lunes, 16 de diciembre de 2019

Un día una fiesta para todes


Un día una fiesta para todes


Eduardo de la Serna




Un pueblecito ignorado
del que nada bueno saldría
dejó a la historia una siembra
en el hijo de María

Es probable que Jesús haya nacido en Nazaret, un pueblo ignorado (en el Antiguo Testamento no se lo menciona nunca) si hasta hay un dicho: “¿puede salir algo bueno de Nazaret?” Una vez más Dios en su pedagogía empieza por los últimos para llegar a todes.

Y nos cuentan sus amigos
que celebraron un día
un nacimiento cantado
siguiendo las profecías

Los relatos del nacimiento de Jesús en los Evangelios son narrados siguiendo los textos de los profetas para releer desde ellos la historia presente (por eso afirman el nacimiento en Belén, “como está dicho por el profeta”). Lo que importa es mostrar que Dios sigue actuando y hablando.

Que como a Moisés, un jefe,
a él también lo perseguían
y como a David, reinante
una estrella avanzaría

El relato de Herodes matando a los niños está tomado como relectura de la matanza de los niños por parte del faraón en Egipto del cual sobrevive Moisés. La estrella que avanza en el libro de los Números se refiere al gobierno de David (estrella de David) que se avecina. Jesús entonces es presentado como nuevo Moisés y nuevo David.

Y que la Buena Noticia
a todos se anunciaría
porque para todo su pueblo
era causa de alegría

El mensaje narrado por ángeles a pastores les dice que este nacimiento es una Buena Noticia que es alegría para todo el pueblo.

Un pañal resulta el signo
-que poca cosa sería-
de los ángeles a pastores
para reconocer la venida

El signo de los ángeles a los pastores para reconocer al niño es que tiene pañales, algo que todos los niños tienen. Nuevamente Dios se manifiesta no en cosas extraordinarias sino en lo cotidiano.

Y celebramos que nace
un Dios en su cercanía
que muestra el camino de todes
en el amor la semilla

No estaba previsto en el Antiguo Testamento que el mismo Dios viniera y se “encarnara”. El Dios de Jesús se manifiesta y caracteriza por su cercanía con la humanidad con la que se identifica.

Celebrar su nacimiento
no se trata de poesía
aunque poetas lo canten
y embellezcan la vida

La poesía, y el arte en general, con frecuencia ha reflejado el Nacimiento. Ha mostrado, con sus características, con su cultura y su lenguaje, la belleza del misterio y la fiesta de la Navidad.

Y músicos, y escultores
pintores y artesanías
cantan todos, y cantamos
que hoy un niño sonreía

Los artistas presentan en su “hoy” lo que quieren expresar. Por eso hay niños medievales, renacentistas, contemporáneos, negros o indígenas. El niño es todes les niñes.

Pero la historia, el imperio
nunca se conformaría
hay Herodes, hay Pilatos
siempre hay nuevas tiranías

El relato del nacimiento (como se dijo arriba) presenta a Herodes como al viejo faraón. Pero refleja asimismo a Pilatos. Y ambos a los imperios y a los violentos adversarios de la vida. El niño viene a traer vida, pero hay hacedores de la muerte. De este y de todes les niñes.

que no soportan la fiesta
que nunca compartirían
la vida, los bienes con todes
“para mí solo serían”

El nacimiento no es sólo un cuadro; es un proyecto de Dios para la humanidad toda. Pero siempre existen y existirán los que rechazan este proyecto de Dios. Los incapaces de compartir vida, bienes y fiesta con todes no pueden entender ni el pesebre ni el amor de Jesus. y lo llevan a la cruz para asesinarlo.

Y las sombras de la noche
sobre todes se cernían
porque la muerte y la tristeza
es lo único que sabían

El rechazo al proyecto de Jesús es proyecto de muerte. Sin duda Dios no quiere la muerte (tampoco la de su Hijo), Dios es Dios de vida mientras que el Imperio es artesano de muerte. Es el amor de Jesús, no su muerte, no su cruz lo que nos abre el sendero de la vida.

Pero la vida que nace
o también resucitaría
es un camino que Dios
para todes elegía

Lo que Dios quiere es la vida de todes. Por eso, ante el crimen de su Hijo, lo resucita. Así muestra que valida con su amor el camino y las palabras de Jesús, así muestra que el reino por él propuesto es lo que Dios sueña para todes.

Y ese camino de encuentro
un pueblo feliz que volvía
pueblo que se mira en el otro
y en él se reconocía

El proyecto de Dios se resume en el amor. Amor que siempre implica otro, otra, otres. No hay amor sin “otro”, no hay Navidad sin “otro”. La Navidad y el reino “es el otro”, porque es hermana, hermano, hermane; y por eso Dios es Padre y Madre.

Celebramos que hace tiempo
y celebramos que hoy en día
nos renace la esperanza
florece hermosa la vida.

En la vida hay momentos de dolor y momentos de esperanza. Sin duda estos momentos no son “Dios entre nosotros·” pero evidentemente Dios está mucho más cerca cuando hay vida, cuando hay alegría, cuando hay esperanza. Si hoy hay entre muches esperanza, si hay alegría, si hay paz, si hay sueños compartidos, si hay fiesta, esos mismos que les fueron robados en estos últimos cuatro años, sin duda en esta Navidad el niño estará más sonriente y brindando feliz con todes salvo los ladrones de esperanzas a los que siempre invitamos a la fiesta si se vuelven capaces de brindar con alegría que “la Navidad es el otro”.



Foto tomada del diario Clarín en www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/hogar-y-deco/selfies-latte-crearon-pesebre-hipster_0_ByGYsNvMx.html

martes, 10 de diciembre de 2019

Cuatro breves


Cuatro breves

Eduardo de la Serna


La parábola del PATO


Como se sabe, una parábola es un relato. Un relato que deja una enseñanza, por la positiva o la negativa, pero enseñanza al fin.

El pato es un ave conocida, de corral o silvestre. De joven es tierno, dulce, amado por todos, cosa que no siempre ocurre con el pato adulto. Del pato criollo hay un refrán popular, pero no es a ese al que me refiero. El silvestre, está entre nosotros en el sur, pero cuando empiezan a cambiar los climas, es migratoria y empieza su periplo hacia el norte. No vuela solo, no podría llegar si ese fuera el caso. La bandada, volando habitualmente con forma de “V”, ahorra energía a fin de llegar al destino esperado: el norte; y al llegar, la “V” se deshace. Y sabe hacer en el norte su nueva patria, se asienta, se ubica. Pero los climas vuelven a cambiar, el sur debería volver a ser la meta, pero este pato trazó su parábola, se tatuó el norte en cada pluma y hasta el norte la reconoce como propia. Y dirigente de pobres bandadas, o bandas. Y en los nuevos climas del sur nadie extraña al pato, si hasta los espantapájaros se quitaron las máscaras y hoy no asustan a nadie. Y la parábola del pato le marcó su norte, lo eligió y lo amo, mientras en el sur, hoy, empezó la fiesta.

