martes, 29 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 27º "A"

Dios nos convoca para dar frutos de vida

DOMINGO VIGESIMOSÉPTIMO - "A"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     5, 1-7

Resumen: En un canto el profeta contrasta el amor de Dios a su pueblo con la respuesta que este ha dado. Es todo lo contrario de lo que él esperaba y las consecuencias son evidentes, Dios se desentenderá de aquello a lo que tanta dedicación había puesto.

Para comprender bien este texto poético, presentado como una “canción de amor”, resulta útil ver cómo está conformado:

[A] Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña.                      [título]

[B] Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.

[C] La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita.

Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar.

[D] Y esperó que diese uvas, pero (y) dio agraces.

[E] Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, vengan a juzgar entre mi viña y yo: ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?

[D’] Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?

[C’] Ahora, pues, les hago saber, lo que pienso hacer con mi viña:

quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.

[B’] Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde, crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.

[A’] Pues bien, viña de Yahvé Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito.

Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.

[conclusión]

La forma concéntrica muestra (A) un título y (A') una conclusión que aluden a Israel como viña de Yahvé. Una viña plantada para obtener frutos. En segundo lugar (B) el contraste entre el principio y (B') el final a partir de los (no) frutos conseguidos (fertilidad / desierto). Todo lo que fue preparado (C) para que la viña logre su cometido es (C') desarticulado. La causa es (D / D') que si bien el objetivo eran las uvas, lo conseguido fueron frutos agrios. En el centro (E) se ubica la invitación a los oyentes a “juzgar”, es evidente que más no se podía hacer. El objetivo no cumplido, sino malogrado es el que ha llevado a toda la inversión de la situación: lo preparado para proteger la viña ahora es desarticulado, lo que era fértil ahora es erial. 

Y la razón de todo es la diferencia entre el fruto esperado y el fruto logrado. La ironía entre uno y otro se percibe mejor en hebreo: esperaba “derecho” (mispat) pero hubo “crímenes” (mispah), esperaba “justicia” (tzedaqa‘) y hubo “clamores” (tze’aqa‘). El “derecho y la justicia” es algo fundamental en Israel. El texto nos afirma que “para eso” Dios lo eligió. Pero lo que han dado es lo opuesto: derramamiento de sangre y clamores (gritos de dolor, un término muy frecuente en la Biblia, cf. Ex 3,7.9). Dios no es indiferente a esos clamores (Ex 22,22) como al clamor de la sangre de Abel (Gen 4,10). Tal es el mal fruto que la viña ha dado a aquel que ha dedicado todos sus esfuerzos de amor a la viña, tantos que todos pueden juzgar ¿qué más se podría hacer que no lo haya hecho?


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos     4, 6-9

Resumen: A modo de conclusión de la carta, Pablo recurre nuevamente a los afectos que son claros entre él y la comunidad de Filipos. Para ello los exhorta a vivir conforme a lo que ha enseñado en una nota marcada por la alegría y la paz. 



La conformación de la carta a los Filipenses es muy discutida. Varios autores suponen que hay varias cartas originales en su seno (se suele hablar de dos cartas y una nota breve). El texto que presenta hoy la liturgia es, precisamente lo que relaciona esta nota (4,10-20) con la segunda carta (3,1b-4,3). Forma parte, se dice, de la conclusión de la primera carta donde no hay un tema organizado. Más bien se parece a una suerte de temas genéricos que se desean a los destinatarios al concluir el texto.

Literariamente es una conclusión (los retóricos la llaman peroratio), y hay elementos interesantes a tener en cuenta en este punto: es frecuente que se caractericen – como aquí – por lo afectivo [propiamente la unidad abarca los vv.4-9]. La ausencia de adversarios o conflictos, que sería de esperar habitualmente, revela la excelente relación de Pablo con la comunidad, y que lo dicho en el c.3 frente a quienes predican la circuncisión o bien es posterior a esta unidad – como pensamos – o que Pablo está confiado en que los filipenses no darán crédito a la predicación judaizante. Es interesante que toda esta serie de elementos de la vida cristiana a los que Pablo alude, comienzan con la alegría y terminan con la paz.

La insistencia en la alegría (v.4) retoma lo dicho en 3,1a; quizás sea su continuación interrumpida (sea por el añadido posterior, o sea por razones retóricas), por la unidad referida a los predicadores de circuncisión: 3,1b-4,3. Pero aquí la alegría – tema principal de la carta – aparece como mandato, ¡y en plural!, la comunidad toda debe vivir en alegría, no es un “consejo de piedad individual”. Lo siguiente que se dice es la “clemencia” (epieikês), que contrasta con la fría justicia estricta, es la magnanimidad, y junto con la “mansedumbre” es característica de Cristo (2 Cor 10,1; ver Sal 85,5 LXX), pero esta cualidad es algo que todos los de fuera deben ver como característica de los cristianos. La frase “el Señor está cerca” puede entenderse o bien en un sentido cristológico (y hacer referencia temporalmente a que está próxima su venida) o en sentido teo-lógico: “el señor está cerca de aquellos que lo invocan” (Sal 145,18; ver 34,19; 119,151 y el contraste: “no estés lejos”, 22,2.20); es decir, el "Señor", ¿es Cristo o es Dios? Siendo que la referencia que viene a continuación alude a la oración está última lectura es posible. Puesto que Dios se ha vuelto cercano, no hay motivo para “angustiarse” por razón alguna. Ciertamente Dios es más grande que cualquier dificultad que la comunidad tuviera. La referencia a la oración la remarca con tres términos que se acompañan mutuamente: oración, petición y pedidos (proseujê, deêsei y aitêmata) todo esto acompañado de “acción de gracias” (lo que revela el estar libre de ansiedades). Todo esto conducirá (en futuro) claramente a la “paz” (eirênê) de Dios. La idea “paz de Dios” se suma a que “sobrepasa” todo, lo que tiene una marcada nota de contraste con la “pax” romana. Filipos es ciudad militarizada (colonia romana), y señalarle a los destinatarios la paz que es “de Dios”, que está asegurada como fruto de la oración y que está por encima de todo, sin duda libera a los destinatarios de toda angustia (la metáfora militar de la paz tiene connotaciones contraculturales en el contexto). La paz no es instituida por la violencia y la presión sino por el amor. Precisamente por esto señalará cualidades morales, con connotaciones greco-romanas y también específicamente cristianas en los versículos que siguen (vv.8-9).

Es interesante el contraste entre los vv. 8 y 9. Mientras en v.8 no hay un “y” (kaì) que relacione todo y se dice literalmente: “cuanto es verdadero, cuanto venerable, cuanto justo, cuanto puro, cuanto agradable, cuanto admirable, si virtuoso y si valioso, ténganlo en cuenta”, en v. 9 el “y” (kaì) aparece frecuentemente: “y lo que aprendieron, y recibieron, y escucharon, y vieron en mí, eso practíquenlo y el Dios de la paz estará con ustedes”. Se ha señalado que los primeros refieren a virtudes características entre los moralistas greco-romanos, mientras los segundos son virtudes propias de los cristianos: las más importantes virtudes sociales (del ambiente) ¡y estéticas!, alcanzan su plenitud “en Cristo”. Es posible. Los versículos 8-9 completan lo preparado en 4-7 y nuevamente – como allí – la conclusión está dada por “la paz”. La fe cristiana, para Pablo, no niega los valores de las culturas sino que los reconoce; aunque la excelencia se obtiene imitando a Cristo, lo verdaderamente valioso. La paz de Cristo no se asemeja en nada a la “pax romana”; el Emperador no puede cambiar los corazones; la paz de Cristo dura “por siempre”


+ Evangelio según san Mateo     21, 33-46

Resumen: En una parábola, a la que Mateo añade un versículo muy importante (v.43) destaca la importancia de que el pueblo de Dios le dé a su “propietario” los frutos que le pertenecen. La violencia de los antiguos tenedores, ejercida sobre el hijo, hará que ese “pueblo" cambie de manos.


