jueves, 10 de octubre de 2019

Estoy enojado conmigo

Estoy enojado conmigo


Eduardo de la Serna



Creo conocer un poco América Latina, y eso me permite dimensionar algunas cosas, comentarios, hechos, relativizar datos, etc. No por aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”, por cierto. Pero sí para ubicar.

Me consta de algún lugar, donde una salida laboral es ser sicario. Y donde muchos adolescentes saben que su posibilidad de sobrevida es limitada, precisamente por eso. Pero igualmente esperan o una moto, o una “mini-Uzi” de regalo para poder trabajar. Esto dramático no puede negarse, como las brujas, que las hay, ¡las hay!

Y parto de esto para notar la hipocresía de los que ahora se hacen los escandalizados y hasta hablan de “apología del delito” (porque decir que hay pibes que venden droga parece serlo, mientras que decir que hay que dinamitar la villa 1-11-14 es algo normal) porque Axel Kicillof hizo referencia a la venta de droga.

En uno de sus titulares más groseros (¡y hay que superarse a sí mismos tanto!) Clarín de ayer decía que desde las PASO los jueces han comenzado a liberar “presos K” de la “corrupción en el kirchnerismo”. Así deja claro (pretende) que los jueces, que hasta ayer eran probos e independientes, se han “dado vuelta” ante el casi seguro triunfo de les Fernández en las próximas elecciones. Claro que eso podría significar, también, que los mismos jueces antes (de las PASO) fallaban por el color político del gobierno ahora en fuga… pero no lo dicen. Porque es “un dato adquirido” la “corrupción K” (que no han probado aún “ni un cachitito así”).

Y acá vienen mi enojo conmigo. Enojo porque tengo un conflicto entre lo que quiero con fuerza y lo que creo mejor. Es decir, quiero y deseo que todos vayan presos; el 10 de diciembre a las 10 de la mañana. Me encantaría un “Bonadío bueno” (= nuestro). Pero sé que así no debe ser, que no es bueno que así sea. Que ellos lo hacen no implica que debamos replicarlos: “son nuestros enemigos, no nuestros maestros” dice el dicho que se atribuye a Omar Al-Mukhtar. Lamentablemente, para peor, no tengo confianza alguna en el poder judicial: los cómplices civiles de la dictadura están todos (o casi) en libertad; los responsables de la hecatombe del 2001, también. E incluso algunos (porque no fueron inhabilitados judicialmente para desempeñar cargos públicos) volvieron con el macrismo como gobernador, ministra o presidente de un banco, por ejemplo.

No quiero que se juzgue judicialmente las políticas aplicadas por esta banda. Porque con este poder judicial vergonzoso, los juicios irán según los vientos electorales, y la justicia “te la debo”. Los que deben juzgar políticas son los electores (como – creo – los que deben hacer una “Conadep del periodismo” han de ser los televidentes, lectores, oyentes). Quisiera que todos los Medios cómplices y responsables de esta suerte de lavado de cerebro queden en bancarrota, y quisiera que el macrismo y sus adláteres tengan medio voto en las elecciones. Pero no los quiero presos por sus políticas (repito: lo quiero, ¡me encantaría!... pero no). Pero, eso sí, quisiera que no haya un solo hecho de mala política, corrupción, vaciamientos, desvío de fondos, etc… que quede sin ser juzgado. Lamentablemente no tengo confianza en un poder judicial que imparta justicia. Juzgar políticas es lo que han hecho “estos” desde el primer día y si hicieran eso, y no me extrañaría de las veletas jurídicas, ahora con los macristas, creo que no habremos aprendido nada. Prefiero un macrista culpable suelto, que un macrista inocente preso (lamentablemente, con rabia, lo digo). Claro que prefiero que ni un culpable quede suelto, pero – como creo que esto implicaría también a muchos del poder judicial – creo que lo verán nuestros tataranietos (en los libros de historia).

Pero es precisamente por eso que creo que hemos de mostrar, con todos los medios a nuestro alcance, la atrocidad y los horrores de este gobierno. Es por eso que propuse, oportunamente, un “museo del neoliberalismo”. Para poder mostrar a las generaciones que vienen por qué un “nunca más” también de este modelo político, económico, social, inhumano es necesario. Y urgente. Para que el pueblo juzgue aquello que, lamentablemente, con toda probabilidad, no harán los jueces.



Vergonzosa tapa del diario Clarín del 9 de octubre de 2019



martes, 8 de octubre de 2019

Comentario evangelio 28C

La fe de los marginados es ejemplo para el pueblo de Dios


DOMINGO VIGESIMOCTAVO - "C"


Eduardo de la Serna

                                                                                                                                   






Lectura del segundo libro de los Reyes     5, 10. 14-17

Resumen: Un hombre poderoso del ejército sirio está cubierto de “lepra”, y por recomendación de una esclava jovencita va a ver al profeta Eliseo. Dos horizontes el del poder y el de la impotencia se enfrentan, pero el poder se manifiesta impotente ante la enfermedad. Sólo Dios puede curar. Pero el “hombre de Dios” limpiará al enfermo que así reconocerá a Yahvé como único Dios.

