Samuel, un personaje fundamental
Mirando los textos bíblicos tal como los encontramos
(sin dudas la historia fue bastante más compleja, como siempre suele suceder)
cuando está terminando el período conocido como de “los Jueces” se empieza a
preparar un nuevo momento, el de los reyes. La situación política lo volvía
urgente: los filisteos, un pueblo al que los judíos ven como invasor, y muy
entrenado militarmente (y que tiene el uso del hierro, algo desconocido por los
israelitas), empieza a dominar todo el territorio donde los jueces estaban.
Sabiendo la importancia de la unidad para enfrentar un adversario tan poderoso,
eligen como estrategia tener un rey, el cual finalmente será Saúl, del que ya
hemos hablado. Es en este contexto que encontramos a Samuel, el que aparece tanto
como el último de los jueces y a su vez el que prepara, con su enorme
autoridad, la llegada del futuro rey; pero, además, tiene acciones sacerdotales
y, también, de profeta.
Tan importante fue Samuel que incluso hay dos libros
en la Biblia que llevan su nombre, pero aquí nos interesa lo que podemos decir
bíblicamente del personaje.
Ya su nacimiento es visto como una intervención
decisiva de Dios en una madre estéril (1 Sam 1,5.19-20). Su infancia y juventud
se ubican en un contexto y ambiente sacerdotal. Tan importante se considera
Samuel en la historia de Israel que, si bien antiguamente se afirmaba su
nacimiento en la tribu de Efraím (1 Sam 1,1) con el tiempo, cuando el
sacerdocio empieza a ser visto de un modo más importante, se lo presenta como
de la descendencia de Leví, es decir, de la clase sacerdotal (1 Cro 6,27-28).
También se lo presenta como un “vidente”, es decir,
alguien que sabe ver con “los ojos de Dios” los diferentes aspectos de la
realidad (ver 1 Sam 9,9). Como tal, Samuel sabe ver a quién es que Dios ha
elegido para conducir a su pueblo (9,17; 15,1), y, más adelante, a quien Dios
ha retirado sus favores a causa de su desvarío (15,26). En este sentido, Samuel
prepara la llegada de Saúl, y luego – por diferentes motivos – su posterior
rechazo de Dios y su reemplazo por David (16,13), y más tarde, cuando éste es
perseguido por Saúl, lo protege en la región de Ramá (19,18-22) donde ambos son
custodiados de la ira del rey por intervención del espíritu de Dios (19,19-24).
También actúa como juez, y regaña al pueblo cuando este pide “un rey como los demás pueblos” (1 Sam 8,20) siendo que Israel no es “como los demás” sino que tiene a Dios por rey (8,7), pero a lo que finalmente accede – por intervención de Dios – aunque indicando claramente los riesgos que esto implica, porque el rey, como los de los demás pueblos, será autoritario y dominador sobre sus hermanos.
También tiene un rol militar (7,12-15) enfrentando y
controlando a los filisteos, aunque sin participar en la batalla; de hecho, el
relato finaliza con la sorprendente imagen: “Samuel juzgó a Israel todos los
días de su vida”.
Finalmente, de Samuel se afirma su rol de profeta,
3,20: “acreditado como profeta de Yahvé”; incluso más tardíamente todavía se sigue
afirmando este rol (2 Cro 35,18; Sir 46,13), el que estaba ligado a lo de ser
vidente, pero también en cuanto intercesor: “Moisés y Aarón entre sus sacerdotes,
Samuel entre los que invocaban su Nombre: invocaban al Señor y él les
respondía” (Sal 99,6); ser intercesor era algo que era frecuente también entre
los profetas (ver Jer 27,18).
Señalemos – a modo de conclusión – que se trata de uno de los personajes principales de la historia de Israel. Tanto que Jeremías afirma claramente:
Por tu Nombre, no nos rechaces, no desprestigies tu trono glorioso,
recuerda tu alianza con nosotros, no la rompas. ¿Hay acaso entre los ídolos
paganos uno que haga llover? ¿Sueltan solos los cielos sus aguaceros? Tú,
Señor, eres nuestro Dios, en ti esperamos, porque eres tú quien hace todo eso.
El Señor me respondió: –Aunque estuvieran delante Moisés y Samuel, no me conmovería por ese pueblo. Despáchalos, que salgan de mi presencia. (Jer. 14,21-15,1)
Imagen tomada de https://estudiobiblia.blogspot.com/2010/10/i-samuel-introduccion.html
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