miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Quién es para mí, Teresa de Lisieux?

¿Quién es para mí, Teresa de Lisieux?

                                                                                                                 Eduardo de la Serna


Hace ya muchos años escribí esto.Lo escribí para mi, y para compartir con un grupo pequeño de amigos. Con muchas dudas me decido hoy a publicarlo porque creo que - especialmente por el final - recupera actualidad. Ojalá sirva.


            Si tengo que decir quién es Teresa para mí, reconozco que me encuentro ante algo difícil. Por una parte porque perdería absolutamente la necesaria cuota de objetividad para expresarme, por otra porque encontraría la limitación clásica para expresar en palabras lo que debería ser lenguaje del corazón. Finalmente debería distinguir (¿se puede?) su persona de su camino. Y el mío...

            Por una parte, y creo que no es ninguna exageración, Teresa salvó mi vida. Y no me refiero a milagros debidos a su intercesión. Me refiero a los tiempos duros de muerte que nos tocaron vivir en la Argentina, y a mí particularmente. Fue terriblemente desgarrante para mí vivir la experiencia de la soledad cuando uno a uno iban muriendo mis amigos bajo las garras del Terrorismo de Estado. Y saber que en cualquier momento podía ser yo el próximo. Se conjugaban, por un lado la angustia de la soledad cada vez más oscura, y por el otro, el miedo al dolor y la muerte causado por la máxima locura: la crueldad humana. ¿Por qué no morí, si estaba en tantas listas, agendas, y hasta fui perseguido y amenazado? Podría decir que hubo algunas razones de más o menos peso en lo circunstancial, pero debo decir que en tiempos de soledad y lágrimas Teresa fue la única compañera con la que, y de un modo vital y personal, pude sentir el abrazo y hasta las lágrimas compartidas que la muerte me negaba de mis amigos. Debo decir que pude rearmar mi persona, reconciliarme con el pasado, matar el odio gracias a su presencia amiga. Presencia que siempre entendí "de parte de Dios", pero como "dulce mensajera". ¡Dios supo como suavizar tantas heridas!...

            Sin dudas, ¡a Dios gracias! pasaron esos tiempos. La amistad había comenzado antes, y pudo seguir después. Siempre fui "cultor de la amistad", no como algo "rosado" o "romántico", sino como compromiso, lealtad, hombro para llorar, sonrisa para acompañar... He sufrido con los dolores de mis amigos y me he alegrado con sus gozos... Desde que conocí a Teresa, intuí primero, y supe después que había "algo más que devoción...(había) verdadera ternura de amiga". Sobre esta amistad no sé cómo expresarme. Precisamente porque "el amor es gratis". Pero no exagero si me refiero a Teresa como a una gran amiga. Alguien que fui conociendo primero por intuición, luego por connaturalidad, finalmente por unidad (que es más que unión). Aprendí en lo secreto a decir "esta no es Teresa" cuando leía algún libro y entendía que el autor deformaba su persona, figura o mensaje, o a decir "acá sí está" cuando "sentía" que el autor desaparecía para que con la máxima transparencia se pudiera ver a la Santa; aprendí a ir descubriendo lo vocacionalmente sacerdotal de su camino y a confrontarlo con mi ministerio; aprendí a encontrar a Dios en sus silencios, a no esperar ver frutos de los esfuerzos, a dar y darme gratuitamente, y dejar comodidades para compartir la vida de los pobres . Y esto, creo, que más que aprenderlo de sus escritos, lo aprendí de su persona. Fue experiencia compartida... Creo que nunca me resultó una santa 'domesticable", romántica o aniñada. Sí, debo repetirlo, me resultó particularmente cercana. En la cruz y la esperanza; en las experiencias de muerte y en la vida, en el templo y en la calle...

            ¿Qué tiene que ver Teresa conmigo? Hombre incapaz de llorar, hiper-activo, de poca oración, no dado a sensiblerias, comprometido con los pobres, intelectual. . ¿Qué contestaría ella? Creo que me repetiría que el amor es gratis, y que -como Dios- ella es ciega en el amor. ¿Qué puedo contestar yo? Creo que Teresa es mi "cable a tierra" (o "a cielo", si se prefiere); creo que es el alimento de ternura, es el grito profético que me impide olvidar que "todo es gracia", que me impide esconder a Dios detrás de "tanto que hay por hacer"...

            ¿Qué me enseñó Teresa? Creo que me enseñó a descubrir a Dios como alguien verdaderamente vivo; me enseñó a conocerlo (y me hizo amar ese Dios que ella supo amar), me enseñó a dejar crecer a Dios en mi vida, que Él es más grande que lo que podemos "imaginar", me enseñó a dejar a Dios ser Dios. Me enseñó a esperar confiado. No en sus dones, no en lo que puede venir de Él, sino simplemente a Él. Esperar porque no sabe fallar... Me enseñó a gastarlo todo, por Dios, por los demás; a no guardar nada; me enseñó el amor... Quisiera que no se entienda esto ni como algo teórico, ni como algo "lindo"; sino simplemente como algo "real". Como algo compartido, aprendido, experimentado en su compañía. ¿Se puede sintetizar esto diciendo que me enseñó a "confiar"? Creo que sí...

            Resumiría diciendo algo que tiene sus raíces en mi experiencia pastoral: nuestro pueblo, los pobres, están muy mal: jóvenes se suicidan en cantidad por la desesperanza y la angustia, la violencia crece día a día, incluso entre quienes hasta hace poco eran solidarios entre sí, una niña de menos de 10 años se vino a confesar de haber robado para darle de comer a sus hermanitos, un muchacho es asesinado cuando robaba para poder comprar droga, una familia desahuciada se consagra a una secta que le asegura la salud para su hijita en estado terminal. ¿Cómo anunciar a esta gente una Buena Noticia? Una Noticia que sea creíble, realista, que no hable de un mañana al que no llegarán ni de un presente que no es realidad. Creo que el amor gratuito de Dios, la confianza, la misericordia, la esperanza, el sufrimiento y la alegría (que no son contradictorios), creo que el camino de Teresa tiene mucho que decir a este presente nuestro. Y vivo confiado en que su mensaje silencioso sea más escuchado que el grito de la desesperanza. Y personalmente estoy convencido que es así.



martes, 20 de septiembre de 2016

Comentario domingo 26C



Sólo reconociendo como hermanos a los pobres y los que sufren 
participaremos del banquete del reino
DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "C"


Eduardo de la Serna







Lectura de la profecía de Amós     6, 1a. 4-7

Resumen: Amós anuncia duramente castigo a los habitantes de Samaría y de Sión que viven rodeados de lujos y placeres desentendidos del dolor de los miembros de su pueblo.

