lunes, 18 de febrero de 2019

Una de piratas...


Una de piratas…


Eduardo de la Serna



Mirando los últimos acontecimientos, que solo sorprenderán a extranjeros o distraídos, no llama la atención la cantidad de nombres o adjetivos que surgen para un mismo “lugar”:

Gangrena infecta de Comodoro Py
Serpentario de Comodoro Py
Comité de campaña (electoral) de Comodoro Py
Comodoro Pro
Inodoro Py
Comodoro Pus

Para esos mismos “extranjeros o distraídos” les cuento que “Comodoro Py” es una calle en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la zona de Retiro, donde funcionan los Tribunales Federales. Y, para esos mismos destinatarios, les cuento un ejemplo, seguramente ilustrativo (y real): luego del suicidio del ex fiscal Nisman, cuando todas las pruebas indicaban precisamente eso: suicidio, se confabularon un conjunto de fuerzas bien aceitadas para que todo “sea asesinato”, ¡debía ser crimen! Para empezar, el macrismo, que necesitaba “demostrar” que los “perversos y malvados K” habían asesinado a un probo y ejemplar fiscal de la nación. Claro que lo de probo se derrumbó como un castillo de naipes en cuanto abrieron la puerta, pero el macrismo necesitaba un muerto (aunque ellos hubieran sido más responsables de su muerte que los “K”), se acercaban las elecciones. Otros que necesitaban un crimen eran los medios de (in)comunicación, inyectadores cotidianos de odio; era una dosis maravillosa de su menú diario. Y, finalmente, la ex mujer del ex fiscal, ¡jueza federal ella!, por motivos sospechados, pero nunca aclarados. Pero, para “demostrar” crimen, era necesario sacarle la causa a la jueza penal (furiosa anti “K”, debemos recordarlo). Como se trata(ría) del atroz crimen de un fiscal (“magnicidio” lo llamó ¿jocosamente? la ex mujer), la causa “debía” pasar al fuero federal, no importaba el juez. Si recaía en Comodoro Py ya estaría “en casa”, además que los sorteos suelen ser muy adecuados y oportunos (ya quisiera yo tener esa suerte en la lotería). Por supuesto que los aceitados movimientos de la pro-justicia lo hicieron raudamente y la causa está en Py desde hace tiempo. Y yo pensaba: la hermana de la reina de Holanda – esa que parece que estafa al fisco argentino, claro que de tal palo… – se suicidó. El hecho era muy parecido a lo del ex fiscal, y en “media hora” ya estaba todo decidido: suicidio ¡y listo! Estaba deprimida. Punto. Casos semejantes, finales opuestos.

Pero resulta que, gracias a la prensa tan amable y amigable con el Comodoro, muchos temas quedaron invisibilizados, disimulados, tapados, escondidos, negados, disfrazados… Pero un día saltó la liebre, y alguien filmó a otro fiscal, que muchos dicen que no demorará demasiado en ser “ex”. Claro que, como ayer en el que un comando mapuche-kurdo-venezolano-camporista y algo cubano, atravesó paredes y asesinó de un suicidio a un ex fiscal, ahora, otros comandos K-camporistas-justicialegitimado y quizás castrochavista (¡ya que está!), entrenados en el penal de Ezeiza atravesaron paredes y rutas y fueron a Pinamar (unos 400 kms del penal). Y los extranjeros distraídos se enterarán que unas ilegales escuchas aportadas por una mentirosa serial y sus “cómplisas” pareciera que muestran que “no es tan así” y que “pasaron cosas”. Y que un abogado de boca rauda habló de más… Aunque, después aparezca otro, y -ojalá- otros más que dicen, “Oia, ¡a mí me hizo lo mismo el gordito! Lo cierto es que parece que “la causa mais grande do mundo”, el Lava Jato argento, que no tiene una sola prueba más que montonete de arrepentidos que, para no caer presos confiesan haber visto el momento exacto en que Cristina acuchillaba a Julio César y que oyeron (o vieron fotocopias, que para el caso probatorio es igual) el preciso momento en que Néstor le pagó a L. H. Oswald para autoadjudicarse el crimen de Kennedy.

Ese es el Comodoro, el macrismo, la prensa hegemónica con al apoyo insustituible y valorable de los servicios de inteligencia. En inglés parece que lo llaman “lawfare”.


Foto tomada de https://www.culturagenial.com/es/pelicula-la-vida-de-pi/

jueves, 14 de febrero de 2019

Invisibilizar es poder


Invisibilizar es poder

-o mirando un elefante-



Eduardo de la Serna



Nada hay encubierto que no se descubra, nada oculto que no se divulgue. Porque lo que digan de noche se escuchará en pleno día; lo que digan al oído en el sótano se proclamará desde las azoteas. (Lucas 12,2-3)

En las celebraciones de ayer, conmemorando el martirio del cura Pancho Soares (+13 de febrero 1976), un tema que resonó muchas veces fue el de la “invisibilización”. Y, mirando su caso, y otros muchos más caí en la cuenta que “invisibilizar es poder”. Y, para comenzar, quisiera mirar sin demasiada hondura, pero sí a modo ilustrativo, algunos casos:

Sin duda alguna, el “Patriarcalismo” es ejercicio abusivo e injusto del poder.

