jueves, 14 de mayo de 2026

Miqueas de Moréset

Miqueas de Moréset

 Eduardo de la Serna



Como ya hemos dicho en otra ocasión, el nombre Miqueas, que llevan varios personajes en la Biblia, se atribuye a dos profetas distintos. Miqueas, hijo de Yimlá (ver 1 Re 22) y otro, habitante de Moréset. Ya hemos dicho algo del primero, por lo que es oportuno decir algo de este último, cuyo nombre lleva un libro que se encuentra dentro de los llamados “Profetas menores”.

Como decimos, se nos informa la localidad, Moréset, cosa que también sabemos por Jer 26,18, pero hoy no hay seguridad acerca del lugar preciso. Sólo sabemos que no es lejano de Jerusalén. Además, como es habitual en los profetas, se nos dice en qué período ha ejercido su ministerio: “en tiempo de Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá” (Miq 1,1), es decir, aproximadamente entre los años 727 y 701 antes de Cristo.

Pero Moréset es una región campesina rodeada de fortalezas, y esto implica abusos contra los campesinos: desde robo de tierras o frutos de cosechas o ganado, secuestro de hijos para incorporarlos al ejército, e incluso abuso excesivo con los impuestos. Contra todo esto levanta su voz el profeta. Pero, para mayor gravedad del tema, esto lo hacen personas que se llaman religiosas, con el aval de sacerdotes y profetas de la ciudad. Miqueas vive en el campo y padece la ciudad. Y su mensaje es durísimo contra los sectores de poder, tanto la corte, como el templo y los profetas (obviamente, falsos profetas). Por eso dice cosas tan duras como que:

«Escúchenme, jefes de Jacob, príncipes de Israel: ustedes que desprecian la justicia y tuercen el derecho, edifican con sangre a Sión, a Jerusalén con crímenes. Sus jueces juzgan por soborno, sus sacerdotes predican a sueldo, sus profetas practican la adivinaciónn por dinero; y encima se apoyan en el Señor diciendo: ¿No está el Señor en medio de nosotros? No nos sucederá nada malo». (Miq 3:9-11)

Es decir, una ciudad tan esplendorosa e importante como Jerusalén (¡nada menos que Jerusalén!) está “edificada” con violencia, sangre e injusticia. Y, por eso, no teme en anunciar su pronta destrucción (como la inminente destrucción de Samaría [en el año 722 a.C.] lo prepara). La causa radica en que los jefes, que deberían ocuparse del bienestar de su pueblo, en la práctica “lo devoran” como carne para el puchero (3,1-4). Es que no solamente maltratan, sino que, además les roban campos y ganados (2,1-2).

El terrible y amenazador ejército asirio avanzaba contra Israel, ya había destruido Damasco y avanzaba contra Samaría, a la cual, como dijimos, destruirá poco tiempo después. Esto motivó a que muchos samaritanos huyeran hacia Jerusalén, por lo que la ciudad debía ampliarse con barrios enteros (a esta edificación de la ciudad, con violencia y sangre es que alude el profeta). Pero también Miqueas debe enfrentar a los “profetas” que “hablan en nombre de Dios”, pero – como él lo dice – hablan por dinero, es decir, dicen a los que les pagan, aquello que ellos quieren escuchar, en este caso, loas a Jerusalén. El campesino Miqueas no dudará en afirmar todo lo contrario.

Miqueas será tenido en cuenta en el Nuevo Testamento ya que, para resaltar un futuro de esperanza, anuncia que algún día vendrá un buen rey que, como el gran David, nacerá en Belén (Miq 5,1), porque en esos tiempos Dios descartará el pecado de Israel “como lo había prometido a nuestros padres” (Miq 5,20 y repite María en el cantico profético del Magníficat, Lc 1,55). Finalmente, Jesús insiste en que lo más importante es la misericordia, la justicia y la fe (Mt 23,23) recordando Miq 6,8. Miqueas no predica la resignación, evidentemente, pero ser sumamente crítico de los poderosos no le impide que, por su confianza en Dios, sea una persona de esperanza. ¡Y la transmite!


Imagen tomada de https://en-la-biblia.com/miqueas-de-moreset-personas-en-la-biblia-2/

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