La parábola llamada de “los viñadores homicidas” se encuentra en Marcos, y Mateo la retoma haciéndole algunos interesantes añadidos que refuerzan su teología. Destacaremos especialmente estos elementos:

Por lo que parece, la parábola ya tenía elementos alegóricos, como se ven en Marcos,  por su obvia referencia a Isaías 5 (primera lectura), pero Mateo profundiza esta alegoría reforzando la semejanza con el texto.

Is 5
Mt 21
Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y   además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. (vv.1-2)
«Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. (v.33)
Ahora, pues, voy a hacerles saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada. (v.5)


Una breve nota sobre la “alegoría” y la “parábola”. Una parábola es un texto narrativo en el que se pretende resaltar un elemento que se ha de tener en cuenta. La alegoría, en cambio, presenta muchos aspectos que han de entenderse simbólicamente y se dirigen a la comprensión. Hay algunos casos de parábolas que presentan algún elemento alegórico, como es el caso de la que hoy comentamos, pero eso no significa que todo el texto sea una alegoría. Leerlo de este modo puede llevarnos a forzar el sentido, y perder de vista el sentido principal.

El contexto lleva a un agravamiento progresivo del conflicto entre Jesús y las autoridades judías, que va desde la expulsión de los vendedores (v.12-17), el debate sobre la autoridad (v.23-27) y la referencia a que “publicanos y prostitutas los precederán en el reino” (v.28-32) esto se va acentuando a cada momento. El texto tiene dos grandes partes que comienzan cada una por "cuando" (vv.34.40) y tienen "frutos" formando una inclusión (vv.34. 43, cf.41); la primera se centra en la infidelidad y la constancia de Dios, la segunda acentúa el castigo.

Al decir “escuchen”, Mt la dirige a los jefes que es a quienes interpela. El personaje es un "propietario" (cf. 13,27; 20,1.11; cf. Mc 14,14) que alude a las relaciones entre Dios y la humanidad como "señor-siervos" (cf.10,25; 13,27; 20,1.11). No se trata entonces tanto de la viña sino de la propiedad, la propiedad de Dios, y su alejamiento subraya la responsabilidad de los viñadores.

Presentado el tema, comienza el desarrollo de la parábola presentado con el primer “cuando”. La alegorización que se va descubriendo permite sospechar que el "tiempo de frutos" (cf. 13,30) aluda a su vez al Reino que se acerca: 3,2; 4,17; 10,7; cf. 26,45s; 12,28); cf. 24,32s donde se acerca el tiempo escatológico. El tema refiere a entregar a Dios los frutos del Reino; se remarca la fidelidad o infidelidad a la alianza como puede verse en Sal 1,1-3.

El envío de los "siervos" [Marcos había dicho “un siervo”] en dos turnos puede aludir a los profetas (23,34.37 / Lc 13,34) o a profetas y justos (13,17), aunque no conviene alegorizar excesivamente. Narrativamente es razonable que haya más de un envío antes del último.

La violencia de los encargados alude al agravamiento de las relaciones que hemos destacado: golpear y matar lo destaca; el apedreamiento, en cambio tiene otras connotaciones (cf. 2 Cr 24,21; Heb 11,37; Lc 13,34; Mt 23,37; sobre el destino de los profetas (cf. Jer 26,23; 20,8; cf. Neh 9,26).

Al enviar al hijo, el propietario juega toda su autoridad, reforzando la relación (Marcos había dicho “un hijo amado”, Mateo destaca que es “su” hijo). Esto lo hace "finalmente" (hysteron) lo que indica que se trata de la última oportunidad (4,2; 21,30; 25,11; 26,60). "Hijo" es común en Mt (2,15; 3,17; 4,3; 8,29; 14,33; 16,16; 26,63; 27,43.54). La reflexión del padre sospechando que "respetarán" supone que habrá respeto al padre / propietario en la persona del hijo.

Cuando los labradores afirman que "es el heredero" eso supone reconocimiento, es decir que no hay error. Con esto se revela la gravedad de rechazar a Dios en la persona del hijo; Cristo está en conexión con el envío de los profetas, pero más que eso, como "hijo" y "heredero" (16,16; cf. Hb 1,1s), con lo que se nos presenta como profeta escatológico. Hay, además, una ironía puesto que Israel no se reconoce como el heredero.

El orden: sacado fuera-asesinado (= Lc; en Marcos era matado y echado fuera, 12,8) no implica un saber histórico de que Jesús fue matado fuera de la ciudad (cf. Lv 24,14-16.23; Nu 15,36; Dt 22,24; Hch 7,58 y también Lev 16,27) pero de todos modos la referencia acentúa la alegoría.

La parábola propiamente finaliza aquí, pero partiendo de ella – y suponiendo que los interlocutores siguen con la imagen mental y han comprendido a qué / quiénes se ha referido, pasa a la segunda parte del relato con el segundo “cuándo”.

Que haya una respuesta de los interlocutores es común en Mt. En este caso "hará perecer" ¿refiere a la caída de Jerusalén o implica alegorizar demasiado? Esos "otros" a los que se entregará la viña se especifican en v.43, no se trata de un simple cambio de jefes: ¿es el reino y el pueblo representado por los jefes?, ¿es el templo y los sacerdotes expulsados por los pobres y los justos con los que Jesús se identifica? No debemos forzar la alegoría, refiere a que quienes reciban al hijo entrarán al servicio de Dios; Jesús les revela su responsabilidad.

La frase preguntando si "nunca han leído" revela que el contexto es evidentemente apologético y polémico (ver 12,3.5; 19,4; 21,16; 22,31).

Con la cita del Salmo 118 se da un paso del interés del reino en la obra de Dios al tema de la resurrección de Jesús (un cambio cristológico), un paso del tema de la viña / propiedad al tema del hijo. El "rechazo" es el término técnico de una moneda juzgada falsa por un experto (Jer 6,30) pero es utilizada con frecuencia en el NT para aludir al rechazo que ha padecido Jesús por parte de las autoridades (“constructores”) cf. Mc 8,31; Lc 17,25; 1 Pe 2,4. Al aludir a la "piedra angular" no es importante saber si refiere a la piedra del ángulo de la casa – a la base – o a la piedra que remata el arco en la superficie, lo que cuenta es que se trata de la piedra principal.