  •        Un abusador le dirá a la víctima que “debe guardar silencio” (= invisibilizar el hecho), sea por que “esto es un secreto entre nosotros”, porque “si tu papá se entera se pondría muy mal”, o más violento aún, “si alguien se entera ¡ya vas a ver!”. Ese silencio invisibilizador es el poder del victimario.
  •          La cobardía, indiferencia o insensibilidad frente al dolor del otro o la otra, el “no te metás”, invisibiliza la situación. Escuchar los ruidos de la violencia en “la casa de al lado” y no tomar alguna medida, invisibiliza, y ese silencio da más poder al violento que puede obrar a su antojo ya que nadie hablará. A lo sumo, “algo habrá hecho”.
  •          El mismo lenguaje patriarcal invisibiliza. El uso del masculino cuando se trata de un colectivo hace desaparecer a las mujeres, y en un “ellos” en la historia quedan en penumbras y en olvido las miles de mujeres que hicieron historia, que transformaron, o revolucionaron nuestro pasado y presente. Valgan estos a modo de ejemplo, y que podrían multiplicarse.

En la política también “invisibilizar es poder”. Y, para ello, contar con la ayuda o complicidad de los encargados de visibilizar (como el poder judicial -así, con minúscula- o los Medios de Comunicación) resulta sumamente oportuno. Y vayan también unos ejemplos:

  •          Invisibilizar hechos de corrupción del actual gobierno (sea mostrando “otra carta”, nada por acá, nada por allá) hace que nadie se entere, por ejemplo, de los Panama Papers, de las cuentas en el exterior, los negocios desde el poder, sea el Correo, los parques eólicos, las empresas aéreas, autopistas, etc. Nadie se entera, y “aquí no ha pasado nada”. Y C5N que se calle, o desaparezca.
  •          No informar de los sucesos que implican a un fiscal y a una causa encuadernada por días, hasta tener tiempo para armar una (absurda) estrategia. Si nadie se entera, pues… no ocurrió.
  •          Mostrar todo por un lado para que muchas cosas pasen por detrás de la mirada, es también un modo de invisibilizar (dis-traer); y mientras se distribuyen una, dos… y cien noticias falsas (ahora se debe decir fake news) nadie presta atención a los aportantes truchos o la negativa de cerrar paritarias con los docentes, por ejemplo. Y la carita sonriente y exangelical de la gobernadora queda en gateras para futuros usos, o arrastrar algunos votitos. Y podría seguirse con más y más ejemplos.

En la Iglesia, lamentablemente, somos expertos en invisibilizar (no aludiré al caso aberrante de los abusos, que no lo ignoro, y al que me referí más arriba). Y me quiero detener, también, en unos pocos ejemplos que pretenden ilustrar y servir para pensar.

  •          En una presentación – hace unos años – sobre un libro acerca de Pancho Soares, una cosa que llamó la atención es que quien fuera obispo de su diócesis, ahora emérito y luchador incansable en favor de la impunidad (= invisibilización) de genocidas, no podía salir del libreto: “murió Pancho”. No importaba que lo hubieran llamado en la casilla donde vivía en horas de la madrugada, lo hubieran baleado, a él y a su hermano, y muerto en el acto. No importaba: “murió”. Nada de “lo mataron”, “¡murió!”. Nada de pensar, analizar, discernir. Nada: “murió”. Murió tanto, pero tanto, que una vez muerto terminó en fosa común. Así desaparece su memoria (desaparecido = invisibilizado, por cierto). Tanto desaparece y se invisibiliza que en un importante (y cuasi oficial) libro sobre la historia de la diócesis de San Isidro, al mirar la parroquia “Nuestra Señora de Carupá”, de su fundación pasa, súbitamente a los curas posteriores al 76. Invisibilizar es poder.
  •          Otro modo habitual de invisibilizar es la domesticación. Hay un famoso dicho que comienza con una pregunta: ¿cómo disimular (= invisibilizar) un elefante en la Avenida 9 de Julio? Y la respuesta es: poniendo mil elefantes. ¿Cómo disimular la santidad revolucionaria de Romero, o el cura Brochero? Hablando de lo bien que hacían lo que se supone que cualquier cura haría: rezar, ser misionero, tener caridad pastoral, amar a Jesús y la Virgen… Mil elefantes. Y, así, la novedad subversiva de sus vidas y palabras queda disimulada en la ancha avenida del clero.
  •          Se invisibiliza también, como en las noticias mentirosas, cuando se engaña, o miente (Angelelli murió en un accidente, manejaba mal; o, lo mataron en una guerra porque apoyaba a bandas terroristas). La mentira, apta para ser creída por perezosos espirituales, logra que nadie se pregunte por la novedad, lo evangélicamente subversivo, que fue la vida de Angelelli (y – debo decir – “odio” poner adjetivos para no suscitar miedos temerosos, tipo opción “preferencial” por los pobres, o pobres “de espíritu”, o, en este caso subversión “evangélica”; pero en este caso lo hice expresamente ante la acusación a Angelelli de alentar a los subversivos, como si el Evangelio no fuera plenamente subversivo y busque subvertir este mundo para proponer “el reino de Dios” en el que todos, todas y todes, niños, pobres y leprosos, extranjeros y despreciados sociales sean tratados y vistos como verdaderos hermanos). Volviendo, creo que la mentira (que todavía hoy repiten incluso algunos curas y obispos) invisibiliza la vida y la santidad, la novedad y la osadía profética de Angelelli y sus compañeros mártires.

Invisibilizar es poder, no lo dudo. ¿Y cómo hacer? Hay varias cosas que permiten visibilizar y, a partir de ahí, quitar poder (aunque no debemos descansar en esto… precisamente porque tienen poder saben muy bien transformar una “visibilización” rápidamente en otra cosa disimulándola o cambiándola de foco, es decir, volviendo a invisibilizarla. Por ejemplo, ya que no podemos invisibilizar la santidad de Romero, pues se lo canoniza, y, en seguida, se lo domestica).

