sábado, 8 de noviembre de 2025

La Biblia según Milei

La Biblia según Milei

Eduardo de la Serna



Somos todos testigos de que, con una cierta frecuencia, Javier Milei hace uso (y abuso) de textos y temas bíblicos.

Empiezo señalando una cosa “menor”. Más de una persona se molesta si un cura hace alguna referencia política: “¡no se metan en política!”, repiten acríticamente. O, peor aún, “al Cesar lo del César y a Dios lo de Dios” dicen sin entender ni remotamente el texto. Pero resulta que, no parecen decir lo mismo cuando es el presidente quien lo hace… No se escucha “¡no se metan en religión!”, o, de nuevo, lo del César y de Dios. ¿Seré cuestionado, criticado y hasta condenado por referirme a los textos bíblicos que él utiliza ignorantemente? Pues, lo siento… ¡Aquí voy!

Ya desde la campaña, haciendo referencia a su hermana, decía que ella era como Moisés, pero, como no sabe hablar bien, lo hacía él, que es como Aarón (Éxodo 4,10-14). Dejo de lado el tema histórico que es bien complejo (si Aarón es hermano de Moisés, ¿por qué no murió en la matanza del faraón de todos los varones judíos de la que sólo Moisés se salvó?, si es hermano, ¿por qué Dios le explica a Moisés que es “levita” ?, ¿por qué en otros textos Moisés habla normalmente sin tartamudear? ...), Moisés ya hacía su aparición pública en labios de Milei... Ah… y su hermana ha hablado en ocasiones y no parece tartamudear.

También, en campaña, siguiendo (aunque sin citarlo expresamente al comienzo, pero sí en intervenciones posteriores) a Jesús Huerta de Soto, (que no sé si sabe o no economía, pero ¿Biblia? ¡Nada!) para hablar críticamente “del Estado”, hizo referencia a “Samuel 8” (sin aclarar – ambos – que se refiere al primer libro de Samuel), donde se encuentra una crítica “de la monarquía” (no del estado), porque en Israel – que no debe ser “como los demás pueblos” – el rey es YHWH, Dios. Y luego añadieron, ambos, Lucas 3, las tentaciones de Jesús (mezclando el orden de Mateo y de Lucas, que son diferentes) y afirmando que “todos los reinos” son los estados (sic), sin entender que Lucas, en su teología, muestra un conflicto entre Jesús y Satanás, el reino de Dios y el reino diabólico. Sobre estos textos, así leídos y repetidos, volvió a insistir en su “homilía” formoseña.

En algunas ocasiones, en sus redes sociales, puso textos bíblicos en hebreo. En uno de los casos, cortado (salteó un par de versículos), pero citando el hebreo de dos modos diferentes, lo que es indicio evidente y obvio de que sus fuentes fueron distintas.

Volvió a referir a Moisés en un texto que no existe en la Biblia y, por lo que sé, tampoco en el Talmud, sobre si se despertaba temprano o se despertaba tarde. “Lo criticaron a Moisés, ¿no me van a criticar a mí?”, dijo en el Llao Llao sin que nadie se riera.

Con mucha frecuencia afirma que su gran referente es Moisés, “el gran liberador”, algo que jamás, ¡nunca!, la Biblia afirma. Lo cual roza la idolatría, por cierto. El único liberador de Israel es Dios (como es el único rey, por ejemplo). «Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo a Yahveh, y creyeron en Yahveh y en Moisés, su siervo». (Éxodo 14:31).

Y, finalmente, ahora está insistiendo en el milagro del libre mercado… Cualquier lector de la Biblia sabe que un milagro es, en todo caso, algo obrado por Dios, es una “palabra de Dios”. Un milagro es una manifestación visible de la fuerza de Dios en algún acontecimiento. Es más, hay momentos (como en el éxodo, que tanto ama citar el señor) en lo que una misma cosa la hace el cayado de Moisés y los cayados de los magos de Egipto, y – para la Biblia – ciertamente el primero es “obra de Dios”, el segundo es “magia”, es decir, algo necio y negativo (Éxodo 7,10-11). Pensar y afirmar que un “milagro” como el “argentino” (sic, sic y recontra sic) es obra del libre mercado, o de las políticas de X o de Z, es, bíblicamente, sencillamente ¡idolatría!

Vayan estos pocos ejemplos para ilustrar la ignorancia. Obviamente no se espera de un presidente de una república no teocrática que sepa teología o biblia. ¡Ciertamente no! Pero es de desear que, si incurre o incurriera en ese terreno, se dejara informar por quienes saben. Hacer ostentación de analfabetismo bíblico o fundamentalismo (¡que lo es!) remite a oscurantismo o barbarie. Lamentablemente allí estamos.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Quema_de_libros_en_la_Alemania_nazi

jueves, 6 de noviembre de 2025

Manasés, un rey criminal

Manasés, un rey criminal

Eduardo de la Serna



Como pasa siempre en todos los pueblos de la historia, Israel tuvo reyes mejores y reyes peores. O, también, reyes que fueron positivos en un tema y no tan buenos en otro. En ocasiones, un rey que fue bien valorado en las relaciones internacionales no lo fue en la justicia social, por ejemplo. Ahora bien, los libros bíblicos, no suelen analizar detalladamente estos temas. La mirada y el análisis lo hacen desde la fe, desde una teología, y si entran en temas internacionales o sociales, por ejemplo, lo hacen desde la fe.

