miércoles, 23 de octubre de 2019

Carta abierta a una ministra desmemoriada


Carta abierta a una ministra desmemoriada


Eduardo de la Serna Obarrio etc…



Señora ministra:

En estos momentos estoy en una tensa calma… no sólo por las añoradas elecciones del próximo domingo, en las que espero intensamente que todo lo que se anuncia sea una realidad, sino también pensando en nuestros hermanos de Bolivia, y la diferencia entre las mesas llenas y la Mesa vacía, en nuestros hermanos de Bogotá que el domingo también podrán elegir entre ser humanos o seguir la dolorosa inhumanidad que hace tanto comenzaran, y nuestros queridos hermanos chilenos que amagan con querer sacarse de encima 30 años de pinochetismo constitucionalizado… Escribo esto escuchando música (no sólo el Perro lo hace), canta uno de mis cantautores preferidos, un chileno al que la leyenda dice que le cortaron las manos en un estadio. ¿Le suena todo esto? Quizás si despejara un poco los vahos de los lácrimógenos, el gas pimienta y la violencia pueda recordarlo. La memoria es importante (como la verdad y la justicia, pero es otro tema y no quiero que sienta que la estoy agrediendo).

Siempre supe que cometí errores. Creo que también mis compañeros. Pocos hoy estamos vivos para saberlo, y mantener nuestros sueños en pie. Claro que también sé, y sabemos, que hubo y hay quienes reniegan no sólo de medios sino también de fines. O peor… ¡Mucho peor! Y aquí empieza mi sorpresa. ¿No es curioso que en lugar de rechazar una muerte (o varias) ahora aplauda o “nos explique” otras muertes, como las provocadas por los que ayer combatía? Y ya no sólo explicar y aplaudir las muertes de Santiago y Rafita, abrazar a Chocobar, sino hasta justificando los crímenes en Chile. ¿Tanta culpa tiene que exorcizar? Tantos elogios a las fuerzas, tanto deseo que todos tengan – tengamos – miedo al ver alienígenas robotizados (robocopes autóctonos) me hacen pensar. ¿No se le ocurrió, en cambio, empezar terapia? Digo, porque así podrá elaborar todo lo que le pesa y no afectar a todo un pueblo, y – peor aún – a miles de compañeras y compañeros con los que ayer compartía sueños. Dejar de ser “Cali” para pasar a ser “Pato” no es el problema. Evidentemente. El problema es el Pato que está siendo… ¿Será que tanto pesa el apellido (o los apellidos)? Eso del inconsciente colectivo también puede elaborarlo si va por ese lado… No necesita irse hasta los favores devueltos por Roca a sus familiares en la campaña al desierto para desentenderse de Santiago y Rafita, por ejemplo. Es cierto que en todos los campos de batalla puede aparecer un traidor. Y cerca suyo, hace tiempo, parece que lo vivió de cerca más de una vez. Pero no necesita imitar esos ejemplos para sanar sus heridas. Es que no se trata de usted, se trata de todos. De nosotros. De un “pueblo” (¿se acuerda cuando usaba esa palabra?). “El derecho de vivir en paz”, canta Víctor. Porque, y permítame que se lo aclare… no es lo mismo “descansar en paz” que “vivir en paz”. Esto último es lo que queremos, y usted, y sus nuevos amigos, insisten en no permitírnoslo.


Foto tomada de http://cosecharoja.org/patricia-bullrich-de-montonera-ministra-de-seguridad/

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