La firmeza del NUNCA MÁS

La voz del “Nunca Más” resuena en los oídos de la patria desde el juicio a las juntas genocidas de la dictadura cívico-eclesiástico-militar. Otras veces se volvió a escuchar, pero hoy, al asumir la presidencia, Alberto la pronunció innumerable cantidad de veces. Especialmente al referirse a la falta de independencia del poder judicial. Pero quisiera, además, que se vayan poniendo los cimientos firmes para que NUNCA MÁS el neoliberalismo someta y torture a nuestra Patria. Debo decir que no voy a extrañar “ni un tantico así” a nadie de este gobierno que se ha ido. Pero espero que nunca más los DNU deroguen leyes, se pueda endeudar el país entero y eternamente sin consenso mayoritario (2/3) del congreso, que nunca más jueces puestos a dedo co-gobiernen con el poder económico desentendiéndose de los pobres, de los niños, los jubilados, los enfermos, los desocupados… Deseo que nunca más se pueda mentir impunemente desde los debates a las cadenas nacionales de la hegemonía, que nunca más olvidemos a jueces, políticos, periodistas (o quienes afirman serlo) al servicio de la mentira, del odio y de la explotación. Nunca más.

El peso de la MOCHILA

Hoy, como era de esperar, fui a la plaza. Desde temprano, hasta que el calor me desterró. Estuve varias horas. Saludé a mucha gente. Me saludó mucha gente. Pero me llamó la atención un saludo que se repitió varias veces. Creo que cuatro. “ – Gracias por las palabras de ustedes, los curas, que nos hicieron mantener la esperanza cuando la perdíamos, nos hicieron creer cuando estábamos desalentados y nos alentaron a la resistencia”. Y sentí una mochila, el peso y la responsabilidad de cada palabra. Me alegró enormemente, sin duda, pero me hizo sentir la carga de una presencia, una palabra, una actitud. Celebro que los curas opp lo hayamos sido para muchos, y espero ser capaces de seguir reforzando la fe, alentando la esperanza y dando aguante a la resistencia. De un oído en el evangelio y el otro en el pueblo se trata. Pero que es una carga, no tengo duda.

La suavidad de un pueblo

Caminé, miré, escuché, canté, y seguí mirando. Y lo que me llamó la atención (una vez más, porque es habitual) es la fiesta del pueblo reunido. Comparo con otras marchas, por ejemplo, la marcha del odio que hubo días atrás y me da mucha paz el contraste. Paz por estar de este lado, de esta marcha. Se ve – siempre – gente feliz. Nadie duda que las cosas no serán fáciles, que la herencia macrista sí es pesada, que sí se llevaron un PBI (lo llaman “deuda”) y que mañana empezará lo arduo. Pero la fiesta la da el rumbo, el camino elegido. Y en ese camino hay un pueblo, y en ese camino el pueblo se encuentra, se reconoce, y se sabe “otro”. Ese que es la Patria (“años que no lloraba al cantar el himno”, dijo una señora delante mío). Las lágrimas, las muchas lágrimas de emoción, de mucha gente ante cantos o palabras del nuevo presidente son lágrimas de esperanza. Y la esperanza parece el motor de lo nuevo que hoy empezamos.

Foto tomada de http://www.elbecerrodeoro.es/qrfdian-suministros-de-oficina-tres-columnas-titular-de-archivo-transl%C3%BAcido-soporte-de-libro-marco-de-informaci%C3%B3n-archivo-peque%C3%B1o-columna-marco-de-archivo-simple-caja-de-pluma-estudiante-b07hdg1ksk.html

Comentario adviento 3A

Un profeta desconcertado muestra que Dios está interviniendo

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - "A"

 Eduardo de la Serna




Lectura del libro de Isaías     35, 1-6a. 10

Resumen: comenzando con metáforas en las que la alegría y la felicidad humanas se proyectan al desierto y la estepa, el canto espera la venida de Dios como vengador y salvador para llenar de fuerza a los desanimados y preparar un camino nuevo para su pueblo que vuelve del exilio manifestando esa alegría plena.



Un oráculo de Isaías invitando a la alegría muestra la novedad que la acción de Yahvé en la historia provocará a su pueblo. El texto comienza y termina con una invitación a “regocijarse”. El motivo de esto viene dado por una “venida”, tanto de Yahvé (vv.2b-6a) como de los exiliados (vv.8-10). El sorprendente cambio del desierto, guarida de chacales, donde impera la aridez que será ahora un estanque donde abundarán la caña y el papiro (vv.6b-7) queda en el centro. El texto puede, entonces verse así estructurado:

a. regocijo y júbilo (vv.1-2a)
b. venida de Yahvé (vv.2b-6a)
c. desierto cambiado en estanque (vv.6b-7)
b’ venida de los exiliados (vv.8-10a)
a’ alegría y regocijo (v.10b-d)

La unidad literaria nos invita a ubicar este texto en algún profeta del post-exilio, cercano a los discípulos de Isaías llamados 2º y 3er Isaías. El tema central está dado por el regreso a Jerusalén de los exiliados (v.10). Es llamativo que no se aluda al Templo, quizás porque aún no estaba reconstruido. Yahvé volverá a ocupar Jerusalén como antes de la destrucción por parte de Babilonia. 

La unidad comienza, como se ha dicho, con una manifestación de emociones humanas de alegría y gritos de júbilo, pero aplicadas a la geografía. La abundancia de felicidad no es lo que se espera normalmente del desierto, el sequedal y la estepa. La naturaleza acompaña la alegría que abundará sin que sepamos todavía de quién. A esta tierra (se le ha dado “a ella”, Jerusalén, cf. 60,13), además, se le ha dado la fertilidad reconocida del Carmelo y el Sarón, y hasta la “gloria” (kabôd, también puede entenderse como “abundancia”) del Líbano. Salomón había construido el Templo y el Palacio con las maderas del Líbano (1 Re 5,15-26; aunque siendo en este caso un trato, esto significó para Salomón una “deuda externa” que debió pagar con tierras, [1 Re 9,10-14]; en cambio, ahora esta gloria del Líbano “le ha sido dada a ella”, Jerusalén); en Is 60,13 se refiere al Líbano y a la reconstrucción del Templo. Sobre el Carmelo y el Sarón se trata de lo contrario de lo que ha ocurrido en 33,9. 