Aquí Mateo interrumpe el tema de la “piedra”, que continuará en v.44 para insertar un dicho que le es propio y que refleja un elemento central de su teología:

Los sacerdotes no han creído; otros – el Nuevo Israel – dará fruto. Explicita el v.41, el rechazo de Israel relacionando este versículo con un Nuevo Pueblo; la viña designa el Reino, por tanto los viñadores designan a Israel. Se les quitará “el reino” para darlo a otro “pueblo” (no usa laos sino ethnos) quizá designa una nueva generación (Jer 7,28-29); "nación” fiel serán los que den frutos (cf. Rm 9,25; 1 Pe 2,10). La "viña" designa la obra de la salvación confiada a Israel por la alianza; el centro está claro: pide cuentas al judaísmo incrédulo y anuncia la sustitución por un nuevo Pueblo de Dios. La referencia a Isaías lleva a remontarse a Israel, pero se da una nueva dirección en este versículo: en la parábola ya no es Israel sino el Reino (cf. Jer 7,24-26; Mt 23,34-36; cf. 27,25). Los frutos del Reino son una justicia superior a la de los fariseos (5,20). Sugiere castigo y promesa: recusación del antiguo pueblo y formación del Nuevo. Llegando al tema del Reino, Mateo dio con el sentido original y de allí dio un paso eclesiológico: con esto subordina la cristológico a lo eclesiológico. 

Que el reino sea "de Dios" (y no de los cielos), que los frutos se produzcan y no "entreguen" (cf. 21,41) y que se hable de "un" pueblo invita a pensar que el texto es propio de Mateo; la viña designa el reino; "dar-quitar" es también de Mt 13,12 (cf. 25,29). Al utilizar el singular (a “un pueblo”) no designa a "las naciones", sin duda se refiere a "la Iglesia" (cf. 1 Pe 2,9 donde ethnos y laòs están en paralelo); es una sentencia cristianizada (cf. Jer 7,28-29). 

La parábola con el añadido de Mateo apunta al destino del reino en perspectiva eclesial que engloba lo cristológico: el advenimiento del nuevo pueblo de Dios va ligado al destino del enviado-hijo, es importante ponerse de su lado. De todos modos es importante notar que cuando Mateo escribe esto ya era un hecho, la Iglesia se sabía “nuevo pueblo”, por lo que el mismo juicio a los labradores puede caer sobre la iglesia: el criterio es la fidelidad, todos deben dar a Dios los frutos que le pertenecen. 

El v.44 retoma el tema de la piedra en un dicho formado con Dn 2,44 + Is 8,14. El versículo es omitido en algunas Biblias – suponiendo que está tomado de Lucas – pero hay que mantenerlo. El juicio será según sea la respuesta dada en relación a la aceptación o rechazo de la piedra-Jesús (nuevamente pasa a lo cristológico). Retoma – para concluir – el auditorio, pero a los “sumos sacerdotes” les añade a los "fariseos" lo que es anacrónico para tiempos de Jesús (cf. también 27,62), pero es coherente para tiempos del evangelista. El pueblo (ojlos, multitud) una vez más le sirve a Jesús de escudo ante los que intentan capturarlo (14,5; 21,26).

Una breve nota sobre la Iglesia, el “nuevo pueblo” e Israel en Mateo. En la comunidad de Antioquía – donde Mateo escribe – hay una comunidad judía muy importante, ligada estrechamente a los “fariseos”, al grupo rabínico. La comunidad de Mateo parece “pequeña” en ese entorno (notar el uso de “pequeños” en Mateo) pero entra en conflicto con ellos por autopercibirse unos y otros como los “verdaderos” hijos de Israel. La insistencia en Mateo de que las escrituras se “cumplen” o la pregunta acerca de si “¿no la han leído?” debe entenderse en este sentido. Lo mismo que el texto, que tantos conflictos causó por su mala comprensión, de 27,25: “su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (y el lavado de manos de Pilatos). El texto debe entenderse en el contexto del conflicto mutuo de reconocerse (y no reconocer al otro) como verdadero pueblo de Dios (“se le dará a otro pueblo”). Lamentablemente esta mala lectura causó estragos en nuestras relaciones con los judíos (y en sus vidas), nuestros “hermanos mayores” las que, es de desear, jamás vuelvan a repetirse.


el video con comentario al Evangelio se puede ver en
https://youtu.be/BhhtUJqDlh0
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-27-a.html



Comentario al Evangelio del domingo 27º A

Comentario al Evangelio del domingo 27º A



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https://youtu.be/BhhtUJqDlh0

Eduardo

jueves, 24 de septiembre de 2026

Dios y el César. Un problema.

Dios y el César. Un problema.

Eduardo de la Serna



Habitualmente hay tres razones por las que un texto bíblico hoy es malinterpretado: (1) un texto sacado de su contexto; (2) terminología/s que significan hoy algo muy diferente a lo que significaba ayer (por razones culturales, históricas, geográficas…) o (3) la lectura de un párrafo o frase aislada. La Biblia, que es también obra humana, debe ser leída, interpretada, comprendida y, por sobre todas las cosas, intentando entender, con todos los medios a nuestro alcance, qué es lo que el autor bíblico pretendió decir; y, sabiendo, además, que puede haber (con frecuencia lo hay) textos que complementan, corrigen, desmienten, precisan lo señalado. La lectura fundamentalista es muy “fácil”: dice esto, ¡es esto!, y DEBE ser obedecida. ¡Listo! La lectura histórico-crítica (que, por otra parte, es la que pretende el Magisterio de la Iglesia que se utilice como punto de partida), es más ardua, a veces complicada, y a veces (¡muchas veces!) desestabilizadora.

Valga esto para mirar qué dice el texto (en su contexto) el cual solemos leer como “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” … (Mc 12,17; Mt 22,21; Lc 20,25).

El texto se encuentra en los tres Sinópticos (Mt / Mc / Lc) con algunas diferencias. Marcos, al que siguen los otros evangelios, presenta tres encuentros de Jesús con grupos judíos; en este caso con fariseos acompañados por herodianos (no en Lucas), los que, como su nombre lo indica, eran partidarios de Herodes. Ellos le formulan a Jesús una pregunta malintencionada: ¿está permitido dar el impuesto al César o no? Se supone permitido “religiosamente”, ya que han dicho que “enseña el camino de Dios con verdad”. La trampa radica en que, si Jesús respondiera que sí está permitido, los grupos religiosos, como los fariseos, podrían mostrarlo al pueblo como alguien que acepta la superioridad del Imperio; si respondiera negativamente, los grupos políticos, como los herodianos, podrían mostrarlo a las autoridades como subversivo. Respondiera lo que respondiera, la salida parecía imposible. “¿Por qué me tientan?” (Mc / Mt), les replica Jesús, y les pide “un denario” (Mateo agrava la cosa pidiendo “la moneda del impuesto”, es decir, con la que “pagan”). Y Jesús contrapregunta: “¿de quién es esta imagen y la inscripción?” La respuesta es obvia: ¡del César! Es aquí donde Jesús formula el dicho en cuestión…

Veamos: no hay dudas en “lo del César al César” y “lo de Dios a Dios”, la clave radica en el verbo. En griego se usa apodídômi. Dídômi es “dar”; la preposición “apo”, que supone una separación, “a consecuencia de…”, puede traducirse por “pagar” o por “devolver”; obviamente supone una deuda que debe resarcirse. Se refiere, entonces a algo que sería debido al César, pero (y es llamativo que Jesús añada la referencia a Dios ya que no era el tema de la pregunta) también lo que es debido a Dios. ¿Qué sería lo debido a Dios en este caso? Porque la lectura habitual parece presentar dos horizontes, el horizonte político y el religioso que “no se tocan”. Pero, ¿es eso lo que dice Jesús? No debemos olvidar que esto parte de la pregunta sobre “la imagen y la inscripción”. ¿Hay una imagen en Jerusalén, y, ¡para peor!, en el Templo? ¿No están terminantemente prohibidas en Israel las imágenes? ¡Ciertamente sí! El César le ha robado a Dios “lo que es de Dios” haciéndose una imagen. ¿Y la inscripción? En los denarios en el anverso se dice: “Ti (berio) Cesar, H(ijo del) D(ivino) Augusto” y en el reverso, “Pontíf (ice) Máximo”. Nuevamente se le ha robado a Dios lo que es de Dios, ¿es hijo de Dios el César? Y acá la frase desafiante de Jesús: “si es del César, páguenle, pero, si es de Dios ¡devuélvanle a Dios lo que es de Dios!”

