martes, 27 de enero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 4º "A"

Jesús propone una vida nueva para los suyos

4º domingo durante el año “A”



Lectura del profeta Sofonías     2,3; 3,12-13

Resumen: en un contexto crítico donde prolifera el hecho de haberse alejado de Dios, el profeta anuncia la inminencia del “día de cólera de Dios” pero que contrastará con la presencia de los pobres y los humildes como fieles a Dios.

Sofonías anuncia la proximidad de la “cólera de Dios”. En medio de estos anuncios críticos encontramos un versículo invitando a los “humildes” (‘anawîm) a “buscar a Yahvé” (ver Am 5,4.6). Lo que caracteriza a estos “humildes” es que cumplen las normas de Dios (como en castellano, el término hebreo tiene la doble dimensión de humilde, opuesto a soberbio y humilde opuesto a rico). Esta búsqueda, además, está en paralelo con buscar la justicia y la humildad (“buscar” a Yahvé es buscar la justicia y la humildad; ver Am 5,14-15; Sal 22,7; 69,33). Quienes lo hagan “quizás” (pueden entenderse como que quizás se decidan a hacerlo) encontrarán abrigo, cobijo (seguridad) el “Día de la cólera de Yahvé”. Este “día de la cólera de Yahvé es muy anunciado en este profeta (1,14-18). Solo la justicia y la humildad permitirán escapar de este castigo, como ocurrió con Noé: Gen 6,8-9).

A continuación se presentan una larga lista de pueblos vecinos (2,4-15) sobre los que Dios descargará su cólera. Sin embargo, todo indica que el gran enojo de Dios es contra Jerusalén por no ser diferente de estos pueblos. En realidad se ha de señalar que en Jerusalén está comenzando a reinar un nuevo monarca, Josías, que sí escuchará la predicación del profeta y hará las reformas necesarias bajo su inspiración. Sin embargo, todo indica que Sofonías ha muerto antes de ver sus frutos.

El castigo dejará lugar (“en aquel día”) a la salvación (otro “día”, que también será universal aunque especialmente beneficiará a Judá). Los idólatras, injustos y soberbios (ver 1,4-6.8-13.16.18; 2,10.15; 3,1.2-4.5) dejan lugar a un “pueblo pobre (‘aniyyîm) y humilde”, un “resto” (ver Is 1,9). El gobierno estará en manos del “rey Yahvé” y los dispersos y desterrados volverán a su tierra. Ese día ya no habrá que “avergonzarse” por haber confiado en lo que parecía confiable y no lo era (ver Is 1,29; 20,15; 45,16; Jer 2,36…; por el contrario, ver Sal 22,6; 25,2; Jb 6,20). Los alegres y arrogantes son quienes cometen fechorías (3,7; cf. 2,15; 1,4-13). Exterminando estos males, Jerusalén (en realidad, “el resto”) tiene motivos para celebrar precisamente con lo opuesto de los “alegres y arrogantes”, que ahora serán los “humildes y pobres”. Mientras el “altanero” se basta a sí mismo (cf. 2,15) el humilde “se cobija en el nombre de Yahvé”.

Como es sabido, la primera lectura suele escogerse en relación al Evangelio del día, en este caso el relato de las Bienaventuranzas de Mateo. Este texto indica que para la liturgia la bienaventuranza de “los pobres de espíritu” no es solamente la primera del discurso, sino la que da sentido a toda la unidad.


Lectura de la 1ª carta de san Pablo a los Corintios            1,26-31

Resumen: en un marco conflictivo frente a algunos que se creen más importantes que otros, Pablo presenta la predicación de la cruz como clave de interpretación. Por eso muestra como eso mismo se vive en el seno de una comunidad “crucificada”.

Pablo está mostrando a los corintios que el sentido de la predicación empieza y se nutre de la cruz. La predicación de la cruz contrasta con las hermosas predicaciones de algunos que tanto seducen a un pequeño grupo de la comunidad (pequeño pero con “poder”). Todo indica que éstos están fascinados con lo “sabias” que son las predicaciones con seductoras palabras y preciosas estructuras discursivas de personajes como Apolo. Pablo no es un buen predicador, él mismo lo reconoce (2,1-5; 2Cor 10,10), pero el centro de la atención no puede estar puesto allí. Lo que cuenta es la cruz. Y la cruz se manifiesta incluso en el modo de predicar del apóstol.
Para ilustrar esto Pablo pondrá dos ejemplos: una comunidad “crucificada” y un “apóstol crucificado” (cada uno de ellos comenzado por el vocativo “hermanos”, 1,26; 2,1). El primero de éstos es el texto litúrgico de hoy. 
El centro de la elección de Dios está puesto en el contraste: sabios / necios y poderosos / débiles. Lo que abunda en la comunidad es, precisamente, el segundo grupo: no hay muchos sabios, no hay muchos poderosos. Obviamente esto indica que algunos pocos sí lo son, y es precisamente este grupo el que causa el conflicto frente al que Pablo interviene. A diferencia de lo que el ambiente cultural valora, los elegidos por Dios son lo opuesto de lo esperado. Y la razón de esta elección divina es “para avergonzar”. El marco es ciertamente conflictivo.
Mientras el ambiente imperial valora la sabiduría y el poder, Dios mira con otros ojos. Y al elegir contraculturalmente “confunde” a los sabios y a los poderosos. Es significativo – en ese sentido – que al doble contraste ya señalado agregue que en la comunidad tampoco hay muchos “biennacidos” (eugeneis). No está de más recordar que el medio ambiente valoraba a estos grupos, mientras que consideraba “vergonzoso” a los necios, a los malnacidos. Dios se guía con valores distintos a los que son tenidos en cuenta por el “establecimiento” (“el mundo”) greco-romano y expresamente quiere “avergonzarlos”.
Y para reforzar la idea insiste que Dios ha elegido a los “malnacidos” (ageneis) para “el mundo” y a los insignificantes, o despreciados (exouthenêmena), a los que “no son” para “desempoderar” (katargeô) a los “que son”. El marco es evidentemente conflictivo y mal se haría en disimularlo.
El texto dice literalmente: “para que nadie se jacte en la carne ante Dios” (v.29). “Jactarse” (kaujaomai) es un verbo muy importante en Pablo. Es absurdo jactarse de algo, sólo tiene sentido jactarse cuando es Dios quien hace algo en nosotros (v.31), pero “jactarse” de nuestras capacidades (en este caso se refiere a la sabiduría, al poder o a ser “biennacidos”) es ciertamente necio y absurdo ante Dios y es a esos a los que Dios avergüenza.
Lo que tenemos nos viene de estar “en Cristo”, es decir plenamente unidos a él (seguramente por el bautismo). Y todo aquello por lo que podríamos jactarnos es precisamente por su obra en nosotros: sabiduría, justicia, santificación y redención. En esto sí tiene sentido “jactarse” porque se trata no de valorar nuestras fuerzas o capacidades sino, por el contrario, valorar la obra de Dios en nosotros.