Así mirado, uno de los peores, si no el peor rey que tuvo la tierra de Juda, analizado con esos ojos bíblicos, fue el rey Manases. En realidad, el nombre se encuentra en más de una ocasión y lo portan diferentes personajes ya que, por ejemplo, es el que lleva uno de los hijos de José, hijo de Jacob. Aparentemente el nombre significa “el que olvida”. Pero el Manasés que nos interesa en esta ocasión es un rey que gobernó en Jerusalén aproximadamente en los años 687-642 antes de Cristo (es decir, ¡durante 45 años!). Era hijo de Ezequías, que, para la Biblia, fue uno de los mejores reyes judíos. Los textos bíblicos que nos hablan de este reinado son, particularmente, 2 Reyes 21,1-18 y 2 Crónicas 33,11-17 pero nos dicen cosas bastante diferentes.

Por motivos políticos internacionales, Manasés fue un rey que aceptó voluntariamente estar sometido al poderoso y cruel imperio asirio. Incluso hay escritos asirios de la época que lo muestran como un rey “amigo”. Pero, evidentemente, para el ambiente bíblico, un rey amigo de Asiria no es un rey amigo de Dios. En el colmo de su perversión, siempre según Reyes, “inmoló a su hijo por el fuego”, y avaló todo tipo de actos idolátricos (2 Re 21,3-7) Así lo presenta este libro. Con el tiempo, bastante más tarde, algunos escritos piadosos que no forman parte de los libros bíblicos, escribieron una “Oración de Manases” en la que él se manifiesta arrepentido de todos sus pecados. En un contexto semejante a este escrito, el libro de las Crónicas muestra en la historia de Manasés dos momentos diferentes: el primero, totalmente aliado de Asiria, pero, después de ser llevado al cautiverio en Babilonia (2 Cr 33,11), intenta reparar algunas de sus aberraciones (33,12-16). Es probable que Crónicas mire más lo que le hubiera gustado que ocurriera que lo que realmente pasó, ya que, al hablar de su sucesor, Amón, el libro de los Reyes destaca que “hizo lo malo a los ojos del Señor como lo había hecho su padre Manasés” (2 Re 21,20); nada sabe este autor de un supuesto arrepentimiento del rey.

Una de las cosas que los historiadores señalan es que no hay profetas que lo cuestionen, lo cual es cierto; pero – especialmente en un gobierno tan extenso – sería raro que no hubiera algún profeta crítico de un rey tan aberrante. Pero sí hubo un profeta, Nahún, que dedica toda su profecía a hablar contra Nínive, es decir, contra Asiria. Todo invita a pensar que – dado lo sanguinario que era Manasés – el profeta lo crítica “por elevación”, criticando a sus “patrones”, los asirios, a fin de evitar las seguras represalias de un rey tan cruel si fuera cuestionado “con nombre y apellido”. Todo el libro de este profeta es presentado como un “oráculo contra Nínive” (Nah 1,1), y señala que el poder del “león” (= los asirios) será derribado (2,12-14) y Dios va a restablecer “la viña de Jacob, como la viña de Israel” (2,3). Dios sigue estando del lado de su pueblo, repite el profeta, y no lo abandona, aun en medio de un imperio poderosísimo y de un rey que se le ha sometido.

Repetimos: los libros bíblicos no hacen una lectura desde la política internacional, la estrategia o no, sino que pretenden mirar la historia desde los proyectos de Dios para su pueblo, Israel. En este caso, ante un rey que se ha aliado con el imperio y se ha desentendido de todo lo que Dios invita a tener en cuenta, ya sea el Templo, el rechazo a los ídolos, y no olvidar que Israel es el pueblo de Dios y sólo a Él debe tener dedicar su vida y atención. Quizás por conveniencia política, quizás por maldad, lo cierto es que Manases es visto como un rey que en nada hizo lo que Dios quería, aunque, algunas lecturas, más tarde, quizás para no “condenar al Ungido de Dios”, lo mostraran arrepentido y orante. Mirando desde la fe, entonces, no es extraño que la Biblia nos invite a descubrir también nuestra historia, y nuestras opciones en nuestro hoy, nuestro tiempo y nuestra historia.


Imagen  tomada https://es.wikipedia.org/wiki/Manasés_de_Judá 

martes, 4 de noviembre de 2025

Dedicación basílica san Juan de Letrán

Al encuentro de Jesús y su comunidad

9 de noviembre

Eduardo de la Serna

 

 


La Iglesia Católica Romana, animada por el Papa, obispo de Roma, celebra hoy la “Dedicación” de la Basílica de San Juan de Letrán, la Catedral de Roma. "Dedicar” una Iglesia es consagrarla, es como una suerte de “bautismo” de la construcción. Las lecturas aluden al “Templo” y – como siempre – comentaremos los textos.



Lectura de la profecía de Ezequiel     47, 1-2. 8-9. 12

Resumen: Un ángel orienta la visión del nuevo Templo a Ezequiel mostrándole un agua cada vez más abundante que sale de los cimientos del Templo y llena de vida todo lo muerto.

Los capítulos finales de Ezequiel (40-48) son una gran visión sobre el nuevo templo de Jerusalén (es necesario recordar que el Templo había sido destruido, la gloria de Dios había mudado a Babilonia, donde Ezequiel predica insistentemente la esperanza al pueblo derrotado. El anuncio de un nuevo templo debe sin duda entenderse en ese sentido). 

Un “hombre” (= ángel) orienta la visión del profeta, que observa desde los cimientos del Templo que surge una corriente de agua, cada vez más profunda y que llega hasta el Mar Muerto para sanearlo (es bueno recordar que el Mar Muerto – por lo salobre – no tiene vida en él. Aquí habrá árboles frutales y peces). La referencia, además, parece aludir al relato de la creación; quizás se destaque una nueva creación que tiene en el nuevo templo su fundamento. Habrá pescadores y redes, y también sal, y los frutos, alimento y medicina; el nuevo Edén está en mente, el mar es saneado, el deserto es fértil.

