Comentario al Evangelio del domingo 13º A
Eduardo
“¡Que se vayan ellos!”
Eduardo de la Serna
Hace muchos años, en 1974, en el
que probablemente fue su momento de mayor y mejor producción, Piero escribió
una canción que se llamaba “¡Que se vayan ellos!” Allí no decía a quiénes se
refería, pero todos entendíamos. Decía que somos territorio de violencia, que
hay silencio, que la historia elige nuevos caminos, ellos son los que
encarcelaron, torturaron y te mataron, los que te prohibieron gritar ¡libertad!
Y, al terminar, después de un incesante repetir “que se vayan… que se vayan”
termina gritando “¡carajo!”
Sabiendo, obviamente, que no se refería
a lo que hoy vivimos, no puedo menos que establecer los paralelos del grito… Y
de las paredes. Son los que no dejaron nacer y vivir, y gritamos ¡basta! de muerte
y de morir. La calle espera, la gente sabe.
Lo que han logrado “estos”, que
son nuestros “ellos”, es apropiarse de la palabra “libertad”. Pero apropiarse
no solamente para distorsionar su sentido, sino monopolizarlo. Ellos la tienen,
nosotros, ¡no! Somos libres de morirnos de hambre o de someternos a “ellos”. Y,
puesto que han logrado apropiarse de los sentidos, se ha generado un mundo de zombis
hipnotizados por una pantalla, convencidos que es ella la que alimenta y dicta sus
deseares y quereres… Y, entonces, nadie se sorprende que uno salte al rio en
Iguazú para recuperar un celular caído, que otra retroceda para sacarse una
selfie y caiga a un precipicio o que un anestesista, distraído por el celular,
cause la muerte del paciente… La pantalla es lo primero, es la que nos dicta el
ser, el saber, el desear. Y, por supuesto, esa pantalla la manejan “ellos”.
En tiempos del Imperio Romano el
esquema social estaba dado por patrones y clientes. Lo habitual era que alguien
fuera patrono de otros, pero a su vez también cliente de otros. Aunque fuera un
personaje importante (por ejemplo, el rey Herodes) era a su vez cliente de
alguien superior, pero él tenía poder sobre cientos de miles de clientes. Solamente
había un “patrón sin patrón”, el Emperador, y, en lo más bajo, “clientes sin
clientes”, esclavos y mendigos. No hacen falta demasiados silogismos para saber
que hoy nuestros ellos tienen a su vez otros ellos superiores… Pero ya desde
tiempos antiguos, muchos clientes supieron organizarse y agruparse para poder
confrontar con sus patrones. El caso de la pesca era uno de ellos. El lago (el
de Galilea, por ejemplo) era propiedad de Roma (como el mar, el Mediterráneo
era “mare nostrum”, “nuestro mar”, al decir de los romanos). Entonces,
los pescadores se asociaban para lograr así pagar menos impuestos (los de la
pesca eran muy elevados); de hecho, según Flavio Josefo, los habitantes del lago
tomaron parte activa en la revuelta contra Roma del año 66. Así, también, nos
dice el Evangelio que Santiago y Juan eran “compañeros” de Pedro, por ejemplo
(Lucas 5,7). No deja de ser
interesante, mirando el Nuevo Testamento, que fuera del texto citado, el
término griego metojós [literalmente,
“quienes vienen con…”], que se traduce por “compañero”, se encuentra
exclusivamente en la carta a los Hebreos donde se nos dice, nada menos, que
somos “compañeros de Cristo” (3,14) y “compañeros del Espíritu Santo” (6,4).
No me parece, entonces,
desatinado saber que para que se vayan ellos, necesitamos mirarnos y abrazarnos
a miles de compañeros… Es con todos, se repite sensatamente. Y también es
importante reiterar que el término compañero deriva de panis, los que
comen un mismo pan, que es comunión. El pan, la vida, los hermanos y hermanas con
los que caminamos juntos son indispensables para que se vayan ellos, los que
nos dividieron para reinar, los que monopolizan los sentidos para someter, los
que nos prohibieron tener pan y gritar libertad… ¡carajo!
Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/DSe2JDsjYWh/
Los “hijos de Dios” y las “hijas de los humanos”
En los primeros capítulos del
libro del Génesis los relatos van presentando la gestación de los diferentes
momentos, pueblos, lenguas, oficios, culturas… Y entre ellos encontramos un
texto muy extraño.
