jueves, 18 de junio de 2026

Los “hijos de Dios” y las “hijas de los humanos”

Los “hijos de Dios” y las “hijas de los humanos”

Eduardo de la Serna


 

En los primeros capítulos del libro del Génesis los relatos van presentando la gestación de los diferentes momentos, pueblos, lenguas, oficios, culturas… Y entre ellos encontramos un texto muy extraño.

En el capítulo 6 tenemos un relato donde se habla de las “hijas de los seres humanos” y la atracción que ellas ejercen sobre los “hijos de Dios”. El texto es un poco confuso así que lo transcribimos íntegramente para una mejor comprensión:

Sucedió que, cuando empezó el ser humano a multiplicarse sobre la faz del suelo, les nacieron hijas. Y vieron los hijos de Dios a las hijas de los seres humanos: he aquí que eran bellas, y tomaron para sí esposas de entre todas las que quisieron elegir. Dijo entonces Yahvé: ‘No permanecerá mi espíritu en el ser humano para siempre, ya que de verdad es carne; sus días serán en 120 años. Los gigantes existían en aquellos días y también después de cuando entraban los hijos de Dios a las hijas de los seres humanos, las que daban a luz. Ellos son los héroes que existían desde antiguo, varones de renombre” (Gen 6,1-4)

Desde los orígenes se nota en la creación la “desmesura” de mezclar lo divino y lo humano (Adán y Eva pretenden “ser como Dios”, ver Gen 3,5) algo que, en el mundo bíblico, es intolerable. En muchas culturas, en cambio (como por ejemplo en el mundo griego) era habitual que los dioses descendieran para relacionarse con mujeres de las que nacían “semidioses”. Nuestro texto, entonces, toma en cuenta esas tradiciones, pero destaca que en 120 años (con el diluvio, que es la escena que sigue) eso desaparecerá para siempre. El pecado de la desmesura debe ser eliminado y ya no se hablará más de esta integración entre lo divino y lo humano.

Eso no quita que en la humanidad existan personas “grandes” (por su estatura o por sus “grandes” obras que les dan renombre). Por ejemplo, en muchas culturas se hace referencia a otros pueblos a los que se tiene por pigmeos o por gigantes lo cual es, evidentemente, una noción comparativa (se trata de personas mucho más altas o más bajas que “nosotros”). En la Biblia, por ejemplo, se habla de los “hijos de Anac” como un pueblo de gigantes (Núm 13,33; Dt 9,2).

El texto, entonces, toma una vieja leyenda de los “hijos de Dios” en una actitud desmesurada que, por un límite que Dios mismo pone, es algo que ya no volverá a ocurrir, a partir del diluvio. Además, como es habitual en los textos patriarcales, parece que siempre “la culpa” es de las mujeres…

Sin embargo, este texto, mucho más tarde (en tiempos del Nuevo Testamento) empezó a ser leído en otra clave: esos “hijos de Dios” eran ángeles que “cayeron” (en hebreo, el verbo “caer” es de la misma raíz de “gigante”) de donde nacerá la tradición de los “ángeles caídos” que da origen a la existencia de los demonios.

Las vieron (a las hijas de los humanos, bellas y hermosas) los ángeles, los hijos de los cielos, las desearon y se dijeron: - Vamos, escojamos de entre los humanos y engendremos hijos (…) y tomaron mujeres: cada uno se escogió las suya y comenzaron a convivir y a unirse con ellas (…) quedaron encintas y engendraron enormes gigantes de 3.000 codos de talla cada uno (del llamado 1º libro de Henoc).

Y en el Nuevo Testamento, en la carta de Judas, se dice claramente:

A los ángeles que no conservaron su rango y abandonaron su morada los tiene guardados en tinieblas, con cadenas perpetuas, para el juicio del gran día (Jud 6).

Es interesante como un texto, que en sus orígenes intentaba combatir la desmesura religiosa buscando poner a Dios en el lugar que le pertenece y a los humanos en el suyo, sirvió, con el paso del tiempo, para interpretar los orígenes del mal en la historia y dando “origen” a los demonios, de los que – por cierto – el texto primitivo no hablaba.


Imagen tomada de https://www.milenio.com/internacional/meteorito-cae-casa-eu-geologo-roca-mas-vieja-tierra

 

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