martes, 6 de octubre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 28 "A"

Jesús nos invita a participar de la fiesta de la vida

DOMINGO VIGESIMOCTAVO - "A"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     25, 6-10a

Resumen: en un texto que parece de tiempos del exilio, el profeta canta el triunfo de Dios sobre sus enemigos, y la consiguiente invitación a todos (los judíos que están en) los pueblos a participar en un banquete que el Dios rey da a los suyos en el monte Sión.

El texto parece continuar lo anunciado en 24,21-23 donde se anuncia el triunfo y castigo de Dios que reinará en Sión. “Todos los pueblos” (o quizás, los judíos que están dispersos en todos los pueblos) serán congregados en el monte (término que se repite en 6 y 10a formando inclusión). En esta fiesta, Dios quitará el “velo” (v.7) del luto, es decir “enjugará las lágrimas” (v.8b). En el centro se destaca que desaparecerá “la muerte” (v.8a) es decir, el pueblo “vivirá”. Probablemente en el exilio, sin tierra, sin ley, se siente morir pero Dios le garantiza que “consumirá definitivamente la muerte”.

Esta vida queda manifestada en el banquete al que se convoca a “su pueblo” (v.8), invitado por “nuestro Dios” (v.9) [el tema del banquete, fiesta que un rey da a sus súbditos cuando es coronado y mostrar así su magnificencia, parece el motivo por el que es introducido el texto en la liturgia a la luz del Evangelio del día]. Siendo banquete en Sión, ciertamente el pueblo desterrado se siente convocado a una nueva vida. La frecuencia de términos como esperar/esperanza y salvar/salvación nos remiten al “Tercer Isaías”.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     4, 12-14. 19-20

Resumen: Pablo se está despidiendo de los filipenses, pero quiere agradecerles su solidaridad para con él en la prisión. Pero ese gesto de generosidad es, en realidad, un gesto para con Dios que los recompensará. 


El texto litúrgico de Pablo es un fragmento de un folleto agradecido que Pablo envió a los filipenses cuando recibe apoyo y visita de parte de estos, enviando a Epafrodito, que durante un tiempo estará con él; este folleto se encuentra actualmente en Fil 4,10-20. La introducción (vv.10-11) está omitida, del mismo modo que la referencia del Apóstol a la relación siempre generosa que los filipenses le manifestaron (y la referencia a Epafrodito; vv.15-18). 

Breve nota sobre “la” o “las” carta/s a los filipenses: no hay consenso entre los estudiosos si la actual carta a los filipenses es una carta única o si en su seno hay más de una carta reunidas en un mismo texto (suele pensarse en dos cartas y un fragmento o folleto). Hay autores y motivaciones serias en ambas corrientes. Los que piensan en una unidad, creen que las rupturas perceptibles en la carta se deben a motivaciones retóricas. Los que piensan en más de una carta creen que la estrecha relación entre los filipenses y Pablo motivaron varios escritos que finalmente fueron reunidos en un solo texto (quizás a principios del s.II, se dice). Estas serían, un folleto agradecido por el envío de ayuda a la prisión (4,10-20), una carta llena de alegría motivada por el re-envío de Epafrodito a Filipos [1,1-3,1a + 4,4-9 + 4,21-23], y – finalmente – una carta a causa de la intromisión en la comunidad de aquellos que predican la circuncisión (3,1b-4,3); es de notar que Policarpo de Esmirna en su carta a los filipenses les dice que Pablo “les escribió cartas” (Polic Fil 3:2). Como se notará, preferimos esta segunda opción. Sin embargo, el texto litúrgico conforma una unidad y – en este aspecto – no influye para la lectura. De hecho 4,9 tiene apariencia de conclusión (“el Dios de la paz…”) y los vv.19-20 también tiene apariencia conclusiva. La ruptura entre 4,9 y 4,10 es evidente; e incluso la referencia a Epafrodito en 2,25-30 no condice con esta. Allí Pablo les informa de la salud – estuvo a punto de morir – mientras aquí les agradece el envío, no parece coherente que estuvieran en un mismo texto. Los argumentos, como se dijo, no son conclusivos y muchos autores piensan que las rupturas, que son evidentes, tienen motivaciones retóricas.

La unidad vv-10-20 concentra una serie de elementos que han hecho ver en la carta un importante destaque de la “amistad” (“carta de amistad”, se la ha llamado). El mundo greco-romano destacaba la amistad como un modo de relación entre “iguales” (o familia) [aunque con diferentes matices según quiénes lo decían, sean griegos o romanos], mientras que las relaciones desiguales eran vistas como relaciones de “patrón”-“cliente”. Estas relaciones supone ciertamente una “cadena de obligaciones”, de reciprocidad (y no hacerlo pone en serio riesgo la amistad). 

La unidad comienza con un tema que será frecuente en la carta, la “alegría” (v.10). Pablo comenta su actitud, pero no con intención de que pareciera “pedir”. Con un término frecuente en la filosofía estoica, “bastarse a sí mismo” (autarkês; única vez en el NT), afirma que sabe vivir en la pobreza y la riqueza. Pero no es una “autarquía” lograda a costa de un “dominio de sí”, sino “en aquel que me conforta” (v.13; cf. 2 Cor 12,9-10). De hecho ya sabemos por otras cartas paulinas que él trabaja para “auto-mantenerse” y no ser una carga para las comunidades (1 Tes 2,5-9; 1 Cor 9,4-18; 2 Cor 11,7-10; 12,13-18). Luego de haber manifestado esa capacidad “autárquica” (v.12) manifiesta su agradecimiento a los filipenses por su solidaridad (sygkoinôneô; con-solidarios), algo que ya hicieron con él en otras ocasiones (vv.15-16), y que repercute en los mismos filipenses en los dones espirituales que Pablo comunica. Con mucha seriedad Pablo afirma haber “recibido” los dones, pero inmediatamente los relee en clave “ofrenda”: un “aroma perfumado”, una ofrenda aceptable, agradable a Dios (obviamente, Dios no recibe aquellos sacrificios que no le son gratos: Prov 15,8; Jer 6,20; Mal 2,13); lo que los filipenses hacen a Pablo, en realidad es a Dios a quien lo hacen, ¡y él lo recibe gustosamente! La imagen del “aroma perfumado” se utiliza en el lenguaje de los mitos para señalar que “calman” a Dios en su ira, y lo “suavizan” (ver Gen 8,21; es una imagen tomada del mito babilónico del diluvio donde los dioses, como moscas acuden al olor de la ofrenda de Atrajasis o de Utnapistim): 

