martes, 18 de junio de 2024

Comentario a las lecturas, domingo 12º B

Jesús enseña mostrando su serena confianza en Dios

DOMINGO DUODÉCIMO - "B"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Job     38, 1. 8-11

Resumen: Dios interviene en la discusión entre Job y sus amigos. Y para resaltar su superioridad que no puede ser medida con esquemas humanos comienza aludiendo a la creación. El mar (tema del texto, y del Evangelio) sólo recibe los límites que el creador le asigna.


No es unánime entre los estudiosos la estructura del libro de Job, pero hay unanimidad – que sepamos – en que toda la larga primera parte del libro (luego de la introducción narrativa) está estructurada en un diálogo entre Job y sus (malos) amigos. La obra concluye con una segunda parte, mucho más breve en extensión, que es la respuesta de Dios a Job por sus intervenciones (no hay consenso en si se trata de uno o dos discursos de Dios). El texto litúrgico de hoy está conformado por la primera parte de este (primer) discurso de Dios a Job. Como se repetirá en 40,6 Yahvé se dirige a Job “desde la tormenta”, y la intención es “poner a Job en su lugar” ya que en sus discursos anteriores pareciera ponerse casi a la altura divina. Las preguntas son ciertamente irónicas: “¿dónde estabas?”, “¿sabes?”, “¿quién?”… La primera pregunta es particularmente irónica: “¿quién es este…?” La referencia fundamental de las preguntas divinas alude a la creación (empieza por la tierra, sigue el mar, los astros… y finaliza con los animales) y es hecha “desde la tempestad”, señalando el ámbito especial de lo divino. La soberanía de Dios sobre el mar es uno de estos temas y colocado hoy en la liturgia como ilustración del texto evangélico. Es sólo una de las muchas preguntas de Dios a Job. El tema central radica en destacar que Dios no puede ser encerrado en esquemas.

Pero la clave comienza en v.1 (incluido en el texto litúrgico) al destacar que lo que tenemos a continuación es (la) respuesta de Dios a Job.

A diferencia de Génesis 1, aquí el mar nace de la tierra, y como un recién nacido recibe pañales y vestidos que aquí son las nubes y la niebla. Como el niño precisa que le pongan límites, Dios se los pone al mar (rememora el Diluvio, sin dudas) y lo borrascoso del mar (cf. Is 57,20; Sal 93,3).


Lectura de la segunda carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     5, 14-17


Resumen: la unión entre Cristo y los cristianos es tan estrecha que estando unidos a Él estamos ya integrados en un nuevo tiempo que esperamos. La nueva creación, anunciada por los profetas, ya es una realidad “en Cristo”.

Pablo ha dicho cómo se ve él ante Dios. Ahora señala que todo esto es obra de Cristo (lectura teológica). Estamos ante una de las unidades más cristológicas de la carta. Un nuevo juego de opuestos (como el que volveremos a encontrar en Rom 5,12-21) entre uno y todos da sentido a la muerte de Cristo. Es una muerte de uno por (hyper), palabra que se repite seis veces en esta unidad y parece provenir de la lectura cristológica del texto del cuarto canto del Siervo de Is 53 y señala la acción en favor de todos nosotros (cf. Rom 5,6.8). El efecto de esta muerte es la reconciliación (también en Rom 5,6.8). Y porque estamos reconciliados – se reconcilia el mundo, cf. v.19 –, se les confía, a los ministros de la palabra, el ministerio de la reconciliación. La misión del apóstol parece claramente hacer realidad (imperativo) lo que ya ocurre (indicativo) por obra de Cristo: estamos reconciliados, ¡reconciliémonos! Y lo que debe mover (a todos) es el amor, que nos apremia, nos oprime y compele (a anunciarlo a todos) por eso el efecto reconciliador busca que los que viven no vivan para sí, sino para el Señor. Solidarios con la muerte de Cristo, como su muerte es solidaria con nosotros, no debe preocuparnos que se desmorone el hombre exterior; por el contrario, eso significa una muerte a ese hombre y la irrupción de la novedad de Cristo, novedad que es presentada como nueva creación. 

Una nueva paradoja: pecado-justicia se revela en esta solidaridad “por”. Jesús fue hecho pecado por nosotros (se supone: hecho por Dios, es un “pasivo divino”)  y en él venimos a ser justicia, así como en él somos nueva creación. 

La unidad comienza poniendo el centro en el amor de Cristo. Es ese amor el que da nuevo sentido a la cruz. Y, por ese amor, el acontecimiento de la cruz provoca reconciliación. Ese amor da a Pablo una clave, de la muerte de Cristo saca una conclusión: la unión con Él hace que su muerte provoque nuestra muerte, pero ahora entendida en un sentido metafórico, es muerte al pecado. Y precisamente por eso pasa del pasado al futuro, del don a la tarea. La vida de los que han muerto al pecado (Rom 6,11) es un anticipo de la resurrección porque para el apóstol muerte y resurrección son inseparables. El juego de paradojas es ahora entre muerte y vida; hay un interesante juego gramatical: murió y resucitó se encuentran en aoristo, por lo que se refiere a un momento puntual, obviamente la Pascua, pero como esto ocurre para ellos (hyper autôn), su efecto continúa en el tiempo, en los que han muerto al pecado – quizá remita al bautismo – y pertenecen al Señor.

Esta acción de Cristo, y acción en favor de los suyos, sigue teniendo consecuencias: nos introduce en un nuevo tiempo escatológico aunque el tiempo viejo subsista simultáneamente. “Nosotros” refiere ahora al mismo Pablo.

