viernes, 18 de noviembre de 2022

Un “hoy” militante

Un “hoy” militante

Eduardo de la Serna



Los ejércitos, en el mundo antiguo, eran variados. Las batallas también lo eran. Y pensar una de ayer con la mente de hoy sería falsificar todo desde la raíz. Eso no significa que no importara vencer y evitar ser derrotados, pero eso de que “en la guerra todo se vale” no figuraba en la mente antigua.

En este sentido, y me pretendo limitar a un solo aspecto, es interesante (con todo lo que eso significa) el uso metafórico de las imágenes militares: “Pablo” invita a Timoteo a “pelear” valientemente (batallar, strateúô), y se invita a pelear contra lo que nos impide dedicarnos de pleno a la causa del Evangelio (a lo que suelen llamar “carne”, pero que no debe entenderse en sentido sexual; 2 Cor 10,3; Sgo 4,1; 1 Pe 2,11). A aquellos que “luchan” del mismo bando, Pablo los llama “compañero de armas” (systratiôtes, Flm 2; Fil 2,26), aunque nuestras armas son las de “la luz” o “de la justicia” (Rom 13,12; 2 Cor 6,7) o “de Dios” (Ef 6,11.13), la “fe y el amor” son coraza (1 Tes 5,8; o “la justicia” lo es, Ef 6,14) y el casco es “la esperanza” (1 Tes 5,8; Ef 6,17). Los ejemplos podrían multiplicarse; lo cierto – y es lo que acá interesa – la vida de fidelidad al proyecto de Dios es vista como una lucha, como una “militancia”.

Ciertamente, una batalla requiere “milicias” que combatan por la misma causa. Nuestras “armas” no son “carnales” sino que “son el poder de Dios para demoler fortalezas, destruir teorías” (2 Cor 10:4). Por eso, por ejemplo, Pablo es encarcelado (Fil 1,30), y se invita a Timoteo a “combatir el buen combate de la fe” para “conquistar” la vida divina (1 Tim 6,12). Lejos está, como se ve, el nuevo Testamento de presentar el seguimiento de Jesús como algo “piadoso”, o light. Se trata de “militancia”. Claro que, además, esto está dicho en el contexto del Imperio Romano, en el que su presencia por doquier, y su celo excesivo por cualquier cosa o palabra que pudiera interpretarse como un peligro, lo que volvía doblemente “militante” el seguimiento de Jesús (las prisiones de Pablo, por ejemplo, son buen ejemplo de esto).

Como decíamos, los tiempos son diferentes. Hoy no es ayer (ni mejor ni peor, simplemente diferente), pero militar el Evangelio es siempre un compromiso. Entender que “nuestra lucha” es contra “la carne” y entonces estamos invitados al “ayuno”, o que es contra las voces “del mundo” por lo que se nos invita intensamente a la “oración” es malentender el Evangelio y el tiempo presente. Se trata del “proyecto de Dios”, es decir su “reino”. Dios reina allí donde vemos y vivimos como hermanos y hermanas a los y las otrxs, allí donde combatimos el hambre y la injusticia, donde enfrentamos la discriminación y el odio, donde enfrentamos el miedo y la desesperanza. ¿Qué el “enemigo” es poderoso? Eso sí que siempre fue así, y a ese “enemigo” es al que la Biblia suele llamar “diablo”, el que busca separarnos, ayer y hoy, del proyecto de Dios. Proyecto de fraternidad-sororidad, de reconocimiento de (solamente) un padre, Dios. Ese “enemigo” busca denodadamente enfrentarnos los unos con los otros, volvernos indiferentes a sus sufrimientos, o creernos “superiores” (o convencernos de que somos “inferiores”), o encerrarnos en un egoísmo “meritocrático” de “emprendedores” donde cada quien debe buscar su propia “felicidad” ignorando la vida (o no-vida) de otros y otras. El amor no figura en su horizonte, ciertamente… Y el amor, lo repite Jesús, nos invita a mirar a las y los otrxs como más importantes que, incluso, nuestra propia vida (Jn 15,13). Ciertamente, pocas cosas – si alguna – más militantes que el amor al que Jesús nos invita (Jn 13,1).

Muchos/as podemos creer, hoy, que esta militancia tiene una dirección mientras otros/as creer que el sentido es otro, pero siempre encontrándonos en un objetivo común: la vida plena y feliz de las hermanas y hermanos. Sería, por lo menos, torpe creer que unos y otros somos adversarios, o peor aún, enemigos. El enemigo es el hambre, la injusticia social, la dominación y opresión, la falta de acceso universal a la salud y la educación, al vestido y el descanso… O las fuerzas que buscan imponerlos.

Ciertamente, porque hoy la batalla tiene otros instrumentos, el honor y la fidelidad a la palabra dada no figuran contemporáneamente en el horizonte. Y sería también torpe, ignorarlo. La mentira constituye a los poderosos como elemento central de su poder. La injusticia también. Y la opresión. Y desconocerlo sería ir como corderos al matadero. El combustible que alimenta la militancia, ciertamente, es la esperanza. Militar es conocer la propia causa, conocer las fuerzas adversas, es establecer estrategias (notar los términos griegos señalados al comienzo) y – no está de más recordarlo – saber que la causa es más importante que nada, que la vida (y la no-muerte) de las hermanas y hermanos es más importante que nada, y – no está de más recordarlo – como decía “uno”, sobre todo, “no perder la ternura”.

 

Foto tomada de https://www.turismoreligioso.travel/circuitos-turisticos/huellas-de-peregrinos/

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