lunes, 16 de septiembre de 2019

El “profetismo” del obispo


El “profetismo” del obispo

Eduardo de la Serna


Los profetas, en la Biblia (tanto en la Biblia hebrea como en la cristiana) son varones y mujeres que miran muy atentamente la realidad, la vida y la muerte, la política – incluso internacional – y, especialmente, la situación de los y las pobres de la tierra. Y, por eso, saben marcar caminos, denunciar situaciones, alertar siempre en nombre de Dios. Son varones y mujeres que miran (visiones) muy atentamente la realidad, pero la miran desde Dios, con quien están en profunda “sintonía”. Aunque no sea precisamente bíblico, es justo decir que tienen un oído en Dios y otro oído en el pueblo. Se podrían poner decenas de ejemplos de todo esto.

Pero resulta que ser “profetas” no es algo del pasado. O no debiera serlo. Y hacen falta siempre voces proféticas (masculinas y femeninas, obviamente) que señalen caminos o alerten ante los rumbos errados. Para ser más exactos todavía, habría que decir que hoy, como ayer, no sólo hacen falta profetas, sino también un pueblo que los y las escuche, porque muchas veces hay profetas, pero o bien se los desprecia (como a Jeremías) o se los escucha como “pintorescos” (como a Ezequiel).

Lo cierto es que un obispo dijo dos palabras que no son sino “lugares comunes” y muchos parecieran sorprendidos como si “un profeta se hubiera levantado entre nosotros”. Hace unos días, Rodolfo Brardinelli en un muy buen artículo en Página 12 hablaba, con precisión, de la actitud tibia de los obispos argentinos frente al neoliberalismo (“El macrismo y el ‘papa peronista’”, 13/9/2019). Por ejemplo, “ayer” – decían los Medios – se cambió la cúpula del Episcopado por una más afín al pensamiento del Papa Francisco. De los tres obispos que cambiaron, uno permaneció (Poli), otro dejó su lugar por edad (Arancedo), el que “fue cambiado” fue Cargnello, reemplazado por Colombo. Cargnello suele ubicarse en el grupo de los obispos bastante conservadores, y por decir, abriendo decenas de paraguas, cuidando no ofender… ¡y sabiendo que estaba junto a él también el gobernador de Salta, y candidato de otra fracción, siempre conservadora!, que en Salta no hay “pobreza cero” y que los pobres son “dignos” resulta que pareciera que Angelelli ha resucitado y Romero encontró alguien que le hace sombra.

Realmente, es notable la falta de preparación para temas eclesiásticos de prácticamente todo el ambiente periodístico. No tienen por qué tenerlo, se puede señalar, pero en ese caso sería de desear que al abordar ciertos temas no lo hagan desde una inmensa superficialidad sino consultando o invitando a quienes pueden hacerlo con un poco de conocimiento. Cargnello es el mismo que invitó a la misa a Macri expresándole "mis expresiones de confianza en usted y en su gestión" y afirmando que se compromete "a rezar por su servicio desinteresado al bien común de todos los argentinos". Es el mismo que debió enfrentar curas de su diócesis que no se caracterizan por su militancia en defensa de los pobres que afirmaron que la presencia del presidente, además de inoportuna sería vista como una provocación y que podría “empañar la fiesta” (la fiesta religiosa más importante de todo el NOA; según el diario El Tribuno, este año participaron unas 850.000 personas). Esto lo afirmó un cura (Raúl Méndez) “junto con otros miembros del clero” quien le pidió al presidente que "más bien que se ocupe de resolver los graves problemas en que embarcó al país". No es extraño, en este contexto, político y diocesano que el obispo haya querido “flotar” para no quedar mal con nadie (de hecho, cuando habló de “pobreza cero” aclaró que no era para el presidente sino para todos, lo cual era un dicho sin sentido en ese contexto y con ese “auditorio”).

Es cierto que en la Biblia hay profetas “tiempo completo” y hay otros que lo son unos pocos días precisos (es el caso de Ageo, por ejemplo). No discutiremos que ayer un obispo o un cura, una catequista o una teóloga puedan “desentonar” del coro de aduladores y pronuncien una palabra clara de parte de Dios para este tiempo, o este día. Y lo celebramos. Pero más celebraremos si como pueblo somos capaces de caminar rumbos más parecidos al sueño que Dios tiene para la humanidad. Senderos que siempre precisarán voces proféticas que los corrijan, precisen, alerten o cuestionen, pero, al menos, un camino bastante más parecido a lo que Dios quiere, que el neoliberalismo. Y eso también lo deseamos para la Iglesia. Obispos y papas incluidos.


Foto tomada de https://alexandradeguila.com/portfolio/el-proposito-de-la-existencia-de-los-profetas-1/

sábado, 14 de septiembre de 2019

Una breve reflexión sobre el tiempo


Una breve reflexión sobre el tiempo


Eduardo de la Serna



Es sabido que para los griegos Saturno es un dios que devora a sus hijos. Esto ha merecido abundantes cuadros (uno de Goya, por ejemplo). Se refiere al paso del tiempo.

Pero todos tenemos la experiencia de que, aunque así sea, no es lo mismo un tiempo que otro tiempo. Para que se entienda: 24 horas son 24 horas en todas partes y en todo tiempo. El “cronos” (dios griego que se identifica con Saturno) es medible, crono-metrable. Así como un metro es un metro y un kilo es un kilo en todo tiempo y lugar, una hora es siempre de 60 minutos. Pero...

Podemos decir que no es lo mismo cargar un kilo de algo a los 20 años que a los 80, por ejemplo, o caminar 100 metros en esas edades. En ese sentido podemos decir que “el tiempo es relativo”. No lo es “en sí”, sí lo es “para nosotros”. Pero somos nosotros los que medimos el tiempo, o los que lo disfrutamos o padecemos…

Podemos decir, por ejemplo, que no pasa (no se cuenta) el mismo tiempo en distintas situaciones: un mes de vacaciones pasa “volando” y un mes en una internación “es eterno”.

Toda esta reflexión tiene solo una intención: ¡qué lento que pasa el tiempo desde las PASO hasta las elecciones! Menos de 3 meses que parecen una eternidad. En el medio se conjugan miedos y esperanzas, ansiedades y paciencias. Quiero que llegue ¡ya! sería el punto. Pero no es ¡ya! sino “mañana”, o peor… falta más de un mes. Y las PASO pareciera que fueron hace 2 años. Ufff.

Claro que a esto se suman los temores a la capacidad inmoral de los gobernantes actuales de intentar todas las trampas imaginables o no, todas las mentiras suponibles o no, todas las corrupciones calculables o no. Esos temores alientan las ansiedades y hacen que el tiempo sea más elástico. ¡Por Dios!

Y entre tanto, el neoliberalismo sigue devorando a sus hijos. En la Biblia son decenas las veces que profetas o salmos gritan de dolor por los que “devoran a mi pueblo” (Sal 14,4), los que “ponen la carne de mi pueblo en la olla” (Mic 3,3). Y decenas de veces el salmista grita “¿hasta cuándo?” (Sal 6,4). ¿Cuánto tiempo más quedará?

La paciencia (que tiene un límite, como repetía Carlos Mugica al insistir que el pueblo es pacífico) tiene que ver con el tiempo. Y suele ser frecuente que muchos tiren del hilo esperando que se rompa (al fin y al cabo, hay que gastar tanta parafernalia israelí comprada, ¿no, Pato?). También es cierto que cuando llegue este mes interminable, quedarán otros interminables días hasta el 10 de diciembre en el que imaginamos al nene caprichoso rompiendo todo, firmando cosas, vendiendo otras. Tocará, pacientemente, una vez más, empezar todo de nuevo. Por suerte la esperanza nos grita que ¡vendrán tiempos mejores!


Cuadro de Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo, tomado de wikipedia


miércoles, 11 de septiembre de 2019

El 11 de la memoria


El 11 de la memoria

Eduardo de la Serna



El 11 de septiembre es día de memoria en muchas partes. Y muchas de ellas, trascendiendo las fronteras locales, sean por el hecho en sí o por sus consecuencias.