La actuación de Dios en Cristo provoca una novedad tan absoluta que no mira lo viejo, los delitos, la carne sino que hay un nuevo modo de mirar las cosas, un modo “escatológico”, reconciliado, de justicia. Se ha querido ver en 5,16b una referencia a que Pablo conoció antiguamente a Jesús según la carne. No parece que el párrafo esté preocupado por esto; no sólo porque dice Cristo, cuando, en ese caso, sería de esperar “Jesús”, sino porque según la carne es sinónimo de “a modo humano”, o también viejo, que se contrapone a nuevo. Es un nuevo modo de conocer todo, a lo que Pablo se refiere; por eso es más probable que diga conocer según la carne; antes que Cristo según la carne. En todo caso, también es probable que se refiera a su conocimiento de Cristo antes que éste le fuera revelado, es decir, su conocimiento del Cristo predicado por los cristianos. Ese es según la carne; es un conocimiento incompleto de Cristo que no viene acompañado por la revelación de Dios y que, por lo tanto, no puede alcanzar una plena comprensión. Sabemos y conocimos son paralelos y también lo son ahora no y ya no. El tiempo al que se refiere es el anterior a Damasco. Cuando en los tiempos finales Dios le reveló (apokalypsai) a su Hijo (cf. Gal 1,16), ya no lo conoce según la carne, como lo había conocido en un primer momento; Pablo ya está en Cristo, y recibió en un momento específico, el de su vocación, el ministerio de la reconciliación. 

Estar en Cristo, que como se sabe es un “lugar teológico” en Pablo, muestra una in-corporación, entrar en un cuerpo, fundirse en la realidad escatológica de Cristo, lo que se logra por el bautismo. La preposición en, en este caso, está cargada de sentido antropológico, cristológico, eclesiológico y también escatológico. Por eso puede decir algo tan terminante, aplicado a los cristianos lo que no ha de entenderse de un modo individualista: si alguno (está) en Cristo, (es) nueva creación. La semejanza que hemos visto con Rom, la velada alusión a Adán y el nuevo Adán en v. 14bc, y las alusiones al AT (como también las encontraremos en 6,2 donde cita expresamente Is 49,8) parecen invitarnos a pensar en textos como Is 48,5; 65,17; 66,22 donde se presentan los tiempos escatológicos como novedad. Así lo primero, lo viejo, lo anterior a Cristo y según la carne, ya pasó (aoristo, ¿refiere al bautismo?), y ya estamos (y seguimos estando, tiempo perfecto) en el nuevo eón, el nuevo tiempo.


Evangelio según san Marcos     4, 35-41

Resumen: Cansado de predicar Jesús pide pasar a la otra orilla. En el mar se desata una tormenta mientras Jesús duerme. El contraste entre la confianza de Jesús y la falta de fe de los discípulos se manifiesta en una enseñanza “práctica” que el “Maestro” les dará mostrando su palabra con autoridad. 


Narrativamente, el texto de la llamada “Tempestad calmada” es una continuación coherente con la escena de la predicación “desde la barca” (4,1) en parábolas. Cansado de predicar Jesús pide “pasar a la otra orilla” y se queda dormido “sobre el almohadón de popa” (v.38). Pero veamos el texto:

En el paso a “la otra orilla” se desata una “gran tempestad” (= Job 38,1, lailaps; cf. Sir 48,9.12; Jer 25,32 [32,32 LXX], un término utilizado en teofanías: en esto se manifiesta el poder de Dios). Las olas, por su parte son signo de muerte (2 Sam 22,5; Sal 18,17; 69,3.4;M ver Sal 107,25b; 1QH 11.15; 14.23). Acá es importante recordar que Israel no es un pueblo marinero (como sí lo son los fenicios, por ejemplo). De allí que su relación con el mar no es amable (más allá de que en este caso se trata de un lago no demasiado grande, aunque sea llamado "mar", vv.39.41). 

Esto lleva a que sea frecuente en la Biblia la identificación del mar con el mal (Leviatán [Job 3,8; 40,25-32; Sal 74,14; 104,26; Is 27,1], Rahab [Job 9,13; 26,12; Sal 87,4; 89,11; Is 30,7; 51,9], serpiente [Is 27,1]). Pero los lectores de Marcos ya sabemos que Jesús ha venido a vencer las fuerzas del mal (de eso también se trata el Reino de Dios). En el mundo griego (p.e. Heródoto) y judío (Sal 105,9 LXX) hay personificación y demonización del viento y el mar (cf. Test Sal 16). 

Rey Salomón, yo soy un malvado espíritu marino. Me levanto y circulo por la superficie de los mares y estorbo a los hombres que en él navegan. Me pongo en movimiento como una ola y, metamorfoseado así, me lanzo sobre los barcos. Este es mi cometido: recoger riquezas y hombres. Así pues, recibo, remuevo y lanzo a los hombres bajo el mar (…) Tengo otra gloria y cometido: me trasformo en olas, subo desde el mar y me muestro a los hombres…” (Escrito apócrifo, Testamento de Salomón 16 [el rey es presentado como un gran exorcista y confronta con diversos demonios. Pero el libro tiene también influencia cristiana como se ve en el cap. 11 muy semejante al endemoniado de Gerasa]).

