Comentario al Evangelio del domingo 16º A
o también
Eduardo
Algo que Dios desconoce
Eduardo de la Serna
Esta reflexión nace de mi convicción
de que “el sistema”, el Establishment, ha logrado no usar palabras. No las
necesita. Ha logrado penetrar en los sentimientos (¿corazones?) para que “se”
sienta lo que “ellos” quieren que se sienta. Después, cada quién le pondrá – si
cabe – las palabras que desee, pero estas ya no importan. Así, han hipnotizado –
pantallas mediante… IA mediante – a toda una sociedad, han direccionado
sentimientos y libido. Su idioma no pasa por el cerebro, que parece atrofiado,
sino por las entrañas donde el odio y el miedo han puesto su morada. Las
consecuencias están a la vista…
Para empezar…
San Ignacio de Antioquía escribe
en su carta a los Efesios:
Es mejor guardar silencio y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si el que habla lo practica. Ahora bien, hay un maestro que habló y lo que dijo sucedió; sí, e incluso las cosas que hizo en silencio son dignas del Padre. El que posee la palabra de Jesús es capaz de prestar atención a su silencio, para que pueda ser hecho perfecto; para que por medio de su palabra pueda actuar y por medio de su silencio pueda ser conocido. No hay nada escondido del Señor, sino que incluso nuestros secretos están cerca de Él. Hagamos todas las cosas considerando que Él vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios. Esto es así, y será manifestado a nuestra vista por el amor que debidamente le tenemos a Él (Ignacio de Antioquía, Efesios XV).
Y partiendo de san Ignacio, Juan
de la Cruz decía:
La mayor
necesidad que tenemos para aprovechar es de callar a este gran Dios con el
apetito y con la lengua, cuyo lenguaje que él más oye solo es el callado amor (Dichos
de, Luz y Amor 136)
y en la carta 8 a las carmelitas
de Beas del 22 de noviembre de 1587 todavía lo afirma con más claridad:
La mayor
necesidad que tenemos es del callar a este gran Dios con el espíritu y con la
lengua cuyo lenguaje que él oye solo es el del callado amor.
Precisamente, a raíz de todo esto
de que el “lenguaje que él oye solo es el del callado amor”, me cuentan
que el maravilloso Maximiliano Herraiz ocd, reflexionando sobre esas palabras
de Juan, para escándalo de muchos del auditorio y reforzando el “solo” del poeta
afirmaba:
¡Dios no
entiende idiomas! No sabe francés, ni español, ni chino... el único idioma que
entiende es el del AMOR…
Y acá relaciono todo lo dicho anteriormente:
el lenguaje es algo propio de los humanos, aunque otras especies también se
comunican, por cierto. ¿Por qué Dios debería saber idiomas y no entender
directamente “el corazón”? Al fin y al cabo, un idioma es un límite; así lo
afirma Pablo:
Hay en el mundo no sé cuántas
variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje. Pero si yo desconozco el valor
del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un
bárbaro para mí (1Cor
14,10-11).
Y, para poder superar ese límite,
hay que decir o bien, infantilmente, que Dios “conoce todos los idiomas”, o – ¿no
es más sensato? – que Dios está más allá de ese límite humano, y ese “más allá”,
ciertamente es “el amor”. Es interesante notar cómo supera esa limitación la
donación del Espíritu en Pentecostés:
Había en Jerusalén hombres piadosos,
que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al
producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor pues cada uno
los oía hablar en su propia lengua.
Desconcertados y maravillados decían:
«estos que están hablando ¿no son todos galileos? Pues ¿cómo cada uno de
nosotros les oímos en nuestra lengua materna? Partos,
medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, de
Frigia, de Panfilia, de Egipto, y de la Libia cirenaica, residentes romanos; todos,
tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en
nuestra lengua las maravillas de Dios» (Hch 2,5-11).