Del laberinto en el que lo han puesto, Jesús sale como era de esperar de él: Dios es el rey (reinado de Dios). Obviamente esto no debió gustarle a los herodianos, y, en las acusaciones para justificar la condena lo dicen claramente: “–Hemos encontrado a éste incitando a la rebelión a nuestra nación, oponiéndose a que paguen tributo al césar…” (Lc 23,2). Jesús no presenta dos “mundos” distintos e intocables, sino que pretende un mundo en el que Dios reine, y lo hace cuando nos relacionamos como hermanas y hermanos, no cuando hay un “imperio” que decide, y lacayos que “obedecen”. El que “enseña el camino de Dios con verdad” sabe que, si el César le roba a Dios lo que es de Dios, en el mundo prima la injusticia, la opresión y la muerte, mientras que, si se “devuelve a Dios lo que es de Dios”, en un mundo de hermanas y hermanos, brilla la paz, la fraternidad / sororidad y al brillar, Dios está reinando y los “espías del imperio” no pueden “sorprenderlo con ninguna palabra delante del pueblo” (Lc 20,26).


Imagen tomada de https://blognumismatico.com/2024/04/10/denario-de-tiberio-el-denario-del-tributo/

martes, 22 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 26º "A"

Mejor que decir, es hacer…

DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "A"


Eduardo de la Serna




Lectura de la profecía de Ezequiel     18, 24-28


Resumen: Confrontando con la teoría de la retribución según la cual Dios pagaría en los hijos los pecados de los padres, el profeta insiste que la retribución de Dios será individual, aunque deja espacio para el cambio de actitud.

El profeta comienza con una crítica a un proverbio que parece habitual ya que también lo encontramos en Jeremía (31,29). En él se intenta transferir a los hijos la retribución por el pecado ya que la experiencia les indica que no siempre “al malo le va mal”. Sin embargo, ambos profetas son conscientes de la injusticia que esto encierra y afirman que Dios no está de acuerdo con ese dicho.

A continuación, Ezequiel señala una serie de párrafos casuísticos (vv.10.14.21.24.26.27) en este caso enmarcado por el cambio de actitud: del “justo” (vv.24.26) pero también del “malvado” (v.27). En ambos casos la “casa de Israel” afirma que “no es justo” el proceder del Señor, quien retóricamente repite la pregunta e interroga: ¿no es más bien el proceder de ustedes el que no es justo?” (vv.25.29). 

El criterio es precisamente la retribución individual. Pero tanto el justo como el malvado pueden cambiar de actitud asumiendo la contraria, y esto será tenido en cuenta por Dios en el momento de retribuir a uno u a otro.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     2, 1-11

Resumen: Pablo invita a la comunidad a vivir en su seno de una manera que la debe caracterizar por la obediencia a Dios y la humildad.

La segunda parte de esta lectura, el llamado “himno”, fue recientemente comentada en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. 

El texto comienza con un “si algo según” presentando cuatro condiciones que parecen suponer el verbo “vale”, o “cuenta”: si algo la exhortación, si algo la consolación amorosa, si algo la comunión del espíritu, si algo lo entrañable y compasivo… Son términos sumamente importantes, sin duda, y aluden al ámbito divino. Pablo invita a los filipenses a vivir de esta manera sublime. Y a estas cuatro características les propone cuatro invitaciones: un mismo sentir, un mismo amor, con-vivir y sentir (sentir en…). Todas aluden a la vida que Pablo espera en el seno de la comunidad. No sabemos si la situación al interno de esta era de armonía (con lo que Pablo los invitaría a mantenerla) o de una cierta discordia (con lo que los exhorta a abandonarla). Lo cierto es que vivir de esa manera es algo que haría plena la alegría de Pablo.

Sabiendo que algunos por “rivalidad” (eritheia) predican el Evangelio allí donde Pablo se encuentra prisionero (1,17), les recuerda que nada hagan con rivalidad, y tampoco por vanagloria (kenodoxía; única vez en el NT). El término está conformado por dos palabras, kenos es lo vano, lo nulo, la nada (de allí la kenosis, el anonadamiento) y la doxa es la gloria. Ambos términos los encontraremos sueltos en el “himno”, pero en sentido contrapuesto ya que por su hacerse “nada” (ekenôsen) Dios le dio el nombre para la “gloria” (doxa) de Dios Padre. No se trata de buscar la vana-gloria sino saber que al hacerse nada, Dios recibe gloria al reconocer a su hijo Jesús. Esta kenodoxia (vanagloria) que se ha de evitar (v.3) tiene como contracara la humildad (tapeinófrosyne) que lleva a ver a los otros como superiores a [por encima de] nosotros mismos; por lo que se ha de buscar “lo de los otros” antes que lo de “nosotros mismos”. Es en este contexto que propone el descenso de Cristo (kenosis) como algo que debe imitar la comunidad. Si la comunidad debía tener “un mismo comportamiento” y “comportar(se) en” (fronéô) ahora se le recalca que debe tener los “comportamientos” (fronéô) de Cristo Jesús. Esto es lo que desarrollará a continuación en el himno.

El habitualmente llamado "himno" de la carta a los filipenses es visto con mucha frecuencia como un texto que es conocido por la comunidad y que Pablo cita en este contexto. Mirando atentamente descubrimos dos movimientos, uno de descenso (hacerse nada) y otro de exaltación. El primero, movimiento desde la forma de Dios a la forma de esclavo finaliza en la muerte, “¡y muerte de cruz!”. El segundo, marcado por la donación del nombre excelso (el nombre de Dios) culmina en la proclamación de Jesús como “¡señor!” Sin embargo, el acento del relato está puesto en la primera parte (dice que tengan los comportamientos de Cristo y estos están marcados por el movimiento de descenso); el otro movimiento es obrado por Dios que exalta a Cristo “por eso” (por su abajamiento). Este abajamiento está marcado por dos acciones: la humildad y la obediencia (a Dios). Lo cual es claramente contracultural en una colonia romana como era Filipos. Esas dos acciones (que enmarcan el relato, en los vv.3 y 12) son lo que se debe buscar para tener los mismos comportamientos de Cristo hasta la cruz. El resto es obra de Dios elevando a Jesús -en la resurrección, por cierto- hasta la altura divina.


El doble movimiento de descenso y ascenso puede verse en el esquema que presentamos. La idea principal para los lectores es “tener los comportamientos de Cristo”, por tanto repetir la escena de “descenso”. Dios, que es el sujeto del momento de “exaltación”, también sabrá y querrá dar a los suyos. 