“Entonces hice salir (todo) a los cuatro vientos y ofrecí un sacrificio. Vertí una libación en la montaña ziqqurrat. Siete y siete vasijas dispuse, sobre sus trípodes amontoné caña, cedro y mirto. Los dioses olieron el sabor; los dioses olieron el dulce sabor, los dioses se apiñaron como moscas en torno al sacrificante” (Poema de Guilgames, tableta VI:155-161).

La acción de gracias por los dones de los filipenses, incluye un pedido a Dios de retribución en bendiciones por los dones recibidos. 



+ Evangelio según san Mateo     22, 1-14

Resumen: Mateo toma una parábola que se encontraba en el texto Q y la alegoriza notablemente aludiendo al rechazo de Jesús, “hijo del rey”. Ante el rechazo de la invitación (por parte de los judíos) se realiza una nueva invitación (fuera de la ciudad), pero eso no autoriza a participar de la fiesta sin estar debidamente preparados.


Mateo presenta una nueva parábola en el contexto donde Marcos había señalado solamente una (los viñadores homicidas); son tres parábolas donde se destaca el rechazo a una invitación (21,28-32; 21,33-46; 22,1-14); en este caso nos encontramos con una que parece tomada del evangelio Q, común entre Mateo y Lucas. Sin embargo, es de notar que cada uno de los dos evangelios (Mateo y Lucas) incorpora en el texto elementos que son muy propios de su teología. Señalemos estos simplemente a modo esquemático (con la intención de descubrir lo propio de Mateo):


Mateo 22
Lucas 14
Banquete de bodas del hijo del rey (v.2)
Un hombre hace una gran cena (v.16)
Llama a los invitados que no quieren ir (v.3)
Llama a los invitados que ponen excusas absurdas para no ir (vv.18-20)
Nueva invitación a los invitados que incluso reaccionan violentamente con los sirvientes  (vv.5-6)

Reacción del rey enviando tropas (v.7)

(vv.8-10) Invitación a invitados inesperados en los cruces de caminos (v.21)

Nueva invitación en los caminos (vv.22-23)
Añadido sobre el invitado sin “vestido de boda” (vv.11-14)
“ninguno de los invitados probará mi cena” (v.24)


Mientras el tema en Lucas, como es habitual en él, refiere a los pobres, en Mateo – como también es teológicamente frecuente en él – señala el rechazo violento de Israel a Jesús. El acento alegorizado en el “hijo del rey”, en la violencia, y la “destrucción de la ciudad” (= Jerusalén, v.7) marca la insistencia propia de Mateo en la que será heredera de Israel, la Iglesia. Los invitados en un último momento, fuera de la ciudad, aluden a los no judíos que aceptan la invitación a la “fiesta” de bodas. 

Pero – y quizás Mateo añada esto (el invitado sin traje de bodas) para evitar ser mal entendido dada la alegorización de la parábola – eso no implica que los invitados tardíos estén exentos de dar frutos de justicia. Las bodas aluden al encuentro final con el “hijo del rey”, no basta (como el dicho conclusivo sobre los “llamados” y “elegidos” lo demuestra) con ser invitados (sea en el turno que fuere), es necesaria la respuesta acorde a la invitación. Algunos judíos han dado respuesta (la comunidad judeo-cristiana de Mateo), y algunos paganos también… pero no todos; y tanto los que se han negado a participar del banquete como los que no están debidamente preparados quedarán sin participar de la fiesta del Reino. El acento, como es evidente, está en señalar a los que se auto-excluyeron de la fiesta de bodas y la participación en ella de nuevos sujetos inesperados.

Ciertamente hay elementos extraños a la lógica habitual en el texto: la invitación de un rey que es rechazada como “de común acuerdo”; la sustitución de invitados de “honor” por otros de “bajo honor” (o ninguno)... El acento está puesto en el Reino de Dios que invierte todos los valores habituales y frecuentes, algo que es frecuente en los evangelios, y que Mateo ha mantenido y acentuado. 

La nota de “violencia”, tanto de los invitados hacia los servidores, como del rey destruyendo la “ciudad” refuerza la nota alegórica del texto aludiendo a la muerte de los enviados de Dios y de Jesús, siervo de Dios, y a la posterior destrucción de la ciudad de Jerusalén por parte de los romanos. La alegoría es evidente.

El añadido del invitado sin traje de bodas (al que – como vimos al aludir al que reprocha al dueño de la viña el pago que considera injusto, 20,13; cf. 26,50 – el protagonista llama “amigo”, etaire; pero no alude a la amistad, filía; establece cierta distancia), que como dijimos, no se encuentra en Lucas y – probablemente – no estuviera en Q, invita a descubrir que se trata de un añadido de Mateo con la finalidad de evitar que los que se creyeran invitados en un segundo momento, se creyeran a su vez sin responsabilidades con el reino. Sin dudas los miembros de la comunidad que no son capaces de reconocer su pecado (cf. 18,15-18) también han de ser rechazados de la fiesta.


El video con comentario al Evangelio en 
https://youtu.be/EFCE1NlO6B4
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/10/comentario-al-evangelio-del-domingo-28-a.html



Foto tomada de 
www.claretianos.org.ar

sábado, 3 de octubre de 2026

El poder y el Evangelio

El poder y el Evangelio

Eduardo de la Serna



Contaba el querido Camilo Maccise, general de la orden de los Carmelitas descalzos, que una vez el general de los Franciscanos le dijo: "Camilo, ¿querés saber qué es el poder? dale a una persona de la comunidad la llave de un salón. Ahí vas a ver lo que es el poder".

