jueves, 8 de octubre de 2026

¿Se viene el Apocalipsis?

¿Se viene el Apocalipsis?

Eduardo de la Serna



Con mucha frecuencia se escucha hablar de cosas espantosas futuras y se utiliza para ilustrarlas la palabra “Apocalipsis”. De hecho, hay, en la Biblia, un libro con ese nombre que pareciera abonar esta imagen de terror y espanto. Incluso, en algunos ambientes, el libro es usado para calcular terribles momentos futuros (“ahora estamos acá… después vendrá aquello”). Lo cierto es que, teniendo esto en cuenta, el futuro “pinta oscuro”. Pero, ¿es realmente así?

Para empezar, señalemos que la palabra “apocalipsis” es griega y significa “revelación”. Por tanto, así siguen imaginando los ambientes señalados, se revelan los momentos de castigo y dolor que vendrán. “Apo” es quitar y “kalyptô” es “lo que cubre”; hay algo tapado (en este caso en la historia presente) que “ahora” es manifestado. Como se ve, así dicho, no se trata, necesariamente de un sinónimo de nada terrible. Por ejemplo, en Sirácida 22,22 dice que “revelar secretos” es propio de un mal amigo (y usa la palabra apocalipsis).

Pero ubiquémonos un poco en la historia. En el período griego (desde el 200 antes de Cristo en adelante) muchos gobernantes intentaron imponer por la fuerza el “modo de vida griego”. Que un pueblo tuviera libros sagrados, alimentos prohibidos, rituales extraños (como la circuncisión), días santos, les resultaba incomprensible y estaban decididos a acabar con ello, y – para resumir – mataban a quienes vivían de ese modo (puede verse esto en 2 Macabeos 6 y 7). Entonces, surge para los judíos un problema teológico: ¿cómo es posible que a los que respetan el sábado, los que no comen alimentos impuros, los que circuncidan a sus hijos… en suma, cómo es posible que a los que son fieles a Dios los maten (y sean premiados los que no lo son)? ¿Y Dios? ¿No hace nada? Obviamente esto es un “misterio”. Un misterio es algo que ahora no podemos comprender, pero esperamos entender en el futuro. Y – ¡acá la clave! – lo comprenderemos cuando sea “revelado”. La palabra “apocalipsis” se relaciona estrechamente con “misterio”. Y todo esto ocurre en un contexto de violencia contra el pueblo de Dios. Por eso, en este tiempo, empiezan a proliferar textos que intentan, con mayor o menor éxito, con diferentes capacidades, mostrar que Dios no se ha desentendido de sus fieles. Todos estos textos son “apocalipsis”; algunos invitan a la evasión, otros a la lucha armada, unos a la resistencia, otros a retirarse esperando un mañana inminente de bienestar… En tiempos cristianos, la situación no fue distinta por momentos: los romanos – no en todas las regiones, pero sí en varios lugares de la zona oriental particularmente – exigían que se adorara al Emperador como a un dios, algo que ni judíos ni cristianos estaban dispuestos a hacer. Y no hacerlo tenía sus consecuencias, de exclusión, de persecución y hasta de martirio. Nuevamente empiezan a proliferar los apocalipsis, ahora también cristianos además de los judíos.

Pero el ambiente es duro, y escribir puede significar “cavarse la propia fosa”, por lo que suelen hacerlo en un lenguaje que no todos pueden comprender (lo fundamental era que los griegos o los romanos no lo entendieran). Veamos un simple ejemplo: la palabra “desierto” para los no judíos significaba “aridez, sequía, muerte”, pero para los judíos significaba “alianza, protección de Dios, fidelidad” (recordar el éxodo), entonces, usar esa palabra era muy significativa y contaban con que no fuera entendida por los adversarios. Lo mismo puede decirse de otros signos fáciles de entender como colores, animales o números… Ciertamente no era lo mismo una “fiera” que un “cordero”, el rojo (sangre) que el blanco (vida), o el 7 (plenitud) que el 6 (incompleto)… Cualquiera podía entenderlo; así, una mujer (el pueblo de Dios) que va a dar a luz al mesías, es amenazada por “un gran dragón rojo” de “siete cabezas” y huye “al desierto” donde será alimentada 1260 días (3 años y medio, la mitad de siete)… [Apocalipsis 12,1-6]; indudablemente se refiere al imperio romano.

Demos un paso más… en la abundante literatura apocalíptica, en la cual – como dijimos – se empieza a “revelar” el “misterio”, el tema no está todavía solucionado; todavía sigue la persecución y la muerte. Por eso, es común que se señale algo crítico que está ocurriendo, pero alguien (puede ser un ángel o un personaje muy importante del pasado; obviamente se trata de un género literario) interpreta lo que está ocurriendo. Es decir, nos están persiguiendo, pero esto durará poco tiempo; el intérprete lo va explicando cuidadosamente. “Tengan esperanza”, “falta poco”, “Dios no nos ha olvidado”.

Es decir, los apocalipsis, por un lado, no hablan de cosas terribles que “sucederán” sino de cosas duras que están ocurriendo (a sus destinatarios), pero, a su vez, pretenden comunicar esperanza a los suyos “revelándoles” que Dios está de su lado. Por ejemplo, a los “10 días” (2,10) de situación crítica, se contraponen los “mil años” de encuentro con Cristo que vendrán pronto (20,2-7), encuentro definitivo que se revela. Resistan un poco de tiempo más, ¡ya viene la paz que el Imperio ha quitado! (6,4):

Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco: el que lo monta se llama «Fiel» y «Veraz»; y juzga y combate con justicia. Sus ojos, llama de fuego; sobre su cabeza, muchas diademas; lleva escrito un nombre que sólo él conoce; viste un manto empapado en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Y los ejércitos del cielo, vestidos de lino blanco puro, le seguían sobre caballos blancos. De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones; él los regirá con cetro de hierro; él pisa el lagar del vino de la furiosa cólera de Dios, el Todopoderoso. Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores (19,11-16).

El lenguaje es duro (por eso usa “Todopoderoso”, que solo se encuentra en la literatura apocalíptica del Nuevo Testamento), pero todos los lectores están invitados a la esperanza. No es nada terrible un apocalipsis; la situación lo es… pero esto ¡está por acabar! De eso se trata la revelación…

 

Imagen tomada de la tapa del libro de E. Arens y M. Díaz Mateos, Apocalipsis. La fuerza de la esperanza (Lima: CEP 2019)

miércoles, 7 de octubre de 2026

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