Para acompañar el relato del Evangelio de la curación de diez leprosos por parte de Jesús, la liturgia nos presenta la curación del leproso Naamán, jefe del ejército arameo [por lepra ha de entenderse toda enfermedad de la piel; en este caso parece asemejarse bastante a la psoriasis]. El texto es amplio y presenta elementos variados (que continúan la serie de milagros obrados por Eliseo), muchos de ellos omitidos en el texto litúrgico: los triunfos militares del rey arameo son obra de Yahvé (v.1); la mujer de Naamán tiene una pequeña esclava judía que le habla del profeta (vv.2-3), el rey arameo manda una carta al rey de Israel que la toma como una excusa para ser atacado (v.7), cuando Eliseo manda a Naamán bañarse siete veces en el Jordán éste se molesta porque “los ríos de Damasco son mejores” (v.12), pero son los servidores (nuevamente los esclavos son mediadores) los que lo convencen de hacerlo (v.13). Finalmente, Naamán pide excusas por los cultos que deberá dar por su cargo, pero que eso no debe tomarse más que como algo “oficial” ya que se ha convertido a Yahvé (vv.18-19) y –finalmente- el criado de Eliseo, Guejazí, a diferencia de los otros criados, pide a Naamán aquello que Eliseo había rechazado (una recompensa por la curación) y en “castigo” se le “pega” a él la lepra de Naamán (vv.20-27). El relato, como se ve, tiene una serie de elementos que se han omitido para dejar solamente la curación en primer plano; pero veamos el texto y su marco:

Los vv.1-9, como se ha dicho, constituyen la introducción preparando el encuentro entre Naamán y Eliseo. Enterado de los temores del rey de Israel, Eliseo se decidirá a intervenir “para que sepa que hay un profeta en Israel” (v.8).

En vv.10-19 se produce la curación, o mejor dicho, la “purificación”; es interesante que si en la primera parte –vv.3.6.7- se habla de “curación”, en el cuerpo del relato se prefiere “limpieza” (vv.10.12.13.14) lo que subraya el sentido cultual, y el encuentro entre ambos. Esta tiene tres partes: objeción de Naamán a hacer lo que el profeta le encarga (vv.11-13), v.14, curación instantánea y vv.15-19 reacción y confesión de fe de Naamán.

Los vv.20-27 presentan la reacción negativa –y consecuencia- del criado de Eliseo, que contrasta claramente con los criados / esclavos de Naamán.

Hay un elemento que no puede dejarse de lado: Naamán es presentado como un “gran hombre”, importante, y que se mueve en “ambientes importantes”, lo que contrasta con el “mundo de los servidores / esclavos”. Cuando una “muchacha pequeña” esclava le habla a su mujer del profeta “que hay en Samaría”, Naamán se mueve en el horizonte de los hombres importantes: habla con el rey, éste se dirige al rey de Israel en términos oficiales, lo llena de regalos, una carta oficial, pero el poder de detiene aquí: no puede hacer nada frente a la enfermedad: “sólo Dios” da la muerte y la vida (v.7). El profeta, “hombre de Dios” (vv.8.14.15) “envió” a decir al rey (¿cómo se enteró?) “que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel”. Eran las palabras de la “muchacha joven”, pero saber que hay un profeta no era lo que Naamán buscaba sino su curación (“curación”, no “purificación”, ya que es un extranjero). Con toda su parafernalia (“sus caballos y su carro”) llega ante el profeta y este no le “da audiencia” sino que envía un emisario con el encargo de bañarse 7 veces en el Jordán, y “tu carne se volverá limpia” (el profeta sí piensa en “purificación”). El hombre importante, poderoso, se marcha indignado: las cosas no eran como él las pensaba. A su enojo, suma el desprecio por el Jordán: en Damasco hay ríos mejores (v.12). Nuevamente interviene el “mundo de los esclavos” que evitan el fracaso y hacen caso a lo dicho por el hombre de Dios. El gran hombre sale con la carne “de un muchacho joven” (ver v.2). El general, “supo que había un profeta”, y no se limita a agradecer la “curación” sino que confiesa a Yahvé y se proclama “siervo” esclavo de Eliseo (v.15.17[x2]) y siervo de Yahvé (v.18).

La reacción de Naamán es presentada como “conocimiento”, lo que contrasta la mala comprensión anterior (v.11). Naamán quiere recompensar a Eliseo por la curación, pero este se niega terminantemente (lo que causará la reacción negativa posterior de su criado). Eliseo quiere dejar claro que fue Dios y no él mismo el que obró la curación, y rechaza toda ofrenda. Entonces Naamán –ya que Dios está en la tierra de Israel- quiere llevar la carga de dos mulos de tierra para allí dar culto a Yahvé ya que “en toda la tierra no hay otro Dios” (v.15) y ya no ofrecerá holocaustos o culto sino a Yahvé (v.17). Él que antes había negado seriedad al rio de Israel, ahora pide –como esclavo (v.16)- llevarse tierra de ese lugar. Incluso pide perdón por adelantado al profeta de tener que postrarse en el templo de Rimmon (Hadad) cosa que deberá hacer por su cargo, pero adelanta que no lo hará por idolatría sino por “deber civil”, lo que el profeta manifiesta comprender diciéndole que “vaya en paz” (v.19); no hay idolatría en Naamán, el “hombre de Dios” mostró que “hay un profeta” y Yahvé fue “conocido”. 


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     2, 8-13

Resumen: En una suerte de testamento de Pablo se señala que su prisión no impide que el Evangelio siga siendo predicado ya que la solidaridad entre nuestro obrar –positivo o negativo- con Jesús es plena. Jesús sigue obrando y la Palabra no está encadenada aunque sí lo esté el ministro. 