Un 11 de septiembre de 1888 murió en Paraguay Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, al que luego le añadieron el nombre “Domingo”, quizás por la devoción de su madre por el santo de Guzmán. Persona controvertida, sin duda alguna, pero un verdadero “apóstol” de la educación, hasta el punto de ser llamado “padre del aula”. Todos los 11 de septiembre, entonces, en Argentina se rememora “el día del maestro”. Algo especialmente denso cuando cantidades de docentes han de ser además de maestros, todo un “paquete” de contención, que incluye desde el cuidado de la salud, la alimentación, la prevención ante violencias familiares, y demás. Hoy, más que centros educativos, miles de escuelas se han transformado en espacios de alimentación (y la memoria de Sandra y Rubén, muertos cuando explotó un artefacto de gas, un jueves en la cocina donde iban a preparar el mate cocido para los niños, sirve de ejemplo y testimonio). Miles y miles de chicos y chicas van hoy a las escuelas simplemente a comer, algo que -¿curiosamente?- el ministro de educación (y el de Cultura haciéndole eco) parece desconocer, o manifestar ostensiblemente la insensibilidad gubernamental. Algo que no pueden lograr en sus casas por la debacle económica, social, laboral, etc sin que los “defensores de la familia” tradicional digan una palabra. Vaya un abrazo a lxs miles y miles de maestrxs, rurales y urbanxs que día a día siembran vida en millones de chicxs.

Un 11 de septiembre de 1973 murió la democracia en Chile, y a partir de allí se expandió la peste dictatorial por varios países de Sudamérica. Escuchar al presidente de Brasil vomitar su neurona anasináptica y referirse a Pinochet y al padre de la ex presidenta Michelle Bachelet, revela que todavía hoy no son temas terminados, asumidos e incorporados. Es cierto que, por ejemplo, las simpatías por Pinochet en Chile son mucho mayores que las que hubiere por Videla en Argentina, como no es lo mismo los resabios de banzerismo en Bolivia que los de Alvarez en Uruguay. Cada país tuvo – luego de ese 11 de septiembre – sus “procesos”, y la resolución de sus conflictos. Pero aquel año empezó una larga noche oscura en nuestros países, muchas de cuyas consecuencias todavía hoy padecemos. El neoliberalismo, sin duda alguna, es una de ellas, quizás la más grave (aunque todavía permanezcamos sin saber y sin alcanzar justicia por lxs desaparecidxs, lxs niñxs apropiadxs, y la verdad de los centros clandestinos de detención y sus “patas” civiles).

El 11 de septiembre de 2001 dos aviones comerciales se estrellaron contra las torres gemelas. EEUU sintió en su propia casa lo que miles de veces ellos provocaron y siguen provocando en otros. Y entró en pánico. Casi 3.000 muertos revelaron al mundo el rostro de la crueldad, o de lo que para unos es “venganza” y para otros “terrorismo”. O ambas. Desde ese entonces, occidente fue, para todos mucho más inseguro. Viajar por el mundo resultó “eterno” (en especial entrar en los EEUU), todos éramos (y somos) espiados, todos los derechos quedaban en un segundo (o tercer) lugar frente a la seguridad (una vez más) divinizada. Nuevas historias de “buenos y malos” proliferaron las pantallas y la información. Y el mundo musulmán pasó a ser el gran sospechado de todos los males que pudieran desencadenarse sobre “el mundo”. Ciertamente este rio revuelto resultó un evidente espacio de ganancia para los pescadores en medio del dolor, la violencia o la muerte. El espionaje y los servicios y una nueva omnipresencia imperial en el “patio trasero” fue una consecuencia de la que no son ajenos muchos triunfos electorales en América Latina, desde Guatemala a la Argentina, pasando por Perú, Chile, Colombia, Ecuador, y – por supuesto – Brasil. Sin olvidar la presencia entre trágica y cómica de Juan Guaidó por las pantallas.

Parece que es bueno, hoy 11 de septiembre, hacer memoria. Pero no para cantar un himno a Sarmiento, u ostentar luto por los muertos, sino para tener bien presente (de eso se trata la historia, de presente, no de pasado) las consecuencias de lo vivido, y las huellas que todos y cada uno de nosotros podemos marcar en nuestra tierra para los que mañana empezarán a caminar. Olvidar sería, simplemente, dejar el campo preparado para nuevas atrocidades.

martes, 10 de septiembre de 2019

Una cuestión de metáforas… y de animales


Una cuestión de metáforas… y de animales


Eduardo de la Serna



Como se sabe, en una comparación se ponen “a la par” dos grupos o individuos diferentes pero que “empatan” en algo. “Sansón es fuerte como un león” compara dos grupos diferentes, humanos y leones, que se empardan – en este caso – en la fuerza. Pero la clave suele estar en el “como” que indica que se trata de una comparación. La metáfora, en cambio, que en cierto modo se asemeja, deja volar la imaginación. No recurre al “como” y lleva a empatar lo diferente en la mente del emisor y del receptor. Ciertamente, como todo, puede quebrarse la imagen cuando lo empatado pasa a ser el todo, como si lo diferente se pretendiera igual en todo. En ese caso no se trataría de metáfora sino de igualación. Y no lo es.

Valga esta introducción para destacar el frecuente uso metafórico de los animales. O – para ser más precisos – de lo que nosotros (que no lo somos, o no en todos los casos) entendemos que son o nos dicen los animales. Las aves de rapiña “dicen” seriedad, o casi enojo, la paloma “dice” paz, el delfín “dice” juego, etc. Es más preciso decir que “nos” dice, ya que los ojos fijos de las águilas a la aparente mansedumbre de las palomas “nos dicen” eso, a pesar que las águilas alimentan a sus crías y las palomas pelean entre ellas, por ejemplo. Esto sirve, además, para notar cómo “proyectamos” cosas nuestras en los animales (y que no siempre son de ellos… quizás, por ejemplo, la libertad). También la Biblia recurre a estas metáforas con frecuencia; el león, por ejemplo, puede ser un animal agresivo, violento y sanguinario y sirve para aludir a los enemigos del salmista (Sal 22,14), o el animal majestuoso, altivo y puede aludir al rey (Ap 5,5; el león es “el rey de la sabana”, no de la selva, como sabemos). Esto indica que no hay una lectura uniforme del “metaforizado”. Y esto lo sabemos en lo cotidiano: con muchísima frecuencia metáforas son usadas para hablar negativamente de un colectivo que luego las asume positivamente (cabecitas negras, grasitas, bostero, gallina, etc…).

El actual gobierno quiere mostrarse “pet friendly”. Cierra los zoológicos (lo cual me resulta abominable, aclaro), crea lugares para mascotas en las plazas, ahora prohíbe la exhibición de perros y gatos en las tiendas de venta, y nos ha des-historizado poniendo animales en los billetes sacando grandes personajes (no todos positivos, como es el caso de J. A. Roca). Curioso caso de quienes son más amables con los animales que con los humanos… pero que los hay, los hay.

Me quiero permitir, una breve referencia a las metáforas animales en la política. Son conocidas: gorilas, cabecitas negras, yegua, cebra, leona, etc. Un cura del grupo le dijo a Cristina que era una “yegua”, pero “yegua madrina”, lo que le mereció un “me gusta” (oral, no en iconitos).  Pero en algunos casos éstas no parecen mostrar demasiado conocimiento de fauna. La manada de leones, por ejemplo, es un caso interesante para pensar. Por supuesto que las leonas son las que cuidan, por ejemplo, amamantando a sus crías (todos los mamíferos lo hacen). Pero cuando se trata de salir de cacería son ellas, no los machos, las que atacan a sus presas (y en grupo, no individualmente). Una vez atrapada la víctima, el león alfa es el primero que come, luego lo hace el resto. Es que en caso de ataque (por ejemplo, de otras manadas de leones o de otras espacies como hienas o chacales, que pretendan arrebatarles la presa, por caso) debe estar fuerte para defender a todo su grupo. Pero, además, es entre leones machos que se disputa (a muerte, con frecuencia, o con destierro) el liderazgo sobre el grupo. No son pocas las veces que al asumir un nuevo macho alfa este mate a todos los leoncitos (del macho anterior) sin que las leonas puedan impedirlo. Así se garantiza “su” paternidad. Resulta curioso, entonces, que se diga de una política que es una “leona”. Hay atributos del macho (defensa del grupo) que no son trasladables, en el caso del humano, por una simple cuestión de género, pero, además, porque no quedan claras cuales serían las virtudes que se le atribuyen (o atribuirían). Ciertamente no es – como dije – la defensa, ya que, si del cuidado de toda la manada se trata, esto corresponde al macho, y tampoco del cuidado de sus crías en caso de cambio de liderazgo, ya que pronto ella misma “cambiará de patrón” y se someterá al nuevo “alfa” sin impedir que este incluso mate a sus crías. Es cierto que “en colectivo”, no individualmente, ella es la proveedora de alimento del grupo. En suma… mirando leones y leonas y mirando a la pobre y ya casi “ex” política a la que han querido adjudicar los atributos de “leona”, no logro encontrar el sentido de la metáfora. Por el contrario, solo lo de sanguinaria resultaría aplicable, pero es demasiado cruel (como las leonas con sus presas, debería acotar). Por eso otros, pero de la otra vereda (porque se puede decir “vereda” que es lo mismo que “grieta” pero queda bien) han preferido otras metáforas aludiendo a su fingida sonrisa y evidente brutalidad. Pero en este caso hablamos de felinos, no de los hyaenideos.