Abruptamente en v.2b pasa a afirmar que “ellos” (sin que todavía sepamos quiénes) verán la gloria de Dios; la estructura paralela que hemos señalado nos muestra que se trata de los exiliados que regresarán a Sión. 

Pero como es necesario experimentar la intervención efectiva de “el Dios de ustedes” (la fórmula no se encuentra en Is 1-34, pero sí en 40,9) este Dios que viene es presentado como “salvador” (cf. 17,10; 25,9; 30,15; 33,22; 35,4; 37,20.35; 38,20; 43,12; 45,8.17.20.22; 46,7; 47,13; 49,25; 51,5; 59,1.16; 61,10; 62,11; 63,1.5.9; 64,4) y “vengador” (cf. 1,24; 34,8; 35,4; 47,3; 59,17; 61,2; 63,4). Esta acción de Dios en los exiliados se manifiesta como efecto sobre ciegos, sordos, cojos y mudos (y es citada en el Evangelio de Mateo del día de hoy), nuevamente se trata de metáforas sobre la debilidad de los exiliados (como la felicidad del desierto; cf. 42,7).

Este cambio maravilloso pasa de la “alegría del desierto” al “agua en el desierto” con lo que éste deja de ser tal, el ámbito de la muerte pasa a ser espacio de fertilidad y de vida.

En este ex - desierto habrá un camino sagrado, por lo que no lo atravesarán ni impuros ni animales salvajes, es camino para que el pueblo regrese del exilio (11,16; 62,10). Una gran peregrinación se dirige a Jerusalén (quizá en imagen contracultural ante las grandes procesiones que se dirigen cada año nuevo en Babilonia hacia la “puerta de Istar”. El texto de v.10 se repite exactamente en 51,11. El canto de alegría del comienzo ya no es del páramo y la estepa sino de los exiliados, el pueblo liberado por Dios. El texto es así un canto de esperanza: se invita a celebrar anticipadamente, confiados en Dios, la fiesta de la libertad y la vida. El nuevo éxodo, en este caso con la referencia al agua en el desierto, es tema frecuente en el 2º Isaías (41,18-19; 43,20; 48,20-21).


Lectura de la carta del apóstol Santiago     5, 7-10

Resumen: Una serie de exhortaciones enmarcadas en el tema de un gran estado de ánimo (magnanimidad, paciencia) debe caracterizar a los “hermanos” teniendo una actitud positiva de esperanza de la “venida del señor”. Esa actitud, por otro lado, debe manifestarse en el interno de la comunidad teniendo una actitud positiva hacia los hermanos.


La llamada “carta de Santiago” presenta muchos elementos interesantes para la investigación y el debate. No podemos señalarlos aquí, aunque algunos serán destacados. Se la ha llamado la “carta del cristianismo práctico” ya que se trata de un escrito sapiencial en el que se invita a vivir de un cierto modo, sin entrar en temas teóricos o teológicos (ni cristológicos). En este sentido, y como es propio de las exhortaciones, es frecuente el vocativo “hermanos” (1,2.16.19; 2,1.5.14; 3,1.10.12; 4,11; 5,7.9.10.12.19) estructurando en cierta manera las diferentes partes de la carta. También es habitual el uso de verbos en imperativo, como también suele ocurrir en las secciones exhortativas de las cartas (12 en esta unidad literaria). 

El verbo “makrothyméô” es puesto enfáticamente al comienzo, y seguido de un “pues” (oun) para dar preeminencia a la idea; “makro” es grande, importante; “thymê” es pasión, deseo. Y es un término importante en esta unidad (3 veces en vv.7 [x2] y 8). Es magna-animidad, aunque se lo puede traducir por paciencia (más adelante veremos su paralelo con “resistencia” en esta unidad). Es la actitud a la que se exhorta a los hermanos hasta la “venida del Señor”. Para esto se pone el ejemplo del campesino que espera “pacientemente” recibir el fruto “precioso” de la tierra. En v.8 reitera la invitación a la “paciencia” comparada con “fortalecer (stêrizô, establecer, mantener firme) los corazones”. Del mismo modo que el tiempo de la recolección de los frutos, está cerca (êggiken, el mismo verbo que se utiliza para destacar que “el reino de Dios está cerca”, Mc 1,15) el tiempo de la venida. En 4,8 Santiago exhorta a “acercarse a Dios” y –por lo tanto- “él se acercará a ustedes”. 

Con un nuevo “hermanos” invita a “no quejarse” unos de otros (cf. 4,11). “Stenázô” suele traducirse también por “gemir”, pero en este caso parece “manifestar descontento” y el contexto es judicial: “no ser juzgados”, “el juez está a las puertas”.

Otro “hermanos” da comienzo a una nueva invitación a la “paciencia” y la actitud ante el sufrimiento tomando el ejemplo de los profetas de quienes se destaca que “hablaron en el nombre del Señor” (v.10), es decir, fueron fieles a la misión, para lo que se señala el ejemplo de Job y su “resistencia” (hypomonê, que parece en este caso ser sinónimo de “paciencia”, makrothymía) y cómo terminó esta paciencia de Job ya que “el Señor es compasivo y misericordioso” (v.11). 

Como se ve, los temas que presenta la unidad son tres, aunque el primero y el tercero tienen cierta relación entre la “paciencia” y el “aguante” y el primero y el segundo entre la “venida del señor” y que “el juez está a las puertas”.

La imagen de la “venida” (parousía) es una idea normal, que puede aludir a una visita de alguno (1 Cor 16,17; 2 Cor 7,6.7). Es frecuente en las cartas en las que el remitente puede anunciar que visitará a los destinatarios (Fil 1,26; 2,12). Sin embargo, el añadido “del Señor” es término frecuente en el ambiente cristiano (1 Tes 3,13; 4,15; 5,23; 2 Tes 2,1.9; 2 Pe 1,16; 3,4), imagen probablemente tomada del ambiente grecorromano en la que se espera la “visita” de un personaje importante o hasta de una divinidad. Sin embargo, en esta perícopa, “señor” parece referir a Dios y no a Jesús (vv.9.11; cf. 2 Pe 3,12), de allí que no es evidente a quién se refiere Santiago; aunque es habitual un cierto traspaso de los títulos divinos aplicados a Cristo. Esto es característico de Santiago donde lo cristológico parece ausente (“Cristo” sólo se encuentra mencionado expresamente en dos ocasiones 1,1; 2,1). La comparación con el “juez” que está “a las puertas” también puede referir a Dios (cf. 4,12) o a Jesús. Los evangelios con frecuencia aluden a la “venida” del “hijo del hombre”, una imagen apocalíptica cargada de connotaciones judiciales. 

