martes, 21 de julio de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 17º "A"

La paciencia permite reconocer a los hijos del reino

DOMINGO DECIMOSÉPTIMO - "A"


Eduardo de la Serna






Lectura del primer libro de los Reyes     3, 5-6a. 7-12

Resumen: El nuevo rey, Salomón, reconoce su impotencia para gobernar sucediendo nada menos que a David y – en sueños – pide a Dios sabiduría para gobernar.



La figura de Salomón no es muy favorable en los libros de los Reyes. La primera parte de su presentación es positiva (caps. 3-10), pero especialmente por su relación con David (que, para esta obra, es el rey modelo), luego empezará a mostrar sus pecados – deteniéndose especialmente en la idolatría – que comenzó en Israel a partir de su reinado – siendo este el pecado por antonomasia (cap. 11). La liturgia ha seleccionado hoy el comienzo del período salomónico y, por lo dicho, encontramos una imagen positiva del rey. Él pedirá sabiduría (v.9) para gobernar “en lugar de David” (vv.6-7). Salomón ha pedido – y Dios le otorgará – discernir “el bien y el mal” (cf. Gen 2,17; 3,22). 


El texto está lleno de exageraciones: Salomón ofrece “mil holocaustos” como manifestación pública de su religiosidad (v.4), luego Salomón manifiesta exageradamente su humildad (“soy un muchacho joven que no sé empezar ni terminar”, v.7) pero pide un corazón (sede de la razón y la conciencia) para juzgar. Semejante actitud “agradó a Yahvé” (v.10). Esto ocurre mientras Salomón duerme (v.5), al despertar ve que todo fue un sueño (v.15) y ofrece nuevamente holocaustos pero ahora en Jerusalén. 



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     8, 28-30

Resumen: Encadenando una serie de verbos, Pablo destaca la plenitud de salvación que ya tienen los que Dios ha elegido por la posesión del espíritu que han recibido. 



Continúa la lectura del importante cap. 8 de la carta a los Romanos. Habíamos visto que el espíritu de Dios viene en ayuda de nuestra debilidad (v.26) permitiéndonos intervenir y pedir de modo que esto sea según Dios (v.27). El texto ahora nos señala que Dios interviene (synergei) en favor (para bien, agathon) de los que le aman, de los que fueron llamados. El acento está puesto en una “cadena” de verbos que se interrelacionan. Pablo recurre a este método en otras ocasiones en la misma carta (cf. 10,14-15):

Allí, los verbos son invocar – creer – oír – predicar – enviar (obviamente tienen como punto importante el primero de los verbos, “invocar”, pero esto no es posible sin haber sido “enviados”). Del mismo modo, en nuestro texto: conoció – predestinó – llamó – justificó – glorificó. En este caso la glorificación (edóxasen) es la conclusión de un proceso que comienza con el conocimiento que Dios tiene y por el cual llama. La larga lista de verbos son sumamente importantes, y cada una merece un párrafo. Diremos brevemente algo de ellos. Todos se encuentran en aoristo, por lo que se refiere a un momento concreto y puntual del tiempo pasado. 

  • “conoció de antemano” (proginôskô) puede aludir a un conocimiento que ya lleva tiempo (Sab 18,6; Hch 26,5; Rom 11,2), a estar prevenidos (2 Pe 3,17) o al conocimiento por parte de Dios (que puede ser anterior al tiempo; 1 Pe 1,20).
  • “predestinó” (proorizô) es un verbo ligado a la “elección” (cf. Ef 1,5.11) y a la gloria futura (1 Cor 2,7); dice relación al plan de Dios de salvación (Hch 4,28). En este caso, antes del siguiente verbo hará explícita esta predestinación de los que conoce: “reproducir la imagen” del hijo. Con el objetivo de que no sea “hijo único” sino “primogénito” de “muchos hermanos”.
  • “llamó” (ekálesen) es un verbo obviamente “vocacional” y alude con frecuencia a Israel (9,7.12.24.25.26) pero también al llamado a la fe, a la comunidad cristiana (cf. 1 Cor 1,9; 7,15.17.18.20.21…; Gal 1,6.15; 5,8.13).
  • “justificó” (dikaióô) es un verbo clave de toda la carta a los romanos (15x). Dios reconoce como justos a aquellos que creen (= fe) en Cristo. Aquellos que porque son conocidos por Dios, él los prepara para repetir la “imagen” de su Hijo, de allí que los llame para que creyendo sean justos ante Dios.
  • “glorificó” (doxazô) es dar gloria. Lo frecuente es “dar gloria a Dios” (1,21; 15,6.9) pero puede significar que alguien (incluso uno mismo) “hable bien” (u otros lo hagan) de una persona (11,13; 1 Cor 12,26) con lo que se asemeja a “bendición”. 