En el capítulo 6 tenemos un
relato donde se habla de las “hijas de los seres humanos” y la atracción que ellas ejercen sobre los “hijos
de Dios”. El texto es un poco confuso así que lo
transcribimos íntegramente para una mejor comprensión:
“Sucedió que, cuando empezó
el ser humano a multiplicarse sobre la faz del suelo, les nacieron hijas. Y
vieron los hijos de Dios a las hijas de los seres humanos: he aquí que eran
bellas, y tomaron para sí esposas de entre todas las que quisieron elegir. Dijo
entonces Yahvé: ‘No permanecerá mi espíritu en el ser humano para siempre, ya
que de verdad es carne; sus días serán en 120 años. Los gigantes existían en
aquellos días y también después de cuando entraban los hijos de Dios a las
hijas de los seres humanos, las que daban a luz. Ellos son los héroes que
existían desde antiguo, varones de renombre” (Gen 6,1-4)
Desde los orígenes se nota en la creación la
“desmesura” de mezclar lo divino y lo humano (Adán y Eva pretenden “ser como Dios”,
ver Gen 3,5) algo que, en el mundo bíblico, es intolerable. En muchas culturas,
en cambio (como por ejemplo en el mundo griego) era habitual que los dioses
descendieran para relacionarse con mujeres de las que nacían “semidioses”.
Nuestro texto, entonces, toma en cuenta esas tradiciones, pero destaca que en
120 años (con el diluvio, que es la escena que sigue) eso desaparecerá para
siempre. El pecado de la desmesura debe ser eliminado y ya no se hablará más de
esta integración entre lo divino y lo humano.
Eso no quita que en la humanidad existan
personas “grandes” (por su estatura o por sus “grandes” obras que les dan
renombre). Por ejemplo, en muchas culturas se hace referencia a otros
pueblos a los que se tiene por pigmeos o por gigantes lo cual es,
evidentemente, una noción comparativa (se trata de personas mucho más altas o
más bajas que “nosotros”). En la Biblia, por ejemplo, se habla de los “hijos de
Anac” como un pueblo de gigantes (Núm 13,33; Dt 9,2).
El texto, entonces, toma una
vieja leyenda de los “hijos de Dios” en una actitud desmesurada que, por un
límite que Dios mismo pone, es algo que ya no volverá a ocurrir, a partir del
diluvio. Además, como es habitual en los textos patriarcales, parece que
siempre “la culpa” es de las mujeres…
Sin embargo, este texto, mucho
más tarde (en tiempos del Nuevo Testamento) empezó a ser leído en otra clave:
esos “hijos de Dios” eran ángeles que “cayeron” (en hebreo, el verbo “caer” es
de la misma raíz de “gigante”) de donde nacerá la tradición de los “ángeles
caídos” que da origen a la existencia de los demonios.
Las vieron
(a las hijas de los humanos, bellas y hermosas) los ángeles, los hijos de los
cielos, las desearon y se dijeron: - Vamos, escojamos de entre los humanos y
engendremos hijos (…) y tomaron mujeres: cada uno se escogió las suya y
comenzaron a convivir y a unirse con ellas (…) quedaron encintas y engendraron
enormes gigantes de 3.000 codos de talla cada uno (del llamado 1º libro de
Henoc).
Y en el Nuevo Testamento, en la carta de Judas, se dice claramente:
A los ángeles que no conservaron su
rango y abandonaron su morada los tiene guardados en tinieblas, con cadenas
perpetuas, para el juicio del gran día (Jud 6).
Es interesante como un texto, que
en sus orígenes intentaba combatir la desmesura religiosa buscando poner a Dios
en el lugar que le pertenece y a los humanos en el suyo, sirvió, con el paso
del tiempo, para interpretar los orígenes del mal en la historia y dando
“origen” a los demonios, de los que – por cierto – el texto primitivo no
hablaba.