Aunque también haya que resaltar las diferencias, es importante notar el paralelo del texto con el comienzo de la historia de Jonás:

Jonás 1
Tempestad calmada
4 Pero Yahveh desencadenó un gran viento sobre el mar, y hubo en el mar una borrasca tan violenta que el barco amenazaba romperse.
37 En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca.
5 Jonás, mientras tanto, había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente.
38 Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal.
6 El jefe de la tripulación se acercó a él y le dijo: «¿Qué haces aquí dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás Dios se preocupe de nosotros y no perezcamos.»
38 Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
5 Los marineros tuvieron miedo y se pusieron a invocar cada uno a su dios
40 Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»
15 Y, agarrando a Jonás, le tiraron al mar; y el mar calmó su furia.
39 El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza.

La principal diferencia radica en los personajes: mientras el sueño de Jonás es visto irónicamente, ya que él es el responsable de la tormenta, el de Jesús es signo de su confianza en Dios. También se ha señalado el paralelo con La Odisea, de Homero y el sueño de Odiseo.

Es interesante a su vez recordar el Sal 44.24-27:
¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre! ¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria? Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre. ¡Álzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!

También el Sal 107,23-32:
Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas, vieron las obras de Yahveh, sus maravillas en el piélago. Dijo, y suscitó un viento de borrasca, que entumeció las olas; subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se hundía; dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda su pericia. Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los sacó de sus angustias; a silencio redujo la borrasca, y las olas callaron. Se alegraron de verlas amansarse, y él los llevó hasta el puerto deseado.

Semejante también la literatura de Qumrán: 

Se desviaron del camino de tu corazón, [cayeron] presas de destrucción. Como consejero de Belial está su corazón […] en [la reunión] de impiedad, envueltos en la culpa. Yo como navegante en una nave [abandonada] a la furia del mar. Sus olas y sus mareas rompían contra mí; [me azotaba] un viento de perdición, [andaba] desconcertado, sin rumbo. No había brisa que me consolase, ni sendero por donde dirigir mi camino sobre la superficie del mar. El abismo repetía el eco de mi angustia. Llegué hasta las puertas de la muerte. (1QH 11,21-24; también 14,22-24).

A causa del miedo, los que están con él en la barca lo despiertan, y lo llaman “maestro”. El título no parece apropiado para esta circunstancia, pero es paralelo al hecho de que hasta hace unos momentos “enseñó con palabras” (= parábolas), y ahora enseña con hechos (tormenta). Como en el exorcismo de Mc 1, la gente reconoce la “doctrina”. La enseñanza se ilustra con hechos.

Un nuevo paralelo que permite entender el texto se encuentra, precisamente, en el primer hecho de Jesús en Marcos, la expulsión de un demonio en la sinagoga:

 

Mc 1,21-28

Mc 4,35-41

Jesús, entonces,

le conminó (epitimaô

diciendo:

«Cállate (fimoô) y sal de él». (v.25)

El, habiéndose despertado, 

increpó (epitimaô) al viento y 

dijo al mar:

«¡Calla, enmudece! (fimoô)»  (v.39)

¿Qué es esto?  (v.27)

¿Quién es éste… (v.41)

Manda 

hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». (v.27)

 

…hasta el viento y el mar le obedecen? (v.41)


En la conclusión Jesús se dirige a los compañeros. La pregunta es por qué no tienen fe. Y esa falta de fe se manifiesta en el miedo (que contrarresta con la calma de Jesús). La cobardía continúa todavía en la reacción: “se llenaron de gran temor” donde se formulan una pregunta clave: ¿quién es este? Narrativamente, esta queda sin respuesta. Queda abierta para el lector. La tormenta es ocasión para enseñar acerca de la “confianza” (cf. Mc 11,22-23, si hay fe los elementos naturales se someten). La respuesta a esa pregunta (ya insinuada en 1,1) se irá descubriendo todo a lo largo del Evangelio (8,29; 15,39). Se trata de una fe en camino hacia la cruz. 


el video con comentario al Evangelio en
o también en


Foto tomada de www.comunidadsea.org

Infiltrados, quintas columnas y otras fuerzas centrífugas

Infiltrados, quintas columnas y otras fuerzas centrífugas

Eduardo de la Serna



En sus notas periodísticas del domingo, tanto Tuni Kolmann como Patán Ragendorfer señalaban la presencia de infiltrados en la marcha disuelta para conseguir la ley Gases, y la permanencia de estos indeseables cada vez más presentes en las fuerzas lejanas al Gobierno.

En esta misma semana, se informó que tanto Tomás Rebord como Guillermo Moreno son financiados por una productora perteneciente a Sebastián Tabakman y Daniel Parisini, conspicuos “libertarios”. Se entiende, así, la omnipresencia del ex secretario de comercio que, a pesar de no tener el 1% de los votos aparece por doquier como si fuera el adalid de la oposición y – en la práctica – es el gran adversario de cualquier fuerza dentro del espacio nacional – popular blandiendo un peronómetro que nadie le otorgó hablando de un paleoperonismo de arqueología.

Pero, creo, no son unos y otros las únicas fuerzas que parecen estar dentro de los ambientes populares y que, en la práctica, resulta por lo menos sensato, preguntarse para dónde “tiran”. Y, lamentablemente, no puedo sino preguntarme por la mirada que esgrimen algunos sectores eclesiales.

Ya vimos un rápido intento de desmarcarse en una misa en Luján, con motivo del atentado contra Cistina, hace algunos años de varios miembros del episcopado. Hoy vemos a algunos intentando ponerse “en la vereda de enfrente” de cantos como “la patria no se vende”.