El cristiano, poseyendo el espíritu – que es el tema de todo el capítulo 8 – ha sido liberado de la ley del pecado y de la muerte (8,2) de allí que en cierto modo ya participe plenamente de la gloria de Adán (cf. 3,23).



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 44-52

Resumen: Con elementos propios de Mateo el evangelista concluye el capítulo de las parábolas; presentando un par que señalan el valor del reino que algunos no saben reconocer, la de una red que invita a la paciencia hasta el tiempo de la recolección y concluyendo con la referencia a un escriba - discípulo.



En el final del bloque de parábolas, las últimas tres, son propias de Mateo. Las tres expresamente destacan la semejanza del Reino con una dimensión fácil de reconocer para los oyentes: un hombre que encuentra un tesoro escondido en un campo, un comerciante de perlas, y una red que se utiliza para recoger para la pesca. 


Es interesante notar que en la primera parábola, el punto de comparación es el tesoro escondido; en la segunda es el comerciante y en la tercera la red. Es decir, el reino es como ese tesoro (no como el hombre que lo encuentra), como el comerciante (que reconoce el valor de una perla que ha encontrado) y la red que no discrimina peces buenos e inservibles. 

Esta última tiene – como es propio en Mateo en esta unidad – una pequeña alegorización (los ángeles, los justos, los malos…). Todo concluye con una pregunta de Jesús: ¿han comprendido? Lo que desencadena un último dicho sobre el escriba discípulo del Reino. 

Las primeras dos parábolas (la del tesoro y la del comerciante) parecen tener un tema común y es la repetición de que “al encontrar” algo valioso, “va, vende todo” para comprarlo (vv.44 [pôlei].46 [pépraken]).


El tesoro escondido
La perla valiosa
El Reino de los Cielos es semejante a
un tesoro escondido en un campo que un hombre
un hombre comerciante que anda buscando   perlas finas, y que
al encontrarlo
vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da,
al encontrar una perla de gran valor, va
vende todo lo que tiene y compra
el campo aquel
aquella


No se trata de invitar a los oyentes a reconocer el valor del reino – el que les sería reconocido a los destinatarios – sino a invitar a quienes lo han encontrado, a vender todo para poseerlo. Vender todo [pôlêsón] y darlo a los pobres es signo de la perfección del discípulo que da cumplimiento a “la ley y los profetas” (19,21); no es distinto – en este caso – a “dejar todo” (cf. 19,27.29). El que comprende (como el negociante que sabe reconocer la perla) sabe que “vale la pena” la renuncia a todo por el Reino. En cierta manera ese tesoro estaba oculto, como el tesoro en el campo, o como la perla que andaba buscando el hombre comerciante (anthrôpô empórô) y es al hallarlo que se desencadena la valoración y la renuncia.

A continuación el tema cambia: nuevamente la misma fórmula de vv.44 y 45 “el reino de los cielos es semejante a” (v.47). En este caso, para reforzar la centralidad en la red (y no en el pescador) el texto lo omite (“se echó” [voz pasiva, aoristo] y no “echó un pescador”, por ejemplo). Incluso no se menciona sujeto alguno aunque se lo supone: la sacan, se sientan, recogen, tiran (v.48). Recién en la alegorización se hace referencia a los personajes que, en este caso, son “los ángeles” (v.49). En el reino todos tienen cabida, recién al final – escatológico – se sabrá reconocer lo bueno de lo malo (en esto se asemeja a la parábola de la cizaña). La predicación de Jesús sobre el reino encontrará resistencias (parábola del sembrador), pero fructificará (parábolas de la levadura y la mostaza) por lo que se hace imprescindible tener paciencia y no querer precipitar el final (parábola de la cizaña). Es una pena que los fariseos (recordar que se refiere a los contemporáneos de los destinatarios del Evangelio) se nieguen a reconocer el valor que el reino tiene negándose a entrar en él y quedándose fuera.

