miércoles, 4 de febrero de 2026

¡Muere la libertad! ¡qué carajo ni ocho cuartos!

¡Muere la libertad! ¡qué carajo ni ocho cuartos!

Eduardo de la Serna



No es difícil de entender que en la publicidad se pretende exaltar las bondades del producto que pretende venderse; es decir, ¡que se compre!

Es sabido que decenas de veces, el producto que ofrecen resulta verdaderamente un fiasco. Que lo compren (o, peor / mejor aún, que lo sigan comprando) es un éxito del publicista, no necesariamente del producto.

Pues bien, ya sabemos – desde hace décadas – que un candidato es un producto que un buen publicista quiere vender al electorado. Muchas cosas se tienen en cuenta, y un buen slogan es una de ellas. “¡viva la libertad, carajo!” resultó – y, horrorosamente, resulta todavía – un slogan exitoso. Basta con pensar un poco para ver que la libertad es de unos pocos para sometimiento (y ¡hasta esclavitud!) de unos muchos.

En nombre de la supuesta “libertad de transitar” se inventó un ridículo y perverso protocolo y, entonces, la libertad de protestar, de reclamar, de manifestar desacuerdos quedó totalmente restringida, cuando no anulada. Si hasta se decía que lo que no se podía era cortar la calle cuando los que sí lo hacían eran las fuerzas de inseguridad, e incluso reprimieron y reprimen a los que no están en la calle. Hoy, por ejemplo, se reprimió y detuvieron jubilados y también a quienes quisieron manifestar su solidaridad con sus justos reclamos. ¿Y la libertad? ¿Seguirán vociferando su “¡viva la libertad!” sin que nadie le pregunte ¿dónde está?

Lamentablemente, en nombre de otra libertad, la de prensa, se montan verdaderas operaciones que tapan, silencian e invisibilizan la realidad. La realidad de que la libertad es la de los poderosos contra los débiles, la libertad del zorro en el gallinero, o la de la ley de la selva. Esa libertad, ¡vive! Mientras tanto, mueren día a día las esperanzas, las alegrías y los mañanas de las víctimas de la libertad de pocos. ¡Carajo!

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