En sus reflexiones en los Medios, el cura mártir Lucho Espinal repetía que la iglesia no molesta cuando habla de las almas del purgatorio.

… la religión no tiene problemas cuando habla de las almas del purgatorio, pero los tiene cuando proclama la liberación de las personas.

Y cuando dice qué es lo que no es un cristiano afirma que

El cristiano no es tampoco una persona que se despreocupa de este mundo porque tiene otro de repuesto. No es uno que no piensa porque en Roma piensan por él.

En lo personal, por ejemplo, me resultó sumamente insatisfactorio lo dicho en el Te Deum, donde el arzobispo criticó que los funcionarios se “autoaumenten” los salarios, pero no hizo referencia a este modelo perverso y empobrecedor, a las actitudes represivas, a las relaciones internacionales y demás “cositas” que parecen más graves que el lamentable “autoaumento”. Es sabido que hay un número importante de obispos que acompañan a este gobierno, no solamente el castrense. Así, es comprensible que se manifiesten desconformes con que espontáneamente muchos canten “la Patria no se vende”. Ciertamente, eso molesta, cosa que no ocurre si se canta “alabado sea el santísimo sacramento del altar”. Y parece que el hecho de que la patria se está vendiendo no le resulta molesto a algunos mitrados. Y, me resulta evidente, manifestarse críticamente ante esos cantos es tomar postura política, aunque se disimule detrás de los “sagrado”.

Hace mil años conocí, de pasada, a un cura villero: Julio Triviño. Fue puesto por las religiosas de Mallinkrodt para reemplazar al molesto Carlos Mugica en la villa YPF, de Retiro. Fue, a su vez, capellán militar. Ser cura u obispo villero no avala el pensamiento en favor de los pobres y su liberación.

Curiosamente, miembros del episcopado, los mismos que dicen que los curas no deberían manifestarse políticamente, parecieran ignorar (dudo que lo ignoren) que imaginar o predicar una “iglesia” desencarnada en nombre de la unidad, no comprometida en nombre de la pluralidad y no profética en nombre de la sacralidad, manifiestan una comunidad eclesial cómplice de los victimarios y responsables del hambre, la desocupación y la tristeza. Ciertamente, una cosa es decir “votemos a Fulano” – que sería asumir una posición política ciertamente discutible – y otra diferente es decir “la patria no se vende”. Ese canto sólo puede molestar a quienes celebran que la Patria se venda. Obispos incluidos. Pueden decir “no invitamos a políticos” a tal celebración, y pretender que eso parezca aséptico. Pero algunos sospechamos que algunos políticos están celebrando. La santidad no está en separarse del mundo siendo “puras como ángeles y soberbias como demonios”, como se decía de las monjas de Port Royal (s. XVII). La santidad está en presentar nuestra vida (y muerte) de pueblo y dejar que, desde el amor, la justicia y la paz, Dios la transforme, con nuestra militancia, en un espacio donde Dios reine. Eso predicaba Jesús, por eso lo mataron. Porque molestaba al poder político y religioso de turno. Ah… y me olvidaba: ¡la Patria no se vende!

 

Imagen tomada de https://soundcloud.com/alexandeloy/programa-especial-2-45-misa-campesina-nicaraguense-radio-universidad-de-costa-rica-967-fm


domingo, 16 de junio de 2024

El Evangelio no se vende

El Evangelio no se vende

Eduardo de la Serna



Hace unos años, el entonces obispo de La Plata, Víctor Fernández, comentaba dolido el caso de algunos curas que habían omitido la lectura bíblica de la misa cuando correspondía leer Santiago 5 (“lloren, ricos, por las desgracias que están por caer sobre ustedes…”) para no molestar a algunos. Molestar o no molestar no es el tema, sino ser o no fieles al Evangelio. Y, debemos reconocerlo, el Evangelio, a veces, molesta. Me parece que ocurre lo mismo que pasa con el escándalo… “¡Ay del que escandaliza a los pequeños!”, dice Jesús (Mateo 18,6) pero también “¡Ay del que se escandaliza de mí!” (Mateo 11,6).

Es evidente que en la comunidad eclesial hay diversidad de miradas y posiciones y que es bueno que vivan en comunión. Pensar todos lo mismo no es riqueza sino pobreza. Y, el modo de pensar de alguno o alguna es bueno que coexista con la diferencia de otro u otra. Pero esa coexistencia tiene el límite de la eclesialidad. No todo es eclesial, ¡evidentemente! Cantar “¡la Patria no se vende!” ¿rompe la eclesialidad o la afirma? Es verdad que es posible que ese canto moleste a alguno o alguna, como molestaría si hablo críticamente de los alimentos que no se han entregado a los comedores, o como molestaría hablar críticamente de la represión a manifestantes, o molestaría hablar de modelos económicos empobrecedores o injustos, o molestaría Santiago 5… Molesta, probablemente. Como molestaría decirles “¡conviértanse!” o, peor aún, “raza de víboras” (Mateo 23,33) o “¡sepulcros blanqueados!” (23,27), como decía Jesús y, seguramente, molestaría… Todo esto me hace formularme una pregunta… decir “la patria no se vende”, ¿en qué atentaría contra la eclesialidad… O, peor aún, formularme otra pregunta: callarlo ¿no me retrotrae a espantosos momentos eclesiales de complicidad y Evangelio silenciado? Lamentablemente, pareciera que en la Santa Madre hay quienes tropiezan varias veces con la misma piedra, aunque después digan que “La verdad los hará libres”.