  •          Creo que el primer paso es, sin duda, la “memoria”. Tener memoria y hacer memoria ayuda a tener ante nuestros ojos el pasado. Tenerlo bien visible. La memoria de los 30.000, de Pancho y Angelelli, de Romero y de las víctimas del neoliberalismo genocida, de las mujeres y los y las y les niños, niñas y niñes víctimas del patriarcado… Visibilizarlo, aunque a veces canse, aunque a veces se exagere (aunque a veces, para tapar un elefante nos pongan mil… será cuestión – y que los ecologistas me perdonen la metáfora – de pintarlo de violeta, para que no se pierda en la manada).  
  •          Otro paso es levantar carteles y monumentos, museos y piquetes, signos que revelen que aquí “pasó y pasa” algo (o alguien). La Iglesia, teóricamente, es experta en esto: memoria, sacramentos, signos, arte, museos; no estaría mal recuperar la memoria y que lo invisible sea puesto a la luz. Libros y cantos, folletos y paredes que hablen pueden lograr que alguien, o alguienes, escuchen. No está mal para empezar.
  •          Y levantar las banderas; banderas y cuadros (y personajes históricos en billetes animalizados). Y, a veces, hacer cosas que no se esperan, que sorprenden, que no son “comunes” suele servir para abrir los ojos, para sorprender, para preguntarse.
  •          Nos llenarán de elefantes (“todos los políticos son nefastos”), nos domesticarán a los profetas, nos negarán (invisibilizar) nuestros derechos: “les hicieron creer que podían…” Bajar cuadros puede servir para “visibilizar” que “son asesinos”, o para tapar la historia de donde venimos y a dónde queremos ir. Podemos dejarnos conducir por los poderosos invisibilizadores, o ser “artífices de nuestro propio destino”. No depende de ellos, sino de nosotros. Aunque cueste.


Foto tomada DE https://efaeblog.wordpress.com/2016/11/14/457/

martes, 12 de febrero de 2019

Comentario domingo 6C


Dios no permanece indiferente a la situación de los pobres

Domingo 6º durante el año – ciclo “C”

Eduardo de la Serna



Lectura del profeta Jeremías    17,5-8

Resumen: con el clásico esquema de “dos caminos” señalados como maldición y bendición y recurriendo a imágenes vegetales, el profeta remarca la relación entre el ser humano y Dios en relación a dónde se pone la confianza.

Con un esquema propio de la literatura sapiencial, el profeta señala quienes son malditos y quienes benditos. El contraste es evidente: maldito o bendito será cada quién según se “fíe” (batah) en el hombre (’adam, v.5) o en Dios (v.7). El paralelo de la primera opción es “apoyarse en la carne” con lo cual “el corazón” (= las decisiones) se aparta de Yahvé. El paralelo de la segunda opción es que Yahvé “no defraudará” la confianza (mabetah). Ambos – como es también habitual en la literatura sapiencial – son contrastados con árboles o vegetales (ver Salmo 1,3.4), por un lado, se remarca la sequía: estepa (Arabá), desierto, salar, por el otro, orillas, agua permanente. Ante el calor seguirá frondoso, en tiempos de sequía dará fruto, por eso “no temerá” (con lo que pasa de la metáfora vegetal a referir a la persona significante).

El texto, en realidad, se ubica en una unidad mayor en la que señala la infidelidad de Judá (17,1) a Dios y por eso Dios asegura que dará a cada quién “según el fruto de sus obras” (17,10). El paralelismo sapiencial antitético viene a ilustrar dos caminos en el vivir o no conforme a la voluntad de Dios y su respuesta.



Lectura de la 1º carta de san Pablo a los Corintios            15,12.16-20

Resumen: la resurrección de Cristo no es un hecho “para él” sino el primero de una sucesión. Negar la resurrección “de los muertos” es negar también la de Cristo con lo que nada habría cambiado en nuestra historia.

Pablo se entera oralmente que algunos en Corinto niegan “la resurrección de los muertos”. Así lo afirma en el v.12 puesto aquí para explicar el sentido del planteo de Pablo que presenta en vv.16-20.

Todo indica que los criticados por el Apóstol no están negando la resurrección de Cristo sino la de los “cristianos”, pero Pablo presenta todo en un mismo nivel de debate y discusión. Es posible que algunos de la élite corintia, más influenciados por pensamientos o ideas filosóficas, como las que afirman que “el cuerpo es cárcel del alma” negaran sentido a la resurrección (en la muerte el alma se libera, no tiene sentido volver a encarcelarse en la resurrección, sería la idea de los críticos). No es ese el esquema que Pablo hace suyo. Más cercano a la literatura apocalíptica (ver Daniel 12,2) él afirma que “al final”, en “aquel día” los muertos resucitarán. Y ese día ya llegó con la resurrección de Cristo, Él es el primero de una serie que vendrá (“primicias”, v.20). Este esquema paulino (que ya encontramos en 1 Tesalonicenses 4,14 y repetirá en Romanos 5,12-21) podemos expresarlo de esta manera: con Adán, y su desobediencia que condujo a la muerte, empezó una cadena de sucesiones: todos mueren en Adán (1 Cor 15,22); pero con la resurrección de Cristo, resucitado por Dios en virtud de su obediencia todos “resucitarán” (en futuro ya que “por ahora” sólo el primero de la cadena de sucesiones, Cristo, ha resucitado). Por eso “primicias”. Como repetirá en Rom 4,25 Cristo “resucitó para nuestra justificación” con lo que, de no haber resurrección “están todavía en sus pecados” (1 Cor 15,17). Negar la resurrección de los muertos es negar la de Cristo, y negar la de Cristo es negar la eficacia de la obra justificadora de Dios en Cristo.


