Evangelio del 4to domingo de Pascua A
o también en
Eduardo
“La Iglesia no se tiene que meter en política”
Eduardo de la Serna
Hasta el hartazgo se escucha y se dice, casi
como un mantra, casi como un dogma, que la Iglesia no tiene que meterse en
política.
¿Qué significa eso? ¿Qué la Iglesia es santa
y la política es mala? Ciertamente son discutibles la una y la otra afirmación.
Hay momentos y acciones de la Iglesia muy negativos, y hay políticas de justicia
y de paz que merecen aplausos. ¿Significa que hay un mundo sagrado y otro mundo
profano que no deben tocarse? Ciertamente tampoco es verdadero. La Iglesia es
una institución cargada de santidad, pero también de pecado, y la política
también. ¿Qué significa, pues? ¿Una división entre lo material y lo espiritual?
¡Evidentemente no! Desde casi siempre la Iglesia acompañó escuelas,
universidades, hospitales, ancianatos, comedores populares… Cáritas es
emblemático de eso, por cierto. Y, a su vez, la política puede – y cientos de
veces lo ha hecho – ser artesana de la paz, buscadora de la verdad, hermana de
la justicia. Lo material y lo espiritual, lo sagrado y lo profano y hasta la
santidad y el pecado van juntos en la humanidad y también en la Iglesia.
Se dirá que “Jesús no se metió en política”,
lo cual es cierto… lo cual es falso. La palabra, las acciones de Jesús tocaban
la totalidad de la vida humana (cuerpo y alma, como se dice, lo espiritual y lo
material, lo sagrado y lo profano…) y eso tuvo y tiene repercusiones. Jesús
nace, según Lucas, por consecuencias de una decisión política del Emperador (un
censo); para salvar la vida, según Mateo, debe migrar a Egipto. Herodes lo
quiere ver, y – parece – eliminarlo. Para ponerle una trampa le preguntan por
los impuestos a Roma, y – finalmente – el representante imperial, Pilatos,
decide ejecutarlo. A esto, debe añadirse que alimentó multitudes, sanó
enfermos, reinsertó a los desquiciados y excluidos sociales… No en vano quieren
reconocerlo como rey, aunque él no lo acepte.
Pero supongamos que, de todos modos, no es
bueno que la Iglesia se meta en política… ¿qué deberíamos hacer, cómo debemos reaccionar,
cuando la política se mete en la Iglesia? Es evidente que cuando los papas
(¡todos desde que tengo uso de razón!) hablan con más o menos vehemencia,
claridad o profetismo de la paz, están entrando en el terreno político.
¿Deberían callar? ¿Deberíamos callar? ¿Y
cuando dirigentes políticos dicen que debiéramos hacer silencio, o cuando se
identifican con Moisés o con Jesús? ¿Debemos cerrar las bocas?
Curiosamente, sin embargo, en esos casos no
se escuchan voces “escandalizadas” gritando “la política no tiene que meterse
en la Iglesia” … Y, entonces, me pregunto… ¿No será que esas voces, en el
fondo, quieren que las cosas sigan como están (statu quo)? Porque no
parece molestarles en sentido inverso, pero sí cuando en la Iglesia hablamos de
la justicia, de la paz, de la liberación, o críticamente de la injusticia, la
violencia y la opresión.
Creo que una cosa diferente sería si
dijéramos que hay que votar a Fulano o Mengana; el partido es, por definición,
una parte… pero eso no impide ver y saber que hay ocasiones, frecuentemente, en
la que Zutana o Perengano representan todo lo contrario a la justicia, la
verdad, la paz o la liberación, y ¡otra vez!, no podemos callar. Y puede ser
que eso moleste. ¡Lo siento! La Iglesia ¡debe!, meterse en la construcción de
la paz, en la lucha por la justicia, en la búsqueda de liberación. ¡Debe! y eso
implica, en esas mismas ocasiones, que Zutana o Perengano (y zutanistas y
perenganistas) se sientan molestos, o en desacuerdo… y entonces, en
consecuencia, fulminen mantras, exhiban dogmas. Mantras y dogmas, ¡lo siento!,
a los que no pienso respetar… mal que les pese a los Trumps o los Milei de
nuestro tiempo y espacio.
