viernes, 19 de julio de 2019

¿Estos hablan de “valores”?


¿Estos hablan de “valores”?


Eduardo de la Serna



Ya pasaron, al menos en muchos ambientes, esos días en que el/la presidente/a “debía” ir a algunos actos importantes para ser regañado / cuestionado / ofendido / maltratado por esos grupos más importantes aún que sus actos. Entonces en la Sociedad Rural, el presidente criticaba la política oficial hacia “el campo” (con lo que lograron una identificación simbólica entre los 4 o 5 dueños de los más grandes oligopolios con “el campo” / los campesinos); el día de la Patria, en el Tedeum el presidente debía escuchar el “jalón de orejas” del arzobispo cuestionándole la falta de “valores”, especialmente en lo que tuviera que ver con algunos temas: educación, familia (¿y propiedad?)… entre esos pocos actos, también refulgía el “Día del Ejército” en el que un oficial de alta graduación le “explicaba” al Jefe del ejército (el/la presidente/a) lo que debía hacer y (todavía) no estaba haciendo. Lo que quiero señalar en que pasaron tiempos en los que el jefe de gobierno debía rendir cuentas a “los que mandan”.

Pero “pasaron cosas”, y una Sociedad Rural que silba al primer presidente de la democracia incentivada por el ruido de un Clarín, o la evidencia de complicidades de obispos con la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica, llevaron a que muchos en la sociedad, no vieran con agrado esos “regaños”. El pueblo (ese que en otro tiempo se congregaba públicamente para manifestar acuerdos o desacuerdos, por medidas varias, o para que pongan la fecha o que retiren el 2x1) estaba ajeno a todos estos “días de…” de los dueños. Los dueños estaban bastante desacreditados.

El actual gobierno, con su fenomenal campaña publicitaria ha “mostrado” (= disfrazado) a los mismos dueños como “nuevos”, como que “ya no son”, y ostenta a la Sociedad Rural directamente a cargo del ministerio de agricultura, nos habla de que el FMI “ya no es” lo que sigue siendo… y también lo es / ya no es el ejército (y demás fuerzas armadas y de seguridad)… ¡el ejército! Si hasta hace un desfile en el que se ostentan desde aldos ricos hasta tanques sin frenos que atacan ferozmente un árbol estacionado en la vereda. Y en ese contexto, el gobierno nos informa que volverá una suerte de “servicio militar”… ese mismo que el obispo castrense Olivera bendice (¿y nos querían hacer creer que los obispos castrenses “ahora” eran buenos?) y que un intendente manso como un arroyo estancado pretende mostrar como nenes de teta a los fascistoides locales pidiendo que se amplíe a mujeres y discapacitados. Pero es que la que estará a cargo es Gendarmería que tiene mejor imagen que la educación pública, al decir de la ministra. Y me surgen algunas preguntas:

1.- Suponiendo que fuera cierto (¡y no lo creo!... como no creo nada de lo que afirma este gobierno, empezando por sus cifras y datos), ¿es la imagen y no la capacidad lo que habilita para ser “formador de valores”? (siempre el márquetin es lo que les importa a estos tíos).

2.- La gendarmería… ¿es la misma que reprimió a corchazos a los pocos indígenas de Resistencia Cushamen y provocó la muerte de Santiago Maldonado? ¿Ese sería el “valor”: reprimir a los dueños de la tierra pequeños para que no molesten a los grandes poseedores, tipo Benetton? ¿Provocar muertes inocentes sería un valor? (valor chocobárico, por cierto).

3.- La transmisión de valores, ¿no estaba a cargo de la educación “libre, laica, pública y gratuita? ¿Por qué la desfinanciaron? ¿Por qué se pasan el día a día maltratando a docentes? Pareciera que este nuevo “servicio” es algo especialmente dirigido a jóvenes pobres (con el “anzuelo” de comidas diarias) que no trabajan ni estudian… ¿Algo que será aplicado por este mismo gobierno que cierra empresas y escuelas (es el primer gobierno de los últimos 70 años que cierra escuelas en lugar de abrirlas)? Y ¿las universidades (esas que reciben a los jóvenes pobres que Mariu dice que no)?

4.- Suponiendo que las mejores personas del país están en la Gendarmería… ¿No se espera de ellos que cumplan su rol en las fronteras, por ejemplo? ¿Cuál sería, al pensar ministerial, la capacidad de comunicar valores? ¿Serían docentes los gendarmes? Resulta cuando menos curioso… por decir poco, esa súbita vocación docente de fuerzas de seguridad armadas. Las mismas que educan en el miedo a cada ciudadano que quiere manifestar públicamente y reclamar por sus derechos ante Rinocerontes armados con alta tecnología israelí.

5.- Los que creemos que los verdaderos valores son los de la solidaridad, los derechos humanos, la justicia y la paz que nace de ella, el encuentro y el/la otro/a no le reconocemos ninguna (repito: ¡¡¡ninguna!!!) capacidad a este gobierno individualista, inhumano, sádico, cínico, mentiroso, injusto… ninguna capacidad para educar en valores. Especialmente porque, no sólo confunden “valor” y “precio” (Serrat), sino porque lo que para ellos vale, para mí no vale nada. Y valga un pequeño paréntesis: vaya mi rechazo al comentario de pasmosa superficialidad de Liliana Hendel, la periodista que reemplaza a Gisela Marziotta en la 750 (no que Marziotta me pareciera demasiado lúcida, ¡que no!), pero su comentario de que no comparte en nada “los valores de la Iglesia católica, apostólica, romana” ameritaría que, al menos brevemente, explique por qué no está de acuerdo con el valor central del amor, la importancia del cuidado de la casa común, el respeto sagrado por el/la otro/a, la verdad y la justicia (porque esos son valores de la Iglesia…). Más allá que 3, 10 o 100 eclesiásticos digan o hagan otra cosa. No estaría de más que los que tienen el poder del micrófono, cuiden las palabras… para no caer en lo mismo que critican de la mediocridad “mácrica”, pero “del otro lado”.

Lo cierto es que, más allá de todo, tengo claro que no quisiera que a los jóvenes de mi país los “eduquen” (sic) en estos valores. Porque, para mí, no valen nada, y porque creo que lo que les inculcarán (e introyectarán) son precisamente los anti valores contra los que combato en el día a día.


Foto tomada de https://www.sopitas.com/mientras-tanto/rinoceronte-africa-turistas-ataque/

martes, 16 de julio de 2019

Comentario domingo 16C

El desafío subversivo del Reino


Domingo 16 º durante el año “C”


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Génesis     18, 1-10ª


Resumen: Unos enviados de Dios pasan por la puerta de la tienda de Abraham rumbo a Sodoma. Allí haciendo gala de su religiosidad y preocupación por los peregrinos, Abraham manifiesta la importancia sagrada de la hospitalidad. Esto repercutirá en una promesa de descendencia anunciando el nacimiento de Isaac.

