Si quieres ser perfecto…
Eduardo de la Serna
Es conocido el relato del rico
que sale al encuentro de Jesús y le pregunta qué debe hacer para alcanzar “vida
eterna”.
Es interesante que cada uno de
los tres evangelios que relatan la escena tiene sus propias características y
sus propias intenciones teológicas; por ejemplo, en Marcos se trata de un
adulto, en Lucas de un jefe y en Mateo de un joven; mientras en Marcos y Lucas
este llama a Jesús “maestro bueno”, en Mateo le dice “Maestro… ¿Qué de bueno
debo hacer?”, etc.
Lo que nos interesa en este caso
es que luego que Jesús mencionara varios de los mandamientos (a los que Mateo
añade “amarás a tu prójimo como a ti mismo”), el rico le responde: “todo eso lo
he guardado” (“desde mi juventud” dicen Marcos y Lucas, no Mateo, puesto que en
este caso se trata de un “joven”). Obviamente el acento está puesto en el
“todo”; se trata, entonces, de un judío ejemplar. Pero – y acá lo que nos interesa
– mientras Marcos y Lucas agregan que todavía le queda “una cosa”, que es
vender “lo que tienes” y compartirlo con los pobres, algo que entristece al
rico y “se fue” (Marcos; Lucas no habla de su partida con lo que sería testigo
de lo que Jesús dirá a continuación sobre los ricos). Pero aquí nos interesa
notar la diferencia que aporta Mateo:
El primer evangelio no dice que
le falta una cosa, sino que debe vender los bienes y darlo a los pobres “si
quieres ser perfecto”. Esto se ha interpretado extrañamente en muchas
ocasiones. Algunos han planteado que en la Iglesia hay un “camino de
perfección”, la vida religiosa, quienes hacen “votos de castidad, pobreza y
obediencia” y así están más cerca de esa perfección indicada por Jesús. Otros
entienden que la perfección sería una suerte de “plus” … Se es cristiano de
todos modos, pero “un poco mejor” si se comparten los bienes con los pobres.
Pero la pregunta sensata es ¿qué quiere decir Mateo? Eso es lo que nos importa.
“Ser perfecto” (en griego téleios)
es un término de muchas interpretaciones; por ejemplo, se dice de Noé (Gen 6,9 [ver Sir 44,17]; suele traducirse,
en este caso, por “íntegro”, irreprochable o cabal; en cambió el cordero o
cabrito para la pascua ha de ser “sin defecto” (Ex 12,5; ver Jue 20,26; 21,4
donde suele traducir “sacrificios” que, se supone, han de ser íntegros); a todo
judío se le encarga “ser íntegro con Yahvé, tu Dios” (Dt 18,13); el corazón ha
de ser “perfecto” ante Dios (1 Re 11,4; ver 15,3.14; 1 Cro 28,9). Se aplica al
maestro “experto” (ver 1 Cro 25,8; Esd 2,63). El salmista exagera diciendo que
“odia con odio perfecto” a los que odian a Dios (Sal 138,22). Para el
enamorado, su pareja es “perfecta” (Cant 5,2; 6,9) mientras que, en Jeremías,
“todos” son llevados al destierro (Jer 13,19).
En el Nuevo Testamento el sustantivo
se encuentra 5 veces en Pablo y 3 en sus discípulos, 5 veces en la carta de
Santiago, 2 en Hebreos y una en 1 Juan. En los Evangelios solamente se
encuentra en Mateo, en nuestro texto y en 5,48. En Pablo hace referencia a
quienes viven “en Cristo”, algo que deben profundizar, por cierto, por ejemplo:
No que lo tenga ya conseguido o que
sea ya perfecto (usa
el verbo teleióô que hace referencia, por ejemplo, a la consagración), sino
que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo
alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía.
Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por
delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama
desde lo alto en Cristo Jesús. Así pues, todos los perfectos (el sustantivo
téleios) tengamos estos sentimientos, y si en algo sienten de otra manera,
también eso se lo declarará Dios. Por lo demás, desde el punto a donde hayamos
llegado, sigamos adelante. (Fil 3,12-16)
El verbo, en cambio, solo se
encuentra una vez en Pablo (en el texto citado), 9 veces en Hebreos (como se
dijo, aludiendo a la consagración sacerdotal), una vez en Santiago, 4 veces en
1 Juan (el amor perfecto). En los Evangelios se encuentra 5 veces en Juan (se
trata de hacer la voluntad de Dios, por eso Jesús antes de morir para que se
“cumplan [teleióô] las escrituras, dice «tengo sed»”, 19,28). En Lucas (2 veces en
Lc y una en Hch) donde es completar, terminar.
Para comprender, entonces “si
quieres ser perfecto” de Mateo 19, es claro que no ha de entenderse en el
sentido de una perfección moral, por ejemplo, o de superioridad ética.
El otro texto de Mateo aporta un
elemento más: después de señalar que Jesús quiere llevar a “plenitud” la “Ley y
los Profetas” (Mt 5,15) y poner como ejemplo seis momentos en los que pretende
“ir más allá” de lo que la Ley dice (“han oído que se dijo… pero yo les digo”)
concluye afirmando: “por tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre de
ustedes que está en el Cielo” (5,48). La perfección, entonces es ir más allá de
la ley, más que lo mandado. Y eso es lo que Jesús propone (“pero yo les digo”).
Podríamos parafrasear, entonces, el encuentro de Jesús con el joven rico con
esta conclusión después que este le afirma que “todo eso” lo cumplió, “¿qué me
falta todavía?” (19,20). Si quieres ser “de mi grupo”, si quieres ser
“cristiano” «vende tus bienes y dalo a los pobres» (19,21). El joven se marchó
entristecido…
Si Marcos y Lucas habían señalado
que “solo te falta una cosa”, Mateo dice lo mismo, aunque con otras palabras…
para ser mi discípulo (“ser perfecto”) debes vender tus bienes y darlo a los
pobres. Solo le faltaba esa cosa, ¡y decidió no hacerla! El texto continúa con
otra frase de Jesús sobre los ricos, el camello y el ojo de una aguja. Es tema
de otra nota.
Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/hombre-caminando-en-un-solitario-camino-al-horizonte-para-alcanzar-su-meta-image157292413
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