martes, 16 de abril de 2024

Milei, Bullrich, Israel y “shalom”

Milei, Bullrich, Israel y “shalom”

Eduardo de la Serna



Cuando le preguntaron a Javier Milei sobre su actitud de involucrarse en el conflicto en la región de Israel y Palestina, él respondió: "nosotros ya estamos en el mapa (del terrorismo). La diferencia es si somos cobardes o nos plantamos del lado del bien". La ministra Patricia Bullrich afirmó que “el llamamiento a la paz no es la posición argentina”. Esto – me parece – nos debería invitar a un planteamiento sobre la paz, en hebreo šālōm.

Pocos términos más polisémicos que la raíz verbal y sustantiva del hebreo: indica bienestar, salud, culminación, plenitud, paz, amabilidad, fortuna, pago, totalidad, armonía, y hasta, en una ocasión, un sacrificio. La popularidad del uso se vislumbra en nombres como, probablemente, Jerusalem y Salomón, por ejemplo. Para comprender la dificultad de la traducción hay un texto notable: en el segundo libro de Samuel se narra una escena patética: David, el rey, ha tenido relaciones sexuales con Betsabé, que estaba casada con un militar de su ejército que se encontraba en plena batalla. Como ella quedó embarazada, lo manda llamar para intentar tapar el hecho, cosa que no logra. Pero para disimular el llamado le pregunta por el estado de la guerra. Difícil de traducir del hebreo al castellano notemos (2 Sam 11,7):

  •        Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra (Biblia de nuestro pueblo).
  •    Cuando Urías llegó ante él, David le preguntó por la salud de Joab, por la salud del pueblo y por la marcha de la guerra (Reina Valera).
  •         Llegó Urías donde él y David le preguntó por Joab, y por el ejército y por la marcha de la guerra. (Biblia de Jerusalén)
  •     Cuando llegó Urías, David le preguntó cómo estaba Joab y el ejército y cómo iba la guerra. (Biblia latinoamericana)
  •        y cuando Urías se presentó ante el rey, David le preguntó cómo estaban Joab y la tropa y cómo iba la guerra. (Libro del pueblo de Dios)
Veamos otras traducciones:

  •         comment allait Joab, et le peuple, et la guerre. (Traduction Oecumenique de la Bible)
  •         wie es um Joab, um die Truppen und um den Krieg stehe. (Die Bibel Herder)
  •         gli domandò notizie sullo stato di Ioab, del popolo e della guerra. (Bibbia San Paolo)
  •         como ficava Joabe, e como ficava o povo, e como ia a guerra. (Almeida Revista e Corrigida)
  •         David asked how Joab and the people fared, and how the war was going. (New Revised Standard Version)

Incluso la traducción latina de San Jerónimo (Vulgata) así traduce:

  •       et venit Urias ad David quaesivitque David quam recte ageret Ioab et populus et quomodo administraretur bellum

En cambio, la Biblia griega traduce:

  •         Y llegó Urías y fue a él y David le preguntó por la paz (eirēnē) de Joab, la paz del pueblo (eirēnē toû laoû) y la paz de la guerra (eirēnē toû polémou; Septuaginta).

Vayamos, entonces, al texto hebreo:

  •        Y vino Urías y le preguntó David por el šālōm de Joab, el šālōm del pueblo (‘am) y el šālōm de la guerra.

Valga toda esta distinción para notar la dificultad en las lenguas modernas para expresar el término šālōm, habitualmente traducido por “paz” y, en este caso, aplicado a la guerra. Incluso la Reina Valera, que traduce por “salud”, la aplica a Joab y al pueblo, pero no a la guerra. Ya señalamos que “paz” no es la única traducción posible del término.

En el segundo testamento, el griego eirēnē se utiliza, con frecuencia en un sentido semejante al uso hebreo. Es muy frecuente como saludo (por ejemplo, del resucitado a sus discípulos atemorizados), o en los saludos iniciales de las cartas (en las cartas paulinas, acompañado de “gracia”, que es más culturalmente griego).

Es interesante que Pablo con alguna frecuencia utiliza la fórmula “el Dios de la paz” [1 Tes 5,23; Fil 4,9; 2 Cor 13,11; Rom 15,33; 16,20; cf. Heb 13,20 (algunas traducciones también lo aplican en Rom 15,13, pero no dice ho dè theòs tēs eirēnēs sino tēs elpídos, Dios de la esperanza)]. Así lo explica R. Jewett:

En contraste con lo dicho en el Testamento de Dan en el que el conflicto se ha de resolver siguiendo la ley más cuidadosamente, Pablo entiende la paz como una actividad de Dios a través del Evangelio, que transforma los antagonistas y hace posible la cooperación [Romans, Hermeneia 2007, 939]]

En esa misma linea, para no malentender a Pablo, se ha de recordar que el Evangelio no es la “buena noticia” de los éxitos del imperio romano (militares o de gobierno) sino – contraculturalmente – de algo que Dios ha obrado en la historia (por su hijo – que no es el César – Jesús); la frase “el evangelio de Dios” (que también puede traducirse como “el evangelio que es Dios”) se encuentra en 1 Tes 2,8.9; 2 Cor 11,7; Rom 1,1; 15,16...

Ahora bien. Ya hemos reflexionado sobre el sentido variable en los tiempos del término “guerra” [https://blogeduopp1.blogspot.com/2024/03/una-extrana-guerra.html] y sin duda algo semejante deberíamos decir sobre la “paz”. Entender la paz como ausencia de guerra o conflicto es, ciertamente, muy limitado y pobre aunque se trate de algo inicialmente deseable. A modo meramente de ejemplo, en la encíclica de Francisco sobre la fraternidad y sororidad universal, Fratelli Tutti (2020), el término paz se encuentra cerca de 100 veces:

  •          nuestro mundo avanza en una dicotomía sin sentido con la pretensión de «garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza (# 26)
  •          Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos. Este es el verdadero camino de la paz, y no la estrategia carente de sentido y corta de miras de sembrar temor y desconfianza ante amenazas externas. Porque la paz real y duradera sólo es posible «desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana» (# 127)
  •          Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro! (# 217)
  •          Hay una “arquitectura” de la paz, donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una “artesanía” de la paz que nos involucra a todos. A partir de diversos procesos de paz que se desarrollaron en distintos lugares del mundo «hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. (…) siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva» (# 231)
  •          La paz «no sólo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable —especialmente de aquellos que ocupamos un cargo de más amplia responsabilidad— de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación» (# 233)

Ciertamente eso no implica ignorar los conflictos frente a los cuales “el cristiano no pocas veces debe pronunciarse con coherencia y decisión” (Juan Pablo II)

  •          La clave está en no hacerlo para alimentar una ira que enferma el alma personal y el alma de nuestro pueblo, o por una necesidad enfermiza de destruir al otro que desata una carrera de venganza. Nadie alcanza la paz interior ni se reconcilia con la vida de esa manera. La verdad es que «ninguna familia, ningún grupo de vecinos o una etnia, menos un país, tiene futuro si el motor que los une, convoca y tapa las diferencias es la venganza y el odio. No podemos ponernos de acuerdo y unirnos para vengarnos, para hacerle al que fue violento lo mismo que él nos hizo, para planificar ocasiones de desquite bajo formatos aparentemente legales». Así no se gana nada y a la larga se pierde todo. (# 242)

«Resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado» (Juan XXIII).

  •          La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal (…) Prestemos atención a la verdad de esas víctimas de la violencia, miremos la realidad desde sus ojos y escuchemos sus relatos con el corazón abierto. Así podremos reconocer el abismo del mal en el corazón de la guerra y no nos perturbará que nos traten de ingenuos por elegir la paz (# 261).
  •          A veces la violencia fundamentalista, en algunos grupos de cualquier religión, es desatada por la imprudencia de sus líderes. (# 284)

Mirando los textos del gobierno citados más arriba (y los conflictos que se despliegan por todo el mapa, los que tienen prensa y – sobre todo – los invisibilizados, porque, por ejemplo, ¿a quién le importan los más de 5.000.000 de “negros” muertos en la república del Congo por la “maldición” de tener coltán? Mirando esto, y la hegemonía que nos “obliga a pensar” que se trata de “terrorismo” cuando es algo contrario a lo que piensa y cuyos intereses defiende “el poder” mientras que si es “nuestro” se trata de “posicionarnos del lado del bien”, algo debería ponernos en estado de alerta.

