miércoles, 24 de agosto de 2016

Una verdad zoológica

Una verdad zoológica


Eduardo de la Serna



Se suele decir, en algunos ambientes al menos, que “la verdad” no existe. El tema encierra una discusión filosófica en la que no quisiera entrar. Con este tema de fondo el Papa Benito XVI hablaba de la “dictadura del relativismo”, por ejemplo. A lo mejor un principio de “encuentro” radique evitando dos posturas extremas (“no existe” y “es esta”).

Si hay un muerto, por ejemplo, hay una “verdad”. El muerto está ahí, no se trata de un holograma o una ficción. La discusión estará en buscar las causas, el nombre, responsables, si los hubiere… Y, todavía, hay medios para conocer mejor la “verdad” del nombre: el ADN, de las causas: una autopsia… Lo que me interesa en este caso es destacar que hay una serie de datos “duros” que se pueden afirmar sin dudarlo y esos constituyen “verdad”.

Después, en torno a determinada “verdad” se pueden construir centenares de “interpretaciones”, “miradas”, “lecturas”… Algunas que dependen “desde dónde” se mira la “verdad” en cuestión, y – en algunos casos – otras desmontables al ahondar el hecho. El tema es interesante, pero tampoco es eso lo que acá interesa.

¿Qué ocurre cuando lo que se dice no condice con la “verdad” establecida por el dato “duro”? Si hubiera ese tal muerto y alguien dijera que lo vio caminando dos días después no quedan más que dos posibilidades: 1. No estaba realmente muerto, 2. El testigo no dice la verdad (después quedará para el análisis por qué no lo dijo, si error, si mentira, si corrupción, etc.). Pero si el dato “duro” es que el muerto realmente lo estaba, la variante (1.) queda desmontada y sólo queda la (2.), el testigo no dice “la verdad”. Acá no entra en discusión lo “relativo” o que “la verdad no existe”; ¡esa verdad existe!

Valga esta extensa introducción para mirar algunos elementos del discurso oficial del gobierno… Desde la campaña era sistemático el uso de “datos duros”: “el país no crece desde hace 4 años”, “el déficit es de 7%”, por ejemplo que “la verdad” desmentía (y no hablo de los medios hegemónicos de prensa que en esto abundan… ¡y dañan!).  Y luego siguieron, ¡y siguen!, que “empezaron a llegar las inversiones”, que “creció el empleo”, que la “pesada herencia”, y cientos de cosas más que se repiten sueltos de cuerpo. Preferentemente en espacios donde no habrá repreguntas porque “la verdad” los desmiente.

Siendo esto así, el refrán popular “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso” se ejemplificó en el cuento del “pastorcito mentiroso” o de “Pedro y el lobo”. Pero no podemos negar que hay quienes eligen que les mientan. Conozco gente que frente a una “verdad dura” prefieren decir “¡no me cuentes!”, (¡y vale también para los 30.000!), y recuerdo (ya lo he contado) en plena guerra de Malvinas haber hablado con uno que decía que “vamos ganando” porque lo decía la prensa hegemónica. Cuando le dije que otros medios extranjeros decían que así no era “la verdad” me dijo “¡prefiero que me mientan los míos!”

En este contexto, de “verdad” y mentira (porque cuando se sabe que no es verdad no se entra en el error, o la mala información sino claramente en la “mentira”) uno elige a quién creer y a quién no. Insisto, así como existe “la verdad”, existe “la mentira”. Y, debo confesarlo, yo, en lo personal, elijo no creerle al gobierno, y especialmente al Presidente. No le creo a las amenazas al Presidente, no le creo a las amenazas a la Gobernadora. Victimizarse es muy conveniente cuando la imagen cae en picada. Y más si un juez amigo puede responsabilizar de todo a Cristina (me dicen buenas fuentes que también fue responsable del terremoto en Italia). Debo decir que “no le creo nada”, o parafraseando a mi viejo: “¡si Macri me dice ‘buen día’ voy a buscar un paraguas!” Aunque, como no son tontos, cada vez veo más claro que como los verdaderos “dueños” ven que la cosa se cae en pedazos, mantienen en pie su “Plan B” y Sergio Tomás queda allí, intocable. ¡Nunca se sabe! Y debo reconocer que a Massa, ¡tampoco le creo nada!

A nadie le importará que no les crea, pero me siento libre de decirlo: ¡no les creo! En especial por una cuestión biológica: me cuesta creer que un pingüino ande con lobos, pero – en cambio – es habitual ver juntos a buitres y chacales.



Foto tomada de deilusionarecuerdo.com

martes, 23 de agosto de 2016

Comentario domingo 22C




El desafío de medir con la medida del reino

DOMINGO VIGESIMOSEGUNDO - "C"



Eduardo de la Serna




Lectura del libro del Eclesiástico     3, 17-18. 20. 28-29

Resumen: Dos actitudes diferentes ante el conocimiento marcan dos conclusiones distintas. La humildad que nos pone en el encuentro con Dios, y la falta de conocimiento de las propias fuerzas, el orgullo que nos extravía y nos conduce al pecado.

Una serie de proverbios que aluden al padre y la madre (3,2-16) preceden una nueva unidad en la que la humildad (tapeinôs) y su opuesto, son protagonistas (3,17-29). En 3,30 comienza una nueva unidad centrada en la actitud frente a los pobres (3,30-4,10).

El que obra con humildad será amado (v.17), hallará gracia (v.18) y “glorificará a Dios” (v.20). Por el contrario, a los que no reconocen sus propias fuerzas, les espera el descarrío y el extravío (v.24). Teniendo en cuenta que las fuentes de la sabiduría son lo que nos es “encomendado” (v.22), la escucha atenta de las “parábolas” (v.29) se muestra un evidente contraste entre el corazón endurecido (kardía sklêrà) (v.26) y el corazón sabio (kardía sinetou) (v.29).

Es muy probable que el autor esté escribiendo en conflicto con los pensadores griegos, y a ellos se refiera al aludir a quienes tienen un corazón endurecido, son orgullosos, el pensamiento los excede. En ese caso se estaría refiriendo a ellos en contraste con la sabiduría de Israel. Como se ve, en estos casos el autor no está aludiendo a la humildad como actitud frente a la vida, sino en cuanto al conocimiento, de allí su contraste ante los que los sobre pasa. Esta humildad ya era frecuente en Sir (1,27; 4,8; 7,16-17; 10,26-28), Proverbios (11,2; 15,33; 18,12; 22,4) e incluso en la regla de Qumrán (1QS 2,23-25; 3,8-9; 4,3; 5,3.24-26). La diferencia viene dada por un lado por la humildad del ser humano ante Dios y por otra la actitud soberbia de no reconocer los límites.