+ Evangelio de Jesucristo según san Lucas           6,17.20-26

Resumen: Jesús felicita la situación de unos y se lamenta por la situación de otros puesto que estas son transitorias y cambiarán invirtiéndose las realidades presentes. Así los que ahora lloran, reirán, mientras que los que ríen, llorarán. Y Dios no es ajeno a todo esto.

El relato, que con notables diferencias, encontramos también en Mateo, por lo que hemos de atribuirlo al documento Q, presenta lo que se ha llamado justamente “las bienaventuranzas”, aunque, las diferencias entre los dos evangelios sean importantes, y sólo en Lucas a cada bienaventuranza corresponde su antítesis expresada en un “Ay”.

El texto litúrgico añade el v.17 para ubicar el hecho (que, a diferencia de Mateo, no ocurre en una Montaña, sino en un “lugar llano”).

Aquí encontraremos 4 bienaventuranzas y 4 ayes que se corresponden.

Destaquemos algunos elementos importantes antes de entrar en tema:

Los destinatarios de los textos son personas concretas (“ustedes”), Lucas se dirige a su auditorio preciso (en Mateo, en cambio, se dirige a “aquellos que…” con lo que cualquiera puede ser destinatario, transformando el tema en un “modo de vida que ha de elegirse”). En segundo lugar, señalemos que la característica, en todos los casos, es que la situación actual que viven los destinatarios se invertirá, con lo que lo positivo o negativo no viene dado por lo que ahora se vive sino por lo que luego ocurrirá. Se es feliz, por ejemplo, no por tener hambre sino porque finalmente se será saciado; no se dice “ay” al que ahora ríe, sino porque luego llorará.

Podemos esquematizarlo de esta manera

Bienaventurados
Ay de los que
situación
inversión
situación
inversión
pobres
reino
ricos
ya tuvieron consuelo
hambre
saciados
hartos
tendrán hambre
lloran
reirán
ríen
llanto
odien
recompensa
alaben
así ocurrió con los falsos profetas

La más extensa de las cuatro, en los dos casos, es la última, y la medida de la relación está dada por el trato a los profetas. Siendo que el Evangelio de Lucas remarca insistentemente a Jesús como profeta, y a los discípulos de Jesús con misión profética, sin duda el trato que recibe de los demás la comunidad cristiana y su semejanza con el trato a Jesús (el profeta perseguido: odiado [ver Lc 21,17], injuriado, proscripto y expulsado) es la medida de la fidelidad.

Un aspecto a tener en cuenta es que Mateo (por motivos propios y que se comentará oportunamente) aclara que los pobres en ese caso concreto y preciso son “de espíritu”. En este caso, claramente, Lucas se refiere a pobreza concreta, a carencia, ¡y su contrario es “ricos” que ya tuvieron su consuelo!  

De hecho, Lucas elige destacar como propio de lo que Dios quiere, el cambio de situación que viven y vivirán los pobres.

En canto de la Madre de Jesús señala que Dios
derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. (1:52-53)

En la parábola del pobre Lázaro y el rico remarca el cambio absoluto de situación entre uno y otro una vez muertos (puede pensarse que la parábola ilustra la primera bienaventuranza y el primer ay: “recibiste bienes, Lázaro males, por eso ahora es consolado y tú atormentado” (16,25).

Sin duda es razonable la pregunta acerca de cuándo es que eso ocurrirá para que el anuncio no termine siendo una burla o una ofensa a la situación de los pobres. Lucas señala que eso ocurre (= debe ocurrir) en las comunidades cristianas en las que todos comparten sus bienes y no hay entre ellos ningún necesitado (Hch 2,42.44-45; 4,32.34-35).

Señalemos, finalmente, que “¡bienaventurado!” es una expresión típica de la literatura sapiencial que felicita a los que viven de una manera: “¡qué bueno que…!” mientras que el “¡ay!” manifiesta una situación de desgracia (Is 3,9.11; Jer 15,10; Lam 5,16). Como se ve, en todo se destaca un cambio, para mal, el en caso de los ricos, para bien, en caso de los que sufren. Dios mira con agrado la suerte cambiante del pobre, del que llora, del hambriento y del maltratado porque sabe que esto mudará, y Dios no será ajeno al cambio en favor de la vida; Dios celebra que cambie para bien la suerte del pobre y del que sufre. Y una Iglesia profética, que debe hacer suyas las palabras y vida de Jesús, padecerá lo mismo que el Señor. Pero Dios tiene la última palabra.


Dibujo tomado de http://blogs.periodistadigital.com/hilari-raguer.php/2017/01/27/las-bienaventuranzas-ilucas-versus-mateo

lunes, 11 de febrero de 2019

Extorsionados


Extorsionados

Eduardo de la Serna


Parece que una palabra que hoy se escucha mucho, o se intuye que se la silencia mucho, es la palabra “extorsión”.

El diccionario de la Real Academia (no que me importe demasiado algo “Real”, pero sirve, al menos, de punto de partida) dice que la extorsión es:
1.- f. Presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio.

¡Qué feíto! ¿Ser amenazados? ¿Con cárcel, por ejemplo? ¿Con aparecer en un cuaderno, por ejemplo 2? ¿Con un carpetazo en los grandes Medios de des-comunicación, por ejemplo 3? ¡Qué espanto!

Pero pensando más la cosa, me pregunto, y saliendo de esto: ¿no seremos extorsionados por las corporaciones y los poderosos con la amenaza terrible de volver al peor de los infiernos si se nos ocurriera creer que tenemos derechos de refrigerarnos o calefaccionarnos, de tener trabajo y pan, de salir con amigos o hasta -¡horror!- ir de vacaciones? ¿No nos amenazan con que todo se va a ir a los caños si volviera el perverso populismo ahora que todo se está encausando? (no está de más recordar que “encausando” puede querer decir que está en su cauce, pero también que a alguien le inventan una causa… y de ahí a la extorsión no hay más que un paso). “Su” cauce, obvio, es el cauce “de ellos”, no el “nuestro”.

