a ver y entender los misterios que Jesús predica y revela acerca del Reino. Pero estos entran en contraste con otro grupo (“ustedes”, es decir los discípulos, la comunidad de Mateo) a los que declara “bienaventurados” (makarioi). Estos lo son porque – a diferencia de los “sabios e inteligentes” – ven y escuchan. Este texto pertenece al escrito Q (ver Lc 10,23-24) como también lo es el de la revelación a los “pequeños” y Mateo lo ubica aquí con toda intención de señalar un contraste entre los que escuchan y ven y los que se niegan a hacerlo. Es interesante notar breve y esquemáticamente lo que Mateo toma de Marcos, lo que toma de Q y lo que le es propio para ver cómo arma el discurso en esta parte:



Mateo
Fuente / origen
Razón de la incorporación
Parábola
Marcos 4,3-9

Por qué habla en parábolas 1
Marcos 4,10-11a

al que tiene se le dará…
Marcos 4,25 (en otra ubicación)
Unido porque a los discípulos – comunidad de Mateo -  se les “ha dado” (= Dios ha dado) a conocer los misterios, y los que lo rechazan perderán lo que tengan (ser hijos de Israel)
Por qué habla en parábolas 2
Marcos 4,11b-12

Cumplimiento de Isaías
Propio de Mateo
Negativa a escuchar por parte de los judíos contemporáneos de Mateo
Felices los ojos que ven…
Q (Lc 10,23-24)
Incorporado por la referencia a ver y oír, para contrastar a “ustedes” con “aquellos”, los “sabios e inteligentes”.
Explicación de la parábola
Marcos 4,13-20




     4)    Explicación alegórica de la parábola


Antes de seguir es importante notar un elemento ya insinuado. Las parábolas son -de hecho- una prolongación de un refrán; por eso toman un aspecto para profundizarlo o ilustrarlo. Ese punto suele estar o en la conclusión de la parábola, o introducido por alguna fórmula del estilo “el reino de Dios se parece a…” sin embargo, en nuestro caso no tenemos una introducción, de modo que no es fácil saber si el centro de la parábola es el sembrador (lo sería si aceptamos el título “parábola del sembrador”), si es la semilla, o si es la tierra. Suponiendo que se trata – como parece – de una “parábola del reino”, ¿a cuál de los tres elementos señalados se parece el reino? En muchos casos – como suele ocurrir con los refranes, que son utilizados para ilustrar una situación de la vida cotidiana – la parábola se comprende por el contexto, pero en este caso sólo se nos dice que "Jesús dijo"… Por ejemplo: ¿se refiere al reino como semilla para destacar que de cualquier manera dará fruto?, ¿se refiere al sembrador – Jesús – para destacar el rol evangelizador que cumple en su ministerio (y deberán cumplir los destinatarios del Evangelio)? O ¿se refiere a los oyentes de la predicación de Jesús, que no en todos los casos la dejan fructificar? Precisamente porque está ausente la frase “el reino de Dios se parece a una semilla / a una tierra / a un sembrador / a su fruto” es que la comunidad – más tardíamente – elaboró un discurso interpretativo, en forma de alegoría, para que la parábola no se perdiera y de todos modos dijera algo a los destinatarios.


La alegoría está centrada en los diferentes terrenos sobre los que cae la semilla, que es la palabra, a todos se los invita a “oír la parábola”. Todos oyen la “palabra del reino”, mas algunos no la entienden (como ya se dijo; “oír” y “entender” son las palabras clave de la unidad y aluden al texto de Isaías), otros no tienen profundidad, tienen distracciones que les impiden dar frutos. En cambio, otros la escuchan y “la comprenden” y por eso producen fruto. En este caso, los adversarios de la semilla son “el Maligno”, el escándalo por la tribulación o la persecución y las preocupaciones del mundo y las riquezas.


el video con comentario al Evangelio en

https://youtu.be/A8UvAz6RV8A

o también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/07/comentario-al-evangelio-del-domingo-15-a.html



Dibujo tomado de hoyrevista.com

lunes, 6 de julio de 2026

Carta abierta a Javier Milei

Carta abierta a Javier Milei



Sr. Presidente (lo de “estimado” lo obvio por razones evidentes):

Desde hace ya demasiado tiempo usted hace referencia a temas teológicos. Temas que, ciertamente, ignora en absoluto.

Es evidente que, como nos pasa a todos, usted ignora muchísimas cosas. Y, sería sensato, no aludir a ellas, precisamente por ignorarlas. Nadie le cuestionaría nada por su silencio.

Pero, y especialmente en los últimos tiempos, usted habla de Dios, del horizonte judeo-cristiano, y hasta en ocasiones osa citar la Biblia o aludir a ciertos textos. Y, precisamente porque los ignora, cualquiera con un poco de conocimiento no fundamentalista sabe que no dicen lo que usted dice que dicen.