El profeta de la justicia comienza uno más de sus varios “ayes” (cf. 5,7.18; 6,1), éste construido a modo de paralelo sinonímico destacando a Sión y a Samaría. “Estar seguros” y “tener confianza” son sinónimos como en seguida lo diremos.

Los versículos anteriores hablaban de los banquetes culturales: novillos cebados, canciones y salmodias, y la consecuencia es la deportación (5,21-27); en este caso hay elementos comunes (comen corderos y becerros, beben en copas [término usado casi exclusivamente en relación al Templo], salmodian como David, y también serán deportados). Incluso esta comida se da en el contexto de un sentimiento de seguridad. Estos dos términos, “seguridad” y “confianza” son términos que nos ponen en el marco de la idolatría. Siempre la clave radica en aquello en lo que se busca la seguridad o la confianza, y para el judío esto sólo debe ser puesto en Dios. No en otras cosas, como pueden ser los ejércitos, o las riquezas (ver Job 31,24), ni siquiera en las cosas de Dios (como en este caso es el monte sagrado, pero también es el éxodo [Am 9,7], el templo [Jer 7,1-15], el día de Yahvé [Am 5,18-20]…). Poner la confianza significa creer (idolátricamente) que por estar los habitantes en la ciudad de Dios (Samaría, para el norte; Sión, para el sur), estan seguros de todo ataque adversario ya que Dios no permitirá que sea destruida. La seguridad –como se ve- no está puesta en Dios. El sentimiento de que “Dios está con nosotros” no se da en un lugar, sino en la fidelidad a sus caminos (ver 5,14).

v.5: David (ver 2 Sam 23,1) no era conocido por inventar instrumentos; quizás se pueda leer “inventan (= improvisan) en instrumentos musicales”. 

Los ricos, de la “primera” de las naciones (v.1) fueron los que usaron los “primeros perfumes” (v.6) y también serán los “primeros” en marchar a la deportación (v.7).

No se dice –en este caso- que los ricos sean injustos, ladrones o corruptos, lo que se afirma es que “se despreocupan de la miseria de José” (v.6), solo están preocupados por llevar una vida de lujo en muebles refinados, alimentos de calidad, buena música, bebida abundante y perfumes de primera calidad, pero “por eso” serán deportados. Amós es sumamente crítico del lujo de las clases ricas, sin embargo en ninguna parte el lujo está expresamente prohibido (aunque en 3,10 se había dicho que lo que acumulan es violencias). En ningún lado se dice que no se puede dormir en lechos de marfil, comer banquetes. El criterio fundamental es la solidaridad con los sufrimientos del pueblo, y la gravedad que significa desentenderse de sus sufrimientos mientras se lleva una vida de placer.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo     6, 11-16

Resumen: En contraste con los falsos maestros y su búsqueda de riquezas, Timoteo es presentado como maestro ejemplar. Ha hecho una confesión pública que está invitado a mantener mostrando su riqueza en virtudes, lo cual debe manifestar hasta el final siguiendo el ejemplo de Pablo y de Cristo, de quién hace una confesión de fe explícita en contraste con la divinización de las autoridades imperiales o los ídolos, reconociéndolo con categorías divinas.

La llamada Carta a Timoteo es –como se sabe una carta “pastoral”. “Pablo” se dirige a Timoteo, un viejo colaborador para ayudarlo a “organizar” la/s comunidad/es que le fueron confiada/s. así lo orientará sobre los epíscopos (3,1-7), los diákonos (3,8-13), alertando contra los “falsos maestros”· (4,1-16),  los presbíteros y presbíteras (5,1-25), los esclavos (6,1-2a), sobre la verdadera y falsa doctrina (6,2b-10)… Es decir: “Pablo” quiere dejar todo bien estructurado. Sin dudas esto es bien coherente con el cristianismo de la segunda o tercera generación. El reconocimiento de una “doctrina”, un “depósito” y de que hay maestros “falsos” es signo evidente de que ya ha “corrido mucha agua bajo el puente”. Dentro de estos consejos, encontramos también varios elementos personales (“espero ir pronto donde ti”, 3,14; “que nadie menosprecie tu juventud”, 4,12; “no bebas ya agua sola. Toma un poco de vino…”, 5,23), y referencias a la comunidad, particularmente frente a los ricos (indicio de que en las comunidades han aumentado los miembros con una cierta posición económica, cf. 5,17; 6,2.5-10.17-19) y frente a las mujeres, las cuales pasan a ocupar un lugar secundario (quizás con la excepción de las viudas, cf. 5,3-16), deben guardar silencio en público, indicio de que ya el tiempo ha pasado y la asimilación al modelo greco-romano de “la casa”, en la que el “amo de casa” (paterfamiliasoikodespotês) debe someter a todos los miembros, se estaba “organizando” y “estructurando” dejando ya bien atrás el discipulado de iguales que Jesús y Pablo habían desplegado. Después de esta serie de criterios organizativos, “Pablo” saluda a Timoteo con un último consejo:

Comienza dirigiéndose a él como “hombre de Dios” (v.11) y finaliza llamándolo por su nombre (v.20). En un primer momento referido a él mismo (vv.11-16) y luego cómo debe aconsejar a los ricos de la comunidad (vv.17-19) concluyendo con el cuidado del “depósito” (de la fe, v.20-21a). La liturgia de hoy nos presenta la primera parte de este saludo conclusivo, el dirigido a Timoteo.

La unidad comienza con “tú, en cambio” (zù dé) con lo que se pretende expresamente señalar que la actitud que debe mover a Timoteo es contraria a la de los falsos maestros de la que debe “huir”, que –en este caso- están guiados por “amor al dinero” (v.10) y la codicia (v.9) y que hacen “negocio” (v.5) con la piedad.  Lo que debe “enriquecer” al pastor, “en cambio”, son una serie de virtudes presentadas en un breve catálogo de virtudes, opuestas a los vicios de los maestros falsos (6,2c-5): justicia, piedad, fe, amor, aguante, dulzura. No deja de ser una ironía que mientras los falsos maestros quieren hacer negocio con la “piedad”, el autor aclara que la piedad misma es una riqueza (v.6) y a eso invita aquí a Timoteo; él es presentado a toda la comunidad eclesial como un modelo para los demás líderes.