Imaginemos que los servicios de inteligencia (conducidos por un señor amigo que vive en la casa del presidente, por inventar una imagen) saben cosas de alguien (“un muerto en el ropero”, se lo llama), o que algún poderoso medio de comunicación tiene una carpeta sobre una persona que tiene capacidad de tomar decisiones (un juez o un legislador, por caso) y se le hace saber a esas personas que “sería bueno” que fueran “por acá” porque si no, le pueden “pasar cosas”. La verdad es que, imaginando eso, pareciera que la extorsión está “a la orden del día”. Casi como imaginar, por ejemplo, que un policía nos dijera que si no le damos “para un cafecito” nos pondría una multa. ¡Impensable! Pensar eso sería casi como creer que estamos en un país, o un mundo multi-extorsionado. “Si no cambian el presidente, que no nos gusta, los invadimos”… Y, pensando más todavía, ¿no se trata de eso la "publicidad"? ¿De convencernos de lo infelices que seremos si no compramos tal producto... o si no votamos a tal candidato?

Si – siempre imaginando algo impensable – hubiera una noticia muy importante y “para obtener dinero u otro beneficio” los grandes medios la silenciaran, o – sigamos – si se inventara una noticia inexistente (o se la ficcionara vía Netflix, soñemos más) “para obtener dinero u otro beneficio” ¿estamos hablando de extorsiones? Pensarla de ese modo casi nos hace sentir que la extorsión es el “pan nuestro de cada día”. A lo mejor, por eso, otra acepción de la palabra, en el mismo diccionario dice que es 2.- f. Trastorno o perjuicio.

Mirando todo esto, y pensándolo, me parece que las noticias que hemos visto (con videos, audios y fotos, que no fueron hechas en ninguna cárcel, a menos que los detenidos “K” viajen a Pinamar ¿no?) no son sino una manifestación visible de algo a lo que lamentablemente estamos habituados. Malos hábitos, por cierto.

Pero si de soñar se trata, me permito imaginar que volverá la justicia (que no el Poder Judicial, que salvo excepciones, no es lo mismo), que podremos proponernos un sueño y florecerán mil flores al recuperar la primavera, que las cárceles estarán pobladas de extorsionadores (y no de pobres ladrones de gallinas) y que podremos recuperar la sonrisa que nos han robado desde hace ya poco más de 3 años. Y, si podemos decir que la falta de alegría es un perjuicio y un trastorno (¡y sí, se puede!) sueño que pronto, no solo algún fiscal y un juez (o varios) pueblen las cárceles, sino que tengan al mejor equipo y su CEO-presidente como compañeros de celda.


Foto tomada de https://twitter.com/1lepa1/status/668422747652030464

jueves, 7 de febrero de 2019

La mentira hiperrecontrachequeada


La mentira hiperrecontrachequeada


Eduardo de la Serna



Con esa enorme capacidad que tiene para lograr desviar la mirada de los espectadores en el momento oportuno, el ilusionista Jorge Lanata espeta un “no puedo creer cuánto miedo les da” ante la reacción de numerosos usuarios de Netflix. Una obra fílmica suya –entiendo que la segunda luego de la prescindible “Deuda”- este remedo de Michael Moore anuncia “Codicia” en la que, el tráiler, finaliza diciendo “todo esto es verdad”.

Me permito recordar otra obra, esta literaria: El Código Da Vinci”. Allí comienza el autor, antes de “empezar”, señalando que los documentos que presentará son todos verdaderos. “Allí ya empezaba la novela” me señaló una experta en letras. Pero, hemos de reconocerlo, cientos de desprevenidos creyeron que esos “documentos” eran ciertos y creyeron en lo que la novela planteaba. No es acá el caso desmentirlo, lo cierto es que – en ese sentido – la novela hizo mucho daño (y Dan Brown mucho dinero).

Y acá está el tema; la obra de Lanata es ficción, pero – hemos de reconocerlo – ante los ojos de algunos Lanata es (era) periodista, y su obra pareciera – como la de Brown – de investigación. Lo que, en lo personal, me causa “miedo” no es la obra, sino la enorme capacidad de daño que provoca la mentira. Y si de mentira se trata, hemos de reconocer que está hiperrecontrachequeado que la obra de Lanata lo es.

Al hablar del “miedo que les da” ya empezó a promocionarla por otro carril, y así sigue insinuando que “todo es verdad”, algo que desconozco si Lanata está en capacidad de reconocer. En fin… no me provoca “miedo” la obra, sino el daño; me da pena el deseo de algunos de creer mentiras que alimenta el odio de tantos y el mercantilismo de la palabra y la imagen a cambio de no sé cuánto o qué. ¿Cuánto más bajo se puede caer?


Foto tomada de http://www.pensandoamericas.com/el-poder-de-las-redes-sociales-verdad-o-mentira

martes, 5 de febrero de 2019

Comentario domingo 5C

La palabra de Dios es eficaz en medio de los suyos

Domingo quinto  - “C”



Eduardo de la Serna




Lectura del profeta Isaías           6,1-2a. 3-8

Resumen: la vocación de Isaías tiene dos grandes momentos, uno visual y otro oral en el que de parte de Dios recibe el encargo de hablar a su pueblo y para lo cual el profeta se ofrece.

El texto litúrgico es parte del relato vocacional del profeta Isaías. Es importante ubicarlo en su totalidad aunque haya partes omitidas en la liturgia. El texto abarca todo el cap.6 ya que tiene un comienzo cronológico: “el año de la muerte del rey Ozias” y en 7,1 tenemos una nueva etapa cronológica: “En tiempos de Ajaz…”.Ya sabíamos que el tiempo en el que Isaías ejerce su ministerio profético abarca al tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías (1,1). 