Este texto del libro del Génesis fue sumamente comentado y enriquecido, particularmente a la luz de una serie de elementos simbólicos (o mejor dicho, simbolizados). Como se ve, los visitantes son tres, pero por momentos es de uno que se habla (“Yahvé se le apareció…”; “señor mío…”; “le dijo…” vv.1.3.10). Esto sirvió a una reflexión sobre la Santísima Trinidad brillantemente plasmada en el conocido ícono de A. Rublev (“Trinidad”) de la primera parte del siglo 15. Pero esta lectura espiritual es ciertamente ajena al texto, y no aludiremos a ella. 

Como la liturgia lo destaca, el texto remarca claramente el rol que en el mundo antiguo jugaba la hospitalidad. Especialmente en los ambientes nómades o semi-nómades, el desierto, el calor o el frío, los peligros de animales, bandidos o falta de agua, volvían indispensable y sagrada esta conducta. Incluso –tan sagrada- que los perseguidores esperarían fuera ante un refugiado, y hasta tan sagrada que hay “ciudades asilo” a lo largo de Israel donde estaban a salvo los que debían ser condenados (cf. Núm 35,9-15). De hecho, el mismo texto entra en contraste flagrante con el cap.19 donde estos mismos visitantes no son recibidos hospitalariamente por los habitantes de Sodoma, por lo que la ciudad entera es castigada (salvándose Lot, precisamente por su acogida). El contraste de actitudes resulta necesario para comprender la recompensa que recibirá –en promesa- Abraham, y el castigo de Sodoma (que fue mal interpretado desde las miradas que ven que todos los pecados graves son sexuales); el anuncio de vida, en el caso de la religiosidad hospitalaria de Abraham –el anuncio del nacimiento de Isaac- y la muerte en reacción a la falta de hospitalidad de parte de los habitantes de Sodoma. 

Como es habitual en el mundo antiguo –y en el desierto- una planta es considerada casi sagrada, en este caso una encina, árbol que puede superar los 20 mts. De sombra abundante y hojas perennes y que da por frutos las bellotas (ver Gen 12,6, la encina de Moré –ver Dt 11,30- y el establecimiento de Abraham en la encina de Mamré en 13,18 –donde, además, “edifica un altar”-; 14,13; la nodriza de Rebeca fue sepultada en Betel, bajo una encina, 35,8; ésta incluso puede marcar un límite geográfico, Jos 19,33, y es lugar frecuente de asentamientos o centro de caminos: Jue 4,11; 9,37; 1 Sam 10,3, y hasta de coronaciones, Jue 9,6. Sin dudas que la altura y la sombra del árbol son fundamentales en este caso (Os 4,13; Am 2,9; Is 2,13; 6,13; 44,14; Ez 27,6; Zac 11,2). 

El relato destaca el calor y la oferta de pan y agua para beber y lavarse antes de seguir camino. Recuperar las fuerzas es –obviamente- fundamental para el camino del desierto. La hospitalidad de Abraham va más allá de lo dicho, ya que incluso les prepara un buen alimento (carne, leche, cuajada), lo hace casi corriendo y queda “de pie” ante los visitantes, en actitud de sirviente. Como hemos dicho, la hospitalidad es “sagrada” y además, estos personajes son “Yahvé que se aparece” (v.1), cosa que nosotros, los lectores sabemos aunque Abraham la ignora. De allí el siguiente paso, la promesa. La pregunta por “tu mujer, Sara” no parece sorprender a Abraham, y no debemos leer más allá. Como corresponde a lo que se espera de las mujeres en el mundo antiguo, Sara está dentro de la tienda y no se deja ver por los extranjeros, pero ella escucha. La promesa del vocero de los visitantes es que ella tendrá un hijo en un año. 

El tema de la descendencia de Abraham no es central en el texto litúrgico (que –como dijimos- destaca la hospitalidad), pero sí lo es en el relato. De hecho, luego de destacar que Sara escucha el dicho, y antes de indicar que ella “ríe” para sí (la referencia popular a la relación entre la risa de Sara y el nombre de Isaac es reflejada en otras partes: Gn 17,17; 21,1-6, se recuerda la edad de ambos, y que Sara había entrado en la menopausia. El diálogo entre Abraham y “Yahvé” (notar que no dice –ahora- el visitante, o uno de ellos; por momentos parece que Yahvé es el principal y los otros dos son acompañantes, cf. 18,22; 19,1) (v.13) continúa, debatiendo acerca de la risa de Sara e incluso ella interviene en el diálogo (v.15). La escena nos hace imaginar la conversación detrás de la tela de la tienda. Luego los peregrinos se despiden (v.16) y se dirigen a Sodoma, ciudad que –sabemos- será destruida (algo por lo que Abraham intercederá).


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas     1, 24-28


Resumen: el discípulo de Pablo destaca que en el crecimiento de la comunidad y en el anuncio de la palabra a todos se va conformando el cuerpo de Cristo. El anuncio evangelizador supone sufrimientos y dificultades pero así el cuerpo de Cristo va creciendo y el plan de Dios se va desplegando en la vida perfecta de las comunidades.

El “himno cristológico” que la liturgia nos presentaba la semana pasada (Col 1,15-20) tiene una pequeña “aplicación” en los versículos siguientes (vv.21-23). En v.24 comienza una nueva unidad. Si en v.21 el acento estaba en “en otro tiempo” (poté), la unidad comienza con “ahora” (nyn). Este “ahora” se dice de la unión entre “Pablo” y los colosenses, a los que no conoce (2,1). La unidad parece concluir en 2,5 donde termina la estrecha relación entre Pablo y “ustedes” para dar comienzo a las propuestas de “Pablo” a los colosenses ante los errores que los seducen (2,6-4,1). La unidad 1,24-2,5 tiene una estructura concéntrica que es bueno señalar:

a   a.     “me alegro” (1,24)
        b.    Dar a conocer la riqueza del misterio (1,26-28a)
           c.     “con el objetivo de…” (1,28b)
               d.    Me esfuerzo (1,29)
         d’   qué esfuerzo duro (2,1)
      c’    “con el objetivo de…” (2,2a)
   b’   riqueza de conocimiento del misterio (2,2b-3)
a’    mi alegría (2,5)

Mirando esta estructura notamos que el fragmento de la liturgia sólo destaca la primera parte (de “a” a “c” omitiendo la parte recíproca, de “d” a “a”). 

Este fragmento presenta muchos temas que son de difícil análisis y resulta complicado de analizar en detalle. Nos detendremos solamente –por lo tanto- en lo principal sin desconocer que hay diferentes opiniones entre los estudiosos y su dificultad.

