martes, 10 de enero de 2017

Comentario domingo 2A

Jesús camina a nuestro lado y estamos invitados a reconocerlo, y a seguirlo
DOMINGO SEGUNDO - "A"

                                                                                            
Eduardo de la Serna


Lectura del libro del profeta Isaías     49, 3-6

Resumen: Un personaje desconocido que se define como “siervo” de Yahvé, y por momentos se identifica con Israel, y en otros en relación a este, aparece como luz de los demás. El grupo que vuelve del exilio se muestra ante los judíos e israelitas dispersos por toda la diáspora como una lámpara que señala los caminos de liberación.

Se habla con frecuencia de los cuatro (o quizás más) cantos del Siervo sufriente de Yahvé que se encuentran en el llamado Segundo Isaías. El texto litúrgico forma parte del segundo de estos “cantos”. Un personaje desconocido se dirige a los lejanos (“islas” y “pueblos lejanos”; es posible que con estas imágenes se refiera a los judíos dispersos por el mundo, por exilio o por cautiverio. Ya hemos conocido algunas de estas ideas en las páginas anteriores de Isaías (“llamar”, “recordar el nombre”, cf. 42,6: 45,3.4; 48,12).

La imagen de la protección divina sobre el personaje se ve en una serie de metáforas: espada, saeta, carcaj, sombra de su mano y recurriendo a elementos que caracterizan por una parte a los profetas (la boca, la palabra, el llamado “desde el seno materno”, que relee en primera persona el texto de Jer 1,5). El siervo es expresamente señalado como “Israel” (cf. 43,1.21; 44,2.21.24; 45,11). Sin embargo, tiene a su vez elementos personales (por ejemplo en relación con el mismo pueblo de Israel, v.5) lo cual invita a pensarlo diferente. Quizás un pequeño grupo (¿los deportados que regresan?, ¡un “resto”?, ¿los exiliados?) se presente a semejanza del gran profeta. La alusión en más de una ocasión a “Jacob” y a “Israel” (v.5.6) y también a otros grupos: “las gentes” (vv.6.7), los “confines de la tierra” (v.6), y a los adversarios de Israel (dominadores, reyes y príncipes, v.7). Sin embargo, el contrasto viene dado en que para estos, Israel es “despreciado”, “abominado”, “esclavo”, mientras que es “valioso a los ojos de Yahvé y mi Dios ha sido mi fuerza” (v.5). Esta actitud violenta y de rechazo es lo que caracteriza el sufrimiento del siervo que se irá acentuando en los restantes cantos; pero este sufrimiento no quedará sin producir un efecto: será rescatado, se pondrán de pie los reyes y se postrarán los príncipes a causa de haber sido “elegido”· por Dios, que es leal (v.7). El siervo tiene una misión liberadora que produce su efecto en Israel. Encontramos elementos reales, elementos proféticos y de ese modo el siervo será “luz de las naciones”. El grupo liberado del cautiverio en Babilonia que regresa a su tierra entre sufrimientos tiene una misión clara para los demás miembros del pueblo de Judá y de Israel para ser luz y hacer volver.


Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     1, 1-3

Resumen: con un esquema habitual Pablo da comienzo a la carta a los Corintios. Para ello saluda ecuménicamente a los miembros de la comunidad y los reconoce como miembros del pueblo de Dios.

Las cartas de Pablo suelen tener todas un esquema semejante (puede verse esquemáticamente lo que hemos señalado al presentar Romanos 1 en http://blogeduopp.blogspot.com.ar/2013/12/comentario-adv4a.html). Digamos brevemente que este viene presentado como:

1.     Remitente/s
2.     Destinatario/s
3.     Saludo de “gracia y paz”
4.     Una acción de gracias (sólo omitida en Gálatas, precisamente a causa del enojo que Pablo tiene con los destinatarios) que concluye el saludo y a su vez inicia el corazón de la carta.

Luego lo sigue el “cuerpo” de la carta. Lo que hoy presenta la liturgia es, precisamente, los tres primeros elementos de este esquema. Pero aprovechemos esta ocasión para destacar algunos elementos.

La carta presenta como colaborador de Pablo en el envío de la carta a un tal Sóstenes que desconocemos, lo llama “hermano”, es decir que se trata de uno que es miembro pleno de la comunidad. Hay otro personaje con el mismo nombre mencionado en Hch 18,17 pero nada invita a pensar que se trate de la misma persona.

Pablo se presenta a sí mismo como “llamado a ser apóstol”, algo que repetirá en 9,1-2. Para Pablo el apóstol es uno que se ha visto beneficiado con una aparición del resucitado y a partir de ese momento tiene la responsabilidad de anunciarlo vivo.

El término “Iglesia” (ekklêsía) es sumamente interesante ya que en la Biblia griega con cierta frecuencia se utiliza para traducir el hebreo qahal (= asamblea; cf. Dt 4,10; 9,10; 18,16…), por tanto el pueblo de Dios reunido. Pero a su vez, el término es usado en el ambiente greco-romano para señalar a aquellos “ciudadanos” que se reúnen y toman decisiones para el funcionamiento de la ciudad; son súbditos del Emperador, le deben fidelidad, pero son a su vez importantes en su ambiente. En este caso, Pablo la está utilizando de un modo contra-cultural para señalar que hay otra ciudadanía, que no se trata de elites sino de los “llamados” por Cristo en el bautismo.