Evangelio según san Mateo     4,25 - 5,12a

Resumen: Jesús empieza su predicación reconociendo como felices a los que vivan de una manera coherente con el Reino que él anuncia. Dios se manifiesta del lado de sus amigos.

La referencia a las multitudes que siguen a Jesús forma, en realidad la conclusión de la sección narrativa (“Jesús recorría toda Galilea… lo siguió una gran multitud de Galilea…”, 4,23-25) pero está colocada en el texto litúrgico con la finalidad de entender la actitud de Jesús en 5,1 al “ver la multitud”.

Nos encontramos con el primer discurso de Jesús lo cual, sin duda tiene una particular connotación (lo mismo ha de decirse de las primeras palabras de Jesús en los restantes evangelios). Jesús "sube al monte” (5,1) del cual recién descenderá en 8,1 constituyendo una larga sección discursiva conocida como “el Sermón del monte, 5,1-7,28, enmarcado, además con la palabra clave “enseñar” (5,2; 7,29).

El texto da por supuesto que se sabe a qué monte se refiere (al monte, tó oros) aunque la localización precisa no sea importante. En Ex 19,3.20; 24,12.15.18; 34,1.2.4; Dt 9,9; 10,1.3 se señala que Moisés “sube al monte”. La actitud de “sentarse” es propia del maestro (Mt 13,1.2; 23,3; 26,55; Lc 2,26; 4,20). En este caso la montaña quizás simplemente sea presentada como un lugar en el que es posible dirigirse a una multitud (que no cabría, por ejemplo, en una sinagoga). 

Lo primero que el Maestro dirá son una serie de reconocimientos de que determinadas personas han de reconocerse como “bienaventuradas”, makarioi.

Makarioi”, felices, dichosos, es un reconocimiento a las personas que están en una situación determinada, cf. 1 Re 10,8; 2 Cro 9,7; Tob 13,14; Sal 1,1; 2,12; 32,1; 84,5; 106,3; 119,1.2; 128,1; Sir 25,8-9; 48,11; Is 30,18; 32,20; Bar 4,4. Se trata de una felicitación por vivir de esa manera (y es lo contrario de los “ay”, también usado frecuentemente: "ay de los que..."). 

Para comprender bien las bienaventuranzas de Mateo es importante mirar las bienaventuranzas de Lucas que parecen más fieles a la fuente común, el texto Q. Esto nos permite descubrir lo que Mateo quiere destacar.

Para empezar, las bienaventuranzas de Lucas son dirigidas a los que están presentes (“ustedes”) mientras que las de Mato se dirigen a un público impreciso: “aquellos que” eligen vivir de determinada manera.

En segundo lugar la característica de Lucas es que la situación cambiará, entonces lo que se celebra no es tal o cual situación sino la nueva situación que sobrevendrá en un futuro (los que lloran serán consolados; pero destaquemos que se refiere a un futuro histórico, no “celestial”). Se trata de una situación que es negativa (llorar), mientras que la futura es beneficiosa (ser consolados, por Dios). Mateo, en cambio, presenta situaciones que son beneficiosas. Para poder lograrlo, espiritualiza aquello que encontró en Q. Veamos un ejemplo: es malo tener hambre, lo positivo es que en el futuro ellos “serán saciados” (= Lucas); Mateo, en cambio destaca que esta hambre y sed es “de justicia” (con lo que esa hambre pasa a ser positiva) y la saciedad ocurre en la consecución de la justicia. Otro elemento (que no hace a nuestra lectura) es que las cuatro bienaventuranzas de Lucas se corresponden con cuatro ayes contrapuestos. Como también en aquellas, la situación se invertirá, y la antigua situación beneficiosa será tenida por negativa en el tiempo histórico futuro. Lo que interesa es que se constata una situación y se reconoce felices a los que la viven. En Mateo se trata, entonces, de virtudes.

Hay indicios que nos permiten concluir que Mateo debió incluir una nueva bienaventuranza (la novena) a su cuadro original, seguramente a raíz de la situación concreta que vive su comunidad. En primer lugar, la primera y la octava se justifican en presente, y no en futuro y finalizan idénticamente: “a ellos les pertenece (presente) el reino de los cielos”. En segundo lugar, porque la temática de la novena bienaventuranza no parece muy diferente de la octava (“los perseguidos”) lo que lleva a pensar que Mateo quiso reforzarla por motivos contextuales concretos. En tercer lugar, la novena, a diferencia de las restantes – y a semejanza de Lucas – se dirige a “ustedes” y no a “aquellos que…”.

Se podría destacar mucho de cada bienaventuranza. Veamos brevemente:

Felices los pobres de espíritu: Como se dijo, Mateo espiritualiza a fin de que lo que es en sí malo, pero cambiará en el futuro, para él, ahora sea positivo. La primera bienaventuranza, “felices los pobres” la transforma en “pobres de espíritu”. En otra parte, Mateo dirá que Jesús viene a evangelizar a los pobres” (11,5), pero – como en los restantes textos – se refiere a que su situación cambiará, como ocurrirá con los ciegos, los lisiados o los cojos, que serán sanados. En cambio, ahora se refiere a algo que se da “en el espíritu”. Evidentemente, esta bienaventuranza, por ser la primera es la que marca el sentido de las restantes. 