Sin duda la referencia al agua es referencia a la vida nueva para su pueblo como en Ez 37 lo era el viento que daba vida a los huesos secos. La tierra seca, el mar muerto, los seres humanos hambrientos o enfermos encuentran vida paradisíaca en el agua que surge del nuevo Templo.



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     3, 9c-11. 16-17

Resumen: Pablo empieza a concluir su discurso sobre la verdadera sabiduría que nace en la cruz y la debilidad. Y, cuando es fundada sobre Cristo y la cruz, la verdadera sabiduría es constructiva y nos conduce a Dios; esa es la edificación que tiene los cimientos puestos en Cristo.

En el contexto de la confrontación por los diferentes partidos (de Pablo, de Apolo, de Cefas, de Cristo), luego de presentar el contenido fundamental de la predicación (Jesucristo crucificado), Pablo presenta los diferentes ministerios, centrados especialmente en él y Apolo. Es probable que algunos en Corinto estuvieran fascinados por la buena predicación de Apolo y la contrastaran con la floja de Pablo. Pablo está con Apolo en ese momento (16,12), pero, en lugar de ver ambos ministerios como complementarios, algunos los han confrontado. Recurriendo a imágenes agrícolas primero, y arquitectónicas después, Pablo ve en Apolo un colaborador y ambos compañeros de Dios: “Pablo plantó, Apolo regó, Dios da el crecimiento” (v.6), “Pablo pone el cimiento, otro construye encima” (v.10). Estando la liturgia de hoy centrada en el Templo, es la segunda metáfora la que se tendrá en cuenta. Ciertamente el cimiento puesto (como la predicación de Cristo crucificado) no puede ser otra que el mismo Cristo.

Con imágenes campesinas (plantación, v.6) y urbanas (arquitecto, v.10) Pablo habla de la comunidad como campo o construcción (v.9) “de Dios”. Continuando esta última, Pablo desarrolla una serie de metáforas (cimiento, construcción, materiales, vv.10-12). El acento está puesto en la resistencia de la obra (vv.13-14) o su falta de resistencia (v.15). En este contexto comienza a señalar que esa obra (“ustedes”) es “Santuario de Dios” (v.16) del que se espera que no sea “destruido” (v.17). 

El uso de “¿ustedes no saben?” es frecuente en la carta de modo retórico (5,6; 6,2.3.9.15.16.19; 9,13.24) y suponen una respuesta positiva: ¡sí que lo saben! (seguramente porque Pablo mismo lo ha predicado en la comunidad). El templo –por las metáforas agrícolas y arquitectónicas señaladas, y el uso del plural- se refiere en este caso a la comunidad toda (cf. 2 Cor 6,16). La importancia dada al Templo por el judaísmo de su tiempo hace que sólo los hipercríticos de Qumrán se vieran a sí mismos como verdadero templo, debido a que rechazaban de cuajo el sacerdocio de su tiempo (ellos se veían como poseedores del verdadero sacerdocio): 

“… el consejo de la comunidad será establecido en verdad como una plantación eterna, una casa santa para Israel y el fundamento del santo de los santos para Aarón, testigos verdaderos para el juicio y escogidos de la voluntad de Dios para expiar por la tierra y para devolver a los impíos su retribución. Ella será la muralla probada, la piedra angular preciosa cuyos fundamentos no vacilarán y no temblarán en su lugar. Será residencia santísima para Aarón con conocimiento eterno de la alianza de justicia y para ofrecer un olor agradable; y será una casa de perfección y verdad en Israel…” (1QS [Regla de la comunidad de Qumrán] 8,5-9)


El tema seguirá profundizándose luego en la siguiente generación cristiana (Efesios, 1 Pedro) y en 1 Cor 6,19 es utilizada en sentido individual. El templo es la morada de Dios (o también del Espíritu), en Flavio Josefo)


¡Por lo tanto, no dejes de darnos estas bendiciones, y otorgar a mis hijos aquella virtud en cual brillas! y además, humildemente te suplico que dejes bajar alguna porción de tu Espíritu y habite en este templo, para que puedas aparecer y estar con nosotros sobre la tierra... (Antigüedades 8:113-114 [oración de Salomón])


Con la imagen de la destrucción, Pablo sigue lo que había destacado en los vv. anteriores. La imagen podría traducirse “si alguno arruina el templo, Dios lo llevará a la ruina” (v.17). La comunidad debe ser “santa” (cf. 1,2), por ser templo. El uso del término “santos” (hagios) en Pablo tiene una serie de matices interesantes a tener en cuenta para el sentido habitual en los escritos judíos. Pablo con frecuencia habla de los “cristianos” (palabra que nunca utiliza) como de “los santos” (Rom 8,27; 12,13; 15,25…; 1 Cor 6,1; 16,1.15; 2 Cor 1,1; 8,4; 9,1…), hay una relación de “santificación” a partir del bautismo (1 Cor 6,11), y ser “santos” es una “vocación” (Rom 1,7; 1 Cor 1,2). Pero una vocación a vivir en el mundo en el que la comunidad vive. En medio de ella, los cristianos están llamados a ser luz para los demás pueblos, a dar testimonio de su vida a fin de “seducir” a los demás a incorporarse a la comunidad de los santos (cf. 1 Cor 7,14; Rom 15,16; 1 Tes 5,23).

 

+ Evangelio según san Juan     2, 13-22

Resumen: al comenzar el ministerio, Jesús realizará un nuevo signo. Este relacionado con el templo que es reemplazado tanto por su cuerpo como por su comunidad. Al realizar el signo surge el debate donde Jesús manifiesta la decisión de reemplazar en sí mismo todas las instituciones “de los judíos”.