Cada uno lo escuchaba “en su
propia lengua” … El idioma de Dios, el que Dios entiende, es el del Amor, es el
del Espíritu… y en un mundo aturdido de palabras, cargado de mentiras, emojis y
redes (modernas pescadoras de personas) no estaría de más que los seguidores
del Nazareno, aquel que, como el cordero llevado al matadero, en el momento
supremo “calló”, sepamos también callar con el “callado amor”. Y que las
palabras que pronunciemos (limitadas palabras), solamente surjan engendradas de
ese amor… Y luego, en un corazón a corazón, encontrarnos con Dios y las hermanas
y los hermanos para edificar esa famosa “civilización del amor” de la que tan
lejos estamos… Ciertamente Dios nos entendería.
Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/photos-images/amigos-abrazando-hombres.html
Barrabás
Eduardo de la Serna
Probablemente todos hayamos oído
hablar de Barrabás. En todos los relatos evangélicos de la pasión de Jesús, él es
mencionado en el juicio político ante Poncio Pilato. Resumamos brevemente los
textos:
En los Evangelios se nos dice que
Pilato, solía liberar, para las Pascuas, un preso para que pudiera celebrar las
fiestas en libertad. Sabemos - por los Evangelios - que Barrabás ya estaba encarcelado, y cuando
Jesús, el Nazareno, es entregado, Pilato les propone a los presentes la
disyuntiva: ¿a cuál de los dos detenidos quieren que libere, a Jesús o a
Barrabás?
Al presentarnos al sujeto, los
textos varían un poco: para Marcos, era miembro de un grupo rebelde, entre los
que se había cometido un asesinato (Mc 15,7), Mateo lo presenta simplemente
como “un detenido famoso” (Mt 27,16), Lucas precisa que había sido detenido por
“un motín y asesinato” (Lc 23,18) y, Juan señala que era nada menos que “un
salteador”, algo ciertamente grave, (Jn 18,40; Juan usa el término griego “lestés”
que era algo muy crítico y detestable). Ciertamente, ninguno de los evangelistas
habla bien de él. En los escritos contemporáneos a Jesús, Barrabás jamás figura
mencionado, así que solo sabemos de él por los textos del Nuevo Testamento.
Pero hay algunos elementos que
son interesantes de señalar: los evangelios dicen que la gente, instigados por
los sumo sacerdotes, reclamó la libertad de Barrabás; aunque no es improbable,
además, que hubiera algo anti romano en esa decisión, y los presentes prefirieran un
amotinado antes que un no-violento.
El nombre Barrabás es novedoso:
en la lengua semita “bar” es “hijo de…”, y puede ser hijo de “Rabba”
(un rabino famoso), o, incluso también de “Abbá”, que es “padre”, algo
que también se dice en ocasiones de los rabinos. Para reforzar el contraste, en
Mateo 27,16-17, se lo llama “Jesús Barrabás” (muchas biblias omiten el “Jesús”,
seguramente por el desagrado que provoca la semejanza de los nombres, aunque
“Jesús = Josué” era un nombre frecuente), pero a oídos sensibles el choque
entre ambos personajes es evidente: los dos serían “Jesús, hijo de abbá”, uno, Jesús
hijo de un rabino, el otro, Jesús hijo de Dios, Padre (ver Mc 14,36).
Como ya señalamos, no nos constan
históricamente muchas cosas, no solamente desconocemos el personaje de
Barrabás, sino tampoco que Pilato (que no tenía buenas relaciones con los
judíos en general) liberara un detenido por motivaciones religiosas. Pero, por
un lado, no es improbable que esto ocurriera (era algo que en ocasiones se
aplicaba en el mundo antiguo), y, además, los evangelios, más allá de lo
histórico, pretenden señalar, por encima de todo, dos actitudes: la vida –
muerte de Jesús de Nazaret, el dador de vida, el que no es elegido – por la
razón que fuera – y que es asesinado, y un bandido, salteador, asesino (dador
de muerte), que es liberado.
