martes, 23 de julio de 2024

Comentario a las lecturas domingo 17º B

 El profeta Jesús multiplica el pan de los pobres

DOMINGO DECIMOSÉPTIMO - "B"

Eduardo de la Serna




Lectura del segundo libro de los Reyes     4, 42-44

Resumen: en tiempos de hambre alguien lleva al profeta una ofrenda de unos panes de cebada y Eliseo multiplica los panes para que coma toda la comunidad, e incluso sobre comida.


De los profetas bíblicos que conocemos, Eliseo se caracteriza por sus milagros. Los textos bíblicos consignan varios. La multiplicación de los panes de cebada es uno de ellos, narrado a continuación de una comida envenenada que parecen en cierto modo paralelos. En este caso se trata de veinte panes de cebada para cien hombres. El servidor de Eliseo (que ocupa un rol importante en estas diversas escenas de milagros: 2 Re 4,12-15.25-27.31.36.38.43…) sabe que la cantidad es escasa y lo manifiesta, pero Eliseo repite la orden con un añadido: una palabra de parte de Dios: “Comerán y sobrará”. En este caso se trata de una ofrenda que alguien anónimo lleva a la comunidad de profetas (v.38) en la que Eliseo juega un rol especial. 

Es interesante notar que a diferencia de Elías que suele moverse aislado y muchas veces escondido, Eliseo anda en grupo de profetas. En tierras cananeas era frecuente esa colectividad profética. El contexto parece indicar que era frecuente visitarlo en ocasiones especiales (ver 4,23) y – como en este caso – llevarles primicias de los frutos (seguramente para pedir su intercesión a fin de que no falte el pan al oferente). A pesar de que el pan de cebada parece ser el “pan de los pobres”, también es frecuente que sea ofrenda (quizás por eso, a fin de que todos puedan presentarla). De todos modos, por ejemplo la cerveza – hecha con cebada – era una bebida muy estimada (en Sumeria, Egipto, Mesopotamia); el procedimiento era similar solo que se dejaba fermentar. También es conocida en el mundo bíblico (cf. Is 56,12; Pr 23,20; Lc 1,15…).

“Pero, observa lo que quiero darte a entender. Nos alimentamos con alimentos sólidos y bebidas, aunque ellos se limiten al modestísimo pan de cebada y al agua de la fuente”. (Filón, “Sobre los sueños” 48)
“La harina es de cebada tal vez porque, como alimento, la cebada es de discutible valor, y apropiada para los animales irracionales y para los hombres apremiados por las circunstancias; símbolo de que la adúltera en nada difiere de las bestias salvajes, cuyas cópulas tienen lugar indiscriminadamente y sin cuidado alguno; en tanto que la mujer inocente de lo que se le imputa procura que su vida se ajuste a lo que es propio del ser humano”. (Filón, “Sobre las leyes especiales” III,57)
“Pero en el segundo día de los panes ácimos, que es el decimosexto del mes, se participa por primera vez de los frutos de la tierra, porque antes de ese día que no se tocan. Se considera apropiado honrar a Dios, de quien se obtiene esta disposición abundante, ofreciendo en primer lugar los primeros frutos de su cebada, de la siguiente manera…” (Flavio Josefo, “Antigüedades judías” 3250 # 10.5)


 
Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     4, 1-6

Resumen: el autor continúa destacando la importancia de la unidad, es decir de la paz. A vivir de esa manera invita a toda la comunidad ya que es una unidad originada en el bautismo común.


Con justicia puede llamarse a la carta a los Efesios “la carta de la unidad”. Un solo pueblo, un solo hombre nuevo hemos visto la semana pasada. Aquí – continuando con la centralidad que da a la “paz” – insiste en conservar la unidad en la Iglesia. A continuación da un sentido “doctrinal” a esta insistencia. Pero lo hace partiendo de una “exhortación”. Con este término (parakalô) suele comenzar Pablo las secciones parenéticas, es “exhortar”, consolar, sugerir, insinuar, animar, aconsejar… Quien lo hace se presenta como “prisionero en Cristo” lo cual encierra una cierta paradoja.

A lo que aconseja el “preso” es a “caminar (= vivir) apropiadamente al llamado” (klêseôs) con el que fueron “llamados” (eklêthête; la voz pasiva remite a Dios que es quien los ha llamado); en Pablo y sus discípulos es impensable una fe que no implique una “vida” coherente, “apropiada”; es frecuente la invitación a “ser” aquello que “somos”: “indicativo – imperativo, “son de Cristo… sean de Cristo”. En Col 1,10 invita a “caminar apropiadamente” al Señor; Fil 1,27 a una vida apropiada al Evangelio; 1 Tes 2,12 a caminar apropiadamente a Dios. 

Se invita a la humildad, la mansedumbre y paciencia (= Col 3,12). La humildad es la actitud de saberse pequeño ante el Señor (Sal 18,28; 34,19; 102,18; Pr 3,34; Sir 3,20 y también en Qumrán, como ’anaw y su paralelo “pobres de espíritu”. La mansedumbre es casi sinónimo. La paciencia (makrothymía) es magnanimidad (Dios lo es, Mt 18,26; Rm 2,4; 9,22) es la actitud de resistencia ante la prueba (Col 1,11; Sgo 5,10), un fruto del espíritu (Gal 5,22), característico del amor (1 Cor 13,4). El espíritu parece que ha de entenderse no “trinitariamente” en este caso sino destacando el don de Dios en la Iglesia que es generador de unidad, y el espíritu humano que debe ser uno en cuerpo y “espíritu” en la vida intraeclesial, pero en obvia interacción con el espíritu de Dios.

El espíritu es el que produce la unidad (v.3) en la Iglesia. Pero esta unidad produce un “vínculo” (syndesmos). En Col 3,14 el amor es vínculo de perfección. Este vínculo es “de paz”, esto es la armonía plena entre las personas (recordar que la “paz” / shalom tiene fuerte sentido en el mundo bíblico y no es una mera “ausencia de conflicto”) y es el que produce la unidad eclesial.

Esta  unidad se expresa en siete aspectos que no son ajenos al pensamiento de Pablo (1 Cor 8,6; 12,12). La relación fe, bautismo y confesión de fe en el único Señor es propia de Pablo (Rom 6,9; 1 Cor 15,11) ya que hay un “bautismo en el nombre del Señor” (Rom 6,3; Gal 3,27; 1 Cor 1,13; 6,11) en una esperanza (esperanza común) fuimos “llamados” (Rom 8,23; Gal 5,5). Hay, se nota, una estrecha relación de unidad entre el cuerpo y el espíritu, la esperanza, la fe y el Señor, el bautismo y Dios, el Padre… Los cuatro últimos (“un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”) tienen una cierta tonalidad hímnica, e incluso no es imposible que fuera tomado de ese ambiente, probablemente bautismal.


Evangelio según san Juan     6, 1-15

Resumen: En una escena que luego será profundizada Jesús multiplica los panes ante la multitud. Esto servirá para que lo reconozcan como profeta aunque entiendan de un modo incompleto el signo que será profundizado luego.


El capítulo 6 de Juan nos ubica en tiempo pascual (“la pascua de los judíos”). En ese marco presenta un hecho de Jesús (la multiplicación de los panes), un momento intermedio (omitido por la liturgia, 6,16-23, Jesús camina sobre las aguas) un largo discurso de Jesús interrumpido por preguntas de los asistentes que sirve narrativamente para progresar en la auto-revelación (vv.25-40, domingo 18º), debate con “los judíos” (vv.41-58, domingos 19º y 20º) y dialogo final con los discípulos (vv.60-71, domingo 21º). Es conveniente no perder la dimensión de todo el texto y su “movimiento narrativo” aunque se comente en particular la unidad de cada día. [El domingo 22º la liturgia retoma el Evangelio de Marcos]. La unidad presenta un hecho (17º) que luego será calificado de “signo” (18º), un discurso de auto-revelación en el que Jesús se manifiesta como “pan de vida” (19º) ampliado a un sentido eucarístico (20º) para un dialogo-debate conclusivo sobre el discipulado (21º). Tener esto presente es importante para no mezclar una unidad con la otra, “Juan” suele ir avanzando progresivamente en la revelación de Jesús.