Es interesante, también, notar el movimiento de ascenso que Dios provoca "a causa de" su abajamiento. Este está marcado por el “nombre”. Dios le da el “nombre sobre todo nombre” (el nombre de Dios) que se une aquí al “nombre de Jesús”. Dios ha “elevado” a Jesús de modo tal que de él se dirán cosas que se afirman exclusivamente de Dios: se doblará toda rodilla… 

La referencia a “toda rodilla” y a “toda lengua” están tomadas del himno claramente monoteísta de Is 45,14-25 (ver v.23) donde se destaca que “Yahvé salva” a diferencia de los dioses de los pueblos que “no pueden salvar” (no está de más recordar que el nombre “Jesús” significa “Yahvé salva”). La acción elevadora de Dios a Jesús lo pone a la misma altura divina hasta el punto de ser reconocido como “Señor”, como se decía de Dios mismo; y en eso Dios mismo se manifiesta (gloria).

La acción descendente de Jesús de humildad y obediencia hasta el extremo de la cruz, en el paso de la forma de Dios a la forma de esclavo, provoca que Dios (“por eso”) lo exalte hasta la misma altura divina y reciba el mismo nombre divino con el que Dios recibe gloria y Jesús es reconocido por “toda lengua”.

 


+ Evangelio según san Mateo     21, 28-32

Resumen: Con una parábola sencilla Mateo provoca a su auditorio a tomar conciencia que la obediencia al proyecto de Dios viene dada por los hechos y no por las palabras. Y esto queda reflejado en la actitud que frente a Jesús tomaron los desplazados sociales por un lado y la aristocracia por el otro.


Mateo presenta una parábola que sólo él transcribe, aunque se ha dicho que esta pareciera ser el “original” de la llamada del “hijo pródigo”, cosa bastante dudosa ya que en el texto de Lucas el contraste entre los dos personajes está dado por el padre y el hijo mayor, mientras que en este texto está dado por los hijos y su obediencia o no al pedido del padre.

Como parábola es muy simple, quizás la más sencilla de todas las que encontramos en los Evangelios. Sin embargo, hay una serie de elementos que parecen interesantes de comentar para enriquecer nuestra comprensión del texto.

En primer lugar, Mateo la inserta entre la controversia por la autoridad de Jesús que le plantean los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (21,23-27) y la parábola de los viñadores homicidas (21,33-46). En cierta manera rompe una lógica del texto de Marcos donde Jesús sí les dice “con qué autoridad” ha obrado, es decir, la del hijo (al que refiere la parábola de los viñadores, cf. Mc 12,6). Además, Mateo añade otra parábola al final de los viñadores (22,1-14) presentando así una serie de tres, allí donde Marcos presentaba sólo una. Hay elementos en común entre estas dando la forma de una cierta unidad temática: entre la primera y la segunda vemos el rechazo de las autoridades de la voluntad de Dios, o el envío de servidores en la segunda y la tercera, por ejemplo. Sin dudas la referencia a Juan, el Bautista, que marcaba la pregunta de Jesús y la conciencia de que los oyentes “no le creyeron” (v.25), parece atraer este texto (v.32).

Es interesante destacar que el padre de la parábola en nada se parece a un padre característico del patriarcalismo de su tiempo, lo que se destaca es que es “desobedecido” en ambos casos, sea por decirle sin dudar “no quiero” o bien sea por “no ir”. No es lo que se espera de un hijo que desobedezca así a su padre.

Podemos señalar que – tal como lo había destacado Mateo en otra parte, cf. 7,21-27 – la fidelidad a Dios no viene dada por la confesión explícita sino por la práctica (una suerte de ortopraxis por encima de la ortodoxia). Puesto que lo que cuenta es la realización de la voluntad de Dios es evidente que la “hizo” el que si bien había dicho “no voy” finalmente fue. 

Un aspecto muy importante en el relato viene dado por el verbo “llegar antes” (proágousin), preceder. Preceder a alguien sin duda es un signo del mayor honor sobre los que vienen detrás. Preceder en el reino es signo del honor mayor, pero la ironía viene dada en el hecho de que para Jesús el esquema se ha invertido una vez más: los ancianos y los sumos sacerdotes estaban en lo más alto de la escala del honor social, mientras que las prostitutas y los publicanos eran lo más bajo, pero sin embargo, estos tienen “precedencia” en el reino sobre aquellos. El motivo de esto viene dado porque “le creyeron” a Juan [el verbo se encuentra en aoristo, lo que remite a un momento concreto, es decir a la predicación de Juan. su presentación de Jesús y su llamado a la conversión, 3,2.11]. 

Un elemento que suele ser pasado por alto parece importante de tener en cuenta: es sabido que Mateo casi siempre ha reemplazado el término “reino de Dios”, que ha encontrado en Marcos, por “reino de los cielos”. En este caso, “cielos” es la “morada de Dios”, una manera de aludir a Dios sin nombrarlo para evitar chocar al auditorio ya que nombrar a Dios es algo que se ha de evitar entre los judíos. Sin embargo, hay que destacar que en cuatro ocasiones [en algunos manuscritos se agrega una quinta: 6,33] Mateo utiliza “reino de Dios”: una proveniente de Q (12,28), otra de Marcos (19,24) y dos propias de Mateo (una es nuestro texto, la otra es un versículo propio de Mateo en la parábola de los viñadores homicidas, v.43). Es muy probable que de este modo Mateo quiera resultar “chocante” ante su auditorio precisamente por algo que quiere resaltar de un modo muy claro. En este caso, es evidente que la inversión de los valores tradicionales como algo característico del reino es algo que Mateo quiere destacar claramente a su auditorio.


el video con comentario al Evangelio puede verse en
https://youtu.be/bqNQMzZm2ro
también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-26-a.html


jueves, 17 de septiembre de 2026

“Mi reino no es de este mundo”

“Mi reino no es de este mundo”

Eduardo de la Serna


Uno de los textos bíblicos utilizados con más frecuencia para decir que Jesús “no se mete en política”, que está dedicado “a las cosas de Dios”, que no se debe mezclar “la fe y las cosas mundanas” se encuentra en el Evangelio de Juan en el diálogo de Jesús con Poncio Pilato. Curiosamente, muchos de los que dicen semejantes cosas, luego “se meten en política” al grito de “¡viva Cristo Rey!”. Pero, ¡veamos!

Para empezar, como se ha dicho frecuentemente, y es evidente y razonable, no se debe citar un dicho aislado y descontextualizado, por lo que es bueno mirarlo en su integridad.

El relato, un tanto extenso, muestra a Pilato “saliendo” del Pretorio hacia donde están los judíos y “entrando” donde está Jesús para su interrogatorio. Los judíos no quieren entrar al edificio para no contaminarse entrando en territorio pagano ya que esa noche esperan celebrar la Pascua (18,28). La acusación contra Jesús es que se trata de un “malhechor”, alguien que obra el mal (18,30). Ante esa acusación no se comprende la pregunta de Pilato a Jesús al “entrar”: “¿eres el rey de los judíos?” (19,33). Él Señor, que enfrenta la situación con notable dignidad, le pregunta si eso lo afirma él o si lo dicen otros (19,34). “¿Qué has hecho?”, repregunta Pilato indicando que fue entregado por las autoridades judías. Es en este contexto que Jesús pronuncia el conocido dicho:

Respondió Jesús: - Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí (18,36).

Pero el diálogo continúa todavía y Pilato vuelve a preguntarle si es rey. A esto, Jesús responde enigmáticamente:

Respondió Jesús: - Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz (18,37).