Como los primeros profetas (Dt 33,1; Jue 13,6; 1 Sam 2,27; 9,6.10; 1 Re 12,22; 13,1-32; 17,18.24…) “Pablo” llama a Timoteo “hombre de Dios” con lo que alude a la presencia del espíritu de Dios en él; Timoteo, entonces, como Moisés, Samuel, David, Elías y Eliseo fue “llamado” (v.12) para conducir a su pueblo. El contraste entre “huir” y “perseguir” parece ubicarse en el marco de los dos caminos ante los que una persona está invitada a escoger.

combate el buen combate de la fe” es referencia a las dificultades que Pablo y los suyos –como Timoteo, su heredero- encuentran en la predicación del Evangelio (la idea del combate puede tener que ver con una batalla o también con la competencia deportiva). En 1 Tes 2,2 afirma que “tuvimos la valentía de predicarles el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas”, lo que reafirma en Fil 1,30 (los filipenses, como Pablo, sostienen un combate… en referencia a la prisión de Pablo y las dificultades de los destinatarios). El discípulo autor de Colosenses repite la misma idea (2,1) y otro discípulo, haciendo referencia a que se aproxima el final de la vida del Apóstol, la presenta como que “He combatido el buen combate, he concluido la carrera, he conservado la fe”. (2 Tim 4,7). El “combate”, en estos casos está ligado a la fe; ésta encuentra dificultades en el medio ambiente (recordar la imagen evangelizadora de “completo en mi cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo”, Col 1,24 que hemos comentado).

cuando confesaste la buena confesión ante muchos testigos” puede aludir al bautismo, aunque también es posible que aluda al momento en que recibió el encargo pastoral (cf. 1 Tim 4,14; 2 Tim 2,2), sea lo que fuere, Timoteo está llamado a que el significado de aquel acontecimiento continúe en el tiempo.

El texto literalmente podría traducirse de este modo: “te encomiendo ante Dios el vivificador de todo y Cristo Jesús el martirizado [martyrêsantosante Poncio Pilato en buena confesión [kalên homologían]”. “Pablo” encomienda a Timoteo ante Dios y ante Cristo Jesús. De ambos se afirma algo (vivificador, martirizado), pero de Cristo se acota que dio una “buena confesión”, que es lo que se acaba de mencionar que ha hecho Timoteo ante muchos testigos (kalên homologían… martýrôn]. El ejemplo de Cristo dando la vida es el ejemplo que debe guiar la vida del pastor Timoteo, que debe asemejarse con él, que ya ha dado una buena confesión de fe, pero en el combate cotidiano de la fe, sabe que el martirio es una posibilidad.

El mandato (entolê) no es el/los “mandamiento/s” como en las otras partes de la Biblia, sino el conjunto de ellos (cf. 2 Pe 3,2), el depósito (parathêkê, v.20), es todo lo que le ha sido transmitido por el Apóstol (1 Tim 6,29; 2 Tim 1,14) y él lo ha recibido de Cristo (1 Tim 1,11; 2 Tim 1,12).

La Manifestación (cf. Tit 2,11.13) lo lleva a mostrar sus sentimientos de alabanza a Dios. Esta “epifanía” solía referir a las manifestaciones divinas en el ambiente grecorromano, y los cristianos lo adoptaron contraculturalmente para referir al nacimiento de Jesús (2 Tim 1,10; Tit 2,11; 3,4) y también a la venida esperada (2 Tes 2,8; 1 Tim 5,14; 2 Tim 4,1.8; Tit 2,13; sólo en este sentido lo usa Pablo, mientras que las Pastorales lo amplían al nacimiento). Esta epifanía no parece que se espere de un momento a otro sino “a su debido tiempo” (6,15).

La doxología de vv.15-16 (ver 1,17; 3,16) remite a muchas manifestaciones del judaísmo helenista que aluden a la trascendencia de Dios y su superioridad sobre todo (pero aplicadas aquí a Cristo), marcado por el contexto crítico y polémico contra los ídolos y contra el culto imperial (como se vio en el texto dela semana pasada [2,2], una cosa es orar por las autoridades, y otra su divinización). Se trata de siete alabanzas dirigidas a Dios: feliz / bienaventurado (1,11), único soberano (cf. Sir 46,5; 2 Mac 12,15; 15,4.23; Lc 1,52), rey de reyes, señor de señores (ya comentamos el sentido de excelsitud que tiene el término acompañado de su plural, como en cantar de los cantares, vanidad de vanidades…; cf. Dt 10,17; Sal 136,3; Ez 26,7; Dn 2,37), único que posee inmortalidad (quizás usado críticamente ante el culto imperial), que habita en una luz inaccesible (1 Hen 14,15), a quien nadie puede ver (1,17; cf. Ex 23,20). Y –concluye el orante- a él pertenecen el honor y el poder (cf. 1 Pe 4,11; Ap 1,6; 1 Clem 20,12; 61,3; Did 9,4-10,15). Como es obvio en una doxología, concluye con el ¡Amén!


Evangelio según san Lucas     16, 19-31

Resumen: Jesús presenta una nueva parábola de dos personajes, en este caso un rico y un pobre. Como se ha dicho en otras partes del Evangelio, la situación de ambos cambiará, cosa que de hecho ocurre. Esta situación es consecuencia de la vida que han llevado. Y –en el caso del rico- consecuencia de no haber sabido reconocer a Lázaro, el pobre, como un hermano.

Después de las referencias a las riquezas que encontrábamos en el Evangelio de los domingos pasados, Lucas nos muestra a Jesús en debate con los fariseos, a los que el evangelista señala como “amigos del dinero” (16,14). Allí encontramos unos breves dichos sobre el corazón (v.15), sobre la violencia y el reino (v.16), sobre la ley (v.17), y sobre el matrimonio (v.18) finalizando con una parábola (vv.19-31) que es el Evangelio del día. Los textos anteriores son tomados del documento Q, salvo el primero, aunque tiene semejanzas, mientras que la parábola es exclusiva de Lucas. Se trata –como lo hemos dicho en otra ocasión- de una característica “parábola de dos personajes”, en este caso un pobre y un rico.

La parábola tiene una breve presentación de ambos personajes la cual concluye con la muerte de ambos.

Era un hombre rico
Y uno pobre, llamado Lázaro, echado junto a su portal,
y vestía de púrpura y lino,
lleno de llagas,
celebraba todos los días espléndidas fiestas.
deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Murió también el rico y fue sepultado.
Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.