Que me perdonen la ministra y el presidente... creo que son absolutamente incapaces de entender el valor de la paz y de reconocer “el lado del bien”. El mismo para el que “los argentinos de bien” son sus amigos, y no lo son (¿porque son casta?) los pobres, los migrantes, los trabajadores, los desocupados, los ancianos, los enfermos, los estudiantes... No creo que tenga ninguna capacidad de entender qué es “el bien”. Si no entiende el valor urgente de la paz, evidentemente su incapacidad ¡es absoluta!


Imagen tomada de https://twitter.com/MafaldaQuotes/status/489930072325775360

Domingo 4º de Pascua "B"

La vida que el pastor arriesga por el bien de su pueblo

domingo 4º de Pascua – “B”

Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los Apóstoles     4, 8-12

Resumen: Pedro justifica su actitud destacando el contraste entre el obrar de las autoridades y el obrar de Dios ante Jesús. Al resucitar a su Hijo, Dios lo hace causa de salvación siempre eficaz para nosotros.

El libro de los Hechos está lleno de discursos, y la liturgia de hoy nos presenta uno de entre ellos. Este se encuentra armado a modo de escena y diálogo. Después de curar un paralítico de nacimiento, Pedro y Juan son llevados ante las autoridades para ser interrogados. El motivo de la captura tiene que ver con la creencia en la resurrección (4,2); es sabido que los saduceos no creen en esto y que hablar de Jesús resucitado es el punto de partida de la predicación de los discípulos (3,26). El hecho de la curación es la excusa, la pregunta que les harán es “con qué poder o en nombre de quién” lo han hecho, aunque ya sabemos que es la fe en el nombre de Jesús la que lo ha obrado (3,16; ver 3,6). Con la respuesta de Pedro a esa pregunta comienza el texto de la liturgia. Al terminar el discurso, finaliza el párrafo aunque la escena continúa con toda la estructura de una sentencia judicial. Comenzó por el interrogatorio (4,1-7), defensa (el texto litúrgico, 4,8-12), deliberación (4,13-17) y sentencia (4,18-22).

El discurso, entonces, tiene como objetivo explicar y dar respuesta a ese interrogatorio. En los vv.8-9 Pedro presenta el punto de partida, aquello que le fue preguntado. En los vv.10-12 está en tema cristológico, esto ocurrió “en nombre de Jesús”, y presenta el dato kerigmático del contraste entre el obrar del pueblo y Jesús y – por otro lado – el obrar de Dios ante Jesús, es decir su muerte y resurrección. Ciertamente de este modo Pedro da respuesta al interrogatorio: la curación realizada es indiscutible por lo que la sentencia será prohibirles hablar en el nombre de Jesús, pero esto está fuera del texto litúrgico.

Mirando en detalle algunos elementos, lo principal es destacar que Pedro, que más adelante es presentado como “sin instrucción ni cultura”, va a hablar movido por el Espíritu Santo. Es sabido que el gran protagonista de todo el libro es el Espíritu (x42) hasta el punto que algunos han sugerido que más que llamarlo “Hechos de los Apóstoles” habría que llamarlo “Hechos del Espíritu Santo”. El Espíritu, con forma y ruido, desciende sobre Jesús antes de iniciar su misión, el Espíritu (Lc 3,21-22), con forma y ruido, desciende sobre la Iglesia antes de comenzar su misión (Hch 2,2-4). El espíritu marca el camino de Jesús (Hch 10,38) en el cumplimiento de las escrituras (Lc 4,18.21), y marca el camino de la Iglesia en el cumplimiento de las escrituras (Hch 2,16-17). Y esta misión de la Iglesia está marcada por la presencia del Espíritu en los grandes momentos o personajes: Pedro (4,8), los presentes (4,31; 8,17; 10,44), Esteban (6,5; 7,55), Pablo (9,17; 13,9), las iglesias (9,31), Bernabé (10,23), los presbíteros (20,28), y envía a predicar en misión (13,2.4; 16,6), desciende sobre los evangelizados (13,52; 19,6), y los paganos en general (15,8).

El tema central de la unidad está en “el nombre de Jesús”. Es sabido que “el nombre” designa a la persona misma, es su nombre el que es invocado sobre alguien (como ya en los exorcismos, Lc 9,49; Hch 16,18). Ya se repetía con frecuencia que “el que invoque el nombre del Señor (= Jesús) se salvará” (2,21; Rm 10,9-13 = Jl 3,5; cf. Hch 4,12; 10,43), y los que se incorporan a la comunidad lo hacen luego del “bautismo en el nombre de Jesús” (2,38; 8,12.16; 19,5; 22,16) la predicación de los discípulos es “en el nombre de Jesús” (4,18.30; 5,41; 9,14.15.16.21.27.28.33.36; 15,14.17.26; 19,17; 21,13; 26,9).

Ciertas lecturas antisemitas insistieron en el “ustedes lo mataron” sacando los discursos de contexto, y – en este caso – no teniendo en cuenta quiénes son estos “ustedes”: los “magistrados del pueblo y ancianos” (v.8; en Lc 24,20 dice: “nuestros sumos sacerdotes y magistrados lo mataron”). Los “magistrados” (árjôn) aparecen en torno a Jesús en su ministerio, pero en el contexto de la Pasión “los sumos sacerdotes, magistrados y el pueblo” son convocados por Pilato (Lc 23,13) aunque luego, mientras el pueblo mira al crucificado, los “magistrados se burlaban de él” (23,35). Pedro afirmará ante el pueblo que “obraron por ignorancia” (Hch 3,17). El contraste está dado entre la actitud de estos jefes y ancianos por un lado, que matan a Jesús, y el obrar de Dios por el otro, dando vida: “Dios lo resucitó de entre los muertos” (v.10). Es el obrar “en el nombre” de Jesús con el que el que había estado paralítico y mendigo se presenta ahora. Señalemos simplemente que Jesús es llamado “Nazoreo”, no Nazareno. Éste último es propio de Marcos y los textos que dependen de él, Lucas, en cambio, en los textos que le son propios, prefiere Nazoreo sin razón que nos resulte evidente.

Señalada esta doble actitud frente a Jesús, el texto recurre a una cita del Sal 118,22 que parece haber sido utilizada con frecuencia en la discusión para explicar el rechazo de las autoridades a Jesús, y la exaltación de Dios (Mc 12,10-11; 1 Pe 2,7). Los arquitectos que han rechazado la piedra son – ciertamente – las autoridades de Israel (cf. Mc 12,1-12: “la parábola la había dicho “por ellos”, v.12, cf. 11,27). El paso a “piedra principal” (sea esto lo que signifique, si fundamental o de ángulo) ciertamente alude a la exaltación de parte de Dios. La escritura ilustra esta doble responsabilidad de Dios y de las autoridades ante Jesús. 

Con una nueva referencia a Joel 3,15, que fue citado recientemente (2,21), se reitera que la salvación llega a todos por la obra de Jesús en nosotros. 


Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     3, 1-2

Resumen: el inmenso amor de Dios por los suyos los engendra como hijos, y son ya ahora en el presente una realidad que – además – será más plena en la manifestación futura. Algo incomprensible para quienes no sean “hijos de Dios” sino que sean “del mundo” y por tanto sean incapaces de “conocer” y – por tanto – de vivir la justicia y la santidad como Jesús.

Ya hemos hecho referencia la semana pasada al sentido conflictivo intra-comunitario que tiene la carta. Con un pequeño paréntesis sobre el ser y obrar como “hijos de Dios” Juan introduce una nueva unidad en la carta (paréntesis que parece introducido por los vv. 2,28-29 que son conclusión de lo anterior y nuevo comienzo). Luego de este paréntesis, desarrollará las características que tiene la vida cristiana (ser de la justicia y enfrentar el pecado [3,3-10], ser del amor y la vida, enfrentar los asesinos [3,11-24], ser de Dios, no del mundo [4,1-6]). 

