Urías, el hitita
Los hititas
eran un pueblo sumamente guerrero, que vivían en la actual Turquía. Habían
combatido de igual a igual con Egipto, venciendo unas veces y siendo derrotados
otras. Pero en tiempos de David ya habían prácticamente desaparecido siendo
vencidos por los que se llamaron “pueblos del mar”, otro grupo guerrero,
oriundos quizás de la región de la actual Grecia. En el libro del Génesis se mencionan a
varios hititas que habitaban en la actual región de Palestina; Abraham, por
ejemplo, compra un campo “a los hititas” en Mambré, donde finalmente será
sepultado él y su esposa Sara (Gen 25,9-10). Como en esa tierra habitaban
antiguamente tanto los cananeos como también los hititas, en ocasiones se hace referencia a
ambos para caracterizarlos por la idolatría (ver Ezequiel 16,3.45).
Sin
embargo, sabemos que en el grupo de élite de David (ver 2 Sam 23,29, “los
treinta”, cf. 2 Sam 23,22) había un hitita (lo que es coherente con su
característica guerrera). Lo interesante, en este caso es que su nombre Urías no
es hitita sino hebreo (significa “Yahvé es mi luz”), nombre que llevan también
sacerdotes judíos (2 Re 16,10-16; Is 8,2; Esd 8,33), por lo que podemos suponer
que no es improbable que se lo tuviera por hitita por sus antepasados, pero ya
no lo fuera. Lo cierto es que no solo pertenece al grupo militar de élite del
rey, sino que tiene un nombre judío. Cuando David manda a su ejército a sitiar
la ciudad amonita de Rabá, entre ellos está Urías. Pero David permanece en
Jerusalén. Es en este tiempo en que David se fascina con Betsabé, “esposa de
Urías”, la hace llevar a palacio y tiene con ella relaciones sexuales de las
que queda embarazada.
David,
entonces, para tapar el asunto hace venir a Urías con la excusa de ser
informado de la batalla y lo envía luego a su casa “a lavarte los pies” (una
manera de decir que tuviera sexo con su mujer). Ciertamente la intención del rey es que
Urías no sospechara del embarazo de su mujer, pero el guerrero no acepta ir a
su casa:
«El arca, Israel y Judá viven en
tiendas de campaña; Joab, mi jefe, y sus oficiales acampan a la intemperie; ¿y
yo voy a ir a mi casa a banquetear y a acostarme con mi mujer? ¡Por la vida del
Señor y por tu propia vida, no haré tal cosa!» (2 Sam 11,11).
No
parece ser que la abstinencia de Urías se debiera a la pureza ritual que deben tener los soldados en
Israel (1 Sam 21,6) ya que, al día siguiente, bebe alcohol (también incentivado
por David; ver 11,13). Fracasado, el rey, en su intento de esconder el embarazo
de Betsabé, lo reenvía al frente de batalla con un encargo recreto al general Joab de que
sea puesto en primera fila en la batalla a fin de que sea matado. Poco tiempo
después David recibe del general la noticia de la derrota: A la pregunta del
rey “¿Quién hirió a Abimelec, hijo de Yerubaal?” –“¡Una mujer, desde lo alto de
la muralla, le dejó caer encima una piedra de moler, y así murió en Tebes!”
–“¿Por qué se acercaron a la muralla?”, tú entonces añades: “Ha muerto también
tu siervo Urías, el hitita” (2Sam 11,21). Es lo que David pretendía...
Este
crimen de David va a ser duramente cuestionado por el profeta Natán (2 Sam
12,1-14). De hecho, un resumen de la monarquía de David dice: «Porque David
hizo lo que el Señor aprueba, sin desviarse de sus mandamientos durante toda su
vida, excepto en el asunto de Urías, el hitita» (1Re 15,5).
Un
soldado, fiel al rey y su causa, combatiente de élite, no pudo enfrentar la
traición de su señor. Éste, en cambio, no tuvo escrúpulos en asesinar a su
compañero y añadir a su viuda en su harem. “¡Por la vida de Dios, que el que ha
hecho eso merece la muerte!” (2 Sam 12,5) dijo David sin saber que se refería a
él mismo. ¡Ya era tarde!
Imagen tomada de https://www.meisterdrucke.pt/impressoes-artisticas-sofisticadas/Flemish-School/415604/Urias,-o-hitita,-enviado-para-a-morte,-tape%C3%A7aria-de-Davi-e-Bate-Seba,-c.1510-15.html
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