El discípulo de Pablo se dirige a Timoteo, su “heredero” en la comunidad. Le pide que “recuerde”, que haga “memoria” de Jesús Cristo a quién destaca como resucitado. Y esto tiene que ver con su “Evangelio”, lo que “Pablo” ha predicado. En las cartas Pastorales, el Evangelio es presentado como “evangelio de la gloria de Dios” (1 Tim 1,11), pero que lleva al apóstol a sufrimientos de los que Timoteo debe ser solidario [synkakopatheô] (2 Tim 1,8) pero que destruye la muerte y hace irradiar vida e inmortalidad (2 Tim 1,10). Es posible que esta unidad (2,8-13) forme parte de una suerte de “testamento” que quiere legar a Timoteo la importancia de la enseñanza (2,1-7); el sufrimiento (2,8-13), y el enfrentamiento con los falsos maestros (2,14-3,16). Pablo está padeciendo por el Evangelio (v.9) y alienta a su amigo mostrando el valor del sufrimiento por el Evangelio. El poder de la resurrección (puesto delante de todo, incluso del nacimiento para resaltar su lugar) provoca –aun entre cadenas- que el Evangelio sea predicado. La palabra no está encadenada (v.9). es posible que el autor piense en que sus colaboradores continúen la predicación, pero la insistencia en la unidad de la solidaridad de Cristo y los cristianos, también puede anticipar lo que hemos llamado “la comunión de los santos”. Las mismas cadenas y sufrimiento paulinos tienen eficacia salvífica entre los suyos, los “elegidos” para su “salvación” en la “gloria eterna”.

Para justificar esa afirmación cita un himno primitivo quizás conocido por la comunidad. Pero lo hace introducido por la fórmula “pistós ho lógos” (es "un dicho creíble /confiable"). Hay una fórmula ligeramente semejante en Ap 21,5 y 22,6 pero así expresada se encuentra solamente en las cartas Pastorales (1,15; 3,1; 4,9; 2 Tim 2,11 y Ti 3,8); se ha sugerido que podría ser una suerte de catálogo o colección de dichos usados en catequesis. En el primero de los casos (1 Tim 1,15) se afirma que “Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores”, luego que si uno aspira a ser “epíscopo desea una noble función” (1 Tim 3,1; no ha de entenderse en sentido “episcopal” que sería anacrónico; y ha tenido y tiene consecuencias funestas de “carrerismo”); luego que “si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos la esperanza puesta en Dios vivo, Salvador de todos” (1 Tim 4,10), finalmente el epíscopo debe ser capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que la rechazan (Ti 3,8). Como se ve, se trata ya de una Iglesia más estructurada, con ministerios más organizados y una “doctrina” (= Evangelio) afirmada (y rechazada por los “falsos maestros”). Lo que aquí afirma es la plena solidaridad entre nuestra actitud y Jesús presentada en un himno que asegura que la unión con el sufrimiento de Cristo trae aparejada la participación en su resurrección. El sufrimiento unido al de Cristo actúa efectivamente en toda la comunidad (cf. 2 Cor 1,6; 4,10-12).con claro paralelismo. El himno pone de relieve la plena solidaridad entre Jesús y el creyente estableciendo la correlación entre “nosotros” y “él”.

La estructura es evidente:

[A] Si… con él, también… con él (v.11b)
[A’] Si… con él, también… con él (v.12a)
[B] Si... (algo negativo hacia “él”) pues él… (v.12b)
[B’] Si... (algo negativo hacia “él”) pues (él)… (v.13a)

Los dos primeros párrafos son ciertamente positivos (11b y 12a), mientras los dos segundos son alarmantes (12b y 13a).Las dos primeras notas remarcan la solidaridad con la unión del prefijo “con” (syn) al verbo vivir / reinar. Podría leerse literalmente:

si conmorimos, también con-vivimos / si resistimos, también conreinaremos”. 

La primera parte del verso es ciertamente paulina. “Si hemos muerto con Cristo (creemos que) también viviremos con él” se encuentra en Rom 6,8 (aunque no es literalmente idéntico ya que Pablo usa “si hemos muerto con Cristo” y no si “conmorimos”, pero si usa “con-vivir”).

La aclaración de que “no puede renegar de sí mismo” parece añadida al verso para explicarlo.

Lo importante, como puede verse es la estrecha solidaridad entre nuestro obrar y el de Cristo el cual –por otra parte- da sentido a la idea anterior: el Evangelio es predicado aunque “Pablo” esté entre cadenas (la Palabra, que no se encadena) por la fuerza de la resurrección que sigue operando en la comunidad por esa solidaridad profunda.




Evangelio según san Lucas     17, 11-19

Resumen: en un texto propio de su Evangelio, Lucas presenta una curación de diez leprosos. Diez son curados, pero sólo uno da gracias a Dios por ello siendo –una vez más en su Evangelio- que un extranjero es presentado como modelo de religiosidad.

A la curación de un leproso que se encuentra en Marcos y Lucas retoma en 5,12-16, añade de su propia fuente una nueva curación de leprosos. Aunque el esquema es semejante, con algunos cambios de orden, Lucas añade elementos que es necesario destacar.

Lucas 5
Lucas 17



12 Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que

11 Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea,
 12 y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia
12b al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo «Señor, si quieres, puedes limpiarme».
13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
14 Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».
14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».
13 El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra.
Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios.
15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz;
 16 y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano.
15 Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades.
17 Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»
 19 Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

La referencia a un lugar, el pedido del/los leproso/s, el postrarse en tierra, la referencia a la presentación a los sacerdotes, la curación presentada como “purificación”, y la reacción posterior son elementos comunes a ambos relatos. Veamos algunos elementos:

Como se ha señalado con frecuencia, una vez más Lucas insiste en el viaje a Jerusalén. El tema no debe descuidarse, y por eso insiste sobre el tema. Siendo que Jesús es presentado en cierto paralelo con Elías y Eliseo desde el discurso inaugural en la sinagoga de Nazaret (4,25-27), y que Jesús –con algunas palabras semejantes- resucita al hijo único de una viuda (7,11-17), como hizo Elías, la purificación de un leproso “extranjero”, como es el caso de Eliseo y Naamán, puede tener cierta intención en Lucas. 

