¡Muere la libertad! ¡qué carajo ni ocho cuartos!
Eduardo de la
Serna
No es difícil de
entender que en la publicidad se pretende exaltar las bondades del producto que
pretende venderse; es decir, ¡que se compre!
Es sabido que
decenas de veces, el producto que ofrecen resulta verdaderamente un fiasco. Que
lo compren (o, peor / mejor aún, que lo sigan comprando) es un éxito del
publicista, no necesariamente del producto.
Pues bien, ya
sabemos – desde hace décadas – que un candidato es un producto que un buen
publicista quiere vender al electorado. Muchas cosas se tienen en cuenta, y un
buen slogan es una de ellas. “¡viva la libertad, carajo!” resultó – y, horrorosamente,
resulta todavía – un slogan exitoso. Basta con pensar un poco para ver que la
libertad es de unos pocos para sometimiento (y ¡hasta esclavitud!) de unos
muchos.
En nombre de la
supuesta “libertad de transitar” se inventó un ridículo y perverso protocolo y,
entonces, la libertad de protestar, de reclamar, de manifestar desacuerdos
quedó totalmente restringida, cuando no anulada. Si hasta se decía que lo que
no se podía era cortar la calle cuando los que sí lo hacían eran las fuerzas de
inseguridad, e incluso reprimieron y reprimen a los que no están en la calle. Hoy,
por ejemplo, se reprimió y detuvieron jubilados y también a quienes quisieron
manifestar su solidaridad con sus justos reclamos. ¿Y la libertad? ¿Seguirán vociferando
su “¡viva la libertad!” sin que nadie le pregunte ¿dónde está?
Lamentablemente,
en nombre de otra libertad, la de prensa, se montan verdaderas operaciones que tapan,
silencian e invisibilizan la realidad. La realidad de que la libertad es la de
los poderosos contra los débiles, la libertad del zorro en el gallinero, o la
de la ley de la selva. Esa libertad, ¡vive! Mientras tanto, mueren día a día
las esperanzas, las alegrías y los mañanas de las víctimas de la libertad de
pocos. ¡Carajo!
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