Es evidente que la presentación tiene como intención mostrar el contraste entre ambos; el rico viste casi como un rey (Jue 8,26; Sir 45,10; Est 1,6; 8,15), y “banquetea” (el término “eufrainô lo encontramos también en 12,19; 15,23-32 pero mientras allí se trata de banquetes ocasionales, aquí se afirma que este rico lo hacía “cada día”). El pobre, por otra parte, está en un marco de total desamparo e impureza, las llagas no atendidas, y la referencia a los perros lo señalan (Ex 22,31; 1 Re 21,19.24; Sal 22,17; Mt 15,26-27; Mc 7,27-28). Pero el sentido de la parábola viene a continuación. En ella encontramos un diálogo entre el rico y Abraham que tiene dos partes marcadas, la primera pidiendo que “envíe a Lázaro” a saciar su sed (v.24), la segunda, que “envíe a Lázaro” a casa de su padre para alertar a sus hermanos. En ambos casos la respuesta de Abraham es negativa, y en ambos casos el pobre juega un rol pasivo. 

Para empezar, veamos brevemente ambas partes:

En el “seno de Abraham” Lázaro recibe “consuelo” (v.25) mientras en el Hades el rico es “atormentado”. Y esa situación es consecuencia (“ahora”) de que se hayan invertido los papeles de lo que ocurrió “durante tu vida”.
En la segunda escena, el rico pretende alertar a sus cinco hermanos para que no caigan en la misma situación, pero Abraham les responde que de “oír a la ley y los profetas” no ocurriría eso. Ni un muerto resucitado los convencería si no han oído a “la ley y los profetas”.

Para comenzar, notemos que los dos personajes son judíos. El primero, el pobre, tiene nombre judío, Lázaro (abreviatura de Eleazar, “Dios ha ayudado”), el segundo –el rico- se dirige a Abraham como “padre” (cf. 1,73; 3,8; 13,16.28; 19,9), éste lo llama “hijo” y afirma que “tienen la Ley y los profetas”. Esto –como veremos- será fundamental a la hora de entender la parábola en su totalidad-. Por otra parte, en ningún momento se nos dice que el rico fuera injusto, o ladrón, o corrupto, ni que Lázaro fuera un hombre honrado, o bueno. Simplemente se trata de un rico y un pobre; y la situación de ambos se invierte luego de su muerte: el rico, que disfrutó, ahora es atormentado; el pobre que padeció males, ahora es consolado. En este sentido, es evidente que se trata de lo mismo que ocurre en la primera bienaventuranza y su correspondiente “malventuranza” de Lucas:

«Bienaventurados los pobres,
¡ay de ustedes, los ricos!,
porque de ustedes es el Reino de Dios. (6,20)
porque han recibido su consuelo. (6,24)

La característica, en ambos casos es que la situación va a cambiar, y en la parábola, de hecho ¡cambia! De hecho, lo que se afirma del rico en la bienaventuranza es que ha recibido su consuelo (paraklêsin) y el pobre Lázaro ahora es consolado (parakaleitai). No se ha de olvidar que esto Jesús lo dice a quienes el evangelio presenta como “amigos del dinero”.

Pero la parábola no se detiene aquí, sino que esta inversión de las situaciones es –como se dijo- su punto de partida. Cada pedido del rico que “envíe a Lázaro” desencadena la respuesta de Abraham explicativa de la situación: la primera es “hijo, recuerda”. La invitación a “recordar” (griego, mimnêskomai; en hebreo, zakar) es particularmente importante en Israel, especialmente en el contexto del tiempo del éxodo (Ex 2,24; 6,5; 20,8; Lev 26,42.45; Num 15,39.40; y particularmente en el Deuteronomio, 5,15; 7,18; 8,2.18; 9,7.27; 15,15; 16,3.12; 24,18.22; 25,17; 32,7). Recordar es hacer memoria activa de la intervención continua de dios en favor de su pueblo. Lucas insiste en esta idea en los textos con clara influencia veterotestamentaria 1,54 y 1,72, e incluso las mujeres son invitadas a “recordar” lo dicho por Jesús en Galilea sobre la resurrección (24,6.8) e incluso el “buen ladrón” le pide a Jesús que lo “recuerde” al llegar a su reino (23,42). 

Lo que el rico está invitado a recordar es que los bienes que disfrutó en la vida los “recibió” (apolambanô), término frecuente en Lucas. También lo repite el “buen ladrón” al decir que el castigo de los crucificados con Jesús es “merecido”, acorde al mal que hicieron (23,41). Pero es un recibir de alguien (apo es “de alguien”, lambanô es “recibir”). Lo que el rico recibió son “sus bienes” (agathá) en contraste con los “males” de Lázaro. La madre de Jesús cantó –con influencia del AT- que Dios “a los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada”. (1,53). El rico que quiere acumular su grano y sus “bienes” edificará graneros más amplios, y como tiene para muchos años se dedicará a descansar, comer, beber y banquetear (eufrainô, el mismo verbo usado por los banquetes del rico de la parábola, v. 19). Es bueno notar aquí que la única ver en toda la Biblia que aparece el femenino “discípula” (Hch 9,36) se dice de Tabitá, y lo que se aclara es que era “rica en buenas (agatôn) obras y limosnas”, sus “bienes” eran las obras. Por el contrario, lo que –en vida- recibió son “males”. La situación ahora (nyn) se ha invertido y es imposible volverla atrás.

Es para evitar esto a sus hermanos que nuevamente el rico se dirige a su “padre Abraham”.  Nuevamente le pide que “envíe a Lázaro”. Lo que pretende es un “testimonio” (es diamartýromai, es decir “testimonio (martýromai) a través de (dià)…”; única vez en los evangelios, aunque frecuente en Hechos, x9 siendo en general “testimonio de Jesús”). Lo que pretende el rico es que “a través de Lázaro” llegue a sus hermanos el testimonio de la situación que está viviendo. Y nuevamente Abraham se niega. El Hades es calificado de “lugar de tormentos” (vv.23.28) y en v.24 se habla de “angustia en esa llama”. El Hades es el lugar de los muertos (Hch 2,27.31; Ap 1,18; 6,8; 20,13.14), traduce el hebreo Sheol (cf. Sal 15,10; Qo 9,10; ver Gen 37,35; 42,38…), y por eso está en contraste con el “cielo” (cf. Mt 11,23 / Lc 10,15). Esto ha hecho pensar en categorías “cielo-infierno” pero esto es más que lo que la parábola pretende. El “seno de Abraham” es algo desconocido en la literatura judía (se encuentra en algunos textos posteriores, pero no es evidente que no estén influenciados por este texto). Es probable que recuerde la idea característica judía de “descansar con sus padres” (cf. Gen 49,33; Num 27,13; Dt 32,50; Jue 2,10; 1 Re 1,21; 2,10; 11,21…). El “seno” es el lugar de preferencia (como el Hijo único de Dios está en el seno del Padre, Jn 1,18 o el discípulo amado en el seno de Jesús, 13,23). Se trata, entonces, de un lugar de honor que ocuparán los pobres, como el lugar preferencial y de intimidad que se prepara para los huéspedes de honor en los banquetes. El cambio al plural (ustedes, nosotros, v.26) invita a los lectores de la “parábola de dos personajes” a identificarse en sus actitudes con alguno de ellos.