La frase “llanto y rechinar de dientes” se encuentra una vez en Q (Lc 13,28 / Mt 8,12) y fuera de eso es exclusiva y frecuente en Mt (13,42.50; 22,13; 24,51; 25,30). La imagen es la de un dolor insoportable, a lo que serán llevados los que se nieguen entrar.

  • En 8,12 quedan fuera de la mesa del reino
  • En 13,42 son arrojados al horno de fuego los hacedores del mal
  • En 22,13 es arrojado fuera de la fiesta quien no tiene vestido de bodas
  • En 24,51 un mal siervo es “cortado” y echado fuera de la hacienda
  • En 25,30 el siervo que no dio intereses de los talentos encargados es echado fuera

En todos estos casos el contexto parece escatológico y podría hacer referencia al “infierno” cosa que en el contexto alegórico de la parábola es comprensible.

La parábola de la red tiene muchos elementos en común con la explicación de la parábola de la cizaña:

  1. Se recoge la cizaña (v.40) / los peces (v.48)
  2. La buena semilla (v.37) / los buenos peces (v.48)
  3. Los arrojan al horno (v.42) / fuera de la canasta (al mar) (v.48)
  4. El fin del mundo (vv.39.49)
  5. Los ángeles (vv.41.49)
  6. La oposición justos / malos (vv.41.43) y los “peces” malos y justos (v.49)
  7. El horno encendido (vv.42.50)
  8. Los llantos y rechinar de dientes (vv. 42.50)

El paralelo es evidente e insiste en la importancia de la paciencia aguardando el momento oportuno sin pretender acelerar los tiempos. 

El texto concluye con la pregunta si han comprendido (v.51), el verbo syníêmi es particularmente frecuente en esta unidad (9x en Mt, de las que 6x aquí): 

  • Jesús habla en parábolas porque oyendo no oyen ni entienden (v.13)
  • Se cumple la profecía, “oír, oirán pero no comprenderán” (v.14)
  • No "sea que con su corazón entiendan…” (v.15).
  • El que oye la palabra del reino y no la comprende (v.19)
  • En cambio otro oye la palabra y la comprende (v.23)

La comprensión se refiere expresamente a la palabra / parábolas que Jesús pronuncia. Puesto que los destinatarios de la explicación (los discípulos en la casa, v.36) han comprendido el misterio del reino, lo compara a un “escriba que se ha hecho discípulo del reino” (es extraña la frase ya que – como en Marcos – los escribas en general conforman el grupo adversario de Jesús. Sin embargo, al referirse a quienes han comprendido el significado de las palabras / parábolas – lo que implica dar frutos – es posible que se refiera a algunos miembros de la comunidad de Mateo que comprenden la novedad del reino predicado por Jesús y a su vez lo antiguo de su ministerio de comentadores de la palabra, de la enseñanza tradicional. Así como en ocasiones habla de "sus sinagogas", quizás presuponiendo un contraste con "nuestras sinagogas", de tiempos de Mateo; aquí se aluda a "nuestros escribas" en contraste con otros.


el video con comentario al Evangelio en
o también en


Foto tomada de www.laingarciacalvo.com

jueves, 16 de julio de 2026

Los sodomitas

Los sodomitas

Eduardo de la Serna



En el lenguaje popular, al hablar del habitante de la ciudad de Sodoma, “sodomita”, suele referirse a las relaciones homosexuales. Inclusive así puede entenderse en algunos textos bíblicos tardíos (aunque hay otras interpretaciones).

Y lo mismo Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente, padeciendo la pena de un fuego eterno, sirven de ejemplo (Judas 7).

En escritos antiguos, no bíblicos, el tema también es comentado y profundizado en ese sentido, pero notemos un texto del profeta Ezequiel que parece darnos otra clave diferente de interpretación:

Tu hermana mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas. Tu hermana menor es Sodoma, que habita a tu derecha con sus hijas. No has sido parca en imitar su conducta y en cometer sus abominaciones; te has mostrado más corrompida que ellas en toda tu conducta. Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como han obrado ustedes, tú y tus hijas. Este fue el crimen de tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad, indolencia de la dulce vida tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron al pobre y al indigente, se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí: por eso las hice desaparecer, como tú viste (Ez 16,46-50).