La carta presenta en esta unidad varios términos extraños (algunos que no se encuentran en otras partes del NT), y presenta además, algunos problemas textuales. No es evidente –por ejemplo- si por “primitivo / primeros” y “tardíos / últimos” hay que entender los primeros y últimos frutos o las primeras y últimas lluvias (de otoño y primavera respectivamente; cf. Dt 11,14; Jer 5,24; Os 6,4; Jl 2,23; Za 10,1), de todos modos, en lo que respecta al texto la imagen del campesino que espera los frutos preciosos es comprensible. Los frutos son imagen frecuente en la escatología: Mt 3,8.10; Lc 3,8.9; Jn 15,16; Rm 6,21-22; Fil 1,11; Heb 12,12; Sgo 3,17.18), mientras se espera la culminación de un tiempo, la “esperanza”, la “paciencia”, la “resistencia” deben caracterizar la vida de los “hermanos”..


Evangelio según san Mateo     11, 2-11


Resumen: Juan, en Bautista, está desconcertado por las cosas que escucha de Jesús. Él responde a los enviados con citas bíblicas confirmando que Jesús es el mesías de los pobres. Pero esto no impide que Jesús presente a Juan como un gran profeta, como lo fue Elías.



La liturgia de adviento sigue presentando a Juan el Bautista. En este caso, un texto del documento Q. Las diferencias entre Mateo y Lucas son pequeñas, y en general son de estilo, salvando un duplicado de Lucas y el final, en la referencia a la violencia y a Elías (Mateo), pero está omitido en el texto litúrgico del día. Juan tiene sus dudas con respecto a Jesús (11,2-19), las ciudades de la región se niegan a la conversión (11,20-24), el reino permanece “oculto” a los sabios (11,25-27); los conflictos crecen (cap.12)… La tensión entre lo “oculto” y lo “revelado” marca toda esta unidad de Mateo (caps. 11-13).
  
El texto tiene dos partes muy evidentes: en envío por parte de Juan, desde la cárcel, a unos discípulos para preguntar a Jesús si es “el que había de venir o debemos esperar a otro”, y la respuesta de Jesús a estos (vv.2-6). Una vez que los mensajeros se han retirado, Jesús se puso a hablar acerca de Juan con la multitud (ojlós) [vv.7-15]. El texto finaliza con una síntesis comparando a Juan con Elías (v.14), y en v.16 Jesús, retomando algunos elementos de lo dicho, habla con la multitud acerca de “esta generación”. 

La pregunta de Juan acerca de si es “el que ha de venir” tiene que ver con el anuncio que Juan había hecho en 3,11: “aquel que viene detrás de mí”. En el canto de la multitud (ójlos) que acompaña a Jesús hacia Jerusalén, ésta canta hosannas “al que viene en nombre del Señor” (21,9), y Jesús, que anuncia su venida futura repite que no lo volverán a ver hasta que digan: “bendito el que viene en nombre del Señor”. Este texto, así repetido, pertenece al Salmo 118,26, un salmo que en más de una ocasión ha sido leído cristológicamente: es un salmo del justo sufriente, en v.22 habla de “la piedra que los constructores han rechazado en piedra angular se ha convertido”, que es un texto utilizado para ligar el sufrimiento del justo Jesús con la resurrección. Lo que se canta es que Dios “dé la salvación” (hosi’ ah na’, “hosanna”). Sin embargo, Juan en la cárcel oyó hablar “de las obras del Cristo” (v.2; es extraño en los Evangelios el uso de “mesías / Cristo” como nombre propio de Jesús). Lo que Jesús ha hecho en las unidades anteriores es curar un leproso (8,1-4), exaltar la “mucha fe” de un pagano (8,10), expulsado demonios (8,28-34), perdonado los pecados de un paralítico (9,2), escogido un publicano para formar parte de su grupo (9,9), ha comido con pecadores (9,1-13) señalando que “ha venido” para llamarlos a estos, relativizó el sentido del ayuno que era celosamente practicado por los discípulos de Juan (9,14), no se ha preocupado de ser tocado por una mujer impura por hemorragias (9,20-22), tocó una niña muerta (9,25), ha curado ciegos (9,27-31) y expulsado nuevamente un demonio (9,32-34). Finalmente (cap.10) ha enviado a sus discípulos a realizar ellos eso mismo. Juan, en cambio, había anunciado que “el que iba a venir” era “más fuerte” e iba a hachar el árbol que no produzca fruto y quemarlo, era el Mesías terrible de la apocalíptica. Sin dudas Juan se ha desorientado ante “las obras” que escucha decir que “el Cristo” realiza. Sin embargo, eso mismo les manda Jesús a los enviados que anuncien a Juan, “lo que oyen y ven”. Pero todo eso, ahora es sintetizado en boca de Jesús:


  • Los ciegos ven (Is 29,18b; 35,5a) [cf.9,27-31]
  • Y los cojos andan (Is 35,6a) [9,2-8]
  • Los leprosos quedan limpios [8,1-4]
  • Y los sordos oyen (Is 29,18a; 35,5b) [9,32-34]
  • Y los muertos resucitan (Is 26,19) [9,18-26]
  • Y se anuncia a los pobres el Evangelio (Is 61,1; 29,19)

Si Juan se había guiado por aquellos textos en los que se anunciaba el “día de Yahvé”, como Día terrible, y la imagen de juicio escatológico del hacha y el fuego, Jesús invita a Juan “a leer otros textos”. Sin embargo, la bienaventuranza final parece una crítica –o al menos una distancia- con Juan: “¡Dichoso el que no se escandalice de mí!” (v.6; cf. 5,29-30; 18,8-9; 13,21.57; 15,12; 17,27; 18,6; 24,10; 26,31.33). Esta distancia quedará aclarada en los versículos siguientes. Mostrando el cumplimiento de las escrituras, Jesús le está respondiendo que sí, es “el que ha de venir”.

