jueves, 6 de agosto de 2026

El lavado de manos de Pilato

El lavado de manos de Pilato

Eduardo de la Serna



El simple hecho de “lavarse” tiene, en la Biblia, diferentes acepciones. Una muy frecuente es lo que suelen llamarse “abluciones”, que implica una purificación ritual. Esto supone que alguna situación ha provocado que alguien quedara “impuro” y debe lavarse o sumergirse (en ocasiones, en griego, se usa el verbo “bautizar”, que significa sumergir). En este sentido, también se utiliza como signo de hospitalidad al peregrino, se lo invita a “lavarse los pies” quitando “el polvo de los camios” antes de, por ejemplo, disponerse a comer (en este sentido, es semejante a “quitar las sandalias”). Esta purificación ritual (es mucho más que un simple tema de higiene) es habitual en los grupos más religiosos de Israel, por ejemplo, los fariseos para los que la casa y la comida son un momento religioso.

Pero, y acá nuestro tema, “lavarse las manos” es también una expresión visible de inocencia:

·         Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Yahveh (Sal 26,6)

·         Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia (Sal 73,13)

En Génesis 20,5 Abimelec afirma que es inocente y dice que obró “con el corazón íntegro y manos inocentes (= limpias)”.

Los cuatro Evangelios, en sus relatos de la Pasión, presentan el encuentro de Jesús con Pilato, pero el de Mateo tiene algunas características propias que es bueno señalar brevemente: los que denuncian a Jesús son los sumos sacerdotes y los ancianos (27,12) y Pilato sabe que lo entregaron por “envidia”, es decir, por conflictos internos (27,18). Pero, inesperadamente, interviene la mujer de Pilato diciéndole que “en sueños” (es decir, por una intervención de Dios) sabe que Jesús es “justo” (27,19). Sin embargo, los acusadores convencen a los presentes de que pidan la cruz para Jesús. Esto fue provocando un amotinamiento (27,24), algo que Roma quería impedir a toda costa (26,5; Hch 21,34). Y acá debe verse con atención la escena: por un lado, tenemos a Pilato que cree justo liberar a Jesús, y por otro las autoridades judías que quieren condenarlo. Es en este momento que Pilato manda traer agua y se lava las manos; es una señal pública de inocencia: “soy inocente de esta sangre” (27,24).

Es necesario destacar que, ante una pena de muerte, hay responsables de la ejecución, y si esta fuera injusta, estos quedan manchados por esa sangre (ver Núm 35,10-33; Dt 19,6-13) y esta debe ser “rescatada”, vengada. El lavado de manos de Pilato, entonces, no es una manifestación de indiferencia o de falta de compromiso, sino una expresión clara de inocencia. De allí que “todo el pueblo” se hizo cargo de la muerte de Jesús: “su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (27,25).

Es muy importante entender lo que Mateo pretende en esta parte del Evangelio (las consecuencias de una mala lectura del texto fueron catastróficas y mucha judeo-fobia encuentra aquí su origen).

Mateo – como cada evangelista – escribe a una comunidad concreta en una situación concreta. En la localidad donde está esta comunidad hay un importante grupo de judíos. Todos ellos fariseos, que eran los sobrevivientes de la crisis luego de la guerra contra Roma. Ellos, por cierto, se veían a sí mismos como el resto de Israel, los herederos de Israel. Pero en esa misma localidad hay un pequeño grupo de antiguos judíos que habían aceptado el Evangelio. Ellos decían que todo lo antiguo se había cumplido (Mateo es el evangelio que con más frecuencia insiste que “se cumplió la Escritura”) y que Jesús es como Moisés, como David, etc. por lo tanto, ellos son el verdadero Israel. Hay así dos grupos que pretenden ser los herederos del pueblo de Dios, los fariseos, por un lado, y la Iglesia por el otro (la palabra “Iglesia” solamente se encuentra en Mateo en los Evangelios; 16,18; 18,17).

Es evidente que lo que Mateo quiere destacar, entonces, es que “el pueblo” ha renunciado a aceptar al enviado de Dios, no ha reconocido los innumerables signos que Dios ha enviado, no ha dado frutos, y, en este conflicto, Pilato es inocente.

Aclaremos: Pilato fue un gobernante sanguinario y muy perverso para Israel, pero el Evangelio de Mateo no pretende hacer un documento histórico, sino una reflexión teológica, y, en ella, quiere destacar que la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios ya que las autoridades y la multitud / el pueblo se han hecho responsable de la sangre del Mesías. Al presentar a Pilato como inocente de esto, Mateo quiere reforzar que la Iglesia, un pequeño grupo de la ciudad, son los destinatarios del dicho, por eso les digo que a ustedes (sacerdotes y fariseos) se les quitará el reino de Dios y será dado a un pueblo que produzca sus frutos” (21,43).


Imagen tomada de https://www.nationalgeographicla.com/historia/2021/05/las-elites-medievales-utilizaban-el-lavado-de-manos-como-un-asunto-social-de-poder

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