Los términos que hacen referencia a los económicamente pobres en la Biblia hebrea van adquiriendo paulatinamente un sentido religioso, por ejemplo en el Salmo 69 (notar que el salmista se siente ubicado entre los pobres):

El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias… Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva su corazón, ustedes que buscan a Dios! Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,31-34).

En una misma línea, Sofonías (primera lectura) toma la idea de la pobreza e invita a buscarla.

Busquen al Señor, los humildes (anû, pobres) que cumplen sus mandatos: busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así encontrarán un refugio el día de la ira del Señor. (2,3)

Y lo mismo se afirma claramente en Qumrán:

Bendito sea el Dios de Israel… Él ha llamado… ha reunido… A rodillas que tiemblan da fuerza para estar en pie. Y ciñe los riñones de los lomos quebrados. En los pobres de espíritu [anû rûah]… al corazón duro. Por los perfectos del camino serán destruidas las naciones impías” (Regla de la guerra, 1QM 14,7).

Se trata del que no pretende nada ante Dios, no argumenta méritos [por esto algunos autores lo han asemejado a lo que se llama “infancia espiritual”] no se considera autosuficiente sino necesitado de Dios (en su espíritu), reconoce su pobreza y la elige. Ser pobres por elección es el camino necesario para que de ese modo “Dios reine” (en presente). 

Felices los afligidos: las causas de la aflicción ciertamente son muy variadas, desde un duelo a una situación nacional de desgracia, y también la aflicción por haber ofendido a Dios. La causa de esta aflicción no queda especificada, pero es probable pensar en los sufrimientos a causa de la fidelidad. La felicidad radica en que aunque la situación sea negativa el destinatario tiene la oportunidad de ser testigo visible y público de su fe. 

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos (Is 61,1-2).

Como en otras bienaventuranzas la razón de la alegría está puesta en un verbo en voz pasiva; es lo que se llama un “pasivo divino”, es decir – en este caso “serán consolados” – es Dios quien dará el consuelo. El tiempo de la prueba terminará definitivamente.

Felices los pacientes: [en algunos manuscritos y ediciones bíblicas – por ejemplo la biblia de Jerusalén – esta bienaventuranza antecede a la anterior. El tema no es seguro, y seguimos, entonces, el orden propuesto en la liturgia]. El término praeîs puede traducirse por mansos, humildes, incluso pobres (cf. Job 24,4; 36,15). Las restantes veces que se encuentran en Mateo parecen recomendar la traducción por mansos (11,29; 21,5). Pero se trata de una “mansedumbre” activa, resistencia no violenta. El texto parece inspirado en el Salmo 37:

Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. (Sal 37,7-9).

La sociedad está acostumbrada a que los violentos sean los poseedores de la tierra. Mateo les asegura que Dios intervendrá y dará, regalará, la tierra a los no violentos. La verdadera fortaleza está del lado de la no violencia porque tiene a Dios de su parte.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia: La espiritualización a la que hicimos referencia más arriba en este caso se manifiesta en relación a la justicia, es decir a la búsqueda de la voluntad de Dios (5,10.20; 6,1; 21,32).Por tanto, se declaran felices a los que tienen deseo (= hambre, sed; cf. Am 8,11; Sal 63,2) de buscar la realización de la voluntad de Dios (= el Reino de Dios). Pero el hambre y la sed también son imagen de una carencia. La justicia falta en el mundo, y las víctimas de la injusticia cuentan con que serán saciados por Dios quien los sentará en el banquete del Reino (cf. 26,29). El don de Dios es a su vez tarea humana.

Felices los misericordiosos: La relación don y tarea vuelve a manifestarse en esta bienaventuranza ya que hay una relación entre la búsqueda, la práctica de la misericordia y la obtención de la misericordia. Misericordia no se trata de un sentimiento sino de una praxis, una actitud hacia el prójimo, en especial al “mísero”, por ejemplo en el perdón (cf. 18,23-35): “¿no debías tú también haber tenido compasión de tu compañero como yo la tuve de ti?” (v.33).

Felices los limpios de corazón: el añadido “de corazón” refuerza la espiritualización. La pureza era un gesto ritual que Jesús cuestiona (23,36) ya que pretende que esta sea “del interior”. Es importante tener presente que a diferencia de nuestras lenguas, en las que el corazón es la sede de los sentimientos, en la Biblia el corazón es el ámbito de las decisiones y los pensamientos, es el que permite discernir el bien del mal (1 Re 3,9; Dn 2,30; cf. Mt 15,18.20). Ya los profetas señalaban que la pureza no ha de ser primeramente ritual sino una actitud de vida (practicar el derecho y la justicia; cf. Is 1,16). “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro”, dice el Salmo 51,12 (ver Joel 2,12-13). Se trata, en suma, de ser leales con Dios y con el prójimo. Y lo que se dice es que esos “verán a Dios” que se les hará presente en el camino de la vida.

Felices los artesanos de la paz: El trabajo por la paz (eirenopoioi) no es un término frecuente. Pr 10,10 considera trabajador por la paz a aquel que critica con franqueza (contrariamente al que cierra los ojos); y Sgo 3,18: los que trabajan por la paz consiguen justicia. Nada semejante a una actitud pasiva ya que es claramente activa (poieo, hacedores). La paz es la plenitud, el bienestar, la felicidad personal o social. Esos serán tenidos por Dios como hijos, algo que ya ocurre en la comunidad de discípulos (cf. 6,9).

Felices los perseguidos por la justicia: Se refiere, como se ha dicho a aquellos que buscan ser fieles a la voluntad de Dios (= justicia), y por tanto entre ellos “Dios reina” (= 5,3).

Felices serán  ustedes cuando…: como se dijo más arriba, esta parece repetición de la anterior, aunque se ha ampliado, además que aquella se refiere a una situación concreta mientras ésta a una situación probable de futuro. Esta situación es “a causa de mi” (de fidelidad a Cristo). Probablemente la situación que afecta a la comunidad de Mateo por parte de grupos judíos de la ciudad (Antioquía, probablemente) haya provocado la ampliación de esta bienaventuranza. 

La persecución de los profetas en el pasado es un honor para los contemporáneos perseguidos a causa de Cristo. La recompensa será grande en el cielo. Las bienaventuranzas anteriores hablaban de la intervención de Dios expresada en la voz pasiva, aquí el anuncio futuro alude al cielo en retribución por la situación padecida.