El primer conflicto y dificultad viene dado por la frase “lo que falta a las tribulaciones de Cristo” (v.24). De ninguna manera se ha de entender en el sentido de que la cruz de Cristo necesita complementos; en 1,19.20.22; 2,9-10.13-14; 3,1 se puede ver claramente que la obra de Cristo es perfecta en sí misma. Esto se ha prestado en algunos momentos de la Iglesia a conclusiones patéticas en las que se alentaba el sufrimiento como algo redentor, por eso debe ser aclarado. La idea de “soportar” los padecimientos por parte del Apóstol parece que debe entenderse en sentido vicario, por tanto son hyper, “en favor de”, o “en lugar de su cuerpo”. Está aclarado en el v.25 como eis, “para ustedes”. Los “padecimientos” del apóstol lo ponen en comunión con Cristo y con los “padecimientos” de la comunidad (Rom 7,5; 8,18; 2 Cor 1,5.6.7; Gal 5,24; Fil 3,10). Sin embargo, lo que se dice que “falta” es a las “tribulaciones” (thlipsis) de Cristo, y es bueno notar que este término en Pablo nunca se dice de los sufrimientos de la cruz de Cristo; siempre se dice del apóstol o de los discípulos. Esto nos lleva a otra pregunta: al hablar de las “tribulaciones de Cristo”, ¿se está refiriendo a las tribulaciones de Jesús o de la Iglesia, cuerpo de Cristo? Las muchas posibilidades de lectura –como dijimos- nos invitan a ser mesurados, pero destaquemos al menos algunos elementos fundamentales: “Pablo” se está refiriendo a la evangelización, tal es su ministerio apostólico. El sufrimiento y las tribulaciones son características de Pablo en cuanto misionero, de allí que lo que está destacando es que “lo que falta” se refiere a todos aquellos “lugares” (los paganos) donde falta anunciar el evangelio entre tribulaciones. Ese es el bien de “su cuerpo, que es la Iglesia” (v.24).

La relación cuerpo – cabeza (recordar lo señalado la semana pasada en la nota a la segunda lectura) tiene una clara connotación escatológica y de identidad. En 1,23 Pablo se presentó como “servidor (diákonos) del evangelio” (cf. 1,7); ahora dice que es “servidor (diákonos) de la Iglesia” (1,25). La Iglesia existe para el evangelio según “la economía de Dios” que le dio (a “Pablo”) “para ustedes”. “Economía” (cf. Ef 1,10; 3,2.9) debe entenderse como proyecto, deseo, plan, gracia de Dios en orden a una comunidad (“ustedes”, “la Iglesia”). El plan de Dios es, precisamente, que se lleve a “plenitud” la palabra de Dios. Es posible que esta “plenitud” a la que se debe llegar según el plan de Dios sea, precisamente, “lo que falta” a las tribulaciones. La palabra debe hacerse conocer.

Esta palabra es a su vez denominada “misterio”. Es importante notar que en los textos post-paulinos (como Colosenses y Efesios) la idea del “misterio”, ya insinuada en Pablo (Rom 11,25; 14,24; 1 Cor 2,7; 4,1; 13,2; 14,2; 15,51; cf. 1 Cor 2,1 en algunos manuscritos), alcanza un sentido mucho más profundo (Ef 1,9; 3,3.4.9; 5,32; 6,19; Col 1,26.27; 2,2; 4,3; 2 Tes 2,7; 1 Tim 3,9.16). El término proviene de los ambientes apocalípticos, algo que ocurre (por ejemplo la persecución y martirio de los justos) y ante la duda ¿dónde está Dios? ¿por qué no interviene? El planteo es que se trata de un “misterio”. Pero esto no finaliza aquí ya que lo propio es que “en algún momento”, el misterio será revelado. Lo habitual del misterio bíblico es su posterior revelación (algo que la literatura apocalíptica “anticipa” con un intérprete de los misterios). Aquí “Pablo” señala que este “misterio escondido desde signos y generaciones” es “ahora” (nyn) manifestado a sus “santos”. En 2,2 se destaca que estos destinatarios del “conocimiento” del misterio son los Colosenses (y los de Laodicea). La relación entre el misterio y el anuncio de la palabra quedará clara en 4,3. Lo que Dios ha “escondido” es que los paganos, tanto como los judíos, son destinatarios de la salvación que Dios prepara para todos. Esto es lo que el apóstol debe anunciar a todos, entre sufrimientos. “Cristo en ustedes, esperanza de la gloria” (v.27). 

Esto es lo que “Pablo” anuncia (v.28) para “presentar” (¿cómo una ofrenda?) a todos “perfectos en Cristo”. Esa “perfección” es la voluntad de Dios (Rom 12,2), es la novedad traída por Cristo que contrasta con la de “este mundo” responsable de negar a Jesús y cuyos príncipes lo ejecutaron (1 Cor 12,6), es escatológica (1 Cor 13,10) y ya la posemos en cierto modo (Fil 3,15). De todos modos, es una perfección hacia la que se tiende (Ef 4,13) pero ya puede vivirse en la comunidad (Col 4,12). Se refiere, entonces, no a una “perfección” ontológica, o de ser (“sólo Dios es perfecto”) sino a una perfección ética hacia la que se tiende, pero que ya puede vislumbrarse y practicarse.

Es esto –por este conocimiento del misterio, y anuncio que conduzca a un modo de vida perfecto- por lo que “Pablo” se esfuerza y lucha (v.29, omitido en el texto litúrgico). 

Como se ve, el discípulo de Pablo se presenta como continuador de su obra y ministerio predicador a todos. Esa predicación, como a Pablo, como a sus comunidades, les atrajo dificultades y sufrimientos pero de ese modo Cristo, en su cuerpo eclesial, va siendo formado y la palabra de Dios y su plan de salvación se van conociendo y desplegando en la historia.



+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     10, 38-42

Resumen: Dos mujeres que representan dos actitudes diferentes se contraponen en el texto. Marta manifiesta la hiperactividad característica de la hospitalidad; María manifiesta claramente la actitud de una discípula modelo. La valorización “sagrada” de la hospitalidad es confrontada contraculturalmente por Jesús mostrando la dinámica subversiva del reino. Sólo “una” cosa tiene valor, en contraste con las “muchas cosas” de Marta. Sólo el reino es absoluto, todo lo demás –por valioso que sea- es relativo.

Jesús sigue –con los suyos- de camino, algo que como sabemos es propio de Lucas, y entra en un pueblo. Allí es recibido por una mujer llamada Marta que tiene una hermana llamada María.