Foto tomada de Wikipedia

Comentario domingo 24C

Salir a buscar a los hermanos perdidos para participar de la fiesta

DOMINGO VIGESIMOCUARTO - "C"


Eduardo de la Serna







Lectura del libro del Éxodo     32, 7-11. 13-14

Resumen: Una suerte de “pecado original” del pueblo en el desierto nos remite a la idolatría, el pecado por excelencia en Israel. Dios decide terminar con este pueblo y empezar de nuevo con Moisés, como nuevo Abraham, pero éste intercede en favor de su pueblo y logra que Dios se arrepienta.

El texto del Éxodo nos presenta un caso paradigmático: el pueblo en el desierto, salido de Egipto por la mano de Dios y la conducción de Moisés, ante la ausencia de este, se vuelca a lo que la tradición bíblica ha llamado “idolatría”, una suerte de “pecado original del pueblo”. No interesa el hecho histórico ya que no es esa la intención ni del autor del texto del Éxodo, ni del texto litúrgico. Lo que cuenta, en este caso, es –por un lado- el fenómeno de la idolatría, y –por otro- la capacidad del mediador (Moisés, en este caso) de lograr que Dios se arrepienta de lo que había decidido hacer ante este hecho. La alusión a los novillos de oro de Jeroboam (1 Re 12,26-33), y la frecuente representación de la divinidad cananea conocida como ‘Ilu (‘El) –padre del dios también conocido como Baal- con un toro nos ponen en el clima de la idolatría paradigmática (la frase “este es tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto” es idéntica en 32,4.8 y 1 Re 12,28).

El pueblo, haciéndose una imagen, y reconociendo que busca “otro Dios que vaya delante nuestro”, está violando expresamente los mandamientos que acaba de aceptar (20,2-6). Ante la ira de Yahvé es Moisés el que intercede en su favor varias veces en toda esta unidad (32,9-13.30-32; 33,12-13.15-17; 34,9) lo que motiva que Dios decida no obrar el castigo (32,14.33-35; 33,1-3) y acompañar a su pueblo en el camino (33,14.17-34,8) y concretando una nueva alianza (cap. 34). 

Moisés está en el monte un tiempo excesivo (40 días; cf. 24,18), lo que causa la duda del pueblo y la decisión de hacerse “un dios que vaya delante nuestro” (v.1). Así Aarón funde el oro de los israelitas haciendo un becerro (v.4) al que reconocen como el que “sacó de la tierra de Egipto” a Israel, al que se le levanta un altar (v.5) y se le ofrecen holocaustos y sacrificios (v.6). Entonces Yahvé se dirige a Moisés informándole la situación (vv.7-8, donde comienza el texto litúrgico) y comunicándole su decisión de destruirlo (v.10) ya que es un pueblo “obstinado” (v.9) y engendrar otro pueblo del mismo Moisés (cf. Núm 14,12) como una suerte de nuevo Abraham (Gen 12,2). Éste sale en defensa de su pueblo (vv.11-13) y logra que Dios se arrepienta (v.14). Es curiosa la argumentación de Moisés: “¿qué dirán los egipcios?” (v.12; el honor de Dios está en juego; versículo omitido por la liturgia) e invitándolo a hacer memoria de los patriarcas (v.13; la fidelidad de Dios a su palabra está en juego). Finalmente es Moisés, y no Dios, el que logra su cometido (v.14) y se prepara el camino para la nueva alianza.


Lectura de la primera carta a Timoteo     1, 12-17

Resumen: en un contraste entre su antes y después, el supuesto “Pablo” alude a su pasado pecador en contraste con su actual ministerio a causa de la misericordia y la gracia de Dios. Este cambio, un contraste notable entre la blasfemia y el pecado a la dignidad y la gracia viene dado por el deseo de Dios enviando a Jesús para salvar a los pecadores, de lo cual Pablo es testigo evidente.

Como es habitual en las cartas, luego de una introducción, encontramos una acción de gracias (v.12; aunque en las cartas de Pablo sirvan para introducir los temas que desarrollará en la carta, mientras en este caso es una presentación del mismo “Pablo”) que concluye con una doxología (v.17). 

El texto está armado de un modo simple:

      1.     “doy gracias” (v.12)
         2.     “encontré misericordia” (v.13)
            3.     La gracia en mí (v.14)
               4.     Es cierta y digna de ser aceptada esta palabra:
       “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores” (v.15)
            3’.    El primero de los pecadores soy yo (v.15)
         2’.    Encontré misericordia (v.16)
      1’.     Al rey de los siglos… honor y gloria… Amén (v.17).

El esquema es el de “antes – ahora”, con lo que parece aludir a la llamada “conversión de Pablo”, aunque en categorías que él jamás ha utilizado (cf. 1 Cor 15,8-11; 2 Cor 4,1-6; Gal 1,11-16; Fil 3,4-8; Rom 1,1-7; cf. Col 1,23-29; Ef 3,1-11; aquí “Pablo” alude a su pasado como blasfemo, y pecador, cosa que jamás dice Pablo de sí mismo en su pasado perseguidor). “Pablo” afirma que fue antes un blasfemo (que es lo que hacen los adversarios paulinos en el presente; cf. 1,20) pero –como justificación- alude a que obró así por ignorancia (cf. Hch 3,17; 17,30). Así es ejemplo del pecador salvado por la misericordia y la gracia de Dios (vv.15-16); Dios quiere salvar a todos, y el testimonio de Pablo es ejemplo de ello. Y por la iniciativa divina –a causa de la misericordia de Dios- que lo ha llamado al ministerio es que tiene autoridad para hablar frente a lo que afirman los falsos maestros.

En el centro de la unidad destaca como “palabra” el sentido salvador de la venida de Jesús al mundo (cf. Jn 3,17; Lc 19,10; Mt 9,13) del que “Pablo”, con su vida da testimonio.

Como ejemplo de los que pueden alcanzar la fe Pablo remite a su propia experiencia de conversión (v.15) destacando en un canto conclusivo de alabanza la trascendencia de Dios (v.17).


+ Evangelio según san Lucas     15, 1-32


Resumen: Tres parábolas de “lo perdido - encontrado” presenta Jesús como explicación a su actitud subversiva de comer con pecadores. La alegría es consecuencia de cada encuentro. Encontrar en los “perdidos” verdaderos hermanos “encontrados” es motivo de alegría y fiesta. Por el contrario, los que se saben justos corren el riesgo de rechazar a los otros, negando la fraternidad y excluyéndose de la fiesta.