Imagen tomada de https://depositphotos.com/es/photos/dedo-acusador-a-ti.html
Daniel, un no-profeta
En la Biblia
encontramos un interesantísimo libro que lleva el nombre de Daniel. El libro se encuentra entre los
profetas, e incluso es llamado así en alguna ocasión (Mateo 24,15). El
nombre lo encontramos – fuera del personaje – en algunos casos; significa “Dios
es mi juez”. En la tradición anterior, además, se hace referencia a un tal
“Danel” como un sabio ideal (ver Ezequiel 14,14.20; 28,3: “eres más sabio que
Danel”); pero, como veremos, el libro de Daniel es una obra de ficción en la que presenta
a un personaje que resiste los momentos de persecución y muerte y muestra
caminos pacíficos de esperanza y de vida.
En el siglo
II antes de Cristo, el pueblo judío vivió una situación dramática: persecución
feroz, terrorismo de estado, martirio a todos los que pretendían ser fieles a
los caminos de Dios: se perseguía y mataba a los que circuncidaban a sus hijos,
se obligaba – bajo pena de muerte – a comer alimentos impuros, como la carne de
cerdo, se quemaban públicamente los rollos de la Biblia, se prohibían las
reuniones religiosas, se profanó el templo… y, por supuesto, como suele ocurrir
en estos contextos, fueron multitudes los que, para evitar todo esto,
rechazaban su ser judíos, simulaban todo lo que los identificaba y aceptaban todo lo que el imperio griego les imponía, incluso en su forma de vestir.
Es en este
contexto terrible que se escribe una obra literaria (en realidad se escriben
muchas, pero solo unas pocas quedan incluidas en las Biblias; las otras suelen
conocerse como “apócrifas” y suelen ser muy interesantes) que lleva el nombre de
Daniel.
En este
libro hay diferentes aspectos que se dicen de este personaje: por un lado, una
serie de cosas que ocurren en la corte de Nabucodonosor, rey de la terrible
Babilonia, que había oprimido a Israel varios siglos atrás; en realidad bajo el nombre de este monarca se está refiriendo simuladamente al rey griego Antíoco, que pertenecía a los
seléucidas, sucesores de Alejandro Magno, quien, al mencionarlo, se simboliza
por su crueldad (Dn 2,1; cap. 3…). Es evidente que, en tiempos de persecución,
hacer referencia explícita al rey perverso es arriesgar la vida y por eso se recurre al pseudónimo
de un rey del pasado); del mismo modo se inspira – para presentar la persona de
Daniel y la corte imperial – en lo vivido por José en la corte del faraón: los
magos, los sueños, el encargo de gobierno, etc. La característica principal (y
es lo que la obra les dice claramente a los lectores) radica en que, a pesar de
estar en diferentes circunstancias de muerte inminente, Daniel conserva la vida
por su fidelidad a la fe (1,8-15; 2,13; 3,17; 6,17-22…).
Más
adelante, recurriendo a visiones, Daniel ve una serie de bestias sanguinarias y
mortales (7,3): estas representan a los diferentes reinos que han oprimido y
masacrado a Israel (los babilonios, los persas, los ptolomeos y los seléucidas;
7,17). Estos imperios sanguinarios serán, en un futuro, reemplazados por un
pueblo que será humano (por eso lo llama “un hijo de hombre”; 7,13.18); la
humanidad reemplazará la bestialidad cruel de la muerte imperial. Evidentemente,
Daniel ve que los imperios que han oprimido y siguen oprimiendo al pueblo de
Dios causan muerte y devastación, pero sabe que mantenerse fieles a los caminos
de Dios lleva a un futuro de vida y de esperanza.
La imagen de una estatua enorme de oro, plata y bronce, pero con pies de hierro y arcilla, que representa al emperador queda pulverizada y no quedan rastros de ella cuando una piedra se desprendió sin intervención humana golpeando los pies. Y esapiedra setransformí en un gran monte que llenó toda la tierra (Dn 2,31-35). Frente a lo terrible y poderoso del imperio, Daniel invita a la esperanza y la confianza. Dios no acompaña imperios y emperadores, sino a su pueblo sencillo. Ayer y hoy.
Con el paso del tiempo, algunos autores agregaron al libro de
Daniel otros capítulos, siempre alentando a la fidelidad, sea a los
mandamientos de Dios (capítulo 13) o contra las imágenes de dioses falsos
(capítulo 14); los capítulos anteriores habían sido escritos en hebreo y
algunos en arameo, estos están escritos en griego. Estos párrafos no se
encuentran en las biblias judía o protestantes, sí en las traducciones
católicas.
En tiempos difíciles para el pueblo de Dios y para su
fidelidad, se escribió una obra invitando a la resistencia esperanzada, a la
confianza en Dios, a la fidelidad. Pero no a una resistencia violenta (como sí propondrán
algunos en este tiempo) sino pacífica. La no-violencia manifiesta una confianza
en un Dios que no abandona a sus amigos y amigas en medio de las dificultades
más terribles. No que nos saque los problemas de encima, sino que nos invita a
descubrirlo presente en la historia y nos anima a ser sus testigos para
ilustrar a todos la fe en otro mundo posible.