Dos breves notas aclaratorias: muchos manuscritos dicen que “Marta lo recibió” pero no aclaran que esto ocurriera “en su casa”. Es probable que haya sido añadido posteriormente para precisar el lugar ya que daría la sensación que fue recibido en el pueblo al que Jesús entra; sin embargo, no es necesario incorporarlo. Siendo que no es frecuente que una mujer –ni siquiera ante otros- reciba en su casa a un varón, muchos piensan que la omisión “en su casa” en algunos manuscritos se debe a la intención de evitar el escándalo; sin embargo, la hospitalidad no resulta extraña o escandalosa en ambientes helenísticos como son los destinatarios de Lucas. Por otro lado, los lectores del Evangelio de Juan conocen estas dos hermanas y a su hermano Lázaro. Los tres son de Betania (Jn 11,1), aldea muy cercana a Jerusalén (Jn 11,18) y donde Jesús suele pasar la noche cuando se dirige a la Ciudad Santa, según parece (ver Mc 11,11.12; aunque cf. Mt 26,6). Como el viaje hacia Jerusalén – que en Lucas - recién comienza, es posible que haya omitido el nombre de la localidad porque de lo contrario, no tendría justificativo la demora en llegar a la Ciudad. La mención de las hermanas es uno de los puntos en contacto que Lucas tiene con Juan, aunque desconoce –o no manifiesta conocer- a Lázaro, el hermano de estas (pero, ver Lc 16,19-31).

El relato del Evangelio pone en contraste dos actitudes frente a Jesús, las de las dos hermanas. Veamos brevemente: 

Marta está ocupada con los quehaceres (pollên diakonían). Ella es la que “recibe” (hypodéxato) a Jesús. El verbo se repite también en 19,6 cuando Zaqueo “recibe” a Jesús en su casa [única vez en los Evangelios]. Es el verbo de la hospitalidad (ver Hch 17,7; Sgo 2,25). Señalemos, pare empezar, entonces (y conforme a lo que se dijo en el comentario a la primera lectura) que Marta hace lo que se espera que se haga: la hospitalidad es “sagrada”. El contraste –como se dijo- está dado por la actitud de María. Sentada a los pies de Jesús y escuchando su palabra. Ambos términos son muy importantes, particularmente en Lucas:

Es “a los pies” de Jesús que se coloca la pecadora pública (7,38) que manifiesta “mucho amor” y fe; a los pies de Jesús está el que había estado endemoniado en Gerasa (8,35), a los pies de Jesús cae Jairo pidiendo por la salud de su hija (8,41); a los pies de Jesús se postra el samaritano que había sido leproso y también manifiesta fe (17,16), Pablo –en Hechos- afirma que fue educado “a los pies de Gamaliel” (Hch 22,3). El término significa una actitud de sumisión o sometimiento, como se ve en las cosas que se ponen a “los pies” de alguien, como autoridad (ver Hch 4,35.37; 5,2; 7,58). Estar a los pies de alguien es tomar la actitud del discípulo.

“Escuchar su palabra”: las multitudes (ojlos) se agrupaban para “escuchar la palabra de Jesús”, el que “viene a mi” y escucha la palabra se parece a una persona que edifica su casa sobre buenos cimentos (6,47); la semilla sembrada por el sembrador es la palabra que muchos escuchan, pero sólo unos la conservan (8,12-15). Cuando una mujer de la “multitud” alaba a la madre de Jesús por haberlo engendrado, él dice que es “dichoso más bien el que escucha la palabra y la guarda” (11,28) ya que ese (y esa) es “su Madre y sus hermanos” (8,21). La escucha no basta, pero es el primer paso indispensable del discipulado, luego la palabra se deberá “cumplir”, “hacer”, “guardar” (cf. 1,38).

Las dos actitudes de María son las actitudes del discipulado. Y acá se refuerza el contraste entre ambas que viene expresado en las palabras de Marta a Jesús (el que es reconocido como “señor”). El pedido a Jesús de que “diga” (en imperativo), recuerda a aquel que le pide que “diga” a su hermano que reparta la herencia (12,13), o también a la tentación de que “diga” una palabra para que las piedras se conviertan en pan (4,3) o el centurión que se considera indigno de que Jesús vaya a su casa, “di una palabra y mi criado quedará sano” (7,7). 

Evidentemente, si María escucha la palabra de Jesús, su dicho surtirá efecto y ésta “ayudará” a Marta. Pero Jesús no se dirige a María sino a Marta:

Te “preocupas” (cf. 12,11.22.25.26) revela una ansiedad, preocupación angustia; “te agitas” (única vez en la Biblia, indica hiperactividad) por “muchas cosas” (pollá) [ya sabemos que Marta estaba “atareada” (v.40, única vez en el NT) en “muchos servicios”, pollên diakonian] “pero” (o también “y” en sentido de contraste)... Marta hace muchas cosas, pero hay “un pero”. El contraste está dado entre el “muchas” y el “una”, manifestada en la actitud de María. “Una” es necesaria, y María “escogió la parte buena”. La “parte” es aquello de lo que se participa (tomar parte; cf. Hch 8,21; 2 Cor 6,15; Col 1,12), María “elige”, lo cual es un verbo sumamente importante en la Biblia (pueblo elegido, elección de los discípulos, pero también alude a las elecciones cotidianas: “los primeros puestos”, 14,7). La “parte” es sumamente importante en el AT: Israel es la “parte” de Dios entre los pueblos (Dt 9,26), los sacerdotes, la “parte” de Dios entre las tribus (Núm 18,20), o los levitas (Dt 10,9). El salmista confiesa que “Dios es mi parte” (15,5; cf. 73,26; 119,57; 142,6). Lo que María ha elegido es participar de lo bueno, “la parte buena”, como la “tierra buena” (8,8.15) que son los que “escuchan la palabra”, la guardan y dan fruto. De esta porción se dice que es buena, “no le será quitada”, no se la pueden llevar, como no pueden llevarse los ladrones los bienes dados generosamente a los pobres ya que donde está el tesoro, está el corazón (cf. 12,33-34). 

El relato finaliza aquí ya que en 11,1 Jesús estará en otro lugar (no señalado) orando a solas. 

Es importante remarcar el contraste destacado en el relato para evitar lecturas que lo distorsionan (como señalar el contraste entre una vida activa y una vida contemplativa, de claro cuño platónico). Ya es evidente lo que se destaca de María: su actitud de discípula (“sentada a los pies”, “escucha de la palabra”, “eligió la porción buena”, “no le será quitada”, “una sola necesaria”), pero ¿qué es lo que hace Marta? Marta expresa visiblemente la dedicación casi absoluta que el mundo antiguo da a la hospitalidad (recordar la primera lectura). Marta hace lo que “debe” hacer, lo que se espera que haga, y lo hace en “exceso”. Culturalmente, Marta es ejemplar, es modelo: así debe actuar una persona aunque –como se dijo- no es habitual que eso ocurra en una mujer (notar en el caso de Abraham que es él quien atiende y manda a su mujer cocer el pan). Como se dijo, muchos manuscritos omiten que esto ocurre en “la casa” con lo que se estaría al menos insinuando la presencia de una mujer fuera de su ámbito establecido (la casa), lo cual es más obvio todavía en caso de María. De todos modos, es frecuente el anuncio del Evangelio en las “casas” (cf. 10,15; aunque el tema es más destacado en el Evangelio de Marcos, cf. 2,1; 3,20; 7,17; 9,28 como “lugar” de la catequesis). El contraste –y esto es lo que debe resaltarse- está dado entre la hospitalidad y el discipulado, Marta responde a lo establecido, a lo que culturalmente se espera de ella; María responde a los valores contraculturales del reino de Dios. Como en tantas ocasiones, el reino es reflejo de “otro mundo posible”, y por tanto alternativo. Diferentes instancias e instituciones que son valoradas (y supervaloradas) por el mundo antiguo (y contemporáneo) son relativizadas por Jesús. Sólo el reino es absoluto, el resto (decía Pablo VI) es “lo demás”, por tanto es “relativo” (Evangelii Nuntiandi 8); la familia, la hospitalidad no dejan de ser valiosos pero son relativos frente al discipulado del reino que es lo único que cuenta y “no será quitado”. Una vez más, el reino aparece como subversivo ante los valores absolutos encarnados en el Reino de Dios.