En 6,1 comienza claramente la unidad. Termina la escena anterior, Jesús estaba en Jerusalén (5,1 y se encuentra ahora en Galilea. Extrañamente, porque es de esperar que si se aproxima la Pascua se dirija a Jerusalén; esta es una de las razones por la que algunos autores comentan el cap. 5 después del 6). La gente que “sigue” a Jesús lo hace porque “ve los signos”. Más adelante nos dirá que “lo buscan” no porque vieron signos sino porque se saciaron con los panes (v.26). Es un seguimiento que quizás podemos calificar de “físico”, no de uno “discipular”. En otras ocasiones – por ejemplo con Pedro – Juan juega con este doble sentido (ver 13,37-38; 18,15; 21,19). El verbo ver / contemplar que Juan utiliza aquí (theôreô) es ambiguo, y por momentos es también meramente físico (6,19; 9,8; 10,12; 12,19; 16,10; 20,6.14) y en otras es religioso (2,23; 6,40.62; 12,45; 14,17.19; 17,24); cf. 4,19; 7,3; 8,51; 16,16.17.19; 20,12; podríamos decir – y será importante más adelante – que hay un “ver” sinónimo de “mirar” y otro “ver” sinónimo de “creer”. Sin duda el contexto y el sentido nos permitirán descubrir cada caso. 

Jesús “fue” (el término no es común, aunque Pablo en Gal 1,17.18 lo utiliza para “subir a Jerusalén, sólo aquí en el NT; habitualmente se usa “subir” [anabainô], más de 100 veces en AT y 5x en NT) al monte y se “sentó”. Si en otros textos estar “sentado” es la actitud de la enseñanza (docente: Mc 4,1; 13,3; Mt 13,1.2; 15,29; 24,3 o discipular: Mc 3,32; 5,15; Lc 5,17), en Juan esta es meramente física (2,14; 9,8; 12,15). Juan acota que se aproximaba la Pascua a la que – como hace en otras ocasiones – califica de “fiesta de los judíos” (2,13; 5,1; 7,2; 11,55); en el Cuarto Evangelio las instituciones judías quedan abolidas y reemplazas por la misma persona de Jesús, por lo que ya no tienen sentido para la comunidad las fiestas judías.

Levantar los ojos” puede ser una actitud de oración (17,1) o de mirar atentamente (4,35) lo que de otro modo no se vería. Lo que Jesús ve es la multitud (ojlos) que se acerca hacia él. Es precisamente esta multitud la que “sigue” a Jesús (y lo seguirá haciendo en adelante, cf. vv.22.24). En adelante, entre la muchedumbre algunos creerán y otros no (7,31). Una característica de Juan es, precisamente, que ante Jesús se provoca división (7,43) entre la gente (otra característica es que el término ojlos sólo se encuentra en la primera parte del Evangelio (1-12) y desaparece en la segunda (13-21). 

Jesús se dirige a Felipe (en los sinópticos sólo conocíamos su nombre en la lista de los Doce, aunque hay, en los textos, otros “felipes”). En Juan se encuentra dentro de los primeros llamados por Jesús (1,43) que a su vez convoca a otros (1,45). Al final de la primera parte del Evangelio unos griegos se dirigen a él diciéndole que quieren “ver a Jesús” (12,21). Ya cuando sabemos que Jesús va al Padre, Felipe le dice que le “muestre al Padre y eso les basta” (14,8), malentendido que – como es habitual en Juan – servirá para desarrollar el discurso de auto-revelación. Así como Felipe ha conducido a Natanael y a los “griegos” hacia Jesús, con su última pregunta nos conduce a los lectores a saber que la comunión entre el Padre y Jesús es plena y las palabras y las obras de Jesús son precisamente las de Dios. Acá la pregunta de Jesús a Felipe es señalada (en un paréntesis característico de Juan: “lo decía para…”) como una “prueba” (peirazô), un testeo para probar la calidad de algo. Jesús sabía lo que iba a hacer. Él pregunta “dónde” compraremos, pero Felipe afirma que con doscientos denarios no alcanza para dar al menos un poco a cada uno [es bueno recordar que un denario es un jornal]. Ahora interviene Andrés, presentado como “hermano de Simón Pedro”; siempre lo encontramos en relación a Felipe ya que ambos son originarios de la misma localidad, Betsaida (1,44). Precisamente por eso Felipe lo busca para ir juntos a presentarle a Jesús los griegos que desean verlo (12,22).

Andrés informa de lo que tiene consigo un “muchacho” (paidárion, sólo aquí en el NT; Guejazí, el sirviente de Eliseo es calificado con mucha frecuencia de paidárion en 2 Re 4): cinco panes “de cebada” y “dos pescados” (el término ofárion sólo se encuentra en Juan en la Biblia [salvo en una versión de Tob 2,2], aquí (vv.9.11) y en 21,9.10.13; el término habitual de peces es ijthys, que Jn también usa en 21,6.8.11). Ante este mero dato Jesús actúa lo que ya “sabía que iba a hacer”. Manda “recostarse” (anapíptô) en la actitud de comer (Lc 11,37; 14,10; 17,7). Juan acota que había “mucha hierba” lo cual es obvio puesto que se trata de la primavera. El número de varones es elevado: unos cinco mil. Estaban “recostados” (anákeimai; término exclusivo del NT que muestra la actitud de comensalidad, cf. Mt 9,10; 22,10; 26,7; Mc 6,26; Jn 12,2) mientras “comparten” lo que Jesús les da. 

Antes de continuar con el relato es bueno ver las semejanzas y diferencias con el texto de Eliseo y los sinópticos:

2 Re 4 (Eliseo)
Sinópticos
Juan

Mucha gente (Mc 6,34)
Mucha gente
Un hombre… veinte panes de cebada
Cinco panes… dos peces
Un muchacho… cinco panes de cebada, dos peces
“Dáselo a la gente para que coman”
Ordenó acomodarse… se recostaron (Mc 6,39-40)
“hagan recostarse”
Objeción a causa del número de gente
¿compraremos panes por doscientos denarios? (Mc 6,37) (discípulos)
¿dónde compraremos panes? (Jesús)
“por doscientos denarios no bastan” (Felipe)

Tomó los panes y los peces (Mc 6,41) “dio gracias” (Mc 8,6)
Tomó los panes… dando gracias
Comieron
Comieron y se saciaron (Mc 6,42)
Se hartaron
Sobras
Doce canastos (Mc 6,43; sólo Marcos acota que sobraron peces)
Doce canastos de los cinco panes de cebada
Cien hombres
Cinco mil hombres (Mc 6,44; Mateo aclara “sin contar las mujeres y los niños”, 14,21)
Cinco mil varones

Lo que Jesús hace con “los panes” es “después de dar gracias” (eujaristêsas), y los peces son mencionados casi “de pasada”: lo que importan son los panes [como en los sinópticos el texto prepara – con referencias eucarísticas – lo que dirá más adelante en el discurso, vv.53-58]. Pero esto que les da es lo suficientemente abundante, es “todo lo que quisieron”. Luego de que los “comensales” estuvieron “plenos”, “reúne” (synagô, de donde viene “sinagoga”). Lo “sobrante” en el NT se encuentra exclusivamente en referencia a los fragmentos / trozos “sobrantes” en la Multiplicación (Mt 14,20; 15,37; Mc 6,43; 8,8.19.20; Lc 9,17; Jn 6,12.13). El acento sigue puesto en los panes ya que se destaca que eso es lo sobrante (v.13) sin hacerse mención de los peces. Los canastos (kófinos) se encuentran en el NT sólo en referencia a este acontecimiento. La mención a los canastos como “doce” debe provenir del dato tradicional ya que la referencia al grupo de los Doce no es importante en Juan (6,67.70.71; 20,24). Los que “comieron” (bibrôskô): se utiliza un término extraño que sólo aquí se encuentra en el NT. “Para que nada se pierda” es tema habitual en Juan (6,39; 10,28; 17,12; 18,9).

La reacción de los hombres al ver (oraô) el signo [con este término empieza y termina la unidad, vv.2.14] reconocen a Jesús como “profeta”, el “que  iba a venir a este mundo” (v.14). Ya sabíamos que Jesús es la luz “que viene al mundo” (3,19; 12,46), que “viene al mundo” para un “juicio” (9,39), o mejor “para salvar” (12,47), el “hijo de Dios que iba a venir al mundo” (11,27) para “dar testimonio de la verdad” (18,37), aunque también “viene el príncipe de este mundo” (14,30). En otras ocasiones – en Juan – en los procesos de revelación el reconocimiento de Jesús como profeta es un paso positivo en la fe (cf. 4,44; 7,52) pero que luego será superado (cf. 4,19; 9,17; cf. 7,40). De eso se trata el discurso que viene a continuación (en próximos domingos).