Como puede observarse, para Ezequiel, la abominación está en que no socorrieron al necesitado, en este caso, al migrante.

Veamos brevemente el texto del libro del Génesis donde encontramos el tema: unos visitantes, que nosotros sabemos que son enviados de Dios, cosa que el resto ignora, son recibidos hospitalariamente en casa de Lot en Sodoma (Gen 19,1-2). La actitud de Lot con los visitantes se asemeja a la de su pariente Abraham con los mismos personajes en la unidad anterior (Gen 18,1-8). Esta actitud contrasta evidentemente con la de los habitantes de la ciudad que se desentienden de los visitantes y quieren abusar sexualmente de ellos (Gen 19,4-5; es por esto que la referencia a la homosexualidad es la habitual). Pero el tema no es específicamente sexual, sino que radica en la actitud que asume la ciudad frente a los visitantes.

Lot sale en defensa de sus huéspedes y  (contra toda actitud contemporánea) ofrece a los habitantes de la ciudad a sus dos hijas vírgenes, pero ellos lo rechazan:

Apártate de ahí; este individuo ha venido como inmigrante y ahora se mete a juez (Gen 19,9).

Esto va a motivar que los visitantes (que, repetimos, son enviados de Dios, cosa que no saben los que se encuentran en el relato) anuncien la inminente destrucción definitiva de la ciudad (Gen 19,12-13).

Es interesante destacar que presentar la imagen de una ciudad pecadora y destruida es una pintura permanente en la Biblia hebrea: cuando se escriben los libros bíblicos Sodoma ya no existe más y su destrucción es emblemática y simbólica, tanto como es emblemático su pecado. Pero, y acá el tema principal: muchas veces hemos señalado en estas páginas, en el mundo antiguo, y particularmente en el ambiente del desierto, la hospitalidad es algo absolutamente sagrado como lo manifiestan clarísimamente las actitudes de Abraham y de Lot que hemos señalado. Los sodomitas son, precisamente, todo lo contrario, un pueblo pecador que se desentiende de sus hermanos migrantes. Y de sus necesidades. ¡Ese es su pecado!


Imagen tomada de https://elcuadernodigital.com/2018/12/07/sodoma-y-la-pseudociencia/

martes, 14 de julio de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 16º "A"

Los misterios del reino se siguen revelando

DOMINGO DECIMOSEXTO - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro de la Sabiduría     12, 13. 16-19

Resumen: Resaltando la fuerza de Dios el autor manifiesta que esta se manifiesta en la misericordia – a diferencia de la fuerza en los injustos que se manifiesta en opresión y violencia – y esto repercute en la historia humana.

El libro de la Sabiduría es sin dudas el texto más griego de toda la Biblia. En esta parte del libro, centrada en Dios, destaca que Dios es misericordioso, y que su poder (isjys, 3 veces en esta parte, vv.16.17.18) es la fuente de su misericordia. Su “fuerza” es el principio (arjê) de la justicia, y siendo “señor” (déspozein) sobre todos, sobre todos muestra (feídomaicompasión. Esta indulgencia de Dios es la característica de la unidad (cf. v.8). 

El v.19 en realidad da comienzo a la unidad siguiente (vv-19-22) pero como consecuencia de esto, por lo cual el v.19 puede relacionarse con éste (“actuando así…”) invitando a los justos a una actitud frente a los demás (filantropía), y a los pecadores al arrepentimiento (metánoian). Esta filantropía es característica de la sabiduría (1,6) que tiene un espíritu de “filantropía” (7,23). De este modo, se destaca que el justo debe caracterizarse por la sabiduría, del mismo modo que – alentado por la indulgencia de Dios – el pecador es invitado a la conversión.