Lo que destacará de esta Iglesia son dos elementos: primero, que han sido “hechos santos” a partir de algún momento (por lo tanto, antes no lo eran; cf. 6,9-11). El paralelo invita a pensar en el bautismo. Esta separación invita a los corintios a saber que deben llevar una vida distinta a la que se vive en Corinto. Son miembros de Cristo, y no clientes del César. El segundo elemento toma lo dicho y lo resalta: “llamados a ser santos” (cf. 1,26) y ser –por lo tanto- miembros de la Iglesia (v.9) en una comunión (koinônía); Israel es un pueblo llamado a ser santo (Ex 23,22; Num 16,3; Jl 2,16; 2 Cr 30,17; Sal 88,6 y es frecuente en Qumrán).

Finalmente Pablo “otorga / desea” la “gracia y la paz”. Es sabido que el saludo propio del ambiente hebreo es el Salom (que suele traducirse, un poco incompletamente, por “paz”, en griego eirênê). Los griegos, en cambio, suelen comunicarse la “alegría” (jaire; cf. Lc 1,28). La alegría y la gracia son palabras semejantes (incluso en castellano fuera del campo teológico, algo que “causa gracia” se asemeja a la “alegría”) jaire y jaris. Con el saludo de “gracia y paz” Pablo parece abrir ecuménicamente el mensaje de sus cartas a todos los miembros judíos y griegos de la comunidad. 

Así, con este (y otros saludos) Pablo se prepara para comenzar la carta.


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 29-34

Resumen: Juan el Bautista da testimonio de Jesús a sus discípulos y así también a nosotros para que reconozcamos quién es este Jesús que camina en nuestra historia. Una serie de títulos e imágenes con fuerte tradición judía empieza a presentarse, cosa que continuará a lo largo del Evangelio para profundizar en la revelación de Jesús en el Cuarto Evangelio.

Después del prólogo poético, el Evangelio de Juan comienza su evangelio con un “prólogo histórico”. Así como el prólogo poético comienza con las mismas palabras del libro del Génesis (“en el principio”), el prólogo histórico presenta una primera “semana” narrativa en la que “todo” comienza: 

Primer día (v.19)
Segundo día (v.29)
Tercer día (v.35)
Cuarto día (v.43)
Séptimo día (“tres días después”, 2,1)

Como se ve, el texto litúrgico de hoy está formado por el “segundo día”. El primer día presenta a Juan el Bautista, el segundo, Juan habla de Jesús, el tercero Juan envía a sus discípulos tras Jesús y en el cuarto (Juan ya ha desaparecido) Jesús empieza a reunir discípulos junto a él. Estos discípulos, con Jesús y su madre son testigos del primer signo en Caná el día séptimo.

Juan Bautista, que no hablaba de sí mismo (vv.20-21), se vuelve presto para hablar (dar testimonio) de Jesús; lo cual demuestra que el acento de la misión del Bautista es el testimonio. Por medio de una serie de títulos se empieza a desarrollar una cristología: Cordero de Dios (29), preexistente (30), portador del Espíritu (32-34). 

La fórmula es común a Jn: un mensajero de Dios ve a una persona y dice: "(Miren!"; a esto sigue una descripción que revela el misterio que esconde esta persona (1,35-37; 1,47-51; 19,24-27); tiene sus raíces en el AT (cfr. 1 Sam 9,17).

           Ve... venir: Mirando los Evangelios sinópticos se piensa en Jesús que viene a bautizarse; la construcción deja suponer que esto ya se ha realizado pero en Juan no se lo menciona (propiamente hablando, no hay bautismo de Jesús en el Evangelio de Juan). Jesús viene hacia Juan Bautista cumpliendo lo dicho en Is 40,10, viene para el sí de Dios. Nada nos dice de dónde viene ni a dónde va.

           El Cordero al que se hace referencia sin dudas tiene sentido mesiánico; no es improbable que provenga de la liturgia de la comunidad joánica: es a partir de esto que Andrés declara a Simón: "encontramos al Mesías" (1,41); pero ¿por qué "Cordero"?; no es evidente a qué tipo de “cordero” se refiere; hay diferentes opiniones (todas con elementos interesantes, pero ninguna totalmente satisfactoria):

1.- En la apocalíptica judía el cordero victorioso aniquilará el mal, los lobos... Es la paradoja de la debilidad que -con Dios- triunfa sobre el mal (TesJos 19,8; Ap 6,10; 7,17; 17,14. 

"Las ovejas eran todas blancas, y su lana espesa y pura. todos los que habían perecido y habían sido dispersados... El dueño de las ovejas se alegró muchísimo pues todos eran buenos y habían vuelto a su casa. Vi que depusieron la espada que había sido entregada a las ovejas... Vi que se trasmutaban las especies y se convertían todas en toros blancos..." (Henoc 90,38)
  
Quizá Juan Bautista saludó a Jesús como el cordero de la expectativa apocalíptica, suscitado para destruir el mal (Ap 17,14). 

2.- Como Siervo doliente. El Siervo aparece en 4 cantos del Segundo Isaías. La relación con otros justos del AT que sufren es normal que fuera hecha en el cristianismo primitivo. Es probable que el evangelista lo interpretara así. En vv. 32-34 hay dos temas que pueden referir al Siervo: el Espíritu que reposa sobre él y Jesús como Elegido: Is 42,1 (cfr. 61,1); la supresión del pecado es característica de los tiempos mesiánicos; Jesús hace triunfar la justicia y el derecho en una ansiada victoria escatológica.