Hay muchos elementos que hemos visto la semana anterior (amor, conocimiento [es importante recordar que este conocimiento no se refiere a algo “racional”, como el que proponen los espiritualistas que “conocen a Dios”, sino una experiencia e intimidad profunda]), pero hay elementos nuevos que merecen ser mirados:

El versículo introductorio (2,29) establece una estrecha relación entre Dios, que es justo, y el cristiano que debe “obrar la justicia”. Sin duda que el tema es claramente conflictivo con los grupos que proponen un espiritualismo que los aísla del hermano/a. Obrar la “justicia” (entendida en sentido semita, como “vivir plenamente acorde a la voluntad de Dios”) no es habitual en los “espiritualistas que sólo pretenden mirarse en su relación personal (individual) con Dios. En ese sentido, en Juan, no parece distinto “obrar la justicia” que vivir “el amor”. Pero lo importante, además, es que ese tal “ha nacido de él” (si bien se dice que “Jesús es justo” [1,9; 2,1; 3,7], en este caso parece decirse de Dios). De allí que dedique, el autor, los siguientes dos versículos a desarrollar esta generación divina. Esto supone no un mero “título” sino una “generación”, una trasformación de las personas. Sin duda esto empieza a insinuar la confrontación que se desarrollará en los versículos que siguen ya que hay otros “hijos”, del diablo (3,8), de Caín (3,12), del anticristo (4,3), del mundo (4,5). La filiación se reconocerá en el obrar, pero no lo sabrán “conocer” los que son “del mundo”. Como se ve, el autor se mueve ante tipos contrapuestos (el mismo Caín es tipo del homicidio) que supone dos modos de ser y – por tanto – de obrar, la justicia o el pecado.

Es interesante que ante la nueva dimensión existencial, el texto habla del aspecto presente (lo que somos, 3,1b-2a) y lo que seremos (3,2b-c). El presente y el futuro. Pero esto es obrado – en el presente – por Dios en los hijos al “engendrarlos” (2,29), y tiene consecuencias: no son “del mundo” que es el ambiente que rechaza a Jesús (no debe entenderse en sentido platónico ni –menos aun en 1 Jn – espiritualista como “ciudadanos del cielo”; ver Jn 15,18-19; 17,14-16). Los “hijos” deben llevar una vida justa como la de Cristo (Jn 13,15.34; 15,12; 17,17-19), y tienen la esperanza puesta en el futuro (Jn 5,28-29; 17,24).

El tema del “futuro” no es un tema muy frecuente en Juan como es sabido. Sin embargo no es ajeno a un tema importante en el cristianismo desde los orígenes, como es la venida futura de Jesús (aparentemente a eso se refiere el futuro: “aún no se ha manifestado”, “cuando se manifieste”). Quien “conoce” a Dios es asemejado a él, “engendrado”; y en la tradición joánica, esta experiencia es mediada por Jesús: él poseyó el nombre divino y la igualdad con Dios (Jn 17,11-12); compartió este nombre con los discípulos (17,6.26), y estos han participado del destino de Jesús a manos del mundo (15,21) y contemplarán su gloria (17,24).

Cuando dice "Miren qué amor nos ha tenido el Padre», debemos pensar en Jesús, la fuente de la filiación, el amor encarnado de Dios dado por nosotros. El mundo es incapaz de conocer a Dios y a su enviado, por tanto, incapaz de conocer a sus hijos, que se asemejan a él. En el retorno de Jesús, cuando los hijos engendrados vean a Dios como es, la semejanza será aún mayor. La santidad / justicia es nuestra mejor preparación para ser semejantes a Dios y para verlo / conocerlo.


+ Evangelio según san Juan     10, 11-18

Resumen: el pastor es inseparable de las ovejas, y lo es en función de la vida. Las ovejas reciben “vida” porque el pastor la “arriesga”. Hay quienes quieren “robarle” sus ovejas a Dios, pero el pastor bueno no permite que el lobo las disperse sino que busca que haya un solo rebaño.

El 4º domingo de Pascua es conocido como el domingo del “buen pastor”, y la liturgia destaca ese aspecto de Jesús. Pero miremos brevemente el texto en su contexto: si miramos los personajes, o el desarrollo del tiempo, el texto parece venir desde muy atrás. En 8,12 se habla de “otra vez” y los que le responden (v.13) son los fariseos. Luego de esto no tenemos cambios de escena. Por tanto no parece que haya que separarla demasiado de la anterior, es decir, el relato de la curación del ciego (Jn 9). Si se ve 10,1 el texto no tiene inicio ni introducción, por lo que debe verse como continuación de lo antecedente. Es importante que no hay ningún corte entre el capítulo 9 y el 10, por lo cual podemos suponer que el contexto es el mismo. Es decir, Jesús desarrolla su discurso del pastor en el mismo contexto del relato del ciego. Y decir en el mismo contexto es decir en el mismo auditorio. En este caso, en el que ya está presentado, en Jn 8, 41, donde dice: "ellos le dijeron..." y se refiere – como decimos – a los fariseos. Por otro lado, en Jn 10,21, se vuelve a hacer referencia a la curación del ciego: ")acaso un endemoniado puede abrir los ojos a un ciego de nacimiento?

Para nuestra mentalidad pareciera que el cambio entre el ciego y el pastor es demasiado abrupto y debemos pensar en otro contexto. Sin embargo, que cambie la imagen no quiere decir que cambie de tema. Veamos, por ejemplo dos textos. Uno muy antiguo, de la Mesopotamia. Es un himno al dios sol, Shamash donde dice: 

"Oh! Iluminador de la tierra. Oh! Juez de los cielos, que iluminas las tinieblas. Pastor de lo alto y lo bajo, tú apacientas a todos los seres dotados de aliento. Tú eres su pastor en lo alto y lo bajo. Pastor del mundo de abajo. Pastor allá en lo alto. Director y luz del universo. Tú sólo, oh! Shamash."

Como se ve, en este himno a Shamash, están unidas la imagen de la luz y la imagen del pastor en un mismo texto. Otro texto, ya más cercano y judío, es del apócrifo de Henoc, donde en varias partes aparecen unidas las imágenes; veamos una:

"Pero las ovejas cruzaron el agua y salieron al desierto, donde no hay agua ni hierba, y empezaron a abrir los ojos y ver. Vi que el dueño de las ovejas las apacentaba, y daba agua y hierbas y aquella oveja iba guiándolas".

Nuevamente se unen las dos imágenes en un mismo contexto. La imagen de la luz, de los ojos, y la imagen del pastor.

Si miramos más en detalle ahora, el capítulo 10 notaremos en los versículos 1 al 5, una o dos “parábolas” con una explicación, una conclusión en el versículo 6; y después de 7 a 10, toma la imagen de la puerta; de 11 a 18, toma la imagen del pastor; y de 19 a 21, una conclusión. Es decir, tenemos dos parábolas; una al principio, acentuando el tema de la puerta; la segunda, el tema del pastor; y después la explicación de esas dos parábolas. Por otro lado, toda la primera parte, las aparentes parábolas, están en un tono impersonal: "El pastor" hace esto, por ejemplo; la puerta del redil; el ladrón; el salteador; se le abre la puerta; saca las ovejas; las ovejas le siguen; etc. Todo en impersonal. Recién a partir del versículo 7, Jesús va a empezar a hablar de "Yo". "Yo soy la puerta", "Yo soy el pastor". Así podemos notar la unidad literaria para la que 10,1-6 es una introducción con dos imágenes y 10,7-10 y 10,11-18 el desarrollo de cada una de ellas aplicado a la persona de Jesús.

Por eso lo ideal es más que “parábola” llamarlo "marco simbólico" del discurso que va a venir después. En este caso, la palabra paroimía (v.6) convendría traducirla entonces por marco simbólico. Este marco simbólico tiene un detalle particular. Empieza y termina con una referencia a adversarios. Empieza con: "El que no entra por la puerta es un ladrón y un salteador" (v.1), y termina diciendo: "No conocen la voz de los extraños" (v.5). Es decir, hay una referencia a unos personajes negativos de los cuales tendremos que intentar decir algo más adelante. En el centro está la imagen del pastor, que es la clave de la revelación, por su relación con las ovejas. No es una referencia al pastor solo, sino al pastor con las ovejas.