Foto tomada de https://www.diagonales.com/nacion/nuevos-cantos-contra-milei-en-una-misa_a666df21173e6261451a7e03a

 


viernes, 14 de junio de 2024

Difícil de entender

Difícil de entender

Eduardo de la Serna


 

Decir palabras que no dicen…

Al hablar o escribir, pronunciamos palabras. Pero no se trata solamente de un idioma en común entre emisor y receptor, sino también que la palabra pronunciada o escrita “diga” lo mismo a uno y a otro. Caso contrario, creemos habernos comprendido, pero la incomunicación continúa, o, peor aún, se añade una nueva dificultad que es, precisamente, creer que ambos dicen lo mismo, cosa que, en realidad, no ocurre. Y veamos algunos ejemplos:

VIDA. Escuchamos hablar de la “defensa de la vida”, de “cuidar la vida”, de las “dos vidas” o cosas semejantes. Pero, curiosamente (¿curiosamente?) algunos de los excelsos defensores de la vida están de acuerdo con la pena de muerte, o con la aniquilación del adversario… Pareciera que, para muchos de estos, la vida que se cuida y defiende son solamente los 9 meses intrauterinos, pero después no hay atención al hambre, la salud y la vida digna.

PAZ. ¿Quién no estará de acuerdo con la primacía de la paz? Pero, ¿qué decimos al decirla? Ante la urgencia de la paz, por ejemplo, en Colombia, era evidente que el uribismo lo que pretendía era la rendición total, o, eventualmente, la aniquilación y desaparición del adversario / enemigo. ¿Es paz eso? La “paz de los cementerios” no parece algo demasiado constructivo para una sociedad. La paz de los barrios privados, con custodias, muros altos y rejas no se parece demasiado a lo que quisiera elegirse para “vivir en paz”.

LIBERTAD. Tan mencionada en nuestros tiempos, ¿quién no la buscaría y pretendería? Pero la libertad no se trata solamente de un punto de partida (ciertamente necesario) sino también de una dirección. No se trata solamente de ser “libres de” sino también de un “ser libres para”. La liberación es una construcción del cotidiano. Es evidente que ser “libres de” no es suficiente para ser verdaderamente libres, y los 40 años del grupo judío en el desierto son evidencia de ello: Egipto seguía “estando en la cabeza” de los que añoraban “los ajos y cebollas”. El mismo Moisés no lo entendió y por eso tampoco él ingresó en la tierra de la libertad (que es tarea, no solo punto de partida).

Y podríamos seguir. Se trata de palabras fundamentales de la vida y la existencia, las que cada quién las traduce según su propia ideología, concepciones o pensamientos. Ahora bien, no desconocemos, además, que, aunque todos tengamos las palabras, no todos tienen voz (o, más precisamente, la tienen, pero es ignorada, o desconocida, o no interpretada…). Y es evidente, que hay quienes tiene más voz que otros. Y modos de hacerla resonar. Más aún en tiempos de nuevos modos de pronunciarlas en los cuales muchos somos analfabetos, como es el caso de ciertas redes sociales. No parece sensato ignorar que hay quienes (“curiosamente” los poderosos) tienen la capacidad de repetición y repercusión, con importante recepción, aunque los receptores crean entender y en realidad las palabras emitidas digan otra cosa, algo que conviene a los emisores. Y valga esto también para palabras como violencia, terrorismo, traición, estado, verdad, y muchas otras. No estaría de más – si pretendemos entender y ser entendidos – intentar ahondar seriamente en el significado de las palabras que se utilizan, caso contrario – caso cotidiano – seguiremos caminando detrás de palabras maravillosas, pero que los manipuladores las utilizan en su propio provecho… Provecho de ellos que es precisamente nuestro perjuicio. Y perjuicio al que nos dirigimos felices y convencidos detrás de modernos “espejitos de colores”.

 

Me cuesta entender

Quizás yo sea “de otra época”, quizás no hable la misma lengua, o quizás sea algo cultural… No lo sé, pero lo cierto es que no entiendo.

  •          No entiendo que a una le digan “asesina, tira bombas en jardines de infantes” y al día siguiente sea ministra del anterior (y tire bombas – lacrimógenas – a ancianos, mujeres y niños).
  •          No entiendo que a un colectivo, sean gobernadores o legisladores, se los acuse de ratas y otros improperios y al día siguiente estos coman de la mano del ofensor.
  •          No entiendo que alguien insulte, ofenda, agreda, ataque a destajo a grupos y que al día siguiente se actúe como si “aquí no ha pasado nada” y se favorezca sumisamente, sin criterios razonables, al agresor.

Y no se trata de “perdón”, que “son palabras mayores” … El perdón es otra cosa, es un reencuentro en el que las dos partes, ofensores y ofendidos, reconstruyen puentes que se habían roto. El perdón nunca es unilateral (como no lo es el abrazo), porque el ofensor puede pretenderlo, pero la parte ofendida – habitualmente de modo sensato – puede no querer darlo, o, la parte ofendida puede quererlo, pero no lo busca el ofensor. Nada de eso sucede en estos casos. Estamos en un terreno que, para mi mentalidad, es incomprensible. Me resulta, por un lado, una notable falta de dignidad, y por el otro lado, una actitud de sometimiento servil a las víctimas. Notable. Triste. Sado-masoquista, quizás. Enfermo. La Patria está enferma.

 

La Patria no se vende, “¡el senado, sí!”