Lectura de la carta a los Hebreos     12, 18-19. 22-24


Resumen: dos posibilidades se le presentan a los cristianos, seguir los caminos de la idolatría, o seguir el camino del encuentro, de la gracia, de la fiesta que es el camino de la fidelidad –santidad- a las cosas de Dios. Este encuentro festivo nos hace desde ya participar desde el bautismo –aunque podríamos rechazarlo- de las cosas de Dios.



 La carta a los Hebreos está concluyendo, y el autor quiere exhortar a una vida coherente con todo lo que ha señalado en la carta, muchos de los temas que aquí retomará brevemente a modo conclusivo. Destaca aquí la urgencia de una vida “santa” y en paz (12,14), y presentará en 12,14-29 la santidad y en 13,1-19 la vida en paz con el prójimo.

Señalando la santidad, destacará que la infidelidad es una posibilidad; tal es el caso de Esaú (v.16). En este caso, destaca que hay 3 elementos fundamentales que se deben evitar: verse privados de la gracia, evitar toda “raíz amarga” y que no haya “fornicarios”. Particularmente estos dos últimos casos, aluden claramente a la idolatría (la “raíz amarga” es cita de Dt 29,17 donde habla de la idolatría; y la “fornicación” es habitual metáfora de la idolatría, cf. Jer 2,20; Os 1,2; Ez 16,15-19). El amor a los propios intereses, a lo material (como la venta de la bendición de la primogenitura de Esaú) puede hacer olvidar a Dios mismo. Por eso contrasta dos actitudes en “el monte” (vv. 18-24). Por un lado la experiencia trágica en el monte Sinaí (vv. 19-20, omitida en la liturgia; con alusiones a Dt 4,11-12; 5,22-27; Ex 19,16-19; 20,18 destacando la dimensión terrorífica del acontecimiento cosa que logra sin mencionar a Dios en toda la unidad); y –por otro lado- la experiencia salvífica en el monte Sión (vv.22-24) donde alude a la “Jerusalén del cielo” (cf. 11,10.16). Ciertamente el contraste viene dado en el Sinaí, como “emblema” de Israel, y la “Jerusalén celestial” como imagen de la Iglesia; es la ciudad esperada por los patriarcas (11,10), la ciudad de descanso del pueblo definitivo (10,16.19). El clima del Sinaí es de angustia, negativo (e impersonal, ni el pueblo ni Dios aparecen), no hay relaciones humanas, no hubo alianza, de aquí que no hay nada que lamentar en que esa etapa haya sido superada. En la otra experiencia, en cambio, todo es encuentro, hay personas, hay Dios, hay fiesta. Dios no es el terrible, sino el cercano, hay reunión pacífica y fraterna (y sororal, acotemos). El clima de fiesta (v.22; cf. Dt 7,10) es de alabanza, asamblea, adoración, de “nueva alianza”. Alianza de una sangre que habla mejor que la del justo Abel (cuya sangre es un clamor que Dios escucha, Gen 4,10).

Teniendo en cuenta las maravillas del AT el autor las toma para destacar la superioridad excelente de las cosas nuevas; una liturgia donde miles de ángeles participan (v.22), un reino indestructible (v.28). Mientras al monte Sinaí no podían acercarse y tocarlo (v.20) al monte Sión se acercan, como el Hijo de hombre se acercó al trono del Altísimo a recibir el reino universal y eterno (Dn 7,14.18). Se participa ya de lo que se anuncia como futuro (10,25) y ocurrirá cuando Cristo venga (9,28).El bautismo nos hace participar desde “ya” de lo que “todavía” esperamos. La vida en la “asamblea” (ekklesía) de los “primogénitos” (lo contrario de Esaú, que “vendió su primogenitura”) compromete desde “ya” a una vida concreta –aquí y ahora, encarnada, en el “mundo”- a los bautizados (10,24-25), a ser hospitalarios (13,1; algo fundamental en el cristianismo de la segunda generación en adelante).

Ahora bien, si los que escucharon y no siguieron la voz del Sinaí, perecieron, ¡Cuánto más! Ocurrirá a los que rechacen hoy la voz del cielo (ya hemos visto este procedimiento típico judío llamado kal wahomer) (v.25), algo que –siguiendo al profeta Ageo 2,7 ocurrirá en los días finales (vv.26-27 citando una parte solamente de Ageo en su versión griega para destacar el temblor, cf. Jue 5,4; Sal 68,8). Pero esta parte ya se encuentra omitida por la liturgia.





+ Evangelio según san Lucas     14, 1. 7-14


Resumen: Dos escenas en torno a una mesa se suscitan a partir de la comida a la que Jesús es invitado. En ambas Jesús propone el desafío contracultural del reino en la que los valores tradicionales son subvertidos, sea el valor del reconocimiento público del propio honor, o la retribución que se espera luego de que se ha dado un banquete. La mirada desde los últimos vuelve a ser propia de Jesús y su lógica.

En una nueva de las frecuentes comidas de Jesús, propias de Lucas, se desencadenan una serie de acontecimientos y debates. La liturgia, luego de presentar el marco narrativo (la comida en casa de uno de los jefes de los fariseos) omite el primer debate sobre el sábado y empieza una serie de temas sobre las comidas.

En primer lugar una intervención al notar que los invitados eligen los primeros lugares (v.7) que finaliza con un frecuente dicho errante (v.11; cf. 18,14; Mt 23,12; cf. Sgo 4,6.10; 1 Pe 5,6). Luego se señala un nuevo dicho (v.12), esta vez dirigido a quien lo había invitado finalizado con una “bienaventuranza” (v.14). Ante una nueva intervención de un comensal (v.15) Jesús pronuncia una parábola (vv.16-24) que finaliza con un dicho del personaje principal, mientras que en v.25 comienza una nueva escena nuevamente con Jesús “caminando”. La liturgia nos presenta los dos primeros momentos, y omite la parábola ilustrativa de toda esta escena.

Las diferentes actitudes de Jesús en las comidas –particularmente la importancia que Lucas les da- muestran elementos que deben destacarse de modo importante. Tenemos comidas con “publicanos y pecadores”, en las que lo habitual es la “murmuración” de los testigos, y comidas en casas de fariseos que parecen seguir en cierto modo el esquema del género literario de los simposios (Plutarco). Esto es una comida a la que un personaje importante es invitado y –a partir de algo fuera de lo común que este hace- se desencadena un debate entre los asistentes. En este caso, lo que Jesús –el invitado- hace, es curar en sábado. Pero luego de este pequeño diálogo sobre el sábado, encontramos las escenas mencionadas.