Es el monoteísmo confesado explícitamente (“fuera de ti no hay Dios”, v.13) el que manifiesta el poder divino que se manifiesta en los beneficios a la humanidad como varios escritos tardíos lo confirman:

  • “¡Dios es misericordioso protector de todos!” (3 Macabeos 6,9)
  • “Dios es amigo de la justicia (…) está operando, de continuo las conoce y no se le oculta nada, insisto (…) de la misma manera que Dios beneficia al mundo entero, tú, si lo imitas, serás perfecto” (Aristeas 209-210)
  • “Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todos, para que puedas mostrar que no juzgas injustamente” (Sabiduría 12,13)
  • “Adora al Dios del cielo, que hace bajar el rocío y la lluvia sobre la tierra, El hace todo en ella, ha creado todo con su voz, y de él procede toda vida” (Jubileos 12,4)
  • “Considera cómo Dios favorece al género humano; él es quien les proporciona en todo momento salud, alimento y todo lo demás” (Aristeas 190)
  • “Adoran al Dios que ve todas las cosas y las crea” (Aristeas 16)
  • “Tú, oh Dios, eres la esperanza y refugio de los pobres” (Salmos de Salomón 15,1)

Pero este Dios de la justicia no es ajeno al universo del ser humano. El poder de Dios es inicio de la realización de un orden humano de justicia. Sobre este “poder” de Dios es que se detendrá en los vv.16-18 con lo que a su vez habla de la justicia. La fuerza sobre la que se asienta el mundo de los que no son sabios es la violencia (por eso oprimen y explotan a los débiles, 2,11); la fuerza de Dios se manifiesta en su misericordia. 



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     8, 26-27

Resumen: La importancia del espíritu de Dios se sintetiza en esta breve unidad destacando el contraste entre la fortaleza, que nos viene por el espíritu de Dios, y la debilidad humana sin la que no sabríamos siquiera dirigirnos a Él como corresponde. Pero con el espíritu la oración es conforme a Dios.


Pablo sigue el importante cap. 8 de la carta a los Romanos manifestando el rol que en los creyentes juega el espíritu de Dios. 

Para empezar el espíritu se manifiesta en contraste con la debilidad (astheneía). Es sabido que el “espíritu” es la fuerza que viene de Dios para sostener (synantilambanô, venir en nuestra ayuda, como lo que Marta le pide a Jesús que María haga, Lc 10,40), se hace cargo de nuestra debilidad, el camino de los llamados a seguir su voluntad y sus caminos. Con nuestras capacidades ni siquiera sabemos cómo pedir (proseújomai), de allí que el espíritu intercede (hyperentugjanei, única vez en la Biblia) con “gemidos” (la otra vez que se encuentra en el NT – Hch 7,34 – traduce el término “clamores” (cf. Ex 2,24; 6,5). Estos gemidos no son la voz de un bebé, sino los gritos del dolor, la opresión y el sufrimiento y por eso son “inexpresables” (alálêtos, también única vez en la Biblia, literalmente: “sin palabras”). 

El verbo “investigar / sondear / escrutar” no es muy frecuente en la Biblia (6x) y suele referirse a la voluntad de Dios. En este caso, “el que escruta los corazones” (= Dios) conoce las aspiraciones íntimas del espíritu. “Conocer / tender” (frónêma) es también poco frecuente (2x en 2 Mac y 4x en Romanos) aunque depende hacia dónde se tienda (la carne o el espíritu, 8,6). En este caso se refiere a tender hacia el espíritu, por lo que la “intercesión” (entugjanô) es “según (kata) Dios” y “en favor (hyper) de los santos” (es decir, los miembros del pueblo de Dios). El espíritu, don por excelencia de Dios para los tiempos nuevos, nos hace tender en sentido contrario a lo que nos separa de Dios; por el contrario, nos hace tender a la vida, interceder coherentemente con la voluntad de Dios.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 24-43

Resumen: Una serie de elementos, mezclados en su origen (de Marcos, de Q y propios de Mateo) continúan el capítulo de las parábolas. En este caso comenzando y concluyendo con la del trigo y la cizaña y centradas en dos parábolas del reino. Jesús, cuando habla de algo tan importante para él, como es el reino, sólo lo hace en parábolas. Los sencillos pueden comprenderlo.