Foto tomada de https://filosofiahubertorohden.wordpress.com/2013/01/30/bienaventurados-los-pobres-por-el-espiritu/

lunes, 26 de enero de 2026

Comentario al Evangelio del 4to domingo A

Comentario al Evangelio del 4to domingo A



o también en

https://youtu.be/KAxik2WBw9o

Eduardo

Un país lemming, pero sin grieta

Un país lemming, pero sin grieta

Eduardo de la Serna



El “odiador en jefe”, Jorge Lanata, puso de moda la palabra grieta. Y, como era un buen comunicador (eso hemos de reconocerlo) la palabra circuló y circula a veces todavía… La grieta esto, la grieta lo otro. Es malo que haya una grieta porque divide, separa las familias, las sociedades… ¿Quién se atrevería a negarlo? ¿Quién diría que esa tan mentada es algo positivo, constructivo o, siquiera inocente? Incluso en libros que se autoperciben serios y constructivos encontramos en más de una ocasión esta palabra temible, perversa y nefasta: ¡grieta!

Como yo con el propalador desde hacía años me sentía en la “vereda de enfrente”, o – del otro lado de la grieta, si se quiere – jamás la usé salvo para ironizar. Pero, como estamos en un tiempo en el que ya no se la nombra, y no estaría demás preguntarnos por qué, quisiera hacer una reflexión inicial y un comentario final.

Como se decía, el problema de la famosísima grieta radicaba en que “separaba”, “dividía”, y era vista negativamente porque, evidentemente, la unidad, la convivencia, eran comprendidos como un valor. Pero si miramos con un poco de atención y detenimiento, es sensato formularnos una pregunta, ¿qué era, en realidad, lo que molestaba? ¿la grieta, que separaba, o “el otro lado” de la misma? Para ir al tema: molestaba el kirchnerismo porque generaba divisiones o molestaba el kirchnerismo por kirchnerismo. Sencillamente.

Empecemos con una pregunta elemental: la unidad es buena, necesaria, sensata, pero cuando se produce en torno a un elemento aglutinante que es bueno, sensato y razonable. La unidad de una banda delictiva es adecuada y buena “para la banda”, es el objetivo común lo que los une y es perjudicial para la sociedad esa tal unidad. Que en una sociedad haya unidad, es más que bueno, ¡necesario!, si hay unidad en buscar justicia, paz, verdad, etc. La unidad de los lemmings no es ni sensata, ni conveniente. Y una sociedad lemming no es una en la que yo quiero vivir. Prefiero estar “del otro lado de la grieta”. Insisto: la unidad de por sí no es ni buena ni mala, lo es en función de aquello que provoca la tal unidad. Y la sensación que siempre me provocó el término “grieta” es que no molestaba la división, sino que lo que se “dividía” era el statu quo, y eso siempre molesta a los beneficiados por el mismo. Y, como resulta, yo creo que el statu quo (estado en el que está la cosa) es injusto, es violento, es mentiroso, es cruel, es muerte, pues me he ubicado del “otro lado”, y celebro que exista “otro lado”. En más de una ocasión he dicho que Jesús dijo, en más de una ocasión, que su propuesta de “buenas noticias”, su preferencia por los pobres, que su búsqueda de que todos y todas seamos hermanos y hermanas, eso ¡provoca división! No está de más recordar que Jesús de Nazaret no murió de viejo.

Pero resulta que, puesto que el statu quo, es poderoso, no solamente instituyó el término grieta, sino que convenció a buena parte de la sociedad que no ha de haber “otro lado”, “otra orilla”, “otra vereda”; que no hay sino una única manera de ser. Y, curiosamente, a los hoy grandes y fervorosos propaladores de la “única orilla”, insultadores, ofensores, crueles con quienes creemos que no solamente sí existe otra vereda, sino que creemos que esa tal es mejor, ¡mucho mejor!, y somos insultados, agredidos, ofendidos, pero… Pero nadie usa ya la famosa palabra “grieta”. Ya no hay esa tal y perversa situación… Porque “estamos del lado bueno”, lo que deja claro y patente que la grieta no les importaba nada. ¡Nada de nada! Lo que les importaba era “el otro lado”. Y, si hoy hay divisores, ofensores, agresores, no es un tema, al fin y al cabo, ya no hay grieta y vivimos en un país normal.


Nota: la fama de que los lemmings son unos animales que se suicidan es, por un lado, falsa. Fue invento de Walt Disney en una película (donde, para la escena, mató cientos de roedores) White Wilderness (1958) y hasta generó (1991) un video juego. Los lemings mayores se suicidarían para dar espacio demográfico a los jóvenes (¡linda metáfora, don Walt!); película que ganó un Oscar, lo cual revela quie desde hace ya mucho tiempo los Oscar, como los premio Nobel, tienen más fama que otra cosa. Nada de eso ocurre con los lemmings, y el tema aqui lo uso simplemente usando esa imagen, porque las sociedades sí se suicidan.


foto tomada de https://es.dreamstime.com/conjunto-de-dos-lemmings-ilustración-vectorial-caminar-y-sentarse-limmings-lindos-aislados-en-fondo-blanco-image180221422

sábado, 24 de enero de 2026

La Teología de la liberación sigue floreciendo

La Teología de la liberación sigue floreciendo

Eduardo de la Serna



Como es sabido, la Teología de la Liberación pasó y pasa por distintos estadios.

Surgida en diferentes lugares y confesiones en el tránsito entre las décadas del 60 y el 70, suele llevar su nombre originado en el libro de Gustavo Gutiérrez, “Teología de la Liberación. Perspectivas”, aunque – ya en ese mismo tiempo – hubo conferencias con el mismo título (por ejemplo. de Eduardo Pironio y Lucio Gera). Con el auge de la teología política, teología de la esperanza y teología del desarrollo, la centralidad en la “liberación” le dio a este “hablar de Dios” otra centralidad. La “liberación”, repetía Gutiérrez, es un tema bíblico.

Me permito un breve señalamiento para una mejor comprensión.