Y. antes de salir nuevamente donde los judíos, Pilato pregunta “¿Qué es la verdad?”, y se va sin esperar respuesta.

Con esto tenemos ya algunos elementos para mirar atentamente el texto.

La acusación de malhechor ligada a la pregunta sobre si Jesús es rey parece ubicar el juicio en un contexto de conflicto. Los malhechores, o los “salteadores”, como Barrabás (18,40) eran – en tiempos del Evangelio de Juan – grupos de sicarios violentos claramente anti romanos. La pregunta sobre si es rey implica si Jesús pretende tomar el poder. Por eso, a la reiteración de la misma, Jesús le dice “tú dices que soy rey”, es decir, “eso no es algo que yo diga; eres tú quien lo dice”. Y al señalar el reino “de este mundo” destaca que, de serlo, sus sirvientes combatirían. Obviamente Pilato no puede comprenderlo. Porque “se mueve con otras categorías”. Por eso, cuando Jesús afirma que su misión es ser testigo de la verdad, que los de “la verdad” escuchan su voz, Pilato no entiende. No es de la verdad y por eso pregunta de qué se trata, y, precisamente por no serlo, no espera respuesta, no la comprendería.

La “verdad”, en el Evangelio de Juan también es una terminología muy densa. La verdad se vive, se obra (3,21), Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (14,6), Dios debe ser adorado en “espíritu y en verdad” (4,23.24) porque el diablo es “padre de la mentira” (8,44). Jesús es la luz verdadera (1,9), el pan verdadero (6,32), la vid verdadera (15,1) … es el verdadero profeta (6,14) y es verdaderamente el Salvador del mundo (4,42). La verdad, entonces, es la fidelidad, la lealtad a las cosas de Dios (algo que, por cierto, Pilato no es). Por eso la verdad-fidelidad nos hace libres, es decir, ¡hijos!, no esclavos.

El “mundo”, entonces, en Juan tiene cierta ambigüedad: Dios lo ama y le entrega a su hijo (3,16) que quita “el pecado del mundo” (1,29), es enviado al mundo (10,36) para que el mundo se salve (3,17; 12,47). El mundo espera a Jesús como profeta (6,14) y como “el Cristo, el Hijo de Dios” (11,27) que ha de venir al mundo, es la luz del mundo (8,12; 9,5; 12,46). Pero “el mundo” es también el ambiente adverso a Jesús, que no lo ha recibido (1,10), con obras adversas a Dios que Jesús pone de manifiesto (7,7). No puede recibir al espíritu de la verdad (14,7) y no puede ver a Jesús, cosa que sí hacen sus amigos (14,19). La paz del mundo, la Pax Romana, es la de la opresión y la injusticia (14,27), gobernado por el “príncipe de este mundo” (14,30). Por eso odia a Jesús y a los suyos (15,18) “que estaban en el mundo” (13,1). Están en el mundo, pero no pertenecen a “este” mundo (17,13-18) aunque – como Jesús – son enviados a él (17,18). En su Pascua, Jesús “ha vencido al mundo” (16,33).

En este contexto, el diálogo de Jesús con Pilato resulta clarificador. “Este mundo”, en este caso, es el de Pilato, el de la violencia imperial (que está en el trasfondo de toda la escena de la Pasión; “vuelve la espada a la vaina”, 18,10), el de quienes no pueden entender el mensaje de Jesús, su testimonio de la verdad. Pero hay otros, en este mundo, los amigos de Jesús, los que escuchan su voz, los que pretenden una paz “desarmada y desarmante”: Pero este mundo, que es Pilato (“no tenemos más rey que el César”, 19,15), tiene un príncipe, el padre de la mentira, el asesino desde el principio (8,44). Jesús es rey de otro mundo, un mundo de paz, de verdad, de vida, un mundo que sus amigos y amigas debemos edificar, construir para todas y todos. No se trata de que Jesús es rey “en el cielo”, sino que “ha bajado del cielo” para “dar vida al mundo” (6,33). Jesús mismo se nos da como alimento, pan vivo bajado del cielo, que debemos recibir creyendo, pan para la vida del mundo (6,51). Jesús “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1) y a eso nos invita “como yo los he amado” (13,34). Sus discípulos, naciendo “de lo alto” entran en el Reino de Dios (3,3-5) y se dejan conducir por el espíritu (3,8) que es “de la verdad” (14,17; 15,26; 16,13), que bajó del cielo y permanece en Jesús (1,32.33) y se dona a sus amigos en su Pascua (7,39; 19,30; 20,22) para continuar su reino en este mundo.

El amor llegará en nosotros a su perfección si somos en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el día del juicio (1 Juan 4,17).


Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/DD2VkcHKHgn/?hl=en

martes, 15 de septiembre de 2026

Comentario a las lecturas del Evangelio 25º "A"

 La desconcertante gratuidad del Dios de Jesús

DOMINGO VIGESIMOQUINTO – “A”



Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     55, 6-9

Resumen: El duro exilio de la élite judía está finalizando. Yahvé anuncia el retorno, pero debes buscar a su Dios, dejando de lado los dioses de los pueblos, y dejarse conmover por la palabra que el profeta le dirige.


El profeta había comenzado su texto invitando a los sedientos y a los que no tienen dinero a recibir sus dones (Is 55,1-3, ver 1ª lectura del domingo 18º A) sugiriendo que la sabiduría consiste en escuchar el mensaje del profeta y regresar a la reconstrucción de Jerusalén donde se cumplirá lo anunciado a David. Pero el único apoyo que tienen para creer radica en la confianza en la “palabra” de Dios, ya que las instituciones visibles de Israel (el rey, la tierra, el templo) han desaparecido. Esa palabra “cumple” aquello para lo que fue enviada (ver Is 55,10-11, 1ª lectura del domingo 15º A). 


En este caso, como es frecuente en varios profetas, el acento está puesto en que Yahvé está cerca (ver Am 5,4; Os 10,12; Is 9,12; 31,1; Jer 10,21; 29,13). Siendo que el tema se encuentra también en Jeremías, Deuteronomio y Crónicas (cf. 2 Cr 12,14; 14,3.6; 16,12; 19,3; 22,9; 26,5) parece tratarse de un tema común frente al fin del exilio. 



Dt 4:29
Jer 29:13-14
Is 55:6
Desde allí buscarás a Yahveh, tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.
Me buscarán y me encontrarán cuando me soliciten de todo corazón me dejaré encontrar de ustedes (– oráculo de Yahveh–; devolveré sus cautivos, los recogeré de todas las naciones y lugares a donde los arrojé– oráculo de Yahveh– y los haré tornar al sitio de donde los hice que fuesen desterrados).
Busquen a Yahveh mientras se deja encontrar, llámenle mientras está cercano


Esa búsqueda – cosa extraña en el Segundo Isaías – se manifiesta con connotaciones morales y utiliza el verbo “perdonar”. Esto implica abandonar los otros dioses (notar la fuerza de “nuestro Dios”, v.7). «Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos?» (Dt 4:7).


Sin embargo, esta cercanía de Dios con su pueblo se contrapone a la distancia impresionante entre los planes de Dios y los planes de los oyentes. Esto queda diagramado de un modo concéntrico donde se resalta la distancia:


A.- Mis pensamientos no son sus pensamientos

   B.- Ni sus caminos son mis caminos

      C.- Porque cuanto más altos son los cielos que la tierra, así son más altos

   B’.- Mis caminos que sus caminos

A’.- Y mis pensamientos más que sus pensamientos.