En Juan el verbo “se acercaba” (6,4; 7,2; 11,55) siempre refiere a una fiesta judía, mencionada como “de los judíos”, se repite en 6,4 y 11,55 de la “Pascua” y en 7,2 de los “Tabernáculos” posiblemente para señalar una distancia ya que estas festividades están destinadas a ser reemplazadas por Jesús.

Es la primera de las tres pascuas que Juan menciona. ¿Se trata de un dato cronológico o es simbólico? Aunque sea una trasposición de un texto sinóptico puede reflejar la memoria de un viaje original. “Subió” es el verbo que se utiliza normalmente para indicar un viaje de peregrinación a Jerusalén (5,1; 7,10; 11,55; 12,20).

El Templo (hieros) alude al llamado atrio de los gentiles, al “área del templo”; el templo propiamente dicho, el edificio (naos), es mencionado en vv.19-21. Los animales se venden para ser sacrificados; pero ya no serán necesarios. Se destaca especialmente el trato a los vendedores de palomas, la ofrenda del pobre (Lv 5,7). La insistencia en la descripción de los animales y los cambistas, mencionados dos veces, parece resaltar el gesto de Jesús, que implica la abolición de todo el sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Lo que se encuentra es ganado y ovejas (o cabras) y cambistas (el término kermatistês no vuelve a encontrarse en toda la Biblia).

Puesto que no se puede entrar en el Templo llevando armas o palos es probable que Jesús hiciera el azote con las sogas que se usaban para atar a los animales.

La casa no es “de Dios” (AT, cf. Mc 2,26), sino “de mi Padre” (como en Lc 2,49; primera vez que usa “mi Padre” en Jn) y está en juego de palabras con “casa de mercado”. Jesús se presenta como “el Hijo”, como quien tiene autoridad sobre el templo; el que inicia el “verdadero culto” (4,21).

Tres veces repite Juan “recordaron” (siempre en aoristo: 2,17.22; 12,16) y siempre los discípulos son el sujeto. La referencia al celo puede anticipar el celo por la casa de Dios que le cuesta la vida; siendo que el Salmo es citado en Hch 1,20; Rom 11,9-10; 15,3 y quizá en Jn 15,25; 19,28 el contexto del sufrimiento de Jesús es posible. 

Fiel a su estilo, allí donde los sinópticos hablaban de sumos sacerdotes, escribas y ancianos, Juan prefiere “los judíos”.

El imperativo “destruyan” puede ser un condicional (“si destruyen”; “supongan que ustedes destruyen”) o un imperativo irónico, como el de los profetas (Am 4,4; Is 8,9) (“sigan así y ya verán...”).

El texto “este santuario”, ¿refiere aquí al cuerpo de Jesús o al Templo judío? Mt y Mc destacan que Jesús lo edificará, Jn que lo levantará. Pero ¿es posible leerlo en este sentido? “Tres días” quizás deba entenderse como “en un breve lapso de tiempo”, no en 72 horas (cf. Os 6,2; Lc 13,32).

“Levantar” es despertar (Mt 8,25; Hch 12,7) y de aquí “despertar del sueño de la muerte” (12,1.9.17); es frecuentemente usado de la resurrección de Jesús. Pero también se puede usar de “levantar un edificio” (1 Esd 5,43; Sir 49,13; y sobre el Templo [naos] Josefo en AJ XV 391; XX 228).

La referencia a los 46 años: Josefo señala que el templo se inició el año 18 de Herodes (Ant XV,11,1), así llegamos a la Pascua del 28. Y concluyó - ya muerto Herodes - bajo Albino en el 63 d.C. (Ant XX,9,7). El aoristo no indica necesariamente que el templo estuviera concluido (cf. Esd 5,16). 

“Resucitó” puede ser pasivo o intransitivo. En los textos más antiguos, -leído en pasivo- se dice (19x) que Dios resucitó a Jesús (Rom 4,25; 6,4.9; 1 Cor 15); pero Juan destaca que el poder del Padre es el de Jesús (10,17-18; cf. 2,17).

Creyeron en la escritura ¿se refiere a un pasaje concreto (¿Sal 16,10; 69,9?) o a toda la escritura en general (= en la verdad de la escritura)? (cf. 2,22; 7,38.42; 10,35; 35,18; 17,12; 19,24.28.36.37; 20,9) pero siempre, salvo aquí, y en 17,12 y 20,9 se refiere a un texto citado (aunque en 17,12 cf. 13,18 y 20,9 cf. Hch 2,27; 13,35 [Sal 16,10]; con lo que sólo 2,22 sería referencia a todo el AT). La “palabra” se refiere a la revelación que Jesús trae sobre Dios.

¿Por qué la ubica aquí Jn y no al final del ministerio de Jesús, como los Sinópticos? Si tenemos en cuenta la probabilidad de una segunda redacción del Evangelio, y la inserción tardía del relato de Lázaro, es probable que ésta causara el desplazamiento del relato del templo. Por otro lado, si Jn divide en tres pascuas el ministerio de Jesús, es interesante notar, como dijimos, que ubica en cada una de ellas escenas que en los sinópticos se encuentran en la única pascua: en la primera, la escena del templo, en la segunda la escena eucarística y en la tercera, la pasión. Probablemente Jn tuvo que recurrir a los pocos datos con que contaba y dividirlos en tres, a partir del momento que estructuró el ministerio en tres pascuas (sea o no esto más verosímil históricamente).

Hay rasgos que son propios de Jn como la presencia de bueyes y ovejas, el látigo, o las palabras de Jesús.

La cita del Sal 69,9 en v.17: es importante tener en cuenta que es uno de los Salmos más usados en favor de Jesús, y Jn pudo aducir esta referencia para interpretar la escena. La sentencia de v.16 es una alusión implícita a Zac 14,21, como la de los sinópticos alude a Isaías y a Jeremías. Por otra parte, hay muchos elementos comunes: localización en el templo, los vendedores de palomas, las mesas de los cambistas, el templo visto como “casa”. Hay muchos términos griegos idénticos como para suponer una semejanza accidental. En ese caso, sería razonable pensar en una fuente común a ambas tradiciones, que luego fueron ampliadas y adaptadas.