La escena tiene dos grandes partes con un texto que es una suerte de gozne entre ambos, el primero centrado en una “visión” (vv.1-5) el segundo en una “audición” (vv.6-13). Veamos:

“ví al Señor” (v.1)
“al rey Yahvé han visto mis ojos” (v.5)

“me dijo” (v.7)
“voz del Señor” (v.8)
“dijo” (v.9)
“yo pregunté… dijo” (v.11)

La visión inaugural sirve de desencadenante del diálogo entre el profeta y el que habla de parte de Dios (un “serafín”). En el medio – habrá que detenerse en eso más adelante – un texto que sirve de relación entre ambas.

La visión es extraña, pero bíblicamente razonable. Se dice (v.1) que Isaías “ve al Señor” pero en lo visto no se hace referencia a Dios: un trono, el borde del manto, serafines, humo, un canto. Sin embargo el profeta reconoce en eso haber visto a Dios (v.5). Es interesante, también, el comienzo referido a un rey ausente (muerte del rey) y el reconocimiento de Dios rey: “al rey Yahve…” 

Lo que se constatan son “unos serafines”. Tardíamente se los ha interpretado como ángeles, pero nada de eso afirma el texto. “Serafines” (saraf es referencia al fuego, literalmente serían unos “ardientes”, pero eso alude a brasas, a sacrificios, a quemar (para Dios) lo sobrante de la pascua o una ofrenda, como purificación (por lepra), las ciudades o ídolos, la comida o incluso la serpiente abrasadora (cf. Is 30,6). Es razonable que unos seres “abrasadores” estén entre el humo y la gloria del templo.

Se dice de estos seres que tienen tres pares de alas (omitido por el texto litúrgico: un par para taparse los ojos ya que no se puede “ver a Dios”, otro par para taparse “los pies” (eufemismo para decir sexo; no se puede estar desnudos ante Dios) y otro para volar.

Entre ellos se decían en voz alta el triple “santo” (el término es muy común en Isaías y fuera de él es escaso en los profetas). Es posible que sea parte de la liturgia del templo de Jerusalén (también es común en Ugarit, por ejemplo). El reconocimiento de la Santidad de Dios es algo que lo hace ver como totalmente lejano (“tremendo y fascinante” se ha llamado desde principios del s.XX [Rudolf Otto, 1917]). Es precisamente ante esta santidad que el profeta proclama su indignidad: “¡ay de mi!”

Esto da pie a un texto que sirve de nexo. Isaías se reconoce parte de un pueblo pecador y pecador también él, pero haciendo expresa referencia a los labios impuros. No ha de entenderse en sentido de blasfemia o pecados orales, se trata de una sinécdoque. Se habla de “labios” para aludir a toda la persona, pero precisamente porque los labios serán lo que se tendrá en cuenta a continuación ya que el profeta debe hablar de parte de Dios. El fuego – se ha dicho – purifica, con lo que purifica la impureza de los labios. Ahora el profeta estará en condiciones de hablar en nombre del santo.

Ahora Dios habla, porque luego lo hará el profeta: ¿a quién enviaré?; ¿quién irá de parte nuestra? (v.8). “Aquí estoy, ¡envíame!”

Señalemos algunos elementos: el profeta no puede hablar de parte de Dios sin haber sido enviado. Y Dios cuenta con la disposición de Isaías para hacerlo. El estilo es frecuente en Medio Oriente y se lo ha calificado de “encargo de misión difícil”. En el texto quedan indicios de este esquema en el uso del plural: la corte celestial duda ante la dificultad de la tarea, pero uno se ofrece, Isaías.

El texto litúrgico finaliza aquí dejando en nebulosa el “encargo difícil” que – leyéndolo – se lo ve como muy duro: el destinatario reconoce la dificultad ya que está “condenado al fracaso” (9b-13), Dios no quiere que los destinatarios (“ese pueblo”) se conviertan [hay que notar que el texto no está hablando del futuro, no quiere que “este pueblo” se convierta]. Quizás por esta dificultad es que la liturgia lo ha omitido. La traducción griega hace una ligera modificación: la cerrazón del pueblo no es lo que Dios quiere sino lo que de hecho ocurre. Así será utilizado por el N.T.


Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios             15,1-11

Resumen: ante algunos que niegan la resurrección Pablo les recuerda lo que él y otros han predicado y que tiene su origen tradicional en la muerte y resurrección de Jesús.

El capítulo 15 de la primera carta a los Corintios marca un tema nuevo en el resto de la obra. Aparente por información oral Pablo se ha enterado que hay algunos que niegan la resurrección (15,12) y para ello escribe esta unidad. El acento está puesto en la resurrección precisamente por esta negativa. Luego de la introducción (la unidad litúrgica de hoy, vv.1-11) Pablo responde dos preguntas: ¿hay resurrección de los muertos? (vv.12-34) y ¿con qué cuerpo resucitan los muertos? (vv.35-57) con una breve exhortación conclusiva (v.58).

Veamos cómo está estructurado el texto que nos ocupa

Lo que prediqué…     creyeron (vv.1-2)
Lo que predicamos… creyeron (v.11)

En el centro Pablo repite un esquema propio de la tradición: transmití… recibí 

Esto está centrado en dos elementos en los que se cumplen las escrituras: que Cristo murió, que resucitó. A continuación de cada uno presenta un signo visible que atestigua el hecho: la sepultura, las apariciones. Como el tema en cuestión es la negativa de la resurrección Pablo se detiene en extenso en los nombres de los testigos de las apariciones comenzando por el primero (Cefas) y terminando por el último (él mismo) aunque hace un breve paréntesis sobre su ministerio (es su predicación sobre la resurrección la que está cuestionada) en vv.9-10.