Pero estas palabras y planes – como se ve en vv.10-11 – son de salvación, de vida y de alegría.



Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos     1, 20b-26

Resumen: Pablo se encuentra en prisión. Y quiere calmar la angustia de la comunidad filipense diciéndoles que no conoce su suerte, pero que si muriera Jesús sería glorificado, sin embargo, es probable que continúe vivo para seguir predicándoles el Evangelio.


Pablo se encuentra en prisión, y su situación parece desesperante a los ojos de los filipenses. Pablo intenta, entonces, calmar su angustia. Ellos han enviado a Epafrodito para acompañar a Pablo en sus necesidades. No interesa en este caso el lugar de la prisión, pero no parece distante de Filipos vista la fluidez de la comunicación entre ambos lugares que se percibe en la carta (probablemente se trate de una prisión en Éfeso). 


La unidad comienza en v.12 (“quiero que sepan, hermanos…”) donde dará información sobre su situación. Esta ha servido para que Cristo sea predicado ((vv.12-14), sea cual fuera la motivación de los predicadores (vv.15-18a). Ocurra lo que ocurriere, Cristo se manifestará (vv.18b-20). 


Aquí (v.20) Pablo no destaca su seguridad de que será absuelto en el juicio ante los tribunales, sino que ya ocurra una u otra cosa, de todos modos “Cristo será glorificado”. 


A partir de v.21 va a desarrollar lo que acaba de decir: tanto morir como vivir es mirado desde una perspectiva positiva. Vivir implica seguir anunciando el Evangelio de Cristo (“mi vida es [anunciar a] Cristo”, v.21), y eso es “más necesario para ustedes” (v.24), es “trabajo fecundo” (v.22) y por otro lado, la muerte es “ganancia”, es encontrar a Cristo definitivamente. 

Es evidente que Pablo tiene una mirada “cristiana” de la muerte; para los judíos, en un primer momento, la muerte era precisamente la ausencia de Dios: “los vivos son quienes te alaban” (cf. Sal 6,6; 88,11-12; Is 38,11) aunque, más lentamente al comienzo y más decididamente más tarde va surgiendo una cierta confianza en un “más allá” (Sal 16,8-11; 48,15; 73,23-25) hasta que finalmente –en varios grupos- surge la idea teológica de la “resurrección” (entendida, en un primer momento, como un volver a esta vida actual de nacer, crecer, reproducirse y morir…; cf. 2 Mac 7; Dn 12,2). Es la resurrección de Cristo la que da a sus seguidores un paso más en la concepción, es un “paso” a un encuentro con Dios y con Cristo. Es cierto que Pablo espera que eso ocurrirá pronto (ver 4,5 y también 1,6.10; 2,16). Para ser precisos, es evidente que Pablo, que en un primer momento esperaba estar vivo cuando Jesús llegara (ver 1 Tes 4,15.17; 1 Cor 15,51) a partir de su experiencia de cautiverio (cf. 2 Cor 1,8 que es probablemente la misma experiencia de prisión a la que alude en Filipenses) cree posible estar muerto cuando Jesús venga. Es decir: no es que se demore en venir, sino que Pablo probablemente ya no esté vivo. Pero, sea una u otra cosa, lo cierto – y es el tema en la carta – Pablo sabe que Jesús “será glorificado”, sea en la predicación sea en su muerte a causa del Evangelio.



+ Evangelio según san Mateo     19, 30--20, 16

Resumen: Mateo presenta una parábola que sólo se encuentra en su Evangelio. El relato es creíble y habitual – como suele ocurrir – hasta el desenlace sorpresivo. Como el propietario, Dios manifiesta un obrar gratuito, que no se guía por el pago, sino que lo sobrepasa manifestando su bondad que supera – sin anularla – la justicia.


La parábola que se lee hoy en la liturgia es exclusiva de Mateo, y la clave de interpretación la da la fórmula con la que el texto comienza y concluye sobre los últimos y los primeros. La narración, expresamente nos dirige hacia allí cuando intencionalmente el propietario dice al administrador (v.8) que empiece a pagar comenzando por los que llegaron últimos (es evidente que nada ocurriría narrativamente si hubieran cobrado primero aquellos que fueron los primeros en llegar ya que no se habrían enterado del pago a los últimos, y no se habría desencadenado el diálogo con el propietario, que es el objetivo del texto). 


Para comprender algunos detalles que ilustran la parábola es importante tener en cuenta que es frecuente que los que ofrecen su mano de obra se ubiquen en lugares públicos con sus instrumentos de trabajo a fin de ser contratados (previa discusión sobre el pago que suele ser extensa). El horario de trabajo suele ser de 12 horas, desde las 6 de la mañana a las 6 de la tarde. El día se divide en tercios (hora tercia, 9 de la mañana; sexta, las 12 del mediodía; hora nona, las 3 de la tarde y sorprende la undécima, que es una hora antes de concluir: las 5 de la tarde). El pago – jornal – es un denario que es lo que se calcula que utiliza una “familia tipo” para vivir ajustadamente un día, y ha de pagarse al terminar la jornada (Lev 19,13; Dt 24,15). «Te daré como sueldo una dracma [moneda griega igual al denario romano] por día, y en lo demás tendrás el mismo trato que mi hijo”. (Tob 5:15). Se calcula que 12 litros de trigo costaban entre 3 y 4 denarios, lo mismo que un cordero; mientras un buey costaba 100; evidentemente como salario no era abundante.


El despliegue de la salida del propietario en distintos momentos a buscar trabajadores (horas tercia, sexta, nona y undécima) pretende crear el clímax narrativo del contraste entre los primeros [primera hora] y los últimos [hora undécima]; de hecho es de notar que los demás han desaparecido del relato y sólo cuentan aquellos. También es interesante notar que el tema no plantea una cuestión de “justicia” ya que el término se repite dos veces: “les pagaré lo que sea justo” (v.4) y “no te hago injusticia” (v.13). El término “justo” es frecuente en Mateo (17x, frente a 2x en Mc y 11x en Lc) y hace referencia a la fidelidad a la ley; y se dice tanto de José (1,19) como de Jesús (27,19), de Abel (23,35) o es paralelo de “profetas” (10,41; 13,17; 23,29) y es lo opuesto a “malo” (13,49), “injusto” (5,45) o “pecador” (9,13). “Hacer injusticia” es un verbo que sólo aquí se encuentra en Mateo (cf. Lc 10,19, adikeô), y el sustantivo también se encuentra una vez en Mateo en contraposición a “justos” (5,45; es más frecuente en Lucas, 9x y Hechos, 10x. Ambos términos son frecuentes en Pablo). También es interesante el término “acordar / ponerse de acuerdo” (en un denario) que se repite al comienzo y al final (vv.2.13, symfonéô), y también lo habíamos encontrado cuando dos “se ponen de acuerdo” en la tierra y lo que pidan lo conseguirán del Padre del cielo (18,19). El propietario fue justo ya que pagó a los primeros según lo convenido. 


El término traducido por “amigo” (etaîre) se encuentra solamente tres veces en el Nuevo Testamento, todas en Mateo. Puede traducirse también por “compañero” y siempre es dicho de un modo positivo (en Eclo 37,2.4.5; 40,23 se encuentra en paralelo con otro término que indica amistad: filós). Sin embargo, en Mateo parece poner cierta distancia – no pareciera conflictiva – entre quien la pronuncia y su destinatario (cf. 22,13; 26,50), quizás en el sentido de uno ligeramente superior.