3.- Como Cordero pascual. Mientras el Siervo es una figura, el Cordero pascual es real; el simbolismo pascual es frecuente en Jn (19,14; la referencia y la cita de Jn 19,36 es de Ex 12,46; Nu 9,12 pero también Sal 34,21 que refiere al justo que sufre, cfr. 8,29; 16,32 y Zac 12,10); en el Apocalipsis (que es de la escuela joánica) junto al Cordero aparece el tema pascual (en 5,6 es degollado; 15,3 el canto de Moisés es el del Cordero; 7,17 y 22,1 es fuente de agua viva; 5,9 su sangre es de rescate). Pero el cordero pascual no era un sacrificio. Pero si los cristianos ven a Jesús como Cordero, sí vale decir que este Cordero los quita. De todos modos empezaba a unirse a este tema: es sacrificado por sacerdotes, y se daba importancia a su sangre... Cuando los cristianos compararon a Jesús con este cordero pascual, no dudaron en usar lenguaje de sacrificio (1 Cor 5,7). En 1 Pe 1,18-19 se dice que los cristianos fueron rescatados por una sangre como de cordero sin mancha.

No se ve motivo para negar que quiera hacer ambas alusiones. Ambas son coherentes con la cristología de Juan (¿y de 1 Pe? cfr. 2,22-25= Is 53,5-12). No es imposible que a esto se unan ecos de Juan Bautista referidos al cordero apocalíptico. 

4.- Puede, igualmente, referir a los sacrificios de Israel, de comunión, de reconciliación... al sacrificio cotidiano en el Templo (Salmos de Salomón 8,28). En el tiempo de la esperanza, Israel debe renovar cotidianamente su lugar existencial frente a Yahvé. La promesa es realidad con la presencia del Mesías, el pecado fue redimido (Is 40,2), con Jesús, por tanto, Dios otorga la plenitud del perdón a Israel y al mundo. Jesús no es una nueva víctima, es por quien Dios interviene reconciliando al mundo. La esperanza de Israel, ¿no llega a su fin? 

5.- Otras opiniones: uso de Jer 11,19 (¿diferente de Is 53?); cordero del sacrificio (Ex 29,38-46) o del pecado (Lev 4,32) [explicaría por qué quita el pecado del mundo; pero eran más frecuentes el toro o el macho cabrío]; otros lo refieren al chivo expiatorio (Lv 16,7ss); la referencia a Moisés como cordero (Targum de Jerusalén) y la referencia a Isaac: "Dios proveerá el cordero" 22,8 son importantes si tenemos en cuenta los paralelos Jesús/Moisés y Jesús/Isaac (cfr. 3,16 y Gn 22,2; 19,17 y Gn 22,6. De todos modos, algo nuevo ha comenzado entre Dios y los hombres, una nueva economía de salvación.

         Pero este cordero es “de Dios”: ¿calcada de Siervo de Yahvé o cordero pascual dado por Dios? 

       Y el cordero quita (presente; ¿con valor de futuro?). En LXX, airein relacionado al pecado equivale a afiénai, perdonar (cfr. Ex 28,38; 34,7; Nu 14,18; 1 Sam 15,25; Sal 32,5; 85,3; Mi 7,18). Pero, ¿quién quita? ¿el Cordero-de-Dios o Dios? Puede ser “de” en sentido de “dado por”, es el Cordero que Dios da para quitar el pecado.

        El pecado está en singular (cfr. 1 Jn 3,5 en plural; 1 Sam 15,25; 25,28 LXX) refiere a la condición pecaminosa. En 1 Jn 1,7; 2,2; 4,10; 5,6 debemos pensar que se trata de una muerte expiatoria vicaria. No es el pecado en el mundo sino del mundo, por lo que debemos pensar en la cruz. Parece referir a la desaparición del pecado al final de los tiempos: cfr. Ez 36,25-28; 37,23-28; Za 13,2; Is 11,9; 1QS 4,20-21; ApBar 63,1-4; 1 Jn 3,5. Pero Juan Bautista no habla de los pecados de los seres humanos sino del pecado del mundo. Su misión es vencer el imperio del pecado. La hamartía (pecado) alcanza su profundidad escatológica en la anomía (1 Jn 3,4), el mundo separado de Dios. Refiere a un sacrificio (cordero) nuevo y superior a todo (es común en Jn que todas las instituciones de "los judíos" sean superadas en Jesús: 2,19; 4,21; 5,17.39.47; 6,4; 10,1; 13,34).

        Juan dice que “detrás de mí”: ¿es espacial? En ese caso se refiere al discipulado; para los rabinos es propio del discípulo que el discípulo vaya detrás (Mc 1,17.20; 8,34; Lc 14,27)] ¿o es temporal?; el paralelo con v.27 parece referir al tiempo. ¿Y el "delante"? puede referir a superioridad, o a que Jesús pasa a ser Maestro; el que -en cuanto Palabra- puede decir la voluntad de Dios. El motivo es su dignidad que está más allá de todo lo concebible.

      "Existir antes" alude a la preexistencia (cf. 1,1) Palabra preexistente que aporta la plena revelación de Dios.