Desde que, hace años, Cristina dijo “la patria es el otro” (y la otra, acotemos) no puede negarse la hondura y seriedad de la frase. Pero… pero “la dijo Cristina”, y por tanto “¡está mal!” Por eso, el macrismo puso en el Centro Cultural Kirchner (entonces llamado “CCK” para no llamarlo por su nombre) una frase de Borges que pretendía contrastarla: "Nadie es la Patria, pero todos lo somos". Pero “patria” es algo colectivo, y ahora vino a imperar el individualismo, por tanto, hay que deshacerla, como “topos”. La patria no existe, porque “el otro y la otra” no existen. Cada uno debe hacer lo que pueda para sobrevivir porque no puede esperar que alguien “le ponga el hombro”.

Pero sigo sin entender. Si alguien se “autopercibe” topo (entre otras tantas múltiples autopercepciones bastante esotéricas, de Aarón a Moisés, a Gladiador o Terminator), porque su objetivo, casi orgiástico, es acabar con el estado,

  •          ¿por qué su amor por los Estados Unidos?
  •          ¿por qué viaja a una cumbre (G7) de “jefes de estado”?
  •         ¿qué le molestaría el dizque intento de “golpe de estado” que un grupo de manifestantes pacíficos y desarmados estarían provocando?

No deja de ser curioso, para los que nos confesamos cristianos, que, para Jesús de Nazaret, el máximo adversario de Dios es el dinero, y este personificado [por eso, cuando Jesús lo menciona lo hace sin artículo: “no se puede servir a Dios y a Dinero (mamona)”]. La propuesta de Jesús radica en el encuentro con el/la otro/a, y es en el encuentro fraterno-sororal donde Dios empieza a reinar. El dios dinero quiebra ese encuentro, lo deshace… Cuando se adora a Dinero no hay otro, no hay patria, no hay hermandad… No hay Evangelio (por más que juren por él y que la patria y Dios se lo demanden; simplemente señalo que tanto Kueider como Espíndola, por ejemplo, juraron como senadores por la Patria, por Dios y por los “Santos Evangelios” … Ah, y ¡Milei también!). ¿Se entiende por qué a Jesús lo crucificaron?

 

Foto tomada de https://cafexmedio.com.ar/noticias/cultura/el-juramento-de-los-legisladores-nacionales-por-carlos-baeza-2/

 

jueves, 13 de junio de 2024

Susana, una mujer justa

Susana, una mujer justa

Eduardo de la Serna



En las Biblias católicas, el libro del profeta Daniel tiene dos capítulos que no se encuentran en las Biblias protestantes y judías, los capítulos 13 y 14. El motivo es que se encuentran en la versión griega del libro, que es el que seguimos los católicos y no en la versión hebrea, que siguen los protestantes. En ella, en el capítulo 13, encontramos la historia de una mujer, Susana, que merece nuestra atención.

El relato de Susana señala varios elementos introductorios: que era una mujer hermosa (algo que es frecuente en los relatos de mujeres de este período; hay que recordar que el ideal griego de belleza – contra el que aquí la Biblia confronta – era la masculina), que ella era fiel a “la ley de Moisés” (v.2), que su marido Joaquín era ilustre, rico y tenía un “jardín” donde se reunían para sentenciar justicia (v.4). Y que había dos “ancianos” perversos (con “la injusticia de Babilonia”) que eran los responsables de resolver ante cualquier pleito (v.5). Ambos deseaban apasionadamente a Susana (v.10). Cuando todos se habían marchado, ella solía pasear por el jardín (v.7), pero los ancianos la espiaban con intención de abusar sexualmente de ella (v.16). Aprovechando un momento sin testigos la amenazan con acusarla falsamente de adulterio si no consiente en tener relaciones sexuales con ellos (vv.20-21). Es decir, Susana queda “entre la espada y la pared”, o es adúltera e infiel a la ley de Dios - aceptando la presión de los ancianos - o será falsamente acusada por los “jueces” de la ciudad (v.22). Como es mujer justa, acepta la muerte antes que “pecar contra el Señor” (v.23).

Al día siguiente los ancianos jueces confirman su amenaza denunciando públicamente a Susana (v.28). Pero, el texto nos señala, ella “confió plenamente en el Señor” (v.35). Los ancianos cuentan la historia falsa de un joven que se encontró con ella cuando todos se habían ido y tuvieron relaciones sexuales bajo un “árbol”. “No pudimos agarrarlo” y huyó; “nosotros somos testigos”, sentenciaron (v.41). Susana se dirige a Dios en un lamento (vv.42-43), no tiene salida ya que los “jueces” dan “testimonio”... ella es una “mujer”, y ellos “jueces”, “ancianos”, “sabios” … Obviamente no le creerán a ella, “no tiene escapatoria” (v.22); pero entonces – cuando era conducida a la muerte por adulterio – un joven, Daniel, movido por el espíritu (es decir, Dios reacciona movido por la oración de la mujer) protesta por la injusticia que se está cometiendo (vv.45-46). Él sabe que hubo “falso testimonio” (v.49) y los interroga por separado: “¿bajo qué árbol los vieron?” (vv.54 y 58). La mentira queda al descubierto ya que uno afirma que fue bajo una acacia (v.54) y el otro bajo una encina (v.58), con lo que la calumnia queda visible a los ojos de todos. Esto provoca – obviamente – que Susana mantenga la vida y se condene a muerte a los dos perversos. El relato finaliza exaltando la sabiduría de “Daniel”. 