La referencia geográfica a “los confines entre Samaría y Galilea” es extraña y ha hecho pensar que Lucas no conocía bien la geografía de la región. Sin duda la referencia a Samaría acompaña el hecho de que uno de los leprosos era samaritano, y –por otra parte- la insistencia en la ida a Jerusalén. 

Como corresponde a las prescripciones, los leprosos permanecen a distancia (Lev 13,45-46; Núm 5,2-3). El leproso debería “gritar” a la distancia que es “impuro” (Lev 13,45), pero en este caso, estos gritan pidiendo “compasión”. La frase que los leprosos le dirigen lo llama “epístates” (maestro [epístates en el NT sólo se encuentra en Lucas, 7 veces; mientras que “didáskalos” es más habitual, x12 en Mateo; x12 en Marcos; x17 en Lucas y x8 en Juan]; curiosamente, en este caso quien lo usa no es uno de los Doce, como ocurre en los restantes). Lo que le piden es que tenga “compasión” (eleéô), algo habitual en la piedad judía (Sal 41,5; 51,3-4; Is 33,2; en griego kyriê eleêson). El verbo no es tan frecuente en Lucas (x4) como en Mateo (x8; en Marcos x3), mientras el sustantivo sí lo es (Mateo x3; Marcos x0 y Lucas x6). El rico de la parábola en el lugar de tormento le pide “compasión” a Abraham (16,24) y dos veces, el ciego pide a Jesús “hijo de David, ten compasión de mi” (18,38.39). Esto supone una actitud activa hacia alguien que sufre; en casi todos los casos [en todos los casos en Lucas] se trata de un pedido del doliente. Es interesante que esta compasión tiene que ver con la visita de Dios a su pueblo (1,50.54.58.72.78) pero sin embargo los nueve curados miembros de su pueblo son los que no van a dar “gloria a Dios” por su curación.

A diferencia del otro relato de limpieza del leproso, en este caso ésta no ocurre frente a Jesús sino al retirarse para ir ante “la autoridad sanitaria” (= sacerdote; cf. Lev 14), pero esto es necesario para justificar la vuelta de solamente uno; por otra parte, el sólo hecho de ir, a fin de que el sacerdote constate la purificación ya indica la fe de los diez en que Jesús está obrando el milagro. El samaritano que vuelve ha reconocido que es Dios quien ha obrado ese milagro (vv.15.18), pero ha sido por mediación de Jesús. Es muy frecuente en Lucas la reacción de “glorificar a Dios” por parte de los beneficiados de milagros (Mt x2; Mc x1; Lc x8: 2,20; 5,25.26; 7,16; 13,13; 17,15; 18,43; 23,47; cf. Hch 4,21; 11,18; 13,48). “Dar gloria” es reconocer la intervención y presencia de Dios en un acontecimiento. 

La reacción del curado samaritano tiene varios elementos que merecen ser notados: “caer rostro en tierra” es una actitud reverencial ante Dios (Gen 17,3.17; 19,1; Lev 9,24; Num 16,22, etc.), pero también ante alguien importante (Gen 42,6; 44,14; 48,12; Rt 2,10; etc.). La referencia a estar “a los pies” –especialmente en Lucas- es la actitud del discípulo (7,39; 8,35.41; 10,39; Hch 22,3). Y este “da gracias” (eujaristôn). El término en Mateo y Marcos se encuentra sólo en un contexto “eucarístico”, Lucas añade una referencia al pan de la última cena (Mt y Mc la “acción de gracias” era sobre la copa), y también en la auto-alabanza del fariseo en la parábola (18,11). Pero el acento de todo este marco litúrgico está puesto en la conclusión: “¡era un samaritano!” (v.16). La frase sirve para destacar a la vez el rol de los extranjeros (Jesús lo llama “extranjero” expresamente; única vez que el término se encuentra en el NT; cf. Hch 10,28) y la ingratitud de los judíos, algo que Lucas destaca en su doble obra (ver, por ejemplo, la parábola del “Buen Samaritano”, 10,30-37; recordar que el samaritano es “el que tuvo compasión” [éleos]); Lucas da importancia a los samaritanos en su obra: 9,52; 10,33; 17,11; Hch 1,8; 8,1.5.9.14.25; 9,31; 15,3. La pregunta por la ausencia de los nueve restantes es simplemente una nota de tristeza: estos otros no vieron necesario dar gracias a Dios, “Dios siempre está con nosotros”, parece ser el presupuesto de los desagradecidos. Una vez más un extranjero samaritano es ejemplo de verdadero comportamiento religioso (en la parábola, ejemplo de amor; aquí, ejemplo de fe). El acento del relato no está puesto tanto en la curación obrada por Jesús (como en la primera curación de leproso) sino en la (no)respuesta dada por el/los beneficiado/s. Sin gratitud, la fe no es verdadera; se ha obrado el milagro pero no hay verdadera fe sin saber dar gracias a Dios por ello.

Tu fe te ha salvado” (v.19) ubica el texto en el contexto de la fe, que era tema del contexto (cf. 17,5-6). El dicho puede calificarse de “errante”, pero es curioso que en todos los casos (también en los restantes sinópticos) aquellos que manifiestan una fe que los ha salvado son siempre personas pertenecientes a grupos marginales: una mujer impura por hemorragias (Mc 5,34 / Mt 9,22 / Lc 8,48), un leproso samaritano (Lc 17,19), un mendigo ciego (Mc 10,52 / Lc 18,42), una prostituta (Lc 7,50).



sábado, 5 de octubre de 2019

Mi vida de cura y la villa 1-11-14


Mi vida de cura y la villa 1-11-14


Eduardo de la Serna



No me interesa hablar de mí, sino de “mis hermanos villeros”, aunque en este caso no sea con nombres y rostros. Pero no puedo dejar de reconocer cuánto influyó, en que yo sea el cura que soy, la villa “del Bajo Flores”, como la llamamos.