Pero cosas semejantes al desafío de
“¿Jesús o Barrabás?” se nos presentan a diario en nuestra vida:
Mira: hoy pongo delante de ti la
vida y la dicha, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandatos del Señor,
tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus
caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el
Señor tu Dios, te bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. (Deuteronomio 30,15-16)
En lo cotidiano, como ayer los
presentes ante Pilato, también hoy estamos en la opción frecuente de elegir. De escoger la
vida se trata…
Imagen tomada de https://catholicus.eu/jesus-o-barrabas-elige-cada-dia-a-quien-quieres-liberar/
La siembra del reino no siempre es bien recibida
Tú (Marduc) eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu orden es Anú (el dios del cielo); tú, Marduc, eres el más honrado de los grandes dioses, tu decreto no tiene par, tu palabra es Anú. Desde este día, inalterable será tu sentencia; ensalzar o humillar estará en tu mano; tu palabra será inmóvil, tu mandamiento será indiscutible (Enuma Elis, tabl. IV, líneas 3-9).
Es sabido que Mateo suele agrupar en bloques temas semejantes. En este caso, el cap. 13 presenta un extenso bloque de parábolas que serán las lecturas de los próximos domingos. En el texto de la liturgia de hoy, empieza –siguiendo a Marcos- con la presentación que introduce el modo de hablar de Jesús “en parábolas” para luego dar comienzo la parábola que suele conocerse como “del sembrador”. Como en Marcos, a esta parábola le sigue un diálogo con los discípulos acerca de por qué Jesús habla en parábolas. Y a continuación una “explicación” alegórica de la parábola puesto que no fue comprendida. De este modo, en el evangelio de hoy tenemos cuatro temas:
La mayor parte del cap. 12 transcurre en una casa (¿la de Jesús?, Mateo no da más datos, ver Mc 3,20); ahora Jesús abandona esta casa para dirigirse a orillas del lago, donde se sienta, y allí a causa de la multitud (ojlos) debe subir a una barca para hablarles sentado (quizás para darle solemnidad a la escena; sentarse es la actitud del que enseña). La introducción finaliza señalando que “les habló mucho en parábolas” con lo que introduce el largo bloque que viene a continuación. Es interesante que use el plural, “parábolas” a pesar que sólo mencionará una, para luego comenzar el diálogo de por qué habla “en parábolas” (lo mismo hace Marcos). Quizás en un comienzo ésta fuera “la parábola” paradigmática, y luego Marcos, y más aún Mateo, añadieron otras en el bloque.
2) La parábola
La parábola es prácticamente idéntica a Marcos. Las diferencias son de estilo o narrativas, el único cambio importante radica en que mientras –al hablar del grano que da fruto- Marcos dice treinta, sesenta y cien, Mateo lo hace al inverso (cien, sesenta y treinta). El evangelio apócrifo de Tomás dice que
“otros cayeron sobre tierra buena y dio fruto bueno, hacia el cielo; produjo sesenta veces y ciento veinte veces” (EvTom 9).
El contexto, a pesar de la frase redaccional que alude a la salida de la casa y a que esto ocurre “aquel día”, es el del conflicto con los fariseos (12,38-45), algo que es característico de Mateo ya que refleja el conflicto entre la comunidad a la que éste dirige su evangelio, y la importante comunidad judía de Antioquía. El conflicto radica en que ambos pretenden mostrarse como herederos de “Israel” luego de la gran crisis de los años 70 en la que los romanos han destruido la ciudad de Jerusalén y su templo. La idea, en este caso está en señalar que la semilla sembrada, no en todos los casos produce fruto ya que hay fuerzas adversas a la semilla (pájaros, sol, espinas). En este caso, Jesús habla a la “multitud” (v.2.10-11) pero solamente los discípulos lo comprenderán. Del mismo modo que el sembrador tiene elementos adversos que impiden que todas las semillas arrojadas a tierra den fruto, algo semejante ocurre con el reino de Dios que Jesús ha predicado ya que si bien ha dado fruto en algún lado, también ha fracasado en muchos otros.
3) ¿Por qué habla en parábolas?
Siguiendo a Marcos, Mateo introduce algunas interesantes modificaciones: los discípulos preguntan por qué Jesús “les” (a la multitud) habla en parábolas (en Marcos, como le es característico, la diferencia estaba dado entre aquellos de dentro y los de fuera). Solamente a los discípulos (la comunidad a la que Mateo se dirige) se les ha dado “a conocer los misterios” (misterio que quizás aluda a los fracasos de la predicación de Jesús de los que Mateo viene tratando). Es posible que lo incomprensible de las parábolas no radique en su complejidad sino, por el contrario, en su simplicidad: los eruditos (fariseos, tema propio de la comunidad de Mateo, como hemos dicho) no pueden entender que temas “tan serios” como los misterios del reino se puedan expresar en algo tan simple. En este sentido – y en continuidad con la revelación a los pequeños y no a los “sabios e inteligentes” – no se trata de algo que pueden comprender “iniciados”, “instruidos”, o gente “preparada”, sino todo lo contrario. Son estos los que no pueden comprenderlo.
