lunes, 23 de septiembre de 2019

¿Ocurrió o no?


¿Ocurrió o no?

Eduardo de la Serna



Me parece evidente que a nadie le gusta recibir malas noticias. Es más, cuando alguien viene con “una buena y otra mala” pido primero ésta, para – al menos – después quedarme con un sabor agradable. No coincido con la primera parte del dicho de Serrat (“nunca es triste la verdad”) pero me parece indiscutible la segunda (“lo que no tiene es remedio”).

Fui testigo, por ejemplo, de una situación: una muchacha contaba una experiencia de abuso familiar, y otra, horrorizada le decía -“¡No me cuentes, no me cuentes!”

Los hechos dolorosos simplemente “duelen”. Pero después, además, se empieza a mirar. Y allí es característico tanto el “¡yo no fui!” como el “¡fue él/ella!” (“la culpa es del otro si algo me sale mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal”). Me acuerdo, hace muchos años, un grupo de hermanitos terribles que venían a jugar al jardín de la parroquia que tenía hamacas, toboganes y un “subibaja”. Entre ellos se tiraban piedras, se peleaban. Una vez volvía en mi bicicleta de una casa y estaba el más chiquito en la calle, agarró una piedra y me la tiró (ni se acercó a mí el “piedrazo”) yo paré la bici y le dije “-¿qué hacés?” y él me dice “-yo no fui”. Sólo pude reírme.

La realidad (o realidades) en nuestra América Latina es de mucho dolor. De muchos dolores. Desde lo ambiental a las pobrezas, los migrantes y desplazados y las víctimas de violencias varias, el paramilitarismo y el sicariato, los femicidios y las violencias contra los niños, el hambre y las enfermedades (especialmente las que son consecuencias de la pobreza), la droga y el analfabetismo, la injusticia, la corrupción y las mentiras oficiales (o cuasi) … Y se podría seguir y llenar páginas enteras. Y ante el dolor, algunos eligen no mirarlo, o desviar responsabilidades (yo no fui, fue otro, no hay otro camino, fatalismo); otros deciden “arremangarse” y empezar a buscar soluciones. Hay de todo en la viña del Señor. Es por esto que el enorme teólogo Jon Sobrino afirma que el primer paso es “ser honestos con lo real”. Sin mirar la realidad real no puede enfrentarse un problema, encontrar causas y respuestas, ni pensarse el hecho (sociológica, humana y teológicamente).

Nada de todo esto sirve cuando hay un hecho (por caso los resultados de las PASO) y el (todavía) presidente afirma (y repite) que eso “no ocurrió”. Si no ocurrió no hay mensaje, nadie le dice nada a nadie. Y por tanto no hay que pensar respuestas y/o soluciones (no se entienden algunas medidas tomadas [“alivio”, sic] ante algo que no pasó ¿no?). Es cierto que hay otros (muchos) que creen (creemos) que sí ocurrió y nos llenamos de esperanza por ello. Porque algo pasó, y puede seguir pasando. Y queremos que siga pasando, ¡y más!

Un presidente ausente, una gobernadora encerrada, un intendente de cartón piedra parece todo lo que tienen para ofrecer en estos momentos en que crece el hambre, la desocupación, la emergencia de medicamentos, habitacional, ambiental (y también acá podría llenarse la página) … Y ante el drama, el presidente niega, la gobernadora se va y el intendente sonríe. ¿Entienden por qué pasó lo que dicen que no pasó?

Foto tomada de https://www.vayagif.com/busqueda/0/taparse%20los%20ojos

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.