La actitud de “los judíos” contrasta claramente con la de “la madre” de Jesús de la unidad anterior que así se encuentran en un cierto paralelismo antitético. Ambos episodios anticipan “la hora” (2,4.21):

 

En Caná de Galilea

En Jerusalén

Intercambio verbal (incomprensión confiada)

Intercambio verbal (incomprensión escéptica)

los discípulos y la madre  

los “judíos”   

reemplazo de las tinajas de piedra

reemplazo del Templo

Jesús hace un signo y creyeron

¿qué signo haces para que creamos?

La madre y discípulos creen en la palabra

¿tú [acentuado] en tres días lo levantarás?

interpretación del redactor. 

Transición.

interpretación del redactor.

Transición.

 

Obviamente, Jn elige “levantaré” (y no edificar, como los sinópticos) por su intencionalidad teológica. El imperativo que usa: “destruyan” carga la responsabilidad en las autoridades judías (¿es ironía de Juan que sabe que el templo ya fue destruido cuando se compone el Evangelio?). 

Juan lo reinterpreta para que se entienda a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. Pero mientras Marcos parece aludir a dos templos diferentes (hecho / no hecho por manos), en Juan se alude al mismo templo (= Jesús).

Como en 2,11, el narrador se retira de la escena para ofrecer la interpretación de los hechos. El evangelista deja claro (v.22 y quizá también v.17) que su interpretación de la escena va más allá de lo que entendieron los testigos; el texto representa un gesto programático para Jn; más que una “purificación” (¿Sinópticos?), se trata de una “sustitución”. Los “discípulos no se comprometen con la principal reivindicación de Jesús, a saber, que el hieron (Templo) de ‘los judíos’ es, de hecho, el oikos (casa) del Padre de Jesús”.

Ya en Caná habían comenzado a presentarse la sustitución de las instituciones judías y la abundancia de vino que anuncia los tiempos mesiánicos. El rechazo de Israel viene anunciado; ahora, ¿cómo interpretaron el hecho los asistentes? Si se trata de una “purificación” es fácil ubicarlo en el contexto profético. Los animales fueron introducidos por Caifás, antes estaba en otro lugar, los cambistas no son extraños em el relato ya que no consta que cobraran tasas usurarias o sobornaran a los sacerdotes. Los textos dan a entender que hubo razones para este obrar, pero estas no son explicitadas.

La tradición sinóptica parece ubicarlo en el marco de Jeremías (cf. Mt 16,14), Juan al Dt-Zac (14,21) “ningún mercader se verá en el templo santo” (a este texto parece aludir 2,16). En Mal 3,1 (que también pudo tenerse en cuenta) la intervención de Dios sigue a un cuestionamiento al sacerdocio levítico. Is 56,7, además, proclama el ideal profético del templo purificado. Siendo Jesús un profeta era absolutamente comprensible entenderlo en ese sentido. Cf también Ag 2,7-9; Mi 3,12; Sir 36,13-14. Según el Talmud (Gitt 56ª; Midr Rabba sobre Lam 1,5,31 Rabí Sadok empezó a ayunar en el año 30 para prevenir la destrucción de Jerusalén, lo que indica que ya era algo previsible:


“R. Sadok observó los ayunos durante cuarenta años para que Jerusalén no pudiera ser destruida, [y él se volvió tan delgado que] cuando comió algo la comida podría verse [como atravesaba su garganta.] Cuando quiso restaurarse, ellos le traían un higo, y él chupaba el jugo y tiraba el resto”.

 

Otro Jesús lo advertiría:

 “...Un cierto Jesús hijo de Anán, hombre plebeyo y rústico, cuatro años antes de la guerra, estando la ciudad en paz y con gran abundancia de todo, fue a la fiesta de los Tabernáculos, en la cual es costumbre levantar tiendas en honor de Dios, y súbitamente se puso a gritar dentro del Templo: ¡Voz del oriente, voz del occidente, voz de los cuatro vientos, voz contra Jerusalén y el Templo, voz contra los recién casados y las recién casadas, voz contra todo el pueblo! (...) Desollado hasta los huesos a latigazos, no rogó ni derramó una lágrima; a cada golpe respondía, con la voz más lastimera que podía: - ¡Ay, ay de Jerusalén! (...) Pero diariamente, como si repitiera una oración aprendida, decía - ¡Ay, ay de Jerusalén! (...) Su clamor era mayor durante las festividades. Así continuó, con su frase, durante siete años y cinco meses, sin enronquecer ni cansarse, hasta que, en la época del asedio, al confirmarse sus augurios, calló. Pues mientras recorría las murallas, gritaba con voz aguda: - ¡Ay, ay otra vez de la ciudad, ay del pueblo, ay del Templo! (...) (Flavio Josefo, Guerra judía VI, 5,3)

 

Una pregunta apropiada es si Jesús pretende purificarlo o suprimir el Templo. La expulsión de los animales parece sugerir esta última posibilidad (particularmente en el relato joánico, como se ha dicho). Mt 9,13; 12,17 parece reflejar una actitud cristiana posterior, ya que los cristianos primitivos participaban del templo. Es perfectamente posible que Juan – que muestra una profunda distancia del templo – haya ahondado la oposición.

