Como ya hemos
dicho en otra ocasión, el nombre Miqueas, que llevan varios personajes en la
Biblia, se atribuye a dos profetas distintos. Miqueas, hijo de Yimlá (ver 1 Re
22) y otro, habitante de Moréset. Ya hemos dicho algo del primero, por lo que
es oportuno decir algo de este último, cuyo nombre lleva un libro que se
encuentra dentro de los llamados “Profetas menores”.
Como decimos, se
nos informa la localidad, Moréset,
cosa que también sabemos por Jer 26,18, pero hoy no hay seguridad acerca del
lugar preciso. Sólo sabemos que no es lejano de Jerusalén. Además, como es
habitual en los profetas, se nos dice en qué período ha ejercido su ministerio:
“en tiempo de Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá” (Miq 1,1), es decir,
aproximadamente entre los años 727 y 701 antes de Cristo.
Pero
Moréset es una región campesina rodeada de fortalezas, y esto implica abusos
contra los campesinos: desde robo de tierras o frutos de cosechas o ganado,
secuestro de hijos para incorporarlos al ejército, e incluso abuso excesivo con
los impuestos. Contra todo esto levanta su voz el profeta. Pero, para mayor
gravedad del tema, esto lo hacen personas que se llaman religiosas, con el aval
de sacerdotes y profetas de la ciudad. Miqueas vive en el campo y padece la
ciudad. Y su mensaje es durísimo contra los sectores de poder, tanto la corte,
como el templo y los profetas (obviamente, falsos profetas). Por eso dice cosas
tan duras como que:
«Escúchenme, jefes de Jacob, príncipes
de Israel: ustedes que desprecian la justicia y tuercen el derecho, edifican
con sangre a Sión, a Jerusalén con crímenes. Sus jueces juzgan por soborno, sus
sacerdotes predican a sueldo, sus profetas practican la adivinaciónn por dinero; y encima se
apoyan en el Señor diciendo: ¿No está el Señor en medio de nosotros? No nos
sucederá nada malo».
(Miq 3:9-11)
Es
decir, una ciudad tan esplendorosa e importante como Jerusalén (¡nada menos que
Jerusalén!) está “edificada” con violencia, sangre e injusticia. Y, por eso, no
teme en anunciar su pronta destrucción (como la inminente destrucción de
Samaría [en el año 722 a.C.] lo prepara). La causa radica en que los jefes, que
deberían ocuparse del bienestar de su pueblo, en la práctica “lo devoran” como
carne para el puchero (3,1-4). Es que no solamente maltratan, sino que, además
les roban campos y ganados (2,1-2).
El
terrible y amenazador ejército asirio avanzaba contra Israel, ya había
destruido Damasco y avanzaba contra Samaría, a la cual, como dijimos, destruirá poco
tiempo después. Esto motivó a que muchos samaritanos huyeran hacia Jerusalén,
por lo que la ciudad debía ampliarse con barrios enteros (a esta edificación de
la ciudad, con violencia y sangre es que alude el profeta). Pero también
Miqueas debe enfrentar a los “profetas” que “hablan en nombre de Dios”, pero –
como él lo dice – hablan por dinero, es decir, dicen a los que les pagan,
aquello que ellos quieren escuchar, en este caso, loas a Jerusalén. El
campesino Miqueas no dudará en afirmar todo lo contrario.
Miqueas
será tenido en cuenta en el Nuevo Testamento ya que, para resaltar un futuro de
esperanza, anuncia que algún día vendrá un buen rey que, como el gran David,
nacerá en Belén (Miq 5,1), porque en esos tiempos Dios descartará el pecado de
Israel “como lo había prometido a nuestros padres” (Miq 5,20 y repite María en
el cantico profético del Magníficat, Lc 1,55). Finalmente, Jesús insiste en que lo más
importante es la misericordia, la justicia y la fe (Mt 23,23) recordando Miq
6,8. Miqueas no predica la resignación, evidentemente, pero ser sumamente
crítico de los poderosos no le impide que, por su confianza en Dios, sea una
persona de esperanza. ¡Y la transmite!
Imagen tomada de https://en-la-biblia.com/miqueas-de-moreset-personas-en-la-biblia-2/
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.