La conclusión del propietario alude al “ojo malo” (ver 6,23) que en Sir 14,8 se dice de la envidia [latín: in-vidia]: afirma que “malo es el de ojo envidioso, que vuelve su rostro y desprecia a los demás”. Nuevamente encontramos el contraste que habíamos visto entre (ojo) malo y (propietario) bueno (cf. 5,45).


Como es habitual en las parábolas, estas expresan en lo general algo que “todos” saben y reconocen, pero en la que ocurre algo que suscita la pregunta o el desconcierto. Y como es también habitual, la escena no concluye, de modo de poner a los oyentes ante la respuesta que cada uno ha de dar.


Hay otros elementos que permiten profundizar el relato: Sin duda se trata de una hacienda media y no una grande, en cuyo caso lo habitual es el propietario ausente en la gran ciudad, y que queda a cargo del administrador. Es el mismo propietario el que sale en búsqueda de los trabajadores jornaleros. Por otra parte, en el mundo antiguo, con frecuencia era preferible recurrir a jornaleros que a esclavos, especialmente en determinados trabajos. Si estos enfermaran, o incluso murieran el amo debía procurar lo necesario, cosa de la que se desentendía en caso del jornalero. De allí que – especialmente para trabajos en zonas difíciles como pantanos, o zonas anegadas, era habitual utilizar jornaleros. Algo semejante en caso de trabajos ocasionales como la vendimia, que solamente se realiza unas pocas semanas en el año.


Por otra parte, es interesante que la economía campesina se vio sumamente perjudicada en tiempos de Herodes Antipas. El campesinado se vio obligado a abastecer con sus productos a la población y la corte de la nueva ciudad de Tiberias (en homenaje a Tiberio). Si antes los pequeños campesinos – especialmente gracias al trueque, que era el modo habitual de comercialización entre ellos – se abastecían con sus productos intercambiando con los vecinos, la llegada de la burocracia, el pago en moneda, los impuestos, y un cierto uso de la violencia, termina forzando a los campesinos a producir sólo aquello que será comprado por la ciudad, con el consiguiente perjuicio económico (y más tarde, la pérdida de la tierra). Todo esto genera una gran desocupación (y la consiguiente abundancia de “jornaleros”).


No se pretende – en la parábola – presentar algo totalmente comprensible (como que se acercan las lluvias y ha de finalizar pronto la vendimia, por lo que se precisan muchos jornaleros y eso provoca la gratitud del propietario) sino que se busca provocar sorpresa en el auditorio. Tampoco pretende responder a la pregunta sobre quiénes son los de la hora undécima, si perezosos que se despertaron tarde o – ante la abundancia de jornaleros – a gente que realmente no fue contratada. El relato se detiene en la hora undécima (rompiendo el esquema de horas “tres – seis – nueve”) y en el diálogo con los parados. Lo que importa es preparar el terreno para el desenlace sorprendente.

Para comprender la necesidad del jornal, lo que se espera del administrador y cómo era la situación de los jornaleros es interesante tener presente este texto

… “dado que estas tierras exigen un gran trabajo, se han acostumbrado a hacer partícipes a sus mujeres de los padecimientos que implican estos trabajos. Al trabajar por un salario, codo con codo, hombres y mujeres, ocurrió en nuestros días un hecho insólito y sorprendente, que afectó a una mujer en particular: Estaba encinta y trabajaba al lado de los hombres por un salario, y en el momento en que le sobrevinieron los dolores del parto, se dirigió en silencio hacia unos arbustos. Allí dio a luz, y envolviendo al niño con hojas, lo escondió; luego se reincorporó al trabajo emprendido y soportó su padecimiento, sin dejar que se trasluciera nada de lo que había pasado. Y cuando el recién nacido se puso a llorar y se hizo manifiesto el suceso, el capataz no pudo en modo alguno persuadirla a dejar el trabajo; no se liberó de su sufrimiento hasta que el que la había contratado se apiadó de ella y, tras darle la paga, la eximió de sus obligaciones” (Diadoro de Sicilia, s.Iº, libro IV, 20).

 

Es interesante, a su vez, comparar la parábola con un texto del Talmud de Babilonia: allí se nos cuenta que Rabí Bun bar Hiyya murió joven. Como es frecuente en la literatura bíblica, surge la pregunta del porqué de la muerte prematura del justo. Así, Rabí Ze’era cuenta a sus discípulos una parábola: 

«un rey contrató a muchos trabajadores, a las dos horas pasó a ver a los obreros, y viendo, tomó a uno de la mano y habló con él, paseándose, hasta el atardecer. Pero a la hora de recibir el jornal, éste recibió lo mismo que todos los demás. Esto provocó que los otros murmuraran “trabajó dos horas y le has pagado el jornal entero”. El rey respondió: “con esto no les hago ninguna injusticia: este trabajador ha realizado en dos horas más que ustedes en todo el día”... del mismo modo, R. bar Hiyya realizó en 28 años más que algunos doctores encanecidos en 100 años».

 

Como puede verse, la parábola de Jesús pretende destacar la gratuidad del obrar de Dios (es un “evangelio en esencia”, se ha dicho). No es el “pago” al obrar humano, sino la gracia la que cuenta. En ciertos sectores la “gratuidad” causa alguna “molestia”, quizás porque no logran quebrar el esquema de la “justicia” (que es el esquema en el que se mueve la parábola del Talmud de Babilonia). Es interesante notar que en el texto, la “gratuidad” no reemplaza la justicia (“no soy injusto…”) sino que la supera. Puede decirse que la gratuidad “disuelve” la justicia porque la presupone, pero la lleva “más allá”. Ser “bueno” (“tomas a mal que sea bueno…”) no puede hacer olvidar la “justicia” (“habíamos acordado en un denario…”) pero sí puede – gratuitamente – ir más allá, hasta lo sorprendente. No es “derecho” del “bueno” no pagar lo justo, lo “acordado”, pero sí puede pagar de más a los que “nadie ha contratado” a fin de que puedan recibir lo necesario para vivir.


Los términos “viña”, “jornal”, “señor de la viña” (que reemplazará al “propietario” en v.8) hacen –a los lectores – pensar en “algo más”. La viña recuerda a Israel, el “señor” a Dios… Los oyentes / lectores saben que se trata del obrar de Dios.


¿Alude a la crítica de los fariseos de que Jesús dispense “amistad” a los publicanos y pecadores? (ver 9,11; cf. Lc 15,29-30; Jon 4,2) expresada en la inversión de los valores entre los primeros y los últimos. En este caso, “los últimos” refiere a aquellos que se sienten llamados (por Jesús) en un segundo momento, después de haber sido frecuentemente rechazados por los “justos”. Pero también – al menos en la etapa final de Mateo – puede aludir a los paganos que se incorporan a la comunidad del reino, la “Iglesia”, el pueblo (“viña”) a gozar de los beneficios de Dios después que durante tanto tiempo Israel haya estado “aguantando el peso del día y el calor”, y estos sólo “trabajan una hora”. La gratuidad, como criterio del obrar de Dios, sigue resultando desconcertante.


El video con comentario al Evangelio puede verse en
https://youtu.be/pH8Zl0aHeZE
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2026/09/comentario-al-evangelio-del-domingo-25-a.html