Es más, mirando la Biblia (como un todo, porque quedarse en un párrafo aislado es algo no solamente sin sentido, sino, además falso de toda falsedad) creo evidente que si algo no inspira ni su gobierno ni sus palabras es el mundo judeo-cristiano. La centralidad hebrea en mishpat we tzedaqá – derecho y justicia y cristiana en el agápê - amor, la reacción de Dios ante el tze’aq – clamor y las splagjna entrañas de compasión de Jesús, no se parecen en nada a sus invitaciones de odio y desprecio. ¡En nada!

Usted citó recientemente los habitualmente llamados “Diez Mandamientos” (mal aludidos, por cierto); permítame recordarle que allí hace referencia a la importancia dada al “nombre de Dios” (shem YHWH ‘elohim) pronunciado en vano, falsamente y que Jesús retoma pidiendo que “santificado sea tu nombre” (tò onomá sou), es decir, que haciendo su voluntad en la tierra, como se hace en el cielo, la gente “santifique” el santo nombre de Dios… Por lo menos, no provoque que mucha gente se aleje o desprecie a Dios por lo que le oye a usted decir en su nombre.

En suma… No le pido que cambie sus políticas perversas, injustas, coloniales y de pecado… Lo creo incapaz de hacerlo (y ¡sería feliz de equivocarme!), pero creo que puedo pedirle que deje de tomar el nombre de Dios en vano. Lo que hace en nombre del dogma austríaco, hágalo en ese nombre, pero silencie el nombre de Dios. Dios no se lo merece, y los que tratamos de seguir Sus huellas (de Él, no suyas, por cierto) tampoco. No amontone “brasas ardiendo sobre su cabeza” (Proverbios 25,22 y Romanos 12,20) ya bastante tendrá que explicar cuando Dios, la Patria y el pueblo se lo demanden…

Pbro. Dr. Eduardo de la Serna

 

Comentario al Evangelio del domingo 15º A

Comentario al Evangelio del domingo 15º A


también en

https://youtu.be/A8UvAz6RV8A

Eduardo

domingo, 5 de julio de 2026

Los anticristos para quien se percibe Mesías

Los anticristos para quien se percibe Mesías

Eduardo de la Serna



Según dice la “Inteligencia artificial”,

Un algoritmo es un conjunto de instrucciones paso a paso para resolver un problema. La Inteligencia Artificial (IA) es un campo más amplio que utiliza múltiples algoritmos y grandes bases de datos. En lugar de simplemente seguir reglas fijas, la IA aprende de la experiencia, identifica patrones y toma decisiones de forma autónoma.

Ahora bien, cabe una pregunta inicial: ¿quién carga esos “datos”? ¿de qué “experiencia” aprende? Sabiendo que hay “granjas”, robots, hackers y miles de cosas por el estilo, ¿de esa experiencia aprende? Si identifica “patrones”, ¿qué escala de valores, por ejemplo, siguen esos patrones? Y, por supuesto, ¿cómo sabemos que la respuesta no está “direccionada” por censuras o por intereses?… Sería de una ingenuidad preocupante ignorar esto y muchas otras implicaciones más. Y voy a un ejemplo actual: es sabido que el papa León XIV publicó una encíclica (Divina Humanitas) en la que da suma importancia a la Inteligencia artificial. Entre otras cosas, y repitiendo lo que él mismo dijo en el balcón al ser elegido Papa, pidió que esta sea “desarmada y desarmante”. Precisamente, a raíz de esto, Peter Thiel, responsable de Palantir, empresa de Inteligencia Artificial armada y armante (multimillonario, que habita en Argentina por ser ahora un espacio amable, ciertamente trumpista y con alardes de teólogo) acaba de decir que el papa en su encíclica actúa como “un agente comunista chino” e incluso ha afirmado que los que se oponen a la IA trabajan para el “Anticristo” …

Ciertamente no habrá de extrañarnos que mañana la IA dirija sus algoritmos contra el papa; al fin y al cabo, el comunismo chino es peligrosísimo, según nos enseñan Trump y sus mandantes.