  •          Como dije, la teología de la liberación (TL) no nace “católica” sino “ecuménica”; algunos teólogos (y rápidamente también teólogas) protestantes también empezaron a “vivir y pensar” TL.
  •          Desde el comienzo, al menos en muchos de los teólogos de la liberación, no se pensaron como una “teología de genitivo” (teología acerca de la liberación, es decir, la liberación como tema) sino un pensar “desde” un “lugar”. La experiencia de dependencia-liberación era el punto de partida necesario.
  •          La experiencia – la vida – fue luego pensada y razonada (hablada y escrita), de allí que la teología de la liberación se perciba a sí misma como un “acto segundo”, o como un “intellectus amoris”.
  •          Esto ayuda a entender que muchos de los primeros trabajos de TL nacen más como artículos pastorales o charlas / conferencias, luego ampliados una y otra vez. La TL y sus teólogos no son teólogos de escritorio.

Como se ve, el tema es vasto. La situación de América Latina y sus ampliaciones o paralelos en África, Asia y también en otros ambientes urgidos de liberación (feminismo, negritud, indígenas…) ampliaba y amplía más y más el horizonte. Una aclaración breve: el feminismo – o mejor, los feminismos – y sus corrientes de pensamiento, son anteriores a la TL, y por momentos corrieron paralelos sin – lamentablemente – tocarse e iluminarse mutuamente. En muchas exponentes (y pocos exponentes masculinos) pareciera haber hoy un acercamiento que solo puede enriquecer a unas y otros. Las teologías feministas merecen también una reflexión y sistematización que escapan a lo que acá pretendo, pero no por ello dejo de señalarlas, recordarlas y agradecerles.

Señalemos, para no ser injustos, que la TL fue ferozmente combatida, especialmente en el invierno eclesial con Juan Pablo II, Joseph Ratzinger, y personajes como Alfonso López Trujillo y sus adláteres (Darío Castrillón y Antonio Quarraccino especialmente). La censura de muchos teólogos en Puebla (el caso de Gustavo Gutiérrez es emblemática; López Trujillo lo consideraba su gran enemigo) se amplió más aún en Santo Domingo. El tema se apaciguó en Aparecida, aparentemente por influencias del cardenal Errázuriz, a la sazón presidente del CELAM.

A modo sintomático señalemos un aspecto fácil de comprender. Obviamente, por una cuestión biológica, por una parte, y una cuestión editorial por otra, los escritos (y escritores) de TL empezaron a ser menos frecuentes y menos conocidos (la crisis editorial todavía continúa si no se ha agravado). No podemos ignorar que algunas colecciones, que habían comenzado a publicarse, fueron censuradas y hasta prohibidas en el “Invierno”. Esto llevó a una astuta “campaña publicitaria” que afirmaba que caído el muro de Berlín fue muriendo la teología de la liberación, lo cual era un modo evidente de afirmar que esta teología era marxista. En esa misma línea, para “llevar agua para su molino”, fue sintomático el intento de personajes como Antonio Quarraccino de distinguir la teología del pueblo de la teología de la liberación (cosa que en algunos ambientes todavía continúa; incluso en artículos de Juan Carlos Scanonne de aquellos tiempos, se ponía en duda la comunión de ambas).

Pero, con los límites y riquezas propios de cada caso, se siguió “viviendo y pensando” TL. Y se sigue.

El papado de Francisco permitió que ciertos teólogos cobraran nuevos aires, y me permito -a modo meramente ilustrativo – mencionar tres ejemplos: Gustavo Gutiérrez fue invitado a Roma a participar de un encuentro del que participó también el papa; Leonardo Boff influyó claramente en la encíclica Laudato Si y Víctor Codina fue saludado y abrazado efusiva y afectivamente en el viaje papal a Bolivia. De hecho, a partir del papado de Francisco, Leonardo Boff retomó el viejo tema sobre si la Teología del Pueblo era o no considerada Teología de la Liberación, dando un clarísimo ¡sí! a ese interrogante. Muerto Gustavo Gutiérrez se publicó póstumamente una obra en la que venía trabajando por años (Vivir y pensar el Dios de los pobres, Lima: CEP 2025) y el prefacio es ¡del papa Francisco! (donde reitera que la teología del pueblo es teología de la liberación).

Señalo todo esto porque encuentro, en estos días, diferentes textos que me parece no son acabados o complexivos. Se señala, por ejemplo, la desaparición de varios de ellos:

Sin Gustavo Gutiérrez O.P., Enrique Dussel, Franz Hinkelammert, Ignacio Ellacuría, Juan Luis Segundo, Jon Sobrino, Pedro Casaldáliga, Mons. Romero, entre otros que sirvieron de referentes, la Teología y Filosofía de la Liberación deben regresar en América Latina”.

Evidentemente los nombres escogidos son simbólicos, monseñor Romero no era teólogo, Jon Sobrino todavía vive, por ejemplo. Y se omiten nombres como Ronaldo Muñoz, Josef Comblin, Víctor Codina, Juan Bautista Libanio o Elsa Tamez, por ejemplo, y – curiosamente – se omiten totalmente nombres de la Teología del pueblo (Lucio Gera, Rafael Tello, y – ya que señala también filósofos – Juan Carlos Scannone). Además, la ausencia (lamentablemente nos vamos acostumbrando a eso) de biblistas: Pablo Richard, J. Severino Croatto, Milton Schwantes y Carlos Mesters (que vive, todavía). Y, reitero, además de la ausencia de grandes teólogas feministas de América Latina; además que no pueden ignorarse autores europeos que también han aportado claramente al pensamiento teológico latinoamericano (señalo solamente a modo de ejemplo a J. B. Metz, C. Duquoc y J. I. González Faus por hacer referencia a tres países diferentes y autores que ya no viven). Llamativamente, se destaca que esos teólogos deben retoñar (quizás ignorando que retoños hay, y varios de ellos ya llevan años floreciendo). Pero, curiosamente, en sendos trabajos, se ven – como retoños – nombres extraños (y ausencias llamativas). Se mencionan “nombres (que), son hoy referentes del pensamiento católico latinoamericano y logran dialogar con las problemáticas de un mundo globalizado”. Y que, al igual que los nombres referidos del pasado me surgen preguntas: Emilse Cuda no es feminista, por cierto, Rodrigo Guerra o Rafael Luciani no están ni remotamente cerca de la TL, y, de la lista señalada, solo Consuelo Vélez sería acabadamente parte razonable de la misma. Y llaman la atención las ausencias… por ejemplo – además de los mencionados y mencionadas – de Jorge Costadoat, Carlos Suzin, Agenor Brighenti (y, quizás también, de Carlos Schickendantz) por no mencionar a quienes se perciben como herederos de la teología del pueblo, aunque estos seguramente no se referencien en la TL.

