miércoles, 25 de mayo de 2022

El 666 ¿es el diablo?

El 666 ¿es el diablo?

Eduardo de la Serna



Se suele escuchar, con bastante frecuencia, que hay cosas que son del diablo. Una de ellas es la referencia al número 666.

Un tema, para empezar, es la importancia que en algunos ambientes se le da al diablo (algo hemos dicho en otro texto sobre el tema); casi parece más importante que el mismo Dios. Fuera de esto, hay que señalar que en los últimos tiempos del Antiguo Testamento y durante el Nuevo Testamento (especialmente motivados por la tendencia de “alejar” a Dios de la humanidad) empiezan a proliferar los seres espirituales, ángeles y también demonios. Y en esos seres, los ángeles tienen un general para la batalla, Miguel, y los demonios al Diablo (ver Jud 9; donde como se ve, de paso, no hay una lucha entre Dios y el diablo, lo cual sería – para el mundo bíblico – algo impensable…).

En esa tendencia a presentar diferentes seres espirituales va a ocupar un lugar muy importante la literatura apocalíptica, es decir, los muchos libros judíos de la época que, aunque no estén en la lista de los libros bíblicos, sí nos aportan una gran cantidad de elementos para entender y conocer mejor el tiempo y el modo de pensar.

En esta literatura, suele plantearse, por un lado, las fuerzas del mal (el diablo) que tienen una serie de agentes para obrar la destrucción contra el pueblo de Dios, y, por otro lado, el pueblo de Dios (Israel en los apocalipsis judíos, la Iglesia en el apocalipsis cristiano) que resiste y, finalmente, vencerá (los apocalipsis son libros de resistencia y de esperanza). Ahora bien, y acá el tema, durante un tiempo breve – señalado, por ejemplo – como de 10 años, el pueblo debe resistir a los pueblos que lo oprimen y persiguen, como los griegos, en el AT o los romanos en el NT. Pero, finalmente, el pueblo de Dios triunfará un tiempo interminable – presentado como de 1000 años – sobre sus enemigos. Por eso, los pueblos adversarios son presentados como seres bestiales, en contraste con el pueblo de Dios, que es humano. Las distintas bestias son presentadas como animales espantosos, imaginados con diferentes características aterrorizantes, pero con la muerte y la violencia como emblema. Por el contrario, la humanidad, o el cordero, son signo de la vida y la paz.

En la literatura apocalíptica los colores, los animales, los números, las imágenes tienen siempre una intención simbólica, como el contraste bestias y cordero permite vislumbrar. El diablo, entonces, es imaginado como un dragón rojo (el color de la sangre, para indicar que es asesino). También se lo llama serpiente antigua, Diablo, Satanás, seductor… (Apocalipsis 12,9). Pero este dragón actúa por intermedio de una bestia que, como se dijo, representa a los adversarios del pueblo de Dios. De la bestia, se dice que recibe su fuerza dada por el dragón (13,2). Evidentemente, lo que quiere señalar es que la capacidad asesina del imperio romano (ver las "siete colinas", 17,9) contra el pueblo de Dios, es, en realidad, por motivación diabólica. No es difícil imaginar que la insistencia que era muy frecuente en Asia Menor de que se adore la imagen del emperador como a un dios (13,14) debía ser algo considerado perverso por los cristianos, algo abominable (“bestial”). Esa bestia, es blasfema y hace la guerra a los santos y los vence (13,6-7). En las ciudades, allí donde era obligatorio el culto al emperador, con ofrendas a su imagen, como el culto a un dios, se marcaban como con un sello, las manos o la frente a los participantes, y sólo los marcados podían comprar o vender. Los no marcados quedaban excluidos de la ciudadanía y de las posibilidades de relaciones mutuas. A eso se refiere con la “cifra de su nombre” y “la marca” (13,17), cifra que es "666" (13,18)..

Antes de dar un último paso es bueno recordar que, en las lenguas antiguas, los números se escribían con letras (como lo sabemos por los números romanos, I, V, X, L, etc.). Lo mismo ocurre en el griego y el hebreo. Pues bien, escribir en hebreo “Nerón césar” suma 666. El texto nos quiere decir, entonces, que los que abandonen la fidelidad a Dios para dar culto al emperador como a un dios, son instrumentos del diablo, porque el emperador y el imperio lo son. El 666, entonces, no es número del diablo, sino la actitud de aquellos que no han sabido resistir a las fuerzas imperiales. El diablo actúa por intermedio del imperio romano (y de todas las fuerzas que pretenden que el pueblo de Dios se aparte de la fidelidad al proyecto de Dios para nuestra historia) y la comunidad eclesial está llamada a la resistencia y a la esperanza para dar testimonio a todos y todas de que otro mundo es posible. Un mundo según Dios.

 

Imagen tomada de https://culturacientifica.com/2017/03/08/666-numero-la-bestia-1/

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