Es bueno destacar que en el mundo antiguo habitualmente no se come sino con quien es “como uno”. El esquema visible del “honor” hacía imposible que uno compartiera la mesa con alguien con menor honor ya que eso manifiesta pública y visiblemente que uno se reconoce públicamente como des-honroso. Jesús es invitado porque para los fariseos se trata de alguien de un honor semejante (y por eso escandaliza cuando come con personas de menor honor, como es el caso de los publicanos). Sin embargo, hay algunas ocasiones en las que un banquete incluye gente de los más diversos grados de honor. Es el caso –por ejemplo- de un homenaje a un benefactor, en el que todo el pueblo participa. Sin embargo, los lugares en la mesa son indicio visible y evidente de las diferencias de honor de esos mismos participantes. Junto al agasajado se sientan los principales, y a medida que se van alejando, el honor es menor, terminando con clientes y esclavos. Un indicio de esto es que en la mesa no comen todos lo mismo, y mientras junto al homenajeado se sirven los mejores manjares, en la otra punta la comida es vulgar. Elegir los primeros lugares es –precisamente- una manifestación pública y visible del honor con que una persona se auto-comprende. En este sentido, ir a ubicarse al último lugar es a su vez una manifestación también visible del lugar que uno mismo se asigna. Es estigmatizante, y a su vez es una manifestación pública del honor que uno se asigna ante los demás.

Jesús es invitado a casa de un “jefe” (arjontes) de los fariseos. Los “jefes” suelen ser adversarios de Jesús (23,13.35; 24,20; Hch 3,17; 4,5.8.26; 13,27) pero en este caso parece referir simplemente a un líder del grupo. Pero ya sabemos que estos quieren ponerle una trampa a Jesús en lo que diga (11,53-54) y que se “las dan de justos delante de los hombres” (16,15), por tanto que esta invitación a comer sea un sábado deja abonado el terreno del conflicto. Por tanto, no es razonable leer lo que sigue a continuación como meros dichos neutros, como “notas de mesa”.

En este caso Jesús presenta una parábola (aunque no lo sea precisamente), y se trata de una boda. Precisamente una fiesta a la que el pueblo entero está invitado. Es una característica parábola de actitudes contrapuestas (“no te pongas en el primer lugar” / “ve a sentarte en el último puesto”) que parece inspirarse en textos sapienciales (Pr 25,6-7; Sir 3,17-20), a lo que se añade la valorización cultural del “honor”. Ver que “buscan el primer lugar” (prôtoklisias) es algo que Mt 23,6 había señalado y Lucas en su paralelo de 11,43 había omitido, quizás para reservarlo a este momento. El honor (v.10) y la vergüenza (v.9) muestran esta diferencia contrapuesta. Sin embargo, la escena que parecería una estrategia precisamente para visibilizar el honor ante todo el mundo, finaliza con un dicho de Jesús que invita a otra lectura.

Pues todo el que se ensalce, será humillado y el que se humille, será ensalzado” (v.11). Evidentemente encontramos aquí también una escena contrastante como la de la parábola; sin embargo, lo que llama la atención en este caso es la doble voz pasiva (será humillado / será ensalzado). Como es frecuente en la Biblia –especialmente en el período post-exílico, la voz pasiva es un modo frecuente de aludir a Dios sin nombrarlo (obviamente es algo que se da cuando no es visible quién es el hacedor del verbo). En este caso lo que se afirma es que Dios ensalzará y Dios humillará. Y esto nos cambia el enfoque de la escena. No se trata de ser exaltado / humillado por el que nos ha invitado a la cena, sino por Dios mismo. Esto indica que para Jesús Dios ve nuestra realidad con otros ojos distintos a aquellos con los que la sociedad ve a las personas. Los que son tenidos por valiosos (honor significa “valor” para el mundo antiguo; lo que una persona vale para la sociedad) no necesariamente son valorados por Dios. Mientras la sociedad contemporánea veía a determinadas personas (por su oficio, por su familia, por su trayectoria, por ejemplo) con un honor que los ponía por encima o por debajo de los demás, Jesús nos dice que Dios no lo ve así; la voz pasiva nos indica que Dios lo ve precisamente a la inversa. La sociedad de su tiempo valoraba que una persona se mostrara ante todos como importante, mientras que rechazaba a los que se mostraban humildes; es interesante notar que la “humildad” era habitualmente tenida por defecto, no como virtud por los moralistas griegos;; como algo propio de los esclavos, por ejemplo. El término es propiamente cristiano (recordar que el término, en la primera lectura no se refiere a la humildad como virtud sino en referencia a lo intelectual, al aprendizaje). La inversión de los valores en la dinámica del reino es algo habitual en Lucas: 1,48.52; 3,5; 10,15; 14,11; 18,14; Hch 2,33; 5,31.

En un segundo momento se dirige al que lo había invitado, el jefe de los fariseos. La sociedad antigua era sumamente exteriorizada: el homenaje a un benefactor debe ser bien visible por todos: un banquete fastuoso, una estatua o un templo dedicado a una divinidad en su honor; todo debía hacerse a la vista de todos. Pero precisamente por eso, también a la vista de todos debía manifestarse la gratitud por los beneficios recibidos. Si uno era convidado a un banquete importante, debía dar otro banquete a su vez, y éste debía ser más suntuoso, con más invitados, para manifestar la gratitud con aquel que nos ha convocado. No ser suficientemente agradecido era sumamente grave. Jesús, entonces, propone una nueva actitud, nuevamente contracultural. “Cuando des… no invites” (el mismo esquema que en v.8). Lucas varía indistintamente las palabras [cena (v.12), boda (v.8), comida (v.12), recepción (v.13)], y aquí se refiere a una “recepción” (doxê), como la que Leví ofreció a Jesús (5,29). Los cuatro invitados habituales contrastan ahora con cuatro inesperados: pobres, lisiados, cojos, ciegos (los mismos cuatro –por otra parte- que se repetirán en la parábola que viene a continuación (v.21; cf. 7,22 sin “lisiados”); son grupos excluidos del sacerdocio (Lev 21,17-21, e incluso de la guerra santa para los miembros de Qumrán (1 QM 7,4) y del banquete escatológico:

Que ningún hombre contaminado por alguna de las impurezas de hombre entre en la asamblea de éstos; y todo aquel que está contaminado por ellas que no sea establecido en su función en medio de la congregación. Y todo el que está contaminado en su carne, paralizado en sus pies o en sus manos, cojo, ciego, sordo, mudo, o contaminado en si carne con una mancha visible a los ojos, o el anciano tambaleante que no puede mantenerse firme en medio de la asamblea, éstos no entrarán a ocupar su puesto en medio de la congregación de los hombres famosos, porque los ángeles de santidad están en medio de la congregación” (1 QSa 2,5-6)

La referencia en primer lugar a los pobres parece ser inclusiva, y puede leerse: “invita a los pobres, como por ejemplo, a los lisiados, cojos, ciegos...). El contraste –evidentemente- está dado entre los que pueden y los que no pueden “invitar a su vez”, es el modo de ser “compasivos, como es compasivo el Padre” (6,36), como en la escena anterior, Jesús invita a medir con “la medida del reino”..

