Dios y el César. Un problema.
Eduardo de la Serna
Valga esto para mirar qué dice el texto (en su contexto) el cual solemos
leer como “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” … (Mc
12,17; Mt 22,21; Lc 20,25).
El texto se encuentra en los tres Sinópticos (Mt / Mc / Lc) con algunas
diferencias. Marcos, al que siguen los otros evangelios, presenta tres
encuentros de Jesús con grupos judíos; en este caso con fariseos acompañados
por herodianos (no en Lucas), los que, como su nombre lo indica, eran
partidarios de Herodes. Ellos le formulan a Jesús una pregunta malintencionada: ¿está permitido dar el impuesto al César o no? Se supone
permitido “religiosamente”, ya que han dicho que “enseña el camino de Dios con
verdad”. La trampa radica en que, si Jesús respondiera que sí está permitido,
los grupos religiosos, como los fariseos, podrían mostrarlo al pueblo como
alguien que acepta la superioridad del Imperio; si respondiera negativamente,
los grupos políticos, como los herodianos, podrían mostrarlo a las autoridades
como subversivo. Respondiera lo que respondiera, la salida parecía imposible. “¿Por
qué me tientan?” (Mc / Mt), les replica Jesús, y les pide “un denario” (Mateo
agrava la cosa pidiendo “la moneda del impuesto”, es decir, con la que “pagan”).
Y Jesús contrapregunta: “¿de quién es esta imagen y la inscripción?” La respuesta
es obvia: ¡del César! Es aquí donde Jesús formula el dicho en cuestión…
Veamos: no hay dudas en “lo del César
al César” y “lo de Dios a Dios”, la clave radica en el verbo. En griego se usa apodídômi.
Dídômi es “dar”; la preposición “apo”, que supone una separación,
“a consecuencia de…”, puede traducirse por “pagar” o por “devolver”; obviamente
supone una deuda que debe resarcirse. Se refiere, entonces a algo que sería
debido al César, pero (y es llamativo que Jesús añada la referencia a Dios ya
que no era el tema de la pregunta) también lo que es debido a Dios. ¿Qué sería
lo debido a Dios en este caso? Porque la lectura habitual parece presentar dos
horizontes, el horizonte político y el religioso que “no se tocan”. Pero, ¿es
eso lo que dice Jesús? No debemos olvidar que esto parte de la pregunta sobre “la
imagen y la inscripción”. ¿Hay una imagen en Jerusalén, y, ¡para peor!, en el
Templo? ¿No están terminantemente prohibidas en Israel las imágenes?
¡Ciertamente sí! El César le ha robado a Dios “lo que es de Dios” haciéndose
una imagen. ¿Y la inscripción? En los denarios en el anverso se dice: “Ti
(berio) Cesar, H(ijo del) D(ivino) Augusto” y en el reverso, “Pontíf (ice) Máximo”.
Nuevamente se le ha robado a Dios lo que es de Dios, ¿es hijo de Dios el César?
Y acá la frase desafiante de Jesús: “si es del César, páguenle, pero, si es de
Dios ¡devuélvanle a Dios lo que es de Dios!”
Del laberinto en el que lo han
puesto, Jesús sale como era de esperar de él: Dios es el rey (reinado de Dios).
Obviamente esto no debió gustarle a los herodianos, y, en las acusaciones para
justificar la condena lo dicen claramente: “–Hemos encontrado a éste
incitando a la rebelión a nuestra nación, oponiéndose a que paguen tributo al
césar…” (Lc 23,2). Jesús no presenta dos “mundos” distintos e intocables,
sino que pretende un mundo en el que Dios reine, y lo hace cuando nos
relacionamos como hermanas y hermanos, no cuando hay un “imperio” que decide, y
lacayos que “obedecen”. El que “enseña el camino de Dios con verdad” sabe que,
si el César le roba a Dios lo que es de Dios, en el mundo prima la injusticia,
la opresión y la muerte, mientras que, si se “devuelve a Dios lo que es de Dios”,
en un mundo de hermanas y hermanos, brilla la paz, la fraternidad / sororidad y
al brillar, Dios está reinando y los “espías del imperio” no pueden “sorprenderlo
con ninguna palabra delante del pueblo” (Lc 20,26).
Imagen tomada de https://blognumismatico.com/2024/04/10/denario-de-tiberio-el-denario-del-tributo/
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