Una nota sobre las mujeres en el Evangelio de Lucas. Se ha señalado, con razón, que Lucas da “pasos atrás” con respecto al lugar principal que las mujeres ocupaban en el ministerio de Jesús o las comunidades de Pablo. En esto Lucas es reflejo de la “rutinización”, la “estructuración” que las comunidades se fueron dando en su tiempo a fin de ser aceptados en las ciudades del imperio. Algo semejante se descubre también en otros escritos del tiempo, como Mateo, o las cartas llamadas “pastorales” (anticipadas por lo que se ve también en Colosenses, Efesios y 1 Pedro, por ejemplo con respecto a este tema). Se profundiza el “lugar” de la mujer que es en “la casa”. Sin embargo, hay que recordar que siendo que las comunidades primitivas fueron “iglesias domésticas”, el rol de la mujer no dejó de ser –aunque relativizado- de primera importancia. Ya no ocupan lugares preponderantes en los ministerios (como sí se ve en Pablo, por ejemplo), pero no han desaparecido. Lucas, en concreto, aunque no señale mujeres en lugares pastorales centrales, destaca con frecuencia la participación de mujeres en el grupo de Jesús. No es razonable preguntarse si Jesús tenía discípulas, o disimularlo, como lo hace la adulteración del texto de Aparecida que en el texto original decía que
 «en una época de marcado machismo, la práctica de Jesús fue decisiva para significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible: Habló con ellas (cf. Jn 4, 27), las curó (cf. Mc 5, 25-34) las reivindicó en su dignidad (cf. Jn 8, 1-11), las eligió como primeras testigos de su resurrección (cf. Mt 28, 9-10) e incorporó mujeres a su grupo (cf. Lc 8, 1-3)» (Nº 470)
   y fue deformado a 
«en una época de marcado machismo, la práctica de Jesús fue decisiva para significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible: habló con ellas (cf. Jn 4, 27), tuvo singular misericordia con las pecadoras (cf. Lc 7,36-50; Jn 8,11), las curó (cf. Mc 5, 25-34), las reivindicó en su dignidad (cf. Jn 8, 1-11), las eligió como primeras testigos de su resurrección (cf. Mt 28, 9-10), e incorporó mujeres al grupo de personas que le eran más cercanas (cf. Lc 8, 1-3)» (Nº 451). 

Ya no se trata de mujeres incorporadas al grupo de Jesús, sino “cercanas”. Que en el Evangelio no se use el término “discípula” es razonable, ya que éste no existía en su tiempo. Aunque Lucas lo "inventa" y utiliza en Hch 9,36, y el texto comentado destaca evidente y claramente que María es discípula de Jesús., Con lo que a la actitud contracultural de destacar el discipulado del reino por encima de valores sagrados como la hospitalidad, destaca también el discipulado femenino, lo cual ciertamente, no era posible en su tiempo.




Foto tomada de http://leondejuda.org/node/7685

sábado, 13 de julio de 2019

Es fácil, ¿no, Martha?


Es fácil, ¿no, Martha?

Eduardo de la Serna



En tiempos de medios y pos-verdades, de fake news y márquetin, de campañas y macrismo, hablar es gratis. Hablar cuando para “un lado” se trata, claro. Es fácil decir cualquier cosa, nadie repregunta, nadie pide pruebas, nadie – al menos – pide precisiones. Todo vale. Macri es la prueba más evidente de ello, y Carrió no le va en zaga. Habla y da números, dice que hizo, y hasta toca cementos. Nadie cuestiona. Dice que las obras no son relato, y nadie le pregunta si las obras anteriores lo fueron (¿el ARSAT es relato? ¿las universidades, escuelas y rutas?) y – peor aún – nadie le pregunta qué empresa ganó la licitación? ¿qué tan transparente fue? ¿cuál fue el presupuesto? Antes, en el relato, lo sabíamos. Se nos dice a cada rato, decenas de veces, que están poniendo cloacas y agua potable donde antes no había. ¿Hay alguna otra posibilidad? ¿Qué sentido tendría poner cloacas donde ya las hay? Hablar es gratis. Y Macri y Mariu, habladores ellos, hablan contra las mafias (¿hay algún mafioso preso? me refiero a preso con pruebas y sentencia, porque presos, lo que se dicen presos, hay un montón). Hablar de “la mafia” es facilísimo, “y garpa”. No conozco a nadie que defienda a las ”mafias”.

Cuando se encontró con Martha Pelloni en La Rioja, el amigo Paco le preguntó si iba a volver a votar a Macri. “Me equivoqué”, le dijo. Parece que “garpa” decir “me equivoqué”, porque “pasaron cosas”. Pero, parece que no ha manifestado “propósito de enmienda” porque se vuelve a equivocar; aunque, en realidad, no se equivoca. Es expreso. Es gorilismo explícito.

El antiperonismo de Martha es evidente para cualquiera que la conoce. Pero… reconozcamos que “garpa” ser anti-peronista con Menem. Garpa ser anti-peronista con Saadi. Es muy fácil ser antiperonista en esos casos. El tema es diferente cuando el peronismo aparece como generador de trabajo digno y el macrismo de desocupación; cuando el peronismo “les hizo creer” que podían comer, tener calefacción, vacaciones y hasta comerse un asado cada tanto y el macrismo les hizo creer que era una fiesta que hay que pagar a 100 años. El tema es cuando el peronismo abre las puertas a la Patria Grande y reconoce como hermanos y hermanas a los vecinos y el macrismo expulsa a Vanessa a Perú, cuando aplaude a Bolsonaro y lame las botas de Trump; el tema es cuando los criminales genocidas (como tus parientes políticos, ¿no, Martha?) van presos por crímenes de Lesa humanidad, y el macrismo nos repite que son un curro y cosas chiquitas. Cuando pasan esas cosas, se complica, ¿no, Martha? ¡Era tan fácil y motivo de aplausos ser antiperonista ayer…! El tema, Martha, es que cuando vivís de rentas, como vos del caso María Soledad (1990), y pasaron casi 30 años, sos cómplice del hambre, de la desocupación, del empobrecimiento y del genocidio por goteo que es el neoliberalismo. Fue fácil, Martha. Se te hizo fácil y te dio fama y aplausos. ¡Los tiraste a la basura tan fácil!!! ¡Tan rápido!!! Lamento decirte que, en la Argentina de la miseria, podés haber tenido tus minutos de fama, pero ser gorila tiene consecuencias. Y las padecen los pobres. Siempre.