Antes de entrar al seminario yo había colaborado con Carlos Mugica en “la 31”. Nada importante, iba martes y jueves al apoyo escolar. Fue, más o menos, un año y medio (71 y 72, estando yo en 4to y 5to año del colegio secundario). Con frecuencia, además, iba a la villa los domingos a misa (allí conocí = vi de cerca, a Alberto Carbone, recién salido de la cárcel, y acompañado, en esa ocasión por Macuca Llorens). En el 74 entré al seminario. Con Carlos hablé unas 3 veces en ese entonces, incluso unas pocas semanas antes de su asesinato. Recuerdo como un dolor inmenso su crimen, al que en lo personal tengo que sumar que a los del año introductorio del Seminario no nos permitieron ir a su velatorio el lunes, en la villa. Los pobres, desde ese entonces, fueron el lugar desde el que quise siempre mirar mi servicio como cura.

Ya ordenado (81) los destinos a los que me enviaban los obispos eran cada vez más angustiantes. Del diaconado en barrio militar (81), tres años en Boedo, con un cura ausente, un año en Devoto y otro en Flores… mi entusiasmo por ser cura se iba apagando. No sé si la intención era domesticarme o directamente que me fuera. Fue por eso que en el 86 pedí venir a Quilmes, donde sigo hasta hoy, y donde ser cura me llena de alegría. Pero este es otro tema.

No recuerdo cómo ni por qué, pero en ese entonces me invitaron a participar los lunes por la mañana a las reuniones que se hacían en “el Bajo Flores”, reuniones de reflexión, de debates o de descanso. Alguna vez invitamos a alguien a que nos dé una mirada, y otras discutíamos entre nosotros la Iglesia, el País, la política… ¡la vida! Creo que las reuniones en la villa me permitieron sobrevivir el ministerio de cura en una situación pastoral que se me hacía insufrible. Obviamente recuerdo nombres de los curas, ¡muchos! aunque Rodolfo “Richar” Ricciardelli y Jorge Vernazza eran los anfitriones. De hecho, cuando vine a Quilmes (marzo del 87) seguí participando un buen tiempo, aunque ya mi situación eclesial era otra (recuerdo que un obispo auxiliar de Buenos Aires me preguntó cómo estaba y le dije: “Bien, porque antes era funcionario eclesiástico y ahora soy cura”). También recuerdo que en julio del 87 cuando fue el robo de las manos de Perón y la CGT organizó una misa de desagravio, que se hizo en la intersección de la 9 de Julio y Belgrano, que yo fui a la reunión con mi bombo y me dice Richar “- estábamos discutiendo si vamos o no vamos a la misa… Creo que tu opinión está clara”.

Como digo, no puedo hablar de “la villa” ni de “los villeros” del Bajo Flores. Otros lo pueden hacer con mucha autoridad. Eran épocas en las que nacía el que más tarde se llamó “grupo de curas en opción por los pobres” (86). El arzobispo de Buenos Aires todavía era el cardenal Aramburu. No existían los que, mucho más tarde, se llamarían los “curas villeros”, aunque sí existían curas en las villas (desde la época en la que además de Carlos, Rodolfo y Jorge, habría que sumar a Daniel de la Sierra, Jorge Goñi [ambos se fueron con “sus villas” a Quilmes cuando fueron desalojados por la Dictadura], Hector Botán y varios más). Después vino una oleada de curas que quisieron seguir sus pasos (fue en tiempos del cardenal Quarraccino). Y más tarde hubo una tercera oleada, ya en tiempos del cardenal Bergoglio, en la que sí nacen los llamados “curas villeros”, pero me parece entender que con criterios pastorales y eclesiales muy diferentes a los de los dos grupos anteriores (de hecho, creo que no queda casi ninguno de los de la “segunda oleada” en el actual grupo). Sin duda algo caminé la villa con Richar o con alguno, pero no demasiado. Pero sí escuché, aprendí, miré, gusté de Rodolfo y Jorge, y después de Ernesto, por ejemplo. La 1-11-14, la Villa del Bajo Flores, fue mi refugio, un lugar donde en tiempos, para mí muy difíciles eclesialmente, pude respirar, pude vivir.

Obvio que la Villa ya no es lo que era. Rodolfo está enterrado en la Iglesia de “Santa María Madre del Pueblo” (obviamente estuve en su entierro… ya no estaba en el Seminario prohibitivo). Hoy hay otros curas y experiencias. Pero es tanto el cariño y el recuerdo por la villa que no puedo más que detestar los comentarios despectivos, las miradas torvas y las palabras repugnantes de un candidato. Gracias Rodolfo, gracias Bajo Flores por enseñarme a ser cura.



Foto tomada de http://www.noticiasurbanas.com.ar/noticias/luego-de-17-anos-el-gobierno-porteno-sigue-sin-urbanizar-la-villa-1-11-14/

martes, 1 de octubre de 2019

Mi paisano me contó


Mi paisano me contó


Eduardo de la Serna



¡Qué linda se está poniendo nuestra Patria Grande! Los Medios de Comunicación ponen o deponen presidentes, el poder judicial se autopercibe como una suerte de divinidad, el Gran Ojo que todo lo ve, edifica muros para mirar a través de drones, y no tener a “esos” en casa; y manejar todo desde sus enviados y sus marionetas. Lejos, ¡eso sí! ¡bien lejos! Creo que lo llaman “embajadas”.