Tres parábolas presenta Lucas como consecuencia de una “murmuración”. Tres parábolas que refieren a “lo perdido - encontrado”: una oveja, una moneda, un hijo. La tercera –la llamada habitualmente del “hijo pródigo”- es ciertamente la más conocida, pero es conveniente ubicarla en su contexto para comprenderla bien. Como ocurre con los refranes, por ejemplo, una parábola se entiende en el contexto que la provoca. Y el mismo refrán puede utilizarse en otra ocasión con otro sentido, porque lo que se pretende es ilustrar sapiencialmente el momento. En este caso se trata –una vez más- de las comidas de Jesús con pecadores. Ya hemos visto que –especialmente en Lucas- Jesús habitualmente come con los rechazados de la sociedad, hasta el punto que es tenido por “comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores” (7,34). Para resaltar esta imagen que desencadenará la intervención de Jesús, 

Lucas presenta una evidente exageración: “todos” los publicanos y pecadores se acercaban a él. Como es propio –además- el escándalo no es sólo que lo escuchen y los reciba, sino que él “coma con ellos”. Es sabido que en una cultura que da tanta importancia a lo que exterior, sólo se come con quienes “son como uno”, sentarse a la mesa con personas de menor honor significa exponerse públicamente, y reconocer que el honor que se tiene es más bajo. Las comidas estigmatizan. Por tanto, si Jesús come con publicanos (lo más bajo en la escala del honor, comparable a las prostitutas; cf. Mt 21,31.32) y con pecadores, es señal evidente que es como ellos, y él mismo lo reconoce y acepta. Por su parte, otro par (fariseos y escribas) “murmuran” acerca de esto, lo visibilizan. El verbo “murmurar” (diegóggizon) sólo ocurre otra vez en el NT, en Lc 19,7 en una escena semejante: Jesús “¡ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador!” En Jos 9,18 “toda la asamblea (synagôgê) murmuró contra sus representantes”, en Dt 1,27 todo Israel “murmura” contra Moisés afirmando que Dios lo liberó de Egipto “por el odio que nos tiene”; lo mismo ocurre en Núm 14,2.36; 16,11 (contra Aarón); Ex 15,24 (contra Moisés); 16,2.7.8 (contra Moisés y Aarón). La “murmuración” es una queja rebelde contra Dios o su(s) enviado(s). El término goggizô (que está en la raíz del anterior) también tiene el mismo uso (cf. 1 Cor 10,10; Jn 6,41.43.61; y –en el mismo sentido que los anteriores de Lucas: en una comida- en Lc 5,30). Por tanto, Lucas nos indica –antes de empezar a desarrollar la intervención de Jesús- cuál es su interpretación del acontecimiento: Jesús, como profeta enviado de Dios, es rechazado por la élite “santa” de Israel por su cercanía (“se acercaban”) y sus comidas con “publicanos y pecadores” (o “publicanos –es decir- pecadores”). 

Las dos primeras parábolas son muy sencillas y están construidas en un claro paralelismo:


15,4-7
15,8-10
4 «¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas,
8 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas,
si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto,
si pierde unano enciende una lámpara y barre la casa
va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?
5 Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
9 Y cuando la encuentra,
6 y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice:
convoca a las amigas y vecinas, y dice:
«Alégrense conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido
«Alégrense conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido
7 Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
10 Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».


La semejanza es evidente, y podemos afirmar que se trata de la misma idea aunque –como es habitual en Lucas- poniendo en paralelo un varón y una mujer (Simeón y Ana [2,25-38]; una viuda y un leproso [4,25-27], uno que siembra mostaza y una que mete levadura en la masa [13,18-21]…).  Como corresponde en una parábola debemos buscar el tema principal, ¿a dónde “apunta”? Y ciertamente en este caso se trata de la alegría por haber encontrado lo perdido; los/as amigos/as y vecinos/as están invitados a compartir la alegría por ello. La conclusión de la parábola (¡Alégrense!) es refrendada por una conclusión del narrador (“del mismo modo”) reforzando la idea de la alegría (15,5.6.7.9.10.32 que –por otra parte- es un tema frecuente en toda la obra de Lucas; cf. 1,14.28.58; 2,10; 6,3; 8,13; 10,17.20; 13,17; 19,6.37; 22,5; 23,8; 24,41.52; Hch 5,41; 8,39; 11,23; 12,14; 13,48.52; 15,3.23.31; 23,26). 

Obviamente, en el contexto de Lucas, la idea es que Jesús se acerca a publicanos y pecadores para darles la ocasión a la conversión. Es decir: Jesús no les cuestiona la justicia a los “fariseos y escribas” (“justos que no tengan necesidad de conversión”) pero se resiste a un sistema religioso que les cierra definitivamente las puertas; sale a buscarlos, se aproxima “¡y hasta come con ellos!” 

Pero en estas dos parábolas el acento está en lo perdido. Y Lucas quiere ahondar todavía más, y recurre entonces a otra parábola. Parábola semejante ya que repite la idea de lo perdido encontrado (vv. 24.32) pero, en este caso, contrastando dos procederes ante ello. En ese sentido estamos ante las frecuentes parábolas de dos personajes, habituales en Lucas (Lázaro y el rico [16,19-31], el fariseo y el publicano [18,9-14]); en estos casos se contrastan dos actitudes opuestas y se invita a los oyentes a tomar posición por una de ellas. En este caso, la actitud del padre y del hijo mayor son contrastantes ante el hijo “perdido y encontrado”. Ciertamente, el hijo mayor, que “jamás desobedeció una orden suya”, al que el padre le reconoce que “tiene razón” y que “todo lo mío es tuyo”, representa claramente a las 99 que no tienen necesidad de conversión, a los justos. No está en cuestión ni en duda la justicia de los fariseos y los escribas, lo que está en cuestión es su actitud frente al hermano. 

Veamos brevemente algunos elementos para profundizar los textos:

La conclusión del cap. 14 había señalado “quién tenga oídos para oír, que oiga” (v.35), y los “publicanos y pecadores” se acercan para “escucharlo”. “Oír” (akouô) es signo de conversión (5,1.15; 6,17.27.47.49; 7,29; 8,8-18.21; 9,35; 10,16.24.39; 11,28.31). El profeta Jesús “habla de parte de Dios” y busca que sean reconocidos como tales los “hijos de Abraham” despreciados (13,16; 16,25), y los rechazados se “acercan para oírlo”. El contraste entre los “escribas y fariseos” con los “publicanos y pecadores” ya lo encontramos en 7,29-30. 

No abunda insistir en el aspecto contracultural de las comidas de Jesús con los desclasados sociales, con aquellos con los que “no se debe” comer; estas comidas son un signo evidente de la presencia del reino de Dios. 

La parábola de la oveja perdida se repite en Mateo, pero con un sentido diferente; Mateo insiste en la actitud del pastor que debe buscar la oveja, “porque no es voluntad del Padre de ustedes que se pierda ni un solo de estos pequeños”, 18,14. No es claro si Lucas añade la parábola de la moneda perdida a una parábola del documento Q, o si Mateo la omite porque no sirve a su intención en el capítulo “eclesial”. En Mateo, la oveja se “descarría”, mientras que en Lucas se pierde (verbo que –como se dijo- se repite en las otras dos parábolas).  

El acento en la conversión es propio de Lucas, para eso vino Jesús (5,32). Es importante señalar esto: Jesús quiere ser escuchado por todos, come con todos, se acerca a todos, este es el primer paso del discipulado –y que tanto molesta a los “justos”-, pero requiere un segundo paso que es la conversión. Hasta último momento se abre las puertas a los pecadores para dar ese paso, pero eso no implica que todo “quede ahí”. Como vimos los que quedan fuera le dirán: “hemos comido y bebido contigo” (13,26). No es sólo “escuchar la palabra” –lo señalamos en otra ocasión- este es el primer paso, pero esta palabra debe “guardarse” (8,21; 11,28; cf. 8,11-15).

La parábola en la que se contrastan las actitudes del padre y el hermano ante el hijo que vuelve tiene varios elementos que merecen ser mirados:

Sin duda, la imagen del Dios abbá que Jesús muestra se ve reflejada en la actitud del padre de la parábola. Pero muy lejos está este padre del “padre patriarcal", autoritario, inflexible que se espera en la sociedad. Como el padre de otros dos hijos (Mt 21,28-31) es un padre que no es respetado, que no ejerce su autoridad. Podríamos decir que ambos muestran un padre “blando” en comparación con lo que se espera culturalmente de un “buen padre”, lo que permite vislumbrar qué tipo de padre entiende Jesús que es su “abbá” (no por blando, sino por respetuoso de las decisiones de los hijos, compasivo, tierno). 