La segunda parte (vv.18-22) sobre la destrucción y reedificación es posible que se haya entendido como la reedificación mesiánica del templo. Hemos visto que podían haber estado separadas por lo que “purificación” y “reconstrucción” pueden ser simplemente yuxtapuestos aquí. Ellos están destruyendo el templo (recordar la posible lectura irónica: “sigan así...”), Jesús afirma que lo reconstruirá en el templo mesiánico. Si hay trasfondo en el AT para la purificación, también lo hay para la reedificación: Ez 40-46 lo describe detalladamente; Tob 13,10; 14,5 habla de la reconstrucción. Lo mismo en Qumrán: 5Q15 (“la nueva Jerusalén”) describe el templo ideal. El templo herodiano fue destruido, pero la esperanza en su reconstrucción perduró, como se ve en la 14ª de las 18 Bendiciones:


“Apiádate, Yahvé, nuestro Dios, (en tu grande, grande compasión de Israel, tu pueblo y...) de Jerusalén, tu ciudad, y de Sión, la morada de tu gloria, (y de tu templo y tu morada) [y del reino de la casa de David, el Mesías de tu justicia]. Bendito seas, Yahvé, Dios de David, que edificas Jerusalén”


Probablemente, v.19 haya sido originalmente una proclamación mesiánica referida al templo, y comprensible para quienes conocen el AT. Luego de la resurrección se interpretó en clave “cuerpo de Jesús”.

Los “tres días” son ciertamente añadidos por el evangelista para facilitar la interpretación post-pascual. Pero las otras referencias a los “tres días”, sin intención pascual, parecen preferir – como hemos señalado – una interpretación de los “tres días” como “un breve  lapso de tiempo” (así Ex 19,11; Os 6,2; Lc 13,32) insinuando un carácter milagroso. La respuesta de los judíos deja entender claramente que lo entendieron como referido al templo de Jerusalén. Los sinópticos parecen entenderlo como referido a la reedificación mesiánica: a continuación de esta referencia viene la pregunta: “¿eres el mesías?” (Mc 14,61). Con esto podemos suponer que, a nivel histórico, el tema es comprensible a la luz de las ideas que prevalecían en el tiempo.

Pero se debe tener en cuenta la referencia a los signos:

El término hebreo signo (’ot) lo encontramos 79 veces en el AT de las que 75 veces LXX lo traduce por sêmeion (el término usado por Juan). Las veces que lo encontramos en la Tora (39x) y los profetas “mayores” (19x) en todos los casos alude a algo visible por todos que – en todos los casos – alude a una verdad sobre Dios.  Hay un mensaje para quienes ven el signo, una ‘palabra de Dios’. Del mismo modo, en Jn alude a algo que tiene que ver con la naturaleza o el status de Jesús. El hecho puede ser visto por miles de personas, pero no todos perciben el signo que encierra (6, 26.30.36; 9,16; 11,47; 12,37), por eso provoca reacciones de conflicto (7,40-44; 9,16; 10,19-21; 11,45-46). Es el punto de partida de la aceptación, del reconocimiento de que algo no observable “naturalmente” está ocurriendo.

¿En qué medida es un signo el cuerpo de Jesús como Templo?

Se debe recordar que en la tradición paulina la comunidad cristiana es vista como Templo del Espíritu Santo (Rom 12,4-5; 1 Cor 12,12-30; Ef 1,23, cf. 4,12-13.15-16; 5,23; Col 1,18.24) por lo que no debe sorprender que pudiera comprenderse que levantar en tres días su cuerpo se entendiera como levantar su Iglesia (Bernabé, Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Agustín). El evangelista le da a Jesús la ocasión de dar un signo. Si, como consecuencia de sus acciones, el templo es destruido, un nuevo templo se levantará rápidamente, lo que es evidencia de su poder. La Iglesia es un signo para los judíos; el evangelista los invita a leer la historia: la misma construcción del templo no fue universalmente aceptada (2 Sam 7,5-7; 1 Re 8,27), y eso no cesó (Jer 35,1-11; Is 66,1). Lo mismo ocurrió en las comunidades cristianas como es el caso de Esteban (Hch 7,48-49), o el caso de la comunidad de Qumrán (1QM 2,1-6) aunque estos eran una minoría. Para la mayoría de los judíos el culto del templo era central para su fe. Después de la destrucción de Jerusalén, 2 Bar 31,4-5; 32,2-4 y 4 Esd 10,21-23. 44-59 esperaban una pronta reconstrucción. El Templo es el espacio entre el cielo y la tierra.

El Evangelio de Juan es compuesto cuando la ciudad y el templo están en ruinas. Como judío se pregunta por el plan de Dios, como seguidor de Jesús, ejemplo de judío (3,2), lleno de “gracia y verdad” (1,14.18), ve la Iglesia cristiana como la que lleva la fe de Abraham a un nuevo mundo; ¿esto no es un signo (cf. Is 45)?, ¿un dato de la historia para interpretar?, ¿un acontecimiento a la vista de todos, pero no naturalmente observable, como punto de partida para la reflexión creyente?

Las palabras de la Escritura (v.17) explican la purificación del templo; probablemente dando a entender que fue comprendido a la luz del Sal 69,9. Es probable que Jesús mismo interpretara acciones suyas como “cumplimiento”, pero Jn insiste que recién fue comprendido después de la resurrección. El AT da la clave de interpretación.

Veamos los dos vv. del Sal (LXX):

“Me he convertido en extraño para mis hermanos, y en extranjero para los hijos de mi madre. Porque el celo por tu casa me ha consumido, y las afrentas de los que te afrentan han caído sobre mí.”


Lo habitual es que los lectores entiendan no solo elk verso citado sino todo el contexto del Salmo; el alejamiento con respecto a los hermanos puede ser significativo en relación a Jn 2,12: se irán distanciando cada vez más a causa de su incredulidad.