Dentro de los “hechos” de Cristo (como queda dicho, no se refiere solamente a los milagros... Probablemente a Juan lo desconcertara más la comida con pecadores, por ejemplo), cabe destacar que la “limpieza de leprosos” no está anunciada por los textos de Isaías que subyacen en las “obras de Cristo” (y es la única que no va precedida por “y”, kaì), sin embargo, el contexto de alusión a Elías, puede remitir a la resurrección de muertos y curación de leprosos por parte de Elías y Eliseo (cf. 1 Re 17,17-24; 2 Re 4,18-37; 5,1-27). Es llamativa también la inclusión del anuncio de “buenas noticias” a los pobres en medio de los milagros señalados. Siendo que Mateo en el Sermón del monte habla de los “pobres de espíritu” proponiéndolo como modo de vida (5,3) se debe evitar entender –fuera de aquel texto- el término “pobres” (ptôjós) en ese sentido ya que aquí se anuncia un cambio de la situación (los ciegos, ven…), por tanto un paso de una situación negativa de la pobreza a la alegría de recibir “buena noticia” de que la situación se revertirá, por eso –por ejemplo- el joven rico debe dar todo a los pobres (19,21) y de esa manera vivirá como discípulo del reino (será “perfecto”). En medio de “hechos” milagrosos, este anuncio refuerza el sentido mesiánico del ministerio de Jesús, y es lo que debe despertar el entendimiento de Juan. Cabe, sin embargo, la pregunta: “reciben buenas noticias” se encuentra en presente. Es fácil ver en el presente a un leproso curado o un cojo andando, pero ¿cuándo?, ¿cómo, se ve “en acto” la buena noticia a los pobres? Sin duda hechos como el del “joven rico” y actitudes semejantes (la insistencia en el perdón de las deudas, las mesas compartidas, la actitud del discípulo frente al dinero, la preferencia explícita de Dios que reina entre los pobres) son buen ejemplo de esto. ¡Y tarea! Si los “pobres de espíritu” (5,3) refiere –como parece- a los que “eligen ser pobres”, y movidos por el reino tienen una actitud de disponibilidad con los bienes, sin duda la buena noticia ya empieza a ser “actual” para los pobres.

Pero luego de la ida de los discípulos de Juan, Jesús se puso a hablar acerca de Juan a la multitud. Una triple pregunta, “¿qué salieron a ver?” destaca dos comentarios falsos (una caña, un hombre), para poner el acento en el tercero: un profeta; con lo que se ve que Juan no ha sido comprendido por los contemporáneos (cf. 11,18). La caña es signo de fragilidad (cf. 1 Re 14,15; 3 Mac 2,21); las vestiduras que Juan no lleva son reminiscencia a los vestidos “como Elías” que Juan lleva en el desierto (3,4-6) pero también una referencia irónica a la corte de Herodes (“casas de los reyes”).

La frase “más que un profeta” cita expresamente Malaquías 3,1 donde el mensajero que prepara la llegada del “día de Yahvé” es comparado con Elías (cosa que expresamente repetirá el v.13; cf. 17,13; Mal 3,23). La expectativa en un retorno de Elías (que no había “muerto” sino que se había ido en un carro, cf. 2 Re 2,11-13) preparaba en muchos textos judíos los tiempos mesiánicos. Los cristianos (no todos, cf. Jn 1,21) vieron en la persona de Juan que en él se cumplía eso que se esperaba. Sin embargo, Juan es presentado como el “mayor” entre los personajes del “Antiguo Testamento”, pero es el más pequeño “en el reino”, ya que Juan es un profeta, no un “cristiano” (v.13), pero también Juan es uno que “tenía que venir”, como Elías (v.14). 

La violencia que “desde los días de Juan” sufre en reino, es algo evidente puesto que este fue asesinado, como también lo será Jesús, y los discípulos que serán “entregados”, “como ovejas en medio de lobos” (10,16).


Foto tomada en Tumaco (Colombia)

lunes, 9 de diciembre de 2019

Curas opp en estos 4 años


Curas opp en estos 4 años

Eduardo de la Serna



En mi vida, tuve varias desazones políticas. Momentos en los que, ante los acontecimientos, sentí un profundo dolor, tristeza, pesar. Y, debo decirlo, aunque obviamente esos sentimientos estuvieran influenciados por mis posiciones y miradas, como no podría ser de otra manera, sigo convencido que en esos momentos estaba en lo cierto. Pero yendo al presente, recuerdo todavía la tristeza cuando Macri ganó las elecciones. La tristeza no tenía que ver con una mirada ideológica, que la tengo, por cierto, sino porque imaginaba lo que vendría. De entrada, vimos, con los amigos opp, que se venía un “apagón informativo” (cosa que ocurrió) y decidimos escribir extensos informes quincenales sobre lo que veíamos en nuestras comunidades. Fueron 20 “Cartas al Pueblo de Dios” en las que decíamos lo que estaba ocurriendo y lo que veíamos iría a ocurrir [www.curasopp.com.ar/web/es/carta-al-pueblo-de-dios]. No fuimos adivinos, simplemente hicimos lo que hicieron los profetas del pasado y del presente. Ser “honrados con lo real” y mirar lo que – todo indicaba que- pasaría. ¡Y pasó! Después empezaron a volver algunos medios de comunicación y periodistas y ya nos pareció que habíamos “cumplido con nuestro deber”. Pero lo que pasó, ¡pasó! y siguió pasando. Momentos de mucho dolor, de mucha mentira, de mucha desesperanza por no ver un futuro de alegría y paz para nuestro pueblo. No para nosotros, sino para los pobres.

Debo decir que Macri me resulta el más perverso presidente de la democracia presente de nuestro país (porque De la Rua era un inepto, este, en cambio, resultó ejecutivo y eficaz para sus intereses y los de su “clan”). Debo decir que no se me ocurre ni una sola medida positiva de este gobierno. ¡Ni una! Es más, y me confieso públicamente, este “señor” y su troupe logró sacar afuera lo peor de mí, mis peores deseos, expresiones, imaginaciones… Si por mis deseos me guiara, los quisiera a todos sin excepción presos desde hoy mismo. Y no me refiero al peor equipo de delincuentes de los últimos 50 años, sino a todos los que lo rodearon, acompañaron, publicitaron, aplaudieron, etc.; sé claramente que eso no debe ser así. Y no lo pretendo, pero “el corazón atiende razones que la razón no atiende”. Pero eso sí, espero que haya justicia, mucha justicia (cosa que no la imagino posible con este “poder in-judicial”). Recuerdo hasta de niño aquel dicho “dura lex, sed lex”. Pero no puedo imaginarme a muchos del Inodoro Pro haciendo algo que se parezca a la justicia, y – porque quiero ser sensato – me molesta que ciertos sedicentes jueces empiecen a procesar a ex funcionarios por el sólo hecho de haberlo sido. No lo acepté ayer, no lo acepto hoy. Creo que hay decenas de motivos para que los delincuentes ex - gobierno tengan más de 8 citaciones el mismo día. Pero por delitos, no por gobernar. Pero tengo claro que Cavallo sigue libre, Sturzenegger también, De la Rua murió libre, y decenas de los responsables del primer y segundo neoliberalismo también caminan libres. La pata civil de la dictadura sólo está apenas juzgada; ¿por qué se avanzaría sobre los crímenes del tercer neoliberalismo? ¿Por qué los juzgarían sus cómplices?