Es interesante compararlos con dos textos de la época:
"Dice Henoc, él, el hombre justo, cuyos ojos han sido abiertos por Dios, que ha visto la visión del Santo que está en los cielos, que me han mostrado los ángeles: he sabido todo de ellos y he comprendido todo lo que veía, no es para esta generación, sino para la que viene, lejana. Hablo para los elegidos, para ellos pronuncio una parábola; saldrá de su morada el Santo, el Grande…” (1 Hen 1,2-3).
Dice el Maestro de Justicia: “Tú has hecho de mí una bandera justa para los elegidos y un intérprete lleno de conocimiento sobre los misterios maravillosos, para probar a los hombres en la verdad y poner a prueba a los que aman la instrucción” (1QH 2,13-14)
Como “remate” del dicho, Mateo – como le es habitual – destaca que “se cumple” una profecía. En este caso se trata del relato de vocación de Isaías, enviado a su pueblo “para que” no se conviertan, ligeramente suavizado por la Biblia griega de LXX que Mateo cita literalmente. Veamos brevemente
Isaías 6,9-10 (hebreo) Isaías 6,9-10 (LXX) Oigan con sus oídos y no entiendan, vean con su vista y no comprendan.Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos,
no vaya a ver con su vista y a oír con sus oídos, y comprender con su corazón, y vuelva y se le sane». Oigan con sus oídos y no entiendan, vean con su vista y no comprendan.
Porque se ha engordado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado;
no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y vuelvan, y yo los sane.
Como se ve, mientras en el texto hebreo es Dios mismo el que no quiere que su pueblo vea, o entienda, en LXX es el pueblo el que ha elegido no comprender. Es el grupo “intelectual” el que se niega a ver y entender los misterios que Jesús predica y revela acerca del Reino. Pero estos entran en contraste con otro grupo (“ustedes”, es decir los discípulos, la comunidad de Mateo) a los que declara “bienaventurados” (makarioi). Estos lo son porque – a diferencia de los “sabios e inteligentes” – ven y escuchan. Este texto pertenece al escrito Q (ver Lc 10,23-24) como también lo es el de la revelación a los “pequeños” y Mateo lo ubica aquí con toda intención de señalar un contraste entre los que escuchan y ven y los que se niegan a hacerlo. Es interesante notar breve y esquemáticamente lo que Mateo toma de Marcos, lo que toma de Q y lo que le es propio para ver cómo arma el discurso en esta parte:
Mateo | Fuente / origen | Razón de la incorporación |
Parábola | Marcos 4,3-9 | |
Por qué habla en parábolas 1 | Marcos 4,10-11a | |
“al que tiene se le dará…” | Marcos 4,25 (en otra ubicación) | Unido porque a los discípulos – comunidad de Mateo - se les “ha dado” (= Dios ha dado) a conocer los misterios, y los que lo rechazan perderán lo que tengan (ser hijos de Israel) |
Por qué habla en parábolas 2 | Marcos 4,11b-12 | |
Cumplimiento de Isaías | Propio de Mateo | Negativa a escuchar por parte de los judíos contemporáneos de Mateo |
“Felices los ojos que ven…” | Q (Lc 10,23-24) | Incorporado por la referencia a ver y oír, para contrastar a “ustedes” con “aquellos”, los “sabios e inteligentes”. |
Explicación de la parábola | Marcos 4,13-20 |
