En el libro de los Hechos de los Apóstoles se nos
narra que el Evangelio se empieza a expandir por la región. Con
Felipe – si no antes – la predicación llega a Samaría.
En un lugar,
nos dice el texto, había un tal Simón que practicaba “la magia” (Hch 8,5-8). Es
probable que esto se refiera sea a supuestas curaciones o charlatanerías (ver
13,7-12) o bien adivinaciones (16,16-22) y se informa que era muy famoso y
seguido por la gente. Pero al llegar Felipe, y predicar la Buena Noticia y al
ver los signos proféticos (8,13) todos se convirtieron, ¡e incluso Simón, que
se hizo bautizar!
Como también
es frecuente en Hechos de los Apóstoles, a cada paso pastoral que se va dando
en distintas regiones, Jerusalén manda
sus delegados para dar garantía de que está actuando el Espíritu Santo, y, en
este caso, para constatarlo, envían a Pedro y a Juan (8,14) y todos reciben el
Espíritu de Dios (8,15-17).
Generalmente,
este descenso del Espíritu Santo tiene manifestaciones exteriores que llaman la
atención, y – ¡acá el problema! – esto sorprendió también a Simón. Y pretende
tener también él esa capacidad de donar el Espíritu a quienes él les imponga
las manos, y, para conseguirlo “les ofrece dinero” (8,18). Esto irrita
sobremanera a Pedro y a Juan (Felipe ya ha desaparecido del relato):
¡Maldito seas tú con tu dinero, si crees
que el don de Dios se compra con dinero! Este poder no es para ti ni te
corresponde, porque Dios no aprueba tu actitud. Arrepiéntete de tu maldad y
pide que se te perdone tu error. Te veo convertido en hiel amarga y atado en
lazos de maldad (8,20-23).
En
el mundo pagano era frecuente que al mejor postor se le otorgaban funciones
sacerdotales más importantes; pero, para Pedro, se trata de un regalo de Dios,
un “don”, que no puede manipularse, y menos aún comprarse por dinero. Con esto
se asemeja a la idolatría (ver Deut 29,17; Is 58,6) y de allí la gravedad de la
maldición que cae sobre el mago.
A
continuación, el texto muestra a Simón arrepentido y pidiendo a los apóstoles
que recen por él, y desaparece de la escena.
Es
interesante, por otra parte, que es frecuente en Hechos de los Apóstoles que
ponga en paralelo algo hecho por Pedro y que es a su vez hecho por Pablo. En el
texto que citamos más arriba (13,6-11), aquí, al llegar a Pafos, Pablo también
se enfrenta con un mago llamado Bar Jesús (v.6, nombre hebreo), y también
Elimas (v.8). Parece ser alguien importante contratado por el procónsul en la
corte y que se opone a Pablo seguramente por miedo a perder credibilidad. Pablo
también maldice al mago. La intención de poner a ambos apóstoles en paralelo,
evidentemente, pretende señalar la semejanza entre ambos en dos momentos
distintos del crecimiento de la Iglesia.
Es
interesante que – con el paso del tiempo – en algunos grupos cristianos del siglo
II se habla de “Simón el Mago” como de un personaje perverso que sigue
pervirtiendo las comunidades, pero – evidentemente – se trata de lecturas que
son teológicas, no históricas, y, generalmente originadas en grupos distantes
de la fe.
El
nombre de Simón fue antecedente de un pecado grave para la Iglesia católica, la
simonía (de él proviene el nombre). Esto es la injerencia de lo económico en lo
que debe ser gracia (“gratis lo recibieron, denlo gratis”, Mateo 10,8). De
hecho, el derecho canónico dice:
Quien celebra o recibe un sacramento con simonía, debe ser castigado con entredicho o suspensión (CIC 1380).
Imagen tomada de https://www.primeroscristianos.com/sabes-quien-era-simon-el-mago/
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