Imagen tomada de https://www.milenio.com/internacional/meteorito-cae-casa-eu-geologo-roca-mas-vieja-tierra
La fidelidad al proyecto de Dios lo tiene a él mismo de garante
“un solo hombre” Adán Cristo Acción de ese hombre Pecado | delito | desobediencia Gracia | obediencia Efectos sobre “todos” Muerte | condenación | pecadores Justificación | justos
No haya esperanza para los apóstatas. Y destruye pronto el reino de la tiranía en nuestros días, y perezcan los nsrm (= nazarenos, = cristianos) y los minim (= herejes) en un instante. Sean borrados del libro de la vida y no queden inscritos con los justos (12)
“Las naciones te envidiarán pero no podrán nada contra ti, dice el Señor. Mis manos te cubrirán de modo que tus hijos no vean la Gehena” (2 Esdras 2,29)
Memoria de viajes papales
Eduardo de la Serna
Hace muchos, muchos años, en tiempos
casi olvidados (1992) estaba yo en Italia, en un pueblito cerca de Siena (Rapolano
Terme) dando una mano al cura por las fiestas pascuales. El domingo de Pascua
vino su familia a almorzar y entre ellos su tío, también cura. Sentado en la
cabecera de la mesa, puso a la derecha a su sobrino y a mi – condescendientemente,
pero por ser cura – a su izquierda. El resto de la familia lo escuchaba sin
animarse a contradecir cualquier cosa que dijera. Si alguien decía algo, él
inmediatamente decía “Io ti spiego!” (è basta!, podría acotarse).
Él explicaba y “causa finita”. En un momento de su pontificado dice que
el mundo entero estaba cambiando con los viajes papales (obviamente se refería
a Juan Pablo II). Y el cura de su izquierda (que vendría a ser yo) ¡osó! contradecirlo
(Io non sono d’accordo!, dijo el irresponsable). Yo le dije que en
Argentina nada había cambiado con los viajes papales, y que, incluso, fue un
escándalo ver al papa al lado de los torturadores y genocidas. Cuando quiso
explicarme, lo volví a contradecir y entonces (¿sorpresivamente?) empezó a
hablarme mal de la Teología de la Liberación. La bestia (que nuevamente vendría
a ser yo, ciertamente) le preguntó qué había leído de Teología de la Liberación
para decir eso, porque era poco serio afirmarlo sin haberlo hecho. Tuvo que
reconocer que no había leído nada y el animalito de Dios (yo, ¡otra vez!) le
dijo que era un escándalo en los viajes papales que se les negara la comunión a
divorciados y se la dieran a torturadores y ¡de golpe!... uno del fondo de la
mesa dijo “io sono d’accordo con don Edoardo! (que, otra vez, vendría a
ser yo) ¡Chan!!!
Y esto me pone – otra vez – ante la
pregunta ¿para qué viaja el Papa? (Juan Pablo, Benito, Francisco, León o el que
sea). ¿Qué va a cambiar ahora en España después de la visita? ¿Recibirán
felices a los migrantes? ¿Se disolverá VOX por falta de miembros? ¿Cambiarán su
actitud paleo-colonialista ante los “sudacas”? Como creo que nada de eso
ocurrirá… que la revuelta de mujeres seguirá reclamando sus derechos, que el
episcopado español seguirá siendo un rejunte de dinosaurios, que las víctimas
de abusos por parte del clero seguirán esperando… entonces, mientras tanto,
seguiré (“voz que clama en el desierto…”) manifestándome totalmente disconforme
con los viajes papales. Y, además, con un temor (un plus) … conociendo
el episcopado argentino, tan… (me callo en mi apreciación, “llenar la línea de
puntos”) ……… estoy convencido que muchos (no todos… no pocos) harán público su
mileismo ahora vergonzantemente callado y se fotografiarán con una sonrisa
exultante, como la de Messi junto a Trump. Y nada habrá cambiado con los viajes
papales…
Y me permito añadir otra anécdota... Cuando vino por segunda vez Juan Pablo II a la Argentina, ya en democracia, uno de los lugares que iba a visitar era la diócesis de Viedma, donde había un gran obispo (Miguel Hesayne). Los grupos del Seminario de Formación Teológica, en los que participaba otro personaje enorme, Orlando Yorio, tenían planeado su encuentro anual en esa diócesis y habían invitado a Jon Sobrino para el acompañamiento. Además, en el saludo que Hesayne le daría al Papa, hacía expresa mención de monseñor Angelelli. Y, ¡oh sorpresa! (¿sorpresa?), la mención al mártir fue eliminada en el texto que volvió de Roma (Hesayne pudo volver a mencionarlo) y, además, el presidente de la Conferencia Episcopal (el cardenal Primatesta) le dijo así, sencillamente a Hesayne: "¡si va Sobrino, no va Juan Pablo, si va Juan Pablo no va Sobrino!" (conozco esta anécdota tanto por boca de Hesayne como de Sobrino y Hesayne la recuerda en "La Verdad los hará libres", tomo I). Finalmente fue Juan Pablo, y no Sobrino. ¿No es encantador?