Pero esto destaca a su vez otros elementos: por un lado, una renuncia no sólo a lo visible y exterior, sino también un reconocimiento de una igualdad explícita que viene dada por la comunión de mesa. Pero esto incluye una renuncia al honor al que se tiene derecho y en el que se manifiesta –siempre visiblemente- la valía que la sociedad reconoce a determinada persona o colectivo. Invitar a los que no tienen honor no es –solamente- un gesto de “caridad”, es una estigmatización social, un aceptar ser –ante todos- de bajo honor en la mesa compartida. Por otro lado, la gratuidad, que es algo propio de la lógica del reino. Éste no se guía con el “do ut des” (te doy y me das) propio de cierta religiosidad, y la lógica mercantil, sino del simple dar, como donación de sí.

Una nueva “voz pasiva” que refiere a Dios concluye la unidad: “(Dios) te recompensará en la resurrección de los justos”. El “banquete” es expresión escatológica (cf. 13,29) y alude, por lo tanto, a la resurrección, la cual –por otra parte- era particularmente creída por los fariseos (cf. Hch 23,6)..





Foto tomada de http://petryknorberto.blogspot.com.ar/2011/01/la-gastronomia-en-la-roma-antigua-y.html

lunes, 22 de agosto de 2016

Tampoco fue magia

Era mío / nuestro. Ya no, y “no fue magia”


Eduardo de la Serna



Con palabras precisas, a veces raras, se dice lo que cada vez vamos viendo con más nitidez: se habla de “transferencia de recursos”, de “grupos concentrados” o cosas semejantes que significa que lo que antes era “nuestro” ahora es “de otros”. A esto en un momento lo resumí diciendo que «antes decíamos que “la patria es el otro” pero ahora “la patria es del otro”». Que es semejante a parodiar afirmando que «en la nueva Argentina los únicos privilegiados son los CEOs».

Debo decir que no tengo claro a dónde vamos. O, para precisar, cómo sigue o cómo termina esto. Por momentos me da la sensación que quieren “abrocharnos”, tomar todo lo que se pueda hasta que un helicóptero los deposite en su casa (o country), pero por momentos pareciera que quieren perpetuarse, algo que vislumbro difícil. No sé cómo, menos aun cuando, pero no me imagino que esto termine bien, o que termine pacíficamente. Y, dolorosamente, esto significa muertos. Muertos que casi siempre los ponen los pobres. Y, vista la vocación macrista de alentar la represión, hacer protocolos infames, e incluso convocar a las Fuerzas Armadas a ilegales e irracionales cuestiones de seguridad interna no imagino que ese fin-no-pacífico suponga pocas víctimas. Lamentablemente.

Debo reconocer que coincido en algo con Maurizio Macri, en que este es el mejor equipo de los últimos 50 años. “El mejor” para esta política perversa, genocida por goteo, de una democracia que los curas opp hemos calificado de “baja intensidad” para no caer en el mirtalegrandismo de afirmar que “esta es una dictadura”, porque parece que una o mil cadenas nacionales son más graves que las represiones indiscriminadas, la cooptación de los otros poderes y del sindicalismo, la complicidad del mal llamado “cuarto poder” (¿cuarto?, ¿no parece primero?) y la mentira sistemática.

Una vez escuchaba a un experto en medios afirmar en un reportaje que “los MCS son como una linterna, que iluminan hacia donde apuntan, pero dejan en oscuridad aquello donde no miran”. Debo decir que coincido con la segunda parte, pero no con la primera, al menos no necesariamente. Porque cada vez es más evidente que más que a una linterna se parecen más a un ilusionista que hace creer que es realidad lo que en realidad es una ilusión (o una mentira), una ficción creada por ellos. Sí es cierto que hay toda una enorme realidad por “detrás” de aquello que se muestra. Una realidad que “quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia. Quien quiera oír, ¡que oiga!

Lo cierto es que era nuestra la educación, era nuestra la energía (luz y gas), y el agua, era nuestro el ARSAT, y las jubilaciones, eran nuestros los Derechos Humanos y hasta el fútbol… y hoy vemos que cada vez más el país va dejando de ser nuestro. Nos endeudaron nuevamente y nos siguen endeudando. El Fondo Monetario Internacional vuelve a auditar nuestras cuentas, las jubilaciones van en camino a desfinanciarse para que los bancos vuelvan a apoderarse de los recursos (también ahí), la política de Derechos Humanos la fija el diario La Nación, como Blaquier la pseudo-constitución de Jujuy con su “che, pibe” a cargo de la gobernación; la ‘Corte Suprema de la vergüenza 2.0’ patea para adelante los tarifazos y el que quiera ver fútbol gratis que se vaya a Cuba. Y todo esto tampoco “fue magia”. Fueron votos. Lamentablemente fueron votos, muchos hoy tardíamente arrepentidos.

El mejor equipo de los últimos 50 años no deja detalle por apropiar. Y lo que no le interesa se anula. El monumento a la mujer originaria es un buen ejemplo de esto, casi como los animalitos en los billetes. La cosa es que el gobierno niegue la (otra) historia (incluso la reciente y los 30.000) y se reafirme la oficial, aquella de se celebró en el Centenario y hoy repetimos frente al monarca caza elefantes, angustiados y sin hermanos de la Patria Grande. Al fin y al cabo no hay que pensar ni repensar la historia que ya bien la escribió Mitre y repiten los vasallos de la tribuna de doctrina.

Una de mis “eternas discusiones” con mi amigo Jorge es que yo sostengo que determinados personajes no merecen el honorable título de “poetas”. Creo que es un nombre que a la inmensa mayoría le queda grande; como el de “artista”. Aplicado a esto, creo, también que hay muchos que no merecen el título que se endilgan o que se les da de periodistas o historiadores, por ejemplo. Ilusionistas de la palabra son generadores de realidades falsas. Las mismas que el gobierno y sus voceros propalan sistemáticamente sin el más mínimo esfuerzo para que entre “palabras” y “verdad / realidad” haya el más mínimo correlato.