Los temas legales acerca de la herencia no son importantes en este relato. La imagen de “país lejano”, “malgastó”, “dispendiosamente”, “cerdos” refuerza la idea de la distancia, de “alejamiento” de lo que se espera de un buen judío, aunque no se refiere expresamente a lo que después dirá el hermano mayor que “devoró tu hacienda con prostitutas”. 

El acento en la vida del hermano menor está puesto en la comida (lo que no es ajeno a las “comidas de Jesús”): “hambre” (v.14), “alimentarse con la comida de los cerdos” (v.16), “pan en abundancia… me muero de hambre” (v.17), “novillo cebado, mátenlo, comamos, y celebremos una fiesta” (v.23), “un cabrito para tener una fiesta” (v.29), “devoró tu hacienda… matar el ternero cebado” (v.30). El retorno a la casa paterna está motivado por el hambre en aquella región (el tema del hambre es frecuente en la Biblia: Gen 12,10; 26,1; 41,27-47; 42,5; 43,1; 47,4; Rut 1,1; 1 Re 18,2; 2 Re 4,38; Lc 4,25; Hch 11,28). 

La Misna, dentro de los animales y lugares donde pueden criarse afirma que “no se pueden criar cerdos en ninguna parte” (Bab Qam 7,7); estos son alimentados con los frutos de la encina (bellotas). 

Literalmente el texto afirma que “entró en sí mismo”, y recapacitó la abundancia (cf. 9,17; 12,15) de pan (entendido en sentido de alimento, cf. 14,1.15) de los servidores de su padre. Lo que motiva el regreso es –evidentemente- el hambre. Podemos afirmar que la parábola no presenta un contexto de arrepentimiento expresamente (sí lo presenta el marco narrativo de los “pecadores que se convierten”), lo que presenta es un regreso a la casa del padre, y para ser tratado “como un jornalero” (misthios), es decir, para poder tener pan. 

El verbo “pecar” (hamartanô) no debe entenderse en el sentido que usamos habitualmente. Se refiere a una falta, pero puede ser un error o una equivocación (ver Hch 25,8: “Pablo se defendía diciendo: «Yo no he cometido falta alguna ni contra la Ley de los judíos ni contra el Templo ni contra el César.»”) cf. Mt 18,15.21; 27,4; Lc 17,3.4; Jn 8,11; 9,2.3. El “cielo” es una manera de aludir a Dios sin nombrarlo (cf. 6,23; 12,33; cf. Mc 11,30); como es habitual en el mundo judío, las relaciones con Dios y con los seres humanos están interconectadas. En Israel, un jornalero (literalmente, un “asalariado”, misthios, de salario, “misthós”) debe ser tratado con justicia. No se puede retener su salario (Lev 19,13), ni se lo debe maltratar (Sir 7,20) y quien no se ocupa de sus sustento es comparado a un asesino (Sir 34,22). A pesar de llamarlo “padre”, sabe que “no merece” ser tenido por hijo, no es “digno”. 

Lo que se afirma del padre es que tuvo compasión; el verbo splagjnizomai es el usado en Lc 7,13 (el hijo único muerto de una viuda), 10,33, (el samaritano ante el caído). Es un verbo que salvo en parábolas, en los Sinópticos sólo se dice de Jesús, algo que lo mueve a obrar. Como matiz interesante, en los tres casos de Lucas se da ante una situación de muerte [hijo muerto, caído medio muerto, “mi hijo estaba muerto”)] y mueve a la recuperación de la vida. 

Lo que obra el padre es notablemente llamativo e inesperado: correr no es algo que se espera de un padre oriental. La iniciativa es del padre: ver, conmoverse, correr, echarse al cuello, besar. Incluso no lo deja terminar el discurso que el hijo tenía preparado y se deshace en gestos: el mejor vestido y las sandalias es un acto de dignidad, el anillo (el sello familiar) lo reconoce como hijo, el novillo alimentado a grano (sitos) para que su carne sea blanda a la espera de un gran acontecimiento (ver Jue 6,25.28; Jer 46,21). La fiesta será la conclusión de la actitud del padre y lo que marcará el contraste con lo que resta de la parábola. 

La razón de la fiesta se ubica en el contexto de lo perdido - encontrado, como las parábolas anteriores, y reforzado con la idea de muerte - resurrección (anézêsen). 

A continuación entra en escena el segundo personaje: el hermano mayor. Al acercarse y escuchar la fiesta, consulta a uno de los “muchachos” que le informa el motivo.  La alegría por encontrar a su hijo “sano” motivó el obrar del padre. Jesús ya había señalado que necesitan médico los que están mal, no los “sanos”, en un contexto semejante (5,31; cf. 7,10). La irritación del hermano mayor (cf. 14,21) lo hace no querer entrar, lo que provoca una nueva “salida” del padre. El padre lo “exhorta”, “anima”, “consuela”, “suplicar” (el verbo parakaleô permite estas, y otras traducciones según sea el caso; cf. Lc 3,18; 7,4; 8,31; 16,25; Hch 14,22; 20,2); siendo que el hijo le “replica”, traducir por “suplicar” parece conveniente. 

Lo que el hijo mayor afirma es algo cierto: “hace tanto”, “jamás desobedeció” y el padre lo reconoce: “tú siempre estás conmigo”. El tema es otro: es el hermano. Sin embargo, es llamativo que el hijo diga que “sirve” al padre, usando el verbo “esclavizar” (douleô) añadiendo una nota de amargura al reclamo; jamás desobedeció un “mandamiento” (entolê; cf. 1,6; 18,20; 23,56). Así se nos remite a los judíos justos que no tienen necesidad de conversión (v.7). El clima de amargura sigue: “jamás me diste un cabrito”, lo que –evidentemente- contrasta con el novillo engordado, y se ocupa de contrastarlo. 

El hermano mayor supone lo que ha sido de su hermano en este tiempo ("devorado tu hacienda con prostitutas"; la parábola no lo ha dicho) mostrando desprecio por ello (cf. 7,34.39 donde se afirma eso de Jesús). 

“Todo lo mío es tuyo” es algo que los griegos afirmaban de la amistad (cf. Hch 4,32); la Misna afirma que el que dice “lo mío es tuyo y lo tuyo es mío es un ignorante” (Abot 5,10).  

Era necesario” (dei, cf. 13,16) implica que las necesidades humanas están por encima de los mandamientos. Por eso Lucas retoma en la conclusión el tema de la alegría que marcaba las parábolas anteriores. 

El contexto ilustra claramente el sentido de la parábola. Dos actitudes ante el joven que vuelve a casa. La del padre y la del hermano. Es sintomático (y permite entender la actitud de Jesús ante los escribas y fariseos frente a los publicanos y pecadores) que el hermano mayor se niega a reconocer a su hermano como tal. “Este hijo tuyo” (v.30) contrasta con lo dicho por el muchacho y por el padre: “este hermano tuyo” (vv.27.32). Los que se tienen o se saben justos, se niegan a reconocer como hermanos a los pecadores (y es justo recordar que ser hermanos es una de las características de todo judío hacia el otro miembro de su pueblo, a los “hijos de Abraham”). Esta negativa de reconocer como hermanos a los pecadores marca el sentido fundamental de la parábola y el contraste con la actitud de Jesús, como profeta de parte de Dios.


Dibujo tomado de ayudateconmusica.com 



viernes, 6 de septiembre de 2019

Un tema de basura


Un tema de basura


Eduardo de la Serna



La basura son residuos, sobrantes, desperdicios que no tienen (para nosotros) utilidad y por eso se tiran. O se depositan en lugares para que o bien se reciclen, o se aprovechen por parte de quienes tienen los medios para hacerlo, o hasta se transformen en energía.

Siempre fue “un tema”. Por ejemplo, el negocio de los recolectores fue, habitualmente, fuente de negocios. Incluso se sabe, hay negocios y negociados en el CEAMSE utilizando residuos. Macri había hablado, muchos años ha, del “robo” que los cartoneros y demás recicladores les hacían a las empresas recolectoras (de las que él, ¿cuándo no?, era parte).

También la basura fue parte de los problemas del inexistente intendente de Quilmes, el cocinero de las mesas vacías y las empanadas de utilería. La basura se acumula mas y más. Casi parece que es una manera de saber que hemos llegado al distrito.

