domingo, 9 de agosto de 2026

Los trapos no se venden

Los trapos no se venden

Eduardo de la Serna



No sé qué pensaron (ni qué piensan) los jóvenes que decidieron escribir y llevar un trapo escrito con “las Malvinas son argentinas”. Obviamente algo dijeron en su gesto, pero sospecho que nunca esperaron ni imaginaron que ese momento simple iba a tener la trascendencia que tuvo.

Claro que, cuando vieron que venía “la cana” y lo arrojaron al campo de juego, iba a hacer falta algo más. Otro paso también imprevisto. ¿Qué pensó (o piensa Giovani Lo Celso) y, luego, los compañeros que levantaron y mostraron lo que ya era Trapo, con mayúscula? El contexto del triunfo deportivo no queda aislado de mucho más. Con Inglaterra siempre es “mucho más”. “El que no salta es un inglés” se repite desde hace décadas. Pero también ver a los jugadores exhibiendo “el Trapo” tuvo otra trascendencia.

Es interesante que el gobierno, insensible a todo lo que es popular, quiso en un primer momento mostrar que los perversos de siempre (es decir los K, los zurdos, que, para ellos es todo igual) eran anti-Messi (cosa que, en su insensibilidad manifiesta, quiso repetir el presidente prescindente a raíz de la muerte del papá de Lio). Pero cuando ocurrió “lo del Trapo” no pudo menos que mostrar su bronca descargada con su verba cada vez más escueta y limitada.

Y todo eso en marcos también patéticos: la supuesta “campaña antiargentina” que recordaba tiempos dictatoriales, cada vez más reiterados; el proyecto de vender toda tierra a cualquier extranjero que no sea chino; los insultos a presidentes amigos (y envidiables) con aplausos a presidentes co-lacayos, co-títeres, co-abyectos…

“La patria es el otro” dijo una; el “otro” es un enemigo, es despreciable, es necesario combatirlo parece decir este. Pero resulta que, a veces, un trapo pintado se empieza a colorear de celeste y blanco, se diluyen las franjas rojas y las estrellas mutan en un sol. Es demasiado pronto (y quizás ilusorio) para hablar del “subsuelo de la patria sublevada”, pero por lo menos hemos tenido un recreo.

Ver que todos parecen echarse las culpas mutuamente, que Sturzenegger, que Adorni, que Pato, que Villarruel, que Kristalina, que Benegas Lynch… es casi divertido. Saber que en su viaje a Colombia para la asunción de su clon (¡cómo le gustan los bichos clonados a este…!) Milei ostentó por doquier una visceral cara de angustia y rabia no puede menos que dar placer a muchos.

No somos ingenuos, están peleados, pero no los une el amor sino los intereses. Y hay mucho poderoso y poderosa que harán todo lo posible, ¡y más!, para evitar la debacle. Pero un recreo no viene mal. Y soñar que esto puede servir para que algunos o algunas dejen el chiquitaje de los personalismos y recuerden aquello de “primero la patria…” No está mal soñar y hasta buscar lo mejor, o lo ideal, pero no podemos ignorar el poder de los adversarios (basta mirar Palantir). Colombia tuvo el mejor gobierno por lo menos de décadas, y, sin embargo, fue reemplazado por un clown. Basta con ver a nuestros vecinos, la Chile de Kast, la Bolivia de Paz, el Paraguay de Peña, el Perú de Fujimori, el Ecuador de Noboa, la Honduras de Nasfura, el Panamá de Mulino, y por supuesto Trump… ¡siempre Trump!

El deterioro que vive la gente, los pobres, y todo lo que sabemos (si queremos ver) urge. El hambre no puede esperar. No nos podemos dar permiso – en nombre de lo perfecto o de lo ideal – de otros 4 años de “esto”. Los pobres no se lo merecen. Levantar los trapos es el primer paso… ahora toca ¡que flameen!


Imagen tomada de https://www.instagram.com/p/Da1YOa2ACQ_/

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