Comenzando con una nueva parábola – que es propia de Mateo – y culminando con la explicación de la misma, la liturgia sigue presentando el capítulo de las parábolas propio de Mateo. Esta unidad tiene textos que dependen de diversas fuentes, veamos:


Orden de Mateo
Fuente / origen
Parábola de la cizaña y el trigo
Propia de Mateo

(Mateo omite la semilla que crece sola, propia de Marcos)
Parábola del grano de mostaza
De Marcos y de Q
Parábola de la levadura
De Q
Por qué habla en parábolas 3
De Marcos
Explicación de la parábola de la cizaña
Propia de Mateo


1)     La parábola del trigo y la cizaña (13,24-30)


La parábola pone el acento en el “hombre” (ánthropos) señalando que sembró “buena semilla” (cosa que se repite en v.27), pero “un enemigo” siembra cizaña. La característica es que no es fácil distinguir – especialmente en los primeros tiempos – una de otra en sus brotes. Cuando llega el tiempo de los frutos, entonces sí se puede reconocer el trigo y la cizaña, y por tanto arrancar una para quemarla, y el otro para ponerlo en el granero. La parábola es, entonces, una invitación a imitar la paciencia del “hombre”, a eso se asemeja el reino. Aparentemente el sentido es confrontar la impaciencia “mesiánica” (cf. Is 60,21) para la cual solo habrá justos en medio del pueblo. La parábola señala que todavía no es el tiempo del juicio. Por otra parte, parece una puesta en forma de parábola del dicho de que “el árbol se conoce por sus frutos” (Mt 12,33, texto Q), “por los frutos los conocerán” (exclusivo de Mateo, 7,16).


2)     Parábola del grano de mostaza (13,31-32)


Es interesante notar la diferencia que esta parábola presenta en Marcos y en Q: el acento, en Marcos, está puesto en el contraste entre la “más pequeña” y la “más grande” (Mc 4,31-32). Lucas – como lo hace otras veces – prefiere el texto de Q, donde el acento está puesto en el crecimiento “hasta árbol” (Lc 13,19). Mateo ha escogido ambos acentos y señala el contraste y también el crecimiento “hasta árbol” (v.32). El reino, entonces, se asemeja a un crecimiento importante y que contrasta con un comienzo pequeño.


3)     Parábola de la levadura (13,33)


La parábola de la levadura se encuentra en Q donde pone en paralelo – como lo hace otras veces – el accionar de un varón (la mostaza) y el de una mujer (la levadura). El paralelo es preciso:


          Tomó un hombre … hasta (árbol)

          Tomó una mujer … hasta (fermentar todo)


Como el texto no se encuentra en Marcos, Mateo repite palabra por palabra lo tomado de Q con la excepción de “de los cielos” dicho del Reino, como es su costumbre, y un pequeño prefijo en el verbo “esconder”. El acento es semejante al anterior de Q (la levadura) y está dado por el resultado final del accionar del varón / mujer; en este caso la gran cantidad de harina fermentada, como para hacer una fiesta.


4)     Jesús habla en parábolas (13,34-35)


Marcos y Mateo ya habían señalado (ver el domingo pasado) por qué Jesús habla en parábolas. Allí destaca que “nada les hablaba” (“les”, como ya fue dicho en 13,10) sin parábolas. Seguramente es para destacar que cuando habla acerca del Reino, Jesús solamente habla en parábolas. Y – como es común en Mateo – nuevamente destaca que se cumple lo dicho por el profeta (en este caso un Salmo, 77,2). 


Sal 78,2
Mt 13,35
voy a abrir mi boca en parábolas (masal), a evocar los enigmas (haîdôt) del pasado.
Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.


5)     Explicación de la parábola de la cizaña (13,36-43)


Nuevamente al explicar la parábola, Mateo recurre a una alegoría, es decir a una explicación simbólica en la cual cada parte de lo narrado tiene un significado escondido: el sembrador, el campo, la semilla, la cizaña, el enemigo… Cambia un poco en v.40 con “como, pues”, pero el acento está puesto en el fin del mundo. En este caso hay dos grupos en cuestión, los que obran la injusticia y los justos y su referencia es el juicio.