Foto tomada de https://es.aleteia.org/2025/07/16/por-que-juan-pablo-ii-besaba-la-tierra-al-llegar-a-un-pais/
Benayas, un valiente y asesino
Sabemos que
David, antes de ser elegido rey, primeramente, en el sur y luego en el norte,
e, incluso, antes de incorporarse a las fuerzas de Saúl, tenía un grupo armado
que lo acompañaba (2 Sam 8,18). Este grupo, siguió con él en los momentos
difíciles (2 Sam 23,23). Se los suele llamar “los treinta” (23,22). Aunque a veces en
las listas, se supera ese número, no es improbable que haya variado con el paso
del tiempo, por ejemplo, por el fallecimiento de alguno (ver 23,24-39). Uno de
los más reconocidos de este grupo es Benayas (que significa “Yahvé ha
edificado”, en el sentido de “una casa”, “una familia”; ver Gen 2,22). Ese
nombre también lo llevarán otros personajes en otros momentos (ver 1 Cro
4,34-41; 15,15.18; 2 Cr 31,13…). Cuando surge un conflicto por la sucesión de
David, que ya estaba anciano, Benayas toma partido por Salomón, contra Adonías –
que aspiraba al trono – y se incorpora militarmente a su grupo (1 Re 1,8).
Cuando Salomón
emprende venganza contra todos los que lo habían rechazado como rey y habían
prefirido a su hermano mayor, Benayas será el encargado de ejecutarla: él
personalmente asesina a Adonías (1 Re 2,25), a Joab, el antiguo jefe del
ejército, (2,29.31.34) y a Semeí, que había enfrentado a David (2,46), y todo
esto motivó que Salomón lo nombrará jefe de su ejército (2,35).
El libro de
las Crónicas – como suele hacerlo – repite muchas de las cosas que encuentra en
los libros de los Reyes, pero, en este caso añade más dramatismo a algunas
hazañas de Benayas como matar a un león, y también a un egipcio gigantesco y
bien armado (cosa que recuerda fácilmente la escena de David y Goliat; 1 Cro
11,22-23; ver 2 Sam 23,20-21).
Que sea enviado personal de Salomón para ejecutar su venganza, ejecutando – a las órdenes del rey – asesinatos sin ningún debate ni discusión (el texto suele decir sencillamente: “mató”: 2,25.34.46) ciertamente resulta muy sensible a nuestros oídos contemporáneos. Pero, sin embargo, Benayas es presentado como una persona no solamente valiente, sino leal al rey, y, por tanto, merecedor de su reconocimiento. Por ejemplo, que Adonías se autoproclame rey sin informar de esto ni al sacerdote Sadoc, ni al profeta Natán ni a Benayas destacado en el “grupo de los valientes” (seguramente “los treinta”) y que esto se señale negativamente (1 Re 1,10) revela la importancia que tiene en la corte desde tiempos de David hasta el comienzo de la realeza de Salomón. Cuando David decide ungir a Salomón, motivado por la insistencia de Betsabé y el profeta Natán, será este profeta junto con el sacerdote Sadoc y Benayas quienes deben mostrar a todos esta decisión (cosa que será acompañada por los quereteos y pelteos, es decir grupos de mercenarios a cargo de Benayas) y será este quien confirma que “¡así se hará!” (1 Re 1,36-37). En 1 Re 1,32-53 se puede leer fácilmente toda esta escena y el conflicto con Adonías. El apoyo militar ciertamente fue indispensable para acompañar al sacerdote y al profeta en la manifestación pública de la voluntad de David y la ascensión de Salomón.
Evidentemente,
Benayas fue un jefe militar, pero que asumió con su propia mano los asesinatos
que le fueron encargados. Probablemente podamos pensar, con nuestra mirada
contemporánea, en una suerte de jefe de sicarios al servicio del poder político
y para mantenerlo.
Ya hemos
señalado que, en la Biblia, no se disimulan los pecados y delitos de los
personajes importantes. Aquí, Salomón no duda en ejecutar su venganza y recurre
para ello a un sanguinario y leal de su grupo, uno que tampoco duda en obedecer
al rey. En muchos casos, para mantenerse en el poder, se necesitó de mucha
sangre y violencia: en este caso, un rey que da órdenes sin que le tiemble el pulso, y un
sicario que ejecuta sin dudar lo que le es mandado. La “sabiduría de Salomón”
no siempre se manifestó de un modo “sabio”.
Imagen tomada de https://www.ministryvoice.com/es/who-was-benaiah-in-the-bible/