Propiamente hablando, el término “anticristo” se encuentra en la Biblia exclusivamente en las cartas de Juan. Como es evidente, el término tiene un origen cristiano. El prefijo “anti” es “en lugar de” con lo que la imagen es bastante obvia. Pero fuera del uso exacto del término, de todos modos, hay otros textos que pueden ser tenidos en cuenta:

2 Tesalonicenses 2

Mateo 14 / Marcos 13

1, 2 Juan

Apocalipsis 12-13

Está viniendo un impío (2,3

Falsos Cristos / profetas vendrán (Mt 24,4-5.11.24 / Mc 13,22)

El anticristo está viniendo (1 Jn 2,18)

Juan ve la bestia viniendo del mar (13,1)

Se opone y se exalta a si mismo por encima de Dios (2,4)

 

 

La bestia del mar blasfema a Dios (13,5-6)

Se sienta en el Templo y se proclama Dios (2,4)

La desolación sacrílega estará en el lugar santo (Mt 24,15-16 / Mc 13,14)

 

Humanos fuerzan a dar culto a la imagen de la bestia del mar (13,4)

Cuando estaba con ustedes les hablaba de esto (2,3)

Se los dije de antemano (Mt 24,25 / Mc 13,23)

Como han escuchado el anticristo está viniendo (1 Jn 2,18)

Juan informa a sus lectores lo que está ocurriendo (passim)

Saben lo que lo está reteniendo (2,6)

Se revela en este tiempo (2,6)

 

 

 

el misterio de la impiedad está actuando (2,7)

 

Ahora hay muchos anticristos (1 Jn 2,18)

 

Un sin ley que será aniquilado por Cristo en la parusía (2,8)

 

 

 

Ventrá el impío con grandes signos y prodigios (2,9)

Falsos Cristos / profetas mostrarán grandes signos y prodigios (Mt 24,24 / Mc 13,22)

 

La bestia de la tierra realizará signos milagrosos para engañar a los habitantes de la tierra (13,11-14)

Para engañar a los que perecerán (2,10)

Extraviarán o intentarán si es posible incluso a los elegidos (Mt 24,4.11.24 / Mc 13,22)

Les escribo sobre quienes los engañarán (1 Jn 2,26)

Muchos engañadores han venido al mundo (2 Jn 7)

La bestia del mar les hará la guerra a los santos (13,7)

 

Dirán: “miren allí está en Cristo” (Mt 24,26 / Mc 13,21)

 

 

 

 

Los anticristos son los que niegan que Jesús es el Cristo (1 Jn 2,22; 2 Jn 7)

Los anticristos se identifican con los secesionistas (1 Jn 2,18-19; 2 Jn 7)

 

 

Este cuadro (tomado de C. G. Kruse, The Letters of John, Grand Rapids, Michigan – London: W. B. Eerdmans Publ. Comp – Apollos 2020, 108-109, en el excursus 9: A Note on Antichrist) permite señalar algunos elementos:

1.      La terminología parece estar influenciada por la literatura apocalíptica que hace referencia a una figura poderosa del fin de los tiempos;

2.      El tema es algo que ha sido “enseñado”;

3.      Salvando el Apocalipsis, la figura tiene características humanas;

4.      Su objetivo es confundir, engañar a los fieles;

Particularmente en las cartas de Juan el contexto es claramente conflictivo, y alude a sujetos que parecen haber sido partede la comunidad. Los seguidores del Discípulo Amado han escuchado su predicación, pero una vez que este ha muerto, algunos (quizás, incluso, la mayoría; por eso el “muchos” de 1 Jn 2,18) insisten en una preocupante espiritualización hasta el punto de negar la “carne” de Jesús (2 Jn 7; seguramente sus tendencias terminarán en corrientes gnósticas; la frase “Jesús no procede de Dios” seguramente hace referencia al Jesús histórico, negado por los docetistas).

La idea, como es evidente, señala que una cristología “desencarnada” es contraria al verdadero Jesús, el Cristo, la “palabra (que) se hizo carne y puso su carpa entre nosotros” (Jn 1,14); por eso son “anti-cristos”; no es este el “Cristo” que nosotros predicamos y seguimos.

Evidentemente, la imagen genérica permite que, desde posiciones previamente tomadas en lo teológico (¿cómo es / debe ser la predicación sobre Dios, sobre Cristo, sobre el ser fieles…?), sea frecuente que se considere “anticristo” a todo aquel (o aquellos) que se contraponen a nuestras opiniones. Ciertamente no es a esto que se refieren los textos bíblicos, y refleja dudosa seriedad (cualquiera podría serlo para una mirada antagónica). A modo de conclusión me parece sensata la síntesis final del citado excursus de Kruse:

Ciertamente es verdadero que 1 Juan resalta el peligro del cisma y la división doctrinal, algo siempre penoso cuando ocurre en la comunidad cristiana. También es cierto que los cristianos deben ser cuidadosos de no callar ante la falta de amor o la incapacidad de reconocer los límites de nuestra propia incomprensión de la verdad y entonces ser mucho más veloces en señalar a otros como “anticristos”. Hay una gran necesidad de humildad en aquellas cosas sobre las que los cristianos difieren. Sin embargo, hay ocasiones en que es necesario nombrar las enseñanzas erróneas que están claramente en desacuerdo con la verdad del evangelio y exponer sus orígenes (110).


Imagen tomada de https://tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com/palantir-el-algoritmo-de-la-dominacion/