jueves, 13 de agosto de 2026

María, Trifena, Trifosa y Pérside

María, Trifena, Trifosa y Pérside

Eduardo de la Serna



En el capítulo 16 de la carta a los Romanos, san Pablo manda saludos a un gran número de personas; la mayoría de ellos y ellas nos son desconocidos (por supuesto, para nosotros, no para los miembros de la comunidad); ciertamente Pablo “algo” quiere decirles y por eso dedica tanto espacio a estos saludos personales.

En esta lista, se destacan varias mujeres (a algunas, como Prisca y Junia, las hemos señalado en otra oportunidad); y entre ellas Pablo menciona a María (v.6), Trifena, Trifosa y Pérside (v.12). Como decimos, de ellas no sabemos nada, pero es importante el verbo que Pablo utiliza aplicado a estas cuatro mujeres: “¡trabajaron!”; se refiere a un trabajo arduo, intenso (el verbo griego es copiaô).

Es interesante ver las otras veces que Pablo lo usa: En 1 Tes 5,12 Pablo les encomienda a los tesalonicenses a aquellos que “trabajan” entre ustedes y los presiden en el Señor. En 1 Cor 4,12 señala que él trabajó con sus manos en el anuncio del Evangelio; en 15,10 destaca que “trabajó” (= evangelizó) más que los demás apóstoles; en 16,16 destaca el trabajo evangelizador de Estéfanas y otros con él. En Gal 4,11 se muestra preocupado porque algunos están abandonando lo que Pablo ha hecho en la comunidad y reconoce temer que haya sido en vano “tanto trabajo por ustedes”. Estas son todas las veces que Pablo usa el verbo. Como se ve, no se refiere expresamente al trabajo manual (algo que, por cierto, a Pablo lo ocupaba también en sus comunidades) sino al trabajo evangelizador, trabajar y evangelizar en este caso son sinónimos.

Hay que señalar, entonces, que estas cuatro mujeres se destacan precisamente en las comunidades romanas por su ardua tarea evangelizadora. María trabajó “mucho por ustedes”; Trifena y Trifosa trabajaron “en el Señor”, es decir en la comunidad cristiana, como también lo hizo Pérside, a la que añade “mucho en el Señor”.

“En el Señor” (o “en Cristo”) es una manera típica de Pablo de referir a la comunidad cristiana, lo que implica – por cierto – un modo de vivir y un “lugar”, la comunidad eclesial. Estar “en Cristo” (unidos a Cristo, por el bautismo, como en una casa) es hacer referencia a “ser cristianos”.

Es interesante, entonces, destacar que, para Pablo, en la tarea evangelizadora (que para él es “su vocación”: “Cristo no me envió a bautizar sino a evangelizar”; 1 Cor 1,17) no hay diferencias de género, no hay una tarea de los varones y otra diferente de las mujeres. Pablo ha trabajado / evangelizado arduamente y lo mismo han hecho María, Trifena, Trifosa y Pérside. Para él, evangelizar es una necesidad a la que no puede renunciar (1 Cor 9,16) y lo hace gratuitamente (9,18; 2 Cor 11,7). Las comunidades nacen (en la fe) a partir de la predicación evangelizadora (1 Cor 15,1-2). Y, es importante reiterarlo, lo mismo que Pablo dice de sí mismo, lo dice también de estas mujeres; tanto Pablo como ellas, “trabajaron”.

Lamentablemente, con el tiempo, en la Iglesia, el rol de las mujeres se fue limitando; su papal empezó a quedar limitado a “la casa” (la “domus”, de ahí viene “doméstica”), mientras los varones estaban en “la ciudad” (la “polis”, de ahí viene “política”). Lentamente al comienzo, y más rápidamente después, el lugar de las mujeres en las comunidades fue quedando limitado y reducido. No es ese, como vemos, el espacio que Pablo y las primeras comunidades les asignaban. El ejemplo de estas cuatro mujeres, desconocidas por nosotros, pero valoradas por las comunidades de Roma y por el mismo Pablo, nos muestra que lo más importante en la Iglesia (“la Iglesia existe para evangelizar” decía Pablo VI y repitieron los papas después) no tiene ninguna limitación de género, y la igualdad sigue siendo siempre una tarea y responsabilidad pendiente.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/La_mujer_en_las_ep%C3%ADstolas_de_Pablo_de_Tarso

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