Con todo el apoyo de los poderes reales llegan a decir cosas como “la mejor prueba de que Lula es el dueño del departamento es que no figura como dueño… Así lo hace para esconderlo” como afirmó Deltan Dallagnol, el fiscal del Lava Jato, una ficción jurídica brasileña, sin que nadie se le riera en la cara (si ese es el criterio debo decir que ese departamento es mío… puesto que yo tampoco figuro). Y el actual presidente de ese gran país, que es Brasil, puede hacer ostentación pública de su ignorancia, intolerancia, y otras “cositas” más en las Naciones Unidas, o nombrando a su hijo embajador en los EEUU, donde podrá andar armado sin ser sospechado. El presidente de Colombia, en las mismas Naciones Unidas, dedica casi todo su discurso a hablar contra Venezuela (como si no tuviera temas graves “en casa”) y muestra como “evidencias” de la complicidad del régimen de Maduro con las guerrillas fotos totalmente viejas. El presidente de Ecuador, sin que se le vean los hilos que lo mueven, no sólo ha empobrecido a su pueblo haciendo acuerdos con el FMI, e incluso (prensa y jueces mediante), ha mostrado pseudo cuadernos que comprometerían a Rafael Correa… Y así podríamos seguir. Seguir. Y seguir.

La cosa es tan graciosa que en nuestra América del Sur ya tenemos dos presidentes encargados: Mercedes Aráoz y Juan Guaidó. Y acá tampoco nadie se ríe (“si no fueran tan temibles darían risa”, canta Serrat). Si hasta quisieron (quieren) reflotar el TIAR… ese instrumento inventado por “la Madre Patria”, cuando la amenaza soviética sobrevolaba estas tierras, para comprometer a todos los países de la OEA a ir en socorro del agredido por una nación extranjera. Claro que eso sólo ocurrió una vez: en la guerra de Malvinas, en la que una nación extranjera, Gran Bretaña, atacó a un país americano y parece que los EEUU olvidaron el TIAR (que no lo olvidaron hermanos como Perú o Venezuela) porque apoyaron clara y públicamente al invasor desentendiéndose del hermano “americano”. No se entiende, además luego de ese fracaso, cuál sería el agresor extranjero en este caso, a menos que Nicolás Maduro haya nacido en Kurdistán y no lo sabíamos.

Pero también hay otras cosas… en Uruguay el Frente Amplio, que no es lo que tantos soñamos pero conserva al menos un poco de dignidad, se retiró del TIAR, por ejemplo; en México después de años y más años de barbarie neoliberal hay un nuevo gobierno que, por lo que me dicen amigos mexicanos, es “amado por los pobres”. Y venimos nosotros, la Argentina… que parece que hemos decidido despertar y eyectar el macrismo, al que considero el peor gobierno de nuestra historia democrática (¡y hemos tenido malos!). Luces y sombras en nuestra tierra, para no perder el tiempo y aburrirnos. De lucha se trata, de soñar utopías y avanzar. Y seguir avanzando. Hay piedras en el camino (siempre las mismas, hay que reconocerlo; y tropezar tantas veces con la misma piedra ya no es propio del ser humano sino de los torpes… o los necios), pero con las piedras podemos tropezar y caer, o podemos utilizarlas para construir nuestra propia casa. Nuestra. ¿Aprenderemos?


Imagen tomada de https://culturacientifica.com/2015/05/20/el-mapa-dymaxion/

Comentario evangelio 27C

La fidelidad en el servicio no espera recompensa

DOMINGO VIGESIMOSÉPTIMO - "C"

Eduardo de la Serna




Lectura de la profecía de Habacuc     1, 2-3; 2, 2-4

Resumen: La situación del pueblo es dramática. La opresión imperial lo angustia y Dios parece en silencio. Pero Dios le afirma que más tarde o más temprano El tomará partido por el justo, y aniquilará al injusto. Y  Dios es fiel y llevará al justo a la vida plena.

No es fácil leer el profeta Habacuc. Especialmente porque su obra aparece como ambigua en lo cronológico, y lo literario. Con frecuencia se habla de los justos y los impíos, sin que haya indicios para saber a quiénes se refiere en particular. Es probable que la reflexión del mismo profeta a lo largo del tiempo lo haya invitado a ser más genérico porque lo que plantea no es sólo para un momento concreto sino abierto a otros. Pareciera que la primera parte – siempre presentado como un diálogo entre el profeta y Dios (cap. 1-2; el profeta se queja: 1,2-4 y 1,12-17; y Dios responde 1,5-11 y 2,1-5) - Habacuc se queja del silencio de Dios ante la opresión de los egipcios a Israel con el rey títere que estos pusieron luego de la muerte de Josías (v.2). Pero se levanta Babilonia como nuevo imperio que destronará a los asirios y acabará con la opresión de los egipcios (que eran aliados de éstos) [vv.5-8]. Sin embargo, Babilonia será más terrible todavía (vv.12-17) y Dios le afirma que muy pronto llegará el tiempo de la venganza (2,2-5). La desaparición literaria de los personajes (Egipto, Babilonia) permite leer el texto como una crítica aguda a todos los imperialismos. Incluso va más allá de Judá y se preocupa por todos los saqueados (2,8), humillados (2,10), destruidos (2,15) por la potencia imperial. Este es el contexto de la lectura de hoy.