Foto tomada de https://www.pagina12.com.ar/206036-el-voto-del-odio

martes, 9 de julio de 2019

Comentario domingo 15C

“Vete a practicar la compasión para que vivas”

DOMINGO DECIMOQUINTO - "C"


Eduardo de la Serna





Lectura del libro del Deuteronomio     30, 9-14



Resumen: Israel tiene un Dios cercano, un Dios que es “su Dios”, a pesar de que “su pueblo” le ha sido infiel y lo ha rechazado. Luego de un tiempo de purificación, Dios vuelva a proponer el encuentro, como una suerte de nuevo éxodo, con una nueva circuncisión, recordándoles que poner en práctica los mandamientos es algo accesible a la vida de los suyos.

El libro del Deuteronomio es un libro complejo y revela diferentes etapas en su composición; seguramente es terminado en tiempos del exilio de la élite en Babilonia (587 – 537 a.C.). Una parte del texto litúrgico del día, alude expresamente a esto (30,1). Sin embargo, narrativamente el pueblo se encuentra en la región de Moab en camino a la “tierra prometida”, y los vv.11-14 parecen volver a ese tiempo. De hecho, la primera parte de la unidad literaria (30,1-10) parece estar en conexión con Dt 28, no tanto con cap.29. Veamos brevemente la unidad para entender mejor el texto litúrgico. La referencia a la bendición y maldición (cf. Dt 28 con el que está relacionado); abandona la segunda persona del plural para pasar al singular. Yahvé tendrá piedad de “ti” por gratuidad (4,31; cf. Jer 30,18; 33,26; Mi 7,19).

El exilio parecería indicio de que Dios ha roto definitivamente la alianza con su pueblo (28,58-68), sin embargo no es así como el autor del Deuteronomio lo ve; por el contrario es visto como un momento pedagógico. Si el gran pecado de Israel es la idolatría (“Sólo a Yahvé adorarás”, 5,6-7; 6,4), el exilio es un gran momento purificador; no es –entonces- el “fin de los tiempos” sino el fin de “estos tiempos”. Por eso el término clave de la unidad es “conversión”, “volver” (šûb; 30,1.2.3.8.9.10; cf. 4,29-31; 1 Re 8,46-50) “con todo el corazón” (vv.2.6.10) y por eso se repite tan frecuentemente en toda la unidad “Yahvé tu Dios” (30,1.2.3[x2].4.6[x2].7.8.9[x2].10[x2]) es decir, el Dios de la alianza (“ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Ex 6,7; Dt 26,17-18; 29,12). Como estaba mandado, estas cosas deben pasar por “el corazón” (6,4). Una suerte de “nuevo éxodo” se repetirá en el destierro (30,3-5). Dios mismo (ya no “el pueblo”, o cada uno) circuncidará el corazón de su pueblo a fin de que la alianza sea plena. Para estos, Dios les garantiza la “fecundidad” de los vientres, los ganados y los suelos (v.9) porque así serán felices y Dios se complacerá en ello. Esto se concluye en v.10 donde retoma por última vez las dos ideas fuerza (“tu Dios” y “conversión”, como hemos dicho). Este libro (v.10) es la ley, el mismo Deuteronomio (cf. 28,58.61; 29,19.20.26). No es una alianza esotérica que requiera medios extraordinarios, es una alianza con el corazón (Jer 31,33; Ez 36,26-27, como la circuncisión, v.6).

Sin embargo, existe la posibilidad que el pueblo crea que el cumplimiento de las normas y preceptos (v.11) es prácticamente imposible, y entonces dedica el párrafo siguiente (vv. 11-14) a desmontar esa idea. Al pasar el mandamiento por el corazón, lo interioriza, lo vuelve cercano. La referencia a la distancia entre cielo y tierra es frecuente en la literatura sapiencial (Pr 30,4; Bar 3,29-30; cf. Sal 139).

Como se ha dicho, los vv. 11-14 no tienen conexión directa con los versículos precedentes ni con los posteriores; retornan bruscamente a la realidad de la generación que está en Moab y su temática parece empalmar con 29,28 (no con c.28 como los vv.1-10). La intención es hacer ver a los contemporáneos que el cumplimiento de la ley es posible, porque esta no es lejana (cielo, mar) sino cercana (boca, corazón); cf. 6,6-7; Jos 1,8. El mar es símbolo del caos (Sal 33,6-9; 74,12-15), cruzarlo –por tanto- es sinónimo de la dificultad por excelencia (como también se ve en escritos mesopotámicos; recordar que Israel no es un pueblo navegante, como lo son los fenicios). La idea principal es que para Israel, Yahvé es un Dios cercano (Dt 4,7), y también son cercanos los medios que él mismo propone para amarlo.


Lectura de la carta a los colosenses             1, 15-20



Resumen: dado que algunos en Colosas han interpretado la persona de Cristo como uno de los ángeles, el autor de la carta intenta destacar –y el himno introductorio lo presenta claramente- la primacía fundamental de Cristo ya desde la creación, y luego en el acontecimiento reconciliador de la creación entera.

Para comenzar con esta carta que se leerá durante algunas semanas, destaquemos algunos breves elementos introductorios que conviene tener presentes.  Es muy probable que esta carta no sea compuesta por Pablo sino por un discípulo, transcurrido bastante tiempo y –probablemente- habiendo ya desaparecido el Apóstol. Hay muchos indicios que nos invitan a esta conclusión, como temáticas que indican el paso del tiempo, y respuestas que también parecen propias de nuevas realidades y una mayor “organización” eclesial. 

El texto que se propone en la liturgia es un gran himno introductorio, donde encontramos presentados algunos elementos que se desarrollarán más extensamente –o más claramente- en el cuerpo de la carta. 

Algunos autores proponen que el himno comienza en realidad en v.12, pero es posible que vv.12-14 sean una suerte de conclusión de lo anterior e introducción al himno, es decir, un pasaje de transición con elementos comunes a la acción de gracias y oración inaugural (1,3-11) y al himno (1,15-20). 

Se trata de un texto primitivo quizás no paulino de origen litúrgico, con interesantes reminiscencias a los textos sapienciales bíblicos y para-bíblicos (Qumrán incluido), incorporado por el autor para ilustrar lo que desarrollará a continuación. Es interesante ver cómo está estructurado el himno para ver cómo despliega su pensamiento el autor:

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.15


2.- pues en él (hoti en auto) todas las cosas (ta panta) en cielos y tierra v.16


3.- todo por él y para él (panta di autou kai eis auton) v.16



1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.18


2.- pues en él (hoti en auto) toda la plenitud (pan ta plêrôma) v.19


3.- por él … y todo para él (kai di autou… ta panta eis auton) en la tierra y los cielos v.20

Esto nos muestra dos estrofas construidas de modo semejante, la primera poniendo el centro en la creación (v.15.16 formando inclusión) y la segunda en la reconciliación (v.20; también presentada como pacificación). 