Al pasar a futuro, el v.9, Jn lo transforma en profecía; “consumir” -especialmente en el contexto muerte-resurrección interpreta la acción como aquella que conducirá a Jesús a la muerte (con lo que, aunque el desplazamiento lo presente al comienzo del ministerio, la alusión a que este acontecimiento tiene que ver con la muerte de Jesús prepara la sentencia de la resurrección).

La lectura sobre el Templo, entonces, es diferente de la de Mc: “no hecho por manos” ciertamente lo ubica (cf. Heb 9,11) en un marco espiritual. En el cristianismo primitivo tenemos tres referencias al templo espiritual:

a. la Iglesia: cf. Ef 2,19-21; 1 Pe 2,5; 4,17 (cf. 1QS 5,5-6: 8,7-10; 1QH 6,25-28);

b. cada cristiano: cf. 1 Cor 3,16; 6,19; IgnFilad 7,2; 2 Clem 9,3 (2 Cor 6,16 enlaza ambas ideas) 

“Pero el Espíritu me hizo un anuncio, diciendo lo que sigue: no hagan nada sin el obispo; guarden sus cuerpos como los templos de Dios; la unidad de amor; eviten las divisiones; sean seguidores de Pablo, y así como del resto de los apóstoles, que ellos lo eran también de Cristo”. (Ignacio de Antioquia, carta a los Filadelfios 7,2);

c. está en los cielos: tradición apocalíptica: 2 Bar 4,5; cf. Ap 9,19; Heb 9,11-12.

El texto de Heb es importante para entender a Mc:

“Pero cuando Cristo apareció como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación, y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna.” (Heb 9:11-12)

Pero el tabernáculo no es en este caso la humanidad de Cristo (Agustín, Calvino) ya que está en el cielo.

En Jn es clara la insistencia en Jesús resucitado como templo (cf. Ap 21,22; Jn 1,14). La interpretación de Jesús como templo no parece extraña (cf. Mt 12,6: “Pues les digo que algo mayor que el templo está aquí”); Jesús es la realidad profunda de todos los importantes signos religiosos de Israel. Es la adoración nueva y distinta; una señal que apela al futuro, la comunidad escatológica, una “casa de oración”.

Finalmente, es interesante el paralelo con Mt 12,38-40: en ambos casos las autoridades piden un signo; en Mt la referencia es a Jonás, en Jn a la destrucción-reedificación del templo, pero en cada caso se alude a la resurrección al tercer día (Mt 12,40 [con 16,4] y Lc 11,29-30).

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

La aceptación sumisa del poder omnímodo

La aceptación sumisa del poder omnímodo

Eduardo de la Serna


Entre los años c. 187 a. C.-175 a.C, fue rey en Siria (lo que incluye “Judea”) Seleuco IV. Dejando claro a todos sus súbditos “quién manda y quien es el mandado”, como se ve, por ejemplo, en el cambio del calendario (todo empieza con nosotros), nombra a Olimpiodoro oficial responsable de los santuarios de la región. Esto queda grabado en piedra para que todos y siempre sepan cuál es su voluntad. Él pretende que estos templos “reciban los honores tradicionales con el cuidado que les corresponde”. El tema es largo y complejo, y el material es abundante.

Pretendo aquí detenerme sólo en un aspecto.

La potente ideología imperial ha logrado que lo que ellos imponen sea visto como algo “natural”, como que “así es la cosa”. Es a eso que se llama “hegemonía”. Todos – casi todos, para ser precisos – tratan de acomodarse a lo que el imperio va permitiendo, disfrutando sus “favores”, aprovechando los resquicios, soportando / resistiendo lo prohibido. Eso no impide la aparición de diferentes modos de resistencia en algunos, que va desde la no violenta hasta la armada, según los casos, los grupos y los tiempos. Es frecuente que, por ejemplo, algunos para resistir se trasladen al desierto, otros, aceptan incluso el martirio, y muchos – seguramente los más – aceptan sumisamente lo que la hegemonía les asegura que es “lo que es”. Muchos se adaptan incluso a las vestiduras propias griegas (incluso su característico sombrero, el petaso; ver 2 Mac 4,12), la alimentación (incluso el cerdo) y hasta los juegos gimnásticos…

Pero yendo a Olimpiodoro, es notable que muchos celebran que “gracias a la magnificente bondad del emperador podemos dar culto libremente en nuestro templo” (destaquemos que con los sucesores de Seleuco la cosa se agrava más todavía llegando incluso a verdaderas masacres, desapariciones y terrorismo de Estado, literalmente).

Pero lo interesante, teológicamente, en algunos grupos de resistencia, es el malestar con el “permiso”, la “libertad de culto” que el funcionario ahora autoriza. Lo que, para ellos, resulta evidente, es que si el Imperio nos permite dar culto a Dios eso indica que el Imperio está por encima de Dios; ¡nada menos! Ciertamente los que han aceptado mansamente la hegemonía imperial ven la nueva posibilidad como un alivio para sus creencias, pero no han sabido descubrir que en ella se esconde un Imperio más todopoderoso – nada menos – que Dios mismo. Es contra esto que también comienza la resistencia en algunos, lo cual, se agravará, en los años y gobiernos posteriores, como hemos dicho, con lucha armada en algunos casos, con una “aislación” (tipo fuga mundi) en otros, o incluso en la aceptación del martirio en unos pocos.

Es evidente que en los distintos tiempos de opresión que diferentes grupos buscan diferentes modos de resistencia, desde un simple “desensillar hasta que aclare” hasta la lucha armada, desde un aislarse del ambiente opresor hasta la resistencia explícita y pública… Pero no es menos cierto que, probablemente como modo de supervivencia, o quizás como una mansa imagen tipo “soy como vos, no me agredas”, o, peor aún, una actitud que hoy podemos llamar desde “masoquismo” hasta “Síndrome de Estocolmo”, lo cierto es que es habitual y frecuente la actitud de sumisión. Actitud que, en ocasiones, cuando más vehemente y violento se muestra el agresor, más sumisa se muestra la víctima.