Es verdad que en nuestras comunidades somos testigos frecuentes de cosas como esas: "que yo llegué mucho antes que esa persona", "que yo soy mucho más cumplidor (o cumplidora)", "que yo participo más", etc.

Ya lo señala Jesús en el evangelio de Lucas:

¡Ay de ustedes, doctores de la ley, que se han quedado con la llave del conocimiento: ustedes no han entrado y a los que quieren entrar se lo impiden! (11,52)

Es evidente, por todas partes en los evangelios, que Jesús nos invita a mirar con su propia mirada – que es la mirada de Dios – y no con la exterior: Jesús mira las moneditas de la viuda, Jesús mira la interioridad de un cobrador de impuestos que se sabe pecador, Jesús mira a los que llegan en la última hora, Jesús mira el interior de una mujer pecadora en la ciudad... Y Jesús no mira los grandes ropajes de un rico, Jesús no mira el prestigio de los fariseos, Jesús no mira la alcurnia de los sacerdotes... Jesús sabe mirar con los ojos de Dios que mira el corazón, es decir allí donde nacen las decisiones de cada persona.

El poder, para Jesús, se caracteriza precisa y paradojalmente por la impotencia, Jesús nunca se revela de un modo más claro que en la cruz. Jesús no es el todopoderoso que camina elevado a medio metro de la tierra, sino un profeta itinerante y desarmado, que es asesinado por los poderosos. El poder para Jesús se llama amor. El Dios de Jesús no es el poderoso capaz de vengarse sino el lleno de compasión, amor y perdón, el Dios “lento para la cólera y de gran misericordia”, el Dios que no puede permanecer indiferente ante sus amigos y amigas que sufren, el Dios que se llena de alegría sentado en la mesa de los despreciados y el Dios que abraza a los y las pobres.

Teniendo esta mirada, con esta actitud, no sé si nuestras comunidades serán más numerosas, no sé si tendrán más prestigio, pero sí creo que se parecerán bastante más al sueño de Jesús. A lo mejor, ¡la cosa sea por ahí!


Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/search.php?srh_field=jesus+carrying&s_il=y

jueves, 1 de octubre de 2026

Los tres reyes magos

Los tres reyes magos

Eduardo de la Serna



Cuando se aproxima la Navidad es frecuente empezar a pensar en los pesebres, en las fiestas, las imágenes… Habitualmente están María, José y el Niño, un burro y un buey, en ocasiones un par de pastores y ¡no faltan!, los Tres Reyes Magos.

A la escena de la visita de los magos a Jesús niño se la suele adornar con imágenes y coloridos familiares, culturales, infantiles… y comerciales. Y todo esto es algo razonable, salvo que pretendamos afirmar que lo que le hemos añadido es algo quem ocurrió y que lo afirma el texto bíblico. Curiosamente pareciera que el escándalo del pesebre, los pobres, los pastores, pretende “equilibrarse” poniendo junto al niño un trio de “reyes” que jamás estuvieron. Domesticar el Evangelio para que no haya solamente pobres a su lado, es, una vez más, una manera de “pasteurizar” la radicalidad de Jesús y su propuesta.

Si miramos los Evangelios, la cosa es bastante diferente. Para empezar, ni Marcos ni Juan nos dicen nada de Jesús antes de su ministerio público; solo Mateo y Lucas se detienen – brevemente – es algunos elementos. Y, es importante señalarlo, cada uno de ellos con una intención concreta, una catequesis para sus comunidades.

Lucas es el que habla de pesebre y de pastores, pero no de los magos, mientras que Mateo sí los presenta, pero ignora aquello que Lucas nos mostraba.

La comunidad a la que se dirige Mateo eran discípulos de Jesús que mayoritariamente provienen del ambiente judío, es decir, buenos conocedores de la Biblia. Veamos...

El texto habla de “unos magos” … (Mt 2,1) como se ve, no indica ni el número ni su carácter supuestamente de reyes. El número de los visitantes no está señalado; en ningún momento se menciona cuantos son estos magos ni – por supuesto – mucho menos aún sus nombres.

Los magos, para la Biblia (¡y de Biblia hablamos!) son, ante todo, paganos (es decir, no judíos). Y, además, son modelo de quienes hacen todo lo contrario a lo que Dios quiere. Por eso son ejemplo evidente de personas “necias” (= no saben; no son “sabios” para la Biblia). El término que se usa en hebreo remite a Egipto y también a Babilonia, pero nunca se los traduce por magós, en griego. El único lugar de la Biblia donde encontramos “magós” es en Daniel donde aparece en listas: adivinos, conjuradores, magos, caldeos, etc. (Dn 2,2). Es decir, se trata de algo de un mismo campo semántico, pero no idéntico. En el Nuevo Testamento, fuera del relato del Evangelio sólo en dos ocasiones encontramos un mago, ambos en Hechos: Barjesús era “un mago, un falso profeta” (13,6) y de Simón se dice que “practicaba la magia” (8,9.11); como se ve, no se dice de ellos nada positivo. En los textos de Daniel, se trata, de aquellos que pueden informar al rey de las cosas que ocurrirán interpretando sus sueños (es decir, lo que Dios dice al rey) o un escrito (por eso en ocasiones se traduce al griego por exegetai, “intérpretes”). Por tanto, y acá el tema, para Mateo, unos necios, paganos, contrarios a lo esperado de parte de Dios llegan a reconocer al niño, mientras que “todos” los sumos sacerdotes y “todo” Jerusalén, que sí saben – porque lo dice el profeta – que ha de nacer en Belén (2,4-5; ver Miqueas 5,1) no van a verlo. El contraste, entonces, está dado entre los que saben (las autoridades judías) y los necios; pero concretamente son los necios los que van a buscar al niño, mientras los “sabios” no. Una vez más, el Evangelio no es entendido por los sabios sino por los “pequeños”.

