martes, 29 de septiembre de 2020

Comentario domingo 27A

Dios nos convoca para dar frutos de vida

DOMINGO VIGESIMOSÉPTIMO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     5, 1-7

Resumen: en un canto el profeta contrasta el amor de Dios a su pueblo con la respuesta que este ha dado. Es todo lo contrario de lo que él esperaba y las consecuencias son evidentes, dios se desentenderá de aquello a lo que tanta dedicación había puesto.

Para comprender bien este texto poético, presentado como una “canción de amor”, resulta útil ver cómo está conformado:

[A] Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña.                      [título]

[B] Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.

[C] La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita.

Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar.

[D] Y esperó que diese uvas, pero (y) dio agraces.

[E] Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, vengan a juzgar entre mi viña y yo: ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?

[D’] Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?

[C’] Ahora, pues, les hago saber, lo que pienso hacer con mi viña:

quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.

[B’] Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde, crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.

[A’] Pues bien, viña de Yahvé Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito.

Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.

[conclusión]

La forma concéntrica muestra (A) un título y una conclusión que aluden a Israel como viña de Yahvé. Una viña plantada para obtener frutos. En segundo lugar (B) el contraste entre el principio y el final a partir de los (no) frutos conseguidos (fertilidad / desierto). Todo lo que fue preparado (C) para que la viña logre su cometido es desarticulado. La causa es que si bien el objetivo eran las uvas, lo conseguido fueron frutos agrios. En el centro se ubica la invitación a los oyentes a “juzgar”, es evidente que más no se podía hacer. El objetivo no cumplido, sino malogrado es el que ha llevado a toda la inversión: lo preparado para proteger la viña ahora es desarticulado, lo que era fértil ahora es erial. 

Y la razón de todo es la diferencia entre el fruto esperado y el fruto logrado. La ironía entre uno y otro se percibe mejor en hebreo: esperaba “derecho” (mispat) pero hubo “crímenes” (mispah), esperaba “justicia” (tzedaqa‘) y hubo “clamores” (tze’aqa‘). El “derecho y la justicia” es algo fundamental en Israel. El texto nos afirma que “para eso” Dios lo eligió. Pero lo que han dado es lo opuesto: derramamiento de sangre y clamores (gritos de dolor, un término muy frecuente en la Biblia, cf. Ex 3,7.9. Dios no es indiferente a esos clamores (Ex 22,22) como al clamor de la sangre de Abel (Gen 4,10). Tal es el mal fruto que la viña ha dado a aquel que ha dedicado todos sus esfuerzos de amor a la viña, tantos que todos pueden juzgar ¿qué más se podría hacer que no lo haya hecho?


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos     4, 6-9

Resumen: A modo de conclusión de la carta, Pablo recurre nuevamente a los afectos que son claros entre él y la comunidad de Filipo. Para ello los exhorta a vivir conforme a lo que ha enseñado en una nota marcadas por la alegría y la paz. 



La conformación de la carta a los filipenses es muy discutida. Varios autores suponen que hay varias cartas originales en su seno (se suele hablar de dos cartas y una nota breve). El texto que presenta hoy la liturgia es, precisamente lo que relaciona esta nota (4,10-20) con la segunda carta (3,1b-4,3). Forma parte, se dice, de la conclusión de la primera carta donde no hay un tema organizado. Más bien se parece a una suerte de temas genéricos que se desean a los destinatarios al concluir.

Literariamente es una conclusión (los retóricos la llaman peroratio), y hay elementos interesantes a tener en cuenta en este punto: es frecuente que se caractericen – como aquí – por lo afectivo [propiamente la unidad abarca los vv.4-9]. La ausencia de adversarios o conflictos, que sería de esperar habitualmente, revela la excelente relación de Pablo con la comunidad, y que lo dicho en el c.3 frente a quienes predican la circuncisión o bien es posterior a esta unidad – como pensamos – o que Pablo está confiado en que los filipenses no darán crédito a la predicación judaizante. Es interesante que toda esta serie de elementos de la vida cristiana a los que Pablo alude comienzan con la alegría y terminan con la paz.

