viernes, 15 de abril de 2022

Una reflexión del “para siempre”

Una reflexión del “para siempre”

Eduardo de la Serna



En la Iglesia hay una tendencia, particularmente en los dos sacramentos de “estado”, de acentuar que estos son “para siempre”. El cura lo es, a semejanza de Melquisedec, y el matrimonio es “hasta que la muerte los separe”. Y, por lo tanto, ante tantas y tantos que no lo viven de ese modo, porque lo abandonan, suele – o solía – hablarse de traición, defección o cosas por el estilo.

Convengamos que son muchísimos los matrimonios que se rompen, y también los curas que dejan el estado clerical. ¿No era para siempre?

Quizás podemos pensar que cierta definitividad está en el deseo al abrazar el estado. Nadie le cuenta a un/a amigo/a un secreto profundo si creyera que la amistad podría romperse en el futuro. La definitividad existe en el horizonte del amor. 

Es cierto que el texto bíblico que alude al sacerdocio, afirma que Jesús, por la resurrección, es hecho sacerdote de un modo nuevo al de Israel (por eso es al modo de Melquisedec, es decir, no al modo de Leví), y que, a diferencia de los sacerdotes antiguos que, al morir, eran reemplazados, Jesús, que ya no muere por estar resucitado, lo es para siempre (Hebreos 5,6; 6,20; 7,17). No se refiere, en el texto, al ministerio ordenado. Y el “para siempre” tiene otro sentido diferente al que suele darse.

El matrimonio, como sacramento, es más complejo aún, y fue, seguramente, el último en ser incorporado en la lista de los siete. La comparación que hace un discípulo de Pablo (Efesios 5,25) del amor entre Cristo y la Iglesia en clave matrimonial parece haber influido en esta interpretación.

Pero… 

Los que tenemos decenas de amigos que dejaron el ejercicio del ministerio de curas y más decenas que formaron nuevas parejas (además de otros modos de relaciones) de ninguna manera aceptamos que se las y los considere de un modo negativo. Distinto es cuando en un estado o en otro mediara una traición (en una pareja o en un estado clerical, que ya sería otro tema muy diferente). Es cierto que conozco muchos curas que insisten, persisten y resisten como curas, y parejas que siguen unidos, seguramente después de haber vivido, experimentado, o soportado adversidades; algunas bien complejas. En suma, podría decir que conozco quienes han quebrado la definitividad y viven nuevas experiencias, muchas de ellas con felicidad y alegría; y conozco muchas y muchos que han mantenido el compromiso aquel también con alegría y felicidad. Y quizás en esta alegría y felicidad radique el tema. Curas o matrimonios que persisten sin felicidad, que viven sin alegría, sólo parecen “condenados” a la amargura y hasta el malhumor que luego repercutirá en hijos, amigues, comunidades. Que no lo merecen. No se trata de una alegría circunstancial, ocasional o momentánea, sino de un estado de plenitud. El cual siempre será contagioso para otras y otros.

A lo mejor, la idea sería un “para siempre que sea feliz” en esta vida que he elegido. Para que esa felicidad se irradie a quienes nos rodean. Al fin y al cabo, esa definitividad no era para nosotros sino para los otros. Y que, entonces, siempre pueda comunicar a todas y todos, una vida que nos fue regalada y para la cual hemos elegido un estado. De dar vida, y vida feliz se trata estos estados, y esa vida, en los otros seguramente sea “para siempre”.


Foto tomada de https://www.freepik.es/vector-gratis/reloj-arena-realista-3d-arena-interior-aislado-sobre-fondo-transparente-oscuro_3266515.htm

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.