El contraste de reyes, entonces, no está entre los magos, ¡que no se dice que sean reyes!, sino entre el “rey” Herodes y el niño, “rey de los judíos”. Qué los magos digan que vienen a adorar al rey y que eso se lo digan al que es rey, es una manera de desconocer su autoridad (2,2). Herodes, famoso por ser sanguinario, no podía permanecer indiferente ante esto.

En los pesebres, además, no falta “la estrella. Muchos se han preguntado si se trata de un fenómeno meteorológico, pero eso es pretender del texto bíblico lo que no quiere dar. Se trata, sencillamente, de la “estrella de David”, es decir, “el rey” (¡una vez más!). En el libro de los Números, el profeta Balaam había dicho: “Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel” (Núm 24,17) refiriéndose ciertamente a David. Cualquier lector cristiano proveniente del ambiente judío (como eran los destinatarios del Evangelio de Mateo) entendería esto perfectamente. El que ha nacido es el rey anunciado, y que es reconocido por un grupo de necios "venidos de oriente".

Pero todo este ambiente bucólico, campesino, no puede disimular la matanza de los niños. Un conocedor de la Biblia recordaría a Moisés, único salvado de la matanza del Faraón de todos los niños varones (Éxodo 1,16), y que sería el que salvaría a su pueblo. El paralelo sangriento entre Faraón y Herodes permite a cualquier judío entender que Jesús es el nuevo profeta, semejante a Moisés, que ellos esperaban (Deuteronomio 18,18).

Resumiendo: Mateo quiere comunicar una Buena Noticia a sus destinatarios, y para eso recurre – como estos fácilmente entenderían – a textos de la Biblia hebrea que ahora alcanzan su cumplimiento. Ciertamente esto es, para ellos, una Buena Noticia. Y esta Buena noticia no son unos reyes llenos de regalos, sino un niño rey y profeta que “salvará a su pueblo”, lo que será reconocido por "pastores" (Lucas) o por "necios" (Mateo) lo cual es bastante diferente.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Reyes_Magos

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Algo que aprendí de Teresa…

Algo que aprendí de Teresa…

Eduardo de la Serna


Es interesante – e importante – pero no me detendré en eso, la centralidad que en tiempos de Teresa se daban a las obras, los méritos, la obediencia, es decir, lo “religioso”. Importante porque ayuda a mostrar su creatividad, su osadía, su libertad, su docilidad al Espíritu Santo, su encuentro con el Evangelio…

Pero dejando eso de lado, entonces, me llama la atención como ella cambia el eje y pone toda su mirada en el amor. Curiosamente, si miramos los Evangelios sinópticos el término amor / amar no es tan importante. Veamos brevemente:

En Marcos la raíz agap— [amor, amar…] se encuentra 8 veces; en 3 se señala que Jesús es el “hijo amado” de Dios y en las restantes, 3 en el diálogo de Jesús con el escriba sobre el mandamiento mayor para los judíos, y se señala que Jesús ama la respuesta inicialmente positiva del rico En Lucas se encuentra 16 o 17 veces, dos (o tres, según una variante textual) refiriendo al “hijo amado” de Dios, una vez en relación al mandamiento principal, 6 veces sobre el amor a los enemigos, tres veces en un sentido común (amar al pueblo, amar ser saludado, amor de esclavo a un amo), tres en relación al perdón y una señalando la centralidad del amor y la justicia (11,42). En Mateo la encontramos 12 veces, varias están en común con Lucas, seguramente tomadas de la fuente que tienen en común [Q]: el amor a los enemigos (3x), el amor del esclavo, y tomadas de Marcos, el hijo amado de Dios (2x), el mandamiento principal (2x), una cita de Isaías sobre el “Siervo amado”, la importancia del amor “al prójimo” y una referencia escatológica que con el crecimiento de la maldad se “enfriará” el amor de muchos… Como es fácil de imaginar, en Juan el tema crece exponencialmente (y ninguna de estas citas anteriores se encuentra en el Cuarto Evangelio); ¡la encontramos 43 veces! Lo interesante es que en la primera parte del Evangelio (1-12) solo se encuentra 8 veces mientras que el amor ocupa un lugar central en toda la segunda parte (13-21), en la que Jesús se manifiesta abiertamente.  Así comienza solemnemente: “habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo” (13,1). El amor se presenta como mandamiento, porque se invita a los herederos de Jesús a recibir su testamento; vivir como él vivió los transforma en tales. Precisamente por eso, el discípulo ideal se presenta como “discípulo amado”. Salvando Juan, entonces, difícilmente se podría decir que el amor es el corazón del seguimiento de Jesús y que nada hay sin amor.

Si miramos san Pablo [y los escritos de la tradición paulina] algo cambia, pero hay que decir que Teresa se concentró mucho más en los evangelios que en el Apóstol (a modo meramente estadístico, en La Bible avec Thérèse de Lisieux [Cerf – DDB 1979], por ejemplo, los textos en los que Teresa cita a Mateo ocupan 36 páginas, en Marcos 11, Lucas 32, Juan 29 y ¡todo Pablo!, solo 16 páginas). En Pablo el tema es muy diferente: las palabras de la raíz agap— las encontramos en Romanos 24x, 1 Corintios 18x, 2 Corintios 15x, Gálatas 5x, Efesios 22x, Filipenses 7x, Colosenses 11x, 1 Tesalonicenses 8x, 2 Tesalonicenses 5x, 1 Timoteo 6x, 2 Timoteo 7x, Tito 1x, Filemón 5x (es decir, un total de 134 veces); obviamente de los modos y sentidos más diversos, pero ciertamente en Pablo sí ocupa un lugar central.

Pero, entonces, si Teresa no cita demasiado a Pablo, pero sí los Evangelios y el tema del “amor” es mucho más frecuente en aquel que en estos, ¿de dónde toma Teresa la centralidad del amor?