La insistencia en la alegría (v.4) retoma lo dicho en 3,1a; quizás sea su continuación interrumpida (sea por el añadido posterior, o sea por razones retóricas), por la unidad referida a los predicadores de circuncisión: 3,1b-4,3. Pero aquí la alegría – tema principal de la carta – aparece como mandato, ¡y en plural!, la comunidad toda debe vivir en alegría, no es un “consejo de piedad individual”. Lo siguiente que se dice es la “clemencia” (epieikês), que contrasta con la fría justicia estricta, es la magnanimidad, y junto con la “mansedumbre” es característica de Cristo (2 Cor 10,1; ver Sal 85,5 LXX), pero esta cualidad es algo que todos los de fuera deben ver como característica de los cristianos. La frase “el Señor está cerca” puede entenderse o bien en un sentido cristológico (y hacer referencia temporalmente a que está próxima su venida) o en sentido teo-lógico: “el señor está cerca de aquellos que lo invocan” (Sal 145,18; ver 34,19; 119,151 y el contraste: “no estés lejos”, 22,2.20). Siendo que la referencia que viene a continuación alude a la oración está última lectura es posible. Puesto que Dios se ha vuelto cercano, no hay motivo para “angustiarse” por razón alguna. Ciertamente Dios es más grande que cualquier dificultad que la comunidad tuviera. La referencia a la oración la remarca con tres términos que se acompañan mutuamente: oración, petición y pedidos (proseujêdeêsei y aitêmata) todo esto acompañado de “acción de gracias” (lo que revela el estar libre de ansiedades). Todo esto conducirá (en futuro) claramente a la “paz” (eirênê) de Dios. La idea “paz de Dios” se suma a que “sobrepasa” todo, lo que tiene una marcada nota de contraste con la “pax” romana. Filipos es ciudad militarizada (colonia romana), y señalarle a los destinatarios la paz que es “de Dios”, que está asegurada como fruto de la oración y que está por encima de todo, sin duda libera a los destinatarios de toda angustia (la metáfora militar de la paz tiene connotaciones contraculturales en el contexto). La paz no es instituida por la violencia y la presión sino por el amor. Precisamente por esto señalará cualidades morales, con connotaciones greco-romanas y también específicamente cristianas en los versículos que siguen (vv.8-9).

Es interesante el contraste entre los vv. 8 y 9. Mientras en v.8 no hay un “y” (kaì) que relacione todo y se dice literalmente: “cuanto es verdadero, cuanto venerable, cuanto justo, cuanto puro, cuanto agradable, cuanto admirable, si virtuoso y si valioso, ténganlo en cuenta”, en v. 9 el “y” (kaì) aparece frecuentemente: “y lo que aprendieron, y recibieron, y escucharon, y vieron en mí, eso practíquenlo y el Dios de la paz estará con ustedes”. Se ha señalado que los primeros refieren a virtudes características entre los moralistas greco-romanos, mientras los segundos son virtudes propias de los cristianos: las más importantes virtudes sociales (del ambiente) ¡y estéticas!, alcanzan su plenitud “en Cristo”. Es posible. Vv. 8-9 completan lo preparado en 4-7 y nuevamente – como allí – la conclusión está dada por “la paz”. La fe cristiana, para Pablo, no niega los valores de las culturas sino que los valora; aunque la excelencia se obtiene imitando a Cristo, lo verdaderamente valioso. La paz de Cristo no se asemeja en nada a la “pax romana”; el Emperador no puede cambiar los corazones; la paz de Cristo dura “por siempre”


Evangelio según san Mateo     21, 33-46

Resumen: En una parábola, a la que Mateo añade un versículo muy importante (v.43) destaca la importancia de que el pueblo de Dios le dé a su “propietario” los frutos que le pertenecen. La violencia de los antiguos tenedores, ejercida sobre el hijo, hará que ese “pueblo" cambie de manos.


La parábola llamada de “los viñadores homicidas” se encuentra en Marcos, y Mateo la retoma haciéndole algunos interesantes añadidos que refuerzan su teología. Destacaremos especialmente estos elementos:

Por lo que parece, la parábola ya tenía elementos alegóricos por su obvia referencia a Isaías 5 (primera lectura), pero Mateo profundiza esta alegoría reforzando la semejanza con el texto.

Is 5
Mt 21
Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y   además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. (vv.1-2)
«Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. (v.33)
Ahora, pues, voy a hacerles saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada. (v.5)


Una breve nota sobre la “alegoría” y la “parábola”. Una parábola es un texto narrativo en el que se pretende resaltar un elemento que se ha de tener en cuenta. La alegoría, en cambio, presenta muchos aspectos que han de entenderse simbólicamente y se dirigen a la comprensión. Hay algunos casos de parábolas que presentan algún elemento alegórico, como es el caso de la que comentamos, pero eso no significa que todo el texto sea una alegoría. Leerlo de este modo puede implicar forzar el sentido, y perder de vista el sentido principal.

