Los “pobres de espíritu”
Eduardo de la Serna
En las fascinantes
bienaventuranzas del Evangelio de Mateo encontramos, ¡y en primer lugar!, mencionados
a los “pobres de espíritu” de quienes se nos dice que de ellos “es el reino
de los Cielos”.
Lamentablemente, con mucha
frecuencia, este añadido “de espíritu” se ha prestado a malos entendidos que
merecen nuestra precisión. Inclusive, de un modo extraño y totalmente falso, se
ha llegado a decir que “en todo el Nuevo Testamento” los pobres son “de
espíritu”, lo cual no tiene ningún fundamento, por cierto (no aparece en "todo el NuevoTestamento" sino solamente ¡una vez!). Para ser precisos,
el término “pobres” (en griego ptôjos; hay otros términos
para aludir a los pobres, pero este es el que se señala en este texto)
se encuentra 158 veces en la Biblia (34 veces en el Nuevo Testamento) y sólo
aquí, por única vez, como decimois, se habla de pobres “de espíritu”. Ciertamente sería muy
extraño que lo que se encuentra una sola y única vez sea una supuesta clave de
interpretación de todos los demás textos; especialmente de aquellos que
desconocen la idea. La bienaventuranza en Lucas, por ejemplo, se refiere a los
que son pobres concretos, los que tienen necesidad (ver Lc 6,20).
Lo razonable es intentar entender
de qué habla Mateo cuando usa esta imagen. Y lo primero a descubrir es que, en
las bienaventuranzas, hay algunos elementos importantes de señalar. Todo parece
indicar que estas eran originalmente ocho, pero la situación de la comunidad
provocó que se añadiera una novena. Esta, la última, es bastante semejante a la octava
(referencia a los perseguidos); hay en la comunidad un contexto de persecución
que se ve todo a lo largo del Evangelio y que provocó que a las ocho bienaventuranzas
originales se añadiera, repitiendo, para fortalecer a la comunidad, el sostén
de Dios a quienes son perseguidos… De hecho, la primera y la octava terminan
del mismo modo y en tiempo presente: “es el reino de los cielos”. En las
restantes, su conclusión es en futuro. Esto permite entender que la novena es
añadida.
Lo siguiente que es razonable señalar
es que, por un lado, las bienaventuranzas son un clásico modo sapiencial de
dirigirse a un grupo al cual se felicita por su modo de vivir. Sería semejante a
pedir “un aplauso para…” quienes hacen tales cosas; cosa que, a su vez, frecuentemente tiene
la contraparte, el abucheo, “pobres de aquellos que…” La razón de la
felicitación, en este caso, es mostrar cómo las mira Dios. ¿Cómo mira Dios a
los mansos, a los que lloran ante la persecución, a los que tienen hambre y sed de Justicia, los misericordiosos, los
limpios de corazón, los artesanos de la paz…? Ciertamente Dios está de su lado,
y ¡esa es la clave! Dios les hará poseer la tierra, los consolará, los saciará
en la búsqueda de la justicia, les dará misericordia, les permitirá “ver a
Dios”, los llamará sus hijos… Este es el futuro, como decimos, es algo que ciertamente
ocurrirá. Pero, ya en el presente, Dios está reinando en aquellos que son “perseguidos
por causa de la justicia” y, también, en los que son “pobres de espíritu”.
Mateo está mostrando un modo de
vida para su comunidad, por eso es el primer discurso de Jesús en su Evangelio;
eso es lo que Dios quiere o, al menos, podemos ver de qué lado está Dios en el
drama (la persecución, por ejemplo).
La palabra “pobre de espíritu”,
concretamente, no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia, aunque sí la
hallamos en los textos de Qumrán:
Bienaventurados
los hombres de la verdad, los elegidos de la justicia, los investigadores de la
inteligencia, los buscadores de sabiduría, los constructores de [...] los que
aman las misericordias, los pobres de espíritu, los depurados por la
miseria y los purificados por la prueba, los misericordiosos ... los que se
refuerzan hasta el tiempo de tu juicio, los vigilantes de tu salvación (1QH
6,2-5).
Se trata de la actitud del que
pone en Dios su confianza, quien no confía en sus fuerzas. Es a ese a quien
Mateo congratula diciendo que tiene a Dios por rey.
Hemos escuchado decir, por
ejemplo, que ser pobres de espíritu no afecta las riquezas “materiales” ya que
se trata de algo “de espíritu”. Ciertamente en nada se asemeja esto a lo que
dice el Evangelio; se trata de un abandono total y confiado en Dios, de quien
no hace de las riquezas un ídolo, quien no pone en ellas su confianza; se
trata, en suma, de quien elige ser pobre, confiado plenamente en Dios… y que,
por eso mismo, es feliz, puesto que Dios reina en sus vidas ya en el presente. Ser "pobres de espíritu" ciertamente es expresión concreta de la solidaridad con las víctimas. Hacer una lectura “espiritualista” de un texto tan comprometido con la realidad,
muestra, una vez más, que los evangelios pueden manipularse ideológicamente;
pero, por su parte, que Dios reina en los que reniegan de la idolatría del
dinero y ponen su confianza en el Dios de los pobres; allí Dios reina. Esos sí
son bienaventurados…
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