Me parece entender que el proceso que sigue Teresa es diferente. Ella va conociendo a Dios / Jesús y se va enamorando. Ciertamente en ese encuentro con Jesús influyen decenas de cosas: su propia sensibilidad, su experiencia y catequesis familiar (particularmente su papá), sus lecturas, en las que el Evangelio ocupa un lugar principal, como ella lo dice, su amor a algunos santos particularmente (y su no mucho amor por otros, al menos según lo que le han contado de ellos), las experiencias positivas y negativas que vive en su vida en el Convento y con las hermanas… todo ello le va permitiendo encontrarse con Jesús, pero hacerlo, además, desde su inmensa libertad: no acepta tradiciones piadosas sobre la Virgen, por ejemplo, quiere conocer “la verdad” (palabra muy importante en su itinerario espiritual), no valora tradiciones establecidas, como sacrificios y sufrimientos, no acepta cosas que “siempre se hicieron así”, muchas de las cuales, en el fondo, simulando generosidad y sacrificio esconden soberbia y orgullo, como los “actos de ofrenda a la justicia divina” que tanto miedo provocaban a muchas monjas (como a su hermana María del Sagrado Corazón).

De su padre y del jardín de Buissonnets aprendió a disfrutar la belleza de las flores, sean las más importantes o las más sencillas (algo que, poco tiempo después, también reveló Etty Hillesum). Agradar a Dios, ya no obedecerlo, mucho menos aún temerlo (es interesante la actitud de Teresa frente al miedo a Dios por parte de ciertas espiritualidades que no la atraen en nada); agradar, como agrada una flor, como la sencillez de una margarita. Así Teresa empieza a encontrarse con Dios / Jesús y a enamorarse de Él. Es aquí, en Él, más que en los textos, creo yo, que ella descubre el amor (curiosamente nunca cita 1 Juan 4,8: “Dios es amor”). Y creo que aquí radica el primer paso de su misticismo. Ella va sabiendo que así es Dios y así quiere ser. Y hacer. Con ese Dios se va encontrando – por ejemplo, en el “libro de la naturaleza” – y Él le da la clave de interpretación de todo, de los Evangelios, de los santos y la santidad, de su vida toda.

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que, si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florcitas... (MsA 2vº)

El excelente rabino y teólogo, Abraham J. Herschel, en su libro sobre los Profetas (1962) dice algo maravilloso: los profetas pueden hablar de parte de Dios porque tienen “simpatía” con Dios (de syn, “con” y pathos, “sentir”), es decir sienten como y lo que Dios siente en los distintos momentos; podríamos llamarlo “sintonía”. Los profetas, entonces, Teresa ahora, sienten como Dios. Su unión es tal (misticismo, fusión, como la gota de agua en el océano) que puede hablar con toda libertad porque es Dios el que habla con y en ella. Y el Dios que muestra en palabras y escritos, en actitudes y silencios se parece a ese Dios que ella ha encontrado.

El amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, ¡ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano... Para amarme como tú me amas, necesito pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo (MsA 35rº)

Causarle placer a Dios, agradarle, permitirle descansar, jugar, sonreír… ese es el Dios con el que Teresa se va encontrando. No es el Dios patriarcal, autoritario, siempre enojado y maltratador de los humanos por sadismo o crueldad. Y ese Dios se relaciona con ella, con nosotros, desde ese su ser… Obviamente es, también, así que nos relacionamos con él. Acá empieza el amor; acá lo encuentra. Y desde el amor lee los Evangelios, lee la vida en la comunidad, y lee todo.

Cuando fue proclamada Doctora de la Iglesia, fue por reconocerse en ella:

La ciencia del amor divino, que el Padre de las misericordias derrama por Jesucristo en el Espíritu Santo, es un don, concedido a los pequeños y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y bendijo al Padre, que así lo había establecido (cf. Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-26) (Juan Pablo II, Divini Amoris Scientia).

Así lo dice Teresa en medio de su crisis y su noche:

Sin mostrarse, sin hacerme oír su voz, Jesús me instruye en secreto; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo. Pero a veces viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final de la oración (después de haber aguantado en el silencio y en la sequedad): «Este es el maestro que te doy, él te enseñará todo lo que debes hacer. Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la ciencia del amor».

¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de los Cantares, que no he dado nada todavía... Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono (MsB 1rº).

Creo que aquí radica la clave. No se trata de subir hacia Dios con esfuerzos, sacrificios y obras y méritos que – además – debieran ser “calculados”. Se trata de un encuentro de amor. Encuentro que no olvida que “él nos amó primero”, que para abrazar a Jesús padre-madre necesitamos que él se abaje hasta nuestra pequeñez para elevarnos (o sentarnos) en su seno. Es que “es propio del amor abajarse” y de encontrarnos con él en familia se trata. Así podemos descubrir que todo en la vida de los seguidores de Jesús debe tener que ver con el amor y nada sin él; pero para saberlo y descubrirlo todo empieza en ese encuentro, se nutre en ese encuentro y permanece en ese encuentro; “tratar de amistad”. “En el corazón de mi madre, la Iglesia ¡yo seré el amor!” Humildemente (es que “¡la humildad, es la verdad!”).


martes, 29 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 27º "A"

Dios nos convoca para dar frutos de vida

DOMINGO VIGESIMOSÉPTIMO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     5, 1-7

Resumen: En un canto el profeta contrasta el amor de Dios a su pueblo con la respuesta que este ha dado. Es todo lo contrario de lo que él esperaba y las consecuencias son evidentes, Dios se desentenderá de aquello a lo que tanta dedicación había puesto.

Para comprender bien este texto poético, presentado como una “canción de amor”, resulta útil ver cómo está conformado:

[A] Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña.                      [título]

[B] Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.

[C] La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita.

Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar.

[D] Y esperó que diese uvas, pero (y) dio agraces.

[E] Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, vengan a juzgar entre mi viña y yo: ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?

[D’] Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?

[C’] Ahora, pues, les hago saber, lo que pienso hacer con mi viña:

quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.

[B’] Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde, crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.