La constatación de que no han comprendido plenamente el rol de Jesús viene manifestada en su “huida” al “monte” [nuevo término que se repite al comienzo y al final de la unidad]. Jesús sabe que pretenden “forzarlo” (arrebatarlo, cf. 10,12.28.29) y hacerlo “rey”. Nosotros sabemos que Jesús lo es (1,49; 12,13.15; 18,37) pero un rey que no es “de este mundo” de incredulidad, de violencia y muerte. El “reinado” de Jesús (en contraposición al “príncipe de este mundo”) es un reinado de verdad y de vida (cf. 8,44). Juan se sigue moviendo en la ambigüedad del comienzo, lo que le permitirá seguir avanzando en el discurso revelador.



Foto tomada de www.cipecar.org

jueves, 18 de julio de 2024

Matusalén (y otros “abuelitos”)

Matusalén (y otros “abuelitos”)

Eduardo de la Serna



Un lector desprevenido de los primeros capítulos de la Biblia se sorprenderá con que una serie de personas vivieron una cantidad exorbitante de años. Adán vivió (se dice) 930 años (Gen 5,5), Set vivió 912 (5,8), Enós 905 (5,11), Quenán 910 (5,14), Mahalel 895 (5,17), Yéred 972 (5,20), Henoc 365 (5,23), Matusalén 969 (5,27) y Lámec 777 (5,31). Lámec fue el padre de Noé con el que comienza “otra historia”. La pregunta de este lector desatento sería, ¿cómo es posible?, ¿vivían tanto en aquellos tiempos? ¿O será que contaban los años de otra manera?

Un primer elemento sería notar de después de Noe, que vivió 950 años (9,29) su descendencia fue así: Sem vivió 600 años (11,10.11), Arfacsad 438 (11,12.13), Sélaj 433 (11,14.15), Héber 464 (11,16.17), Péleg 239 (11,18.19), Reú 239 (11,20.21), Serug 230 (11,22.23), Najor 148 (11,24.25), Téraj 205 (11,32). Téraj fue el padre de Abraham donde empieza la historia de Israel. Abraham murió a los 175 años (Gen 25,8), Isaac 180 (35,28). A partir de entonces, las personas empiezan a “vivir y morir” a edades “normales”. José, por ejemplo, muere a los 110 años (50,26), como Josué, Tobit, Tobías y Judit (a los 110, 112, 117 y 105 años respectivamente, cf. Jos 24,29; Tob 14,1.14; Jdt 16,23). Todavía son edades grandes (aunque, como se ve, se trata de personajes muy significativos).

¿Qué podemos decir de todo esto? Para empezar, es interesante notar que en ambas listas, inmediatamente anterior al diluvio e inmediatamente posterior a este,  se mencionan 10 personajes. En el segundo grupo, además, es notable que las edades van disminuyendo de modo considerable de modo de pasar de los 600 de Sem (o los 950 de Noé) a los 175 y 180 de Abraham e Isaac. Por otra parte, la imagen parece tomada de listas de la época, por ejemplo, la de los grandes reyes de la casa Real de los sumerios, los reyes vivían – se dice entre 10.000 y 45.000 años cada uno. Por ejemplo, allí se dice, Éridu reinó 28.800 años, Bad-tíbira 43.200, Suruppak 18.600 años… Repetimos, para evitar malos entendidos, los textos deben comprenderse en sentido simbólico (o teológico), no en sentido histórico, o literal.

Demos un paso más, es interesante notar que el relato del Génesis antes de entrar de lleno en la narración de Abraham, el “padre” de Israel (y, por tanto, el comienzo de la “Historia de Israel”, capítulo 12) tiene un primer bloque con la narración de Adán y Caín y Abel (Gen 2-4), un segundo bloque con la narración de Noé, el diluvio, la nueva expansión de la humanidad luego del diluvio y la escena de la ciudad y la torre en Babel (Gen 6,5-11,9) para dar luego cabida a Abraham. Así, la doble lista de diez personajes sirve de nexo genealógico entre Adán y Noé la primera (cap.5) y entre Noé y Abraham la segunda (cap.11).

Pero es evidente que a medida que los seres humanos se expanden, con ellos se expande la injusticia, la violencia y el pecado (ver 4,1-16.23-24; 6,5-6; 9,25-27; 11,1-9). Acá entra en escena Abraham, elegido por Dios para ser “bendición”, para que en él se bendigan “todos los linajes de la tierra” (12,3). Israel tiene la responsabilidad de ser “luz para los demás pueblos” (ver Is 51,4) y mostrar a todos que se puede vivir de otra manera, que “otro mundo es posible”, un mundo sin violencia e injusticia porque todos viven como verdaderos hermanos y hermanas. De eso se trata lo que viene a continuación en la Biblia.

Precisamente, a medida que avanza la violencia y la injusticia, avanza la muerte. Es característico en la Biblia afirmar que Dios quiere la vida, la muerte tiene su origen en el pecado humano (ver Gen 3,22; Rom 5,12; Sgo 1,15). Así se comprenden entonces las edades enormes de los primeros patriarcas, edades que – como vimos – van disminuyendo. A medida que avanza el pecado en la historia, el sueño de Dios para la humanidad, la vida, se va viendo frustrado cada vez más y, entonces, las personas viven cada vez menos. Por eso es que mientras los primeros patriarcas vivían en torno a los 900 años, con el aumento del pecado en la tierra esto empezó a descender. Dios quiere la vida, pero el pecado la va acotando y es generador de una vida cada vez más limitada.

Como se ve, el texto no está diciendo que Matusalén fue la persona más vieja de la historia humana, sino que Dios quiere que sus amigos vivan mucho, y vivan felices; pero el pecado va degradando la vida y hace que, por la proliferación de la violencia y la injusticia, la muerte esté presente y amenazante. La resurrección de Jesús viene a mostrarnos que para Dios siempre la última palabra la tiene la vida, y que sus amigos tenemos un permanente compromiso con los demás para que todos podamos vivir bien.


Imagen del árbol de la vida sumerio, https://ar.pinterest.com/pin/21251429471332706/


martes, 16 de julio de 2024

Comentario a las lecturas Evangelio 16º B

 La compasión ante el dolor es el “alma” de la pastoral

DOMINGO DECIMOSEXTO - "B"


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del profeta Jeremías     23, 1-6

Resumen: Jeremías pronuncia una palabra muy crítica a los conductores de su pueblo, y anuncia la esperanza de que en algún momento habrá dirigentes como lo fue David y en el pueblo habrá justicia y paz.


En Israel y el mundo de su entorno es muy frecuente utilizar la imagen de los pastores para aludir a los dirigentes. Esto – políticamente hablando – se refuerza por el hecho de que el gran rey, David, había sido pastor. Jeremías ya había utilizado la imagen en 2,8; 10,21; 12,10. La imagen permite una serie de metáforas, si un pastor conduce mal, o se desentiende del rebaño, o – peor aún – si se abusa de ello, las perjudicadas son las ovejas. El texto litúrgico tiene una crítica, pero a su vez un anuncio. La clave, en este caso radica en “vienen días”.

Como es frecuente en los profetas el texto comienza con una descripción del hecho y su sanción. Juega con la palabra “ocuparse” (pqd), como no se ocuparon (favorablemente) del rebaño, Dios se ocupará (críticamente) de ellos. Las palabras y sus familias se repiten para resaltar el tema: “pastores”, “pasturas” (v.1), “pastores”, “pastorean” (v.2); pero lo que se dice de estos es que “destruyen” y “pierden” (v.1). “Destruir” es habitual en Jeremías, y también repite una idea: Jeremías anuncia “destrucción” (1,10) porque los dirigentes han “destruido” al pueblo; el pueblo será “perdido”, “dispersado” por Dios (9,16), porque los dirigentes lo han “dispersado” (10,21). Esa dispersión es que son “empujadas”, “arrojadas” fuera (16,15; 27,10.15…). Esto es “no ocuparse”, precisamente. La imagen de “destrucción” y sobre todo de ser “empujados”, “arrojados” pasa de la imagen campesina de pastores a una imagen más social. Israel fue arrojado de la tierra porque el rey se desentendió de él y los babilonios hicieron estragos. 

Pero de este pueblo cautivo, arrojado, Dios “reunirá” un “resto”. Dios mismo las “expulsó” debido al delito de los jefes, pero asimismo ahora las “reunirá”. La imagen vuelve a ser pastoril. El “resto” es frecuente en Jeremías (x24). Aunque en 6,9 la imagen es del resto de uvas en la planta y 24,8 a los higos, fundamentalmente se refiere a los “sobrevivientes”, como los que sobreviven luego de una matanza (o una batalla) (8,3; 40,15; 41,16; 42,15; 43,5; 44,7.12.14.28).  Luego de reunirlos, Dios elegirá “pastores”, pero estos serán “pastores que pastoreen” (v.4). Esto repercutirá en las ovejas que ya “no” (3 veces): no estarán asustadas, no temerán [ambos verbos remiten a la vocación de Jeremías, 1,8.17], no se perderán [se “ocuparán”] (v.4). 