La preexistencia (cfr. 8,58; 17,5). El texto tiene paralelos en la tradición sinóptica y, por tanto, encaja con la tradición a Juan Bautista. El problema radica en la tercera expresión: "existía antes que yo". Puede partir de una polémica con los seguidores de Juan Bautista: Juan Bautista vino primero y eso indicaría mayor rango (cfr. Gn 48,20). El Bautismo de Juan Bautista no se asocia al perdón de los pecados (como sí en Mc 1,4) sino en revelar al que va a venir. Los judíos hablan de 7 (o 6, según las tradiciones) cosas que existen desde antes de la creación: la Torah, la penitencia, el Gan-Edén, el gehinnom (la Gehena), el trono de gloria, el Templo y el nombre del Mesías. Es una preexistencia en la mente de Dios, no "real". En la apocalíptica, el Hijo de hombre aparece como preexistente (Hen 39,7s; 52,9; 62,7; cfr. 4Esd 13,26. 52ss)

"Antes de que se creara el sol y las constelaciones, antes de que se hicieran los astros del cielo, su nombre fue invocado ante el Señor de los espíritus... Por eso fue elegido y escogido junto a él antes de crearse el mundo y por la eternidad" (Hen 48,3.6;). 
  
        Juan bautiza “con agua”; descubriendo quien es Jesús, Juan Bautista descubre más plenamente su propia misión. El espíritu señala a Jesús y, asimismo, hace posible el nuevo bautismo.

       “He visto” (en tiempo perfecto: perdura en sus efectos); implica que el Espíritu permanece todavía. El doble "he visto" refleja la profecía (Is 40,5). Supone la acción del bautismo sin mencionarla. Hay una evolución desde Mc, a Lc, que la menciona tangencialmente y Mt que trata de explicar el por qué. Hay, de todos modos vestigios de la tradición: la paloma, el Espíritu, el reconocimiento de Jesús como Hijo... Juan Bautista no lo conocía (v.31a) pero puede manifestarlo porque "ha visto".

           La referencia a la paloma que se posa sobre él alude al descenso del Espíritu. 

"...el Señor levantará un nuevo sacerdote sobre quien las palabras del Señor serán reveladas. Efectuará sobre la tierra el juicio de la verdad muchos días. Su estrella se levantará en los cielos como un rey ...los ángeles de la gloria de la presencia del Señor lo llenarán de gozo. Los cielos se abrirán y del templo de la gloria descenderá sobre él santificación... El espíritu de entendimiento y santificación permanecerá sobre él en el agua..." (Testamento de Leví 18,2-11) 
cumpliendo así el anuncio de Is 11,2; 61,1; Jesús no lo recibe para cada caso (como es el caso de los jueces) sino de una vez para siempre. El testimonio, que será tan importante en Juan, llega a través de Juan Bautista (en 5,33-35 se lo nombrará entre los que testimonian a favor de Jesús. La teofanía (descenso del Espíritu, voz del cielo) es más sencilla que en los Sinópticos. Pero, de todos modos, es coincidente que el descenso del Espíritu lo señala como instrumento singular de Dios (Is 11,2)

"Luego de esto, se levantará una estrella de Jacob en Paz; un hombre surgirá como Sol de justicia de mi posteridad, caminando con los hijos de los hombres en dulzura y justicia, y en él no se encontrará pecado. Los cielos se abrirán sobre él depositando el espíritu como bendición del Padre Santo. El pondrá el espíritu de gracia en ustedes, y ustedes serán hijos en verdad y caminarán en el primero y el último de sus decretos" (Testamento de Judá 24,1-3).
  
           “Bautizará con Espíritu Santo”, no coincide con los Sinópticos: Mt y Lc hablan de "con Espíritu Santo y fuego" (cfr. Is 4,4: fuego como purificación destructiva). El espíritu es considerado purificador (Is 32,15-18; 44,3-5; Ez 36,25-27; Jub 1,23; 4 Esd 6,26; TestJud 24,3; 1QS 4,20s). Juan Bautista comprende que su actividad prefigura el verdadero bautismo. El suyo es un acto de conversión y renacimiento en las simbólicas aguas del Jordán; Juan Bautista está anticipando la afirmación de que para entrar al Reino hace falta renacer del agua y el Espíritu. Y es Jesús mismo quien es la fuente del Espíritu para los creyentes; sobre él permanece, él lo da (3,5.34; 7,38-39; 14,16; 20,22). Pero Juan va a referir a un nacimiento (3,5), el bautismo que eleva a la condición de hijos de Dios (1,12). Sólo el que viene de lo alto (3,31) puede hacer nacer de lo alto (3,6-8). El Mesías aportará el don por antonomasia, el Espíritu (3,34; 6,63; 7,37-39).

         “He visto...” es “he dado testimonio” (el tiempo es perfecto y por tanto la acción persiste); su testimonio, valedero para siempre, es estable, se basa en el ver.

Algunos manuscritos leen “elegido” y muchos otros dicen “hijo”. Resultaría extraño que cambiaran "Hijo" por "Elegido", mientras que lo contrario es probable (cambiado en la discusión contra los adopcionitas). 