No fue magia, fue el ilusionismo de los globos amarillos, fue el repiqueteo persistente del “miente, miente”, fue la sistemática cadena nacional de la “pesada herencia” y la “ruta del dinero” y la corrupción “que se conjuga en pasado” (porque los Papamá Papers no existieron), fue el cretino de López y otros como él, y fueron los clown mediáticos. Fueron y son. Porque ellos también son responsables del dolor y padecimiento del pueblo. Ayer usaron a los militares, hoy utilizan a los medios. Y si mañana nuevamente empezara la reconstrucción del país que están devastando, serán estos y no “ellos” los que serán juzgados y condenados. Porque, hemos de decirlo – y más con un Poder judicial absolutamente cómplice de sus “hermanos de raza” (o de clase) – los ejecutores podrán ser juzgados, en cambio ¡los artífices, no! Massot, Blaquier y Magnetto son viva prueba de ello. Por eso no fue magia, sino ilusionismo. Pero la vida y la muerte de los pobres nos siguen exigiendo un lugar donde estar, donde vivir, donde gastar las energías y donde esperar un mañana. Mañana que esperamos, y por el que militamos.



Foto tomada de www.saposyprincesas.com

jueves, 18 de agosto de 2016

Huelga, ayuno, dieta...

Huelga, ayuno, dieta… y otras yerbas

Eduardo de la Serna




Aunque los términos digan más o menos lo mismo, cada uno tiene su contenido, y en ellos encierra matices. Y, por lo tanto, no dicen lo mismo aunque parezcan. Y que son distintos es algo que bien saben los mentimedios, al decir de Mempo Giardinelli, los mentirosos o los poetas.

El término ayuno pertenece al lenguaje religioso. Se supone que haciendo tal cosa (o, en este caso, dejando de hacerla) es más pleno, o más fluido, o sólo así eficaz el contacto o encuentro con la divinidad. No son pocas las culturas religiosas que exigen un ayuno a sus fieles para estar disponibles a la intervención de Dios. Bien se puede señalar, mirando la antropología cultural, que el control sobre los orificios (alimento y sexo) suele ser expresión también del modo social de relacionarse (Mary Douglas); el control de los cuerpos refleja el control social. En esto, el ayuno manifiesta, en cierto modo, cómo es el Dios en el que determinada cultura cree. En el Israel bíblico, por ejemplo, sabemos que el ayuno es expresión de verdadera religiosidad en diferentes grupos como los fariseos, los esenios o los discípulos de Juan el Bautista. Aunque Jesús ha parecido distante de esta práctica sí parece frecuente en el inmediato cristianismo; pero no tanto como práctica religiosa necesaria – que no lo es – sino como signo. Sin duda no se significa con esto que el alimento sea malo, aunque en algunas culturas puede ser visto como preparatorio a desenfrenos (especialmente en la bebida). De este modo, el ayuno es visto como “auto-control”, como algo que capacita para estar bien preparado para el encuentro con la divinidad.

La dieta suele ser presentada como un acto concreto en orden a cuidar o mejorar la salud. Sea por un problema orgánico que requiere evitar determinados alimentos, sea por motivos estéticos en los que – con razón o sin ella – uno o una pretende verse mejor. En estos casos puede ocurrir que uno pueda o deba prescindir de determinado alimento, pero no de otros ya que son ciertas propiedades las que debe evitar o cuidar. “Estar a dieta” por problemas orgánicos (vesícula, riñón, páncreas…) o por verse mal (habitualmente gordura) lleva a exigirse una (rigurosa) dieta. La esclavitud del “cuerpo bello”, especialmente ante la falsa propuesta de determinados varones o mujeres como “modelos” de lo que se supone debiéramos ser, invita en muchos casos a la pregunta de la sensatez de determinadas dietas.

Una huelga, en cambio, suele ser un gesto visible de solidaridad. Una huelga de trabajo, es decir la suspensión del mismo, suele tratarse de un acto solidario en el que un colectivo pretende que determinada situación, que afecta a un grupo con el que se está en relación, cambie. En cierta manera una huelga es un acto de firmeza, vigor y – hasta, en determinados casos – de violencia. Una huelga de transporte es un acto de violencia controlada y limitada que pretende manifestar la solidaridad y conseguir con la “molestia” un llamado de atención y, eventualmente, un cambio. Una “huelga de hambre” puede entenderse como “la menos violenta de las huelgas” en cuanto que no afecta a terceros, pero quizás también la más firme o vigorosa. En general, como hecho, es más simbólico que real, pero no deja de ser muy movilizador. Ha habido casos que terminaron en muertes, pero lo habitual no es esto. La huelga de hambre es una denuncia pública y visible, en muchos casos fundamentalmente simbólica; y en esto sí afecta a la sociedad.

En los tres casos se trata de un mismo hecho: no ingerir alimentos, pero el nombre cambia según sea la motivación. Ayuno si esta es religiosa, dieta si es estética o médica y huelga (de alimentos) si es política (lo que no quita – sin duda – que una motivación religiosa puede llevar a una huelga, ¡que casos hay por miles!). En el primero de los casos la motivación religiosa es primero Dios (sea por creer que para el encuentro con la divinidad es preferible o bueno; en estos casos no es diferente del ascetismo); en el segundo una motivación física para recuperar la salud, real o ficticia; en el tercero para conseguir o evitar un fin social o político. En ninguno de los casos se sostiene (aunque en el primero podría haber alguna desviación en ese sentido y en el segundo alguna patología) que el alimento sea algo malo.

Una breve nota merece – en continuidad con el control de los orificios ya señalado – la vigilancia sobre determinado tipo de alimentos. El tema ritual (con lo que se aproxima al ayuno en este aspecto) indica que determinado alimento o determinado modo de cocción está vedado por voluntad de la divinidad. El tema de la pureza y los tabús (también lo plantea Mary Douglas) merece un buen análisis y es – por ejemplo, en el mundo bíblico – característico de Israel que no puede comer determinados animales impuros (cerdo, mariscos), y otros puede comerlos matados de determinada manera (desangrado) o cocinados de otra (no cocinar el cabrito en la leche de su madre). Del mismo modo que determinada vestimenta caracteriza a determinadas culturas, lo mismo – se entiende – ocurre con determinados modos o costumbres de alimentación. Se trata, en estos casos, de una cuestión de identidad.

Otra nota merece una grave patología de nuestro tiempo: la bulimia y la anorexia. Sin duda se tratan de enfermedades que merecen atención clínica y psiquiátrica, pero – en cuanto al aspecto visible – se trata de lo mismo: no ingerir alimento. Sin dudas las motivaciones (ocultas) han de buscarse en otros lugares a los mencionados, aunque se racionalice – a veces, al menos – como una suerte de “dieta” encubierta.