A continuación el texto mira un futuro indefinido (“llegan días”), y pasa de “los pastores” al “pastor” por antonomasia, al Jefe modelo: David. Se abren así las puertas de la esperanza para su pueblo. Esperanza reforzada con el uso de la raíz tsdqjusticia. El retoño, vástago, renuevo (tsmh, Is 11,1; Jer 33,15; Zac 3,8) será “legítimo”, “justo” (tzdiq); “reinará un rey” que será prudente (ver 3,15; 10,21) y aplicará “el derecho y la justicia” (mispat – tzedaqá) en “la tierra” (haretz). Y en esos “días” habrá salvación y paz (is‘ – shalom) para Judá e Israel (los pueblos del norte y del sur finalmente reunidos; cf. Ez 37,15-28; Is 11,13). La justicia y el derecho son garantía de salvación y paz (cf. Is 9,6; 32,17).

Nota sobre “el día”. Es muy frecuente, especialmente en los profetas, la referencia a un “día” (yôm) futuro e indefinido. Puede ser día terrible o de salvación dependiendo del profeta o de la situación en la cual él predique (cf. Jl 2,2; Is 5,30; Sof 1,15). La imagen supone la confianza del profeta en que Dios camina en medio de su pueblo para castigarlo o bendecirlo, y sabe que eso ocurrirá “algún día”. No se refiere a un día previsto, concreto (y menos aún tabulado en la mente de Dios) sino a que de hecho Dios no se desentiende de la humanidad y de su pueblo. Y así como bendijo o castigó en la historia concreta, lo seguirá haciendo. Y – si es el caso  - “algún día” castigará “este pecado”, o “algún día” hará llegar la paz a su pueblo cuando este cambie de vida y de actitud.

Nota sobre “el derecho y la justicia”. Estas dos palabras son clave en el pensamiento bíblico (las encontramos juntas 69 veces en el AT; x39 en los profetas, x8 en Jer). Dios no elige a Israel porque sea el mejor de los pueblos, ni el más numeroso… lo elige para que siendo pequeño pueda mostrar ante los ojos de las naciones que “otro mundo es posible”, que se puede vivir de otro modo al modo de la corrupción, la injusticia y la violencia. Dios elige a Israel para que viva el derecho y la justicia (Is 5,7) y así muestre que es posible un mundo de hermanos.

Nota sobre “el Mesías”, y el “nombre” del rey. “Mesías” significa “ungido”, alguien que ha recibido una consagración litúrgica de consagración (ver Ex 40,9-11). En ese sentido, en la Biblia hay varios “ungidos”, como el rey al ser “coronado”; también los sacerdotes son ungidos; hay algún caso de profeta ungido (cf. 1 Re 19,16), e incluso – por ser “pueblo santo” – se habla de Israel como pueblo ungido (Hab 3,13). Coherentemente con la expectativa en la actuación “algún día”, ciertos escritos aguardan que “algún ungido” conduzca a su pueblo por caminos de fidelidad. No se trata de una expectativa en una persona concreta (no es “el” mesías, sino “un” mesías). De allí que en Israel hubiera diferentes esperanzas mesiánicas: algunos (quizás la mayoría) esperaba un mesías político (rey, al estilo David), otros esperaban un mesías sacerdote, o un profeta futuro… o más de un mesías (cf. Zac 4,14). De estos personajes se aguarda que sean fieles, que sepan conducir (“pastores”) a su pueblo en fidelidad, por eso recibirán nombres simbólicos como “Dios con nosotros, ‘immanû ’el (Is 7,14) o como – aquí en el texto litúrgico – Yahvé “justicia nuestra” (tzidqenû). Es interesante que el rey (= pastor) que no escuchó la voz de Jeremías, Sedecías (ver 21,3; 24,8…) significa “Yahvé mi justicia”. Es precisamente eso lo que el rey no hizo. Como el rey futuro lo hará, será justicia de todo el pueblo.

 
Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     2, 13-18

Resumen: la división y enemistad entre judíos y paganos queda anulada “en Cristo” que nos incorpora a “sí mismo” y nos reconcilia y da la paz. De ese modo, todos tenemos pleno “acceso” nada menos que al mismo Dios.


El discípulo de Pablo escribe una carta “abierta”, dirigida a diferentes comunidades. En ella, el tema “judíos” y “paganos” ahora “reunidos” es el tema central (como se vio la semana pasada). Con frecuencia se dirige a “ustedes” que, como hemos visto, son los provenientes del paganismo. De hecho, en un nuevo párrafo (v.11) comienza señalando “los gentiles según la carne”, “llamados incircuncisos”, “lejos de Cristo” (por no tener expectativa mesiánica alguna), “excluidos de la ciudadanía de Israel”, extraños de “las alianzas de la promesa”, “sin esperanza” y “sin Dios (atheoi)”… (2,12). En Rom 9,4-5 Pablo había dicho cuáles eran las riquezas de Israel, riquezas que comparten con los “paganos” al reconocerlos como hermanos (cf. Rom 15,27; 2 Cor 8,14). De eso se trata lo que los paganos carecían por estar “lejos de Cristo”. Pero ahora, “en Cristo” los que antes estaban “lejos” han llegado a estar “cerca” (v.13). “En sí mismo” crea, “en sí mismo” da muerte a la enemistad…

A esta “cercanía” el autor la llama “paz”. Precisamente porque entre judíos y paganos había “un muro” (parece referirse a la imposibilidad de los paganos de entrar en el Templo de Jerusalén. En caso de hacerlo serían apedreados como lo dice un cartel en el ingreso a fin de impedir la entrada a los no judíos. Este “muro” es derribado y calificado de “enemistad”. La “sangre”, la “carne” aluden a la vida entregada de Cristo que logra que los dos pueblos sean “uno sólo”. La “ley” con sus “mandamientos” y “decretos” (repetición exagerada sin duda para resaltar el “lugar” de la enemistad) constituye en auténtico muro, pero “en Cristo” todo se disuelve (o in-corpora) en un solo “hombre nuevo”. Cristo es ese hombre nuevo en quien ya no hay divisiones y – por lo tanto – la característica reinante es “la paz”. Ese cuerpo en el que ambos pueblos son introducidos provoca reconciliación con Dios, y muere en la cruz la enemistad. Esto es calificado, precisamente una vez más como “paz”, a los de lejos y a los de cerca (cita Isaías 57,19 que alude a los judíos de la tierra y de la diáspora, ahora releído en clave “judíos y paganos” como había señalado más arriba). Esta “paz” proviene “por”, “mediante” (dià) Cristo, como “mediante” (dià) la cruz vino la “reconciliación” y “ambos” (judíos y paganos) tenemos “acceso” al Padre “en” un espíritu (es interesante notar el esquema trinitario). Este “acceso” (prosagôgê) Pablo lo presentaba como “acceso” a la gracia (Rom 5,2), en Efesios (también 3,12) es acceso a Dios. La imagen puede provenir del acceso al templo (que tenían vedado los paganos, insistimos), o todos salvo el Sumo Sacerdote el ingreso en el Santo de los Santos (Heb 10,19-22). La “entrada” al campo divino, al espacio de Dios, a Dios mismo ha sido abierta pacíficamente por la reconciliación alcanzada “mediante” la cruz. Esta novedad, ya no se alcanza en el cumplimiento de la “ley”, por el contrario, se logra estando “en Cristo” que es el hombre nuevo (cf. 4,24; Col 2,9-10) que, por lo tanto, vive reconciliado con Dios y “en él” lo estamos todos ya que la enemistad ha sido derribada y anulada.

 
Evangelio según san Marcos     6, 30-34

Resumen: Jesús recibe a los que había enviado y quiere que descansen. Pero la multitud lo sigue y Jesús, movido por su amor entrañable les enseña para que encuentren el camino.