El clima desde el que el profeta clama a Dios –que no parece intervenir- es de “violencia”, término usual en el texto [1,2.3.9; 2,8.17 (x2)] con la que se refiere a las violaciones a la dignidad humana propias del imperialismo. Esa anarquía se manifiesta en el triunfo del injusto frente al justo (v.4), el “justo / inocente” oprimido por el culpable, sin que nos quede claro quiénes son estos sujetos, a los que se aludirá nuevamente en la segunda pregunta-respuesta. Como es frecuente en los Salmos, el profeta clama “hasta cuándo” ocurrirá esto? (Sal 13,2-3)

El diálogo entre el profeta y Dios sigue, pero es omitido por la liturgia que salta al cap. 2 que retoma con una nueva respuesta de Yahvé (2,2) [de este modo, la primera pregunta del profeta aparece como respondida con la segunda respuesta, particularmente porque el motivo por el que se ha incorporado esta lectura litúrgica parece radicar en 2,4; “el justo, por su fidelidad vivirá”]. 

Dios presenta lo que va a decir de un modo solemne (vv.2-3) afirmando que eso ocurrirá, aunque se demore un poco; el profeta debe escribir la respuesta de Dios (es aquí donde probablemente se quiera destacar que esto, válido para un momento concreto de la situación dramática del pueblo, es válido para todos los momentos, y por eso debe dejarse por escrito). Y el contraste está entre la suerte final del justo y el injusto: la vida y la muerte (v.4). Aquí se presenta la sentencia, aunque en los versículos siguientes se detendrá en la suerte del impío, que será acompañado de 5 lamentaciones (“¡Ay de…!”, 2,6b. 9. 12. 15 y 19). La construcción del anuncio sobre el injusto no es sencilla. Literalmente dice “He aquí, el inflado no se mantendrá en su alma”. El término hebreo nepes permite diferentes lecturas (alma, vida, garganta, respiración, tragar) que le servirá para jugar con los sentidos en los versos siguientes aludiendo a que la muerte “tragará” al injusto así como es insaciable el apetito del imperio (babilonio, en este caso) por saquear y “devorar”.

El contraste viene dado, obviamente con la suerte del fiel. Éste justo se confía en Dios y no en sus riquezas y poder (v.5) y por eso “vivirá” (de la suerte del justo hablará en el cap.3). Su vida es consecuencia de su (“su” ¿de quién? ¿De Dios o del justo?) ‘emunah (que en hebreo es fidelidad, confianza) traducida al griego por písteôs (fe) señalando un pequeño cambio que influirá en el NT. La fidelidad, algo que afecta toda la vida del justo, repercutirá en su vida (“vivirá”). Puede decir que el justo vivirá por la fidelidad de Dios a su pueblo y la Ley (que el injusto viola sistemáticamente), y esto queda escrito para la posteridad. No es que el justo viva (en el texto hebreo, porque -como se dijo- el griego modifica esto) por sus actitudes, sino porque Dios es “creíble”, “fiel” y eso lo ha “escrito” para la posteridad. 


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     1, 6-8. 13-14


Resumen: el discípulo de Pablo se dirige a Timoteo señalándolo como heredero auténtico de la predicación del Apóstol. Predicación ya presentada como algo “fijo” que se debe cuidar y conservar, y transmitir “fielmente” movido por el Espíritu, a diferencia de lo que los “falsos maestros” hacen en la comunidad.

La organización y estructuración avanza en el cristianismo de la segunda y tercera generación. Y un discípulo de Pablo, en su nombre, intenta ayudar en este sentido. Es posible que para la redacción de esta carta se haya ayudado de viejos fragmentos de cartas auténticas de Pablo (de hecho parece bastante más personal que las otras dos “Pastorales”). Sin embargo, la redacción tardía nos permite reconocer un elemento clásico en ellas: conservar lo recibido (vv.12.14). 

La primera referencia es a la “imposición de las manos” con la que hay expresada una delegación. Timoteo tiene la responsabilidad de transmitir y conservar fielmente el “depósito” que Pablo le ha comunicado. Para ello Timoteo cuenta con el espíritu que le fue dado que es espíritu de fortaleza, amor y autocontrol (moderación), entendidos como don de Dios; con el evangelio que nos salva y llama, y del cual Pablo es buen testigo de quien Timoteo puede aprender. Es posible que “Pablo” tenga en mente Dt 34,9 donde “imposición de manos” y “espíritu” vuelven a encontrarse para referir a una sucesión: Josué es señalado como sucesor del ministerio de Moisés. El marco conflictivo de la carta puede indicar que Timoteo -y no los adversarios- es el verdadero heredero de Pablo.

Pablo ya ha muerto (4,6) y Timoteo aparece como un buen continuador de su ministerio, por eso debe “reavivar el carisma” de Pablo (v.6); en 1 Tim 4,14 ese carisma fue comunicado por la imposición de las manos de los presbíteros, pero con el acento –aquí- en la delegación misionera personal de parte de Pablo (de hecho hay textos con reminiscencias paulinas expresamente escogidos: cf. Rom 1,16; 8,12-17; Ef 2,4-8).

Los vv.13-14 anuncian dos aspectos que luego desarrollará negativamente en v.15 y positivamente en vv.16-18. Lo importante es que –a diferencia de Pablo- aquí el Evangelio es algo fijo, estable que se debe “conservar” y transmitir “fielmente”, ya se trata de un depósito.


Evangelio según san Lucas     17, 3b-10


Resumen: Una serie de textos señalan algunas características del discipulado: el perdón, la importancia de la fe y la disponibilidad en el servicio que no espera recompensa. Los primeros parecen más universales que el segundo, que parece dirigido a los que tienen alguna responsabilidad en la comunidad.