La negativa de Abraham se centra en que “tienen” y deben “oír” a “Moisés y los profetas”. Esto, como se sabe es un modo de referir a “toda la Biblia hebrea” (2 Mac 15,9; prólogo del Sirácida vv.2 y 24; Mt 5,15; 7,12; 11,13; 22,40; Lc 16,16; 24,27.44; Jn 1,45; Hch 13,15; 24,14; 26,22; 28,23; Rom 3,21). Sin dudas, aquí hay una clave de interpretación de toda la parábola ya que es evidente que el rico no ha oído a Moisés y los profetas, y por eso se encuentra en ese lugar. La pregunta es ¿qué les dice la “ley y los profetas” a los judíos que éste no ha escuchado?  La actitud frente a los pobres es algo característico de Israel (ver Ex 22,21-22; 23,9; Lev 19,9-10; 19,33; 23,22; Dt 10,13-19; 14,28-29; 16,9-15; 24,17-18; 26,12-15; Am 2,6-8; Os 12,7-9; Mi 3,1-3; Sof 3,1-3; Mal 3,5; Is 5,7-10; 30,12; 58,3; Jer 5,25-29; 9,4-6). A modo sintético, veamos Deuteronomio 15,1-11 que nos da la clave (señalamos sólo unos versículos que ayudan a la comprensión de esto, y resaltamos las palabras clave):

«…  4 Cierto que no debería haber ningún pobre junto a ti, porque Yahveh te otorgará su bendición en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la poseas, 5 pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahveh tu Dios cuidando de poner en práctica todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy. (…) 7 Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos, en alguna de las ciudades de tu tierra que Yahveh tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, 8 sino que le abrirás tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia. (…) 10 Cuando le des algo, se lo has de dar de buena gana, que por esta acción te bendecirá Yahveh, tu Dios en todas tus obras y en todas tus empresas. 11 Pues no faltarán pobres en esta tierra; por eso te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra. (Dt 15,1-11)

Lo que Moisés le dice a todo judío es que el judío pobre es su hermano, y ciertamente no es de ese modo como el rico se ha comportado con Lázaro. Insistimos, no es que haya obtenido sus riquezas con injusticia, no se dice que fuera perverso, sólo se dice que no trató a Lázaro como un hermano. Y esto mismo es lo que continúa aunque la situación se haya invertido. Lázaro no parece contar para él, y dos veces le pide a Abraham que “lo envíe” como si se tratara de un sirviente. “Escuchar” –como se ha dicho- es fundamental en Lucas (cf. 5,1.15; 6,17.27.47-49; 7,29; 8,8-15.18.21; 9,35; 10,16; 11,28; 14,35; 19,48; 21,38; Hch 2,22.37; 3,22.23; 4,4; 7,2; 15,7; 18,8) y ha de entenderse como sinónimo de “obedecer”. Que se “conviertan” (v.30; cf. 10,13; 11,32; 13,3-5; 15,7-10) es –sin quererlo, de parte del rico- un reconocimiento de lo que no ha hecho, de que no ha “escuchado”.

Los “amigos del dinero” no parecen enterarse de esta fraternidad que Dios quiere instaurar en Israel y que el reino de Dios predicado por Jesús quiere confirmar (de hecho se “burlan” de Jesús por enseñar estas cosas, 16,14). No se trata de tratar como “hermanos” a los que son como uno, a los religiosos (como los fariseos) sino de todo aquel que es de verdad hermano (por eso la parábola de dos personajes). Y si “siempre habrá pobres entre ustedes”, se trata precisamente para que “siempre” –los que quieren “escuchar a Moisés y los profetas”- sepan que tienen un compromiso de compasión con los pobres que están junto a nosotros (es irónico que pida “compasión” a su padre Abraham –v.24- quien no la tuvo con su hermano Lázaro). Y que Dios “siempre” toma partido por el pobre y él (y ella), y nuestra actitud hacia ellos, son el test de fidelidad a la fraternidad que Moisés y los profetas proponen y Jesús confirma.  Así lo afirma el Talmud: “quien cierra sus ojos a uno en necesidad es considerado como uno que sirve a los ídolos” (Bat 10.a)

Una pequeña nota: nunca en las parábolas de Jesús, un personaje recibe un nombre. Sin embargo, en este caso el pobre recibe el nombre de Lázaro (quizás esto haya llevado a que algunos manuscritos dieran también nombre al rico [Neues], o que algunas Biblias lo hagan en sus títulos [Epulón]). No deja de ser desafiante que justo sea un pobre el que para Jesús tenga nombre, especialmente teniendo en cuenta que en nuestras sociedades los pobres siempre son anónimos, o estigmatizados. Para Jesús el pobre es persona humana, es sujeto, y –por si fuera poco- es una persona de la que afirma que “Dios lo ayuda” (como se dijo, eso significa el nombre Lázaro).


Foto tomada de http://ricos-y-pobres.blogspot.com.ar/


martes, 13 de septiembre de 2016

Malas palabras

Malas palabras


Eduardo de la Serna



Recuerdo – hace muchos años – una conversación entre curas. Un hondureño temeroso dijo: “-¿Ves cuántas malas palabras dice este?” escandalizado, quizás, por el lenguaje de otro, argentino él. El interlocutor, un brasileño, le dijo: “-¡No escuché ninguna! No dijo ‘hambre’, ‘tortura’, ‘injusticia’, ‘pobreza’…”

Me sirve esta anécdota para entender que la densidad y la “moralidad” de determinadas palabras tienen que ver a veces más con el receptor que con lo emitido. Y quisiera, entonces, decir algunas malas palabras (que se podrán fácilmente ampliar a muchas otras).