[A’] Pues bien, viña de Yahvé Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito.

Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.

[conclusión]

La forma concéntrica muestra (A) un título y (A') una conclusión que aluden a Israel como viña de Yahvé. Una viña plantada para obtener frutos. En segundo lugar (B) el contraste entre el principio y (B') el final a partir de los (no) frutos conseguidos (fertilidad / desierto). Todo lo que fue preparado (C) para que la viña logre su cometido es (C') desarticulado. La causa es (D / D') que si bien el objetivo eran las uvas, lo conseguido fueron frutos agrios. En el centro (E) se ubica la invitación a los oyentes a “juzgar”, es evidente que más no se podía hacer. El objetivo no cumplido, sino malogrado es el que ha llevado a toda la inversión de la situación: lo preparado para proteger la viña ahora es desarticulado, lo que era fértil ahora es erial. 

Y la razón de todo es la diferencia entre el fruto esperado y el fruto logrado. La ironía entre uno y otro se percibe mejor en hebreo: esperaba “derecho” (mispat) pero hubo “crímenes” (mispah), esperaba “justicia” (tzedaqa‘) y hubo “clamores” (tze’aqa‘). El “derecho y la justicia” es algo fundamental en Israel. El texto nos afirma que “para eso” Dios lo eligió. Pero lo que han dado es lo opuesto: derramamiento de sangre y clamores (gritos de dolor, un término muy frecuente en la Biblia, cf. Ex 3,7.9). Dios no es indiferente a esos clamores (Ex 22,22) como al clamor de la sangre de Abel (Gen 4,10). Tal es el mal fruto que la viña ha dado a aquel que ha dedicado todos sus esfuerzos de amor a la viña, tantos que todos pueden juzgar ¿qué más se podría hacer que no lo haya hecho?


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos     4, 6-9

Resumen: A modo de conclusión de la carta, Pablo recurre nuevamente a los afectos que son claros entre él y la comunidad de Filipos. Para ello los exhorta a vivir conforme a lo que ha enseñado en una nota marcada por la alegría y la paz. 



La conformación de la carta a los Filipenses es muy discutida. Varios autores suponen que hay varias cartas originales en su seno (se suele hablar de dos cartas y una nota breve). El texto que presenta hoy la liturgia es, precisamente lo que relaciona esta nota (4,10-20) con la segunda carta (3,1b-4,3). Forma parte, se dice, de la conclusión de la primera carta donde no hay un tema organizado. Más bien se parece a una suerte de temas genéricos que se desean a los destinatarios al concluir el texto.

Literariamente es una conclusión (los retóricos la llaman peroratio), y hay elementos interesantes a tener en cuenta en este punto: es frecuente que se caractericen – como aquí – por lo afectivo [propiamente la unidad abarca los vv.4-9]. La ausencia de adversarios o conflictos, que sería de esperar habitualmente, revela la excelente relación de Pablo con la comunidad, y que lo dicho en el c.3 frente a quienes predican la circuncisión o bien es posterior a esta unidad – como pensamos – o que Pablo está confiado en que los filipenses no darán crédito a la predicación judaizante. Es interesante que toda esta serie de elementos de la vida cristiana a los que Pablo alude, comienzan con la alegría y terminan con la paz.

La insistencia en la alegría (v.4) retoma lo dicho en 3,1a; quizás sea su continuación interrumpida (sea por el añadido posterior, o sea por razones retóricas), por la unidad referida a los predicadores de circuncisión: 3,1b-4,3. Pero aquí la alegría – tema principal de la carta – aparece como mandato, ¡y en plural!, la comunidad toda debe vivir en alegría, no es un “consejo de piedad individual”. Lo siguiente que se dice es la “clemencia” (epieikês), que contrasta con la fría justicia estricta, es la magnanimidad, y junto con la “mansedumbre” es característica de Cristo (2 Cor 10,1; ver Sal 85,5 LXX), pero esta cualidad es algo que todos los de fuera deben ver como característica de los cristianos. La frase “el Señor está cerca” puede entenderse o bien en un sentido cristológico (y hacer referencia temporalmente a que está próxima su venida) o en sentido teo-lógico: “el señor está cerca de aquellos que lo invocan” (Sal 145,18; ver 34,19; 119,151 y el contraste: “no estés lejos”, 22,2.20); es decir, el "Señor", ¿es Cristo o es Dios? Siendo que la referencia que viene a continuación alude a la oración está última lectura es posible. Puesto que Dios se ha vuelto cercano, no hay motivo para “angustiarse” por razón alguna. Ciertamente Dios es más grande que cualquier dificultad que la comunidad tuviera. La referencia a la oración la remarca con tres términos que se acompañan mutuamente: oración, petición y pedidos (proseujê, deêsei y aitêmata) todo esto acompañado de “acción de gracias” (lo que revela el estar libre de ansiedades). Todo esto conducirá (en futuro) claramente a la “paz” (eirênê) de Dios. La idea “paz de Dios” se suma a que “sobrepasa” todo, lo que tiene una marcada nota de contraste con la “pax” romana. Filipos es ciudad militarizada (colonia romana), y señalarle a los destinatarios la paz que es “de Dios”, que está asegurada como fruto de la oración y que está por encima de todo, sin duda libera a los destinatarios de toda angustia (la metáfora militar de la paz tiene connotaciones contraculturales en el contexto). La paz no es instituida por la violencia y la presión sino por el amor. Precisamente por esto señalará cualidades morales, con connotaciones greco-romanas y también específicamente cristianas en los versículos que siguen (vv.8-9).