El tema de la primera estrofa es el papel de Cristo en la creación. Como pretende destacar la preexistencia y su relación con la creación, el autor recurre a imágenes propias de la literatura sapiencial: Pr 3,19; 8,22-31; cf. Sab 7,22; 9,2-4. 

Pablo hablaba de los seres humanos como “imagen” de Dios (cf. Rm 8,29; 1 Cor 11,7; 15,49; 2 Cor 3,18) pero también lo dice de Cristo (2 Cor 4,4); la imagen (eikôn, de donde viene nuestro término “ícono”). El término remite frecuentemente a los ídolos (cf. Mc 12,16p; Rm 1,23) pero en la carta lo volvemos a encontrar en referencia a Cristo (el Hombre Nuevo) “imagen” del Creador (3,10).

Los “Tronos, dominaciones, Principados y Potestades” forman parte del “todo creado en cielos y tierra”. No es evidente a qué se refiere ya que en 2 Pe 2,10; Jds 8 se refiere a personajes terrenos. El trono (thrónos) es con frecuencia un asiento (cf. Mt 5,34; 19,28…) y jamás se encuentra en Pablo ni en sus discípulos fuera de aquí. El señorío (kyriótês) fuera de este texto y en 2 Pe y Jds lo volvemos a encontrar en Ef 1,21, un texto que parece influido por Colosenses. Los “principados” (arjê, por tanto también principio, comienzo) los encontramos en Rom 8,38 que parece contrapuesto (por el contexto) a ángeles, en 1 Cor 15,24 junto con “poder y dominación” son destruidos por Jesús que está por encima de ellos (Ef 1,21) al final de la historia, se manifiesta a ellos y potestades en la Iglesia (Ef 3,10) que son “fuerzas del mal” (Ef 6,12). Jesús es el “principio” (Col 1,18), la “cabeza” de todo “principado y potestad” (2,10) y despojados por Cristo (2,15). Las potestades (exousía, por tanto también poder, derecho, libertad) en Rom 13,1.3 se refiere a las autoridades romanas, como se dijo, son adversarios de Cristo (1 Cor 15,24; en Ef 2,2 tienen que ver con el “príncipe” (arjontes) del poder y espíritu que actúa en los rebeldes; 3,10; 6,12; en Col 1,13 es “poder de las tinieblas”; cf. 2,10.15). Como se ve, en general se refiere a fuerzas supra-humanas, con frecuencia ángeles que obran el mal. En este caso, luego de haber señalado que todas las cosas fueron creadas “en él”, señala un par de merismos (construcción retórica que expresa la totalidad señalando extremos opuestos: cielo-tierra; visible-invisible) y concluye señalando la creación de estas fuerzas a las que la “herejía colosense” contra la que el autor reacciona parecen fuerzas rivales de Cristo, o “complementarias”.

Una nota sobre la “herejía de Colosas”: La angelología fue muy desarrollada en el judaísmo tardío; incluso empieza a proliferar una suerte de culto a los ángeles que será combatido en el N.T. (cf. Col 2,18; Heb 1,5.13). Pareciera que algunos en Colosas, ante la importancia dada a Cristo por los cristianos lo han puesto como “un gran ángel” o algo semejante. De allí la insistencia del autor en relacionarlo con la Creación, y como que “todo” fue creado “en él, por él y para él”, es “el primero en todo”, y “en él reside la plenitud de Dios corporalmente” (2,9; cf. 1,19) e incluso los “derrota”.

Como dijimos, la referencia a antes que todo alude a los textos sapienciales de la sabiduría. El himno presenta a Cristo como preexistente, otro reflejo de especulación sapiencial del judaísmo helenístico.

En la segunda estrofa, se destaca que Cristo es “la cabeza del cuerpo, la Iglesia (v.18; cf. 2,19). Muchos autores suponen que «la Iglesia» altera la idea de Cristo como cabeza del cuerpo cósmico, y que sería un añadido a un texto primitivo. Pero el tema “cabeza del cuerpo, la Iglesia” es un tema importante en Col (1,24.27; 2,17.19; 3,15 y en Ef 1,23; 4,15- 16; 5,23). En los escritos auténticos de Pablo la imagen del cuerpo es usada como metáfora de la Iglesia (1 Cor 6,15; 10,16-17; 12,12-27; Rom 12,4-5); en este caso no se trata de una “imagen como un cuerpo” sino del mismo cuerpo de Cristo (tampoco de un “cuerpo místico”, por cierto) lo cual significa un avance con respecto a Pablo.

Una nota sobre la escatología de Col (y Ef): como se sabe, Pablo espera para un tiempo relativamente cercano la venida de Jesús (cf. 1 Tes 4,15-17; 1 Cor 15,51-52). Sin duda que Pablo fue evolucionando en este sentido, especialmente cuando empieza a ver la muerte suya como algo posible. Pero no parece –en este caso- que Pablo piense que Jesús demorará su venida sino que él adelantará su partida. Con el paso del tiempo, la demora de esta venida de Jesús fue un tema interesante para los cristianos. ¿Por qué se demora? Mientras algunos autores (emblemáticamente 2 Pe 3,3-10) destacan que se demora expresamente a fin de dar la ocasión de la conversión; otros (y Colosenses es un ejemplo de ello; también Efesios o el evangelio de Juan) señalan que nosotros en cierta manera ya entramos en este ámbito escatológico. Eso se verá claramente en Ef 2,6 donde “nosotros” ya estamos resucitados, sentados en los cielos “en Cristo”. En este sentido, la imagen de la cabeza y el cuerpo sirve en cierta manera para remarcar esta tensión entre lo que se ha llamado frecuentemente el “ya, pero todavía no”.


Señalar que Jesús es el principio parece ser un juego de palabras entre arjê, principio, referido a la preexistencia y al rol de Cristo en la creación, y arjê, «principado» que hemos señalado. Es paulino también la idea de Jesús como el primogénito de entre los muertos (cf. Rom 8,29; 1 Cor 15,20) en obvia referencia a la resurrección de Jesús y su estrecha relación con la de la humanidad.

Al señalar que en él reside la plenitud parece una versión abreviada de lo que dirá en 2,9: “en él reside la plenitud de la divinidad corporalmente”. Los que piensan en un himno primitivo no paulino, lo relacionan con la plenitud de poder en la creación. 