Populismo – populista: Es una palabra “horrible” que encierra la palabra ‘pueblo’ (y no ‘gente’). Uno podría casi preguntarse si los ortodoxos del vocabulario más que el “---ismo” lo que les resulta desagradable es el “popul---”. En general se suele utilizar para señalar actitudes o gobiernos que hacen cosas en favor del pueblo a fin de conseguir votos. Esas cosas no suelen ser importantes, o estructurales, suelen ser una especie de “pan y circo”. Quizás una pregunta importante sería interrogarse ¿qué tan tonto es el ‘pueblo’ para estos ‘ilustrados’? o ¿no esconde de un modo nada imperceptible la idea de que el ‘pueblo’ casi no debería votar porque vota mal influido por esas “cosas” que los populismos les dan a cambio? Es cierto que también es lícito preguntarse si declaraciones como las de Durán Barba que tal cosa no da votos (declaraciones en general) y tal otra sí (adoptar un perro, o tener presencia en las redes sociales) no son una suerte de populismo, este de “globos y circo”, porque pan… ¡Pan no! Resulta curioso, además, observar qué regímenes se consideran populistas y cuáles no. Curiosamente todos los que de una u otra manera han beneficiado a sus pueblos – y en especial a los pobres – parece que son “populistas”. El peronismo, se dice, es el populismo paradigmático. Así nos enseñan los ilustrados. Aunque otros – quizás para mostrarse creativos – prefieren “neo-populismo” (quizás algún peronista clásico o de papel para no mancharse demasiado).

Corrupción es una palabra más fea aún. Corromper es “pudrir”, como la manzana en mal estado. Y, como tal, es contagioso (la Biblia suele usar para esto la imagen de la levadura). Claro que en este caso (o en el del yogurt, que es un caso semejante) la “corrupción” produce un efecto positivo. Lo curioso que tiene el término corrupción es que los de determinan cuándo y dónde los términos son malas palabras han sabido acotarla en tiempo y espacio. Es decir, la corrupción fue ayer, no hoy, es Santa Cruz, no Panamá, son los bolsos de López no los de Michetti (o los de Aranguren). En este caso, uno es corrupción evidente, lo otro es “campaña desestabilizadora” o hasta subversiva.

Justicia legítima es una palabrota que pertenece a un ámbito particular, el del desprestigiadísimo poder judicial (no muy legítimo, quizás). El juez López de Mar del Plata ya aclaró que es una “mafia” (otra palabra estigmatizante ¡si las hay!). En realidad, especialmente hay algunas cabezas que se espera que rueden (nada de esto son malas palabras, son maravillas del lenguaje metafórico) empezando por la de Alejandra Gils Carbó especialmente molesta, porque ¿a quién se le ocurre que puede haber un poder judicial independiente? La presencia de los nuevos jueces de la ventana suprema ha sabido mostrar con su voto que se puede ser cooptado por los poderes económicos y fungir de independientes. Es que la dependencia, como la maldad de las palabras, las define el mismo grupo: éstos son mafia, o una asociación ilícita y aquellos son independientes y jerarquizan la Corte Suprema simplemente porque estos están de “este” lado y aquellos de “aquel”.

Muchas otras malas palabras se pueden señalar: militancia, ñoqui, (pesada) herencia, subsidios, y hasta “Marcha Federal”… todo por no mencionar la quizás peor de todas que es “¡K!” Lo importante siempre está en reconocer que "alguien" define - y debe ser obedecido, obviamente - qué es mala palabra y qué no.

Valga esto simplemente para señalar que algunos no estamos dispuestos a que una suerte de “Real Academia del buen-lenguaje” nos diga qué es bueno y qué es malo, especialmente porque en muchos casos nos ubicamos en las antípodas de su punto de partida y – sobre todo – de su punto de llegada. Muchos elegimos mirar – como aquel brasileño – desde otra perspectiva, y si por eso nos llaman populistas pues será porque “el pueblo” es el lugar donde queremos estar, desde donde queremos mirar y hablar y por quienes elegimos vivir.


Imagen tomada de www.telemundo.com


Comentario domingo 25C

Fuera de los pobres no hay salvación
DOMINGO VIGESIMOQUINTO - "C"


Eduardo de la Serna


Lectura de la profecía de Amós     8, 4-7

Resumen: El profeta critica duramente a los comerciantes sólo dedicados en ganar dinero desentendiéndose de Dios, de la justicia y de los pobres. 

Con sensatez se ha llamado a Amós el “profeta de la justicia”. La situación política y económica del reino de Israel en tiempos de Jeroboam II es particularmente grave, pocos ricos cada vez más ricos y muchos pobres cada vez más pobres. 

El texto comienza con una invitación a escuchar (v.4) y finaliza con una referencia al castigo que espera a los que se desentiendan de los hermanos (v.8; este último versículo omitido en la liturgia). 

El verbo “escuchen” (shemá) es sumamente importante y frecuente en la Biblia hebrea (10 veces en Amós; usado en  imperativo en un sentido semejante en 3,1.13; 4,1 y 5,1. Es la voz de Dios que el profeta transmite a sus oyentes. En este caso se trata de dos acciones simultáneas, por un lado la injusticia (v.4.5.6) y la hipocresía religiosa por el otro (v.5). 

El oráculo está dirigido a los comerciantes que pretenden servir al dinero simulando servir a Dios; pero el corazón de estos comerciantes está puesto en el provecho económico, no en Dios. Las fiestas religiosas les molestan porque les impiden ganar dinero, que es lo único que les importa. El sábado –que es día de descanso, pero “descanso religioso”- les impide trabajar y vender. Isaías 1,13 también señala lo religioso del sábado y la luna nueva. A estos comerciantes no les interesa dar culto a Dios sino llenarse de dinero, Dios les molesta. El sentido del sábado es a su vez social (descanso del esclavo y la esclava, Dt 5,15), pero la preocupación por el hermano es la característica de la fidelidad a Yahvé. 

Por el contrario, estos comerciantes quieren exprimir al pobre, arruinar al indigente, aumentar los precios, vender con balanzas tramposas, comprar a los pobres. Amós ironiza que en lugar de “cesar” el trabajo quieren hacer “cesar” la existencia de los pobres (“cesar” en hebreo es sabat, de donde proviene el término “sabat”, sábado; ver semejante juego de palabras en Gen 2,2). Lo que pretenden estos comerciantes es obligarlos a venderse como esclavos por deudas menores. Que pisotean al pobre y lo venden por un par de sandalias es algo que ya en 2,6 se presentaba como condena a todo Israel por hacerlo. 