Ahora resulta que “compramos” basura toxica del primer mundo. A lo mejor ser el basurero de otros es la manera de entrar al mundo para estos señores; ya ni siquiera cola de león... No importa cuantas personas y tierras sean contaminadas, no importa que la ley prohíba, no importa nada. La cosa parece estar en contacto con la basura.

Uno querría decir que basuras son aquellas personas que inventan “noticias falsas” que implican a Florencia Saintout o a Mayra Mendoza, por no remontarnos a los desperdicios orales o escritos que depositan desde hace años en las mentes indefensas de miles y miles de ciudadanos que compran basura en forma de odio, o de miedo. Pero tengo la sospecha que decirles eso sería – para ellos – un halago. Entre la basura pareciera que se sienten en casa, o en su barrio.

Los viejos habitantes de Israel solían quemar la basura en el valle de Hinnom. Con frecuencia era un “fuego eterno”. De aquí viene el nombre Gehenna, que se relaciona con las regiones inferiores, valles (los infiernos). El problema es que estos amantes de la basura y los negociados (que tantas veces son sinónimos) le hacen vivir un infierno a tantos. en especial a los pobres, a los que son contaminados por arroyos, basurales (o basuras no recogidas) o perjudicando a los recicladores su “emprendedurismo”. Pero es probable que vengan días en que las urnas se transformen en cestos de basura y los desperdicios que – todavía – nos sigan gobernando vayan a donde quieren que millones de argentinos vivamos. Parece que hemos decidido reciclarnos y dejar que vuelvan esos tiempos que nos habían hecho creer que podíamos disfrutar y que otros llamamos “primavera”.


Foto del valle de Hinnom tomada de Wikipedia

martes, 3 de septiembre de 2019

Comentario domingo 23C

Seguir a Jesús, ser discípulos del Reino no es para tibios

DOMINGO VIGESIMOTERCERO - "C"

Eduardo de la Serna




Lectura del libro de la Sabiduría     9, 13-18

Resumen: La distancia entre Dios y la humanidad es absoluta, y los seres humanos no pueden –con sus limitaciones- acceder a la voluntad de Dios y a conocer su sabiduría si Dios mismo no se lo revela.

Supuestamente Salomón formula, en el libro helénico de la Sabiduría (ver “cuerpo” y “alma” en v.15; aunque no hay que exagerar los términos y pensar en influencia (neo)platónica) –compuesto en Alejandría- una oración para pedir Sabiduría (cap. 9).

La oración comienza con el destinatario de la misma (Dios de los Padres…, v.1) y tiene tres partes bien marcadas.

El capítulo 9 comienza con una referencia al “hombre” y la “sabiduría” (v.2) que se repiten de modo inverso en v.6. En v.7 y en v.12 se repiten las ideas de “juzgar” al “pueblo”. Finalmente en v.13 alude al conocimiento de la voluntad de Dios, lo que se repite en v.17, y en v.18 vuelve a repetir “hombre” y “sabiduría” (como en v.2 y v.6). 

Introducción: Dios de los Padres… (v.1)
I.              “Sabiduría… hombre (v.2)
Hombre… sabiduría (v.6)
II.            Pueblo… juez (v.7)
Juzgar… pueblo (v.12)
III.           ¿Qué hombre… conocer la voluntad de Dios? (v.13)
Conocido tu voluntad (v.17)
Conclusión: Hombre… Sabiduría (v.18)

Como se ve, la liturgia presenta la tercera parte de esta oración, la cual está centrada en la voluntad de Dios. La oración pasa a la tercera persona (¿qué hombre? v.13; ¿quién?, vv.13.16.17?) con lo que desaparece Salomón diluyéndose en la humanidad entrando en el terreno de la “reflexión filosófica y teológica”. La voluntad de Dios es indescifrable (ver Is 40,13-14) para “el hombre” (y la mujer, añadamos) sin Sabiduría, sin que Dios mismo la revele.

Los proyectos humanos son caducos, Dios –en cambio- es inaccesible. Con un lenguaje helénico alude a la debilidad del cuerpo / tienda de tierra y su influencia en el “alma” / espíritu (v.15). Evidentemente la debilidad, la “tierra”, dificulta el acceso a las cosas del “cielo” (v.16). Ante esta debilidad, sólo se puede acceder a las cosas de Dios si Él envía su “santo espíritu” (v.17) (entender el texto afirmando que el autor se refiere a la “Tercera Persona de la Santísima Trinidad” sería un anacronismo). La construcción en paralelo de toda la unidad –propia de la poética hebrea- nos muestra que “santo espíritu” debe entenderse como otro modo de referir a la “sabiduría”. Es importante notar que toda idea (platónica) del “cuerpo cárcel del alma”, o del cuerpo como “sede del pecado” es totalmente ajena al texto. La distancia entre Dios y el ser humano es abismal (Job 28; Qo 7,24; Sir 1,6; Bar 3,15), y es una idea propia del judaísmo (ver Dt 30,11; Is 38,12; 55,9); pero Dios se manifiesta a la humanidad (Sir 24,23-24; Sal 119; Bar 4,4; ver Pr 8,1).


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón     9b-10. 12-17

Resumen: el esclavo Onésimo se había fugado de su amo Filemón robándole. Pablo le anuncia el Evangelio logrando su conversión, y lo devuelve con su ex amo con el objetivo de que este lo reciba como un hermano e incluso lo libere. La carta juega un rol de salvoconducto, por si era detenido, y a su vez garantía para ser recibido como el mismo Pablo en su vieja casa y comunidad.


La carta de Pablo a Filemón es la más corta de todas sus cartas. Sin embargo, siendo una carta personal, llama la atención que el remitente no es sólo Pablo sino que añade a “Timoteo, el hermano” y es dirigida no sólo a Filemón, sino también “a la hermana Apfia, al compañero de armas, Arquipo y a toda la Iglesia de su casa”, esto es, una carta “personal” se ha vuelto una carta “comunitaria”. Evidentemente Pablo quiere transformar algo personal en algo comunitario. Onésimo, antiguo esclavo de Filemón se ha fugado y llevándose alguna pertenencia de su amo. La situación de los esclavos fugados era dramática, y perdían los pocos derechos que conservaban. Veamos brevemente algunos elementos antes de continuar:

La esclavitud: la vida de los esclavos nunca fue fácil, aunque en el mundo greco romano era notablemente más aliviada que la padecida en América por los capturados como mercancía en el África. La situación de los negros en los campos de algodón –y la prosperidad que eso implicó- en el norte de América resulta emblemática, pero no debería trasportarse a la situación en el mundo greco-romano. Se era esclavo fundamentalmente por dos razones: derrotas militares, o deudas económicas. Sin embargo, esto no era igual en todas partes, por ejemplo en Israel. Un judío no podía –en la práctica- tener un esclavo judío, aunque sí de las naciones vecinas. Si un judío, por deudas, debía ser esclavo de otro, al pagar con trabajo su deuda, o si otro lo hacía por él, quedaba instantáneamente liberado. Incluso, si no podía hacerlo, después de un tiempo Dios mismo salía en su favor, y los esclavos debían liberarse (es lo que se llama –en hebreo- el go’el). En suma, el esclavo judío debía ser, para el amo judío, un hermano. Y ser tratado tan bien que existe la posibilidad de que cuando llegue el momento de la liberación, este elija permanecer esclavo; de todos modos señalemos que en tiempos del Nuevo Testamento no parece que hubiera judíos esclavos de judíos. En el mundo greco-romano, en cambio, la situación era diferente, pero no opuesta. Para los griegos, el hombre libre se dedica a filosofar, o a guerrear, no a trabajar. Esa es tarea de los esclavos, hasta el punto que Aristóteles llama al esclavo “una herramienta que habla”. Los esclavos se ocupan de todo en la casa (incluso satisfacer los deseos sexuales de amos o amas). Incluso, es frecuente que algún esclavo sea el encargado de la administración de la casa, el que se ocupa de los negocios, de todo lo necesario mientras el amo se dedica al “ocio”. No son pocas las veces que el esclavo ha juntado algún dinero –u otros lo hacen por él- para el “rescate”, o “redención”, o a veces el mismo amo, por concretar algún buen negocio, por ejemplo, elige liberar al esclavo. Son los llamados “libertos”. En esta situación, el manejo de la casa, del dinero y los “viajes de negocios”, son ámbito propicio para la fuga y el robo. Ese parece el caso de Filemón y Onésimo.