El texto litúrgico prepara un cambio quizás extraño. La liturgia presenta sólo la introducción a la llamada “multiplicación de los panes” que se leerá la próxima semana, pero no seguiremos leyendo Marcos sino que se pasa a leer Juan, el cual se leerá por 5 domingos seguidos (domingos 17º a 21º durante el año), recién el domingo 22 se retomará el Segundo Evangelio. El motivo – seguramente – se debe a que siendo Marcos el evangelio más breve al introducirse elementos de Juan (que además, no se lee habitualmente “durante el año”) se pueden completar las lecturas necesarias. Ciertamente esto altera la línea teológica de Marcos que en el relato de la “multiplicación de los panes” tiene su intención propia (recordar, por ejemplo, que Marcos – y lo sigue Mateo – presenta dos multiplicaciones, una en territorio judío y otra en territorio pagano con un posterior diálogo con los suyos, referencia a la barca y los panes y cuestionamiento de la teología de los fariseos).

Siguiendo un relato continuado, Marcos ha presentado a Jesús enviando a los suyos en misión, y el relato muestra hoy la llegada de los enviados contándole “lo que hicieron y enseñaron” (v.30). En el ínterin narrativo (mientras los enviados se han ido), Marcos pone a modo de paréntesis la muerte del Bautista, omitida en el texto ya que se lee en la fiesta del Santo. Así como lo hace Jesús luego de predicar seguramente porque pretende “descansar” (4,35), procura aquí lo mismo para sus compañeros (lugar desértico, êremon) porque no tenían tiempo ni para comer. Fueron en la barca (es interesante la importancia que la barca, ploion tiene en Marcos: 13x en Mt, 8x en Lc, 7x en Jn y 17x en Mc [no parece que se deba entender como “barca = Iglesia (quizás sí lo sea en Mateo); simplemente Marcos despliega el ministerio de Jesús en torno al lago de Galilea]). 

La actitud de la gente que “corre” para alcanzarlos allí donde lleguen, de “todas las ciudades” prepara la actitud central de Jesús: la compasión, que – además – dará pie a la “multiplicación de los panes”. Al bajar ve “una gran multitud” y es esto lo que lo mueve a “compasión” (splagjnizomai) a causa de ellos. La imagen de un grupo “como ovejas sin pastor” (es un tema frecuente en la Biblia, cf. Núm 27,17; 1 Re 22,17; 2 Cro 18,16; Jdt 11,19; Ez 34,5), el “pastor” es imagen del dirigente (religioso y/o político); lo que se afirma del rebaño / ovejas sin pastor es que andan “dispersos” (1 Re; 2 Cro; Ez), sin un “conductor” (Núm; Jdt); el texto paralelo de Mateo añade “vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor”, molestos y caídos (como se ve, Mateo ha dejado la metáfora pastoril para entrar en un terreno más social). No se dice en el texto a qué se refiere concretamente, pero la idea es clara: abandono, sin conducción. Jesús ve a la multitud (ojlos) pero lo que hace para “orientar” a las ovejas es “enseñarles muchas cosas” [notar que aquí, la compasión lo mueve a la enseñanza, luego multiplicará los panes, en el segundo relato, en cambio, la compasión lo mueve a multiplicar los panes, cf. 8,2]. “Enseñar” (didaskein) es algo propio de Jesús, el Maestro (didáskalos) desde el comienzo del Evangelio (1,21.22), y lo hace “con autoridad” y “como es su costumbre” lo hace a la multitud (10,1; cf. 2,13; 4,1.2; 6,2.6). La enseñanza de Jesús (pastor) es la que permitirá a la multitud (ovejas) orientarse. Esa ausencia es lo que había “conmovido” a Jesús. La compasión (splagjnizomai tiene su origen en splgjna, las entrañas [recordar que es en las entrañas donde está la sede de las pasiones, del amor, las sensaciones; cf. 2 Cor 7,15; Fil 1,8; 2,1; Flm 7.12.20…]; en ocasiones puede traducirse por “entrañablemente”) mueve a Jesús frente a la situación de carencia (1,41; 6,34; 8,2; 9,22) sea para obrar un milagro o para “enseñar” a las “ovejas sin pastor”.


el video con comentario al Evangelio en
https://youtu.be/0Slv3g0UHnY
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2024/07/video-con-comentario-al-evangelio-del_15.html

Foto tomada de www.eltiempo.com

lunes, 15 de julio de 2024

La izquierda de Milei (y otras)

La izquierda de Milei (y otras)

Eduardo de la Serna



Es sabido, y no hace falta más que recordarlo, que, en nuestras lenguas, hay muchas palabras “relativas", es decir, de relación: cerca, lejos, oriente, occidente, antes, después, arriba, abajo, y, por supuesto izquierda o derecha. Son términos que, para poder comprenderlos acabadamente, hace falta un punto fijo para relacionarlos: cerca de algo o de alguien… Por ejemplo, al leer que algo ocurre en “cercano oriente” no es lo mismo si el lector se encuentra en España o en Argentina, ya que en el primero de los casos se estaría refiriendo a Israel o Palestina, mientras que en el segundo., se trataría del Uruguay… Ya se ha hablado, también, del término “Descubrimiento de América”, por ejemplo, entre otros relativismos.

Es en este sentido que la utilización con pretensiones universales de ciertos términos o ideas, resulta, al menos discutible, y, en ocasiones definitivamente falsa. Concretemos: todos, estando en un lugar solemos tener gente a izquierda y derecha, delante y detrás. Obviamente, por ser nosotros los que vemos, hablamos, referimos, nos ubicamos en un supuesto centro. Pero, no es menos cierto que otras personas, también lo pretenderán, y, por eso mismo, quien está a la izquierda o delante de alguien, se encuentra, a su vez, a la derecha o detrás de los primeros.

¿Qué sería, entonces, la izquierda para Milei? Dejo de lado que, evidentemente, se trata de un slogan, o de mera publicidad del miedo, pero, por ejemplo, afirmar que fue “la izquierda” la que atentó contra Donald Trump, y siendo que el tirador era un afiliado al partido republicano, en cierto modo es razonable, Trump, o Milei – como todos (o casi todos) – tienen personas a derecha e izquierda, delante y detrás… pero en otro sentido – o al menos desde una perspectiva cuantitativa – es algo muy discutible, el partido republicano es de derecha.

En sentidos semejantes, son notables las críticas que recibe intensamente el Papa Francisco, por ejemplo, desde sectores ultra conservadores (es decir, de derecha) como el deplorable ex arzobispo Viganò o el ex actor Mel Gibson, entre otros, por, sencillamente intentar descongelar el Concilio Vaticano II.

La clave para comprender mejor pareciera estar en los propaladores que se autoperciben en el centro (y el equilibrio… aunque no parezca haber muchos que afirmen que Milei es alguien equilibrado). No está de más recordar que tanto el capitán ingeniero Álvaro Alsogaray, como el procesado ex presidente colombiano Álvaro Uribe afirmaban ser de “Centro Democrático” … Volviendo a la relación, si Alsogaray, Uribe, Trump o Milei son de centro, ¿cuántos serán (seremos) los que recibiremos el epíteto – para ellos insultante – de ser de izquierdas?

Es evidente, además, que – volviendo a lo relativo – pareciera que para estos sectores “centrados”, es aberrante el atentado contra Trump (¡que lo es!) pero nada dijeron del atentado contra Cristina Kirchner… Mirar exclusivamente para (su) derecha invisibiliza a todo un universo que no entra en su horizonte… y siendo que – en estos casos – son muy pocos los que están a sus derechas y siendo excesivos los de sus izquierdas, son muchos, ¡muchísimos!, los que no son tenidos en cuenta (por ejemplo, Milei dijo “soy un presidente libertario en un país de zurdos”. Y teniendo en cuenta que deplora la izquierda, y quiere eliminarla, se comprenden así mejor sus políticas).

A modo de mirada relativa… Viganò acaba de afirmar que Jesús protegió a Trump ante su atentado. Supondré por un minuto que así fue (aunque queda siempre, en ese caso, la pregunta de por qué no protegió a Kennedy, a Luther King, y a tantos otros), ¿por qué lo habría hecho? ¿Es porque Jesús está defendiendo las políticas de Trump (como el ex obispo insinúa) o porque Jesús quiere mostrar que la violencia política es algo que Él rechaza? Es decir, si así fuera (y dudo que así haga Jesús las cosas) sería sensato tratar de entender acabadamente qué y por qué y cómo lo hace y no ubicar a Jesús a la derecha (porque allí están los que lo dicen), algo que – en todo caso, y siempre si así lo miramos – sería más razonable ubicarlo “arriba”. O, a lo mejor, sería más justo, que los receptores, sean lectores o auditorios, tengan bien claro quién habla o escribe y desde qué lugar lo hace. Prender presentarse como desde un lugar puro, aséptico, casi inmaculado, es, por lo menos falso, en ocasiones manipulador y en todos los casos mostrarse como “desde arriba” lo que, una vez más lo repetimos, es relativo. Otros creemos que hay que ascender al pueblo, a los pobres para desde allí mirar, pensar, entender… y, desde allí, creer que algunas derechas han caído muy, muy bajo.