En un extranjero se hace presente el resucitado partiendo el pan
Delirium tremens
Eduardo de la Serna
El delirio es desvariar, desencaminarse, literalmente “apartarse del surco
(surco, en latín es “lira”). En el lenguaje común sabemos qué o quién es
una persona delirante. Y a veces, el delirio provoca miedo, temor y temblor (tremens).
En el lenguaje médico suele aplicarse a los síntomas que presenta una persona
alcohólica ante la abstinencia.
Los argentinos “de bien” sabemos acabadamente cómo es un delirante. ¡Nos
gobierna! Y, si, además, sabemos que es el bufón del que se autopercibe rey
mundial, pues la cosa se complica.
Es sabido que, desde antes de su elección, las huestes de Donald Trump (por
ejemplo, Steve Bannon) miraban con muy malos ojos al cardenal Robert Prevost,
luego elegido Papa, León XIV. No es este el momento de evaluar el casi año de pontificado
de León (debo confesar que, personalmente, no ha logrado – hasta ahora –
convencerme… pero eso a nadie debe importar, al fin y al cabo). Lo cierto es
que hay, fundamentalmente dos cosas que al monarca gringo le molestaban del
Papa: su postura frente a los migrantes (1) y su postura frente a la paz (2).
Así fue que las relaciones entre ambos no parecen estar en buen momento. Trump
ha dicho ahora que el papa es débil con el crimen y terrible en política
exterior”. El crimen (1) es sinónimo de los migrantes para el delirante. Parece
que, si no fuera por estos, EEUU sería el mismísimo paraíso… Claro que los
presidentes que lo han precedido (y de los que ha aprendido) que han guerreado y
bombardeado el mundo entero, los traficantes de armas, los que deciden hacer
tiro al blanco contra escuelas o centros comerciales, los que enseñaban
tortura, genocidio y terrorismo de Estado, o los Epstein de la historia
parecerían contradecirlo… Y la política exterior (2), parece referir a la
“evidente civilización” que llevan los EEUU al mundo invadiéndolos,
bombardeándolos, secuestrando presidentes… Y, finaliza Trump, “no quiero un
papa que…” haciendo referencia a Irán, Venezuela y a él mismo. Reitero, en lo
personal, lo que él quiera o lo que yo quiera, no es tema en cuestión (claro
que él tiene poder, lo que no es mi caso).
Pero en su delirio, ahora difunde imágenes mostrándose a sí mismo como
Jesucristo. Y no entro en el terreno de si se trata o no de blasfemia… Sí de delirium
tremens. Y, de paso, no está de más pensar qué les ocurre a los miles de
personas que lo ven bien, o que lo celebran; ¿qué tienen en sus mentes (si es
que las usan)?
Pensar que una persona así de megalómana, así de desquiciada, así de
absurda lleva los destinos del país (o del que fue) más poderoso de la tierra,
es peligroso. Somos nosotros los que “temblamos” ante su delirio.
Si después vemos la animación paródica-payasesca de Milei autopercibiéndose
como Maradona (al cual detesta), hecha por alguien que desconoce lo mínimo del
fútbol (el arquero usa una camiseta distinta de la de su equipo, como el mismo
Milei ha afirmado en una de sus pocas referencias sensatas) … Todo esto me
lleva a una pregunta, que va en otra dirección (no contraria, por cierto) del
tema del Papa… ¿Qué ha pasado en el mundo? Afortunadamente ha desaparecido la era
de la “manicomización” de las personas “locas” … pero una cosa es no
encerrarlos, y otra muy diferente es encargarles los destinos de una patria. A
menos, claro, que esa “locura” sea contagiosa, cosa que, los que saben, dicen
que no es el caso.
Una cosa es pensar distinto, y otra cosa muy diferente es ungir, sacralizar
“me” hasta el punto de que todo el diferente debe ser insultado, agredido,
bombardeado, maltratado… Y, de paso, en la Biblia, por doquier (y eso que
Israel se autopercibe como “el pueblo elegido”) se habla de respeto a los
migrantes (1): “recuerda que tú fuiste migrante…”, y el mismo Jesús se
identifica con ellos: “lo
que hicieron a uno de ellos a mí me lo hicieron”. Y, por otra parte (2), la
búsqueda persistente de la paz identifica a Israel (shalom) y es
característico del niño nacido en el pesebre: “paz en la tierra a los preferidos
de Dios”, y es saludo del resucitado
a sus amigos: “¡paz a ustedes!” Entonces, ¿de qué pretende el cómico que hable
un papa? Sea el que fuere, mejor o peor papa, no puede sino decirlo: abrazar a
los migrantes y trabajar por la paz.