Si la policía del imperio detectaba un esclavo fugado, el futuro que le esperaba era espantoso. El envío a trabajar en las minas, o a los remos de galeras resultaba una muerte segura, nadie se ocuparía de ellos en alguno de los frecuentes derrumbes o naufragios. Probablemente Onésimo se vio observado y supo que sus horas estaban contadas. Entonces, enterado que Pablo –amigo de su antiguo amo- estaba preso en la ciudad (probablemente Éfeso) fue a buscarlo. Lo cierto es que Pablo le predica a Jesús y Onésimo recibe el Evangelio. Ahora hay que salvar la vida de Onésimo. ¿Qué hace, entonces, Pablo? Le escribe una carta a su amigo, pero para asegurar la vida del ex esclavo hace que esa carta no sea personal sino pública. Y la carta actúa a modo de salvoconducto (en caso de ser detenido Onésimo podría demostrar que se dirige a casa de su ex amo, y además, Pablo le firma un “pagaré” (v.19), con lo que queda visible ante todos que la deuda quedará saldada. Pero esto no es todo, Onésimo al llegar volvería a ser esclavo y –además- seguramente perdería los privilegios que había conseguido de ser administrador o encargado. Y acá viene el corazón de la carta.

Pablo llama a Onésimo “mi hijo”, “engendrado” (seguramente por la predicación del Evangelio, no necesariamente por haberlo bautizado, algo imposible estando en la cárcel), “muy útil para mí” (v.11, omitido en la liturgia, que es un juego de palabras con el nombre Onésimo, “útil”), “algo mejor que un esclavo, un hermano querido”. Pablo pone a Onésimo casi como una prolongación de sí mismo: “es mi propia entraña” (v.12), “acógelo como a mí mismo” (v.17). Difícilmente Filemón –y más aún expuesto en público con una carta no privada- pueda negarse a esto. Pero Pablo sigue: Onésimo –y no Filemón- ha servido a Pablo en la cárcel (v.13), y si Onésimo fue alejado (no dice “fugó”) ha sido obra de Dios, la voz pasiva, “fue alejado” –como se ha dicho en otras ocasiones- remite a Dios, es decir “él fue quien lo alejó”, y esto con el objetivo de que luego Filemón lo recuperara como “más que como un esclavo, como un hermano querido” (v.16), “en el Señor”.

El texto todavía va más allá –es omitido en el texto litúrgico- y Pablo le dice que si Onésimo le debía algo a Filemón, a su vez Filemón le debe algo a Pablo: su misma persona (seguramente su conversión; precisamente como la lograda con Onésimo). Y concluye afirmando que está confiado en su obediencia, pero está a su vez convencido que “hará todavía más” (v.21). Sin duda ese “todavía más” no puede ser sino darle a Onésimo la libertad. 

Como se ve, Pablo asume personalmente la suerte de Onésimo, y se compromete con él extendiéndole un salvoconducto para el camino y una garantía para su futuro (¿en la región de Colosas?, se ha pensado pero no es evidente). Pretende que Filemón actúe con Onésimo como un judío actuaría con un esclavo judío. Para eso le recuerda desde el principio el amor de Filemón por los “santos” (vv.5 y 7) y le recuerda que Onésimo fue “engendrado” por Pablo en la prisión. El verbo también tiene un uso femenino, y resulta interesante su utilización por parte del Apóstol. En 1 Cor 4,15 se dirige a los corintios diciéndoles que los engendró por el Evangelio, seguramente a esto se refiere (y no al bautismo explícitamente, aunque probablemente otro [¿Marcos, Arístaco, Demas o Lucas?, v.24] lo haya hecho). Pablo –como buen judío- entiende que el evangelio nos introduce en el Israel de Dios, y por eso pretende que Onésimo sea tratado como un buen judío debe tratar a otro, especialmente porque Jesús es para nosotros “rescate” (1 Cor 1,30), que nos hace justos ante Dios (Rom 3,24) dándonos el espíritu (Rom 8,23).


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     14, 25-33

Resumen: Ser discípulo de Jesús no es algo fácil. Supone renuncias, incluso a cosas fundamentales como la familia, las posesiones y la propia vida. Es importante evaluar bien los pasos a dar para ponernos en su seguimiento no sea cosa que no podamos llegar a concretar lo que hemos pensado.


Una vez más Lucas destaca que Jesús está “en camino”. Como sabemos, se dirige a Jerusalén donde –como corresponde a un profeta- será ejecutado. Una vez más está con él la multitud (ojlos), que en este caso es grande, porque lo dice en plural. Entonces se dirigirá a ellos con un doble dicho sobre “sin lo cual no” se puede ser su discípulo; de hecho, cada uno de ellos finaliza con la idea “no puede ser mi discípulo”: “si alguno / el que… no… no puede ser mi discípulo” (v.26.27). La idea del discipulado es común en toda la sección (9,14.16.18.40.43.54; 10,22.23; 11,1; 12,1.22).

A continuación presenta dos ejemplos (de un constructor [vv.28-30] o de un rey [vv.31-32]) y concluye –finalmente- con un dicho que retoma la misma idea: “no puede ser mi discípulo” (v.33).

Veamos el primer bloque que está construido en un paralelo simple:

v.26
v.27
Si alguno (ei tis)   El que (hostis)
viene (erjetai) donde mí   no lleve su (eautou) cruz
y no odia a su (eautou) padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su (eautou) propia vida,   y venga (erjetai) en pos de mí,
no puede ser discípulo mío.
   no puede ser discípulo mío.

Probablemente, entonces, ambos dichos deban entenderse el uno a la luz del otro, o el segundo (la cruz) como explicativo del anterior. 

El término “odiar” (misei; de donde -por ejemplo- viene “misógino”, que odia a las mujeres, gynê) debe entenderse como un semitismo: es habitual en el lenguaje semita moverse entre extremos (cielo-tierra, derecha-izquierda, padres-hijos, amor-odio…) para expresar de ese modo la totalidad. En este caso, podría entenderse como “amar menos que” (como puede verse en 16,13, o como lo interpreta Mateo); no es diferente a lo que ya había señalado al decir que frente a la urgencia del discipulado no tenía sentido “enterrar a su padre”, o “despedirse de los padres” (9,59.61). Una vez más, Jesús relativiza contraculturalmente la “célula de la sociedad” que es la familia en contraste con el discipulado del reino que para él, es el único absoluto. Concluye esta lista familiar con la “propia vida” (psyjê) lo que dará “entrada” el siguiente dicho sobre la cruz.

En el AT, los levitas deben ser capaces de dejar a su familia (Dt 33,9-10); la misma idea –releída- se repite en Qumrán: 

“a un hombre piadoso probaste en Massah y querellaste sobre las aguas de Meribbah, el que dijo a su padre y a su madre ‘no te he conocido’ y a sus hermanos no los conoció, y a su hijo no conoció. Pues guardó tu palabra y conservó tu alianza” (4Q Test 14-17)

[recordar que en la Biblia Massah y Meribbah son lugares de la tentación y “conocer” es un verbo que indica amor intenso].


Cargar (bastazô) la “cruz” sin duda alguna resultaría extremadamente chocante en tiempos de Jesús (es más duro que “tomar”, como dice Mateo), pero adquiriría una nueva nota de sentido para los cristianos después de la Pascua. Algunos estudiosos han pensado que Jesús no debería haber dicho “cruz” y esto fue agregado más tarde, lo que no es el caso debatir en este momento. Lo cierto es que en el Evangelio de Lucas esto ha de entenderse como seguimiento de Jesús corriendo su misma suerte, lo que supone ser capaces de “odiar la propia vida” (v.26). Esto es particularmente claro después de recordarnos que Jesús “camina” hacia Jerusalén, donde será matado. Lucas ya había expresado que el discípulo debe cargar la cruz en 9,23 añadiendo al dicho de Marcos que la cruz debe cargarse “cada día”. En este caso Lucas parece estar citando el texto paralelo a Marcos propio del documento Q, con una interesante diferencia:

Mt 10,37-38
Lc 14,25-27
37 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
26 «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.
38 El que no toma su (autou) cruz y me sigue detrás no es digno de mí.
27 El que no lleve su (eautou) cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

En Mateo, “ser digno” se refiere a ser apto para el discipulado (cf. Mt 10,11.11.13; 22,8), Lucas prefiere “no puede” (dynatai), quizás original de Q. Es interesante, además, cómo Lucas completa el “cuadro familiar” que Q había presentado, añadiendo nuevas relaciones. La incorporación de la “mujer” resalta la radicalidad del discipulado que Lucas ha mostrado tantas veces en su Evangelio.