Imagen tomada de https://sakisgonzalez.com/2023/05/jesus-fue-de-izquierda-o-derecha/


Video con comentario al Evangelio del domingo16° B

Video con comentario al Evangelio del domingo16° B



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Eduardo

domingo, 14 de julio de 2024

No me sorprendió… porque no esperaba

No me sorprendió… porque no esperaba

Eduardo de la Serna



Para evitar malos entendidos, antes de entrar en tema, quiero dejar claros una serie de criterios o pre-juicios personales.

No soy particularmente papista. Y no me refiero a Francisco, sino al Papa, al Papado. Respeto al Papa/do, creo que es el que preside la comunión y la caridad, pero no es el “jefe” de la Iglesia ni c
osas por el estilo (por eso, y lo he dicho varias veces, no me alegran los viajes del Papa, salvo cuando se trata de cosas internacionales). Y por eso no entiendo cuando hablan de la “primavera” de Francisco. El Papa no es la Iglesia, y creo que el invierno – gélido en ocasiones – impulsado por Juan Pablo II y continuado por Benito XVI demoraría muchos años, décadas, en templarse, si “la Iglesia” (no el Papa) así lo quisiera. Pero hay demasiados “osos polares” por doquier.

Creo firmemente que los sínodos son expresión de una iglesia en camino, en escucha, y decidida a dejarse conducir por el único “jefe”, que es el Espíritu Santo. Pero, y es evidente, un sínodo sin “actitud sinodal” no es sino “bronce que resuena o campana que retiñe” (como también lo es el Evangelio, o el Concilio, obviamente, para ese tipo de actitudes). Hace muchos años, en tiempos de los glaciares, recuerdo haber escuchado a un obispo que había ido a un sínodo comentar: “¿para qué nos convocan si está todo cocinado?” Suponiendo la mejor intención y la firme decisión papal de escuchar, nada de eso ocurrirá si en “la Iglesia” no hay una firme actitud sinodal; “el” Papa no es “la” Iglesia, evidentemente. Y, lamentablemente, creo, además, que los papados anteriores provocaron generaciones fascinadas con el invierno. Es decir, no solamente que se sienten a gusto en el frío, sino que también condenan inquisitorialmente cualquier – aunque mínimo – aumento de la temperatura.

Precisamente, notando el clima invernal que nos abarca, no me he manifestado entusiasta ante el sínodo. Un sínodo sobre la sinodalidad sería importante y necesario si hubiera una firme decisión y entusiasmo que se proponga escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias, pero ante tantos jerarcas que se autoperciben dueños y garantes de una única eclesialidad mis dudas se afirman. Ya he señalado, en otra ocasión, que, si congelaron un Concilio, mucho más fácil les resultará poner a hibernar un sínodo. Y, todo esto, lo repito, suponiendo la mejor buena intención romana, algo que me cuesta suponer.

Es sabido que cuando el profeta Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II, rápidamente la maquinaria curial puso a producir documentos propios de Lampedusa y el gatopardismo. Pero en la Iglesia de aquellos tiempos había decenas de movimientos vitales, como los movimientos bíblico, teológico, patrístico, litúrgico, y, paralelamente, el ecuménico, lo cual provocó una intensa modificación de los esquemas vaticanos en los que “todo estaba cocinado”. Pero, es evidente que el Espíritu Santo y su permanente novedad resultaba demasiado incómodo, y entonces surgió el miedo. El miedo que paraliza, que “nos dejó helados”. Es sabido que el frio conserva mejor, así que nada mejor que congelar todo.

Con motivo del próximo sínodo, como es habitual, se publicó un instrumento de trabajo (Instrumentum laboris), y, leyéndolo, no pudimos menos que recordar los esquemas curiales preconciliares. Y, si bien es cierto que en ocasiones el Espíritu Santo toma las riendas del yack y entre patinadas en el hielo conduce la Iglesia a regiones templadas, no son pocas las ocasiones (¡y tantas en los años recientes!) en las que los signos de los tiempos, los clamores del pueblo, y las ligeras insinuaciones de los escasos o silenciados profetas de nuestra era son tapadas por documentos o fogatas inquisitoriales que simulan calores incinerando a las Margaritas Porette o Juanas de Arco de nuestros días. O simplemente las silencian… o las ignoran.

¿Será capaz la Iglesia de hoy de asumir una auténtica actitud sinodal? ¿Será capaz de escuchar al Espíritu? ¿Será capaz de dejar el Instrumentum Laboris en un cajón y ponerse a trabajar en serio en el camino en común? Mientras tanto, con métodos insustanciales que creen que escuchan o dialogan con el Espíritu, sin juzgar, y menos actuar que acompañe a un ver sin profetismo, y en el invierno del miedo no se nos invita a tener casi ninguna esperanza. Ojalá el Espíritu de Dios nos dé una buena sorpresa, ojalá la Iglesia elija despertar de la pesadilla del temor y vuelva a abrir las ventanas a un mundo para el cual, dolorosamente, la Santa Institución es cada vez más irrelevante. Ojalá… A fin y al cabo a lo largo de los milenios el Espíritu supo hacerse escuchar, aunque en los tiempos actuales muchos no tengamos ilusiones.


Foto tomada de https://www.istockphoto.com/es/foto/oso-polar

jueves, 11 de julio de 2024

Judit, una viuda ejemplar

Judit, una viuda ejemplar

Eduardo de la Serna



En las Biblias católicas encontramos un libro que lleva el nombre de una mujer que es desconocida en las Biblias protestantes. Una pena porque se trata de una obra fascinante. No se trata de un libro histórico, sino una suerte de parábola donde se intenta destacar una serie de elementos fundamentales para la vida cotidiana. Veamos brevemente el texto.

Para los conocedores de la historia, el comienzo es extraño ya que habla de Nabucodonosor (que fue rey de Babilonia) como rey de los asirios (su padre derrotó a los asirios) y que gobierna en Nínive, ciudad entonces ya destruida. Por otra parte, los personajes son anteriores al destierro judío, pero se dice que éste ya ha concluido. Sin duda en este relato folclórico, el autor quiere señalar en un momento “todos los momentos”. En todo tiempo de opresión y dominación ocurren cosas como estas que se narrarán.

Nabucodonosor, que se autopercibe como “el único Dios”, quiere castigar ejemplarmente a todos los pueblos que no se le sometieron y envía al general Holofernes con un ejército poderosísimo (120.000 hombres y 12.000 arqueros a caballo; Jdt 2,5.15). En el avance por todos los pueblos “destruyó sus santuarios, taló los árboles sagrados y se dedicó a exterminar todos los dioses del país, para que todas las naciones adoraran sólo a Nabucodonosor y todas las tribus lo invocasen como dios, cada una en su lengua” (3,8). En su rumbo hacia el sur el ejército llega a Judea. Los israelitas se preparan para la guerra y, además, piden a Dios con oraciones, vestimentas de dolor y ayunos (4,9-13). Al ver que no se le someten, Holofernes se notifica acerca de este pueblo y Ajior, un general amonita, le informa con precisión, haciendo una breve historia de Israel (5,6-21). La síntesis es que “si han pecado contra su Dios… subamos y ataquemos. Pero si no hay iniquidad, que mi señor se detenga, no sea que su Dios los proteja...” (vv.20-21). El general no le cree y pone sitio a la ciudad de Betulia para someterla por la sed. Esto desespera a los israelitas que se dirigen a Ozías uno de los jefes de la ciudad (6,15) recriminándole que si se hubiera sometido a los atacantes estarían vivos. “Dios nos ha entregado en sus manos” (7,25). Ozías no ve salida y se compromete ante el pueblo que, si Dios no hace llegar su ayuda en 5 días, entregará la ciudad a Holofernes (7,30-32).