Pero el texto “esconde” todavía algo más…

La actitud de los escritos bíblicos frente a la mujer es variada según los distintos períodos de la historia. En los últimos tiempos del Antiguo Testamento, e influidos por el mundo griego y su machismo, la mujer es muy poco tenida en cuenta, o, peor aún, es desvalorizada y negada. Muchos escritos de sabiduría (especialmente del ambiente griego) señalan que “la mujer” es la responsable del ingreso del pecado en la historia humana: «Por la mujer fue el comienzo del pecado, y por causa de ella morimos todos» (Sir 25:24). Los “sabios” responsabilizan a la “mujer” (Eva) por el pecado en el “jardín” del Edén (Génesis 3), un pecado (más tarde, con san Agustín, se hará referencia a este como “pecado original”) que tiene relación con un “árbol” (del conocimiento del bien y del mal). El contexto del relato de Génesis es ciertamente “sexual” (estaban desnudos, el “conocimiento”, que es un término que se usa para referir a las relaciones sexuales…). En este contexto, todo este relato de Susana, parece una parábola crítica a la actitud de los “sabios” (ancianidad y sabiduría suelen ir juntas, como también lo son juventud e inexperiencia) que responsabilizan a la mujer como responsable del pecado. Entonces nos presenta aquí una escena contrastante con esa lectura “machista” del primer pecado: aquí la mujer es la justa de esta historia, es acusada injustamente por los “sabios” de mantener relaciones sexuales adulterinas bajo un árbol en un jardín (para más detalles, en griego, dice “paraíso”, y no dice “jardín”, reforzando el contraste con la lectura de Génesis). El relato confirma que la acusación es falsa, e injusta. El texto es claramente contracultural con la propuesta de su tiempo de que la culpa de "todos los pecados" tiene su origen en una mujer, cuando, en realidad, se esconde, en ella, la responsabilidad de los varones. La mujer es honorable, cosa que no son los sabios que la calumnian. Pero Dios, por intermedio de un joven será quien dejará las cosas en claro. ¡Y habrá justicia! O, mejor dicho, habrá justicia cuando las mujeres de todos los tiempos en la historia dejen de ser responsabilizadas de los pecados que generalmente cometemos los varones.

 

Imagen de un sarcófago con la escena de Susana tomado de https://sepulcrode.wordpress.com/sepulcros/sepulcros-romanos/sepulcros-romanos-en-espana/sarcofago-de-la-casta-de-susana-y-los-viejos-basilica-san-felix-gerona/

martes, 11 de junio de 2024

Comentario a las lecturas, domingo 11º B

Dios quiere reinar desde la insignificancia

DOMINGO UNDÉCIMO - "B"

Eduardo de la Serna

 


  

Lectura de la profecía de Ezequiel     17, 22-24

Resumen: En un contexto de crítica a las autoridades que no se han preocupado por su pueblo, surge una nota de esperanza. Ese pueblo crecerá, y dará fruto, y una sombra capaz de albergar a todos.

El texto del profeta comienza con “Así dice el Señor Yahvé” (v.22) y finaliza con “Yo, Yahvé he hablado y lo haré” (v.24) con lo que la unidad es completa. El versículo siguiente vuelve a comenzar otra unidad literaria (“la palabra del Señor se dirigió a mí…”, 18,1). En 17,3-10 se presentan a modo de imágenes un águila y una vid. En v.11 se dirige la palabra de Yahvé al profeta para explicar el significado de “esto”. En v.19 se destacan las consecuencias: “por esto, así dice el Señor Yahvé”. Se trata de castigo a los dirigentes (águila) por como trataron al pueblo (vid) y esto ocurrirá en el exilio en Babilonia (vv.19-21). Pero la imagen vegetal de la vid muta a cedro (v.22) donde se destaca la altura y las ramas frondosas y sus frutos. Las aves a la sombra de sus ramas (“toda clase”) puede referirse a todos los hijos de Israel dispersos, o a todas las naciones (aunque esta lectura no parece propia de Ezequiel sino de lecturas posteriores; a menos que – Ez 31,6 – se entienda que como en tiempos de David a Israel irán todas las naciones, como vasallos, a rendir tributo) y es plantado en el “alto monte de Israel” (v.23); sin duda se refiere a la comunidad judía que está en el exilio sobre la que se pronuncia una promesa de esperanza: Dios humilla al árbol elevado y eleva al humillado (v.24).

 

 

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     5, 6-10

Resumen: el don del Espíritu de Dios asegura al creyente a mantenerse en el camino y poder vivir coherentemente con lo que de hecho es.

El desmoronamiento de la morada es algo previsible en el predicador de la Palabra, pero tenemos, los cristianos, otra habitación. La idea de habitar y deshabitar sólo se encuentra aquí (3 veces) en todo el NT y siempre ambos verbos están juntos. Habitar el cuerpo es semejante a estar en la tienda, el acento está puesto en la fragilidad. Esto nos llena de confianza, no nos desanimamos (4,16), y el gemido (5,2.4) está movido por la presencia del Espíritu (cf. Rom 8,23), por eso es algo que sabemos (5,1) y anhelamos, deseando intensamente. Todas estas metáforas nos permiten descubrir la tensión escatológica de la vida del cristiano, la tensión entre el imperativo y el indicativo, seremos resucitados con Jesús (4,14). Eso es caminar en fe, no en visión, que es semejante al ver, ahora, como en espejo y luego ver cara a cara (cf. 1 Cor 13,12). Mientras tanto, ambicionamos, es un honor para nosotros, en este camino de tensión hacia el Señor, vivos o muertos (en o fuera del cuerpo), serle agradable (euarestós), término usado, en los escritos paulinos, casi exclusivamente en la parte parenética, que siempre tiene como objeto a Dios o Cristo (aunque, cf. Tit 2,9). Supone un discernimiento de aquello que le agrada para luego desearlo, buscarlo con intensidad, sea que enfrente situaciones de muerte o sea ante situaciones de vida. La mirada escatológica se precisa más aun en la referencia al tribunal que es de Dios donde Cristo actúa (Rom 2,16) y somos manifiestos (aoristo con sentido de futuro: lo seremos en ese momento concreto).