Un texto de Qumrán refiere "elegido" a un personaje providencial: 
"todos sus cálculos sobre él fracasarán, aunque la oposición de todos los vivientes será grande. ... sus proyectos, porque él es el elegido de Dios. Su nacimiento y el soplo de su aliento sus proyectos existirán por siempre" [4QMess aram (4Q534) o 4QNoé I,10].

Aunque Dios eligió a muchos, la referencia a Is 42,1 recuerda la relación bautismo-Siervo (cfr. 1 Hen 49,2; 50,5). 
"En aquel día, mi Elegido se sentará en el trono de gloria..." (1 Hen 45,3

La referencia es al Siervo, sobre quien reposa el Espíritu.

Relacionándolo con el Prólogo y la conclusión se atribuye a Juan Bautista la plenitud de inteligencia del misterio. La frecuencia del verbo "ver" invita a releer: a los ojos de Juan Bautista el Espíritu permanece en Jesús quien, dada la palabra de Dios, bautiza en Espíritu. El testigo concluye: es Hijo de Dios; rey de Israel, delegado de Yahvé, manifestado en términos de filiación (Sal 2,7). Juan Bautista continúa hablando el lenguaje del AT. Juan Bautista puede no haber pasado la perspectiva accesible a sus oyentes, pero Juan Evangelista incluye toda otra perspectiva La referencia a la "voz", a pesar de su paralelo sinóptico tiene una diferencia: no es, aquí, una voz del cielo, sino la de un hombre; es un acontecimiento revelador, el testigo, de no saber pasa a anunciar la palabra divina. La fe lo transforma en la más íntimo de su ser.

Foto tomada de www.antenamisionera.org




viernes, 6 de enero de 2017

Lo mejor que podemos hacer es rezar

Lo mejor que podemos hacer es rezar


Eduardo de la Serna



La frase que encabeza esta nota fue pronunciada por el ministro argentino de Medio Ambiente. Ante la baja de presupuesto a su cartera para el año 2017 por parte del gobierno del que es miembro dijo esto. Para justificar el dicho remitió a su ser rabino. En el verano es habitual que ocurran incendios y – al no tener instrumental, o medios – recurrió a Dios como solución (¿mágica?). Hasta ahora hay 600.000 hectáreas incendiadas en la provincia de La Pampa. Pareciera que Dios no ha escuchado a los suplicantes.

Pero ¿es así? Sin dudas que creo que no, pero no está de más explicarlo.

Pretender encontrar (o no) la solución en Dios depende de cómo es ese Dios en el que creemos. O, para empezar, qué se entiende por “rezar”.

Si creo en un Dios que es activo y hacedor de historia, “pedir” / “rezar” significaría confiar en que él podría transformar algunas de las cosas que nos afectan (una enfermedad, la desocupación, el dolor…). En ese caso, pedimos por la curación de alguien con la esperanza de ser testigos de su recuperación. Pedimos que no haya focos de incendio esperando que las causas desaparezcan (sean estas humanas o cósmicas).

Si creo en un Dios “titiritero”, pedir significa que envíe una lluvia que apague los incendios, o que no haya causas que los provoquen, por ejemplo rayos (para no aludir a las causas humanas, por cierto).

Rezar, ¿es pedirle a Dios que intervenga para modificar los acontecimientos o circunstancias que pueden provocar (o razonablemente provocarán) una determinada situación no deseada?

Si ese es Dios, muchas cosas quedan por aclarar: el hambre, las guerras o desastres naturales, por ejemplo; ¿por qué Dios no interviene frenándolos?

El Dios en el que yo creo es un Dios que sugiere, que invita o – hasta – que compromete. Dios nos invita a vivir de un determinado modo, y es habitual que lo ignoremos (a eso llamamos “pecado”). De ese modo quisiera Dios que vivamos. No creo en un Dios que nos lleva, trae, saca y pone (a eso llamo Dios “titiritero”, que maneja los seres humanos y su historia moviendo los hilos). Creo en un Dios personal que se encuentra con nosotros saliéndonos al paso, pero mostrándonos su “rostro” de puro amor. Decir que “Dios es amor” es – sin duda – lo más pleno que podemos decir de él. Y el amor no impone, sino que invita, motiva o sugiere. Por eso, me cuesta creer en un Dios que enviaría las lluvias ante un incendio; me resulta mucho más “creíble” un Dios que invita a poner en práctica políticas públicas para prevenir los incendios y a tener los elementos necesarios para combatirlos si estos ocurriesen. Del mismo modo que para las políticas de salud, o las políticas de infancia y su imputabilidad, por ejemplo.

Dejo de lado, además, que (como es frecuente en el gobierno de Cambiemos) con las cosas así planteadas, los incendios de La Pampa no son culpa de las políticas perversas que ejecuta y de los ineptos que las aplican (comenzando por el presidente, por cierto) sino culpa del “Dios todopoderoso” que no manda las lluvias que el Ministro reclama. “La culpa es del otro si algo me sale mal… entre estos tipos y yo hay algo personal”.

Creo firmemente en la importancia de rezar, pero creo que esto se trata de un encuentro de amistad. Rezar es un encuentro de amor, como lo afirman grandes místicos de ayer y de hoy. Y es en ese amor y ese encuentro donde nos vemos motivados a salir también nosotros al encuentro de “los otros”. El encuentro con el amor infinito de Dios nos impulsa a derramarlo en los demás. El “amor a Dios” y el “amor al prójimo” son inseparables y uno y otro se retroalimentan.