En fin… Celebro, festejo, brindo, aplaudo y salgo a la calle a celebrar las dos caras de la moneda: que se van, y que otros vuelven. Tengo claro que después de un poco prudencial de tiempo, seguiremos denunciando todo lo que no sea en favor de los pobres, sus causas y sus luchas. Pero por ahora, me dedico a ir a la plaza y ver la cara de la esperanza, los rostros de la alegría y los suspiros de la vida. Después de 4 años de perversión, ¡era necesario!


Foto tomada de http://ampmnoticias.com/index.php/alberto-fernandez-anuncio-una-fiesta-popular-el-10-de-diciembre-en-plaza-de-mayo/

viernes, 6 de diciembre de 2019

Inmaculada Concepción

Madre nuestra, ruega por nosotros

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Solemnidad 

                                                                                                                            Eduardo de la Serna


                                                                                                                                  



La fiesta de la Inmaculada Concepción refleja una larga tradición eclesial luego establecida litúrgica y teológicamente en la Iglesia. De este dogma no habla la Biblia, obviamente, y las lecturas “ilustran” el misterio. Por eso los comentarios solamente “acompañan” el día litúrgico sin ahondar detenidamente en los textos.



Lectura del libro del Génesis     3, 9-15.20

Resumen: el texto del varón y la mujer en el jardín, y la sentencia posterior que “marca” a toda la especie humana destaca la rivalidad perpetua entre la serpiente y la descendencia de la mujer. La relectura mariana del texto a partir de la traducción latina explica su introducción en la liturgia de hoy.

El texto del varón y la mujer en el jardín se presenta con un esquema judicial: hecho en el que se viola un mandato (3,1-7), interrogatorio (3,8-13) y sentencia (3,14-19). El mandato está presentado como tantos mandamientos: “no comerás” (2,17). La violación del mandato presenta los personajes: serpiente, mujer, varón, y el interrogatorio se desarrolla de modo inverso: varón, mujer y alusión a la serpiente. La sentencia nuevamente invierte los personajes: serpiente, mujer, varón. Como es habitual en los interrogatorios, cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente. 

La sentencia, presenta los elementos negativos de la vida cotidiana vistos ahora como una suerte de pena por el mandato violado: la serpiente resulta peligrosa para la especie humana, el dolor del parto, el dominio del varón sobre la mujer, el trabajo arduo y muchas veces infructuoso del campesino… [Desde una mirada de género resulta evidente que el dominio del varón sobre la mujer es algo negativo y perverso que el autor ve en su tiempo presente y tiene claro que no es eso lo que forma parte del plan de Dios para los seres humanos].

El motivo de la elección del texto para la liturgia de hoy está dado fundamentalmente por el v.15, en el texto hebreo se destaca que “el linaje de la mujer”, es decir, la humanidad, estará en constante enemistad con las serpientes. Es evidente el peligro que este animal representa para el campesino y el conflicto entre ambos. Sin embargo, la traducción latina de la Vulgata no señala la enemistad entre “él” (= el linaje) sino “ella”, es decir, la mujer. La gran cantidad de imágenes marianas en la que se ve a María pisando la cabeza de una serpiente manifiestan claramente la eficacia de esta relectura.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     1, 3-6. 11-12

Resumen: Un himno de los cristianos venidos del judaísmo canta la realización de todas las bendiciones prometidas a Israel alcanzadas en Cristo. Pero estas bendiciones la Iglesia las ha visto también realizadas en la Madre de Jesús desde el momento de su concepción.


El discípulo de Pablo que escribe Efesios parece citar un himno litúrgico cantando la realización de las promesas de Israel (1,3-12, dirigida a “nosotros”), ampliadas ahora también a los no judíos (3,13-14, dirigida a “ustedes”). Muchas características de Israel se celebran realizadas: “bendición”, “elegido para ser santos”, “ser sus hijos”, “redención”, “conocimiento del misterio”, “herencia”, que han alcanzado su plenitud y realización en Cristo. Israel sabía que era pueblo elegido, santo, hijo de Dios… y los cristianos provenientes del judaísmo proclaman que eso se ha realizado perfectamente en Cristo. Y además, que se ha hecho extensivo a los paganos a partir de que se le ha predicado el Evangelio y han creído en él (v.13). 

Sin embargo, muchos de estos temas, particularmente la elección antes de la creación del mundo (v.4) parecen haber influido en que el texto fuera incorporado en la liturgia de hoy. María es elegida desde su misma concepción para ser la madre del Hijo de Dios, “santa e inmaculada” (v.4), “elegida de antemano” (vv.5.11).


Evangelio según san Lucas     1, 26-38

Resumen: En un esquema de “encargo de misión” un enviado de Dios se dirige a María para anunciarle el nacimiento y la misión del hijo por venir. Llena del espíritu de Dios –algo habitual ante un encargo divino- María acepta la propuesta del ángel. Esta aceptación es la que da razón a la elección eterna manifestada en su concepción inmaculada.



Lucas pone en paralelo –como es habitual en él- dos anuncios angélicos en los que resaltará la misión que Dios ha previsto a los hijos que ambos engendrarán. El esquema es semejante a los “encargos de misión difícil”, como el que recibirá Jeremías, por ejemplo (Jer 1,4-10). Sin embargo, lo que ocurrirá entre ambos es notablemente diferente: Zacarías e Isabel se asemejan a los grandes personajes del A.T. en los que a pesar de ser justos, la mujer ya anciana no ha tenido hijos, a la espera de una intervención decisiva de Dios. Lo que ocurrirá en María es abismalmente diferente, no solamente porque se trata de una joven, y en una situación totalmente novedosa, sino que ambos hijos también lo serán. Isabel llamará a María “la madre de mi Señor” luego que el niño que lleva en su seno se llene de alegría brincando (1,41-44). 

Sin duda, de todos modos, la lectura alude a la inesperada maternidad virginal de María y la misión de su hijo como hijo de Dios, no a lo que podemos llamar la infancia de María o su misma gestación, algo de lo que escribirán algunos evangelios apócrifos. Sin dudas, el “sí de María” es la razón por la que Dios la ha escogido desde siempre, y es este “sí” el que hoy propone la liturgia. Para este sí es que la madre de Jesús es llamada “llena de gracia” (kéjaritômenê, el término se encuentra también en el himno de Efesios que acabamos de comentar, v.6: «para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració [ejarítôsen] en el Amado» [Ef 1,6]).