En la primera parte del capítulo (10,1-3), tenemos la parábola de la puerta. Hay una referencia al portero, pero la clave no es el portero, sino la puerta en sí, y la puerta que no utilizan los que son ladrones y bandidos. El tema es que, el término bandidos se había aplicado a los sacerdotes en algunos textos del evangelio: "Han hecho de la Casa de mi Padre una cueva de bandidos", dice Jesús en la purificación del templo en Mc 11,17. Quizás esa doble referencia, ladrones y bandidos, recuerde a fariseos y sacerdotes. El contexto de la fiesta de la Dedicación (Jn 10,22), donde Judas Macabeo, dedica el templo ante los sacerdotes que habían sido traidores del pueblo, invita a sospechar que puede haber una referencia anti-sacerdotal. 

La segunda parte, en cambio (10,3-5) hace referencia al pastor. Es interesante que el pastor es quien conduce a los pastos. Acá es oportuno tener en cuenta una imagen de Josué, en Números 27,16: Dios le dice a Josué: "Designa a un hombre de la congregación – en griego dice sinagogé – que los conducirá, pues la congregación del Señor no puede ser como ovejas sin pastor". Esta imagen ha sido utilizada más de una vez, por ejemplo Mc 6,34, aplicada a Jesús (= Josué). 

El acento está puesto en la relación entre Jesús y los seguidores, es decir, las ovejas. Y se destaca que el pastor a cada oveja la llama por su nombre. Otra referencia al segundo Isaías: "Te llamé por tu nombre, tú eres mío" (Is 43,1). Lo que se destaca de este pastor, en su relación con las ovejas, es que las ovejas conocen – término importantísimo, como se sabe – y conocen su voz. La voz del hijo del hombre es la voz que hace levantar a los muertos, por ejemplo a Lázaro; cf Jn 5,25: "Les aseguro en que se acerca la hora y ya ha llegado en que los muertos oirán la voz del hijo de Dios y los oigan vivirán". “Oír” es el término phoneo; “voz” es phoné. Lo que se dice es que el pastor va delante; el término es poreuostai que es el término que se utiliza en el éxodo, por ej. Dt 1,30. Refiere al éxodo, donde Dios va delante de su pueblo; y está presentando la misión de Jesús como un nuevo Éxodo. En Juan se está haciendo referencia al caminar de Jesús hacia el Padre, con lo cual le da una perspectiva escatológica a toda esta parte. Sobre todo, porque esto está en contexto con el término salir, que también es un término frecuente en el éxodo, por ej Éx 3,10. Es un liberar de la esclavitud.

Ahora, tenemos un pequeño problema: el "salir"; y se dice: salir del corral, pero el término que se utiliza para hablar del corral es el término aulé; lo interesante es que el término aulé aparece 177 veces en el Antiguo Testamento, y nunca para hablar de un corral. Pero sí aparece 115 veces para hablar del atrio del templo. Es decir, el aulé es un lugar cerrado, pero no se lo utiliza nunca para hablar de un corral, sino para hablar del atrio del templo. Es más, el mismo Juan lo utiliza para hablar del atrio del templo en 18,15, donde habla del patio del sumo sacerdote. Teniendo en cuenta que el contexto es el del pastor que reúne, etc., entonces se está insinuando la reunión de Israel en torno a Jesús. El nuevo Éxodo.

El Salmo 99 de la Biblia griega (Salmo 100 de la hebrea) dice: 
"Reconozcan que el Señor es Dios. Él nos hizo. A Él pertenecemos. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Entren por sus puertas, dando gracias. Entren en sus atrios – aulé – con himnos de alabanzas". (Sal 99,3).
Un dato a tener en cuenta es que el término hacer salir, ekballein, es el mismo término que en la curación del ciego de nacimiento se había usado para decir que los fariseos excomulgaban a aquel que reconociera que Jesús era el Mesías. Ahora Jesús dice que él hace salir a las ovejas – antes los hacían salir de la sinagoga – del redil. Frente a esto lo interesante es que, como es frecuente en Juan, todo esto termina en una no-comprensión. No comprenden. Y entonces, frente a ese no-comprender empieza el discurso revelador (“yo soy…”). Otra vez con el doble "en verdad, en verdad" pero ahora en primera persona, con el "yo soy". Tenemos entonces dos "yo soy la puerta", y dos "yo soy el pastor". 

Es una puerta que conduce a los pastos, y la palabra "pastos" está haciendo referencia a la vida en plenitud. Vida y vida en abundancia (10,10). Y acá empezamos a sospechar si la palabra pastos (v.9) hace referencia a la vida. En Jn 7,44, ya se nos había dicho – en el discurso dentro de la misma fiesta de los Tabernáculos – que el diablo es asesino. Es más, el ladrón viene a destruir, mientras que Jesús vino para que tengan vida (10,10). Y la palabra Vida en Juan, siempre es vida eterna [para ser precisos, como veremos, en Jn hay dos términos para decir vida: “zôê” y “psyjê”, y mientras el primero es siempre vida eterna, vida divina, el segundo es vida humana, vida que se puede perder, ¡y arriesgar!]. Y acá tenemos un nuevo elemento a tener en cuenta. Jn 1-12 es llamado habitualmente el libro de los signos, la vida – vital, humana – es signo de la otra vida, divina. El signo de Lázaro es un buen ejemplo de esto (Jn 11). Lo de Lázaro es un signo de la vida plena que recibe Marta, o mejor, el creyente... Con palabras que no son "joánicas" podríamos decir que la vida humana es "sacramento" de otra vida mayor, de otra vida abundante. 

Por esto es razonable pensar que "el que viene antes que yo" (v.8), el ladrón, el asesino, en realidad es una personificación de todo adversario, las “tinieblas”. Por otra parte es bueno tener en cuenta que se dice "yo soy la puerta de las ovejas" (v.7),– algunos manuscritos dicen “el pastor de las ovejas” – , es decir la puerta por donde pasan las ovejas, no por donde se va hacia las ovejas. Es bueno notarlo ya que en nuestra historia tan poco ecuménica, más de una vez hubo problemas muy serios, y peleas, contra los "herejes", porque había que hacer entrar, aunque sea por la fuerza, al rebaño donde están las ovejas. Por eso no es la puerta del corral, es la puerta de las ovejas. Para que las ovejas entren y salgan. 

Ahora bien, ¿Y “ladrones”, por qué? Se comprende lo de los adversarios, ¿pero, por qué ladrones? Y si tenemos en cuenta que en el contexto del evangelio, el acento está puesto en que las ovejas son de Dios, y si Jesús puede decir "mías", es porque el Padre se las ha dado (recordar la teología tan importante en Juan de Jesús como “enviado”, por tanto “delegado” del Padre), tenemos que decir que son ladrones de Dios, porque le quieren robar las ovejas a Dios. Por eso, no pueden hacer más que hacer perder las ovejas. No vienen más que a robar, "matar" y destruir. No pueden hacer otra cosa, porque son adversarios de Dios. No pueden más que hacer perecer, que es el apóllymi, que es la muerte eterna, porque es en contraposición a la vida eterna. En Juan, esa palabra, que es perecer, es muerte eterna (ver 3,16; 6,27.39; 10,28; 12,25; 17,12; 18,9). No es la muerte "física", por llamarla de alguna manera. 

Demos un paso más hacia el pastor. La palabra que aparece habitualmente en las Biblias, traducida como "matar" – "viene a robar, matar y destruir –, en realidad habría que traducirla por sacrificar (thyô; ver p.e. Hch 10,13; 11,7; 14,13.18; 1 Cor 10,20). Es otro el término que se utiliza para matar; aquí es sacrificar, es el sacrificio religioso, lo cual es coherente en los que quieren robar a Dios. Lo cual es una burla muy fuerte a los pastores de Israel, que le roban las ovejas a Dios y las sacrifican.