Ahora en este momento (¡recién en el cap. 8!) hace su aparición Judit. Se nos dice que era viuda desde hacía poco más de 3 años. Que cumplía celosamente los ayunos, salvo los días de fiesta, y que era hermosísima. Precisamente por ser una mujer religiosa Judit rechaza el “desafío” a Dios que hicieron Ozías y los habitantes de Betulia, “¿quiénes son ustedes para poner a prueba a Dios?” (8,12). Ozías reconoce su error y entonces Judit hace una contrapropuesta: ella saldrá de la ciudad y antes de esos 5 días el Señor vendrá en defensa de Israel (8,33). Judit tiene un plan, pero antes de cumplirlo vuelve a las oraciones y vestidos de dolor (9,1) y le pide a Dios que escuche “a esta viuda” (9,4). Acabadas las oraciones (10,1) se quitó los vestidos de viudez y realzó su belleza con sus mejores joyas y vestidos. Saliendo de la ciudad ella y su ayudanta son capturadas por una avanzada asiria. Ella les dice que quiere hablar con su jefe y que le dirá el modo de dominar a Israel (10,13). Irónicamente los que la ven dicen que todos los israelitas deben ser matados porque si quedara con vida solo uno como ella “serían capaces de engañar a todo el mundo” (10,19). Todos quedan prendados de su belleza y ella le dice a Holofernes que el pueblo está al borde de pecar comiendo alimentos no permitidos (v.12) y entonces el ejército podrá dominar fácilmente la ciudad (lo cual es coherente con lo que Ajior había dicho). Incluso se presenta como sierva de Nabucodonosor (11,4.7). Pide quedarse en el campamento y sólo salir por la noche para rezar y comer la comida apropiada que ha traído de la ciudad. El general quedó cautivado por las palabras y la belleza y le permitió hacerlo a la espera del momento del “pecado del pueblo” que le permitiría capturar Betulia sin riesgo. Pasados tres días, y víctima del alcohol, Holofernes pretende seducir y poseer a Judit y ella simula consentirlo. Pero cuando cae rendido por el vino ella con la espada del general le corta la cabeza (13,8). Y simulando, como todas las noches, salir a hacer oración (13,10) vuelve a su ciudad con el trofeo de guerra (13,11). Esto provoca desconcierto en los asirios que serán derrotados por los judíos (14,19) y se celebra fiesta en el templo de Jerusalén (15,8; 16,18-20) y se canta un salmo (16,1-17).

Como dijimos, el texto es un relato folclórico (es decir, no hay que entenderlo como hechos históricos), y hay varias cosas que el autor quiere resaltar: para empezar, el contraste notable entre el único Dios de Israel y el único “dios Nabucodonosor” (un contraste de monoteísmos); éste tiene un ejército poderoso a su servicio, Yahvé se sirve de una simple viuda (que para la Biblia es un sinónimo de debilidad y desprotección). El ejército poderoso que destruye ciudades y pueblos enteros no puede con la pequeña Betulia. Pero la religiosidad no está dada por pretender que Dios haga nuestra voluntad (eso sería “poner a prueba a Dios”) sino en ponernos a su servicio. Así, el pueblo de Dios (“Judit” significa la “judía”) siendo fiel a Dios y a su voluntad debe saber que cuenta con la compañía de Dios en todo momento de la historia. A eso estamos invitados a pesar de que la publicidad de los poderosos nos invite a poner a Dios a prueba para que él haga nuestra voluntad.


Foto tomada de https://blog.febic.org/2021/11/05/ester-judit-y-las-otras-la-metafora-del-poder/

martes, 9 de julio de 2024

Comentario a las lecturas domingo 15º B

 

La obra y predicación del Reino

cuenta con aquellos a los que Jesús ha enviado


DOMINGO DECIMOQUINTO - "B"


Eduardo de la Serna





Lectura de la profecía de Amós     7, 12-15

Resumen: La palabra dura de Amós es cuestionada por el sacerdote encargado del santuario y pretende expulsarlo de la tierra. Amós insiste en que es Dios mismo quien lo ha llamado y encargado hablar a Israel.


Amós es un profeta sumamente conflictivo, “no tiene pelos en la lengua”. Y eso molesta. Después de una serie de oráculos muy duros (muchos comenzados directamente con “Ay de los que…”. Cf. 5,7.18; 6,1) en el capítulo 7 comienzan una serie de visiones (“Esto me hizo ver el Señor Yahvé”, cf. 7,1.4.7; 8,1). Pero entre la 3ª y 4ª visión el profeta (o el recopilador) se interrumpe y narra el conflicto de Amós con el sacerdote de Betel, Amasías (7,10-17). El texto litúrgico es un fragmento de este conflicto.

Amós es proveniente del sur, de Judá, pero se sabe enviado por Dios a predicar en otro pueblo, en Israel, al norte. Ante la predicación tan dura, el sacerdote le informa al rey (vv.10-11) y sin que conozcamos la respuesta de éste, toma la iniciativa de expulsar a Amós a su tierra (“vete”, v.12). Irónicamente, el nombre del sacerdote, “Amasías”, significa “Yah[vé] es fuerte”. Betel es quizás el más importante santuario de Israel, reestructurado por el rey Jeroboam al asumir el trono luego de la muerte de Salomón (cf. 1 Re 12,29). Amós ha hecho frecuentes referencias a Betel (cf. 3,14; 4,4; 5,5.6) y criticado con mucha dureza el culto; es interesante recordar que “Betel” significa “casa de Dios”. No es culto lo que Dios quiere sino justicia. El culto sin una vida de justicia debe verse como idolatría, un “Dios hecho a nuestra imagen”. 

Con nueva ironía, el sacerdote informa al rey que en Betel (casa de Dios) el profeta conspira contra la “casa de Israel” (en este caso, entendida como la dinastía del rey). El rey, homónimo del primero, Jeroboam II se ha caracterizado por llevar adelante un gobierno en el que los ricos se desentienden de los pobres, los oprimen, e incluso roban. Y Amós ve en esto el foco de la corrupción que terminará destruyendo al mismo pueblo. Israel y Judá tienen su razón de ser en vivir como auténticos hermanos, el “derecho y la justicia” (5,7.24; 6,12), y entonces, vivir de una manera opuesta es indicio de que se han olvidado de Dios (y Dios se desentenderá de ellos). 

Es ante esto que reacciona Amasías. Por un lado le afirma que debería ir a predicar a su tierra (Judá) y no en un lugar del que no es parte. Además le reitera que donde está hablando es “betel” – santuario del rey -  casa del reino” (nueva ironía).

Algo importante para una buena comprensión del texto es que el “profeta” (nabî) con mucha frecuencia se trata de un personaje “profesional”, alguien que recibe (muchas veces de la corte) un salario por “pronunciar una palabra”, especialmente cuando se espera algo en relación al futuro: salud, cosecha, guerras, etc… A cambio de salario el nabî “profetiza”. Es lo que dice Amasías a Amós, que vaya a “ganarse su pan” a su tierra. Y es eso lo que Amós dice al afirmar que no es “profeta ni hijo de profeta” (profesional, ha de comprenderse). De hecho, su profesión, y con lo que se sustenta, es ser campesino, pastor (cuidador de ganado, como sabíamos por 1,1) y “picador de sicómoros” (el sicómoro es una higuera silvestre a la que se la “pica” en el tiempo preciso para eliminar el sabor agrio de los frutos. Suele ser alimento de los pobres). No sabemos si se trata de ganado y frutos propios de Amós o si se trata de un jornalero, pero lo cierto es que no profetiza por dinero. No es por eso que está en Betel sino porque “Yahvé lo tomó…” y le dijo “ve y profetiza a mi pueblo Israel” (v.15). 

A modo de conclusión – omitido en el texto litúrgico – Amós “profetiza” a Amasías: ya que le dice que “no hable” pues “hablará”, y lo que dirá será terrible para el sacerdote y su familia.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     1, 3-14

Resumen: Un himno canta los beneficios históricos de Dios a su pueblo Israel alcanzados en plenitud en Cristo. Pero esos dones también se amplían a los paganos por la fe en el Evangelio predicado.

El autor de la carta a los Efesios, un discípulo de Pablo, introduce un himno que posiblemente ya conociera. El mismo comienza con una “bendición”, que reemplaza las habituales “acción de gracias” típicas de Pablo (lo mismo ocurre en 2 Corintios y en 1 Pedro). En el himno, para comenzar, debe notarse que la primera parte está en primera persona del plural (“nosotros”) mientras que a partir de v.13 pasa a la segunda persona del plural (“ustedes”).

Los verbos que se atribuyen como beneficio a “nosotros” son: bendecido, elegido (santos, hijos adoptivos), tenemos redención, nos dio a conocer el misterio, somos herederos, ya esperábamos (vv.3-12). Es evidente que todo esto se dice en ambientes judeo-cristianos. “En Cristo” se han alcanzado todas las esperanzas y plenificado todo lo que ya había. Todo aquello que los judíos decían de sí mismos, o que aguardaban está allí señalado como alcanzado a partir de Cristo. 

