Un camello no pasa por el ojo de una aguja
Eduardo de la Serna
Como estamos viendo en los textos recientes, hay algunos “dichos”
de Jesús que parecen causar molestia y se los intenta adaptar o deformar de
modo que no resulten ofensivos. No es casual que muchos de estos textos hagan
referencia a los ricos y los pobres.
Uno de ellos, quizás de los más “molestos” es aquel en el
que Jesús dice que “es más fácil que un camello entre (o atraviese, Marcos) por
un orificio (ojo, Marcos) de aguja que un rico entre en el reino de Dios” (Mt
19,24 / Mc 10,25 / Lc 18,25).
Hay varios aspectos interesantes a tener en cuenta, al menos
brevemente, antes de mirar el dicho de Jesús. Por ejemplo, que para el término “aguja”,
Mateo y Marcos usan una palabra (rhafídos) mientras que Lucas la modifica y utiliza otra (belónês) que puede indicar también la punta de una
flecha. Otro aspecto muy interesante es que Mateo, que casi siempre utiliza “reino
de los cielos” para evitar mencionar a Dios, porque resultaría chocante para el
auditorio, en este caso (y unos pocos más) prefiere “Reino de Dios”,
seguramente con la intención de ser provocativo.
El texto del
camello y el ojo de la aguja viene precedido de otro dicho que debe ser señalado:
“difícilmente los que tienen riquezas / un rico (Mateo) entrarán en el reino de
Dios / de los cielos (Mateo)” (Mc 10,23 y paralelos) lo que motiva la sorpresa de
los discípulos en Marcos. Habitualmente se entendía que una persona que
tenía riquezas, era porque había sido bendecido por Dios y, por lo tanto, era razonable que entrara en el Reino. Por eso la duda: ¿entonces quién podrá
salvarse? Lo imposible para los seres humanos es posible para Dios, cosa que –
en Lucas – ya sabíamos desde el anuncio del ángel a María (Lc 1,37).
Señalemos
brevemente que, en esta unidad, Jesús enfrenta una cuestión sobre la mujer (y
la separación matrimonial), sobre los niños y – aquí – sobre los pobres. En
estos casos vemos que Jesús confronta con “lo establecido”: la mujer no es un
objeto descartable, los niños, los que no tiene mérito alguno, son el modelo y “de
ellos es el Reino” y, finalmente, los pobres puesto que las riquezas de quien se niega a compartir
con ellos sus bienes no permiten el acceso al Reino… Dios mira con otros ojos y Jesús
nos invita a hacer suya su mirada.
Pero como el
texto resultaba chocante, se lo “suavizó” de dos modos:
- El “camello” en realidad no es tal. Se propone que en lugar del griego kámêlos debería leerse kámilos que es un cable grueso utilizado, por ejemplo, para amarrar barcos. Una dificultad viene dada en que en ninguna parte ni del Antiguo ni el Nuevo Testamento griego se encuentra este término. Ciertamente esto no es decisivo, pero es un indicio. Otro aspecto interesante es que hay un dicho rabínico:
“¿Hemos visto alguna vez a un hombre imaginar una palmera datilera de oro o un elefante pasando por el ojo de una aguja?” (bBer 55b)
- La aguja en realidad no es tal, se trataría de una puerta de Jerusalén por la que entran las personas, pero por la que los camellos no pasan. Acá encontramos el problema inverso: el término “aguja” solo se encuentra en este texto en toda la Biblia (con la diferencia señalada entre Mateo-Marcos y Lucas), pero no existe en ningún texto una referencia a esta supuesta puerta.
Señalemos,
además, que con cierta frecuencia Jesús recurre a algunas exageraciones (se las
conoce como hipérboles). En Mateo y Lucas encontramos un ejemplo
evidente: “¿Cómo es que miras la paja que hay en el ojo de tu hermano, y no
reparas en la viga que hay en tu propio ojo?” (Lc 6,41); es evidente que nadie
tiene una viga en el ojo, pero la exageración invita a pensar la situación; del
mismo modo, es imposible que un camello (el animal más grande para el ambiente)
pase por el agujero más pequeño (el ojo de una aguja). Al decir de muchos
estudiosos, ante la “suavidad” que algunos proponen: “un camello es un camello
real, y una aguja es una aguja real”.
Suele ocurrir que cuando los textos o dichos de Jesús nos
incomodan, buscamos suavizarlos o adaptarlos. Más sensato (¡más cristiano!)
sería mirar bien lo que Jesús dice y dejarnos enseñar por él. De eso se trata
el Reino de Dios.
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