El término pastor, aplicado a Cristo, por otro lado, es un término que es bastante importante en los evangelios, incluso en los sinópticos. Es más, en algunos textos tiene una marca bastante anti-farisea. Acá es importante recordar el contexto en el que los fariseos le acaban de decir a Jesús: "nosotros no hemos nacido de prostitución" (Jn 8,41). Y Jesús les acaba de decir: "Como dicen, "vemos" su pecado permanece" (9,41). La gravedad está dada por el término "permanecer", porque en Juan es importante para entender nuestra relación con Jesús. El contexto es que los fariseos están ciegos, “no hay peor ciego...”

También es importante notar que cuando se habla del pastor no se usa la palabra "bueno", sino literalmente la palabra "bello" (kalós). Ya Filón de Alejandría, habla del Buen Pastor, e incluso un midrash de los rabinos, cuando habla de David, comentando Éxodo 3,1 habla de David como del hermoso pastor. 

Generalmente en Juan, en los discursos que explican los signos, Jesús utiliza los términos "yo soy" con un predicado: "yo soy el pan de vida"; "yo soy el buen pastor"; "yo soy la resurrección y la vida"; "yo soy la luz", etc. (es muy probable que esa referencia "yo soy" con un predicado, esté tomada del así llamado Segundo Isaías (41,10.13; 43,3.10-13; 44,5.6.28; 45,3.5.7.8…). Hay un nuevo texto del Segundo Isaías 40, del contexto del desierto, que como se dijo tiene que ver con el contexto de la metáfora del pastor. Dice que: "Yahveh viene... como pastor apacienta su rebaño, recibe en sus brazos los corderos"... (Is 40,11). Entonces, el Dios que es pastor de su pueblo, les confía a algunos dirigentes para que conduzcan al pueblo según la voluntad de Dios. Es interesante que aunque Juan no use el término Reino de Dios, la imagen de pastor es bastante semejante a la imagen del Reino. Por eso los profetas van a cuestionar muy fuertemente a los pastores infieles, que son los pastores que no conducen al pueblo según la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es el derecho y la justicia. De ahí que la esperanza futura va a desembocar en un pastor mesiánico, un nuevo David y acá es donde empieza a surgir muy claramente como contexto del texto del Buen Pastor, el texto de Ezequiel 34, que tanto influye en el relato de Juan.

Ahora en el texto litúrgico de la fecha se destaca un aspecto muy importante que se repite: "El buen pastor da la vida por las ovejas". Sin embargo, Juan no usa el verbo dar – este es dídômi – que es muy usado en Juan mismo también, pero no aquí. De ahí que, el acento hay que ponerlo en el arriesgar la vida. El buen pastor arriesga la vida por sus ovejas. Ese arriesgar la vida es la novedad máxima de todo esto. Porque todo lo anterior ya se había dicho de otros pastores. El término de la puerta, el término del rebaño son todas imágenes que ya habían aparecido en otros pastores, pero la idea de arriesgar la vida es propio de Juan. Solamente en un texto, se había dicho marginalmente que David arriesga frente al oso y el león por las ovejas de su padre (1 Sam 17,34). Pero no se dice que la característica del pastor es arriesgar la vida en favor de las ovejas. Lo que nos interesa es que Jesús, arriesga su vida humana (psyjê; 10,11.15.17.18); pero no habla de que esto ocurra en un momento puntual, como podría ser la pasión. No dice “en este – o tal – momento arriesgo la vida por mis ovejas”; habla en un marco intemporal, de ahí que entonces es bueno afirmar que el evangelio va a decir que la vida de Jesús es un continuo arriesgar la vida por las ovejas. Y lo interesante – además – es que se la juega "por", – y "por" es un término clave, interesantísimo para analizar–, las ovejas. Esto no quiere decir en sustitución de las ovejas, y mucho menos como nos hacían creer los antiguos "dolorismos", que al decir que da la vida por las ovejas, quiere decir que estas son responsables de su muerte, sino en favor de las ovejas. Lo cual vuelve al tema del amor del pastor: es por eso que es buen pastor, hermoso pastor o pastor bello. Juan intercambia libremente dos términos para hablar de amor. Hay varios términos en griego que se usan para expresar la palabra amor, pero Juan utiliza fundamentalmente agapán y filein, dos términos que en Juan son intercambiables para referir al amor.

Otro detalle a tener en cuenta lo tenemos en la referencia al mercenario, es decir el que no es pastor y abandona a las ovejas (vv.12-13). Hay un escrito apócrifo, el cuarto libro de Esdras, que dice esto en una oración: 
"Levántate entonces, come un poco de pan para que no nos abandones como el pastor que deja a su rebaño en manos de los crueles lobos” (4Es 5,18)

Es interesante la voluntariedad de ese “arriesgar” la vida e inclusive "darla" (ahora sí utiliza dar, no “arriesgar”): "Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente" (v.18), y la da para recobrarla. La cristología de Juan es tan evolucionada, que expresamente va a decir que Él muere, y Él resucita. Se debe recordar que tanto en Pablo como en Hechos de los Apóstoles (en los textos de la liturgia de estas semanas) la imagen es que el Padre resucita a Jesús: "Dios lo resucitó". En Juan, directamente, Jesús mismo (se) resucita. Él se resucita a sí mismo, como Él mismo, también, se muere: "dijo... ‘Todo está cumplido’ y entregó su espíritu” (19,30). Él decide cuando morir, en Juan (entregar la vida) y resucita.

También es importante aclarar el tema de "otras ovejas que no son de este rebaño" (v.16), donde quizás – y visto el avanzado sectarismo de muchos miembros de la comunidad joánica – que refiera a que hay otras comunidades eclesiales que también son “de Cristo” (es bueno recordar el rol que juega Pedro junto al Discípulo Amado en esta etapa del Evangelio). 

Por último y para terminar, y nuevamente en relación al tema del siervo sufriente del Segundo Isaías, es útil decir que conviene notar que Jesús plantea el tema de la vida como el término clave de la unidad del rebaño (o de los rebaños, ya que tiene “otras ovejas que no son de este rebaño”); el pastor es el que busca la unidad; más aún, la muerte de Jesús provoca la unidad del rebaño, y sin embargo a Jesús le dan muerte. Jesús da vida, y le dan muerte. Mientras Jesús predica en este contexto la unidad del rebaño, su predicación provoca división, provoca una grieta, un cisma, sjisma dice el texto (10,19; cf. 7,43; 9,16; 11,46). Se produjo una disensión entre los judíos por estas palabras. Suele pasar que mientras los pastores buscan la vida de las ovejas, están también los que roban las ovejas al Único Pastor que es Dios, y no a otro. Y suele pasar que la predicación del pastor suele provocar división o cisma entre los que no buscan la vida de las ovejas.




Dibujo tomado de https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIH9u7XqZ2t06vgml86HdSzUSdzzOdmWCpMX6_6FiKBVEL7ZyRQxX13HPQ7JOJAkrODEkWUoVhCsIJja735PpWu_kYnGR9F7falvhTCkXSwueCJqNvw3zUI0BWlOPi3YwmN1k439rRa5Q/h120/buenpastor20010.jpg

lunes, 15 de abril de 2024

jueves, 11 de abril de 2024

Eleazar, un anciano honorable

Eleazar, un anciano honorable

Eduardo de la Serna



En las Biblias católicas (no en las Biblias protestantes o la Biblia judía) hay un libro llamado 2º de los Macabeos que cuenta la fascinante historia de un anciano llamado Eleazar. El nombre “Eleazar” es muy frecuente en la Biblia y muchas personas lo llevan, por ejemplo el hijo de Aarón, el hermano de Moisés (ver Ex 6,23) que también será sacerdote, e incluso hay un Eleazar en la genealogía de Jesús según la presenta san Mateo (Mt 1,15). Un diminutivo de este nombre también es conocido: Lázaro. Pero de este anciano, que era un importante escriba que desde niño se caracterizó por un “proceder inmejorable” (2 Mac 6,23), solamente sr nos habla este libro. Veamos lo que nos cuenta el texto:

Durante el imperio griego (por el año 168 antes de Cristo), el “rey” Antíoco IV comenzó una importante campaña para imponer por la fuerza la ley y las costumbres griegas, lo que significó obligar a los judíos a renunciar a sus “costumbres” (lo que implica también el cumplimiento de la ley): mataban a las madres que hacían circuncidar a sus hijos (1 Mac 1,60-61; 2 Mac 6,10), quemaron los libros de la Ley de Dios (1 Mac 1,56), levantaron altares a ídolos (1 Mac 1,54), dedicaron el Templo de Jerusalén a Zeus (2 Mac 6,2) donde se celebraban banquetes y orgías, se prohibió la celebración del sábado, aun en privado (2 Mac 6,11), y se obligó a comer carne prohibida por la ley, como la carne de cerdo (2 Mac 6,18). Esto supuso entre los judíos tres tipos de actitudes diferentes. Muchos, para no afrontar la muerte, renunciaron a la fe y las costumbres, son los apóstatas, otros muchos aceptaron la muerte antes que renunciar a su fe, son los mártires, pero quedaba un tercer grupo: los “simuladores”. Es decir, aquellos que “simulaban” comer carne de cerdo, por ejemplo, pero en realidad comían carne permitida por la ley. Es decir, estos no violaban la ley, pero simulando  hacerlo lograban escapar de la muerte. Frente a este grupo, el libro de los Macabeos nos contrapone el ejemplo de Eleazar, el desafío, el tema, no era “el individuo”, sino la “comunidad”.