Volviendo a los tiempos bíblicos (anteriores a la época de los Macabeos, para ubicarnos), ciertamente – y sin juzgar, ni levantar el dedo, ni condenar – el punto de partida radica en dónde, por qué, cómo, para qué nos ubicamos. ¿Alguien puede “condenar” al que, para salvar la vida, comía carne de cerdo, por ejemplo? Ciertamente, en los textos bíblicos sí hay, en algunos casos, condenas o rechazos firmes a estas actitudes, pero, insisto, ¿dónde nos paramos para analizar y ver?

Quienes creemos que “el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas”, no podemos entender que haya ídolos (de eso se trata cualquier cosa, persona, fuerza, idea, imagen que se ponga a la altura de Dios, o por encima de él) a los que adorar o venerar. Y valga esto para el Imperio seléucida, o para el Mercado, para Seleuco o para Trump… El Dios de la Biblia pretende ser abrazado, saludado, encontrado en el “derecho y la justicia”, allí donde hay víctimas (de esos mismos modelos, acotemos), atentos a sus “clamores”, respetuosos de sus vidas. Algunos, a pesar de la hegemonía (que, aunque esté grabada en piedra no es menos fútil y pasajera), seguimos creyendo que es desde aquí que estamos llamados a mirar, desde aquí invitados a obrar y amar, y allí convocados a permanecer. ¡Pueden llamarlo “resistencia”, si quieren!

 

Estadistas

Estadistas

Eduardo de la Serna



En el mundo antiguo, que se creía conducido, orquestado y determinado por los dioses y diosas y su voluntad, cualquier gobernante debía, indefectiblemente, hacer todo lo posible para conocer dicha voluntad a fin de aprovechar las posibilidades, reducir los riesgos o evitar catástrofes. No es el caso entrar en detalles y señalar augures, adivinos, oráculos o profetas, como personajes indispensables en cualquier corte; solo a modo de ejemplo señalo los sueños del faraón, en Egipto, que no pueden interpretar sus magos y sabios, pero que la sabiduría de José le permite, no solamente comprenderlos, sino pensar políticas adecuadas, las que darán solidez a su gobierno (ver Génesis 41). Obviamente, esta mirada supone una “teología” en la que los dioses han predeterminado todos los acontecimientos que ocurrirán “sí o sí”. 


En otras corrientes, precisamente por la siempre decisiva importancia de conocer el futuro (y no me estoy refiriendo a las tonterías horoscopulares) había – y hay todavía – quienes esperan una respuesta en los astros, las cartas, las/os brujas/os. En todos los casos, el criterio es el mismo. ¿Debemos?, ¿podemos?... ¿Es conveniente una alianza, una guerra, una cosecha, una invasión…? Evidentemente, conocer las cosas que los dioses, el destino, los astros o quienes fueran han decidido previamente y que indiscutiblemente ¡ocurrirán!, hacen que un gobierno (y un gobernante) sea o no exitoso.


Pero seamos precisos… en todos los casos, pasados o presentes, al enfrentar una decisión, sin duda alguna lo más sensato y prudente es hacer todo lo que esté a nuestro alcance para prevenir el futuro. Pero, y acá una mirada racional, es por lo menos infantil entender que el futuro está preestablecido y decidido de antemano por fuerzas extrañas; pero no es menos sensato saber que las decisiones tienen consecuencias y que estas pueden con mayor o menor grado de certeza, preverse. Hay cosas que siempre se concluyen de un hecho: tocar el fuego siempre quema; hay cosas que con notable frecuencia ocurren: en una batalla los poderosos vencen a los débiles (David y Goliat es solo una anécdota que se caracteriza por la excepcionalidad); hay cosas muy posibles… las hay improbables… las hay imposibles. En este caso, es interesante señalar que, en la Biblia, los profetas no son los que “prevén” el futuro, sino los que saben ver cómo mira Dios la realidad, y decir lo que Dios diría en determinados acontecimientos del presente. Afirmar que una sociedad que se olvida, o peor aún, maltrata y oprime a los pobres, es una sociedad que se va deshaciendo es algo que cualquier profeta sabe y ve. No porque conozca el futuro, sino porque conoce el pasado.


Es acá donde – en nuestro presente – se vuelve indispensable mirar y escuchar a las y los estadistas. Como antaño los horóscopos, hoy parece que los nuevos augures son las encuestas, que nos indican lo qué pasará. Y, hoy como ayer, como los horóscopos, una y otra vez vemos cómo las encuestas no dicen realmente lo que ya ha ocurrido (además de aquellas encuestadoras pagas para que digan lo que desean que se repita por parte de sus mandantes). Las y los estadistas son los y las que saben pulsar los tiempos, leerlos y hasta intuirlos. Obviamente que no estamos en el terreno de la infalibilidad, pero si de la notable probabilidad. Son estos y estas a quienes parece sensato mirar, leer, escuchar. Obviamente, hoy, como ayer, con frecuencia lo que dicen molesta, enoja, nos contradice… Pero, y es lo que importa, ¿ayuda o no a mirar por dónde?, ¿para dónde?, ¿cómo vamos?, ¿qué podemos prever?, y, por tanto, cómo prepararnos para enfrentar los malos y los buenos momentos por venir. No serán, hoy, los sueños del faraón, las cartas del tarot, el horóscopo oriental, las voces divinamente inspiradas sino personas muy, muy encarnadas que saben leer los “signos de los tiempos” quienes nos ayudan a pensar, nos ayudan a entender y nos ayudan a prepararnos… Nada menos.


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