Esquematicemos:

A.- prediqué… creyeron (vv.1-2)
            Predicación tradicional (trasmití… recibí…) (v.3a)
                        Murió (según las escrituras);                 signo visible: sepultura (vv.3b-4a)
                        Resucitó (según las escrituras);            signos visibles: apariciones (vv.4b-8)
                                    Apariciones a…. después… después… y por último (ésjatón)
                                    Nota sobre la gracia en la predicación de Pablo (vv.9-10)
A’. ellos… yo predicamos… creyeron (v.11)

Veamos algunos elementos a tener en cuenta:

Pablo remite a la predicación tradicional centrada en la resurrección de Jesús. Es probable que los que niegan la resurrección no negaran la resurrección de Cristo sino sólo la de los muertos. Pero para Pablo la resurrección de Cristo y la resurrección de los demás es todo parte de un mismo movimiento. La resurrección de Cristo es el inicio del tiempo final de las resurrecciones: si no resucitamos no resucitó Cristo. El acento en la resurrección de Cristo es sencillamente remarcar un mismo hecho en sus diferentes momentos.

Pablo es parte de una tradición: lo que él predica, a su vez lo ha recibido (el mismo juego de palabras lo encontramos en 11,23: “yo recibí lo que les transmití”).

Pablo no cita las escrituras que se cumplen, pero probablemente refiera a Is 52,13-53,12 y Os 6,2. Tratar de entender a la luz de las Escrituras la muerte cruel y el rechazo de Jesús sin duda fue un tema complejo para los primeros cristianos. La cita de Is 53 parece haber sido muy importante para poder no solamente aludir al rechazo sino también a dar un sentido a esa muerte. Una muerte “por” (no “a causa de” sino “en beneficio de”). El texto de Oseas en griego afirma que en tres días nos “hará resurgir”, levantar utilizando el griego “anistemi” que muy pocas veces (cf. 1 Tes 4,14.16) Pablo utiliza para la resurrección.  Se afirma que Pablo no recurre a la muerte vicaria (como sí lo hace Isaías 53) y casi no utiliza “anistemi” para la resurrección (si es común en Hechos y en Juan), pero se ha de tener en cuenta que precisamente estamos ante un texto que Pablo “recibe por tradición” (y como se ve por la utilización en 1 Tesalonicenses, es de uso antiguo; Pablo luego preferirá egeirô [ver 15,4]). 

Llama la atención la ausencia de mujeres en la lista de beneficiarios de apariciones del resucitado. Es posible que también en esto estemos ante lo que Pablo ha recibido. De todos modos hay grupos (“más de quinientos” y “todos los apóstoles”) que pueden incluir mujeres, aunque no estén mencionadas por sus nombres. Santiago, “el hermano del Señor”, ocupará muy pronto un lugar muy importante en la comunidad de Jerusalén. Es interesante que a pesar de un primer momento de incomprensión de parte de la familia de Jesús a su ministerio [ver Mc 3,20-21.33-35], en los últimos momentos se ve que hubo un importante acercamiento (Juan pone a la madre junto a la cruz [Jn 19,25], Lucas a la madre y sus hermanos en el grupo que espera el espíritu [Hch 1,14] y Pablo, aquí, a Santiago como beneficiario de una aparición). Más tarde quedará a cargo de la comunidad de Jerusalén y finalmente – nos lo dice Flavio Josefo – morirá mártir en el año 62.

Pablo se pone a sí mismo como el último (no hay que entender aquí “esjaton” en sentido “escatológico”) como se ve enseguida. En el esquema del honor, el último es el menos honorable. Pablo lo reconoce por haber sido perseguidor (algo que Pablo repetirá en más de una ocasión, cf. Ga 1,13.23; Fil 3,6). Así utilizará la imagen del “aborto” que es un término ciertamente fuerte para designar lo que no ha alcanzado a ser (Qo 6,3; Job 3,16). Ser perseguidor de la Iglesia marca el límite hasta el que Pablo había llegado, como un aborto que no lo fue por la gracia de Dios que lo llevo a ser fecundo en su trabajo apostólico.

Una breve nota sobre el “apóstol”. Para Pablo, los “apóstoles” no se trata de “los Doce”, sino de aquellos a los que se les ha hecho ver el resucitado. Por eso afirma ser indigno de serlo. Todos aquellos y aquellas a los que Jesús se les apareció, para Pablo, son apóstoles (por eso incluye mujeres en la lista, como se ve en Rom 16,7). Pero esas apariciones no son para “conservarlas” sino para “trabajar” (kopiaô). Este trabajo, para Pablo se trata del anuncio del Evangelio (1 Cor 16,16; Fil 2,16), la dedicación a la comunidad (Gal 4,11) algo que también dice a los que presiden la comunidad (1 Tes 5,12), y se dice expresamente de cuatro mujeres de la comunidad de Roma (Rom 16,6.12). La dedicación de Pablo “no ha sido estéril”, no fue “vana” (kenós). Lo que señala es que “trabajó” más que “todos ellos” (es decir, más que toda la lista), pero “no yo, sino la gracia”. Es por esa gracia que Pablo es lo que es, “el” apóstol por excelencia.