Antes de seguir es importante notar un elemento ya insinuado. Las parábolas son -de hecho- una prolongación de un refrán; por eso toman un aspecto para profundizarlo o ilustrarlo. Ese punto suele estar o en la conclusión de la parábola, o introducido por alguna fórmula del estilo “el reino de Dios se parece a…” sin embargo, en nuestro caso no tenemos una introducción, de modo que no es fácil saber si el centro de la parábola es el sembrador (lo sería si aceptamos el título “parábola del sembrador”), si es la semilla, o si es la tierra. Suponiendo que se trata – como parece – de una “parábola del reino”, ¿a cuál de los tres elementos señalados se parece el reino? En muchos casos – como suele ocurrir con los refranes, que son utilizados para ilustrar una situación de la vida cotidiana – la parábola se comprende por el contexto, pero en este caso sólo se nos dice que "Jesús dijo"… Por ejemplo: ¿se refiere al reino como semilla para destacar que de cualquier manera dará fruto?, ¿se refiere al sembrador – Jesús – para destacar el rol evangelizador que cumple en su ministerio (y deberán cumplir los destinatarios del Evangelio)? O ¿se refiere a los oyentes de la predicación de Jesús, que no en todos los casos la dejan fructificar? Precisamente porque está ausente la frase “el reino de Dios se parece a una semilla / a una tierra / a un sembrador / a su fruto” es que la comunidad – más tardíamente – elaboró un discurso interpretativo, en forma de alegoría, para que la parábola no se perdiera y de todos modos dijera algo a los destinatarios.
La alegoría está centrada en los diferentes terrenos sobre los que cae la semilla, que es la palabra, a todos se los invita a “oír la parábola”. Todos oyen la “palabra del reino”, mas algunos no la entienden (como ya se dijo; “oír” y “entender” son las palabras clave de la unidad y aluden al texto de Isaías), otros no tienen profundidad, tienen distracciones que les impiden dar frutos. En cambio, otros la escuchan y “la comprenden” y por eso producen fruto. En este caso, los adversarios de la semilla son “el Maligno”, el escándalo por la tribulación o la persecución y las preocupaciones del mundo y las riquezas.
el video con comentario al Evangelio en
https://youtu.be/A8UvAz6RV8A
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/07/comentario-al-evangelio-del-domingo-15-a.html
Carta abierta a Javier Milei
Sr. Presidente (lo de “estimado” lo obvio por razones evidentes):
Desde hace ya demasiado tiempo usted hace referencia a temas
teológicos. Temas que, ciertamente, ignora en absoluto.
Es evidente que, como nos pasa a todos, usted ignora
muchísimas cosas. Y, sería sensato, no aludir a ellas, precisamente por
ignorarlas. Nadie le cuestionaría nada por su silencio.
Pero, y especialmente en los últimos tiempos, usted habla de
Dios, del horizonte judeo-cristiano, y hasta en ocasiones osa citar la Biblia o
aludir a ciertos textos. Y, precisamente porque los ignora, cualquiera con un
poco de conocimiento no fundamentalista sabe que no dicen lo que usted dice que
dicen.
Es más, mirando la Biblia (como un todo, porque quedarse en
un párrafo aislado es algo no solamente sin sentido, sino, además falso de toda
falsedad) creo evidente que si algo no inspira ni su gobierno ni sus palabras
es el mundo judeo-cristiano. La centralidad hebrea en mishpat we tzedaqá
– derecho y justicia y cristiana en el agápê - amor, la reacción de Dios ante
el tze’aq – clamor y las
splagjna – entrañas de compasión de Jesús, no se parecen en nada a sus
invitaciones de odio y desprecio. ¡En nada!
Usted
citó recientemente los habitualmente llamados “Diez Mandamientos” (mal aludidos,
por cierto); permítame recordarle que allí hace referencia a la importancia
dada al “nombre de Dios” (shem YHWH ‘elohim) pronunciado en vano, falsamente y
que Jesús retoma pidiendo que “santificado sea tu nombre” (tò onomá sou), es
decir, que haciendo su voluntad en la tierra, como se hace en el cielo, la
gente “santifique” el santo nombre de Dios… Por lo menos, no provoque que mucha
gente se aleje o desprecie a Dios por lo que le oye a usted decir en su nombre.
