María, Trifena, Trifosa y Pérside
Eduardo de la Serna
En el capítulo 16 de la carta a los Romanos,
san Pablo manda saludos a un gran número de personas; la mayoría de ellos y
ellas nos son desconocidos (por supuesto, para nosotros, no para los miembros
de la comunidad); ciertamente Pablo “algo” quiere decirles y por eso dedica
tanto espacio a estos saludos personales.
En esta lista, se destacan varias mujeres (a
algunas, como Prisca y Junia, las hemos señalado en otra oportunidad); y entre ellas
Pablo menciona a María (v.6), Trifena, Trifosa y Pérside (v.12). Como decimos,
de ellas no sabemos nada, pero es importante el verbo que Pablo utiliza aplicado
a estas cuatro mujeres: “¡trabajaron!”; se refiere a un trabajo arduo,
intenso (el verbo griego es copiaô).
Es interesante ver las otras
veces que Pablo lo usa: En 1 Tes 5,12 Pablo les encomienda a los tesalonicenses
a aquellos que “trabajan” entre ustedes y los presiden en el Señor. En 1 Cor 4,12 señala que él trabajó
con sus manos en el anuncio del Evangelio; en 15,10 destaca que “trabajó” (=
evangelizó) más que los demás apóstoles; en 16,16 destaca el trabajo
evangelizador de Estéfanas y otros con él. En Gal 4,11 se muestra preocupado
porque algunos están abandonando lo que Pablo ha hecho en la comunidad y reconoce
temer que haya sido en vano “tanto trabajo por ustedes”. Estas son todas las
veces que Pablo usa el verbo. Como se ve, no se refiere expresamente al trabajo
manual (algo que, por cierto, a Pablo lo ocupaba también en sus comunidades)
sino al trabajo evangelizador, trabajar y evangelizar en este caso son
sinónimos.
Hay que señalar, entonces, que estas cuatro mujeres se destacan
precisamente en las comunidades romanas por su ardua tarea evangelizadora. María trabajó “mucho por
ustedes”; Trifena y Trifosa trabajaron “en el Señor”, es decir en la comunidad
cristiana, como también lo hizo Pérside, a la que añade “mucho en el Señor”.
“En el Señor” (o “en Cristo”) es una manera
típica de Pablo de referir a la comunidad cristiana, lo que implica – por
cierto – un modo de vivir y un “lugar”, la comunidad eclesial. Estar “en
Cristo” (unidos a Cristo, por el bautismo, como en una casa) es hacer referencia a “ser
cristianos”.
Es interesante, entonces, destacar que, para
Pablo, en la tarea evangelizadora (que para él es “su vocación”: “Cristo no me
envió a bautizar sino a evangelizar”; 1 Cor 1,17) no hay diferencias de género, no hay una tarea de los varones y otra diferente de las mujeres. Pablo ha trabajado /
evangelizado arduamente y lo mismo han hecho María, Trifena, Trifosa y Pérside.
Para él, evangelizar es una necesidad a la que no puede renunciar (1 Cor 9,16)
y lo hace gratuitamente (9,18; 2 Cor 11,7). Las comunidades nacen (en la fe) a
partir de la predicación evangelizadora (1 Cor 15,1-2). Y, es importante
reiterarlo, lo mismo que Pablo dice de sí mismo, lo dice también de estas
mujeres; tanto Pablo como ellas, “trabajaron”.
Lamentablemente, con el tiempo, en la
Iglesia, el rol de las mujeres se fue limitando; su papal empezó a quedar
limitado a “la casa” (la “domus”, de ahí viene “doméstica”),
mientras los varones estaban en “la ciudad” (la “polis”, de ahí viene “política”).
Lentamente al comienzo, y más rápidamente después, el lugar de las mujeres en
las comunidades fue quedando limitado y reducido. No es ese, como vemos, el
espacio que Pablo y las primeras comunidades les asignaban. El ejemplo de estas
cuatro mujeres, desconocidas por nosotros, pero valoradas por las comunidades
de Roma y por el mismo Pablo, nos muestra que lo más importante en la Iglesia
(“la Iglesia existe para evangelizar” decía Pablo VI y repitieron los papas
después) no tiene ninguna limitación de género, y la igualdad sigue siendo
siempre una tarea y responsabilidad pendiente.
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/La_mujer_en_las_ep%C3%ADstolas_de_Pablo_de_Tarso
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