Una de las cosas que aprendí en la facultad de teología de Buenos Aires fue que no todos (en realidad, casi ninguno) de los profesores, que eran latinoamericanos, pensaban “desde” América Latina, y, mucho menos que su pensamiento fuera un “acto segundo” desde la experiencia y urgencia de liberación (hoy, quizás, más urgente que ayer) que buscara «vivir y pensar el Dios de los pobres». Celebro, sin embargo, que – como repetía irónicamente Pedro Casaldáliga, “resucitaremos, ¡aunque nos cueste la vida!”


Foto tomada de https://pixnio.com/es/plantas/flores/cacto/hermosas-cactus-flores

jueves, 22 de enero de 2026

Bernabé, compañero de Pablo

Bernabé, compañero de Pablo

 Eduardo de la Serna



Un personaje, algo enigmático por no muy conocido, pero a su vez muy importante en el cristianismo de los orígenes; misionero y testigo de Jesús, fue Bernabé. Se nos habla de él con bastante detalle en los Hechos de los apóstoles, aunque también Pablo hace referencia a él, siempre con respeto y afecto.


Se nos informa que se incorpora al grupo de Jesús desde muy temprano. Muchos judíos piadosos de la Diáspora (= judíos dispersos por el mundo) peregrinaban a Jerusalén con la frecuencia que les era posible . Algunos, incluso, que esperaban la resurrección final, tenían en la región un terreno para ser allí sepultados en osarios, a fin de revivir en Jerusalén cuando ocurriera ese momento esperado. José – a quién pondrán por sobrenombre “Bernabé” (Hch 4,36) –, era un levita originario de Chipre, y recibe y acepta el mensaje de los Apóstoles desde los primeros momentos. Como ahora cree en la resurrección, pero entendida esta de otra manera, es decir, ya no como un volver a la misma vida, sino un pasar a vivir cómo y con Jesús, Bernabé vende el campo que tenía y le entrega en dinero a los Doce, seguramente para que puedan dedicarse de lleno y con libertad al anuncio evangelizador (Hch 4,36-37).


Pasa a ser alguien respetado en la comunidad, hasta el punto en que cuando en Antioquía ocurre una novedad importante, es enviado por los Doce con su misma autoridad (Hch 11,22) para evaluarla y tomar decisiones. Cuando el antiguo perseguidor Pablo se acerca al grupo de Jerusalén, es Bernabé el primero que cree en su sinceridad (Hch 9,26-27), y al ver – en Antioquía – que la incorporación de los paganos es un fenómeno positivo, busca a Pablo – que estaba en Tarso – para que lo acompañe en la tarea (Hch 11,25). Asentado ahora en Antioquía, y siempre junto a Pablo, emprenden importantes viajes misioneros (Hch 13 y 14), y ambos con la novedosa estrategia de trabajar manualmente para no ser mantenidos por las comunidades (1 Cor 9,6). Cuando se debate en Jerusalén la aceptación de no judíos al grupo cristiano, Pablo y Bernabé son reconocidos como los representantes por excelencia de la evangelización a paganos, así como Santiago, Pedro y Juan lo serán de la evangelización a judíos (Gal 2,9). Luego vuelven a Antioquía que resulta ser – para aquellos – el centro estratégico del anuncio de la palabra (Hch 15,22. 30).


Bernabé parece ser pariente de Juan Marcos (Col 4,10), y pretende que también él los acompañe en la misión, lo que provoca tensiones con Pablo (Hch 15,37), las cuales parecen a su vez originadas por el grupo que no acepta a los paganos (Gal 2, 12-13). No sabemos el grado de conflicto entre Pablo y Bernabé en este momento; lo cierto es que ya no aparecen juntos, aunque Pablo siempre habla de Bernabé con respeto (en Gálatas 2,1-10 y en 1 Corintios 9,6), e incluso está junto a Marcos en una prisión, quizás en Éfeso (Flm 24). Es posible que siguiera cada uno su camino, pero con el tiempo las tensiones se hubieran mitigado bastante. De hecho, Bernabé se dirige con Marcos a seguir la tarea evangelizadora en Chipre (Hch 15,39), es decir, en su propia tierra, donde le perdemos el rastro porque Hechos de los Apóstoles se concentra especialmente en Pablo. Hay datos de la tradición que no tienen garantía de ser auténticos, e incluso es posible que haya muerto relativamente pronto, dado el promedio de edad de aquellos tiempos.


Lo cierto es que Bernabé es presentado como un judío piadoso que pronto cree en Jesús resucitado y se entrega completamente al anuncio. Más adelante, también confía en Pablo y su cambio en Damasco, y finalmente cree que el anuncio a los paganos es algo movido por el Espíritu Santo, y por eso se dedica de lleno a la predicación, hasta el punto de no ser siempre bien entendido por el auditorio (Hch 14,12). Incluso, cuando surge un conflicto, no “baja los brazos” sino que se dirige por nuevos rumbos para dedicar su vida entera en la misión. La confianza en la gracia de Dios y la fuerza del Espíritu es, sin duda alguna, la fuerza de vida del misionero.


Imagen tomada de https://www.vaticannews.va/es/santos/06/11/s--barnabas--apostol.html

martes, 20 de enero de 2026

Comentario a las lecturas del domingo 3º "A"

El escenario está preparado para que el reino irrumpa en la historia

DOMINGO TERCERO - "A"


 


Lectura del libro del profeta Isaías     8, 23b-9, 3


Resumen: en claro contraste con los momentos de opresión que han vivido los judíos por parte de los asirios, el profeta destaca la alegría plena que tendrá su origen en el fin de la opresión, el fin de la guerra y el nacimiento (o coronación) de un rey que establecerá la siempre esperada justicia y el derecho.