Lo cierto –y es el punto principal- el seguimiento de Jesús, el camino del Reino, del Evangelio debe ser un absoluto frente a lo cual todo lo demás es relativo, incluso instancias importantísimas como lo es la familia o la propia vida.

Pero Lucas añade a continuación dos ejemplos (no se trata propiamente de parábolas) que pretenden ilustrar lo dicho (por eso finaliza señalando: “pues entonces…”, v.33). Pero en esa conclusión alude a la “renuncia de todas sus posesiones” (en realidad, “renuncia” –apotassomai- en todas las demás ocasiones que lo encontramos en el NT significa “despedir”, Mc 6,46; Lc 9,61; Hch 18,18.21; 2 Cor 2,13). Las posesiones (hyparjôn; es término preferido de Lucas, x40 en Lc-Hch de las x60 del NT). Sin embargo, no se ve a simple vista la relación que Lucas establece entre las tres cosas que no puede vivir uno que pretenda ser discípulo: odiar la familia y la vida (v.26), cargar la cruz (v.27) y renunciar a todas las posesiones (v.33). Y tampoco qué relación tiene esto con los dos ejemplos propuestos en vv.28-32. 

Veamos los ejemplos:

El esquema es similar en ambos: pregunta retórica sobre un personaje que llevará a cabo una tarea, y debe “sentarse primero” (ouji prôton kathisas) a pensar si puede llevar a buen término el objetivo. Evidentemente se trata de dos ejemplos sobre un cálculo cuidadoso que debe realizarse antes de emprender una tarea. “no empieces algo si no lo puedes concluir” sería la conclusión; frente a los verbos de movimiento, el contraste está dado por “primero se sienta”, que -como se dijo- se repite en ambos textos.

El seguimiento de Jesús –como la imagen de la cruz lo deja bien claro- no es algo fácil, por lo que, es necesario “sentarse antes” (vv.28.31) de decidirse a emprenderlo para evaluar serenamente si podremos llevarlo a cabo. 

La torre probablemente es algo común, no una torre de ciudad; por eso la pregunta retórica es “¿quién de ustedes”?, se trata de algo al alcance de –al menos algunos- los oyentes de Jesús: un viñador –por ejemplo- levanta una para custodiar la viña (Mc 12,1), pero es sensato antes de empezarla evaluar costos. La vergüenza (algo importante en una cultura que sobrevalora el honor) es algo serio, y debe evaluarse para evitar caer en ella por no haber terminado. Es verdad que la “torre” puede también referir a torres militares de defensa y observación (por ejemplo, la “Torre Antonia” junto al Templo de Jerusalén; es poco –además- lo que sabemos de la “Torre de Siloé”, de Lc 13,4), pero el uso del mismo término en la parábola del dueño de la viña que va al extranjero, y el uso retórico de “quién de ustedes” invita a pensar en una torre sencilla. Los “cimientos” son propios de Lucas (ver la modificación que hace del texto Q: comparar Mt 7,24-27 con Lc 6,48-49; cf. Hch 16,26). La ironía viene dada con que “empezó” (arjô) a edificar, y como no pudo “terminar”, “empiezan” (arjô) a burlarse, lo que supone que no terminarán de hacerlo, usando peyorativamente la frase “este hombre”… La imagen es evidente: la construcción marca el comienzo y el final (vv.28 y 30), el deseo del hombre está expresamente marcado (“quiere”) pero no puede llegar a concluir (v.30) lo que ha empezado (v.28). Dos consecuencias son posibles: o soportar la vergüenza de la burla constante, o concluir la obra proyectada. Sentarse a pensar es el paso previo y fundamental para lograr lo segundo o –al menos- evitar lo primero. 

Algo semejante ocurre con un rey –la imagen se corre ahora hacia la política- y su ejército. Un soberano sensato no se arriesga innecesariamente en una batalla que diezmaría su tropa; es preferible un buen armisticio o tregua. Es algo obviamente sensato; el Testamento de Judá cuenta que él, y más tarde Rubén y Gad escalaron una muralla y mataron a diez “hijos de Esaú”, y ante la inminencia de la derrota “Entonces nos pidieron la paz” (TestJud 9,7). 

Filón de Alejandría habla de la contienda entre el vicio y la virtud y usa una imagen semejante:

“Es, en efecto, imposible que residan en una misma alma dos naturalezas hostiles, como son el vicio y la virtud; razón por la cual cada vez que ambos se reúnen, surgen con ello sediciones y guerras sin posibilidad de acuerdo y conciliación, a pesar de que la naturaleza de la virtud es sumamente pacífica, y además se preocupa, según dicen, cuando se apresta a entrar en contienda por medir antes sus propias fuerzas, de modo de salir a la palestra solo en caso de sentirse con fuerzas para imponerse en la pelea; y de no osar siquiera dar comienzo al choque si resulta demasiado débil la fuerza con que cuenta” (sobre Abraham 105).  

La imagen de dos reinos en conflicto –por otra parte- puede asemejarse al enfrentamiento del reino de Dios y al reino de Satanás (4,6; 10,18; 11,17-22; 13,16) tan propio de Lucas. 

El lenguaje es claro: “marcha”, “frente a él”, “avanza contra él”, “alistar para el combate”. El clima bélico es claro; no parece tratarse de una batalla sino de una campaña. La referencia a los “mil” es habitual en el lenguaje militar, “reclamar las condiciones de la paz” es sumisión o rendición lo menos humillante posible. El marco es absolutamente creíble y conocido.

De todos modos, hay una ligera diferencia entre uno y otro ejemplo: en el primero la escena concluye, y el sujeto es avergonzado, en el otro, no lleva a cabo el enfrentamiento para no enfrentar la derrota. El campesino debe pensar antes de empezar, el rey, una vez empezado a lo mejor deba rendirse. El campesino piensa, el rey además, debe consultar (delibera, toma consejo).

Sin embargo, no se ve en una primera impresión la relación entre los dos ejemplos y los tres dichos sobre uno que no puede ser discípulo. Es posible que los dos ejemplos hayan sido añadidos más tarde por Lucas (la semejanza estructural entre los dos anteriores y el conclusivo es muy evidente), pero evidentemente ha de haberlos añadido por razón de su coincidencia o alguna relación. El contexto del discipulado (y de quién no puede acceder a él) no es ajeno al hecho de que aquel que quiera empezar ese camino difícil, de renuncia y cruz ha de pensarlo bien para saber si podrá vivirlo, llevarlo a término. 

Las multitudes no son adversarios de Jesús, como lo eran los que lo invitaban a comer “para ponerlo a prueba”, son discípulos de un modo genérico, aunque no son de aquellos que “dejan todo”, incluso a su mujer, no todos los discípulos de Jesús lo son del mismo modo. Es posible que este “dejar todo” Jesús lo proponga a su grupo más cercano que –como él- son misioneros itinerantes. Es posible, entonces, que Lucas haya introducido los dos ejemplos para señalar un nuevo tipo de discipulado, más estrechamente cercano a la vida de Jesús. Todos deben estar dispuestos a dar la vida, todos deben considerar el reino por encima de todo, pero quienes tengan la intención de formar parte de su grupo itinerante, deben pensar bien si son capaces de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias.

La conclusión de “decir adiós” a las posesiones, implica que el campesino debe decir adiós a los suyos y el rey a sus tropas, allí no está la seguridad, ésta está sólo en Dios (su reino). Por el lado humano, la cosa radica en el abandono o renuncia al propio poder (dinero, familia, ejército) y por el lado divino radica en la plena confianza en su obrar.


Dibujo de M.  Chagall tomado de http://www.protestantedigital.com/ES/Blogs/articulo/3330/Chagall-jesus-y-la-cruz