Tan judeo-cristiano como humano… ¡nada!
Eduardo de la Serna
Al asumir su presidencia, traicionando
todo lo que había dicho en campaña (“salariazo”, “revolución productiva”),
Carlos Menem reafirmó su “opción preferencial por los ricos” confirmando el
neoliberalismo que el tándem Videla – Martínez de Hoz habían impuesto
violentamente sobre la Patria. Una expresión evidente de esta traición se vio
reflejada en los aplausos que le mereció su discurso inaugural (8 de julio
1989) por parte del capitán ingeniero Álvaro Alsogaray. Y dejo de lado la
cobardía que manifestaban algunos Alvaros al llamar de “centro” sus
agrupaciones de derecha, como también por parte de Uribe, en Colombia. Lo que
más celebró Alsogaray fue la reformulación de la “justicia social” por parte
del neo-presidente hasta el punto de calificarlo de “milagro”.
Siendo que el actual presidente
también tiene “problemas” con el concepto de “justicia social” a la que
califica como robo, o como “desigualdad ante la ley”, y siendo, además, que
según sus propias palabras lo que lo inspira es el mundo judeo cristiano, me
permito una serie de breves reflexiones…
1.- Como es obvio, el concepto “justicia
social” es moderno, y pretender encontrarlo en textos antiguos sería algo anacrónico, aunque estos
puedan ilustrar el presente. La palabra “social”, por ejemplo, no se encuentra
en las traducciones castellanas de la Biblia. En alguna, por ejemplo, la Reina
Valera 1995, traduce una vez “sociedad” el término hebreo īda (Proverbios
5,14) que suele traducirse por comunidad o asamblea, y en griego habitualmente por
synagōgē. Pero esto ya nos permite sacar una primera conclusión: por
encima de todo, Israel se percibe a sí mismo como pueblo, asamblea, comunidad,
sinagoga. Y esto implica
una exigencia primera: los miembros de Israel se perciben a sí mismos como
hermanos. Hasta tal punto que, a diferencia del ambiente (por ejemplo, el código
de Hammurabi) no hay normas para los huérfanos y las viudas, no por
desentenderse individualistamente de ellos, sino precisamente por ser “familia”;
“Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada” (Salmo
68,6). Y es interesante, además (por razones históricas) que al clásico par “huérfano
– viuda” (37 veces en la Biblia) con frecuencia se añade el migrante /
forastero (hebr. gar) “que vive junto a ti” (“porque tales fueron ustedes
en Egipto”, Éxodo 22,20; 23,9; Levítico 19,34; Deuteronomio 10,19).
2.- «De hecho, en el Antiguo Testamento
el fundamento de la fraternidad no es como en Platón una madre mitológica que
constituye la tierra de la patria sino la voluntad de elección de Dios que ha
creado el mundo entero, lo que le da el sentido de conseguir fraternidad. El
dios de Israel no es un vulgar Dios nacional o una divinidad local sino el “dios
de los dioses” (Salmo 82); que Israel sea su primogénito (Éxodo 4,22) no impide
que los pueblos vecinos sean análogamente sus hijos (Deuteronomio 32,6-9). […] Hace
falta añadir otra cosa. No es únicamente la unidad de Dios la que Israel conoce
sino también la unidad de la humanidad. Sabe que todos los hombres descienden
del único Adán, que fue creado a imagen de Dios (Génesis 1,26-27; 5,1-2). La
unidad de la humanidad también se expresa en la figura de Noé. […] Pero Israel
no es sino uno de los dos hermanos. Corresponderá al Nuevo Testamento
desarrollar que el amor paterno de Dios, a pesar de apariencias exteriores, jamás
olvida al otro hermano. […] Es importante en este contexto señalar que ... el
título cristiano de hermano proviene de la lengua religiosa de Israel y no de
la de los cultos de misterio; desde el punto de la vista de la realidad significa
que esto aporta un lenguaje particular, una luz particular sobre la conciencia
que la joven iglesia tenía de sí misma. Ella no se concibe como una sociedad de
tipo mistérica, como un colegio o una asociación de derecho privado sino como
el nuevo pueblo de Dios en analogía con el pueblo de Israel e incluso con la
humanidad». (J. Ratzinger, “fraternité” en Dictionnaire de Spiritualité, ascétique
et mystique, doctrine et histoire; fasc. 37-38) Paris: Beauchesce 1964, cols. 1141-1167
(1143-1148).
La “fraternidad” (y, añado, la
sororidad) constituye el ser de Israel y de la comunidad cristiana.