De él se nos dice que, además de tener un “proceder inmejorable”, era un anciano de noventa años (6,24). Ante la obligación de comer carne de puerco, sus viejos amigos y aquellos que lo respetaban quieren evitar su muerte. Se trataba, además, de carne ofrecida en sacrificio (6,21) lo que la transformaba en doblemente impura, por lo que estos invitan a Eleazar a traer su propia carne, por tanto comer carne lícita, y así se libraría de la muerte (6,22). Pero el anciano toma una firme decisión rechazando este planteo. ¿Cuál es la razón? El testimonio (o mejor, el anti-testimonio) que daría a los jóvenes (6,24) que verían la traición y apostasía del anciano para apegarse a los pocos años de vida que le quedan (6,25). Por el contrario, aceptando la muerte será “honrado” (el honor era muy importante en el mundo antiguo), “digno de su ancianidad”, dejará un “ejemplo noble” (6,25.27-28).

Los que antes lo quisieron proteger ven esto como una locura y se irritan, pero Eleazar –apaleado para matarlo- hace una última confesión de fe: «El Señor, que posee la ciencia santa, sabe bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto flagelado en mi cuerpo recios dolores, pero en mi alma los sufro con gusto por temor de él». (6,30)

En tiempos de martirio, como los que vivió Eleazar, el sostenimiento de la fe era lo principal, para el pueblo de Dios. Muchos prefirieron abandonarla, y otros afrontaron la muerte, como dijimos. Eleazar es modelo de aquellos que miran ante todo el bien de los demás, en especial de los jóvenes, antes que su propio beneficio. Era evidente que si hubiera comido “simulando”, no violaría la ley de Dios, pero el “testimonio” que daría ante los demás los invitaría a abandonar su fe. La palabra “mártir” es una palabra griega que significa “testigo”; son aquellos y aquellas que dan testimonio de aquello en lo que creen hasta el final de su vida, hasta la muerte violenta. El cuidado de la fe de los hermanos, y en especial de los pequeños, los débiles (= los jóvenes) es lo principal para Eleazar. A personas como él alude la carta a los Hebreos donde canta la fe de tantas y tantos testigos:

«Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados, torturados, aserrados, muertos a espada…» (Heb 11,35-37)

 

Imagen de Eleazar y demás mártires tomada de https://m.facebook.com/ICOSanJorge/photos/1-de-agosto-los-7-macabeos-y-su-madre-salom%C3%A9-y-su-maestro-eleazar-el-ancianolos-/2117851164923785/

martes, 9 de abril de 2024

Domingo 3º de pascua "B"

 El testimonio que la Iglesia debe dar del Evangelio

Domingo tercero de Pascua - «B»

Eduardo de la Serna



Lectura de los Hechos de los Apóstoles     3, 13-15. 17-19

Resumen: un fragmento de un discurso destaca sintéticamente el ministerio de Jesús a su auditorio y los invita a cambiar de vida y aceptar el mensaje de la resurrección y la conversión.

El libro de los Hechos está lleno de “discursos”, la mayor parte de ellos son explicaciones de lo que “ha sucedido”, por tanto invitaciones – partiendo de ello – a aceptar a Jesús y recibir su palabra. En el caso de la liturgia de este domingo, nos encontramos con un discurso producido a continuación de la curación de un paralítico. La liturgia omite no sólo el acontecimiento, sino la referencia a este en medio del discurso (v.16) y toda la segunda parte del mismo (vv.20-26).

Es interesante destacar, acá sólo lo señalaremos, que Lucas intenta con frecuencia poner en paralelo cosas (hechos o palabras) de Jesús y de la primera Iglesia, como también entre Pedro y Pablo, por ejemplo. Después de un primer milagro de Jesús, la gente se “asombra” (Lc 4,36 y 5,9) y acá – ante la curación del paralitico de nacimiento – la gente también se “asombra”; este verbo (en griego thambô) ocurre solamente en estos dos casos en todo el NT. Por otra parte, también Pablo curará un paralítico de nacimiento (14,8), en ambos casos se usa la misma fórmula: “paralitico desde el seno de su madre” (3,2; 14,8). Esto es importante para entender bien la intención de Hechos como relato.

El discurso, en Hechos, es –como se dijo - consecuencia del milagro. El paralítico era conocido (estaba siempre en la puerta del Templo) y no sólo es visto por “todo el pueblo” (= Israel) ahora “caminando, saltando y alabando a Dios” (v.8) sino que “no soltaba a Pedro y a Juan” por lo que “todo el pueblo” corrió donde ellos “asombrado” (verbo emparentado con el thambô recién señalado: ekthambô). El verbo no supone un asombro que paraliza o espanta sino que por el contrario provoca interrogación (ver las citas mencionadas). Esto provoca que Pedro les dirija un discurso. Es – obviamente – a los presentes, por lo que se dirige a “israelitas” (como 2,22 y 13,16, por ejemplo). La liturgia omitirá – como dijimos – la referencia al milagro, y también el fragmento en el que Pedro invita a Israel a reconocer a Jesús con interesantes alusiones a los profetas. Quizás el criterio al elegir y fraccionar el texto fuera escoger el fragmento “kerigmático” (que puede predicarse al auditorio contemporáneo) eliminando el sentido de Lucas que va mostrando el crecimiento de la palabra que empieza predicándose a los “israelitas”. Nos detendremos en el texto seleccionado (y recortado, empezando por el recorte de los destinatarios: “israelitas” – “todo el pueblo” – está omitido). 

El “profeta como Moisés” anunciado y esperado (3,22-24) es acreditado por los milagros (como el que acaba de atestiguar “todo el pueblo”). Esto se desarrolla en el clásico esquema de estos discursos en una suerte de breve historia de los acontecimientos y la consecuente invitación a la conversión. Luego de dirigirse a los destinatarios “admirados” y que “miran fijo” (cf. 3,4). La referencia a Dios como "el de Abraham, Isaac y Jacob" (Ex 3,6.15) pone al auditorio en conexión con el que habla: tienen una historia común, es israelita también él; la memoria de Moisés se retomará al final del discurso.  Es posible que algunas cosas que se afirman aquí de Jesús estén atraídas por la referencia a Moisés del que también se dice en el AT. que es siervo (v.13, ver 4,26.27.30; ver Ex 14,31; Nu 12,7.8…) y jefe (v.14, 5,31; ver Ex 2,14; Hch 7,35). Este Dios ha “glorificado”, es decir, “hecho entrar en la gloria” (ver Lc 24,26). El “siervo” es un término característico, especialmente a partir de los cantos llamados “del siervo sufriente” (Is 42,1-9; 49,1-7; 50,4-11 y 52,13-53,12). La lectura que se hace hoy de estos cantos es variada, pero es indudable que el cristianismo primitivo encontró en ellos (y luego también en varios salmos de un justo que sufre) una inspiración para dar sentido a la pasión de Jesús y al escándalo de la cruz. Es por esto que es habitual en estos discursos “kerigmáticos” de Hechos encontrar referencias a estos textos del AT. Por otra parte, también Moisés fue con frecuencia rechazado por el pueblo, por lo que la influencia del “esperado como Moisés” sigue presente en el texto. 