 

 

Evangelio según san Marcos     4, 26-34

Resumen: El Reino es ejemplificado en parábolas vegetales en las que se destaca nítidamente la iniciativa de Dios y su capacidad de dar fruto sorprendente, aunque nada lo indique en el comienzo.

Con dos parábolas sobre el Reino de Dios y una segunda explicación de por qué Jesús habla en parábolas concluye el “capítulo de comparaciones” propio de Marcos (que Mateo toma y amplía). En la primera parábola se compara con un hombre, en la segunda con un “grano de mostaza”, con lo que sabemos “dónde hay que mirar”. 

 

El hombre que echa grano en la tierra pasa a quedar inactivo, “se esfuma”, “no sabe”, el resto lo hace el grano. Incluso cuando llega el tiempo “se le envía (apostéllei) la hoz”, no se señala que eso lo hace “el hombre”. De hecho, aunque la parábola nos habla del “hombre” (anthrôpos) pareciera que la protagonista es la semilla. Se señalan los extremos (duerma – se levante, de noche – de día) y qué ocurre en el entretanto, él “no sabe”, la semilla germina y crece, la tierra (pasa a la tierra ahora) “automáticamente” produce fruto [no debería excluirse – como también ocurre en otras partes – una imagen de la “madre tierra” en esta figura]; el término “automatê” (“por sí misma”) es usado en el AT para referir a lo que es obrado por Dios solo (Lv 25,5.11; Jos 6,5; 2 Re 19,29; ver Hch 12,10); el Reino es algo que sólo realiza Dios, no los seres humanos. Todo el proceso de la creación entra en juego, la semilla y la tierra producen fruto y “el hombre” sólo puso la semilla en tierra [una vez más, como en tantas parábolas, la imagen es campesina]. 

 

Así, el “hombre” aparece como un simple colaborador, “pone su semilla”, pero es Dios el que hace el resto, escapa al obrar humano (quizás como una crítica – de Marcos, no de Jesús – al grupo zelote que quiere acelerar la llegada del reino para confrontar militarmente con Roma). De eso se trata el Reino. Los enviados de Jesús, los discípulos están invitados a poner su parte, pero confiados en que es Dios el que hace todo y de quién hemos de esperar los frutos (ver 1 Cor 3,6).

 

Nuevamente una parábola campesina, aunque (ya que el acento está puesto en el grano, no en el sembrador) aquí “el hombre” desaparece. El grano “se” siembra. Pero no se trata de cualquier grano, sino uno de mostaza que es proverbialmente algo minúsculo (ver Lc 17,6: “fe como del tamaño de un grano de mostaza”). Pero el tema no se concentra solamente en la pequeñez de la semilla (“la más pequeña de todas”, mikróteron on pantôn) sino en el contraste con que llega a ser “mayor que todas” (meizon pantôn). Este contraste “dice” algo sobre el Reino. Tiene un comienzo insignificante, los pobres, enfermos y pecadores son “nada” para todos los tiempos, pero el accionar de Dios lo “eleva” y “se hace” tan grande que “las aves del cielo” (a las que hace referencia Ez 17,23 – la primera lectura de hoy –; 31,6 y Dn 4,9 y que refiere a la multitud de las naciones paganas) anidan en su sombra”.

 

La unidad finaliza (repitiendo, en cierta manera, lo ya anunciado en 4,10-12) señalando que Jesús “con muchas parábolas como estas” (lo cual indica que el autor ha hecho una selección) “exponía la palabra” (ton lógon) según podían escucharle; “no hablaba sin parábolas” (parece indicar que Jesús no hablaba sino en parábolas cuando se refería al Reino) pero “a sus propios [idíos] discípulos” se los explicaba todo “en privado” [idíos]. La idea ya había sido destacada en el contraste entre “ustedes” (los discípulos) y los de “afuera” (v.11). Las parábolas, entonces, son el modo de dirigirse de Jesús a la multitud. En ellas habla del Reino, pero tiene luego – en Marcos – una revelación especial para los “suyos”. 

 

Es interesante en esta unidad (3,7-6,6a) el contraste que establece Marcos entre los de fuera y los de dentro, que ya encontrábamos la semana pasada. Los discípulos son los que están dentro de la nueva "casa" que es la comunidad, mientras que fuera están “los demás”. Es a aquellos a los que Jesús se dirige de un modo especial y “en privado” les explica (el tema continúa más adelante con frecuencia en el Evangelio, cf. 7,17: 9,28; 10,10). Es una unidad centrada en el discipulado presentado como superador de toda otra instancia como puede ser incluso la familia. De esto hablará también más adelante.

 

El video con comentario al Evangelio en

https://youtu.be/JzHnhiH29JU

o también en

https://blogeduopp1.blogspot.com/2024/06/video-con-comentario-el-evangelio.html


Foto tomada de elcandildelospensamientos.com