Pero el objetivo es la “reconciliación” (apokatallasô, término que sólo se encuentra en Colosenses 1,20.22 y Efesios 2,16; Pablo utiliza simplemente katallassô, cf. Rom 5,10; 2 Cor 5,18.19.20; cf. 1 Cor 7,11) que es sinónimo de “pacificar” (única vez en el NT; y sólo una vez en el AT griego, Pr 10,10). Lo que se reconcilia es “todo”, lo que se pacifica (por la sangre de su cruz) es también “todo” expresado en el merismo “tierra y cielos” (v.20).


+ Evangelio según san Lucas     10, 25-37



Resumen: un doctor de la ley, por tanto un experto, pregunta a Jesús por la ley. Todo se sintetiza en un mandamiento doble de amor a Dios y al prójimo. Pero ser prójimo no es algo de escuelas rabínicas, sino un accionar movido por la compasión y la misericordia. El que vive de esa manera es el que alcanza la vida.

En el Evangelio de Marcos, fiel a su estilo de destacar 3 cosas, presenta tres encuentros de Jesús con diferentes grupos al llegar a Jerusalén: fariseos y herodianos, saduceos y escribas. La pregunta del escriba es sobre el “primero de todos los mandamientos” (12,28) y Jesús responde por “el primero” y “el segundo” (vv.29.31) afirmando que “no hay mandamiento mayor que estos” (v.31). Lucas, prefiere cambiar de lugar este acontecimiento, y lo ubica en la gran sección del camino (9,51-19,40). Como se ha visto en los domingos anteriores, esta gran sección destaca el papel del discipulado. El texto que la liturgia propone sigue esta misma dinámica.

Aquí el que formula la pregunta lo hace “para ponerlo a prueba” sin que sea muy claro cuál sería la prueba en este caso, quizás obligarlo a que diga claramente qué lugar tiene la Ley en la misión de los seguidores de Jesús; y el que formula la pregunta es presentado como un hombre de la ley (cf. 11,45.46.52; 14,3). La escena es doble (y particularmente la segunda es propia de Lucas, la así llamada parábola del buen samaritano). 

1.      Pregunta del doctor de la ley
v.25
v.29
2.      Contra-pregunta de Jesús
v.26
vv.30-36 -parábola-
3.      Respuesta del doctor de la ley
v.27
v.37a
4.      Mandato de Jesús
v.28
v.37b

A diferencia de Marcos, no es Jesús quien responde sino el mismo doctor de la ley haciendo suya una doble cita de Dt 6,5 y Lev 19,18. Jesús confirma, entonces, la importancia de la ley “para obtener la vida”. La pregunta había sido para alcanzar la vida y Jesús concluye afirmando que “vivirá” si “hace eso” (v.28). 

Las diferentes escuelas judías debatían sobre “quién es miembro del pueblo de Dios”, es decir, ¿quién es mi prójimo? Es la formulación que retoma el doctor de la ley a fin de “justificarse” por hacer una pregunta que debería serle obvia (y de hecho él mismo responde). La nueva pregunta parece ahora propia de las escuelas. La escuela de Shammai, más rígida sostenía que sólo son “prójimos” (y por tanto alguien a quien se debe amar y reconocer) los “buenos judíos”; la escuela de Hilell, en cambio, más abierta afirmaba que prójimo es “todo judío”; lo que ahora viene a preguntar el doctor de la ley parece ser por qué escuela es que Jesús se inclina. 

Antes de formular la contrapregunta, Jesús narra una historia. Como suele ocurrir en muchas parábolas se trata de una historia verosímil con un final provocativo. Ante una persona “medio muerta” (v.30) a causa de un asalto, era razonable que escribas y sacerdotes no tocaran al herido a fin de no contaminarse de impureza por contacto con cadáver [Lev 21,1; Num 5,2; 19,11; Ag 2,13] o por sangre [Lev 12,5; 15,19.25; cf. Gen 9,4] (vv.31-32). La provocación viene dada porque el accionar esperado y deseado proviene de un “samaritano”. Cualquier oyente de Jesús -o lector de Lucas- sabe que los samaritanos son personajes rechazados en Israel a causa de una mutua tensión y enemistad (ver Jn 4,9; Lc 9,52-53). Lo que caracteriza el accionar de este samaritano es la “compasión” (splagjnizomai; término que remite a las splagjna, las entrañas). Esta compasión lo lleva a una delicada atención del herido: curarlo, cuidarlo, conducirlo a un albergue, y proveer su sustento y cuidado en su ausencia (vv.33-35). Como suele suceder en las parábolas, no hay que buscar sentido a cada paso dado por el samaritano, sino simplemente descubrir en ellos la dedicación a la que la compasión por el herido mueve al samaritano. 

Planteada la situación francamente chocante, encontramos la contra-pregunta de Jesús. Contra-pregunta que tiene un pequeño cambio con respecto a la pregunta inicial. Ésta era “quién es mi prójimo” y Jesús pregunta “quién se comportó como prójimo”; es decir, no importa quién es el miembro del pueblo de Dios que es así acreedor del amor de los “hermanos”, sino cuál es el modo de obrar que se espera de un miembro del pueblo de Dios. 

Los dos términos clave en esta parábola son sinónimos: compasión y misericordia. La compasión es lo “entrañable”. El verbo sólo se encuentra en los Sinópticos en el NT (x5 en Mt; x4 en Mc y x3 en Lc); es la actitud característica de Jesús ante el sufrimiento. El sujeto del verbo casi siempre es Jesús, y en Lucas tiene una nota característica: en los 3 casos se dice en un contexto de “muerte”: ante la viuda de Naim (7,13), y el padre del hijo que vuelve a casa después de dilapidar la herencia, “estaba muerto y ha vuelto a la vida” (15,20) o ante el herido “medio muerto”. La compasión de Jesús, que mueve a su obrar, en Lucas está en estrecha relación a la vida. La misericordia (eleos), en cambio, es más frecuente en el NT, en Mt (x3) se trata de lo que Dios quiere de la humanidad (9,13; 12,7; 23,23); ausente en Marcos, se encuentra x6 en Lucas, fuera de este texto, siempre en el Evangelio de la infancia (1,50.54.58.72.78; x4 en himnos litúrgicos). Ausente a su vez en Juan y en Hechos, lo encontramos x4 en Pablo, x6 en las cartas de discípulos de Pablo, x2 en Sgo y Jds, y x1 en Heb, 1 Pe y 2 Jn. Es interesante el uso en Lc 1,78 que habla de las “entrañas de misericordia” (splagjna eleous). 

El doctor de la ley responde, pero a la pregunta no dice “el samaritano”; es que se trata de un grupo estigmatizado y despreciable. Sin embargo “practicó misericordia” (eleos), y en este caso nada menos que un samaritano se muestra como miembro del pueblo  de Dios en su obrar. De allí el nuevo mandato de Jesús: “haz tú lo mismo” con lo que amplía el horizonte de pertenencia (y de discipulado) y le muestra el camino a la “vida eterna” que el doctor de la ley esperaba.


Foto tomada de http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=814