sábado, 3 de octubre de 2026

El poder y el Evangelio

El poder y el Evangelio

Eduardo de la Serna



Contaba el querido Camilo Maccise, general de la orden de los Carmelitas descalzos, que una vez el general de los Franciscanos le dijo: "Camilo, ¿querés saber qué es el poder? dale a una persona de la comunidad la llave de un salón. Ahí vas a ver lo que es el poder".

Es verdad que en nuestras comunidades somos testigos frecuentes de cosas como esas: "que yo llegué mucho antes que esa persona", "que yo soy mucho más cumplidor (o cumplidora)", "que yo participo más", etc.

Ya lo señala Jesús en el evangelio de Lucas:

¡Ay de ustedes, doctores de la ley, que se han quedado con la llave del conocimiento: ustedes no han entrado y a los que quieren entrar se lo impiden! (11,52)

Es evidente, por todas partes en los evangelios, que Jesús nos invita a mirar con su propia mirada – que es la mirada de Dios – y no con la exterior: Jesús mira las moneditas de la viuda, Jesús mira la interioridad de un cobrador de impuestos que se sabe pecador, Jesús mira a los que llegan en la última hora, Jesús mira el interior de una mujer pecadora en la ciudad... Y Jesús no mira los grandes ropajes de un rico, Jesús no mira el prestigio de los fariseos, Jesús no mira la alcurnia de los sacerdotes... Jesús sabe mirar con los ojos de Dios que mira el corazón, es decir allí donde nacen las decisiones de cada persona.

El poder, para Jesús, se caracteriza precisa y paradojalmente por la impotencia, Jesús nunca se revela de un modo más claro que en la cruz. Jesús no es el todopoderoso que camina elevado a medio metro de la tierra, sino un profeta itinerante y desarmado, que es asesinado por los poderosos. El poder para Jesús se llama amor. El Dios de Jesús no es el poderoso capaz de vengarse sino el lleno de compasión, amor y perdón, el Dios “lento para la cólera y de gran misericordia”, el Dios que no puede permanecer indiferente ante sus amigos y amigas que sufren, el Dios que se llena de alegría sentado en la mesa de los despreciados y el Dios que abraza a los y las pobres.

Teniendo esta mirada, con esta actitud, no sé si nuestras comunidades serán más numerosas, no sé si tendrán más prestigio, pero sí creo que se parecerán bastante más al sueño de Jesús. A lo mejor, ¡la cosa sea por ahí!


Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/search.php?srh_field=jesus+carrying&s_il=y

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