En suma…
No le pido que cambie sus políticas perversas, injustas, coloniales y de pecado…
Lo creo incapaz de hacerlo (y ¡sería feliz de equivocarme!), pero creo que
puedo pedirle que deje de tomar el nombre de Dios en vano. Lo que hace en
nombre del dogma austríaco, hágalo en ese nombre, pero silencie el nombre de
Dios. Dios no se lo merece, y los que tratamos de seguir Sus huellas (de Él, no
suyas, por cierto) tampoco. No amontone “brasas ardiendo sobre su cabeza” (Proverbios
25,22 y Romanos 12,20) ya bastante
tendrá que explicar cuando Dios, la Patria y el pueblo se lo demanden…
Pbro. Dr. Eduardo
de la Serna
Los anticristos para quien se percibe Mesías
Eduardo de la Serna
Según dice la “Inteligencia artificial”,
Un algoritmo
es un conjunto de instrucciones paso a paso para resolver un problema. La Inteligencia
Artificial (IA) es un campo más amplio que utiliza múltiples algoritmos y
grandes bases de datos. En lugar de simplemente seguir reglas fijas, la IA
aprende de la experiencia, identifica patrones y toma decisiones de forma
autónoma.
Ahora bien, cabe una pregunta
inicial: ¿quién carga esos “datos”? ¿de qué “experiencia” aprende? Sabiendo que
hay “granjas”, robots, hackers y miles de cosas por el estilo, ¿de esa
experiencia aprende? Si identifica “patrones”, ¿qué escala de valores, por ejemplo,
siguen esos patrones? Y, por supuesto, ¿cómo sabemos que la respuesta no está “direccionada”
por censuras o por intereses?… Sería de una ingenuidad preocupante ignorar esto
y muchas otras implicaciones más. Y voy a un ejemplo actual: es sabido que el
papa León XIV publicó una encíclica (Divina Humanitas) en la que da suma
importancia a la Inteligencia artificial. Entre otras cosas, y repitiendo lo
que él mismo dijo en el balcón al ser elegido Papa, pidió que esta sea “desarmada
y desarmante”. Precisamente, a raíz de esto, Peter Thiel, responsable de Palantir,
empresa de Inteligencia Artificial armada y armante (multimillonario, que
habita en Argentina por ser ahora un espacio amable, ciertamente trumpista y
con alardes de teólogo) acaba de decir que el papa en su encíclica actúa como “un
agente comunista chino” e incluso ha afirmado que los que se oponen a la IA trabajan
para el “Anticristo” …
Ciertamente no habrá de
extrañarnos que mañana la IA dirija sus algoritmos contra el papa; al fin y al
cabo, el comunismo chino es peligrosísimo, según nos enseñan Trump y sus
mandantes.
Propiamente hablando, el término “anticristo”
se encuentra en la Biblia exclusivamente en las cartas de Juan. Como es
evidente, el término tiene un origen cristiano. El prefijo “anti” es “en lugar de” con lo que la imagen es bastante obvia. Pero fuera
del uso exacto del término, de todos modos, hay otros textos que pueden ser
tenidos en cuenta:
|
2
Tesalonicenses 2 |
Mateo 14
/ Marcos 13 |
1, 2 Juan |
Apocalipsis
12-13 |
|
Está viniendo
un impío (2,3 |
Falsos
Cristos / profetas vendrán (Mt 24,4-5.11.24 / Mc 13,22) |
El
anticristo está viniendo (1 Jn 2,18) |
Juan ve
la bestia viniendo del mar (13,1) |
|
Se opone
y se exalta a si mismo por encima de Dios (2,4) |
|
|
La bestia
del mar blasfema a Dios (13,5-6) |
|
Se sienta
en el Templo y se proclama Dios (2,4) |
La
desolación sacrílega estará en el lugar santo (Mt 24,15-16 / Mc 13,14) |
|
Humanos
fuerzan a dar culto a la imagen de la bestia del mar (13,4) |
|
Cuando
estaba con ustedes les hablaba de esto (2,3) |
Se los dije
de antemano (Mt 24,25 / Mc 13,23) |
Como han
escuchado el anticristo está viniendo (1 Jn 2,18) |
Juan
informa a sus lectores lo que está ocurriendo (passim) |
|
Saben lo
que lo está reteniendo (2,6) Se revela
en este tiempo (2,6) |
|
|
|
|
el misterio
de la impiedad está actuando (2,7) |
|
Ahora hay
