Los trapos no se venden
Eduardo de la Serna
No sé qué pensaron (ni qué
piensan) los jóvenes que decidieron escribir y llevar un trapo escrito con “las
Malvinas son argentinas”. Obviamente algo dijeron en su gesto, pero
sospecho que nunca esperaron ni imaginaron que ese momento simple iba a tener
la trascendencia que tuvo.
Claro que, cuando vieron que
venía “la cana” y lo arrojaron al campo de juego, iba a hacer falta algo más. Otro
paso también imprevisto. ¿Qué pensó (o piensa Giovani Lo Celso) y, luego, los
compañeros que levantaron y mostraron lo que ya era Trapo, con mayúscula? El
contexto del triunfo deportivo no queda aislado de mucho más. Con Inglaterra
siempre es “mucho más”. “El que no salta es un inglés” se repite desde hace
décadas. Pero también ver a los jugadores exhibiendo “el Trapo” tuvo otra
trascendencia.
Es interesante que el gobierno,
insensible a todo lo que es popular, quiso en un primer momento mostrar que los
perversos de siempre (es decir los K, los zurdos, que, para ellos es todo
igual) eran anti-Messi (cosa que, en su insensibilidad manifiesta, quiso
repetir el presidente prescindente a raíz de la muerte del papá de Lio). Pero
cuando ocurrió “lo del Trapo” no pudo menos que mostrar su bronca descargada
con su verba cada vez más escueta y limitada.
Y todo eso en marcos también patéticos:
la supuesta “campaña antiargentina” que recordaba tiempos dictatoriales, cada
vez más reiterados; el proyecto de vender toda tierra a cualquier extranjero
que no sea chino; los insultos a presidentes amigos (y envidiables) con
aplausos a presidentes co-lacayos, co-títeres, co-abyectos…
“La patria es el otro” dijo una; el
“otro” es un enemigo, es despreciable, es necesario combatirlo parece decir este.
Pero resulta que, a veces, un trapo pintado se empieza a colorear de celeste y
blanco, se diluyen las franjas rojas y las estrellas mutan en un sol. Es
demasiado pronto (y quizás ilusorio) para hablar del “subsuelo de la patria
sublevada”, pero por lo menos hemos tenido un recreo.
Ver que todos parecen echarse las
culpas mutuamente, que Sturzenegger, que Adorni, que Pato, que Villarruel, que
Kristalina, que Benegas Lynch… es casi divertido. Saber que en su viaje a
Colombia para la asunción de su clon (¡cómo le gustan los bichos clonados a este…!)
Milei ostentó por doquier una visceral cara de angustia y rabia no puede menos
que dar placer a muchos.
No somos ingenuos, están peleados,
pero no los une el amor sino los intereses. Y hay mucho poderoso y poderosa que
harán todo lo posible, ¡y más!, para evitar la debacle. Pero un recreo no viene
mal. Y soñar que esto puede servir para que algunos o algunas dejen el chiquitaje
de los personalismos y recuerden aquello de “primero la patria…” No está mal
soñar y hasta buscar lo mejor, o lo ideal, pero no podemos ignorar el poder de
los adversarios (basta mirar Palantir). Colombia tuvo el mejor gobierno por lo
menos de décadas, y, sin embargo, fue reemplazado por un clown. Basta con ver a
nuestros vecinos, la Chile de Kast, la Bolivia de Paz, el Paraguay de Peña, el Perú
de Fujimori, el Ecuador de Noboa, la Honduras de Nasfura, el Panamá de Mulino,
y por supuesto Trump… ¡siempre Trump!
El deterioro que vive la gente,
los pobres, y todo lo que sabemos (si queremos ver) urge. El hambre no puede
esperar. No nos podemos dar permiso – en nombre de lo perfecto o de lo ideal –
de otros 4 años de “esto”. Los pobres no se lo merecen. Levantar los trapos es
el primer paso… ahora toca ¡que flameen!
Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/Da1YOa2ACQ_/
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