Es interesante el contraste entre los vv. 8 y 9. Mientras en v.8 no hay un “y” (kaì) que relacione todo y se dice literalmente: “cuanto es verdadero, cuanto venerable, cuanto justo, cuanto puro, cuanto agradable, cuanto admirable, si virtuoso y si valioso, ténganlo en cuenta”, en v. 9 el “y” (kaì) aparece frecuentemente: “y lo que aprendieron, y recibieron, y escucharon, y vieron en mí, eso practíquenlo y el Dios de la paz estará con ustedes”. Se ha señalado que los primeros refieren a virtudes características entre los moralistas greco-romanos, mientras los segundos son virtudes propias de los cristianos: las más importantes virtudes sociales (del ambiente) ¡y estéticas!, alcanzan su plenitud “en Cristo”. Es posible. Los versículos 8-9 completan lo preparado en 4-7 y nuevamente – como allí – la conclusión está dada por “la paz”. La fe cristiana, para Pablo, no niega los valores de las culturas sino que los reconoce; aunque la excelencia se obtiene imitando a Cristo, lo verdaderamente valioso. La paz de Cristo no se asemeja en nada a la “pax romana”; el Emperador no puede cambiar los corazones; la paz de Cristo dura “por siempre”


+ Evangelio según san Mateo     21, 33-46

Resumen: En una parábola, a la que Mateo añade un versículo muy importante (v.43) destaca la importancia de que el pueblo de Dios le dé a su “propietario” los frutos que le pertenecen. La violencia de los antiguos tenedores, ejercida sobre el hijo, hará que ese “pueblo" cambie de manos.


La parábola llamada de “los viñadores homicidas” se encuentra en Marcos, y Mateo la retoma haciéndole algunos interesantes añadidos que refuerzan su teología. Destacaremos especialmente estos elementos:

Por lo que parece, la parábola ya tenía elementos alegóricos, como se ven en Marcos,  por su obvia referencia a Isaías 5 (primera lectura), pero Mateo profundiza esta alegoría reforzando la semejanza con el texto.

Is 5
Mt 21
Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y   además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. (vv.1-2)
«Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. (v.33)
Ahora, pues, voy a hacerles saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada. (v.5)


Una breve nota sobre la “alegoría” y la “parábola”. Una parábola es un texto narrativo en el que se pretende resaltar un elemento que se ha de tener en cuenta. La alegoría, en cambio, presenta muchos aspectos que han de entenderse simbólicamente y se dirigen a la comprensión. Hay algunos casos de parábolas que presentan algún elemento alegórico, como es el caso de la que hoy comentamos, pero eso no significa que todo el texto sea una alegoría. Leerlo de este modo puede llevarnos a forzar el sentido, y perder de vista el sentido principal.

El contexto lleva a un agravamiento progresivo del conflicto entre Jesús y las autoridades judías, que va desde la expulsión de los vendedores (v.12-17), el debate sobre la autoridad (v.23-27) y la referencia a que “publicanos y prostitutas los precederán en el reino” (v.28-32) esto se va acentuando a cada momento. El texto tiene dos grandes partes que comienzan cada una por "cuando" (vv.34.40) y tienen "frutos" formando una inclusión (vv.34. 43, cf.41); la primera se centra en la infidelidad y la constancia de Dios, la segunda acentúa el castigo.

Al decir “escuchen”, Mt la dirige a los jefes que es a quienes interpela. El personaje es un "propietario" (cf. 13,27; 20,1.11; cf. Mc 14,14) que alude a las relaciones entre Dios y la humanidad como "señor-siervos" (cf.10,25; 13,27; 20,1.11). No se trata entonces tanto de la viña sino de la propiedad, la propiedad de Dios, y su alejamiento subraya la responsabilidad de los viñadores.

Presentado el tema, comienza el desarrollo de la parábola presentado con el primer “cuando”. La alegorización que se va descubriendo permite sospechar que el "tiempo de frutos" (cf. 13,30) aluda a su vez al Reino que se acerca: 3,2; 4,17; 10,7; cf. 26,45s; 12,28); cf. 24,32s donde se acerca el tiempo escatológico. El tema refiere a entregar a Dios los frutos del Reino; se remarca la fidelidad o infidelidad a la alianza como puede verse en Sal 1,1-3.

El envío de los "siervos" [Marcos había dicho “un siervo”] en dos turnos puede aludir a los profetas (23,34.37 / Lc 13,34) o a profetas y justos (13,17), aunque no conviene alegorizar excesivamente. Narrativamente es razonable que haya más de un envío antes del último.

La violencia de los encargados alude al agravamiento de las relaciones que hemos destacado: golpear y matar lo destaca; el apedreamiento, en cambio tiene otras connotaciones (cf. 2 Cr 24,21; Heb 11,37; Lc 13,34; Mt 23,37; sobre el destino de los profetas (cf. Jer 26,23; 20,8; cf. Neh 9,26).

Al enviar al hijo, el propietario juega toda su autoridad, reforzando la relación (Marcos había dicho “un hijo amado”, Mateo destaca que es “su” hijo). Esto lo hace "finalmente" (hysteron) lo que indica que se trata de la última oportunidad (4,2; 21,30; 25,11; 26,60). "Hijo" es común en Mt (2,15; 3,17; 4,3; 8,29; 14,33; 16,16; 26,63; 27,43.54). La reflexión del padre sospechando que "respetarán" supone que habrá respeto al padre / propietario en la persona del hijo.

Cuando los labradores afirman que "es el heredero" eso supone reconocimiento, es decir que no hay error. Con esto se revela la gravedad de rechazar a Dios en la persona del hijo; Cristo está en conexión con el envío de los profetas, pero más que eso, como "hijo" y "heredero" (16,16; cf. Hb 1,1s), con lo que se nos presenta como profeta escatológico. Hay, además, una ironía puesto que Israel no se reconoce como el heredero.

El orden: sacado fuera-asesinado (= Lc; en Marcos era matado y echado fuera, 12,8) no implica un saber histórico de que Jesús fue matado fuera de la ciudad (cf. Lv 24,14-16.23; Nu 15,36; Dt 22,24; Hch 7,58 y también Lev 16,27) pero de todos modos la referencia acentúa la alegoría.

La parábola propiamente finaliza aquí, pero partiendo de ella – y suponiendo que los interlocutores siguen con la imagen mental y han comprendido a qué / quiénes se ha referido, pasa a la segunda parte del relato con el segundo “cuándo”.