En realidad, a estos comerciantes sólo les interesa el dinero; no les preocupa Dios, como se ve por su desinterés por el tiempo sagrado, ni les interesan los hermanos, como se ve en su actitud hacia los pobres (’ebyon, ‘aniw y dal) o en la estafa en el comercio. Lo que hacen en este sentido son tres cosas:

Disminuir la medida. Siendo medidas de capacidad (unos 40 litros), es posible que usaran o un doble fondo, o algo que disimulara. Lo que se suele traducir por “aumentar el precio” debe entenderse en qué sentido se afirma, ya que el precio era fijado por las autoridades, por lo que se trata de respetar el control de precio pero estafar en los pesos. En esta época no existían las monedas, así que el pago era por canje con productos o metales preciosos que eran pesados en básculas. Para eso bastaba con usar balanzas con pesas falsas para lograr el objetivo de enriquecerse más. Es semejante a lo tercero que se afirma, “falsear la balanza”, algo muy habitual en los comerciantes, y muy criticado en el AT (Dt 25,13-15; Lv 19,35-36; Prov 11,1; 16,11; 20,10.23), falsean el peso para comprar y para vender. El tema era frecuente también en el antiguo Oriente:


En Egipto el muerto afirma ante los dioses que lo juzgan: “No he aumentado ni disminuido la medida de grano. No he añadido nada al peso de la balanza. No he falseado el fiel de las básculas” (Libro de los muertos)

En Mesopotamia: “Quien falsea la balanza, comete fraude, cambia las pesas… no saldrá ganando, arruinará su capital” (Himno a Šamaš).

Pero más allá del dinero a costa del comercio, también el profeta enfrenta el comercio de personas. Si en 2,6 Amós denunciaba a los que venden como esclavos a los pobres, aquí denuncia a los que los compran habiendo provocado –falseando- sus deudas. La esclavitud en Israel era algo rechazado, ya que el que –por deudas- debía entregarse como esclavo, debía ser tratado por su “amo” como un verdadero hermano (Ex 21,1-11). En este caso el ambiente es el de la compra – venta (se lo ha llamado “capitalismo de rentas”) y parece que el negociante falsea el comercio a fin de servirse en su provecho de los pobres, incluso comprándolos por nada. Todo vale con tal de enriquecerse, para estos comerciantes. Y el profeta no duda en denunciarlo claramente.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo     2, 1-8

Resumen: Un discípulo de Pablo –en su nombre- presenta la universalidad de la comunidad y de la voluntad salvífica de Dios. La comunidad debe orar por todos, y particularmente por las autoridades a fin de vivir en paz. Esa oración debe llevarse a la práctica en todas partes.


El autor de las cartas Pastorales escribe en nombre de Pablo, y pretende “estructurar” y “organizar” las comunidades. En este caso nos encontramos con una exhortación en referencia a la “oración” (deêsis, proseujê, énteuxis y eujaristía) y a la vida de “piedad” (eusébeia; cf. Tit 1,1) en el “conocimiento de la verdad” (epignôsis aletheias,Tit 1,1). Todos estos términos han adquirido nuevos sentidos con el paso del tiempo, teniendo en cuenta que nos encontramos en la tercera generación cristiana.

Hay una relación entre la oración por “todos los hombres” (anthropos) y que Dios quiere que “todos los hombres” se salven (cf. 4,10; Tit 2,11). El contraste entre todos (vv. 1.2.4.6.8) y “uno solo” (v.5) es importante en el relato. La salvación de todos es deseo de Dios, y “Pablo” se sabe mediador en esto (v.7).

La oración por las autoridades en muy importante en varios escritos cristianos (cf. Rom 13,1; 1 Pe 2,13). Siendo que ellos no participan en el culto al Emperador –como tampoco los judíos- deben mostrar con sus actitudes que esto no se debe a una actitud subversiva que pongan en peligro la “pax romana”; en el Templo de Jerusalén (destruido cuando se escribe esta carta) se ofrecen sacrificios diarios por el Emperador. Ciertamente esto no indica que las autoridades gozan de beneplácito incuestionable, ya que lo que se pretende es “poder vivir una vida tranquila y apacible” (v.2). De hecho, cuando esta autoridad exige –tal es el caso del Apocalipsis- acciones que la conciencia les veda a los cristianos, éstos se opondrán y serán perseguidos. De hecho, Cristo mismo dio su “testimonio” (martyríon, v.6) dando la vida (2 Tim 1,8) en “rescate” (antílytron) [es interesante que el discípulo de Pablo, que intenta tener buenas relaciones con las autoridades omite la idea escandalosa de la cruz, idea omitida en todas las cartas Pastorales]. Y “Pablo” mismo sabe que tiene un rol en este “rescate” por “todos” (cf. 2 Tim 1,11; Tit 1,3), para que “todos los hombres se salven” y “todos lleguen al conocimiento de la verdad. Ese rol tiene que ver con la predicación (kêryx), el apostolado y ser maestro (v.7). La frase taxativa: “digo la verdad, y no miento” (cf. Rom 9,1; Gal 1,20) son solemnes para atestiguar la veracidad del dicho. Aunque en muchos elementos se imita el estilo de Pablo, el acento está no en el anuncio del evangelio sino en un conjunto doctrinal ya fijado (lo que permite señalar ortodoxias y reconocer a los falsos maestros).

“En todo lugar” alude a la legislación cultual, (cf. Mal 1,11); si la voluntad salvífica de dios es universal, en todas partes se debe elevar la oración. La ira y las discusiones son las que fomentan los falsos maestros en el ambiente de las cartas pastorales (1 Tim 6,4; 2 Tim 2,14.23).


+ Evangelio según san Lucas     16, 1-13

Resumen: Con una parábola donde se destaca la astucia de un estafador para seguir adelante, Jesús remarca cuánta más astucia deberán tener los discípulos haciéndose amigos de los pobres compartiendo sus bienes. Cuando el amor al dinero sustituye el proyecto de Dios manifestado en Jesús, éste se ha transformado en un ídolo.

El evangelio comienza con una parábola (vv.1-7), y concluye con su aplicación práctica dirigida a los oyentes (vv.9-12): “yo les digo”, todas propias de Lucas. Finalmente el texto destaca –a modo de síntesis- un dicho de Jesús proveniente del documento Q sobre los dos “señores” (v.13). Hay algunos elementos de no fácil comprensión, como veremos, pero el sentido fundamental es simple; se trata de un qal wahomer, ese modo característico de comentar “de menor a mayor”. Veamos:

El “hombre rico” de la parábola tiene un ecónomo; en este caso –a pesar que Lucas es crítico de los ricos- no parece que deba entenderse en un sentido negativo; el administrador y los contratos de la narración lo requieren. En el NT el término (oikonómos) se encuentra solamente en los textos de cierta influencia paulina: x1 en 1 Pe, x1 en Tit, x4 en Pablo y x4 en Lc (fuera de este texto, en 12,42. El término semejante, “economía” x2 en Lc, x1 en Pablo, x5 en las deuteropaulinas o pastorales). Es interesante e ilustrativo un texto paulino sobre esto: “lo que se exige de los administradores es que sean fieles” (1 Cor 4,2). Lo cierto es que en este caso, este administrador no lo es. La situación está planteada: el verbo “hacer” es el punto de partida: ¿qué haré? (v.3), “esto haré? (v.4); y lo que el ecónomo hará será lo que desencadenará la conclusión de Jesús. La respuesta tiene dos planteos extremos (trabajar y mendigar) que se responden ambos negativamente, no lo hará. Lo que el ecónomo pretende es que “haya quienes lo acojan en sus casas” (v.4) y aquí está la clave. Lo que el administrador hará (vv.5-7) es en orden a conseguir eso. La parábola concluye con un reconocimiento del “señor” (v.8). A continuación encontramos la referencia al auditorio de Jesús (“yo les digo…”). Notemos algunos elementos:

v.1: el verbo dilapidar lo acabamos de encontrar en la parábola del padre y los dos hijos, cf. 15,13; los bienes son un tema habitual en Lucas (8,3; 11,21; 12,15.33.44; 14,33;19,8; Hch 4,32);

vv.1.2.3.4.8: “administrador”, “administración”, “administrar” son frecuentes en el texto, y los lectores de Lc ya han oído acerca de un administrador (Lc 12.42-46);

v.3: “se dijo a sí mismo”, los monólogos interiores son frecuentes en las parábolas de Lucas (cf. 12,17; 15,17);
v. “fuerzas” – “vergüenza” son un cierto juego de palabras en griego (isjyôaisjynomai). La vergüenza es un tema importante en la cultura mediterránea que tanta importancia da al honor, es lo contrario (cf. 14,9-10). Los mendigos son lo más bajo en la escala social, más aún que los esclavos.

v. 6, “rápido” es indicio de que todo debe finalizar antes que la noticia se sepa en el pueblo.

Dos elementos, sin embargo se prestan al debate. Los números de la deuda son muy elevados (unos 450 litros de aceite, el fruto de cerca de 140 olivos; la medida de trigo –en cambio- no es fácil de calcular, pero parece ser diez veces mayor, y el producto de 42 hectáreas de campo. Muchos autores piensan que lo que hace el administrador en los “contratos” (vv.5-7) es renunciar a su comisión, con lo cual no estaría obrando mal en este caso. Sin embargo, la insistencia en la injusticia y el apuro, parecen invitar a mantener la lectura en la que el administrador vuelve a estafar a su señor.

Otro tema en debate es quién es el “señor” que “alaba” al ecónomo: el patrón del administrador (vv.3.5) o Jesús (cf. 5,8.12; 6,46; 7,6.13.19; 9,54.59.61; 10,1.17.39.40.41; 11,1.39; 18,6…). En ambos casos, es chocante la alabanza, pero si bien no tiene sentido que el patrón estafado alabe al estafador por reiterar el hecho, en el caso de Jesús tiene sentido si sacamos el tema del “terreno moral”. Jesús no alaba la estafa sino la astucia y –precisamente por el kal wahomer- la comparación entre los hijos de este mundo y los hijos de la luz, la alabanza destaca que si tanta astucia ponen “los hijos de este mundo”, como el ecónomo, para ser recibidos, cuánta más deben poner los “hijos de la luz” como sus discípulos. Y la astucia es precisamente “hacerse amigos” con el dinero injusto. De los pobres es el reino, y son ellos precisamente los que nos recibirán o no en las “moradas eternas”.

El contraste es evidente: uno, estafando, consigue quienes lo acojan en sus casas; otros –los oyentes de Jesús- están invitados a compartir su propio dinero para que los pobres los acojan en las “moradas eternas” (v.9). Ese contraste viene especificado entre lo pequeño y lo mucho (v.10) lo que manifiesta explícitamente que se trata de un kal wahomer, como hemos dicho planteado en clave (in)fidelidad (vv.10-12). El dicho Q (v.13) concluye el texto; en v.14 encontramos –aunque dentro de la misma temática del dinero- unos nuevos personajes que dan inicio a una nueva unidad. Es sabido que –a diferencia de las comunidades que se pueden vislumbrar en los otros evangelios- en la comunidad de Lucas parece haber algunos de buen pasar económico. A ellos Lucas les insiste con frecuencia en la importancia de compartir los bienes, de dar limosna, de “hacerse amigos”; si –por el contrario- el dinero se transformara en un ídolo, no tienen cabida en el proyecto fraternal y sororal de Jesús.

El texto Q es interesante: es exacto en Mt y Lc palabra por palabra, sólo que Lucas añade –por el contexto- que ningún “doméstico” (oikétês), es decir, el empleado de la casa sirve a los dos señores. Como en un evangelio pasado (14,25), el verbo “odiar” debe entenderse en el sentido de ‘amar menos’, expresado en un paralelismo antitético de modo quiástico:

A.      A uno odiará
B. A otro amará
      B’. A uno se entregará
A’. A otro depreciará

Estos dos señores (kyriois) que tienen esclavo (douleuein) se presentan tan antagónicos como el amor y el odio: Dios y “mamôna”, es decir, el “dinero injusto” (16,9.11). En realidad, “mamona” no es propiamente dinero, que se encuentra otras veces en el Nuevo Testamento (argiríon [plata], cf. Mt 25,18.27; 28,12.15; Mc 14,11; Lc 19,15.23; 22,5: Hch 8,20; filárgiros [amigos de la plata], cf. Lc 16,14; 1 Tim 6,10 (cf 3,3); kérma [moneda] cf. Jn 2,15; jrêma [dinero], cf. Hch 4,37; 8,18.20; 24,26) mamona es un término semítico que no se encuentra en la Biblia hebrea, pero sí es común en tiempos del NT: se encuentra en Qumrán [1Q CD 14,20, pero el texto está muy corrompido y no puede entenderse claramente el sentido; y en la Regla de la Comunidad: señalando que “el pequeño obedecerá al grande en el trabajo y el dinero (welemamôn), 1QS 6,2]; en Sir 31,8: “feliz el rico que fue hallado intachable, que no fue tras el oro” (jrusíon en griego; mamón en hebreo) y es también frecuente en la Misna. Sin embargo, el sentido de “riquezas” (dinero abundante) unido al término “injusta” de los vv.9 y 11, adquiere connotaciones mitológicas en v.13. Se trata de algo que es posible amar a la altura de Dios, se trata de un ídolo. De hecho, el término arameo “mamona” viene del verbo hebreo “amán”, de donde viene “amén”; es poner la confianza, pero cuando ese algo en lo que se confía no es Dios mismo, entramos en la idolatría. Y sin duda el dinero es un habitual sustituto de Dios. Especialmente porque impide mirar a los demás como hermanas y hermanos, por eso está ligado frecuentemente a la injusticia y por eso no tiene cabida en el reino.