3.- Una de las críticas desde el
liberalismo al concepto de “justicia social” – obviamente desde una perspectiva
individualista – radica en la supuesta “desigualdad” ante la ley. Pero, por
ejemplo, en Israel está terminantemente prohibido tener a otro judío como
esclavo (cosa que sí está permitido con los pueblos vecinos), y el criterio
fundamental es “es tu hermano” (Lev 25,39-46); del mismo modo, no puede prestarse a
usura al “hermano” (Lev 25,35-37), pero sí a otros pueblos. Esto,
desde una mentalidad como la antedicha, ciertamente puede calificarse como “desigualdad
ante la ley”, pero no puede olvidarse que la fraternidad (y sororidad) es el
punto de partida fundamental. Es decir – mal que les pese a los individualistas
y liberales – está por encima de la propiedad privada.
4.- «A cada cual, por
consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo
necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las
normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata
ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre
unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los
necesitados» [Pío XI, Encíclica Quadragesimo anno (1931) 58].
5.- No podemos dejar de lado que
el actual Papa, León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas
(2026), al presentar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia los
enumera:
- El principio del bien común (59-64)
- El principio del destino universal de los bienes (65-67)
- El principio de subsidiariedad (68-72)
- El principio de solidaridad (73-76)
- El principio de la justicia social (77-81).
Aquí es fácil refrescar que
“los bienes de la tierra —el
suelo, el agua, el aire y los recursos naturales— han sido dados por Dios a
toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras
generaciones, y que toda persona tiene un derecho originario al uso de dichos
bienes. San Juan Pablo II recordaba que «Dios ha dado la tierra a todo el
género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a
nadie ni privilegiar a ninguno» [86]. En
consecuencia, «no es conforme con el designio de Dios, usar este don de modo
tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos»” (65).
“Existe un derecho a la propiedad
privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al
destino universal de los bienes. Según san Juan Pablo II, dicha subordinación
es la regla de oro del comportamiento social y el «primer principio de todo el
ordenamiento ético-social» [88]. La
tradición de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y
administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien común. Dado
que «la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el
derecho a la propiedad privada» [89], su
función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica, sino
como una doctrina cierta de la Iglesia, ya presente en las Sagradas Escrituras
y en los Padres. Por eso, el Papa Francisco recordó que la solidaridad, vivida
en profundidad, significa también «devolverle al pobre lo que le corresponde” (66).
Por eso afirma sin ambages en #
77:
- Para la comunidad cristiana, la justicia social es una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio.
- la justicia nace y se realiza en la fraternidad, porque el modo en el que nos acercamos a los últimos y nos relacionamos con ellos se convierte, en concreto, en la medida de nuestra relación con Dios y con los hermanos.
- La justicia social se reconoce, entonces, por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos —y en particular a los más frágiles— vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás.
Además, señala que, “la justicia
social exige una mirada cuyo punto de partida sean los últimos” (78); “las
injusticias no nacen sólo de decisiones equivocadas de los individuos, sino
también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que
producen desigualdad casi automáticamente” (79) y que “un examen decisivo para
la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de
los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza,
la violencia, el cambio climático y los desastres naturales” (81).
6.- Hasta tal punto, en la
Biblia, el criterio es el cuidado del hermano (y la hermana), especialmente el
débil, el pobre, que, si en la cosecha, uno olvidara una gavilla, no debe ir
por ella, le pertenece al pobre (Dt 24,19); lo mismo si cae al suelo, o lo que
está en los bordes (Lev 23,22), o – para más – cada 7 años, el campo debe
permanecer sin sembrar (Lev 25,4-6) y
lo que pueda recolectarse “les pertenece” también a huérfanos, viudas,
migrantes y pobres…
En ese mismo sentido, al cruzar
los campos, cualquier persona estaba autorizada a comer lo que encontrara, aunque
no estaba permitido llevarse nada (Dt 23,25-26). La tierra, que es de Dios, no puede venderse (algo que,
obviamente, no estaba vigente cuando Israel estaba sometido a otras potencias),
e, incluso, si esta debiera cederse en posesión a un acreedor, esta debe ser
devuelta a su propietario a los 50 años (Levítico 25,10).
En suma
Los textos podrían multiplicarse,
pero basten estos para señalar que por más que el gobierno libertario se autoperciba
(o afirme autopercibirse) influido por los valores judeo-cristianos, nada es
más lejano a todo esto que sus propuestas y gestión. Su actitud frente a los
migrantes, su actitud frente a la tierra y frente a los pobres, la negación de
la justicia social, el individualismo cruel y sádico, la violencia en las
relaciones, la indiferencia, la mentira y el endiosamiento de la propiedad
privada, en nada se asemejan ni a lo judeo ni a lo cristiano. De todos modos,
ya estamos acostumbrados a sus palabras sin sustento, números sin realidad y
gestos sin humanidad; a lo mejor eso “da austríaco”, pero lo judeo-cristiano “nos
lo debe”.
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Amistad_Judeo-Cristiana
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