Siguiendo el esquema habitual: intervención divina – saludo – “no temas” – encargo de misión difícil – duda – signo hay algunos elementos que son propios de este texto y se deberán comentar en otra ocasión. El acento principal en este texto elegido para esta celebración está dado en la aceptación de María a la maternidad que se le anuncia.


La Biblia ¿es palabra de Dios?


¿La Biblia es palabra de Dios?


Eduardo de la Serna



Sabemos, lamentablemente hasta el hartazgo, que la Biblia ha sido utilizada – y lo sigue siendo – con mucha frecuencia más como un arma que como una revelación del Dios de la vida. Los textos mal leídos (por incompetencia, o por malicia, no me toca evaluarlo) se han utilizado para oprimir mujeres, esclavos, comunidades indígenas, y para avasallar culturas, religiones y modos de vida. La vergüenza que a muchos (católicos y evangélicos históricos) nos provoca la manipulación de la Biblia para justificar el golpe y los atropellos en Bolivia sirve de ejemplo actual de esto. La lectura fundamentalista (que no es monopolio de ninguno, y es habitual en tantos) sólo conduce a sumisión y una forma de esclavitud bastante perversa. No es a esto a lo que aquí queremos referirnos; no entendemos la Biblia como un Dios que dicta y que espera obediencia ciega de nuestra parte. Sin duda entre la Biblia y su pueblo hay un diálogo entre un Dios, en el que creemos, y la humanidad, sus amigos. Y, para sintetizar, no creo en un dios que maltrata, oprime, discrimina y se sacia en su sadismo y sed de sangre en víctimas humanas de diferente modo o tipo. Creo en un Dios que se va revelando de a poco, pedagógicamente, en la historia, y se muestra pleno en Jesús. Un Dios que es padre, pero un padre-no-patriarcal, al cual podemos desobedecer sin que nos quite el saludo o su amor. Un Dios que “reina” cuando sus amigos, los seres humanos, vivimos como hermanas y hermanos y mostramos a todos que “otro mundo es posible”, un mundo sororal y fraternal, un mundo que empieza por los últimos y los más débiles para que nadie se sienta excluido salvo quien se niega a tener a estos como hermanos. Ese Dios es el que nos habla en la Biblia, y concluir de allí otra palabra, creo que es parcial, falaz, o simplemente manipulación. En ese sentido sí creo que la Biblia es palabra de Dios. Pero…

Muchos movimientos confluyeron en el Concilio Vaticano II para que de allí surgiera una Iglesia en movimiento. El litúrgico, el patrístico, el ecuménico, la Nouvelle Théologie y, por supuesto, el movimiento bíblico. Reconozcamos que fue difícil. El miedo al modernismo (el Syllabus) y al protestantismo sólo pudo superarse gracias a un número importante de grandes teólogos, entre los que hay que mencionar a F. M. Lagrange op y – con él – a otros muchos. Así el Concilio se atrevió a dar un paso más en la dirección señalada por Pio XII en la Divino Afflante Spiritu. En ella, y en la constitución Dei Verbum, se “cometió la osadía” de afirmar que no sólo Dios es autor de la Biblia, sino que esta es también verdadera “obra humana”. Afirmar esto constituyó un paso fundamental y definitivo, porque el autor humano implica decisión, capacidad (e incapacidad), intenciones, cultura, etc. Ya no se afirmaba que la Biblia “no yerra” (Galileo agradecido) sino que esta dice “la verdad de la salvación”, lo cual es muy distinto, por cierto. A partir de este salto fundamental, decenas de aportes se han añadido, y siguen añadiendo, para una mejor comprensión de la Biblia (como con gran seriedad lo señaló la Pontificia Comisión Bíblica en La Interpretación de la Biblia en la Iglesia [1993]). Si hay autor humano, por ejemplo, cuentan también sus conocimientos e ignorancias, sus culturas, los contextos históricos, políticos, sociales, sus intenciones e ideologías, etc. y, por eso, el Concilio avanzó todavía más en una idea, seguramente audaz: “la Biblia es el alma de la teología”. Alma es vida, es lo que anima, lo que sin ella todo es inerte, seco o muerto.

Sin embargo, y acá el punto, muchos teólogos siguieron haciendo teología como si nada de eso se hubiera dicho. La Biblia era como un sello que venía a refrendar todo lo que se había afirmado; porque lo que había que decir era “lo primero”. Debo decir que he conocido pocos teólogos que hayan encarnado realmente este principio; los menciono: K. Rahner, J. Ratzinger, E. Schillebeeckx, G. Gutiérrez (seguramente hay más, valgan estos a modo de ejemplo). Y lo mismo he de decir de no muchos documentos eclesiásticos: las exhortaciones de Pablo VI sobre la Alegría cristiana [Gaudete in Domino] y la Evangelización [Evangelii Nuntiandi] son un buen ejemplo en este sentido. Pero después de esto, la inmensa mayoría de los teólogos y los documentos eclesiásticos, pareciera que dicen aquello que creen que deben decir y después (y no siempre) buscan un texto bíblico que lo ilustre. Que los textos bíblicos constituyan el “alma” de los documentos es algo que creo no afirmaría nadie. Y uno puede preguntarse si se parte, entonces, de la Palabra de Dios (el alma) para desde allí caminar, o si se parte de principios, dogmas o ideologías y después “ir a la Biblia” como una excusa o un adorno. En interesante, en esta misma línea, notar que, en Encuentros, Congresos, Asambleas, se invitan teólogos sistemáticos, canonistas, a veces historiadores de la iglesia, y casi nunca a biblistas. Interesante no significa positivo, por cierto.

Tengo claro que en la Iglesia católica romana, la Biblia no es la única palabra. La Tradición es también fundamental. El Espíritu guía y acompaña la iglesia. Podemos repetir con Francisco de Sales que la relación entre el Evangelio y la vida de los santos, por ejemplo, es semejante a la relación entre la partitura y la música ejecutada, y – por lo tanto – en continuidad con lo bíblico, es de esperar que la “Biblia vivida” ilustre y acompañe también la reflexión. Pero tampoco nada de esto encontramos en los textos (salvo, insistimos, alguna cita ilustrativa o decorativa ad casum).

Es verdad que un texto pastoral no es un tratado sobre un determinado tema como para mostrar todo lo que sobre eso se dice en la Biblia, en la Tradición y en el Magisterio (este sí abundantemente citado), pero – como señalaba más arriba – no fue un tratado lo que Pablo VI presentó sobre la alegría cristiana, pero sí supo mostrarla en el Evangelio de Lucas y la vida de algunos santos, por ejemplo (caps II [AT], III [NT] y IV [“en la vida de los santos”]).