Lo que se dice de “ustedes”, los oyentes del discurso, es que “entregaron” y “renegaron” (este verbo se repite en v.14 y en 7,35 se dice de que los israelitas “renegaron de Moisés”). Esta actitud contrasta con la de Pilato que ya había “juzgado” liberarlo (v.13; ver Lc 23,15.20.22). Es bueno recordar – aunque no nos detendremos en ello acá – que Lucas con frecuencia intenta mostrar a los romanos, Pilato en este caso, de un modo amable para los cristianos, a fin de no parecer adversarios, quizás por ser Roma el destino de su obra y pretender ser allí bien recibido.

Con nuevos títulos, califica a Jesús de “santo” (ver Lc 4,34) y “justo” (ver 4,27.30; 7,52; Lc 23,47, ¡el centurión!), de “jefe de la vida”, la vida es el objetivo del camino abierto por Jesús (4,2; 17,31). Es interesante el contraste con “mataron”, “asesino”. 

Este momento concluye con una doble idea característica de estos discursos: “Dios lo resucitó” y “somos testigos”. El testimonio es algo propio del apostolado para Lucas (Lc 24,48; Hch 1,8; 2,32…). Señalar que Dios ha resucitado a Jesús significa dejar clara la toma de postura de Dios en este drama: ustedes lo mataron – Dios le dio la vida (2,24.32).

El v.16 – omitido en la liturgia – es importante porque destaca la importancia de “la fe en el nombre” que es la que ha operado el milagro; es decir, no son ni Pedro ni Juan, sino “el nombre de Jesús”, “ante todos” ustedes.

Con un nuevo vocativo, “hermanos”, empieza la segunda parte del discurso. Y lo que va a señalar – coherentemente con Lucas – es que el obrar fue “por ignorancia” (Lc 23,34; Hch 13,27; 17,30). Este tema es importante ya que hay una relación contrastante con las autoridades (Lc 22, 2.52-53.66; 23, 27 [distinguidos de «ellos»].48), Lucas no exime al pueblo de su responsabilidad en la pasión, pero lo muestra arrepentido y perdonado (23,48). Lo central en el relato es la relación con los “profetas” (6x en la unidad) y su referencia al “Siervo” con el que empiezan los tiempos de “consolación” (3,20) y “restauración” (3,21) a partir de la “conversión” (v.19). La conversión es algo importante en el objetivo de la predicación del Evangelio (Lc 24,47; Hch 26,20). Esta referencia propia al kerigma de Lucas está omitida por el texto litúrgico, pero es clave en el contexto del relato (es el “para qué" de la conversión: “para que venga”). Con esto nos ubicamos en una conclusión con cierto tinte apocalíptico: Jesús – como Henoc, Elías, etc. – está retenido en el cielo a la espera de la conversión de todos para luego venir y hacer llegar los tiempos del consuelo. De todos modos, esta parte final, también está omitida por la liturgia.


Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     2, 1-5a

Resumen: dirigida conflictivamente a miembros de la comunidad que están teniendo actitudes contrarias a la predicación del Evangelio, el autor de la carta invita a tener actitudes semejantes a las de Cristo – que 'da' la vida por sus amigos – ya que en ellas se “conocerá” verdaderamente la fidelidad.

La carta de Juan se escribe en un contexto ciertamente polémico, y –particularmente – de un serio conflicto intra-comunitario. Los frecuentes “si alguien dice”, o semejantes son claro indicio de que alguien lo decía (o hacía) y frente a eso – y contra esos tales – se escribe la carta; para alertar a la/s comunidad/es a no seguir sus palabras y ejemplos (el “si” [eàn] "alguien"... se encuentra 22x en la carta). La situación parece que se seguirá agravando (como se ve en las cartas 2ª y 3ª) hasta finalmente llegar a la ruptura. 

En este caso, la unidad comienza con un vocativo (“hijos míos”) y finaliza en v.6 ya que en v.7 hay un nuevo vocativo (“queridos”), aunque el último párrafo del v.5 y el v.6 estén omitidos del texto litúrgico. La referencia a que el autor “les escribe” también las encontramos en vv.1 y 7 mostrando un nuevo comienzo. Un aspecto importante en toda la carta es que el autor intenta mostrar la veracidad de sus dichos, para lo que recurre a la fórmula “en esto” (en toutô; la Biblia de Nuestro Pueblo traduce “la señal de que…”) (13x); en este párrafo lo encontramos 3 veces (vv.3.4.5). 

El texto comienza luego de una breve unidad (1,8-10) donde parece que hay quienes afirman no tener pecado, a lo que el autor les repite que no es verdad, que nos engañamos y que hasta tratamos de mentiroso a Dios. Con este tema de trasfondo, comienza el relato. Ciertamente no pretende invitar a pecar, pero puesto que el pecado es una realidad, el autor considera que el arma más eficaz ante esto no es la represión o la violencia sino el reconocimiento de la propia realidad pecadora y la confianza en el obrar eficaz de Jesús. 

Jesús es presentado como “propiciación” (el texto no dice “víctima”), la muerte de Jesús es “propicia” para nuestra realidad pecadora ya que anula la fuerza del pecado y expía sus efectos.  Es para esto que Jesús es el “paráclito” (v.1), el que aboga, el que habla en nuestro favor y en nuestro lugar ante el Padre. Es interesante que este rol de “abogar / hablar por” en el Evangelio de Juan lo cumplirá el Espíritu Santo que es presentado como “otro paráclito” (14,16). Y lo es, no sólo por “nuestros pecados” sino por los del “mundo entero” (v.2). 

A partir del v.3 abandona la introducción cristológica para adentrarse en el conocimiento de Jesús. Es sabido que “conocer” en el lenguaje bíblico indica algo que excede lo intelectual. Denota una experiencia profunda de encuentro con el/la otro/a (tanto que puede incluir lo sexual, como se sabe). Puesto que el conocimiento es de Dios o de Jesús, esto nos pone en el ámbito de la fe lo cual supone una conducta acorde. Esta conducta, entonces, puede ser vista como un indicio (“signo”) de esa fe, de ese “conocimiento”; esto se expresa en “guardar sus mandamientos” (v.4), “su palabra” (v.5). El verbo “guardar” (custodiar, observar, prestar atención), en 1 Jn alude a las palabras y/o mandamientos (2,3.4.5; 3,22.24) salvo en 5,8 donde el que “ha nacido de Dios” es “guardado” por aquel “engendrado de Dios”. La relación está dada entre el conocimiento de Jesús y “guardar” sus mandamientos / palabra. Quien dijera (por tanto, alguien en la comunidad lo hace) que conoce a Jesús pero no sigue sus mandamientos, ese tal es un “mentiroso” (5x en 1 Jn: 1,10; 2,4.22; 4,20; 5,10), ver 1,6.8. 

Es importante señalar no solo la relación entre mandamiento y palabra en 1 Jn, sino que el “mandamiento” (1 Jn 2,3,4,7 [3x],8; 3,22.23 [2x].24; 4,21; 5,2.3 [2x]; 2 Jn 4.5.6 [2x]) no parece referirse a los “diez mandamientos” sino al mandamiento que la comunidad tiene desde los orígenes (desde su gestación como comunidad, es decir “este es mi mandamiento: que se amen unos a otros” (Jn 13,34; 15,7.10.12). Todo indica que el problema radica en que muchos en la comunidad hablan del “amor a Dios” pero descuidan el "amor al hermano", y ante esto se siente impelido a escribir el autor. Ese tal es un mentiroso (porque no se puede amar a Dios a quien no se ve, si no se ama al hermano, al cual se ve”, 4,20). 

La idea de que “el amor de Dios” ha llegado a plenitud es, literariamente, ambigua y puede significar tanto el amor por Dios como el amor que Dios tiene por la humanidad. Sin embargo, la constante iniciativa del amor de Dios en 1 Jn invita a esta segunda lectura (4,8.10.12.16.20; 5,2.3). No es el amor “a” Dios lo que importa en este punto, sino el amor “que” Dios nos tiene, y que provoca nuestro amor mutuo. 