Una serie de textos diversos componen un nuevo discurso de Jesús en su viaje a Jerusalén. Uno sobre los escándalos (17,1-3a), sobre las ofensas entre hermanos (3b-4), sobre la fe (vv.5-6), sobre el servicio (vv.7-10). Los tres últimos constituyen el texto del día. El primero [1] (3b-4) tiene alguna semejanza con Mt (18,15.21-22), el segundo [2] tiene su paralelo en Mt y Mc (Mc 11,20-24 / Mt 17,20; 21,20-22) y el tercero [3] es propio de Lucas. Veamos brevemente ambos paralelos para notar sus diferencias:

[1] 

                             Mt 18
                 Lc 17.3b-4
15 «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, 
a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. (Mt 18:15)
¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?»  22 Le dice Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». (Mt 18:21-22)
«Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale.



4 Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», le perdonarás».

Y el otro: 
[2]

Mt 17,20
      Mt 21:20-22
     Mc 11:21-24
     Lc 17:5-6









Él les contestó: –
Porque ustedes tienen poca fe. Les aseguro que, 


si tuvieran la fe del tamaño de una semilla de mostaza,

dirían a aquel monte que se trasladara allá, y se trasladaría.







Y nada sería imposible para ustedes.


20 Al verlo los discípulos se maravillaron y decían: «¿Cómo al momento quedó seca la higuera?»
 21 Jesús les respondió:   
«Yo les aseguro: si tienen fe y no vacilan, no sólo harán lo de la higuera, 



sino que si aún dicen a este monte: «Quítate y arrójate al mar», así se hará.





22 Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis».


21 Pedro, recordándolo, le dice:
«¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca».
 22 Jesús les respondió: «Tengan fe en Dios.





 23 Yo os aseguro que quien diga a este monte: «Quítate y arrójate al mar»


y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá.
 24 Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis.
5 Dijeron los apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe».





6 El Señor dijo:




«Si tuvieran fe como un grano de mostaza,

habrían dicho a este sicómoro: «Arráncate y plántate en el mar», y les habría obedecido».

El texto propio de Lucas, en cambio, parece el contraste de lo señalado en Lc 12. Notar, por ejemplo este contraste:
 [3]

12,37
17,7-8
37 Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
7 «¿Quién de ustedes tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: «Pasa al momento y ponte a la mesa?»  8 ¿No le dirá más bien: «Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?»


El primer texto [1], sobre la ofensa y el perdón presenta, por un lado la primera actitud, la reprensión. Esto supone corregir al errado. Es posible que a causa de eso el ofensor se arrepienta, y allí se propone la segunda actitud: el perdón. Quien espera ser perdonado por Dios, debe ser capaz de perdonar, él a su vez, a los que lo han ofendido. Pero esta capacidad de perdón, debe ser ilimitada (el número 7 tiene aquí ese sentido –ver Sal 119,164-; en Mateo alude a Lámek, Gen 4,24); pero es “7 veces al día”, como cada día debe cargarse la cruz (9,23) porque la exigencia del discipulado es cotidiana. Pero siempre debe presuponerse el paso previo de la conversión, como condición necesaria. En esta segunda parte, se refiere al pecado interpersonal (“contra ti”), no a una violación de la Ley, en este caso. Los verbos “pecar” y “arrepentimiento” junto al término “hermano” pueden remitir fácilmente a la parábola del padre y los dos hijos.

En el apócrifo judío Testamento de Gad se encuentra una sentencia semejante:

“Ámense de corazón unos a otros, y si alguno comete una falta contra ti, díselo con paz, apartando el veneno del odio sin mantener el engaño en tu alma- Y si tras confesar su culpa se arrepintiere, perdónale…” (6,3)


El segundo texto [2], sobre la fe, como se ha visto es diferente en Lc (quizás más fiel a Q) que en Mc, donde hace referencia a un monte. Un dicho semejante encontramos en 1 Cor 13,2. Es posible que la referencia al “monte” fuera un dicho o proverbio tradicional. El sicómoro (sikáminos) sólo se encuentra aquí en todo el NT (y su semejante sikomoréa solamente en Lc 19,4 en todo el NT) y es probable relectura de Lucas al texto.

El pedido de aumento en la fe (¿o de seguridad en la fe?) es rechazado. El más o menos no cuenta si la fe existe. Si la hay, es capaz de obrar milagros. 

Finalmente [3] se presenta una parábola de un hombre que tiene un siervo (esclavo) en el campo. La idea de “¿quién de ustedes?” que tiene un esclavo no parece siempre coherente con las multitudes que escuchan y siguen a Jesús. Es posible que el texto sea originalmente parte del debate con las élites (como los fariseos) a los que reclama que sean capaces de servir sin reclamar su recompensa. 

La parábola está presentada como una doble pregunta, una que requiere una respuesta negativa, seguida por una que reclama una afirmación de parte del auditorio. El auditorio comprende fácilmente que el siervo no ha de esperar nada por haber hecho lo mandado (la analogía patrón / esclavo es habitual en Lucas: 12,35-40.42-48; 13,25-27; 14,16-24; 16,12-13). Obviamente, Lucas lo está refiriendo a la relación de los discípulos con respecto a Dios. El siervo reconoce su inutilidad (no se trata de “simple servidor” sino de “servidor inútil”, arjeirós). El contraste con aquellos que esperan la recompensa de parte de Dios refuerza el sentido de este reconocimiento. No es improbable que en la comunidad de Lucas ya hubiera quienes tenían cierto sentimiento de “casta”, de “clero” y el autor quiere invitarlos a la humildad.


Foto tomada de cvclavoz.com