Es cierto que también en la
Biblia se hace referencia a que puede ocurrir lo contrario, por eso,
expresamente se dice “no maltratarás al migrante” y también que la paz de Jesús
“no es como la paz que da el mundo”. Pero deja bien claro, a los “judíos de
bien” y a los “cristianos de bien”, dónde deben posicionarse en la historia. Y,
lo siento, Donald… lo siento, Javier… ¡no es del lado de ustedes!
Imagin difundida por Donald Trump y publicada por todos los medios del mundo... Incluso los propios.
Una reflexión sobre la inteligencia no artificial
Eduardo de la Serna
Es cierto que la palabra “inteligencia”
es tan ambigua que hoy se aplica a un celular, un televisor y hasta a una almohada.
Pareciera que – hoy – dice relación a la capacidad de algo de relacionarse “amablemente”
con los seres humanos, y hasta se habla de “inteligencia artificial” (la cual
en más de una ocasión se revela poco inteligente… aunque también a veces los
poco inteligentes son quienes la usan, y la usan mal).
Pero pretendo referirme a la
inteligencia humana.
Etimológicamente se refiere a
aquella persona que “entiende”, y esto establece un interesante límite, porque suele
darse que una persona entienda muchísimo de un aspecto y sea incapaz de
comprender otros. A veces, por ello, se distinguen diferentes tipos de inteligencia,
lo cual puede ser razonable. Puede haber quien sea inteligente para cuestiones
abstractas y nada en cuestiones prácticas, etc. Nadie – por obvias razones –
comprende “todo”. Pero en un sentido más cotidiano, podemos referirnos a personas
que, en lo diario, no comprenden. Sencillamente se las puede calificar de poco
inteligentes y todos entendemos (salvo ellos, claro). Habitualmente, en el
lenguaje habitual, nos comprendemos si afirmamos que alguien es muy, o es poco
inteligente.
Vaya esta introducción para
señalar que hace más de dos años, en una conversación yo afirmaba que, según me
parecía entonces, Milei es muy poco inteligente. Alguien se sorprendió de mi afirmación
porque su percepción era inversa. Debo confesar que hoy, algo he precisado
aquella imagen; hoy diría que no es nada inteligente, pero no es este el tema.
A veces, podemos añadir, se
confunde la inteligencia con la astucia. Hay personas que son ciertamente
astutas, aunque no sean inteligentes; en el ambiente público se me ocurren
muchos nombres como ejemplos.
Pero, mirando la actualidad, me
resulta evidente que algunos (y en la oficialidad ¡los hay!) son al menos bastante
astutos para la corrupción, la estafa o el robo. Pero eso no aplica a todos… y
hay muchos que ostentan una notable torpeza. Cuando una persona no entiende
siquiera ciertas lógicas, su nula inteligencia salta a la luz. Podemos decir, y
está a la vista, que cuando una persona estafa, roba, soborna, es corrupta a la
vista y deja “todos los dedos marcados”, pues debemos afirmar que la
inteligencia “ha pasado de sí”.
Una vez, hace mucho, estando en
el seminario, vino a hablar con nosotros un conocido cura, capellán de cárceles,
y nos dijo: “no crean que en la cárcel están los ladrones o asesinos… están los malos ladrones o asesinos…”
Señalo todo esto porque, en Argentina, ya nos acostumbramos a los impunes. Los que saben que nada de lo que digan o hagan tendrá efectos negativos sobre ellos (de hecho, sabemos que no ocurrirá nada mañana con ninguno, cuando estos se vayan eyectados…. Sabemos de más de uno y una que volvieron una y otra y otra vez porque nunca el poder judicial se hizo cargo de eso que en teoría se llama “justicia”). Pero, fuera de eso, es notable que algunos, de impunes quizás, y de inteligencia nula seguramente, compran departamentos, hacen viajes, sin el más mínimo cuidado de ponerse guantes para evitar las huellas digitales. El cerebro pareciera de Adorno…Tanta torpeza sería preocupante si no fuera porque pueden estar tranquilos sabiendo que nada pasará, y si eventualmente debieran dejar su actual cardo de importancia, el sacrificio de una embajada central los espera.
Imagen tomada de https://es.vecteezy.com/foto/2867952-marcado-a-mano-en-una-pared-de-cemento