Pero queda un elemento más, sin dudas el más grave. El principal. El urgente: ¡¡¡el hambre!!! Hay millones de personas que no ingieren alimento y no hay motivaciones religiosas, médicas o solidarias que le den sentido al (no)hecho. Hay injusticia, inequidad, ¡¡¡hay derroche!!! Y, por el otro lado, hay pobreza, carencia… muerte. Hay sistemas que provocan justa distribución del ingreso, mientras que hay sistemas que propugnan el individualismo, la indiferencia, la meritocracia emprendedora. Hay, en la inmensa extensión mundial, millones de personas que no ingieren alimentos (o ingieren algunos de pésima calidad nutricional), y mal harían los que en nombre del ayuno religioso entienden su actitud como “encuentro con la divinidad”, mal harían los que desperdician alimentos y los que pretenden solidaridad con causas nobles no dimensionando que el alimento del que prescinden bien serviría – al menos en parte pequeña – para los hambrientos del mundo.


Y hay momentos en los que algunas circunstancias confluyen: algunos creemos que el ayuno puede permitir un mejor encuentro con la divinidad en la medida en que ese alimento sirva para saciar al menos una boca de herman*s; algunos creemos que los sistemas económicos de hambre se despreocupan (o, lo que es peor, preocupan, porque así les “cierra” su esquema de la copa llena que jamás rebalsará) de los dolores y angustias de l*s herman*s; algunos creemos que hay una solidaridad urgente que despierte a los miles de dormidos e indiferentes. La economía hambreadora del macrismo nos exige a los creyentes en el Dios de la vida una palabra y una intervención. Una huelga de hambre, movida por el caso concreto de la injusticia flagrante contra Milagro Sala es a su vez un grito contra un modelo. Porque Milagro representa un modelo a la vez que Gerardo Morales representa exactamente el contrario (sólo que Morales tiene poder y un séquito de obsecuentes judiciales que le dicen “sí, patroncito” a la vez que él repite lo mismo en los ingenios). Ambos representan modelos que, precisamente, tienen que ver con la comida de los pobres, con la vida digna. La huelga de hambre es, precisamente, un grito de solidaridad para que los sordos oigan, para que los mudos hablen y se abran los ojos de los ciegos, precisamente y especialmente de aquellos que eligen no ver, oír o hablar. La huelga de hambre no es para los huelguistas, es para que no tengan hambre los hambrientos, para que tengan justicia las víctimas del estado policial jujeño y – sobre todo – para que muchos y muchas, ojalá la mayoría, empiecen a gritar ¡basta!, ¡pará la mano! E insistir en aquello del pueblo unido. Aplicar una política de hambre no es un derecho que un gobierno tiene; es más, resistir contra ella es una obligación de los cristianos. Algunos nos llamarán “golpistas”, “intolerantes” y “sembradores de violencia”… la ironía es que, por ejemplo, entre otros, eso lo digan en los almuerzos televisados.


martes, 16 de agosto de 2016

Comentario domingo 21C

Jesús nos invita a un banquete si somos hacedores de justicia
Domingo 21º durante el año – “C”


Eduardo de la Serna


Lectura del libro del profeta Isaías     66, 18-21


Resumen: a pesar de haber sido con frecuencia interpretado como un texto misionero, Isaías parece estar hablando del compromiso de Dios con el rescate de Israel. Rescatará a los que han escapado a las naciones y los hará volver a Jerusalén (los mismos opresores los llevarán cómodamente) donde serán parte de los hijos de Israel, y darán culto enfrentando al poder sacerdotal centralizado.


La liturgia nos propone hoy la última unidad de todo el libro de Isaías. Una unidad (66,18-24) con dos partes entrelazadas, una en prosa (vv.18-21) y otra en verso (vv.22-24) que presenta innumerables problemas para su traducción e interpretación.

Por ejemplo: las naciones (= pueblos o territorios  paganos) que se reunirán: ¿serán un castigo divino a Israel (es decir, lo dominarán [oráculo de castigo]; cf. Sof 3,8; Jer 1,15; Am 3,9)? ¿Serán castigadas por Israel (que se salvará [oráculo de salvación]; cf. Ez 38-39; Jl 4,1-3.8-14; Zac 12,2-9; 14,2-3.12-14)? ¿Debe entenderse de modo “misionero” (= se convertirán)? ¿Se refiere a los judíos que habitan en medio de los pueblos (la diáspora)?  Algunos términos invitan a esta última lectura: el término “reunir” (cf. Is 56,8; Sal 106,47), la “gloria” (Ex 7,5 y 14,4.8; Ezequiel), los “hermanos”. 

No se dice en qué consiste la “señal” que Yahvé pondrá, pero parece ser la bandera con la que reunirá la diáspora (11,10-12; 49,22). Los “escapados a las naciones” parece referir a judíos en la diáspora. La idea parece ser que Yahvé “manda llamar” (no literalmente “envía”; envía por alguien) ya que no “envía” sino que llama hacia Jerusalén a aquellos que se habían “escapado” (cf. Is 45,20a). En ese caso, se trata del “rescate” de Israel entre las naciones (algo habitual en todo el libro de Isaías: 2,2-4; 11,10-16; 25,6-10a; 43,5b; 45,20; 49,12.22; 60,4).

A modo de paréntesis, el texto menciona algunas de las naciones donde habían escapado para refugiarse algunos judíos (cf. Ez 27,10.12.13; Is 41,1.5; 42,4; 51,5). Se trata de diferentes regiones del Mediterráneo (parece abarcar desde España a Turquía, de Grecia a África) con lo que se quiere mostrar la capacidad de “reunir” que tiene Yahvé a su pueblo que había “escapado” a pueblos e islas remotas que “no oyeron noticias de mí, ni vieron mi gloria”. Israel –incluso los de la diáspora- tiene “memoria”. 

Los pueblos que antes los oprimían ahora –cambiando su situación, como 43,5; 60,10.14; 61,5- serán los que transporten a los judíos hacia Jerusalén. El que habla (Yahvé) se dirige a unos personajes concretos (los judíos de Jerusalén) comunicándoles que los escapados (los hermanos de ustedes) se reunirán, y serán transportados por los mismos que los oprimían. Y serán trasladados por diferentes y cómodos medios de transporte. Curiosamente, especialmente por tratarse de lugares mediterráneos, que los medios de transporte no sean marítimos (ver 60,9), lo que quizás sea indicio de que el paréntesis de regiones sea de diferente origen en el relato. 

Estos judíos de la diáspora, como una peregrinación, serán ellos mismos quienes se presenten como “ofrenda” (no que los no-judíos, transportadores, sean los que presenten la ofrenda). 

Es posible que en 20b comience a hablar el profeta (v.20a finaliza con “dice Yahvé”, lo cual puede ser indicio de fin del oráculo). En este caso, con elementos comunes con la primera parte del versículo (“traer”, “ofrenda”) destaca ahora no sólo que se dirigirán a Jerusalén, sino también que tendrán una responsabilidad cultual de presentar las ofrendas.