El contexto lleva a un agravamiento progresivo del conflicto que desde la expulsión de los vendedores (v.12-17), el debate sobre la autoridad (v.23-27) y la referencia a que “publicanos y prostitutas los precederán en el reino” (v.28-32) se va acentuando a cada momento. El texto tiene dos grandes partes que comienzan cada una por "cuando" (vv.34.40) y tienen "frutos" formando una inclusión (vv.34. 43, cf.41); la primera se centra en la infidelidad y la constancia de Dios, la segunda acentúa el castigo.

Al decir “escuchen”, Mt la dirige a los jefes que es a quienes interpela. El personaje es un "propietario" (cf. 13,27; 20,1.11; cf. Mc 14,14) que alude a las relaciones entre Dios y la humanidad como "señor-siervos" (cf.10,25; 13,27; 20,1.11). No se trata entonces tanto de la viña sino de la propiedad, la propiedad de Dios, y su alejamiento subraya la responsabilidad de los viñadores.

Presentado el tema, comienza el desarrollo de la parábola presentado con el primer “cuando”. La alegorización que se va descubriendo permite sospechar que el "tiempo de frutos" (cf. 13,30) aluda a su vez al Reino se acerca: 3,2; 4,17; 10,7; cf. 26,45s; 12,28); cf. 24,32s donde se acerca el tiempo escatológico. El tema refiere a entregar a Dios los frutos del Reino; se remarca la fidelidad o infidelidad a la alianza como puede verse en Sal 1,1-3.

El envío de los "siervos" [Marcos había dicho “un siervo”] en dos turnos puede aludir a los profetas (23,34.37/ Lc 13,34) o a profetas y justos (13,17), aunque no conviene alegorizar excesivamente. Narrativamente es razonable que haya más de un envío antes del último.

La violencia de los encargados alude al agravamiento de las relaciones que hemos destacado: golpear y matar lo destaca; el apedreamiento, en cambio tiene otras connotaciones (cf. 2 Cr 24,21; Heb 11,37; Lc 13,34; Mt 23,37; sobre el destino de los profetas (cf. Jer 26,23; 20,8; cf. Neh 9,26).

Al enviar el hijo, el propietario juega toda su autoridad, reforzando la relación (Marcos había dicho “un hijo amado”, Mateo destaca que es “su” hijo). Esto lo hace "finalmente" (hysteron) lo que indica que se trata de la última oportunidad (4,2; 21,30; 25,11; 26,60). "Hijo" es común en Mt (2,15; 3,17; 4,3; 8,29; 14,33; 16,16; 26,63; 27,43.54). La reflexión del padre sospechando que "respetarán" supone que habrá respeto al padre/propietario en la persona del hijo.

Cuando los labradores afirman que "es el heredero" eso supone reconocimiento, es decir que no hay error. Con esto se revela la gravedad de rechazar a Dios en la persona del hijo; Cristo está en conexión con el envío de los profetas, pero más que eso, como "hijo" y "heredero" (16,16; cf. Hb 1,1s), con lo que aparece como profeta escatológico. Hay, además, una ironía en que Israel no se reconoce como el heredero.
El orden: sacado fuera-asesinado (= Lc; en Marcos era matado y echado fuera, 12,8) no implica un saber histórico de que Jesús fue matado fuera de la ciudad (cf. Lv 24,14-16.23; Nu 15,36; Dt 22,24; Hch 7,58 y también Lev 16,27) pero de todos modos la referencia acentúa la alegoría.

La parábola propiamente finaliza aquí, pero partiendo de ella – y suponiendo que los interlocutores siguen con la imagen mental y han comprendido a qué/quiénes se ha referido, pasa a la segunda parte del relato con el segundo “cuándo”.

Que haya una respuesta de los interlocutores es común en Mt. En este caso "hará perecer" ¿refiere a la caída de Jerusalén o implica alegorizar demasiado? Esos "otros" a los que se entregará la viña se especifican en v.43, no se trata de un simple cambio de jefes: ¿es el reino y el pueblo representado por los jefes?, ¿es el templo y los sacerdotes expulsados por los pobres y los justos con los que Jesús se identifica? No debemos forzar la alegoría, refiere a que quienes reciban al hijo entrarán al servicio de Dios; Jesús les revela su responsabilidad.

La frase preguntando si "nunca han leído" revela que el contexto es evidentemente apologético y polémico (ver 12,3.5; 19,4; 21,16; 22,31).

Con la cita del Salmo 118 se da un paso del interés del reino en la obra de Dios al tema de la resurrección de Jesús (un cambio cristológico), un paso del tema de la viña / propiedad al tema del hijo. El "rechazo" es el término técnico de una moneda juzgada falsa por un experto (Jer 6,30) pero es utilizada con frecuencia en el NT para aludir al rechazo que ha padecido Jesús por parte de las autoridades (“constructores”) cf. Mc 8,31; Lc 17,25; 1 Pe 2,4. Al aludir a la "piedra angular" no es importante saber si refiere a la piedra del ángulo de la casa – a la base – o a la piedra que remata el arco en la superficie, lo que cuenta es que se trata de la piedra principal.