Un gran canto comienza en Isaías. Es un canto de acción de gracias al comienzo (8,23b-9,4) para pasar luego a cantar el nacimiento del príncipe que traerá la paz y la justicia. Yahvé aparece como el que ha conducido los momentos de sufrimiento a los que el rey asirio ha sometido a su pueblo, pero ahora avanza –siempre conducido por Yahvé- un cambio de situación. No es evidente si por “camino del mar”, “del otro lado del Jordán” y “región de los Gentiles” se refiere a la misma región o a tres zonas diferentes, pero lo cierto es que desde el norte de Israel viene la novedad. El contraste está presentado entre un andar “a oscuras” (cf. 22.23) y ver una “gran luz”. El verso siguiente, explicitando esta “luz” irrumpe con la imagen de la alegría (¡5 veces en el párrafo!), la comparación visible es la alegría del campesino por la cosecha, o la del botín al haber vencido una guerra.

La razón de la alegría son tres motivos comenzado cada uno por  (= porque): el fin de la opresión (v.3), el fin de la guerra (v.4) y el nacimiento de un rey de paz (v.5). El motivo de la alegría tiene que ver precisamente con la desaparición del yugo asirio (cf. Jue 7,15-25), pero también alude a los opresores internos que oprimen a los pobres del pueblo. La imagen es la de la bota opresora y el manto lleno de sangre los cuales serán quemados (cf. Jos 7,21-23). Acabada la opresión y acabada la guerra, la razón de la alegría es obvia. Pero falta un paso (omitido en la liturgia) que es el nacimiento de alguien que se ocupará de que se instauren el “derecho y la justicia” (mispat we tsedaqa, v.6), los mismos oprimidos cantan y celebran su nacimiento (“nos ha nacido”). En el contexto de Isaías es probable que se refiera al nacimiento del rey Ezequías (cf. Is 7,14, el Emmanuel, o quizás, un siglo más tarde, al rey Josías). De todos modos, esta parte está omitida por la liturgia. Sin embargo es importante notar que el centro de esta alegría, y de toda la escena, no está puesto en el niño, sino en Dios.



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     1, 10-14. 16-17


Resumen: Pablo se ha enterado por información oral que en la comunidad de Corinto se han dividido en “partidos” a causa del entusiasmo que algunos predicadores causan en los miembros de la comunidad. Pablo los remite a las causas mismas de la unidad: la cruz y el bautismo invitándolos a tomar en serio estos elementos.


A diferencia de lo que hace en otras cartas, Pablo comienza con una “exhortación” (v.10). El objetivo es frecuente en la carta: evitar las “divisiones” (sjísmata, que como se sabe es frecuente en toda la carta) para lo cual pretende que todos tengas “un único hablar”. Así serán y tendrán una misma “mente” (nous).

Pablo se manifiesta sumamente preocupado por esta división (y lo veremos en muchas partes de la carta); tan preocupado está que no duda en mencionar la fuente de la información: “los de Cloe” (nombre femenino). Ella debe ser conocida en la comunidad, aunque no sepamos si se trata de trabajadores o familiares de ella, si es de Corinto o de Éfeso (donde está Pablo). Ellos narran las “discordias” (éris) de la comunidad.

La división viene dada porque “cada uno de ustedes” anda diciendo por su parte “yo soy de…” La comunidad se ha fracturado en “partidos”. Y se los menciona expresamente: yo de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas y yo de Cristo.

Hechos de los Apóstoles nos informa sobre Apolo. Pablo vuelve a mencionarlo al final de la carta, en 16,12. Lucas nos dice que era un “judío elocuente, versado en las Escrituras” (Hch 18,24). Priscila y Aquila completan su conocimiento. A continuación, viajó desde Éfeso a Corinto (Hch 18,24-28). Esto invita a pensar que es posible que la élite de la comunidad haya quedado fascinada por su predicación.
  
   Cefas es el nombre arameo de Pedro (salvo en Ga 2,7-8 Pablo siempre lo llama por su nombre semita). Sabemos que era el responsable de la predicación a los judíos (no es evidente si se trata de las personas judías o los territorios mayoritariamente judíos; Ga 2,9). Por eso es imaginable que su grupo fuera el grupo de origen semita de la comunidad.

     El grupo de Cristo causa dificultades. Algunos niegan su existencia. Es posible que se trate de aquellos que rechazan “las mediaciones”, en este caso la de los apóstoles para el anuncio del Evangelio (en esta carta se ven otras ocasiones en las que hay quienes rechazan otras mediaciones).

Lo cierto es que se han formado cuatro grupos y eso para Pablo es intolerable.

La cruz de Cristo nos reconcilia a “todos” con Dios, y “todos” estamos con-crucificados juntamente con él (Ga 2,19); el “bautismo” nos incorpora en Cristo a “todos”. La obra de Cristo en nosotros no da sentido a estas divisiones: El bautismo (nos “sumerge” en Cristo y por lo tanto es causa de unidad) nos da un nombre nuevo, nombre que se “invoca” (1,2), nombre en el que nos “exhorta” (1,10); en el bautismo, todas las divisiones se disuelven (Ga 3,28). Los corintios se reúnen “en el nombre” de Jesús (5,4) que nos “justifica” (6,11). La fe, que es fruto de la predicación, remite a este “nombre” (Rom 1,5), que muestra a Dios mismo (Rom 2,24; 9,17) por lo que quien “invoque el nombre del Señor se salvará” (Rom 10,13).

Pablo –lo dice expresamente- bautiza muy poco. Y así, al hacer referencia al bautismo, nadie puede invocar su “nombre” (vv.14.16) porque su "ministerio es el de la evangelización” (v.17). Está llamado a anunciar “buenas noticias” en las comunidades.

Una nota sobre los partidos: algunos han tenido en cuenta que posiblemente la causa de la división fuera causada por los encandilados por la predicación de Apolo, y el contraste con la de predicación de Pablo que parece no haber sobresalido en ello (cf. 2 Cor 10,10; ver 1 Cor 2,1.4). Esta actitud parece haber motivado que otros destacaran las cualidades o preferencias por otros (o por ninguno). Sin embargo, es importante señalar que Pablo no critica a uno u a otro partido, ni tampoco defiende al suyo; a Pablo le resulta intolerable que en la comunidad haya partidos.