jueves, 9 de julio de 2026

Algo que Dios desconoce

Algo que Dios desconoce

Eduardo de la Serna



Esta reflexión nace de mi convicción de que “el sistema”, el Establishment, ha logrado no usar palabras. No las necesita. Ha logrado penetrar en los sentimientos (¿corazones?) para que “se” sienta lo que “ellos” quieren que se sienta. Después, cada quién le pondrá – si cabe – las palabras que desee, pero estas ya no importan. Así, han hipnotizado – pantallas mediante… IA mediante – a toda una sociedad, han direccionado sentimientos y libido. Su idioma no pasa por el cerebro, que parece atrofiado, sino por las entrañas donde el odio y el miedo han puesto su morada. Las consecuencias están a la vista

Para empezar…

  •          En ambientes eclesiásticos suele bromearse con ciertas cosas que, se afirma, el Espíritu Santo no conoce… por ejemplo, ¿cuántas congregaciones de monjas hay? Y otras por el estilo…
  •          Por otra parte, recordaba estos días, que un adiestrador de perros me decía que “los perros no saben idiomas”, entienden tonos, ritmos, gestos, pero no idiomas…
  •          Finalmente, siempre me llamó la atención el contraste entre los pietismos infantiles que sostienen que Dios sabe todo, puede todo y esas cosas, con las actitudes de algunos grandes místicos como Teresa de Lisieux que afirma que debemos tener piedad de Dios, o Etty Hillesum que decía que Dios necesitaba nuestra ayuda…

San Ignacio de Antioquía escribe en su carta a los Efesios:

Es mejor guardar silencio y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si el que habla lo practica. Ahora bien, hay un maestro que habló y lo que dijo sucedió; sí, e incluso las cosas que hizo en silencio son dignas del Padre. El que posee la palabra de Jesús es capaz de prestar atención a su silencio, para que pueda ser hecho perfecto; para que por medio de su palabra pueda actuar y por medio de su silencio pueda ser conocido. No hay nada escondido del Señor, sino que incluso nuestros secretos están cerca de Él. Hagamos todas las cosas considerando que Él vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios. Esto es así, y será manifestado a nuestra vista por el amor que debidamente le tenemos a Él (Ignacio de Antioquía, Efesios XV).

Y partiendo de san Ignacio, Juan de la Cruz decía:

La mayor necesidad que tenemos para aprovechar es de callar a este gran Dios con el apetito y con la lengua, cuyo lenguaje que él más oye solo es el callado amor (Dichos de, Luz y Amor 136)

y en la carta 8 a las carmelitas de Beas del 22 de noviembre de 1587 todavía lo afirma con más claridad:

La mayor necesidad que tenemos es del callar a este gran Dios con el espíritu y con la lengua cuyo lenguaje que él oye solo es el del callado amor.

Precisamente, a raíz de todo esto de que el “lenguaje que él oye solo es el del callado amor”, me cuentan que el maravilloso Maximiliano Herraiz ocd, reflexionando sobre esas palabras de Juan, para escándalo de muchos del auditorio y reforzando el “solo” del poeta afirmaba:

¡Dios no entiende idiomas! No sabe francés, ni español, ni chino... el único idioma que entiende es el del AMOR…

Y acá relaciono todo lo dicho anteriormente: el lenguaje es algo propio de los humanos, aunque otras especies también se comunican, por cierto. ¿Por qué Dios debería saber idiomas y no entender directamente “el corazón”? Al fin y al cabo, un idioma es un límite; así lo afirma Pablo:

Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje. Pero si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí (1Cor 14,10-11).

Y, para poder superar ese límite, hay que decir o bien, infantilmente, que Dios “conoce todos los idiomas”, o – ¿no es más sensato? – que Dios está más allá de ese límite humano, y ese “más allá”, ciertamente es “el amor”. Es interesante notar cómo supera esa limitación la donación del Espíritu en Pentecostés:

Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor pues cada uno los oía hablar en su propia lengua.

Desconcertados y maravillados decían: «estos que están hablando ¿no son todos galileos? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, de Frigia, de Panfilia, de Egipto, y de la Libia cirenaica, residentes romanos; todos, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios» (Hch 2,5-11).