Una nota sobre el “kérigma”. Se ha dicho que el texto de 1 Cor 15 constituye el “kérigma” de Pablo, es decir el resumen de toda su predicación. Pero no parece preciso afirmarlo. Para comenzar hay que recordar que Pablo pone aquí el acento en la muerte y resurrección porque es el tema que ha sido negado por algunos en la comunidad. Por otra parte, en otras cartas Pablo también habla de lo que ha predicado sin poner aquí su acento; por ejemplo, es razonable pensar que si se dirige a paganos Pablo debería empezar hablando de “un solo Dios” y el “abandono de los ídolos” (ver 1 Tes 1,9). Es más preciso señalar que aquí encontramos “un resumen” de la predicación paulina, y no “el resumen”.



+ Lectura del evangelio según san Lucas     5,1-11

Resumen: el profeta Jesús predica la palabra de Dios y esa palabra es eficaz en medio de los suyos y obrando milagros.

Lucas, que sigue a Marcos en el comienzo del ministerio de Jesús, introduce – sin embargo – una novedad en el relato vocacional del principio. El principio y el fin le sirven para introducir el relato de la pesca. Veamos brevemente:

Marcos 1:16-18
Lucas 5:1-11
Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.























[Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes (v.19)]
Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse.
Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado.
Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y los haré llegar a ser pescadores de hombres».
Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres».
Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Como puede verse, el comienzo y el final están tomados de Marcos, mientras la circunstancia de la pesca es propia de Lucas (aunque hay una escena semejante en Jn 21). Que Jesús enseñe desde la barca también es tomado de Marcos (cf. 3,9; 4,1-2). 

En un sentido (que podríamos llamar “psicológico”) el cambio de Lucas es más razonable. No parece fácil de entender que a un predicador, del que no se ha escuchado ni visto nada, pescadores de profesión dejen todo simplemente por su palabra. En Lucas, en cambio, Jesús predica, expulsa un demonio, cura la suegra de Pedro, realiza otras curaciones y realiza una pesca milagrosa. Dejar todo para seguirlo, ahora parece más razonable, en este caso. De todos modos no hay que poner en esto el centro del relato.

La multitud (ojlos) se agolpa para escuchar “la palabra (logos) de Dios”, expresamente Lucas señala que eso es lo que Jesús predica (cf. 8,11.21; 11,28; 24,19 [en Mateo y Marcos “la palabra de Dios” se refiere a las escrituras; cf. Mc 7,13]). 

Sentado (cf. 4,20; Hch 13,16), enseñaba (es un tema habitual del ministerio de Jesús en Lucas, x17). El acento en el relato estará puesto en Simón, aunque por momentos se alterna el singular (vv.4.5.8.10) y el plural (vv.4.5.6.7.9.10.11) dando a entender que en él se incluye a todo su grupo. Simón (Lucas con frecuencia elige llamarlo así, aunque también utiliza Pedro [ver 5,8; 6,14]) es testigo – con los que lo acompañan – de la predicación.

La pesca en el lago es de noche (v.5) pero ésta será “por tu palabra” (rhêma; la palabra del profeta Jesús tiene otra “densidad”, no se trata sólo de un predicador, este es uno que dice “palabra de Dios”) y la cantidad de peces es inmensa y las redes se rompían (Juan señala que “no se rompían”, 21,11). Pedro lo ha llamado “epístatês” (el que ‘está sobre’, a veces traducido “maestro”, término que sólo Lucas utiliza 7x en el NT). Los compañerossocios (en v.7 utiliza metójois y en v.10 koinônoi) de Pedro (los hijos de Zebedeo, v.10) suelen ser los que ponen en común el fruto de la pesca a fin de aliviar el cobro excesivo de impuestos (parece que rondaba el 40% a lo que se ha de sumar el costo por los intermediarios, lo que se trataba de evitar por las asociaciones a las que hicimos referencia). 

Ciertamente lo que cuenta en el texto es el hecho milagroso (no interesa en esto el hecho histórico) que motiva la actitud de Simón cayendo de rodillas (es actitud de oración: ver 22,41; Hch 7,60; 9,40; 20,36; 21,5). El término “varón pecador” vuelve a encontrarse en el NT sólo en Lc 19,7 referido a Zaqueo (es frecuente en el Sirácida 6x); el tema recuerda lo dicho por Isaías en el relato vocacional (6,5). Simón reconoce en aquel que habla palabras de parte de Dios al “Señor” (kyrie) y reconoce la distancia: él se sabe pecador. Pero los lectores de Lucas sabemos la cercanía que Jesús entabla con los pecadores: 5,30.32; 7,34.39; 15,1-2.7.10; 18,13; 19,7.

Aquí el texto retoma el relato de Marcos uniendo las dos escenas (Pedro y Andrés, Santiago y Juan). El “asombro” (thambós) es un término infrecuente, pero que también se utiliza en Hechos al comenzar el ministerio de la Iglesia (Lc 4,36; Hch 3,10), es la actitud frente a lo sagrado. 

El término “no temas” es usado ante una intervención de Dios (cf. 1,13.30), lo usa Jesús ante Jairo preparando la revivificación de su hija (8,50 Q) y dirigiéndose al “pequeño rebaño” al que el Padre le da el reino (12,32).

El vocablo usado por Lucas por “pescador” es atrapar, capturar pero mantener con vida (zôgréô, cf. 2 Tim 2,26), en v.2 Lucas había señalado que eran “pescadores” (alieys), término que utilizan Marcos y Mateo. Lucas prefiere poner el acento en el mantenimiento de la vida.

Pero la novedad principal de Lucas viene dada por el pequeño y casi imperceptible cambio que hace al final. Ya no se trata de que los pescadores dejan las redes o las barcas o sus padres, para Lucas ellos “dejándolo todo” lo siguen (el seguimiento es particularmente importante en Lucas entendido como discipulado, 5,27-28; 9,23.49.57.59.61; 18,22.28.43; 22,39.54). El seguimiento de Jesús es exigente y supone dejar todo (5,28; 14,33; 18,22-23).


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