Una nota sobre el Evangelio: la palabra “evangelio”, en griego, comunicar “buenas noticias” es un término que tiene una cierta presencia en la Biblia griega (cf. Is 52,7) pero también es muy frecuente en el ambiente imperial romano. Se utiliza para celebrar el nacimiento, la madurez o la coronación del emperador, o sus triunfos militares. Pablo lo utiliza (como lo hace con otros términos) sin dudas en ambos sentidos, y en este último es fuertemente contracultural, más aún cuando lo hace ligado a la “cruz”, otro aspecto claramente romano. Pablo anuncia que la “buena noticia” no viene dada por un triunfo militar ni es celebrada en el culto imperial, sino que un crucificado (por los romanos) es el origen de esta buena noticia que él predica.


Para concluir esta parte, Pablo destaca que no predica con “palabras sabias” para no “aniquilar” o “vaciar” (transformar en nada, kenôthê [de donde proviene kênosis]) la cruz de Cristo. La característica paradojal de la cruz es el contraste de la nada más absoluta de una persona, pero que en ella se comunica a la humanidad la plenitud del poder divino de vida. La elocuencia (¿de Apolo?), las apariencias de sabiduría corren el riesgo de entusiasmarse con el predicador y hacer “desaparecer” la fuerza infinita que se transparenta de la nada de la cruz.



Evangelio según san Mateo    4, 12-23


Resumen: Mateo presenta el ministerio de Jesús ubicándolo geográficamente, llamando junto a sí a los primeros discípulos y en un breve sumario mostrando su predicación del reino de los cielos. Sigue a Marcos con interesantes añadidos. El terreno para empezar su ministerio está preparado.


Jesús está comenzando lo que llamamos su “vida pública”, su ministerio, y Mateo señala tres elementos: el traslado de Jesús a Galilea, un sumario de su predicación y el llamado de los dos primeros pares de hermanos. Los tres elementos están tomados de Marcos, aunque –especialmente en el primero- Mateo añade elementos propios.

Jesús se encontraba en la región del Jordán, pero ante la captura de Juan por parte de Herodes Antipas, Jesús se muda hacia el norte (vv.12-16). A una región muy cercana a la frontera. Se trata de una huida a la región fronteriza para poder escapar si el peligro acechara. Se muda a Cafarnaúm, una muy pequeña ciudad del lago de Galilea (para darnos una idea, mientras Nazaret parece haber tenido menos de 400 habitantes, ahora Jesús se traslada a una “ciudad” que tenía entre 600 y 1500 habitantes por lo que nos muestra la arqueología).

Como es habitual en Mateo, este movimiento de Jesús es justificado con un “cumplimiento” de lo dicho por el profeta. Con algunas diferencias que son interesantes de ver:


Isaías 8,23-9,1
Mateo 4,15-17
Como el tiempo primero ultrajó a la
tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, 
así el postrero honró el
camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los Gentiles.

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,


camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!
El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras de muerte, una luz brilló sobre ellos.
El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.


El texto tomado por Mateo del A.T. sigue la Biblia griega (la Biblia hebrea dice “región de los gentiles” mientras LXX afirma “Galilea de los gentiles”) y acota que las sombras son “de muerte”. La salvación, que en Isaías empezaba desde el norte (ver comentario a la primera lectura), es comenzada ahora que se “cumple” el oráculo del profeta, por la presencia de Jesús en la región. Omitiendo el marco político de Isaías, Mateo señala que quién llena de luz las regiones del norte es la actividad de Jesús.

Una nota sobre el “cumplimiento” del Antiguo Testamento: Particularmente en Mateo, pero también en otros escritores del N.T. se insiste en el “cumplimiento de las Escrituras / los oráculos” de los profetas. Sería falso entender que Dios ha pensado y planeado la historia dejando “tiempos vacíos” esperando que se llenen en el futuro. Eso significaría que la historia está “digitada” por Dios, “planeada”. Y sería sumamente difícil, entonces, explicar el mal en el mundo y la historia. Los profetas hablaron a su tiempo, y esperaban que sus palabras se concretaran en su presente o en un futuro inmediato. Sin embargo, pasado el tiempo, muchos judíos y cristianos vieron o interpretaron que esos dichos volvieron a realizarse de una o de otra manera. Como si se “llenaran” de nuevo contenido (“llenar” y “cumplir” es el mismo verbo). De ese modo, el cumplimiento de las escrituras ha de entenderse como una “re-lectura” y no como una “predestinación” de futuro.

El mensaje de Jesús (v.17) es el mismo que en 3,2 había pronunciado Juan, el Bautista (ver Mt 10,7). La diferencia vendrá dada por qué entiende cada uno que es este “Reino de los cielos” que se avecina. Todo el Evangelio se dedicará a mostrarlo. Ciertamente el reino predicado por Juan es un reino de castigo y fuego muy distinto del predicado por Jesús. De allí que Juan se pregunte si Jesús es “el que ha de venir”. De paso es importante notar que debido a sus destinatarios provenientes del judaísmo, Mateo prefiere señalar que el reino es “de los cielos” y no “de Dios”. Lo usa como sinónimo (ver 21,25 donde es evidente que “cielos” alude a Dios) y no debe entenderse que Jesús se refiere al “cielo” como lo entendemos contemporáneamente, la morada de Dios.

El llamado de los dos pares de hermanos (vv.18-22) está tomado de Marcos y salvo pequeños detalles es idéntico. Son relatos construidos de un modo semejante: El primero mencionado es Simón, de quien se aclara que es el llamado “Pedro”, cambio de nombre que se realizará en 16,18, pero es mencionado desde el comienzo por la importancia que ocupa en la comunidad y en este Evangelio. La primera comunidad empieza a gestarse.

Recorrer, enseñar, predicar y sanar pasan a ser en el sumario conclusivo una suerte de síntesis del ministerio de Jesús (v.23).


Video con comentario al Evangelio en
https://youtu.be/nHOeIEg49hQ
o también en


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