muchos anticristos (1 Jn 2,18) |
|
|
Un sin
ley que será aniquilado por Cristo en la parusía (2,8) |
|
|
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|
Ventrá el
impío con grandes signos y prodigios (2,9) |
Falsos
Cristos / profetas mostrarán grandes signos y prodigios (Mt 24,24 / Mc 13,22) |
|
La bestia
de la tierra realizará signos milagrosos para engañar a los habitantes de la
tierra (13,11-14) |
|
Para engañar
a los que perecerán (2,10) |
Extraviarán
o intentarán si es posible incluso a los elegidos (Mt 24,4.11.24 / Mc 13,22) |
Les
escribo sobre quienes los engañarán (1 Jn 2,26) Muchos
engañadores han venido al mundo (2 Jn 7) |
La bestia
del mar les hará la guerra a los santos (13,7) |
|
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Dirán: “miren
allí está en Cristo” (Mt 24,26 / Mc 13,21) |
|
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Los
anticristos son los que niegan que Jesús es el Cristo (1 Jn 2,22; 2 Jn 7) Los
anticristos se identifican con los secesionistas (1 Jn 2,18-19; 2 Jn 7) |
|
Este cuadro (tomado de C. G. Kruse, The Letters of John, Grand
Rapids, Michigan – London: W. B. Eerdmans Publ. Comp – Apollos 2020, 108-109,
en el excursus 9: A Note on Antichrist) permite señalar algunos
elementos:
1.
La terminología
parece estar influenciada por la literatura apocalíptica que hace referencia a
una figura poderosa del fin de los tiempos;
2.
El tema
es algo que ha sido “enseñado”;
3.
Salvando
el Apocalipsis, la figura tiene características humanas;
4.
Su objetivo
es confundir, engañar a los fieles;
Particularmente en las cartas de Juan el contexto es claramente
conflictivo, y alude a sujetos que parecen haber sido partede la
comunidad. Los seguidores del Discípulo Amado han escuchado su predicación,
pero una vez que este ha muerto, algunos (quizás, incluso, la mayoría; por eso
el “muchos” de 1 Jn 2,18) insisten en una preocupante espiritualización hasta
el punto de negar la “carne” de Jesús (2 Jn 7; seguramente sus tendencias
terminarán en corrientes gnósticas; la frase “Jesús no procede de Dios”
seguramente hace referencia al Jesús histórico, negado por los docetistas).
La idea, como es evidente, señala
que una cristología “desencarnada” es contraria al verdadero Jesús, el Cristo, la
“palabra (que) se hizo carne y puso su carpa entre nosotros” (Jn 1,14); por eso
son “anti-cristos”; no es este el “Cristo” que nosotros predicamos y seguimos.
Evidentemente, la imagen genérica
permite que, desde posiciones previamente tomadas en lo teológico (¿cómo es /
debe ser la predicación sobre Dios, sobre Cristo, sobre el ser fieles…?), sea
frecuente que se considere “anticristo” a todo aquel (o aquellos) que se
contraponen a nuestras opiniones. Ciertamente no es a esto que se refieren los
textos bíblicos, y refleja dudosa seriedad (cualquiera podría serlo para una
mirada antagónica). A modo de conclusión me parece sensata la síntesis final del
citado excursus de Kruse:
Ciertamente es verdadero que 1 Juan resalta el peligro del cisma y la división doctrinal, algo siempre penoso cuando ocurre en la comunidad cristiana. También es cierto que los cristianos deben ser cuidadosos de no callar ante la falta de amor o la incapacidad de reconocer los límites de nuestra propia incomprensión de la verdad y entonces ser mucho más veloces en señalar a otros como “anticristos”. Hay una gran necesidad de humildad en aquellas cosas sobre las que los cristianos difieren. Sin embargo, hay ocasiones en que es necesario nombrar las enseñanzas erróneas que están claramente en desacuerdo con la verdad del evangelio y exponer sus orígenes (110).
Imagen tomada de https://tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com/palantir-el-algoritmo-de-la-dominacion/