En cambio, responsabilizar a Dios por la no-lluvia queda aumentado con una nueva “culpabilización” a Dios escudado en una supuesta “profecía apocalíptica”. Responsabilizar a Dios de lo que es nuestra responsabilidad es un absurdo contra el que la maravillosa mística judía Etty Hillesum (asesinada en la Shoah) ha alertado frecuentemente. Evidentemente el rabino Bergman y yo hablamos de “Dioses distintos”.


Foto tomada de http://www.munecas-marionetas.com/Pinocho_marioneta_titere-ma119.html

martes, 3 de enero de 2017

Comentario Bautismo del Señor

Desde el cielo se nos dice a todos que Jesús viene a nuestra historia
EL BAUTISMO DEL SEÑOR 
Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     42, 1-4. 6-7

Resumen: El llamado canto del “siervo sufriente de Yahvé” presenta diferentes interpretaciones. Pero lo que se dice de él se dice también de (parte de) Israel. El grupo que vuelve del exilio debe presentarse como modelo y liberador para los demás judíos de otras regiones de la dispersión y de la misma tierra de Israel.



El texto litúrgico de hoy pertenece al llamado “primer canto del siervo sufriente de Yahvé”. Estos cantos (habitualmente se habla de cuatro, aunque no es unánime) son bastante controvertidos en su interpretación. ¿A quién se refiere? ¿Quién es este “servidor”, “elegido”…? Se ha pensado en el grupo cautivo en Babilonia que está por regresar a la tierra, y su sufrimiento es visto como “vicario” por los pecados de todo el pueblo. Pero también se piensa que se refiere a un (pequeño) grupo que ha regresado a la tierra luego del exilio y no ha sido recibido ni aceptado por los que estaban en la región de Israel. 

El himno se dirige (vv.1-4) a alguien desconocido hablando sobre este siervo también ignorado por nosotros. En v.5 Yahvé mismo retoma la palabra para dirigirse a partir de v.6 al siervo (vv.6-9 [vv.8-9 parecen remitir a 41,29]) e invita a un colectivo (vv.10-12) a un canto comunitario. El destinatario es –como se dijo- desconocido, pero lo somos los lectores… Lo que se afirma del siervo tiene connotaciones de semejanza a un rey (tendrá el espíritu, dictará la ley, implantará justicia, implantará el derecho cosas que también se dicen de los reyes asirios y babilonios), se parece al libertador del que habla en c.41. Pero eso mismo se ha dicho de Israel en 41,8-10 (cf. 44,2.21; 45,4; 48,20). Es posible, entonces, que se refiera a Israel, o a los deportados o de la diáspora. Es posible que los judíos e israelitas que están dispersos se encuentren en un proceso de pérdida de la propia identidad, de asimilación a la cultura imperial, e incluso de sus dioses. A algunos del exilio, entonces, los invita a ser “luz” (v.6). 

Este “servidor” tiene una tarea que realizar, por eso recibe el “espíritu” de Yahvé (cf. Núm 11,25.29). Es la fuerza para ejercer la conducción. Debe producir justicia, derecho, decisión (mispat, 3 veces en vv.1-4) es una intervención liberadora. Entre las dos referencias al mispat de v.1b y v.4b destaca que se caracteriza por “no hacer” siete cosas:
  • No gritará
  • No alzará la voz
  • No hará oír su voz (v.2)
  • No quebrará (a) la caña
  • No vacilará (b) la mecha humeante (v.3a)
  • No vacilará (b’)
  • No se quebrará (a’) (v.4a)


Queda poco de esperanza (“caña quebrada / mecha mortecina”; cf. 1 Re 14,15; 2 Re 18,21; Is 43,17; Ez 29,6), pero este “rey” no lo dejará perder. Los demás exiliados podrán dejarse conducir por el Israel cautivo en Babilonia que los ayudará a concretar la liberación. 

Dirigido al servidor a partir de v.6 se afirman cuatro cosas: llamar / tomar de la mano / reservar y poner lo cual tiene relación a los dos extremos del horizonte: el país y las islas (es lo que se llama un merismo que consiste en aludir al todo destacando dos elementos extremos, como “cielo y tierra”). Y lo que se destaca que hará tiene que ver con las realidades sociales y políticas (cárceles, cadenas…). En realidad “abrir los ojos” tiene que ver frecuentemente con la liberación de la cárcel, ya en relatos babilónicos como en el AT (cf. Is 61,1).


Lectura de los Hechos de los Apóstoles     10, 34-38

Resumen: Un importante discurso de Pedro sobre el envío de Jesús a predicar a los judíos se verá abruptamente interrumpido por una intervención del Espíritu Santo que lo hará cambiar de actitud. En este discurso hace alusión breve a Jesús en la historia desde el Bautismo de Juan hasta la crucifixión. La primera parte forma parte del texto del día.

En el Libro de los Hechos, los discursos de diferentes personajes ocupan un lugar muy importante. En el texto de hoy tenemos uno de los temas centrales del libro, por lo cual la escena parece repetirse una y otra vez con la evidente finalidad de mostrar que la recepción de los “paganos” en el grupo de discípulos es algo motivado por expresa determinación del Espíritu santo. En este caso se trata de la responsabilidad expresa de Pedro (con todo lo que este personaje significa en Hechos) como responsable principal en esta recepción. Un pagano, Cornelio será recibido a partir del bautismo en la comunidad. Pero para dar ese paso fundamental se hace necesario que el espíritu santo intervenga activamente (visiones e interpretaciones). Luego de las escenas que presentan y preparan los hechos, Pedro pronuncia un discurso que es el texto litúrgico del día. Comienza con “Pedro tomó la palabra” (v.34) y pasa a una nueva escena cuando afirma que “Estaba Pedro diciendo estas cosas…” (v.44).