Que haya una respuesta de los interlocutores es común en Mt. En este caso "hará perecer" ¿refiere a la caída de Jerusalén o implica alegorizar demasiado? Esos "otros" a los que se entregará la viña se especifican en v.43, no se trata de un simple cambio de jefes: ¿es el reino y el pueblo representado por los jefes?, ¿es el templo y los sacerdotes expulsados por los pobres y los justos con los que Jesús se identifica? No debemos forzar la alegoría, refiere a que quienes reciban al hijo entrarán al servicio de Dios; Jesús les revela su responsabilidad.

La frase preguntando si "nunca han leído" revela que el contexto es evidentemente apologético y polémico (ver 12,3.5; 19,4; 21,16; 22,31).

Con la cita del Salmo 118 se da un paso del interés del reino en la obra de Dios al tema de la resurrección de Jesús (un cambio cristológico), un paso del tema de la viña / propiedad al tema del hijo. El "rechazo" es el término técnico de una moneda juzgada falsa por un experto (Jer 6,30) pero es utilizada con frecuencia en el NT para aludir al rechazo que ha padecido Jesús por parte de las autoridades (“constructores”) cf. Mc 8,31; Lc 17,25; 1 Pe 2,4. Al aludir a la "piedra angular" no es importante saber si refiere a la piedra del ángulo de la casa – a la base – o a la piedra que remata el arco en la superficie, lo que cuenta es que se trata de la piedra principal.

Aquí Mateo interrumpe el tema de la “piedra”, que continuará en v.44 para insertar un dicho que le es propio y que refleja un elemento central de su teología:

Los sacerdotes no han creído; otros – el Nuevo Israel – dará fruto. Explicita el v.41, el rechazo de Israel relacionando este versículo con un Nuevo Pueblo; la viña designa el Reino, por tanto los viñadores designan a Israel. Se les quitará “el reino” para darlo a otro “pueblo” (no usa laos sino ethnos) quizá designa una nueva generación (Jer 7,28-29); "nación” fiel serán los que den frutos (cf. Rm 9,25; 1 Pe 2,10). La "viña" designa la obra de la salvación confiada a Israel por la alianza; el centro está claro: pide cuentas al judaísmo incrédulo y anuncia la sustitución por un nuevo Pueblo de Dios. La referencia a Isaías lleva a remontarse a Israel, pero se da una nueva dirección en este versículo: en la parábola ya no es Israel sino el Reino (cf. Jer 7,24-26; Mt 23,34-36; cf. 27,25). Los frutos del Reino son una justicia superior a la de los fariseos (5,20). Sugiere castigo y promesa: recusación del antiguo pueblo y formación del Nuevo. Llegando al tema del Reino, Mateo dio con el sentido original y de allí dio un paso eclesiológico: con esto subordina la cristológico a lo eclesiológico. 

Que el reino sea "de Dios" (y no de los cielos), que los frutos se produzcan y no "entreguen" (cf. 21,41) y que se hable de "un" pueblo invita a pensar que el texto es propio de Mateo; la viña designa el reino; "dar-quitar" es también de Mt 13,12 (cf. 25,29). Al utilizar el singular (a “un pueblo”) no designa a "las naciones", sin duda se refiere a "la Iglesia" (cf. 1 Pe 2,9 donde ethnos y laòs están en paralelo); es una sentencia cristianizada (cf. Jer 7,28-29). 

La parábola con el añadido de Mateo apunta al destino del reino en perspectiva eclesial que engloba lo cristológico: el advenimiento del nuevo pueblo de Dios va ligado al destino del enviado-hijo, es importante ponerse de su lado. De todos modos es importante notar que cuando Mateo escribe esto ya era un hecho, la Iglesia se sabía “nuevo pueblo”, por lo que el mismo juicio a los labradores puede caer sobre la iglesia: el criterio es la fidelidad, todos deben dar a Dios los frutos que le pertenecen. 

El v.44 retoma el tema de la piedra en un dicho formado con Dn 2,44 + Is 8,14. El versículo es omitido en algunas Biblias – suponiendo que está tomado de Lucas – pero hay que mantenerlo. El juicio será según sea la respuesta dada en relación a la aceptación o rechazo de la piedra-Jesús (nuevamente pasa a lo cristológico). Retoma – para concluir – el auditorio, pero a los “sumos sacerdotes” les añade a los "fariseos" lo que es anacrónico para tiempos de Jesús (cf. también 27,62), pero es coherente para tiempos del evangelista. El pueblo (ojlos, multitud) una vez más le sirve a Jesús de escudo ante los que intentan capturarlo (14,5; 21,26).

Una breve nota sobre la Iglesia, el “nuevo pueblo” e Israel en Mateo. En la comunidad de Antioquía – donde Mateo escribe – hay una comunidad judía muy importante, ligada estrechamente a los “fariseos”, al grupo rabínico. La comunidad de Mateo parece “pequeña” en ese entorno (notar el uso de “pequeños” en Mateo) pero entra en conflicto con ellos por autopercibirse unos y otros como los “verdaderos” hijos de Israel. La insistencia en Mateo de que las escrituras se “cumplen” o la pregunta acerca de si “¿no la han leído?” debe entenderse en este sentido. Lo mismo que el texto, que tantos conflictos causó por su mala comprensión, de 27,25: “su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (y el lavado de manos de Pilatos). El texto debe entenderse en el contexto del conflicto mutuo de reconocerse (y no reconocer al otro) como verdadero pueblo de Dios (“se le dará a otro pueblo”). Lamentablemente esta mala lectura causó estragos en nuestras relaciones con los judíos (y en sus vidas), nuestros “hermanos mayores” las que, es de desear, jamás vuelvan a repetirse.


el video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://youtu.be/BhhtUJqDlh0
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-27-a.html



Comentario al Evangelio del domingo 27º A

Comentario al Evangelio del domingo 27º A



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https://youtu.be/BhhtUJqDlh0

Eduardo