Una nota sobre los levitas: los descendientes de Levi ocupan un rol sacerdotal desde los orígenes de Israel. Parece que eran –todo a lo largo del territorio- los responsables de los diversos santuarios. Sin embargo, el rey Josías unificó todo el culto centralizándolo en el templo de Jerusalén con lo cual los levitas quedaron como “desocupados” (por culpa de Dios). Desde entonces, los levitas son incorporados al viejo trío “el pobre [o el migrante], el huérfano y la viuda” (Dt 24,17.19.20.21; 26,12; 27,19; Jb 24,3; Sal 146,9; Is 1,17.23; Jer 7,6; 22,3; Ez 22,7; Sir 35,14) como un cuarteto del que todo judío se debe preocupar (Dt 14,29; 26,12.13). Sin embargo, si algunos fueron incorporados en el servicio del Templo (en general como “sacerdotes de segunda categoría”; cf. Dt 18,1-8) luego fueron despreciados, como  descarriados (Ez 44,10). En el texto de Is 66 este rechazo es criticado y se convierte en un texto de resistencia ante el poder de los sacerdotes del Templo de Jerusalén.

Es posible, entonces, que entre los escapados a las naciones también haya levitas que ahora son incorporados al servicio del Templo como era el viejo deseo de Deuteronomio, luego conculcado.  Pensar que el autor está diciendo que entre los extranjeros habrá levitas (de la tribu de Leví, hijo de Israel / Jacob) resultaría extraño e imposible. La referencia a que los “hijos de Israel” traen ofrenda en “vasijas puras” en la “Casa de Yahvé” parece estar confrontando con los que rechazan a los levitas. Si la presentan es que sigue siendo “pura” (y por tanto no la vuelven impura los despreciados levitas). 

La buena noticia de que los viejos escapados podrán volver a Jerusalén y serán plenamente reintegrados al pueblo y al culto marca y resalta la conclusión de todo el libro de Isaías.


Lectura de la carta a los Hebreos     12, 5-7. 11-13

Resumen: siguiendo el ejemplo deportivo de la semana pasada, ahora destaca que –como buen Padre- Dios nos entrena con esfuerzo y sufrimiento para alcanzar los frutos de justicia y de paz en la vida común. El sufrimiento que la comunidad padece en medio de su ambiente es visto como entrenamiento de Dios que pedagógicamente nos prepara para seguir las huellas de su hijo.


El texto litúrgico es continuación del de la semana pasada. Finaliza en v.13 por la inclusión de la idea de la carrera que comenzaba en v.1. Pero si en vv.1.3 el tema central era la fe, de v.5 en adelante, el tema son las pruebas y sufrimiento que padecen los cristianos, entendidos como pedagogía de Dios; como se dijo la semana pasada, no entiende el sufrimiento como castigo por un pecado (ver 2 Mac 5,17; 7,38; 10,4). Los cristianos –como hijos- sufren pedagógicamente para su corrección (vv.7-8). Todo comenzaba con una lectura ilustrativa de Proverbios 3,11-12, y concluye con una cita de Isaías completada con una nueva referencia a Proverbios (que –además- prepara la siguiente unidad, conclusiva). 

Cristo mismo por el sufrimiento “aprendió” lo que significa obedecer (Heb 5,8), esta dimensión pedagógica tiene que ver con la filiación (tanto en 5,8 como12,7 la referencia es al padre que corrige “y azota” a sus hijos). 

Los vv.8-10 (omitidos en la liturgia) aluden a la no corrección de los hijos “bastardos” que no tiene interés en disciplinar. Si los padres disciplinan a los hijos, cuánto más deberíamos dejarnos disciplinar por Dios (vv.9-10). 

Esta disciplina es parte del entrenamiento (gegymnasmenois) que permite alcanzar frutos de paz y de justicia. Esto parece referir a las relaciones pacíficas en el seno de la comunidad y a la relación armoniosa con Dios, los hermanos y los bienes compartidos con los pobres (Am 6,12; Pr 11,30). La paz y la justicia –además- tienen connotaciones mesiánicas (cf. Is9,6-7; 32,17; Sal 72,7; 85,10;  ver Rom 14,17; Sgo 3,18; 2 Pe 3,13): Jesús, Hijo de Dios, es rey de justicia y rey de paz (7,2), y así deben vivir los hijos de Dios entrenados por su Padre en medio de un mundo que les es hostil. Esos son los frutos, el testimonio que da la comunidad mesiánica.

Esta serie de citas bíblicas y el modo en que las mismas son usadas y entrelazadas nos permiten ver el sentido que el autor de Hebreos da a las mismas

Antiguo Testamento
Hebreos 12
11 No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión,  12 porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido. (Pr 3,11-12)
5… como a hijos se les dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. 6 Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge.
3 Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes. (Is 35,3)
12 Por tanto, levanten las manos caídas y las rodillas entumecidas
26 Tantea bien el sendero de tus pies y sean firmes todos tus caminos. (Pr 4,26)
13 y enderecen para sus pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino que más bien se cure.

El texto de Isaías le permite tomar la imagen atlética del v.1. Isaías lo decía a los judíos que debían tener fortaleza que Dios les daba para dirigirse a Jerusalén; ahora los cristianos deben poner los ojos en Jesús, sentado a la derecha de Dios (v.2). Así, entrenados por Dios, se pondrán “en estado” para ganar la carrera de la fe, que Jesús ya logró consumándola.


+ Evangelio según san Lucas     13, 22-30

Resumen: dos momentos –relacionados entre sí con una puerta (estrecha primero, cerrada después)- ponen a los seguidores de Jesús ante el compromiso por la justicia. Todos –judíos y no judíos- están comprometidos con el reino del que están invitados a participar, como un banquete, en la medida en que no solamente escuchen la palabra de Jesús sino que también la pongan en práctica.


Con una de sus frecuentes referencias al largo viaje hacia Jerusalén, que le es propia (9,51; 10,38), Lucas comienza una nueva unidad; el profeta sigue el camino hacia su éxodo. En v.31 hay unos nuevos personajes –los fariseos- que dan comienzo a la siguiente perícopa, con lo que el texto está conformado por los vv. 22-30. El v.30 –por otra parte- es un clásico texto de refrán conclusivo (Mt 19,30; 20,16; Mc 10,31).

El texto que conforma –como decimos- una unidad en Lucas, tiene paralelos en diferentes partes de Mateo. La conformación un tanto desarticulada de Lucas invita a pensar que Mateo ha respetado mejor a su fuente en esta parte; Lucas la ha elaborado e incluso añadido algunos dichos de su fuente propia.