Todo esto me hace mirar muy críticamente la inmensa mayoría de los textos. algunos muy interesantes, o positivos, o felices, pero la pregunta es si hay en ellos “verdadera teología” o si no hay, más bien, otra cosa (filosofía de la religión, moral, ética, estrategia pastoral, o como se quiera llamar, pero no “teología”). Y, ahondando la idea, preguntarme si los autores y/o firmantes realmente creen que la Biblia es Palabra de Dios, y no más bien algo decorativo, o un justificativo de lo que anticipadamente tienen decidido expresar. No estaría de más, si se creyera, recordar que la Palabra de Dios es más importante que la palabra de los pastores, y nutrirnos con ella sería aportar al pueblo de Dios un alimento mucho más consistente que algunos slogans, un par de miedos y una ideología disfrazada de teología. El Pueblo de Dios, a cuyo servicio estamos, y el Dios del Pueblo, que nos ha invitado al seguimiento, nos quedarían sumamente agradecidos.


Foto tomada de https://pxhere.com/es/photo/489679

martes, 3 de diciembre de 2019

Hay documentos y documentos


Hay documentos y documentos


Eduardo de la Serna



Es frecuente, en muchos ambientes, no solamente el eclesiástico, pero especialmente allí, que al finalizar asambleas, encuentros, congresos u otras reuniones se concluya con un documento. Así ocurre en las asambleas episcopales, por ejemplo, sean estas locales, regionales o internacionales. Y, en los ambientes eclesiales, un “problema” es tratar de dimensionar el “peso” que ese tal documento tiene. ¿Se puede decir que siempre esos tales documentos son normativos? Creo que no. Y, por supuesto, queda el lugar de la recepción personal o comunitaria. Es absolutamente razonable que determinado documento o texto me resulte más agradable o desagradable. Y para que no se me malinterprete pondré ejemplos bíblicos. Es sabido que en el Nuevo Testamento hay diferentes eclesiologías, y nadie puede cuestionar que alguno se sienta más a gusto con la eclesiología de Mateo que la de Lucas, o la de Pedro o la de Pablo. Es razonable (siempre que eso no implique negar a la otra; pero del mismo modo, no aceptamos que nieguen la “nuestra”). La eclesialidad es sinfónica, ¡qué duda cabe! Algo semejante puede afirmarse, por ejemplo, en la historia de la Iglesia, con las diferentes corrientes espirituales: no es lo mismo la espiritualidad franciscana que la dominica, la jesuítica que la carmelita, para poner ejemplos “densos”. Y tengo todo el derecho de sentirme a gusto con una y no con la otra, aunque deba reconocer que otro/a tiene el mismo derecho con otra corriente. De eso se trata la comunión. Y volvamos a los documentos. Claro que si estos fueran normativos otra cosa sería. Pero, además, hay que destacar que una cosa es un documento conciliar y otra un documento regional o post-sinodal.

Y acá quisiera ir al fondo de mi reflexión: en lo personal creo que hay documentos que constituyen nuestra eclesialidad actual (el Concilio Vaticano II, por ejemplo). Pero, también es cierto, hay documentos que son muy aplaudidos por algunos y criticados por otros. Por ejemplo, fue sabida la oposición de un grupo, pequeño pero poderoso, a los Documentos de Medellín. Hay documentos que podríamos calificar (y dudo que muchos cuestionen lo que digo) de innecesarios, como los documentos de Santo Domingo; pero hay otros documentos, según mi mirada crítica, que no son importantes, pero de los que podemos citar algunos párrafos que nos resultan positivos o constructivos. En lo personal, un documento me parece pobre, pero con algunos elementos rescatables (y me refiero, concretamente, al documento de Aparecida y al documento post-sinodal de la Amazonía).

Un documento eclesial puede tener elementos normativos, pero especialmente cuenta en lo teológico-pastoral; en los avances, profundizaciones, correcciones, etc. En este sentido, el documento de Aparecida poco importa fuera de América Latina y el Caribe, como el documento post-sinodal de la Amazonía en los países no-amazónicos. Pero no es ese el punto. Sin duda hay más o menos temas, elementos, criterios valorables en los documentos (¡hasta en Santo Domingo!, ironicemos). Pero también es cierto que no es esto lo ideal. Lamentablemente, a veces nos queda la sensación, en algún texto, que se “habla” porque “algo hay que decir”, pero lo dicho es tan hibrido, o “equilibrado”, o consensuado, que finalmente no se dice nada (y no importa, porque lo que contaba era decir, aunque fuera “light”). Además, en la milenaria historia de la Iglesia suele ocurrir más de una vez que en un documento se dice lo contrario a lo que años ha se había dicho en otro. ¿Y en ese caso?

Claro que, y aquí lo importante, precisamente porque la Iglesia no es un documento sino un pueblo peregrino, una comunidad acompañada por el Espíritu Santo, suele ocurrir que hay documentos que sólo quedan en bibliotecas, porque no fueron “recepcionados” por el pueblo, que no los “sintió propios”, porque la inspiración del Espíritu Santo no los hizo experimentar como propios. Veamos, a modo de ejemplo, cómo se “recibieron” en las comunidades eclesiales de América Latina los documentos de Medellín, cómo se recibió Puebla, cómo Santo Domingo y cómo Aparecida. Es lo que teológicamente se llama la “recepción”. Eso es algo que no se percibe en el momento, por cierto, sino con el paso del tiempo. En lo personal, recuerdo cientos de cursos, charlas, artículos, libros sobre Medellín y otros tantos sobre Puebla, pero en cambio no recuerdo ni uno sólo sobre Santo Domingo y escasísimos sobre Aparecida. En lo personal (y mi mirada es totalmente cuestionable) salvando unas pocas cosas el documento post-sinodal de la Amazonía también me pareció muy pobre. Y – todavía más – debo señalar en la inmensa mayoría de todos estos textos – que me permito irónicamente dudar si para los autores, los firmantes y los avaladores, la Biblia es palabra de Dios (o si es un simple adorno para poner una cita agradable en un texto ya escrito). En suma, extraño documentos en los que verdaderamente se escuche al pueblo de Dios y se escriban con un oído puesto en ellos y el otro en los Evangelios. Espero textos más atentos a lo que “el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2-3) que a la sana doctrina o la defensa de la Institución. Se trata de ser luz para los tiempos y los pueblos y, lamentablemente, muchas veces parecen puestas “bajo el celemín” (Mc 4,21).



Foto tomada de https://elpais.com/elpais/2016/10/01/eps/1475273119_147527.html