Cada uno lo escuchaba “en su propia lengua” … El idioma de Dios, el que Dios entiende, es el del Amor, es el del Espíritu… y en un mundo aturdido de palabras, cargado de mentiras, emojis y redes (modernas pescadoras de personas) no estaría de más que los seguidores del Nazareno, aquel que, como el cordero llevado al matadero, en el momento supremo “calló”, sepamos también callar con el “callado amor”. Y que las palabras que pronunciemos (limitadas palabras), solamente surjan engendradas de ese amor… Y luego, en un corazón a corazón, encontrarnos con Dios y las hermanas y los hermanos para edificar esa famosa “civilización del amor” de la que tan lejos estamos… Ciertamente Dios nos entendería.


Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/photos-images/amigos-abrazando-hombres.html

Barrabás

Barrabás

Eduardo de la Serna



Probablemente todos hayamos oído hablar de Barrabás. En todos los relatos evangélicos de la pasión de Jesús, él es mencionado en el juicio político ante Poncio Pilato. Resumamos brevemente los textos:

En los Evangelios se nos dice que Pilato, solía liberar, para las Pascuas, un preso para que pudiera celebrar las fiestas en libertad. Sabemos - por los Evangelios - que Barrabás ya estaba encarcelado, y cuando Jesús, el Nazareno, es entregado, Pilato les propone a los presentes la disyuntiva: ¿a cuál de los dos detenidos quieren que libere, a Jesús o a Barrabás?

Al presentarnos al sujeto, los textos varían un poco: para Marcos, era miembro de un grupo rebelde, entre los que se había cometido un asesinato (Mc 15,7), Mateo lo presenta simplemente como “un detenido famoso” (Mt 27,16), Lucas precisa que había sido detenido por “un motín y asesinato” (Lc 23,18) y, Juan señala que era nada menos que “un salteador”, algo ciertamente grave, (Jn 18,40; Juan usa el término griego “lestés” que era algo muy crítico y detestable). Ciertamente, ninguno de los evangelistas habla bien de él. En los escritos contemporáneos a Jesús, Barrabás jamás figura mencionado, así que solo sabemos de él por los textos del Nuevo Testamento.

Pero hay algunos elementos que son interesantes de señalar: los evangelios dicen que la gente, instigados por los sumo sacerdotes, reclamó la libertad de Barrabás; aunque no es improbable, además, que hubiera algo anti romano en esa decisión, y los presentes prefirieran un amotinado antes que un no-violento.

El nombre Barrabás es novedoso: en la lengua semita “bar” es “hijo de…”, y puede ser hijo de “Rabba” (un rabino famoso), o, incluso también de “Abbá”, que es “padre”, algo que también se dice en ocasiones de los rabinos. Para reforzar el contraste, en Mateo 27,16-17, se lo llama “Jesús Barrabás” (muchas biblias omiten el “Jesús”, seguramente por el desagrado que provoca la semejanza de los nombres, aunque “Jesús = Josué” era un nombre frecuente), pero a oídos sensibles el choque entre ambos personajes es evidente: los dos serían “Jesús, hijo de abbá”, uno, Jesús hijo de un rabino, el otro, Jesús hijo de Dios, Padre (ver Mc 14,36).

Como ya señalamos, no nos constan históricamente muchas cosas, no solamente desconocemos el personaje de Barrabás, sino tampoco que Pilato (que no tenía buenas relaciones con los judíos en general) liberara un detenido por motivaciones religiosas. Pero, por un lado, no es improbable que esto ocurriera (era algo que en ocasiones se aplicaba en el mundo antiguo), y, además, los evangelios, más allá de lo histórico, pretenden señalar, por encima de todo, dos actitudes: la vida – muerte de Jesús de Nazaret, el dador de vida, el que no es elegido – por la razón que fuera – y que es asesinado, y un bandido, salteador, asesino (dador de muerte), que es liberado.

Pero cosas semejantes al desafío de “¿Jesús o Barrabás?” se nos presentan a diario en nuestra vida:

Mira: hoy pongo delante de ti la vida y la dicha, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor tu Dios, te bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. (Deuteronomio 30,15-16)

En lo cotidiano, como ayer los presentes ante Pilato, también hoy estamos en la opción frecuente de elegir. De escoger la vida se trata…


Imagen tomada de https://catholicus.eu/jesus-o-barrabas-elige-cada-dia-a-quien-quieres-liberar/