En medio de la multitud se escucha la voz de alguien; esto ha sido común en esta unidad para destacar la palabra profética de Jesús (9,57; 10,25; 11,15.27.45; 12,13.41; 13,1).

Sin embargo, el tema que se le pregunta no es ajeno a lo anterior, y la pregunta que “uno” le formula, dice relación a lo que venía destacando acerca de la vigilancia, la venida del reino… sin embargo, la pregunta es genérica (y probablemente también sea una pregunta “de escuela”):

La literatura apocalíptica, más negativa y pesimista afirmaba:



Entonces me respondió y dijo: «El Altísimo hizo este mundo para muchos; el mundo futuro, en cambio, para pocos. Diré ante ti, Esdras, una comparación. De la misma forma que si interrogas a la tierra, ella te dirá que da mucha más tierra para que se haga la arcilla pero poco polvo del cual se extrae el oro; así es el curso del mundo presente. Son muchos los que fueron creados, pero pocos los que serán salvados»”. (4 Esd 8:1-3)



En cambio el rabinismo decía que “todo Israel participará del mundo futuro” (Tosefta Sanhedrin 10,1).

Pero Jesús–como había ocurrido con aquel que le preguntó “¿y quién es mi prójimo?” (10,29)- se niega a un planteo hipotético y elige implicar al que pregunta en un compromiso personal. 

El verbo “luchar” (agônizomai) sugiere conflicto entre los muchos y los pocos. Lucas ha modificado la “entrada” de Q (cf. Mt 7,13-14); quizás esté aludiendo a la pequeña puerta que se cierra al llegar la noche en el pequeño pueblo, con lo que sería una alusión alegórica a la  noche en sentido del “crepúsculo de los tiempos”, la toma de decisión es inminente.

En v.25, la puerta que estaba abierta, se cierra (el paralelo de Mt 25,10-12 resulta más probablemente histórico en boca de Jesús). El verbo “levantarse” (egerthê) puede entenderse de dos maneras: “ponerse de pie” (5,23.24; 6,8; 11,8), o “resucitar” (7,14.22; 9,7; 20,37; 24,6.34). si bien el marco nos invita a entenderlo en el primer sentido, el contexto escatológico quizás permita también la segunda posibilidad de lectura. 

Lucas añade al dicho de los que quedaron fuera “hemos comido y bebido”. Este tema es muy frecuente en Lucas y merece una breve nota. Jesús viene a “comer y beber con pecadores” (7,34), y es criticado frecuentemente por ello por quienes se tienen por justos (15,2; 19,7). Pero esas comidas no han de entenderse en el sentido de que “todo es igual”. Son llamados a la “conversión” (5,32); a esos mismos pecadores, se les da una y otra vez la oportunidad de un cambio de mentalidad; no es innecesario tener presente que en contexto de comida con pecadores, Jesús repite la idea de la conversión (5,32; 15,7.10). Es a esa lucha a la que se invita a todos (también a quienes se creen justos). El Evangelio de hoy presenta –precisamente- esta última oportunidad, el momento en que la puerta del banquete se cierre. Lo mismo ha de decirse con la enseñanza de Jesús (a la que alude el primer versículo del relato de hoy, v.22). Jesús quiere enseñar a todos en su largo camino, pero eso no implica que todos hayan recibido ese mensaje (8,5-8.11-15).

Algunos rabinos usaban la fórmula “no te conozco” como fórmula de excomunión. El contexto escatológico da otro sentido diferente a 11,9-10 al golpe de la puerta, aquí ya “no se le abrirá”. 

El texto con el que continúa la frase del dueño de casa está tomada del Salmo 6. Es interesante notar ciertos matices:

Sal 6,9 (hebreo)
Sal 6,9 (griego)
Mateo 7,23
Lucas 13,27
Aléjense de mi todos los que hacen el mal
¡Retírense (apóstête) de mí, todos los hacedores (ergazómenoi) de iniquidad (anomían)
apártense (apojôreô) de mí, los hacedores (ergazómenoi) de iniquidad! (anomían)
¡Retírense (apóstête) de mí, todos los que hacen (ergátai) injusticia! (adikías)

Como se ve, Mateo es más parecido al texto griego en la segunda parte (hacedores e iniquidad) y Lucas en la primera (retírense, todos). Lo que cuenta es la realización de la justicia de la que se han alejado los que quedan fuera del banquete; para lograr esto es que les había indicado que “luchen”.

El conjunto “llanto y rechinar de dientes” se encuentra al comienzo de la oración, con lo que la resalta. La frase es común en Mateo (8,12; 13,42.50; 22,13; 24,51; 25,30; en Mc 9,18 una idea semejante alude a un endemoniado) pero sólo se encuentra aquí en Lucas, lo cual es indicio de que la ha recibido de Q. a la mesa con los patriarcas, Lucas (cf. 6,25) añade a los profetas, lo que es un tema importante en su obra y ya no alude solamente a los “comienzos” sino a la “historia” de la salvación. La peregrinación a Jerusalén es tema habitual en los profetas (Is 11,11-16; 60,1-22; cf. 49,12; Mi 4,1) y es algo que empieza a cumplirse en pentecostés (Hch 2,5-13). Para reforzar su universalismo, Lucas añade “del norte y el sur”.

Y empezará el “banquete del reino”. El verbo anaklinô se usa de acostarse (Lc 2,7), y puede indicar “reclinarse”, lo que es propio de los banquetes (12,37; Mt 8,11; 14,19). Se trata del banquete del reino que había sido frecuentemente anunciado (cf. Is 25,6-8). El alimento a la multitud lo anticipa (9,12-17), lo ilustra en parábolas (14,15-24) y vive sacramentalmente (22,14-30), continúa en las comidas con el resucitado (24,28-35.36-43; Hch 10,41). 

Con clara connotación sectaria y escatológica, la comunidad de Qumrán espera algo semejante (aunque para pocos, ciertamente):



“Ésta es la asamblea de los hombres famosos, los convocados a la reunión del consejo de la comunidad, cuando engendre Dios al mesías en ellos… entrará el mesías de Israel y se sentarán ante él los jefes… el sacerdote bendecirá la primicia del pan y el vino… y después el mesías extenderá su mano hacia el pan…” (Regla de la Comunidad, 1QSa 2,11-21).



 Literalmente dice: “miren, hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos”. El dicho –como se ha señalado- es un dicho “errante” y lo encontramos en varias partes de los sinópticos. En este caso alude a la no participación en el banquete de aquellos que se suponía eran “parte”, y no alude –en este caso- a la participación de los paganos y la exclusión de los judíos, sino a la participación y/o exclusión de unos y otros, de “todos”.



Dibujo tomado de www.artelista.com