Los judíos saben que han sido elegidos, es lo propio de su ser como pueblo (Dt 7,6; 1 Re 3,8; Sal 105,43; 106,5; Is 43,20). Pero esta elección es a “ser santos” porque Dios “es santo” (Lev 11,44.45; 19,2; 20,26). “Irreprochable” (ámômos) es  propiamente lo que se dice de los animales para la ofrenda, que han de ser “sin defecto” (Ex 29,1; Lev 1,3; Num 6,14…) pero se pretende también del creyente (2 Sam 22,24.33; Sal 15,2; 17,24.31.33…). Ser “hijos adoptivos” se afirma también de Israel (cf. Ex 4,22.23; Os 11,1; cf. Rom 9,4). La “redención”, liberación es un “desatar” de algo que tenía cautivo a alguien. Esto se repetirá en relación a la “herencia” en v.14. La “riqueza de la gracia” se manifiesta en esta redención y el perdón de los delitos.

El “misterio” es una terminología importante en la carta. La palabra es frecuente en la literatura apocalíptica, se refiere a circunstancias del plan de Dios en la historia que resultan incomprensibles para el pueblo “en este momento”, pero que se espera en un futuro “Dios revelará”. En esta epístola (3,3.4.9; 5,32; 6,19; cf. Col 1,26.27; 2,2; 4,3) se trata de que al fin se ha revelado que tanto judíos como paganos participarán de las bendiciones de Dios:

…cómo me fue comunicado por una revelación el conocimiento del Misterio, tal como brevemente acabo de exponerles. Según esto, leyéndolo pueden entender mi conocimiento del Misterio de Cristo; Misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que ustedes los gentiles son coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio, del cual he llegado a ser ministro, conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder”. (3:3-7)
Pero esto, ocurriría en “la plenitud de los tiempos” (cf. Gal 4,4, aunque aquí utiliza jronos mientras en Efesios usa kairós). Así, “todo” se “recapitula”, tiene por cabeza (anakefalaióô) a Cristo. 

Así somos “herederos” (klêroô) algo elegido de antemano, previo designio, su voluntad (es clara referencia al plan de Dios), lo cual es algo que “esperábamos”. Obviamente todo esto se ha alcanzado plenamente “en Cristo”, es “alabanza de la gloria” (vv.1,6.12.14). 

Pero “Pablo” da aquí un paso más (en coherencia con el “misterio”): “ustedes”, los no judíos “también” recibieron el “espíritu” de “la promesa”. Para comenzar, esto ha tenido el clásico movimiento paulino de “palabra y respuesta", han “oído” y han “creído” en el Evangelio (Rom 10,14). Esto es como un tatuaje (sfragizô), un sello indeleble (2 Cor 1,22; cf. Ef 4,30) con el que el Espíritu se fija en la vida de “ustedes”. Es espíritu de la promesa que “ustedes” antes no tenían (2,12) pero de la que ahora participan (3,6). Este tatuaje “marca” (arrabôn; ambas palabras sfragizô arrabôn se encuentran en 2 Cor 1,22) la “herencia” (klêroô) para esa redención / liberación (cf. 1,7.14; 4,30) de su posesión, para alabanza de su gloria. Este don del Espíritu, signo de la “plenitud de los tiempos” está grabado en “ustedes” y de ese modo participan, con su fuerza y su gracia, de todos los dones que Dios otorgó a su pueblo elegido del cual ahora “ustedes” participan por la predicación y la “fe” en el Evangelio.


Evangelio según san Marcos     6, 7-13

Resumen: Aquellos que Jesús eligió para que estén con él son ahora enviados para continuar con la misma obra y palabra del Maestro. Deben manifestar plena confianza en el Dios que los acompaña en el camino, pero a su vez saber que en muchos casos serán rechazados.


El Evangelio de Marcos comienza en el texto de hoy (en realidad comienza en la segunda parte del v.6) la tercera parte de la primera unidad (1,14-8,30). Como las dos unidades anteriores comienza con una referencia a los discípulos (1,16-20; 3,13-19) aunque dando siempre un paso más a la anterior. Al comienzo los elegidos son signo de lo que comienza (el Reino), luego están llamados para estar con él y son enviados a predicar y expulsar demonios cosa que se concreta en el texto de hoy. 

El envío de “dos en dos” alude a la necesidad de dos personas para dar testimonio de algo (Dt 19,15). Y lo primero que se destaca es el poder / autoridad (exousía) para expulsar demonios. La autoridad manifiesta la capacidad de Jesús, su palabra tiene autoridad, y se manifiesta en sus hechos (como la expulsión de demonios; es decir, Jesús “dice” que el Reino está llegando, y eso se manifiesta patentemente en su capacidad de expulsarlos); comunica esa autoridad / poder a los suyos (3,15; 6,7; cf. 13,34). Pero con esa misma autoridad (de Hijo) también expulsa a los vendedores del Templo mostrando el sentido que el Templo tiene en el proyecto de Dios (“casa de oración para todos los pueblos”). 

La “expulsión” (exballô), el “poder” (exousía) sobre los “demonios” (daimonía) o “espíritus inmundos” como se ha visto con frecuencia es tema importante en Marcos. Los “espíritus inmundos” (pneuma akathartos) es un término preferido por Marcos (Mt x2; Lc x6 [Hch x2], Mc x11). Hay una estrecha relación entre esta “expulsión” y la inauguración del Reino de Dios; por otro lado – se ha dicho en otro lugar – es importante señalar que propiamente hablando “Jesús no hace exorcismos” ya que un exorcismo es un ritual, supone  una serie de “ritos”, mientras que lo que se dice de Jesús es que con su autoridad los “expulsa”. Nada puede/n hacer el/los demonio/s ante esta autoridad que, se señala en el texto, Jesús comparte con sus “enviados”. No es ajeno a esto que el envío sea con autoridad para hacerlo. El resto es una suerte de complemento: el anuncio del Evangelio y los destinatarios.

El envío tiene dos partes, la primera una “orden” (paraggellô, v.8) luego “les dijo” (“élegen”, v.10; en este caso la fórmula “y les decía”, kaì élegen autois es frecuente de Marcos: 2,27; 4,1.2.21.24; 6,4.10; 7,9; 8,21; 9,1.31; 11,17).

La primera orden a los “enviados” (apostéllein) alude a lo que pueden y lo que no deben llevar en la misión. La segunda palabra alude al lugar y modo de relacionarse con los destinatarios. Con un breve sumario (v.12-13) alude a la realización del encargo: si habían sido enviados “a predicar y con autoridad para expulsar demonios” (3,14-15) aquí se indica que lo hicieron. Se acota un tercer elemento que es la sanación de enfermos “ungiéndolos con aceite” (cf. Sgo 5,14). 

Lo único que pueden llevar los misioneros es un bastónsandalias y sólo una túnica. El bastón es propio del caminante. Es un cayado para sostenerse en el trayecto largo, simplemente una ayuda para caminar (es interesante que en el texto Q que usan Mt y Lc dice que tampoco han de llevar bastón, Lc 9,3 / Mt 10,10). Lo que no han de llevar es aquello que les garantizaría el sustento (pan, un bolso, o dinero). La confianza en el Dios que proveerá es el punto de partida del criterio misionero. En Jos 9,3-16 los gabaonitas para no ser aniquilados y parecer peregrinos distantes y pobres se calzan sandalias viejas, bolsas viejas, pan seco. Es un signo de la pobreza y la astucia les permite salvar sus vidas. Por el contrario, Pedro debe salir de la cárcel rápidamente para lo que el ángel le encarga calzarse las sandalias, ponerse el manto y ajustar el cinturón (Hch 12,8). Se trata, entonces, de implementos del caminante. La túnica es el vestido común, y basta con una sola (cf. Mt 5,40; Lc 3,11). Los misioneros deben viajar “ligeros de equipaje” para estar prontos a confiar en Dios que acompaña y cuida.

En cuanto al destino, deben aceptar la hospitalidad de quienes los reciben. Pero han de tener en cuenta la posibilidad del rechazo. En este caso, el polvo adherido a los pies (cf. Is 49,23) deben sacudirlo para que no quede memoria de aquellos (cf. Hch 13,51; 18,6). 

Continuando el ministerio de Jesús, entonces, los “enviados” expulsan demonios, predican y sanan enfermos. Los discípulos empiezan a ocupar su lugar en el Evangelio (aunque serán constantemente malos entendedores del mensaje de Jesús; de eso se trata gran parte de lo que continúa el texto).