lunes, 27 de abril de 2020

Devuélvannos la misa


Devuélvannos la misa


Eduardo de la Serna



En estos días hemos podido ver, por las redes sociales, diferentes videos de diversos grupos reclamando a los obispos que les “devuelvan la santa misa”. Videos con apariencia de espontáneos, pero que – observando los que provienen de otros países o regiones – dada la semejanza o identidad de citas, textos o referencias – queda claro que se trata de algo organizado. No pienso responder a semejante cosa, más allá de la evidente implicancia de que los obispos son unos cobardes que no enfrentan a un gobierno perverso que atenta contra la fe y la persigue, etc. etc. etc… Lamento haber visto a obispos respondiéndoles, en ocasiones casi como pidiéndoles perdón, y en otras con claridad y firmeza (¡bien Eduardo García!). Y lo lamento porque es darle entidad a un grupúsculo de clase media alta (no vi pobres en los videos reclamantes), pero a lo mejor por eso mismo algunos eligieron hablar.

Pero yo quiero sumarme al pedido. Y quisiera pedirles a los obispos que nos devuelvan la misa. La pandemia y el aislamiento nos han llevado a no celebrar; hemos debido todos hacer un parate. Y en ocasiones es bueno detenernos un rato. Sirve para pensar distinto, cosa que, en ocasiones, en la vorágine, no es posible hacer. Al parar podemos quitar todo lo que se nos ha adherido en el camino y no es propio del caminante, ni necesario. Y no está mal preguntarnos, ahora que podemos, ¿cuántas cosas no son necesarias, y por momentos ni siquiera propias, de la misa y allí están?

  • Devuélvannos la misa mesa de un pueblo, despojada de boato y ornamentaciones que la distorsionan o deforman.
  • Devuélvannos la fracción del pan, comida de los pobres (seguramente en los comienzos solo muy rara vez con vino) para que los pobres se sientan en su mesa y su casa.
  • Devuélvannos la fiesta de todos y no sólo de un grupo de puros y perfectos (además, “curiosamente”, con frecuencia identificado con “nosotros”) para que todos encuentren en ella fuerza para vivir la vida y la fe.
  • Devuélvannos la sencillez del encuentro y no gigantescas basílicas con lugares especiales para los importantes o “señores y señoras”.
  • Devuélvannos la mesa sin rostros adustos y serios, que no se parecen en cada a una comida de amigos.
  • Devuélvannos la mesa despejada y sencilla y no tapada de humo y de lujos.
  • Devuélvannos el encuentro festivo dejando de lado rúbricas insufribles.


Cuenta el chiste que en la última cena estaba Jesús con los suyos. Recostado sobre almohadones, mojando el pan en la salsa, tomando con la mano el cordero y, en eso, Pedro se dirige al Discípulo amado y le dice: - “dile al Maestro que tenga cuidado, que si en el Vaticano se llegan a enterar cómo celebramos nos van a sancionar a todos”.

Precisamente, devuélvannos una misa más parecida al encuentro de amigos de Jesús y los suyos que a una celebración solemne, fría, casi imperial. ¡Aprovechen este momento!




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