El que dice “que permanece en él, debe caminar como él caminó” remite a un tema característico de Jn, como es el verbo “permanecer”. Este supone una interacción mutua (cf. Jn 15,1-10 donde volvemos a encontrar la idea del “mandamiento”, la “palabra”, el “amor”). El “caminar” de Cristo, es “amar como él amo” hasta “el extremo”, y dar la vida por los que se ama (Jn 15,12.13; 13,1; 1 Jn 3,16; 4,11), es caminar “en la luz” (cf. 1 Jn 1,6.7).  Este camino, el amor, como amó él, a los hermanos (y hermanas) es el signo evidente (“en esto…”) que hace patente dónde estamos, si lo conocemos, si somos de la verdad o mentirosos que nos desentendemos de los/as hermanos/as.


Evangelio según san Lucas     24, 35-48

Resumen: el resucitado se aparece a su grupo reunido y luego de darles signos que permitan creer que se trata de él mismo, y no una fantasía, los envía a predicar y ser sus testigos, para lo que debe abrirles el entendimiento para comprender las escrituras. Pero previamente a este desafío, deberán esperar la fuerza que Dios les enviará a fin de poder empezar la misión como discípulos de Jesús y continuadores de sus caminos.

En el Evangelio de Lucas, todos los acontecimientos de la resurrección y encuentros con los discípulos ocurren el mismo único día domingo: la visita de las mujeres y de Pedro a la tumba, los peregrinos de Emaús, y la última aparición que incluye la ascensión. Esto contrasta notablemente con los mismos acontecimientos narrados por el mismo Lucas en Hechos donde todo ocurre a lo largo de 40 días (ambos son por razones evidentemente teológicas que veremos hoy y el día de la Ascensión). Como las escenas están encadenadas, la que hoy nos presenta la liturgia comienza con el fin de la escena de los peregrinos de Emaús (“lo reconocieron al partir el pan”). Y “estaban todavía hablando cuando Jesús se presenta”. La escena no termina de concluir cuando da comienzo a la siguiente. El cambio viene dado por los personajes y la incorporación de Jesús a la comunidad reunida. La estructura general es semejante al relato de los peregrinos: encuentro de Jesús que no es reconocido, explicación de las escrituras, Jesús come para ser creído, y retirada de Jesús. 

El texto tiene bastantes semejanzas con el relato de Juan de domingos anteriores (“en medio de ellos” [20,19], “la paz esté con ustedes” [20,19.21.26], “les mostró las manos y los pies” [20,20.27], come un “pez asado” [21,9], la “alegría” [20,20]). El grupo reunido – aparentemente los Once más los dos peregrinos de Emaús y quizás alguien más como algunas mujeres – estaba llenos de terror y de miedo porque creen ver un espíritu. Sólo en Heb 12,23 y 1 Pe 3,19 se utiliza “espíritu” entendiendo la ausencia de cuerpos, por eso un viejo manuscrito prefiere poner “fantasma” (que aunque no sea literal, sí refleja la idea). El estado general es de confusión y se suman verbos a los ya usados de “terror y temor”: “turbación” (como el de Zacarías frente al ángel, 1,12), “dudas” (o “razonamiento”), “asombro” (o también “maravillarse”) y finalmente – tema habitual en Lucas – “alegría” (8x; cf. 24,52). Pero los signos de la cruz no bastan (“un espíritu no tiene carne y huesos”) y entonces Jesús come, nuevo signo visible de que no se trata de un espíritu. Sintetizando esta unidad notemos que el acento de la primera parte está puesto en la presencia de Jesús en medio de los suyos, sus dudas y asombro, y el intento de Jesús de ser reconocido. Y todo esto prepara la escena que sigue donde Jesús interpreta su ministerio y prepara el ministerio eclesial.

La siguiente escena nos presenta la última enseñanza de Jesús a los suyos y finaliza con su elevación (esta última está omitida del texto litúrgico, sin dudas para no anticipar la fiesta de la ascensión). Podemos decir que en esta unidad Lucas concentra el kerigma del sentido de su evangelio y de Hechos de los Apóstoles. 

Precisamente por lo dicho, sería extensísimo detenernos en todos los elementos de esta unidad literaria. Veamos solamente lo principal.

Jesús remite a sus palabras “cuando estaba”, sin duda parece referir a los anuncios de la pasión (9,22.43-45; 18,31-33), pero probablemente también a toda su predicación. Y de este modo se cumple “todo” (exageración característica de Lucas) lo escrito. En general la referencia a las Escrituras judías se menciona como “la Ley y los profetas” (2 Mac 15,9; Mt 5,17; 7,12; 11,13; 22,40; Lc 16,16; Jn 1,45; Hch 13,15; 24,14; 28,23; Rom 3,21), aunque el traductor del Eclesiástico – en el prólogo – ya alude a Ley, Profetas y Escritos (v.2.25). Aquí la referencia a los Salmos (Ley-Profetas-Salmos) no es evidente. ¿Se refiere a los "escritos" en general mencionados por su obra más extensa? Si se refiere – como vimos posible – especialmente a la referencia a la pasión y pascua puede estar aludiendo a los Salmos tan frecuentemente aludidos en los relatos de la Pasión (Salmos 22; 31) y la importancia de otros Salmos en su lectura con referencia a la resurrección (110,1 que se cita en alusión a la “ascensión”). En realidad no es muy diferente a “empezando por Moisés y siguiendo por ‘todos’ los profetas les explicó lo que había sobre él en ‘todas’ las Escrituras” (24,27). 

Quizás la idea de que “abrió sus inteligencias” no deba entenderse de modo diferente a lo dicho por los peregrinos: “¿no estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?” (24,32). Lo mismo la idea de que “está escrito que el Cristo padeciera y resucitara” es paralelo al dicho: “¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?” (24,26). Es decir, hasta aquí nos encontramos a modo sintético con elementos que veíamos en el cuerpo del Evangelio, y señalados en el relato anterior de los peregrinos de Emaús; pero en esta unidad kerigmática Lucas añade todavía nuevos elementos que preparan lo que vendrá a continuación: el libro de los Hechos. Y lo señala como parte de las Escrituras, que se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén”. (Lc 24,47). 

La idea de la conversión y el perdón de los pecados es propia de Lucas (3,3), y más claramente todavía la idea de que debe ser a “todas las naciones” (Lc 12,30; Hch 14,16; 15,17 (= Am 9,12) y el comienzo en Jerusalén (Hch 1,8.22; 10,37). De todos modos, también esto puede remitirnos a la predicación de Jesús y al envío de los Doce (9,1-6) y los Setenta y dos (10,1-17). Pero en el siguiente versículo (v.48) ya entramos en un terreno nuevo, más propio de Hechos: la responsabilidad de ser testigos (ver. Hch 1,8.22; 2,31; 3,15; 5,32; 10,39.41; 13,31; 22,15; 26,16; cf. 4,33; 22,20). Los que han sido “testigos oculares” (Lc 1,2; ver Hch 1,21-22) deben ahora “testimoniar”. Para eso son “enviados” (= apóstoles; su palabra y testimonio no son personales sino de aquel que los ha enviado). Claro que para ello contarán con una “Promesa” (que nos queda desconocida hasta Hch 1,4), y mientras tanto deben permanecer en “la ciudad” (= Jerusalén) hasta que sean revestidos de “poder”. En el texto griego, el sustantivo dynamis está colocado en posición enfática por estar al final de la frase. Sobre la idea de «fuerza» (o «poder») durante el ministerio público de Jesús, cf. Lc 4,14; 5,17; 9,1; ver también Is 32,15: «Cuando se derrame sobre nosotros un aliento de lo alto»; Sab 9,17: «¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la sabiduría enviando tu santo espíritu desde el cielo?».

A continuación el texto concluye (vv.50-53) con un movimiento de salida, acompañado de una bendición (el Evangelio empieza y culmina con una bendición, 1,42.64), Jesús es elevado y “ellos… volvieron a Jerusalén con gran alegría” (v.52). Las dudas han desaparecido, la misión está por comenzar.


Foto tomada de fp.reverso.net