En los discursos cristianos (hay otros no “cristianos”) en Hechos, es habitual una serie de referencias a la síntesis de la obra de Cristo a partir de su pascua centralizado en la muerte y resurrección con breve referencia a su historia. El texto de la liturgia de hoy es el que más referencias al “pasado” de Jesús tiene, aludiendo desde su bautismo por parte de Juan (v.37) hasta los milagros o exorcismos (v.38) siguiendo el esquema propio de Lucas. La referencia al bautismo es la que motiva su incorporación en la liturgia del día.

La primera parte del discurso (la que hace referencia a que Dios “no hace acepción”, literalmente: “no mira parcialmente la cara”; prosôpolêmptês se encuentra aquí por única vez en la biblia, se origina en prosôpon que es la cara, el rostro; cf. Rom 2,11; Ef 6,9; Col 3,25; Sgo 2,1.9) hace referencia, precisamente a la incorporación de no judíos, por iniciativa de Dios, en el grupo de discípulos. En la Biblia, habitualmente es un término judicial y se cuestiona a los jueces que hacen “acepción” (prosôpon) en favor de los que los han sobornado, o de los ricos contra los pobres (Dt 1,17; 16,19; Sal 82,2; Pr 24,23; 28,21; Sir 42,1; Mal 2,9) destacándose claramente que Dios, como juez justo, no la hace (Dt 10,17; 2 Cr 19,7; Job 34,19; Sir 35,13, cosa que repite el NT, cf. Ga 2,6; 1 Pe 1,17 además de las citas señaladas más arriba). Con una cierta tonalidad judicial, el texto destaca que precisamente porque no las hace, a Dios también le “agradan” los paganos. 

El discurso de Pedro está centrado en la relación de Dios con su “pueblo” (laos, v.42; cf. v.41). Este discurso de Pedro se ve interrumpido por una interrupción del Espíritu Santo (v.44) que da razón al comentario de que Dios no hace “acepción” pero que la historia pasada no daba cabida.

Una nota sobre la predicación a los paganos: siendo que todo el AT y los mismos dichos de Jesús no parecían dejar cabida a la predicación a los paganos, la novedad resulta sorprendente. Es un tema complejo y sumamente interesante que sobrepasa este espacio y su sentido, pero destaquemos que –quizás no siendo fiel a los acontecimientos históricos- hechos presenta a Pedro como el primero en aceptar paganos. Pero no solamente por la centralidad que este apóstol juega en la primitiva comunidad sino por haber sido receptor de una intensa visión e intervención del Espíritu Santo, que es el conductor de la Iglesia. Es decir: algo tan novedoso sólo podía concretarse a partir de una decisiva intervención divina. Esta intervención es relatada con insistencia (se repite tres veces la visión y su interpretación en Hch 10,1-11,18). En el discurso de Pedro, de la liturgia del día, Pedro todavía no ha comprendido, sólo sabe que Dios le encarga hablar a los paganos. Pero lo que dice es que debe dirigirse a judíos. Recién cuando el espíritu irrumpa (“cayó sobre ellos”, “lenguas”, v.44-46) se dará el siguiente paso, el bautismo. 

El testimonio de los apóstoles (v.39) es tema central en Hechos desde 1,8 (cf. Lc 24,48) pero ya figura en el fragmento omitido por la liturgia donde Pedro habla de las apariciones del resucitado y la responsabilidad de predicar “al Pueblo” (= Israel). Lo que aquí interesa (por la liturgia del Bautismo del Señor) es la primera parte de la referencia histórica desde el comienzo hasta el momento anterior a la crucifixión.

La vida o ministerio de Jesús queda expresada sintéticamente como que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el Diablo porque Dios estaba con él” (v.38). Ya se ha dicho en otras ocasiones que en Lucas-Hechos el Diablo aparece como el gran adversario del reino de Dios que Jesús predica e inaugura. Ya desde las Tentaciones aparece como un “conflicto de reinos” (Lc 4,6), y que los milagros y predicación de Jesús y los suyos representan su derrota (cf. 10,18; 13,16), Satanás reaparece en el momento de la Pasión (cf. 22,3.31; ver 4,13) pero no prevalece. Todo el ministerio de Jesús, y no solo los exorcismos son vistos como enfrentamiento con el Diablo, aunque estos sean una manifestación evidente de esta derrota del Diablo y del paso de Jesús por la historia “haciendo el bien” (hacer el bien, euergeteô, es algo que es Dios quien lo obra, o en lo que se está invitado a reconocer su intervención: 2 Mac 10,38; Sal 12,6; 56,3; 114,7; Sab 3,5; 11,5.13; 16,2).


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     3, 13-17

Resumen: Juan, el Bautista descubre la diferencia entre él y Jesús, y se niega a bautizarlo. Pero el cumplimiento de lo previsto por Dios (= justicia) y la solidaridad de Jesús son su pueblo lo lleva a aceptar bautizar a su Señor.