Aquí Mateo interrumpe el tema de la “piedra”, que continuará en v.44 para insertar un dicho que le es propio y que refleja un elemento central de su teología:

Los sacerdotes no han creído; otros – el Nuevo Israel – dará fruto. Explicita el v.41, el rechazo de Israel relacionando este versículo con un Nuevo Pueblo; la viña designa el Reino, por tanto los viñadores designan a Israel. Se les quitará “el reino” para darlo a otro “pueblo” (no usa laos sino ethnos) quizá designa una nueva generación (Jer 7,28-29); "nación” fiel serán los que den frutos (cf. Rm 9,25; 1 Pe 2,10). La "viña" designa la obra de la salvación confiada a Israel por la alianza el centro está claro: pide cuentas al judaísmo incrédulo y anuncia la sustitución por un nuevo Pueblo de Dios. La referencia a Isaías lleva a remontarse a Israel, pero se da una nueva dirección en este versículo: en la parábola ya no es Israel sino el Reino (cf. Jer 7,24-26; Mt 23,34-36; cf. 27,25). Los frutos del Reino son una justicia superior a la de los fariseos (5,20). Sugiere castigo y promesa: recusación del antiguo pueblo y formación del Nuevo. Llegando al tema del Reino, Mateo dio con el sentido original y de allí dio un paso eclesiológico: con esto subordina la cristológico a lo eclesiológico. 

Que el reino sea "de Dios" (y no de los cielos), que los frutos se produzcan y no "entreguen" (cf. 21,41) y que se hable de "un" pueblo invita a pensar que el texto es propio de Mateo; la viña designa el reino; "dar-quitar" es también de Mt 13,12 (cf. 25,29). Al utilizar el singular (a “un pueblo”) no designa a "las naciones", sin duda se refiere a "la Iglesia" (cf. 1 Pe 2,9 donde ethnos y laòs están en paralelo); es una sentencia cristianizada (cf. Jer 7,28-29). 

La parábola con el añadido de Mateo apunta al destino del reino en perspectiva eclesial que engloba lo cristológico: el advenimiento del nuevo pueblo de Dios va ligado al destino del enviado-hijo, es importante ponerse de su lado. De todos modos es importante notar que cuando Mateo escribe esto ya era un hecho, la Iglesia se sabía “nuevo pueblo”, por lo que el mismo juicio a los labradores puede caer sobre la iglesia: el criterio es la fidelidad, todos deben dar a Dios los frutos que le pertenecen. 

El v.44 retoma el tema de la piedra en un dicho formado con Dn 2,44 + Is 8,14. El versículo es omitido en algunas Biblias – suponiendo que está tomado de Lucas – pero hay que mantenerlo. El juicio será según sea la respuesta dada en relación a la aceptación o rechazo de la piedra-Jesús (nuevamente pasa a lo cristológico). Retoma – para concluir – el auditorio, pero a los “sumos sacerdotes” les añade a los "fariseos" lo que es anacrónico para tiempos de Jesús (cf. también 27,62), pero es coherente para tiempos del evangelista. El pueblo (ojlos, multitud) una vez más le sirve a Jesús de escudo ante los que intentan capturarlo (14,5; 21,26).

Una breve nota sobre la Iglesia, el “nuevo pueblo” e Israel en Mateo. En la comunidad de Antioquía – donde Mateo escribe – hay una comunidad judía muy importante, ligada estrechamente a los “fariseos”, al grupo rabínico. La comunidad de Mateo parece “pequeña” en ese entorno (notar el uso de “pequeños” en Mateo) pero entra en conflicto con ellos por reconocerse unos y otros como los “verdaderos” hijos de Israel. La insistencia en Mateo de que las escrituras se “cumplen” o la pregunta acerca de si “¿no la han leído?” debe entenderse en este sentido. Lo mismo que el texto, que tantos conflictos causó por su mala comprensión, de 27,25: “su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (y el lavado de manos de Pilatos). El texto debe entenderse en el conflicto mutuo de reconocerse (y no reconocer al otro) como verdadero pueblo de Dios (“se le dará a otro pueblo”). Lamentablemente esta mala lectura causó estragos en nuestras relaciones con los judíos (y en sus vidas), nuestros “hermanos mayores” las que, es de desear, jamás vuelvan a repetirse.


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