jueves, 20 de agosto de 2026

Los “pobres de espíritu”

Los “pobres de espíritu”

Eduardo de la Serna



En las fascinantes bienaventuranzas del Evangelio de Mateo encontramos, ¡y en primer lugar!, mencionados a los “pobres de espíritu” de quienes se nos dice que de ellos “es el reino de los Cielos”.

Lamentablemente, con mucha frecuencia, este añadido “de espíritu” se ha prestado a malos entendidos que merecen nuestra precisión. Inclusive, de un modo extraño y totalmente falso, se ha llegado a decir que “en todo el Nuevo Testamento” los pobres son “de espíritu”, lo cual no tiene ningún fundamento, por cierto (no aparece en "todo el NuevoTestamento" sino solamente ¡una vez!). Para ser precisos, el término “pobres” (en griego ptôjos; hay otros términos para aludir a los pobres, pero este es el que se señala en este texto) se encuentra 158 veces en la Biblia (34 veces en el Nuevo Testamento) y sólo aquí, por única vez, como decimois, se habla de pobres “de espíritu”. Ciertamente sería muy extraño que lo que se encuentra una sola y única vez sea una supuesta clave de interpretación de todos los demás textos; especialmente de aquellos que desconocen la idea. La bienaventuranza en Lucas, por ejemplo, se refiere a los que son pobres concretos, los que tienen necesidad (ver Lc 6,20).

Lo razonable es intentar entender de qué habla Mateo cuando usa esta imagen. Y lo primero a descubrir es que, en las bienaventuranzas, hay algunos elementos importantes de señalar. Todo parece indicar que estas eran originalmente ocho, pero la situación de la comunidad provocó que se añadiera una novena. Esta, la última, es bastante semejante a la octava (referencia a los perseguidos); hay en la comunidad un contexto de persecución que se ve todo a lo largo del Evangelio y que provocó que a las ocho bienaventuranzas originales se añadiera, repitiendo, para fortalecer a la comunidad, el sostén de Dios a quienes son perseguidos… De hecho, la primera y la octava terminan del mismo modo y en tiempo presente: “es el reino de los cielos”. En las restantes, su conclusión es en futuro. Esto permite entender que la novena es añadida.

Lo siguiente que es razonable señalar es que, por un lado, las bienaventuranzas son un clásico modo sapiencial de dirigirse a un grupo al cual se felicita por su modo de vivir. Sería semejante a pedir “un aplauso para…” quienes hacen tales cosas; cosa que, a su vez, frecuentemente tiene la contraparte, el abucheo, “pobres de aquellos que…” La razón de la felicitación, en este caso, es mostrar cómo las mira Dios. ¿Cómo mira Dios a los mansos, a los que lloran ante la persecución, a los que tienen hambre y sed de Justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los artesanos de la paz…? Ciertamente Dios está de su lado, y ¡esa es la clave! Dios les hará poseer la tierra, los consolará, los saciará en la búsqueda de la justicia, les dará misericordia, les permitirá “ver a Dios”, los llamará sus hijos… Este es el futuro, como decimos, es algo que ciertamente ocurrirá. Pero, ya en el presente, Dios está reinando en aquellos que son “perseguidos por causa de la justicia” y, también, en los que son “pobres de espíritu”.

Mateo está mostrando un modo de vida para su comunidad, por eso es el primer discurso de Jesús en su Evangelio; eso es lo que Dios quiere o, al menos, podemos ver de qué lado está Dios en el drama (la persecución, por ejemplo).

La palabra “pobre de espíritu”, concretamente, no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia, aunque sí la hallamos en los textos de Qumrán:

Bienaventurados los hombres de la verdad, los elegidos de la justicia, los investigadores de la inteligencia, los buscadores de sabiduría, los constructores de [...] los que aman las misericordias, los pobres de espíritu, los depurados por la miseria y los purificados por la prueba, los misericordiosos ... los que se refuerzan hasta el tiempo de tu juicio, los vigilantes de tu salvación (1QH 6,2-5).

Se trata de la actitud del que pone en Dios su confianza, quien no confía en sus fuerzas. Es a ese a quien Mateo congratula diciendo que tiene a Dios por rey.

Hemos escuchado decir, por ejemplo, que ser pobres de espíritu no afecta las riquezas “materiales” ya que se trata de algo “de espíritu”. Ciertamente en nada se asemeja esto a lo que dice el Evangelio; se trata de un abandono total y confiado en Dios, de quien no hace de las riquezas un ídolo, quien no pone en ellas su confianza; se trata, en suma, de quien elige ser pobre, confiado plenamente en Dios… y que, por eso mismo, es feliz, puesto que Dios reina en sus vidas ya en el presente. Ser "pobres de espíritu" ciertamente es expresión concreta de la solidaridad con las víctimas. Hacer una lectura “espiritualista” de un texto tan comprometido con la realidad, muestra, una vez más, que los evangelios pueden manipularse ideológicamente; pero, por su parte, que Dios reina en los que reniegan de la idolatría del dinero y ponen su confianza en el Dios de los pobres; allí Dios reina. Esos sí son bienaventurados…

 

Imagen tomada de https://www.parroquiadesantaanapanama.com/dichosos-los-pobres-de-espiritu-el-reino-de-dios-crece-entre-los-sencillos-24329.html

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