El bautismo de Jesús –fiesta litúrgica del día- ocurre al comienzo de su ministerio. Desde los orígenes el cristianismo primitivo dio importancia a este hecho, aunque –como veremos- le causó dificultades teológicas. Mateo toma el texto de Marcos con algunos retoques y el añadido de vv.14-15 que expresamente deja constancia de esta dificultad. Veamos esquemáticamente ambos textos:

Marcos 1,9-11
Mateo 3,13-17
9 Y sucedió que por aquellos días
vino Jesús desde Nazaret de Galilea,
y fue bautizado por Juan en el Jordán.
13 Entonces aparece Jesús,
que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él.
14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»
 15 Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó.

10 En cuanto salió del agua
vio que los cielos se rasgaban
y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.
 11 Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».
16 Bautizado Jesús,
salió luego del agua;
y en esto se abrieron los cielos
y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
 17 Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Como se nota, en Marcos, Juan no pone objeción alguna ante Jesús que viene a ser bautizado, casi como si no lo reconociera, cosa que se interrumpe con una objeción y diálogo en Mateo, de allí que Marcos diga que Jesús “vino… y fue bautizado” mientras Mateo destaque que vino “para ser bautizado”, cosa que ocurre después del diálogo. 

Una vez bautizado los cielos simplemente se “abren” (Marcos 1,10 dice “desgarrar”, el mismo verbo que usa en 15,38 para hablar de la cortina del templo en la muerte de Jesús). En Marcos Jesús ve los cielos desgarrados y al espíritu que desciende, mientras que en Mateo la ruptura de los cielos parece ser vista por todos mientras Jesús ve al Espíritu. 

La voz del cielo se dirige a Jesús en Marcos (“tú eres”), mientras que en Mateo parece dirigida a todos los presentes (“este es”). 

Una nota sobre el hecho histórico del Bautismo de Jesús. Es sabido que Juan bautizaba. Probablemente se moviera a lo largo del rio Jordán bautizando a los peregrinos a Jerusalén. Además, sabemos que tenía discípulos, por lo que el grupo tenía una cierta teología y un cierto planteo religioso ante la realidad. No interesa aquí profundizar la relación entre Jesús y Juan, por ejemplo, si Jesús fue en un comienzo discípulo del bautista, pero lo cierto es que Juan lo bautizó. Y esto ocasionó dos tipos de problemas a las primeras comunidades. (1) reconociendo que Jesús es superior a Juan, ¿cómo es posible que un inferior bautice a un superior?; (2) convencidos que Jesús no tuvo pecado (2 Cor 5,21; 1 Jn 3,5), cosa que con frecuencia repite en NT, ¿de qué pecados es que Jesús se manifiesta arrepentido hasta el punto de hacerse bautizar? Esto provocó que ya Marcos destacara la superioridad de Jesús (“yo los bautizo… pero aquel…”); Mateo presenta –como vemos- a Juan rechazando el bautismo; en Lucas no parece haber bautizador (“bautizado Jesús…”) y en Juan directamente no hay bautismo. Evidentemente al cristianismo primitivo el tema le resultaba complicado (razón más que suficiente como para saber que realmente ocurrió). 

El cambio de Mateo “para ser bautizado” permite preparar el paréntesis propio de vv.14-15 donde Mateo dará respuesta a los interrogantes planteados. 

Juna se opone a bautizar a Jesús porque Jesús es “más fuerte que yo” (v.11) y por tanto puede darle a Juan un bautismo superior, “con espíritu santo y fuego”. Pero Jesús le dice que “conviene que cumplamos” (notar el plural) “toda justicia”. El término justicia es propio de Mateo (3,15; 5,6.10.20; 6,1.33; 21,32; nunca en Marcos y sólo en Lc 1,75 y Jn 16,8.10 en los evangelios), se refiere al sometimiento a la voluntad de Dios. Es decir, hay algo que Dios quiere en especial para Jesús y para Juan en ese momento concreto en referencia al bautismo. Jesús ha de manifestar públicamente su plena solidaridad con el pecado del pueblo y hacerse bautizar. “Cumplir toda justicia” son las primeras palabras de Jesús en Mateo, y es programa para mostrar a Jesús, obediente al Padre, y mostrar que los cristianos deben buscar que “su justicia sea mayor que la de escribas y fariseos” (5,20).

Jesús ve la manifestación de Dios del espíritu, él recibe ese anuncio de parte de Dios. Y lo que esta voz afirma (¿a los espectadores?, ¿a los lectores?) es una conjunción de dos citas bíblicas.

este es mi hijo” es una alusión al Sal 2,7 (ver Marcos); no se dirige a Jesús sino a Juan y a los espectadores porque Jesús es “hijo” desde el comienzo del Evangelio (cf. 2,15). Es una referencia al “hijo” entendido en clave real (cf. 2 Sam 7,14). Muerto el rey, el sucesor será coronado y ungido y a partir de ese momento será “adoptado” por Dios como hijo. Pero, probablemente para evitar una lectura triunfalista en clave monárquica, la tradición (ya en Marcos) añade la referencia a la “complacencia” que parece tomada de Is 42,1 (primera lectura del día). De este modo, la filiación de Jesús no será triunfal, sino sufriente. El ministerio y la vida de Jesús empiezan su camino.



Foto tomada de lmcomboni.org